Dios en el silencio, en la historia y en la vida

Dios en el silencio, en la historia y en la vida
Dios en el silencio, en la historia y en la vida

«Desde niño aprendí que la soledad no siempre es ausencia, sino muchas veces presencia. Horas enteras en un pequeño pueblo, sentado en la muralla de mi casa, contemplando la puesta de sol. Allí descubrí que el silencio puede ser escuela»

«Romano Guardini decía que ‘la existencia del hombre alcanza su plenitud cuando se abre a lo eterno’. Y esa apertura ocurre, muchas veces, en el silencio»

«La Biblia nos recuerda que Dios es fiel en la historia… Y aquí quiero detenerme, muchas veces escuchamos que “el tiempo pone las cosas en su sitio”. Pero yo estoy convencido de que no es el tiempo el que lo hace, sino Dios mismo. Dios está en el tiempo, lo habita, lo llena de sentido»

 José Carlos Enríquez Díaz

David pasó muchas horas en silencio. Era pastor de ovejas, y en ese silencio fue forjando su corazón, aprendiendo a escuchar, a contemplar, a confiar. Esa vida escondida, aparentemente insignificante, fue la que le preparó para, más tarde, enfrentarse a Goliat y vencerlo no con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de Dios.

Algo parecido descubro en mi propia vida. Desde niño aprendí que la soledad no siempre es ausencia, sino muchas veces presencia. Horas enteras en un pequeño pueblo, sentado en la muralla de mi casa, contemplando la puesta de sol. Allí descubrí que el silencio puede ser escuela: una escuela que enseña a escuchar, a contemplar, a dejar que la naturaleza y el paso del tiempo hablen de Dios.

Hace pocos días, en conversación con una amiga, hablábamos de esa experiencia del silencio. Un silencio que no es vacío, sino espacio donde Dios interpela. Es como abrir una ventana interior y dejar que el Espíritu sople dentro de uno mismo. Y en este camino también Asturias ocupa un lugar muy especial en mi vida. Allí, entre sus verdes montañas, ríos que cantan y acantilados que miran al mar, he sentido la fuerza de la naturaleza y la hondura del silencio. En ese paisaje, que parece tejido por la mano de Dios, descubrí que Él también se hace presente a través de las personas que pone providencialmente a tu lado. Una mujer en particular, llegada en un momento preciso, se convirtió en señal de su cuidado discreto y fiel.

Asturias
Asturias

Ella es luz serena, belleza que se siente más que se ve. Su alma vibra con paz, bondad y armonía, y su presencia deja una huella silenciosa de calma y admiración.

Romano Guardini decía que “la existencia del hombre alcanza su plenitud cuando se abre a lo eterno”. Y esa apertura ocurre, muchas veces, en el silencio.

No siempre el rostro de Dios llega a través de oraciones o templos. A veces se refleja en la vida sencilla de las personas. Mi bisabuelo, sin ser religioso, me transmitió con su forma de vivir y tratar a los vecinos la presencia de un Dios cercano, humilde, que acompaña sin hacer ruido. Fue un signo, un reflejo silencioso de que Dios actúa también en la sencillez de lo cotidiano.

La vida trae dificultades, momentos en los que todo parece oscuro. Sin embargo, incluso allí se descubre una luz. Recuerdo aquellas palabras tan conocidas: había un hombre que miraba sus huellas en la arena junto a las de Dios; pero en los momentos más difíciles solo veía un par de huellas. Entonces comprendió que no era que Dios lo hubiese abandonado, sino que el Señor lo llevaba en brazos. Esa certeza me acompaña siempre.

La Biblia nos recuerda que Dios es fiel en la historia. El faraón, con toda su fuerza y sus carros de guerra, no pudo detener al pueblo de Israel porque Dios caminaba con ellos y los liberó de la esclavitud. Y así, también en nuestra propia historia, podemos reconocer que Dios nunca deja de estar presente, aun cuando los caminos parecen cerrarse.

Y aquí quiero detenerme: muchas veces escuchamos que “el tiempo pone las cosas en su sitio”. Pero yo estoy convencido de que no es el tiempo el que lo hace, sino Dios mismo. Dios está en el tiempo, lo habita, lo llena de sentido. Él es quien endereza lo torcido, quien acompaña los procesos, quien, poco a poco, va iluminando lo oscuro. Lo que parece casualidad, lo que parece azar o simple espera, en realidad es la acción providente de un Dios vivo y real.

Personas concretas
Personas concretas

Dios no se revela solo en los grandes relatos. En mi vida también ha pasado a través de personas concretas, auténticos testigos de su amor.

En el año 1988, en los pasillos del colegio La Salle, en Santiago, me crucé con Ignacio Ellacuría. Fue un instante fugaz: nos miramos a los ojos y me sonrió. Pero en aquella sonrisa, en aquella mirada, descubrí algo que todavía hoy, en 2025, sigo recordando con claridad. Era una mirada tierna, dulce, limpia, de las que hablan las Bienaventuranzas. Una mirada que no juzgaba, que acogía, que transmitía la paz de quien vive arraigado en Dios. Esa experiencia me recuerda siempre aquel canto: “Señor, tú me has mirado a los ojos y has dicho mi nombre”. En esa mirada de Ignacio pude descubrir un destello de la mirada misma de Cristo.

En un momento de tremendo dolor, apareció también Agustín Villamor Herrero, misionero claretiano que pasó largos años en la selva. Su presencia no fue casual: fue providencia. En él descubrí un hombre de Dios, un santo de carne y hueso, capaz de llevar consuelo y de convertirse en bálsamo para un corazón herido.

Providencialmente también llegó a mi vida Juan Cabo Meana, otro misionero que, con su sencillez y entrega, se hizo reflejo de la ternura de Dios. No hacía falta que hablara mucho: su vida misma era palabra, testimonio, evangelio vivo.

Y de muy joven conocí a Paulino Pérez Mendaña, un médico que cumplió las bienaventuranzas con una radicalidad impresionante. Magnánimo, entregado a los más pobres, fue un hombre grande con corazón de niño. En Chiapas, junto a Samuel Ruiz, llegó incluso a ponerse como escudo humano en defensa de los más débiles. Esa imagen lo define: un hombre que se dejó gastar, que se hizo hermano de los más necesitados, que mostró que Dios se hace presente cuando alguien ama de verdad.

Estos hombres, distintos en caminos pero iguales en fe, fueron para mí grandes santos, testimonios vivos de que Dios sigue caminando en medio de su pueblo, de que el Evangelio se sigue encarnando hoy.

Hay momentos en que parece que Dios nos deja solos. Pero esa aparente ausencia es también pedagogía divina. Como un niño que comienza a caminar: necesita caerse, arriesgarse, levantarse, para crecer. Sin embargo, al final del camino siempre está su padre con los brazos abiertos. Dios no nos quiere eternamente niños; nos quiere maduros, adultos en la fe. Y en ese crecimiento descubrimos que su presencia no se impone, pero se deja sentir, se puede experimentar.

Los discípulos proclamaban: “Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que hemos tocado”. Ellos tocaron a Cristo resucitado, pero también nosotros hoy podemos palpar a Dios en la vida: en el silencio, en las personas, en la historia, en las pequeñas huellas que va dejando.

Pablo Picasso decía que “el arte es la mentira que nos permite acercarnos a la verdad”. Y algo así ocurre con la vida espiritual: a veces el dolor, la soledad, incluso la noche oscura, parecen signos de ausencia de Dios. Pero, en lo profundo, descubrimos que son caminos ocultos hacia la verdad de un Dios que nunca abandona.

Hoy sigo sintiendo hambre de Dios, necesidad de su cercanía. Y cada día descubro con más claridad que Dios está presente, real, cercano, acompañando siempre, incluso cuando mis ojos no saben verlo.

Libro
Libro

Fuente: https://www.religiondigital.org/dios_en_la_frontera/Dios-silencio-historia-vida_7_2817388247.html

«Precisamente hoy»- San Juan XXIII

Juan XXIII

Señor, justo hoy intentaré pasar mi día sin intentar solucionar el problema de toda mi vida. Precisamente hoy pondré el mayor cuidado en comportarme y actuar con cortesía; No criticaré a nadie, no pretenderé corregir ni gobernar a nadie, excepto a mí mismo. Precisamente hoy seré feliz con la certeza de haber sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo sino también en éste.

Precisamente hoy dedicaré diez minutos a la buena lectura, recordando que así como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así también la buena lectura es necesaria para la vida del alma. Precisamente hoy haré una buena acción y no se lo contaré a nadie. Precisamente hoy haré al menos una cosa que no quiero hacer, y si me ofendo no lo mostraré. Precisamente hoy me doblegaré ante las circunstancias, sin pretender que cedan a todos mis deseos. Precisamente hoy elaboraré un cronograma detallado para mi día. Puede que no lo complete por completo, pero lo escribiré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

Precisamente hoy creeré firmemente –aunque las circunstancias atestiguan lo contrario– que la Providencia de Dios cuida de mí como si nada más existiera en el mundo. Sólo hoy no tendré miedo. Y en particular no tendré miedo de apreciar lo bello y de creer en el bien.

Juan XXIII, Justo hoy (abbayejouarre.org)

La dulce canción del abandono a la providencia divina

Terminé una carrera de 4 millas esta mañana y al quitarme los zapatos oí los pájaros cantando maravillosamente. Como me gustó su canción, me di cuenta de que yo los empecé a escuchar a la mitad de la canción. ¿Por qué no oí la primera parte de su canción cuando caminaba bajo el árbol donde estaban y por la acera de mi casa? Estaban cantando maravillosamente entonces también, ¿por qué no me doy cuenta? Yo no estaba en sintonía. Estaba pensando en mi carrera que acabo de terminar y en mi trabajo para el día.

El profeta dice: “Porque el Señor tu Dios está vivo entre vosotros. Él es un poderoso Salvador. Él se deleita en ti con alegría. Con su amor, va a calmar todos sus miedos. Él se regocijará sobre ti con cantos de alegría.” (Sofonías 3:17) ¡Era el Señor cantando una canción de amor sobre mí a través de los pájaros! ¡Él canta sobre ti también!

Nuestro Dios de la gracia está a nuestro alrededor todo el tiempo y sin embargo, fácilmente pierdo mi atención, ¿no? Creemos que la manera de conseguir lo que queremos en la vida es luchar, empujar, date prisa, mercado, manipular o quedar bien con la gente. Esos son los caminos del mundo y lo que lo que producen es la materia del mundo: el dinero, el reconocimiento y el éxito. Ellos no dan el fruto del amor, la alegría y la paz.

Cartas antiguas de Dirección Espiritual

Pero los escritos del siglo 18 del sacerdote jesuita Jean-Pierre de Caussade nos llevan a una vida de abundancia celestial. Si sólo siguiéramos su camino. El problema es que el camino de la paz es también el camino de abandonar continuamente los resultados al Señor. Es un camino espiritual que permanece oculto a nosotros hasta que realmente queremos. Probablemente usted se ha sometido para Dios ser cristiano, pero ¿se somete continuamente a la voluntad divina? ¿Busca el gobierno de Dios en todo lo que estás haciendo?

Tomando órdenes, ser humilde, permaneciendo vulnerable y rendido no apela al gusto de la mayoría de la gente, pero Caussade dice ¡ay de vosotros!. En su día muchas personas le escribieron a buscar su cuidado y consejo y escribió de nuevo cartas de dirección espiritual. Eran tan preciosas que las personas se tomaban de ellas.Un año después de su muerte, en 1740 estas cartas fueron compiladas en un libro llamado El abandono en la Divina Providencia. (También el sacramento del momento presente.)

Su mensaje es desesperadamente necesario hoy en nuestro mundo que dice “¡yo lo haré a mi manera!”

He aquí un breve extracto de Caussade que muestra cómo la dulce sumisión a Dios es en realidad. ¡Después de todo, el Rey es amable! Al leer los invito a descansar en Dios ahora. Tome una respiración profunda. Relájese en el yugo fácil de Cristo y llenese con su Espíritu de amor.

El abandono a la Divina Providencia por Jean-Pierre de Caussade (Un extracto)

La voluntad divina es eternamente presente en las sombras de la fatiga y el sufrimiento más ordinario; y es en estas sombras es que Dios esconde su mano que nos sostiene y nos apoya. Su mano amorosa es todo lo que necesitamos saber para lograr que la rendición sublime de nosotros mismos que nos liberará de argumentos polémicos y sentimiento que tenemos que defender nuestras acciones.

El camino se abre ante nosotros mientras caminamos y seguimos con el paso inquebrantable, agarrando la mano de Dios, que está junto a nosotros en cada paso y en cada momento en las diversas situaciones que se presentan.

La única condición necesaria para nosotros es la auto-entrega a Dios en el momento presente y entonces nuestra alma se vuelve ligera como una pluma, el líquido como agua, inocente como un niño y responde a cada movimiento de la gracia como un globo flotante. Somos como metal fundido listos para ser vertidos en cualquier molde que Dios escoge para nosotros.

Dios y su orden divino deben ser apreciados en todas las cosas, tal como es, sin pedir nada más; todo lo que nos puede ofrecer no es asunto nuestro, sino de Dios y lo que él ordena es mejor. ¡Qué sencillo es esta entrega perfecta y total de sí mismo a la palabra de Dios! Y allí, en el continuo olvido de sí mismo puede ser ocupado por siempre en amarle y obedecerle.

¡Vamos hacia adelante mis amigos! Mantén la cabeza en alto por encima de todo y alrededor de nosotros. Alegrémonos en Dios y en todo lo que hace y nos permite hacer.

Oración

Señor Dios, descansamos en su providencia en este momento, me someto a tu voluntad divina y pido que dominar mi alma y ordenar mi vida con tu mano oculta. Levántame por encima de mis pruebas, Oh Espíritu de Dios, y haz mi luz del alma como una pluma, fluida como el agua, inocente como un niño y que responda a cada movimiento de tu gracia como un globo flotante. En el nombre de Jesús. Amén.

La dulce canción del abandono a la providencia divina