
PorJesús Antonio de la Torre Rangel
Por estos días que corren, en que se da a conocer el informe del Comité contra la Desaparición Forzada (CDF) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre México, y que el gobierno federal lo ha calificado de “tendencioso y falto de rigor jurídico”; pero que, en cambio, organizaciones civiles, como el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (MNDM), lo consideran pertinente y una “oportunidad histórica” para una cooperación internacional más efectiva en el combate a la desaparición de personas. Por estos días, digo, se cumplen 15 años del inicio del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que tuvo como una de sus principales banderas la lucha contra la desaparición forzada en nuestro País; además de la defensa de tantas víctimas de todo tipo de violencia que se desató en México –y no ha parado hasta hoy- a raíz de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, declarada por el Presidente de la República Felipe Calderón.
Ante tanto sufrimiento, y frente a la impotencia y rabia por la impunidad, a principios de abril de 2011, nació un movimiento ciudadano de resistencia a la violencia, que se denominó Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD). Se manifestó con grandes eventos y logró que, en muchos sectores de la población, se tenga hasta hoy una percepción distinta sobre la violencia que padecemos y una mayor conciencia social sobre las raíces de esa propia violencia. Además, el Movimiento luchó por rescatar la memoria de las víctimas y su dignidad; y los familiares dolientes se han expresado públicamente, se han agrupado y organizado y mutuamente se han dado consuelo y han exigido justicia a las autoridades del Estado. Y a esas demandas y acciones puntuales, el Movimiento añadió propuestas sociales muy importantes.
Inicio del Movimiento
La madrugada del lunes 28 de marzo de 2011, fueron hallados los cuerpos de siete personas, atados de pies y manos con evidentes signos de haber sido torturados, en el municipio de Temixco, vecino de Cuernavaca, en el Estado de Morelos. Una de esas personas era Juan Francisco Sicilia Ortega, joven estudiante de administración de empresas, de 24 años de edad, hijo del poeta (1) y periodista Javier Sicilia. Todos ellos, según arrojan las investigaciones, víctimas inocentes de esta guerra contra el crimen organizado.
¿Quién lo iba a decir? Los frutos miserables de esta guerra le pegaron, en donde más podía dolerle, a uno de los críticos más lúcidos de esta política prioritaria del gobierno de Calderón. Sí, porque Sicilia, en sus artículos en el semanario Proceso, hace crítica de la guerra y sus funestas consecuencias, y va al fondo en el análisis de las causas sistémicas del crimen y al fondo también del corazón humano. Además, Sicilia es un militante de la “no-violencia”, que es la actitud activa crítica de la guerra.
A partir de entonces Sicilia se convierte en el principal convocante y líder del Movimiento. Como escritor, publica un verdadero manifiesto fundacional del MPJD que titula “Carta Abierta a Políticos y Criminales. Estamos hasta la madre…” Acusa a los políticos en general y a los partidos a los que pertenecen de “haber desgarrado el tejido de la nación” en sus luchas por el poder; de la guerra del Estado contra el crimen organizado, dice que está “mal planteada, mal hecha, mal dirigida”. Se opone a la “criminalización” de las víctimas, sobre todo de varios de los jóvenes caídos. Y en ese mismo manifiesto convoca a las primeras acciones de resistencia civil que dan vida al Movimiento. (2)
La Marcha Silenciosa del 8 de mayo
La muerte de Juan Francisco Sicilia y sus amigos, fue el detonante, pues, para la manifestación pública de la indignación y el hartazgo -“estamos hasta la madre”-, por el funcionamiento de las instituciones públicas y los partidos políticos y por el modo perverso de ejercerse la política desde las diversas instancias del poder del Estado. Y esa terrible tragedia, unida a la gran tragedia nacional que constituyen los tantos miles de muertos por la violencia desatada, llevaron a la convocatoria de una marcha silenciosa, que salió de Cuernavaca el jueves cinco y culminó el domingo ocho de mayo en la Plaza de la Constitución (conocida como “Zócalo”), en el centro mismo de la Ciudad de México.
Sicilia, en su Mensaje del miércoles 13 de abril, pronunciado en Cuernavaca, en dónde convoca, junto con otros representantes sociales, a la marcha nacional, se refiere a “la indefensión y vulnerabilidad en la que hace mucho tiempo vive la ciudadanía azotada por el pudrimiento de sus instituciones y la irracionalidad demoníaca del crimen”; se lamenta de la violencia de todo tipo que se ha apoderado del país; critica “la guerra mal planeada, mal hecha y mal dirigida”; y deplora que el tejido y el suelo de nuestro país esté desgarrado. Esas instituciones podridas, según Sicilia, son los partidos políticos; todos los niveles de gobierno: legislativo, ejecutivo y judicial; federal, estatal y municipal; los empresarios; los sindicatos; y las iglesias, incluyendo la católica a la que él pertenece, porque “ha descuidado el amor y el servicio a los pobres, y… ha buscado el poder, el clientelismo político y la riqueza humillando la Palabra”, dice. (3)
Alrededor de ciento cincuenta mil manifestantes –algunos dicen que hasta doscientos mil- llenaron el “Zócalo” de la Ciudad de México, esa inmensa plaza que constituye el corazón del País. Muchos familiares de las víctimas se manifestaron. Cerró el evento Javier Sicilia, iniciando su intervención solicitando la renuncia del Secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna; explicó que ello significaría que el Presidente Felipe Calderón oyó las demandas del Movimiento. (4)
Las organizaciones sociales plantearon de cara al Estado, acciones concretas en relación con: 1. Verdad y Justicia; 2. Fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana; 3. Combatir la corrupción y la impunidad; 4. Combatir la raíz económica y las ganancias del crimen; 5. Atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social; y 6. Democracia participativa, mejor democracia representativa y democratización de los medios de comunicación. (5)
La Caravana y el Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad
El ocho de mayo, al culminar la marcha, se convoca a una caravana; ésta salió también de Cuernavaca rumbo a Ciudad Juárez, considerada, entonces, la ciudad más violenta de México. Esa Caravana, de la que formaron parte aproximadamente cuatrocientas personas, tocó varias ciudades del centro y del norte del país, señaladas especialmente por la violencia que se ha apoderado de ellas en los últimos tiempos, como Morelia, Zacatecas y Durango.
En Ciudad Juárez, el diez de junio, se firmó un Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad. El mismo contiene ampliados los puntos de exigencia de la Marcha del ocho de mayo; y agrega lo relativo a la implementación de una reforma laboral en la que, ante el desempleo, incluya alternativas económicas; y cuestiones relativas a derechos y cultura indígena, migración y alternativas en el campo. También se aprovecha la firma del Pacto, para reafirmar las características del MPJD, como autónomo e independiente de partidos políticos y grupos, y con participación inclusiva; en un proceso constante de construcción colectiva del país que se quiere. (6)
Diálogo con el Presidente de la República y con el Congreso
La fuerza y legitimidad del Movimiento, obligó al Presidente Calderón, a aceptar el diálogo público y abierto con una comisión representativa de las organizaciones que conforman este movimiento ciudadano. El acto tuvo lugar el veintitrés de junio de 2011, en el Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México. Como acto político fue extraordinario; un diálogo político en un país en donde esa práctica cívica es prácticamente inexistente. Las partes expusieron las razones que tienen para sostener su postura y argumentaron para avalarlas. Por otro lado, varios de los familiares de las víctimas estuvieron frente al Presidente y varios de sus ministros y pudieron expresar libremente sus quejas. El Ejecutivo, sin embargo, lejos de ceder, se reafirmó en su estrategia de seguridad. (7)
Del mismo modo, el MPJD logró sentar a dialogar al Poder Legislativo Federal, en una reunión celebrada en el Castillo de Chapultepec, el jueves 28 de julio de 2011.
Los frutos de cambio en políticas públicas y acciones legislativas, que se esperaban, no se dieron; pero el diálogo mismo, y la fuerza de testimonio público del dolor y los reclamos de las víctimas, tienen un gran valor en sí mismo. Pietro Amiglio, militante de la no-violencia y participante del MPJD, escribe: “Precisamente este Movimiento ha basado mucha de su fuerza en la palabra… Humanizar y dialogar con el adversario es un principio básico de la construcción de la política, la paz y la noviolencia, eso no tiene nada que ver con sumisiones o traiciones, las exigencias fuertes y claras que hicieron las víctimas no dejaron lugar para ninguna especulación ni manipulación al respecto.” (8)
La Caravana al Sur
El MPJD realizó también una Caravana al Sur. Recorrió casi 4 mil kilómetros; visitó ocho entidades (Morelos, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Puebla y del Distrito Federal) y la frontera con Guatemala. Logró concentrar varios miles de personas en muchas ciudades y realizó varias actividades: caminatas, mítines, conferencias y ceremonias. La Caravana movilizó más de 700 personas, en 14 autobuses y más de 30 vehículos.
Sus logros: Se avanzó en la visibilización de las víctimas, en su organización y en la exigencia de justicia; las violencias y sus víctimas quedaron en evidencia, no sólo las que implican las acciones criminales, sino las estructurales, como la pobreza, la discriminación y la desigualdad, que sufren en especial pueblos indígenas y migrantes; se reforzó el diálogo por la paz con comunidades, organizaciones sociales, populares y sindicatos.
¿Quién es Javier Sicilia?
Sicilia no se metió en la lucha social recién el asesinato de Juan, su hijo. Ha participado en diversas causas sociales utilizando los métodos de la no-violencia y ha sido un implacable crítico social desde sus revistas, primero Ixtus y entonces y ahora Conspiratio, y sobre todo, desde sus artículos de la revista Proceso, en donde escribe desde 1999. (9)
Javier Sicilia es heredero de varias tradiciones teóricas y de vida, que nutren su pensamiento católico y, por ende, su pensamiento y quehacer políticos. Como estudioso de las letras francesas, es influido fuertemente por lo más destacado del pensamiento católico francés. Desde el controvertido místico León Bloy, y el poeta socialista Charles Pèguy, hasta los autores personalistas como el neotomista Jacques Maritain y el existencialista Emmanuel Mounier, pasando por ese genial novelista que fue Georges Bernanos. La espiritualidad y el ejemplo de vida de otro francés, el religioso, misionero del Sahara, Charles de Foucauld, llamado el “Hermano Universal”, quien inició una espiritualidad con una vida humilde entre los más pobres y en la contemplación de la vida de Jesús en Nazareth y la Eucaristía, constituye también una fuerte influencia en la visión católica de Sicilia. A los últimos días de De Foucauld, por cierto, Sicilia le dedicó una hermosa novela: Viajeros en la noche. (10)
Otra tradición presente en el pensamiento y en las acciones de Sicilia, y reflejado fielmente en sus artículos, y en el Movimiento que encabezó, es la de Gandhi y el de su discípulo católico Lanza del Vasto. La profunda Filosofía hindú fundida con el cristianismo, es notable en la mirada que hace de la realidad Javier Sicilia; así como su propuesta de la no-violencia. Varias herramientas teóricas para la crítica de la sociedad actual, económica y técnica, de neoliberalismo globalizado, las toma Sicilia de Jacques Ellul y de Iván Illich.

Florece la esperanza
Jorge Rocha, académico del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), destaca tres factores en torno a la marcha del ocho de mayo, que se pueden aplicar al MPJD en general: primero: pluralidad de los participantes; segundo: las propuestas sociales que constituyen “una serie de cuestiones que pueden transformarse en una plataforma inicial, que permita la reconstrucción de este país, y modificaciones sustantivas al sistema político mexicano” (11); y tercero: se trata de movimiento de carácter nacional.
El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, era una hermosa flor que nació en un terreno minado por la violencia (12), la injusticia y la negación de la dignidad humana. Constituyó una esperanza para ir produciendo la reconstitución de un país desde los lazos de la solidaridad, con sujetos sociales que iban adquiriendo, desde la indignación moral, conciencia y participación ciudadana.
Trascendencia
Sicilia, en su libro de memorias El Deshabilitado, dice:
“Yo nunca pensé en un movimiento. Eso vino de Pietro y de los amigos de la izquierda cristiana. ¿De qué manera podría crearse un movimiento que no se planeó, que nació de la indignación y de una intuición profunda que íbamos componiendo a semejanza de un poema? Nunca, creo, hubo un movimiento, y si lo hubo –no sé si me equivoqué- me negué a institucionalizarlo. Tú sabes que no creo en las instituciones. La mejor forma de corromper algo es institucionalizarlo volverlo dependiente de necesidades económicas. No se institucionaliza lo que nace del amor, de la gratitud.” (13)
En un “balance provisional” que hace del MPJD, Magdiel Sánchez Quiroz, destaca que la unidad nacional que proclamaba, no era posible sin enfrentar las causas estructurales de la violencia; el sistema capitalista y su economía criminal bajo la configuración de un Estado sometido por el imperialismo de Estados Unidos. “Renunció a crear un polo propio conjuntando a los actores sociales que podían asumir esa lucha.” Agrega, sin embargo: “A pesar de sus limitaciones, su trascendencia principal radica en haber sido el principal semillero de los actuales colectivos de búsqueda de personas desaparecidas. Hoy son más de 300 colectivos dispersos en al menos 29 entidades, que tienen algún vínculo de origen y continuidad con el MPJD.” (14)
Notas:
1 En abril de 2009 Javier Sicilia recibió el Premio Nacional de Poesía.
2 Javier Sicilia, “Estamos hasta la madre… (Carta abierta a los políticos y criminales)”, en Proceso No. 1796, México, 3 de abril de 2011, págs. 8 y 9.
3 Diorama, abril 14 de 2011. Artículos de Conspiratio.
4 Reforma, lunes 9 de mayo de 2011.
5 Reforma, 9 de mayo de 2011.
6 Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de CENCOS.
7 Proceso, 1808, 26 de junio de 2011, p. 10.
8 Pietro Amiglio, “¿Hacia dónde va el movimiento por la paz?”, en La Jornada, 26 de junio de 2011.
9 Cfr. Javier Sicilia, La voz y las sombras. Artículos de Proceso, selección y estudio introductorio Jesús Antonio de la Torre Rangel, Ed. Comisión Estatal de Derechos Humanos de San Luis Potosí, Centro de Estudios Jurídicos y Sociales P. Enrique Gutiérrez y Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, San Luis Potosí, 2009.
10 Ed. Aldus, México, 2000; Jus, México, 2006.
11 Jorge Rocha, “Sociedad y Cultura. Crisis de la democracia liberal representativa”, en Christus No. 785, México, julio-agosto 2011, p. 6.
12 Ya hay algunas víctimas militantes del MPJD. Menciono dos: Nepomuceno Moreno Núñez, asesinado el 28 de noviembre de 2011 en Hermosillo, Son.; y J. Trinidad de la Cruz Crisóstomo, líder de la comunidad de Ostula, victimado a principios de diciembre de 2011.
13 Javier Sicilia, El Deshabitado, Ed. Proceso y Grijalvo, México, 2016, p. 135.
14 Magdiel Sánchez Quiroz, “Una herida que sigue abierta”, La Jornada, 6 de abril de 2026.













