Papa y líderes religiosos: ¿pasar de las palabras y los gestos de paz a la acción noviolenta profética de “meter el cuerpo” en Gaza?

Pietro Ameglio

Este artículo recoge una síntesis detallada de una ponencia presentada muy recientemente -el 10 de septiembre- en la Conferencia “Paz desarmada y desarmante: el emergente cambio de paradigma de la Iglesia Católica hacia la noviolencia evangélica”, presentada en el Instituto Católico para la Noviolencia (Pax Christi Internacional), en Roma, Vaticano, ante un grupo internacional de académicos y activistas especializados en el tema, pero sobre todo con la intención que los círculos cercanos al papa, y -¿por qué no?- él mismo pudiera oírla o leerla.

Pensamos que esta Conferencia podría ser una excelente oportunidad para aprender y compartir, así también como para idear acciones colectivas y «reales» de noviolencia a corto plazo, que permitan afrontar algunas de las situaciones de violencia más urgentes de inhumanidad, de fe cristiana y construcción de paz que vive el mundo actual. En lo específico, me refiero a la que considero la principal situación de inhumanidad mundial por varias razones: el genocidio (acción más inhumana de nuestra especie) en Gaza, y la limpieza étnica y ocupación militarizada de Cisjordania. Es anti-cristiano y anti-noviolento quedarnos “contemplando” pasmados y en silencio este genocidio, incluso aduciendo un fatalismo posmoderno, que no tiene nada que ver con nuestra esperanza, fe y noviolencia.

El título de la Conferencia menciona los conceptos de “paz desarmada” y “desarmante”: en todos nuestros talleres, cursos, conferencias… iniciamos del hecho que no existe mayor “indefensión” y “desarme” -y mejor “defensa”- que no partir de un “principio de realidad” con reflejos empíricos, donde queremos reflexionar y sobre todo actuar los conceptos abarcados.

Aquí va la síntesis:

Para León XIV, cuya palabra nos ha desafiado a hacer más en la noviolencia…el resto le toca al espíritu que sopla dónde, cuándo y cómo quiere

¿Hasta dónde la noviolencia ha sido efectiva para detener hoy día tan altos niveles de inhumanidad?

A mi juicio, el mundo y la humanidad se encuentran hoy ante una “frontera moral y material” sumamente peligrosa -sin precedentes, debido al riesgo nuclear y al poder de los medios de comunicación y las grandes corporaciones-, entre la normalización de la ilegalidad, la impunidad y la deshumanización, y una suerte de supervivencia y urgente retorno a los valores fundamentales y a las conquistas históricas de los pueblos en materia de derechos humanos y paz. Creo que el papa en su última encíclica (“Magnifica Humanitas”) nos advierte -no sólo desde la IA- de este riesgo de des-humanización y pérdida del sentido de qué nos hace seres humanos.

En este escenario, la noviolencia -impulsada por pueblos, iglesias, espacios educativos y numerosas organizaciones sociales, colectivos y personas comprometidas socialmente…- asume una enorme responsabilidad histórica y profética: no en el sentido de “mirada predictiva hacia el futuro” sino de “acción radical en el mismísimo presente”. Esta responsabilidad reside principalmente en el ámbito de la ACCIÓN, más que en el de los principios o las palabras: ¡se trata de predicar con el ejemplo frente a poderes corruptos e inhumanos!

No considero que esta sea una visión mesiánica o catastrofista ; es simplemente la visión de un activista social y académico historiador quien en cierto modo se siente avergonzado -tanto de sí mismo como de gran parte de la humanidad- ante la tibieza de nuestras acciones al respecto de Gaza, misma tibieza que Dios “vomita” (Apocalipsis 3, 15-19), y la ignorancia social acumulada que tenemos respecto a estos avasalladores procesos de violencia, guerra y genocidio (fenómenos que no son iguales).

De ahí que, al menos para mí, la noviolencia -o nosotros los activistas- en este momento histórico se ha quedado rezagada a la hora de afrontar estos desafíos. El genocidio en Gaza y la limpieza étnica en Cisjordania -así como muchas otras acciones de brutal violencia en el mundo- donde destacan los bombardeos totalmente ilegales e impunes a lanchas de pescadores caribeños- han puesto seriamente en tela de juicio la eficacia de la noviolencia ante niveles tan extremos de violencia y genocidio, sea para prevenirlos que para enfrentarlos en sus picos de violencia. Surge entonces la pregunta de hasta qué punto dicha postura debe complementarse con otras formas de acción comunitaria de defensa y solidaridad, tal como lo plantean y practican nuestras comunidades en México y América Latina. Es un problema profundo que exige un debate serio, a la luz de la historia y de las experiencias de los pueblos: ¿cuál es el «principio de realidad» para la defensa de la humanidad en esta coyuntura histórica y particularmente en determinados territorios de tan alta violencia impune? Claramente, no existe una sola respuesta.

Por supuesto, no dudo de la fuerza de la noviolencia y de la verdad presentes en las enseñanzas de Jesús y tantos otros personajes y pueblos de la historia de nuestra especie. Particularmente en México las principales identidades sociales con quienes trabajamos, aprendemos y que encabezan los procesos de construcción de paz noviolentos son los familiares que buscan desaparecidos, las comunidades indígenas-campesinas-urbanas que defienden sus recursos naturales y cultura, las colectivas feministas y de jóvenes -sobre todo universitarios- que luchan contra violencias de género y abusos de poder.

Sin embargo, tengo claro que no hemos hecho lo suficiente y hemos normalizado en exceso esta brutalidad bélica y genocida mundial, probablemente también por carecer del conocimiento necesario (que no es lo mismo que simple información). El nivel y la proporción de las acciones noviolentas emprendidas para detener estas situaciones inhumanas han sido muy inferiores al nivel de las acciones violentas. A juzgar por la historia y por nuestra humilde experiencia mexicana y latinoamericana, entiendo que, para confrontar acciones tan inhumanas, es necesario construir y EJECUTAR ACCIONES noviolentas masivas de no-cooperación y desobediencia civil, que corresponden a una necesaria proporción y relación entre la espiral de la noviolencia y la espiral de la guerra que se enfrentan.

En un genocidio el mensaje verdadero de lucha es meter el cuerpo

Durante los últimos meses he estado leyendo las declaraciones ejemplares del papa sobre la paz justa, cristiana y noviolenta, así como observando sus muchos gestos simbólicos (la foto del niño libanés musulmán que lleva consigo, al que saludó y poco después asesinaron; con los migrantes en Sicilia; con la condecoración al embajador de Irán en el Vaticano; de encuentros con otras iglesias de Oriente…). También he valorado mucho la claridad y valentía con las que se pronunció contra Trump, Netanyahu, y sus ministros con su doctrina y acciones impunes de la «guerra justa», y el papa hablando a favor de “la noviolencia que Jesús enseñó como el verdadero poder sobre el mal” (6-4-26). León XIV ha reiterado “su rechazo a las guerras justas” en su reciente encíclica; ha declarado, entre muchas otras frases: “La guerra no es santa, sólo la Paz es santa, porque es voluntad de Dios” el 14-3-26, “Dios, Jesús, rey de la Paz que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra” el 29-3-26. ¡Ha sido el principal actor social a nivel mundial con la fuerza moral necesaria para alzar la voz de esa manera contra “un puñado de tiranos que está destruyendo el mundo” (Camerún, 16-4-26).

Por todo ello queremos -humildemente- proponer una acción de este tipo y lógica, a discutirse colectivamente:

que el Papa y líderes religiosos pudieran meter (no poner) su cuerpo -junto a los nuestros y de muchos otros y otras- allí donde la violencia y el genocidio son más intensos e inhumanos. Como propusimos, respecto a Francisco I en nuestra ponencia (¿Por qué el papa no está en Gaza?) aquí mismo el 25 de octubre del 2024 (https://www.academia.edu/125601846/Pax_Christi_Espa%C3%B1ol_Seminario_Vaticano_Papa_en_Gaza_final), que el papa junto a líderes de otras religiones, fueran YA a Gaza y/o Cisjordania (¡Tierra Santa! Donde Jesús caminó, comió, durmió, habló, curó, amó…) para orar y ayunar, escuchar y acompañar solidariamente a las víctimas palestinas y de los rehenes israelíes, llevando también alimentos y medicinasY permaneciendo allí el tiempo necesario (al menos tres días: de la cruz a la resurrección), hasta que se produzca algún tipo de ¡Alto al Genocidio! y entrada de ayuda humanitaria.

Con mucha claridad León XIV en una festividad budista envió un mensaje titulado: “Budistas y cristianos por una paz desarmada y desarmante”, donde decía que “estamos invitados a convertirnos en artífices de la paz: no como observadores pasivos, sino como testigos valientes”.

En la noviolencia se le llamaría a ésta una acción de no-cooperación de “firmeza permanente”, la que sin duda sería una acción profética como iglesias y pueblos de Dios, y en solidaridad con las víctimas; sería también una acción noviolenta de “desobediencia debida a las órdenes des-humanizantes” (J.C.Marín), que nos mandan silenciar y normalizar este genodicio. Hemos planteado desde hace años que este genocidio, desde la acción noviolenta podría tal vez detenerse con acciones masivas de desobediencia civil abierta de millones por parte de la población israelí dentro de Israel, bloqueando toda forma de gobierno, caminos, casas de líderes políticos, etc., paralizando el país, sin “retirarse del lugar” hasta que Netanyahu y sus secuaces renuncien y/o vayan a la cárcel, y el genocidio en Gaza así como la impune e ilegal ocupación brutal de los colonos en Cisjordania se detengan.

Ese es el nuevo giro, el desafío tanto espiritual como material que considero urgente para la noviolencia, particularmente desde las iglesias. Por supuesto, todos somos conscientes de las enormes dificultades que esto conlleva, pero -como hemos comentado en más de una ocasión- la humildad y la audacia son dos de las características fundamentales de la noviolencia (padre Donald Hessler), así como una virtud de la noviolencia que hemos aprendido en México de las Madres Buscadoras, es que a veces las acciones deben hacerse “sin pedir permiso” (este punto es de una enorme complejidad sea en cuanto a valores sociales que respecto a la estrategia de las acciones).

De lo contrario, continuaremos repitiendo las mismas acciones -a veces rutinarias o repetidas- aunque sean valiosas, indispensables y muy necesarias de resistencia, mientras la inhumanidad y la violencia avanzan con mucha mayor rapidez. Sin duda, muchas personas que no conocemos están impulsando acciones de no-cooperación y desobediencia civil en distintos lugares del mundo, pero queremos proponer aquí que necesitamos mucha más acción directa de la «reserva moral» del mundo, y las iglesias forman parte de ella -siempre que actúen-, de lo contrario son cómplices de la inhumanidad. Por ello afirmamos que es un momento crucial de nuestra historia como especie y cristianos para decir ¡Ya Basta! y hacer acciones proféticas “radicales” (ir a la raíz), desde las mejores raíces de nuestras tradiciones noviolentas. La reserva moral puede estar constituida por grandes masas en el espacio público o por cuerpos cuyas identidades sociales concentran un gran “poder social”, como es el caso del papa y líderes religiosos, pero que es necesario que decidan “usar su poder” y no sólo “tener conciencia de poseerlo pero sin usarlo”.

La prudencia es un valor milenario, muchas veces admirado en la Iglesia, pero en momentos de alta inhumanidad la prudencia se puede volver complicidad, se puede volver co-operación con la inhumanidad, y el valor que debe prevalecer -desde la noviolencia- nos parece debería ser -como decíamos- el de la audacia humilde. Como, por ejemplo, tuvo Francisco de Asís en su visita a Tierra Santa, durante la V Cruzada, con su encuentro -en principio frente a un enemigo religioso- hacia el sultán Al-Malik al-Kamil en Egipto en 1219, algo inaudito en aquella época y que permitió sentar las bases del diálogo y la paz interreligiosa.

¿Redefinir la “Paz noviolenta, justa y digna” desde Asís y detener una posible guerra nuclear?

Para concluir, quisiéramos también compartir una reflexión acerca de otra propuesta al papa y las iglesias de acción noviolenta que en nada sustituye la urgencia de la anterior -desde un ángulo muy diferente, más cercano a esta Conferencia-, pero también necesaria, y en la línea de la tradición papal de las últimas décadas.

La humanidad necesita recuperar, reconstruir, rescatar y volver a reflexionar, oír y vivir, una perspectiva o definición de paz distinta para el mundo, en un contexto marcado por la posibilidad de una tercera guerra mundial o guerra nuclear así como por esa peligrosa asociación entre «guerra, seguridad y paz», que líderes como Trump, Netanyahu y las grandes potencias mundiales repiten a diario en los medios cooptados, y que demasiada gente cree de manera ingenua e infantil.

Parte de esta difusión masiva de la creencia en la “paz armada” nace del gran proceso de “normalización” que los medios y políticos han instalado en el mundo, y en el que hemos co-operado a veces con nuestros silencios en muchos espacios, empezando por las clases que damos los participantes en esta Conferencia, quienes a veces “damos clases como si no existiera un genocidio en Gaza”, por ejemplo. El lema mundial de solidaridad con la población palestina es “No dejen de hablar de Palestina” y ese debería ser un gran desafío apara todas y todos aquí.

Por tanto, las iglesias quizás podrían convocar a un gran encuentro espiritual y religioso mundial por la paz en Asís -como han hecho papas anteriores junto al Dalai Lama- o cualquier otro lugar espiritual similar de otra tradición, para redefinir -a partir de darle contenidos muy específicos y claros- el concepto y la práctica noviolenta, legal e institucional de la paz y los derechos humanos ante el mundo, y detener una posible guerra nuclear. Y luego hacer una gran campaña mundial de difusión y discusión en todas las comunidades, grupos y personas posibles, presión a los poderes políticos y de todo tipo, incluso tal vez hasta construyendo medios y redes sociales internacionales de amplios alcances. Sería también una acción noviolenta de no-cooperación, emulando, por ejemplo, a Gandhi que centró gran parte de su vida y lucha en hacer reflexionar a las masas -en su propia lengua popular- acciones, espiritualidad y principios de paz y noviolencia

Fuente: https://desinformemonos.org/papa-y-lideres-religiosos-pasar-de-las-palabras-y-los-gestos-de-paz-a-la-accion-noviolenta-profetica-de-meter-el-cuerpo-en-gaza/

Mialet, una peregrinación a la memoria

Paisaje de los valles vaudeses, región alpina de Piamonte _ Wikicommons bajo licencia CC 3.0

Fotografía: Paisaje de los valles vaudes, región alpina del Piamonte. Wikicommons bajo licencia CC 3.0

Alba Martorell Cid

Cartel en alemán que indica el camino 'Siguiendo las huellas de los hugonotes' _ Wikimedia Commons bajo licencia CC 4.0
Fotografía: Cartel en alemán que indica el camino ‘Siguiendo las huellas de los hugonotes’. Wikimedia Commons bajo licencia CC 4.0

Mialet, una pequeña localidad de las Cevenas, celebra anualmente un culto protestante en recuerdo de la resistencia hugonota

Cuando se habla de peregrinaciones cristianas, es habitual situarse enseguida en Roma, Fátima o Santiago de Compostela. Sin embargo, el protestantismo ha desarrollado otra manera de relacionarse con los lugares vinculados a su historia. Más que santuarios, conserva espacios de memoria donde se recuerdan a las personas que mantuvieron la fe en tiempos de persecución. Uno de los más significativos es Mialet, un pequeño pueblo de las Cevenas francesas que cada año se convierte en punto de encuentro de miles de protestantes.

La pastora Nathalie Reverdin Effront , licenciada en Teología por la Universidad de Ginebra, conoce bien este significado. Descendiente de hugonotes —protestantes franceses— que se refugiaron en Suiza después de las persecuciones religiosas de principios del siglo XVIII, ha desarrollado su ministerio tanto en Suiza como en Cataluña; concretamente, en Barcelona, ​​en las comunidades protestantes del Clot y de Rubí. También ha celebrado el culto en Mialet en varias ocasiones. Cuando habla de peregrinaciones, prefiere otra expresión: “me gusta más hablar de sitios de memoria”.

El pueblo que recuerda el Desierto

Mialet es una pequeña localidad situada en el macizo de las Cevenas, en el sur de Francia. Cada primer domingo de septiembre acoge un multitudinario culto protestante al aire libre que recuerda a uno de los episodios más difíciles de la historia de las iglesias reformadas francesas: la llamada Época del Desierto.

Para entender esta conmemoración es necesario remontarse al siglo XVII. Durante décadas, los protestantes franceses habían podido practicar su fe gracias al Edicto de Nantes, promulgado por el rey Enrique IV en 1598. Pero en 1685, Luis XIV decretó su revocación. Las iglesias protestantes fueron clausuradas, los pastores expulsados ​​y los fieles obligados a convertirse en el catolicismo oa practicar su fe clandestinamente.

En ese contexto surgieron los camisards, grupos de protestantes de las Cevenas que, entre 1702 y 1704, se levantaron en armas contra la monarquía francesa para defender su libertad religiosa. Por tanto, mientras el término hugonote designa al conjunto de los protestantes franceses, camisard hace referencia específicamente a los resistentes de las Cevenas.

Durante ese período, cientos de miles de hugonotes huyeron hacia Suiza, Alemania, Países Bajos o Inglaterra. Otros decidieron quedarse y continuar reuniéndose a escondidas en bosques y cuevas de montaña. Aquellos años de clandestinidad son conocidos como el Desierto, en referencia al largo camino del pueblo de Israel hacia la Tierra Prometida: un tiempo de prueba, pero también de fidelidad y esperanza.

Una memoria que sigue viva

Es esta historia la que se conmemora cada año. El culto a Mialet reúne a protestantes de diferentes tradiciones y procedencias en un ambiente que combina la celebración religiosa con el recuerdo histórico. En el pueblo también se encuentra el Museo del Desierto, dedicado a preservar la memoria de las persecuciones y de la resistencia hugonota.

Para Reverdin , el sentido de este encuentro no es venerar un lugar, sino recordar el testimonio de quienes mantuvieron la fe en circunstancias extremas. El protestantismo, explica, «no ha desarrollado grandes santuarios ni peregrinaciones vinculadas a reliquias oa tumbas de santos». La memoria es lo que dota de significado al viaje.

Esta forma de entender los lugares también se refleja en los templos protestantes, generalmente muy sobrios. «Nuestros fundadores no son considerados santos ni les oramos», recuerda. La centralidad recae en la Biblia, abierta sobre la mesa de comunión, y en el púlpito desde donde se proclama la Palabra.

Siguiendo las huellas de los hugonotes

Mialet no es el único espacio que conserva ese legado. Muy cerca, en Aigües-Mortes, la Torre de Constanza recuerda el largo cautiverio de Marie Durand , encarcelada durante treinta y ocho años por negarse a renunciar a su fe. Más al sur, en los Valles Valdeses del Piamonte italiano, los protestantes conservan templos, escuelas e incluso grutas donde los cultos se celebraban clandestinamente durante las persecuciones.

En este sentido, el camino Sur el paso de Es Huguenots recupera hoy la memoria del exilio protestante. El itinerario sigue buena parte de los caminos que recorrieron los hugonotes cuando huían de las persecuciones. El recorrido, de unos 1.800 kilómetros, une el pueblo de Le Poët-Laval, en la región francesa del Drôme, con Bad Karlshafen, en Alemania, pasando por Suiza.

Más que una peregrinación religiosa en sentido estricto, es un itinerario de memoria que invita a recordar la defensa de la libertad de conciencia, el sufrimiento de las comunidades reformadas y el valor de la reconciliación entre confesiones cristianas. Actualmente, muchos caminantes lo recorren tanto por motivos espirituales como históricos, siguiendo las huellas de quienes tuvieron que abandonar su casa para mantenerse fieles a sus convicciones.

https://www.catalunyareligio.cat/ca/geografies-fe-mialet-pelegrinatge-memoria?utm_campaign=website&utm_medium=butlleti&utm_source=enviament&utm_term=butllet%C3%AD

Las 23 Iglesias orientales católicas: una riqueza milenaria en comunión con Roma

El Papa con su Santidad Aram I, Catolicós de la Gran Casa de Cilicia, una de las figuras más relevantes del cristianismo oriental.  | Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

El Papa con su Santidad Aram I, Catolicós de la Gran Casa de Cilicia, una de las figuras más relevantes del cristianismo oriental. | Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

Por Victoria Cardiel

Cuando se habla de la Iglesia Católica, muchos piensan exclusivamente en la Iglesia latina, a la que pertenece la inmensa mayoría de los católicos del mundo. Sin embargo, la Iglesia Católica está formada en realidad por 24 Iglesias sui iuris o autónomas: la Iglesia latina y 23 Iglesias orientales católicas, herederas de las antiguas tradiciones cristianas de Oriente Medio, Europa del Este, África e India.

Estas Iglesias han conservado a lo largo de los siglos sus propias lenguas litúrgicas, espiritualidades, disciplinas y formas de organización eclesiástica. Algunas celebran la liturgia en árabe, siríaco, ge’ez, copto, armenio o eslavo eclesiástico. Otras mantienen tradiciones que se remontan a las primeras comunidades fundadas por los apóstoles.

Todas ellas están en plena comunión con el Papa, sucesor de San Pedro y máxima autoridad de la Iglesia universal.

Una Iglesia, muchas tradiciones

Las Iglesias católicas orientales proceden de cinco grandes tradiciones litúrgicas: alejandrina, antioqueña, armenia, caldea y bizantina. Cada una posee un patrimonio teológico, espiritual y cultural propio, desarrollado durante siglos en contextos históricos muy distintos.

Entre ellas se encuentran Iglesias tan conocidas como la maronita del Líbano, la greco-católica ucraniana, la siro-malabar de la India o la copta católica de Egipto. Muchas son minorías en países donde predominan el islam o las Iglesias ortodoxas, y varias han sufrido persecuciones, guerras o emigraciones masivas.

El gobierno mediante sínodos

Una de las características más distintivas de estas Iglesias es su organización interna. A diferencia de lo que suele ocurrir en la Iglesia latina, muchas Iglesias orientales funcionan mediante un fuerte sistema sinodal.

Cada Iglesia está articulada en torno a un sínodo de obispos, que constituye el principal órgano de gobierno. Este órgano legisla sobre numerosos aspectos de la vida eclesial, toma decisiones pastorales y participa en la elección de nuevos obispos. En las Iglesias patriarcales y arzobispales mayores, el sínodo elige incluso al patriarca o al arzobispo mayor, cuya elección debe ser posteriormente reconocida o confirmada según las normas establecidas por Roma.

León XIV acaba de reformar el derecho canónico de las Iglesias patriarcales orientales para cubrir un vacío legal que dificultaba la gestión de conflictos internos. Mediante un motu proprio, el Pontífice otorgó mayor autonomía a los obispos, que podrán convocar un sínodo sin depender del patriarca y solicitar su destitución con el apoyo de dos tercios de los votos, siempre sujeta a la aprobación final del Papa.

Las 23 iglesias orientales

Tradición alejandrina

Iglesia Católica Copta

La Iglesia Católica Copta tiene sus raíces en la antigua Iglesia de Alejandría, fundada según la tradición por San Marcos Evangelista. Está presente principalmente en Egipto y utiliza el rito alejandrino en lengua copta y árabe. Entró en plena comunión con Roma en el siglo XVIII y está presidida por el Patriarca de Alejandría de los coptos. Como curiosidad, la lengua copta utilizada en la liturgia es la última etapa histórica de la lengua del antiguo Egipto faraónico, lo que convierte a esta Iglesia en heredera directa de una tradición cultural de más de tres mil años.

El Papa León con representantes de la Iglesia copta en la plaza de San Pedro. Crédito: Vatican Media
El Papa León con representantes de la Iglesia copta en la plaza de San Pedro. Crédito: Vatican Media

Iglesia Católica Etíope

La Iglesia Católica Etíope surgió de comunidades de tradición ge’ez que restablecieron la plena comunión con la Santa Sede. Está presente sobre todo en Etiopía y celebra la liturgia según el rito alejandrino etíope, caracterizado por un fuerte simbolismo bíblico y numerosas tradiciones propias. Utiliza principalmente la lengua ge’ez en la liturgia y se distingue por la integración de elementos culturales africanos en la vida eclesial. Una curiosidad es que muchas de sus celebraciones incluyen instrumentos tradicionales como tambores y sistros, una práctica poco común en otras Iglesias católicas.

Iglesia Católica Eritrea

Creada como Iglesia metropolitana sui iuris en 2015 por el Papa Francisco, la Iglesia Católica Eritrea reúne a los católicos de tradición alejandrina presentes en Eritrea. Comparte con la Iglesia Etíope el uso del rito ge’ez, aunque posee una jerarquía propia. Representa una parte significativa de los católicos del país y destaca por la vitalidad de sus vocaciones y su fuerte identidad litúrgica oriental. Es una de las Iglesias orientales católicas más jóvenes desde el punto de vista institucional, pese a que sus raíces cristianas se remontan a los primeros siglos.

Tradición armenia

Iglesia Católica Armenia

La Iglesia Católica Armenia sigue la tradición litúrgica y espiritual del pueblo armenio, el primer reino que adoptó oficialmente el cristianismo en el año 301. Entró progresivamente en comunión con Roma a partir de la Edad Media y actualmente está dirigida por el Patriarca de Cilicia de los armenios. Su liturgia, celebrada tradicionalmente en armenio clásico, conserva elementos únicos procedentes de las antiguas tradiciones de Armenia. Entre sus particularidades destaca el uso de una cortina que se cierra y abre durante determinados momentos de la liturgia, una costumbre heredada de la antigüedad cristiana.

Tradición antioqueña (siríaca occidental)

Iglesia Maronita

La Iglesia Maronita es la única Iglesia oriental católica que nunca ha roto la comunión con Roma. Sus orígenes se remontan a las comunidades reunidas en torno a San Marón en Siria y Líbano. Está presidida por el Patriarca de Antioquía de los maronitas y utiliza el rito antioqueño occidental, conservando el uso litúrgico del siríaco junto con el árabe y otras lenguas modernas. Muchos textos litúrgicos contienen palabras en arameo, la lengua que hablaba Jesús, lo que da a sus celebraciones un carácter especialmente evocador.

El Cardenal libanés Béchara Boutros Raï, líder de la Iglesia católica maronita, pronuncia una homilía durante el Sínodo de la Sinodalidad, el 9 de octubre de 2023. | Crédito: Vatican Media.
El Cardenal libanés Béchara Boutros Raï, líder de la Iglesia católica maronita, pronuncia una homilía durante el Sínodo de la Sinodalidad, el 9 de octubre de 2023. | Crédito: Vatican Media.

Iglesia Católica Siria

La Iglesia Católica Siria nació de grupos de la Iglesia Ortodoxa Siria que entraron en comunión con Roma durante los siglos XVII y XVIII. Mantiene la herencia espiritual y litúrgica de la antigua tradición siríaca de Antioquía. Está encabezada por el Patriarca de Antioquía de los sirios y celebra la liturgia en siríaco occidental y en las lenguas vernáculas de sus fieles. Sus himnos y plegarias conservan expresiones muy antiguas del cristianismo semita que apenas han cambiado desde los primeros siglos.

Iglesia Católica Siro-Malankar

La Iglesia Católica Siro-Malankar tiene su origen en la comunidad cristiana de Kerala, en la India, vinculada históricamente a la tradición siríaca occidental. En 1930 un grupo liderado por el arzobispo Geevarghese Mar Ivanios entró en comunión con Roma. Hoy es una Iglesia archiepiscopal mayor que combina la herencia litúrgica antioqueña con las tradiciones culturales de la India. En algunas celebraciones importantes los fieles participan en procesiones con sombrillas ceremoniales y adornos florales propios de la cultura india.

Tradición caldea (siríaca oriental)

Iglesia Católica Caldea

La Iglesia Católica Caldea procede de la antigua Iglesia del Oriente y tiene su principal centro histórico en Mesopotamia, especialmente en el actual Irak. Entró en comunión con Roma durante los siglos XVI y XVII y está dirigida por el Patriarca de Babilonia de los caldeos. Utiliza el rito caldeo y conserva el uso litúrgico del arameo oriental, una lengua estrechamente relacionada con la hablada por Jesús. Sus comunidades conservan algunas de las tradiciones cristianas más antiguas del mundo, en territorios evangelizados ya en los primeros siglos.

Iglesia Católica Siro-Malabar

La Iglesia Católica Siro-Malabar es una de las mayores Iglesias orientales católicas. Tiene sus raíces en los llamados cristianos de Santo Tomás de la India, que según la tradición fueron evangelizados por el apóstol. Sigue la tradición litúrgica siríaca oriental y fue elevada al rango de Iglesia archiepiscopal mayor. Actualmente cuenta con millones de fieles tanto en la India como en la diáspora. Es la segunda Iglesia oriental católica más numerosa del mundo, solo por detrás de la greco-católica ucraniana.

El Arzobispo Mayor de la Iglesia Siro-Malabar, Mons. Raphael Thattil. | Crédito: Iglesia Siro-Malabar.
El Arzobispo Mayor de la Iglesia Siro-Malabar, Mons. Raphael Thattil. | Crédito: Iglesia Siro-Malabar.

Tradición bizantina

Iglesia Católica Albanesa

La Iglesia Católica Albanesa de rito bizantino es una pequeña Iglesia oriental católica presente principalmente en Albania. Surgió a partir de comunidades que adoptaron la tradición bizantina manteniendo la comunión con Roma. Aunque numéricamente reducida, constituye un importante testimonio de la diversidad religiosa de los Balcanes. Su historia estuvo marcada por la dura persecución religiosa del régimen comunista albanés, uno de los más severos del siglo XX.

Iglesia Católica Bielorrusa

La Iglesia Católica Bielorrusa sigue la tradición bizantina eslava y tiene sus orígenes en la Unión de Brest de 1596. A lo largo de los siglos sufrió persecuciones y largos periodos de desaparición institucional. Actualmente existe sobre todo en pequeñas comunidades dentro y fuera de Bielorrusia. Durante décadas sobrevivió principalmente gracias a grupos de emigrantes dispersos por Europa y América.

Iglesia Católica Búlgara

La Iglesia Católica Búlgara nació en el siglo XIX cuando algunos fieles ortodoxos búlgaros buscaron la comunión con Roma conservando el rito bizantino. Está organizada en un exarcado apostólico y mantiene la liturgia bizantina en lengua búlgara. Su creación estuvo estrechamente vinculada al despertar nacional búlgaro frente al dominio otomano.

Iglesia Católica Griega

La Iglesia Católica Griega está formada por comunidades de tradición bizantina presentes en Grecia y vinculadas históricamente a la comunión con Roma. Conserva la liturgia de San Juan Crisóstomo y otras formas propias del patrimonio bizantino. Se encuentra en un país donde la inmensa mayoría de los cristianos pertenece a la Iglesia Ortodoxa, por lo que constituye una pequeña pero significativa minoría.

Iglesia Greco-Católica Húngara

La Iglesia Greco-Católica Húngara surgió de comunidades de rito bizantino establecidas en el Reino de Hungría. Utiliza el húngaro en la liturgia y fue elevada al rango de Iglesia metropolitana sui iuris en 2015. Fue una de las primeras Iglesias orientales en introducir ampliamente una lengua moderna, el húngaro, en sus celebraciones litúrgicas.

Iglesia Italo-Albanesa

La Iglesia Italo-Albanesa reúne a las comunidades de origen albanés establecidas en el sur de Italia y Sicilia entre los siglos XV y XVI. Conserva fielmente la tradición bizantina y nunca ha perdido la comunión con Roma. El monasterio de Grottaferrata, fundado en 1004 cerca de Roma, sigue siendo hoy el único monasterio bizantino territorial de Italia.

Iglesia Greco-Católica Macedónica

La Iglesia Greco-Católica Macedónica agrupa a los católicos de rito bizantino de Macedonia del Norte. Surgió a partir de movimientos de unión con Roma durante los siglos XIX y XX. Es una de las Iglesias orientales católicas más pequeñas del mundo en número de fieles.

Iglesia Greco-Católica Melquita

La Iglesia Greco-Católica Melquita nació en 1724 tras una división dentro del Patriarcado de Antioquía. Está presente principalmente en Siria, Líbano, Jordania, Palestina y la diáspora. Su patriarca lleva el título de Patriarca de Antioquía, Alejandría y Jerusalén de los melquitas. Es la única Iglesia católica cuyo patriarca reúne simultáneamente estos tres grandes títulos patriarcales históricos de Oriente.

Catedral San Jorge del rito greco-melquita en Córdoba (Argentina). Crédito: Turismo Municipalidad de Córdoba
Catedral San Jorge del rito greco-melquita en Córdoba (Argentina). Crédito: Turismo Municipalidad de Córdoba

Iglesia Greco-Católica Rumana

La Iglesia Greco-Católica Rumana surgió mediante la unión de parte de la Iglesia ortodoxa rumana con Roma a finales del siglo XVII. Sufrió una dura persecución bajo el régimen comunista, que la declaró ilegal entre 1948 y 1989. Siete de sus obispos, muertos durante la persecución comunista, fueron beatificados por el Papa Francisco en 2019.

Iglesia Católica Rusa

La Iglesia Católica Rusa de rito bizantino está formada por pequeñas comunidades que conservan la tradición litúrgica rusa en comunión con la Santa Sede. Surgió a comienzos del siglo XX y sufrió la terrible persecución soviética. Actualmente no posee una jerarquía plenamente desarrollada y muchos de sus fieles viven en la diáspora.

Iglesia Rutena

La Iglesia Rutena tiene sus raíces en la Unión de Úzhgorod de 1646 y está vinculada históricamente a los pueblos de los Cárpatos. Está presente principalmente en Eslovaquia, Ucrania y Estados Unidos. En Norteamérica desarrolló una identidad propia tan fuerte que cuenta con una metrópolis propia en Pittsburgh.

Iglesia Greco-Católica Eslovaca

La Iglesia Greco-Católica Eslovaca comparte sus orígenes con la tradición rutena y fue restaurada tras las persecuciones comunistas del siglo XX. En 2008 fue elevada al rango de Iglesia metropolitana sui iuris. Entre sus mártires más conocidos se encuentran los obispos Pavel Peter Gojdič y Vasiľ Hopko, canonizados por su fidelidad durante la persecución comunista.

Iglesia Greco-Católica Ucraniana

La Iglesia Greco-Católica Ucraniana es la mayor de todas las Iglesias orientales católicas. Nació de la Unión de Brest de 1596 y sufrió una intensa persecución durante el periodo soviético. Está dirigida por un arzobispo mayor con sede en Kiev y cuenta con millones de fieles en todo el mundo. Durante más de cuarenta años fue la Iglesia católica clandestina más grande del mundo.

El Papa León XIV saluda a Sviatoslav Shevchuk, primado de la Iglesia greco-católica ucraniana | Crédito: Vatican Media
El Papa León XIV saluda a Sviatoslav Shevchuk, primado de la Iglesia greco-católica ucraniana | Crédito: Vatican Media

Iglesia Greco-Católica Croata y Serbia (Eparquía de Križevci)

La Eparquía de Križevci reúne a los católicos de tradición bizantina de Croacia, Serbia y otros territorios de la antigua Yugoslavia. Creada en 1777, sirve a fieles de diversas procedencias étnicas y lingüísticas. En sus parroquias pueden encontrarse celebraciones en croata, eslavo eclesiástico, ruteno y otras lenguas locales, reflejando la diversidad cultural de los Balcanes.

XIV JORNADAS DE DESIERTO ON LINE: «Carlos Carretto y las Fraternidades de desierto»

«Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios: es en el desierto donde uno se vacía y se desprende de todo lo que no es Dios». (Carlos de Foucauld)

Estas jornadas de desierto on line, siete días antes de la celebración de la muerte del hermano Carlos de Foucauld (1 de diciembre), son una ocasión para que, cada uno/a, desde su situación concreta de vida, laboral etc. viva unos momentos de oración intensa (silencio), adaptados a su Nazaret concreto, acompañados de unos textos que se reciben on line. Y esto, con la conciencia de no estamos solos en estas jornadas, sino acompañados de hermanos y hermanas que desde distintos lugares del mundo comparten esta oración y se ayudan en la oración.

Este año, las XIV Jornadas de desierto on line, lo vamos a hacer acompañados del hermano Carlos Carretto,impulsor de las Fraternidades de acogida y oración y de las que se inspira la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.

Que sea un tiempo de gracia!!!

Konya, la ciudad de los derviches que rezan girando

Alba Martorell Cid

Konya es un lugar de peregrinación central en el sufismo, conocido por el mausoleo del poeta y místico Rumi.Konya representa una de las dimensiones más íntimas del islam. Situada en el corazón de Anatolia, a esta ciudad de la Turquía central llegan miles de personas cada año desde hace más de siete siglos, atraídas por la figura de Mawlana Jalal al-Din Rumi, el gran poeta y místico persa, considerado una de las voces más universales de la espiritualidad islámica. Su mausoleo, coronado por una inconfundible cúpula de color turquesa, se ha convertido en uno de los santuarios más visitados del mundo musulmán.

Para Halil Bárcena, islamólogo especialista en el sufismo de Rumi y director del Instituto de Estudios Sufíes de Barcelona, ​​Konya destaca por ser el lugar «donde vivió y murió uno de los maestros espirituales más influyentes del tasawwuf o sufismo islámico». Según explica, el sepulcro de Rumi es hoy «un lugar de peregrinación y devoción» que sigue atrayendo a visitantes «no sólo de países islámicos, sino de todo el mundo».

Geografías de la fe


Son muchos los que se acercan para conocer un legado espiritual que ha trascendido fronteras, lenguas y religiones: “Muchas personas acuden para asistir a la ceremonia de los derviches mevlevís y conocer una de las ciudades más emblemáticas de la tradición sufí”, resume Bárcena.

El poeta que transformó el sufismo


Mawlana Jalal al-Din Rumi nació en 1207 en Balkh, una ciudad situada en el actual Afganistán, entonces uno de los grandes centros culturales del mundo islámico. Su familia abandonó la región por el avance de las invasiones mongolas y, tras un largo viaje, se estableció en Konya, capital del soldanato seljúcida de Rum.

Inicialmente, Rumi destacó como jurista y maestro de las ciencias islámicas. Pero su vida cambiaría profundamente en 1244 cuando se encontró con Shams de Tabriz, un místico itinerante que le introdujo en una experiencia espiritual basada en el amor divino, la contemplación y la búsqueda interior.

De este encuentro surgirían algunas de las obras más influyentes de la literatura mística universal, especialmente el Divan-e Shams-e Tabrizi y el Masnavi, a menudo conocido como el “Corán persa” por su extraordinaria relevancia. Bárcena destaca que las obras del poeta «han traspasado las fronteras religiosas y culturales del islam y hoy son leídas por personas de muchas creencias distintas».

El sufismo: el camino interior del islam


La figura de Rumi es inseparable de la tradición sufí, la corriente contemplativa del islam que hace hincapié en la experiencia interior de la fe. Sin apartarse de los cimientos de la religión islámica, los sufíes entienden que el cumplimiento de los preceptos religiosos es sólo el comienzo de un camino orientado a purificar el alma y acercarse a Dios.

La oración, el recuerdo constante del nombre de Alá, la meditación, la música, la poesía y la guía de un maestro espiritual constituyen algunas de las prácticas que han caracterizado las tariqa –cofradías sufíes– a lo largo de los siglos.

El mausoleo de Rumi y el orden mevlevino


Tras la muerte de Rumi, en 1273, sus discípulos construyeron el mausoleo que pronto se convertiría en uno de los grandes espacios de referencia del sufismo. Con el tiempo, la tumba del místico se convirtió en un centro espiritual, “donde muchos fieles y admiradores honran su memoria y buscan inspiración”, añade Halil. También fundaron el orden mevlevino, encargado de preservar y transmitir sus enseñanzas.

Cada año, el 17 de diciembre, aniversario de la muerte del pensador, Konya celebra el Seb-i Arus o “Noche de Boda”. Para los sufíes, el traspaso de Rumi no representa una separación, sino el encuentro definitivo con Dios. Durante estos días, miles de peregrinos asisten a ceremonias de música, poesía y reflexión espiritual que convierten a la ciudad en un gran centro de peregrinaje.

El Sema, la oración de los derviches giróvagos


El ritual más conocido de la tradición mevlevín es el Sema, la ceremonia de los llamados derviches giróvagos. Aunque a menudo es presentada como una danza, para sus practicantes es una forma de oración y contemplación en la que la música, el movimiento y la concentración interior se convierten en vías de acercamiento a Dios.

La palabra Sema proviene del árabe sama, que significa «escucha», y hace referencia a la escucha espiritual de la música y la poesía. Durante el ritual, acompañados por el sonido del ney y otros instrumentos tradicionales, los derviches giran lentamente sobre sí mismos con una mano abierta hacia el cielo y otra orientada hacia la tierra. Este movimiento simboliza la armonía de la creación y el viaje del alma

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 Sarajevo, cruce entre Oriente y Occidente

Mezquita Gazi Husrev-beg
Fotografía: Mezquita Gazi Husrev-beg. Camba bajo licencia CC

Alba Martorell Cid

Sarajevo, situada en el corazón de Bosnia y Herzegovina, es un cruce cultural donde el islam ha arraigado y dialogado con otras tradiciones

Visitar a Sarajevo es adentrarse en un cruce de caminos. Situada en el corazón de Bosnia y Herzegovina, rodeada de montañas y atravesada por el río Miljacka, ocupa un lugar singular en el mundo islámico europeo.

Su identidad musulmana se fraguó a partir de la llegada del Imperio Otomano en el siglo XV. Fue entonces cuando la ciudad empezó a crecer en torno a nuevas instituciones religiosas, comerciales y educativas. Con el paso de los siglos, Sarajevo se convertiría en una de las capitales más importantes de la cultura islámica en los Balcanes, un lugar en el que la arquitectura otomana, la tradición sufí y la vida urbana acabaron encontrándose.

Para Aicha Mahamsani Ettibari , miembro del Consejo Islámico de Cataluña, estos viajes tienen un significado que va mucho más allá del desplazamiento físico: «Para un musulmán, emprender una peregrinación es un viaje del alma», apunta. Según ella, permite “detener el ritmo de la vida, desprenderse de lo material y renovar la fe”, aunque no siempre se trate de una peregrinación obligatoria como el Hajj .

Otra geografía del islam

Si la Meca representa el centro espiritual del islam y Medina el lugar de los orígenes de la primera comunidad musulmana, Sarajevo pertenece a otra geografía espiritual: la de los emplazamientos en los que la religión ha arraigado lejos de la península Arábiga y ha dialogado con otras culturas.

No es una ciudad sagrada ni un sitio de peregrinación en el sentido estricto del término, pero sí un espacio de memoria, donde se puede comprender cómo el islam ha formado parte de la historia europea durante más de cinco siglos. Muchos acuden para recorrer sus mezquitas, sus mercados y barrios tradicionales, recuerdo de una comunidad creyente que ha mantenido viva su identidad en medio de grandes transformaciones históricas.

En este sentido, Mahamsani considera que Sarajevo «demuestra cómo el islam puede formar parte de la identidad de una sociedad durante siglos». El visitante encuentra “mezquitas vivas, comunidades que siguen practicando su fe y un legado de convivencia entre religiones y culturas”. Por eso, asegura que «no es únicamente patrimonio histórico; también es una experiencia espiritual».

Sarajevo antes del Imperio Otomano

Anteriormente a convertirse en uno de los grandes centros islámicos, la región de Bosnia y Herzegovina estuvo marcada por una larga sucesión de culturas y poderes. Tras formar parte del Imperio Romano —y, posteriormente, de Bizancio— recibió la llegada de los pueblos eslavos durante la alta Edad Media. Más adelante, el territorio se agrupó en el Reino medieval de Bosnia, desarrollando una identidad propia, que alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIV.

En aquella época, la población bosnia era mayoritariamente cristiana, repartida entre comunidades vinculadas al catolicismo, a la ortodoxia ya una tradición cristiana local conocida como Iglesia Bosnia (que despierta un intenso debate académico por la incertidumbre de sus orígenes). Pero esta situación cambiaría radicalmente en el siglo XV con la expansión del Imperio Otomano, que conquistó Bosnia en 1463 e incorporó a la región a su vasto dominio durante casi cuatro siglos.

La Sarajevo otomana

El origen de la Sarajevo otomana está estrechamente vinculado a Isa-beg Ishakovic, gobernador designado por el sultán en el siglo XV. impulsó la fundación de la ciudad con la construcción de mezquitas, baños públicos, mercados y otros edificios que articularon el primer núcleo urbano. Pero sería su sucesor, Gazi Husrev-beg, quien dejaría una impronta definitiva en el paisaje de esta población.

De hecho, en torno al templo que lleva su nombre, la Mezquita Gazi Husrev-beg, inaugurada en 1531, creció uno de los conjuntos urbanos islámicos más importantes de los Balcanes. Era el polo espiritual de Sarajevo pero también el corazón de una red de escuelas, bibliotecas, mercados y espacios de encuentro. Su arquitectura refleja la grandeza del Imperio Otomano y la forma en que el islam se acopló a un entorno europeo.

Otra de las zonas relevantes en cuanto a legado islámico se articula en torno a la plaza de Bascarsija, donde todavía se conserva el espíritu de la antigua ciudad comercial. Entre callejuelas empedradas, tiendas de artesanos y cafés tradicionales, Sarajevo recuerda el tiempo en el que mercaderes, estudiosos y viajeros recorrían este cruce de caminos.

La tradición sufí en Sarajevo

El islam de Sarajevo forma parte de la tradición suní, mayoritariamente vinculada a la escuela jurídica hanafita que se extendió por los territorios del Imperio Otomano. Pero la vida religiosa de la ciudad ha estado marcada también por corrientes místicas, centradas en la búsqueda de una relación más íntima con Dios. En este sentido, fueron especialmente significativas las tarifas , las cofradías sufíes.

A diferencia de una aproximación centrada principalmente en la aplicación de la ley religiosa ( xaria ) o en los aspectos comunitarios de la fe, el sufismo pone el acento en la purificación del corazón, la vida interior y la experiencia directa de la divinidad. Los sufíes consideran que el creyente puede acercarse a Dios mediante la oración, la meditación, el recuerdo constante de Alá ( dhikr ), la poesía, la música o la guía de un maestro espiritual ( jeque ).

En Sarajevo, cofradías como la tariqa Naqshbandiyya establecieron también las tekke , casas de reunión donde los miembros se encontraban para la oración, el estudio y las prácticas devocionales. Esta tradición contribuyó a dar al islam bosnio algunos rasgos propios, con una fuerte vinculación con la poesía y la cultura.

Una ciudad de encuentro entre religiones

Desde sus orígenes como ciudad otomana, Sarajevo empezó a transformarse en un municipio de gran diversidad religiosa. Junto a la nueva arquitectura islámica, siguieron existiendo las comunidades cristianas que ya habitaban la región, mientras que la población acogió también a judíos sefardíes expulsados ​​de la Península Ibérica. Bajo el sistema otomano, estas comunidades pudieron mantener sus instituciones, aunque dentro de un orden social llamado milleto , que establecía diferencias entre musulmanes y no musulmanes.

Por eso, durante siglos, Sarajevo ha sido uno de los ejemplos más singulares de convivencia religiosa en los Balcanes. Pasear por su centro histórico permite descubrir un paisaje urbano excepcional, donde la mezquita de Gazi Husrev-beg, la catedral del Sagrado Corazón de Jesús, la catedral ortodoxa de la Natividad de la Virgen María y la sinagoga Ashkenazi comparten espacio, recordando la pluralidad que ha definido esta urbe.

Sin embargo, esta coexistencia no ha sido ideal ni exenta de tensiones. Las diversas confesiones han tomado parte de una realidad cotidiana de vecindad, comercio e intercambio cultural, pero también han estado condicionadas por los cambios políticos, los conflictos nacionales y las divisiones identitarias, que ganaron bastante, sobre todo, durante el transcurso de los siglos XIX y XX.

Sarajevo después de Yugoslavia

La ruptura del Estado de Yugoslavia, que había gobernado la región durante buena parte del siglo XX, supuso un cambio de paradigma. Tras la Segunda Guerra Mundial, el país se convirtió en una federación socialista formada por seis repúblicas -Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia-, bajo el liderazgo del mariscal Tito. Su proyecto político intentaba mantener el equilibrio entre distintos pueblos e identidades a través del lema ‘fraternidad y unidad’, aunque bajo un sistema comunista de partido único.

Tras su muerte en 1980, Yugoslavia entró en una etapa de crisis económica y política. El debilitamiento del poder central fue acompañado del ascenso de los nacionalismos a las distintas repúblicas. Cuando Eslovenia y Croacia se declararon independientes en 1991, el futuro de la Federación se hundió progresivamente. En Bosnia y Herzegovina, donde convivían principalmente bosniacos, serbobosnios y croatbosnios, la cuestión de la independencia desató un conflicto especialmente violento.

La guerra de Bosnia dejó una herida que forma parte de la reciente memoria colectiva de la ciudad. De hecho, entre 1992 y 1995, Sarajevo sufrió uno de los asedios más largos de la historia moderna: durante casi cuatro años, la ciudad quedó rodeada por las fuerzas serbobosnias, con miles de muertos y una profunda destrucción de su patrimonio y de su tejido social.

Aun así, Sarajevo representa una de las expresiones más atípicas de la diversidad religiosa en Europa. Una ciudad en la que las cúpulas, campanarios y sinagogas cuentan una historia de encuentro entre culturas, pero que también recuerdan que la libertad de culto no es una herencia del pasado, sino una construcción permanente.

Plaza de Bascarsija, Sarajevo

Para Aicha , ésta es precisamente la principal lección que ofrece Sarajevo: «Es la prueba de que la fe puede mantenerse viva incluso después de momentos muy difíciles de la historia», afirma. Caminar por sus calles, escuchar la llamada a la oración entre iglesias y sinagogas o entrar en sus mezquitas “invita a reflexionar sobre la perseverancia y la esperanza”, añade. Por eso, más que un destino de peregrinación, considera a Sarajevo “un lugar donde la historia, la fe y la convivencia siguen dialogando”; un lugar capaz de ayudar al visitante a comprender que la tradición islámica también forma parte del patrimonio espiritual y cultural de Europa.

Charles de Foucauld: el santo que sembró una semilla de fe en tierras africanas

CHARLES

Majo Frias

La semilla que él no logró ver germinar, hoy da frutos en África; concretamente, en Argelia, ciudad en la que vivió a principios del siglo pasado, y en la que recientemente los católicos se congregaron en torno al sucesor de PedroCopiar el enlaceArchivar artículo

Desde el 13 de abril, el Papa León XIV ha recorrido el continente africano, visitando a las comunidades católicas de cuatro países. El primero de ellos fue Argelia (13-15), país que, en 1901, vió llegar a un sacerdote recién ordenado, deseoso de ir por “las ovejas perdidas”: Charles de Foucauld.

Tras una juventud desordenada, Charles vivió una dramática conversión al catolicismo, marcada por el estudio y la oración. Tras llenar su corazón de amor por Jesús, decidió ser sacerdote, vivir el silencio y dedicar su vida a llevar el Evangelio a las comunidades musulmanas más remotas del desierto.

El llamado al Sahara

En 1990, Charles escribió: “Sabiendo por experiencia que no había ningún pueblo más abandonado que los musulmanes de Marruecos, del Sahara argelino, pedí y obtuve el permiso de ir a Béni Abbès, pequeño oasis del Sahara argelino cerca de la frontera de Marruecos”.

Fue así como el 28 de octubre de 1901 llegó a Argelia. Tras su llegada, Charles pasaba largas horas delante del santísimo y acompañando a esclavos, pobres, enfermos y soldados. 

Sin embargo, su misión iba más allá de caminar junto a ellos y denunciar los males de su tiempo -como la esclavitud y la opresión-. Él deseaba establecer “un pequeño convento de monjes fervientes y caritativos, que amen a Dios con todo su corazón y al prójimo como a ellos mismos”. Pero esa misión no se concretó durante su vida. Nadie se unió a él en el desierto y vivió “siempre solo”.

Charles de Foucauld.

En 1903, el obispo del Sahara le propuso ir con los Tuaregs, al corazón del desierto. Él aceptó con gozo, “dispuesto a ir hasta el fin del mundo y a vivir hasta el juicio final…”

En esta misión, Foucauld tuvo la dicha, como él mismo lo escribió, de colocar por primera vez, en zona tuareg, la Santa Reserva en el Tabernáculo. Su tiempo estuvo dedicado a rezar, conocerlos y estudiar su idioma y cultura. 

Al tiempo, dominando la lengua, se propuso crear un diccionario de la lengua Tuareg al francés (aún considerado una referencia) y a traducir los evangelios a esta lengua. “Es para mí un gran consuelo que sea su primer libro el de los Santos Evangelios”, escribió.

De esta forma, Charles no solo los estudió durante 12 años; sino que los amo. Se convirtió en un servidor y hermano. Los consideraba sus amigos y reconoció que ellos le daban “las mayores alegrías y consuelos”.

Frecuentemente, en sus oraciones, Foucauld pedía por la conversión de estas almas y por la santificación de la región:

“¡Envía santos y numerosos obreros y obreras evangélicos a los Tuaregs, al Sahara, a Marruecos, a todas partes adonde sean necesarios; envía santos hermanitos y hermanitas del Sagrado CORAZÓN, si es tu Voluntad!” 

En otra ocasión, escribió: “Esta África, esta Argelia, estos millones de no cristianos reclaman tanto la santidad que solamente podrá obtenerles su conversión; recen para que la Buena Noticia llegue y que los últimos llegados se acerquen finalmente al pesebre de Jesús, para, también, adorarlo”. 

Una fe más grande que cualquier desierto

Estas súplicas tardaron un tiempo en ser escuchadas, pues a pesar de los años que vivió entre ellos, no pudo ver un solo fruto de conversión.

En alguna ocasión, el hermano universal escribió:

“¿Hace algún bien mi presencia aquí? Si la mía no lo hace, la presencia del Santísimo Sacramento lo hace ciertamente y mucho. Jesús no puede estar en un lugar sin irradiar. Además, el contacto con los oriundos del lugar, hace desaparecer poco a poco sus prevenciones y prejuicios. Es muy lento, muy poca cosa; rece para que su hijo haga un mayor bien, y que mejores obreros que él vengan a desbrozar este rincón del campo del Padre de familia». 

Más adelante, también registró: “¡Mañana se cumplirán diez años de que digo la Santa Misa en la ermita de Tamanrasset! (sur de Argelia, nota del editor) ¡y ni un solo convertido! Hay que rezar, trabajar y esperar.” 

Fruto de la guerra que se vivía en Europa y algunas regiones de África, Charles de Foucald fue violentamente asesinado el 1º de diciembre de 1916, sin haber nunca celebrado una misa multitudinaria, sin haber fundado una comunidad de religiosos o ver crecer la fe católica en estas poblaciones musulmanas por las que entregó su servicio y oraciones durante los últimos 15 años de su vida.

Sin embargo, como el grano de trigo que muere y da mucho fruto, así fue Charles y su testimonio de vida.

BŁ. KAROL DE FOUCAULD

Después de su muerte, numerosas órdenes tienen su base en su “espiritualidad del desierto”. Hoy existen 20 grupos, con más de 13.000 miembros a través del mundo, que forman parte de la Familia Espiritual de Charles de Foucauld; es decir, 20 congregaciones y asociaciones que lo consideran su fundador o que están mayormente inspirados en él. El 15 de mayo de 2022, fue canonizado por el Papa Francisco.

Hoy, en 2026, el Papa León XIV se convierte en el primer pontífice en visitar Argelia y celebrar la santa Misa con la comunidad católica de esta región. Un país en donde el 98% de la población aún se identifica como musulmana, pero cuyo 2% católico le debe a Charles -y a los muchos que han venido después de él- esa semilla de la fe que fue plantada y que hoy comienza a dar frutos.

Y su recorrido por África -marcado por la fraternidad, el diálogo interreligioso y el espíritu misionero que distinguieron a Charles deFoucauld- nos remite al deseo una vez expresado por el hermano universal:

Ver, en estas tierras africanas, «una pequeña familia que imite tan perfectamente las virtudes de JESÚS, que todos, en los alrededores, se sientan llamados a amar a JESÚS!”

Quizá San Charles no vio una sola alma convertida en África, pero la misión recibida por Dios era real; y hoy, da frutos, no solo en Argelia, sino en el mundo.

https://es.aleteia.org/2026/04/21/charles-de-foucauld-el-santo-que-sembro-una-semilla-de-fe-en-tierras-africanas/

Lucena, la perla de Sefarad

Pati de la Casa de Sefarad a Còrdova

Fotografia: Patio de la Casa de Sefarad en Còrdova. Wikimedia Commons sota llicència C. C. 4.0

 Necròpolis jueva visitable al municipi de Lucena.
Fotografia: Necròpolis judía visitable en el municipio de Lucena. Wikimedia Commons sota llicència C. C. 4.0.

Alba Martorell Cid

Lucena era conocida como la perla de Sefarad, fue uno de los grandes centros del judaísmo medieval en al-Ándalus

Lucena era conocida en hebreo como Eliossana y fue una excepción dentro de la Europa medieval. Situada entre las actuales Córdoba y Málaga, durante los siglos IX y XII se convirtió en uno de los principales centros intelectuales del judaísmo occidental. En ese período, su población era mayoritariamente judía y la vida religiosa, cultural y económica giró alrededor, alcanzando un prestigio extraordinario.

Hoy, Lucena no es un sitio de peregrinación comparable a Jerusalén o Safed; sin embargo, es un destino cargado de significado para los sefardíes —o cualquier persona con interés histórico—, que descubren una parte esencial de sus raíces. Los vestigios arqueológicos, la antigua necrópolis judía y la memoria de los grandes sabios que vivieron allí la convierten en un espacio de recuerdo y reencuentro.

Una ciudad judía en el al-Ándalus

El origen de la comunidad judía de Lucena se remonta a los primeros siglos de dominio islámico de la Península Ibérica. Bajo los emires y, posteriormente, el califato de Córdoba (s. X-XI), la ciudad creció hasta convertirse en un importante centro comercial y artesanal.

Aunque los judíos y los cristianos eran considerados como dhimmís, es decir, comunidades protegidas pero jurídicamente subordinadas a los musulmanes —pagaban impuestos específicos (la jizya), tenían ciertas limitaciones legales y no gozaban de una igualdad plena— muchos prosperaron extraordinariamente y acabaron ocupando cargos relevantes en el ‘en la’.

De hecho, fuentes medievales explican que Lucena era una ciudad singular porque prácticamente toda la población era judía, mientras que musulmanes y cristianos residían sobre todo de forma temporal por motivos comerciales o administrativos. Esta realidad favoreció una vida religiosa especialmente intensa y una notable autonomía comunitaria.

Un gran centro de estudio

La fama de Lucena se debe, en gran medida, a su academia rabínica, considerada una de las más prestigiosas del mundo judío medieval. La ciudad acabó siendo un punto de encuentro para estudiantes procedentes de diferentes territorios de al-Ándalus y del norte de África, que acudían para profundizar en el estudio de la Torá, el Talmud y, especialmente, la ley judía.

Lucena influía en las comunidades de todo el Mediterráneo, ya que desde allí se emitían dictámenes legales que llegaban a todas partes. Entre sus maestros más reconocidos encontramos el rabino Isaac al-Fasi —en referencia a Fez, de donde era originario. Considerado una eminencia en ley judía, dirigió durante años la prestigiosa academia rabínica. Su obra más influyente fue una síntesis del Talmud centrada en los aspectos jurídicos, que facilitó enormemente la aplicación de la halaká, el conjunto de normas que rigen la vida religiosa de los creyentes. Su aportación marcó profundamente el derecho judío y todavía hoy sigue siendo estudiada en muchas y salvo.

En Lucena también enseñó Isaac ibn Ghayyat, rabino y poeta. Destacó tanto por sus estudios sobre el Talmud y la halakhá como por su producción litúrgica: algunos de sus poemas religiosos (piyyutim) aún forman parte de la oración de determinadas comunidades. Tras la muerte de al-Fasi, ibn Ghayyat se convirtió en una de las principales autoridades rabínicas de Lucena y contribuyó decisivamente a consolidar el prestigio intelectual de la ciudad.

Sin embargo, la influencia de al-Fasi fue mucho más allá: sus obras serían estudiadas y citadas por grandes autoridades posteriores como Maimónides y, siglos más tarde, Joseph Karo, autor del Xulhan Arukh, uno de los principales códigos de la ley judía.

El esplendor de Sefarad

La época de máxima prosperidad de Lucena coincide con lo que a menudo se llama la edad de oro del judaísmo sefardí. Junto a ciudades como Toledo, Córdoba o Gerona, Lucena formaba parte de Sefarad, el nombre hebreo con el que, desde la Edad Media, los judíos identificaron la península Ibérica.

En este territorio floreció una de las etapas más fecundas de la historia del judaísmo, con destacadas escuelas rabínicas y figuras primordiales de la filosofía, la poesía, la medicina y el derecho. Este desarrollo fue posible gracias a la estrecha relación entre las tres culturas: la hebrea, el árabe y la latina.

Sin embargo, el esplendor no llevará eternamente. A partir del siglo XII, la irrupción de los almohades alteró profundamente la situación de los judíos de al-Ándalus. Las nuevas autoridades impusieron una política religiosa mucho más estricta, que obligó a numerosas comunidades a convertirse en el islam, emigrar o abandonar sus ciudades.

Muchos judíos se dispersaron por otros territorios de la península o del Mediterráneo. Con el paso de los siglos, la presencia judía disminuyó, y el recuerdo de esa gran comunidad quedó casi borrado tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492. Sefarad dejó de ser sólo un topónimo para convertirse en un símbolo. Todavía
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La Catedral de San Pedro de Ginebra, los orígenes del calvinismo

Alba Martorell Cid

otografía Vista de la catedral de Ginebra desde el lago Lemán
Fotografía: Vista de la catedral de Ginebra desde el lago Lemán. Camba bajo licencia CC

a Catedral de San Pedro de Ginebra, testigo de grandes transformaciones religiosas, destaca por su papel en la historia del calvinismo

La aguja puntiaguda de la catedral de San Pedro despunta sobre la ciudad de Ginebra desde hace más de nueve siglos. Desde allí, la mirada se extiende sobre los tejados de la ciudad, donde en los pies reposa el lago Lemán. El paisaje lo enmarcan el Jura, el Salève y los Alpes, con el Mont Blanc presidiendo el horizonte cuando el tiempo acompaña.

Este templo ha contemplado las grandes transformaciones religiosas de Europa. Primero fue la sede de los obispos católicos de Ginebra; después, se convirtió en uno de los símbolos más universales de la Reforma protestante. Hoy es la sede del ecumensime por excelencia. Un lugar de culto vivo y un destino de referencia para miles de visitantes atraídos tanto por su patrimonio arquitectónico como por su profundo significado espiritual.

De los orígenes católicos a la Reforma

La historia del sitio se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Las excavaciones arqueológicas han puesto al descubierto los restos de un conjunto episcopal de los siglos IV y V, que atestiguan la antigüedad de la comunidad cristiana de Ginebra. La catedral actual empezó a construirse en el siglo XII en estilo románico, aunque a lo largo de los siglos incorporó numerosos elementos góticos y, posteriormente, una fachada neoclásica que le confiere el aspecto actual.

Durante casi cuatrocientos años fue la sede del obispo de Ginebra. Pero su destino se transformó radicalmente en la primera mitad del siglo XVI. En un contexto de fuertes tensiones políticas y vuelcos religiosos, el obispo Pierre de La Baume abandonó la ciudad en 1533 y trasladó su residencia primero a Gex y después a Annecy.

Tres años más tarde, el 21 de mayo de 1536, Ginebra adoptaba oficialmente la Reforma protestante y la catedral pasaba a formar parte de la nueva Iglesia Reformada. Las imágenes, los altares laterales y buena parte de la decoración medieval fueron retirados, de acuerdo con la voluntad de los reformadores de hacer hincapié en la predicación de la Palabra y en una liturgia más austera.

La catedral de Juan Calvino

Si hay una figura inseparable de San Pedro de Ginebra es la de Joan Calví. El reformador francés llegó a la ciudad en 1536, poco después de que Ginebra se hubiera adherido a la Reforma. Ese mismo año Calvino había publicado  Institución de la religión cristiana . Inicialmente, había ido sólo de paso, pero el reformador Guillermo Farel le convenció para que se quedara y le ayudara a organizar la nueva Iglesia.

Sus propuestas de reforma provocaron tensiones con las autoridades civiles, especialmente por la cuestión de la disciplina eclesiástica y control sobre la vida religiosa de la ciudad. El Consejo de Ginebra, formado por magistrados civiles que habían asumido buena parte de las antiguas funciones del obispo, quería mantener el control político sobre el municipio. Calvino, en cambio, defendía una mayor autonomía de la Iglesia para regular la vida religiosa de los creyentes. Estas desavenencias acabaron provocando su expulsión en 1538.

Durante los tres años siguientes, Calvino vivió en Estrasburgo, donde ejerció como pastor y profundizó en su pensamiento teológico. Aquel período de exilio fue decisivo para su formación y para la elaboración de su obra. En 1541 regresó definitivamente a Ginebra, aceptando las competencias de la autoridad civil, pero instaurando una figura propia del modelo ginebrino: el Consistorio, un organismo en el que participaban pastores y laicos que supervisaban la disciplina religiosa.

Durante más de dos décadas, Calvino predicó regularmente desde el púlpito de la catedral -aún se conserva una silla de madera sencilla, desde donde se dice que lo hacía-. Sus ideas se extendieron por todo el continente gracias a pastores y estudiantes que acudían para formarse. Poco a poco, el pensamiento calvinista influyó en las iglesias reformadas de Francia, Países Bajos, Escocia, Hungría y, más adelante, de Norteamérica. Por ese motivo, Ginebra llegó a ser conocida como «la Roma protestante».

Los lugares más emblemáticos del calvinismo

Quien llega hoy a San Pedro lo hace, principalmente, movido por el deseo de conocer los orígenes de una tradición cristiana que ha tenido una influencia decisiva en la historia de la educación, la política, la cultura y el pensamiento occidental.

Aparte de la catedral, es habitual visitar otros espacios vinculados a la Reforma, como el Auditori de Calví, un antiguo lugar de reunión y predicación de la comunidad reformada. También destaca el Museo Internacional de la Reforma, que conserva su memoria del movimiento religioso.

Según el párroco y teólogo  Antoni Matabosch , otro lugar imprescindible es la sede del Consejo Mundial de Iglesias, situada en la Route de Ferney. De la misma forma, también es ineludible la Universidad de Ginebra, fundada por Joan Calví y hoy especialmente reconocida por sus estudios en el ámbito de las relaciones internacionales y la diplomacia.

A poca distancia, el Muro de los Reformadores recuerda a los principales referentes del protestantismo, con esculturas de Joan Calví, Guillem Farel, Teodoro de Beza y John Knox. Construido a principios del siglo XX, el monumento lleva inscrita la divisa  Post Tenebras, Lux (“Después de las tinieblas, la luz”), una expresión que simboliza la interpretación que los reformadores hacían de su propio movimiento.

Cada año, grupos parroquiales, estudiantes, teólogos y visitantes diversos llegan para profundizar en la historia de la Reforma y participar en celebraciones o encuentros de reflexión y oración. La catedral sigue acogiendo el culto dominical, así como conciertos, conferencias y actividades culturales. Además, los restos arqueológicos bajo el templo permiten recorrer casi dos mil años de historia cristiana, mientras que la subida a las torres ofrece una de las panorámicas más sobrecogedoras sobre la ciudad y el lago.

Ginebra, ciudad ecuménica

Aunque es uno de los grandes símbolos de la Reforma, Ginebra participa hoy de un contexto muy diferente al del siglo XVI. Según  Matabosch , la ciudad es una de las capitales mundiales del ecumenismo porque el Consejo Mundial de Iglesias tiene su sede desde su fundación oficial, en el año 1948, aunque ya mantenía una oficina desde 1939. Actualmente, forman parte unas 245 iglesias de todo el mundo, hecho más que el mundo, hecho más que el mundo.

Antonio recuerda que el movimiento ecuménico moderno tiene sus raíces en la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo de 1910, cuando cerca de 1.500 misioneros protestantes asumieron el compromiso de trabajar por la unidad de los cristianos. La división, explica  Matabosch , dificultaba el anuncio del Evangelio, tal y como ya expresa el Evangelio de Juan: «que todos sean uno». Con el tiempo, este impulso inicial se amplió al diálogo doctrinal, la acción social y la oración compartida. La Iglesia católica se incorporaría plenamente a raíz del Concilio Vaticano II, especialmente con el decreto  Unitatis Redintegratio (1964).

En este contexto, la catedral se ha configurado como espacio de encuentro. A lo largo del año acoge actos ecuménicos y visitas de cristianos de tradiciones muy diversas. Para  Matabosch , San Pedro «mantiene un profundo valor simbólico tanto para los cristianos reformados como para los católicos». No es tanto un lugar de veneración del pasado, sino más bien un espacio que sigue interpelando sobre «la unidad de los cristianos y el papel de la Iglesia en el mundo contemporáneo».

No es una afirmación sólo académica. El propio  Matabosch reconoce que la ciudad también ha marcado su propia trayectoria: «Es el lugar donde me formé en ecumenismo, en el Instituto Ecuménico de Bossey, dependiente del Consejo Mundial de Iglesias y de la Universidad de Ginebra. He trabajado durante muchos años, he hecho grandes amistades y he asistido a las amistades de Iglesias”. «Le debo muchísimo», concluye. Esta experiencia personal resume bien lo que sigue representando a Ginebra para muchos cristianos: no sólo el recuerdo de una división histórica, sino el anhelo de trabajar intensamente para reconstruir la unidad, como ya sucede desde hace más de un siglo.

LA PEQUEÑA HERMANA MAGDELEINE

Los datos externos de la vida de la Hermana Magdaleine (Hutin) se pueden resumir en tres etapas: su infancia y Juventud, su seguimiento de la espiritualidad de Carlos de Foucauld, y su actividad como Fundadora de las Hermanitas de Jesús.

Nace en París el 26 de abril de 1898. A causa de la guerra se educa también en España (San Sebastián) y en Italia (San Remo). De los veinte a los treinta años sufre una grave enfermedad de pleuritis. De 1928 a 1936 ejerce como directora de un Colegio en Nantes.

Atraída por la figura de Carlos de Foucauld, cuya primera biografía se publica en 1921 y ella conoce en la casa paterna, viaja a África y se establece cerca de Argel. En 1938 peregrina a la tumba de Carlos de Foucauld en El Golea y encuentra providencialmente a René Voillaume. Empieza una experiencia de vida religiosa para seguir las huellas del Hermano Carlos. Hace su noviciado con otra hermana en las Franciscanas Misioneras de María y redacta las Constituciones de la futura Congregación. El 8 de septiembre hace sus votos; una fecha que se considera como el principio de la nueva Congregación, y un mes mas tarde funda la primera fraternidad en pleno desierto, ba^o una tienda de nómadas, una de sus ilusiones de un nuevo estilo de vida religiosa. Propaga en Francia su ideal en los años siguientes, en medio de la guerra. En 1942 hace los votos perpetuos. En 1944 llega a Roma y obtiene la primera audiencia con el Papa Pío XII, que apoya su ideal de vida. En 1946 percibe la vocación universal de las Pequeñas Hermanas de Jesús y su inserción en medios pobres, superando la total dedicación inicial al Islam que parecía ser la inspiración exclusiva de Carlos de Foucauld.

En los años que siguen, después de la segunda guerra mundial, la Hermanita Magdaleine da un impulso universal a la Congregación que en 1947 es aprobada por el Obispo de Aix-en-Provence. Ya en 1949 deja el gobierno general de la Congregación, pero sigue siendo la animadora de la expansión universal con fundaciones de fraternidades obreras, entre los gitanos y los pastores. Con intuición profética extiende las Fundaciones en contacto con las Iglesias orientales católicas y ortodoxas en el Líbano; más tarde se extienden las fundaciones por América del Norte y del Sur. Viaja mucho y penetra en las naciones que entonces están todavía bajo el régimen comunista, tras el telón de acero, tanto en Europa como en Asia. Quiere llegar a los cinco continentes y llega de hecho a los confines de Rusia y de China. Es un momento de expansión y de crecimiento de la Congregación. La Hermana Magdeleine mira con simpatía los países del Este europeo. En 1964, la Congregación recibe el reconocimiento de derecho pontificio y pasa a depender de la Congregación de Religiosos, mientras anteriormente dependía, por los vínculos estrechados con algunas Iglesias del medio Oriente, de la Congregación para las Iglesias Orientales. En 1963 nacen las Hermanitas del Evangelio; se funda en 1970 la primera fraternidad ecuménica en Suiza y se aprueban definitivamente las Constituciones adaptadas al nuevo Código de Derecho Canónico en 1988. A la muerte de la Fundadora, en 1989, la Congregación cuenta con 1.350 hermanas y esta ya extendida en 65 naciones.

Hay una línea providencial que es el hilo de oro de la historia de la Hermana Magdeleine. Está marcada por la piedad de la familia y las muertes, enfermedades y contradicciones que vive en su familia desde la juventud, pruebas que la van curtiendo en el amor a los pobres y también en su amor por África. El encuentro con la figura y espiritualidad de Carlos de Foucauld acaece en la propia familia, gracias a la devoción que su padre tiene por este aventurero del desierto cuya biografía y escritos suscitan un movimiento de fervor en Francia en los años que siguen a la muerte del Hermano Carlos, por mérito de sus grandes amigos y propagandistas L. Massignon y R. Bazin. Como un grano de trigo que muere en el desierto el 1° de diciembre de 1916, el Hermano Carlos de Jesús, sin dejar un discípulo, empieza a brotar por doquier el interés por su persona, su obra y su espiritualidad.

La Hermanita Magdeleine, madurada por Dios en la pobreza y en la enfermedad, obligada a buscar el clima de África, teniendo en el corazón el ideal de Carlos de Foucauld, se siente en Argelia como en su tierra prometida y empieza a ver a Jesús en los rostros de los niños árabes. Atraída especialmente por los nómadas del desierto, sueña con una vida religiosa que pueda vivirse bajo una tienda del desierto. Hay una fecha carismática en este tiempo. Es su encuentro con el misterio de Jesús, cuando percibe que la Virgen María se lo entrega. Un Niño que es «luz, ternura y amor», una presencia de encarnación que la marca profundamente y marca también el arte y la vida de las Hermanitas de Jesús. Tras el encuentro, junto a la tumba de Carlos de Foucauld, con R. Voillaume y el Obispo Gustave Nouet, Padre Blanco, Prefecto Apostólico del Sahara, que la invita a hacer un año de noviciado y redactar las leyes de la futura Congregación, Magdeleine, fiel a lo que siente como una inspiración de la Iglesia, se pone manos a la obra. Quiere fundar fraternidades muy sencillas, sin el peso de las estructuras de la vida monástica de entonces, siempre en camino, dedicadas principalmente a vivir en los países del Islam. Madura su mística de la encarnación, atraída por la presencia de Cristo y por la imitación del gesto mariano de entregar a los hombres y mujeres de este mundo al Niño Jesús, en el misterio de la pobreza y de la Encarnación. Lo vive, lo escribe, lo representa con diversas formas artísticas. Jesús será el nombre que ella misma asume cuando hace los votos el 8 de septiembre de 1939. Tras el sueño del desierto, las dificultades de la guerra y el afluir de vocaciones nuevas y generosas en Francia, atraídas por la novedad y sencillez de esta fraternidad que esta naciendo, recibe la aprobación de Pío XII en 1946, y se le abren nuevos horizontes. Se fundan las primeras fraternidades obreras entre los gitanos y los pastores en 1949. La Fundadora sueña a lo grande, en medio de la sencillez, y piensa en fraternidades que se establecen entre los judíos en Jerusalén, entre los leprosos en Camerún y Vietnam, en Japón, China, Moscú, Estambul. Y los sueños se van realizando. Siente la vocación de presencia entre las Iglesias orientales del Medio Oriente, entre los judíos y palestinos de la Tierra Santa, pero piensa también en África central, en América del Norte y del Sur; realiza fundaciones entre las tribus indígenas de Brasil, de Australia, entre los pobres de Sri Lanka, con los esquimales del Polo Norte. Se va realizando el sueño de una universalidad dentro de la sencillez de la presencia de encarnación, de la variedad de las culturas y de los ritos, de la búsqueda de los más pequeños, los despreciados. Todo con un talante a la vez hondamente contemplativo y concreta mente enraizado en el trabajo de los pobres, con y como los pobres. Poco a poco la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús, con el sentido universal y concreto de Magdaleine, se hace presente en los límites de lo humano y da sentido de presencia y amor al Evangelio de los pobres. Cruza con frecuencia el telón de acero y dilata dentro de sus posibilidades los horizontes de una presencia amiga, sencilla, eclesial, con un sentido de universalidad y de inculturación profunda, según el espíritu de Carlos de Foucauld. Vive y vibra por los grandes problemas de la justicia, de la paz, de la unidad de la Iglesia, con un amplio espíritu ecuménico.

La autora de la primera biografía de la Hermana Magdaleine, Angélica Daiker, ha intuido cómo sus caminos espirituales han estado marcados por las etapas de Jesús en el Evangelio. Belén son las raíces con el encuentro decisivo de la Hermana Magdaleine con el misterio de Jesús en el pesebre. Galilea son los caminos de universalidad. Nazaret el estilo de vida, la levadura en la masa de la vida cotidiana, el trabado sencillo de los obreros y obreras, la contemplación y la adoración por tos senderos del mundo, la amistad como estilo de comunión y la preocupación por la vida como lo que más acerca a lo que es más divino y humano. De aquí la novedad del estilo de las fraternidades. Betania es la oración contemplativa, en adoración de la Eucaristía. Jerusalén es la plenitud, con las pruebas y gozos que nunca faltan en la vida de los Fundadores y Fundadoras. Roma es como su patria espiritual, la unidad y el amor a la Iglesia, la prueba segura de su catolicidad más acendrada, la obediencia y la comunión con el Papa como garantía de esa universalidad que es amor a la Iglesia universal, sentido de las iglesias particulares, amor por la dimensión ecuménica y apostólica, sentido de inculturación.

Toda una aventura que es interpretación creativa y dinámica del cansina de Carlos de Foucauld, bajo la guía del Espíritu Santo. Desde su estilo y su originalidad, como trata de ilustrar la autora de esta biografía, la herencia espiritual de la Hermanita Magdeleine responde a muchos retos de la Iglesia de nuestro tiempo, desde lo hondo de lo que se vive, sin ruido, como presencia de contemplación y de amistad, de cercanía y testimonio. Con una abertura de horizontes y una aceleración de la historia que se manifiesta precisamente por la presencia en las fronteras de los diálogos y de las situaciones culturales de pobreza y de lejanía de la Iglesia, allí donde las Hermanitas son presencia eclesial y mañana que ofrece la presencia de Jesús Salvador, el Niño de Belén.

Por los caminos de la Hermanita Magdaleine se cruzan personajes de la historia espiritual del siglo XX, presencias, de amistad y de consejo sereno en los momentos difíciles. Entre estas presencias recordarnos a Pío XII, Pablo VI, Juan Pablo II, a Rene Voillaume, a Mons. Charles de Provencheres, al Cardenal Eugenio Tisserant. Pero también la Madre Teresa de Calcuta, el sacerdote ortodoxo Alexander Men, asesinado en Moscú, Roger Schütz, Prior de Taizé8.

La documentación fotográfica que nos presenta el libro nos ayuda a recorrer los caminos de la Hermana Magdaleine desde su infancia por Francia, Argelia, Camerún, Nazaret, Bélgica, Brasil, Alaska, Rusia, China.

En los últimos años de su vida, la Hermanita Magdaleine ha vivido en su retiro de Tre Fontane los acontecimientos de la Iglesia, ha tenido el gozo recibir a Juan Pablo II en su casa. Roma fué para ella una patria espiritual, como lo fue el Sahara, la cuna espiritual del cansina de Carlos de Foucauíd, pero siempre con el corazón y con los pies de peregrina y viajera en el mundo entero, como reza el título del más conocido de sus libros que narra sus experiencias fundacionales.

La pequeña Hermana Magdaleine es una mujer excepcional, testigo de nuestra historia espiritual del siglo XX, pero a la vez protagonista de una dilatación del corazón de la Iglesia por el mundo entero, con una presencia y una espiritualidad que llevan el sello de lo evangélico -ésta es la fascinadora dimensión espiritual de Carlos de Foucauld y de sus seguidores y discípulos- y acercan a la verdad de lo cristiano en sus más hondas raíces humanas y divinas. Una presencia evangélica que no se puede olvidar, ahora que nos dejamos fascinar demasiado por las presencias fuertes y avasalladoras y por los entusiasmos conservadores de última hora, como si con ellos empezara la Iglesia a ser presencia en la sociedad. La memoria histórica de los testigos auténticos del Evangelio es motivo de esperanza y garantía de autenticidad de la presencia constante del Espíritu en la Iglesia. Y el mensaje evangélico de la Hermanita Magdaleine es de tal calado que no podemos echarlo en olvido, por su universalidad y su profundidad espiritual.

(J. Castellano, OCD)