¿Qué se entiende realmente por crisis?

  Leonardo Boff

Actualmente parece que todo está en crisis: el orden del capital, la economía, la política, las ciencias, las éticas, los valores, las religiones y, entre nosotros, en Brasil, hasta el fútbol. En una palabra, nos enfrentamos a una crisis de civilización, es decir, de nuestra forma de estar en el mundo, de cómo organizamos la sociedad y establecemos los valores y las leyes que nos rigen. No existe ningún ámbito que permanezca al margen de esta crisis, especialmente en lo que concierne al futuro.

Ella puede representar una tragedia cuyo desenlace sea destructivo, como en el teatro griego, o un drama cuyo final pueda ser bienaventurado, como en la liturgia cristiana, que celebra la Pascua de la resurrección después del Viernes Santo de la pasión.

La humanidad se encuentra ante esta decisión: o continúa como hasta ahora, con el riesgo de encaminarse hacia una tragedia civilizatoria, o abre un nuevo camino, marcado ciertamente por un drama, pero que promete un futuro mejor.

La Carta de la Tierra, uno de los principales documentos de las Naciones Unidas que reflexiona sobre el futuro del planeta, afirma:

«Las bases de la seguridad mundial están amenazadas; estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables. La elección es nuestra: o formamos una alianza mundial para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros, o nos arriesgamos a destruirnos a nosotros mismos y a destruir la diversidad de la vida» (preámbulo). He aquí la crisis radical a la que nos enfrentamos.

Expliquemos, en primer lugar, qué entendemos por crisis. La mayoría recurre al ideograma chino de la crisis: entendido como riesgo y oportunidad, lo que considero una interpretación iluminadora. Sin embargo, prefiero la rica significación de la palabra «crisis» en sánscrito, por ser la matriz de nuestra lengua y por resonar en otras palabras derivadas de ella.

En sánscrito, «crisis» proviene de kir o kri, que significa purificar y limpiar. De kri deriva crisol, el recipiente donde se depura el oro separándolo de las impurezas. En un lenguaje más refinado, acrisolar también significa decantar.

Una enfermedad grave produce una profunda crisis en quien la padece. Al salir de ella, la persona reevalúa el sentido de la vida y redescubre el valor de las cosas más cotidianas. En este sentido, la crisis significa un proceso crítico de depuración de todo aquello que no es esencial. Lo accidental sigue siendo accidental.

Abordemos ahora la naturaleza de la crisis. Quien primero profundizó en la relación entre crisis y angustia fue Søren Kierkegaard (1813-1855), considerado uno de los fundadores del existencialismo. Filósofo y teólogo, escribió El concepto de la angustia (Vozes, 2010) y también La crisis y una crisis en la vida de una actriz. Para él, la vida es un proceso permanente de angustias y crisis, así como de superación de esas angustias y crisis.

Otro pensador fundamental fue el filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955), conocido por la célebre frase: «Yo soy yo y mi circunstancia». En 1942 escribió un ensayo, publicado posteriormente con el título En torno a Galileo: esquemas de las crisis históricas (Vozes, 1989). En él mostró que la historia, debido a sus rupturas y recomienzos, posee la estructura misma de la crisis.

Según Ortega y Gasset, esta obedece a la siguiente lógica:  (1)El orden dominante deja de ofrecer un sentido evidente.  (2) Surge la percepción de que un muro se levanta frente a nosotros; por ello reinan la duda, el escepticismo y una crítica generalizada.  (3) Se hace urgente una decisión capaz de crear nuevas certezas y un nuevo sentido. Pero ¿cómo decidir cuando no se ve con claridad? Sin embargo, sin decisión no habrá salida de la crisis.  (4) Una vez tomada la decisión, aun con riesgos, se abre un nuevo camino y un nuevo espacio para la libertad. La crisis ha sido superada y puede comenzar un nuevo orden.

Este nuevo orden se traducirá en un curso diferente de los acontecimientos. Más adelante, siguiendo la lógica propia de la crisis, también entrará en crisis. Y permitirá, tras un proceso crítico de depuración y purificación, la emergencia de un nuevo orden. Así se estructura, sucesivamente, la historia humana.

La crisis posee también una dimensión personal, especialmente la gran crisis representada por la muerte. Revela igualmente una dimensión cósmica: el fin del universo. A mi juicio, este no culminará en una muerte térmica y en un vacío absoluto, sino en una explosión e implosión hacia el interior de la Realidad Suprema.

Sin embargo, todo proceso de purificación implica cortes y rupturas. De ahí la necesidad de la de-cisión. La de-cisión produce una escisión con lo anterior e inaugura lo nuevo. Recuperemos, pues, el sentido griego de la palabra crisis.

En griego, krísis significa el proceso de decisión adoptado por un juez o por un médico. El juez sopesa los argumentos a favor y en contra; el médico articula los diversos síntomas de una enfermedad. Sobre la base de ese proceso, ambos toman una :  para el tipo de sentencia que debe dictarse o el tipo de enfermedad que debe tratarse. Ese proceso de decisión recibe el nombre de crisis. Una vez encontrada la solución, la crisis desaparece.

El Evangelio de san Juan utiliza treinta veces la palabra «crisis» en el sentido de decisión. La mayoría de los traductores, poco sensibles a la riqueza del término griego krísis, la traducen simplemente como «juicio». Sin embargo, el hecho es que Jesús apareció como «la crisis del mundo» (krisis tou kosmou), porque obligaba a las personas a decidirse a favor o en contra de su mensaje y de su persona.

Brasil vive desde hace siglos postergando sus crisis porque sus dirigentes carecen de la audacia histórica necesaria para tomar decisiones que rompan con un pasado perverso. Siempre se han realizado —y se siguen realizando— conciliaciones negociadas con el pretexto de garantizar la gobernabilidad (cf. José Honório Rodrigues, Conciliación y reforma en Brasil, 1965). De este modo, se preservan sutilmente los privilegios de las élites del atraso y, una vez más, las grandes mayorías son condenadas a permanecer en la miseria o en la marginalidad.

La crisis del capitalismo es evidente. Como mostró Carl Polanyi en La gran transformación (Campus, 2000), se pasó de una sociedad con mercado a una sociedad de mercado. Todo se convierte en mercancía, incluso los órganos humanos, algo que Marx ya había previsto en 1847 al hablar de «la época de la corrupción general y de la venalidad universal» (La miseria de la filosofía). Hoy predomina el capital especulativo, que no produce ni siquiera un clavo, sino únicamente dinero y más dinero. Con toda seguridad terminará desembocando en una crisis de enormes proporciones que afectará cruelmente a millones de pobres.

Platón expresó acertadamente, en medio de la crisis de la cultura griega: «Las grandes cosas solo suceden en el caos, en la krisis.» Con la de-cisión, el caos y la crisis desaparecerán y podrá nacer un nuevo orden. Con estas palabras concluía también Martin Heidegger —quien durante un tiempo adhirió al nazismo— su lección inaugural como rector de la Universidad de Friburgo, en Alemania.

Ojalá que de esta crisis planetaria surja un nuevo ensayo civilizatorio que sea más integrador, más humanitario, más espiritual y más cuidadoso. De lo contrario…

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL(https://www.revistaliberta.com.br. Es autor también de La gran transformación en la economía, la política y la ecología (Vozes, 2014).

EL SUEÑO DE LA PAZ PERPETUA: LA ERA ECOZÓICA

. Leonardo Boff

Vivimos tiempos distópicos. El horizonte parece haber desaparecido. En realidad, estamos en el corazón de una crisis planetaria de tal gravedad que podría significar el fin de la especie humana.Sin embargo, la Tierra ha atravesado quince grandes procesos de extinción masiva.

Pero la vida siempre ha sobrevivido. Mantengo la esperanza de que también esta vez sobrevivirá, aunque no sin dolorosos sacrificios que deberán pagarse en vidas humanas y en pérdidas para la naturaleza.Estimo que inauguraremos otra era geológica, aquella que el gran cosmólogo Brian Swimme denomina la era ecozóica (cf. The Hidden Heart of the Cosmos: Humani-ty and the New Story, 1996).

Él coordina a cerca de cien científicos en California que estudian la historia del universo. Según él, lo ecológico,aquello vinculado a la Casa Común (oikos = casa), ad-quiriría centralidad.La tecnociencia, la propia inteligencia artificial y todos los demás saberes estarían al servicio del cuidado de este don sagrado con el que el universo o Dios nos han agraciado: el planeta vivo, la Tierra, Gran Madre, Pa-chamama y Gaia, junto con todos los seres que ella ha generado y en ella viven y conviven.Todos los seres humanos nos sentiríamos parte de la naturaleza y sus guardianes, hermanos y hermanas unos de otros y de los demás seres, porque todos somos parientes al poseer el mismo código genético fundamental.

Viviríamos en sinergia con el Todo.El reino de las necesidades habría quedado atrás y todos disfrutaríamos de los beneficios del reino de la libertad, agradecidos al Creador, viviendo felices y en paz permanente, bajo la luz y el calor benéfico del sol.Esta utopía se encuentra presente en los arquetipos más ancestrales de todos los pueblos, desde la «Tierra sin Males» de los pueblos originarios hasta el «nuevo cielo y la nueva tierra» de las Escrituras judeocristianas.

La historia no es lineal. Conoce lo inesperado e incluso lo improbable, algo que el recientemente fallecido Edgar Morin no dejaba de recordarnos. La historia da saltos cuánticos, como cuando, hace 3.400 millones de años, surgió de un océano primitivo la primera célula viva. Ella es la madre de todos los vivientes. Ese arquiarquetipo podría irrumpir para hacer su historia junto con la naturaleza y la especie humana.Sería la esfera de la paz siempre soñada y anhelada desde el surgimiento de la conciencia y de la estructura de nuestro insaciable deseo, hace algunos millones de años.

Entonces ya no se hablará más de paz, porque ella se habrá transformado en el aire que respiramos, en el alimento que nos sostiene y en la realización de un sueño finalmente cumplido.Mientras la flora y la fauna crezcan y se multipliquen,mientras una pequeña flor amarilla crezca entre piedras áridas, mientras sigan naciendo niños, será una señal de que Dios todavía cree en su creación y no deja de amar a la humanidad.¿Una utopía? Sí, pero necesaria para no desesperar y para dar lugar a la esperanza que, fine finaltier (al final de todo), no suele defraudar.(amerindiaenlared.org)

La fuerza de los pequeños

Fue el padre de la Teología de la Liberación

«Era un amigo entrañable, con el que colaboramos a partir de los años setenta para hacer una teología adecuada a la situación de América Latina, hecha de injusticias sociales y de pobreza humillante»

«Era pequeño, cojo, fornido, cara de indio quechua y dotado de una inteligencia extraordinaria, creativa, llena de humor y de bellas ‘trouvailles’ como esta: ‘Los políticos sólo tienen en mente una intención, la segunda'»

«Su gran pregunta, de fondo biográfico, era: ¿cómo comprender a Dios ante el sufrimiento del inocente»

«Como otros teólogos de la liberación sufrió incomprensiones y persecuciones, especialmente del Cardenal de Lima, Cipriani, del Opus Dei, con la acusación de que sería una teología marxista»

 Leonardo Boff teólogo

El 22 de octubre de este año murió en Lima, con 96 años cumplidos, el iniciador de la TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, Gustavo Gutiérrez (1928-2024).

Era un amigo entrañable, con el que colaboramos a partir de los años setenta para hacer una teología adecuada a la situación de América Latina, hecha de injusticias sociales y de pobreza humillante.

Como para todo teólogo, el centro de su indagación es Dios. En primer lugar Dios como experiencia de vida, en especial a partir el sufrimiento humano, y solo después como reflexión reverente.

El tema perturbador que le acompañó a lo largo de toda su vida era el sufrimiento. Él mismo sufrió de poliomelitis y estuvo durante años en una silla de ruedas. Después, operado, caminaba con dificultad. Era pequeño, cojo, fornido, cara de indio quechua y dotado de una inteligencia extraordinaria, creativa, llena de humor y de bellas “trouvailles” como esta: “los políticos sólo tienen en mente una intención, la segunda”. En suma, era fundamentalmente un hombre bueno, sencillo, humilde y espirituoso.

Entierro de Gustavo Gutiérrez
Entierro de Gustavo Gutiérrez

Su gran pregunta, de fondo biográfico, era: ¿cómo comprender a Dios ante el sufrimiento del inocente; cómo comprender a Jesús resucitado en un mundo donde las personas debido a la opresión mueren antes de tiempo; cómo encontrar a Dios liberador en un mundo donde falta fraternidad y solidaridad?

El mensaje cristiano no solo concierne a la vida eterna y al Reino de Dios, sino que ofrece estímulos para mejorar la vida presente, especialmente la de los pobres y oprimidos, en la convicción de que la vida eterna y el Reino de Dios ya comienzan aquí en la Tierra. Es más, el propio Jesús histórico fue un pobre y no tenía dónde reposar su cabeza. De aquí que Gustavo Gutiérrez entiende la teología como “una reflexión crítica de la práxis histórica a la luz de la Palabra de la revelación”.

El libro fundador en 1971 fue TEOLOGIA DE LA LIBERACIÓN, PERSPECTIVAS. Curiosamente, ese mismo año, sin conocernos, yo escribía JESUCRISTO EL LIBERADOR, Juan Luis Segundo en Uruguay y Segundo Galilea en Chile trabajaban también en una perspectiva de liberación. No nos conocíamos pero oíamos una llamada, creo, venida del Espíritu (Hegel diria del Weltgeist) y nosotros éramos solo meros micrófonos que realzaban el sonido de esa llamada.

El eje estructurador de este tipo de teología es la opción no excluyente por los pobres, contra la pobreza y a favor de la justicia social y de la liberación, apoyándose siempre en la tradición de los profetas y en la práctica del Jesús histórico. Bien afirmaba Gustavo: “Los pobres son los predilectos de Dios, no porque sean cristianos, religiosos o buenos, sino porque Dios, identificándose con ellos, es bueno y misericordioso”. Dios vivo opta por aquellos que menos vida tienen. Este es el fundamento teológico de la opción por los pobres, por su vida oprimida y por su liberación.

Hombre profundamente espiritual, vivió con los pobres en el barrio periférico Rimac de Lima. De esa inserción nacieron casi todas sus obras, especialmente BEBER EN SU PROPIO POZO; EL DIOS DE LA VIDA; LA FUERZA HISTÓRICA DE LOS POBRES; DÓNDE DORMIRÁN LOS POBRES; EN BUSCA DE LOS POBRES DE JESUCRISTO: EL PENSAMIENTO DE BARTOLOMÉ DE LAS CASAS y otros.

Papa y Gutiérrez

Como otros teólogos de la liberación sufrió incomprensiones y persecuciones, especialmente del Cardenal de Lima, Cipriani, del Opus Dei, con la acusación de que sería una teología marxista. Esa idea era reforzada por el mayor opositor, diría que hasta perseguidor de la Teología de la Liberación, el Cardenal López Trujillo de Medellín (Colombia). Esa acusación no se sostiene, pero siempre se le ha hecho a todos los que, como Dom Helder Câmara, entienden la situación de los pobres como víctimas de una sociedad de injusticias y de explotación que demanda una transformación histórico-social.

En América Latina se extendió el concepto de pobre a los indígenas, los negros, las mujeres, pobres económicos, culturales y de otra opción sexual. Así surgieron las distintas vertientes de la Teología de la liberación. Para cada grupo específico, su método adecuado y su correspondiente liberación. El método es siempre: ver la realidad sufriente; juzgar con medios científicos y a la luz de la fe; actuar para transformar esa antirealidad, teniendo como protagonistas principales a los propios oprimidos.

De ahí la liberación a partir de la fe. Marx nunca fue padre ni padrino de la Teología de la Liberación como la acusan, sin fundamento, algunos todavía hoy. Su inspiración se encuentra en las fuentes de la fe cristiana, en las Escrituras y en la tradición de figuras como San Francisco de Asís, San Vicente de Paúl y otros que dieron centralidad a los pobres.

Por su seriedad recibió innumerables premios y títulos de doctor honoris causa. No daba importancia a estos reconocimientos, pues se situaba siempre en el lugar de origen, la pobreza y los pobres con los cuales compartía la vida.

El Papa Francisco lo recibió en Roma, en un gesto de reconocimiento de su reflexión como una riqueza para toda la Iglesia. En sus exequias, el Papa envió este breve mensaje:

“Hoy pienso en Gustavo Gutiérrez, un grande, un hombre de Iglesia que supo estar callado cuando tenía que estar callado, supo sufrir cuando le tocó sufrir, supo llevar adelante tanto fruto apostólico y tanta teología rica. Que en paz descanse”.

Entierro de Gustavo Gutiérrez
Entierro de Gustavo Gutiérrez

Nosotros que lo conocimos en su trabajo y en su día-a-día damos testimonio de que vivió y murió con claras señales de santidad personal. Y le echaremos mucho de menos.