Carlos de Foucauld, o «soñar con un mundo que sea eternamente ‘Jesús’

«Sus enseñanzas encajaban plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal»

«Nos sentimos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad»

«Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos»

07.06.2020

La ‘familia’ foucouldiana, desde sus diversas sensibilidades en España y en el mundo, ofrece sus correspondientes testimonios de búsqueda espiritual comunitaria, personal e inspirada en el hermano Carlos de Foucauld, a la luz de su anunciada canonización.

Asociación Familia Carlos de Foucauld en España

Hoy es un gran día de fiesta para nuestra Familia Espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y para los pobres en general. Hemos conocido la noticia justo el día de la celebración de Pentecostés, una de las fiestas vividas más profundamente por Carlos de Foucauld. El Espíritu lo fue guiando en su búsqueda al lugar más inhóspito y pobre, Tamanrasset. Allí forma una «Zaouïa» (Fraternidad), esta era su casa.

Siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. ¿»Hay alguna cosa más dulce en el mundo que hacer la voluntad de Aquel a quien se ama»?. Soñar para mañana un mundo que sea finalmente y eternamente «Jesús», su Modelo Único, practicando el apostolado de la bondad. La novedad de su mensaje es vivir Nazareth, vida humilde y pobre.

Las Fraternidades, que vivimos su carisma, generalmente queremos hacer en lo posible, la imitación de Nazaret en humildad, pobreza y «Dernière place» (último lugar); buscando el equilibrio entre Contemplación y Acción.

La acogida entre nuestras Fraternidades en unión como ramas de un mismo árbol. Queremos continuar el deseo de Carlos de Foucauld de ser una Fraternidad Universal. Nos comprometemos en nuestra sociedad, cada una en donde le ha tocado vivir, en compromiso con los más desfavorecidos que son nuestros hermanos.

Esta gran satisfacción y alegría que nos produce su canonización nos ayudará y nos dará fuerza para continuar viviendo nuestro Carisma en profundidad. Damos gracias a Dios por tan gran obra.

Comunitat de Jesús

La Comunitat de Jesús fue iniciada por el laico Pere Vilaplana a finales de los años 60. En septiembre de 1968, en la ermita de la Santa Creu, en la montaña de Montserrat, el monje ermitaño Estanislau Llopart recibía los compromisos de los primeros hermanos. Actualmente conformamos la Comunitat de Jesús 43 hermanos y hermanas: casados, solteros y un hermano consagrado en el celibato.Vivimos en diversas localidades de Catalunya, País Valenciano, Aragón y Baleares, cada uno en su domicilio. Uno de los inspiradores de nuestro carisma ha sido, y es, Carlos de Foucauld, así como Albert Peyriguère, seguidor también de Foucauld, en el Kbab (Marruecos) en los años 50. El conocimiento de ambos se gestó en las primeras biografías de Foucauld y en unas cartas de Peyriguère recogidas en “Dejad que Cristo os conduzca”.La visión en la etapa final de Foucauld de promover la encarnación del evangelio en el laicado, recuperando el modelo de Priscila y Aquila, también en el mundo occidental, y no solo en los países musulmanes, encajaba plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal.

Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld
Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld

Amigos en el Amigo, viviendo la vida de Nazaret en los entornos laborales, sociales y de Iglesia. Nuestro estilo de vida no tiene nada de particular: los mismos problemas, las mismas ilusiones, los mismos dolores, que cualquier ciudadano, pero con la inquietud de impregnarnos del proyecto del Dios-Amor, revelado en Jesús. Oración, trabajo del evangelio, formación con la ayuda de muchos, compartir la vida -en serio-, los bienes materiales según posibilidades, los espacios que posee la Comunitat de Jesús en el pueblo de Tarrés, Lleida, implicación en compromisos sociales y con la Iglesia, sin ninguna actividad apostólica predominante.La vinculación a la comunidad nos empuja a seguir creciendo, a no acomodarnos a los reclamos del mundo, tan tentador siempre. A sentirnos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad. Recibimos la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld desde la alegría de formar parte de su Familia Espiritual, desde los años 80. Esta familia, para nosotros, ha sido un soporte y una riqueza inmensa. Acogemos la canonización bajo el anhelo de que sirva para inspirar a otros en una vida encarnada en la sencillez, arraigada en la profundidad del silencio, que es Palabra, en la autenticidad del Amor, que es Proyecto, desde el anonimato que convive con todos, pero enfoca directamente a los más desfavorecidos, a los últimos de los últimos, como repetía Foucauld. Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos, y seguirá siendo espejo para reflejar la esencialidad de su enamorado, Jesús, la esencialidad del pan partido y encarnado entre los más humildes y en todo ser humano.

Espiritualidad
Espiritualidad

Comunidad ecuménica Horeb

El hermano Germán, regional de la CEHCF en Brasil, nos envía un whatsaap que dice así: «Estamos muy alegres por este acontecimiento anunciador de vida, vida plena para el mundo». La canonización del hermano Carlos de Foucauld es un acontecimiento de vida para la Iglesia y el mundo porque va en la línea del papa Francisco, que en palabras del obispo Pere Casaldàliga, quiere «una Iglesia vestida de Evangelio y calzada con sanda-lias». Foucauld puede ayudar a la Iglesia de hoy a «volver a Nazaret»: Una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, acogedora, a imitación de la santa Familia de Nazaret.

La CEHCF es una unión espiritual de personas que constituyen un «monasterio invisible en la comunión de los santos». Esta comunidad la integran personas que bajo Los consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, hacen el compromiso ecuménico de pedir todos los días por la unión de los cristianos y que las Iglesias, Religiones y las Naciones se dejen conducir por el Espíritu de Jesús, el Cristo.

La CEHCF fue fundada, como lugar físico de acogida y oración en 1978, por José Luis Vázquez Borau, en el Poblado de Sn Francisco de Huercal-Overa (Almería), con la bendi-ción del obispo de entonces Don Manuel Casares Hervás, y funcionó hasta 1982, que tu-vieron los hermanos y hermanas que dispersarse por diversas circunstancias. Pero en Pentecostés de 2006 la CEHCF recibió un nuevo impulso constituyéndose Fraternidades Horeb por todo el mundo.

Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld
Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld

Fue reconocida ad experimentum como Asociación privada de fieles el 19 de junio de 2014, por el cardenal de Barcelona Mons. Luis Martinez Sistach y el 20 de junio de 2018 el Cardenal Juan José Omeya Omella, arzobispo de Barcelona, firmó el decreto de constitución definitiva de la misma como Asociación privada de fieles. El año 2020 la CEHCF ha sido acogida en la Asociación Familia Foucauld España. En la actualidad hay presencia de la CEHCF en quince países del mundo.

Fraternidad Carlos de Foucauld

Al llegarme la noticia de la Canonización del hermano Carlos de Foucauld, tuve una sensación muy dispar, de alegría, cómo no, pero al mismo tiempo de desconcierto, ¿y ahora qué?. Veníamos hablando en la Asociación de la Familia del Hermano Carlos, de esta posibilidad, especialmente desde la beatificación y siguiendo aunque de lejos los trabajos de la Comisión encargada de ese proceso. Después de la impresión inicial… Me surgía la pregunta: Carlos de Foucauld, ¿qué diría ahora?

«Si el grano de trigo no muere….». La primera constatación es, ¿cómo un hombre que deseó ardientemente vivir su experiencia con otros hermanos, que se pasó elaborando estatutos de una Asociación que nunca fue reconocida, a su muerte ha podido generar tantos grupos y formas de vivir el seguimiento de Jesús, en el camino que éste hombre inquieto y siempre en búsqueda inició solo en el desierto?

Carlos de Foucauld, a los altares
Carlos de Foucauld, a los altares

La Fraternidad Carlos de Foucauld, Asociación de Fieles Laicas, es una de ellas, a la que pertenezco: «Está constituida por mujeres que optan por vivir el Absoluto de Dios, en el celibato, según el carisma se Carlos de Foucauld» Es en la vida cotidiana donde los miembros de la Fraternidad, viven su entrega a Dios en libre opción de trabajo, compromisos y formas de vida «. La segunda, ¿podremos sustraernos al «montaje «que toda Canonización lleva….? Seremos capaces, de vivir éste acontecimiento, como un reto para actualizar el mensaje, vivir en profundidad las intuiciones que nos enamoraron de su mensaje, en definitiva: «Volver al Evangelio, ser hermanos universales, en nuestro Nazaret de cada día. Si es así, ¡bienvenida canonización!

Fermina

Fraternidad sacerdotal Iesus Caritas

Hace unos días recibíamos la buena noticia de la próxima canonización del Hermano Carlos de Foucauld. La noticia ha llegado, curiosamente, en esta etapa de confinamiento por el coronavirus. Y, quizá, por ese motivo ha supuesto una sorpresa. Evidentemente, una sorpresa agradable. En tan pocos días no ha sido posible contactar con todos los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal pero, el sentir general, con los que he podido compartir, es de alegría y agradecimiento.

Espiritualidad tras Carlos de Foucauld
Espiritualidad tras Carlos de Foucauld

Ese día fueron continuos los mensajes de alegría por parte de los hermanos sacerdotes, así como la comunicación de los distintos ecos que la noticia estaba provocando en la prensa. También hay que subrayar las palabras de felicitación por parte de muchos de nuestros feligreses, sabedores de que nuestra espiritualidad sacerdotal se nutre de la vida y el estilo del hermano Carlos. En este sentido, estoy convencido de que muchos de nosotros habremos recibido mensajes y llamadas de nuestras distintas comunidades parroquiales para felicitarnos. Yo puedo compartir algo de mi experiencia, en ese sentido. Alguna feligresa de mi parroquia, del centro de Valencia, nada más conocer la noticia, la puso en el grupo de whatsapp que tiene la parroquia. Inmediatamente, la comunidad empezó a manifestar su alegría por esta gran noticia, dándome la enhorabuena.

Uno intenta no “condicionar” demasiado a la gente, en sus devociones y en sus santos. Pero, es evidente que, al final, si uno vive la espiritualidad del hermano Carlos, de una forma o de otra, eso lo transmite, lo contagia. En esa reacción inmediata de los feligreses de mi parroquia entendí que, en el poco tiempo que camino con ellos, han captado cuáles son mis fuentes de espiritualidad. No se han quedado, solamente, con la felicitación. Alguien ha propuesto, con la aceptación y el aplauso de todos, que un servidor ofrezca unas charlas o un curso sobre la vida y la espiritualidad del hermano Carlos, porque lo conocen poco. Evidentemente, no puedo decir que no. Tienen derecho a conocer quién es Carlos de Foucauld y por qué la Iglesia lo considera santo.

Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld
Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld

Yo diría, al respecto de la anécdota de mi parroquia, que la próxima canonización del hermano Carlos debe despertar, no sólo la alegría inmensa de que la Iglesia reconozca en su vida un camino de santidad sino, también, la responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos y su espiritualidad. Entre otras cosas, porque estamos convencidos de que su espiritualidad de Nazaret no es algo del pasado, sino que sigue teniendo mucha actualidad.

Nazaret proporciona un estilo de presencia y de evangelización que tiene mucho que ver con esa llamada constante y permanente del Papa Francisco a ser cristianos y comunidades “en salida”. Cuanto más profundizamos en la espiritualidad de Carlos de Foucauld más nos damos cuenta de su actualidad. Y, quizá, éste puede ser un buen momento para darla a conocer. Nosotros, como sacerdotes diocesanos; otros miembros de la familia del hermano Carlos, desde su carisma. No cabe duda de que, durante mucho tiempo, hemos sido parcos o tímidos a la hora de hablar del hermano Carlos. Al menos, a mí me lo ha parecido. Pero, si estamos convencidos de que su espiritualidad tiene algo o mucho que aportar a la Iglesia y al mundo de hoy, no podemos privar al Pueblo de Dios, de la vida y el testimonio de un santo que supo encarnar el evangelio, a Jesús mismo, en un contexto difícil, adverso. Su estilo tiene mucho que aportar a la Iglesia de hoy. Como sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, no podemos sino alegrarnos de la noticia, dar gracias a Dios, y traducir nuestra alegría y agradecimiento, no sólo en un estilo de vida, sino en un modo de hacer llegar a nuestra gente la vida y el testimonio del hermano Carlos. Ojalá acertemos. Un fuerte abrazo y felicidades a toda la Familia de Carlos de Foucauld.

Aquilino Martínez

«La responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos»

Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia

«Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él». Ese es el absoluto que descubre el hermano Carlos. Y que sitúa a todo lo demás y a cada persona, como criatura. Y nos ayuda a no asumir protagonismos que no nos corresponden. De ahí el abandono, la adoración, la acción de gracias, el último lugar. Su profetismo nace de ese descubrimiento del Amor de Dios que le lleva al apostolado de la amistad, a Nazaret.

Fue testigo del amor de Dios y su muerte tal vez se debió al miedo y la confusión de un joven… No la entregó en defensa de su fe. Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo. Los milagros pueden parecer un «poner a prueba» a Dios. Tal vez sea momento de revisarlo. Pero agradecemos sus intuiciones y testimonio, que nos ha abierto caminos de conversión y de vida fraterna.

Como parte de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia quiero destacar su figura como una persona que supo ser profeta sin pretenderlo, legándonos una espiritualidad basada en el abandono propio y aceptación de un Dios que es visible y cercano en todas las criaturas que habitan nuestro mundo. Y no pretendo representar a la totalidad sino mostrar el testimonio agradecido de esa riqueza en la diversidad que representa la Fraternidad.

«Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo»

Desde lo cotidiano nos sentimos llamadas a recrear la Iglesia con sus grandes y pequeñas contradicciones. Porque nos sabemos acompañadas por esa multitud de testimonios de vida, comunión de santas que ejerciendo su libertad, han hecho crecer el Reino encarnando el Evangelio. Agradecemos al Hermano Carlos y a todas las personas que acogieron la Fraternidad Universal. Es vía para saberse hermana e hija, para compartir con quien sabemos que nos ama y afrontar así nuestras miserias y limitaciones, como personas y como sociedad. Nos despierta a la presencia en lo cotidiano, en la bondad pequeña, en las relaciones, en la acción política y sindical. Nos lleva a la creatividad para encarnar la Palabra, al encuentro en la amistad y la fraternidad como espacio de lucha personal por la coherencia. A la Eucaristía, acción de gracias y alimento, en la que compartimos la vida y nos abrimos al Espíritu. A vivir en los márgenes, situarnos en la periferia, acompañadas por el respeto, la libertad y el cariño. Nos alegramos que las intuiciones del Hermano Carlos sean compartidas y valoradas aunque su canonización no añade nada a nuestra experiencia de fe. Nos gustaría alimentar gestos plenos de significado y esperanza para esta sociedad del siglo XXI, que dieran testimonio de esa lectura del Evangelio encarnada en la vida, que es la fe cristiana. Queremos manifestar que nos sentimos agradecidas porque su vida y la obra que nos legó nos sirven como guía en nuestro camino como personas a las que un día sedujo el evangelio de Jesús de Nazaret.

Isabel Zacarés Escrivà

Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld
Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld

Hermanitas de Jesús

Me han pedido un pequeño escrito en nombre de las Hermanitas de Jesús, pero no es esta mi intención, porque creo que hay tantas maneras de reaccionar a la noticia de la canonización del Hermano Carlos como Hermanitas existen en el mundo… Voy a hablar por mí. Estoy en la Fraternidad hace muchos años, desde el pos-Concilio, y lo que me atrajo fue la figura de Carlos de Foucauld, tal como la descubrí en algunos libros y en el testimonio de unas hermanitas que conocí por casualidad. Estaba enamorada de la persona de Jesús y deseaba seguirle en la vida religiosa, pero no sabía dónde… Al conocer al Hermano Carlos intuí que había en él una trayectoria de verdad evangélica, de las bienaventuranzas, donde la contemplación de la Encarnación me llevaba de la mano a compartir mi suerte con la de los más pobres y marginados. Y esto me pareció concretizar de manera bien clara las orientaciones que acabábamos de recibir del Concilio Vaticano II.

Por esto me decidí por la Fraternidad. Mi vida ha sido de altos y bajos, con mucha fragilidad y bastantes huidas, pero con la presencia (muchas veces apenas presentida) de este Jesús descubierto en la juventud, y que ha continuado acompañándome por los caminos del mundo.

Hoy Carlos de Foucauld es reconocido “santo” oficialmente por la Iglesia. ¡No es que no lo fuera ya! A mí casi me gusta más como “santo de la puerta de al lado” que como “santo en los altares”… Las canonizaciones en general me dejan un poco fría. Pero me sorprendo a mí misma alegrándome de verdad con esta celebración, por lo que el “nuevo santo” representa:

Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld
Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld

Creo que es muy importante para toda la Iglesia actual, tan amenazada de retrocesos y de cierre sobre sí misma, que se reconozca en Carlos de Foucauld uno de los paradigmas de una nueva forma de situarnos como discípulos y discípulas de Jesús en este cambio de época: maravillado por la cercanía de Dios, por lo concreto de la Encarnación (Nazaret), precursor de una nueva forma de evangelización por la presencia y la amistad, tejedor de relaciones impregnadas de un profundo respeto por cada ser humano, de cualquier pueblo, cultura, religión… En resumen: un hombre clave.

Josefa Falgueras

Hermanos del Evangelio

Como congregaciones religiosas bebemos de la intuiciones de Carlos de Foucauld que se inspiran en la vida de Jesús en Nazaret. En ese pueblo perdido de Galilea Jesús creció y pasó la mayor parte de su vida y estamos seguros que esto marcó profundamente su manera de actuar y anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Nuestra vocación está marcada por la amistad y el compartir la vida de la gente sencilla, en el trabajo, en el barrio, en sus luchas y alegrías, en sus penas y debilidades… Esa vivencia atraviesa y marca nuestra oración. A través de ese estilo de “Nazaret”, desde lo cotidiano, desde lo sencillo y pequeño, muchas veces aparentemente inútil y poco relevante, esperamos que pueda traslucirse ese gran amor que Dios nos tiene a toda la humanidad.

Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos. El revuelo y el boato que suelen acompañar estos acontecimientos no están en nuestra genética. Más bien tenemos una tendencia innata a huir de ello.

La noticia de la próxima canonización nos llena de alegría, porque estamos convencidos que las intuiciones del hermano Carlos, su modo de relacionarse con su “bien amado hermano y Señor Jesús”, su manera de vivir el “apostolado de la bondad”, son una verdadera riqueza para nuestro tiempo. En una época de cierta globalización por un lado y un peligro de repliegue sobre sí mismo por otro, Carlos, el hermano universal, nos invita a ser hermano de todos y todas, sin distinción… En tiempos saturados de ruidos y palabras, de ídolos y estrellas, Carlos nos invita a redescubrir la importancia de lo pequeño, la sencillez, lo silencioso… En las tensiones que surgen a veces entre las religiones el camino de Carlos -que recuperó la fe de su infancia gracias a la impresión que le causó la fe en el mundo musulmán- nos abre al respeto mutuo en el diálogo interreligioso…

«Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos»

¿Es el momento del anuncio de su canonización una casualidad? Durante esos meses de pandemia, muchos creyentes nos hemos quedado sin poder asistir físicamente a la eucaristía. Carlos, en su empeño de ir hacia los más pobres y alejados, se puso en tal situación que durante meses estuvo privado de poder celebrar la misa… ¡Curiosa coincidencia!

La frase del Evangelio que más sacudió mi vida es ésta: ‘Lo que hacen al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen’ (Mateo 25,40). Y cuando se piensa que es la misma persona la que dijo: ‘Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre’, con qué fuerza se siente uno impulsado a amar a Jesús en estos pequeños (Carlos de Foucauld)

JuanFamilia Carlos de Foucauld

ÁFRICA/ETIOPÍA – La Prefectura Apostólica de Robe impulsa pequeños proyectos que sostienen la pre-evangelización

Robe (Agencia Fides) – «A comienzos de junio he visitado la comunidad de Kokossa que vi nacer hace ya 18 años, cuando iniciamos la primera presencia y la primera predicación, junto con las Hermanas de la Madre Teresa». Así lo relata a la Agencia Fides el padre Angelo Antolini, OFM cap., prefecto de la Prefectura Apostólica de Robe, de la que forma parte la comunidad de Kokossa.
«Ahora -continúa el misionero capuchino- en el pequeño recinto de 200 metros cuadrados, que incluye la capilla y la casa del sacerdote, se reúnen 150 fieles que el Señor se ha elegido entre los más pobres de la zona».

El padre Nicola, sacerdote fidei donum de Padua, atiende con gran cuidado y celo a estos hermanos y hermanas desde Adaba, otra comunidad de la Prefectura Apostólica de Robe, donde vive con los demás misioneros a 98 km de distancia (véase Agencia Fides 11/6/2026).

«En Kokossa experimento siempre una emoción semejante a la de Jesús cuando, al mirar alrededor, vio que el Padre le daba como seguidores a los más sencillos, pobres e insignificantes para el mundo: “Te glorifico, Padre, porque has revelado tus misterios a estos… y los has ocultado a los sabios de este mundo…”», prosigue el padre Angelo. «Hemos bautizado a diez adultos y confirmado otros 16. Este mes he podido pasar casi diez días seguidos en Robe, algo que no ocurre a menudo, así que me he dedicado a la organización del recinto».

Desde hace siete años, en varias zonas de la Prefectura Apostólica de Robe están presentes los misioneros de Villaregia, que actualmente se preparan para otro gran paso que prevé su traslado definitivo a Ginnir, siempre en la zona de East Bale, en Oromía. «A mediados de septiembre de 2025 se concluyó el proyecto de las vacas lecheras -explica el padre Angelo- y he pensado en invertir en un buen rebaño de ovejas, que requieren mucho menos esfuerzo, personal y gastos».

«En el ámbito de la autogestión del hospital (véase Agencia Fides 7/2/2023), aunque es un objetivo casi imposible, seguimos trabajando en ello, continuamos con calma según las donaciones que llegan, con el proyecto “pan que cura”. Ya tenemos dos molinos en funcionamiento y un almacén; ahora he empezado a construir el refugio para la leña del horno. También he iniciado la preparación de un gallinero para gallinas ponedoras y pronto comenzaré la construcción del horno de leña. Mientras tanto, he conseguido los ladrillos refractarios, algo nada sencillo porque en Etiopía no se fabrican. Durante algunos días estuve en Gode acompañando con la Eucaristía a la pequeña y viva comunidad. La nueva capilla está casi terminada. Será dedicada a Charles de Foucauld, maestro de la vida silenciosa en el desierto en el mundo islámico. Que nos proteja y nos ayude a vivir en el silencio adorador del amor de Dios para todos. De regreso de Gode, me detuve dos días en Adaba para el Consejo Pastoral de la Prefectura, un momento muy importante de revisión del plan pastoral trienal y de programación de los próximos tres años».

El prefecto apostólico concluye recordando que en estos días termina el año escolar en las 10 escuelas primarias y 11 guarderías que gestiona la Prefectura, donde estudian más de 5.000 alumnos. «Es un servicio social a nuestra sociedad, preparando lo mejor posible a los futuros ciudadanos y líderes de esta tierra. Es un compromiso que nos implica mucho y que requiere también muchos esfuerzos económicos. Además, es una forma de pre-evangelización, dado que la mayoría de nuestros alumnos son de religión musulmana. Ahora se prepara la clausura del año escolar con gran festejo, junto con las familias, como es tradición en Etiopía».
(AP) (Agencia Fides 30/6/2026)

Capilla de Gode casi terminada

Desierto, Franz JALICS

“En el itinerario de tu corazón hacia Dios, el desierto será indispensable para ti. Entra en él, a pie descalzo, disponible para encontrar la voluntad de Dios para ti, en el misterio del Reino…”

CONTEMPLAR EN EL DESIERTO
Seguir al Maestro por los caminos de Galilea…

El desierto no es sólo un lugar al que se va.
Es un espacio interior donde aprendemos a escuchar.
En el silencio, comienzan a caer nuestras seguridades.
En el silencio, aparecen nuestras resistencias.
En el silencio, también se revela la voz suave del Padre. Jesús no fue al desierto a hacer cosas.
Fue a estar.
Fue a escuchar.
Fue a dejar que el Espíritu ordenara su corazón antes de comenzar su misión.
La contemplación no es evasión.
Es disponibilidad.
Es aprender a quedarnos.
A no huir.
A no llenar el vacío con palabras innecesarias.

Entremos.

ESCUCHAR EN EL DESIERTO

Entra despacio.
El desierto no se conquista,
se recibe.

No traigas discursos,
no traigas certezas,
no traigas ruido.

Aquí el viento desarma las palabras
y la arena cubre las máscaras.

Escuchar
es quedarse
cuando todo invita a huir.

Escuchar
es aceptar la propia pobreza
sin maquillarla de espiritualidad.

En el desierto
la voz de Dios
no grita,
susurra.

Habla donde duele.
Habla donde temes.
Habla donde aún no quieres entregar.


El monte Sinaí: la montaña de Dios en el Éxodo

La teofanía del monte Sinaí: la montaña envuelta en fuego, humo y relámpagos mientras el pueblo hebreo acampado aguarda al pie, con la zarza ardiente visible a la derecha

Recreación de la teofanía del monte Sinaí según el Éxodo 19: la montaña envuelta en fuego y humo, los relámpagos cruzando el cielo y el campamento hebreo congregado a distancia. A la derecha, la zarza ardiente del Éxodo 3. Ilustración generada con IA / Red Historia

 Marcelo Ferrando Castro

El monte Sinaí es el escenario más sagrado del relato del Éxodo y uno de los lugares más importantes de toda la Biblia hebrea. Es la montaña donde YHWH se revela a Moisés en la zarza ardiente, donde el pueblo hebreo recibe los Diez Mandamientos y donde se sella la alianza entre Dios e Israel. Aparece en el texto bíblico con dos nombres distintos, Sinaí y Horeb, que los investigadores han atribuido a tradiciones textuales diferentes y su identificación geográfica precisa sigue siendo uno de los debates más abiertos de la arqueología bíblica.

El monte Sinaí tiene en el relato del Éxodo una función teológica que va más allá de la geografía. Es el punto de contacto entre el cielo y la tierra, el lugar donde lo divino irrumpe en lo humano con una intensidad que el texto describe con un vocabulario de fuego, humo, truenos, relámpagos y temblor de tierra. La teofanía del Sinaí, la manifestación visible de YHWH ante todo el pueblo, es única en la Biblia: en ningún otro momento Dios se revela de forma tan directa y tan masiva a una comunidad entera, no solo a un individuo.

La tradición cristiana identificó el monte Sinaí con el Jebel Musa, una cumbre de 2.285 metros en el sur de la península del Sinaí, a partir del siglo IV d.C., cuando el Imperio romano cristiano impulsó la identificación de los lugares santos bíblicos. Sobre esa identificación se construyó el monasterio de Santa Catalina, uno de los monasterios más antiguos del mundo cristiano y sede de una de las colecciones de manuscritos más importantes de la historia, entre ellos el célebre Códex Sinaiticus. Sin embargo, la investigación arqueológica y geográfica de los últimos decenios ha cuestionado esta identificación y propuesto alternativas en Arabia, en el Neguev y en otras zonas del Sinaí.

Lo que no está en discusión es la centralidad del Sinaí como símbolo. En el judaísmo, el Sinaí es el momento constitutivo del pueblo: es donde Israel recibe su identidad, su ley y su misión. En el cristianismo, el Sinaí prefigura el Sermón de la Montaña, donde Jesús entrega una nueva ley desde una nueva montaña. En el islam, el Sinaí es el lugar donde Musa recibió la revelación divina y uno de los espacios geográficos más mencionados en el Corán en relación con la profecía.

Índice:

Los dos nombres: Sinaí y Horeb

Una de las primeras dificultades que encuentra quien lee el Éxodo con atención es que la montaña sagrada aparece con dos nombres distintos: Sinaí y Horeb. El nombre Sinaí predomina en el Éxodo y en los Números, mientras que Horeb es el término preferido en el Deuteronomio y en los libros históricos. Los dos nombres se refieren inequívocamente al mismo lugar, porque los episodios que narran son los mismos, pero su coexistencia es un vestigio de las distintas tradiciones textuales que confluyen en el Pentateuco.

La hipótesis documentaria clásica atribuye el nombre Sinaí principalmente a las fuentes Yahvista y Elohísta y el nombre Horeb a la fuente Deuteronomista. Esta explicación es la más extendida en los estudios bíblicos, aunque algunos investigadores han propuesto que los dos nombres podrían referirse originalmente a dos lugares distintos en la misma región montañosa, que la tradición habría fusionado en un solo escenario.

La etimología de ambos nombres es debatida. Sinaí podría derivar de seneh, la zarza ardiente que aparece en el Éxodo 3, lo que establecería una conexión interna entre el nombre del monte y el episodio de la primera revelación a Moisés. También se ha propuesto una conexión con el dios lunar semítico Sin, adorado en el desierto de Sinaí en el período del Bronce Medio, aunque esta derivación es filológicamente discutida. Horeb podría significar «sequedad» o «desolación», una descripción del paisaje desértico de la región.

La teofanía del Sinaí: el texto del Éxodo 19

El capítulo 19 del Éxodo, que narra la preparación y el desarrollo de la teofanía del Sinaí, es uno de los textos más intensos de toda la Biblia hebrea. Los hebreos llegan al desierto del Sinaí tres meses después de haber salido de Egipto y acampan frente a la montaña. YHWH convoca a Moisés a la cima y le transmite el mensaje que debe llevar al pueblo: si obedecen y guardan la alianza, serán para Él «un reino de sacerdotes y una nación santa».

La preparación para la revelación dura tres días y es minuciosamente ritual. El pueblo debe lavarse, lavar sus ropas y abstenerse de contacto sexual. Se trazan límites alrededor del monte que nadie puede traspasar bajo pena de muerte: ni persona ni animal puede tocar la montaña. La frontera entre lo sagrado y lo profano es tan absoluta que quien la cruce, aunque sea un animal, debe morir sin que nadie lo toque directamente.

Al tercer día, al amanecer, el texto describe la teofanía con un vocabulario que mezcla lo meteorológico y lo volcánico: truenos, relámpagos, una nube densa sobre el monte, un sonido de trompeta que va creciendo. El monte Sinaí estaba todo envuelto en humo, porque YHWH había descendido sobre él en fuego, el humo subía como el humo de un horno y todo el monte se estremecía violentamente. El sonido de la trompeta crecía con intensidad extraordinaria. El pueblo, aterrado, se mantuvo a distancia.

Esta descripción ha sido analizada desde dos ángulos complementarios. El primero es el teológico: la teofanía usa el vocabulario de la tormenta y del volcán para describir la presencia de un Dios que trasciende cualquier fenómeno natural pero que irrumpe en la historia a través de ellos. El segundo es el histórico: algunos investigadores han señalado que el vocabulario volcánico, el fuego, el humo, el temblor del suelo, no corresponde a ningún volcán conocido en la península del Sinaí, que es geológicamente estable, lo que ha llevado a proponer localizaciones en Arabia occidental, donde hay actividad volcánica documentada.

La zarza ardiente: la primera revelación en el Sinaí

Antes de la gran teofanía colectiva del Éxodo 19, el Sinaí es el escenario de una revelación más íntima y más enigmática: la zarza ardiente del Éxodo 3. Moisés, que pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró en el desierto, llega al Horeb, «la montaña de Dios» y ve una zarza que arde sin consumirse. Se acerca para ver ese espectáculo extraño y desde la zarza le habla YHWH.

La zarza ardiente es uno de los símbolos más comentados de toda la Biblia. Arde sin consumirse, lo que es físicamente imposible y esa imposibilidad es precisamente su mensaje: lo que está presente en la zarza no es fuego ordinario sino la presencia de algo que no puede ser consumido por nada. La tradición cristiana, desde los padres de la Iglesia, leyó la zarza ardiente como prefiguración de la Virgen María, que concibió sin ser consumida por el pecado. La tradición judía leyó el fuego sin consumo como símbolo de Israel, que sobrevive a todas las persecuciones.

En la zarza, YHWH se revela a Moisés como «el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» y le da el nombre que lo identifica de forma única: YHWH, derivado del verbo hebreo «ser», que la tradición ha interpretado como «el que es», «el que hace ser» o «el que estará». El debate sobre el significado preciso de este nombre ha ocupado a filósofos y teólogos desde Filón de Alejandría hasta Martín Heidegger.

Es también en la zarza donde Moisés recibe su misión: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he escuchado sus gritos bajo los capataces, conozco su sufrimiento. He bajado para liberarlos». La revelación del nombre divino y la comisión de la liberación son inseparables en el texto: YHWH no es un Dios contemplativo sino un Dios que actúa en la historia a favor de los oprimidos.

Las tablas de la Ley: subidas y bajadas del monte

El Sinaí es el escenario de los dos viajes más importantes de Moisés en el Éxodo: la subida para recibir las primeras tablas de la Ley y la segunda subida para recibir las tablas de repuesto después de haberlas roto. Los 40 días que Moisés pasa en la cumbre la primera vez son uno de los períodos simbólicos más cargados del relato: 40 días sin comer ni beber, en presencia inmediata de YHWH, recibiendo no solo el Decálogo sino el conjunto de instrucciones para el Tabernáculo y el culto sacerdotal.

Cuando Moisés baja con las dos tablas, el texto dice que su rostro irradiaba luzkaran or, una descripción que generó la famosa confusión de San Jerónimo en la Vulgata: tradujo karan como «cornuto», que significa «con cuernos», en lugar de «radiante», lo que provocó que durante siglos la iconografía cristiana representara a Moisés con cuernos, como en la célebre escultura de Miguel Ángel en la basílica de San Pietro in Vincoli en Roma. El error de traducción es hoy bien conocido, pero la imagen de Moisés cornudo persistió durante siglos en el arte europeo.

tumba de julio II
El Moisés, tumba de Julio II. Crédito: Depositphotos

Al pie del monte, Moisés encuentra al pueblo adorando el becerro de oro, fabricado por Aarón con los pendientes de oro de las mujeres mientras Moisés tardaba en bajar. La ira de Moisés es tal que arroja las tablas al suelo y las rompe, un gesto cargado de simbolismo: la alianza queda rota antes de ser cumplida. La intercesión de Moisés ante YHWH, que amenaza con destruir al pueblo y empezar de nuevo solo con Moisés, es uno de los momentos de mayor intensidad dramática del libro: «Perdona su pecado; si no, bórrame del libro que has escrito». La alianza se renueva, se labran nuevas tablas y Moisés sube de nuevo al Sinaí.

El Sinaí como montaña cósmica

En la cosmología del antiguo Oriente Próximo, la montaña sagrada era el punto de contacto entre el cielo y la tierra, el axis mundi o eje del mundo donde los dioses descendían y los humanos podían acercarse a lo divino. El Olimpo griego, el Zafón cananeo, el Meru hindú, el Fuji japonés son variaciones de este arquetipo universal. El Sinaí bíblico comparte esta estructura pero la transforma: no es un monte sagrado porque los dioses lo habiten permanentemente sino porque YHWH elige descender allí en un momento concreto de la historia para encontrarse con su pueblo.

Esta diferencia es teológicamente fundamental. El Sinaí no es sagrado por naturaleza sino por elección divina, lo que significa que la presencia de Dios no está atada a ningún lugar geográfico específico. Cuando el pueblo se pone en marcha hacia Canaán, la presencia divina se mueve con él en la columna de nube y fuego y después en el Tabernáculo portátil. El Sinaí puede quedar atrás porque lo que importa no es el lugar sino la alianza.

La tradición profética desarrolló este tema con consecuencias radicales. Cuando Elías, siglos después de Moisés, huye al Horeb escapando de la persecución de Jezabel, el encuentro con YHWH en la montaña sagrada tiene una estructura deliberadamente paralela al Éxodo: 40 días de camino, una cueva en el monte, viento, terremoto y fuego que preceden a «una voz de silencio tenue», en la que Elías reconoce la presencia de Dios. El Sinaí es así no solo un lugar histórico sino un símbolo permanente del encuentro entre lo humano y lo divino.

La identificación tradicional: el Jebel Musa

La identificación del monte Sinaí bíblico con el Jebel Musa, «la montaña de Moisés» en árabe, en el sur de la península del Sinaí, es la más antigua y la más influyente de todas las propuestas. Tiene 2.285 metros de altura, es la cumbre más prominente de un macizo granítico impresionante y desde el siglo IV d.C. ha sido el destino de peregrinos de todas las tradiciones abrahámicas.

La identificación se consolidó bajo el reinado del emperador Constantino y su madre Elena, que impulsaron la localización de los lugares santos del Antiguo y Nuevo Testamento. El monje Egeria, que peregrinó a Tierra Santa entre el 381 y el 384 d.C., dejó en su Itinerarium la descripción más antigua de la peregrinación al Sinaí, con la subida nocturna al Jebel Musa para contemplar el amanecer desde la cumbre, una práctica que los peregrinos siguen haciendo hoy.

El monasterio de Santa Catalina, fundado por el emperador Justiniano entre el 548 y el 565 d.C. al pie del Jebel Musa, es uno de los monasterios más antiguos del mundo cristiano en funcionamiento continuo. Su biblioteca conserva más de 3.300 manuscritos, entre ellos el Códex Sinaiticus, el manuscrito griego más antiguo de la Biblia completa, descubierto en el monasterio en el siglo XIX por el erudito alemán Constantin von Tischendorf. El monasterio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2002.

El debate arqueológico: ¿Sinaí o Arabia?

La identificación tradicional del Jebel Musa con el Sinaí bíblico tiene un problema geológico fundamental que los investigadores han señalado repetidamente: la península del Sinaí no tiene actividad volcánica. El texto del Éxodo describe la teofanía con un vocabulario que incluye fuego, humo denso y temblor del suelo, fenómenos asociados a la actividad volcánica, pero el Sinaí es una región geológicamente estable sin volcanes conocidos en el período histórico relevante.

Este argumento ha llevado a varios investigadores a proponer localizaciones alternativas en zonas con actividad volcánica documentada. La más desarrollada es la que sitúa el Sinaí en Arabia occidental, en la región del Hiyaz, donde hay volcanes activos y donde hay evidencias de erupción en el segundo milenio a.C. El investigador Charles Whittaker y, más recientemente, el arqueólogo israelí Aviram Peretz han desarrollado esta hipótesis con argumentos geológicos y textuales. El texto bíblico sitúa el Sinaí en territorio madianita y los madianitas vivían en Arabia, no en la península del Sinaí.

Una propuesta alternativa, desarrollada por el arqueólogo israelí Emmanuel Anati desde los años 1980, identifica el Sinaí bíblico con el Har Karkom, una meseta en el desierto del Neguev, en el sur de Israel. Anati encontró en el Har Karkom evidencias de actividad cultual intensa durante el Bronce Antiguo, incluyendo petroglifos, estructuras de piedra y restos de campamentos, aunque la cronología de estos hallazgos es anterior en varios siglos a la datación habitual del Éxodo.

La hipótesis del Neguev tiene el atractivo de situar el Sinaí en una zona arqueológicamente explorada y con hallazgos concretos, pero la mayoría de los investigadores la consideran cronológicamente incompatible con el período del Éxodo. La hipótesis arabiga tiene más coherencia con el vocabulario volcánico del texto pero implica una ruta de marcha desde Egipto que difiere considerablemente de la ruta tradicional.

El estado actual del debate es de incertidumbre razonada: ninguna de las propuestas puede probarse definitivamente con los datos disponibles y la identificación tradicional con el Jebel Musa sigue siendo la más influyente culturalmente aunque la menos sólida arqueológicamente.

El Sinaí en el Nuevo Testamento: Gálatas y el Sermón de la Montaña

El monte Sinaí aparece en el Nuevo Testamento con una carga teológica compleja. Pablo de Tarso, en la carta a los Gálatas (4:24-26), usa el Sinaí como símbolo negativo dentro de una alegoría sobre la esclavitud y la libertad: «El monte Sinaí, que corresponde a la Jerusalén actual, que está en esclavitud con sus hijos». En el esquema paulino, el Sinaí representa la Ley que esclaviza, en contraposición a la Jerusalén celestial que representa la libertad del Evangelio. Esta lectura tensionada del Sinaí fue muy influyente en la teología cristiana posterior y contribuyó a crear una dicotomía entre Ley y Gracia que el judaísmo nunca aceptó.

El Evangelio de Mateo construye deliberadamente el Sermón de la Montaña como un nuevo Sinaí. Jesús sube a una montaña, se sienta y enseña a sus discípulos, en una composición que replica conscientemente el esquema de Moisés en el Sinaí. Las bienaventuranzas del Sermón replican la estructura del Decálogo como ley fundamental de la nueva comunidad. La frase repetida «habéis oído que se dijo… pero yo os digo» establece a Jesús como el nuevo legislador que no deroga la Ley sino que la lleva a su plenitud desde una autoridad que supera la de Moisés.

El libro del Apocalipsis evoca el vocabulario de la teofanía del Sinaí, truenos, relámpagos, voces, al describir las visiones del trono divino, lo que establece una continuidad entre el Sinaí histórico y la revelación escatológica final.

El Sinaí en el islam

En el islam, el monte Sinaí, llamado Jabal al-Tur o simplemente al-Tur, es mencionado varias veces en el Corán como el lugar de la revelación a Musa. La sura del Monte (al-Tur, 52) toma su nombre de la montaña sagrada y la invoca como testigo de la verdad de la revelación coránica. El Corán describe la escena del Sinaí en términos que recuerdan al Éxodo: la montaña es elevada sobre los israelitas como amenaza si no aceptan la Ley, un detalle que no aparece en el texto bíblico pero que elabora la tradición rabínica.

En la geografía sagrada del islam, el monte Sinaí no tiene la centralidad de La Meca o de Medina, pero es reconocido como un lugar de revelación profética y como símbolo de la continuidad entre el islam y las revelaciones anteriores. La presencia del monasterio de Santa Catalina, una institución cristiana, en lo que la tradición islámica también considera tierra sagrada, ha generado una coexistencia que, con sus tensiones históricas, es también un ejemplo de convivencia entre comunidades religiosas en torno a un espacio compartido.

El monasterio de Santa Catalina: patrimonio vivo

El monasterio de Santa Catalina merece un desarrollo propio dentro de cualquier artículo sobre el Sinaí porque es el punto en que la geografía sagrada y la historia del libro se hacen tangibles. Fundado por Justiniano en el siglo VI sobre una iglesia anterior construida en el siglo IV por orden de Elena, madre de Constantino, el monasterio ha estado en funcionamiento continuo durante quince siglos bajo la custodia de monjes ortodoxos griegos.

Su biblioteca es, después de la del Vaticano, la colección de manuscritos cristianos más importante del mundo. Los 3.304 manuscritos que conserva incluyen textos en griego, árabe, siríaco, georgiano, etíope, armenio y eslavo. El más famoso es el Códex Sinaiticus, el manuscrito del siglo IV que contiene la Biblia cristiana más completa conservada, descubierto por Constantin von Tischendorf en 1844 y 1859. Tischendorf se llevó la mayor parte del manuscrito a San Petersburgo, donde fue comprado por el zar Alejandro II; el gobierno soviético lo vendió al Museo Británico en 1933. El monasterio conserva todavía 43 folios del Sinaiticus y ha participado en el proyecto digital que ha hecho accesible el manuscrito completo en línea.

El monasterio alberga también la única mezquita construida dentro de un recinto monástico cristiano, erigida en el siglo XI para que los peregrinos musulmanes pudieran rezar sin necesidad de salir del recinto. Este detalle arquitectónico resume la peculiar historia del Sinaí como espacio compartido por las tres tradiciones abrahámicas.

El monte Sinaí: episodios, propuestas de localización y tradiciones

AspectoDetalleFuente o tradiciónEstado del debate
Zarza ardientePrimera revelación de YHWH a Moisés; entrega del nombre divinoÉxodo 3; llamado «Horeb» en este pasajeTexto bíblico; sin correlato arqueológico
Teofanía colectivaFuego, humo, truenos, trompeta; pueblo a distanciaÉxodo 19; llamado «Sinaí» en este pasajeVocabulario volcánico; sin volcanes en la península del Sinaí
Entrega del DecálogoDos tablas de piedra; cuarenta días en la cumbreÉxodo 20 y 31-34; Deuteronomio 5Núcleo teológico del Éxodo; sin evidencia arqueológica directa
Encuentro de Elías«Voz de silencio tenue»; cuarenta días de camino1 Reyes 19; llamado «Horeb»Paralelo deliberado con el Éxodo; mismo nombre Horeb
Jebel Musa (identificación tradicional)2.285 m; sur de la península del Sinaí; monasterio de Santa CatalinaTradición cristiana desde el siglo IV d.C.Más influyente culturalmente; sin volcanes; cronología tardía
Arabia occidental (hipótesis)Región del Hiyaz; volcanes activos; territorio madianitaWhittaker, Peretz y otros investigadores modernosCoherente con vocabulario volcánico; ruta difícil de trazar
Har Karkom (hipótesis Anati)Meseta del Neguev; petroglifos y estructuras cultualesEmmanuel Anati, desde los años 1980Hallazgos arqueológicos reales; cronología anterior al Éxodo
Monasterio de Santa CatalinaFundado por Justiniano (548-565 d.C.); Códex Sinaiticus; 3.300 manuscritosTradición ortodoxa griega; Patrimonio UNESCO 2002En funcionamiento continuo desde el siglo VI
Sinaí en el islam*Jabal al-Tur*; lugar de revelación a Musa; sura al-TurCorán 52 y otros pasajesReconocido como lugar sagrado; sin centralidad litúrgica islámica

Artículos relacionados con el Antiguo Testamento

Bibliografía

Fuentes:

  • La Biblia. Libro del Éxodo, capítulos 3, 19-20 y 32-34. Libro de 1 Reyes, capítulo 19. Versión de la Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, 2009.
  • El Corán. Sura al-Tur (52). Traducción de Julio Cortés. Herder, 2005.
  • Egeria. Itinerarium Egeriae. Siglo IV d.C.

Bibliografía académica:

Preguntas frecuentes sobre el Monte Sinaí

¿Dónde está el monte Sinaí exactamente?

No hay consenso académico sobre la localización exacta del monte Sinaí bíblico. La identificación tradicional, consolidada desde el siglo IV d.C., lo sitúa en el Jebel Musa, una cumbre de 2.285 metros en el sur de la península del Sinaí, en el actual Egipto. Sin embargo, investigadores modernos han propuesto alternativas en Arabia occidental, donde hay actividad volcánica compatible con la descripción bíblica de la teofanía, y en el desierto del Neguev israelí. Ninguna de estas propuestas puede probarse definitivamente con los datos arqueológicos disponibles.

¿Por qué se llama a veces Horeb y a veces Sinaí?

Los dos nombres designan la misma montaña sagrada pero provienen de tradiciones textuales distintas que confluyen en el Pentateuco. El nombre Sinaí predomina en el Éxodo y los Números, mientras que Horeb es el término preferido en el Deuteronomio y en los libros históricos. La hipótesis documentaria clásica atribuye esta diferencia a las distintas fuentes literarias que componen el Pentateuco. Algunos investigadores han propuesto que los dos nombres podrían referirse originalmente a dos lugares distintos en la misma región montañosa que la tradición habría fusionado.

¿Qué es el monasterio de Santa Catalina?

El monasterio de Santa Catalina es uno de los monasterios más antiguos del mundo cristiano en funcionamiento continuo, fundado por el emperador Justiniano entre el 548 y el 565 d.C. al pie del Jebel Musa, en la península del Sinaí. Está habitado por monjes ortodoxos griegos y conserva una de las colecciones de manuscritos más importantes del mundo, con más de 3.300 piezas en griego, árabe, siríaco y otras lenguas. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2002. Es también el lugar donde fue descubierto el Códex Sinaiticus, el manuscrito más antiguo de la Biblia cristiana completa.

¿Qué es el Códex Sinaiticus?

El Códex Sinaiticus es el manuscrito griego del siglo IV d.C. que contiene la Biblia cristiana más completa conservada, incluyendo el Antiguo Testamento en griego y el Nuevo Testamento completo. Fue descubierto en el monasterio de Santa Catalina por el erudito alemán Constantin von Tischendorf en 1844 y 1859. La mayor parte del manuscrito fue llevada a San Petersburgo y vendida al Museo Británico por el gobierno soviético en 1933. El monasterio de Santa Catalina conserva 43 folios. Hoy el manuscrito está digitalizado y accesible en línea a través del proyecto Codex Sinaiticus.

¿Por qué el texto describe el Sinaí con vocabulario volcánico si la península del Sinaí no tiene volcanes?

Esta es una de las principales dificultades de la identificación tradicional del Jebel Musa con el Sinaí bíblico. El texto del Éxodo 19 describe la teofanía con fuego, humo denso y temblor del suelo, fenómenos asociados a la actividad volcánica, pero la península del Sinaí es geológicamente estable. Esto ha llevado a investigadores como Charles Whittaker a proponer que el Sinaí bíblico estaba en Arabia occidental, donde hay volcanes activos y donde el territorio era madianita según el propio texto bíblico. Otros investigadores interpretan el vocabulario como una descripción poética de una tormenta extraordinaria más que como una erupción volcánica literal.

¿Qué papel tiene el monte Sinaí en el Nuevo Testamento?

El monte Sinaí aparece en el Nuevo Testamento con dos funciones principales. En el Evangelio de Mateo, el Sermón de la Montaña está estructurado deliberadamente como un nuevo Sinaí, con Jesús como el nuevo legislador que entrega una nueva ley desde una nueva montaña. En la carta de Pablo a los Gálatas, el Sinaí es usado como símbolo negativo de la esclavitud de la Ley, en contraposición a la libertad del Evangelio. Estas dos lecturas, la tipológica positiva de Mateo y la dialéctica de Pablo, marcan las dos grandes tradiciones teológicas sobre la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

¿Cómo vivieron los hebreos en el Sinaí durante cuarenta años?

Según el relato bíblico, durante los cuarenta años en el desierto el pueblo hebreo fue alimentado con el maná, un alimento milagroso que caía cada mañana del cielo, y con codornices. El agua brotaba de la roca cuando Moisés la golpeaba con su cayado. La arqueología no ha encontrado evidencias de un campamento de la magnitud descrita en el Sinaí, lo que ha sido señalado como argumento contra la historicidad literal del relato. Los defensores de un núcleo histórico responden que un grupo nómada del tamaño real que pudo protagonizar el Éxodo dejaría rastros mínimos que el tiempo habría borrado completamente.

¿Tiene el monte Sinaí importancia en el islam?

En el islam, el monte Sinaí es llamado Jabal al-Tur y es reconocido como el lugar donde Musa, Moisés, recibió la revelación de Alá. Aparece mencionado varias veces en el Corán, y la sura 52 lleva su nombre. No tiene la centralidad litúrgica de La Meca o Medina, pero es un lugar sagrado compartido con las otras dos tradiciones abrahámicas. El hecho de que el monasterio cristiano de Santa Catalina haya coexistido en ese espacio con peregrinos musulmanes durante siglos, incluso con una mezquita dentro del recinto monástico, lo convierte en un ejemplo singular de convivencia religiosa en torno a un lugar sagrado compartido.

Fuente: https://redhistoria.com/monte-sinai/

Oración para irradiar a Cristo (Cardenal Newman)

Querido Jesús,
ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que vaya,
inunda mi alma con tu Espíritu y tu Vida.
Penetra y posee todo mi ser, tan completamente que mi vida
no sea más que un brillante reflejo tuyo. 
Brilla a través de mí, y hazte tan presente en mí,
que cada alma con la que entre en contacto experimente
tu presencia en mi alma.
Que levanten los ojos y ya no me vean a mí, sino sólo a Jesús.
Quédate conmigo,
y entonces empezaré a brillar como tú brillas; 
brilla de tal manera que seas luz para los demás. 
La luz, oh Jesús, vendrá toda de ti; 
ninguna será mía. 
Tú brillarás sobre los demás a través de mí. 
Permíteme, así, alabarte de la manera que tú amas:
brillando con luz sobre los que me rodean. 
Permíteme proclamarte sin predicar, 
no con palabras, sino con el ejemplo, 
con un poder que atrae, 
con la influencia benévola de lo que hago, 
con la plenitud tangible del amor 
que mi corazón lleva por Ti. Amén

«En la escuela de los Hechos de los Apóstoles…»

Cardenales Vesco y Marengo

por Marie-Lucile Kubacki
 
Roma (Agenzia Fides) – En la escuela de los Hechos de los Apóstoles, los cardenales Jean‑Paul Vesco, arzobispo de Argel, y Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator, aceptaron volver sobre su experiencia para Fides en Argelia y Mongolia. Entre el desierto del Sáhara y la estepa del Gobi, describen una misión entendida no como activismo, sino como una presencia humilde, relacional y llena de esperanza, llamada a anunciar el Evangelio en el corazón de sociedades que no han sido modeladas por el cristianismo.

En su carta a los cardenales de abril, el papa León XIV habla de la «necesidad de relanzar» la exhortación apostólica Evangelii gaudium en relación con la misión de la Iglesia. ¿Cómo resuena para ustedes la palabra «misión»?

Cardenal Jean‑Paul Vesco. Para mí, la palabra «misión» resuena ante todo como una pregunta: «¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué nos quedamos? ¿Qué queremos vivir?». Creo que esta pregunta del «por qué» es más fecunda que la del «cómo». Viviendo en un país donde nuestra Iglesia es minoritaria y jurídicamente limitada, he aprendido que la misión no se mide por la cantidad de cosas que hacemos ni por la visibilidad de nuestras iniciativas, sino por la autenticidad de nuestra presencia y la calidad de nuestra esperanza. A menudo comparo nuestra Iglesia con una persona con discapacidad: desde fuera se ve sobre todo lo que no puede hacer, pero aquello que sí hace tiene un gran valor. Del mismo modo, la misión no es una prestación, sino una fidelidad. Lo esencial no pasa en primer lugar por las palabras. Predicamos a un Mesías crucificado con lo que somos, con nuestra manera de vivir las relaciones respetando la fe del otro. La misión, para mí, consiste en dejar transparentar nuestra esperanza, a menudo de manera discreta, casi frágil.

Cardenal Giorgio Marengo. Cuando oigo la palabra «misión», especialmente a la luz de Evangelii gaudium, pienso inmediatamente en una relación: la que une a quien envía y a quien es enviado. El sustantivo «misión» viene del verbo latino mittere, enviar. Supone una relación viva entre quien envía y quien es enviado. No es simplemente: «hazme este encargo, ve a llevar este libro»; es otra cosa. La misión se vive en un nivel profundo, allí donde nos damos a nosotros mismos; de lo contrario, corremos el riesgo de quedarnos en la superficie, de «hacer» descuidando el «ser». En un contexto como el de Mongolia, donde el anuncio explícito está regulado y la Iglesia es muy pequeña, la misión adopta el rostro de la discreción y la cercanía. Cito a menudo la observación de una catequista mongola que un día dijo: al principio, en Mongolia, la Iglesia no envió paquetes de libros, sino que envió personas. La misión se vive en esta presencia humilde y relacional que permite a Cristo llegar a los corazones a través de mediaciones humanas muy sencillas.

Ambos viven en países marcados por grandes desiertos —el Sáhara o el Gobi—. ¿De qué modo esta experiencia ha modelado su forma de comprender la misión?

Cardenal Jean‑Paul Vesco. En Argelia, la mayor parte del país es efectivamente un desierto. Pero el 80% de la población vive en el 20% del territorio: el desierto es inmenso, pero está poco habitado. A mi llegada, a principios de los años 2000, viví un año y medio en Béni Abbès, donde Charles de Foucauld había fundado su primer eremitorio, para aprender árabe. En cierto modo, fue él quien me llevó a Argelia. Allí experimenté realmente el desierto: la inmensidad, el encuentro con los nómadas. Creo que fue el año más feliz de mi vida. Es mi paraíso perdido. Cuando fui elegido prior de la Provincia dominicana de Francia y tuve que regresar en veinticuatro horas, mientras era vicario general de la diócesis de Orán, atravesé una crisis existencial. Uno de los signos era que ya no lograba rezar a Charles de Foucauld, al que había dejado en Argelia: tenía la impresión de haberlo perdido. Un día, en París, entré en la iglesia de Saint‑Augustin, precisamente donde él se había convertido. Releyendo la oración de abandono, todo se pacificó en mí: comprendí que podía volver a ser feliz allí donde estuviera, en París o en cualquier otro lugar, con Charles de Foucauld. En el desierto hace falta un guía. Caminé mucho con un amigo nómada al que me costaba seguir, y comprendí la diferencia entre caminar tras las huellas de alguien y caminar exactamente en sus pasos. Cuando lograba poner mis pasos en los suyos, todo cambiaba: tenía su energía. Me dije: caminar siguiendo a Cristo y caminar en sus pasos son dos cosas distintas. Para mí, la misión es aprender poco a poco a caminar en sus pasos más que limitarse a seguir su rastro.

Cardenal Giorgio Marengo. Cuando me convertí en obispo, dado que la Iglesia en Mongolia no es todavía una diócesis sino una prefectura apostólica, recibí el título de una antigua diócesis que ya no existe: Castra Severiana, en Argelia. Me alegró estar vinculado a esa parte del mundo, al desierto y a Charles de Foucauld. No he vivido en el desierto, pero pasé catorce años en una región de Mongolia muy cercana al desierto del Gobi, el mayor desierto frío del mundo. Allí Teilhard de Chardin realizó sus estudios y compuso su meditación «La misa sobre el mundo». He ido muchas veces por visitas y exploración. Para mí, el desierto es ante todo la experiencia del vacío: la extensión incalculable del espacio. Cuando me encuentro en medio del desierto, me siento invitado a pasar a un nivel superior, porque la escasez de relaciones hace que todo adquiera más peso. Se pueden tener conversaciones que en la ciudad son más difíciles, porque cada uno se abre más. La inmensidad y la intimidad están ligadas. Se percibe la propia pequeñez y, paradójicamente, las sombras de la mañana y de la tarde son muy largas, porque el sol sale y se pone muy bajo en el horizonte. Como si estuviéramos llamados a algo más grande de lo que imaginamos. Esto modela mi manera de comprender la misión: menos como una multiplicidad de iniciativas y más como algunas relaciones muy densas, en ese vacío que hace que todo sea más valioso.

Hoy viven en grandes capitales. ¿En qué cambia la ciudad la manera de vivir la misión respecto al desierto?

Cardenal Jean‑Paul Vesco. Para mí, el desierto está en la ciudad. Experimenté el oasis de Béni Abbès como un lugar de sociabilidad extremadamente intensa, donde siempre se está en relación. En Orán ya es distinto y, cuanto más crece la ciudad, más se convierte para mí en un desierto: las personas están más aisladas, es más difícil entrar en relación. Ser cristiano en una sociedad musulmana es mucho más fácil en Béni Abbès que en Argel. Pensemos en la experiencia de René Voillaume, fundador de los Pequeños Hermanos de Foucauld. Queriendo seguir el ejemplo de Charles de Foucauld, se fue a El Abiodh Sidi Cheikh, en el desierto, y allí fundó un monasterio. Pero después de la guerra, los hermanos comprendieron que el desierto estaba en la ciudad, donde se encuentran las pobrezas, y la familia de Foucauld realizó un cambio completo de espiritualidad. La misión, para nosotros, consiste entonces en habitar estos «desiertos urbanos», hechos de soledad y pobreza relacional.

Cardenal Giorgio Marengo. Para mí, es más fácil estar en relación con Dios en el desierto que en la ciudad. Esto no significa que sea imposible, pero en el desierto uno se ve ayudado por el paisaje y el contexto. Se está naturalmente más dispuesto a pensar, mientras que en la ciudad uno se distrae. Las ciudades son lugares de gran soledad, pero a menudo se trata de una soledad negativa, en medio de la multitud, mientras que en el desierto se puede experimentar una soledad positiva. Ulán Bator, por ejemplo, es una ciudad muy congestionada. Después de los años 2000 ha experimentado una explosión demográfica: hoy la mitad de la población del país se concentra en un espacio reducido, aunque sigue pensando de manera nómada. Los desafíos de la convivencia son grandes. Estoy convencido de que se necesitan espacios de silencio en el corazón de las ciudades, posibilidades de escuchar una palabra de sabiduría. Los monasterios budistas diseminados en la capital son para la gente lugares de gran reflexión. En la Iglesia, deseamos que también nuestras parroquias sean lugares de paz y de encuentro con Dios y entre nosotros. Esta es, a mi parecer, la primera vocación de las parroquias en las ciudades de hoy.

En sus países no se trata de proselitismo, y las Iglesias viven con fuertes limitaciones legales y culturales. ¿De qué modo estos límites redefinen la misión?

Cardenal Jean‑Paul Vesco. Cuando se me dice: «Están limitados», a menudo el tono es peyorativo y no me parece justo. Tomo dos ejemplos. El primero es el de la danza clásica. Las bailarinas dan la impresión de tener un cuerpo sin límites, con gran ligereza, pero eso es fruto de un trabajo inmenso dentro de un marco muy exigente. El segundo es el de las personas con discapacidad que mencionaba antes. Para mí, ambos ejemplos convergen. En mi misión de evangelización, ¿hay algo esencial que no pueda hacer en Argelia? En el fondo, ¡muy poco! Predicamos con lo que somos y con nuestra esperanza.

Cardenal Giorgio Marengo. Me reconozco en lo que dices. La cuestión del límite nos ayuda a permanecer en contacto con lo esencial. A veces, cuando se piensa que se puede hacer todo, se corre el riesgo de perderse y de agotarse en una multiplicidad de actividades. En este sentido, paradójicamente, vivir la fe en un contexto minoritario con mayores límites externos es un ejercicio hacia una libertad más grande. Nos empuja a adherirnos a lo que es verdaderamente esencial. La limitación legal y cultural se convierte en una ayuda indirecta para ir a lo que realmente importa.

¿Se puede todavía hablar de misión cuando el anuncio explícito está limitado y todo debe vivirse con gran discreción?

Cardenal Jean‑Paul Vesco. No puedo reducir la misión a una dialéctica explícito/implícito. Lo que sé es que hablo mucho más de Dios en Argelia que en Europa, porque la gente me pregunta mucho más, sin cesar. La cuestión más profunda para mí es la de la verdad que reconozco en la fe del otro. Pienso en la frase de Pierre Claverie: «Soy creyente, creo que hay un Dios, pero no pretendo poseer ese Dios… Dios no se posee. No se posee la verdad, y yo necesito la verdad de los otros».
En mi experiencia concreta, «discreto» significa poco visible, pero también respetuoso. Nuestra presencia es discreta porque respeta la voz del otro. La discreción puede ser signo de finura, de respeto y de realismo: no hacer la pregunta de más, la que rompería una relación de confianza apenas naciente. Recuerdo mi primera Navidad en Argelia: ningún signo exterior en las calles, y sin embargo en nuestras comunidades una alegría muy fuerte, de la que muchos guardan nostalgia. Cuando regresé a Francia, me dije: por fin una Navidad tradicional. Y, sin embargo, echaba de menos la Navidad de Argelia, que es incomparable.
A veces se nos reprocha hacer obras sociales sin hablar de Cristo. No nos lo prohibimos. Me gusta esta frase de Desmond Tutu: «Mi vida es el evangelio que muchas personas leerán». No se trata de hablar de Él sin cesar, sino de hacerlo visible a través de nuestras vidas. Y es en la pregunta que nace en el otro —«¿por qué están aquí?»— donde reside, creo, una gran fuerza misionera.

Cardenal Giorgio Marengo. Conozco bien esa cita de Pierre Claverie, a quien admiro mucho. Cada año reflexionamos con los misioneros sobre el hecho de que la misión debe vivirse en un nivel profundo, dando una parte de nosotros mismos; de lo contrario, corremos el riesgo de quedarnos en la superficie, de «hacer» descuidando el «ser».
¿Tiene sentido hablar de misión cuando el anuncio es tan limitado? La respuesta es sí, como explicó el papa Francisco en Evangelii gaudium. La misión no es ante todo una acción exterior, sino una presencia humilde y relacional, llevada por la alegría del Evangelio. En Occidente, a veces he constatado que se acogen de buen grado los proyectos de desarrollo, pero se molestan cuando se dice: «Estamos aquí por Cristo». Lo importante es volver a esta relación con Cristo. Como decía una de nuestras catequistas, Rufina: «La Iglesia envió personas, no envió paquetes de libros». Si la misión consistiera solo en difundir un mensaje, bastaría con enviar un SMS a todos. Pero la misión es mucho más hermosa: es una relación viva con Cristo, que nos toma tal como somos y nos introduce en una circulación de amor, de alegría y de plenitud.

En Europa, la fe ha modelado catedrales; en Mongolia los nómadas viven en estructuras ligeras como la ger. ¿Qué formas de Iglesia les parecen más adecuadas para la misión hoy?

Cardenal Jean‑Paul Vesco. Pienso en el hermano Roger Schutz, fundador de Taizé. Al principio, los hermanos se reunían en la pequeña capilla románica del pueblo. Luego, misteriosamente, comenzaron a llegar jóvenes y un hermano arquitecto comenzó a construir una iglesia de hormigón. Un día, el hermano Roger fue a ver las obras y se marchó furioso, porque le parecía que todo se había rigidizado. Pero algunas semanas antes de Pascua, los hermanos se dieron cuenta de que la iglesia era demasiado pequeña. El hermano arquitecto dijo: «Solo hay una cosa que hacer: derribar la fachada». Desde entonces, la estructura inicial de piedra se ha mantenido, acompañada de una parte modulable. Es lo que el hermano Roger llamaba la «dinámica de lo provisional».
En Argelia, nuestra relación con el lugar es particular: la primera evangelización tuvo lugar antes de san Agustín, luego vinieron la islamización y la colonización. La mayoría de las iglesias que existieron están en ruinas o se han convertido en mezquitas. Vivimos entre huellas de patrimonio y fragilidad presente. Las dos dinámicas, la de la piedra y la de la tienda, son importantes. La arquitectura es también una manera de existir; es un poder. Cuando se construye una catedral, inevitablemente entra también en juego el ego de quienes la construyen. Y luego está la trascendencia, la belleza, y esta belleza sostiene la oración. Pero, ¿qué es justo y qué no lo es? Es un discernimiento constante.

Cardenal Giorgio Marengo. Para las Iglesias jóvenes, es importante mirar a las sociedades en las que la fe cristiana ha modelado el arte, la música y la arquitectura sagrada. Uno de los efectos de la evangelización es que el encuentro con Cristo modela no solo la vida de las personas, sino también un estilo de vida, opciones políticas y artísticas. Al mismo tiempo, aprecio la idea de la «provisionalidad» y de la ligereza, propias de la cultura nómada mongola, con su sobriedad: no gastar demasiado dinero en mantener edificios. El riesgo para nosotros, misioneros, es llegar y construir inmediatamente cosas. Venimos de realidades en las que la Iglesia es también un lugar físico y a veces construimos primero los edificios, pensando que la comunidad vendrá después. En Mongolia somos 64 misioneros de 29 nacionalidades distintas: cada uno lleva consigo el modelo de Iglesia de su país y a veces desea reproducirlo. El deseo de construir iglesias hermosas nace de una intención muy buena. Pero para mí sigue siendo una cuestión abierta: cómo articular la ligereza y lo provisional, muy en sintonía con la cultura mongola, con la dimensión positiva y legítima de un lugar de culto estable. Quizá estamos llamados a inventar formas híbridas.

Última pregunta: ambos viven en Iglesias que están todavía en sus inicios, aunque ambas estén marcadas por una presencia antigua. ¿De qué manera la Iglesia de los orígenes, la de los Hechos de los Apóstoles, puede ser una fuente de inspiración?

Cardenal Jean‑Paul Vesco. Es cierto que nuestra Iglesia se parece a la Iglesia de los comienzos descrita en los Hechos de los Apóstoles, y constatarlo nos sostiene mucho. Como la Iglesia primitiva, aspiramos a ser un solo corazón y una sola alma; y, como ella, estamos atravesados por desgarramientos, conflictos, desconfianzas y celos. Como ella, tenemos regularmente la impresión de tener que empezar de nuevo desde cero y reconstruir, y percibimos de manera muy concreta y encarnada las dificultades que aparecen tanto en los Hechos de los Apóstoles como en las cartas de Pablo. Como en los tiempos de la primera Iglesia, nos maravillamos de lo que el Espíritu puede hacer en las vidas de manera humanamente inexplicable. Y al mismo tiempo vemos al Divisor actuar dentro de nuestra comunidad. Entre el número muy pequeño de cristianos argelinos de nuestra Iglesia, cuatro han fallecido en los últimos tres años, entre ellos uno de nuestros dos seminaristas, acogido como un don de Dios. Dos bautizados en la Pascua de 2025 subieron al cielo dentro de los seis meses siguientes a su bautismo, y otra fue gravemente herida en un improbable accidente doméstico dos días después de haber pedido el bautismo. Es sin duda la gracia de los comienzos: vivir de forma directa estas tribulaciones del Maligno y también la fuerza del soplo del Espíritu.
Durante la visita del Santo Padre el pasado mes de abril, esperaba presentarle una Argelia sonriente y bañada de sol. En cambio, una furia de los elementos puso a dura prueba parte de lo que habíamos preparado. Me sentí herido, hasta que comprendí que, lejos de la imagen de postal que había deseado, era una pequeña Iglesia de corazón ardiente, luchando contra viento y marea, la que se mostraba en su verdad.

Cardenal Giorgio Marengo. En Mongolia nos referimos a menudo a los Hechos de los Apóstoles como nuestra inspiración. Allí encontramos descrita nuestra realidad cotidiana, con sus luces y sombras, y de ahí sacamos confianza y esperanza. Sentimos con fuerza la responsabilidad de acompañar a la primera generación de cristianos, que tienen mucho que darnos con la frescura de su adhesión a la fe. En particular, nos interesa la dinámica testimoniada en los Hechos del anuncio del Evangelio al mundo no judío. En esas fases primordiales de la Iglesia naciente se maduró la convicción de que el Evangelio era para todos y, por tanto, había que dirigirse también a los pueblos no directamente vinculados a la experiencia de Israel. Como nos sucede a nosotros en el encuentro con las tradiciones religiosas de Asia. En la escuela de los Hechos, sentimos que estamos llamados a «susurrar el Evangelio al corazón de Mongolia», a través de un testimonio sencillo y discreto que florece en relaciones de auténtica fraternidad.

(Agencia Fides) 

MAGDELEINE DE JESÚS  NÓMADA DE DIOS POR LOS CAMINOS DEL MUNDO

Nació en París el 26 de abril de 1898, en el seno de una familia de Lorena, Magdeleine Hutin parecía destinada a una existencia discreta. Pero desde muy joven ardía en ella un deseo profundo: entregarse totalmente a Dios y vivir el Evangelio con radicalidad. La lectura de la vida y de los escritos de Carlos de Foucauld fue decisiva. En aquel hombre del desierto descubrió el ideal que había buscado durante años: seguir a Jesús de Nazaret en una pobreza radical, en el ocultamiento y en el amor universal. Sin embargo, la llamada que sintió no consistía simplemente en imitar a Foucauld. Su misión sería prolongar y desarrollar su intuición espiritual de una manera nueva e inesperada. Durante casi veinte años tuvo que esperar. Fueron años de búsqueda, sufrimiento, incertidumbre y fidelidad. Todo parecía retrasar el cumplimiento de su vocación. Pero aquella larga espera fue también su primer desierto. Allí aprendió a abandonarse completamente en las manos de Dios. Finalmente, en 1939, llegó a Argelia y fundó la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús.

Su proyecto inicial era humilde: algunas hermanitas contemplativas compartiendo la vida de los nómadas del Sahara. Nada más. Pero Dios soñaba más lejos. Poco a poco comprendió que la espiritualidad de Nazaret no estaba destinada únicamente al desierto. El mundo entero esperaba fraternidades capaces de vivir entre los pobres, de cruzar fronteras culturales y religiosas, de ser testigos silenciosos del amor de Cristo en medio de la vida ordinaria. Comenzó entonces una extraordinaria peregrinación. Magdeleine recorrió continentes, atravesó fronteras políticas e ideológicas, visitó pueblos y ciudades, se acercó a musulmanes, judíos, budistas, hindúes, ateos y cristianos de todas las confesiones. Allí donde encontraba seres humanos descubría hermanos. Por eso puede definirse como una auténtica nómada de Dios.

Su equipaje era ligero: una confianza absoluta en el Evangelio, una pasión por la fraternidad universal y una convicción inquebrantable de que toda persona, sin excepción, es amada por Dios. En una época marcada por guerras, divisiones, racismos y enfrentamientos ideológicos, ella eligió el camino de la amistad. Frente a la exclusión, propuso la fraternidad. Frente al poder, la pequeñez. Frente al miedo, la confianza. Toda su vida podría resumirse en una frase que expresó con sencillez al final de sus días: «Dios me tomó de la mano y ciegamente lo seguí».

Estas páginas quieren seguir las huellas de esa mujer extraordinaria para descubrir cómo una existencia aparentemente pequeña llegó a convertirse en una llama de amor capaz de iluminar el mundo. Porque la historia de la hermanita Magdeleine no pertenece solamente al pasado. Su mensaje sigue interpelando a nuestro tiempo. En un mundo herido por nuevas fronteras y nuevas soledades, continúa recordándonos que el Evangelio comienza siempre por la cercanía, la amistad y el amor.