«HUMILDAD»

«Tengamos bajos sentimientos de nosotros mismos,

acordémonos de nuestros pecados, repasemos con frecuencia en

nosotros mismos la doble historia de las gracias recibidas de Dios y

de nuestras infidelidades, de nuestras ingratitudes, de nuestras

faltas de correspondencia y de nuestros pecados. Hundamonos en

conocimiento de nosotros mismos: hagamos con cuidado nuestros examenes de conciencia y pidamos humildemente perdón. Que el recuerdo de nuestros pecados nos haga suaves

tolerantes, indulgentes para los otros, llenos de esperanza en la

conversion y en la santificacion de toda alma, cualquiera que pueda ser… Seamos verdaderamente hermanos y hermanas del Corazón de Jesús imitando su humildad»

(Carlos de Foucauld, Consejo Evangélicos o Directorio)

«Ay de ustedes, hipócritas»

«Lo que usted dice es lo que hago de cara a los esclavos, pero dicho esto, y aliviándolos en la medida de lo posible, me parece que el deber no acaba allí y que hace falta decir, o hacer decir a quien puede: «Esto no está permitido, ay de ustedes, hipócritas, que escriben en los sellos y en todos los lugares: «Libertad, igualdad, fraternidad», «Derechos del Hombre», y que luego clavan el hierro del esclavo; que condenan a las galeras a quienes falsifican los billetes de banco y permiten luego robar los niños a sus padres y venderlos públicamente; que castigan el robo de un pollo y permiten el robo de un hombre» (de hecho, casi todos los esclavos de esta región son niños nacidos libres arrancados con violencia, por sorpresa, de sus padres)…«
Carta a Dom Martin de Carlos de Foucauld, 7 de febrero de 1902 

«Atravesar el desierto»

Carlos de Jesús (Carlos de Foucauld)

«Hay que atravesar el desierto y quedarse allí para recibir la Gracia de Dios; es allí donde nos vaciamos, que expulsamos de nosotros todo lo que no es Dios y que vaciamos por completo esta casita de nuestra alma para dejar todo el lugar solo a Dios.

Es esencial… Es un tiempo de gracia, es un período por el que necesariamente debe pasar toda alma que quiera dar fruto. Necesita este silencio, esta contemplación, este olvido de toda la creación, en medio del cual Dios establece su reino y forma en ella el espíritu interior. Si esta vida interior es cero, puede haber celo, buenas intenciones, mucho trabajo, pero los frutos son cero: es una fuente que quisiera dar santidad a los demás, pero que no puede, no la tiene: nosotros. sólo damos lo que tenemos y es en la soledad, en esta vida, solo con Dios, en este profundo recogimiento del alma que olvida todo lo creado para vivir sola en unión con Dios, que Dios se entrega enteramente a quien se entrega así. enteramente suyo.

Nuestro Señor no lo necesitaba pero quiso darnos un ejemplo. Dad a Dios lo que es de Dios.»

Charles de Foucauld, Meditación / extracto, en: Vivamos juntos una Cuaresma de oración y de compartir (ecr-ge.ch)

Imagen: Amanecer sobre Assekrem, Hoggar / Argelia (vitaminedz.org)

«Padre, me abandono a ti»

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lc 23,46) Esta es la última oración de nuestro Maestro, nuestro Amado. ¡Ojala sea también la nuestra! No sólo la oración de nuestro último instante sino la de todos los instantes;
“Padre mío, a tus manos me encomiendo, Padre mío, me confío a ti, Padre mío, me abandono a ti. Padre mío, haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy gracias, te doy gracias por todo.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, te doy gracias por todo, con tal que se haga en mí tu voluntad, oh Dios, con tal que se haga tu voluntad en todas tus criaturas, en todos tus hijos, en todo lo que tú amas.
No anhelo nada más, Dios mío. Entrego mi espíritu a tus manos, te lo doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te quiero y me lo exige el amor que te tengo: abandonar todo, sin medida, entre tus manos. Me confío a ti, con inmensa confianza porque tú eres mi Padre”.

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Meditaciones sobre los evangelios respecto a las principales virtudes (1896)

“Si ocurre que se cae en una tentación»

    El amor consiste no en sentir que se ama, sino en querer amar: cuando se quiere amar, se ama; cuando se quiere amar por encima de todo, se ama por encima de todo. Si ocurre que se cae en una tentación, es que el amor es demasiado débil, no es que no haya amor : hay que llorar como san Pedro, arrepentirse como san Pedro, humillarse como él, como él decir también tres veces: “ Yo os amo, os amo, vos sabéis que a pesar de mis debilidades y pecados, os amo” (Jn 21,15s).
    En cuanto al amor que Jesús nos tiene, nos lo ha probado suficientemente como para que creamos en él sin sentirlo: sentir que le amamos y que nos ama, sería el cielo; el cielo no es, salvo raros momentos y raras excepciones, para aquí abajo.
    Recordemos con frecuencia la doble historia de las gracias que Dios nos hizo personalmente desde nuestro nacimiento y el de nuestras infidelidades; encontraremos… allí el motivo para perdernos en una confianza ilimitada en su amor. Nos ama porque es bueno, no porque nosotros somos buenos; ¿Acaso las madres no aman a sus hijos descarriados? Así encontraremos cómo profundizar en la humildad y la desconfianza en nosotros mismos. Procuremos redimir un poco nuestros pecados por el amor al prójimo, por el bien hecho al prójimo. La caridad hacia el prójimo, los esfuerzos por hacer el bien a otros son un remedio excelente que hay que utilizar ante las tentaciones: es pasar de la simple defensa al contraataque.

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Carta del 15/07/1916 (Obras espirituales, antología de textos, san Pablo 1998, p.228)

«Con nuestra oración, corramos a la búsqueda de la oveja perdida» (Carlos de Foucauld)

Nuestro Señor vino para buscar lo que estaba perdido… Deja algunas ovejas que están en el corral para correr detrás de la que se había perdido…Hagamos como él. Ya que nuestras oraciones son una fuerza, con la certeza de obtener lo que pedimos, corramos. Por nuestras oraciones, corramos a la búsqueda de pecadores y hagamos por ellos la obra por la que nuestro Divino Esposo vino sobre la tierra…
Si no estamos dedicados a la vida apostólica, mucho debemos rezar por la conversión de los pecadores. La oración es casi el único medio potente, extendido, que tenemos para hacerles un bien y ayudar a nuestro Esposo en su trabajo de salvar a sus Hijos, sacar de un peligro mortal a los que ama apasionadamente, ya que nos ha pedido en su Testamento de amar como él mismo ama… Si estamos dedicados al apostolado, nuestro apostolado sólo dará fruto si rezamos por los que queremos convertir, ya que nuestro Señor da al que demanda, abre a quien llama… Para que Dios ponga buenas palabras sobre nuestros labios, buenas inspiraciones en nuestros corazones y buena voluntad en aquellos a quienes nos dirigimos, es necesaria la gracia de Dios. Para recibirla hay que pedirla… Así, cualquiera sea nuestro género de vida, recemos mucho, mucho, por la conversión de los pecadores. Es especialmente por ellos que Nuestro Señor trabaja, sufre, reza…

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Meditaciones sobre el Evangelio (Écrits spirituels de Charles de Foucauld, ermite au Sahara, apôtre des touaregs, J. de Gigord, 1964)

«La unión divina» (Carlos de Foucauld)

Cuando el alma y sus potencias han alcanzado un grado tan perfecto de pureza, que
su voluntad, tanto en su parte inferior como en su parte superior, está plenamente
libre del deseo y de la búsqueda de todo lo que no sea Dios ,cuando ella le ha dado su
consentimiento con el sacrificio más absoluto; entonces la voluntad de Dios y la del alma
forman, por su consentimiento libre y espontáneo, un único y mismo querer, Dios le da la gracia
de apoderarse de ella por esta conformidad de voluntad y de elevarse así hasta los desposorios
espirituales.
En este estado, el alma es la prometida espiritual del Verbo divino, y el Verbo le concede
grandes y preciosas gracias. Le hace frecuentes visitas con un inefable amor entorno a las cuales
ella se ve colmada de favores inmensos y de inexplicables delicias, pero que a pesar de todo, no
pueden compararse con los privilegios reservados al matrimonio espiritual.
Es verdad que todas estas maravillas de gracias se dan en un alma perfectamente
despojada de toda afección a las criaturas, puesto que los desposorios espirituales no pueden
celebrarse antes de que ese despojamiento no sea completo; pero no es menos verdadero que, para
llegar a la unión perfecta y al matrimonio divino, el alma necesita ir preparada mediante unas
disposiciones especiales. Esto es lo que Dios hace a través de sus visitas y de dones incluso más
excelentes, que prodiga durante un tiempo en el que la duración se mide por sus disposiciones
para purificarla cada vez más, para embellecerla y espiritualizarla, a fin de que esté
convenientemente preparada a este favor insigne de la unión divina.
C. de Foucauld

«Jesús te ha establecido para siempre en la vida de Nazaret» (Carlos de Foucauld)

Jesús te ha establecido para siempre en la vida de Nazaret:

La vida de misión y de soledad no son para ti sino excepciones: practícalas cada vez que su voluntad te lo indique
claramente; tan pronto como deje de ser indicado, vuelve a entrar en la vida de Nazaret.

Toma por objetivo-ora estés solo, ora con otros Hermanos – la vida en Nazaret, en todo y por todo, en su sencillez y
en su amplitud que miras…, sin hábito, como Jesús en Nazaret – sin clausura ,como Jesús en Nazaret-, no vivas lejos de
todo lugar habitado, sino cerca de una aldea, como Jesús en Nazaret – no menos de ocho horas de trabajo por día, (manual
u otro; si posible manual), como Jesús en Nazaret-, ni grandes terrenos, ni grandes limosnas, ni grandes construcciones,
ni grandes gastos, sino más bien una pobreza extremada en todo cómo Jesús de Nazaret…. En una palabra haz en todo
como Jesús de Nazaret.

No te afanes en organizar; prepara el establecimiento de los Hermanitos del Sagrado Corazón de Jesús; si estás
solo, vive como si debieras vivir y quedar solo; si sois dos, tres o algunos más, vivir como si nunca hubieras de ser más.
Ora como Jesús, tanto como Jesús, dando, como El, una gran cabida a la oración… Como El también, da amplia cabida al
trabajo manual, que no es un tiempo robado la oración, sino dado más bien a la oración. Reza cada día con toda fidelidad
el Breviario y el Rosario. Ama a Jesús con todo tu corazón…, y a tu prójimo como a ti mismo, por amor de Él.
La vida de Nazaret puede llevarse por doquier; llévala allí donde fuere más provechosa para tu prójimo”.

(Sacado de un carnet – diario del Padre Foucauld con la fecha del 22 de julio de 1905, en Beni-Abbés)