Carlos de Foucauld, o «soñar con un mundo que sea eternamente ‘Jesús’

«Sus enseñanzas encajaban plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal»

«Nos sentimos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad»

«Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos»

07.06.2020

La ‘familia’ foucouldiana, desde sus diversas sensibilidades en España y en el mundo, ofrece sus correspondientes testimonios de búsqueda espiritual comunitaria, personal e inspirada en el hermano Carlos de Foucauld, a la luz de su anunciada canonización.

Asociación Familia Carlos de Foucauld en España

Hoy es un gran día de fiesta para nuestra Familia Espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y para los pobres en general. Hemos conocido la noticia justo el día de la celebración de Pentecostés, una de las fiestas vividas más profundamente por Carlos de Foucauld. El Espíritu lo fue guiando en su búsqueda al lugar más inhóspito y pobre, Tamanrasset. Allí forma una «Zaouïa» (Fraternidad), esta era su casa.

Siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. ¿»Hay alguna cosa más dulce en el mundo que hacer la voluntad de Aquel a quien se ama»?. Soñar para mañana un mundo que sea finalmente y eternamente «Jesús», su Modelo Único, practicando el apostolado de la bondad. La novedad de su mensaje es vivir Nazareth, vida humilde y pobre.

Las Fraternidades, que vivimos su carisma, generalmente queremos hacer en lo posible, la imitación de Nazaret en humildad, pobreza y «Dernière place» (último lugar); buscando el equilibrio entre Contemplación y Acción.

La acogida entre nuestras Fraternidades en unión como ramas de un mismo árbol. Queremos continuar el deseo de Carlos de Foucauld de ser una Fraternidad Universal. Nos comprometemos en nuestra sociedad, cada una en donde le ha tocado vivir, en compromiso con los más desfavorecidos que son nuestros hermanos.

Esta gran satisfacción y alegría que nos produce su canonización nos ayudará y nos dará fuerza para continuar viviendo nuestro Carisma en profundidad. Damos gracias a Dios por tan gran obra.

Comunitat de Jesús

La Comunitat de Jesús fue iniciada por el laico Pere Vilaplana a finales de los años 60. En septiembre de 1968, en la ermita de la Santa Creu, en la montaña de Montserrat, el monje ermitaño Estanislau Llopart recibía los compromisos de los primeros hermanos. Actualmente conformamos la Comunitat de Jesús 43 hermanos y hermanas: casados, solteros y un hermano consagrado en el celibato.Vivimos en diversas localidades de Catalunya, País Valenciano, Aragón y Baleares, cada uno en su domicilio. Uno de los inspiradores de nuestro carisma ha sido, y es, Carlos de Foucauld, así como Albert Peyriguère, seguidor también de Foucauld, en el Kbab (Marruecos) en los años 50. El conocimiento de ambos se gestó en las primeras biografías de Foucauld y en unas cartas de Peyriguère recogidas en “Dejad que Cristo os conduzca”.La visión en la etapa final de Foucauld de promover la encarnación del evangelio en el laicado, recuperando el modelo de Priscila y Aquila, también en el mundo occidental, y no solo en los países musulmanes, encajaba plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal.

Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld
Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld

Amigos en el Amigo, viviendo la vida de Nazaret en los entornos laborales, sociales y de Iglesia. Nuestro estilo de vida no tiene nada de particular: los mismos problemas, las mismas ilusiones, los mismos dolores, que cualquier ciudadano, pero con la inquietud de impregnarnos del proyecto del Dios-Amor, revelado en Jesús. Oración, trabajo del evangelio, formación con la ayuda de muchos, compartir la vida -en serio-, los bienes materiales según posibilidades, los espacios que posee la Comunitat de Jesús en el pueblo de Tarrés, Lleida, implicación en compromisos sociales y con la Iglesia, sin ninguna actividad apostólica predominante.La vinculación a la comunidad nos empuja a seguir creciendo, a no acomodarnos a los reclamos del mundo, tan tentador siempre. A sentirnos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad. Recibimos la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld desde la alegría de formar parte de su Familia Espiritual, desde los años 80. Esta familia, para nosotros, ha sido un soporte y una riqueza inmensa. Acogemos la canonización bajo el anhelo de que sirva para inspirar a otros en una vida encarnada en la sencillez, arraigada en la profundidad del silencio, que es Palabra, en la autenticidad del Amor, que es Proyecto, desde el anonimato que convive con todos, pero enfoca directamente a los más desfavorecidos, a los últimos de los últimos, como repetía Foucauld. Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos, y seguirá siendo espejo para reflejar la esencialidad de su enamorado, Jesús, la esencialidad del pan partido y encarnado entre los más humildes y en todo ser humano.

Espiritualidad
Espiritualidad

Comunidad ecuménica Horeb

El hermano Germán, regional de la CEHCF en Brasil, nos envía un whatsaap que dice así: «Estamos muy alegres por este acontecimiento anunciador de vida, vida plena para el mundo». La canonización del hermano Carlos de Foucauld es un acontecimiento de vida para la Iglesia y el mundo porque va en la línea del papa Francisco, que en palabras del obispo Pere Casaldàliga, quiere «una Iglesia vestida de Evangelio y calzada con sanda-lias». Foucauld puede ayudar a la Iglesia de hoy a «volver a Nazaret»: Una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, acogedora, a imitación de la santa Familia de Nazaret.

La CEHCF es una unión espiritual de personas que constituyen un «monasterio invisible en la comunión de los santos». Esta comunidad la integran personas que bajo Los consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, hacen el compromiso ecuménico de pedir todos los días por la unión de los cristianos y que las Iglesias, Religiones y las Naciones se dejen conducir por el Espíritu de Jesús, el Cristo.

La CEHCF fue fundada, como lugar físico de acogida y oración en 1978, por José Luis Vázquez Borau, en el Poblado de Sn Francisco de Huercal-Overa (Almería), con la bendi-ción del obispo de entonces Don Manuel Casares Hervás, y funcionó hasta 1982, que tu-vieron los hermanos y hermanas que dispersarse por diversas circunstancias. Pero en Pentecostés de 2006 la CEHCF recibió un nuevo impulso constituyéndose Fraternidades Horeb por todo el mundo.

Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld
Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld

Fue reconocida ad experimentum como Asociación privada de fieles el 19 de junio de 2014, por el cardenal de Barcelona Mons. Luis Martinez Sistach y el 20 de junio de 2018 el Cardenal Juan José Omeya Omella, arzobispo de Barcelona, firmó el decreto de constitución definitiva de la misma como Asociación privada de fieles. El año 2020 la CEHCF ha sido acogida en la Asociación Familia Foucauld España. En la actualidad hay presencia de la CEHCF en quince países del mundo.

Fraternidad Carlos de Foucauld

Al llegarme la noticia de la Canonización del hermano Carlos de Foucauld, tuve una sensación muy dispar, de alegría, cómo no, pero al mismo tiempo de desconcierto, ¿y ahora qué?. Veníamos hablando en la Asociación de la Familia del Hermano Carlos, de esta posibilidad, especialmente desde la beatificación y siguiendo aunque de lejos los trabajos de la Comisión encargada de ese proceso. Después de la impresión inicial… Me surgía la pregunta: Carlos de Foucauld, ¿qué diría ahora?

«Si el grano de trigo no muere….». La primera constatación es, ¿cómo un hombre que deseó ardientemente vivir su experiencia con otros hermanos, que se pasó elaborando estatutos de una Asociación que nunca fue reconocida, a su muerte ha podido generar tantos grupos y formas de vivir el seguimiento de Jesús, en el camino que éste hombre inquieto y siempre en búsqueda inició solo en el desierto?

Carlos de Foucauld, a los altares
Carlos de Foucauld, a los altares

La Fraternidad Carlos de Foucauld, Asociación de Fieles Laicas, es una de ellas, a la que pertenezco: «Está constituida por mujeres que optan por vivir el Absoluto de Dios, en el celibato, según el carisma se Carlos de Foucauld» Es en la vida cotidiana donde los miembros de la Fraternidad, viven su entrega a Dios en libre opción de trabajo, compromisos y formas de vida «. La segunda, ¿podremos sustraernos al «montaje «que toda Canonización lleva….? Seremos capaces, de vivir éste acontecimiento, como un reto para actualizar el mensaje, vivir en profundidad las intuiciones que nos enamoraron de su mensaje, en definitiva: «Volver al Evangelio, ser hermanos universales, en nuestro Nazaret de cada día. Si es así, ¡bienvenida canonización!

Fermina

Fraternidad sacerdotal Iesus Caritas

Hace unos días recibíamos la buena noticia de la próxima canonización del Hermano Carlos de Foucauld. La noticia ha llegado, curiosamente, en esta etapa de confinamiento por el coronavirus. Y, quizá, por ese motivo ha supuesto una sorpresa. Evidentemente, una sorpresa agradable. En tan pocos días no ha sido posible contactar con todos los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal pero, el sentir general, con los que he podido compartir, es de alegría y agradecimiento.

Espiritualidad tras Carlos de Foucauld
Espiritualidad tras Carlos de Foucauld

Ese día fueron continuos los mensajes de alegría por parte de los hermanos sacerdotes, así como la comunicación de los distintos ecos que la noticia estaba provocando en la prensa. También hay que subrayar las palabras de felicitación por parte de muchos de nuestros feligreses, sabedores de que nuestra espiritualidad sacerdotal se nutre de la vida y el estilo del hermano Carlos. En este sentido, estoy convencido de que muchos de nosotros habremos recibido mensajes y llamadas de nuestras distintas comunidades parroquiales para felicitarnos. Yo puedo compartir algo de mi experiencia, en ese sentido. Alguna feligresa de mi parroquia, del centro de Valencia, nada más conocer la noticia, la puso en el grupo de whatsapp que tiene la parroquia. Inmediatamente, la comunidad empezó a manifestar su alegría por esta gran noticia, dándome la enhorabuena.

Uno intenta no “condicionar” demasiado a la gente, en sus devociones y en sus santos. Pero, es evidente que, al final, si uno vive la espiritualidad del hermano Carlos, de una forma o de otra, eso lo transmite, lo contagia. En esa reacción inmediata de los feligreses de mi parroquia entendí que, en el poco tiempo que camino con ellos, han captado cuáles son mis fuentes de espiritualidad. No se han quedado, solamente, con la felicitación. Alguien ha propuesto, con la aceptación y el aplauso de todos, que un servidor ofrezca unas charlas o un curso sobre la vida y la espiritualidad del hermano Carlos, porque lo conocen poco. Evidentemente, no puedo decir que no. Tienen derecho a conocer quién es Carlos de Foucauld y por qué la Iglesia lo considera santo.

Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld
Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld

Yo diría, al respecto de la anécdota de mi parroquia, que la próxima canonización del hermano Carlos debe despertar, no sólo la alegría inmensa de que la Iglesia reconozca en su vida un camino de santidad sino, también, la responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos y su espiritualidad. Entre otras cosas, porque estamos convencidos de que su espiritualidad de Nazaret no es algo del pasado, sino que sigue teniendo mucha actualidad.

Nazaret proporciona un estilo de presencia y de evangelización que tiene mucho que ver con esa llamada constante y permanente del Papa Francisco a ser cristianos y comunidades “en salida”. Cuanto más profundizamos en la espiritualidad de Carlos de Foucauld más nos damos cuenta de su actualidad. Y, quizá, éste puede ser un buen momento para darla a conocer. Nosotros, como sacerdotes diocesanos; otros miembros de la familia del hermano Carlos, desde su carisma. No cabe duda de que, durante mucho tiempo, hemos sido parcos o tímidos a la hora de hablar del hermano Carlos. Al menos, a mí me lo ha parecido. Pero, si estamos convencidos de que su espiritualidad tiene algo o mucho que aportar a la Iglesia y al mundo de hoy, no podemos privar al Pueblo de Dios, de la vida y el testimonio de un santo que supo encarnar el evangelio, a Jesús mismo, en un contexto difícil, adverso. Su estilo tiene mucho que aportar a la Iglesia de hoy. Como sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, no podemos sino alegrarnos de la noticia, dar gracias a Dios, y traducir nuestra alegría y agradecimiento, no sólo en un estilo de vida, sino en un modo de hacer llegar a nuestra gente la vida y el testimonio del hermano Carlos. Ojalá acertemos. Un fuerte abrazo y felicidades a toda la Familia de Carlos de Foucauld.

Aquilino Martínez

«La responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos»

Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia

«Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él». Ese es el absoluto que descubre el hermano Carlos. Y que sitúa a todo lo demás y a cada persona, como criatura. Y nos ayuda a no asumir protagonismos que no nos corresponden. De ahí el abandono, la adoración, la acción de gracias, el último lugar. Su profetismo nace de ese descubrimiento del Amor de Dios que le lleva al apostolado de la amistad, a Nazaret.

Fue testigo del amor de Dios y su muerte tal vez se debió al miedo y la confusión de un joven… No la entregó en defensa de su fe. Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo. Los milagros pueden parecer un «poner a prueba» a Dios. Tal vez sea momento de revisarlo. Pero agradecemos sus intuiciones y testimonio, que nos ha abierto caminos de conversión y de vida fraterna.

Como parte de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia quiero destacar su figura como una persona que supo ser profeta sin pretenderlo, legándonos una espiritualidad basada en el abandono propio y aceptación de un Dios que es visible y cercano en todas las criaturas que habitan nuestro mundo. Y no pretendo representar a la totalidad sino mostrar el testimonio agradecido de esa riqueza en la diversidad que representa la Fraternidad.

«Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo»

Desde lo cotidiano nos sentimos llamadas a recrear la Iglesia con sus grandes y pequeñas contradicciones. Porque nos sabemos acompañadas por esa multitud de testimonios de vida, comunión de santas que ejerciendo su libertad, han hecho crecer el Reino encarnando el Evangelio. Agradecemos al Hermano Carlos y a todas las personas que acogieron la Fraternidad Universal. Es vía para saberse hermana e hija, para compartir con quien sabemos que nos ama y afrontar así nuestras miserias y limitaciones, como personas y como sociedad. Nos despierta a la presencia en lo cotidiano, en la bondad pequeña, en las relaciones, en la acción política y sindical. Nos lleva a la creatividad para encarnar la Palabra, al encuentro en la amistad y la fraternidad como espacio de lucha personal por la coherencia. A la Eucaristía, acción de gracias y alimento, en la que compartimos la vida y nos abrimos al Espíritu. A vivir en los márgenes, situarnos en la periferia, acompañadas por el respeto, la libertad y el cariño. Nos alegramos que las intuiciones del Hermano Carlos sean compartidas y valoradas aunque su canonización no añade nada a nuestra experiencia de fe. Nos gustaría alimentar gestos plenos de significado y esperanza para esta sociedad del siglo XXI, que dieran testimonio de esa lectura del Evangelio encarnada en la vida, que es la fe cristiana. Queremos manifestar que nos sentimos agradecidas porque su vida y la obra que nos legó nos sirven como guía en nuestro camino como personas a las que un día sedujo el evangelio de Jesús de Nazaret.

Isabel Zacarés Escrivà

Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld
Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld

Hermanitas de Jesús

Me han pedido un pequeño escrito en nombre de las Hermanitas de Jesús, pero no es esta mi intención, porque creo que hay tantas maneras de reaccionar a la noticia de la canonización del Hermano Carlos como Hermanitas existen en el mundo… Voy a hablar por mí. Estoy en la Fraternidad hace muchos años, desde el pos-Concilio, y lo que me atrajo fue la figura de Carlos de Foucauld, tal como la descubrí en algunos libros y en el testimonio de unas hermanitas que conocí por casualidad. Estaba enamorada de la persona de Jesús y deseaba seguirle en la vida religiosa, pero no sabía dónde… Al conocer al Hermano Carlos intuí que había en él una trayectoria de verdad evangélica, de las bienaventuranzas, donde la contemplación de la Encarnación me llevaba de la mano a compartir mi suerte con la de los más pobres y marginados. Y esto me pareció concretizar de manera bien clara las orientaciones que acabábamos de recibir del Concilio Vaticano II.

Por esto me decidí por la Fraternidad. Mi vida ha sido de altos y bajos, con mucha fragilidad y bastantes huidas, pero con la presencia (muchas veces apenas presentida) de este Jesús descubierto en la juventud, y que ha continuado acompañándome por los caminos del mundo.

Hoy Carlos de Foucauld es reconocido “santo” oficialmente por la Iglesia. ¡No es que no lo fuera ya! A mí casi me gusta más como “santo de la puerta de al lado” que como “santo en los altares”… Las canonizaciones en general me dejan un poco fría. Pero me sorprendo a mí misma alegrándome de verdad con esta celebración, por lo que el “nuevo santo” representa:

Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld
Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld

Creo que es muy importante para toda la Iglesia actual, tan amenazada de retrocesos y de cierre sobre sí misma, que se reconozca en Carlos de Foucauld uno de los paradigmas de una nueva forma de situarnos como discípulos y discípulas de Jesús en este cambio de época: maravillado por la cercanía de Dios, por lo concreto de la Encarnación (Nazaret), precursor de una nueva forma de evangelización por la presencia y la amistad, tejedor de relaciones impregnadas de un profundo respeto por cada ser humano, de cualquier pueblo, cultura, religión… En resumen: un hombre clave.

Josefa Falgueras

Hermanos del Evangelio

Como congregaciones religiosas bebemos de la intuiciones de Carlos de Foucauld que se inspiran en la vida de Jesús en Nazaret. En ese pueblo perdido de Galilea Jesús creció y pasó la mayor parte de su vida y estamos seguros que esto marcó profundamente su manera de actuar y anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Nuestra vocación está marcada por la amistad y el compartir la vida de la gente sencilla, en el trabajo, en el barrio, en sus luchas y alegrías, en sus penas y debilidades… Esa vivencia atraviesa y marca nuestra oración. A través de ese estilo de “Nazaret”, desde lo cotidiano, desde lo sencillo y pequeño, muchas veces aparentemente inútil y poco relevante, esperamos que pueda traslucirse ese gran amor que Dios nos tiene a toda la humanidad.

Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos. El revuelo y el boato que suelen acompañar estos acontecimientos no están en nuestra genética. Más bien tenemos una tendencia innata a huir de ello.

La noticia de la próxima canonización nos llena de alegría, porque estamos convencidos que las intuiciones del hermano Carlos, su modo de relacionarse con su “bien amado hermano y Señor Jesús”, su manera de vivir el “apostolado de la bondad”, son una verdadera riqueza para nuestro tiempo. En una época de cierta globalización por un lado y un peligro de repliegue sobre sí mismo por otro, Carlos, el hermano universal, nos invita a ser hermano de todos y todas, sin distinción… En tiempos saturados de ruidos y palabras, de ídolos y estrellas, Carlos nos invita a redescubrir la importancia de lo pequeño, la sencillez, lo silencioso… En las tensiones que surgen a veces entre las religiones el camino de Carlos -que recuperó la fe de su infancia gracias a la impresión que le causó la fe en el mundo musulmán- nos abre al respeto mutuo en el diálogo interreligioso…

«Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos»

¿Es el momento del anuncio de su canonización una casualidad? Durante esos meses de pandemia, muchos creyentes nos hemos quedado sin poder asistir físicamente a la eucaristía. Carlos, en su empeño de ir hacia los más pobres y alejados, se puso en tal situación que durante meses estuvo privado de poder celebrar la misa… ¡Curiosa coincidencia!

La frase del Evangelio que más sacudió mi vida es ésta: ‘Lo que hacen al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen’ (Mateo 25,40). Y cuando se piensa que es la misma persona la que dijo: ‘Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre’, con qué fuerza se siente uno impulsado a amar a Jesús en estos pequeños (Carlos de Foucauld)

JuanFamilia Carlos de Foucauld

EL SUEÑO DE LA PAZ PERPETUA: LA ERA ECOZÓICA

. Leonardo Boff

Vivimos tiempos distópicos. El horizonte parece haber desaparecido. En realidad, estamos en el corazón de una crisis planetaria de tal gravedad que podría significar el fin de la especie humana.Sin embargo, la Tierra ha atravesado quince grandes procesos de extinción masiva.

Pero la vida siempre ha sobrevivido. Mantengo la esperanza de que también esta vez sobrevivirá, aunque no sin dolorosos sacrificios que deberán pagarse en vidas humanas y en pérdidas para la naturaleza.Estimo que inauguraremos otra era geológica, aquella que el gran cosmólogo Brian Swimme denomina la era ecozóica (cf. The Hidden Heart of the Cosmos: Humani-ty and the New Story, 1996).

Él coordina a cerca de cien científicos en California que estudian la historia del universo. Según él, lo ecológico,aquello vinculado a la Casa Común (oikos = casa), ad-quiriría centralidad.La tecnociencia, la propia inteligencia artificial y todos los demás saberes estarían al servicio del cuidado de este don sagrado con el que el universo o Dios nos han agraciado: el planeta vivo, la Tierra, Gran Madre, Pa-chamama y Gaia, junto con todos los seres que ella ha generado y en ella viven y conviven.Todos los seres humanos nos sentiríamos parte de la naturaleza y sus guardianes, hermanos y hermanas unos de otros y de los demás seres, porque todos somos parientes al poseer el mismo código genético fundamental.

Viviríamos en sinergia con el Todo.El reino de las necesidades habría quedado atrás y todos disfrutaríamos de los beneficios del reino de la libertad, agradecidos al Creador, viviendo felices y en paz permanente, bajo la luz y el calor benéfico del sol.Esta utopía se encuentra presente en los arquetipos más ancestrales de todos los pueblos, desde la «Tierra sin Males» de los pueblos originarios hasta el «nuevo cielo y la nueva tierra» de las Escrituras judeocristianas.

La historia no es lineal. Conoce lo inesperado e incluso lo improbable, algo que el recientemente fallecido Edgar Morin no dejaba de recordarnos. La historia da saltos cuánticos, como cuando, hace 3.400 millones de años, surgió de un océano primitivo la primera célula viva. Ella es la madre de todos los vivientes. Ese arquiarquetipo podría irrumpir para hacer su historia junto con la naturaleza y la especie humana.Sería la esfera de la paz siempre soñada y anhelada desde el surgimiento de la conciencia y de la estructura de nuestro insaciable deseo, hace algunos millones de años.

Entonces ya no se hablará más de paz, porque ella se habrá transformado en el aire que respiramos, en el alimento que nos sostiene y en la realización de un sueño finalmente cumplido.Mientras la flora y la fauna crezcan y se multipliquen,mientras una pequeña flor amarilla crezca entre piedras áridas, mientras sigan naciendo niños, será una señal de que Dios todavía cree en su creación y no deja de amar a la humanidad.¿Una utopía? Sí, pero necesaria para no desesperar y para dar lugar a la esperanza que, fine finaltier (al final de todo), no suele defraudar.(amerindiaenlared.org)

50 años de presencia de las htas. de Jesús en Cuba

Para los 50 años de la Fraternidad en La Habana
La celebración de la fiesta empezó mucho antes del 14 de junio, justo después de Pascua, cuando nos
sentamos a ver entre nosotras qué sueños y deseos teníamos para este día. Empezamos con una lluvia
de ideas y fuimos decidiendo poco a poco con qué nos quedábamos.
Escojimos primeramente la fecha: después de la llegada de Roselene y antes del viaje de Marcelo para
Francia. Así que la única opción era el domingo 14 en la parroquia del Salvador de Marianao.
Pensamos también tener, con el grupo que se reúne aquí cada lunes para leer juntos el Evangelio del día
, un encuentro para conocer más a hta Magdalena. Eso se dio el 1 de junio y nuestra Magdalena fue
presentada por Danisandro, un franciscano Conventual cubano que la descubrió a través de nosotras y
la quiere mucho. El tema de su intervención era: «Hta Magdalena de Jesús, mujer de ojos abiertos». Él
subrayó 3 aspectos :

  1. La mirada (aprender a mirar con la mirada de Jesús), dimensión contemplativa de las Hermanitas de
    Jesús
  2. La búsqueda (reconoció las huellas de Dios en su propia historia)
  3. La ternura como apostolado
    El lunes siguiente, día 8, hubo otro encuentro bien concurrido en el cual participaron muc@s vecin@s.
    Ese día Norma presentó un power point a partir de las fotos de las htas, de las fraternidades y de los
    acontecimientos del país en los varios años. Fue muy bonito e interesante, muchas personas se pudieron
    reconocer en las fotos.
    Después vimos la celebración de la Misa, preparamos el guión, decidimos qué íbamos a llevar como
    símbolo en la procesión de ofrenda. Y, como después de la mística viene la mástica, qué se iba a dar
    como brindy.
    Pedimos una cita con el Cardenal para invitarlo a celebrar con nosotras y aceptó en seguida con gusto y
    sencillez.
    Con las fotos de las distintas fraternidades preparamos lindos afiches llenos de color y de vida. Muchas
    personas de la comunidad estuvieron felices de verse allí.
    Cada una se comprometió también en buscar lo material: pan, jamón, dulces. Poco a poco todo se fue
    dando…
    El sábado teníamos que buscar y poner las flores además de colocar los afiches en su lugar.
    La semana siguiente celebramos en la parroquia de Jesús María y José, en la Habana Vieja . Allí la
    preparación fue más sinodal porque el p. Mesías y la comunidad parroquial se comprometieron
    muchísimo con nosotras. Rosetta pudo ir ya el jueves allá, Sarojni fue el viernes y Emanuela el sábado
    para ultimar los preparativos de los adornos de la Iglesia.

El poder vivir juntas esa preparación para mí ha sido una gran alegría, un anticipo de la fiesta y algo que
nos ha ayudado a construir más hondo nuestra comunidad. Me gustó mucho que pudiéramos vivir la
preparación y las celebraciones sin tensión en cdad. En mi corazón lo viví como un regalo del Señor que
nos acompañaba. Juntas pudimos tener una mirada contemplativa sobre estos 50 años y expresar
nuestra gratitud por todo lo que la Fraternidad pudo ser para nuestro pueblo gracias a la presencia de
tantas hermanitas que, por tramos de tiempo más o menos largos, entregaron su vida en la isla.
Emanuela

Después del renuevo, llegando justo para la fiesta de los 50 años de la Fraternidad, qué quieren decir
para mí estos años de presencia de la Fraternidad en la tierra cubana? Es una acción de gracias por el
paso de hta Magdalena en 1954 en la isla, por el regalo de tener a Victoria la primera hta cubana y el si
de hta Lidia de venir a fundar la primera fraternidad con ella, por las hermanitas que vivieron en las
fraternidad es que tuvimos aquí , por la Iglesia y el pueblo que nos acogen en los barrios y las amistades
que nos conocen y aceptan como somos.
Con la fiesta lo que me dio gusto fue ver a la gente de nuestro barrio y a las amistades en la Misa, para
estar con nosotras. La gente de la parroquia siempre está, en este sentido nada es nuevo.
Estoy todavía en Cuba gracias a la presencia de la Fraternidad. A pesar de mí, sigo deseando ser una de
ellos buscando el rostro de Jesús con un corazón sin fronteras.
Roselene
Cuando releimos lo vivido en la preparación y las celebraciones eucarísticas por los 50 años y + de la
Fraternidad en Cuba, salió un sentir común de agradecimiento, gusto y alegría por lo vivido, tanto en
Marianao como en la Habana Vieja.
Yo me había propuesto para hacer un powerpoint como agradecimiento por cada una de las hermanitas
que hemos pasado o vivido acá, y también por la acogida con la que la gente nos ha ofrecido su
amistad, respeto y cariño.
Cada diapositiva tenía algunas fotos y 2 cuadros: uno con los acontecimientos internos a la Ffad (
hermanitas , fundaciones, cierres) y el otro cuadro con los acontecimientos del país( ensayos
económicos, crisis, etc) …fue una manera de contextualizar la presencia gratuita de la Fraternidad en las
inserciones, trabajos, Iglesia…
Personalmente haber hecho memoria de estos años entretejidos entre historias y rostros, me ayuda a
contemplar el buen tramo de camino de mi misión en éste pueblo. Me queda un corazón agradecido
por lo recibido y ofrecido dentro y fuera de la Fraternidad.
Y creo que en medio de la situación de precariedad que se vive, habernos animado a reconocer lo vivido,
agradecer y celebrar subraya la necesidad de alimentar la esperanza, y renovar la fe en un Jesucristo

que no se ausenta de lo que vive ninguno de sus hij@s ni acá en esta isla, ni en ninguna parte del
mundo.
Con cariño….Norma de Jesús

Lo que me impacta mucho de este jubileo fue la preparación juntas. Nosotras recordamos todas las
hermanitas que pasaron por Cuba, como hta Magdalena o Annie que venía a quedarse por un mes
durante muchos años, y las que vivieron aquí. Hablamos mucho también de las fraternidades donde
estuvimos en el tiempo , en Puerta de Golpe y en el Guatao, la vida con la gente, el tipo de trabajo que
nosotras tuvimos ej trabajo del tabaco..me ayudó para saber cómo estaba la vida con las hermanitas
que pasaron. Todo eso yo lo aprecié.
En la segunda parte cuando invitamos a la gente , ellos quisieron participar..flores, etc. En la Habana fue
algo muy recíproco…las dos misas. El 14 en Marianao nos acompañó un lindo coro, el 21 en la Habana
Vieja tuvimos música y danza.
Descubrí muchas cosas…
Nosotras hicimos juntas y cada una hizo lo que era posible.
Sarojni

Para mí, desde el principio, fue una invitación a alegrarme y dar gracias al Señor por su FIDELIDAD. Dar
gracias también por todo lo que cada hta, a lo largo de estos 50 años, ha vivido y continuamos a vivir con
el pueblo cubano.
Desde que llegué en el 2010 fue claro para mí el querer insertarme en el proceso de vida que ya existía
sin ningún deseo personal de una inserción particular. En la continuidad encontraba todo el sentido y las
motivaciones para que la Fraternidad pudiera ofrecer su riqueza de carisma en la diversidad de cada hta.
Nuestras Constituciones al n. 52 dicen: «Como miembros de un mismo cuerpo recordarán siempre que
la fidelidad de la Fraternidad depende de la fidelidad de cada una… Asumir juntas la responsabilidad de
una misión da a la comunidad unidad y dinamismo. Con iniciativa y en espíritu de corresponsabilidad
parteciparán todas en esta misión, de acuerdo a sus posibilidades y sus dones, cualquiera sea su etapa
en la Fraternidad. «
Recibí mucho de las Hermanitas que me acogieron y percibir la alegría de amar aún en medio de muchas
privaciones, me llegó hondo al corazón. Recordar a cada una es agradecer a Dios por lo que es y aportó
en este proceso de vida fraternal y solidaria en Cuba.

El 21 de junio tuvimos una celebración eucarística en la Habana Vieja, donde vivimos 21 años en el
barrio Jesús Maria y José. El párroco, p. Mesías, joven capuchino, nos propuso participar en la procesión
de entrada llevando cada una de nosotras una vela encendida. Siendo 5, cada vela representaba 10 años
de la Fraternidad en La Habana. Durante la procesión se leyó este texto hecho por varias personas de la
comunidad que nos conocen y que describe lo que es según ellas el significado de este acontecimiento ,

«Queremos ser luz en medio de la oscuridad y caminar con la gente como velas encendidas en el Amor.
Como en Nazaret, caminar con Jesús, María y José en la sencillez, en lo ordinario de cada día y llevando
la paz con la compañía de quien se sabe amada todos los días…
Cinco velas de gratitud a Dios por nuestra presencia en Cuba, cinco décadas de amor, sacrificio y entrega
caminando con los más sencillos y humildes, visitando sus hogares y viviendo en el Nazaret de hoy:
escuela de fraternidad.
Como htas de Jesús, agradecemos a Dios por regalarnos inmensa ternura, bondad e inocencia,
ayudarnos a permanecer y seguir en las huellas del Buen Pastor, que nos llama por nuestro nombre…
Como decía el hno Carlos de Jesús: «Volvamos al Amor primero, a su belleza original que nos invita a
nunca desesperar, ni de nosotros mismos y tampoco de los demás, por más perdidos que estén en los
vicios; no perdamos jamás la esperanza… El buen pastor puede hacer volver las ovejas al redil. Su
bondad y su amor son ilimitados. «
» Cinco velas de amor, consumiéndose en el día a día. ! A DIOS GRACIAS !»
En esta procesión caminaban también ustedes, Hermanitas que conocen esta realidad y nos
acompañan…
Rosetta

Kôan evangélicos del Espíritu para dejarse alcanzar por el Amor en todas las cosas

Para días del Retiro:

*El Espiritu, Aliento de Vida, nos hace orar a Abba /Rom 8, 15-16)

*El Espíritu, Aliento de Vida, nos hace reconocer a Jesús como el Señor (1 Cor 12, 3)

*El mismo Aliento de Vida da testimonio con nuestro Espíritu de que somos hijos de Dios (Rom 8, 14-17)

*El que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, transformará vuestros cuerpos mortales en el tránsito de esta vida a la Vida eterna ((Rom 8, 11).

*No haya discordia entre vosotros sino concordia en el Espíritu ( 1Cor 1, 10)

*La Palabra de la Cruz es Fuerza y Sabiduría divina (1 Cor 1, 18)

*Que vuestra fe no se base en saber humano, sino en la fuerza de Dios ( 1Cor 2, 1-5)

*El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios (1 Cor 2, 10)

*Exponemos lo espiritual para espirituales con lenguaje espiritual. El lenguaje del Espíritu explica temas espirituales a quienes respiran en el Espíritu ( 1 Cor 2, 13-16)

*Llevamos este tesoro en frágiles vasijas de barro ( 2 Cor 4, 7)

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El Padre Juan Kakichi Kadowaki (1926–2017) fue un sacerdote jesuita japonés, profesor y maestro Zen que dedicó su vida a unir el cristianismo con el misticismo oriental.

Biografía y Vida

  • Nació en Hokkaido, Japón, el 6 de enero de 1926.
  • Entró en la Compañía de Jesús en 1950 y se ordenó sacerdote en Tokio en 1960.
  • Dio clases de antropología filosófica en la Universidad Sofía de Tokio durante muchos años.
  • Falleció el 27 de julio de 2017.

Pensamiento y Legado

  • Unió la práctica del Zen (como el Zazen) con la espiritualidad de san Ignacio de Loyola.
  • Buscó puntos de encuentro entre los ejercicios espirituales cristianos y la meditación oriental.
  • Escribió obras orientadas al diálogo interreligioso, enfocándose en la figura del Espíritu Santo. Su obra póstuma se titula Aliento de Vida y Luz del Camino.

Carta de Charles de Foucauld a una madre que ha perdido un hijo

Carta escrita desde Nazaret el 12 de febrero de 1900 a su hermana Marie de Bondy («Mimí»), tras la muerte de su séptimo hijo, Régis, pocas horas después de nacer. En estas líneas, Charles de Foucauld expresa, con la sensibilidad y la fe que caracterizan toda su correspondencia, su esperanza cristiana ante el misterio de la muerte.


Mi querida Mimí:

Acabo de recibir el telegrama enviado ayer. Has debido de sentir una inmensa pena por la muerte de este pequeño, y yo me uno de todo corazón a tu dolor.

Pero debo confesarte también la profunda admiración y el inmenso agradecimiento que llenan mi alma cuando pienso que tú, mi hermanita, peregrina y pobre viajera sobre esta tierra, eres ya la madre de un santo. Ese hijo al que has dado la vida habita ahora en ese hermoso cielo al que todos aspiramos y por el que suspiramos.

En un solo instante se ha convertido en el mayor de sus hermanos y hermanas, en el mayor de sus padres, en el mayor de todos los mortales.

¡Qué sabio es Dios, infinitamente más sabio que todos los sabios!

Nosotros conocemos las cosas como entre sombras; él las contempla con plena claridad. Lo que nosotros apenas esperamos, él ya lo posee. La meta que perseguimos con tanto esfuerzo, después de tantos combates y sufrimientos, él la ha alcanzado desde el primer paso de su existencia.

Tus otros hijos caminan lentamente hacia la patria del cielo. Esperan llegar a ella, pero todavía pueden apartarse del camino. Si llegan, será después de muchas luchas y dolores, quizá incluso tras un largo purgatorio.

Él, en cambio, este pequeño ángel protector de vuestra familia, ha llegado de un solo vuelo a la patria definitiva, sin incertidumbres ni sufrimientos. Por pura misericordia de nuestro Señor Jesucristo, goza ya para siempre de la visión de Dios, de la compañía de la Santísima Virgen, de san José y de todos los santos.

¡Cuánto debe amaros ese niño! Tus otros hijos podrán contar desde ahora con un protector lleno de ternura: un santo en la familia que intercede por vosotros ante Dios.

Que el Señor os conceda la paz. Mi oración os acompaña y doy gracias a Dios por este pequeño, que ha llegado antes que nosotros a la Casa del Padre.

Con todo mi afecto,

Charles de Foucauld
Nazaret, 12 de febrero de 1900


Nota: Conviene señalar que esta carta refleja el lenguaje espiritual y la sensibilidad teológica propios de comienzos del siglo XX. Algunas expresiones —como la referencia al purgatorio o la afirmación de que el niño ha alcanzado inmediatamente la visión de Dios— pertenecen al contexto espiritual de Charles de Foucauld y deben leerse en ese marco histórico y de fe.

El marabout tuareg

Los tuaregs no conocieron nunca al monje ni al ermitaño, ni siquiera al sacerdote; desde el primer día y hasta la hora de su muerte, en su último grito de petición de socorro, era el marabout………………. Él es el único de su especie, un hombre que reza, que no está casado, que cura, da consejos, distribuye limosnas, que es bueno para todos; éste es el retrato del buen religioso. Esta palabra evoca incluso la misma raíz que marabout (unido a Dios) pero no separado, pues él también está unido a los hombres y las mujeres por los lazos que intenta crear con todos aquellos en medio de quienes vive.

Al igual que ellos, come tortas de trigo y mijo cocido así como una especie de mezcla con dátiles, pero nada de carne (algo que le queda del régimen monástico). Bebe café. Su régimen alimenticio ha mejorado pero sigue siendo desequilibrado. Carlos se sorprenderá de ser víctima del escorbuto por segunda vez a finales del año 1914.        Escribe: “Sin hábito, como Jesús en Nazaret”. Lleva puesto un  hábito simple que le distingue de los otros franceses. Su vestidura se parece a una túnica árabe pero con una correa. Sin ningún signo particular: ni rosario, ni insignia, ni ese corazón bajo una cruz (que a todos interrogaba y que no era más que un signo inadaptado e ilegible del amor que él quería dar a todas las criaturas de Dios). El único signo visible de su diferencia será su comportamiento fraterno y amistoso para con todos aquellos con los que se cruza (militares franceses, tuaregs, árabes, antiguos esclavos negros o mulatos). Desea que al verle puedan decir: “Ved como ama”. Es el único signo visible que permite reconocer que es discípulo de Jesús.    Durante esos años el lugar principal lo ocupa el trabajo. Un trabajo intelectual de casi 11 horas cada día. Se podría decir que hacía una obra de benedictino pero lejos de los horarios monásticos y de las ocho horas de trabajo que él atribuía a Jesús de Nazaret.

Antoine Chatelard, Hermanito de Jesús, que continuó su presencia en Tamanrasset hasta su muerte el 1 de Enero de 2021 de Covid en Marsella

Una vida fraterna en el corazón del mundo

                 

Los rasgos maternales de Dios en las Escrituras

Linda Pocher

El vientre materno como imagen de la misericordia de Dios

Las palabras, gestos e imágenes que pertenecen al campo semántico del cuidado materno son ampliamente utilizadas en las Escrituras para describir el cuidado de Dios por su creación. Me gustaría llamar la atención específicamente sobre el desarrollo del uso teológico de la simbología materna y femenina que tiene lugar en la transición del hebreo al griego, con la traducción de la Septuaginta o Biblia de los Setenta (LXX) 1.

En la Escritura hebrea, el sustantivo reḥem/raḥam indica unívocamente el «seno femenino» como un todo, sobre todo como «el lugar donde nace el hombre» 2. El término se usa también por extensión para designar a la persona de la madre como, por ejemplo, en Isaías 49,15 y en Job 24,20, donde se dice que el seno materno ha olvidado a su hijo, y queda claro que es la madre misma quien lo ha olvidado.

La abstracción raḥămîm, «misericordia», pertenece a la misma raíz –rḥm– de reḥem, e indica, ante todo, el lugar tierno de la naturaleza del hombre (cf. Gn 43,30) y, en consecuencia, «un sentimiento que tiene su base y su punto de llegada en algo concreto» 3, es decir, en hacer algo que favorezca concretamente el bien del destinatario de la acción. En la Escritura hebrea el uso teológico de este término es muy frecuente. Se emplea a menudo para describir la intervención de Dios en favor de sus criaturas, especialmente en los salmos. 4

Con un significado similar se encuentra también el adjetivo raḥûm, «misericordioso», y el verbo rḥm, «tener misericordia», que la Escritura hebrea utiliza para describir una relación en la que el amor es asimétrico, es decir, donde alguien que está en lo alto dirige su atención hacia alguien que está abajo. El término nunca se emplea para describir la actitud del ser humano hacia Dios, sino que, la mayoría de las veces, el sujeto del verbo es Dios. En el libro de Oseas, por ejemplo, «la acción de Yahvé descrita con rḥm piel significa el injerto (o reinjerto) en una relación efectiva de filiación (Os 1,6; 2,6.25)» 5. En los pocos casos en que el sujeto del verbo es humano, se trata de una madre (Is 49,15) o de un padre (Sal 103,13). También se utiliza en sentido negativo para hablar de los enemigos (1 Re 8,50; Is 13,18; Jer 6,23; 21,7; 42,12; 50,42), refiriéndose a que los enemigos no tienen misericordia. En cada uno de estos casos, así como en su aplicación teológica, es evidente la asimetría de la relación: el desequilibrio de poder surge del hecho de que el destinatario de la misericordia se encuentra en situación de peligro o necesidad.

Las diversas apariciones del verbo rḥm, además, comparten la referencia a la dimensión afectiva de la persona y, por tanto, a la voluntad: el compromiso afectivo del sujeto de este verbo implica inmediatamente la voluntad decidida de beneficiar –o de no beneficiar y, por tanto, destruir– al destinatario de la acción, ya sea un hijo o un enemigo vencido, y culmina en una acción concreta en su favor. Tener misericordia, por tanto, al igual que cuidar, implica el reconocimiento del valor y de la dignidad personal del destinatario de la acción. La concreción de la intervención está cargada de simbolismo.

La misericordia puesta en práctica, entonces, es la relación de cuidado que hace posible y protege la existencia humana en su fragilidad física y moral. Así como el «seno materno» es el lugar físico y concreto en el que comienza la vida humana, donde el niño es alimentado, custodiado y hecho crecer hasta su nacimiento, del mismo modo, quien es «misericordioso» o «tiene misericordia» es quien cuida de la vida del ser humano, porque reconoce su valor y se dedica a sostenerla y promoverla concretamente.

Entrañas de misericordia

Con la transición del hebreo al griego, la unidad que provenía de la posibilidad de reconducir una pluralidad de términos a una sola raíz –rḥm– se fragmenta en una constelación de sustantivos, adjetivos y verbos que, con el tiempo, tienden a debilitar el vínculo entre el sustantivo concreto y el verbo o el adjetivo derivados de él. Quizás debido a esa tendencia típicamente griega hacia la abstracción, al pasar de la res (la realidad concreta) al concepto, los autores sagrados tendieron progresivamente a utilizar como sinónimos términos que originalmente eran distintos.

Según el diccionario griego, el heredero natural del sustantivo reḥem/raḥam es el término mētra (cf. por ejemplo, Gn 20,18; 29,31; 30,22; 49,25). Un diccionario común griego-italiano registra como primer significado de mētra el anatómico: «matriz, útero, seno materno» y «vulva». 6 En un sentido figurado, el término mētra también significa «madre, origen, fuente», y, por extensión, puede significar «parto, hijo», y en botánica designa el «corazón o médula de una planta». 7

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«Madre y niño” por Oswaldo Guayasamín, 1982 (óleo sobre tela).

Aunque el término mētra es común en la Septuaginta, solo aparece en dos pasajes del Nuevo Testamento: en Lc 2,23 y en Rm 4,19. En el primer caso, se trata de una cita directa del Éx 13,12; en el segundo, de una referencia al episodio de la concepción milagrosa de Isaac por parte de Sara. En ambos casos, por tanto, el autor remite a palabras o a hechos del Antiguo Testamento.

Para referirse al seno materno el Nuevo Testamento parece preferir el término koilia, probablemente derivado del adjetivo koîlos, que significa «hueco, cóncavo». En la literatura griega el término se atestigua a partir del siglo V a.C. para describir la «cavidad torácica» en su conjunto, aunque más frecuentemente designa el «vientre» o el «estómago». Por extensión, puede referirse también a otras cavidades del cuerpo humano, como los pulmones, el útero, las cavidades internas del corazón o los intestinos.

En la Biblia Septuaginta el término koilia aparece más de cien veces y traduce diversos términos hebreos, entre ellos beṭen, que significa «vientre, abdomen», y mē’îm, que significa «entrañas». Cada uno de estos términos puede designar también el seno materno o el útero, pero no de manera unívoca. En sentido metafórico, koilia puede designar las profundidades del Sheol o del Hades (cf. Jon 2, 3). En sentido figurado, puede nombrar la sede de las facultades mentales o emocionales (Sal 40,8; LXX 39,9), apareciendo en ese caso como sinónimo de kardia, «corazón». 8

En el Nuevo Testamento, el término aparece veinticuatro veces: ocho veces indica el «vientre» o el «estómago»; 9 y en la mayoría de las restantes indica el «seno materno» 10. El término a menudo aparece dentro de la expresión ek koilias mētros, es decir, «desde el seno materno». Lucas lo usa para referirse al vientre embarazado de María e Isabel. La única excepción en Lucas corresponde a una cita directa de Éx 13,12, donde el término que se utiliza como sinónimo de «seno» es mētra.

Dada la mayor convergencia desde el punto de vista morfológico, y considerando que mētra y mḗtēr, «madre», comparten la misma raíz, cabe preguntarse por qué en el paso de la Septuaginta al Nuevo Testamento se abandonó el término mētra en favor de koilia. Tal vez por pudor, ya que el término mētra evocaba fuertemente la sexualidad femenina, mientras que mḗtēr podía asociarse fácilmente con deidades femeninas paganas.

Existe un tercer término que, en el Nuevo Testamento, recoge la herencia de aquellos derivados del rhm dentro del campo semántico de la misericordia: el término splanchna, literalmente «entrañas» 11. Este no es muy frecuente en la Septuaginta, ni como sustantivo ni en su forma verbal correspondiente, y no parece posible identificar una matriz hebrea veterotestamentaria para el uso del término splanchna en los escritos griegos del judaísmo. En la Septuaginta, el equivalente habitual de raḥămîm no es splanchna sino hoiktirmoi12 que podríamos traducir como «compasión», término que no lleva consigo ninguna referencia a la imagen del seno materno.

Los términos splanchnasplanchnizomai y eusplanchnos ingresan en el canon gracias a la literatura judía apócrifa de los siglos II y I a.C. En los Testamentos de los Doce Patriarcas, el término sustituye sistemáticamente a oiktirmoioiktirō y oiktirmōn, que en la Septuaginta traducían rḥm y sus derivados: «la combinación de ḥesed y raḥămîm, frecuente en el Antiguo Testamento hebreo, ya no corresponde, como en la Septuaginta, con eleos y oiktirmoi (por ejemplo, Os 2,21), sino con eleos y splanchna» 13.

En los evangelios sinópticos, el sustantivo aparece solo en Lc 1,78 «por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de lo alto», mientras que el verbo se repite varias veces para calificar el comportamiento de Jesús, en particular la cualidad divina de sus acciones. En las parábolas de la misericordia (Mt 18,23-35; Lc 15,11-32; 10,30-37) el verbo describe la acción de un ser humano que representa narrativamente el modo de actuar de Dios. En la literatura paulina, el sustantivo designa al ser humano en su totalidad, en su capacidad de «intercambio personal de simpatía y de amor» 14, que es expresión de su ser «en Cristo» (Flp 1,8). Solo en Cristo, en efecto, el ser humano descubre que él mismo posee «entrañas de misericordia», que le permiten participar de los sentimientos de Dios hacia la humanidad.

El sentimiento y la acción materna de Jesús

Los herederos griegos de la raíz hebrea rḥm parecen ser, en el Nuevo Testamento, los términos koilia y splanchna con sus derivados. El abandono del término griego mētra podría llevar a pensar en un desconocimiento, o al menos en una reducción, del componente específicamente femenino y materno de todo lo que tiene que ver con el cuidado hacia el prójimo, que se expresa en sentimientos y gestos de misericordia.

En realidad, es precisamente la tendencia a generalizar las actitudes maternas, atribuyéndolas también a Dios y a los varones, junto con la búsqueda de términos más adecuados para expresar esta ampliación, tendencia que ya puede advertirse en la Escritura hebrea, lo que consagra, de algún modo, la realidad de la maternidad, haciéndola, con las correcciones necesarias, un paradigma de la misericordia y del cuidado, tanto humano como divino.

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“Madre y niño” por Oswaldo Guayasamín, ca. 1985 (óleo sobre tela).

Desde el punto de vista teológico, se trata del procedimiento típico del conocimiento por analogía y de su lento desarrollo a lo largo de los siglos: la experiencia vivida del amor materno es como el trampolín desde el cual se impulsa el salto hacia el amor de Dios, que se conoce y se anuncia en aquello que es semejante, pero distinto, del amor materno. La experiencia del amor de Dios, en sus similitudes y diferencias respecto al amor materno, ilumina desde lo alto el amor de madre en su verdad más plena, ofreciendo también a los creyentes criterios para discernir la experiencia del amor humano en general. La toma de conciencia más profunda del valor y del significado del amor materno, en particular, y de las posibilidades del amor humano, en general, nos impulsa a volver la mirada, con gratitud y asombro, hacia el Creador.

Dentro de este proceso, la persona de Jesús es el analogatum princeps: el ser humano en el cual el cuidado divino por sus criaturas se revela sin necesidad de correcciones analógicas. Los Evangelios lo presentan como un hombre adulto capaz de dar y recibir cuidados. En su predicación, sabe conjugar los gestos y las palabras: la atención a la persona en su totalidad y el reconocimiento de la dignidad personal de cada uno (cf. Dei Verbum, n. 4).

Su capacidad de tocar y dejarse tocar (cf. Mc 5,25-34); de alimentar y dejarse alimentar (cf. Jn 6; Jn 12,2); de dar de beber y dejarse saciar la sed (cf. Jn 4), redime la necesidad que tiene el ser humano del cuidado de los demás, incluso en la adultez, cuando «aunque dispone de cierta autonomía y autosuficiencia, sin la ayuda solícita de otras personas no logra hacer florecer sus propias posibilidades de ser, ni encuentra refugio frente al sufrimiento» 15.

Gracias a su contacto y su acogida, los enfermos y los pecadores públicos son reintegrados en la vida social (cf. Mt 8, 3.15). Sus encuentros con mujeres, de quienes no teme dejarse besar o acariciar (cf. Lc 7,38), se caracterizan especialmente por su capacidad de acoger gestos y solicitudes de cuidado (cf. Lc 8,2-3). 16 Demuestra una atención llena de ternura y aprecio por los niños, a quienes toma en brazos, acaricia y bendice (cf. Mc 10,16), revelando indirectamente la alegría que «debió sentir recordando los días de su infancia» 17, envuelto en el cuidado de sus padres.

A los gestos concretos de cuidado se añade la pedagogía del diálogo, a la que Jesús recurre con frecuencia en su predicación (cf. Mt 16,15; Jn 1,38). Al ceder la palabra a su interlocutor y permitir que la reacción de quien le escucha influya realmente en el desarrollo de su discurso, Él reconoce la dignidad del otro, expresa la pasión del Padre por el bien de sus hijos, de quienes se siente corresponsable, y manifiesta un profundo respeto por el prójimo y su autonomía, incluso frente a la crítica o el rechazo. No teme el encuentro directo ni el enfrentamiento, ni siquiera cuando la comunicación está cargada de emociones y sentimientos (cf. Mc 7,25-30; Lc 18,18-23). 18 Por último, sabe discernir cuándo es momento de dar un paso atrás y dejar a los suyos la posibilidad de asumir personalmente la situación (cf. Jn 16,7).

Desde el punto de vista del desarrollo humano, la capacidad de cuidar del prójimo depende en gran medida del «modo en que hemos sido cuidados y acariciados en la primera infancia» 19. La experiencia del cuidado imprime una forma, un modo de ser y de actuar en quien lo ofrece y en quien lo recibe. El cuidado estructura la existencia: para bien, cuando es adecuado; para mal, cuando falta. Los evangelios –¡afortunadamente!– no omiten señalar cómo y cuándo el Hijo recibió el cuidado que estructuró su existencia humana.

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«Madre e hijo” por Oswaldo Guayasamín, 1989 (óleo sobre tela).

Al narrar el primer gesto de cuidado de María hacia Jesús, el evangelio de Lucas parece querer llamar intencionadamente la atención del lector sobre él (cf. Lc 2,7). Envolver a un bebé recién nacido en pañales era una práctica común en la antigüedad; sin embargo, el ángel lo ofrece como una «señal» a los pastores: «Encontraréis a un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (v. 12). Al llegar a la gruta, hallan «a María y a José, y al niño acostado en un pesebre» (v. 16). En el versículo 16, el elemento «pañales» es sustituido por los nombres de los padres, como si el niño estuviera «envuelto» por su presencia y su cuidado. 20 En el signo de los pañales, pues, Lucas presenta y resume los numerosos gestos de cuidado que María y José prodigaron a su Hijo, no solo en su infancia, sino a lo largo de toda su vida.

El evangelio de Juan, remontándose más allá de la encarnación para buscar la fuente del cuidado recibido por el Hijo, nos invita a contemplar la escena del Hijo que reposa en el seno del Padre desde la eternidad (Jn 1,18). El término griego es kólpos, traducido como «seno» o «regazo». 21 Es un término que, tanto en la literatura griega como en la Septuaginta puede designar también el «útero» o «vientre materno», pero que en Juan se usa más bien para describir una relación interpersonal caracterizada por una profunda intimidad y reciprocidad en el amor. 22 El mismo término se usa, durante la Última Cena, para describir la escena del discípulo amado que apoya su cabeza en el pecho del Maestro (Jn 13,23). Los gestos de cuidado del Hijo, en definitiva, son fruto del cuidado recibido del Padre de los cielos y de los padres de la tierra.

Por otra parte, en el evangelio de Juan encontramos el único caso en el que koilia se aplica a la dimensión íntima, interior y espiritual de la persona, cuando Jesús, aludiendo a la efusión del Espíritu, promete que «de su seno brotarán ríos de agua viva» (Jn 7,38). Como el vientre de una madre, el interior de los que creen genera vida. El don del Espíritu es el don de la capacidad de cuidar, de compartir los mismos sentimientos del Padre y del Hijo, la misma capacidad de donarse, amar y dejarse amar.

En los gestos de la Última Cena, Jesús muestra su capacidad de integrar, sin reparo, los gestos que su cultura reconocía como maternos y paternos de cuidado. Si partir el pan era el gesto típico del cabeza de familia judío, mediante el cual el padre expresaba su dedicación a la esposa y a los hijos, Jesús añade una palabra que solo una madre podría pronunciar con plena verdad: «Este es mi cuerpo». El único cuerpo humano del que otro ser humano puede alimentarse, literalmente, es el cuerpo materno. 23

En las familias que no tenían sirvientes, además, lavar los pies era el gesto propio de la madre o la esposa. 24 Un gesto que, sin duda, el niño Jesús recibió y observó de María, y que durante su ministerio público algunas mujeres repitieron para expresar su afecto hacia Él. Ese mismo gesto es entregado a los discípulos como modelo del cuidado que los creyentes deben tener los unos por los otros (Jn 13,15).

La parábola del cuidado, que en la experiencia humana tiene su origen en la relación única con la mujer que da vida, alcanza en Jesús su cumplimiento: cada creyente está llamado a integrar en su modo de relacionarse con el prójimo la misma ternura y atención de una madre hacia su hijo. Así se cumple, en Jesús, la profecía de Isaías: «¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré» (Is 49,15). 


Notas

[ 1 ] Nota del editor: la Biblia Septuaginta o Biblia de los Setenta, generalmente abreviada LXX, es la traducción más antigua existente en griego koiné de los libros hebreos y arameos de la Biblia hebrea.
[ 2 ] Kronholm, Tryggve; «Reḥem», en Fabry, Heinz-Josef y Ringgren, Helmer (eds.); Grande lessico dell’Antico Testamento, VIII. Paideia, Brescia, 2008, p. 374.
[ 3 ] Stoebe, Hans Joachim; «Rḥm», en Jenni, Ernst y Westermann, Claus (eds.); Dizionario teologico dell’Antico Testamento. II, Marietti, Casale Monferrato, 1982, pp. 686-687. «En sintonía con el ambiente cultural del antiguo Cercano Oriente, en particular con el del ámbito lingüístico semítico-occidental, los autores bíblicos utilizan términos y expresiones que se refieren a las diversas partes del cuerpo para hablar del ser humano, de sus estados de ánimo, de sus reacciones y de sus relaciones» (Fabris, Rinaldo; Cuerpo, alma y espíritu, pp. 9-10).
[ 4 ] Por ejemplo, Is 63,7.15; Sal 40,12; 51,3;119,77.156.
[ 5 ] Op.cit. Stoebe; «Rḥm», p. 690.
[ 6 ] Cf. Rocci, Lorenzo; «μήτρα», en Vocabolario greco-italiano. Società Editrice Dante Alighieri, Città di Castello, 1973, p. 1235.
[ 7 ] Montanari, Franco; «μήτρα», en Vocabolario della lingua greca. Loescher, Torino, 2013, p. 1534.
[ 8 ] Cf. Silva, Moisés; «κοιλία», en New International Dictionary of New Testament Theology and Exegesis, II. Zondervan, Grand Rapids Michigan, 2014, pp. 704-705.
[ 9 ] Mt 12,40; Mc 7,18-23; 1 Co 6,13; Ap 10,9-10. En Mateo y Marcos, el término aparece en el contexto de la crítica de Jesús a los preceptos alimenticios judíos, mientras que en 1 Corintios es la crítica paulina a aquellos que tienen una visión incorrecta de los placeres de la carne (tanto alimenticios como sexuales) o libertinos espiritualizantes por un lado, judaizantes por el otro.
[ 10 ] Mt 19,12; Lc 1,15.41-42.44; 2,21; 11,27; 23,29; Jn 3,4; Hch 3,2; 14,8; Gal 1,15. 
[ 11 ] En la antigua literatura griega indicaba las «entrañas de la víctima sacrificial» y, sobre todo, las partes más valiosas de las vísceras. Solo a partir del siglo V a.C., designa las «entrañas» del ser humano, en particular la parte inferior del abdomen y también, pero no solamente, el útero materno. Köster, Helmut; «σπλάγχνον», en Kittel, Gerhard y Friedrich, Gerhard (eds.); Grande lessico del Nuovo Testamento. XII, Paideia, Brescia, 1979, p. 905.
[ 12 ] Cf. Köster; «σπλάγχνον», pp. 908-909. Cf. también Bultmann, Rudolf; «οἰκτίρω», en Kittel, Gerhard y Friedrich, Gerhard (eds.); Grande lessico del Nuovo Testamento. VIII, Paideia, Brescia, 1972, pp. 449-456.
[ 13 ] Op. cit. Köster; «σπλάγχνον», p. 916. Cf. también Bultmann, Rudolf; «ἔλεος», en Kittel, Gerhard y Friedrich, Gerhard (eds.); Grande lessico del Nuovo Testamento. VIII, Paideia, Brescia, 1972, pp. 399-423.
[ 14 ] Op. cit. Köster; «σπλάγχνον», p. 923.
[ 15 ] Mortari, Luigina; Cura e attenzione. Edición en español: Cuidado y atención. Morata, Madrid, 2017, p. 63. Cf. también Pagazzi, Giancarlo; In principio era il legame. Sensi e bisogni per dire Gesù. Cittadella, Assisi, 2004.
[ 16 ] Cf. Calduch-Benages, Núria; Il profumo del vangelo. Gesù incontra le donne. Paoline, Milano, 2007, pp. 13-19.
[ 17 ] Ratzinger, Joseph; Il Dio di Gesù Cristo. Meditazioni sul Dio uno e trino. Queriniana, Brescia 2005, p. 76.
[ 18 ] Cf. Congar, Yves Marie-Joseph; Gesù Cristo, nostro Mediatore, nostro Signore. Marietti, Torino, 1967, p. 49.
[ 19 ] Gamelli, Ilaria; Pedagogia del corpo. Raffaello Cortina Editore, Milano, 2011 (2001), p. 7.
[ 20 ] Serra, Aristide; Maria di Nazaret. Una fede in camino. Paoline, Milano, 1993, p. 24. 
[ 21 ] Cf. Meyer, Rudolf; «κóλπος», Kittel, Gerhard y Friedrich, Gerhard (eds.); Grande lessico del Nuovo Testamento, V. Brescia, 1969, pp. 762-767.
[ 22 ] Tal desarrollo, por otra parte, está en conformidad con el uso del término hebreo ḥêq, que la LXX traduce generalmente como kolpos. Cf. André, Gustav; «ḥêq», en Fabry, Heinz-Josef y Ringgren, Helmer (eds.); Grande lessico dell’Antico Testamento, II. Brescia, 2008, pp. 966-968.
[ 23 ] Cf. Dumais, Monique; «Femmes faites chair», en Lacelle, Eugène J. (ed.); La femme, son corps et la religion. Approches pluridisciplinaires. Bellarmin, Montreal, 1983, p. 65.
[ 24 ] Cf. Grasso, Salvatore Giuseppe; Il Vangelo di Giovanni. Commento esegetico e teologico. Roma, 2008, p. 548; Galot, Jean; Maria la donna nell’opera della salvezza. Roma, 1991, p. 108.

Sobre la autoraLinda Pocher es Hija de María Auxiliadora, doctora en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma. Enseña Mariología, Cristología y Teología Fundamental en la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación Auxilium de Roma.

«Aquello era otro mundo», la infancia de José Luis Sampedro en Tánger

Por Faiza Rhoul

Antes de convertirse en uno de los grandes escritores, economistas y humanistas españoles del siglo XX, José Luis Sampedro fue un niño en Tánger. Allí transcurrieron sus primeros doce años, en una ciudad donde escuchaba varias lenguas, veía circular monedas distintas y convivía con compañeros de diferentes religiones y nacionalidades. Décadas después, el autor de La sonrisa etrusca seguía recordando aquella infancia como un mundo excepcional. «Yo de Tánger guardo un recuerdo ideal. Aquello era otro mundo», afirmó sobre una ciudad que permaneció ligada para siempre a su memoria.

Mucho antes de convertirse en novelista, economista, catedrático, senador y miembro de la Real Academia Española, José Luis Sampedro fue un niño en Tánger. Había nacido en Barcelona en 1917, pero cuando regresaba a los primeros escenarios de su vida, sus recuerdos lo llevaban a la otra orilla del Mediterráneo. «El escenario de mi infancia fue Tánger», recordaría muchos años después.

No era una frase menor. Para Sampedro, la ciudad marroquí no fue un destino descubierto en la edad adulta, ni una escala literaria ni uno de aquellos lugares a los que un escritor llega buscando inspiración. Fue algo mucho más profundo y difícil de separar de una biografía. Fue el lugar donde aprendió a mirar el mundo.

«Tánger en los años veinte era una isla de promisión, un mundo al margen, un mundo excepcional», explicaba al evocar aquellos años. Su recuerdo estaba construido a partir de una experiencia que, vista desde la España y la Europa de la época, debía de resultar extraordinaria para un niño. «Los chicos llegábamos al colegio con diversas lenguas maternas, comprábamos golosinas con monedas diferentes, celebrábamos varias fiestas nacionales e incluso nuestro descanso semanal se repartía entre los días sagrados de tres religiones».

Sampedro había conocido desde la infancia algo que muchos tardan toda una vida en descubrir. El mundo podía hablar varias lenguas al mismo tiempo.

Una infancia al otro lado del Estrecho

José Luis Sampedro Sáez nació en Barcelona el 1 de febrero de 1917. Su padre era médico militar y la familia se trasladó a Tánger cuando él era todavía muy pequeño. Allí permaneció hasta los doce años, una etapa que ocuparía un lugar privilegiado en sus recuerdos y que él mismo reconstruiría décadas después al hablar de su formación personal y de los distintos territorios que marcaron su vida.

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La ciudad que conoció era un espacio singular. El Tánger de su infancia reunía comunidades de diferentes procedencias, lenguas y religiones en un territorio que se preparaba para convertirse formalmente en Zona Internacional en 1923. Para un niño, aquella complejidad política tenía probablemente menos importancia que sus manifestaciones cotidianas. Lo que Sampedro recordaba no eran tratados diplomáticos ni equilibrios entre potencias, sino compañeros que llegaban al colegio hablando distintas lenguas, monedas diferentes pasando de mano en mano y una semana marcada por los días sagrados de varias religiones.

«En Tánger convivían todos en una sociedad muy permisiva», afirmaba.

Su memoria de la ciudad era abiertamente afectiva. «Yo de Tánger guardo un recuerdo ideal. Aquello era otro mundo».

La frase permite entender por qué resulta difícil reducir aquella etapa a una simple nota biográfica. Tánger fue el primer universo consciente de Sampedro. Antes de conocer la España en la que desarrollaría su vida adulta, antes de la Guerra Civil, antes de la universidad, la economía, la literatura y los grandes debates intelectuales que lo convertirían en una de las figuras más respetadas de la cultura española contemporánea, estuvo aquella ciudad marroquí diversa y abierta al mundo.

Aprender que el mundo podía ser plural

Resultaría tentador afirmar que todo el pensamiento humanista de Sampedro nació en Tánger. Pero hacerlo sería simplificar una vida de casi un siglo y atribuir a la infancia una relación de causa y efecto que el propio escritor no formuló necesariamente en esos términos.

Lo que sí puede afirmarse es que su primer contacto con la sociedad fue profundamente plural. Antes de que la tolerancia, la libertad y la dignidad humana se convirtieran en asuntos centrales de su pensamiento, el niño Sampedro había crecido en un entorno donde la diversidad formaba parte de la vida cotidiana.

No necesitaba que nadie le explicara que existían distintas religiones. Las veía organizar el calendario de la ciudad. No tenía que imaginar que las personas podían hablar lenguas diferentes. Las escuchaba en el colegio. Tampoco concebía las fronteras culturales como compartimentos completamente cerrados, porque su infancia había transcurrido precisamente en un lugar donde esas fronteras se cruzaban todos los días.

Años después, t ⁵⁵þ4þ tt t

La ciudad, al menos en su memoria, representaba la posibilidad de convivir con la diferencia.

Del niño de Tánger al escritor

Después de abandonar Marruecos, la vida de Sampedro pasó por otros paisajes que también dejarían una huella profunda en su obra. Vivió en Cihuela, en la provincia de Soria, y posteriormente en Aranjuez, otra ciudad fundamental en su formación y en su universo literario. Con el tiempo llegarían la Guerra Civil, su trabajo como funcionario de aduanas, los estudios de Ciencias Económicas y una larga carrera como profesor y economista.

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La literatura, sin embargo, nunca quedó al margen. Sampedro construyó a lo largo de las décadas una obra que terminaría convirtiéndolo en uno de los autores españoles más leídos de su generación. El río que nos llevaOctubre, octubreLa sonrisa etruscaLa vieja sirena o El amante lesbiano forman parte de una trayectoria literaria que convivió durante años con su trabajo académico y su reflexión económica.

En 1990 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Su discurso de ingreso, titulado Desde la frontera, abordó precisamente una idea que atraviesa buena parte de su pensamiento y de su literatura. La frontera no entendida únicamente como una línea que separa, sino también como un territorio desde el que es posible contemplar realidades diferentes.

Tánger no explica por sí sola esa mirada. Pero había sido, desde su infancia, uno de sus primeros territorios fronterizos.

«Aquello era otro mundo»

Con el paso de los años, la ciudad que Sampedro había conocido cambió, como cambió también el mundo que la rodeaba. Pero el Tánger de su infancia permaneció intacto en un lugar donde las ciudades suelen sobrevivir durante mucho más tiempo que en los mapas, la memoria.

José Luis Sampedro.

Cuando hablaba de aquellos años, no reconstruía únicamente un paisaje urbano. Recordaba una forma de convivencia. La imagen que conservaba era la de una ciudad donde la diversidad no constituía una excepción, sino una parte natural de la vida.

Por eso resulta tan reveladora la sencillez de sus palabras. «Yo de Tánger guardo un recuerdo ideal».

No decía que hubiera sido una ciudad perfecta. Hablaba de un recuerdo. De la mirada de un niño que había descubierto allí la amplitud del mundo y que, décadas después, seguía regresando mentalmente a aquella experiencia.

Ese recuerdo acompañó a un hombre que terminó viviendo muchas vidas en una sola. Sampedro fue economista y novelista, profesor y académico, intelectual y divulgador. En sus últimos años se convirtió además en una referencia para generaciones mucho más jóvenes, que encontraron en su pensamiento una defensa de la dignidad humana frente a una sociedad dominada, a su juicio, por la lógica económica. Pero antes de todo eso estuvo Tánger.

El regreso de la memoria

José Luis Sampedro murió en Madrid el 8 de abril de 2013, a los 96 años. Diez años después de su desaparición, Tánger volvió a reunir su memoria.

En noviembre de 2023, un homenaje impulsado en torno al Instituto Cervantes de Tánger reunió a su viuda y colaboradora, Olga Lucas, y al catedrático y escritor José Manuel Lucía Megías para recordar su vida, su obra y su pensamiento. El programa buscaba además devolver simbólicamente al escritor a los escenarios de su infancia, con actividades dirigidas a jóvenes y un recorrido por los lugares vinculados a sus primeros años.

El homenaje tenía una dimensión especialmente significativa. No se trataba simplemente de recordar en Marruecos a un gran escritor español. Se trataba de devolver a Sampedro a la ciudad que había sido su primer mundo.

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Tánger también ha preservado ese vínculo dedicándole una vía de la ciudad, un reconocimiento a la relación que el escritor mantuvo con el lugar donde transcurrieron sus primeros años.

Quizá por eso, al reconstruir su vida, resulta imposible empezar únicamente por sus novelas, sus clases de economía o sus discursos. Antes de convertirse en una de las grandes voces del humanismo español contemporáneo, José Luis Sampedro fue un niño que iba al colegio en una ciudad donde sus compañeros hablaban distintas lenguas, donde circulaban diferentes monedas y donde las fiestas de varias religiones formaban parte del mismo calendario.

Muchos años después, cuando intentó explicar lo que había sido aquel lugar, encontró una frase sencilla.

«Aquello era otro mundo». Para José Luis Sampedro, fue también el primero.

Por Faiza Rhoul