Carlos de Foucauld, o «soñar con un mundo que sea eternamente ‘Jesús’

«Sus enseñanzas encajaban plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal»

«Nos sentimos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad»

«Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos»

07.06.2020

La ‘familia’ foucouldiana, desde sus diversas sensibilidades en España y en el mundo, ofrece sus correspondientes testimonios de búsqueda espiritual comunitaria, personal e inspirada en el hermano Carlos de Foucauld, a la luz de su anunciada canonización.

Asociación Familia Carlos de Foucauld en España

Hoy es un gran día de fiesta para nuestra Familia Espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y para los pobres en general. Hemos conocido la noticia justo el día de la celebración de Pentecostés, una de las fiestas vividas más profundamente por Carlos de Foucauld. El Espíritu lo fue guiando en su búsqueda al lugar más inhóspito y pobre, Tamanrasset. Allí forma una «Zaouïa» (Fraternidad), esta era su casa.

Siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. ¿»Hay alguna cosa más dulce en el mundo que hacer la voluntad de Aquel a quien se ama»?. Soñar para mañana un mundo que sea finalmente y eternamente «Jesús», su Modelo Único, practicando el apostolado de la bondad. La novedad de su mensaje es vivir Nazareth, vida humilde y pobre.

Las Fraternidades, que vivimos su carisma, generalmente queremos hacer en lo posible, la imitación de Nazaret en humildad, pobreza y «Dernière place» (último lugar); buscando el equilibrio entre Contemplación y Acción.

La acogida entre nuestras Fraternidades en unión como ramas de un mismo árbol. Queremos continuar el deseo de Carlos de Foucauld de ser una Fraternidad Universal. Nos comprometemos en nuestra sociedad, cada una en donde le ha tocado vivir, en compromiso con los más desfavorecidos que son nuestros hermanos.

Esta gran satisfacción y alegría que nos produce su canonización nos ayudará y nos dará fuerza para continuar viviendo nuestro Carisma en profundidad. Damos gracias a Dios por tan gran obra.

Comunitat de Jesús

La Comunitat de Jesús fue iniciada por el laico Pere Vilaplana a finales de los años 60. En septiembre de 1968, en la ermita de la Santa Creu, en la montaña de Montserrat, el monje ermitaño Estanislau Llopart recibía los compromisos de los primeros hermanos. Actualmente conformamos la Comunitat de Jesús 43 hermanos y hermanas: casados, solteros y un hermano consagrado en el celibato.Vivimos en diversas localidades de Catalunya, País Valenciano, Aragón y Baleares, cada uno en su domicilio. Uno de los inspiradores de nuestro carisma ha sido, y es, Carlos de Foucauld, así como Albert Peyriguère, seguidor también de Foucauld, en el Kbab (Marruecos) en los años 50. El conocimiento de ambos se gestó en las primeras biografías de Foucauld y en unas cartas de Peyriguère recogidas en “Dejad que Cristo os conduzca”.La visión en la etapa final de Foucauld de promover la encarnación del evangelio en el laicado, recuperando el modelo de Priscila y Aquila, también en el mundo occidental, y no solo en los países musulmanes, encajaba plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal.

Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld
Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld

Amigos en el Amigo, viviendo la vida de Nazaret en los entornos laborales, sociales y de Iglesia. Nuestro estilo de vida no tiene nada de particular: los mismos problemas, las mismas ilusiones, los mismos dolores, que cualquier ciudadano, pero con la inquietud de impregnarnos del proyecto del Dios-Amor, revelado en Jesús. Oración, trabajo del evangelio, formación con la ayuda de muchos, compartir la vida -en serio-, los bienes materiales según posibilidades, los espacios que posee la Comunitat de Jesús en el pueblo de Tarrés, Lleida, implicación en compromisos sociales y con la Iglesia, sin ninguna actividad apostólica predominante.La vinculación a la comunidad nos empuja a seguir creciendo, a no acomodarnos a los reclamos del mundo, tan tentador siempre. A sentirnos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad. Recibimos la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld desde la alegría de formar parte de su Familia Espiritual, desde los años 80. Esta familia, para nosotros, ha sido un soporte y una riqueza inmensa. Acogemos la canonización bajo el anhelo de que sirva para inspirar a otros en una vida encarnada en la sencillez, arraigada en la profundidad del silencio, que es Palabra, en la autenticidad del Amor, que es Proyecto, desde el anonimato que convive con todos, pero enfoca directamente a los más desfavorecidos, a los últimos de los últimos, como repetía Foucauld. Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos, y seguirá siendo espejo para reflejar la esencialidad de su enamorado, Jesús, la esencialidad del pan partido y encarnado entre los más humildes y en todo ser humano.

Espiritualidad
Espiritualidad

Comunidad ecuménica Horeb

El hermano Germán, regional de la CEHCF en Brasil, nos envía un whatsaap que dice así: «Estamos muy alegres por este acontecimiento anunciador de vida, vida plena para el mundo». La canonización del hermano Carlos de Foucauld es un acontecimiento de vida para la Iglesia y el mundo porque va en la línea del papa Francisco, que en palabras del obispo Pere Casaldàliga, quiere «una Iglesia vestida de Evangelio y calzada con sanda-lias». Foucauld puede ayudar a la Iglesia de hoy a «volver a Nazaret»: Una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, acogedora, a imitación de la santa Familia de Nazaret.

La CEHCF es una unión espiritual de personas que constituyen un «monasterio invisible en la comunión de los santos». Esta comunidad la integran personas que bajo Los consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, hacen el compromiso ecuménico de pedir todos los días por la unión de los cristianos y que las Iglesias, Religiones y las Naciones se dejen conducir por el Espíritu de Jesús, el Cristo.

La CEHCF fue fundada, como lugar físico de acogida y oración en 1978, por José Luis Vázquez Borau, en el Poblado de Sn Francisco de Huercal-Overa (Almería), con la bendi-ción del obispo de entonces Don Manuel Casares Hervás, y funcionó hasta 1982, que tu-vieron los hermanos y hermanas que dispersarse por diversas circunstancias. Pero en Pentecostés de 2006 la CEHCF recibió un nuevo impulso constituyéndose Fraternidades Horeb por todo el mundo.

Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld
Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld

Fue reconocida ad experimentum como Asociación privada de fieles el 19 de junio de 2014, por el cardenal de Barcelona Mons. Luis Martinez Sistach y el 20 de junio de 2018 el Cardenal Juan José Omeya Omella, arzobispo de Barcelona, firmó el decreto de constitución definitiva de la misma como Asociación privada de fieles. El año 2020 la CEHCF ha sido acogida en la Asociación Familia Foucauld España. En la actualidad hay presencia de la CEHCF en quince países del mundo.

Fraternidad Carlos de Foucauld

Al llegarme la noticia de la Canonización del hermano Carlos de Foucauld, tuve una sensación muy dispar, de alegría, cómo no, pero al mismo tiempo de desconcierto, ¿y ahora qué?. Veníamos hablando en la Asociación de la Familia del Hermano Carlos, de esta posibilidad, especialmente desde la beatificación y siguiendo aunque de lejos los trabajos de la Comisión encargada de ese proceso. Después de la impresión inicial… Me surgía la pregunta: Carlos de Foucauld, ¿qué diría ahora?

«Si el grano de trigo no muere….». La primera constatación es, ¿cómo un hombre que deseó ardientemente vivir su experiencia con otros hermanos, que se pasó elaborando estatutos de una Asociación que nunca fue reconocida, a su muerte ha podido generar tantos grupos y formas de vivir el seguimiento de Jesús, en el camino que éste hombre inquieto y siempre en búsqueda inició solo en el desierto?

Carlos de Foucauld, a los altares
Carlos de Foucauld, a los altares

La Fraternidad Carlos de Foucauld, Asociación de Fieles Laicas, es una de ellas, a la que pertenezco: «Está constituida por mujeres que optan por vivir el Absoluto de Dios, en el celibato, según el carisma se Carlos de Foucauld» Es en la vida cotidiana donde los miembros de la Fraternidad, viven su entrega a Dios en libre opción de trabajo, compromisos y formas de vida «. La segunda, ¿podremos sustraernos al «montaje «que toda Canonización lleva….? Seremos capaces, de vivir éste acontecimiento, como un reto para actualizar el mensaje, vivir en profundidad las intuiciones que nos enamoraron de su mensaje, en definitiva: «Volver al Evangelio, ser hermanos universales, en nuestro Nazaret de cada día. Si es así, ¡bienvenida canonización!

Fermina

Fraternidad sacerdotal Iesus Caritas

Hace unos días recibíamos la buena noticia de la próxima canonización del Hermano Carlos de Foucauld. La noticia ha llegado, curiosamente, en esta etapa de confinamiento por el coronavirus. Y, quizá, por ese motivo ha supuesto una sorpresa. Evidentemente, una sorpresa agradable. En tan pocos días no ha sido posible contactar con todos los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal pero, el sentir general, con los que he podido compartir, es de alegría y agradecimiento.

Espiritualidad tras Carlos de Foucauld
Espiritualidad tras Carlos de Foucauld

Ese día fueron continuos los mensajes de alegría por parte de los hermanos sacerdotes, así como la comunicación de los distintos ecos que la noticia estaba provocando en la prensa. También hay que subrayar las palabras de felicitación por parte de muchos de nuestros feligreses, sabedores de que nuestra espiritualidad sacerdotal se nutre de la vida y el estilo del hermano Carlos. En este sentido, estoy convencido de que muchos de nosotros habremos recibido mensajes y llamadas de nuestras distintas comunidades parroquiales para felicitarnos. Yo puedo compartir algo de mi experiencia, en ese sentido. Alguna feligresa de mi parroquia, del centro de Valencia, nada más conocer la noticia, la puso en el grupo de whatsapp que tiene la parroquia. Inmediatamente, la comunidad empezó a manifestar su alegría por esta gran noticia, dándome la enhorabuena.

Uno intenta no “condicionar” demasiado a la gente, en sus devociones y en sus santos. Pero, es evidente que, al final, si uno vive la espiritualidad del hermano Carlos, de una forma o de otra, eso lo transmite, lo contagia. En esa reacción inmediata de los feligreses de mi parroquia entendí que, en el poco tiempo que camino con ellos, han captado cuáles son mis fuentes de espiritualidad. No se han quedado, solamente, con la felicitación. Alguien ha propuesto, con la aceptación y el aplauso de todos, que un servidor ofrezca unas charlas o un curso sobre la vida y la espiritualidad del hermano Carlos, porque lo conocen poco. Evidentemente, no puedo decir que no. Tienen derecho a conocer quién es Carlos de Foucauld y por qué la Iglesia lo considera santo.

Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld
Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld

Yo diría, al respecto de la anécdota de mi parroquia, que la próxima canonización del hermano Carlos debe despertar, no sólo la alegría inmensa de que la Iglesia reconozca en su vida un camino de santidad sino, también, la responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos y su espiritualidad. Entre otras cosas, porque estamos convencidos de que su espiritualidad de Nazaret no es algo del pasado, sino que sigue teniendo mucha actualidad.

Nazaret proporciona un estilo de presencia y de evangelización que tiene mucho que ver con esa llamada constante y permanente del Papa Francisco a ser cristianos y comunidades “en salida”. Cuanto más profundizamos en la espiritualidad de Carlos de Foucauld más nos damos cuenta de su actualidad. Y, quizá, éste puede ser un buen momento para darla a conocer. Nosotros, como sacerdotes diocesanos; otros miembros de la familia del hermano Carlos, desde su carisma. No cabe duda de que, durante mucho tiempo, hemos sido parcos o tímidos a la hora de hablar del hermano Carlos. Al menos, a mí me lo ha parecido. Pero, si estamos convencidos de que su espiritualidad tiene algo o mucho que aportar a la Iglesia y al mundo de hoy, no podemos privar al Pueblo de Dios, de la vida y el testimonio de un santo que supo encarnar el evangelio, a Jesús mismo, en un contexto difícil, adverso. Su estilo tiene mucho que aportar a la Iglesia de hoy. Como sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, no podemos sino alegrarnos de la noticia, dar gracias a Dios, y traducir nuestra alegría y agradecimiento, no sólo en un estilo de vida, sino en un modo de hacer llegar a nuestra gente la vida y el testimonio del hermano Carlos. Ojalá acertemos. Un fuerte abrazo y felicidades a toda la Familia de Carlos de Foucauld.

Aquilino Martínez

«La responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos»

Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia

«Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él». Ese es el absoluto que descubre el hermano Carlos. Y que sitúa a todo lo demás y a cada persona, como criatura. Y nos ayuda a no asumir protagonismos que no nos corresponden. De ahí el abandono, la adoración, la acción de gracias, el último lugar. Su profetismo nace de ese descubrimiento del Amor de Dios que le lleva al apostolado de la amistad, a Nazaret.

Fue testigo del amor de Dios y su muerte tal vez se debió al miedo y la confusión de un joven… No la entregó en defensa de su fe. Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo. Los milagros pueden parecer un «poner a prueba» a Dios. Tal vez sea momento de revisarlo. Pero agradecemos sus intuiciones y testimonio, que nos ha abierto caminos de conversión y de vida fraterna.

Como parte de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia quiero destacar su figura como una persona que supo ser profeta sin pretenderlo, legándonos una espiritualidad basada en el abandono propio y aceptación de un Dios que es visible y cercano en todas las criaturas que habitan nuestro mundo. Y no pretendo representar a la totalidad sino mostrar el testimonio agradecido de esa riqueza en la diversidad que representa la Fraternidad.

«Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo»

Desde lo cotidiano nos sentimos llamadas a recrear la Iglesia con sus grandes y pequeñas contradicciones. Porque nos sabemos acompañadas por esa multitud de testimonios de vida, comunión de santas que ejerciendo su libertad, han hecho crecer el Reino encarnando el Evangelio. Agradecemos al Hermano Carlos y a todas las personas que acogieron la Fraternidad Universal. Es vía para saberse hermana e hija, para compartir con quien sabemos que nos ama y afrontar así nuestras miserias y limitaciones, como personas y como sociedad. Nos despierta a la presencia en lo cotidiano, en la bondad pequeña, en las relaciones, en la acción política y sindical. Nos lleva a la creatividad para encarnar la Palabra, al encuentro en la amistad y la fraternidad como espacio de lucha personal por la coherencia. A la Eucaristía, acción de gracias y alimento, en la que compartimos la vida y nos abrimos al Espíritu. A vivir en los márgenes, situarnos en la periferia, acompañadas por el respeto, la libertad y el cariño. Nos alegramos que las intuiciones del Hermano Carlos sean compartidas y valoradas aunque su canonización no añade nada a nuestra experiencia de fe. Nos gustaría alimentar gestos plenos de significado y esperanza para esta sociedad del siglo XXI, que dieran testimonio de esa lectura del Evangelio encarnada en la vida, que es la fe cristiana. Queremos manifestar que nos sentimos agradecidas porque su vida y la obra que nos legó nos sirven como guía en nuestro camino como personas a las que un día sedujo el evangelio de Jesús de Nazaret.

Isabel Zacarés Escrivà

Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld
Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld

Hermanitas de Jesús

Me han pedido un pequeño escrito en nombre de las Hermanitas de Jesús, pero no es esta mi intención, porque creo que hay tantas maneras de reaccionar a la noticia de la canonización del Hermano Carlos como Hermanitas existen en el mundo… Voy a hablar por mí. Estoy en la Fraternidad hace muchos años, desde el pos-Concilio, y lo que me atrajo fue la figura de Carlos de Foucauld, tal como la descubrí en algunos libros y en el testimonio de unas hermanitas que conocí por casualidad. Estaba enamorada de la persona de Jesús y deseaba seguirle en la vida religiosa, pero no sabía dónde… Al conocer al Hermano Carlos intuí que había en él una trayectoria de verdad evangélica, de las bienaventuranzas, donde la contemplación de la Encarnación me llevaba de la mano a compartir mi suerte con la de los más pobres y marginados. Y esto me pareció concretizar de manera bien clara las orientaciones que acabábamos de recibir del Concilio Vaticano II.

Por esto me decidí por la Fraternidad. Mi vida ha sido de altos y bajos, con mucha fragilidad y bastantes huidas, pero con la presencia (muchas veces apenas presentida) de este Jesús descubierto en la juventud, y que ha continuado acompañándome por los caminos del mundo.

Hoy Carlos de Foucauld es reconocido “santo” oficialmente por la Iglesia. ¡No es que no lo fuera ya! A mí casi me gusta más como “santo de la puerta de al lado” que como “santo en los altares”… Las canonizaciones en general me dejan un poco fría. Pero me sorprendo a mí misma alegrándome de verdad con esta celebración, por lo que el “nuevo santo” representa:

Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld
Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld

Creo que es muy importante para toda la Iglesia actual, tan amenazada de retrocesos y de cierre sobre sí misma, que se reconozca en Carlos de Foucauld uno de los paradigmas de una nueva forma de situarnos como discípulos y discípulas de Jesús en este cambio de época: maravillado por la cercanía de Dios, por lo concreto de la Encarnación (Nazaret), precursor de una nueva forma de evangelización por la presencia y la amistad, tejedor de relaciones impregnadas de un profundo respeto por cada ser humano, de cualquier pueblo, cultura, religión… En resumen: un hombre clave.

Josefa Falgueras

Hermanos del Evangelio

Como congregaciones religiosas bebemos de la intuiciones de Carlos de Foucauld que se inspiran en la vida de Jesús en Nazaret. En ese pueblo perdido de Galilea Jesús creció y pasó la mayor parte de su vida y estamos seguros que esto marcó profundamente su manera de actuar y anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Nuestra vocación está marcada por la amistad y el compartir la vida de la gente sencilla, en el trabajo, en el barrio, en sus luchas y alegrías, en sus penas y debilidades… Esa vivencia atraviesa y marca nuestra oración. A través de ese estilo de “Nazaret”, desde lo cotidiano, desde lo sencillo y pequeño, muchas veces aparentemente inútil y poco relevante, esperamos que pueda traslucirse ese gran amor que Dios nos tiene a toda la humanidad.

Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos. El revuelo y el boato que suelen acompañar estos acontecimientos no están en nuestra genética. Más bien tenemos una tendencia innata a huir de ello.

La noticia de la próxima canonización nos llena de alegría, porque estamos convencidos que las intuiciones del hermano Carlos, su modo de relacionarse con su “bien amado hermano y Señor Jesús”, su manera de vivir el “apostolado de la bondad”, son una verdadera riqueza para nuestro tiempo. En una época de cierta globalización por un lado y un peligro de repliegue sobre sí mismo por otro, Carlos, el hermano universal, nos invita a ser hermano de todos y todas, sin distinción… En tiempos saturados de ruidos y palabras, de ídolos y estrellas, Carlos nos invita a redescubrir la importancia de lo pequeño, la sencillez, lo silencioso… En las tensiones que surgen a veces entre las religiones el camino de Carlos -que recuperó la fe de su infancia gracias a la impresión que le causó la fe en el mundo musulmán- nos abre al respeto mutuo en el diálogo interreligioso…

«Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos»

¿Es el momento del anuncio de su canonización una casualidad? Durante esos meses de pandemia, muchos creyentes nos hemos quedado sin poder asistir físicamente a la eucaristía. Carlos, en su empeño de ir hacia los más pobres y alejados, se puso en tal situación que durante meses estuvo privado de poder celebrar la misa… ¡Curiosa coincidencia!

La frase del Evangelio que más sacudió mi vida es ésta: ‘Lo que hacen al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen’ (Mateo 25,40). Y cuando se piensa que es la misma persona la que dijo: ‘Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre’, con qué fuerza se siente uno impulsado a amar a Jesús en estos pequeños (Carlos de Foucauld)

JuanFamilia Carlos de Foucauld

Cultura afrobrasileña: la memoria de los pueblos africanos que también construyó la identidad de Brasil

Cultura afrobrasileña: la memoria de los pueblos africanos que también construyó la identidad de Brasil

Micaela Alejandra Díaz Miranda |

La cultura afrobrasileña fue el tema del cuarto conversatorio de la Sala de la Cultura y de la Sinodalidad, una iniciativa del sueño cultural del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño que acompaña el camino hacia el Encuentro Pastoral Afroamericano de 2028, que tendrá como sede a Brasil.

El encuentro estuvo coordinado por el Secretariado de Pastoral Afroamericana y Caribeña y contó con la participación del profesor y doctor Rosenilton Oliveira, investigador y docente de la Universidad de São Paulo, quien ha desarrollado parte de su trayectoria junto a las comunidades de la pastoral afrobrasileña y ha estudiado sus celebraciones, romerías, congresos, expresiones de espiritualidad y cultura negra en la Iglesia.

Antes de su exposición, el padre Wilfrido Mosquera presentó algunos datos sobre Brasil, país que acogerá el Encuentro Pastoral Afroamericano de 2028. Resaltó su dimensión continental, con más de 8,5 millones de kilómetros cuadrados, una población que para 2026 se estima en 214,2 millones de habitantes y una diversidad cultural vinculada también a la presencia de la Amazonía y de numerosos pueblos originarios.

El sacerdote recordó además que alrededor del 55,5 % de la población brasileña es afrodescendiente y presentó este encuentro como una primera aproximación al camino de preparación hacia 2028: “este encuentro ya es como que ese abreboca” para comenzar a conocer y saborear lo que vendrá.

Camino de encuentros sobre cultura

La Sala de la Cultura y de la Sinodalidad ya había abordado otros aspectos de la realidad latinoamericana. El primer diálogo, realizado en Madrid, estuvo dedicado al magisterio latinoamericano y la cultura y fue coordinado por la Red de Cultura Popular.

En junio se desarrolló un encuentro sobre cultura y educación, coordinado por la Red de Pastoral Educativa y Pacto Global. En julio, el tema fue la cultura y la mujer afroamericana, bajo la coordinación de la Red de Liderazgo.

Este cuarto conversatorio estuvo dedicado específicamente a la cultura afrobrasileña y fue acompañado por una oración de monseñor Zanoni Demettino Castro, arzobispo metropolitano de Feira de Santana. En su invocación pidió que la Santísima Trinidad, “fuente de comunión, de diversidad, de vida”, ilumine el encuentro y abra los corazones al diálogo, la memoria, la fe y la esperanza de los pueblos afrodescendientes. El momento de oración estuvo acompañado por una canción dedicada a Nuestra Señora Aparecida, presentada como “Nuestra Señora Negra” y “soberana Quilombola”, antes de dar paso a la exposición del profesor Rosenilton.

Identidad construida también desde África

El investigador comenzó su exposición reconociendo la dimensión continental de Brasil y su enorme diversidad de pueblos y culturas. Al mismo tiempo, advirtió que esta riqueza convive con estructuras sociales todavía marcadas por la desigualdad. Su reflexión presentó la identidad y la memoria negra de las personas afrodescendientes en Brasil y mostró cómo los pueblos africanos, traídos al país en condiciones de esclavización, participaron decisivamente en la construcción de la sociedad y de la cultura brasileñas.

Para organizar su exposición, planteó dos grandes cuestiones: la construcción de la identidad nacional y cultural brasileña y algunos de los elementos estructurales que permiten comprender esa identidad. Desde ahí propuso pensar también las posibilidades y los desafíos de una pastoral y de una acción eclesial junto a la población afrobrasileña.

El profesor situó parte de su análisis en el período posterior a la proclamación de la República, en 1889, cuando Brasil atravesaba transformaciones sociales y políticas. Apenas un año antes, en 1888, había terminado oficialmente la esclavitud. Sin embargo, señaló que la abolición no estuvo acompañada por políticas de reparación frente a las consecuencias de siglos de esclavización. Las respuestas institucionales de reconocimiento y valoración de las poblaciones africanas llegarían mucho después, especialmente a comienzos del siglo XXI.

Nación que buscó sus símbolos

A comienzos del siglo XX, explicó Oliveira, las élites brasileñas se preguntaban cómo construir una nueva sociedad y una identidad nacional en los trópicos. Brasil había desarrollado históricamente una mirada orientada hacia Europa y tendía a valorar elementos provenientes de Francia, Inglaterra y otros países europeos, mientras dejaba en segundo plano las culturas presentes en su propio territorio. Entre ellas estaban las culturas de los pueblos originarios y de las poblaciones africanas.

El movimiento modernista, particularmente a partir de 1922, desempeñó un papel importante en la construcción de una narrativa sobre Brasil y en el reconocimiento de determinados elementos como símbolos de la cultura nacional. Más adelante, durante los gobiernos de Getúlio Vargas, también se promovió una construcción de identidad nacional, aunque dentro de un período de fuertes contradicciones políticas y de dictadura. En ese proceso, cultura e identidad nacional llegaron a ser entendidas prácticamente como una misma realidad. La imagen de Brasil hacia el exterior quedó asociada a una enorme fuerza cultural.

Oliveira recordó, por ejemplo, las investigaciones folclóricas realizadas por Mário de Andrade, quien recorrió distintas regiones del país para estudiar la diversidad y riqueza de las expresiones culturales brasileñas. Pero este reconocimiento tuvo una contradicción: se valoraban determinados elementos culturales, mientras las personas y los pueblos que los habían producido continuaban siendo discriminados.

Se valoró la cultura, pero no siempre a quienes la crearon

El profesor utilizó la capoeira como uno de los ejemplos más claros. La capoeira pasó a ser reconocida como un elemento de la cultura brasileña y posteriormente como deporte nacional, pero quienes la practicaban, en su mayoría personas negras, fueron perseguidos y considerados incluso sujetos de infracciones penales durante buena parte de la primera mitad del siglo XX.

Algo semejante ocurrió con el samba. Este ritmo de origen africano fue progresivamente incorporado a la imagen de Brasil y valorizado como expresión nacional, mientras los hombres y mujeres que lo interpretaban fueron perseguidos hasta la década de 1940. De esta manera, Oliveira mostró una de las contradicciones que atraviesan la construcción de la identidad brasileña: “tenemos un movimiento de valorizar elementos de la cultura africana, pero no tenemos el mismo movimiento de valorizar las personas, los sujetos que lo producen”.

Esta tensión también puede observarse en el patrimonio cultural. El investigador explicó que cuando se habla del patrimonio cultural brasileño es necesario reconocer las matrices africanas y de los pueblos originarios que lo constituyen. “Cuando nosotros hablamos de la cultura brasileña, estamos hablando también de la presencia del pueblo venido de África”, señaló.

La presencia africana en la cultura brasileña

Para Oliveira, muchos de los símbolos que actualmente son reconocidos como expresiones de la “brasilidad” tienen una fuerte presencia africana e indígena. La música, la danza, la gastronomía, la literatura, las artes y las expresiones religiosas forman parte de este patrimonio. La capoeira, el samba, el carnaval y la feijoada son algunos de los ejemplos más conocidos. En la música, la influencia africana está presente en ritmos, batidas, formas de bailar y letras de canciones. Esa influencia también alcanza expresiones como el sertanejo, el pop, el rock y el funk producidos en Brasil

El investigador relacionó además estas expresiones con otras experiencias culturales de América Latina, mencionando semejanzas con manifestaciones presentes en Cuba, Colombia y Uruguay.

En la gastronomía, destacó la feijoada y el uso de ingredientes como el aceite de palma, vinculados a tradiciones provenientes de África. En la literatura, señaló la influencia de la cultura afrobrasileña en autores como Jorge Amado, así como la obra de escritoras contemporáneas como Conceição Evaristo y Carolina Maria de Jesus. También se refirió a la lengua portuguesa hablada en Brasil. Según explicó, la influencia africana no se limita a la incorporación de palabras procedentes de distintas lenguas, pues alcanza la construcción de las frases, la fonética y otros aspectos de la lengua brasileña, con una presencia particularmente importante de las lenguas del complejo bantú.

Patrimonio que también tiene rostros negros

La exposición abordó igualmente el patrimonio cultural material. Oliveira presentó como ejemplo la ciudad de Ouro Preto, en Minas Gerais, reconocida por su patrimonio arquitectónico y por la riqueza del barroco brasileño. En el relato tradicional sobre este patrimonio suelen aparecer los maestros y artistas europeos, entre ellos portugueses, españoles, italianos y franceses. Sin embargo, el investigador señaló la necesidad de reconocer la participación de los africanos y afrodescendientes que trabajaron en su construcción, tanto desde el esfuerzo físico como desde sus capacidades intelectuales y artísticas.

Pintores, artesanos y otros trabajadores africanos participaron en la construcción de iglesias, casas, ornamentaciones y otras expresiones del barroco brasileño. Para el investigador, esta presencia debe ser incorporada a la memoria cultural del país.

Otro espacio de memoria presentado fue el sitio arqueológico del Cais do Valongo, en Río de Janeiro, antiguo puerto por donde ingresaron numerosas personas traídas desde África en condición de esclavización. Hoy, el lugar permite mantener visible esa parte de la historia brasileña.

Más de cinco millones de africanos llegaron a Brasil

Oliveira explicó que los datos históricos sobre el número exacto de africanos traídos a América no son precisos, pero señaló que durante los siglos de tráfico esclavista Brasil recibió aproximadamente la mitad de las personas africanas llevadas a las Américas. Según los datos presentados durante el conversatorio, entre 1526 y 1870 fueron trasladadas alrededor de diez millones de personas y cerca de cinco millones llegaron a Brasil.

Esta dimensión ayuda a comprender, según el investigador, por qué la población de origen africano y los pueblos originarios tienen un peso tan importante en la formación histórica del país. Sin embargo, los censos y las categorías utilizadas para clasificar a la población durante buena parte de la historia brasileña contribuyeron a presentar una realidad diferente. El investigador explicó que hasta la década de 1990 los registros demográficos podían mostrar una mayoría de población autodeclarada blanca, relacionada con la manera en que se realizaba la clasificación por color.

Actualmente, alrededor del 56 % de la población brasileña, más de 110 millones de personas, se reconoce como afrodescendiente, según los datos compartidos durante la exposición.

Pueblos africanos y pueblos originarios

La presencia africana en Brasil tampoco puede entenderse como una experiencia homogénea. Oliveira presentó la diversidad de pueblos africanos trasladados al país, entre ellos grupos de las regiones identificadas históricamente como sudanesas y pueblos de África central y meridional. Mencionó, entre otros, a los nagô, ketô, ijexá y jeje, así como la fuerte presencia yoruba, especialmente en el nordeste brasileño y en Salvador de Bahía.

Esta diversidad dejó huellas en las lenguas, la música, la gastronomía, las danzas y las expresiones religiosas. La presencia de los orixás, las tradiciones musicales y manifestaciones culturales de Bahía son algunos de los ejemplos señalados.

A esta herencia se suma la presencia de los pueblos originarios. Oliveira recordó que Brasil cuenta con alrededor de 190 pueblos indígenas y más de 200 lenguas originarias, aunque el portugués continúa siendo la única lengua oficial a nivel nacional. Para el investigador, esta realidad plantea el desafío de reconocer también las lenguas indígenas como parte de la identidad y la cultura del país.

La dimensión religiosa de la memoria afrobrasileña

Uno de los aspectos que se expuso fue la relación entre cultura y experiencia religiosa. Oliveira explicó que, al igual que ocurrió en otros países de América Latina y el Caribe con fuerte presencia africana, en Brasil surgieron religiones de matriz africana.

Estas experiencias religiosas se constituyeron a partir de procesos de transformación y diálogo con el catolicismo y con las matrices culturales indígenas. Por ello, el investigador pidió evitar una lectura simplista basada únicamente en la idea de sincretismo. “No estoy hablando acá de una idea de sincretismo o de una falsa vivencia religiosa”, aclaró.

Su planteamiento es que la experiencia religiosa está estrechamente vinculada con la experiencia cultural de los pueblos. Por eso, así como las religiones africanas se transformaron en Brasil, también el catolicismo vivido en el país recibió la influencia de las culturas africanas e indígenas. “Si hay una transformación de las religiones africanas en Brasil, hay también una transformación del catolicismo que se vive en Brasil”, dijo. En este sentido, las formas de celebrar, las expresiones de fe y la relación con lo sagrado también forman parte de la memoria cultural afrobrasileña.

Los espacios religiosos como lugares de preservación

Oliveira remarcó especialmente el papel de los terreiros de Candomblé en la preservación de elementos culturales africanos durante los siglos de esclavización y después de ellos. Durante casi cuatro siglos, recordó, la población de origen africano sufrió esclavización y sus valores y producciones culturales fueron despreciados. En ese contexto, estos espacios religiosos permitieron conservar símbolos, conocimientos, música, filosofía y formas de comprender el mundo.

“Cuando nosotros hoy hablamos de la cultura africana en Brasil, tenemos que reconocer que fue gracias a la religiosidad africana” que muchos de estos símbolos pudieron conservarse, explicó.

Por ello, consideró que no es posible pensar la presencia afrodiáspórica en Brasil sin reconocer la importancia de estos espacios y la relación con lo sagrado.

Cultura diversa que prepara el camino hacia 2028

La exposición también recorrió otras expresiones de la cultura brasileña, entre ellas las indumentarias de las bahianas, cuyos vestidos, adornos, colores y formas de cubrir la cabeza contienen referencias culturales y cosmológicas relacionadas con la autoridad y la identidad. En el caso de la capoeira, distinguió entre la capoeira Angola, realcionada de manera más directa con tradiciones de África central, y la capoeira regional, que incorporó transformaciones y elementos acrobáticos posteriormente difundidos internacionalmente.

También abordó el carnaval, especialmente las escuelas de samba del sudeste. Aunque el carnaval es una celebración extendida por todo Brasil y es reconocido como una de las principales expresiones culturales nacionales, Oliveira recordó que existen otras fiestas regionales de enorme importancia, como el Festival de Parintins en el norte y las fiestas de junio dedicadas a san Juan, san Antonio y san Pedro en el nordeste.

La diversidad de estas expresiones muestra que la cultura brasileña no puede reducirse a un único símbolo. Se trata de una construcción plural en la que confluyen las matrices africanas, indígenas y europeas, con una presencia africana que, según el investigador, ha sido decisiva y muchas veces insuficientemente reconocida.

Mirada hacia la pastoral afroamericana

El encuentro forma parte del camino de preparación hacia el Encuentro Pastoral Afroamericano de 2028 en Brasil y tiene el fin de generar espacios de formación y diálogo sobre la diversidad cultural de América Latina y el Caribe.

La Sala de la Cultura y de la Sinodalidad deja abierta una reflexión que trasciende las fronteras de Brasil: reconocer las raíces africanas de la cultura latinoamericana también implica recuperar la memoria de los pueblos que la construyeron, sus espiritualidades, sus luchas y sus aportes a la vida de la Iglesia y de las sociedades de la región.

Papa y líderes religiosos: ¿pasar de las palabras y los gestos de paz a la acción noviolenta profética de “meter el cuerpo” en Gaza?

Pietro Ameglio

Este artículo recoge una síntesis detallada de una ponencia presentada muy recientemente -el 10 de septiembre- en la Conferencia “Paz desarmada y desarmante: el emergente cambio de paradigma de la Iglesia Católica hacia la noviolencia evangélica”, presentada en el Instituto Católico para la Noviolencia (Pax Christi Internacional), en Roma, Vaticano, ante un grupo internacional de académicos y activistas especializados en el tema, pero sobre todo con la intención que los círculos cercanos al papa, y -¿por qué no?- él mismo pudiera oírla o leerla.

Pensamos que esta Conferencia podría ser una excelente oportunidad para aprender y compartir, así también como para idear acciones colectivas y «reales» de noviolencia a corto plazo, que permitan afrontar algunas de las situaciones de violencia más urgentes de inhumanidad, de fe cristiana y construcción de paz que vive el mundo actual. En lo específico, me refiero a la que considero la principal situación de inhumanidad mundial por varias razones: el genocidio (acción más inhumana de nuestra especie) en Gaza, y la limpieza étnica y ocupación militarizada de Cisjordania. Es anti-cristiano y anti-noviolento quedarnos “contemplando” pasmados y en silencio este genocidio, incluso aduciendo un fatalismo posmoderno, que no tiene nada que ver con nuestra esperanza, fe y noviolencia.

El título de la Conferencia menciona los conceptos de “paz desarmada” y “desarmante”: en todos nuestros talleres, cursos, conferencias… iniciamos del hecho que no existe mayor “indefensión” y “desarme” -y mejor “defensa”- que no partir de un “principio de realidad” con reflejos empíricos, donde queremos reflexionar y sobre todo actuar los conceptos abarcados.

Aquí va la síntesis:

Para León XIV, cuya palabra nos ha desafiado a hacer más en la noviolencia…el resto le toca al espíritu que sopla dónde, cuándo y cómo quiere

¿Hasta dónde la noviolencia ha sido efectiva para detener hoy día tan altos niveles de inhumanidad?

A mi juicio, el mundo y la humanidad se encuentran hoy ante una “frontera moral y material” sumamente peligrosa -sin precedentes, debido al riesgo nuclear y al poder de los medios de comunicación y las grandes corporaciones-, entre la normalización de la ilegalidad, la impunidad y la deshumanización, y una suerte de supervivencia y urgente retorno a los valores fundamentales y a las conquistas históricas de los pueblos en materia de derechos humanos y paz. Creo que el papa en su última encíclica (“Magnifica Humanitas”) nos advierte -no sólo desde la IA- de este riesgo de des-humanización y pérdida del sentido de qué nos hace seres humanos.

En este escenario, la noviolencia -impulsada por pueblos, iglesias, espacios educativos y numerosas organizaciones sociales, colectivos y personas comprometidas socialmente…- asume una enorme responsabilidad histórica y profética: no en el sentido de “mirada predictiva hacia el futuro” sino de “acción radical en el mismísimo presente”. Esta responsabilidad reside principalmente en el ámbito de la ACCIÓN, más que en el de los principios o las palabras: ¡se trata de predicar con el ejemplo frente a poderes corruptos e inhumanos!

No considero que esta sea una visión mesiánica o catastrofista ; es simplemente la visión de un activista social y académico historiador quien en cierto modo se siente avergonzado -tanto de sí mismo como de gran parte de la humanidad- ante la tibieza de nuestras acciones al respecto de Gaza, misma tibieza que Dios “vomita” (Apocalipsis 3, 15-19), y la ignorancia social acumulada que tenemos respecto a estos avasalladores procesos de violencia, guerra y genocidio (fenómenos que no son iguales).

De ahí que, al menos para mí, la noviolencia -o nosotros los activistas- en este momento histórico se ha quedado rezagada a la hora de afrontar estos desafíos. El genocidio en Gaza y la limpieza étnica en Cisjordania -así como muchas otras acciones de brutal violencia en el mundo- donde destacan los bombardeos totalmente ilegales e impunes a lanchas de pescadores caribeños- han puesto seriamente en tela de juicio la eficacia de la noviolencia ante niveles tan extremos de violencia y genocidio, sea para prevenirlos que para enfrentarlos en sus picos de violencia. Surge entonces la pregunta de hasta qué punto dicha postura debe complementarse con otras formas de acción comunitaria de defensa y solidaridad, tal como lo plantean y practican nuestras comunidades en México y América Latina. Es un problema profundo que exige un debate serio, a la luz de la historia y de las experiencias de los pueblos: ¿cuál es el «principio de realidad» para la defensa de la humanidad en esta coyuntura histórica y particularmente en determinados territorios de tan alta violencia impune? Claramente, no existe una sola respuesta.

Por supuesto, no dudo de la fuerza de la noviolencia y de la verdad presentes en las enseñanzas de Jesús y tantos otros personajes y pueblos de la historia de nuestra especie. Particularmente en México las principales identidades sociales con quienes trabajamos, aprendemos y que encabezan los procesos de construcción de paz noviolentos son los familiares que buscan desaparecidos, las comunidades indígenas-campesinas-urbanas que defienden sus recursos naturales y cultura, las colectivas feministas y de jóvenes -sobre todo universitarios- que luchan contra violencias de género y abusos de poder.

Sin embargo, tengo claro que no hemos hecho lo suficiente y hemos normalizado en exceso esta brutalidad bélica y genocida mundial, probablemente también por carecer del conocimiento necesario (que no es lo mismo que simple información). El nivel y la proporción de las acciones noviolentas emprendidas para detener estas situaciones inhumanas han sido muy inferiores al nivel de las acciones violentas. A juzgar por la historia y por nuestra humilde experiencia mexicana y latinoamericana, entiendo que, para confrontar acciones tan inhumanas, es necesario construir y EJECUTAR ACCIONES noviolentas masivas de no-cooperación y desobediencia civil, que corresponden a una necesaria proporción y relación entre la espiral de la noviolencia y la espiral de la guerra que se enfrentan.

En un genocidio el mensaje verdadero de lucha es meter el cuerpo

Durante los últimos meses he estado leyendo las declaraciones ejemplares del papa sobre la paz justa, cristiana y noviolenta, así como observando sus muchos gestos simbólicos (la foto del niño libanés musulmán que lleva consigo, al que saludó y poco después asesinaron; con los migrantes en Sicilia; con la condecoración al embajador de Irán en el Vaticano; de encuentros con otras iglesias de Oriente…). También he valorado mucho la claridad y valentía con las que se pronunció contra Trump, Netanyahu, y sus ministros con su doctrina y acciones impunes de la «guerra justa», y el papa hablando a favor de “la noviolencia que Jesús enseñó como el verdadero poder sobre el mal” (6-4-26). León XIV ha reiterado “su rechazo a las guerras justas” en su reciente encíclica; ha declarado, entre muchas otras frases: “La guerra no es santa, sólo la Paz es santa, porque es voluntad de Dios” el 14-3-26, “Dios, Jesús, rey de la Paz que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra” el 29-3-26. ¡Ha sido el principal actor social a nivel mundial con la fuerza moral necesaria para alzar la voz de esa manera contra “un puñado de tiranos que está destruyendo el mundo” (Camerún, 16-4-26).

Por todo ello queremos -humildemente- proponer una acción de este tipo y lógica, a discutirse colectivamente:

que el Papa y líderes religiosos pudieran meter (no poner) su cuerpo -junto a los nuestros y de muchos otros y otras- allí donde la violencia y el genocidio son más intensos e inhumanos. Como propusimos, respecto a Francisco I en nuestra ponencia (¿Por qué el papa no está en Gaza?) aquí mismo el 25 de octubre del 2024 (https://www.academia.edu/125601846/Pax_Christi_Espa%C3%B1ol_Seminario_Vaticano_Papa_en_Gaza_final), que el papa junto a líderes de otras religiones, fueran YA a Gaza y/o Cisjordania (¡Tierra Santa! Donde Jesús caminó, comió, durmió, habló, curó, amó…) para orar y ayunar, escuchar y acompañar solidariamente a las víctimas palestinas y de los rehenes israelíes, llevando también alimentos y medicinasY permaneciendo allí el tiempo necesario (al menos tres días: de la cruz a la resurrección), hasta que se produzca algún tipo de ¡Alto al Genocidio! y entrada de ayuda humanitaria.

Con mucha claridad León XIV en una festividad budista envió un mensaje titulado: “Budistas y cristianos por una paz desarmada y desarmante”, donde decía que “estamos invitados a convertirnos en artífices de la paz: no como observadores pasivos, sino como testigos valientes”.

En la noviolencia se le llamaría a ésta una acción de no-cooperación de “firmeza permanente”, la que sin duda sería una acción profética como iglesias y pueblos de Dios, y en solidaridad con las víctimas; sería también una acción noviolenta de “desobediencia debida a las órdenes des-humanizantes” (J.C.Marín), que nos mandan silenciar y normalizar este genodicio. Hemos planteado desde hace años que este genocidio, desde la acción noviolenta podría tal vez detenerse con acciones masivas de desobediencia civil abierta de millones por parte de la población israelí dentro de Israel, bloqueando toda forma de gobierno, caminos, casas de líderes políticos, etc., paralizando el país, sin “retirarse del lugar” hasta que Netanyahu y sus secuaces renuncien y/o vayan a la cárcel, y el genocidio en Gaza así como la impune e ilegal ocupación brutal de los colonos en Cisjordania se detengan.

Ese es el nuevo giro, el desafío tanto espiritual como material que considero urgente para la noviolencia, particularmente desde las iglesias. Por supuesto, todos somos conscientes de las enormes dificultades que esto conlleva, pero -como hemos comentado en más de una ocasión- la humildad y la audacia son dos de las características fundamentales de la noviolencia (padre Donald Hessler), así como una virtud de la noviolencia que hemos aprendido en México de las Madres Buscadoras, es que a veces las acciones deben hacerse “sin pedir permiso” (este punto es de una enorme complejidad sea en cuanto a valores sociales que respecto a la estrategia de las acciones).

De lo contrario, continuaremos repitiendo las mismas acciones -a veces rutinarias o repetidas- aunque sean valiosas, indispensables y muy necesarias de resistencia, mientras la inhumanidad y la violencia avanzan con mucha mayor rapidez. Sin duda, muchas personas que no conocemos están impulsando acciones de no-cooperación y desobediencia civil en distintos lugares del mundo, pero queremos proponer aquí que necesitamos mucha más acción directa de la «reserva moral» del mundo, y las iglesias forman parte de ella -siempre que actúen-, de lo contrario son cómplices de la inhumanidad. Por ello afirmamos que es un momento crucial de nuestra historia como especie y cristianos para decir ¡Ya Basta! y hacer acciones proféticas “radicales” (ir a la raíz), desde las mejores raíces de nuestras tradiciones noviolentas. La reserva moral puede estar constituida por grandes masas en el espacio público o por cuerpos cuyas identidades sociales concentran un gran “poder social”, como es el caso del papa y líderes religiosos, pero que es necesario que decidan “usar su poder” y no sólo “tener conciencia de poseerlo pero sin usarlo”.

La prudencia es un valor milenario, muchas veces admirado en la Iglesia, pero en momentos de alta inhumanidad la prudencia se puede volver complicidad, se puede volver co-operación con la inhumanidad, y el valor que debe prevalecer -desde la noviolencia- nos parece debería ser -como decíamos- el de la audacia humilde. Como, por ejemplo, tuvo Francisco de Asís en su visita a Tierra Santa, durante la V Cruzada, con su encuentro -en principio frente a un enemigo religioso- hacia el sultán Al-Malik al-Kamil en Egipto en 1219, algo inaudito en aquella época y que permitió sentar las bases del diálogo y la paz interreligiosa.

¿Redefinir la “Paz noviolenta, justa y digna” desde Asís y detener una posible guerra nuclear?

Para concluir, quisiéramos también compartir una reflexión acerca de otra propuesta al papa y las iglesias de acción noviolenta que en nada sustituye la urgencia de la anterior -desde un ángulo muy diferente, más cercano a esta Conferencia-, pero también necesaria, y en la línea de la tradición papal de las últimas décadas.

La humanidad necesita recuperar, reconstruir, rescatar y volver a reflexionar, oír y vivir, una perspectiva o definición de paz distinta para el mundo, en un contexto marcado por la posibilidad de una tercera guerra mundial o guerra nuclear así como por esa peligrosa asociación entre «guerra, seguridad y paz», que líderes como Trump, Netanyahu y las grandes potencias mundiales repiten a diario en los medios cooptados, y que demasiada gente cree de manera ingenua e infantil.

Parte de esta difusión masiva de la creencia en la “paz armada” nace del gran proceso de “normalización” que los medios y políticos han instalado en el mundo, y en el que hemos co-operado a veces con nuestros silencios en muchos espacios, empezando por las clases que damos los participantes en esta Conferencia, quienes a veces “damos clases como si no existiera un genocidio en Gaza”, por ejemplo. El lema mundial de solidaridad con la población palestina es “No dejen de hablar de Palestina” y ese debería ser un gran desafío apara todas y todos aquí.

Por tanto, las iglesias quizás podrían convocar a un gran encuentro espiritual y religioso mundial por la paz en Asís -como han hecho papas anteriores junto al Dalai Lama- o cualquier otro lugar espiritual similar de otra tradición, para redefinir -a partir de darle contenidos muy específicos y claros- el concepto y la práctica noviolenta, legal e institucional de la paz y los derechos humanos ante el mundo, y detener una posible guerra nuclear. Y luego hacer una gran campaña mundial de difusión y discusión en todas las comunidades, grupos y personas posibles, presión a los poderes políticos y de todo tipo, incluso tal vez hasta construyendo medios y redes sociales internacionales de amplios alcances. Sería también una acción noviolenta de no-cooperación, emulando, por ejemplo, a Gandhi que centró gran parte de su vida y lucha en hacer reflexionar a las masas -en su propia lengua popular- acciones, espiritualidad y principios de paz y noviolencia

Fuente: https://desinformemonos.org/papa-y-lideres-religiosos-pasar-de-las-palabras-y-los-gestos-de-paz-a-la-accion-noviolenta-profetica-de-meter-el-cuerpo-en-gaza/

Mialet, una peregrinación a la memoria

Paisaje de los valles vaudeses, región alpina de Piamonte _ Wikicommons bajo licencia CC 3.0

Fotografía: Paisaje de los valles vaudes, región alpina del Piamonte. Wikicommons bajo licencia CC 3.0

Alba Martorell Cid

Cartel en alemán que indica el camino 'Siguiendo las huellas de los hugonotes' _ Wikimedia Commons bajo licencia CC 4.0
Fotografía: Cartel en alemán que indica el camino ‘Siguiendo las huellas de los hugonotes’. Wikimedia Commons bajo licencia CC 4.0

Mialet, una pequeña localidad de las Cevenas, celebra anualmente un culto protestante en recuerdo de la resistencia hugonota

Cuando se habla de peregrinaciones cristianas, es habitual situarse enseguida en Roma, Fátima o Santiago de Compostela. Sin embargo, el protestantismo ha desarrollado otra manera de relacionarse con los lugares vinculados a su historia. Más que santuarios, conserva espacios de memoria donde se recuerdan a las personas que mantuvieron la fe en tiempos de persecución. Uno de los más significativos es Mialet, un pequeño pueblo de las Cevenas francesas que cada año se convierte en punto de encuentro de miles de protestantes.

La pastora Nathalie Reverdin Effront , licenciada en Teología por la Universidad de Ginebra, conoce bien este significado. Descendiente de hugonotes —protestantes franceses— que se refugiaron en Suiza después de las persecuciones religiosas de principios del siglo XVIII, ha desarrollado su ministerio tanto en Suiza como en Cataluña; concretamente, en Barcelona, ​​en las comunidades protestantes del Clot y de Rubí. También ha celebrado el culto en Mialet en varias ocasiones. Cuando habla de peregrinaciones, prefiere otra expresión: “me gusta más hablar de sitios de memoria”.

El pueblo que recuerda el Desierto

Mialet es una pequeña localidad situada en el macizo de las Cevenas, en el sur de Francia. Cada primer domingo de septiembre acoge un multitudinario culto protestante al aire libre que recuerda a uno de los episodios más difíciles de la historia de las iglesias reformadas francesas: la llamada Época del Desierto.

Para entender esta conmemoración es necesario remontarse al siglo XVII. Durante décadas, los protestantes franceses habían podido practicar su fe gracias al Edicto de Nantes, promulgado por el rey Enrique IV en 1598. Pero en 1685, Luis XIV decretó su revocación. Las iglesias protestantes fueron clausuradas, los pastores expulsados ​​y los fieles obligados a convertirse en el catolicismo oa practicar su fe clandestinamente.

En ese contexto surgieron los camisards, grupos de protestantes de las Cevenas que, entre 1702 y 1704, se levantaron en armas contra la monarquía francesa para defender su libertad religiosa. Por tanto, mientras el término hugonote designa al conjunto de los protestantes franceses, camisard hace referencia específicamente a los resistentes de las Cevenas.

Durante ese período, cientos de miles de hugonotes huyeron hacia Suiza, Alemania, Países Bajos o Inglaterra. Otros decidieron quedarse y continuar reuniéndose a escondidas en bosques y cuevas de montaña. Aquellos años de clandestinidad son conocidos como el Desierto, en referencia al largo camino del pueblo de Israel hacia la Tierra Prometida: un tiempo de prueba, pero también de fidelidad y esperanza.

Una memoria que sigue viva

Es esta historia la que se conmemora cada año. El culto a Mialet reúne a protestantes de diferentes tradiciones y procedencias en un ambiente que combina la celebración religiosa con el recuerdo histórico. En el pueblo también se encuentra el Museo del Desierto, dedicado a preservar la memoria de las persecuciones y de la resistencia hugonota.

Para Reverdin , el sentido de este encuentro no es venerar un lugar, sino recordar el testimonio de quienes mantuvieron la fe en circunstancias extremas. El protestantismo, explica, «no ha desarrollado grandes santuarios ni peregrinaciones vinculadas a reliquias oa tumbas de santos». La memoria es lo que dota de significado al viaje.

Esta forma de entender los lugares también se refleja en los templos protestantes, generalmente muy sobrios. «Nuestros fundadores no son considerados santos ni les oramos», recuerda. La centralidad recae en la Biblia, abierta sobre la mesa de comunión, y en el púlpito desde donde se proclama la Palabra.

Siguiendo las huellas de los hugonotes

Mialet no es el único espacio que conserva ese legado. Muy cerca, en Aigües-Mortes, la Torre de Constanza recuerda el largo cautiverio de Marie Durand , encarcelada durante treinta y ocho años por negarse a renunciar a su fe. Más al sur, en los Valles Valdeses del Piamonte italiano, los protestantes conservan templos, escuelas e incluso grutas donde los cultos se celebraban clandestinamente durante las persecuciones.

En este sentido, el camino Sur el paso de Es Huguenots recupera hoy la memoria del exilio protestante. El itinerario sigue buena parte de los caminos que recorrieron los hugonotes cuando huían de las persecuciones. El recorrido, de unos 1.800 kilómetros, une el pueblo de Le Poët-Laval, en la región francesa del Drôme, con Bad Karlshafen, en Alemania, pasando por Suiza.

Más que una peregrinación religiosa en sentido estricto, es un itinerario de memoria que invita a recordar la defensa de la libertad de conciencia, el sufrimiento de las comunidades reformadas y el valor de la reconciliación entre confesiones cristianas. Actualmente, muchos caminantes lo recorren tanto por motivos espirituales como históricos, siguiendo las huellas de quienes tuvieron que abandonar su casa para mantenerse fieles a sus convicciones.

https://www.catalunyareligio.cat/ca/geografies-fe-mialet-pelegrinatge-memoria?utm_campaign=website&utm_medium=butlleti&utm_source=enviament&utm_term=butllet%C3%AD

Las 23 Iglesias orientales católicas: una riqueza milenaria en comunión con Roma

El Papa con su Santidad Aram I, Catolicós de la Gran Casa de Cilicia, una de las figuras más relevantes del cristianismo oriental.  | Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

El Papa con su Santidad Aram I, Catolicós de la Gran Casa de Cilicia, una de las figuras más relevantes del cristianismo oriental. | Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

Por Victoria Cardiel

Cuando se habla de la Iglesia Católica, muchos piensan exclusivamente en la Iglesia latina, a la que pertenece la inmensa mayoría de los católicos del mundo. Sin embargo, la Iglesia Católica está formada en realidad por 24 Iglesias sui iuris o autónomas: la Iglesia latina y 23 Iglesias orientales católicas, herederas de las antiguas tradiciones cristianas de Oriente Medio, Europa del Este, África e India.

Estas Iglesias han conservado a lo largo de los siglos sus propias lenguas litúrgicas, espiritualidades, disciplinas y formas de organización eclesiástica. Algunas celebran la liturgia en árabe, siríaco, ge’ez, copto, armenio o eslavo eclesiástico. Otras mantienen tradiciones que se remontan a las primeras comunidades fundadas por los apóstoles.

Todas ellas están en plena comunión con el Papa, sucesor de San Pedro y máxima autoridad de la Iglesia universal.

Una Iglesia, muchas tradiciones

Las Iglesias católicas orientales proceden de cinco grandes tradiciones litúrgicas: alejandrina, antioqueña, armenia, caldea y bizantina. Cada una posee un patrimonio teológico, espiritual y cultural propio, desarrollado durante siglos en contextos históricos muy distintos.

Entre ellas se encuentran Iglesias tan conocidas como la maronita del Líbano, la greco-católica ucraniana, la siro-malabar de la India o la copta católica de Egipto. Muchas son minorías en países donde predominan el islam o las Iglesias ortodoxas, y varias han sufrido persecuciones, guerras o emigraciones masivas.

El gobierno mediante sínodos

Una de las características más distintivas de estas Iglesias es su organización interna. A diferencia de lo que suele ocurrir en la Iglesia latina, muchas Iglesias orientales funcionan mediante un fuerte sistema sinodal.

Cada Iglesia está articulada en torno a un sínodo de obispos, que constituye el principal órgano de gobierno. Este órgano legisla sobre numerosos aspectos de la vida eclesial, toma decisiones pastorales y participa en la elección de nuevos obispos. En las Iglesias patriarcales y arzobispales mayores, el sínodo elige incluso al patriarca o al arzobispo mayor, cuya elección debe ser posteriormente reconocida o confirmada según las normas establecidas por Roma.

León XIV acaba de reformar el derecho canónico de las Iglesias patriarcales orientales para cubrir un vacío legal que dificultaba la gestión de conflictos internos. Mediante un motu proprio, el Pontífice otorgó mayor autonomía a los obispos, que podrán convocar un sínodo sin depender del patriarca y solicitar su destitución con el apoyo de dos tercios de los votos, siempre sujeta a la aprobación final del Papa.

Las 23 iglesias orientales

Tradición alejandrina

Iglesia Católica Copta

La Iglesia Católica Copta tiene sus raíces en la antigua Iglesia de Alejandría, fundada según la tradición por San Marcos Evangelista. Está presente principalmente en Egipto y utiliza el rito alejandrino en lengua copta y árabe. Entró en plena comunión con Roma en el siglo XVIII y está presidida por el Patriarca de Alejandría de los coptos. Como curiosidad, la lengua copta utilizada en la liturgia es la última etapa histórica de la lengua del antiguo Egipto faraónico, lo que convierte a esta Iglesia en heredera directa de una tradición cultural de más de tres mil años.

El Papa León con representantes de la Iglesia copta en la plaza de San Pedro. Crédito: Vatican Media
El Papa León con representantes de la Iglesia copta en la plaza de San Pedro. Crédito: Vatican Media

Iglesia Católica Etíope

La Iglesia Católica Etíope surgió de comunidades de tradición ge’ez que restablecieron la plena comunión con la Santa Sede. Está presente sobre todo en Etiopía y celebra la liturgia según el rito alejandrino etíope, caracterizado por un fuerte simbolismo bíblico y numerosas tradiciones propias. Utiliza principalmente la lengua ge’ez en la liturgia y se distingue por la integración de elementos culturales africanos en la vida eclesial. Una curiosidad es que muchas de sus celebraciones incluyen instrumentos tradicionales como tambores y sistros, una práctica poco común en otras Iglesias católicas.

Iglesia Católica Eritrea

Creada como Iglesia metropolitana sui iuris en 2015 por el Papa Francisco, la Iglesia Católica Eritrea reúne a los católicos de tradición alejandrina presentes en Eritrea. Comparte con la Iglesia Etíope el uso del rito ge’ez, aunque posee una jerarquía propia. Representa una parte significativa de los católicos del país y destaca por la vitalidad de sus vocaciones y su fuerte identidad litúrgica oriental. Es una de las Iglesias orientales católicas más jóvenes desde el punto de vista institucional, pese a que sus raíces cristianas se remontan a los primeros siglos.

Tradición armenia

Iglesia Católica Armenia

La Iglesia Católica Armenia sigue la tradición litúrgica y espiritual del pueblo armenio, el primer reino que adoptó oficialmente el cristianismo en el año 301. Entró progresivamente en comunión con Roma a partir de la Edad Media y actualmente está dirigida por el Patriarca de Cilicia de los armenios. Su liturgia, celebrada tradicionalmente en armenio clásico, conserva elementos únicos procedentes de las antiguas tradiciones de Armenia. Entre sus particularidades destaca el uso de una cortina que se cierra y abre durante determinados momentos de la liturgia, una costumbre heredada de la antigüedad cristiana.

Tradición antioqueña (siríaca occidental)

Iglesia Maronita

La Iglesia Maronita es la única Iglesia oriental católica que nunca ha roto la comunión con Roma. Sus orígenes se remontan a las comunidades reunidas en torno a San Marón en Siria y Líbano. Está presidida por el Patriarca de Antioquía de los maronitas y utiliza el rito antioqueño occidental, conservando el uso litúrgico del siríaco junto con el árabe y otras lenguas modernas. Muchos textos litúrgicos contienen palabras en arameo, la lengua que hablaba Jesús, lo que da a sus celebraciones un carácter especialmente evocador.

El Cardenal libanés Béchara Boutros Raï, líder de la Iglesia católica maronita, pronuncia una homilía durante el Sínodo de la Sinodalidad, el 9 de octubre de 2023. | Crédito: Vatican Media.
El Cardenal libanés Béchara Boutros Raï, líder de la Iglesia católica maronita, pronuncia una homilía durante el Sínodo de la Sinodalidad, el 9 de octubre de 2023. | Crédito: Vatican Media.

Iglesia Católica Siria

La Iglesia Católica Siria nació de grupos de la Iglesia Ortodoxa Siria que entraron en comunión con Roma durante los siglos XVII y XVIII. Mantiene la herencia espiritual y litúrgica de la antigua tradición siríaca de Antioquía. Está encabezada por el Patriarca de Antioquía de los sirios y celebra la liturgia en siríaco occidental y en las lenguas vernáculas de sus fieles. Sus himnos y plegarias conservan expresiones muy antiguas del cristianismo semita que apenas han cambiado desde los primeros siglos.

Iglesia Católica Siro-Malankar

La Iglesia Católica Siro-Malankar tiene su origen en la comunidad cristiana de Kerala, en la India, vinculada históricamente a la tradición siríaca occidental. En 1930 un grupo liderado por el arzobispo Geevarghese Mar Ivanios entró en comunión con Roma. Hoy es una Iglesia archiepiscopal mayor que combina la herencia litúrgica antioqueña con las tradiciones culturales de la India. En algunas celebraciones importantes los fieles participan en procesiones con sombrillas ceremoniales y adornos florales propios de la cultura india.

Tradición caldea (siríaca oriental)

Iglesia Católica Caldea

La Iglesia Católica Caldea procede de la antigua Iglesia del Oriente y tiene su principal centro histórico en Mesopotamia, especialmente en el actual Irak. Entró en comunión con Roma durante los siglos XVI y XVII y está dirigida por el Patriarca de Babilonia de los caldeos. Utiliza el rito caldeo y conserva el uso litúrgico del arameo oriental, una lengua estrechamente relacionada con la hablada por Jesús. Sus comunidades conservan algunas de las tradiciones cristianas más antiguas del mundo, en territorios evangelizados ya en los primeros siglos.

Iglesia Católica Siro-Malabar

La Iglesia Católica Siro-Malabar es una de las mayores Iglesias orientales católicas. Tiene sus raíces en los llamados cristianos de Santo Tomás de la India, que según la tradición fueron evangelizados por el apóstol. Sigue la tradición litúrgica siríaca oriental y fue elevada al rango de Iglesia archiepiscopal mayor. Actualmente cuenta con millones de fieles tanto en la India como en la diáspora. Es la segunda Iglesia oriental católica más numerosa del mundo, solo por detrás de la greco-católica ucraniana.

El Arzobispo Mayor de la Iglesia Siro-Malabar, Mons. Raphael Thattil. | Crédito: Iglesia Siro-Malabar.
El Arzobispo Mayor de la Iglesia Siro-Malabar, Mons. Raphael Thattil. | Crédito: Iglesia Siro-Malabar.

Tradición bizantina

Iglesia Católica Albanesa

La Iglesia Católica Albanesa de rito bizantino es una pequeña Iglesia oriental católica presente principalmente en Albania. Surgió a partir de comunidades que adoptaron la tradición bizantina manteniendo la comunión con Roma. Aunque numéricamente reducida, constituye un importante testimonio de la diversidad religiosa de los Balcanes. Su historia estuvo marcada por la dura persecución religiosa del régimen comunista albanés, uno de los más severos del siglo XX.

Iglesia Católica Bielorrusa

La Iglesia Católica Bielorrusa sigue la tradición bizantina eslava y tiene sus orígenes en la Unión de Brest de 1596. A lo largo de los siglos sufrió persecuciones y largos periodos de desaparición institucional. Actualmente existe sobre todo en pequeñas comunidades dentro y fuera de Bielorrusia. Durante décadas sobrevivió principalmente gracias a grupos de emigrantes dispersos por Europa y América.

Iglesia Católica Búlgara

La Iglesia Católica Búlgara nació en el siglo XIX cuando algunos fieles ortodoxos búlgaros buscaron la comunión con Roma conservando el rito bizantino. Está organizada en un exarcado apostólico y mantiene la liturgia bizantina en lengua búlgara. Su creación estuvo estrechamente vinculada al despertar nacional búlgaro frente al dominio otomano.

Iglesia Católica Griega

La Iglesia Católica Griega está formada por comunidades de tradición bizantina presentes en Grecia y vinculadas históricamente a la comunión con Roma. Conserva la liturgia de San Juan Crisóstomo y otras formas propias del patrimonio bizantino. Se encuentra en un país donde la inmensa mayoría de los cristianos pertenece a la Iglesia Ortodoxa, por lo que constituye una pequeña pero significativa minoría.

Iglesia Greco-Católica Húngara

La Iglesia Greco-Católica Húngara surgió de comunidades de rito bizantino establecidas en el Reino de Hungría. Utiliza el húngaro en la liturgia y fue elevada al rango de Iglesia metropolitana sui iuris en 2015. Fue una de las primeras Iglesias orientales en introducir ampliamente una lengua moderna, el húngaro, en sus celebraciones litúrgicas.

Iglesia Italo-Albanesa

La Iglesia Italo-Albanesa reúne a las comunidades de origen albanés establecidas en el sur de Italia y Sicilia entre los siglos XV y XVI. Conserva fielmente la tradición bizantina y nunca ha perdido la comunión con Roma. El monasterio de Grottaferrata, fundado en 1004 cerca de Roma, sigue siendo hoy el único monasterio bizantino territorial de Italia.

Iglesia Greco-Católica Macedónica

La Iglesia Greco-Católica Macedónica agrupa a los católicos de rito bizantino de Macedonia del Norte. Surgió a partir de movimientos de unión con Roma durante los siglos XIX y XX. Es una de las Iglesias orientales católicas más pequeñas del mundo en número de fieles.

Iglesia Greco-Católica Melquita

La Iglesia Greco-Católica Melquita nació en 1724 tras una división dentro del Patriarcado de Antioquía. Está presente principalmente en Siria, Líbano, Jordania, Palestina y la diáspora. Su patriarca lleva el título de Patriarca de Antioquía, Alejandría y Jerusalén de los melquitas. Es la única Iglesia católica cuyo patriarca reúne simultáneamente estos tres grandes títulos patriarcales históricos de Oriente.

Catedral San Jorge del rito greco-melquita en Córdoba (Argentina). Crédito: Turismo Municipalidad de Córdoba
Catedral San Jorge del rito greco-melquita en Córdoba (Argentina). Crédito: Turismo Municipalidad de Córdoba

Iglesia Greco-Católica Rumana

La Iglesia Greco-Católica Rumana surgió mediante la unión de parte de la Iglesia ortodoxa rumana con Roma a finales del siglo XVII. Sufrió una dura persecución bajo el régimen comunista, que la declaró ilegal entre 1948 y 1989. Siete de sus obispos, muertos durante la persecución comunista, fueron beatificados por el Papa Francisco en 2019.

Iglesia Católica Rusa

La Iglesia Católica Rusa de rito bizantino está formada por pequeñas comunidades que conservan la tradición litúrgica rusa en comunión con la Santa Sede. Surgió a comienzos del siglo XX y sufrió la terrible persecución soviética. Actualmente no posee una jerarquía plenamente desarrollada y muchos de sus fieles viven en la diáspora.

Iglesia Rutena

La Iglesia Rutena tiene sus raíces en la Unión de Úzhgorod de 1646 y está vinculada históricamente a los pueblos de los Cárpatos. Está presente principalmente en Eslovaquia, Ucrania y Estados Unidos. En Norteamérica desarrolló una identidad propia tan fuerte que cuenta con una metrópolis propia en Pittsburgh.

Iglesia Greco-Católica Eslovaca

La Iglesia Greco-Católica Eslovaca comparte sus orígenes con la tradición rutena y fue restaurada tras las persecuciones comunistas del siglo XX. En 2008 fue elevada al rango de Iglesia metropolitana sui iuris. Entre sus mártires más conocidos se encuentran los obispos Pavel Peter Gojdič y Vasiľ Hopko, canonizados por su fidelidad durante la persecución comunista.

Iglesia Greco-Católica Ucraniana

La Iglesia Greco-Católica Ucraniana es la mayor de todas las Iglesias orientales católicas. Nació de la Unión de Brest de 1596 y sufrió una intensa persecución durante el periodo soviético. Está dirigida por un arzobispo mayor con sede en Kiev y cuenta con millones de fieles en todo el mundo. Durante más de cuarenta años fue la Iglesia católica clandestina más grande del mundo.

El Papa León XIV saluda a Sviatoslav Shevchuk, primado de la Iglesia greco-católica ucraniana | Crédito: Vatican Media
El Papa León XIV saluda a Sviatoslav Shevchuk, primado de la Iglesia greco-católica ucraniana | Crédito: Vatican Media

Iglesia Greco-Católica Croata y Serbia (Eparquía de Križevci)

La Eparquía de Križevci reúne a los católicos de tradición bizantina de Croacia, Serbia y otros territorios de la antigua Yugoslavia. Creada en 1777, sirve a fieles de diversas procedencias étnicas y lingüísticas. En sus parroquias pueden encontrarse celebraciones en croata, eslavo eclesiástico, ruteno y otras lenguas locales, reflejando la diversidad cultural de los Balcanes.

XIV JORNADAS DE DESIERTO ON LINE: «Carlos Carretto y las Fraternidades de desierto»

«Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios: es en el desierto donde uno se vacía y se desprende de todo lo que no es Dios». (Carlos de Foucauld)

Estas jornadas de desierto on line, siete días antes de la celebración de la muerte del hermano Carlos de Foucauld (1 de diciembre), son una ocasión para que, cada uno/a, desde su situación concreta de vida, laboral etc. viva unos momentos de oración intensa (silencio), adaptados a su Nazaret concreto, acompañados de unos textos que se reciben on line. Y esto, con la conciencia de no estamos solos en estas jornadas, sino acompañados de hermanos y hermanas que desde distintos lugares del mundo comparten esta oración y se ayudan en la oración.

Este año, las XIV Jornadas de desierto on line, lo vamos a hacer acompañados del hermano Carlos Carretto,impulsor de las Fraternidades de acogida y oración y de las que se inspira la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.

Que sea un tiempo de gracia!!!

Konya, la ciudad de los derviches que rezan girando

Alba Martorell Cid

Konya es un lugar de peregrinación central en el sufismo, conocido por el mausoleo del poeta y místico Rumi.Konya representa una de las dimensiones más íntimas del islam. Situada en el corazón de Anatolia, a esta ciudad de la Turquía central llegan miles de personas cada año desde hace más de siete siglos, atraídas por la figura de Mawlana Jalal al-Din Rumi, el gran poeta y místico persa, considerado una de las voces más universales de la espiritualidad islámica. Su mausoleo, coronado por una inconfundible cúpula de color turquesa, se ha convertido en uno de los santuarios más visitados del mundo musulmán.

Para Halil Bárcena, islamólogo especialista en el sufismo de Rumi y director del Instituto de Estudios Sufíes de Barcelona, ​​Konya destaca por ser el lugar «donde vivió y murió uno de los maestros espirituales más influyentes del tasawwuf o sufismo islámico». Según explica, el sepulcro de Rumi es hoy «un lugar de peregrinación y devoción» que sigue atrayendo a visitantes «no sólo de países islámicos, sino de todo el mundo».

Geografías de la fe


Son muchos los que se acercan para conocer un legado espiritual que ha trascendido fronteras, lenguas y religiones: “Muchas personas acuden para asistir a la ceremonia de los derviches mevlevís y conocer una de las ciudades más emblemáticas de la tradición sufí”, resume Bárcena.

El poeta que transformó el sufismo


Mawlana Jalal al-Din Rumi nació en 1207 en Balkh, una ciudad situada en el actual Afganistán, entonces uno de los grandes centros culturales del mundo islámico. Su familia abandonó la región por el avance de las invasiones mongolas y, tras un largo viaje, se estableció en Konya, capital del soldanato seljúcida de Rum.

Inicialmente, Rumi destacó como jurista y maestro de las ciencias islámicas. Pero su vida cambiaría profundamente en 1244 cuando se encontró con Shams de Tabriz, un místico itinerante que le introdujo en una experiencia espiritual basada en el amor divino, la contemplación y la búsqueda interior.

De este encuentro surgirían algunas de las obras más influyentes de la literatura mística universal, especialmente el Divan-e Shams-e Tabrizi y el Masnavi, a menudo conocido como el “Corán persa” por su extraordinaria relevancia. Bárcena destaca que las obras del poeta «han traspasado las fronteras religiosas y culturales del islam y hoy son leídas por personas de muchas creencias distintas».

El sufismo: el camino interior del islam


La figura de Rumi es inseparable de la tradición sufí, la corriente contemplativa del islam que hace hincapié en la experiencia interior de la fe. Sin apartarse de los cimientos de la religión islámica, los sufíes entienden que el cumplimiento de los preceptos religiosos es sólo el comienzo de un camino orientado a purificar el alma y acercarse a Dios.

La oración, el recuerdo constante del nombre de Alá, la meditación, la música, la poesía y la guía de un maestro espiritual constituyen algunas de las prácticas que han caracterizado las tariqa –cofradías sufíes– a lo largo de los siglos.

El mausoleo de Rumi y el orden mevlevino


Tras la muerte de Rumi, en 1273, sus discípulos construyeron el mausoleo que pronto se convertiría en uno de los grandes espacios de referencia del sufismo. Con el tiempo, la tumba del místico se convirtió en un centro espiritual, “donde muchos fieles y admiradores honran su memoria y buscan inspiración”, añade Halil. También fundaron el orden mevlevino, encargado de preservar y transmitir sus enseñanzas.

Cada año, el 17 de diciembre, aniversario de la muerte del pensador, Konya celebra el Seb-i Arus o “Noche de Boda”. Para los sufíes, el traspaso de Rumi no representa una separación, sino el encuentro definitivo con Dios. Durante estos días, miles de peregrinos asisten a ceremonias de música, poesía y reflexión espiritual que convierten a la ciudad en un gran centro de peregrinaje.

El Sema, la oración de los derviches giróvagos


El ritual más conocido de la tradición mevlevín es el Sema, la ceremonia de los llamados derviches giróvagos. Aunque a menudo es presentada como una danza, para sus practicantes es una forma de oración y contemplación en la que la música, el movimiento y la concentración interior se convierten en vías de acercamiento a Dios.

La palabra Sema proviene del árabe sama, que significa «escucha», y hace referencia a la escucha espiritual de la música y la poesía. Durante el ritual, acompañados por el sonido del ney y otros instrumentos tradicionales, los derviches giran lentamente sobre sí mismos con una mano abierta hacia el cielo y otra orientada hacia la tierra. Este movimiento simboliza la armonía de la creación y el viaje del alma

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 Sarajevo, cruce entre Oriente y Occidente

Mezquita Gazi Husrev-beg
Fotografía: Mezquita Gazi Husrev-beg. Camba bajo licencia CC

Alba Martorell Cid

Sarajevo, situada en el corazón de Bosnia y Herzegovina, es un cruce cultural donde el islam ha arraigado y dialogado con otras tradiciones

Visitar a Sarajevo es adentrarse en un cruce de caminos. Situada en el corazón de Bosnia y Herzegovina, rodeada de montañas y atravesada por el río Miljacka, ocupa un lugar singular en el mundo islámico europeo.

Su identidad musulmana se fraguó a partir de la llegada del Imperio Otomano en el siglo XV. Fue entonces cuando la ciudad empezó a crecer en torno a nuevas instituciones religiosas, comerciales y educativas. Con el paso de los siglos, Sarajevo se convertiría en una de las capitales más importantes de la cultura islámica en los Balcanes, un lugar en el que la arquitectura otomana, la tradición sufí y la vida urbana acabaron encontrándose.

Para Aicha Mahamsani Ettibari , miembro del Consejo Islámico de Cataluña, estos viajes tienen un significado que va mucho más allá del desplazamiento físico: «Para un musulmán, emprender una peregrinación es un viaje del alma», apunta. Según ella, permite “detener el ritmo de la vida, desprenderse de lo material y renovar la fe”, aunque no siempre se trate de una peregrinación obligatoria como el Hajj .

Otra geografía del islam

Si la Meca representa el centro espiritual del islam y Medina el lugar de los orígenes de la primera comunidad musulmana, Sarajevo pertenece a otra geografía espiritual: la de los emplazamientos en los que la religión ha arraigado lejos de la península Arábiga y ha dialogado con otras culturas.

No es una ciudad sagrada ni un sitio de peregrinación en el sentido estricto del término, pero sí un espacio de memoria, donde se puede comprender cómo el islam ha formado parte de la historia europea durante más de cinco siglos. Muchos acuden para recorrer sus mezquitas, sus mercados y barrios tradicionales, recuerdo de una comunidad creyente que ha mantenido viva su identidad en medio de grandes transformaciones históricas.

En este sentido, Mahamsani considera que Sarajevo «demuestra cómo el islam puede formar parte de la identidad de una sociedad durante siglos». El visitante encuentra “mezquitas vivas, comunidades que siguen practicando su fe y un legado de convivencia entre religiones y culturas”. Por eso, asegura que «no es únicamente patrimonio histórico; también es una experiencia espiritual».

Sarajevo antes del Imperio Otomano

Anteriormente a convertirse en uno de los grandes centros islámicos, la región de Bosnia y Herzegovina estuvo marcada por una larga sucesión de culturas y poderes. Tras formar parte del Imperio Romano —y, posteriormente, de Bizancio— recibió la llegada de los pueblos eslavos durante la alta Edad Media. Más adelante, el territorio se agrupó en el Reino medieval de Bosnia, desarrollando una identidad propia, que alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIV.

En aquella época, la población bosnia era mayoritariamente cristiana, repartida entre comunidades vinculadas al catolicismo, a la ortodoxia ya una tradición cristiana local conocida como Iglesia Bosnia (que despierta un intenso debate académico por la incertidumbre de sus orígenes). Pero esta situación cambiaría radicalmente en el siglo XV con la expansión del Imperio Otomano, que conquistó Bosnia en 1463 e incorporó a la región a su vasto dominio durante casi cuatro siglos.

La Sarajevo otomana

El origen de la Sarajevo otomana está estrechamente vinculado a Isa-beg Ishakovic, gobernador designado por el sultán en el siglo XV. impulsó la fundación de la ciudad con la construcción de mezquitas, baños públicos, mercados y otros edificios que articularon el primer núcleo urbano. Pero sería su sucesor, Gazi Husrev-beg, quien dejaría una impronta definitiva en el paisaje de esta población.

De hecho, en torno al templo que lleva su nombre, la Mezquita Gazi Husrev-beg, inaugurada en 1531, creció uno de los conjuntos urbanos islámicos más importantes de los Balcanes. Era el polo espiritual de Sarajevo pero también el corazón de una red de escuelas, bibliotecas, mercados y espacios de encuentro. Su arquitectura refleja la grandeza del Imperio Otomano y la forma en que el islam se acopló a un entorno europeo.

Otra de las zonas relevantes en cuanto a legado islámico se articula en torno a la plaza de Bascarsija, donde todavía se conserva el espíritu de la antigua ciudad comercial. Entre callejuelas empedradas, tiendas de artesanos y cafés tradicionales, Sarajevo recuerda el tiempo en el que mercaderes, estudiosos y viajeros recorrían este cruce de caminos.

La tradición sufí en Sarajevo

El islam de Sarajevo forma parte de la tradición suní, mayoritariamente vinculada a la escuela jurídica hanafita que se extendió por los territorios del Imperio Otomano. Pero la vida religiosa de la ciudad ha estado marcada también por corrientes místicas, centradas en la búsqueda de una relación más íntima con Dios. En este sentido, fueron especialmente significativas las tarifas , las cofradías sufíes.

A diferencia de una aproximación centrada principalmente en la aplicación de la ley religiosa ( xaria ) o en los aspectos comunitarios de la fe, el sufismo pone el acento en la purificación del corazón, la vida interior y la experiencia directa de la divinidad. Los sufíes consideran que el creyente puede acercarse a Dios mediante la oración, la meditación, el recuerdo constante de Alá ( dhikr ), la poesía, la música o la guía de un maestro espiritual ( jeque ).

En Sarajevo, cofradías como la tariqa Naqshbandiyya establecieron también las tekke , casas de reunión donde los miembros se encontraban para la oración, el estudio y las prácticas devocionales. Esta tradición contribuyó a dar al islam bosnio algunos rasgos propios, con una fuerte vinculación con la poesía y la cultura.

Una ciudad de encuentro entre religiones

Desde sus orígenes como ciudad otomana, Sarajevo empezó a transformarse en un municipio de gran diversidad religiosa. Junto a la nueva arquitectura islámica, siguieron existiendo las comunidades cristianas que ya habitaban la región, mientras que la población acogió también a judíos sefardíes expulsados ​​de la Península Ibérica. Bajo el sistema otomano, estas comunidades pudieron mantener sus instituciones, aunque dentro de un orden social llamado milleto , que establecía diferencias entre musulmanes y no musulmanes.

Por eso, durante siglos, Sarajevo ha sido uno de los ejemplos más singulares de convivencia religiosa en los Balcanes. Pasear por su centro histórico permite descubrir un paisaje urbano excepcional, donde la mezquita de Gazi Husrev-beg, la catedral del Sagrado Corazón de Jesús, la catedral ortodoxa de la Natividad de la Virgen María y la sinagoga Ashkenazi comparten espacio, recordando la pluralidad que ha definido esta urbe.

Sin embargo, esta coexistencia no ha sido ideal ni exenta de tensiones. Las diversas confesiones han tomado parte de una realidad cotidiana de vecindad, comercio e intercambio cultural, pero también han estado condicionadas por los cambios políticos, los conflictos nacionales y las divisiones identitarias, que ganaron bastante, sobre todo, durante el transcurso de los siglos XIX y XX.

Sarajevo después de Yugoslavia

La ruptura del Estado de Yugoslavia, que había gobernado la región durante buena parte del siglo XX, supuso un cambio de paradigma. Tras la Segunda Guerra Mundial, el país se convirtió en una federación socialista formada por seis repúblicas -Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia-, bajo el liderazgo del mariscal Tito. Su proyecto político intentaba mantener el equilibrio entre distintos pueblos e identidades a través del lema ‘fraternidad y unidad’, aunque bajo un sistema comunista de partido único.

Tras su muerte en 1980, Yugoslavia entró en una etapa de crisis económica y política. El debilitamiento del poder central fue acompañado del ascenso de los nacionalismos a las distintas repúblicas. Cuando Eslovenia y Croacia se declararon independientes en 1991, el futuro de la Federación se hundió progresivamente. En Bosnia y Herzegovina, donde convivían principalmente bosniacos, serbobosnios y croatbosnios, la cuestión de la independencia desató un conflicto especialmente violento.

La guerra de Bosnia dejó una herida que forma parte de la reciente memoria colectiva de la ciudad. De hecho, entre 1992 y 1995, Sarajevo sufrió uno de los asedios más largos de la historia moderna: durante casi cuatro años, la ciudad quedó rodeada por las fuerzas serbobosnias, con miles de muertos y una profunda destrucción de su patrimonio y de su tejido social.

Aun así, Sarajevo representa una de las expresiones más atípicas de la diversidad religiosa en Europa. Una ciudad en la que las cúpulas, campanarios y sinagogas cuentan una historia de encuentro entre culturas, pero que también recuerdan que la libertad de culto no es una herencia del pasado, sino una construcción permanente.

Plaza de Bascarsija, Sarajevo

Para Aicha , ésta es precisamente la principal lección que ofrece Sarajevo: «Es la prueba de que la fe puede mantenerse viva incluso después de momentos muy difíciles de la historia», afirma. Caminar por sus calles, escuchar la llamada a la oración entre iglesias y sinagogas o entrar en sus mezquitas “invita a reflexionar sobre la perseverancia y la esperanza”, añade. Por eso, más que un destino de peregrinación, considera a Sarajevo “un lugar donde la historia, la fe y la convivencia siguen dialogando”; un lugar capaz de ayudar al visitante a comprender que la tradición islámica también forma parte del patrimonio espiritual y cultural de Europa.

Charles de Foucauld: el santo que sembró una semilla de fe en tierras africanas

CHARLES

Majo Frias

La semilla que él no logró ver germinar, hoy da frutos en África; concretamente, en Argelia, ciudad en la que vivió a principios del siglo pasado, y en la que recientemente los católicos se congregaron en torno al sucesor de PedroCopiar el enlaceArchivar artículo

Desde el 13 de abril, el Papa León XIV ha recorrido el continente africano, visitando a las comunidades católicas de cuatro países. El primero de ellos fue Argelia (13-15), país que, en 1901, vió llegar a un sacerdote recién ordenado, deseoso de ir por “las ovejas perdidas”: Charles de Foucauld.

Tras una juventud desordenada, Charles vivió una dramática conversión al catolicismo, marcada por el estudio y la oración. Tras llenar su corazón de amor por Jesús, decidió ser sacerdote, vivir el silencio y dedicar su vida a llevar el Evangelio a las comunidades musulmanas más remotas del desierto.

El llamado al Sahara

En 1990, Charles escribió: “Sabiendo por experiencia que no había ningún pueblo más abandonado que los musulmanes de Marruecos, del Sahara argelino, pedí y obtuve el permiso de ir a Béni Abbès, pequeño oasis del Sahara argelino cerca de la frontera de Marruecos”.

Fue así como el 28 de octubre de 1901 llegó a Argelia. Tras su llegada, Charles pasaba largas horas delante del santísimo y acompañando a esclavos, pobres, enfermos y soldados. 

Sin embargo, su misión iba más allá de caminar junto a ellos y denunciar los males de su tiempo -como la esclavitud y la opresión-. Él deseaba establecer “un pequeño convento de monjes fervientes y caritativos, que amen a Dios con todo su corazón y al prójimo como a ellos mismos”. Pero esa misión no se concretó durante su vida. Nadie se unió a él en el desierto y vivió “siempre solo”.

Charles de Foucauld.

En 1903, el obispo del Sahara le propuso ir con los Tuaregs, al corazón del desierto. Él aceptó con gozo, “dispuesto a ir hasta el fin del mundo y a vivir hasta el juicio final…”

En esta misión, Foucauld tuvo la dicha, como él mismo lo escribió, de colocar por primera vez, en zona tuareg, la Santa Reserva en el Tabernáculo. Su tiempo estuvo dedicado a rezar, conocerlos y estudiar su idioma y cultura. 

Al tiempo, dominando la lengua, se propuso crear un diccionario de la lengua Tuareg al francés (aún considerado una referencia) y a traducir los evangelios a esta lengua. “Es para mí un gran consuelo que sea su primer libro el de los Santos Evangelios”, escribió.

De esta forma, Charles no solo los estudió durante 12 años; sino que los amo. Se convirtió en un servidor y hermano. Los consideraba sus amigos y reconoció que ellos le daban “las mayores alegrías y consuelos”.

Frecuentemente, en sus oraciones, Foucauld pedía por la conversión de estas almas y por la santificación de la región:

“¡Envía santos y numerosos obreros y obreras evangélicos a los Tuaregs, al Sahara, a Marruecos, a todas partes adonde sean necesarios; envía santos hermanitos y hermanitas del Sagrado CORAZÓN, si es tu Voluntad!” 

En otra ocasión, escribió: “Esta África, esta Argelia, estos millones de no cristianos reclaman tanto la santidad que solamente podrá obtenerles su conversión; recen para que la Buena Noticia llegue y que los últimos llegados se acerquen finalmente al pesebre de Jesús, para, también, adorarlo”. 

Una fe más grande que cualquier desierto

Estas súplicas tardaron un tiempo en ser escuchadas, pues a pesar de los años que vivió entre ellos, no pudo ver un solo fruto de conversión.

En alguna ocasión, el hermano universal escribió:

“¿Hace algún bien mi presencia aquí? Si la mía no lo hace, la presencia del Santísimo Sacramento lo hace ciertamente y mucho. Jesús no puede estar en un lugar sin irradiar. Además, el contacto con los oriundos del lugar, hace desaparecer poco a poco sus prevenciones y prejuicios. Es muy lento, muy poca cosa; rece para que su hijo haga un mayor bien, y que mejores obreros que él vengan a desbrozar este rincón del campo del Padre de familia». 

Más adelante, también registró: “¡Mañana se cumplirán diez años de que digo la Santa Misa en la ermita de Tamanrasset! (sur de Argelia, nota del editor) ¡y ni un solo convertido! Hay que rezar, trabajar y esperar.” 

Fruto de la guerra que se vivía en Europa y algunas regiones de África, Charles de Foucald fue violentamente asesinado el 1º de diciembre de 1916, sin haber nunca celebrado una misa multitudinaria, sin haber fundado una comunidad de religiosos o ver crecer la fe católica en estas poblaciones musulmanas por las que entregó su servicio y oraciones durante los últimos 15 años de su vida.

Sin embargo, como el grano de trigo que muere y da mucho fruto, así fue Charles y su testimonio de vida.

BŁ. KAROL DE FOUCAULD

Después de su muerte, numerosas órdenes tienen su base en su “espiritualidad del desierto”. Hoy existen 20 grupos, con más de 13.000 miembros a través del mundo, que forman parte de la Familia Espiritual de Charles de Foucauld; es decir, 20 congregaciones y asociaciones que lo consideran su fundador o que están mayormente inspirados en él. El 15 de mayo de 2022, fue canonizado por el Papa Francisco.

Hoy, en 2026, el Papa León XIV se convierte en el primer pontífice en visitar Argelia y celebrar la santa Misa con la comunidad católica de esta región. Un país en donde el 98% de la población aún se identifica como musulmana, pero cuyo 2% católico le debe a Charles -y a los muchos que han venido después de él- esa semilla de la fe que fue plantada y que hoy comienza a dar frutos.

Y su recorrido por África -marcado por la fraternidad, el diálogo interreligioso y el espíritu misionero que distinguieron a Charles deFoucauld- nos remite al deseo una vez expresado por el hermano universal:

Ver, en estas tierras africanas, «una pequeña familia que imite tan perfectamente las virtudes de JESÚS, que todos, en los alrededores, se sientan llamados a amar a JESÚS!”

Quizá San Charles no vio una sola alma convertida en África, pero la misión recibida por Dios era real; y hoy, da frutos, no solo en Argelia, sino en el mundo.

https://es.aleteia.org/2026/04/21/charles-de-foucauld-el-santo-que-sembro-una-semilla-de-fe-en-tierras-africanas/

Lucena, la perla de Sefarad

Pati de la Casa de Sefarad a Còrdova

Fotografia: Patio de la Casa de Sefarad en Còrdova. Wikimedia Commons sota llicència C. C. 4.0

 Necròpolis jueva visitable al municipi de Lucena.
Fotografia: Necròpolis judía visitable en el municipio de Lucena. Wikimedia Commons sota llicència C. C. 4.0.

Alba Martorell Cid

Lucena era conocida como la perla de Sefarad, fue uno de los grandes centros del judaísmo medieval en al-Ándalus

Lucena era conocida en hebreo como Eliossana y fue una excepción dentro de la Europa medieval. Situada entre las actuales Córdoba y Málaga, durante los siglos IX y XII se convirtió en uno de los principales centros intelectuales del judaísmo occidental. En ese período, su población era mayoritariamente judía y la vida religiosa, cultural y económica giró alrededor, alcanzando un prestigio extraordinario.

Hoy, Lucena no es un sitio de peregrinación comparable a Jerusalén o Safed; sin embargo, es un destino cargado de significado para los sefardíes —o cualquier persona con interés histórico—, que descubren una parte esencial de sus raíces. Los vestigios arqueológicos, la antigua necrópolis judía y la memoria de los grandes sabios que vivieron allí la convierten en un espacio de recuerdo y reencuentro.

Una ciudad judía en el al-Ándalus

El origen de la comunidad judía de Lucena se remonta a los primeros siglos de dominio islámico de la Península Ibérica. Bajo los emires y, posteriormente, el califato de Córdoba (s. X-XI), la ciudad creció hasta convertirse en un importante centro comercial y artesanal.

Aunque los judíos y los cristianos eran considerados como dhimmís, es decir, comunidades protegidas pero jurídicamente subordinadas a los musulmanes —pagaban impuestos específicos (la jizya), tenían ciertas limitaciones legales y no gozaban de una igualdad plena— muchos prosperaron extraordinariamente y acabaron ocupando cargos relevantes en el ‘en la’.

De hecho, fuentes medievales explican que Lucena era una ciudad singular porque prácticamente toda la población era judía, mientras que musulmanes y cristianos residían sobre todo de forma temporal por motivos comerciales o administrativos. Esta realidad favoreció una vida religiosa especialmente intensa y una notable autonomía comunitaria.

Un gran centro de estudio

La fama de Lucena se debe, en gran medida, a su academia rabínica, considerada una de las más prestigiosas del mundo judío medieval. La ciudad acabó siendo un punto de encuentro para estudiantes procedentes de diferentes territorios de al-Ándalus y del norte de África, que acudían para profundizar en el estudio de la Torá, el Talmud y, especialmente, la ley judía.

Lucena influía en las comunidades de todo el Mediterráneo, ya que desde allí se emitían dictámenes legales que llegaban a todas partes. Entre sus maestros más reconocidos encontramos el rabino Isaac al-Fasi —en referencia a Fez, de donde era originario. Considerado una eminencia en ley judía, dirigió durante años la prestigiosa academia rabínica. Su obra más influyente fue una síntesis del Talmud centrada en los aspectos jurídicos, que facilitó enormemente la aplicación de la halaká, el conjunto de normas que rigen la vida religiosa de los creyentes. Su aportación marcó profundamente el derecho judío y todavía hoy sigue siendo estudiada en muchas y salvo.

En Lucena también enseñó Isaac ibn Ghayyat, rabino y poeta. Destacó tanto por sus estudios sobre el Talmud y la halakhá como por su producción litúrgica: algunos de sus poemas religiosos (piyyutim) aún forman parte de la oración de determinadas comunidades. Tras la muerte de al-Fasi, ibn Ghayyat se convirtió en una de las principales autoridades rabínicas de Lucena y contribuyó decisivamente a consolidar el prestigio intelectual de la ciudad.

Sin embargo, la influencia de al-Fasi fue mucho más allá: sus obras serían estudiadas y citadas por grandes autoridades posteriores como Maimónides y, siglos más tarde, Joseph Karo, autor del Xulhan Arukh, uno de los principales códigos de la ley judía.

El esplendor de Sefarad

La época de máxima prosperidad de Lucena coincide con lo que a menudo se llama la edad de oro del judaísmo sefardí. Junto a ciudades como Toledo, Córdoba o Gerona, Lucena formaba parte de Sefarad, el nombre hebreo con el que, desde la Edad Media, los judíos identificaron la península Ibérica.

En este territorio floreció una de las etapas más fecundas de la historia del judaísmo, con destacadas escuelas rabínicas y figuras primordiales de la filosofía, la poesía, la medicina y el derecho. Este desarrollo fue posible gracias a la estrecha relación entre las tres culturas: la hebrea, el árabe y la latina.

Sin embargo, el esplendor no llevará eternamente. A partir del siglo XII, la irrupción de los almohades alteró profundamente la situación de los judíos de al-Ándalus. Las nuevas autoridades impusieron una política religiosa mucho más estricta, que obligó a numerosas comunidades a convertirse en el islam, emigrar o abandonar sus ciudades.

Muchos judíos se dispersaron por otros territorios de la península o del Mediterráneo. Con el paso de los siglos, la presencia judía disminuyó, y el recuerdo de esa gran comunidad quedó casi borrado tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492. Sefarad dejó de ser sólo un topónimo para convertirse en un símbolo. Todavía
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La Catedral de San Pedro de Ginebra, los orígenes del calvinismo

Alba Martorell Cid

otografía Vista de la catedral de Ginebra desde el lago Lemán
Fotografía: Vista de la catedral de Ginebra desde el lago Lemán. Camba bajo licencia CC

a Catedral de San Pedro de Ginebra, testigo de grandes transformaciones religiosas, destaca por su papel en la historia del calvinismo

La aguja puntiaguda de la catedral de San Pedro despunta sobre la ciudad de Ginebra desde hace más de nueve siglos. Desde allí, la mirada se extiende sobre los tejados de la ciudad, donde en los pies reposa el lago Lemán. El paisaje lo enmarcan el Jura, el Salève y los Alpes, con el Mont Blanc presidiendo el horizonte cuando el tiempo acompaña.

Este templo ha contemplado las grandes transformaciones religiosas de Europa. Primero fue la sede de los obispos católicos de Ginebra; después, se convirtió en uno de los símbolos más universales de la Reforma protestante. Hoy es la sede del ecumensime por excelencia. Un lugar de culto vivo y un destino de referencia para miles de visitantes atraídos tanto por su patrimonio arquitectónico como por su profundo significado espiritual.

De los orígenes católicos a la Reforma

La historia del sitio se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Las excavaciones arqueológicas han puesto al descubierto los restos de un conjunto episcopal de los siglos IV y V, que atestiguan la antigüedad de la comunidad cristiana de Ginebra. La catedral actual empezó a construirse en el siglo XII en estilo románico, aunque a lo largo de los siglos incorporó numerosos elementos góticos y, posteriormente, una fachada neoclásica que le confiere el aspecto actual.

Durante casi cuatrocientos años fue la sede del obispo de Ginebra. Pero su destino se transformó radicalmente en la primera mitad del siglo XVI. En un contexto de fuertes tensiones políticas y vuelcos religiosos, el obispo Pierre de La Baume abandonó la ciudad en 1533 y trasladó su residencia primero a Gex y después a Annecy.

Tres años más tarde, el 21 de mayo de 1536, Ginebra adoptaba oficialmente la Reforma protestante y la catedral pasaba a formar parte de la nueva Iglesia Reformada. Las imágenes, los altares laterales y buena parte de la decoración medieval fueron retirados, de acuerdo con la voluntad de los reformadores de hacer hincapié en la predicación de la Palabra y en una liturgia más austera.

La catedral de Juan Calvino

Si hay una figura inseparable de San Pedro de Ginebra es la de Joan Calví. El reformador francés llegó a la ciudad en 1536, poco después de que Ginebra se hubiera adherido a la Reforma. Ese mismo año Calvino había publicado  Institución de la religión cristiana . Inicialmente, había ido sólo de paso, pero el reformador Guillermo Farel le convenció para que se quedara y le ayudara a organizar la nueva Iglesia.

Sus propuestas de reforma provocaron tensiones con las autoridades civiles, especialmente por la cuestión de la disciplina eclesiástica y control sobre la vida religiosa de la ciudad. El Consejo de Ginebra, formado por magistrados civiles que habían asumido buena parte de las antiguas funciones del obispo, quería mantener el control político sobre el municipio. Calvino, en cambio, defendía una mayor autonomía de la Iglesia para regular la vida religiosa de los creyentes. Estas desavenencias acabaron provocando su expulsión en 1538.

Durante los tres años siguientes, Calvino vivió en Estrasburgo, donde ejerció como pastor y profundizó en su pensamiento teológico. Aquel período de exilio fue decisivo para su formación y para la elaboración de su obra. En 1541 regresó definitivamente a Ginebra, aceptando las competencias de la autoridad civil, pero instaurando una figura propia del modelo ginebrino: el Consistorio, un organismo en el que participaban pastores y laicos que supervisaban la disciplina religiosa.

Durante más de dos décadas, Calvino predicó regularmente desde el púlpito de la catedral -aún se conserva una silla de madera sencilla, desde donde se dice que lo hacía-. Sus ideas se extendieron por todo el continente gracias a pastores y estudiantes que acudían para formarse. Poco a poco, el pensamiento calvinista influyó en las iglesias reformadas de Francia, Países Bajos, Escocia, Hungría y, más adelante, de Norteamérica. Por ese motivo, Ginebra llegó a ser conocida como «la Roma protestante».

Los lugares más emblemáticos del calvinismo

Quien llega hoy a San Pedro lo hace, principalmente, movido por el deseo de conocer los orígenes de una tradición cristiana que ha tenido una influencia decisiva en la historia de la educación, la política, la cultura y el pensamiento occidental.

Aparte de la catedral, es habitual visitar otros espacios vinculados a la Reforma, como el Auditori de Calví, un antiguo lugar de reunión y predicación de la comunidad reformada. También destaca el Museo Internacional de la Reforma, que conserva su memoria del movimiento religioso.

Según el párroco y teólogo  Antoni Matabosch , otro lugar imprescindible es la sede del Consejo Mundial de Iglesias, situada en la Route de Ferney. De la misma forma, también es ineludible la Universidad de Ginebra, fundada por Joan Calví y hoy especialmente reconocida por sus estudios en el ámbito de las relaciones internacionales y la diplomacia.

A poca distancia, el Muro de los Reformadores recuerda a los principales referentes del protestantismo, con esculturas de Joan Calví, Guillem Farel, Teodoro de Beza y John Knox. Construido a principios del siglo XX, el monumento lleva inscrita la divisa  Post Tenebras, Lux (“Después de las tinieblas, la luz”), una expresión que simboliza la interpretación que los reformadores hacían de su propio movimiento.

Cada año, grupos parroquiales, estudiantes, teólogos y visitantes diversos llegan para profundizar en la historia de la Reforma y participar en celebraciones o encuentros de reflexión y oración. La catedral sigue acogiendo el culto dominical, así como conciertos, conferencias y actividades culturales. Además, los restos arqueológicos bajo el templo permiten recorrer casi dos mil años de historia cristiana, mientras que la subida a las torres ofrece una de las panorámicas más sobrecogedoras sobre la ciudad y el lago.

Ginebra, ciudad ecuménica

Aunque es uno de los grandes símbolos de la Reforma, Ginebra participa hoy de un contexto muy diferente al del siglo XVI. Según  Matabosch , la ciudad es una de las capitales mundiales del ecumenismo porque el Consejo Mundial de Iglesias tiene su sede desde su fundación oficial, en el año 1948, aunque ya mantenía una oficina desde 1939. Actualmente, forman parte unas 245 iglesias de todo el mundo, hecho más que el mundo, hecho más que el mundo.

Antonio recuerda que el movimiento ecuménico moderno tiene sus raíces en la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo de 1910, cuando cerca de 1.500 misioneros protestantes asumieron el compromiso de trabajar por la unidad de los cristianos. La división, explica  Matabosch , dificultaba el anuncio del Evangelio, tal y como ya expresa el Evangelio de Juan: «que todos sean uno». Con el tiempo, este impulso inicial se amplió al diálogo doctrinal, la acción social y la oración compartida. La Iglesia católica se incorporaría plenamente a raíz del Concilio Vaticano II, especialmente con el decreto  Unitatis Redintegratio (1964).

En este contexto, la catedral se ha configurado como espacio de encuentro. A lo largo del año acoge actos ecuménicos y visitas de cristianos de tradiciones muy diversas. Para  Matabosch , San Pedro «mantiene un profundo valor simbólico tanto para los cristianos reformados como para los católicos». No es tanto un lugar de veneración del pasado, sino más bien un espacio que sigue interpelando sobre «la unidad de los cristianos y el papel de la Iglesia en el mundo contemporáneo».

No es una afirmación sólo académica. El propio  Matabosch reconoce que la ciudad también ha marcado su propia trayectoria: «Es el lugar donde me formé en ecumenismo, en el Instituto Ecuménico de Bossey, dependiente del Consejo Mundial de Iglesias y de la Universidad de Ginebra. He trabajado durante muchos años, he hecho grandes amistades y he asistido a las amistades de Iglesias”. «Le debo muchísimo», concluye. Esta experiencia personal resume bien lo que sigue representando a Ginebra para muchos cristianos: no sólo el recuerdo de una división histórica, sino el anhelo de trabajar intensamente para reconstruir la unidad, como ya sucede desde hace más de un siglo.