Carlos de Foucauld, o «soñar con un mundo que sea eternamente ‘Jesús’

«Sus enseñanzas encajaban plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal»

«Nos sentimos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad»

«Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos»

07.06.2020

La ‘familia’ foucouldiana, desde sus diversas sensibilidades en España y en el mundo, ofrece sus correspondientes testimonios de búsqueda espiritual comunitaria, personal e inspirada en el hermano Carlos de Foucauld, a la luz de su anunciada canonización.

Asociación Familia Carlos de Foucauld en España

Hoy es un gran día de fiesta para nuestra Familia Espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y para los pobres en general. Hemos conocido la noticia justo el día de la celebración de Pentecostés, una de las fiestas vividas más profundamente por Carlos de Foucauld. El Espíritu lo fue guiando en su búsqueda al lugar más inhóspito y pobre, Tamanrasset. Allí forma una «Zaouïa» (Fraternidad), esta era su casa.

Siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. ¿»Hay alguna cosa más dulce en el mundo que hacer la voluntad de Aquel a quien se ama»?. Soñar para mañana un mundo que sea finalmente y eternamente «Jesús», su Modelo Único, practicando el apostolado de la bondad. La novedad de su mensaje es vivir Nazareth, vida humilde y pobre.

Las Fraternidades, que vivimos su carisma, generalmente queremos hacer en lo posible, la imitación de Nazaret en humildad, pobreza y «Dernière place» (último lugar); buscando el equilibrio entre Contemplación y Acción.

La acogida entre nuestras Fraternidades en unión como ramas de un mismo árbol. Queremos continuar el deseo de Carlos de Foucauld de ser una Fraternidad Universal. Nos comprometemos en nuestra sociedad, cada una en donde le ha tocado vivir, en compromiso con los más desfavorecidos que son nuestros hermanos.

Esta gran satisfacción y alegría que nos produce su canonización nos ayudará y nos dará fuerza para continuar viviendo nuestro Carisma en profundidad. Damos gracias a Dios por tan gran obra.

Comunitat de Jesús

La Comunitat de Jesús fue iniciada por el laico Pere Vilaplana a finales de los años 60. En septiembre de 1968, en la ermita de la Santa Creu, en la montaña de Montserrat, el monje ermitaño Estanislau Llopart recibía los compromisos de los primeros hermanos. Actualmente conformamos la Comunitat de Jesús 43 hermanos y hermanas: casados, solteros y un hermano consagrado en el celibato.Vivimos en diversas localidades de Catalunya, País Valenciano, Aragón y Baleares, cada uno en su domicilio. Uno de los inspiradores de nuestro carisma ha sido, y es, Carlos de Foucauld, así como Albert Peyriguère, seguidor también de Foucauld, en el Kbab (Marruecos) en los años 50. El conocimiento de ambos se gestó en las primeras biografías de Foucauld y en unas cartas de Peyriguère recogidas en “Dejad que Cristo os conduzca”.La visión en la etapa final de Foucauld de promover la encarnación del evangelio en el laicado, recuperando el modelo de Priscila y Aquila, también en el mundo occidental, y no solo en los países musulmanes, encajaba plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal.

Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld
Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld

Amigos en el Amigo, viviendo la vida de Nazaret en los entornos laborales, sociales y de Iglesia. Nuestro estilo de vida no tiene nada de particular: los mismos problemas, las mismas ilusiones, los mismos dolores, que cualquier ciudadano, pero con la inquietud de impregnarnos del proyecto del Dios-Amor, revelado en Jesús. Oración, trabajo del evangelio, formación con la ayuda de muchos, compartir la vida -en serio-, los bienes materiales según posibilidades, los espacios que posee la Comunitat de Jesús en el pueblo de Tarrés, Lleida, implicación en compromisos sociales y con la Iglesia, sin ninguna actividad apostólica predominante.La vinculación a la comunidad nos empuja a seguir creciendo, a no acomodarnos a los reclamos del mundo, tan tentador siempre. A sentirnos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad. Recibimos la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld desde la alegría de formar parte de su Familia Espiritual, desde los años 80. Esta familia, para nosotros, ha sido un soporte y una riqueza inmensa. Acogemos la canonización bajo el anhelo de que sirva para inspirar a otros en una vida encarnada en la sencillez, arraigada en la profundidad del silencio, que es Palabra, en la autenticidad del Amor, que es Proyecto, desde el anonimato que convive con todos, pero enfoca directamente a los más desfavorecidos, a los últimos de los últimos, como repetía Foucauld. Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos, y seguirá siendo espejo para reflejar la esencialidad de su enamorado, Jesús, la esencialidad del pan partido y encarnado entre los más humildes y en todo ser humano.

Espiritualidad
Espiritualidad

Comunidad ecuménica Horeb

El hermano Germán, regional de la CEHCF en Brasil, nos envía un whatsaap que dice así: «Estamos muy alegres por este acontecimiento anunciador de vida, vida plena para el mundo». La canonización del hermano Carlos de Foucauld es un acontecimiento de vida para la Iglesia y el mundo porque va en la línea del papa Francisco, que en palabras del obispo Pere Casaldàliga, quiere «una Iglesia vestida de Evangelio y calzada con sanda-lias». Foucauld puede ayudar a la Iglesia de hoy a «volver a Nazaret»: Una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, acogedora, a imitación de la santa Familia de Nazaret.

La CEHCF es una unión espiritual de personas que constituyen un «monasterio invisible en la comunión de los santos». Esta comunidad la integran personas que bajo Los consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, hacen el compromiso ecuménico de pedir todos los días por la unión de los cristianos y que las Iglesias, Religiones y las Naciones se dejen conducir por el Espíritu de Jesús, el Cristo.

La CEHCF fue fundada, como lugar físico de acogida y oración en 1978, por José Luis Vázquez Borau, en el Poblado de Sn Francisco de Huercal-Overa (Almería), con la bendi-ción del obispo de entonces Don Manuel Casares Hervás, y funcionó hasta 1982, que tu-vieron los hermanos y hermanas que dispersarse por diversas circunstancias. Pero en Pentecostés de 2006 la CEHCF recibió un nuevo impulso constituyéndose Fraternidades Horeb por todo el mundo.

Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld
Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld

Fue reconocida ad experimentum como Asociación privada de fieles el 19 de junio de 2014, por el cardenal de Barcelona Mons. Luis Martinez Sistach y el 20 de junio de 2018 el Cardenal Juan José Omeya Omella, arzobispo de Barcelona, firmó el decreto de constitución definitiva de la misma como Asociación privada de fieles. El año 2020 la CEHCF ha sido acogida en la Asociación Familia Foucauld España. En la actualidad hay presencia de la CEHCF en quince países del mundo.

Fraternidad Carlos de Foucauld

Al llegarme la noticia de la Canonización del hermano Carlos de Foucauld, tuve una sensación muy dispar, de alegría, cómo no, pero al mismo tiempo de desconcierto, ¿y ahora qué?. Veníamos hablando en la Asociación de la Familia del Hermano Carlos, de esta posibilidad, especialmente desde la beatificación y siguiendo aunque de lejos los trabajos de la Comisión encargada de ese proceso. Después de la impresión inicial… Me surgía la pregunta: Carlos de Foucauld, ¿qué diría ahora?

«Si el grano de trigo no muere….». La primera constatación es, ¿cómo un hombre que deseó ardientemente vivir su experiencia con otros hermanos, que se pasó elaborando estatutos de una Asociación que nunca fue reconocida, a su muerte ha podido generar tantos grupos y formas de vivir el seguimiento de Jesús, en el camino que éste hombre inquieto y siempre en búsqueda inició solo en el desierto?

Carlos de Foucauld, a los altares
Carlos de Foucauld, a los altares

La Fraternidad Carlos de Foucauld, Asociación de Fieles Laicas, es una de ellas, a la que pertenezco: «Está constituida por mujeres que optan por vivir el Absoluto de Dios, en el celibato, según el carisma se Carlos de Foucauld» Es en la vida cotidiana donde los miembros de la Fraternidad, viven su entrega a Dios en libre opción de trabajo, compromisos y formas de vida «. La segunda, ¿podremos sustraernos al «montaje «que toda Canonización lleva….? Seremos capaces, de vivir éste acontecimiento, como un reto para actualizar el mensaje, vivir en profundidad las intuiciones que nos enamoraron de su mensaje, en definitiva: «Volver al Evangelio, ser hermanos universales, en nuestro Nazaret de cada día. Si es así, ¡bienvenida canonización!

Fermina

Fraternidad sacerdotal Iesus Caritas

Hace unos días recibíamos la buena noticia de la próxima canonización del Hermano Carlos de Foucauld. La noticia ha llegado, curiosamente, en esta etapa de confinamiento por el coronavirus. Y, quizá, por ese motivo ha supuesto una sorpresa. Evidentemente, una sorpresa agradable. En tan pocos días no ha sido posible contactar con todos los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal pero, el sentir general, con los que he podido compartir, es de alegría y agradecimiento.

Espiritualidad tras Carlos de Foucauld
Espiritualidad tras Carlos de Foucauld

Ese día fueron continuos los mensajes de alegría por parte de los hermanos sacerdotes, así como la comunicación de los distintos ecos que la noticia estaba provocando en la prensa. También hay que subrayar las palabras de felicitación por parte de muchos de nuestros feligreses, sabedores de que nuestra espiritualidad sacerdotal se nutre de la vida y el estilo del hermano Carlos. En este sentido, estoy convencido de que muchos de nosotros habremos recibido mensajes y llamadas de nuestras distintas comunidades parroquiales para felicitarnos. Yo puedo compartir algo de mi experiencia, en ese sentido. Alguna feligresa de mi parroquia, del centro de Valencia, nada más conocer la noticia, la puso en el grupo de whatsapp que tiene la parroquia. Inmediatamente, la comunidad empezó a manifestar su alegría por esta gran noticia, dándome la enhorabuena.

Uno intenta no “condicionar” demasiado a la gente, en sus devociones y en sus santos. Pero, es evidente que, al final, si uno vive la espiritualidad del hermano Carlos, de una forma o de otra, eso lo transmite, lo contagia. En esa reacción inmediata de los feligreses de mi parroquia entendí que, en el poco tiempo que camino con ellos, han captado cuáles son mis fuentes de espiritualidad. No se han quedado, solamente, con la felicitación. Alguien ha propuesto, con la aceptación y el aplauso de todos, que un servidor ofrezca unas charlas o un curso sobre la vida y la espiritualidad del hermano Carlos, porque lo conocen poco. Evidentemente, no puedo decir que no. Tienen derecho a conocer quién es Carlos de Foucauld y por qué la Iglesia lo considera santo.

Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld
Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld

Yo diría, al respecto de la anécdota de mi parroquia, que la próxima canonización del hermano Carlos debe despertar, no sólo la alegría inmensa de que la Iglesia reconozca en su vida un camino de santidad sino, también, la responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos y su espiritualidad. Entre otras cosas, porque estamos convencidos de que su espiritualidad de Nazaret no es algo del pasado, sino que sigue teniendo mucha actualidad.

Nazaret proporciona un estilo de presencia y de evangelización que tiene mucho que ver con esa llamada constante y permanente del Papa Francisco a ser cristianos y comunidades “en salida”. Cuanto más profundizamos en la espiritualidad de Carlos de Foucauld más nos damos cuenta de su actualidad. Y, quizá, éste puede ser un buen momento para darla a conocer. Nosotros, como sacerdotes diocesanos; otros miembros de la familia del hermano Carlos, desde su carisma. No cabe duda de que, durante mucho tiempo, hemos sido parcos o tímidos a la hora de hablar del hermano Carlos. Al menos, a mí me lo ha parecido. Pero, si estamos convencidos de que su espiritualidad tiene algo o mucho que aportar a la Iglesia y al mundo de hoy, no podemos privar al Pueblo de Dios, de la vida y el testimonio de un santo que supo encarnar el evangelio, a Jesús mismo, en un contexto difícil, adverso. Su estilo tiene mucho que aportar a la Iglesia de hoy. Como sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, no podemos sino alegrarnos de la noticia, dar gracias a Dios, y traducir nuestra alegría y agradecimiento, no sólo en un estilo de vida, sino en un modo de hacer llegar a nuestra gente la vida y el testimonio del hermano Carlos. Ojalá acertemos. Un fuerte abrazo y felicidades a toda la Familia de Carlos de Foucauld.

Aquilino Martínez

«La responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos»

Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia

«Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él». Ese es el absoluto que descubre el hermano Carlos. Y que sitúa a todo lo demás y a cada persona, como criatura. Y nos ayuda a no asumir protagonismos que no nos corresponden. De ahí el abandono, la adoración, la acción de gracias, el último lugar. Su profetismo nace de ese descubrimiento del Amor de Dios que le lleva al apostolado de la amistad, a Nazaret.

Fue testigo del amor de Dios y su muerte tal vez se debió al miedo y la confusión de un joven… No la entregó en defensa de su fe. Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo. Los milagros pueden parecer un «poner a prueba» a Dios. Tal vez sea momento de revisarlo. Pero agradecemos sus intuiciones y testimonio, que nos ha abierto caminos de conversión y de vida fraterna.

Como parte de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia quiero destacar su figura como una persona que supo ser profeta sin pretenderlo, legándonos una espiritualidad basada en el abandono propio y aceptación de un Dios que es visible y cercano en todas las criaturas que habitan nuestro mundo. Y no pretendo representar a la totalidad sino mostrar el testimonio agradecido de esa riqueza en la diversidad que representa la Fraternidad.

«Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo»

Desde lo cotidiano nos sentimos llamadas a recrear la Iglesia con sus grandes y pequeñas contradicciones. Porque nos sabemos acompañadas por esa multitud de testimonios de vida, comunión de santas que ejerciendo su libertad, han hecho crecer el Reino encarnando el Evangelio. Agradecemos al Hermano Carlos y a todas las personas que acogieron la Fraternidad Universal. Es vía para saberse hermana e hija, para compartir con quien sabemos que nos ama y afrontar así nuestras miserias y limitaciones, como personas y como sociedad. Nos despierta a la presencia en lo cotidiano, en la bondad pequeña, en las relaciones, en la acción política y sindical. Nos lleva a la creatividad para encarnar la Palabra, al encuentro en la amistad y la fraternidad como espacio de lucha personal por la coherencia. A la Eucaristía, acción de gracias y alimento, en la que compartimos la vida y nos abrimos al Espíritu. A vivir en los márgenes, situarnos en la periferia, acompañadas por el respeto, la libertad y el cariño. Nos alegramos que las intuiciones del Hermano Carlos sean compartidas y valoradas aunque su canonización no añade nada a nuestra experiencia de fe. Nos gustaría alimentar gestos plenos de significado y esperanza para esta sociedad del siglo XXI, que dieran testimonio de esa lectura del Evangelio encarnada en la vida, que es la fe cristiana. Queremos manifestar que nos sentimos agradecidas porque su vida y la obra que nos legó nos sirven como guía en nuestro camino como personas a las que un día sedujo el evangelio de Jesús de Nazaret.

Isabel Zacarés Escrivà

Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld
Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld

Hermanitas de Jesús

Me han pedido un pequeño escrito en nombre de las Hermanitas de Jesús, pero no es esta mi intención, porque creo que hay tantas maneras de reaccionar a la noticia de la canonización del Hermano Carlos como Hermanitas existen en el mundo… Voy a hablar por mí. Estoy en la Fraternidad hace muchos años, desde el pos-Concilio, y lo que me atrajo fue la figura de Carlos de Foucauld, tal como la descubrí en algunos libros y en el testimonio de unas hermanitas que conocí por casualidad. Estaba enamorada de la persona de Jesús y deseaba seguirle en la vida religiosa, pero no sabía dónde… Al conocer al Hermano Carlos intuí que había en él una trayectoria de verdad evangélica, de las bienaventuranzas, donde la contemplación de la Encarnación me llevaba de la mano a compartir mi suerte con la de los más pobres y marginados. Y esto me pareció concretizar de manera bien clara las orientaciones que acabábamos de recibir del Concilio Vaticano II.

Por esto me decidí por la Fraternidad. Mi vida ha sido de altos y bajos, con mucha fragilidad y bastantes huidas, pero con la presencia (muchas veces apenas presentida) de este Jesús descubierto en la juventud, y que ha continuado acompañándome por los caminos del mundo.

Hoy Carlos de Foucauld es reconocido “santo” oficialmente por la Iglesia. ¡No es que no lo fuera ya! A mí casi me gusta más como “santo de la puerta de al lado” que como “santo en los altares”… Las canonizaciones en general me dejan un poco fría. Pero me sorprendo a mí misma alegrándome de verdad con esta celebración, por lo que el “nuevo santo” representa:

Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld
Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld

Creo que es muy importante para toda la Iglesia actual, tan amenazada de retrocesos y de cierre sobre sí misma, que se reconozca en Carlos de Foucauld uno de los paradigmas de una nueva forma de situarnos como discípulos y discípulas de Jesús en este cambio de época: maravillado por la cercanía de Dios, por lo concreto de la Encarnación (Nazaret), precursor de una nueva forma de evangelización por la presencia y la amistad, tejedor de relaciones impregnadas de un profundo respeto por cada ser humano, de cualquier pueblo, cultura, religión… En resumen: un hombre clave.

Josefa Falgueras

Hermanos del Evangelio

Como congregaciones religiosas bebemos de la intuiciones de Carlos de Foucauld que se inspiran en la vida de Jesús en Nazaret. En ese pueblo perdido de Galilea Jesús creció y pasó la mayor parte de su vida y estamos seguros que esto marcó profundamente su manera de actuar y anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Nuestra vocación está marcada por la amistad y el compartir la vida de la gente sencilla, en el trabajo, en el barrio, en sus luchas y alegrías, en sus penas y debilidades… Esa vivencia atraviesa y marca nuestra oración. A través de ese estilo de “Nazaret”, desde lo cotidiano, desde lo sencillo y pequeño, muchas veces aparentemente inútil y poco relevante, esperamos que pueda traslucirse ese gran amor que Dios nos tiene a toda la humanidad.

Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos. El revuelo y el boato que suelen acompañar estos acontecimientos no están en nuestra genética. Más bien tenemos una tendencia innata a huir de ello.

La noticia de la próxima canonización nos llena de alegría, porque estamos convencidos que las intuiciones del hermano Carlos, su modo de relacionarse con su “bien amado hermano y Señor Jesús”, su manera de vivir el “apostolado de la bondad”, son una verdadera riqueza para nuestro tiempo. En una época de cierta globalización por un lado y un peligro de repliegue sobre sí mismo por otro, Carlos, el hermano universal, nos invita a ser hermano de todos y todas, sin distinción… En tiempos saturados de ruidos y palabras, de ídolos y estrellas, Carlos nos invita a redescubrir la importancia de lo pequeño, la sencillez, lo silencioso… En las tensiones que surgen a veces entre las religiones el camino de Carlos -que recuperó la fe de su infancia gracias a la impresión que le causó la fe en el mundo musulmán- nos abre al respeto mutuo en el diálogo interreligioso…

«Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos»

¿Es el momento del anuncio de su canonización una casualidad? Durante esos meses de pandemia, muchos creyentes nos hemos quedado sin poder asistir físicamente a la eucaristía. Carlos, en su empeño de ir hacia los más pobres y alejados, se puso en tal situación que durante meses estuvo privado de poder celebrar la misa… ¡Curiosa coincidencia!

La frase del Evangelio que más sacudió mi vida es ésta: ‘Lo que hacen al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen’ (Mateo 25,40). Y cuando se piensa que es la misma persona la que dijo: ‘Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre’, con qué fuerza se siente uno impulsado a amar a Jesús en estos pequeños (Carlos de Foucauld)

JuanFamilia Carlos de Foucauld

Católicos y protestantes compartirán la clase de religión en alemania

Ediciones Feadulta

Baja Sajonia estrena la primera asignatura del país asumida conjuntamente por ambas Iglesias, un modelo que busca enseñar a convivir con las diferencias sin borrarlas.

A partir del curso 2026-2027, el estado alemán de Baja Sajonia sustituirá progresivamente las clases separadas de Religión católica y evangélica por una única asignatura denominada Religión cristiana según principios evangélicos y católicos. La implantación comienza en los cursos primero y quinto y se extenderá después al resto de niveles de Primaria y Secundaria.

Es la primera vez en Alemania que las Iglesias católica y evangélica asumen conjuntamente la responsabilidad de una asignatura de Religión en todo un estado. La iniciativa reúne a cinco Iglesias evangélicas regionales y cuatro diócesis católicas, que compartirán contenidos, currículo, materiales y formación del profesorado, en colaboración con las autoridades educativas de Baja Sajonia.

La novedad no consiste simplemente en sentar en una misma aula al alumnado católico y protestante. Esa cooperación ya existía en algunos centros desde 1998. El paso decisivo es que ahora ambas Iglesias elaboran y sostienen juntas un único proyecto educativo. No se trata de una experiencia provisional, sino de una asignatura ordinaria que irá sustituyendo de manera estable a las dos materias anteriores.

El nuevo modelo tampoco pretende crear una confesión mezclada ni convertir la clase en una exposición neutral sobre las religiones. El currículo mantiene como fundamento la Biblia, las tradiciones cristianas y las convicciones compartidas por católicos y protestantes. Al mismo tiempo, las diferencias sobre la Iglesia, los ministerios, la Eucaristía o el papel del Papa no se ocultan, sino que se presentan y se reflexionan abiertamente.

La asignatura también incorpora el diálogo con otras confesiones cristianas, el judaísmo, el islam y diferentes filosofías y visiones del mundo. Aunque está dirigida principalmente al alumnado católico y evangélico, podrán participar voluntariamente estudiantes de otras religiones o sin vinculación religiosa. Además, continuarán ofreciéndose las clases de religión judía, islámica y aleví, así como la materia alternativa Valores y Normas.

El cambio responde a una sociedad cada vez más plural, al descenso de la pertenencia a las grandes Iglesias y a las dificultades que encuentran algunos centros para mantener grupos separados. Sin embargo, sus promotores no lo presentan únicamente como una solución organizativa. Aspiran a que la enseñanza religiosa conecte con las preguntas de niños y adolescentes sobre el sentido de la vida, la libertad, la justicia, la responsabilidad o la dignidad humana.

El obispo evangélico Thomas Adomeit ha resumido el espíritu del proyecto afirmando que la nueva asignatura «acerca a las Iglesias sin difuminar lo propio de cada confesión». La unidad no exige uniformidad: también se puede aprender a convivir descubriendo lo que nos une y hablando con naturalidad de aquello que todavía nos separa.

La experiencia de Baja Sajonia lleva así el ecumenismo desde los documentos y los encuentros institucionales hasta la vida cotidiana de las aulas. Quizá el futuro de la enseñanza religiosa dependa menos de preservar dogmas y siferencias y más de crear espacios en los que la fe ayude a dialogar, pensar y convivir en una sociedad diversa.

Fuentes:

Ministerio de Educación de Baja Sajonia

Confederación de Iglesias Evangélicas de Baja Sajonia

Diócesis de Osnabrück

«No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos»(Jn 15, 13)


Maximiliano María Kolbe nació en Polonia el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola, que en ese entonces se hallaba ocupada por Rusia. Fue bautizado con el nombre de Raimundo en la iglesia parroquial.

A los 13 años ingresó en el Seminario de los padres franciscanos en la ciudad polaca de Lvov, la cual a su vez estaba ocupada por Austria. Fue en el seminario donde adoptó el nombre de Maximiliano. Finaliza sus estudios en Roma y en 1918 es ordenado sacerdote.


Devoto de la Inmaculada Concepción, pensaba que la Iglesia debía ser militante en su colaboración con la Gracia divina para el avance de la fe católica. Movido por esta devoción y convicción, funda en 1917 un movimiento llamado «La Milicia de la Inmaculada» cuyos miembros se consagrarían a la bienaventurada Virgen María y tendrían el objetivo de luchar mediante todos los medios moralmente válidos, por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo. En palabras del propio San Maximiliano, el movimiento tendría: «una visión global de la vida católica bajo una nueva forma, que consiste en la unión con la Inmaculada.»

Verdadero apóstol moderno, inicia la publicación de la revista mensual «Caballero de la Inmaculada», orientada a promover el conocimiento, el amor y el servicio a la Virgen María en la tarea de convertir almas para Cristo. Con una tirada de 500 ejemplares en 1922, en 1939 alcanzaría cerca del millón de ejemplares.

En 1929 funda la primera «Ciudad de la Inmaculada» en el convento franciscano de Niepokalanów a 40 kilómetros de Varsovia, que con el paso del tiempo se convertiría en una ciudad consagrada a la Virgen y, en palabras de San Maximiliano, dedicada a «conquistar todo el mundo, todas las almas, para Cristo, para la Inmaculada, usando todos los medios lícitos, todos los descubrimientos tecnológicos, especialmente en el ámbito de las comunicaciones.»

En 1931, después de que el Papa solicitara misioneros, se ofrece como voluntario y viaja a Japón en donde funda una nueva ciudad de la Inmaculada («Mugenzai No Sono») y publica la revista «Caballero de la Inmaculada» en japonés («Seibo No Kishi»).


En 1936 regresa a Polonia como director espiritual de Niepokalanów, y tres años más tarde, en plena Guerra Mundial, es apresado junto con otros frailes y enviado a campos de concentración en Alemania y Polonia. Es liberado poco tiempo después, precisamente el día consagrado a la Inmaculada Concepción. Es hecho prisionero nuevamente en febrero de 1941 y enviado a la prisión de Pawiak, para ser después transferido al campo de concentración de Auschwitz, en donde a pesar de las terribles condiciones de vida prosiguió su ministerio.

En Auschwitz, el régimen nazi buscaba despojar a los prisioneros de toda huella de personalidad tratándolos de manera inhumana e inpersonal, como un simple número: a San Maximiliano le asignaron el 16670. A pesar de todo, durante su estancia en el campo nunca le abandonaron su generosidad y su preocupación por los demás, así como su deseo de mantener la dignidad de sus compañeros.

La noche del 3 de agosto de 1941, un prisionero de la misma sección a la que estaba asignado San Maximiliano escapa; en represalia, el comandante del campo ordena escoger a diez prisioneros al azar para ser ejecutados. Entre los hombres escogidos estaba el sargento Franciszek Gajowniczek, polaco como San Maximiliano, casado y con hijos.

San Maximiliano, que no se encontraba entre los diez prisioneros escogidos, se ofrece a morir en su lugar. El comandante del campo acepta el cambio, y San Maximiliano es condenado a morir de hambre junto con los otros nueve prisioneros. Diez días después de su condena y al encontrarlo todavía vivo, los nazis le administran una inyección letal el 14 de agosto de 1941.

Es así como San Maximiliano María Kolbe, en medio de la más terrible adversidad, dio testimonio y ejemplo de dignidad. En 1973 Pablo VI lo beatifica y en 1982 Juan Pablo II lo canoniza como Mártir de la Caridad. Juan Pablo II comenta la influencia que tuvo San Maximiliano en su vocación sacerdotal: «Surge aquí otra singular e importante dimensión de mi vocación. Los años de la ocupación alemana en Occidente y de la soviética en Oriente supusieron un enorme número de detenciones y deportaciones de sacerdotes polacos hacia los campos de concentración. Sólo en Dachau fueron internados casi tres mil. Hubo otros campos, como por ejemplo el de Auschwitz, donde ofreció la vida por Cristo el primer sacerdote canonizado después de la guerra, San Maximiliano María Kolbe, el franciscano de Niepokalanów.» (Don y Misterio).

San Maximiliano nos legó su concepción de la Iglesia militante y en febril actividad para la construcción del Reino de Dios. Actualmente siguen vivas obras inspiradas por él, tales como: los institutos religiosos de los frailes franciscanos de la Inmaculada, las hermanas franciscanas de la Inmaculada, así como otros movimientos consagrados a la Inmaculada Concepción. Pero sobretodo, San Maximiliano nos legó un maravilloso ejemplo de amor por Dios y por los demás.


Con motivo de los veinte años de la canonización del padre Maximiliano Kolbe (10 de octubre de 1982), los Frailes Menores Conventuales de Polonia abrieron el archivo de Niepokalanow (Ciudad de la Inmaculada, a 50 kilómetros de Varsovia), construido por el mismo mártir de Auschwitz. Entre los manuscritos del santo, destaca la última carta que escribió y que acaba con besos a su madre. Una carta que refleja una ternura que no aparecía en otros escritos, y que hace pensar que el sacrificio con el que ofreció la vida voluntariamente en sustitución de un condenado a muerte fue algo que maduró a lo largo de su vida. Este es el texto del escrito: «Querida madre, hacia finales de mayo llegué junto con un convoy ferroviario al campo de concentración de Auschwitz. En cuanto a mí, todo va bien, querida madre. Puedes estar tranquila por mí y por mi salud, porque el buen Dios está en todas partes y piensa con gran amor en todos y en todo. Será mejor que no me escribas antes de que yo te mande otra carta porque no sé cuánto tiempo estaré aquí. Con cordiales saludos y besos, Raimundo Kolbe».

Juan Pablo II, un año después de su elección, en Auschwitz, dijo: «Maximiliano Kobe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida». La expresión remite a unas palabras escritas por el padre Kolbe unas semanas antes de que los nazis invadieran Polonia (1 de septiembre de 1939): «Sufrir, trabajar y morir como caballeros, no con una muerte normal sino, por ejemplo, con una bala en la cabeza, sellando nuestro amor a la Inmaculada, derramando como auténtico caballero la propia sangre hasta la última gota, para apresurar la conquista del mundo entero para Ella. No conozco nada más sublime».

Los radioaficionados lo consideran su santo patrón, ya que San Maximiliano durante 30 años estuvo activo con el indicativo SP3RN.



 

«Las tinieblas cubrieron toda la tierra»

Los Evangelios sinópticos dicen que hubo oscuridad durante la crucifixión:

Mateo 27,45: «Desde la hora sexta se produjo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona».

Marcos 15,33: «Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona».

Lucas 23,44-45: «Era ya cerca de la hora sexta cuando se produjo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona, porque se eclipsó el sol»

«Los Evangelios sinópticos relacionan la muerte de Jesús con un fenómeno extraordinario de oscuridad; Lucas habla específicamente de que “se eclipsó el sol” (Lc 23,44-45). Sin embargo, el texto evangélico no permite afirmar sin más que se tratara de un eclipse solar astronómico no podría tratarse de un eclipse solar ordinario si la crucifixión tuvo lugar durante la Pascua judía, porque la Pascua se celebraba con luna llena, mientras que un eclipse solar solamente puede producirse en luna nueva..»

Además, el propio contexto presenta el fenómeno como algo extraordinario: la oscuridad se extiende desde la hora sexta hasta la hora nona, aproximadamente desde el mediodía hasta las tres de la tarde.

Y hay otro detalle importante: Mateo y Marcos no hablan del eclipse. Ambos dicen simplemente que «hubo oscuridad sobre toda la tierra» (Mt 27,45; Mc 15,33). Lucas es quien añade la referencia explícita al sol.

Y hay una cuestión todavía más interesante: ¿por qué Lucas introduce precisamente esta expresión y qué significado teológico tiene la oscuridad en su Evangelio? Ahí podemos encontrar una interpretación bastante más profunda que la explicación astronómica.

1. La oscuridad señala que está ocurriendo algo cósmicamente decisivo

Lucas dice que «se produjo oscuridad sobre toda la tierra» desde la hora sexta hasta la hora nona (Lc 23,44). No es simplemente que Jesús esté muriendo: la muerte de Jesús afecta simbólicamente a toda la creación.

El lenguaje recuerda el de los profetas, donde las tinieblas acompañan el día del Señor, es decir, el momento del juicio y de la intervención decisiva de Dios.

Por ejemplo:

«Aquel día —oráculo del Señor Dios— haré que el sol se oculte al mediodía y cubriré la tierra de tinieblas en pleno día» (Am 8,9).

Esta referencia resulta especialmente significativa porque Amós 8,9-10 habla de oscuridad y luto. En la narración de Lucas, la muerte de Jesús aparece así como un acontecimiento de alcance universal.

2. La oscuridad expresa el carácter dramático de la muerte de Jesús

La luz es uno de los grandes símbolos de la teología bíblica: creación, vida, revelación, salvación. La oscuridad representa, en cambio, la interrupción de la luz, el duelo y la gravedad extrema del momento.

En Lucas, además, Jesús es presentado desde el comienzo como aquel que trae la luz y la salvación. Por eso resulta profundamente significativo que, cuando muere, la tierra quede sumida en oscuridad.

No es simplemente una descripción meteorológica. Es una manera narrativa de decir: ha sucedido algo que afecta al sentido mismo de la historia.

3. Hay una relación con el pecado y el rechazo de Jesús

En la tradición bíblica, las tinieblas pueden estar asociadas también al juicio de Dios.

Pero en Lucas hay una particularidad: Jesús muere siendo presentado como el inocente. El centurión termina diciendo:

«Realmente, este hombre era justo» (Lc 23,47).

Por tanto, la oscuridad no significa sencillamente que Dios esté castigando a Jesús. Más bien pone de manifiesto la gravedad del rechazo humano de aquel que es justo.

Esto se refuerza con otro detalle extraordinario: inmediatamente después de la muerte de Jesús, el velo del templo se rasga por medio (Lc 23,45). Es decir, Lucas coloca juntos dos signos:

oscuridad → muerte de Jesús → velo rasgado → reconocimiento del Justo.

4. La oscuridad no tiene la última palabra

Y esto me parece especialmente importante para una lectura cristiana de Lucas.

La oscuridad de la cruz no constituye el final. El relato continúa con la resurrección. En el Evangelio de Lucas, por tanto, la oscuridad es una especie de umbral.

Jesús atraviesa la muerte, pero la muerte no vence.

De ahí que podamos leer el episodio en tres movimientos:

luz → oscuridad → nueva luz.

No se trata solamente de un fenómeno extraordinario que sucede cuando Jesús muere. Es una representación simbólica del misterio pascual: la vida pasa por la muerte y la muerte queda finalmente vencida.

5. Una particularidad de Lucas

Hay además algo muy propio de Lucas. En su relato de la pasión, Jesús no aparece como alguien completamente abandonado por Dios, sino como quien mantiene hasta el final su relación con el Padre:

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46).

Esta frase es fundamental. La oscuridad exterior contrasta con la confianza interior de Jesús.

Por eso podríamos decir que en Lucas existe una paradoja muy bella:

mientras la tierra se oscurece, Jesús conserva la luz de la confianza en el Padre.

Y esto permite una lectura espiritual muy profunda: la fe no consiste en no atravesar la oscuridad, sino en confiar en Dios dentro de ella.

La libertad religiosa en riesgo

Magdalena Lira

Como establece la Declaración de la ONU, todo individuo tiene no solo el derecho a la libertad de religión, sino también el derecho a vivir su fe pública y privadamente, de acuerdo con sus creencias. Sin embargo, el auge de los autoritarismos, el terrorismo yihadista y las guerras, están asfixiando este derecho fundamental: casi dos tercios de la humanidad vive en países sin libertad religiosa.

Más de 5.400 millones de personas en todo el mundo viven en países con graves violaciones a la libertad religiosa, lo que representa casi dos tercios de la población mundial. Esta es una de las principales conclusiones del Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2025, recientemente publicado por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), cuya misión es ayudar a los cristianos perseguidos y necesitados, y promover el respeto a la libertad religiosa en todos los rincones del mundo.

De los 196 países analizados entre enero de 2023 y diciembre de 2024, en 62 se constataron graves vulneraciones a la libertad religiosa. En 24 existe persecución, con violaciones sistemáticas que afectan a más de 4.100 millones de personas, en países como China, Nigeria y Corea del Norte.

En otras 38 naciones, las minorías religiosas enfrentan restricciones legales, políticas y sociales que limitan su libertad de fe y de culto. Esto impacta a más de 1.300 millones de personas.

Veinticuatro países están «en observación», debido a señales de alerta en materia de libertad religiosa. Chile es uno de ellos. En conjunto, estos países representan a más de 750 millones de personas (un 9,3 % de la población mundial). Esta categoría advierte la necesidad de monitorear de cerca la situación y, cuando sea posible, impulsar acciones preventivas. Un ejemplo claro: México, Rusia y Ucrania estaban «en observación» en 2023; este año han pasado a la categoría de «discriminación».

El derecho a la libertad religiosa en el mundo no solo está amenazado: se encuentra en serio peligro de desaparecer. Para muchos, las cifras de este informe pueden parecer sorprendentes, incluso inimaginables, pero reflejan la realidad cotidiana de millones de personas. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI haya quienes sean perseguidos por profesar una determinada religión? Las conclusiones de este estudio nos interpelan profundamente. Creer o no creer es un derecho humano, no un privilegio de unos pocos. Allí donde se respeta la libertad religiosa, se fortalecen la paz, la justicia y la dignidad de la persona humana.

Con motivo de los 25 años de la publicación del primer Informe de Libertad Religiosa en el Mundo, el Papa León XIV recibió a una delegación de ACN en el Vaticano. En la ocasión, exhortó a renovar el compromiso por la defensa de la libertad religiosa y a seguir apoyando a los cristianos perseguidos en todo el mundo.

¿Quién ataca la libertad religiosa?

El Informe documenta un amplio espectro de violaciones contra la libertad religiosa que refleja la diversidad y complejidad del contexto global actual. En muchos países, estas violaciones se manifiestan a través de violencia directa –asesinatos, encarcelamientos, destrucción o expropiación de lugares de culto–, mientras que en otros adoptan formas más sutiles, pero igualmente dañinas: trabas administrativas, censura, prohibiciones a la educación religiosa y diversas formas de discriminación social.

El informe identifica al autoritarismo como el principal motor de la represión religiosa. En países como China, Irán, Eritrea o Nicaragua, los gobiernos imponen un estricto control sobre las comunidades de fe, limitan su libertad de culto y castigan la disidencia espiritual. Los regímenes autoritarios son responsables de la persecución en 19 países.

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Los países señalados en rojo corresponden a aquellos donde está más en riesgo la libertad religiosa. ©Archivo ACN

Un ejemplo claro es Nicaragua, en nuestra región. Desde su regreso al poder en 2007, el presidente Daniel Ortega ha instaurado un régimen de partido único con una actitud abiertamente hostil hacia la Iglesia católica y otras confesiones críticas. Esto ha derivado en la expulsión de sacerdotes, confiscación de propiedades, prohibición de procesiones y actos litúrgicos públicos, y encarcelamiento de religiosos que denuncian la represión estatal. La narrativa oficial presenta a la Iglesia como enemiga del Estado, apartándola de la esfera pública y reduciendo su labor pastoral.

La represión religiosa en Nicaragua es ideológica y estructural: el control y registro de organizaciones religiosas, la censura, la vigilancia policial, la expulsión de sacerdotes extranjeros y el uso de leyes antiterroristas contra líderes eclesiales conforman un sistema deliberado de criminalización de la fe.

Lamentablemente el Informe también señala otras amenazas a la libertad religiosa. El extremismo religioso sigue presente en África, Oriente Medio y partes de Asia, mientras que el nacionalismo etno-religioso aumenta en países como India, Myanmar o Sri Lanka, donde las ideologías religiosas mayoritarias se utilizan como arma política, generando discursos de odio, violencia y marginación de las minorías.

Doce estados de la India han aprobado leyes que penalizan la conversión con el fin de prevenir la conversión religiosa a través de la coacción, el fraude o el uso de incentivos. En términos prácticos, estas leyes se usan contra las minorías religiosas, generando un clima de miedo, incentivando las acusaciones falsas y legitimando el acoso. A menudo, grupos radicales hindúes denuncian a las minorías religiosas; con frecuencia, sus actividades humanitarias y educativas son vistas como intentos de conversión.

El 16 de febrero de 2025, la policía detuvo en Indore (Madhya Pradesh) a la religiosa Sheela Savari Muthu y a tres compañeros de trabajo. El motivo fueron unas jornadas de información sobre salud e higiene dirigidas a hijos de trabajadores domésticos y celebradas en un parque público; el evento carecía de aprobación oficial previa. La policía intervino después de que una multitud de nacionalistas hindúes amenazara a los organizadores y acusara a la religiosa de intentar convertir a los niños. Poco después, la corporación municipal de Indore demolió el edificio que alojaba su oficina, sin atender sus peticiones de esperar una decisión judicial.

En Estados con gobiernos débiles, especialmente en América Latina y África subsahariana, clérigos son secuestrados o asesinados, y las organizaciones religiosas, presionadas para guardar silencio o colaborar con grupos criminales. Es el caso de Haití, donde los sacerdotes y religiosas son blanco de secuestros que exigen rescates, mientras que las iglesias se han convertido en centros de supervivencia en entornos sin ley.

La actual crisis mundial de refugiados también está estrechamente ligada a la falta de libertad religiosa: millones de personas huyen de sus hogares a causa de la violencia y la persecución, como ocurre hoy en Níger y Burkina Faso.

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Iglesia San Elías de Damasco, Siria, luego de la explosión de una bomba durante la Misa dominical que dejó cerca de veinte muertos y cincuenta heridos en junio de 2025. ©Archivo ACN

Occidente no está libre

Durante la investigación se constató un aumento significativo de ataques contra lugares y creyentes en democracias occidentales. Asimismo, el derecho a la objeción de conciencia enfrenta crecientes restricciones.

El Papa Francisco describió esta situación como una «persecución educada»: leyes que, bajo apariencia de cultura y progreso, socavan derechos fundamentales, en especial el derecho a la objeción de conciencia.

Nuestro país, Chile, ingresa por tercera vez al Informe de Libertad Religiosa en la categoría de «observación», sobre todo debido a los continuos actos de violencia contra lugares de culto, especialmente en la macrozona sur.

La libertad religiosa, termómetro de los demás derechos humanos

Pese a este desolador panorama, el Informe destaca cómo las comunidades religiosas siguen siendo fuentes de paz y dignidad humana. Aun bajo persecución, continúan brindando ayuda humanitaria, educación y esperanza, y son motor del diálogo interreligioso y la defensa de los derechos humanos.

El deterioro de la libertad religiosa anuncia el colapso de las libertades fundamentales. Cuando se justifica la discriminación contra comunidades de fe, se desencadena una serie de efectos que debilitan también la libertad de expresión, pensamiento y reunión, entre otras.

Las señales de alerta son claras: intolerancia creciente, erosión de las protecciones jurídicas e interferencia estatal en la vida religiosa. Proteger la libertad religiosa es esencial para resguardar el conjunto de las libertades y la salud democrática de nuestras sociedades.

Nacido de la convicción de que las violaciones a la libertad religiosa deben documentarse para poder ser defendidas, el Informe de Libertad Religiosa en el Mundo busca proteger este derecho humano esencial y, al hacerlo, apoyar a la Iglesia que sufre.

El Informe completo se puede revisar en www.acn-chile.org


«PERDIMOS A MI ABUELO POR NUESTRA FE»
Extracto del prólogo del Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2025. Testimonio de Miriam, una mujer de Pakistán que no revela su nombre real por seguridad.Eran cerca de las seis de la mañana cuando los gritos rompieron el silencio. «¡Los vamos a quemar! ¡Salgan afuera!», gritaban frente a nuestra casa. Mi familia y yo despertamos aterrados. Afuera, una turba enfurecida acusaba a mi abuelo de blasfemia. No entendíamos nada. Él y los demás tratamos de explicar que era un error, pero nadie quiso escucharnos. Golpeaban la puerta, rompían ventanas, derribaban muros. El miedo era insoportable.Prendieron fuego a la fábrica de zapatos de mi abuelo, justo al lado de casa, y después entraron en mi habitación. Yo estaba comprometida, a punto de casarme. Mis padres habían guardado allí los muebles, la ropa y los regalos de mi dote. Se lo llevaron todo o lo destrozaron. Solo podíamos pensar en sobrevivir. Corrimos a escondernos en un pequeño baño. Allí permanecimos seis o siete horas, sin saber si saldríamos con vida, hasta que la policía nos dijo que podíamos salir.Al salir, lo que vimos fue devastador: todo estaba en ruinas, sin agua, sin electricidad, reducido a cenizas. Buscamos desesperadamente a mi abuelo. Finalmente encontramos a un hombre tirado en el suelo, cubierto de sangre, con los dientes y la nariz rotos. Parecía que le habían triturado todos los huesos del cuerpo. Nos dijeron que era él. No podíamos creerlo. Estaba muy malherido y no respondía. Murió poco después en el hospital. Días más tarde, también falleció mi abuela, consumida por el dolor.Nos atacaron por ser cristianos. Somos una minoría en Pakistán y, aunque respetamos a los demás, muchas veces no recibimos ese mismo respeto. Ser cristiano ha dejado de ser seguro. Vivimos con miedo, con la conciencia de que cualquier día una falsa acusación puede arrebatarnos la vida.La falta de libertad religiosa no es solo un problema político o social; es una herida profunda que desgarra familias, destruye comunidades y apaga sueños. La libertad de creer, de rezar, de vivir la fe sin miedo, forma parte de la identidad de una persona. Cuando se pisotea, se niega algo esencial de la dignidad humana. Aunque en mi país la Constitución reconoce este derecho, en la práctica se nos priva de él. Nos enfrentamos a la discriminación, la intolerancia y la violencia, día tras día.Por eso, mi familia y yo estamos profundamente agradecidos a Ayuda a la Iglesia que Sufre por elaborar este Informe sobre la Libertad Religiosa en el Mundo. Este trabajo da voz a quienes no la tienen, muestra cómo gobiernos y grupos sociales restringen o niegan este derecho y recuerda que sin libertad religiosa no hay justicia ni paz verdaderas.El día en que perdimos a mi abuelo quedó grabado en mi corazón. Podremos reconstruir nuestra casa y nuestras vidas, pero nunca los recuperaremos a él ni a mi abuela. Al honrar su memoria, pedimos justicia y soñamos con un futuro donde nadie sea perseguido por creer.
«NO SE OLVIDEN DE SIRIA»: LA SÚPLICA DE UN PAÍS HERIDO POR LA GUERRAH112 LIRA 03
Padre Fadi Najjar en su colegio en Alepo. ©Archivo ACNEl sacerdote sirio Fadi Najjar visitó Chile para dar a conocer la dura realidad que vive su comunidad en Alepo: una ciudad marcada por catorce años de guerra, por la pobreza que afecta al 90% de la población y por la incertidumbre política que aún impide la reconstrucción. Conmovido, pidió a los chilenos no olvidar a Siria y sostener con oración y ayuda a quienes hoy luchan por sobrevivir, en una visita organizada por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN).Estuvo en Chile solo una semana. Fueron pocos días, pero él no podía dejar por más tiempo a los quinientos alumnos que asisten a la escuela que dirige en Alepo, Siria. Tampoco quería dejar solas a las personas de su parroquia, todas ellas marcadas por las profundas heridas que han dejado catorce años de guerra civil. También debía volver para seguir apoyando el programa «Gota de leche», mediante el cual él y la Iglesia católica siria entregan leche a los niños menores de diez años. Sin esa ayuda, sus familias no tendrían cómo alimentarlos. La guerra y la actual incertidumbre política han hecho colapsar la economía: hoy, el 90% de la población vive en pobreza. Para la mayoría, dar leche a sus hijos es un lujo inalcanzable.Fadi Najjar tiene 43 años, es sacerdote y vive en Alepo, una ciudad que fue terriblemente dañada durante el conflicto que estalló en 2011 y que se extendió hasta la caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024. Aunque Ahmed al-Sharaa asumió la presidencia interina, el control del territorio aún es frágil y la población vive sumida en un futuro incierto.Alepo sigue siendo una ciudad tensa y herida. La mitad de sus barrios continúan destruidos. Sus habitantes recuerdan con horror los casi dos años de asedio: no había comida ni agua, y la única forma de sobrevivir fue cavar pozos en medio de la ciudad para obtener un poco de agua.La situación era caótica. El padre Fadi lo recuerda con dolor:No hay familia que no haya perdido a alguien. Yo vi morir a muchas personas. Vi niños que quedaron sin padres y otras personas que aún no sabemos dónde están, porque siguen secuestradas. Imaginen el sufrimiento de esas madres que todavía se preguntan qué pasó con sus hijos. Uno de los testimonios que más me impactaron fue el de una señora que, en un bombardeo, perdió a su esposo y a sus hijos. Al día siguiente, se levantó para ayudar a otros desplazados. No es que no sintiera dolor, pero su fe era más fuerte que todo. Otra historia que me marcó fue la de un joven que perdió a su hermano. Me dijo que su corazón estaba lleno de tristeza, pero que no podía dejar de creer en Jesús. Hoy, cuando alguien muere de forma natural, algunos se preguntan dónde está Dios. Ese muchacho, que no tendría más de 14 o 15 años, nunca dejó de creer.La guerra golpeó a todos los sirios por igual, pero los cristianos vivieron además el miedo y dolor de ver destruido su patrimonio espiritual y cultural:Tuvimos momentos de persecución religiosa por parte de grupos extremistas islámicos. En algunas zonas quisieron erradicar nuestra presencia, imponiendo conversiones forzadas o asesinando a quienes se negaban a renegar de su fe. Muchos fueron secuestrados. La fe cristiana fue puesta a prueba de una manera profunda y dolorosa.Esta persecución religiosa hiere el corazón mismo del cristianismo: «Siria es la cuna de nuestra fe, y lo que hemos visto es el intento de aniquilación de un legado que pertenece a toda la humanidad», señala el padre Fadi. Durante los bombardeos, continúa, «no sabía si el día siguiente iba a ser el último», reflejando así la incertidumbre diaria que vivió su comunidad.En medio de esta oscuridad, hubo un acto decisivo:Somos unos cincuenta sacerdotes en Alepo y cuarenta religiosas. Todos decidimos quedarnos. Podríamos haber salido del país, pero creemos que mientras haya un solo cristiano en un país que sufre, la Iglesia no puede irse. Nuestra vocación es estar cerca de la gente. Abrimos nuestras parroquias, damos alimento, atención médica, organizamos iniciativas pastorales. La Iglesia es un signo de esperanza para todos.En Siria vivimos un viacrucis, pero con la confianza en que al final habrá una nueva resurrección en este país. La crisis aquí sigue causando un tremendo sufrimiento. Cada día es una lucha para conseguir alimentos, no hay electricidad, no hay gasolina, no hay calefacción. La mayoría de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Estamos hablando de una guerra olvidada; los medios de comunicación no reflejan la realidad.Si antes de la guerra en Alepo vivían cerca de 300.000 cristianos, hoy quedan unos 40.000. A nivel país, actualmente representan el 1% de la población y en 2011, al inicio de la guerra civil, se calculaba que cerca del 8% de los sirios eran cristianos. «A mí no me importan los números –dice el padre Fadi– porque el cristianismo comenzó en esta región con doce discípulos».Le pregunté cómo mantiene viva la esperanza. Respondió sin dudar:Si un cristiano pierde la esperanza, pierde todo. Yo no soy optimista respecto a lo que está pasando política y económicamente, pero hay una diferencia entre ser pesimista y tener esperanza. ¿Qué significa esto? Intentar ver la realidad con los ojos de Dios. Lo que vivimos es muy difícil, pero cuando tenemos esperanza, encontramos la fuerza para seguir. Como sacerdote, debo transmitir esa esperanza a mucha gente.Un punto crucial de su testimonio fue la postura cristiana ante la violencia. El padre Najjar se refirió al ejemplo de perdón que ofrece su comunidad, definiéndolo como «un acto de resistencia ante la violencia; perdonamos a pesar de la persecución».Al abordar el desvanecimiento de la fe y de Dios en Occidente, el padre Fadi lanzó un poderoso desafío: «Nosotros somos testimonio para ustedes de que se puede vivir y salir adelante en medio del sufrimiento».En el colegio Al-Inaya rezamos juntos cada mañana y siempre pedimos al Señor que nos ayude ante todo lo que estamos viviendo. Hay alumnos cuyos padres han muerto en la guerra. Ellos dicen: ‘Mi padre está ahora con Dios’, y su fe es mucho más fuerte que la que tenían antes. Esta es la realidad que vivimos en Siria, que nos da fortaleza interior e impulso para seguir adelante.

https://www.humanitas.cl/iglesia/la-libertad-religiosa-en-riesgo

La mirada contemplativa

En este tiempo que parece que estemos absorvidos por la Inteligencia Artificial (IA) permítaseme que hable de la Inteligencia Espiritual (IES), ya que si la (IA) es un medio para nuestro progreso como humanidad, la (IES) es esencial para nuestro progreso personal y social ya que nos da el sentido de la vida y una «mirada contemplativa». El hablar hoy de la Inteligencia Espiritual (IES) no es un hecho nuevo, ya que, por ejemplo, san Buenaventura, el gran Doctor Seraphicus de la Iglesia y uno de los filósofos preferidos por los místicos occidentales, afirmaba que los seres humanos disponen de tres formas de adquirir conocimiento, de «tres ojos», como él decía: a) el ojo de la carne, por medio del cual percibimos el mundo externo del espacio, el tiempo y los objetos; b) el ojo de la razón, que nos permite alcanzar el conocimiento de la filosofía, de la lógica y de la mente; y, finalmente, c) el ojo de la contemplación, mediante el cual tenemos acceso a las realidades trascendentes. Nosotrsos aquí, al ojo de la carne lo denominamos (IE) Inteligencia Emocional; al ojo de la razón lo denominalos (IR) Inteligencia Racional, y al ojo de la contemplación (IES) Inteligencia Espiritual.

Para san Buenaventura todo conocimiento es una especie de illuminatio. Así pues, existe una iluminación exterior que nos permite iluminar el ojo de la carne y conocer los objetos ensoriales, una lumen interius, que ilumina el ojo de la razón y nos proporciona el conocimiento de las verdades filosóficas, y una lumen superius, la luz del Ser trascendente, que ilumina el ojo de la contemplación y nos revela la verdad curativa, «la verdad que nos ilumina». En el mundo externo, dice san Buenaventura, encontramos un «vestigio de Dios» y el ojo de la carne percibe este vestigio, que se manifiesta como una diversidad de objetos separados en el espacio y en el tiempo. En nosotros mismos, en nuestro propio psiquismo, especialmente en la «triple actividad del alma» (memoria, entendimiento y voluntad), el ojo mental nos revela una imago de Dios. Finalmente, a través del ojo de la contemplación, iluminado por el lumen superius, descubrimos el mundo trascendente que existe más allá de los sentidos y de la razón, la misma Esencia Divina. Como dice Ken Wilber: «El ojo de la contemplación es al ojo de la razón lo que el ojo de la razón al ojo de la carne. Del mismo modo que la razón trasciende a la carne, la contemplación trasciende a la razón. Así como la razón no puede reducirse al conocimiento carnal ni originarse en él, la contemplación tampoco puede reducirse ni originarse en la razón. El ojo de la razón es transempírico pero el ojo de la contemplación es transracional, translógico y transmental.» 1. La Inteligencia Espiritual (IES) da respuesta al sentido de la vida. Da respuesta a las preguntas esenciales del ¿porqué vivir?, ¿porqué amar?, ¿porqué luchar?, ¿qué hay más allá de las cosas? La (IES) es el ápice espiritual o conciencia por medio del cual Dios nos ilumina,conforta y nos habla. Esta fue la experiencia de San Justino, filósofo y mártir (hacia 100-160 d. C.):

Mi alma ansiaba conocer lo que es propio y principio de la filosofía… El conocimiento inteligente de las cosas inmateriales me cautivaba por completo. La contemplación de las ideas daba alas a mi pensamiento. Durante algún tiempo me creía ser un sabio, y tan estúpido era que esperaba ver a Dios dentro de nada, ya que éste es el fin de la filosofía de Platón. En este estado espiritual…me acercaba a un lugar aislado donde creía encontrarme solo cuando me di cuenta que un anciano me seguía los pasos…

 -¿Qué es lo que te ha conducido hasta aquí?- me preguntó. –Me gusta este paseo-…es muy adecuado para la meditación filosófica…. -¿Es, pues, en la filosofía que se encuentra la felicidad?- me preguntó.  –Ciertamente, le contesté, y sólo en ella-… ¿A qué llamas tu, Dios? –Lo que siempre es idéntico a si mismo  y que da el ser a todo lo que existe, esto es Dios. -¿Cómo pueden los filósofos hacerse una idea justa de lo que es Dios si no lo conocen, no lo han visto jamás ni lo han oído?- Yo respondí: -La divinidad no es visible a nuestros ojos como los demás seres, sólo se accede a él por medio de la inteligencia, como dice Platón. Estoy de acuerdo con él.-
– Hace mucho tiempo, dijo el anciano, hubo hombres mucho más antiguos que estos pretendidos filósofos, hombres felices, justos, amigos de Dios. Hablaban bajo la inspiración del Espíritu de Dios y presagiaron un futuro, realizado ahora. Se llaman profetas. Ellos han visto la verdad y la han anunciado a los hombres… Los que leen sus profecías pueden, si tienen la fe, sacar mucho provecho…Eran testigos fieles de la verdad… Han glorificado al creador del universo, Dios y Padre y han anunciado al que él envió, Cristo su Hijo… Y tú, antes que nada, pide para que se te abran las puertas de la verdad, ya que nadie puede ver ni comprender si Dios o su enviado, Cristo, no se lo da a comprender-…

 Ya no le vi más. Pero, de repente, un fuego se encendió en mi alma. Quedé prendado del amor a los profetas, a aquellos hombres amigos de Cristo. Reflexionando sobre las palabras del anciano, reconocí que ésta era la filosofía única, provechosa y segura.2


1  Cf. K. WILBER, Los tres ojos del conocimiento, Ed. Kairós, Barcelona 1991.

2  San Justino, Diálogo con Trifón, 2-4, 7-8; PG 6, 478-482; 491.

Dialogar y construir puentes a los 60 años de ‘Nostra aetate’

Carmen Márquez Beunza. Universidad Pontificia Comillas

El teólogo suizo H. Küng se preguntó en una ocasión cuál habría sido la postura de la Iglesia ante el mundo de las religiones si el Concilio Vaticano II no hubiera tenido lugar. Su respuesta nos permite comprender la trascendencia de uno de sus documentos, la declaración ‘Nostra aetate’ sobre las religiones no cristianas, que revolucionó el enfoque y la forma en que nos referimos a aquellos que profesan otras fes:


“Si este Concilio no hubiera tenido lugar, las demás religiones del mundo habrían seguido siendo para la Iglesia objeto sobre todo de discusión negativa, de polémica y de estrategias misioneras de conquista. Seguiríamos viviendo en un clima de hostilidad sobre todo respecto a los musulmanes y especialmente los judíos. El antisemitismo nacional-socialista condicionado por la raza hubiera sido imposible sin el secular antijudaísmo religioso de las Iglesias cristianas. Pero para el Vaticano II todos los pueblos forman una comunidad con sus distintas religiones: intentan responder de manera diferente a los mismos interrogantes fundamentales acerca del sentido de la vida y el curso vital”.

Tan solo unos días después de su aprobación, su máximo responsable, el cardenal alemán Augustin Bea, intuía la trascendencia de este breve documento para el futuro de la vida de la Iglesia y de la humanidad: “¿Qué significa para la humanidad la aplicación de esta declaración? Significa que la humanidad se verá progresivamente enriquecida con cientos de millones de hombres que se esforzarán por comprender, estimar y amar a cientos de millones de hombres cuya fe es distinta de la suya, y precisamente en su intimidad más sagrada, su fe religiosa”.

Un prometedor caminoBea se mostraba convencido de que ‘Nostra aetate’ significaba el inicio de un nuevo y prometedor camino para la Iglesia en su relación con los creyentes de otras religiones. Lo que inicialmente se pensó como una pequeña declaración sobre la actitud de los cristianos con respecto al pueblo judío, pasó a convertirse en un documento referido a todas las religiones no cristianas.

Sorteando numerosas dificultades, el texto vio finalmente la luz en la última etapa conciliar, posibilitando la apertura de la Iglesia al diálogo interreligioso. Por primera vez, un concilio ecuménico hablaba en términos positivos de otras religiones. ‘Nostra aetate’ afirmaba claramente la posibilidad de salvación de los no cristianos, reconocía el valor positivo de las otras religiones y se refería a los elementos de verdad y de gracia salvífica presentes en ellas.

Amplias repercusiones

El cardenal Bea no se equivocaba. La declaración ha tenido amplias e importantes repercusiones, convirtiéndose en un valioso instrumento de partida para cuantos se dedican al estudio de las religiones, contribuyendo a mejorar las relaciones, especialmente con el judaísmo y el islam, transformando las hostilidades y animadversiones en comprensión, respeto mutuo y diálogo. En el período posconciliar se ha desplegado un amplio y fecundo campo de colaboración con creyentes de diferentes religiones.

ás allá de los serios conflictos interreligiosos que todavía persisten, se ha ido fraguando un movimiento de acercamiento y colaboración que ha encontrado en el campo de la ética una de sus vetas más fructíferas. Los líderes religiosos tratan hoy de asumir una responsabilidad común ante las grandes cuestiones que preocupan a la humanidad, comprometiéndose en la defensa de la paz, la justicia y la integridad de la creación.

Diálogo doctrinal

Junto a ese tipo de diálogo, centrado en el desarrollo de iniciativas y acciones comunes, se ha desplegado un amplio diálogo de carácter doctrinal. Desde la nueva perspectiva abierta por ‘Nostra aetate’, se ha venido elaborando lo que se ha dado en llamar una teología cristiana de las religiones.

La aprobación de la declaración ‘Nostra aetate’ implicó la apertura de la Iglesia católica a un diálogo interreligioso que ha encontrado en los papas del posconcilio a algunos de sus mejores aliados. El compromiso de Roma queda reflejado en esta secuencia: si el Vaticano II constituyó el punto de partida, Pablo VI imbuyó al movimiento del impulso necesario que condujo a su madurez de la mano de Juan Pablo II, afianzándose con Benedicto XVI y adquiriendo con el papa Francisco nuevos contornos y una nueva orientación.

León XIV, bajo cuyo pontificado hemos conmemorado el sexagésimo aniversario de este importante texto, ha expresado su firme compromiso de proseguir con el diálogo. El encuentro de oración por la paz, convocado por Juan Pablo II en Asís en 1986, constituye todavía hoy una de las expresiones más elocuentes de esa trayectoria de implicación del papado, impulsada bajo la convicción de que el diálogo interreligioso forma parte del compromiso de la Iglesia al servicio de la humanidad. Hay un ámbito del diálogo interreligioso que ha sido especialmente privilegiado y alentado a nivel magisterial y pastoral: el desarrollado en el seno del monoteísmo, con las religiones “abrahámicas”, el judaísmo y el islam.

Documentos más relevantes

La creación, en 1964, del Secretariado para los No Cristianos, convertido en 1988 en el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso (hoy Dicasterio para el Diálogo Interreligioso) constituye una plataforma privilegiada para impulsar el diálogo y ha sido el marco para publicar algunos de los documentos más relevantes, como ‘Diálogo y misión’ (1984) y ‘Diálogo y anuncio’ (1991).

a reflexión sobre la relación entre el cristianismo y las religiones se ha convertido en una de las cuestiones fundamentales para la Iglesia a comienzos del tercer milenio: ¿qué dice la Iglesia de las otras religiones?; ¿cómo interpretar hoy el viejo axioma ‘extra ecclesiam nulla salus’ (“fuera de la Iglesia no hay salvación”)?; ¿puede un creyente de otra religión acceder a la salvación?; ¿son las otras religiones caminos válidos de salvación? Son preguntas acuciantes para los creyentes del siglo XXI. La descripción de la Iglesia como “sacramento universal de salvación” condujo a la superación de una interpretación en clave exclusivista del citado clásico axioma ‘extra ecclesiam nulla salus’.

El Concilio resolvía el problema de la salvación de los no cristianos. Pero, al haber dirigido la mirada más allá de la cuestión de la salvación de los individuos no cristianos, hacia una relación positiva de la Iglesia con las religiones como tales, planteaba una seria cuestión: la pregunta por el valor salvífico de las otras religiones, algo que no trató explícitamente ‘Nostra aetate’ y que quedó como tarea para la teología posconciliar. Las consecuencias para nuestra comprensión de Dios y de la función mediadora de Cristo, así como la cuestión de la eclesialidad de la salvación, son preguntas que deben ser abordadas en el marco de la apertura a las religiones iniciada por la Iglesia.

Vida Eterna o Morir hacia Dios. Releyendo a Hans Küng

Sobre el blog

A Hans Küng, Roma le retiró la licencia para enseñar teología católica. Su delito: pensar en voz alta. Cuestionó la infalibilidad papal, criticó el autoritarismo de la Curia y propuso una Iglesia más democrática, ecuménica y abierta, fundada en la indefectibilidad —la verdad está en el conjunto del Evangelio, no en dogmas absolutos— y en una ética global compartida entre todas las religiones.

A una pregunta le dedicó un libro entero, ¿Vida eterna? (1982), y media vida de trabajo. Su respuesta cabe en una frase: la vida eterna no es un premio ni una amenaza. Es un abrazo.

Ramón Fandos

Alguien, no algo

La ciencia describe muy bien lo que somos: células, neuronas, química. Pero ningún análisis de sangre detecta la libertad ni el amor. Los seres humanos tenemos conciencia, responsabilidad, sed de verdad, apertura al infinito. No somos algo que ocurre: somos alguien que ama. «Dioses sois» (Jn 10,34; Sal 82,6). Hijos que comparten la esencia del Padre.

Y si eres alguien —no algo—, la muerte biológica no puede ser toda tu verdad. Un certificado de defunción explica qué le pasó a tu cuerpo. No explica quién eres.

La muerte es real. El miedo, no

Que nadie banalice la muerte. No es una anécdota que nos ocurre: nos rompe de verdad. Jesús no llegó a la tumba de Lázaro repartiendo consuelos baratos: lloró (Jn 11,35). La muerte es real. Pero la fe nos dice que no tiene la última palabra.

Küng lo formuló con maestría: morir no es caer en la nada, es morir hacia Dios. La muerte no es un final: es la puerta por la que se sale del tiempo y se entra en el Amor. Y ese Amor no puede no amar: es el anti-mal (1 Jn 4,8). Por eso el binomio «Dios te ama, pero puedes acabar en el infierno» es el mejor síntoma de una religión enferma a la que nunca le interesó el Evangelio. Una religión que inocula el virus para vender después la medicina.

Resucitar no es volver a respirar

Lázaro salió de la tumba… para volver a morir. Eso no es resurrección: es reanimación, una prórroga. La resurrección de Jesús es otra cosa. Los evangelios lo revelan con un pequeño detalle: entra con las puertas cerradas y sus amigos no lo reconocen. Es decir, atraviesa la muerte y se transforma: entra en la vida de Dios. No vuelve atrás, a esta vida; sigue su camino hacia la eternidad.

Lo dice Pablo: «se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible; se siembra un cuerpo mortal, resucita un cuerpo espiritual» (1 Cor 15,42-44). No es continuidad: es transformación. La semilla no se conserva: se convierte en espiga. Quien espere del cielo una fotocopia ampliada de esta vida se ha equivocado de esperanza.

La eternidad no es mucho tiempo

La eternidad es la ausencia de reloj. No es cantidad: es plenitud. Presencia total. Amor que ya no se desgasta ni se fragmenta.

Y aquí Küng y los místicos se dan la mano. Jesús dijo: «Yo soy la puerta» (Jn 10,9). ¿Y dónde se abre esa puerta? En el presente. «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero» (Jn 17,3). Habla en presente, no en futuro. La vida eterna no empieza cuando morimos; empieza cuando amamos. El que ora en silencio, el que se recoge, el que habita el momento presente con Dios, ya la está tocando. Santa Teresa no esperó a morirse para entrar en el castillo interior. Y esta mística no es de élites: es de todos y para todos.

No es Dios de muertos, sino de vivos

Cuando los saduceos quisieron ridiculizar la resurrección con el cuento de la viuda de los siete maridos, Jesús no respondió con metafísica del alma. Respondió con una fidelidad: «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos» (Mc 12,26-27).

Esto es lo que defiende Küng. Jesús no dice: «tenéis dentro algo inmortal». Dice: Alguien fiel os tiene. Permanecemos porque somos queridos por un Amor que no suelta lo que ama. El fundamento de mi persona no está en mí: está en el que me sostiene. Como el niño que duerme tranquilo no porque sea fuerte, sino porque su madre está al lado. Una madre que solo con su presencia ahuyenta el miedo y le hace sentirse seguro, eterno. Dios es Alguien que con su presencia nos dice: «tú no morirás». Y Dios no dice las cosas por decir.

Esto es lo que defiende Küng. Jesús no dice: «tenéis dentro algo inmortal». Dice: Alguien fiel os tiene. Permanecemos porque somos queridos por un Amor que no suelta lo que ama. El fundamento de mi persona no está en mí: está en el que me sostiene.

Don, no nómina

Por eso la vida eterna no se gana: se recibe. Al buen ladrón nadie le exigió confesarse, ni ser buen cristiano, ni obedecer a la Iglesia. «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43). Hoy. Sin examen, sin lógica de deuda, sin contabilidad de méritos. Y Barrabás, que significa «el hijo del padre», se encontró con la salvación sin pedirla, sin buscarla, sin saber siquiera que existía. Esa es la firma de Dios: «que no pierda nada de lo que me diste» (Jn 6,39). Estamos predestinados a la salvación. Fuimos salvados, como Barrabás, antes de nacer, sin saber siquiera qué significaba eso.

Escándalo para los contables de la gracia, para esos funcionarios de la fe que olvidan que no son más Iglesia que cualquiera de los que formamos el pueblo de Dios; y, al mismo tiempo, buena noticia para quienes reconocen en todo esto una gracia que desborda y libera.

Escándalo para los contables de la gracia, para esos funcionarios de la fe que olvidan que no son más Iglesia que cualquiera de los que formamos el pueblo de Dios; y, al mismo tiempo, buena noticia para quienes reconocen en todo esto una gracia que desborda y libera.

¿Y si todo esto fuera un cuento?

Al final, cada uno nos creemos el cuento que nos contamos. Lo importante no es el cuento en sí, sino comprobar qué hace de nosotros la historia que damos por verdadera: si nos hace mejores personas, si nos acerca a todos los seres humanos sin excepción de raza ni condición alguna, o si, en cambio, nos atrinchera en ideologías cerradas que en la práctica nos alejan del prójimo.

Y queda una cuestión más. Max Horkheimer, judío, agnóstico, filósofo de la Escuela de Frankfurt, confesó su anhelo de «que el verdugo no triunfe sobre la víctima inocente». Si la nada tiene la última palabra, el verdugo gana. Los abusados quedan abusados para siempre, los silenciados callados para siempre, las vidas rotas, rotas sin apelación. La resurrección no es un consuelo para cobardes: es la justicia de Dios para las víctimas. «Ni muerte ni vida… podrá separarnos del amor de Dios» (Rom 8,38-39).

Küng ofrece una confianza razonable. La razón abre la puerta. La confianza la cruza.

Al final, el cuento que a mí me sirve, el que hace de mí mejor ser humano, es creer que morir no es apagarse. Es como quedarse dormido en la playa y despertarse en la cama. No sabes cómo llegaste. No hace falta saberlo. Te llevó en brazos el que te quiere. Y al otro lado no hay un reloj sin fin: hay un Amor sin fin. Que no es lo mismo. Es infinitamente mejor.

Como decía mi amigo y maestro Salvador Toro: «Cuando muramos, estaremos con Él».

«Donde yo esté, allí estará también mi servidor.» (Jn 12,26)

Acoger el Evangelio sin glosa

El Papa León XIV celebró la Santa Misa en Asís este jueves donde se reunió con más de 2.000 jóvenes en el GO! Franciscan Youth Meeting. Lea la homilía completa que pronunció el Pontífice.

Queridísimos jóvenes: La fiesta de la Transfiguración, que estamos celebrando, es un misterio de luz que nos ayuda a profundizar nuestro encuentro, tan gozoso, pero también cargado de interrogantes sobre el presente y el futuro. En el relato evangélico encontramos el contraste entre luz y sombra, silencio y palabras, estupor e incomprensión. Estamos en Asís, una ciudad a la que vienen, desde hace siglos, muchos peregrinos —hoy también nosotros— porque aquí todo nos susurra que nuestra vida puede cambiar de forma, irradiar luz, reparar el mundo.

Aquí comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y de otros miles de jóvenes: acogieron el Evangelio sin glosa —nosotros diríamos: sin descuentos— y la vida de Jesús ha recomenzado en ellos.

Hemos llegado aquí para comprender hacia dónde va la historia y hacia dónde estamos yendo nosotros. En el Evangelio vemos que se puede encontrar un sentido, se puede entrever un camino. Como Pedro, Santiago y Juan somos llevados un poco aparte y Jesús está con nosotros. Esto es lo que cuenta: su presencia.

En la montaña, los apóstoles contemplan a Jesús que se orienta hacia su propio futuro. Sobre este punto había habido incomprensión entre ellos. Seis días antes, Pedro había reprochado al Maestro que hubiese hablado abiertamente de la cruz (cf. Mt 16, 21-26): él se esperaba la gloria para el Mesías, tal vez incluso para sí mismo, sin tomar en cuenta las resistencias y los riesgos, pero sobre todo sin preguntarse qué es la gloria.

Ahora, en la transfiguración de Jesús, es Dios mismo quien se revela en su gloria, que tiene la apariencia de una nube que protege y envuelve. Señala al Hijo, invita a escucharlo. El camino de la vida se descubre siguiéndolo juntos.

Su belleza tiene un nuevo aspecto, una intensidad sin precedentes, tanto que Pedro quisiera detener el tiempo y prolongar esa visión.

Generosamente, se ofrece para construir tres tiendas, como si quisiera ver continuar la conversación entre Jesús, Moisés y Elías. Sin embargo, hace falta entrar en esa conversación. No se puede permanecer sólo como espectadores.

Estamos llamados a leer las Escrituras con el Maestro, a interpretar nuestro tiempo y a tomar decisiones siguiendo su camino.

Estamos aquí para vencer la resignación y el miedo, para disipar las dudas que también nos frenan a nosotros, como frenaron a los apóstoles. Jesús nos llama a dialogar con su historia, para escribir nuevas páginas de la historia.

Al escuchar que «su rostro empezó a brillar como el sol y su ropa se hizo blanca como la luz» (Mt 17,2) pensamos en la mañana de Pascua, cuando un ángel del Señor rodó la piedra que cerraba el sepulcro y trajo el anuncio de la resurrección.

«Su aspecto era como el de un relámpago y su vestidura tan blanca como la nieve» (Mt 28,3). Es la luz de un nuevo día, hacia el que estamos orientados, mientras que en torno a nosotros, y a veces dentro de nosotros, hay todavía oscuridad. Vemos su aurora en los santos canonizados, como san Francisco y santa Clara, y en una miríada de hermanos y hermanas que responden al mal con el bien. ¡No estamos solos!

En estos días lo han experimentado: se han encontrado y escuchado, pasando del ruido de voces que contrastan y se sobreponen al arte de la conversación. Hoy contemplamos a Jesús que se transfigura precisamente en la conversación con el Padre, con quienes le precedieron, Moisés y Elías, y con sus contemporáneos, los discípulos.

La Iglesia existe para introducirnos en este dinamismo de escucha y de decisión, en el cual comprendemos para quién vivir y cómo vivir. Es en la comunidad en donde aprendemos a distinguir la voz de Dios, que no coincide simplemente con nuestras opiniones, y a ser obedientes al Espíritu Santo, que hace audaces y creativos a todos aquellos que han aceptado seguir a Jesús: nosotros nos desfiguramos separándonos de Él y de los demás; nos transfiguramos, en cambio, en las relaciones que robustecen y llaman a la vida.

La espiritualidad franciscana, en la que ustedes se han formado, está muy atenta a reparar las relaciones fundamentales con Dios y con todas sus criaturas: una armonía que hay que custodiar y cultivar, hoy más que nunca.

En este sentido, al comienzo de mi primera Encíclica, he sugerido que: «cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto.

Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud» (Magnifica humanitas, 1).

Queridos amigos, la razón por la que san Francisco nos sigue atrayendo, ochocientos años después de su muerte, radica en la magnífica humanidad que lo llevó a abandonar los caminos ya trazados, para abrir uno nuevo, más coherente con el camino de Jesús.

Incluso en una ciudad cristiana desde hacía siglos, como Asís, esto es algo revolucionario. «La elección de Clara resultó aún más impresionante: ¡una joven que quería ser como Francisco, que quería vivir, como mujer, libre como aquellos hermanos!» (Audiencia jubilar, 4 de octubre de 2025).

Es la energía del cristianismo, la propia de sus comienzos y de sus múltiples reinicios. Y bien, queridos jóvenes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza!

El título de su encuentro —Go!— es una misión, un envío por caminos, de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al corazón, obedeciendo al Espíritu y siguiendo al Resucitado donde ha querido precedernos. Go! ¡Vayan! Mejor todavía: ¡vayamos! Let’s go! A los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios.

El Papa Francisco, inspirándose en el pobrecillo de Asís, nos ha puesto en guardia frente a la «tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor.

Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana» (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 270).

Podemos incluso no ser comprendidos por los de nuestra propia casa, como le sucedió a san Francisco. Sin embargo, sustraerse a la cultura de la fuerza y abatir los muros que separan a los seres humanos entre sí, nunca es traicionar a la familia, a la ciudad, a la tradición, sino liberarlas de sus fantasmas, de enemigos inventados por miedo e ignorancia, de la violencia con la que se querría imponer el propio orden minúsculo sobre una realidad que nos desborda por completo.

Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer y servir, no para explotar y dominar. No un mundo para defender, sino para abrazar.

Apuesten, queridos jóvenes, por la civilización del amor, de la cual han encontrado los brotes en tantos ejemplos de gratuidad, y que transfigura —a imagen de Cristo— a innumerables artífices de paz también hoy comprometidos con el servicio a la vida en los más trágicos escenarios de muerte.

Unan las mejores energías de su magnífica humanidad —los estudios, las competencias, el trabajo, las amistades, el amor, la oración— actualizando de diversos modos la visión de Francisco. Imagino que conocen esta oración frecuentemente atribuida a él, un texto del pasado siglo: ¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! Que allí donde haya odio, ponga yo el amor; donde haya ofensa, ponga yo el perdón; donde haya discordia, ponga yo la unión; donde haya error, ponga yo la verdad; donde haya duda, ponga yo la fe; donde haya desesperación, ponga yo la esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo la luz; donde haya tristeza, ponga yo la alegría.

¡Aquí tenemos “hacia dónde” andar! Go! Pero también especialmente “cómo” andar: ¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto ser consolado como consolar; ser comprendido, como comprender; ser amado, como amar. Porque dando es como se recibe; olvidando, como se encuentra; perdonando, como se es perdonado; muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Queridos amigos: que estos días en Asís se impriman en su memoria y el retorno a casa, a diversos países de Europa a los que viajarán, sea como el descenso de Pedro, Santiago y Juan, del monte alto de la transfiguración. Un retorno reflexivo, abierto al futuro, comprometido con Jesucristo. Él se fía de ustedes, cuenta con ustedes, permanece con ustedes.