La vida de Carlos de Foucauld sigue siendo un ejemplo de obediencia absoluta a los designios de Dios y de aceptación del destino que El nos tiene reservado, aunque sea trágico. Nacido en una familia acomodada, Carlos de Foucauld sintió la llamada de Dios e ingresó en el monasterio de La Trapa. Más tarde decidió llevar una vida oculta en el Sahara como trabajador manual, a ejemplo de Jesús de Nazaret. Allí convivió con los tuaregs y desarrolló su ideal de fraternidad, abierta a los más pobres. Fue asesinado por los propios tuaregs en 1916, pero su legado espiritual sigue presente en todo el mundo.
Antoine Crozier nació en Duerne (Ródano) en 1850, pero su familia se trasladó a Lyon poco después. A la edad de 13 años sintió que Dios lo estaba llamando. Alrededor de 1867, comenzó a asistir a un seminario religioso en un pueblo cercano a Lyon. Sin embargo, en 1870, con el inicio de la guerra franco-prusiana, regresó a Lyon para ayudar a su familia con su negocio: la comercialización de un popular remedio natural llamado Toile Miraculeuse o Toile Souveraine. Los beneficios económicos de esta empresa sostendrían las actividades caritativas que Crozier organizaría en su futura vida religiosa.
En 1877, fue ordenado sacerdote y después de dos años partió a Roma para completar su doctorado en teología. De regreso a Francia, en 1882, realizó los servicios de capellanía en una parroquia carmelita cercana a Saint-Etienne (Loire), donde se convirtió en el padre espiritual de la mística Antonine Gachon (1861-1945). Gachon recibió los estigmas y fue testigo de la aparición de Jesús del Sagrado Corazón por primera vez en 1883. La relación de Crozier con ella lo inspiró a fundar la Union dans le Sacré-Cœur et pour le Sacré-Cœur, una asociación donde no se requería registro y que tenía como objetivo promover el amor de Jesús. Esta Unión eventualmente inspiró otra asociación, la Union des Frères et Sœurs du Sacré-Cœur de Jésus, fundada por su amigo, el padre Charles de Foucauld (1858-1916), unos años más tarde. En 1883, Antoine Crozier conoció a su segunda hija espiritual, Sédulie Dévenaz (m. 1940), de Lyon, también una estigmática. Junto con Antonine Gachon formaron una ‘trinidad mística’, unidas a través de la oración.
Alrededor de 1888, Crozier se preocupó por los dolores físicos y morales que parecía sufrir todos los viernes. Eran especialmente prominentes en sus manos, pies, lado derecho de su cuerpo y frente. El 10 de enero de 1901, mientras recibía la Eucaristía, sus heridas internas emergieron y los estigmas se hicieron visibles. Oró a Dios, pidiendo que sus heridas se hicieran invisibles, deseando ocultar las marcas de lo divino. Si bien sus oraciones fueron contestadas, sufrió el dolor de los estigmas todos los días hasta su muerte en 1916 después de varios años de enfermedad.
Referencias: Bernard-Marie, (Frère), 1988. Le Père Crozier, l’ami stigmatisé du Père de Foucauld. París: Éd. du Chalet. Foucauld, Charles de, 2005. Correspondances lyonnaises (1904-1916). París: Éd. Karthala.
Con Luis Massignon (1883-1962) nos encontramos ante uno de los más grandes orientalistas, que además de sus cursos en el Colegio de Francia y sus misiones diplomáticas, ha estado presente en diversos ámbitos como la justicia, la escritura, la mística o la compasión por los más pobres. Su encuentro con el islam se remonta al año 1905, en Egipto, pero será dos años más tarde, prisionero en un barco turco, en Irak, al ser visitado por el «Extranjero», cuando encuentre su vocación, situándose en el terreno del contacto espiritual entre el cristianismo y el islam. A partir de este momento no cesará de buscar puntos de contacto entre las dos religiones, a través de ciertas figuras ejemplares como Al Hallaj, condenado a muerte y crucificado en Bagdad el año 922; Abraham, el padre de todos los creyentes monoteístas; el persa Salman al Farsi1, un cristiano convertido y compañero del Profeta del islam; Fátima, a la que se hiperdulía2, sobre todo por parte de los chiítas3, aproximándose mucho al culto mariano; y, finalmente, los Siete durmientes de Éfeso, santos y mártires cristianos, cuya historia se nos relata en el Corán4.
1. Las amistades de Luis Massignon son innumerables
La más significativa es la que tuvo con Carlos de Foucauld, cuyo legado espiritual continuó a partir de 1917, después de haber intentado seguirle al desierto; posteriormente formó parte de la única obra fundada por el propio Carlos de Foucauld, la Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón.Hay que citar, también, entre sus amistades, durante sus cincuenta años de vida intelectual en París y en el Cercano Oriente, a los escritores Paul Claudel, François Mauriac, el gran Taha Husein, alumno suyo en el Colegio de Francia, y Jacques Mercanton; los poetas Jean Cocteau y el pakistaní Mohamed Iqbal; los filósofos Rachid Reda, Jacques Maritain, Gabriel Marcel y el iraní Alí Shariati, que fue su discípulo; los teólogos Martin Buber y el cardenal Daniélou; los sabios Henry Corbin, Théodore Monod, Vincent Monteil, Maxime Rodinson y Serge de Beaurecueil; y, finalmente, políticos como Giorgio La Pira y Edmond Michelet. Fue también discípulo de Gandhi.
2. Luis Massignon y la política árabe de Francia
En este terreno Massignon tuvo un papel importante, aunque frecuentemente oculto. Fue también durante un tiempo el alter ego y rival de Lawrence de Arabia en 1917. Formó parte de numerosas comisiones como experto, y desde 1945 fue un embajador cultural de Francia en el conjunto del mundo árabe-musulmán. Cuando se retiró del Colegio de Francia, se implicó en todas las luchas por la descolonización, defendiendo la causa de los oprimidos en el seno del Comité Francia-Magreb y del Comité Cristiano de entendimiento Francia-Islam, tanto en Egipto o Madagascar como en Marruecos, donde ayudó a liberar a Sidi Mohamed V. Con Argelia le quedó el sentimiento de una «ocasión perdida». Sus métodos de acción, como el ayuno semanal, la peregrinación o las acciones no violentas, sorprendieron tanto a sus adversarios como a sus aliados.
3. Vida espiritual de Massignon
Si durante su vida espiritual siempre le atrajeron las figuras marginales de la fe cristiana, como los estigmatizados, los videntes, los sacerdotes dedicados al satanismo, como el padre Boullan, su espiritualidad es plenamente ortodoxa. Antes de ser ordenado sacerdote en 1954 en la Iglesia melquita, fue terciario franciscano, además de ser miembro de la Uniónde los hermanos y hermanas del Sagrado Corazón. Durante toda su vida meditó el ejemplo de Ana-Caterina Emmerick, su «querida pecadora», o de Mélaine, la pastora de La Salette. Y, entre las figuras que más han contado en su vida están María Magdalena, santa Juana de Arco, María-Antonieta y los mártires de Namugongo. Podríamos afirmar que estaba más cercano de la desesperanza de un León Bloy que del optimismo de Teilhard de Chardin, encarnando una especie de fe viva, heredera de Pascal, que le hacía exclamar: «Jesús está enagonía hasta el fin de los tiempos, y nosotros no podemos dormirnos durante este tiempo».
4. Primer contacto con Foucauld
El 29 de septiembre de 1906 Carlos de Foucauld llega a In Salah donde recoge su correo en el que viene la obra de un joven licenciado en Historia, Louis Massignon. Como trabajo de licenciatura ha tenido que hacer un estudio sobre La Maroc dans les premièrs annés du XVI siècle. Tableau géographique selon Léon l’Africain (Marruecos en los primeros años del siglo XVI. Mapa geográfico según Leon el Africano), publicado en Argelia. Foucauld contesta a Massignon el 2 de octubre. Como se verá tan solo tenemos las respuestas de Foucauld a las cartas enviadas por Massignon. Veamos algún fragmento de esta carta:
No se como expresar mi agradecimiento… Como deseo que se realizen todos vuestros deseos en relación a Marruecos! El trabajo, la paciencia te llevaran, espero, a realizarlos… La lectura de tu libro me da esperanza; pues el bien produce el bien y el trabajo bien hecho produce siempre frutos5.
Durante este tiempo (1906-1909) se produce la conversión de Louis Massignon.El 27de marzo de 1909, domingo de Pasión, Foucauld está en Beni Abbés, desde donde escribe a Massignon el 5 de abril en respuesta a una carta suya:
No es sorprendente que habiendo comprendido y deseado la Cruz, Jesús te haga la gracia de dartela… Cuanto uno más abraza la Cruz, más uno abraz a Jesús que esta en ella clavado. Cuanto más nos falta en la tierra, más uno encuentra lo que mejor puede dar, la Cruz6.
La siguiente carta de Carlos de Foucauld a Louis Massignon es del 22 de Mayo de 1909. Foucauld escribe denuevo desde el oasis Sahariano de Insalah. En la posdata de la carta Foucauld invita a Massignon a venir con él al Sahara como «obrero evangélico»:
No te sorprendas de las tentaciones. Quien es tan grande y tan bueno nos invita a amarlo, no solo ser felices, sinó ser dignos de Él, parecernos a Él. Es por esto que permite las tentaciones, incluso las caidas que nos humillan, pero gracias a estas luchas, nuestro amor se convierte en amor victorioso. Él merece un tal amor7.
El 5 de diciembre de 1911, Foucauld tuvo un gran estrés provocado por el exceso de trabajo. Y como Bou-Hamou, su traductor tuareg-francés, quiere marcharse, Foucauld decide dejar el Asekrem para continuar el léxico con él en Tamanrasset, donde la temperatura es mucho más suave. Desde Tamanrasset Foucauld contesta a Massignon el 16 de enero de 1912:
Que Dios, si desea hacértelo saber ahora, te de luz para saber lo que espera de ti: si bien no te muestra por adelantado todo lo que te sucederá en el futuro, El te mostrará al menos lo que desea de ti en lo inmediato: basta con seguirle y de intentar conocer su voluntad en todo momento, que hace conocer siempre en los momentos útiles: El es fiel: «Dios no nos falla nunca, somos nosotros los que fallamos a menudo», dice Santa Teresa…»8.
Foucauld contesta a Massignon, el 31 de enero de 1912, enviándole una imagen, quizás dibujada por el mismo, del Sagrado Corazón con los brazos abiertos y un Corazón resplandeciente.
Cuanto uno más avanza en edad, más las decisiones necesitan ser maduradas: hace falta recogerse para poder escuchar la llamada de Dios en el silencio…
No te extrañes de las miserias del tiempo presente, en la Iglesia y fuera de ella: las habrá siempre, pero JESUS está en la barca divina. Déjalas pasar sin ocuparte, sin conocerlas, a menos que te lo pida un deber especial a consecuencia de tu responsabilidad… Alégrate con la gloria de Dios y recibe su paz y alegría.
Que Jesús te guarde, querido hermano, que su voluntad se cumpla en ti en el tiempo y en la eternidad»9.
5. Regla absolta de Foucauld
La carta de Foucauld a Massignon, del 10 de marzo de 1912, es una carta principalmente espiritual, donde insiste sobre la bondad de Dios y, en un plano práctico, distingue entre confesión y dirección espiritual. Para él es una «regla absoluta»de no tomar consejo más que del director espiritual, a fin de no tener puntos de vista divergentes.
Guarda siempre la esperanza. No la confianza en ti, sino la confianza en Dios y la esperanza en el amor de Aquel que nos quiere con un amor que nuestro pobre espíritu humano no puede comprender…
No pidas consejo para tu alma más que a tu único director, esto es importante para la buena dirección del alma y de su paz. Cuando te confíes a otro sacerdote, dile los pecados y recibe la absolución sin decirle nada más, sin pedir ningún consejo. No pidas consejo, tan solo habla de tu alma con tu director. Esto es una regla absoluta y de siempre.
Trabaja de firme con tu tesis para poderla terminar. Cuando así sea, el divino Esposo de las almas te indicará lo que desea de ti… jamás Dios falla al ser humano…10.
Incluso no viéndose como director espiritual de Massignon, Foucauld le da consejos fraternos. La carta del 1 de mayo 1912, escrita desde Tamanrasset, es, por un lado, una viva recomendación a no encerrarse en si mismo, y, por otro, una invitación a salir de si entrando en una vocación misionera, vocación de «todos los cristianos», dice, «sacerdotes y laicos», y no solo de especialistas, tema que no era muy común en aquella época:
Trabaja, reza, sufre, haz el bien alrededor tuyo, a los que están más cercanos… Es amando a las personas que uno aprende a amar a Dios. El medio de conseguir el amor de Dios es practicándolo con las personas. No se cual es tu vocación especial: lo que se es a lo que estamos llamados todos lo cristianos, mujeres y hombres, sacerdotes y laicos, célibes o casados: a ser apóstoles, apóstoles por el testimonio, por un tratoafable, haciéndose todo para todos para llevar a Jesús.
El 25 de agosto de 1913, desde Barbirey (Francia) Foucauld escribe a Massignon con el deseo de provocar su adhesión a la Asociación, que la distingue de una tercera orden y la define como «una cofradía que pide una vida fervorosa a sus miembros»:
Puedes examinar con tu director el vincularte formalmente en la asociación de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de JESUS: es una unión de estrechos lazos, una cofradía que pide una vida fervorosa a sus miembros, pero no es una tercera orden, pues no hay ninguna orden religiosa establecida…
El 1 de enero de 1914 desde Tamanrasset Foucauld escribe a Massignon:
Agradezco a JESUS el que te haya mostrado su Voluntad, señalándote el lugar donde te quiere en la vida, donde te reserba sus gracias, las cruces, los trabajos, las obras por las que te quiere santificar, santificar a los demás a través tuyo, glorificarse en ti…
Me es muy gratificante el que seas un hermano de la UNION; te inscribo entre ellos y envio tu nombre al p. Laurin. Recibirás más tarde un ejemplar de los nuevos estatutos, más tarde aún un ejemplar del Directorio… cada carta trae la noticia de la entrada de un hermano o una hermana nueva: todavía somos pocos: pero hay hermosas almas con nosotros que rezan por el advenimiento del Reino de Jesús y ayudan a sus hermanos en todas sus obras.
6. La importancia de un Boletín
Massignon no se unió a Foucauld en el Sahara, pero éste ya piensa en Massignon para un Boletin. Así se expresa Foucauld el 22 de julio de 1914:
Más que nunca, en mi soledad, pienso en nuestro deber de trabajar en la conversión de nuestras colonias; medito una pequeña transformación de nuestra unión de oraciones, nada en cuanto al fondo, sino grandes simplificaciones… crear un boletín (mensual si es posible) informando a los hermanos sobre las colonias, su estado, sus necesidades, los trabajos apostólicos que se hacen, las congregaciones que trabajan -boletín serio, escrito en tono serio y moderado… Piensa en este proyecto querido hermano y dime lo que piensas…
Massignon le escribe desde las Dardanelles.Foucauld está contento de ver que «lee al padre Crozier»11. Y le dice el 1 de noviembre de 1915 desde tamanrasset:
Todo consiste en esto: amar a Dios por encima de todo; amar al prójimo como a uno mismo… En esto consiste la religión… ¿Cómo llegar dices? no en un día, pues se trata de la misma perfección: es la finalidad a la que debemos tender siempre, a la que debemos aproximarnos sin cesar y que conseguiremos con una perfección inmutable en el cielo… Esforzándonos con humildad, constancia, dulzura, nos perfeccionemos en este doble amor: en la medida que será más ardiente y más puro, irradiará más y nosotros haremos más el bien.
Comprendo de que a tu alma le aproveche la lectura del Excelsior, excelente librito. El p. Crozier es una Santa alma y hace el bien porque sus obras son sobrenaturales, hechas con la gracia y en la gracia, no es él el único en hacerlas, las hace con Jesús.
Rezando por ti, pido por tu hogar, por la Sra. Massignon y por vuestro hijo. Que la Sta. Familia os proteja.
7. Su testamento espiritual
Y el 1 de agosto de 1916 Foucauld escribe a Massignon señalando su testamento espiritual:
No hay, creo, palabra del Evangelio que haya tenido en mí una más grande y profunda impresión y haya transformado más mi vida que esta: ‘Todo lo que haces a uno de estos pequeños, es a mí a quien se lo haces’. Si piensas que estas palabras son de la Verdad increada, de aquél que ha dicho ‘esto es mi cuerpo… esta es mi sangre’, con que fuerza hemos de buscar amar a JESUS en ‘estos pequeños’, los pecadores, los pobres, llevándoles todos los medios materiales para ayudarles en sus miserias temporales…12.
Finalmente el 1 de diciembre de 1916 Foucauld escribe a Massignon desde Tamanrasset:
Querido hermano en JESUS:
Has hecho bien de pedir que te coloquen en la tropa. No hay que dudar nunca en pedir los lugares donde el peligro, el sacrificio, las pruebas son mayores: el honor, dejémoslo para quien lo quiera, pero el peligro, el sufrimiento, reclamémoslo siempre. Los cristianos debemos dar el ejemplo del sacrificio y de la entrega. Es un principio al que hay que ser fieles toda la vida, con simplicidad, sin preguntarnos si hay orgullo en este comportamiento: es el deber, hagámoslo y pidamos al bien amado Esposo de nuestras almas de hacerlo con toda humildad, con todo el amor a Dios y al prójimo… Has hecho bien. Camina por este camino con simplicidad y en paz, seguro de que es JESUS quien te ha inspirado seguirlo. No te inquietes por tu familia. Confía y confíala a Dios y camina en paz. Si Dios te conserva la vida, cosa que le pido de todo corazón, tu casa estará más bendecida, pues estarás más unido a Jesús y tendrás más vida sobrenatural. Si mueres, Dios guardará a la Sra. Massignon y a tu hijo como tu les hubieses guardado. Ofrece tu vida a Dios a través de Nuestra Madre la Santa Virgen en unión al Sacrificio de Nuestro Señor JESUS y por todas las intenciones del Sagrado Corazóny camina en paz. Ten confianza en Dios que te dará la mejor suerte para su Gloria, lo mejor para tu alma, lo mejor para las almas de los otros, porque todo lo que El quiere, tu lo quieres, plenamente y sin reservas.
Nuestro rincón del Sahara está en paz. Rezo por ti de todo corazón y al mismo tiempo por tu hogar…
Foucauld termina la carta al medio día, Foucauld está solo en la ermita; unos cuarenta senusitas llegan silenciosamente; alguien que el conoce anuncia falsamente el correo. Foucauld abre la puerta, lo atrapan, lo tiran delante de la puerta de la ermita; se pone de rodillas y calla; le ordenan poner los brazos detrás de la espalda y se los atan a los tobillos; le interrogan, dice solamente en árabe: «Voy a morir». Lo confían al cuidado de un muchacho de quince años y saquean la ermita. Alguien grita: vienen dos soldados. Les disparan. El muchacho nervioso dispara sobre Foucauld; la bala entra por detrás de la oreja y sale por el ojo izquierdo. El drama ha durado un cuarto de hora.
JLVB
1 Salman al Farsi es conocido como la bandera de banderas, el heredero del islam, el juez sabio, el erudito conocedor y miembro de la casa del Profeta.
2 Culto de hiperdulía: el que se tributa a la Virgen.
3 Grupo minoritario del islam, que comprende al 10% de los musulmanes. Rechazan a los tres primeros califas y sostienen que Alí es el verdadero sucesor de Mahoma. Afirman también que la autoridad reside en los imanes, que son los mensajeros infalibles de Dios en cada época.
4 Sura XVIII, 8, 9, 12, 21, 24. Se trata de la historia de siete jóvenes de buenas familias de Éfeso, a los que se obliga a permanecer largo tiempo en el interior de una caverna, bajo el reinado del emperador Decio (249-251), a causa de defender al verdadero Dios, frente a los que adoraban otras divinidades distintas.
5 J. F. SIX, L’Aventure de l’Amour de Dieu, 80 lettres inédites de Charles de Foucauld à Louis Massignon, Seuil París 1993, 27.
Durante la temporada de primavera y verano (abril-septiembre) aumenta el número de visitantes y grupos que llegan solicitándonos momentos de oración y encuentros de espiritualidad. Es el caso de un grupo de jóvenes que estaba realizando un retiro sobre el tema general “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos”, pero siguiendo las huellas de San Francisco de Asís y de Carlo Carretto. ¡Es una gran ventaja poder utilizar directamente el libro de Carretto: “Yo, Francisco”! Sus páginas son siempre actuales (1980) y es interesante ver cómo el Autor consiguió narrar la vida del Santo de Asís y al mismo tiempo realizar una interpretación de su propio itinerario espiritual y de la vida de la Iglesia… Al finalizar la lectura, la impresión es la de haber leido un “Yo Francisco-Carlo Carretto”. Lo ideal sería que cada uno pudiese escribir su proprio “Yo Francisco-Andrés”, “Yo Francisco-Luis”, “Yo Francisco-Julia”, et
La pobreza puede ser comprendida en diferentes maneras, empezando con aquella que lleva a muchos a realizar una opción social o política. Pero la pobreza evangélica es diferente: “El crucifijo de San Damián me había revelado una cosa muy importante que traté de no olvidar, que incluso fue la guía constante de mi vida. La pobreza no consistía en ayudar a los pobres, consistía enser pobre. Ayudar a los pobres era algo fundamental siendo parte y expresión de la caridad, pero ser pobre era otra cosa”. Se trata, dice Carlo Carretto, de una pobreza mística: “El Evangelio me enseñaba a poner al centro el misterio de la persona más que el empeño por la persona”. No se trataba de cambiar las cosas, sino de cambiar los corazones. “Es por eso que he hecho mi camino siguiendo el camino del Evangelio. Para mi la pobreza era el signo de la liberación pero la verdadera, aquella de los corazones, era el instrumento y la fueza que me alejaba del espíritu burgués que es de todos los tiempos y que se llama egoismo, prepotencia, orgullo, sensualidad, idolatría y esclavitud”.
Estas son algunas de las ideas principales que nos permitieron compartir fraternalmente en dos momentos de la jornada intercalando con la celebración eucarística. El mistero de la pobreza evangélica puede ser comprendida solo mediante la luz de la Encarnación del Verbo: Dios que ha venido a habitar en la carne de la persona para salvarla. En San Francisco ese misterio se convierte en realidad durante el encuentro con el leproso: “Me recordé en ese momento del crucifijo de S. Damián y me pareció que fuesen los mismos ojos que me miraban. Madonna Povertà, que en el leproso pude reconocer, era la pobreza del mundo entero, era la solidaridad con todo lo que es pequeño, débil, que sufre; era el punto de referencia más alto de la misericordia de Dios”.
Ahora, con el Papa Francisco todos los temas sobre la pobreza están lentamente ocupando un lugar central en la vida de la Iglesia. La pobreza evangélica comprendida como un camino espíritual tras las huellas de Jesús de Nazareth es el punto inicial para poder considerar los demás tipos de pobreza. “El tema de la pobreza –dice Gustvo Gutiérrez– y la marginación nos invitan a hablar de justicia y a tener presente los deberes del cristiano al respecto. Así es en verdad, y este enfoque es sin duda alguna fecundo. Pero es importante no perder de vista lo que hace de la opción preferencial de los pobres una perspectiva tan central. A la raiz de esta opción está la gratuidad del amor de Dios. Esto es el fundamento último de la preferencia. El término mismo preferencia rechaza todo exclusivismo y se esfuerza de evidenciar a aquellos que deben ser los primeros –no los únicos– en nuestra solidaridad”.
Ver a este pequeño grupo de jóvenes (12, número simbólico), que se encuentran gratuitamente para rezar, reflexionar sobre el tema de la pobreza y compartir sinceramente sus propios pensamientos y preocupaciones me ha hecho recordar lo que escribe el profeta Isaías: “Miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan?” (43,19).
Sassovivo se encuentra en el corazón de la región Umbria de Italia Central. Esta región es actualmente conocida en todo el mundo por haber sido la tierra que vio nacer a san Benito de Nursia y su hermana santa Escolástica; san Francisco y santa Clara de Asís…
Los religiosos (sacerdotes y no) de la congregación Piccoli Fratelli di Jesus Caritas, siguiendo el ejemplo del Beato Carlos de Foucauld, nos consagramos al anuncio esplícito del Evangelio realizándolo especialmente en el seno de la Iglesia particular, es decir aceptando la misión o el servicio que el Obispo diocesano nos confía.
“Nazareth” para nostros es la Iglesia particular con todas sus riquezas y pobrezas: es la Iglesia que vive en plena comunión con su Obispo viviendo el desafío de anunciar el Evangelio a todas las personas; es la Iglesia que vive en las parroquias, en los hospitales, en los centros de espiritualidad manteniendo sus puertas abiertas; es la Iglesia que dona gratuitamente sin distinguir las pertenencias religiosas y mucho menos haciendo preferencias; es la Iglesia con sus diferentes dificultades y contradicciones; es la Iglesia que no siempre es pobre como lo debería ser; es la Iglesia con sus sacerdotes en crisis y solos… que a veces cometen sus errores; es la Iglesia que administra los sacramentos y celebra los funerales; es la Iglesia… ¡y nada más!
A veces las contradicciones que vemos en la Iglesia nos confunden, como sucede con todos, pero si reflexionamos bien, caemos en la cuenta que esta es la Iglesa de Jesucristo, la Iglesia de los Doce apóstoles que lo traicionaron y negaron apenas después de su “primera comunión”, la Iglesia de aquellos que se acercan solo porque han comido de los panes multiplicados, la Iglesia que pasa de cantar “Osanna” a gritar “crucifícale”.
Todo esto es lo que llamamos “Nazareth”: cada lugar en dónde consagramos nuestra existencia compartiendo la vida con todos aquellos que encontramos.
Si para un Hermanito de Jesús (la fraternidad que fundó el Padre Voillaume) el desafío significa demostrar que es posbible vivir una vida cristiana en un ambiente hostil al Evangelio, en pueblos que no son cristianos o en una fábrica; para un Hermanito de Jesus Caritas el desafío significa demostrar que en la Iglesia de los siete días de la semana, en la Iglesia de infantería de las parroquias, se puede vivir como cristianos. De hecho, a menudo la tentación es esa de huir de la Iglesia particular. Ante una Iglesia que parece cansada y pesada (sobre todo en nuestra Europa), muchos se alejan y esperan verla morir desde larga distancia… Nosotros tratamos de no escapar de este tipo de “Nazaret” y confiamos exclusivamente en la fidelidad del Señor a su Esposa la Iglesia.
Los Hermanitos de Jesus Caritas nos esforzamos de vivir sumergidos en esta “Nazaret” con nuestro ritmo de oración, de fraternidad y de servicio. Concretamente: vida común, oración y servicio, según el orden “escandaloso” de nuestra regla.
La vida fraterna, de hecho, ocupa el primer lugar. Parece un poco extraño, y alguien muy “observante” nos diría que es necesario poner a Dios en primer lugar (¡y tiene razón!). Pero a Jesús cuando le preguntaron cual era el primer mandamiento no dudó en colocar en un mismo nivel el amor hacia Dios y el amor hacia el prójimo. Además dejó dicho a sus discípulos que serían reconocidos por medio del amor mutuo. Si no hay amor entre nosotros, no podemos hablar de amar a Dios. Por eso en la comunidad ocupa el primer lugar, y es por eso que tratamos que sea la prima característica de nuestra “Nazareth”: donde hay hermanos que se respetan y se aprecian mutuamente allí inicia ya el anuncio del Evangelio de Jesucristo.
Programamos el tiempo para poder rezar juntos: la celebración eucarística, el oficio divino, la adoración del Santísimo ritman nuestra jornada; construimos el tiempo para poder dialogar, para la revisión de vida, para intercambiar las noticias, para estar juntos simple y gratuitamente. Cada cosa la tenemos en común… y no solo el dinero, sino tratamos de compartir nuestras amistades y el cariño de nuestros familiares: el título de “mamá” o “papá” es dado a los papás de cada hermano, etc.
Nuestra Regla de vida vigila sobre la Comunidad contra las tentaciones de “hiperactividad pastoral”. El artículo 20 nos pide “regular las actividades apostólicas para no afectar la vida fraterna”. En síntesis: ¡tratamos de comprender seriamente las palabras Comunidad y Fraternidad!
La vida de oración no es menos importante… aunque si es la segunda clasificada. ¡No queremos ciertamente insinuar algo por el estilo! Pues Jesús es el centro de nuestra vida… y nos agrada mucho repetir: “nuestro bienamado hermano y Señor Jesús”, como lo hacía el Padre de Foucauld.
Jesús es la razón, el amor de nuestra vida: la celebración eucarística cotidiana, el oficio y la lectio divina, la adoración eucarística, el retiro semanal… y otros encuentros unidos a momentos de gratuidad pasados con el Señor, dan ritmo y sentido a nuestras jornadas.
En fin, tenemos la vida de servicio. Transcribo casi integralmente el artículo 20 de nuestra Regla (omitiendo algunas citaciones del Hermano Carlos… en donde ven los puntos suspensivos entre paréntesis):
“En el servicio a la Iglesia el Hermanito no buscará lugares privilegiados; pedirá que sea siempre posible vivir el servicio pastoral que le será confiado según el método y estilo del Hermano Carlos de Jesús, que pide:
gritar el Evangelio con la vida (…),
hacer todo lo posible para llevar la salvación a los pobres y abandonados (…),
no confiar excesivamente en los medios humanos sino defender la supremacía de la contemplación, de la caridad y del testimonio (…),
regular las actividades apostólicas en modo de no comprometer la vida fraterna (…)
dar un testimonio fruto de oración y de caridad que sepa superar todas las barreras políticas, religiosas, culturales y raciales (…)”.
Nuestro servicio es hecho como Fraternidad, aunque si algunos de los hermanos pueden tener responsabilidades particulares. Es propuesto por el obispo que acoge la Fraternidad y no es escogido por nosotros. Es servicio a la Iglesia local y en este sentido es la especificidad de nuestra comunidad dentro la Familia Espiritual de Carlos de Foucauld. Aunque si no para todos los hermanos, es también nuestro modo de sustentamiento, de trabajo…
Aquellos que no se encuentran empeñados en un servicio pastoral y a tiempo lleno, lo viven como trabajo y medio de sustentamiento, aunque si en la tradición de los Hermanitos y en nuestros deseos hay siempre al menos uno en cada fraternidad que hace un trabajo manual (todos hacemos trabajos manuales en casa o en parroquia… aquí entiendo un trabajo manual salariado). En nuestras fraternidades tratamos, por cuanto sea posible, de hacer nosotros los trabajos caseros: cocinar, limpiar, lavar; nos esforzamos también de hacer nosotros mismos los trabajos de manutención (hasta donde lleguen nuestras capacidades). ¡Es inconcebible que un hermano conozca mejor el lapicero o la computadora y no la escoba o un martillo!
Mauriac elogió a Massignon por su pasión por aprender sobre el Islam, una pasión que Mauriac lamentó no encontrar en René Guénon. No es seguro que el elogio no sea el reconocimiento de un límite. Una definición, en cualquier caso: la pasión es en verdad la palabra – lema, el lema – que quizás mejor caracteriza a Louis Massignon, del que Christian Jambet y sus colaboradores, con igualmente apasionado cuidado, publican los Memorable Writings. Christian Jambet, en su esclarecedor – y vehemente – prefacio («Para Massignon»), añade a Mauriac: Massignon, escribe, «estaba furioso por conocer el Islam como un todo». Le dedicó una larga vida de estudio y peregrinaje, siguiendo los consejos de un amigo de su juventud, su primer guía en tierras musulmanas: “Para comprender, hay que entregarse. «Massignon se entregará a su búsqueda espiritual, que llevará a este cristiano bendecido con experiencias místicas a vigilar atentamente las fronteras del Islam. El que finalmente fue ordenado sacerdote católico de rito melquita en El Cairo en 1950, a la edad de 67 años, había pertenecido por primera vez a la Tercera Orden Franciscana con el nombre de hermano Abraham. Como apunta Christian Jambet, «buscará, durante toda su vida, comprender a Abraham», en el cruce «entre la experiencia mística y la construcción de dogmas», según el título de una de sus conferencias. Místico y erudito que enseñó sociología y sociografía musulmana en el College de France durante mucho tiempo, arqueólogo, geógrafo, lingüista, historiador de religiones o literatura, no hace falta decir que, como uno de los editores de estos memorables escritos, “Massignon es no Guénon ”. En efecto, su perspectiva no tiene nada de esotérico ni sapiencial, y aunque escapa a la acusación de sincretismo, la misma que algunos atónitos plantean contra Guénon, sigue siendo personal, mística y francamente literaria. Esto no es una restricción; más bien un signo de personalidad. Massignon ha sido escritor, amigo y confidente de escritores desde su juventud, desde Huysmans hasta Claudel y ya citado Mauriac. Su obra es un testimonio, los que busca son testigos o, mejor dicho, como acertadamente los presenta esta colección, “testigos e intercesores”: Charles de Foucauld, de quien fue corresponsal, María Antonieta, Fâtima, les Sept Sleepers de Éfeso, Juana de Arco, Gandhi – y el tono que adopta, a menudo apasionado, incluso indignado, incluso «encantador» (la palabra es de uno de sus editores), sin duda tenía algo que los desorientaba, amantes de la ciencia más rancia. Sin embargo, estos «testigos e intercesores» a los que se dirige son sólo figuras secundarias, el coro a modo de protagonista de su obra, el que esta colección llama el «testigo esencial»: Al Hallâj, «mártir místico del Islam». ”, Juzgado y ejecutado en Bagdad en 922. Estos dos volúmenes de Escritos memorables se organizan en torno a un foco ausente, la gran obra de Louis Massignon, que fue primero su tesis y que nunca dejó de trabajar y enriquecer hasta el edición póstuma de 1975: la Pasión de Husayn Ibn Mansûr Hallâj, cuyas ediciones de Gallimard reaparecen. Al Hallâj es para él más que un modelo, un guía, su admirable doble. Similitud de experiencia mística – «el amor incondicional de Dios probado hasta la condenación voluntaria», como lo describe Christian Jambet – y matriz de toda su reflexión posterior. Testigo y hombre de acción Su vocación de testigo convirtió a Louis Massignon en un hombre de acción: fue encontrado en Oriente desde 1917, en El Cairo y Jerusalén, luego en Damasco, donde trabajó en la instauración del mandato francés. Estas actividades administrativas o diplomáticas acompañan, sin eclipsar jamás, su actividad como conferenciante o docente. Después de la Segunda Guerra Mundial, se convertirá en el apóstol de la hermandad entre cristianos y musulmanes y, entre ellos, en el defensor inflexible de los más pobres y abusados. Casi medio siglo después de su muerte, la perspectiva de Louis Massignon es posiblemente una de las más interesantes que el Occidente judeocristiano ha permitido sobre el Islam. Nuestros tiempos turbulentos dirán si hay algo más que tinta y posteridad en papel.
Escritos memorables, de Louis Massignon, dos volúmenes, Robert Laffont, coll. “Libros”, 2 volúmenes en caja, 2048 páginas. La Pasión de Husayn ibn Mansûr Hallâj, de Louis Massignon, Gallimard, 4 volúmenes en caja, 1960 páginas.
El ataúd de Charles de Foucauld fue trasladado en 1929 a El-Goléa, el único cementerio cristiano de la época en esta región del Sahara. Un cementerio de arena a cuatro kilómetros del centro de la ciudad. A los pies de una antigua iglesia parroquial mantenida en cierta medida por un tutor pagado por la diócesis, este pequeño cementerio está rodeado por un muro incongruente destinado, teóricamente, a protegerlo del viento. El pobre Foucauld, que quería quedarse donde iba a terminar su vida, seguramente no hubiera querido un recinto así.
Debe sentirse un poco en prisión aunque no esté solo en este cementerio, del tamaño de una cancha de tenis. Los ataúdes de los cristianos, o más exactamente de los no musulmanes, que mueren en el Sahara, y que nadie quiere, son llevados al cementerio de Charles de Foucauld. Y el último Padre Blanco de El-Goléa, René Le Clerc, está a cargo del funeral. Con su voz pequeña y rocosa, refunfuña suavemente cuando las autoridades civiles anuncian una nueva llegada. «Me traes gente muerta porque no son musulmanes, pero ¿quién te dice que son cristianos? Pueden ser judíos, ateos, comunistas, anticlericales. Puede que no hubieran querido estar aquí. «
Muerto desconocido, muerto indiferente. Pero René Le Clerc no tuvo otra opción y así lo hizo. “Tengo que enterrarlos. Rezo una pequeña oración, susurro algunas palabras y escucho el canto de los pájaros en el techo de la iglesia de al lado.
El padre Le Clerc se compadeció, casi simpatía, de estos muertos desconocidos, que murieron con indiferencia y que en este cementerio se convirtieron en compañeros de la desgracia de Charles de Foucauld. Mima su tumba y le pide al guardia que inyecte combustible diesel para matar las malas hierbas. Incluso pintó los nombres y el año de la muerte. Mala suerte, el cemento era de mala calidad y la pintura negra se desprendía. Tiene que empezar de nuevo. “Después, me cansa demasiado. Conoce la historia de algunas de estas muertes y le gusta darles vida. Así que enterró, hace unos años, a un tal Arthur Fortanier, que murió a los 75, probablemente solo en un sendero del desierto. “El cuerpo había estado en la morgue durante cinco años antes de que me lo trajeran aquí. René Le Clerc conoce el pueblo de origen del fallecido, en Aveyron, y escribió al alcalde del pueblo pero nadie respondió. El Padre está un poco triste por este Arthur Fortanier a quien le gustaría encontrar una familia.
Qué triste se pone cuando habla del destino de los muchos mestizos enterrados aquí, con mucho los más numerosos en este cementerio. Se trata de niños adúlteros nacidos de una relación efímera y secreta entre un soldado francés y una mujer de Argelia. Estos niños a menudo fueron escondidos pero bautizados a pedido del padre y, por lo tanto, se encuentran enterrados aquí. Pero el padre no quiso correr el riesgo de darles su nombre. Entonces tienen un nombre para un apellido. Algunos dramas quedan así enterrados en este cementerio.
También hay, bajo estas sencillas tumbas, todas idénticas y cubiertas de tierra y piedras, turistas que murieron en la región que las familias no quisieron o no pudieron repatriar. Aquí están enterradas tres Hermanas Blancas y árabes que se han convertido en cristianos. ¿Se convierte? «Nunca pronuncio esa palabra», respondió el padre Le Clerc con frialdad.
Este cementerio Charles de Foucauld también acoge a africanos, emigrantes del África negra que, huyendo de la pobreza a Europa, murieron en Argelia y cuyas familias no sabrán que su exilio se detuvo en El-Goléa. “Hace poco me trajeron el cuerpo de una joven nigeriana de 20 años, que murió, continúa el P. Le Clerc, de una enfermedad que se decía que era muy grave. Y tan contagioso que la morgue no lo quiso, ni siquiera en su ataúd. Me pidieron que la dejara en mi casa durante la noche. René Le Clerc se negó y su ataúd pasó la noche afuera, en la puerta del cementerio. Al día siguiente, los empleados de la localidad de El-Goléa que cavaron el hoyo arrojaron a la tumba la cuerda y los guantes que llevaban puestos. El padre Blanc recitó una pequeña oración. “Y durante unos minutos escuché el canto de los pájaros. «
«Viví una vida tan feliz. No sé por qué Dios me dio una vida tan feliz. No lo merezco». [1]
Estas palabras son las últimas pronunciadas por el hermano Michel Sainte Beuve, hermano de Jesús en la India durante casi 40 años y Prior de los Hermanos durante 12 años. Deja el testimonio de un hombre fraterno, apasionado por el carisma de Charles de Foucauld. Un año después de su muerte, un libro lo atestigua. [2]
Michel nació el 19 de octubre de 1927 en una familia de origen normando aunque vivía principalmente en París. La guerra que estalló en 1940 fue una gran tragedia para su familia: su padre era un prisionero de guerra y no regresaría hasta 1941. Su madre, que se había instalado en París, se unió en secreto a la Resistencia. Desafortunadamente, en 1943 fue arrestada por la Gestapo. Murió deportada poco antes del final de la guerra. La noticia de su muerte, que no llegará a la familia hasta pocas semanas después del armisticio, será un sufrimiento inmenso.
Michel recibió una sólida formación cristiana tanto en su propia familia como en el movimiento scout. Tras estudiar geología en la Sorbona, se incorporó al seminario Issy les Moulineaux en 1948. Sin embargo, un encuentro cambió su destino. Se trata del encuentro con el carisma de Charles de Foucauld, que descubrió en el libro de René Voillaume «Au Cœur des Masses«. Miguel se siente atraído por esta vida en Nazaret, este ideal de sencillez, de vida entre los pequeños y de adoración silenciosa. La llamada para él es clara y se une a la naciente Fraternidad de los Hermanitos de Jesús en St Rémy. Regresó al noviciado y al año siguiente, en 1954, partió hacia El Abiodh en el Sahara argelino. El 15 de septiembre, en la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, hizo sus primeros votos.
En 1955, el hermano pequeño Michel fue enviado a fundar una fraternidad en Sri Lanka, en la ciudad de Jaffna. Junto con otros dos hermanos (un belga y un francés) descubren la vida de este pequeño pueblo que parece un gran mercado donde la gente vive en una gran pobreza. Probó suerte en diversos oficios manuales para ganarse la vida, lo que provocó cierta incomprensión por parte del clero y la comunidad cristiana.
Sin embargo, esta experiencia se vio interrumpida porque regresó a Francia para realizar sus estudios teológicos que completó en Toulouse, tras lo cual se convirtió en maestro de novicios durante varios años.
La Fraternidad está entonces en plena expansión, las vocaciones numerosas. La vida de Nazaret, cercana al pueblo, humilde y llena de adoración es atractiva. El fundador, René Voillaume, viaja por el mundo y busca establecer comunidades de hermanitos en diferentes regiones del mundo, en particular donde Cristo no es o es poco conocido. Por lo tanto, está considerando una fundación en India. Esto será posible gracias al encuentro con Sri Jagadishan, un discípulo de Gandhi. Catedrático de inglés en la Universidad de Madrás, tuvo que renunciar a su cargo porque tenía lepra. Dedicó el resto de su vida a luchar por la erradicación de la enfermedad, especialmente en el sur de la India, donde fundó varios centros. El encuentro con los hermanitos le conmovió. Había algo del ideal del ashram de Gandhi en la sencillez de su vida fraterna. Por tanto, era natural que invitara a tres hermanos a unirse a su organización. Michael, Shanti y Arul se establecieron así en 1964, y durante muchos años, en un pueblo del centro de Tamil Nadu, Alampundi.
Los 14 años que pasará allí el hermano pequeño Michel serán para él los más hermosos de su vida. Él y sus hermanos descubren la vida de un pueblo tamil donde las tradiciones ancestrales aún están muy vivas. Los hermanos viven en un ambiente puramente hindú en un distrito habitado por brahmanes. Para ellos es una nueva experiencia vivir con personas de otra religión. A Michel le conmueve la belleza de la gente más sencilla. Muchas amistades permanecerán incluso años después. Viven entre personas, compartiendo sus alegrías y sus sufrimientos. Conocen a mucha gente gracias a su trabajo al servicio de los leprosos en diferentes pueblos de los alrededores.
Esta vida funeraria en la India se vio interrumpida por su elección como prior general de la Fraternidad de los Hermanitos en 1978. Fue reelegido y sirvió a los hermanos durante 12 años, visitando fraternidades esparcidas por todo el mundo. Comparte con ellos sus convicciones sobre la importancia de la vocación de hermanito incluso en estos tiempos en los que las vocaciones son escasas y donde existe cierta confusión entre los hermanitos sobre el sentido de su vida. En 1990 escribió una carta a los hermanos al final de su segundo mandato en la que testificaba: “Poco a poco, con todo esto, aprendí a amar a esta Fraternidad tan frágil y un poco anárquica que vive y comunica un mensaje precioso. que corresponde claramente a una necesidad en el mundo actual. «
El hermano pequeño Michel es un hombre convencido de la belleza de su vocación. Para él, no se trata de recrear un pasado que uno corre el riesgo de idealizar. Se trata de vivir hoy el carisma de Nazaret. Su pasión se manifiesta menos en discursos que en reuniones y oraciones.
Es esta pasión y esta vida de oración las que le permitirán afrontar las dificultades asociadas con su regreso a la India. No puede adaptarse a la vida de la confraternidad en Alampondi, que ha cambiado en su ausencia. Luego se instalará en Bangalore en una fraternidad urbana recién fundada, luego se instalará permanentemente en un pueblo cercano a la ciudad donde continuará irradiando esta presencia discreta y fraterna.
La vejez es como la última purificación. Explica a sus allegados que Dios le enseña a soltar, a aceptar ser inútil. Pasa mucho tiempo orando. La oración que sigue siendo el secreto de su vida: «El Señor permanece muy cerca, con una ternura tan ardiente que me llena, a veces de una enorme confianza, pero más a menudo de una sensación de asombro de que todo esto sea posible» [3].
El hermano pequeño Michel se unió al Padre el 27 de febrero de 2015. Con motivo de su partida, muchos se dieron cuenta de cuánto les había tocado el hermano pequeño Michel. Les había dado la experiencia de la hermandad. Se había unido a ellos en su búsqueda de Dios o en su fragilidad. De esta conciencia nació un libro que narra la vida de Michel y que recoge numerosos testimonios de quienes lo conocieron y amaron.
[1] «He tenido una vida muy feliz. No sé por qué Dios me dio una vida tan feliz. No lo merezco. «
[2] «Extiende tu mano, abre tu corazón …» Una colección de la escritura
¿Es posible que entre Dios y su criatura redimida puedan existir vínculos de amor e intercambios reales dentro de este amor? ¿Es realmente posible? Cuando escuchamos a los contemplativos, todos enamorados del amor de Dios, como Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, Francisco de Asís y, aún más cerca de nosotros, del hermano Carlos de Jesús en su desierto, y cuando encontramos que estas almas se han llenado de alegría, que ‘se han desbordado de alegría, nos vemos obligados a preguntarnos sobre esto: ¿Qué está pasando? ¿Podría ser esto una ilusión de su parte? Cuando leemos los transportes espirituales de Santa Catalina de Siena y los apasionados poemas de San Juan de la Cruz, ¿se trata de un fenómeno extraordinario, raro, o es una realidad que nos preocupa? ? ¿Podemos atrevernos a aspirar a ese intercambio de amor con Dios? Ciertamente, si nos encontráramos entregados a nuestros pobres medios de conocer ante Dios el Creador en su eterno silencio, seríamos completamente incapaces de adivinar lo que podría ser la vida de amor en Él. No podemos conocer nada sin la manifestación en Jesús del amor eterno, escondido dentro de Dios desde el principio de todas las cosas. Jesús nos muestra amor: “Padre, me amaste antes de la creación del mundo”. – «Como el Padre me amó, yo te amé, yo permanezco en su amor». No hubo grandes discursos. Jesús simplemente dejó en claro que era amado y amado. Lo que estaba oculto en Dios en el misterio del intercambio eterno entre el Padre y el Hijo se ha manifestado en el corazón de un hombre que ha dejado fluir un misterio inmenso con sencillez, en palabras de admirable sencillez. . Jesús también nos muestra el amor eterno que se abre para nosotros. Somos arrastrados por sus pasos, como hijos adoptivos, en este intercambio de amor. “Como el Padre me amó, yo te amé a ti”. Él nos lo demostrará. Solo tienes que seguir a Jesús paso a paso, a lo largo del Evangelio. Vemos su Corazón de Salvador, de pastor de almas, manifestándose en cada momento, con delicadezas de ternura e infinito respeto por los pobres y pecadores. Debemos releer la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida. ¡Son admirables! Quizás estemos demasiado acostumbrados a estos textos y su contenido. Recuerdo a un musulmán de Túnez, profesor de la Gran Mezquita, a quien los Padres Blancos le habían pedido que tradujera al árabe el texto evangélico de la parábola del hijo pródigo. Este musulmán era un hombre religioso que tenía un alto sentido de trascendencia divina. Cuando trajo su traducción, estaba llorando mientras la leía: ¡hasta ahora no había sospechado que pudiera haber en Dios tanta ternura por el hombre!
Está el amor de Jesús por el joven rico que vino a buscarlo: «Jesús fijó su mirada en él y lo amó». También está su largo diálogo con la mujer samaritana: lo sentimos tan cerca de esta mujer por la que se toma la molestia de explicarle todo y parece compartir sus secretos con ella. Así es como trata a la mujer adúltera; está Lázaro, su amigo, por quien llorará. Sin embargo, ¡todas estas manifestaciones del amor de Jesús son tan sobrias! ¡Son tan simples que están como escondidas! ¡Cuántos hombres han escuchado realmente el significado de estas parábolas! Entre todos los que acompañaron a Cristo en sus viajes, que vieron sus milagros, que lo vieron llorar, ¿Cuántos hay que realmente lo entendieron? Parece que es una característica de la Revelación divina ser tan discreto, tan sencillo que sólo los corazones iluminados por el Espíritu Santo puedan oírlo y comprenderlo. «Que oigan los que tienen oídos». Sin embargo, Jesús dará a los hombres el mayor signo de amor que se pueda dar: «Nadie tiene mayor amor que el que entrega su vida por sus amigos», y «Jesús habiendo amado a los suyos que estaban en mundo, los amó hasta el fin ”, hasta la muerte. En lo que a nosotros respecta, ¿creemos realmente en el amor del Señor? Tenemos que cuestionarnos sobre esto. Para nosotros, la cuestión no es tanto estar convencidos en la fe de que Dios envió a su Hijo para salvar al mundo; por esto generalmente creemos, creemos que el Señor ama al mundo y a todos. hombres, pero lo suficientemente buenos para creer lo suficiente como para creer que, personalmente, somos amados. Creo que nos es más difícil de lo que solemos pensar creer que somos amados, creer que somos objeto de un inmenso amor. Quizás sea más difícil para nosotros creer esto que creer en nuestro amor por el Señor. Es más difícil saber que eres amado que amar, y hay en el corazón de los cristianos y en el camino espiritual muchos fallos, muchas laxitudes, que provienen de que estos cristianos ya no saben que son amados. . La historia de los santos, como Santa Teresita del Niño Jesús por ejemplo, nos enseña que precisamente todo comenzó para ellos con el descubrimiento y la certeza de ser amados por Dios. Santa Teresa no podía soportar la idea de no ser la más amada por el Señor: ¡sabía que era amada, preferida entre todos! Estas almas tienen una especie de celos; quieren a Dios enteramente para sí mismos y quieren ser amados por él con todo el amor que hay en Dios. ¿Por qué nos cuesta tanto creer en el amor? Algunas dificultades provienen de nuestra imaginación. Está la inmensa multitud de seres humanos que existen y que han existido: ¡somos como perdidos y ahogados en una masa de hombres! Estamos hablando cada vez más de multitudes, masas. Jesús mismo se dirigió a las multitudes. ¡Qué pasa con la posibilidad de relaciones personales! Parece improbable, imposible y, sin embargo, ¡Dios es tan simple! Dios es tan simple que no se le puede compartir, de modo que donde Dios está, él es íntegro. Donde está el amor de Dios, está todo el amor de Dios. No podemos ser amados «a medias», «un poco» por Dios; no podemos disfrutar sólo una parte del amor del Señor: ¡no es posible! El amor de Dios es simple. La realidad divina que se nos da es siempre enteramente para cada uno. Por tanto, la fe y una santa reflexión sobre la naturaleza de Dios deben convencernos de que no es una ilusión, ni un vano producto de nuestra imaginación, ser persuadidos, cuando nos retiramos a la soledad, de que Dios con su amor es todo nuestro. Cuando uno lee los diálogos de Catalina de Siena con su Señor, uno tiene esta impresión: realmente parece que el Señor solo tuvo que tratar con Catalina en la tierra. Sí, si realmente queremos caminar hacia el Señor, ¡tenemos que empezar creyéndolo! Debemos pedir esta gracia de «saber que eres amado». No estemos ante Dios como esos pobres niños que no han sido amados: no están desarrollados, tienen complejos, porque no tuvieron suficiente amor. Necesitamos en la vida espiritual esa salud del alma que proviene de lo que sabemos que amamos, infalible y perpetua y completamente, de todo el amor de Cristo. Por tanto, debemos creer en el amor. Debemos creer en el amor y no dejarnos detener por el sentimiento de nuestra indignidad. Por supuesto, hay momentos en nuestra vida en los que sentimos autodesprecio, donde nos preguntamos cómo podemos ser objeto de interés: «¿Cómo puede Dios interesarse por mí?» ¿Cómo puede realmente amarme? «Lo amaré y me manifestaré a él», dijo Jesús. «Me manifestaré a él».
Así es como el Señor nos lleva más allá de nosotros mismos. En otras palabras, no creo que realmente podamos entrar en el amor de Jesús más allá de las primeras etapas de sensibilidad y afectividad, sin ser guiados por el Espíritu Santo y esta acción del Espíritu. se expresará por las gracias de la contemplación o por las gracias de la ternura en un don admirable al prójimo. Me parece que no podemos evitar seguir un camino u otro: ¡y entonces sabremos qué es el amor del Señor! Solitarios, contemplativos, aunque vivan en el desierto y sin contacto con los hombres, saben lo que es el amor del Señor, y se sienten abrumados por la alegría de servir a Dios, por la alegría de servir a Dios, por esta paz que el Señor da y que sólo Él puede dar, que tal alegría y tal paz permanezcan en nosotros a pesar de la cruz, a pesar de las dificultades, a pesar de las debilidades. Y por eso los santos de los que hemos hablado pueden, ya sea por la contemplación y la oración, o por un don total al prójimo, perseverar en esta fidelidad al amor del Señor. Y esto, en la oscuridad de la fe, porque esta oscuridad permanece, y quizás incluso se vuelve, al final, más completa y más dolorosa, porque es una oscuridad que se ilumina desde adentro y desde afuera. lo conocen completamente por una luz que no podemos percibir aquí abajo. Hermano Carlos de Jesús, que había experimentado estos dos caminos del amor, el de la contemplación, ¡había pasado tantas horas de su vida simplemente mirando al Señor! – y el de la ternura por los hombres – ¡se había entregado tanto a los más pobres! – Sin embargo, pudo escribir hacia el final de su vida: “Me aferro a la fe, ya no sé si amo a Dios y ya no sé si él me ama, ¡nunca me lo dice! Esta es la realidad de la vida espiritual. Y sin embargo, cuando estamos en tal estado de oscuridad, sabemos que pertenecemos al Señor, sabemos que a pesar de nuestra miseria, a pesar de la oscuridad, todavía respondemos a su amor y que somos profundamente amados. de él. Hermano René Voillaume, retiro al Vaticano, Cuaresma 1968
Ha sido un acontecimiento muy sencillo: los pequeños y humildes han compartido con el papa Francisco la celebración de la canonización del hermano universal. El hermano Carlos murió por una “sobredosis de humanidad”. Ésta, y no otra, ha sido la causa que ha prevalecido para proclamar santo a un hombre santo, aunque él nunca hubiera imaginado ver su imagen en esa “Gloria de Bernini” hecha con todo amor por los tuaregs sobre la gran haima que han montado cerca de Tamanrasset, y compuesta por trozos de tela azul y pequeñas rocas del lugar: trozos de la vida de los hombres y de las mujeres de esta tierra y trozos del planeta, obra de Dios; piedras que no son armas arrojadizas, sino patrimonio de un mundo maravilloso que nos sustenta y rige, como decía Francisco de Asís en su cántico de las criaturas. El papa Francisco ha disfrutado hablando el árabe con su acento argentino. El fuerte viento le ha arrebatado los papeles, que han volado por las dunas, y él ha seguido hablando en español, y todos lo han entendido, todos los presentes, cada uno con su propia lengua y cultura, su color distinto de piel y su corazón abierto a la fiesta y el compartir. El maestro Jesús nos ha dado una lección de fraternidad universal, un maestro loco por sus discípulos y por todos los seres humanos; un soñador libre, que repite en cada gesto de amor su compromiso con nosotros. El papa nos repartió el pan de los más pobres, el que partió Jesús a sus amigos, -como lo hizo en la canonización de monseñor Romero, que siempre fue San Romero de América-, el que sólo es aceptado cuando se es pobre y se siente uno necesitado de la misericordia de Dios y del prójimo. Es ese pan que el hermano Carlos no pudo compartir en grandes ni pequeñas celebraciones cuando vivió en su etapa africana, pero que supo hacerlo presente con su vida y su condición de vecino y de hombre de Dios, en el Nazaret de participar con su gente tomando el té y los dátiles, sintiéndose necesitado de los demás, frágil y humilde. Fue un gran gozo estar con gente de todo el mundo, entre los últimos venidos de todas partes. Gente creyente y no creyente, cristianos y no cristianos que, por encima de las formas religiosas, buscan la paz, la igualdad entre todos, el bien común. No había ornamentaciones ostentosas, ni túnicas doradas, ni cardenales ni obispos ni curas con vestidos llamativos: nada de uniformes ni armas, aunque éstas sean sólo decorativas. Jesús hecho humano por nosotros y hecho amigo de todos por la voluntad de un Padre misericordioso y con capacidad suficiente para albergar en su corazón a todos los pobres del mundo, a todos los que huyen de la guerra, a todos los maltratados por un sistema donde el único dios es el beneficio económico, aún a costa de vidas humanas; el Jesús permanentemente crucificado de los que no tienen nada, el resucitado en todo hombre o mujer que comienza a nacer.
Y allí estaban ellos, comprendiendo perfectamente la ceremonia sin grandes ofrendas, sin la hipocresía del protocolo diplomático o tantas veces camuflado en religión. Ellos, sin derecho a la palabra, a unos medios de bienestar, a la escuela o la universidad, a una salud y medicinas gratuitas, a formas de vivir dignamente con un techo o una casa, a unos alimentos, a su propia tierra. Ellos han estado allí, miles, sin hacer ruido, ni grandes discursos. Ellos, que no habían oído hablar nunca del hermano Carlos ni de Jesús de Nazaret. Allí estaba Shilma, refugiada de una etnia rechazada en un país del Sudeste de Asia, Myanmar. Madre de seis hijos, sin pueblo, sin recursos. El rostro de millones de personas atrapadas por las grandes diferencias que el propio hombre ha establecido para distinguir a unos seres de otros. Su marido, Modid, acude a diario para buscar en el campamento el sustento de su familia; padece todos los efectos de la malaria. Golu, diez años, recoge basura en un lugar de la India, y debe mantener a su familia para comer una vez al día el arroz que le quita el hambre, pero que no llega a nutrir como en los países occidentales o a los ricos de su propio país. Golu sueña con el día en que pueda estudiar, aprender a estar en el mundo con todos sus derechos. Y Margarita, de México DF, que cuida de su nieto totalmente discapacitado desde hace veinticinco años, luchando y trabajando por su familia; mujer de fe y convencida de que la oración y la confianza en Jesús es su verdadera fuerza. A la Virgen de Guadalupe le pide no solamente por su nieto, o su familia, o sus vecinos; ruega por los pobres más pobres sean del país que sean, y estén donde estén. Aboubakar, un adolescente de Burkina Faso, pequeño, desnutrido, con el VIH como única herencia de sus padres, sonriente, impresionado porque no es la única persona del mundo que tiene problemas. Sus grandes ojos me hacen pensar en los ojos del Creador. Hadmed, setenta años, casi media vida en el campo de refugiados de Yarmuk, en Siria. La guerra sigue estando de compañera diaria, como la permanente música del mp3 en los oídos de cualquier joven europeo o americano. Hadmed sigue pensando en la paz, la paz en las cosas simples y entre las personas hijas de un mismo Dios, a quien se reza en las mezquitas, las iglesias, las pagodas o las sinagogas. Y Terry, que pasea cada día por la explanada junto al mar en Cairns, en el norte de Australia, cada día, arrastrando su única pierna. Perdió la otra por su mala circulación de la sangre. El alcohol corre por sus venas junto a los malos recuerdos por haber perdido todo: familia, trabajo, amigos… Se acoge cada noche a la bondad de los voluntarios de un hogar para pobres de solemnidad. A pesar de todo, sigue riendo y hablando con todo el mundo sobre sus sueños y realidades. Es un gran conversador. Yo creo que el único que no le escucha es Warrior, su perro anciano y sordo. Dice que no tiene religión, pero quién sabe… Conocí a Raquel, española, asidua de las calles poco iluminadas en Cartagena, donde trabaja para seguir consumiendo heroína y cocaína. Raquel es transsexual y nunca encontró su lugar en la familia, en la sociedad. Se prostituye como recurso para sobrevivir, pero lo que de verdad le da vida es el abrazo de sus compañeras, su apoyo cuando está bien y cuando desea desaparecer de este mundo. Lleva un rosario en su cuello, a modo de collar; dice que le da suerte y le protege. Le da vergüenza entrar en la iglesia, porque la miran mal y llama mucho la atención, pero le reza a Dios y a la Virgen cuando pasa por la puerta. Y podría seguir relatando las vidas y los miles de rostros de Jesús en esta canonización del hermano Carlos, presidida por el Amor de Dios y las llamadas a considerar a cualquier ser humano como hermano, de igual a igual. Todos nos enseñamos unos a otros a ser dignos de un mismo Padre. Unos rezaron la Oración de Abandono, otros cerraban los ojos y soñaban con un mundo mejor. Unos entendieron que la fraternidad es una forma de vivir y de crecer en la espiritualidad y el compromiso por dar sin esperar recibir en las tareas de cada día, otros sintieron que no estaban solos. Nos mirábamos unos a otros, y no había nada extraño entre nosotros, y comprendimos que el mensaje de la vida de este hombre, un hombre de Dios, transciende las fronteras y las religiones, la vida de fe y la de vivir sin Dios. Su mensaje de fraternidad universal, su muerte y resurrección por “sobredosis de humanidad”. San Carlos de Foucauld, ruega por nosotros.