El alma de África en América Latina

Es preciso salvaguardar el patrimonio vivo de las culturas africanas y de los afrodescendientes
Es preciso salvaguardar el patrimonio vivo de las culturas africanas y de los afrodescendientes

Las poblaciones afrodescendientes de América Latina y el Caribe han trabajado por el reconocimiento de sus derechos y la rectificación de agravios históricos en su contra.

por Inés María Alfonso Rodriguez

Todas las culturas del mundo tienen el mismo derecho al respeto, así como todos los individuos son iguales en cuanto al libre acceso a la cultura.  No se puede ver Latinoamérica sin África, pues la cultura afro en la región está conformada por unos 133 millones de personas. Uno de cada cuatro latinoamericanos se identifica como afrodescendiente, por lo que es una región construida sobre el mestizaje. Una cultura fundamental en nuestra identidad, con raíces en la diáspora africana y una gran influencia en música (samba, cumbia, salsa), gastronomía, religiones (santería, candomblé) y danza. Brasil, Colombia, Venezuela, Cuba, México y Ecuador concentran la mayoría de la población afrodescendiente, sin embargo aún se enfrentan a grandes desafíos estructurales. 

Sí, aunque se reconozca su aporte fundacional, aún existe un muro con el que choca la realidad, traducida en exclusión que comienza en la infancia y se perpetúa incluso en la vida laboral. Un reciente informe del Banco Mundial, titulado Inclusión afrodescendiente en la educación: Una agenda antirracista para América Latina, pone el foco en uno de los mecanismos más sutiles y persistentes de esta desigualdad, que es sin duda la escuela. El estudio, coordinado por el especialista senior en desarrollo social Germán Freire, revela que de los 133 millones de afrodescendientes en la región, 34 millones se encuentran en edad escolar. 

La cultura afro en la región está conformada por unos 133 millones de personas
La cultura afro en la región está conformada por unos 133 millones de personas

La educación es la principal herramienta para romper el ciclo de pobreza crónica que afecta a estos hogares (los afrodescendientes tienen 2,5 veces más probabilidades de vivir en pobreza crónica), pero el sistema, en lugar de ser un ascensor social, a menudo se convierte en un reproductor de exclusiones. En este aspecto, el análisis de Freire apunta que los textos escolares de la región rara vez representan las contribuciones y anhelos de la población afrodescendiente». «Más frecuentemente, tienden a fortalecer visiones que pueden no ser negativas en sí mismas, pero que reproducen una visión limitada y estereotipada de sus aportes a la sociedad, y que impactan en las aspiraciones y percepción de oportunidades de chicos y chicas afrodescendientes».

Esta representación, llamémosle “folclorizante” -donde lo afro aparece confinado al pasado esclavo o a manifestaciones culturales desvinculadas de la modernidad- tiene consecuencias. Los estudiantes afrodescendientes no se ven reflejados como sujetos activos del presente o del futuro, lo que incide en su autoestima académica y en la decisión de permanecer en las aulas. A ello se suma un acceso limitado a las tecnologías digitales, una brecha que la pandemia evidenció y profundizó. La discriminación en el aula, también se convierte así en la primera forma de exclusión institucional que enfrentan miles de niños y niñas en la región. El informe también documenta lo que ocurre después de la escuela.

En el plano espiritual, las religiones de matriz africana como la santería cubana o el candomblé brasileño han sobrevivido a siglos de persecución y sincretismo
En el plano espiritual, las religiones de matriz africana como la santería cubana o el candomblé brasileño han sobrevivido a siglos de persecución y sincretismo

Incluso cuando los jóvenes afrodescendientes logran sortear las barreras y completan su educación, los retornos económicos son menores. Con el mismo nivel educativo y experiencia, ganan menos que sus pares no afrodescendientes por el mismo tipo de trabajo en todos los países analizados. Por lo que se puede asumir que la educación, por sí sola, no desactiva el racismo estructural. No obstante, frente a estos mecanismos, la producción cultural afrolatina ha operado de manera histórica como un espacio de resistencia, afirmación y denuncia. Desde la música hasta la poesía, pasando por las artes plásticas y la religión, las comunidades afrodescendientes han construido un acervo que no solo celebra la herencia africana, sino que interpela a las sociedades latinoamericanas sobre su deuda con la historia.

Podemos mencionar que en la música, géneros como la bomba puertorriqueña (ritmo afrolatino por excelencia que también es reivindicado en otras latitudes) funcionan como vehículo de protesta y memoria. La figura de Celia Cruz (Cuba, 1925-2003) va más allá de lo artístico, pues su popularización de la música afrocubana y su influencia en la salsa llevaron al mundo entero un mensaje de orgullo y poder, sintetizado en canciones como «La negra tiene tumbao», donde el término «tumbao» alude a ese ritmo y actitud que son inconfundibles.

Además, la literatura y la poesía han sido igualmente feroces. La cubana Nancy Morejón, en su poema «Mujer negra», traza un arco que va desde la mujer arrancada de África hasta su papel en la construcción de la nación cubana, pasando por la esclavitud y la independencia. Es un relato de sufrimiento, pero también de agencia y centralidad. En la misma línea, la peruana Victoria Santa Cruz legó un himno generacional con «Me gritaron negra», donde convierte el insulto en empoderamiento y denuncia del racismo intenso que se experimentaba en ese entonces.

Podemos mencionar que en la música, géneros como la bomba puertorriqueña (ritmo afrolatino por excelencia que también es reivindicado en otras latitudes) funcionan como vehículo de protesta y memoria. La figura de Celia Cruz (Cuba, 1925-2003) va más allá de lo artístico, pues su popularización de la música afrocubana y su influencia en la salsa llevaron al mundo entero un mensaje de orgullo y poder, sintetizado en canciones como «La negra tiene tumbao», donde el término «tumbao» alude a ese ritmo y actitud que son inconfundibles.

Además, la literatura y la poesía han sido igualmente feroces. La cubana Nancy Morejón, en su poema «Mujer negra», traza un arco que va desde la mujer arrancada de África hasta su papel en la construcción de la nación cubana, pasando por la esclavitud y la independencia. Es un relato de sufrimiento, pero también de agencia y centralidad. En la misma línea, la peruana Victoria Santa Cruz legó un himno generacional con «Me gritaron negra», donde convierte el insulto en empoderamiento y denuncia del racismo intenso que se experimentaba en ese entonces.

Más allá de las expresiones artísticas, la herencia africana se mantiene viva en las tradiciones más arraigadas de la vida cotidiana latinoamericana. La cocina es quizás el ejemplo más palpable. El mofongo puertorriqueño, el quimbombó presente en varias gastronomías del Caribe, la carapulcra chinchana peruana o el uso extendido del maní (cacahuete) en recetas de origen africano son testimonio de una fusión que, por naturalizada, a menudo se desconoce en sus raíces. La yuca, el plátano en puré y la leche de coco son hoy ingredientes tan «latinos» como africanos.

La cultura africana sigue viva en América Latina
La cultura africana sigue viva en América Latina

En el plano espiritual, las religiones de matriz africana como la santería cubana o el candomblé brasileño han sobrevivido a siglos de persecución y sincretismo. El culto a Yemanjá (diosa yoruba de las aguas, la fertilidad y protectora de los esclavizados) es una de las manifestaciones más extendidas y significativas. Sus devotos la homenajean en playas de Cuba, Brasil y Uruguay, en fechas que suelen variar en cada lugar. Esta coexistencia es la huella de un proceso histórico en el que los africanos esclavizados y sus descendientes protegieron sus creencias bajo la apariencia del culto a los santos

En el caso de Uruguay resulta que la población afrodescendiente representa aproximadamente el 10% del total nacional, concentrada en su capital, Montevideo. La presencia de africanos en la región del Río de la Plata se remonta al siglo XVI, pero fue en 1743 cuando atracó en Montevideo el primer barco con personas esclavizadas procedentes de regiones como Angola, Congo y Mozambique. Hasta el siglo XIX, el puerto de Buenos Aires -y por extensión la Banda Oriental- fue una puerta de entrada para la trata en el Cono Sur.

De esa historia nació el candombe, un estilo de música y danza surgido en el primer tercio del siglo XIX y declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009. Esto es una prueba de que la cultura afrodescendiente no es un adorno para la identidad latinoamericana, sino uno de sus pilares fundamentales. Sin embargo, el reconocimiento cultural no basta si no va acompañado de políticas educativas y laborales que desmantelen los estereotipos y las barreras estructurales.

Fuente: El alma de África en América Latina – Diario La R

«El africano es religioso por esencia; Europa ha perdido esa noción por creerse dueña de la vida»

Entrevista a Paco Ostos, misionero en el Congo durante 52 años

El granadino Paco Ostos lleva más de medio siglo en la frontera más viva de la Iglesia: África. Allí ha visto levantarse a un pueblo que sufre, pero cree. Una promesa juvenil fue suficiente para cambiar su historia… y la de miles de personas

María Rabell García
María Rabell GarcíaCorresponsal en Roma y El Vaticano

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Tenía 15 años cuando Paco Ostos (1949), natural de Granada, escuchó por la radio una noticia que le cambió la vida: seis misioneros y cuatro religiosas habían sido asesinados en el Congo por los rebeldes simbas. Él, postrado en la cama por una lesión deportiva, no conocía aún su futuro. «Señor, si tú lo deseas, un día yo reemplazaré a uno de esos misioneros», murmuró entonces sin imaginar que esa promesa marcaría su vocación de vida.

Años después, tras una sólida formación entre Sevilla, Madrid, Estrasburgo y Suiza, entró en los Misioneros de África (Padres Blancos) una congregación que trabaja pequeñas comunidades de tres miembros para anunciar el Evangelio. Ordenado sacerdote en 1977, llegó finalmente al Congo. Allí lo esperaba una misión que llevaba más de una década cerrada: la misma de Aba, donde aquellos mártires habían derramado su sangre. En ese momento se acordó de lo que le dijo al Señor aquel 27 de noviembre.

Desde entonces han pasado más de cincuenta años. Medio siglo en el corazón de África: evangelizando, construyendo escuelas, hospitales y orfanatos y levantando una universidad donde ya se forman ingenieros, médicos veterinarios, economistas y maestros. Paco Ostos ha visto crecer a la Iglesia donde más florece hoy: en un Continente que sufre y espera, pero cree. Y donde él sin pretenderlo cumplió la palabra que de adolescente hizo a Dios.

–Lleva más de medio siglo entregado a la misión en África. ¿Dónde y cuándo empezó ese camino?

–Mi vocación comenzó cuando tenía 15 años. Estaba estudiando el bachillerato y haciendo deporte. Tuve una caída que me obligó a estar en cama durante un mes por una fisura de peroné, que entonces no se podía tratar de otra forma. Un 27 de noviembre escuché en Radio Nacional una noticia: habían matado a seis Padres Blancos en la misión de Aba, al noreste del Congo Belga, cerca de la frontera con Sudán.

Yo tenía 15 años y dije: «Señor, si tú quieres, un día yo reemplazaré a uno de estos mártires». Luego lo olvidé. Yo cumplía religiosamente, pero no mucho más. Cuando terminé el bachiller, el párroco me fue orientando porque yo quería hacer algo grande en la vida para ayudar a los demás. Y me fui acercando a los Padres Blancos, a quienes ni siquiera conocía. Poco a poco fui progresando y diez años después me ordenaron sacerdote.

Me preguntaron a qué país africano quería ir y había que indicar tres destinos por orden de preferencia. Yo puse en primer lugar el Congo (entonces llamado Zaire). Y cuando llegué, el provincial me comunicó que habían decidido reabrir una misión cerrada desde 1964, cuando asesinaron a los seis misioneros que trabajaban allí. Así que me nombraron para Aba. Fíjese: reemplazaba a uno de aquellos mártires a los que yo había dicho de niño: «Si tú quieres…». Llegué en 1973 y, desde entonces, aquí estoy. Solo estuve fuera de 2014 a 2018.

Con los niños huerfanos  de la diocesis
Con los niños del Orfanato Virgen de la Capilla, en la parroquia de San Idelfonso, financiaron el proyecto)

Durante once años, de 2003 a 2014, fui nombrado por el obispo como ecónomo general de la diócesis de Mahagi-Nioka. Cuando nombró a un sacerdote diocesano para sustituirme, pensé que lo mejor era alejarme para dejarle trabajar libremente. Los Misioneros de África me propusieron ir como administrador de la obra de los Padres Blancos en México. Allí estuve hasta 2018.

Ese año me pidieron volver al Congo, pero ya no para la diócesis, sino para el grupo de los Padres Blancos de la provincia. Estuve tres años y, al terminar el mandato, me nombraron provincial de Ituri, y en eso estoy ahora, ya terminando mi último año, porque son dos mandatos de tres años.

África lidera las estadísticas

–Evangelizar en un territorio tan amplio y distinto de Europa debe ser todo un reto…

–La formación ya nos prepara para esto. Estudié un año de sociología en el Instituto Social León XIII, en Madrid; luego el noviciado en Friburgo, en Suiza; y la teología en la Universidad Estrasburgo. Nos formaban para trabajar con otras religiones, otros pueblos y mentalidades. Vivíamos en un ambiente internacional, lo cual ayuda a adaptarte.

Lo que más me gustó de los Padres Blancos es que siempre trabajamos en comunidad, no individualmente, y en comunidades internacionales, interculturales e interraciales. Esto me ayudó a no querer transportar mi cultura religiosa andaluza a otros pueblos, sino quedarme con lo esencial de la fe: el Evangelio de Jesucristo, teniéndolo que vivir en una estructura cultural diferente, sin llevarle lo mío propio que es valido para mi pero no necesariamente para los demás. Eso me ayudó siempre.

–De hecho, el Evangelio ha arraigado profundamente: según las estadísticas más recientes, África es el Continente donde más crecen el número de bautizados, vocaciones, práctica religiosa…

–El africano es esencialmente religioso. En Europa hemos perdido esa noción, quizá por el orgullo de creer que controlamos la vida. Aquí saben que el único que puede sacarles del sufrimiento es Dios.

También han visto que los misioneros no hemos venido a imponer nada, sino a servir y a acompañar, respetándolos. Mientras los líderes políticos muchas veces no respetan a su propio pueblo, la Iglesia se ha convertido para muchos en un oasis de paz donde saben que son escuchados y valorados.

Paco Ostos con jóvenes de la Universidad Lago Alberto (UNILAC)
Paco Ostos con jóvenes de la Universidad Lago Alberto (UNILAC)

Han descubierto que Cristo les ha traído algo más que su propia religión, que con frecuencia les infundía miedo ante castigos y espíritus. Lo han acogido libremente, sin imposiciones, y por eso la fe ha crecido auténticamente. De ahí que los seminarios estén llenos.

En Europa, en cambio, predomina el individualismo. Aquí siendo un pueblo necesitado se ayudan unos a otros, como antiguamente en España, donde las familias numerosas se sostenían mutuamente. Hoy en Europa cada uno va más a lo suyo. En África saben que solo se puede salir adelante juntos y confiando en Dios.

Una fe que libera del miedo

–Impresiona esa confianza, sobre todo en un pueblo que sigue viviendo la persecución y violencia por su fe…

–Los cristianos africanos han recibido un bautismo que es más que un barniz superficial. Es una fe profunda, una confianza en Dios que les libera de los miedos. Tenemos varios ejemplos en el Congo: la beata Marie-Clémentine Anuarite Nengapeta, el laico carmelita beato Isidoro Bakanja o santa Josephine Bakhita y otros hoy día que son auténticos testigos de Jesús. Cuando se tiene esa fe, al que profesa otras creencias no se le tiene miedo.

Yo llegué pensando que venía a evangelizar África y ahora son ellos los que están evangelizando Europa. Esperemos que con su testimonio, Europa recupere la conciencia de que la vida no es solo tener y dominar, sino que es ante todo compartir, fraternizar, respetar y ser solidarios, y no ir cada cual a lo suyo pisoteando a quienes se interponen en sus ambiciones egoístas.

Europa tiene que cambiar de óptica: será menos envidiosa e inhumana cuando aprenda a convivir compartiendo y recuperando la alegría de ser personas. Entonces no nos quejaríamos tanto de lo mucho que tenemos, sino que viviríamos con un espíritu agradecido.

–Háblenos de los numerosos proyectos que han ido surgiendo allí: el orfanato, la universidad… y, entre tanto, colegios, ambulatorios y tantas otras obras repartidas por toda la diócesis.

–Aquí trabajamos con comunidades de base. Los proyectos no vienen de nosotros, sino de ellos: un puente para que los niños puedan ir a la escuela, una captación de agua limpia, ampliar una escuela, un centro de maternidad, un dispensario… Ellos reflexionan sobre como vivir con mas dignidad como consecuencia de su bautismo. Nosotros les acompañamos. Pedimos ayudas a organismos como Manos Unidas, Ayuda a la Iglesia Necesitada, Cáritas, Obras Misionales Pontificias… Siempre con una contribución local mínima del 25%. Ellos se implican.

Por contactos y también gracias a la generosidad del pueblo español, y también el Fondo Nueva Evangelización de la Conferencia Episcopal Española, todos los proyectos se han realizado: escuelas, internados, hospitales, centros de salud, orfanatos… Además tenemos la Universidad del Lago Alberto. Gracias al contacto con la Universidad Politécnica de Madrid y otros organismos, ya han salido promociones de Ingeniería Agrónoma, Ingeniería Civil, Medicina Veterinaria, Economía, Derecho y Ciencias de la Educación. Los proyectos funcionan porque ellos mismos los gestionan, con comisiones locales. Unos salen mejor, otros peor, pero la mayoría funciona muy bien.

–¿Planes de volver a España?

–Por el momento solo tengo 76 años y buena salud. Lo que hago en el Congo no es un castigo sino todo lo contrario. Ser un misionero al servicio de Dios y de la Iglesia es un honor que no merezco, pero mientras Dios me aguante y otros hermanos me soporten aquí estamos.

Fuente: https://www.eldebate.com/religion/iglesia/20251108/africano-religioso-esencia-europa-perdido-nocion-creerse-duena-vida_352019.html

NO HAY DERECHO – Obispos africanos y europeos: ‘África no necesita caridad sino justicia’

Bruselas (Parlamento Europeo) (AICA)

Declaración conjunta de la SECAM y de la Comece en la que expresan su preocupación por «un cambio profundo en las prioridades europeas».
Obispos africanos y europeos: 'África no necesita caridad sino justicia'

En vísperas de la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea del 21 de mayo, el Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) y la Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea (Comece) emitieron una declaración conjunta en la que expresaban su preocupación por «un cambio profundo en las prioridades europeas».

Hace media década, el SECAM y la Comece subrayaron que estaban «firmemente convencidos» de que Europa y África tenían el potencial de revitalizar la «cooperación multilateral reforzando sus vínculos de larga data marcados por nuestras raíces comunes y proximidad geográfica».

Sin embargo, en su declaración emitida el 15 de mayo, las dos conferencias episcopales destacan su preocupación por el hecho de que la atención se desplazó «de la solidaridad con las regiones y comunidades más frágiles» hacia «un conjunto más estrictamente definido de intereses geopolíticos y económicos».

¿A qué costo?
Las prioridades parecen haber cambiado a los «patrones del pasado»: un regreso a anteponer los objetivos corporativos y estratégicos europeos a las necesidades y aspiraciones reales de los africanos. Esto significa que los cimientos básicos de la vida -la tierra, el agua, las semillas y los minerales- se convirtieron nuevamente en mercancías para el lucro extranjero.

Por lo tanto, se está obligando al continente africano a poner en riesgo sus ecosistemas y comunidades para apoyar los objetivos de descarbonización de Europa mediante acuerdos territoriales que se presentan como parte de proyectos de energía «verde» o que trasladan la carga de los insumos tóxicos y los residuos de la agricultura industrial a otras regiones. 

La declaración de SECAM y Comece enfatiza que esta situación actual «no es una alianza. No es justicia».

Recordando la encíclica Laudato si’ del papa Francisco, las conferencias episcopales recuerdan el clamor de la tierra y el clamor de los pobres, que se oyen fuertes y claros en toda África. Señalan la injusticia que enfrentan los países africanos como resultado del desequilibrio en su relación con Europa.

Los organismos eclesiales destacan los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación del suelo y cómo el hambre está creciendo en el continente africano, no «porque nos falta comida, sino porque hemos permitido que dominen sistemas que priorizan las ganancias sobre las personas».

Un llamado al cambio
Las dos conferencias instan a los ministros de Asuntos Exteriores de la UE, que se reunirán el 21 de mayo en Bruselas, a situar la dignidad de los pueblos africanos en el centro de la colaboración entre la Unión Africana (UA) y la Unión Europea (UE). Destacan la necesidad de proteger y promover los sistemas de semillas gestionados por los agricultores, que son la clave de la soberanía alimentaria.

Para concluir, la declaración de la Comece y el SECAM hace un llamado a la acción con ejemplos concretos de cómo pasar de lo abstracto a lo concreto. Abogan por la prohibición inmediata de la exportación y el uso de plaguicidas altamente peligrosos en África. Señalan la injusticia de que se sigan fabricando y vendiendo productos químicos prohibidos en Europa a los agricultores africanos. «Esta doble moral debe terminar».

La declaración ofrece numerosas sugerencias sobre cómo cuidar y respetar mejor el continente africano y su ecosistema. Sin embargo, enfatiza que «África no necesita caridad», sino justicia y «una alianza basada en el respeto mutuo, la gestión ambiental y la importancia central de la dignidad humana».

Para lograrlo, la Comece y el SECAM piden a los ministros de la UA y la UE que «estén a la altura de las circunstancias» y escuchen con más atención a la sociedad civil africana, los pueblos indígenas y las comunidades religiosas «no como participantes simbólicos, sino como cocreadores iguales de políticas».+

Fuente: https://aica.org/noticia-obispos-de-africa-y-europa-africa-no-necesita-caridad-sino-justicia

Genocidio cristiano en Nigeria

Se calcula que en el norte de Nigeria habitan unos 40 millones de cristianos, que no pueden rezar en voz alta porque es muy peligroso. No se atreven a hablar de su fe, pues si lo hacen se exponen a ser asesinados por blasfemia.

La palabra genocidio ha transversalizado la narrativa mediática a propósito de la guerra entre la organización terrorista Hamás y el Estado de Israel, iniciada hace dos años y que parece estar llegando a su fin. El poder de las grandes empresas comunicacionales impuso un sesgo en la información al repetir -hasta el hartazgo- la palabra genocidio, cuando se referían al pueblo palestino, utilizado por Hamás, para concitar unanimidad en torno a su relato. Agencias internacionales, medios poderosos, periodistas, presidentes, empresarios, artistas, intelectuales y pensadores lo refrendaron. Lo que exacerbó el activismo zurdo, y generó consenso total entre los miembros de las muy variadas facciones de izquierda, que quieren imponer su verdad y su estilo de vida en este mundo tan convulsionado.

Durante estos dos años este fue el monotema. Lo que silenció otros conflictos, incluso la guerra entre Rusia y Ucrania dejó de tener relevancia en los medios. Por cierto, en este último caso nunca se ha hablado de genocidio, cuando resulta pertinente si nos atenemos a su significado. “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de política, de religión o de nacionalidad” (DRAE).

Lo cierto que esta palabra tiene un fuerte impacto en el imaginario social, que el rojerío ha explotado en función de sus lealtades y afinidades ideológicas. Por eso defiende a Hamás, pero jamás se han pronunciado en relación con lo que ocurre a los cristianos en Nigeria. Decir que es alarmante es quedarse corto frente a la dimensión de este crimen, que se ha llevado por delante la vida de miles de seres humanos. El credo religioso de los secuestrados, torturados y asesinados es la razón que alegan los yihadistas para matarlos.

Esta masacre que no parece tener fin es desconocida por gran parte de los habitantes de este mundo, hasta de la gran comunidad cristiana, que es la más numerosa. En lo personal no he visto ningún pronunciamiento al respecto. Por eso es menester hacerse eco de lo que ha denunciado el criminólogo, investigador y experto en derechos humanos Emeka Umeagbalasi, quien ha puesto el foco en su país. Él afirmó que en Nigeria hay un proyecto para aniquilar a los cristianos e islamizar a esta nación africana.

Nigeria, habitada mayoritariamente por la etnia hausa, fue colonizada por los portugueses en el siglo XV, y en el XVI los ingleses la convirtieron en protectorado y colonia, hasta 1960 cuando obtuvo su plena independencia. Su población es la mayor de África al sumar más de 237 millones de almas, con una densidad poblacional de 247 habitantes por kilómetro cuadrado.

En este Estado del África centro occidental se profesan diversas religiones: el islamismo, el protestantismo y el catolicismo. Pero, hoy por hoy, el gobierno es cómplice de una política expansiva para islamizar a Nigeria. “Los yihadistas se han hecho con el poder político y desde entonces han puesto en marcha un proyecto de islamización nacional”, ha reiterado Umeagbalasi a ACI Prensa el pasado 29 de septiembre.

Este defensor de los derechos humanos enfatiza que han documentado el asesinato coordinado y sistemático de todo un pueblo, “por lo tanto hablamos claramente de un genocidio cristiano”. Se calcula que en el norte de Nigeria habitan unos 40 millones de cristianos, que no pueden rezar en voz alta porque es muy peligroso. No se atreven a hablar de su fe, pues si lo hacen se exponen a ser asesinados por blasfemia. En aquella zona es casi imposible vivir como cristiano, y si esta tendencia continúa en medio siglo habrá desaparecido la pluralidad religiosa.

Umeagbalasi revela cifras en cuanto a represión, encarcelamiento, desapariciones y muertes. Más de 850 cristianos siguen cautivos en varios campamentos de Rijana, muy cerca de una base militar. Hasta agosto fueron asesinados más de cien prisioneros, y de acuerdo con la Conferencia Episcopal de Nigeria han sido secuestrados al menos 145 sacerdotes católicos. Sin embargo, otras fuentes elevan el número a 250 clérigos católicos, a los que deben sumarse 350 ministros de distintas confesiones cristianas. Visto lo visto y si todo sigo al ritmo del yihadismo, en poco tiempo se impondrá el pensamiento único en Nigeria.

Fuente: https://correodelcaroni.com/opinion/genocidio-cristiano-en-nigeria/

Las raíces africanas del cristianismo latino

La Iglesia de África en los primeros siglos desempeñó un papel importante en la vida y el desarrollo del cristianismo occidental. Una intervención del obispo de Argel

por Henri Teissier Obispo de Oran (1972-1980) Dejó este mundo la mañana del martes 1 de diciembre, día de la memoria del beato Carlos de Foucauld. Henri Antoine Marie Teissier, arzobispo emérito de Argel, murió a los 91 años a causa de un derrame cerebral tras años de una vida dedicada con inteligencia a servir y a amar con pasión evangélica al pueblo argelino y a la misión de las comunidades cristianas esparcidas por Argelia.

Los restos arqueológicos de una basílica cristiana en CartagoAunque ciertamente no soy un especialista en el cristianismo africano de los primeros siglos, espero que se me permita ofrecer algunas reflexiones sobre el tema que pretendo desarrollar en esta conferencia: «Las raíces africanas del cristianismo latino». No hablaré bajo el título de una competencia que no tengo, sino para hacer preguntas a especialistas sobre un tema, cuya importancia es evidente para las Iglesias del norte y sur del Mediterráneo occidental.De hecho, me parece significativo, en el contexto del «Año 2003 de Argelia en Francia», dar a conocer el papel que la Iglesia de África de los primeros siglos desempeñó en la vida y desarrollo del cristianismo latino.Por lo tanto, tomaré en consideración diferentes aspectos de la Iglesia latina de los primeros siglos, para preguntar a los expertos aquí presentes sobre las contribuciones específicas de los cristianos del norte de África en el momento en que el cristianismo latino nació y fue asumiendo un rostro liberado. en Europa desde sus primeros orígenes, griegos y de Oriente Medio.El profesor Claude Lepelley propuso recientemente una reflexión sobre este mismo tema en el simposio organizado por la UNESCO los días 30 y 31 de enero de 2003. Me permitiré basarme en gran medida en su aportación, pero aprovecharé mi situación de pastor y de cuanto mayor tiempo tengamos a disposición para hacer, además, nuevas preguntas, esperando así contribuir a una importante toma de conciencia de las relaciones entre los dos Occidentes, el Occidente europeo y el Occidente (este es el sentido de la palabra Magreb) de el sur del mediterráneo.Tomar conciencia de este hecho es muy importante para los cristianos de Europa, así como para los actuales habitantes del Magreb. Los europeos deben saber que una parte importante de sus raíces cristianas latinas se encuentran en el sur del Mediterráneo. Y los habitantes del Magreb también deben conocer el papel que jugaron sus antepasados ​​en una tradición cultural y religiosa que ahora les parece completamente ajena a su tierra. Una toma de conciencia que también puede tener su importancia para las Iglesias jóvenes de África que ven sus fuentes espirituales como únicamente europeas, olvidando no sólo los orígenes orientales de la Biblia y el desarrollo de la patrística oriental, sino también el papel de África romana.El profesor Claude Lepelley, reflexionando al respecto, no duda en expresar su posición de forma paradójica: “El cristianismo occidental no nació en Europa, sino en el sur del Mediterráneo”.Es una declaración que puede sorprender, pero está respaldada en gran medida por la historia.Intentaré pues, en breve, explorar los principales caminos que hay que seguir para descubrir, bajo varios aspectos, las raíces africanas del cristianismo latino.

1. La literatura cristiana latina nació en el África romana
El primer dato es de considerable importancia. Las obras de teología cristiana en latín más antiguas que se conservan no se escribieron en Italia, España, la Galia o Dalmacia, sino que provienen de Cartago. De hecho, en la época de Tertuliano, los cristianos del norte del Mediterráneo todavía escribían en griego. Esto es evidentemente lo que hizo Clemente de Roma un siglo antes. Pero sigue siendo lo que hizo Justino, que no es realmente un «padre latino», pero que murió mártir en Roma (†165 ca.) – poco antes que Tertuliano. Era de Palestina y anteriormente había escrito en griego para algunos griegos, y continuó haciéndolo cuando llegó a Roma. Ireneo († ca. 200), que llegó de Esmirna en Lyon, también escribió su 

Adversus haereses en griego en esta ciudad., cuando Tertuliano ya ha escrito sus primeros tratados en latín. Hipólito (†236), aunque sacerdote de Roma, más joven que Tertuliano, todavía escribirá su obra en griego. Además de Tertuliano, el primer autor latino conocido es Minucio Félix. Pero no está probado que sea anterior a Tertuliano. Y en todo caso su obra queda al nivel de una apologética que hace poco uso del vocabulario teológico propiamente cristiano. Por lo tanto, debemos los primeros tratados teológicos en latín a Tertuliano. Escribió primero en griego, pero pronto cambió al latín para llegar a su audiencia africana. Precisar cuánto debe la lengua cristiana a Tertuliano es tarea de especialistas. Aunque él mismo no creó todo el vocabulario cristiano en latín, es su obra la que constituirá la primera

Corpus cristiano de referencia en esta lengua. La lengua latina parece deberle mil palabras cristianas. A continuación, a modo de ejemplo, dos citas de Tertuliano que ilustran la dificultad de este primer intento de transposición del cristianismo, partiendo de su expresión original en griego, hacia su formulación en latín.

San Cipriano, detalle del mosaico del siglo VI que representa la procesión de los mártires, Basílica de Sant'Apollinare Nuovo, Ravenna

San Cipriano, detalle del mosaico del siglo VI que representa la procesión de los mártires, Basílica de Sant’Apollinare Nuovo, RavennaEl primer pasaje plantea el problema de la traducción griega de la palabra 

logos con el latín 

sermo(que podemos traducir igualmente tanto con «palabra» como con «verbo»): «En efecto, antes que nada, Dios estaba solo: era completamente para sí mismo, su propio mundo, su propio estado, y todo. Estaba también en el hecho de que no había nada que fuera externo a él. Sin embargo, no estaba del todo solo entonces. Le acompañaba lo que tenía en Sí mismo, es decir, su razón. En efecto, Dios es racional y la Razón es primera en Sí mismo, ya que todo procede de Él. Esta Razón es Su propio pensamiento. Los griegos lo llaman «logos». Palabra por la que también decimos «palabra», por eso, gracias a una fácil traducción, solemos decir que «la palabra estaba en el principio con Dios», mientras que sería preferible hablar de Razón,

Adversus Praxean , 5, 2-3). En el segundo ejemplo descubriremos la oscilación que existe en el vocabulario entre 

substantia y materia cuando Tertuliano en el mismo pasaje las utiliza para traducir el griego 

ousia (sustancia): «Es llamado Hijo de Dios y de Dios, por la unidad de sustancia; porque Dios también es espíritu. Cuando un rayo es arrojado por el sol, es una parte que se aleja del todo; pero el sol está dentro del rayo, porque es un rayo del sol, y la sustancia no se divide, sino que se extiende, como la luz que es iluminada por la luz. La materia fuente permanece entera y no pierde nada, pero comunica su naturaleza a través de muchos canales»

Apologeticum XXI, 12). Pero, en general, uno está profundamente impresionado por la firmeza y concisión de las formulaciones de Tertuliano. He aquí un ejemplo, tomado entre muchos otros posibles: «Era necesario entonces que la imagen y semejanza de Dios fuese creada dotada de libre albedrío y de autonomía propia, de modo que precisamente a esto – libre albedrío y autonomía – imagen y semejanza de Dios, y en este sentido se le ha asignado al hombre una sustancia propia de este estado» ( 

Adversus Marcionem II, 6,3). Cipriano (†258), el segundo, cronológicamente, entre los Padres occidentales que nos han dejado una obra escrita en latín, también es africano. Su obra es más de un siglo anterior a la de Hilario de Poitiers (†367), a la de Ambrosio de Milán (†397) e incluso a la de Jerónimo (†420). Arnobius (†327 ca.) también es africano. Recordemos, por otra parte, que curiosamente el pagano Cecilio del 

Octavio, la apología de Minucio Félix, se presenta como amigo de Fronto di Cirta (Constantino en Numidia), autor de una diatriba contra los cristianos (162-166). También podemos señalar que Lactancio, que murió alrededor del año 325, tres cuartos de siglo después de la muerte de Cipriano, según san Jerónimo nació en África. Enseña latín en Nicomedia, en Asia Menor, donde el emperador Diocleciano ha establecido su capital, por tanto, en plena zona de difusión de la cultura griega. Se dice de él, un africano, «que es el hombre más elocuente de su tiempo en lengua latina». Son periodos en los que en el occidente cristiano no hay nombre de autor latino cristiano que citar, hasta Hilario de Poitiers (†367) y Martín de Tours (†397).

2. Incluso las traducciones más antiguas de la Biblia al latín son africanas
Incluso en lo que respecta al idioma sería interesante contar con información de especialistas, especialmente sobre 

Vetus Latina. En efecto, se dice que África poseía las versiones latinas más antiguas de cierto número de libros de la Biblia antes de que Jerónimo diera al mundo latino su famosa traducción, que se convertiría en la referencia unánime en el mundo latino hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II.Una vez más dejaré la tarea de explicar con más precisión a los competentes, pero desde hace mucho tiempo los especialistas atribuyen al África cristiana un papel decisivo en las primeras traducciones de la Biblia del griego al latín. Pierre Maurice Bogaert ( 

La Bible latine des origines au Moyen-Âge en

Revue Theologique de Louvain , 19 [1988], p. 137) escribe: «Cuando comenzó a sentirse la necesidad – ciertamente desde mediados del siglo II en el África romana – la Biblia fue traducida del griego al latín… Hasta que se demuestre lo contrario, estoy más bien a favor del origen africano [de las traducciones] que la romana o la italiana». Además, se piensa que todas estas primeras traducciones se hicieron para la comunidad judía del norte de África, para las necesidades de sus propios fieles. Es cierto que esas antiguas traducciones a menudo serán suplantadas más tarde por la de Jerónimo, pero sus huellas seguirán siendo importantes en muchos libros de la Biblia, como el de los Salmos.El Occidente latino, repito, debe algunas de sus primeras traducciones bíblicas al África romana.

Evangeliario latino, Codex Palatinus 1589, ff.  43v-44r, finales del siglo V, Museos y Colecciones Provinciales, Castello del Buon Consiglio, Trento.  Los Evangelios Púrpuras de Trento transmiten un texto latino antegeronimiano correspondiente a una edición de los Evangelios difundidos en África en el siglo III, que fue utilizado por Cipriano

Evangeliario latino, Codex Palatinus 1589, ff. 43v-44r, finales del siglo V, Museos y Colecciones Provinciales, Castello del Buon Consiglio, Trento. Los Evangelios Púrpuras de Trento transmiten un texto latino antegeronimiano correspondiente a una edición de los Evangelios difundidos en África en el siglo III, que fue utilizado por Cipriano

3. Las primeras historias de los mártires en lengua latina
Otro campo de expresión cristiana muy antigua en lengua latina nos lo atestigua en África las 

Actas de los mártires. Monseñor Saxer, expresidente del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana, escribe al respecto: “La hagiografía africana -de expresión latina desde sus inicios- tiene el singular privilegio de incluir algunas de las obras más antiguas, auténticas y bellas de este género literario. » (Victor Saxer, 

Santos Anciens d’Afrique du Nord, Roma 1979, pág. 6). El documento cristiano en latín más antiguo que nos ha llegado es también la historia más antigua procedente del África cristiana, la de los mártires Scillitani (17 de julio de 180), siendo Escila una ciudad del África proconsular aún de localización dudosa.También aquí los especialistas deben subrayar el hecho de que las 

Actas de los Mártires Africanos o sus 

Pasiones son los documentos más antiguos de este tipo en la literatura cristiana. Servirán de modelo para posteriores trabajos similares en Occidente. Y lo mismo ocurre con el género literario más amplio, es decir, las biografías de santos. Un género que nació en África y que tendrá un gran seguimiento en toda la Iglesia. De hecho, está inaugurado por la vida de San Cipriano, escrita por el diácono No hay sugerencias también la vida de San Agustín escrita por su colega y amigo Posidio de Calama (hoy Guelma en Argelia) y la de Fulgencio (†527) de Ruspe (entre Sfax y Susa en Túnez) escrita por el diácono de Fulgencio, Ferrando.La puerta está abierta a las obras hagiográficas muy posteriores de Gregorio de Tours sobre San Martín y la gloria de los mártires. 4. El peso demográfico de la Iglesia de África en el Occidente latino Claude Lepelley, en su discurso ante la UNESCO, encuentra otra razón por la que la Iglesia de África ha influido en el Occidente latino: su peso demográfico. No es fácil medirlo en términos de población cristiana, pero el número de obispados es considerable. Hacia el año 200, en el primer Concilio de Cartago, ya había setenta obispos del África romana bajo la presidencia de Agripino. En el mismo período, en el norte de Italia no se sabe si hubo otros obispados además de los de Roma, Milán y Rávena. En el segundo Concilio de Cartago los obispos africanos reunidos son ya noventa. En el mismo período, en el Sínodo de Roma, bajo el Papa Cornelio, hay solo sesenta obispos. En el Concilio de Arles sobre el donatismo (el problema africano), en el año 314, se constata la presencia de 46 obispos (16 de Galia, 10 de Italia, 9 de África, 6 de España y 3 de Bretaña). Conocemos el número de obispos que participaron en el Concilio del 411 en Cartago. Se sabe que estaban presentes 279 obispos católicos y los donatistas 270. Considerando que en ambos campos había alrededor de un centenar de obispos ausentes, su número total ascendería a más de seiscientos. Es un dato que da una idea de la red de obispados sobre todo en el Proconsular (Túnez) pero también en Numidia (área de Constantino). La influencia africana en Roma ya se hizo sentir ya en 189, cuando Víctor, un africano de Leptis Magna, fue elegido Papa en Roma (189-198). Esto demuestra el lugar que la Iglesia de África debió tener en Roma desde finales del siglo II. Y en la tercera y cuarta seguirá aumentando. 5. La decisiva influencia de san AgustínPero todos los elementos mencionados hasta aquí seguramente habrían quedado sin consecuencias duraderas sin la personalidad teológica y espiritual de San Agustín, y sin las dimensiones prodigiosas de su obra escrita. Es inútil evocar aquí la persistencia de su influencia en el Occidente latino hasta la Reforma, hasta el jansenismo y finalmente hasta nuestros días. Influencia que se ha descrito en todos los estudios de Agustín. Lo que debe destacarse ante todo es la presencia en su obra de una síntesis original del cristianismo que, aunque conocía la patrística griega, se inspira en una meditación personal de la Escritura y en su experiencia espiritual específica.Goulven Madec, en una obra reciente

Lectures augustiniennes, París 2001, pág. 99-109), propone un estudio sobre las influencias cristianas ejercidas sobre Agustín, y destaca la importancia de las referencias latinas, más numerosas que las de los Padres griegos. Hilario de Poitiers, en un momento exiliado en Oriente, y Ambrosio están mucho más en deuda con sus fuentes griegas que Agustín. Agustín desea ser plenamente fiel a la tradición de la gran Iglesia, pero enraíza su teología sobre todo en su lectura personal de las Escrituras y en su propia experiencia. Incluso su referencia a las fuentes de la filosofía griega está mediada por el testimonio de dos latinos, Simplicianus y Victorinus, más que por el de los Padres griegos. Con Agustín el Occidente latino conquistó su independencia teológica y con ella también su propia personalidad cristiana.Algunos podrían desaprobar esta evolución y preferir la lectura del cristianismo propuesta por los Padres griegos. Pero todos deben reconocer que el Occidente latino debe sobre todo a Agustín su propia lectura del mensaje bíblico.

6. La tradición monástica agustiniana
Sabemos que el monacato nació en Oriente. Primero se extendió a Occidente a través de San Martín (†397), nacido en Panonia, en la frontera latina de Occidente. El mismo Agustín cuenta cómo descubrió en Milán, gracias a Poncio, a unos anacoretas convertidos a la vida ascética a partir de la biografía de san Antonio Abad (†356) que acababa de escribir Atanasio, pocos años después de la muerte de Antonio. Un descubrimiento que, se sabe, tendrá un lugar importante en la vida de Agustín que, de regreso a Tagaste, organizará los primeros lugares africanos de vida monástica. Adaptará entonces ese modo de vida a la comunidad que vive a su alrededor cuando sea obispo y dará al mundo latino su regla de vida y el ejemplo de sus comunidades monásticas pastorales. El Occidente latino adoptará este ejemplo en una parte de su tradición de vida religiosa comunitaria (los agustinos, los premonstratenses, etc.). Pero los especialistas también encuentran en la regla de san Benito influencias derivadas en particular de la regla de san Agustín.

7. La influencia del derecho eclesiástico africano
El profesor Claude Lepelley sugiere también otro ámbito en el que se ejerce la influencia de la Iglesia de África sobre la Iglesia latina: el del derecho eclesiástico. Como es sabido, la vida conciliar fue más intensa en el norte de África que en las demás regiones del Occidente latino, especialmente en los siglos III y IV. Las decisiones de aquellas consultas constituyeron un  corpus que influiría en las Iglesias de Occidente, sobre todo a través de la España visigoda.

8. La obra de Agustín disponible en Europa desde la muerte del obispo de Hipona
No podemos decir aquí cómo la obra de Agustín pudo escapar del saqueo de Hipona por los vándalos y luego conquistar Europa. Serge Lancel dice al respecto: «No faltan pruebas que nos permitan sostener, sin prueba pero con fuerte probabilidad, que el conocimiento completísimo de la obra de Agustín en Italia desde mediados del siglo V no se debe a las copias de sus obras, difundidas en ultramar antes de la muerte del obispo sólo parcialmente, sino más bien a su traslado global a Roma y su inclusión en el fondo de la biblioteca apostólica, hacia mediados del siglo V, en las condiciones y formas que subsisten, debe ser dicho, misterioso, si no milagroso» (Serge Lancel, 

San Agustín, París 1999, p. 668).Así, la obra de Agustín se encontró disponible muy pronto en el norte del Mediterráneo, para conocer la difusión que conocemos. Conocemos la inscripción colocada en Letrán en un fresco que constituye la representación más antigua del obispo de Hipona: «Los diversos Padres explicaron varias cosas, pero sólo él dijo todo en latín, explicando los misterios con el trueno de su gran voz» .

Codex Balliolensis, contiene obras de Lactantius y Tertulian, manuscrito del siglo XV, Balliol College Library, Oxford

Codex Balliolensis, contiene obras de Lactantius y Tertulian, manuscrito del siglo XV, Balliol College Library, Oxford

Conclusión
Me parece que los diversos temas tratados, a pesar de la brevedad de las indicaciones propuestas, ponen de relieve suficientemente la realidad de las raíces africanas o númidas del cristianismo latino. Una ilusión de perspectiva ha llevado demasiado a menudo a considerar los primeros siglos cristianos, en el Imperio Occidental, como una realidad casi exclusivamente europea. En realidad, una región como la Proconsular parece haber sido evangelizada mucho antes y en mayor medida que muchas regiones del norte de Italia, Galia o España. Por poner sólo un ejemplo, es significativo que el primer Concilio de Galia en Arles en 314 se reuniera para dar su apoyo a un problema típicamente africano, el del cisma donatista. Es prueba de los lazos que entonces existían entre las Iglesias del norte y del sur del Mediterráneo occidental. Pero está claro que será sobre todo con la personalidad espiritual, pastoral y teológica de Agustín que la influencia de la Iglesia africana en las Iglesias de Europa tomará toda su extensión. Un hecho tan consolidado, a nivel teológico, que ni siquiera es necesario señalarlo. Pero es necesario calcular su importancia más allá del ámbito particular de las ciencias eclesiales. Las elecciones filosóficas y teológicas hechas por Agustín son ahora parte del condicionamiento del pensamiento en Europa occidental. Para dar peso a esta afirmación, entre otros testimonios, podemos citar la observación de uno de los más recientes ensayistas sobre este tema, Jean-Claude Eslin: «Desde nuestro punto de vista, la grandeza de Agustín consiste en haber podido construir, en una obra que incluye más de noventa volúmenes y folletos, una articulación sin precedentes entre el mundo de la antigüedad y el mundo cristiano que le da una forma nueva. En este sentido, Agustín representa al primer hombre occidental, el primer moderno, porque es el primero que intentó tal articulación en una expresión filosóficamente inteligible y, al hacerlo, moldeó nuestra sensibilidad durante siglos. En relación al Imperio Romano, y también en relación a la cristiandad oriental, en relación a la estabilidad de los valores de este mundo y del hombre antiguo, marca una ruptura, y representa el momento fundacional por el hecho de que establece una inquietud occidental, e introduce una inestabilidad constitutiva (en la política, en la sexualidad), una dinámica que, después de quince siglos, no está terminado; Agustín es la inquietud del espíritu en el seno mismo del puerto encontrado» (

San Agustín. L’homme occidental, París 2002, pp. 8-9). No se puede dejar de citar expresiones que ponen de manifiesto la influencia inigualable del pensamiento y la obra de Agustín en el Occidente latino. “Ninguna obra de un autor cristiano en lengua latina despertaría tanta admiración y preocupación ni conocería tanta gloria” (Dominique de Courcelles, 

Augustin ou le génie de l’Europe , París 1994, p. 295). Hasta el punto de que el autor de este pasaje, sabiendo que habla, como dice, «de un bereber cristiano», no obstante, da a su obra el título de Agostino o el genio de Europa. Y ese genio era un númida del Imperio Romano. ¡Qué transferencia de sabiduría del sur al norte del Mediterráneo!


(Tomado de la conferencia promovida por el Instituto de Estudios Agustinos, París, 13 de marzo de 2003)