LA PEQUEÑA HERMANA MAGDELEINE

Los datos externos de la vida de la Hermana Magdaleine (Hutin) se pueden resumir en tres etapas: su infancia y Juventud, su seguimiento de la espiritualidad de Carlos de Foucauld, y su actividad como Fundadora de las Hermanitas de Jesús.

Nace en París el 26 de abril de 1898. A causa de la guerra se educa también en España (San Sebastián) y en Italia (San Remo). De los veinte a los treinta años sufre una grave enfermedad de pleuritis. De 1928 a 1936 ejerce como directora de un Colegio en Nantes.

Atraída por la figura de Carlos de Foucauld, cuya primera biografía se publica en 1921 y ella conoce en la casa paterna, viaja a África y se establece cerca de Argel. En 1938 peregrina a la tumba de Carlos de Foucauld en El Golea y encuentra providencialmente a René Voillaume. Empieza una experiencia de vida religiosa para seguir las huellas del Hermano Carlos. Hace su noviciado con otra hermana en las Franciscanas Misioneras de María y redacta las Constituciones de la futura Congregación. El 8 de septiembre hace sus votos; una fecha que se considera como el principio de la nueva Congregación, y un mes mas tarde funda la primera fraternidad en pleno desierto, ba^o una tienda de nómadas, una de sus ilusiones de un nuevo estilo de vida religiosa. Propaga en Francia su ideal en los años siguientes, en medio de la guerra. En 1942 hace los votos perpetuos. En 1944 llega a Roma y obtiene la primera audiencia con el Papa Pío XII, que apoya su ideal de vida. En 1946 percibe la vocación universal de las Pequeñas Hermanas de Jesús y su inserción en medios pobres, superando la total dedicación inicial al Islam que parecía ser la inspiración exclusiva de Carlos de Foucauld.

En los años que siguen, después de la segunda guerra mundial, la Hermanita Magdaleine da un impulso universal a la Congregación que en 1947 es aprobada por el Obispo de Aix-en-Provence. Ya en 1949 deja el gobierno general de la Congregación, pero sigue siendo la animadora de la expansión universal con fundaciones de fraternidades obreras, entre los gitanos y los pastores. Con intuición profética extiende las Fundaciones en contacto con las Iglesias orientales católicas y ortodoxas en el Líbano; más tarde se extienden las fundaciones por América del Norte y del Sur. Viaja mucho y penetra en las naciones que entonces están todavía bajo el régimen comunista, tras el telón de acero, tanto en Europa como en Asia. Quiere llegar a los cinco continentes y llega de hecho a los confines de Rusia y de China. Es un momento de expansión y de crecimiento de la Congregación. La Hermana Magdeleine mira con simpatía los países del Este europeo. En 1964, la Congregación recibe el reconocimiento de derecho pontificio y pasa a depender de la Congregación de Religiosos, mientras anteriormente dependía, por los vínculos estrechados con algunas Iglesias del medio Oriente, de la Congregación para las Iglesias Orientales. En 1963 nacen las Hermanitas del Evangelio; se funda en 1970 la primera fraternidad ecuménica en Suiza y se aprueban definitivamente las Constituciones adaptadas al nuevo Código de Derecho Canónico en 1988. A la muerte de la Fundadora, en 1989, la Congregación cuenta con 1.350 hermanas y esta ya extendida en 65 naciones.

Hay una línea providencial que es el hilo de oro de la historia de la Hermana Magdeleine. Está marcada por la piedad de la familia y las muertes, enfermedades y contradicciones que vive en su familia desde la juventud, pruebas que la van curtiendo en el amor a los pobres y también en su amor por África. El encuentro con la figura y espiritualidad de Carlos de Foucauld acaece en la propia familia, gracias a la devoción que su padre tiene por este aventurero del desierto cuya biografía y escritos suscitan un movimiento de fervor en Francia en los años que siguen a la muerte del Hermano Carlos, por mérito de sus grandes amigos y propagandistas L. Massignon y R. Bazin. Como un grano de trigo que muere en el desierto el 1° de diciembre de 1916, el Hermano Carlos de Jesús, sin dejar un discípulo, empieza a brotar por doquier el interés por su persona, su obra y su espiritualidad.

La Hermanita Magdeleine, madurada por Dios en la pobreza y en la enfermedad, obligada a buscar el clima de África, teniendo en el corazón el ideal de Carlos de Foucauld, se siente en Argelia como en su tierra prometida y empieza a ver a Jesús en los rostros de los niños árabes. Atraída especialmente por los nómadas del desierto, sueña con una vida religiosa que pueda vivirse bajo una tienda del desierto. Hay una fecha carismática en este tiempo. Es su encuentro con el misterio de Jesús, cuando percibe que la Virgen María se lo entrega. Un Niño que es «luz, ternura y amor», una presencia de encarnación que la marca profundamente y marca también el arte y la vida de las Hermanitas de Jesús. Tras el encuentro, junto a la tumba de Carlos de Foucauld, con R. Voillaume y el Obispo Gustave Nouet, Padre Blanco, Prefecto Apostólico del Sahara, que la invita a hacer un año de noviciado y redactar las leyes de la futura Congregación, Magdeleine, fiel a lo que siente como una inspiración de la Iglesia, se pone manos a la obra. Quiere fundar fraternidades muy sencillas, sin el peso de las estructuras de la vida monástica de entonces, siempre en camino, dedicadas principalmente a vivir en los países del Islam. Madura su mística de la encarnación, atraída por la presencia de Cristo y por la imitación del gesto mariano de entregar a los hombres y mujeres de este mundo al Niño Jesús, en el misterio de la pobreza y de la Encarnación. Lo vive, lo escribe, lo representa con diversas formas artísticas. Jesús será el nombre que ella misma asume cuando hace los votos el 8 de septiembre de 1939. Tras el sueño del desierto, las dificultades de la guerra y el afluir de vocaciones nuevas y generosas en Francia, atraídas por la novedad y sencillez de esta fraternidad que esta naciendo, recibe la aprobación de Pío XII en 1946, y se le abren nuevos horizontes. Se fundan las primeras fraternidades obreras entre los gitanos y los pastores en 1949. La Fundadora sueña a lo grande, en medio de la sencillez, y piensa en fraternidades que se establecen entre los judíos en Jerusalén, entre los leprosos en Camerún y Vietnam, en Japón, China, Moscú, Estambul. Y los sueños se van realizando. Siente la vocación de presencia entre las Iglesias orientales del Medio Oriente, entre los judíos y palestinos de la Tierra Santa, pero piensa también en África central, en América del Norte y del Sur; realiza fundaciones entre las tribus indígenas de Brasil, de Australia, entre los pobres de Sri Lanka, con los esquimales del Polo Norte. Se va realizando el sueño de una universalidad dentro de la sencillez de la presencia de encarnación, de la variedad de las culturas y de los ritos, de la búsqueda de los más pequeños, los despreciados. Todo con un talante a la vez hondamente contemplativo y concreta mente enraizado en el trabajo de los pobres, con y como los pobres. Poco a poco la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús, con el sentido universal y concreto de Magdaleine, se hace presente en los límites de lo humano y da sentido de presencia y amor al Evangelio de los pobres. Cruza con frecuencia el telón de acero y dilata dentro de sus posibilidades los horizontes de una presencia amiga, sencilla, eclesial, con un sentido de universalidad y de inculturación profunda, según el espíritu de Carlos de Foucauld. Vive y vibra por los grandes problemas de la justicia, de la paz, de la unidad de la Iglesia, con un amplio espíritu ecuménico.

La autora de la primera biografía de la Hermana Magdaleine, Angélica Daiker, ha intuido cómo sus caminos espirituales han estado marcados por las etapas de Jesús en el Evangelio. Belén son las raíces con el encuentro decisivo de la Hermana Magdaleine con el misterio de Jesús en el pesebre. Galilea son los caminos de universalidad. Nazaret el estilo de vida, la levadura en la masa de la vida cotidiana, el trabado sencillo de los obreros y obreras, la contemplación y la adoración por tos senderos del mundo, la amistad como estilo de comunión y la preocupación por la vida como lo que más acerca a lo que es más divino y humano. De aquí la novedad del estilo de las fraternidades. Betania es la oración contemplativa, en adoración de la Eucaristía. Jerusalén es la plenitud, con las pruebas y gozos que nunca faltan en la vida de los Fundadores y Fundadoras. Roma es como su patria espiritual, la unidad y el amor a la Iglesia, la prueba segura de su catolicidad más acendrada, la obediencia y la comunión con el Papa como garantía de esa universalidad que es amor a la Iglesia universal, sentido de las iglesias particulares, amor por la dimensión ecuménica y apostólica, sentido de inculturación.

Toda una aventura que es interpretación creativa y dinámica del cansina de Carlos de Foucauld, bajo la guía del Espíritu Santo. Desde su estilo y su originalidad, como trata de ilustrar la autora de esta biografía, la herencia espiritual de la Hermanita Magdeleine responde a muchos retos de la Iglesia de nuestro tiempo, desde lo hondo de lo que se vive, sin ruido, como presencia de contemplación y de amistad, de cercanía y testimonio. Con una abertura de horizontes y una aceleración de la historia que se manifiesta precisamente por la presencia en las fronteras de los diálogos y de las situaciones culturales de pobreza y de lejanía de la Iglesia, allí donde las Hermanitas son presencia eclesial y mañana que ofrece la presencia de Jesús Salvador, el Niño de Belén.

Por los caminos de la Hermanita Magdaleine se cruzan personajes de la historia espiritual del siglo XX, presencias, de amistad y de consejo sereno en los momentos difíciles. Entre estas presencias recordarnos a Pío XII, Pablo VI, Juan Pablo II, a Rene Voillaume, a Mons. Charles de Provencheres, al Cardenal Eugenio Tisserant. Pero también la Madre Teresa de Calcuta, el sacerdote ortodoxo Alexander Men, asesinado en Moscú, Roger Schütz, Prior de Taizé8.

La documentación fotográfica que nos presenta el libro nos ayuda a recorrer los caminos de la Hermana Magdaleine desde su infancia por Francia, Argelia, Camerún, Nazaret, Bélgica, Brasil, Alaska, Rusia, China.

En los últimos años de su vida, la Hermanita Magdaleine ha vivido en su retiro de Tre Fontane los acontecimientos de la Iglesia, ha tenido el gozo recibir a Juan Pablo II en su casa. Roma fué para ella una patria espiritual, como lo fue el Sahara, la cuna espiritual del cansina de Carlos de Foucauíd, pero siempre con el corazón y con los pies de peregrina y viajera en el mundo entero, como reza el título del más conocido de sus libros que narra sus experiencias fundacionales.

La pequeña Hermana Magdaleine es una mujer excepcional, testigo de nuestra historia espiritual del siglo XX, pero a la vez protagonista de una dilatación del corazón de la Iglesia por el mundo entero, con una presencia y una espiritualidad que llevan el sello de lo evangélico -ésta es la fascinadora dimensión espiritual de Carlos de Foucauld y de sus seguidores y discípulos- y acercan a la verdad de lo cristiano en sus más hondas raíces humanas y divinas. Una presencia evangélica que no se puede olvidar, ahora que nos dejamos fascinar demasiado por las presencias fuertes y avasalladoras y por los entusiasmos conservadores de última hora, como si con ellos empezara la Iglesia a ser presencia en la sociedad. La memoria histórica de los testigos auténticos del Evangelio es motivo de esperanza y garantía de autenticidad de la presencia constante del Espíritu en la Iglesia. Y el mensaje evangélico de la Hermanita Magdaleine es de tal calado que no podemos echarlo en olvido, por su universalidad y su profundidad espiritual.

(J. Castellano, OCD)

50 años de presencia de las htas. de Jesús en Cuba

Para los 50 años de la Fraternidad en La Habana
La celebración de la fiesta empezó mucho antes del 14 de junio, justo después de Pascua, cuando nos
sentamos a ver entre nosotras qué sueños y deseos teníamos para este día. Empezamos con una lluvia
de ideas y fuimos decidiendo poco a poco con qué nos quedábamos.
Escojimos primeramente la fecha: después de la llegada de Roselene y antes del viaje de Marcelo para
Francia. Así que la única opción era el domingo 14 en la parroquia del Salvador de Marianao.
Pensamos también tener, con el grupo que se reúne aquí cada lunes para leer juntos el Evangelio del día
, un encuentro para conocer más a hta Magdalena. Eso se dio el 1 de junio y nuestra Magdalena fue
presentada por Danisandro, un franciscano Conventual cubano que la descubrió a través de nosotras y
la quiere mucho. El tema de su intervención era: «Hta Magdalena de Jesús, mujer de ojos abiertos». Él
subrayó 3 aspectos :

  1. La mirada (aprender a mirar con la mirada de Jesús), dimensión contemplativa de las Hermanitas de
    Jesús
  2. La búsqueda (reconoció las huellas de Dios en su propia historia)
  3. La ternura como apostolado
    El lunes siguiente, día 8, hubo otro encuentro bien concurrido en el cual participaron muc@s vecin@s.
    Ese día Norma presentó un power point a partir de las fotos de las htas, de las fraternidades y de los
    acontecimientos del país en los varios años. Fue muy bonito e interesante, muchas personas se pudieron
    reconocer en las fotos.
    Después vimos la celebración de la Misa, preparamos el guión, decidimos qué íbamos a llevar como
    símbolo en la procesión de ofrenda. Y, como después de la mística viene la mástica, qué se iba a dar
    como brindy.
    Pedimos una cita con el Cardenal para invitarlo a celebrar con nosotras y aceptó en seguida con gusto y
    sencillez.
    Con las fotos de las distintas fraternidades preparamos lindos afiches llenos de color y de vida. Muchas
    personas de la comunidad estuvieron felices de verse allí.
    Cada una se comprometió también en buscar lo material: pan, jamón, dulces. Poco a poco todo se fue
    dando…
    El sábado teníamos que buscar y poner las flores además de colocar los afiches en su lugar.
    La semana siguiente celebramos en la parroquia de Jesús María y José, en la Habana Vieja . Allí la
    preparación fue más sinodal porque el p. Mesías y la comunidad parroquial se comprometieron
    muchísimo con nosotras. Rosetta pudo ir ya el jueves allá, Sarojni fue el viernes y Emanuela el sábado
    para ultimar los preparativos de los adornos de la Iglesia.

El poder vivir juntas esa preparación para mí ha sido una gran alegría, un anticipo de la fiesta y algo que
nos ha ayudado a construir más hondo nuestra comunidad. Me gustó mucho que pudiéramos vivir la
preparación y las celebraciones sin tensión en cdad. En mi corazón lo viví como un regalo del Señor que
nos acompañaba. Juntas pudimos tener una mirada contemplativa sobre estos 50 años y expresar
nuestra gratitud por todo lo que la Fraternidad pudo ser para nuestro pueblo gracias a la presencia de
tantas hermanitas que, por tramos de tiempo más o menos largos, entregaron su vida en la isla.
Emanuela

Después del renuevo, llegando justo para la fiesta de los 50 años de la Fraternidad, qué quieren decir
para mí estos años de presencia de la Fraternidad en la tierra cubana? Es una acción de gracias por el
paso de hta Magdalena en 1954 en la isla, por el regalo de tener a Victoria la primera hta cubana y el si
de hta Lidia de venir a fundar la primera fraternidad con ella, por las hermanitas que vivieron en las
fraternidad es que tuvimos aquí , por la Iglesia y el pueblo que nos acogen en los barrios y las amistades
que nos conocen y aceptan como somos.
Con la fiesta lo que me dio gusto fue ver a la gente de nuestro barrio y a las amistades en la Misa, para
estar con nosotras. La gente de la parroquia siempre está, en este sentido nada es nuevo.
Estoy todavía en Cuba gracias a la presencia de la Fraternidad. A pesar de mí, sigo deseando ser una de
ellos buscando el rostro de Jesús con un corazón sin fronteras.
Roselene
Cuando releimos lo vivido en la preparación y las celebraciones eucarísticas por los 50 años y + de la
Fraternidad en Cuba, salió un sentir común de agradecimiento, gusto y alegría por lo vivido, tanto en
Marianao como en la Habana Vieja.
Yo me había propuesto para hacer un powerpoint como agradecimiento por cada una de las hermanitas
que hemos pasado o vivido acá, y también por la acogida con la que la gente nos ha ofrecido su
amistad, respeto y cariño.
Cada diapositiva tenía algunas fotos y 2 cuadros: uno con los acontecimientos internos a la Ffad (
hermanitas , fundaciones, cierres) y el otro cuadro con los acontecimientos del país( ensayos
económicos, crisis, etc) …fue una manera de contextualizar la presencia gratuita de la Fraternidad en las
inserciones, trabajos, Iglesia…
Personalmente haber hecho memoria de estos años entretejidos entre historias y rostros, me ayuda a
contemplar el buen tramo de camino de mi misión en éste pueblo. Me queda un corazón agradecido
por lo recibido y ofrecido dentro y fuera de la Fraternidad.
Y creo que en medio de la situación de precariedad que se vive, habernos animado a reconocer lo vivido,
agradecer y celebrar subraya la necesidad de alimentar la esperanza, y renovar la fe en un Jesucristo

que no se ausenta de lo que vive ninguno de sus hij@s ni acá en esta isla, ni en ninguna parte del
mundo.
Con cariño….Norma de Jesús

Lo que me impacta mucho de este jubileo fue la preparación juntas. Nosotras recordamos todas las
hermanitas que pasaron por Cuba, como hta Magdalena o Annie que venía a quedarse por un mes
durante muchos años, y las que vivieron aquí. Hablamos mucho también de las fraternidades donde
estuvimos en el tiempo , en Puerta de Golpe y en el Guatao, la vida con la gente, el tipo de trabajo que
nosotras tuvimos ej trabajo del tabaco..me ayudó para saber cómo estaba la vida con las hermanitas
que pasaron. Todo eso yo lo aprecié.
En la segunda parte cuando invitamos a la gente , ellos quisieron participar..flores, etc. En la Habana fue
algo muy recíproco…las dos misas. El 14 en Marianao nos acompañó un lindo coro, el 21 en la Habana
Vieja tuvimos música y danza.
Descubrí muchas cosas…
Nosotras hicimos juntas y cada una hizo lo que era posible.
Sarojni

Para mí, desde el principio, fue una invitación a alegrarme y dar gracias al Señor por su FIDELIDAD. Dar
gracias también por todo lo que cada hta, a lo largo de estos 50 años, ha vivido y continuamos a vivir con
el pueblo cubano.
Desde que llegué en el 2010 fue claro para mí el querer insertarme en el proceso de vida que ya existía
sin ningún deseo personal de una inserción particular. En la continuidad encontraba todo el sentido y las
motivaciones para que la Fraternidad pudiera ofrecer su riqueza de carisma en la diversidad de cada hta.
Nuestras Constituciones al n. 52 dicen: «Como miembros de un mismo cuerpo recordarán siempre que
la fidelidad de la Fraternidad depende de la fidelidad de cada una… Asumir juntas la responsabilidad de
una misión da a la comunidad unidad y dinamismo. Con iniciativa y en espíritu de corresponsabilidad
parteciparán todas en esta misión, de acuerdo a sus posibilidades y sus dones, cualquiera sea su etapa
en la Fraternidad. «
Recibí mucho de las Hermanitas que me acogieron y percibir la alegría de amar aún en medio de muchas
privaciones, me llegó hondo al corazón. Recordar a cada una es agradecer a Dios por lo que es y aportó
en este proceso de vida fraternal y solidaria en Cuba.

El 21 de junio tuvimos una celebración eucarística en la Habana Vieja, donde vivimos 21 años en el
barrio Jesús Maria y José. El párroco, p. Mesías, joven capuchino, nos propuso participar en la procesión
de entrada llevando cada una de nosotras una vela encendida. Siendo 5, cada vela representaba 10 años
de la Fraternidad en La Habana. Durante la procesión se leyó este texto hecho por varias personas de la
comunidad que nos conocen y que describe lo que es según ellas el significado de este acontecimiento ,

«Queremos ser luz en medio de la oscuridad y caminar con la gente como velas encendidas en el Amor.
Como en Nazaret, caminar con Jesús, María y José en la sencillez, en lo ordinario de cada día y llevando
la paz con la compañía de quien se sabe amada todos los días…
Cinco velas de gratitud a Dios por nuestra presencia en Cuba, cinco décadas de amor, sacrificio y entrega
caminando con los más sencillos y humildes, visitando sus hogares y viviendo en el Nazaret de hoy:
escuela de fraternidad.
Como htas de Jesús, agradecemos a Dios por regalarnos inmensa ternura, bondad e inocencia,
ayudarnos a permanecer y seguir en las huellas del Buen Pastor, que nos llama por nuestro nombre…
Como decía el hno Carlos de Jesús: «Volvamos al Amor primero, a su belleza original que nos invita a
nunca desesperar, ni de nosotros mismos y tampoco de los demás, por más perdidos que estén en los
vicios; no perdamos jamás la esperanza… El buen pastor puede hacer volver las ovejas al redil. Su
bondad y su amor son ilimitados. «
» Cinco velas de amor, consumiéndose en el día a día. ! A DIOS GRACIAS !»
En esta procesión caminaban también ustedes, Hermanitas que conocen esta realidad y nos
acompañan…
Rosetta

MAGDELEINE DE JESÚS  NÓMADA DE DIOS POR LOS CAMINOS DEL MUNDO

Nació en París el 26 de abril de 1898, en el seno de una familia de Lorena, Magdeleine Hutin parecía destinada a una existencia discreta. Pero desde muy joven ardía en ella un deseo profundo: entregarse totalmente a Dios y vivir el Evangelio con radicalidad. La lectura de la vida y de los escritos de Carlos de Foucauld fue decisiva. En aquel hombre del desierto descubrió el ideal que había buscado durante años: seguir a Jesús de Nazaret en una pobreza radical, en el ocultamiento y en el amor universal. Sin embargo, la llamada que sintió no consistía simplemente en imitar a Foucauld. Su misión sería prolongar y desarrollar su intuición espiritual de una manera nueva e inesperada. Durante casi veinte años tuvo que esperar. Fueron años de búsqueda, sufrimiento, incertidumbre y fidelidad. Todo parecía retrasar el cumplimiento de su vocación. Pero aquella larga espera fue también su primer desierto. Allí aprendió a abandonarse completamente en las manos de Dios. Finalmente, en 1939, llegó a Argelia y fundó la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús.

Su proyecto inicial era humilde: algunas hermanitas contemplativas compartiendo la vida de los nómadas del Sahara. Nada más. Pero Dios soñaba más lejos. Poco a poco comprendió que la espiritualidad de Nazaret no estaba destinada únicamente al desierto. El mundo entero esperaba fraternidades capaces de vivir entre los pobres, de cruzar fronteras culturales y religiosas, de ser testigos silenciosos del amor de Cristo en medio de la vida ordinaria. Comenzó entonces una extraordinaria peregrinación. Magdeleine recorrió continentes, atravesó fronteras políticas e ideológicas, visitó pueblos y ciudades, se acercó a musulmanes, judíos, budistas, hindúes, ateos y cristianos de todas las confesiones. Allí donde encontraba seres humanos descubría hermanos. Por eso puede definirse como una auténtica nómada de Dios.

Su equipaje era ligero: una confianza absoluta en el Evangelio, una pasión por la fraternidad universal y una convicción inquebrantable de que toda persona, sin excepción, es amada por Dios. En una época marcada por guerras, divisiones, racismos y enfrentamientos ideológicos, ella eligió el camino de la amistad. Frente a la exclusión, propuso la fraternidad. Frente al poder, la pequeñez. Frente al miedo, la confianza. Toda su vida podría resumirse en una frase que expresó con sencillez al final de sus días: «Dios me tomó de la mano y ciegamente lo seguí».

Estas páginas quieren seguir las huellas de esa mujer extraordinaria para descubrir cómo una existencia aparentemente pequeña llegó a convertirse en una llama de amor capaz de iluminar el mundo. Porque la historia de la hermanita Magdeleine no pertenece solamente al pasado. Su mensaje sigue interpelando a nuestro tiempo. En un mundo herido por nuevas fronteras y nuevas soledades, continúa recordándonos que el Evangelio comienza siempre por la cercanía, la amistad y el amor.

Chile: la esperanza nace abajo

Testimonio y espiritualidad de las Hermanitas de Jesús

Inspiradas en san Carlos de Foucauld y hermanita Magdeleine, mujeres eligieron una vida oculta, sencilla y profundamente evangélica, lejos del reconocimiento y cerca de los últimos.

Un camino a Nazaret, de Eleonora Moreno Queirolo, reconstruye la presencia de las Hermanitas de Jesús en Chile desde 1952, en una historia marcada por pobreza compartida, amistad e inserción popular.

Aníbal Pastor N.

Hermanitas de Jesús
Hermanitas de Jesús

“La esperanza viene de abajo, cerca del suelo”. La frase de la Hermanita Flor, pronunciada al hacer sus votos religiosos, parece contener el corazón espiritual de Un camino a Nazaret. La vida de las Hermanitas de Jesús en Chile, libro de Eleonora Moreno Queirolo que recoge memorias, relatos y testimonios de una presencia femenina, silenciosa y profundamente evangélica en medio del pueblo chileno.

La obra, publicada por Simbiosis Ediciones en abril de 2026, forma parte de la colección Espiritualidad y Testimonio y cuenta con el apoyo de la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús. Su presentación está prevista para el 30 de mayo en la Parroquia La Victoria, en Santiago de Chile, lugar cargado de memoria eclesial, popular y martirial.

No se trata de una historia institucional exhaustiva. El libro busca algo más hondo: dar voz a mujeres concretas que, desde 1952, entretejieron su vida con la de los pobres, los trabajadores, las poblaciones, el pueblo Mapuche y comunidades atravesadas por la fragilidad y la esperanza.

Las Hermanitas de Jesús, inspiradas en la espiritualidad de san Carlos de Foucauld y hermanita Magdeleine, llegaron a Chile para vivir una consagración sin estridencias. No desde el púlpito ni desde el prestigio religioso, sino desde el trabajo sencillo, la vecindad cotidiana y la amistad con quienes suelen quedar fuera de la historia oficial.

El libro recorre esa huella: mujeres que dejaron tierra, lengua y familia para trabajar como temporeras en el norte, trabajadoras de casas particulares en Santiago y Talcahuano, obreras en fábricas de conservas, medicinas, pastas, cuero, talleres de costura y arpilleras. También mujeres que aprendieron de comunidades mapuche en el sur y compartieron la vida con los sectores populares no como estrategia pastoral, sino como forma radical de seguimiento de Jesús.

La fuerza del testimonio está precisamente en su pequeñez. En tiempos donde la vida religiosa puede ser tentada por la visibilidad, la influencia o el repliegue conservador, estas hermanitas encarnan otra posibilidad: una Iglesia desarmada, pobre, cercana, sinodal antes incluso de que la palabra se volviera programa. Una Iglesia que escucha desde abajo y descubre a Dios en los gestos diarios.

Pedro Pablo Achondo, teólogo y editor de Simbiosis, subraya que se trata de un libro “sobre el sentido, sobre el amor y la fe”, con rostro de “mujeres fuertes y libres”. Su lectura permite reconocer una forma de vida alternativa, sin opulencia ni búsqueda de reconocimiento, inserta “en medio del mundo, en el corazón de las masas”.

La memoria recogida por Eleonora Moreno Queirolo también toca heridas históricas. Hay hermanitas que enfrentaron las balas durante la dictadura, otras que limpiaron pisos en la UCI del Hospital Barros Luco durante la pandemia, y otras que viven su vejez en hogares sencillos, en completo anonimato. Todas ellas hablan, desde su discreción, de una fidelidad que no necesita vitrinas.

En el fondo, Un camino a Nazaret no solo rescata una historia congregacional. Ofrece una pregunta urgente para la Iglesia latinoamericana: qué significa hoy volver a Nazaret. Volver a la vida escondida. Volver al trabajo manual. Volver a la amistad con los pobres. Volver a una fe que no se impone, sino que acompaña.

Por eso, la frase de la Hermanita Flor resuena como clave de lectura y como llamado: “Si la encuentras, riégala, cuídala de ser ahogada”. La esperanza, sugiere este libro, no suele crecer en los centros de poder. Crece abajo, cerca del suelo, allí donde millones de personas buenas siguen creyendo y actuando en el amor.

Las presentación de la obra será a las 18:30 horas del sábado 30 de mayo en la parroquia de La Victoria (Galo González 4195, PAC, Santiago).

Libro sobre las Hermanitas de Jesús en Chile
Libro sobre las Hermanitas de Jesús en Chile

Desde Cuba

Ahora hace un año de mi vuelta a Cuba después de un tiempo en España. Así es nuestro Dios que de vez en cuando nos hace estos regalos. A mis 75 años nunca pensé volver a esta America Latina que vibra en mi corazón.

Llegué a la fraternidad de Puerta de Golpe y la gran alegría fue el reencuentro con todos; este Pueblo del cual me había despedido para siempre y donde las lágrimas y el compartir no faltó. (Me acuerdo que me decían mientras gustábamos de una linda merienda que entre todos prepararon: «Sí, Carmen, en España, si caes malita lo tendrás más fácil y estarás cerca de tu familia») Así es este pueblo, desprendido, algo que se aprende del vivir día a día no más. Cuba sigue siendo la misma: bella, sufrida, donde la esperanza y el compartir tienen toda su importancia. Somos tres con Costanza y Roselen que ahora están de «renovación». Esperamos a Luisa después de un tiempo en familia.

La vida aquí es de lo más sencilla: La puerta abierta todo el día, tenemos vecinos cerca pero estamos a 4 kms. del Pueblo donde vamos en bicicleta. Hacemos maní garrapiñado que se vende bien, los niños vienen continuamente y a cambio nos traen su alegría, son abiertos y felices. La vida en esta naturaleza invita al silencio y el estar presente a todos, ese es el centro de nuestro vivir diario.

Cuando se me propuso de volver aquí me dije: Pero a mis años qué voy hacer, no tengo ya fuerzas ni para arrancar la hierba alrededor de la casa? Costanza me dijo:» ¿sabes? no se trata de hacer, lo que importa es estar». Y así lo estoy viviendo, con mucha paz y mucho amor. Todo aquí es despojado y natural, la gente sana y luchadora a pesar de que la vida no es fácil, los sueldos son chiquitos, el bloqueo de U.S.A. sigue vigente. La crisis nos toca y el agua y la electricidad nos empiezan a fallar de nuevo.

Con todo eso, es muy lindo ver a niños y jóvenes con sus uniformes impecables ir a la escuela aunque haya que caminar 4 kms o más.

Todos van a clase, todos tienen facilidad de estudios y todos suspiran por un mundo mejor. QUE LA ESPERANZA NO CAIGA. TODO ESTO APRENDO DE ESTE PUEBLO. Cariño,

Carmen.