Carlos de Foucauld, o «soñar con un mundo que sea eternamente ‘Jesús’

«Sus enseñanzas encajaban plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal»

«Nos sentimos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad»

«Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos»

07.06.2020

La ‘familia’ foucouldiana, desde sus diversas sensibilidades en España y en el mundo, ofrece sus correspondientes testimonios de búsqueda espiritual comunitaria, personal e inspirada en el hermano Carlos de Foucauld, a la luz de su anunciada canonización.

Asociación Familia Carlos de Foucauld en España

Hoy es un gran día de fiesta para nuestra Familia Espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y para los pobres en general. Hemos conocido la noticia justo el día de la celebración de Pentecostés, una de las fiestas vividas más profundamente por Carlos de Foucauld. El Espíritu lo fue guiando en su búsqueda al lugar más inhóspito y pobre, Tamanrasset. Allí forma una «Zaouïa» (Fraternidad), esta era su casa.

Siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. ¿»Hay alguna cosa más dulce en el mundo que hacer la voluntad de Aquel a quien se ama»?. Soñar para mañana un mundo que sea finalmente y eternamente «Jesús», su Modelo Único, practicando el apostolado de la bondad. La novedad de su mensaje es vivir Nazareth, vida humilde y pobre.

Las Fraternidades, que vivimos su carisma, generalmente queremos hacer en lo posible, la imitación de Nazaret en humildad, pobreza y «Dernière place» (último lugar); buscando el equilibrio entre Contemplación y Acción.

La acogida entre nuestras Fraternidades en unión como ramas de un mismo árbol. Queremos continuar el deseo de Carlos de Foucauld de ser una Fraternidad Universal. Nos comprometemos en nuestra sociedad, cada una en donde le ha tocado vivir, en compromiso con los más desfavorecidos que son nuestros hermanos.

Esta gran satisfacción y alegría que nos produce su canonización nos ayudará y nos dará fuerza para continuar viviendo nuestro Carisma en profundidad. Damos gracias a Dios por tan gran obra.

Comunitat de Jesús

La Comunitat de Jesús fue iniciada por el laico Pere Vilaplana a finales de los años 60. En septiembre de 1968, en la ermita de la Santa Creu, en la montaña de Montserrat, el monje ermitaño Estanislau Llopart recibía los compromisos de los primeros hermanos. Actualmente conformamos la Comunitat de Jesús 43 hermanos y hermanas: casados, solteros y un hermano consagrado en el celibato.Vivimos en diversas localidades de Catalunya, País Valenciano, Aragón y Baleares, cada uno en su domicilio. Uno de los inspiradores de nuestro carisma ha sido, y es, Carlos de Foucauld, así como Albert Peyriguère, seguidor también de Foucauld, en el Kbab (Marruecos) en los años 50. El conocimiento de ambos se gestó en las primeras biografías de Foucauld y en unas cartas de Peyriguère recogidas en “Dejad que Cristo os conduzca”.La visión en la etapa final de Foucauld de promover la encarnación del evangelio en el laicado, recuperando el modelo de Priscila y Aquila, también en el mundo occidental, y no solo en los países musulmanes, encajaba plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal.

Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld
Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld

Amigos en el Amigo, viviendo la vida de Nazaret en los entornos laborales, sociales y de Iglesia. Nuestro estilo de vida no tiene nada de particular: los mismos problemas, las mismas ilusiones, los mismos dolores, que cualquier ciudadano, pero con la inquietud de impregnarnos del proyecto del Dios-Amor, revelado en Jesús. Oración, trabajo del evangelio, formación con la ayuda de muchos, compartir la vida -en serio-, los bienes materiales según posibilidades, los espacios que posee la Comunitat de Jesús en el pueblo de Tarrés, Lleida, implicación en compromisos sociales y con la Iglesia, sin ninguna actividad apostólica predominante.La vinculación a la comunidad nos empuja a seguir creciendo, a no acomodarnos a los reclamos del mundo, tan tentador siempre. A sentirnos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad. Recibimos la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld desde la alegría de formar parte de su Familia Espiritual, desde los años 80. Esta familia, para nosotros, ha sido un soporte y una riqueza inmensa. Acogemos la canonización bajo el anhelo de que sirva para inspirar a otros en una vida encarnada en la sencillez, arraigada en la profundidad del silencio, que es Palabra, en la autenticidad del Amor, que es Proyecto, desde el anonimato que convive con todos, pero enfoca directamente a los más desfavorecidos, a los últimos de los últimos, como repetía Foucauld. Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos, y seguirá siendo espejo para reflejar la esencialidad de su enamorado, Jesús, la esencialidad del pan partido y encarnado entre los más humildes y en todo ser humano.

Espiritualidad
Espiritualidad

Comunidad ecuménica Horeb

El hermano Germán, regional de la CEHCF en Brasil, nos envía un whatsaap que dice así: «Estamos muy alegres por este acontecimiento anunciador de vida, vida plena para el mundo». La canonización del hermano Carlos de Foucauld es un acontecimiento de vida para la Iglesia y el mundo porque va en la línea del papa Francisco, que en palabras del obispo Pere Casaldàliga, quiere «una Iglesia vestida de Evangelio y calzada con sanda-lias». Foucauld puede ayudar a la Iglesia de hoy a «volver a Nazaret»: Una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, acogedora, a imitación de la santa Familia de Nazaret.

La CEHCF es una unión espiritual de personas que constituyen un «monasterio invisible en la comunión de los santos». Esta comunidad la integran personas que bajo Los consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, hacen el compromiso ecuménico de pedir todos los días por la unión de los cristianos y que las Iglesias, Religiones y las Naciones se dejen conducir por el Espíritu de Jesús, el Cristo.

La CEHCF fue fundada, como lugar físico de acogida y oración en 1978, por José Luis Vázquez Borau, en el Poblado de Sn Francisco de Huercal-Overa (Almería), con la bendi-ción del obispo de entonces Don Manuel Casares Hervás, y funcionó hasta 1982, que tu-vieron los hermanos y hermanas que dispersarse por diversas circunstancias. Pero en Pentecostés de 2006 la CEHCF recibió un nuevo impulso constituyéndose Fraternidades Horeb por todo el mundo.

Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld
Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld

Fue reconocida ad experimentum como Asociación privada de fieles el 19 de junio de 2014, por el cardenal de Barcelona Mons. Luis Martinez Sistach y el 20 de junio de 2018 el Cardenal Juan José Omeya Omella, arzobispo de Barcelona, firmó el decreto de constitución definitiva de la misma como Asociación privada de fieles. El año 2020 la CEHCF ha sido acogida en la Asociación Familia Foucauld España. En la actualidad hay presencia de la CEHCF en quince países del mundo.

Fraternidad Carlos de Foucauld

Al llegarme la noticia de la Canonización del hermano Carlos de Foucauld, tuve una sensación muy dispar, de alegría, cómo no, pero al mismo tiempo de desconcierto, ¿y ahora qué?. Veníamos hablando en la Asociación de la Familia del Hermano Carlos, de esta posibilidad, especialmente desde la beatificación y siguiendo aunque de lejos los trabajos de la Comisión encargada de ese proceso. Después de la impresión inicial… Me surgía la pregunta: Carlos de Foucauld, ¿qué diría ahora?

«Si el grano de trigo no muere….». La primera constatación es, ¿cómo un hombre que deseó ardientemente vivir su experiencia con otros hermanos, que se pasó elaborando estatutos de una Asociación que nunca fue reconocida, a su muerte ha podido generar tantos grupos y formas de vivir el seguimiento de Jesús, en el camino que éste hombre inquieto y siempre en búsqueda inició solo en el desierto?

Carlos de Foucauld, a los altares
Carlos de Foucauld, a los altares

La Fraternidad Carlos de Foucauld, Asociación de Fieles Laicas, es una de ellas, a la que pertenezco: «Está constituida por mujeres que optan por vivir el Absoluto de Dios, en el celibato, según el carisma se Carlos de Foucauld» Es en la vida cotidiana donde los miembros de la Fraternidad, viven su entrega a Dios en libre opción de trabajo, compromisos y formas de vida «. La segunda, ¿podremos sustraernos al «montaje «que toda Canonización lleva….? Seremos capaces, de vivir éste acontecimiento, como un reto para actualizar el mensaje, vivir en profundidad las intuiciones que nos enamoraron de su mensaje, en definitiva: «Volver al Evangelio, ser hermanos universales, en nuestro Nazaret de cada día. Si es así, ¡bienvenida canonización!

Fermina

Fraternidad sacerdotal Iesus Caritas

Hace unos días recibíamos la buena noticia de la próxima canonización del Hermano Carlos de Foucauld. La noticia ha llegado, curiosamente, en esta etapa de confinamiento por el coronavirus. Y, quizá, por ese motivo ha supuesto una sorpresa. Evidentemente, una sorpresa agradable. En tan pocos días no ha sido posible contactar con todos los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal pero, el sentir general, con los que he podido compartir, es de alegría y agradecimiento.

Espiritualidad tras Carlos de Foucauld
Espiritualidad tras Carlos de Foucauld

Ese día fueron continuos los mensajes de alegría por parte de los hermanos sacerdotes, así como la comunicación de los distintos ecos que la noticia estaba provocando en la prensa. También hay que subrayar las palabras de felicitación por parte de muchos de nuestros feligreses, sabedores de que nuestra espiritualidad sacerdotal se nutre de la vida y el estilo del hermano Carlos. En este sentido, estoy convencido de que muchos de nosotros habremos recibido mensajes y llamadas de nuestras distintas comunidades parroquiales para felicitarnos. Yo puedo compartir algo de mi experiencia, en ese sentido. Alguna feligresa de mi parroquia, del centro de Valencia, nada más conocer la noticia, la puso en el grupo de whatsapp que tiene la parroquia. Inmediatamente, la comunidad empezó a manifestar su alegría por esta gran noticia, dándome la enhorabuena.

Uno intenta no “condicionar” demasiado a la gente, en sus devociones y en sus santos. Pero, es evidente que, al final, si uno vive la espiritualidad del hermano Carlos, de una forma o de otra, eso lo transmite, lo contagia. En esa reacción inmediata de los feligreses de mi parroquia entendí que, en el poco tiempo que camino con ellos, han captado cuáles son mis fuentes de espiritualidad. No se han quedado, solamente, con la felicitación. Alguien ha propuesto, con la aceptación y el aplauso de todos, que un servidor ofrezca unas charlas o un curso sobre la vida y la espiritualidad del hermano Carlos, porque lo conocen poco. Evidentemente, no puedo decir que no. Tienen derecho a conocer quién es Carlos de Foucauld y por qué la Iglesia lo considera santo.

Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld
Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld

Yo diría, al respecto de la anécdota de mi parroquia, que la próxima canonización del hermano Carlos debe despertar, no sólo la alegría inmensa de que la Iglesia reconozca en su vida un camino de santidad sino, también, la responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos y su espiritualidad. Entre otras cosas, porque estamos convencidos de que su espiritualidad de Nazaret no es algo del pasado, sino que sigue teniendo mucha actualidad.

Nazaret proporciona un estilo de presencia y de evangelización que tiene mucho que ver con esa llamada constante y permanente del Papa Francisco a ser cristianos y comunidades “en salida”. Cuanto más profundizamos en la espiritualidad de Carlos de Foucauld más nos damos cuenta de su actualidad. Y, quizá, éste puede ser un buen momento para darla a conocer. Nosotros, como sacerdotes diocesanos; otros miembros de la familia del hermano Carlos, desde su carisma. No cabe duda de que, durante mucho tiempo, hemos sido parcos o tímidos a la hora de hablar del hermano Carlos. Al menos, a mí me lo ha parecido. Pero, si estamos convencidos de que su espiritualidad tiene algo o mucho que aportar a la Iglesia y al mundo de hoy, no podemos privar al Pueblo de Dios, de la vida y el testimonio de un santo que supo encarnar el evangelio, a Jesús mismo, en un contexto difícil, adverso. Su estilo tiene mucho que aportar a la Iglesia de hoy. Como sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, no podemos sino alegrarnos de la noticia, dar gracias a Dios, y traducir nuestra alegría y agradecimiento, no sólo en un estilo de vida, sino en un modo de hacer llegar a nuestra gente la vida y el testimonio del hermano Carlos. Ojalá acertemos. Un fuerte abrazo y felicidades a toda la Familia de Carlos de Foucauld.

Aquilino Martínez

«La responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos»

Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia

«Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él». Ese es el absoluto que descubre el hermano Carlos. Y que sitúa a todo lo demás y a cada persona, como criatura. Y nos ayuda a no asumir protagonismos que no nos corresponden. De ahí el abandono, la adoración, la acción de gracias, el último lugar. Su profetismo nace de ese descubrimiento del Amor de Dios que le lleva al apostolado de la amistad, a Nazaret.

Fue testigo del amor de Dios y su muerte tal vez se debió al miedo y la confusión de un joven… No la entregó en defensa de su fe. Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo. Los milagros pueden parecer un «poner a prueba» a Dios. Tal vez sea momento de revisarlo. Pero agradecemos sus intuiciones y testimonio, que nos ha abierto caminos de conversión y de vida fraterna.

Como parte de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia quiero destacar su figura como una persona que supo ser profeta sin pretenderlo, legándonos una espiritualidad basada en el abandono propio y aceptación de un Dios que es visible y cercano en todas las criaturas que habitan nuestro mundo. Y no pretendo representar a la totalidad sino mostrar el testimonio agradecido de esa riqueza en la diversidad que representa la Fraternidad.

«Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo»

Desde lo cotidiano nos sentimos llamadas a recrear la Iglesia con sus grandes y pequeñas contradicciones. Porque nos sabemos acompañadas por esa multitud de testimonios de vida, comunión de santas que ejerciendo su libertad, han hecho crecer el Reino encarnando el Evangelio. Agradecemos al Hermano Carlos y a todas las personas que acogieron la Fraternidad Universal. Es vía para saberse hermana e hija, para compartir con quien sabemos que nos ama y afrontar así nuestras miserias y limitaciones, como personas y como sociedad. Nos despierta a la presencia en lo cotidiano, en la bondad pequeña, en las relaciones, en la acción política y sindical. Nos lleva a la creatividad para encarnar la Palabra, al encuentro en la amistad y la fraternidad como espacio de lucha personal por la coherencia. A la Eucaristía, acción de gracias y alimento, en la que compartimos la vida y nos abrimos al Espíritu. A vivir en los márgenes, situarnos en la periferia, acompañadas por el respeto, la libertad y el cariño. Nos alegramos que las intuiciones del Hermano Carlos sean compartidas y valoradas aunque su canonización no añade nada a nuestra experiencia de fe. Nos gustaría alimentar gestos plenos de significado y esperanza para esta sociedad del siglo XXI, que dieran testimonio de esa lectura del Evangelio encarnada en la vida, que es la fe cristiana. Queremos manifestar que nos sentimos agradecidas porque su vida y la obra que nos legó nos sirven como guía en nuestro camino como personas a las que un día sedujo el evangelio de Jesús de Nazaret.

Isabel Zacarés Escrivà

Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld
Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld

Hermanitas de Jesús

Me han pedido un pequeño escrito en nombre de las Hermanitas de Jesús, pero no es esta mi intención, porque creo que hay tantas maneras de reaccionar a la noticia de la canonización del Hermano Carlos como Hermanitas existen en el mundo… Voy a hablar por mí. Estoy en la Fraternidad hace muchos años, desde el pos-Concilio, y lo que me atrajo fue la figura de Carlos de Foucauld, tal como la descubrí en algunos libros y en el testimonio de unas hermanitas que conocí por casualidad. Estaba enamorada de la persona de Jesús y deseaba seguirle en la vida religiosa, pero no sabía dónde… Al conocer al Hermano Carlos intuí que había en él una trayectoria de verdad evangélica, de las bienaventuranzas, donde la contemplación de la Encarnación me llevaba de la mano a compartir mi suerte con la de los más pobres y marginados. Y esto me pareció concretizar de manera bien clara las orientaciones que acabábamos de recibir del Concilio Vaticano II.

Por esto me decidí por la Fraternidad. Mi vida ha sido de altos y bajos, con mucha fragilidad y bastantes huidas, pero con la presencia (muchas veces apenas presentida) de este Jesús descubierto en la juventud, y que ha continuado acompañándome por los caminos del mundo.

Hoy Carlos de Foucauld es reconocido “santo” oficialmente por la Iglesia. ¡No es que no lo fuera ya! A mí casi me gusta más como “santo de la puerta de al lado” que como “santo en los altares”… Las canonizaciones en general me dejan un poco fría. Pero me sorprendo a mí misma alegrándome de verdad con esta celebración, por lo que el “nuevo santo” representa:

Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld
Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld

Creo que es muy importante para toda la Iglesia actual, tan amenazada de retrocesos y de cierre sobre sí misma, que se reconozca en Carlos de Foucauld uno de los paradigmas de una nueva forma de situarnos como discípulos y discípulas de Jesús en este cambio de época: maravillado por la cercanía de Dios, por lo concreto de la Encarnación (Nazaret), precursor de una nueva forma de evangelización por la presencia y la amistad, tejedor de relaciones impregnadas de un profundo respeto por cada ser humano, de cualquier pueblo, cultura, religión… En resumen: un hombre clave.

Josefa Falgueras

Hermanos del Evangelio

Como congregaciones religiosas bebemos de la intuiciones de Carlos de Foucauld que se inspiran en la vida de Jesús en Nazaret. En ese pueblo perdido de Galilea Jesús creció y pasó la mayor parte de su vida y estamos seguros que esto marcó profundamente su manera de actuar y anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Nuestra vocación está marcada por la amistad y el compartir la vida de la gente sencilla, en el trabajo, en el barrio, en sus luchas y alegrías, en sus penas y debilidades… Esa vivencia atraviesa y marca nuestra oración. A través de ese estilo de “Nazaret”, desde lo cotidiano, desde lo sencillo y pequeño, muchas veces aparentemente inútil y poco relevante, esperamos que pueda traslucirse ese gran amor que Dios nos tiene a toda la humanidad.

Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos. El revuelo y el boato que suelen acompañar estos acontecimientos no están en nuestra genética. Más bien tenemos una tendencia innata a huir de ello.

La noticia de la próxima canonización nos llena de alegría, porque estamos convencidos que las intuiciones del hermano Carlos, su modo de relacionarse con su “bien amado hermano y Señor Jesús”, su manera de vivir el “apostolado de la bondad”, son una verdadera riqueza para nuestro tiempo. En una época de cierta globalización por un lado y un peligro de repliegue sobre sí mismo por otro, Carlos, el hermano universal, nos invita a ser hermano de todos y todas, sin distinción… En tiempos saturados de ruidos y palabras, de ídolos y estrellas, Carlos nos invita a redescubrir la importancia de lo pequeño, la sencillez, lo silencioso… En las tensiones que surgen a veces entre las religiones el camino de Carlos -que recuperó la fe de su infancia gracias a la impresión que le causó la fe en el mundo musulmán- nos abre al respeto mutuo en el diálogo interreligioso…

«Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos»

¿Es el momento del anuncio de su canonización una casualidad? Durante esos meses de pandemia, muchos creyentes nos hemos quedado sin poder asistir físicamente a la eucaristía. Carlos, en su empeño de ir hacia los más pobres y alejados, se puso en tal situación que durante meses estuvo privado de poder celebrar la misa… ¡Curiosa coincidencia!

La frase del Evangelio que más sacudió mi vida es ésta: ‘Lo que hacen al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen’ (Mateo 25,40). Y cuando se piensa que es la misma persona la que dijo: ‘Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre’, con qué fuerza se siente uno impulsado a amar a Jesús en estos pequeños (Carlos de Foucauld)

JuanFamilia Carlos de Foucauld

Mirar adentro

Garry Wills revisita a San Agustín para explorar cómo sus contradicciones, conversiones e introspección marcaron la religión y el pensamiento occidental.

Armando González Torres

Garry Wills (1934) es un conocido y aclamado historiador estadunidense, así como un combativo católico que, desde su muy personal concepción de la fe, ha cuestionado lúcida y severamente la jerarquía y las usanzas contemporáneas de la Iglesia. Hace un par de décadas publicó una semblanza, tan concisa como memorable, sobre uno de los miembros más carismáticos de la hagiografía católica: San Agustín (hay edición en español en Mondadori, 2001). El libro de Wills muestra cómo este refinado pagano, licencioso ejemplar y genial filósofo logró, desde la periferia geográfica, modelar su religión y, de paso, el pensamiento de Occidente. Su vida es muy conocida. Agustín nace en una alejada provincia romana en lo que hoy es Argelia con una madre católica que busca infundir su fe en el pequeño. Al futuro santo, de niño le gustan los espectáculos de osos y las peleas de gallos y, de joven, le fascinan las mujeres (tanto que se hace padre adolescente y vive en una relación monógama de más de quince años con su concubina). Su excepcional talento retórico y su habilidad para codearse con los ricos le abren las puertas del estudio y el ascenso intelectual. Insatisfecho con la religión familiar, se adhiere a diversos cultos y escuelas de pensamiento (el maniqueísmo, el neoplatonismo), viaja a Europa en busca de horizontes y, pasados los treinta años, termina redescubriendo el catolicismo. Tras esa conversión, se arrepiente de su vida pretérita, despide a su concubina y a su hijo y se ordena sacerdote. Agustín regresa a África de donde ya nunca saldrá, predica con entusiasmo a su grey, participa en la organización de la iglesia y las interminables controversias religiosas y escribe copiosamente tanto sobre los temas perentorios de la época como sobre las eternas preguntas. Su accidentada formación que mezcla filosofías y religiones, sus hondas contradicciones vitales y su lucidez para plantearlas lo hacen un auténtico adelantado a su tiempo.

Cierto Wills se opone a las lecturas simplistas de Agustín y sitúa su obra cumbre, “las confesiones”, en su justo contexto, es decir, más que meras confidencias en el sentido moderno que antecederían a ejercicios con el psicoanálisis o la llamada auto-ficción, son un imponente testimonio intelectual, filosófico y religioso. Con todo, lo que resulta más seductor para sus lectores actuales es el ejercicio de introspección y soliloquio (diálogo con los muchos que habitan en uno mismo) que emprende. Para Agustín, el interior de uno mismo puede ser un escondrijo insondable o un fecundo misterio en el que es posible ingresar a través de la inteligencia y el apego a la verdad. Así, en sus confesiones, el examen sincero de sus días viejos le da la capacidad de iluminar y apreciar su presente. Las confesiones constituyen entonces una mezcla de órdenes de escritura: un franco, casi crudo, registro íntimo, una biografía intelectual y, sobre todo, el vívido relato de las querellas, dentro de un mismo individuo, entre sus demonios y su gracia.

Fuente: https://www.milenio.com/cultura/laberinto/mirar-adentro-la-introspeccion-de-san-agustin

¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Una respuesta desde las piedras vivas del pueblo y los márgenes de la historia

Jesús Lozano Pino

El polvo del camino se asentaba bajo el sol ardiente de Cesarea de Filipo. Jesús caminaba entre los suyos cuando detuvo el paso, giró sobre sus talones y los miró fijamente:

—Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

La pregunta, que un día halló respuesta en la voz firme de Pedro, sigue resonando viva en el corazón de la historia. Y junto a la confesión de los primeros apóstoles, toman la palabra aquellos que continuaron encarnando la misma carne sufriente del pueblo:

—Tú eres el Dios crucificado en los crucificados de la historia —tomó la palabra primero Ignacio Ellacuría, con la voz firme del pensador que atisba la verdad desde la masacre—. Eres la presencia que juzga la barbarie de los imperios y que exige que bajemos de la cruz a los pueblos oprimidos.

A su lado, Óscar Romero dio un paso al frente, ajustándose el pectoral de obispo y mirando al maestro con la calidez de quien oyó el clamor de las víctimas:

—Tú eres la voz de los sin voz, Señor. Eres el Dios defensor de los pobres, el que nos exige que la Iglesia no sea un refugio cómodo, sino el cuerpo dispuesto a correr la misma suerte del campesino despojado.

Un hombre flaco, con gafas redondas y sonrisa paciente, Gustavo Gutiérrez, dio un paso adelante, guardando en el bolsillo de su chaqueta un cuaderno manchado de polvo:

—Tú eres el Cristo liberador, el amigo de la vida que irrumpe en la no-persona. Eres la garantía de que la salvación no es un trámite intimista del cielo, sino la transformación radical de esta historia donde los pobres tienen hambre de pan y de Dios.

Desde el fondo, descalzo y envuelto en su vieja cruz de madera de palisandro, Pedro Casaldáliga alzó los brazos mirando los horizontes de Mato Grosso:

—Tú eres la Causa por la que vale la pena jugarse la vida entera. Eres el Dios hecho peón sin tierra, indio y negro; el Cristo encarnado en los anhelos de nuestro pueblo. Tú eres la utopía viva que nos prohíbe resignarnos ante el capital y la muerte.

Hélder Câmara, pequeño de estatura, pero gigante en serenidad, juntó sus manos temblorosas y sonrió con dulzura:

—Tú eres la Paz que nace de la Justicia, el Pastor de los arrabales. Eres quien nos recuerda que si damos pan al pobre nos llaman santos, pero si preguntamos por qué no tiene pan, nos llaman comunistas. Pero yo sé de quién me he fiado, Señor…

Un teólogo de palabra clara y mirada profunda, José María Castillo, intervino con la firmeza del Evangelio despojado de oropeles clericales:

—Tú eres la subversión de los poderes religiosos y políticos. Eres el Dios humanizado que antepuso la compasión al culto del templo, el que nos enseñó que el único dogma verdaderamente sagrado es la dignidad del ser humano y no los tinglados que a veces montamos.

Finalmente, el Papa Francisco, vistiendo su sencilla sotana blanca, dio un paso adelante. Con voz pausada y mirada atenta al sufrimiento del mundo, dijo:

—Tú eres el rostro de la misericordia del Padre. Eres el Dios que nos pide una Iglesia pobre para los pobres, una Iglesia en salida que no tema mancharse con el barro de la historia y que clame contra esta economía que mata. Eres la certeza de que el llanto de la tierra y el llanto de los pobres no le son indiferentes al Cielo.

Jesús recorrió la mirada por cada uno de ellos. Vio sus ropas sencillas, sus manos desgastadas, sus arrugas talladas por el compromiso y la entrega total. Sonrió con la compasión del Señor de la Vida y dijo:

—Sobre estas vidas entregadas hasta el extremo por el Reino, y sobre tantas otras que hoy siguen encendiendo la esperanza en los márgenes de la tierra, quiero seguir construyendo mi Iglesia.

FUENTE:https://www.religiondigital.org/hacer_realidad_lo_posible-_jesus_lozano_pino/decis-respuesta-piedras-vivas-pueblo_132_1464354.html

Aprender a esperar

Hay aprendizajes que no aparecen en ningún programa de estudios, pero que terminan sosteniendo toda una vida profesional. Uno de ellos es aprender a esperar. Vivimos inmersos en una lógica de inmediatez. Queremos respuestas claras, resultados rápidos, certezas. Nos hemos acostumbrado a pensar que avanzar significa necesariamente hacer algo. Pero la vida real, y muy especialmente la vida de quienes trabajamos en salud, se parece poco a ese ideal.

Los primeros cristianos tenían una palabra luminosa para hablar de esto: hypomoné. Solemos traducirla como paciencia o perseverancia, pero significa algo más profundo. Es permanecer. Permanecer bajo el peso de una situación sin huir de ella. Sostener la espera sin desfallecer.

El relato del profeta Elías en el monte Horeb (1 Reyes 19) siempre me ha parecido conmovedor. Elías espera encontrarse con Dios y todo parece anunciar una manifestación extraordinaria. Llega un viento tan fuerte que quiebra las rocas. Después, un terremoto. Luego, el fuego.

Pero el texto repite algo desconcertante: Dios no estaba allí. Finalmente aparece aquello que el hebreo describe como qol demamá daqqá: algo así como «la voz de un silencio tenue».

Simone Weil comprendió muy bien esta relación entre espera y atención. Para ella, atender verdaderamente significa vaciarse por un momento de uno mismo para recibir al otro. La atención no invade ni se precipita. Espera. Y esa actitud tiene mucho que decirnos en Medicina. Escuchar a un paciente también exige suspender por un instante nuestras respuestas preparadas, nuestros algoritmos e incluso nuestra necesidad de resolver.

Carlos de Foucauld llevó esa intuición a su propia vida. Se sintió profundamente atraído por los años ocultos de Jesús en Nazaret: décadas de existencia corriente, sin discursos públicos, sin reconocimiento, sin resultados que mostrar. Comprendió que también allí podía existir una vida plenamente fecunda. Por eso eligió permanecer, incluso cuando los frutos de su propia vocación parecían invisibles.

Hay momentos en que la Medicina puede intervenir y otros en que debe aprender a acompañar. A veces, frente al sufrimiento, no tenemos una solución inmediata. Pero todavía podemos escuchar, mirar, sostener una mano, guardar silencio y permanecer.

En una sociedad obsesionada con la productividad, quedarse puede parecer poco. Sin embargo, quizá algunas de las dimensiones más profundas de la vocación nacen precisamente allí. Porque la confianza, el cuidado y la esperanza no siempre necesitan a alguien que tenga una respuesta. A veces necesitan, simplemente, a alguien que permanezca.

Nicolás Saá Muñoz, Académico del Instituto de Bioética de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)

Fuente: https://g5noticias.cl/2026/08/21/la-espera-y-el-susurro-en-salud-por-nicolas-saa-munoz-academico-del-instituto-de-bioetica-de-la-facultad-de-medicina-de-la-universidad-catolica-de-la-santisima-concepcion-ucsc/

Safed, la ciudad de la luz

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Fotografia: Casco antiguo de la ciudad de Safed | Wikimedia Commons sota llicència C. C. 3.0.

Martorell Cid

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Fotografia: Detalle de un plato decorativo con la palabra ‘paz’ en tres idiomes |.

Safed, una de las cuatro ciudades santas del judaísmo, es conocida como la cuna de la cábala y un influyente centro espiritual e intelectual

Safed, situada en las montañas de Galilea y a pocos kilómetros del lago que lleva el mismo nombre, es una de las cuatro ciudades santas del judaísmo y la gran cuna de la cábala, la tradición mística judía que busca comprender los misterios ocultos de Dios, la creación y el alma humana.

Durante siglos, esta ciudad ha atraído a estudiosos, rabinos y peregrinos judíos que han buscado en ella un espacio de contemplación y conocimiento espiritual. Sus callejones de piedra -engalanados con detalles azules-, las antiguas sinagogas y el cementerio donde reposan algunos de los grandes maestros cabalísticos son testigos de la época en que la ciudad se convirtió en uno de los centros intelectuales más influyentes del mundo judío.

Para entender este fenómeno, Bàrbara Virgil nos recuerda que la peregrinación ocupa un lugar muy particular en el seno del judaísmo. Virgil es profesora de lengua hebrea en la Facultad de Teología de Cataluña y especialista en mística judía, traductora e investigadora. Con estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalén y en la Universidad de Barcelona, con un máster en Gnosticismo y Cábala, ha dedicado buena parte de su trayectoria al estudio de los textos místicos y a la difusión del patrimonio religioso. Para ella, “hacer una peregrinación es ponerse en camino hacia un lugar donde sabemos que, cuando lleguemos, algo habrá cambiado dentro de nosotros. Es unirse a una cadena humana que se remonta milenios atrás”.

Un enclave estratégico

Safed es una región de paso entre el Mediterráneo y el interior de Israel. Esta posición privilegiada ha hecho que, a lo largo de la historia, la dominaran diversos pueblos. Antes de convertirse en referencia del misticismo judío, habitaron en ella cananeos, israelitas, romanos, bizantinos, árabes, cruzados y mamelucos. 

Fue sobre todo durante la Edad Media cuando Safed adquirió una gran importancia estratégica y militar. Los mamelucos la convirtieron en el principal centro administrativo de Galilea, pero sería después de la llegada del Imperio Otomano cuando viviría su gran momento espiritual.

Del Templo de Jerusalén a las nuevas peregrinaciones

Para entender la importancia de Safed hay que retroceder a los orígenes de la peregrinación judía. En la Biblia, explica Virgil, la peregrinación no era una experiencia individual de búsqueda interior, sino “una institución colectiva que articulaba la relación entre el pueblo de Israel y Dios”. Tres veces al año -durante PésajShavuot y Sucot– las familias subían a Jerusalén para presentarse ante Dios en el Templo.

Esta peregrinación recibía el nombre de aliyah la-regel. “En hebreo, el mismo término aliyah significa a la vez subir y ascender”, señala Virgil. El ascenso físico hacia Jerusalén expresaba también una elevación espiritual y reforzaba la identidad compartida del pueblo judío. La destrucción del Segundo Templo por los romanos en el año 70 transformó completamente esta práctica. Sin Templo ya no era posible mantener la peregrinación bíblica, y el judaísmo rabínico no la sustituyó por ningún ritual equivalente. 

Con los siglos, sin embargo, aparecieron nuevas formas de peregrinación: visitas voluntarias a lugares bíblicos, tumbas de sabios y ciudades de gran valor espiritual, entre las cuales Safed adquirió un papel destacado. Según Virgil, estas peregrinaciones “no son una veneración del lugar en sí mismo, sino una manera de reconectar con la historia, con los antepasados y con la memoria del pueblo judío”.

La ciudad de la cábala

El siglo XVI fue la época dorada de Safed. Después de la expulsión de los judíos de la Península Ibérica en 1492, numerosas familias sefardíes se establecieron en diferentes ciudades del Imperio Otomano. Una de ellas fue Safed. Muchos de estos refugiados eran rabinos, estudiosos y maestros que transformarían la ciudad en el principal centro espiritual del judaísmo de su tiempo.

Virgil recuerda que aquel gran desarrollo religioso fue acompañado también de una notable prosperidad económica. “El comercio mediterráneo de tejidos, seda, especias y aceite convirtió Safed en una ciudad próspera, capaz de atraer a intelectuales y estudiantes de todo el mundo”, apunta.

Fue en este contexto cuando se consolidó una de las escuelas cabalísticas más influyentes de la historia. Allí enseñaron figuras como Joseph Karo, autor del Shulján Aruj, considerado el gran compendio de la ley judía; Moses Cordovero, que sistematizó la tradición cabalística; e Isaac Luria, conocido como Ha-Ari, “el león”, que revolucionaría profundamente esta corriente de pensamiento. Sus ideas serían preservadas y difundidas principalmente por su discípulo Hayim Vital.

¿Cómo entienden el judaísmo los cabalistas?

La cábala busca profundizar en los significados ocultos de la Torá y comprender la relación entre Dios, el universo y el ser humano. A diferencia de una lectura centrada principalmente en los aspectos legales o rituales del judaísmo, esta escuela considera que la realidad visible oculta dimensiones espirituales mucho más profundas.

Virgil explica que la palabra qabbalah proviene del verbo hebreo “recibir” y hace referencia a la tradición recibida. Con el tiempo, algunos maestros medievales desarrollaron una interpretación mística de la revelación bíblica que pretendía descubrir “los secretos ocultos de la Torá”. A través de símbolos, visiones y un lenguaje profundamente teológico, los cabalistas buscaban comprender la vida interior de Dios y de la creación.

Según la investigadora, la cábala es, en definitiva, “la historia de la vida secreta del judaísmo”. Tras la destrucción del Templo, añade, esta tradición preservó simbólicamente una parte esencial del mundo sacerdotal desaparecido, convirtiendo Safed en el lugar donde esta memoria espiritual se desarrolló con más fuerza.

El rabino Luria y la renovación espiritual

La figura de Isaac Luria continúa presidendo la memoria de Safed. Aunque solo vivió allí unos pocos años, sus enseñanzas marcaron un antes y un después en la tradición cabalística.

Entre sus aportaciones más conocidas destaca la doctrina del tzimtzum, según la cual Dios “contrajo” su infinitud para dejar espacio a la existencia del mundo. También desarrolló el concepto tikkun olam, “la reparación del mundo”, según el cual las acciones humanas pueden contribuir a restaurar una armonía espiritual rota. 

Esta concepción otorga a la vida cotidiana una profunda dimensión religiosa: cada oración, cada acto de bondad y cada cumplimiento de los preceptos contribuyen a esta obra restauradora de la creación.

Las sinagogas de Safed

La huella de los cabalistas todavía es muy visible en las antiguas sinagogas de la ciudad. Entre las más emblemáticas destaca la sinagoga Ari Ashkenazi, la más vinculada a Luria. Según la tradición, el rabino rezaba allí los viernes por la tarde antes de salir con sus discípulos a recibir simbólicamente el sábado en las afueras de la ciudad. Aunque el edificio actual es posterior -el original quedó dañado por varios terremotos-, sigue siendo uno de los espacios más venerados por los seguidores luriánicos.

Otro de los templos más destacados es la sinagoga Abuhav, vinculada a Isaac Abuhav, prestigioso rabino de la Península Ibérica. Según la tradición, algunos de sus discípulos la fundaron tras llegar a Safed y llevaron consigo un rollo de la Torá atribuido al mismo maestro. “La leyenda dice incluso que la sinagoga fue transportada milagrosamente desde Sefarad”, explica Virgil. Más allá del relato legendario, este templo continúa simbolizando el vínculo profundo entre el judaísmo sefardí hispánico y el renacimiento espiritual que vivió Safed.

El cementerio de los grandes maestros

Para muchos peregrinos, sin embargo, la visita más significativa es la del viejo cementerio de Safed. Entre sus túmulos descansan Luria, Cordovero, Vital y numerosos rabinos históricos. Los peregrinajes a las tumbas de los tzadikim -los hombres justos- constituyen hoy una de las prácticas devocionales más características del judaísmo. No se trata de una veneración de las reliquias, sino de una práctica que honra la memoria de los maestros y que vincula a los fieles con su comunidad.

Virgil explica que decenas de miles de personas acuden allí cada año “para presentar sus respetos a los grandes sabios”. Esta costumbre forma parte de una larga tradición documentada desde la Edad Media. La investigadora recuerda, por ejemplo, el relato del rabino Samuel ben Samson, que visitó Safed en el año 1210 y describió la veneración que las tumbas despertaban tanto entre judíos como musulmanes, quienes mantenían lámparas encendidas y hacían votos frente a algunos sepulcros.

Safed, faro espiritual

Más de cuatro siglos después de su esplendor, Safed continúa resplandeciendo en la espiritualidad judía. A lo largo del año, especialmente durante el Lag ba-Ómer o en los hilulot -aniversarios de la muerte de algunos grandes rabinos-, la ciudad recibe numerosos peregrinos. También siguen activas varias yeshivot, escuelas rabínicas donde se transmite el estudio de la Torá y la tradición cabalística iniciada en el siglo XVI.

Bàrbara explica que la experiencia de Safed va más allá de las creencias personales. “El visitante que llega a Safed, sea religioso o no, percibe una espiritualidad evocadora de estudio del texto sagrado y de transformación a través de la mística”, afirma. Y añade que, según relatan muchos peregrinos, “la experiencia de llegar al lugar anhelado es de profunda emoción y conversión”. Por ello recomienda acercarse “sin prejuicios” y sin prisas, porque “el conocimiento del lugar no es cosa de una visita rápida”. 

Conocida simbólicamente como la “ciudad de la luz”, Safed continúa ejerciendo ese papel de faro espiritual que la convirtió en el gran centro de la cábala. Aún hoy, la ciudad mantiene viva una atmósfera singular, donde historia, memoria y espiritualidad se entrelazan. Como asegura Virgil, paseando por sus calles, escuchando los cánticos que salen de las sinagogas y recorriendo los espacios donde vivieron los grandes cabalistas, “recordaremos que allí, estudiosos y alumnos, en una simbiosis especial, intentaron conocer la grandeza de Dios

Fuente: https://www.catalunyareligio.cat/ca/geografies-fe-safed-ciutat-llum?utm_campaign=website&utm_medium=butlleti&utm_source=enviament&utm_term=butllet%C3%AD

Ellacuría y Romero: esa otra Iglesia que desmantelaron Wojtyla y Ratzinger

Ellacuría y Romero
Ellacuría y Romero | Infosj

Rafael Narbona

La excarcelación por motivos de salud de Inocente Orlando Montano Morales, coronel del ejército salvadoreño y viceministro de Seguridad Pública y uno de los artífices del asesinato en 1989 de Ignacio Ellacuría, otros cinco jesuitas y dos mujeres (Elba y Celina) que trabajaban en la UCA de San Salvador, es un buen pretexto para recordar a esa otra iglesia que Wojtyla y Ratzinger combatieron con tanto denuedo y con tanto éxito. Hoy en día, una nueva generación de sacerdotes jóvenes formados bajo consignas integristas controla la mayoría de las parroquias y, en no pocas ocasiones, aprovecha las homilías para propagar los eslóganes de la ultraderecha, lo cual ha provocado que casi todas las personas progresistas se hayan alejado de la iglesia o incluso hayan perdido la fe.

Ignacio Ellacuría nació en 1930 en Portugalete, pero en 1975 se nacionalizó salvadoreño para mostrar su solidaridad con un pueblo que soportaba unos niveles intolerables de pobreza, opresión y desigualdad. Austero, serio y reflexivo, ingresó en la Compañía de Jesús con diecisiete años, estudió filosofía en Quito y teología en Innsbruck, donde asistió a las clases de Karl Rahner, que ejerció una poderosa influencia en su perspectiva intelectual y religiosa. Ordenado sacerdote en 1962, realizó estudios de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid bajo la dirección de Xavier Zubiri, que acabaría considerándolo el continuador de su obra filosófica.

En 1967 Ellacuría regresó a El Salvador para dar clases en la Universidad Centroamericana Simeón Cañas (UCA), sin dejar de colaborar con Zubiri, al que visita a menudo durante sus viajes a España. La Conferencia de Medellín celebrada en 1968 marcó un hito en su trayectoria intelectual. Ellacuría suscribió todas las conclusiones de la Conferencia: el capitalismo es un pecado estructural; la opción preferencial por los pobres no es una bandera ideológica, sino la esencia del mensaje evangélico. Es necesario crear comunidades de base para transformar la iglesia desde abajo. La liberación de los oprimidos por medio de la educación y la movilización popular no es una tarea política, sino la forma más eminente de lucha para lograr la realización histórica del Reino de Dios .

Ellacuría
Ellacuría

En los años siguientes, Ellacuría conoció al padre Arrupe y enseguida se hicieron amigos. Ambos compartían la idea de que los pueblos crucificados son la auténtica imagen de Cristo y la certeza de que la redención del mundo no se producirá hasta que acabe su sufrimiento. Fuera de los pobres, no hay salvación. El Reino de Dios no es una abstracción. Empieza aquí y ahora, y consiste en que el pobre coma, viva, disfrute de dignidad y libertad. Frente al capitalismo que reduce la vida humana a mercancía y explota el planeta sin pensar en el mañana, Ellacuría propone la civilización de la pobreza, basada en la austeridad y la solidaridad. No hay que acumular, sino compartir. Nadie tiene derecho a lo superfluo mientras haya personas que carezcan de lo esencial.

En 1976, Ellacuría publica el artículo “A sus órdenes, mi capital”, donde invita a los campesinos y trabajadores a organizarse para reivindicar sus derechos laborales y sociales. Es inaceptable que una minoría disfrute de grandes bienes y propiedades mientras la mayoría de los salvadoreños malviven en hogares insalubres y cobran salarios miserables que no les permiten cubrir sus necesidades básicas. La oligarquía no tarda en reaccionar. Los escuadrones de la muerte de la junta cívico-militar incluyen a los jesuitas entre sus objetivos. En 1977 el padre Rutilio Grande muere ametrallado cuando se dirigía a celebrar misa. Grande había animado a los campesinos a crear sindicatos para defender sus derechos y, en un sermón, había declarado que si Jesús reapareciera en El Salvador sería acusado de subversivo, exponiéndose a ser crucificado de nuevo.

Romero viajó a Roma y se entrevistó con Wojtyla, pero solo consiguió toparse con un muro de incomprensión y frialdad. La desafección del papa polaco disipó las vacilaciones del régimen cívico-militar, que ordenó el asesinato del arzobispo

Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, se quedó conmocionado al conocer el asesinato de Rutilio y prohibió al gobierno acudir al funeral, pue sabía que era el responsable último del crimen. Romero, que hasta entonces había sido un cura conservador, cambió de punto de vista y se convirtió en el principal defensor de los derechos humanos en un país devastado por la guerra civil. La burguesía respondió con lemas anticlericales: “Sacerdotes de Belcebú, iros a Moscú”, “Haga patria, mate a un cura”. Alarmado por los crímenes de los escuadrones de la muerte y la Guardia Nacional, que trabajaban conjuntamente, Romero viajó a Roma y se entrevistó con Wojtyla, pero solo consiguió toparse con un muro de incomprensión y frialdad. La desafección del papa polaco disipó las vacilaciones del régimen cívico-militar, que ordenó el asesinato del arzobispo. La actitud de Wojtyla contrasta trágicamente con la de Pablo VI, que protegió activamente a Pedro Casaldáliga en la década de los 70, cuando la dictadura militar pretendió expulsarlo del país o matarlo. Para reforzar su autoridad, Montini nombró obispo a Casaldáliga y exclamó a modo de advertencia: “Quien toca a Pedro, toca a Pablo”. Sin la protección de Juan Pablo II, Romero se convirtió en una figura extremadamente vulnerable. Su asesinato ya solo era una cuestión de tiempo. El 24 de marzo de 1980, una bala de fragmentación destrozó su pecho mientras celebraba la eucaristía. En los barrios de la oligarquía se festejó su asesinato con música, bailes y champán.

Rutilo el Grande y San Romero
Rutilo el Grande y San Romero

El clima de represión obligó a Ellacuría a refugiarse en España, pero en 1989 volvió a El Salvador, sin ignorar que ya se habían elaborado planes para asesinarlo. Desgraciadamente, los peores presagios no tardaron en cumplirse. El 16 de noviembre el batallón Atlácatl asaltó la UCA de noche y asesinó a sangre fría a Ellacuría y a sus compañeros jesuitas Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López. Para no dejar testigos, los militares también cosieron a tiros a Elba Julia Ramos, cocinera, y a su hija Celina, de 16 años. En sus apuntes sobre la masacre, Jon Sobrino, que se libró por estar de viaje, escribió: “Elba y Celina representan a las víctimas totalmente indefensas, cuyo martirio silencioso nos deja sin palabras ante el misterio de la crueldad humana. Los jesuitas murieron por la justicia; Elba y Celina murieron porque estaban allí, en el lugar de los pobres. La sangre de nuestros hermanos y hermanas no clama venganza, sino justicia, verdad y una conversión profunda de nuestra sociedad”.

El 16 de noviembre el batallón Atlácatl asaltó la UCA de noche y asesinó a sangre fría a Ellacuría y a sus compañeros jesuitas Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López. Para no dejar testigos, los militares también cosieron a tiros a Elba Julia Ramos, cocinera, y a su hija Celina, de 16 años

Óscar Romero no fue canonizado hasta 2018. La beatificación de Rutilio Grande se demoró hasta 2022 y el proceso de beatificación y canonización de Ignacio Ellacuría no se inició hasta 2023. Todos estos procedimientos tuvieron lugar durante el pontificado de Francisco. En cambio, Escrivá de Balaguer subió a los altares en 2002 por voluntad de Juan Pablo II. El contraste es escandaloso y nada casual. Wojtyla utilizó la canonización de Balaguer para frenar las reformas de apertura del Concilio Vaticano II y fortalecer su apuesta por una iglesia autoritaria y refractaria a la modernidad. Además, como apuntó Hans Küng, el Opus Dei aportó una gran cantidad de dinero para sanear las finanzas del Vaticano y financiar la campaña de represión contra la Teología de la Liberación.

Óscar Romero no fue canonizado hasta 2018. La beatificación de Rutilio Grande se demoró hasta 2022 y el proceso de beatificación y canonización de Ignacio Ellacuría no se inició hasta 2023. Todos estos procedimientos tuvieron lugar durante el pontificado de Francisco. En cambio, Escrivá de Balaguer subió a los altares en 2002 por voluntad de Juan Pablo II. El contraste es escandaloso y nada casual

Ignacio Ellacuría se alineó con las mayorías empobrecidas y explotadas, pero sin respaldar la vía revolucionaria. Aunque aprovechó la herramientas hermenéuticas del marxismo para criticar el capitalismo, desechó sus alternativas políticas, pues opinaba que no ofrecían soluciones verdaderamente humanas. Al igual que Óscar Romero, Ellacuría abogaba por “una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en la liberación de todos los hombres y mujeres”. Entre 1960 y 1990, se calcula que entre 100 y 150 sacerdotes y religiosos católicos fueron asesinados por escuadrones de la muerte por defender los derechos de los campesinos y los obreros. Si incluimos a monjas, seminaristas y catequistas laicos comprometidos, el total aproximado asciende a varios miles de víctimas, pues se ejerció una persecución sistemática contra las comunidades eclesiales de base, los curas obreros o villeros y los teólogos de la liberación.

Los nombres de Ellacuría y Óscar Romero sigue incomodando a la derecha salvadoreña. Ellacuría apostó por “historizar” los conceptos. La solidaridad debe ser algo concreto, encarnado. El Reino de Dios no es una utopía meramente espiritual, sino un horizonte liberador que empuja hacia un porvenir sin injusticia, miseria ni desigualdad. Para que no haya “ni un muerto más”, como repetía Ellacuría, hay que desmontar las estructuras políticas y sociales que generan pobreza, desesperación y desesperanza. La mesa compartida es la imagen que mejor expresa el mensaje de Cristo. El Evangelio “reclama un modelo de sociedad en el cual todos los hombres, no solo unos pocos, puedan disfrutar de las condiciones mejores para ser más hombres, más felices, más humanos; para que todos los hombres vivan dignamente como hijos del mismo Padre y hermanos entre sí”.

Teología de la Liberación
Teología de la Liberación | RD

La solidaridad con los oprimidos abre la ventana de la trascendencia. El cristianismo “ve en los más necesitados, de una forma u otra, a los redentores de la historia, a los privilegiados del reino de Dios, en oposición a los privilegiados de este mundo”. La misión de la iglesia es que se cumpla la utopía formulada en el Evangelio de Mateo: “Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”. ¿Qué queda de la Iglesia que propugnaron Óscar Romero e Ignacio Ellacuría? Muy poco, casi nada. Wojtyla y Ratzinger lograron arrancar de raíz el impulso renovador de las comunidades eclesiales de base y cedieron todo el poder a los movimientos laicos fundamentalistas.

A pesar del aperturismo de Francisco y León XIV, la mayoría de católicos han abrazado un misticismo barato y los postulados políticos más reaccionarios. Todos los que escandalizan porque el párroco Juan Carlos Rodríguez del Pozo comentó en su homilía en Torrelavega, Cantabria, que la Asunción de la Virgen debe interpretarse como un símbolo o una alegoría y no como un hecho histórico, no mueven ni una ceja cuando naufraga una patera y se ahogan los hombres, mujeres y niños que intentan llegar a Europa para huir del hambre, la pobreza y la guerra

A pesar del aperturismo de Francisco y León XIV, la mayoría de católicos han abrazado un misticismo barato y los postulados políticos más reaccionarios. Todos los que escandalizan porque el párroco Juan Carlos Rodríguez del Pozo comentó en su homilía en Torrelavega, Cantabria, que la Asunción de la Virgen debe interpretarse como un símbolo o una alegoría y no como un hecho histórico, no mueven ni una ceja cuando naufraga una patera y se ahogan los hombres, mujeres y niños que intentan llegar a Europa para huir del hambre, la pobreza y la guerra. Aunque se persignan meticulosamente, no escuchan el Evangelio cuando dice: “tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”. En cambio, sí se hacen eco de las vergonzosas palabras de Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, calificando de invasión la tragedia de Ceuta. 

Óscar Romero e Ignacio Ellacuría lucharon por una Iglesia pobre para los pobres, solidaria y comprometida. Wojtyla y Ratzinger prefirieron promover el boato, la solemnidad y la búsqueda de la salvación personal, sin comprender que la esencia del cristianismo es la fraternidad, como señala la Primera Epístola a los Corintios: “Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada..”. Aparentemente, Juan Pablo II y Benedicto XVI derrotaron a Ellacuría y Romero, pero la sangre derramada por amor al prójimo siempre es más fructífera que cualquier gesto de autoritarismo. Perder la esperanza no es cristiano. Por eso espero con ilusión que algún día la Iglesia vuelva a ser viento de libertad y no un recinto umbrío donde cada vez se respira con más dificultad.

Geografías de la fe: El Templo Dorado, el santuario que nos hace iguales

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Fotografia: Temple d’Or, lloc sagrat del sikhisme a Amristar, Punjab | Canva sota llicència C. C.

Alba Martorell Cid

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Fotografia: Pelegrins sikh a l’interior del Temple Daurat | Wikimedia Commons sota llicència C. C. 4.0.

El Templo Dorado de Amritsar ejemplifica la espiritualidad sij, acogiendo devotos de todo el mundo para celebrar la igualdad y la fe común

Un santuario donde la espiritualidad y la vida cotidiana se entrelazan espontáneamente. En pocos lugares del mundo ocurre como en el Templo Dorado de Amritsar. Situado en el estado de Punjab, en el noroeste de la India, este edificio es mucho más que un monolito de oro. Es la columna vertebral del sijismo, una religión nacida a finales del siglo XV que hoy cuenta con cerca de treinta millones de fieles en todo el mundo.

El Harmandir Sahib -también conocido como Golden Temple– tiene las paredes recubiertas de oro y está rodeado por una piscina sagrada. El constante ir y venir de fieles a su alrededor es casi parte de la experiencia religiosa que se vive allí, que combina oración, hospitalidad, igualdad y servicio.

Cada día, decenas de miles de sijes llegan para adorar el Guru Granth Sahib, participan en los cantos litúrgicos o comparten una comida comunitaria con desconocidos. En las grandes festividades religiosas, el número de peregrinos se multiplica hasta convertir el recinto en lo que parecería una ciudad autónoma.

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Geografías de la fe: Chota Char Dham, los “cuatro pequeños santuarios” del Himalaya

Un templo, cuatro puntos cardinales

La llegada al Templo Dorado sorprende incluso a quienes ya han visto fotografías. En el centro de un gran estanque rectangular se levanta el santuario principal, conectado con el resto del recinto por una pasarela de mármol que los peregrinos recorren lentamente, a menudo en silencio. El agua refleja la silueta dorada del edificio, mientras los himnos sagrados resuenan de manera ininterrumpida por los altavoces.

Antes de acceder, todos deben descalzarse, lavarse los pies y cubrirse la cabeza, independientemente de su religión o procedencia. Es una norma que simboliza el respeto hacia un espacio sagrado, pero también recuerda que todos los visitantes entran en condiciones de igualdad.

Este principio es visible incluso en la misma arquitectura. El Harmandir Sahib dispone de cuatro puertas, orientadas a los cuatro puntos cardinales, una planificación urbana que subraya la apertura a cualquier persona, sin distinción de casta, origen, lengua, género o religión. En una sociedad india profundamente marcada por el sistema de castas, la posición de esta religión se ha entendido como una afirmación radical de la igualdad entre todos los seres humanos.

Los orígenes del Harmandir Sahib

La historia del Templo Dorado está estrechamente ligada al nacimiento del sijismo. Esta religión fue fundada por el Guru Nanak (1469-1539), que predicaba la existencia de un único Dios, rechazaba las divisiones de casta e insistía en que la vida espiritual debía expresarse a través de la oración, el trabajo honesto y el servicio a los demás.

Después de Nanak, otros nueve maestros espirituales continuaron desarrollando la comunidad sij. Fue el cuarto Guru, Ram Das, quien en 1577 impulsó la construcción de un gran estanque artificial, el actual Amrit Sarovar, que significa «lago del néctar de la inmortalidad», alrededor del cual se desarrolló la población de Amritsar.

Su sucesor, Guru Arjan, culminó el proyecto. A finales del siglo XVI ordenó construir un templo en medio del agua, algo poco habitual en la arquitectura religiosa del subcontinente indio. La decisión tenía un profundo valor simbólico: para llegar al santuario había que descender unos escalones, en lugar de ascender. Era una manera de expresar que el camino hacia Dios pasa por la humildad y no por la exaltación personal.

En el año 1604, el propio Guru Arjan instaló allí el Adi Granth, la primera recopilación de los himnos y enseñanzas de los gurus sij, convirtiendo el Templo Dorado en el núcleo de la nueva religión.

A lo largo de los siglos, el complejo ha sufrido varias destrucciones durante las invasiones afganas, pero siempre ha sido reconstruido por los mismos fieles. Ya en el siglo XIX, bajo el gobierno del maharajá Ranjit Singh, la cúpula y buena parte del templo se recubrieron con placas de oro, dándole el aspecto que hoy lo distingue.

El Guru Granth Sahib, el libro sagrado

A diferencia de otras religiones, el centro del peregrinaje sij no es la tumba de un santo ni la conservación de unas reliquias. El libro sagrado es a quien los fieles veneran y reconocen como su último y eterno Guru, al que llaman Guru Granth Sahib.

El volumen recoge los himnos compuestos por los diez gurus sij -especialmente por los cinco primeros-, pero también incorpora textos de místicos hindúes y musulmanes. Esta apertura refleja uno de los rasgos más particulares del sijismo: la convicción de que la verdad divina puede expresarse a través de personas de tradiciones diferentes cuando su vida está orientada sinceramente hacia Dios.

Cuando el décimo Guru, Gobind Singh, murió en 1708, declaró que no habría más gurus humanos. A partir de ese momento, toda la autoridad espiritual recayó definitivamente en el libro, que continúa siendo hoy el maestro viviente de la comunidad.

Esta consideración tiene implicaciones directas en la vida cotidiana del Templo Dorado y de todos los santuarios sij del mundo. Cada madrugada, antes del alba, el libro es llevado solemnemente desde el edificio donde ha pasado la noche hasta la cámara principal. La procesión avanza lentamente entre los fieles, que se inclinan a su paso mientras resuenan los himnos tradicionales. Por la noche, el recorrido se hace en sentido contrario, en otra ceremonia cargada de solemnidad.

Durante todo el día, el Guru Granth Sahib permanece abierto en el centro del templo, bajo un baldaquino ricamente ornamentado, mientras varios lectores proclaman los himnos de manera ininterrumpida. La música ocupa un lugar central en esta liturgia: los textos se interpretan según los ragas, las antiguas estructuras melódicas de la música clásica india, convirtiendo la oración en una experiencia también estética.

El Amrit Sarovar, el lago de la inmortalidad

Antes de cruzar la pasarela que conduce al templo, muchos peregrinos se detienen alrededor del gran estanque que da nombre a la ciudad. Muchos entran para bañarse o, simplemente, para lavarse las manos y la cara antes de dirigirse al templo.

Sin embargo, el significado de este gesto es diferente del que pueden tener otros baños rituales en la India. Los sij no atribuyen al agua un poder mágico ni creen que, por sí misma, pueda borrar los pecados. Según las enseñanzas de los gurus, la purificación auténtica nace de la transformación interior, de la oración, del recuerdo constante de Dios y de la práctica de una vida honesta. El baño en el lago es, sobre todo, un signo visible de la disposición espiritual, una muestra de humildad antes de acceder al lugar sagrado.

A lo largo del día es habitual ver familias sentadas junto al agua leyendo fragmentos del Guru Granth Sahib, peregrinos que recitan oraciones en silencio o personas que simplemente contemplan el reflejo dorado del templo sobre la superficie del agua. La serenidad del lugar contrasta con la actividad incesante que se desarrolla a su alrededor.

El langar, compartir el pan y la fe

Si hay un espacio que simboliza como pocos el espíritu del sijismo es el langar, el comedor comunitario típico de cualquier gurudwara -templo sij- en todo el mundo. Desde los tiempos de Guru Nanak, compartir la comida es una expresión concreta de la igualdad entre todas las personas.

Cada visitante, sin excepción, es invitado a sentarse en el suelo junto a los otros para compartir la misma comida. No hay espacios reservados ni distinciones sociales. Hombres y mujeres, pobres y ricos, sijs, hindúes, musulmanes, cristianos o personas no creyentes comen juntos en largas filas.

El comedor funciona prácticamente las veinticuatro horas del día. Miles de voluntarios participan en todas las tareas: amasan el pan, preparan las verduras, lavan los platos, sirven a los comensales o limpian las enormes cocinas industriales. Cada jornada se ofrecen decenas de miles de raciones gratuitas, una cifra que puede multiplicarse durante las grandes festividades religiosas.

Este servicio recibe el nombre de seva y constituye uno de los pilares de la vida sij. Servir a los demás es una forma de oración tan importante como las otras. Por eso, muchas personas consideran que su peregrinaje no está completo si no dedican también una parte del tiempo a colaborar en alguna de las tareas comunitarias.

Ser iguales en un mundo desigual

El Templo Dorado es, por lo tanto, el lugar donde esta religión expresa con más claridad sus valores esenciales: la igualdad entre todas las personas, el servicio desinteresado y la oración compartida. No es casualidad, pues, que los gurdwares en todo el mundo reproduzcan la misma distribución y articulen una igual forma de entender la vida comunitaria, con las puertas abiertas a todos y un langar donde cualquier persona puede sentarse a compartir mesa sin distinciones.

En un mundo a menudo marcado por las diferencias, el Harmandir Sahib recuerda, desde el centro de su estanque, que cualquier persona humilde y dispuesta es bienvenida. Y es posiblemente esta apertura, tan sencilla como profunda, la que continúa atrayendo cada día a miles de peregrinos hasta Amritsar.

VIVIR SEGÚN EL SANTO EVANGELIO

“La alegría del desprendimiento espiritual”

Un día, Messire Bernard se acercó en secreto a Francisco que entonces todavía no tenía ningún compañero. “Hermano, dice Bernardo, por amor de mi Señor, quien me los ha confiado, quiero distribuir todos mis bienes de la manera que tú juzgues más conveniente.” Francisco respondió: “Mañana iremos a la iglesia y el libro de los evangelios nos dirá de qué manera el Señor instruye a sus discípulos.” La mañana siguiente se levantaron y fueron, junto con otro hombre que se llamaba Pedro y que también quería ser fraile menor, a la iglesia… Entraron para orar y como no tenían instrucción y no sabían dónde encontrar la palabra del evangelio sobre la renuncia del mundo, pedían al Señor que se dignase mostrarles su voluntad al abrir los evangelios.

Una vez terminada la oración, el bienaventurado Francisco tomó el libro, se arrodilló delante del altar y lo abrió. En el lugar abierto se presentó el consejo del Señor: “Si quieres ser perfecto, va, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo.” (Mt 19,21) Al leer esto, el bienaventurado Francisco se alegró mucho y dio gracias a Dios. Pero, como tenía una gran devoción a la Santísima Trinidad, quería tener la confirmación por un triple testimonio. Abrió, pues, el libro de los evangelios por segunda y por tercera vez. En el segundo lugar encontró: “No llevéis nada por el camino.” (cf Lc 9,3) y en el tercero: “El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga.” (Lc 9,23ss) Francisco dijo: “Hermanos, he aquí nuestra vida y nuestra Regla y la de todos los que querrán juntarse a nuestro grupo. Id, y lo que habéis comprendido, ponedlo en práctica.”

Bernardo, que era muy rico, se fue: vendió todo lo que poseía, reunió una gran cantidad de dinero y lo distribuyó todo entre los pobres de la ciudad… A partir de aquella hora, los tres vivieron según la Regla del santo evangelio que el Señor les había mostrado. Esto es lo que dice el bienaventurado Francisco en su testamento: “El mismo Señor me ha revelado que debía vivir según el santo evangelio.”

El Evangelio encarnado en la era de la cognición4E


Un abordaje fenomenológico de la tecnología, la percepción y
la transformación de la experiencia humana

Introducción
Durante las últimas décadas, las ciencias cognitivas han experimentado una transformación
profunda. El modelo clásico que tendía a localizar la cognición fundamentalmente en el
cerebro ha sido cuestionado por diferentes perspectivas que ponen de relieve la
participación del cuerpo, el entorno, la acción, las relaciones sociales y los artefactos
tecnológicos en los procesos cognitivos.
En este contexto surge el denominado enfoque de las 4E de la cognición: embodied
(encarnada o corporizada), embedded (situada o inserta), enacted (enactiva) y extended
(extendida). Aunque estas perspectivas no constituyen una teoría única, comparten el
cuestionamiento de una concepción de la mente como fenómeno exclusivamente
intracraneal. La cognición es comprendida como un proceso dinámico en el que cerebro,
cuerpo, acción y mundo participan de manera estrechamente relacionada.
Esta transformación posee una particular relevancia fenomenológica. Percibir no significa
simplemente recibir información proveniente de un mundo exterior ya constituido. El sujeto
humano se encuentra corporalmente implicado en su mundo y, mediante su acción,
establece con él una relación dinámica. La perspectiva enactiva desarrollada por Francisco
Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch fue decisiva en este desplazamiento conceptual:
la experiencia y el mundo significativo emergen en la interacción entre organismo y
entorno.
Desde esta perspectiva puede comprenderse de una manera nueva la presencia de las
tecnologías digitales en la vida contemporánea. El teléfono celular constituye un caso
especialmente significativo. Aunque no sea literalmente una estructura cerebral ni un
«tercer hemisferio» en sentido anatómico, puede funcionar como una poderosa extensión
tecnológica de nuestras capacidades cognitivas: memoria, comunicación, orientación,
búsqueda de información, planificación, representación y acción.
La presente reflexión parte de una intuición aparentemente sencilla: el celular lo llevamos
en la mano, pero progresivamente se incorpora a nuestra manera de percibir,
recordar, decidir y actuar. La tecnología externa comienza así a participar funcionalmente
de nuestro sistema cognitivo.

Sin embargo, esta constatación conduce a una pregunta más profunda: ¿qué ocurre cuando
aquello que se incorpora a nuestra manera de percibir y actuar no es solamente una
tecnología, sino una forma de vida?
Aquí aparece el Evangelio.

I. La intuición inicial: el celular y el Evangelio

El celular es «como» un tercer hemisferio cerebral: nos permite adaptarnos al «sistema»,
para poder permanecer en él, simplemente «estando».
Se ha «encarnado» de alguna manera en nosotros, como una extensión de nuestro cuerpo.
El Evangelio de Jesús vivido seriamente también se encarna en nosotros.
Del mismo modo, nos ayuda a adaptarnos al sistema y permanecer en él, con una diferencia
fundamental: ya no necesitamos pertenecerle. Podemos estar en él sin ser de él.
Lo que cambia es la forma en que nos relacionamos con el mismo, ya que se transforma
nuestra manera de percibir y actuar en el mundo, o aquello que llamamos «sistema».
El Evangelio nos abre al sentido de trascendencia.
Esta diferencia fundamental nos hace libres.
El «tercer hemisferio» lo llevamos en la mano, pero se encarna funcionalmente en nuestro
sistema cognitivo.
El Evangelio tiene su sitio en la profundidad de nuestro ser, «en el corazón», entendido no
simplemente como órgano anatómico, sino como expresión de lo más hondo de la persona.
Es Jesús mismo quien vive en mi mismidad.
Esta intuición permite establecer un diálogo entre tecnología, cognición, fenomenología y
espiritualidad.

II. ¿Qué significa hablar de cognición 4E?

La expresión 4E cognition reúne cuatro dimensiones: embodied, embedded, enacted y
extended. Las cuatro perspectivas no son idénticas entre sí, pero convergen en la crítica a
una explicación de la cognición reducida al procesamiento intracraneal.

  1. Embodied — Cognición encarnada
    La cognición es encarnada porque nuestras capacidades cognitivas dependen
    profundamente de la organización corporal, de las posibilidades sensoriomotoras y de la
    manera concreta en que nuestro organismo está constituido.
    No somos un cerebro que accidentalmente posee un cuerpo.
    Somos organismos corporales que perciben, sienten y actúan.
    La percepción, por tanto, no puede separarse completamente del movimiento y de las
    posibilidades de acción.
    Desde una perspectiva fenomenológica, el cuerpo no es simplemente un objeto que
    poseemos: es el medio mediante el cual estamos presentes en el mundo.
    Aquí encontramos una profunda afinidad entre la fenomenología de Maurice Merleau-
    Ponty y el programa enactivo desarrollado posteriormente por Varela y sus colaboradores.
  2. Embedded — Cognición situada
    La cognición está también situada.
    No pensamos en un vacío abstracto, sino dentro de ambientes físicos, culturales, históricos
    y sociales concretos.
    Nuestro mundo cotidiano proporciona posibilidades, restricciones y significados.
    El individuo no puede comprenderse aisladamente del mundo que habita.
    En este sentido, el teléfono celular constituye uno de los objetos más significativos del
    entorno contemporáneo.
    Está presente en nuestras relaciones, trabajo, orientación, información, memoria y
    comunicación.
    Nos permite desenvolvernos dentro del sistema social en el que vivimos.
  3. Enacted — Cognición enactiva
    La dimensión enactiva es especialmente importante para nuestra reflexión.
    Enaction no significa simplemente «hacer algo después de pensar».
    Supone una concepción en la que percepción y acción se encuentran íntimamente
    vinculadas. El organismo no recibe pasivamente un mundo previamente dado: mediante su
    actividad corporal establece y mantiene una relación significativa con el entorno. [2][4]
    Por eso podemos decir:
    Percibir es también poder actuar.
    El mundo que percibimos está relacionado con aquello que nuestro cuerpo puede hacer en
    él.
    Esta concepción tiene una raíz fenomenológica importante. Varela, Thompson y Rosch
    buscaron precisamente poner en diálogo las ciencias cognitivas con la experiencia vivida y
    la fenomenología.
  4. Extended — Cognición extendida
    La cuarta dimensión sostiene que determinados procesos cognitivos pueden extenderse más
    allá de los límites físicos del organismo.
    La discusión filosófica sobre la cognición extendida ha sido especialmente desarrollada a
    partir de trabajos como los de Andy Clark y David Chalmers, y posteriormente por
    numerosos autores del campo 4E.
    Un ejemplo sencillo sería una persona que utiliza de manera estable un recurso externo para
    recordar información.
    El teléfono celular lleva esta posibilidad a una escala extraordinaria.
    Puede funcionar como:
     memoria externa;
     instrumento de comunicación;
     sistema de orientación;
     archivo;
     herramienta de cálculo;
     acceso al conocimiento;
     organizador de actividades;

 mediador de relaciones sociales.
Por eso, sin afirmar que el celular sea literalmente un «tercer hemisferio», podemos utilizar
esta expresión como una metáfora fenomenológica y cognitiva:
El celular es un tercer hemisferio virtual: una extensión tecnológica que participa de
nuestro sistema cognitivo sin convertirse anatómicamente en una parte del cerebro.
La imagen que acompaña esta reflexión intenta precisamente representar esta idea: el
celular permanece físicamente en nuestras manos, mientras sus flujos de información
aparecen proyectados sobre el cerebro, como una extensión virtualmente encarnada de la
actividad cognitiva.

III. Del celular a la percepción

Aquí aparece el punto decisivo.
El celular no solamente nos proporciona información.
Modifica aquello a lo que prestamos atención.
No solamente nos permite comunicarnos.
Modifica nuestras formas de relación.
No solamente almacena información.
Modifica nuestros modos de recordar.
No solamente nos muestra lugares.
Modifica nuestra manera de orientarnos.
No solamente nos ofrece posibilidades.
Modifica nuestro campo de acción.
Por tanto, la tecnología participa de nuestro acoplamiento con el mundo.
El celular no es solamente un objeto que está «fuera» de nosotros.
Se convierte progresivamente en un componente habitual de nuestro modo de estar-en-el-
mundo.

La expresión «tercer hemisferio» puede entenderse entonces como una imagen conceptual
de esa extensión:
dos hemisferios biológicos + una extensión tecnológica funcional.
No se trata de una tercera estructura anatómica, sino de un tercer espacio cognitivo
virtual, generado por el acoplamiento recurrente entre organismo, cerebro, tecnología y
mundo.

IV. Del cerebro extendido al ser transformado

Pero aquí nuestra reflexión abandona deliberadamente el terreno estrictamente cognitivo
para abrir una pregunta fenomenológica y espiritual.
La tecnología puede extender nuestras capacidades.
Pero extender nuestras capacidades no significa necesariamente transformar nuestra
libertad.
Una persona puede disponer de enormes posibilidades cognitivas y tecnológicas y, sin
embargo, permanecer completamente sometida a aquello que determina su atención, sus
deseos y sus comportamientos.
El celular puede ayudarnos a permanecer en el sistema.
Puede enseñarnos cómo desplazarnos dentro de él.
Puede indicarnos qué comprar, dónde ir, con quién comunicarnos, qué mirar y qué recordar.
Pero también puede terminar convirtiéndose en un instrumento mediante el cual el sistema
entra en nosotros.
Aquí aparece la diferencia radical del Evangelio.

V. El Evangelio como transformación de la
percepción
El Evangelio no constituye simplemente una información adicional que incorporamos a
nuestro cerebro.

No es una aplicación más.
No es otro contenido almacenado en nuestra memoria.
El Evangelio vivido seriamente pretende transformar la manera misma de percibir,
valorar y actuar.
Por eso podemos establecer una distinción fundamental:
La tecnología extiende nuestras capacidades.
El Evangelio transforma el sujeto que utiliza esas capacidades.
La diferencia es decisiva.
El celular puede modificar aquello que podemos hacer.
El Evangelio modifica desde dónde hacemos aquello que hacemos.
El celular amplía nuestro acceso al mundo.
El Evangelio transforma nuestra manera de habitarlo.
El celular puede ayudarnos a adaptarnos al sistema.
El Evangelio permite permanecer dentro del mundo sin quedar interiormente sometidos a
él.
Esta intuición encuentra una resonancia particularmente fuerte en el Evangelio de Juan:
«No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.» (Jn 17,16)
Pero inmediatamente después Jesús no pide que sus discípulos sean retirados del mundo.
Los envía al mundo. La tensión, por tanto, no es entre mundo y fuga del mundo, sino entre
estar en el mundo y no quedar definidos por su lógica última.

VI. Del «estar en el sistema» al «no pertenecerle»
Esta diferencia permite reformular la relación entre cognición, tecnología y libertad.
El problema no es utilizar tecnología.
El problema es que la tecnología determine nuestra manera de percibir la realidad.

Del mismo modo, el problema espiritual no es vivir dentro de la sociedad.
El problema es que el sistema determine completamente nuestra manera de valorar, desear
y actuar.
Por eso la libertad evangélica no consiste necesariamente en abandonar el mundo.
Consiste en transformar la manera de estar en él.
Podemos formular esta dinámica de la siguiente manera:
estar en el mundo → percibir → interpretar → actuar → transformar la relación con
el mundo.
El Evangelio introduce una modificación en el origen mismo de esta dinámica:
corazón → percepción → discernimiento → acción → relación con el mundo.

VII. El corazón como profundidad de la persona
En esta reflexión, la palabra «corazón» no debe reducirse al órgano cardíaco.
El corazón representa aquí la profundidad de la persona: aquello que en la tradición bíblica
expresa el centro interior desde el cual el ser humano piensa, desea, discierne y decide.
Por eso el Evangelio no pretende permanecer únicamente en el nivel de las ideas.
Busca alcanzar el centro de la existencia.
No se trata solamente de que yo «tenga» el Evangelio.
Se trata de que el Evangelio llegue a configurar mi existencia.
Y aquí aparece la afirmación cristológica central:
Es Jesús mismo quien vive en mi mismidad.
La transformación evangélica sería entonces una transformación de la subjetividad: Cristo
no permanece como un objeto externo de conocimiento, sino que se convierte en presencia
interior que configura progresivamente la percepción, el deseo, el discernimiento y la
acción.

VIII. Una lectura 4E de la experiencia evangélica
Sin pretender convertir la teología en una teoría de las ciencias cognitivas, podemos
establecer un diálogo fecundo entre ambas perspectivas.

  1. Evangelio encarnado — Embodied
    El Evangelio se hace cuerpo en una existencia concreta.
    Se expresa en gestos, hábitos, palabras, relaciones, cuidado, servicio, compasión y
    presencia.
    Una espiritualidad que no alcanza la corporalidad permanece incompleta.
  2. Evangelio situado — Embedded
    El cristiano no vive fuera de la historia.
    Vive dentro de una cultura, una economía, una tecnología, una sociedad y una comunidad
    concreta.
    La fe está situada.
    La pregunta no es cómo abandonar el mundo, sino cómo vivir evangélicamente dentro de
    él.
  3. Evangelio enactivo — Enacted
    El Evangelio se hace verdadero en la acción.
    No basta con conocer «qué dice Jesús».
    Hay que entrar en la dinámica de su modo de percibir y actuar.
    El amor al prójimo, el perdón, la compasión, la fraternidad, la acogida y el servicio
    constituyen formas concretas mediante las cuales el Evangelio se enactúa en la existencia.
    El Evangelio pasa de ser información a convertirse en forma de acción.
  4. Evangelio extendido — Extended
    Finalmente, aquello que acontece en la interioridad se proyecta hacia el mundo.
    La transformación del corazón modifica las relaciones.

La relación con los otros modifica la comunidad.
La comunidad puede modificar el mundo.
Así, el Evangelio no permanece encerrado en la interioridad.
Se extiende hacia la existencia compartida.

IX. Una nueva relación entre percepción, acción y
trascendencia

Aquí podemos formular una de las tesis centrales de este trabajo:
Si la cognición enactiva sostiene que nuestra manera de percibir el mundo se
encuentra inseparablemente vinculada con nuestras posibilidades de acción, una
experiencia evangélica profundamente encarnada puede comprenderse como una
transformación del horizonte desde el cual percibimos y actuamos.
No cambia necesariamente el mundo físico inmediato.
Cambia el mundo vivido.
La misma persona.
La misma ciudad.
El mismo trabajo.
La misma tecnología.
Las mismas dificultades.
Las mismas personas.
Pero una percepción transformada descubre posibilidades de acción que anteriormente no
aparecían.
Donde antes había un enemigo puede aparecer un hermano.
Donde antes había indiferencia puede aparecer responsabilidad.
Donde antes había consumo puede aparecer sobriedad.

Donde antes había competencia puede aparecer servicio.
Donde antes había exclusión puede aparecer acogida.
Por eso la transformación evangélica puede ser pensada fenomenológicamente como una
transformación del campo de posibilidades de acción.

X. La libertad como transformación del
acoplamiento
El concepto de libertad adquiere aquí un significado particular.
No somos libres porque podamos abandonar todas nuestras relaciones con el mundo.
Somos libres cuando podemos relacionarnos con ellas sin quedar absolutamente
determinados por ellas.
La tecnología establece formas de acoplamiento.
La cultura establece formas de acoplamiento.
La sociedad establece formas de acoplamiento.
Los hábitos establecen formas de acoplamiento.
Pero también una vida espiritual establece nuevos modos de relación con el mundo.
La libertad evangélica puede entonces comprenderse como la posibilidad de reconfigurar
el modo de acoplamiento con el mundo.
No se trata de dejar de estar situado.
Se trata de estar situado de otra manera.

XI. Dos formas de encarnación
Podemos ahora volver a la intuición inicial.
Existe una diferencia fundamental entre estas dos formas de «encarnación»:

Tecnología
externo → incorporado funcionalmente → percepción → acción
El celular está fuera del cuerpo, pero participa progresivamente de nuestro sistema
cognitivo.
Evangelio
interior → encarnado existencialmente → percepción → acción → mundo
El Evangelio entra en la profundidad de la persona y se expresa posteriormente en la
manera de habitar el mundo.
Por eso podemos formular la diferencia de una manera condensada:
El celular se convierte en extensión de nuestra cognición; el Evangelio busca
convertirse en forma de nuestra existencia.
Y una segunda formulación resulta todavía más radical:
El celular amplía aquello que podemos hacer; el Evangelio transforma quiénes somos
cuando hacemos.

XII. Una propuesta de síntesis: de la mano al
corazón

La totalidad de la reflexión puede representarse mediante dos movimientos.
Movimiento tecnológico
MANO → CELULAR → CEREBRO → PERCEPCIÓN → ACCIÓN → MUNDO
El celular está en la mano, pero su uso habitual establece un circuito cognitivo que se
proyecta hacia el cerebro, la percepción y la acción.
Movimiento evangélico
CORAZÓN → CRISTO → PERCEPCIÓN → DISCERNIMIENTO → ACCIÓN →
MUNDO

El Evangelio habita en la profundidad del ser y, desde allí, transforma la manera de
percibir, discernir y actuar.
Ambos movimientos se encuentran en el mundo.
La diferencia es que el primero puede ayudarnos a adaptarnos al sistema, mientras que el
segundo puede permitirnos habitar el sistema con libertad.

XIII. Conclusión
La metáfora del «tercer hemisferio» no pretende describir una nueva estructura anatómica
del cerebro. Su valor reside precisamente en otro nivel: permite visualizar cómo una
tecnología externa puede incorporarse funcionalmente a los circuitos mediante los cuales
un ser humano recuerda, percibe, decide y actúa.
El teléfono celular, llevado en la mano, puede convertirse progresivamente en una
extensión de nuestro sistema cognitivo.
Pero la reflexión fenomenológica permite formular una pregunta más profunda:
¿Qué ocurre cuando aquello que transforma nuestra percepción no es solamente una
tecnología, sino una forma de vida?
Aquí aparece el Evangelio.
El Evangelio vivido seriamente no constituye simplemente un conjunto de informaciones
religiosas añadidas a nuestra cognición. Busca transformar el modo mismo de estar en el
mundo.
Desde una perspectiva compatible con la fenomenología y el enfoque enactivo, podríamos
decir que transforma el campo de posibilidades desde el cual percibimos, discernimos y
actuamos.
Por eso la experiencia cristiana puede expresarse mediante una paradoja:
estar en el mundo sin quedar determinados por el mundo.
La tecnología puede extender nuestra mente hacia el mundo.
El Evangelio puede transformar nuestra manera de habitarlo.
La tecnología puede ayudarnos a permanecer dentro del sistema.

El Evangelio puede permitirnos permanecer dentro de él sin pertenecerle interiormente.
Y entonces la libertad no consiste en escapar del mundo, sino en poder habitarlo desde otro
lugar.
Ese otro lugar es, en lenguaje evangélico, el corazón.
Y en la profundidad del corazón, la experiencia cristiana no encuentra simplemente una
doctrina, una norma o una información.
Encuentra una Presencia:
Jesús mismo.
Así, el movimiento completo podría expresarse en una última fórmula:
El celular es una extensión de nuestra cognición.
El Evangelio es una transformación de nuestra existencia.
El celular se lleva en la mano y se incorpora funcionalmente al cerebro.
El Evangelio habita en el corazón y se proyecta en la vida.
Uno amplía nuestras posibilidades de acción.
El otro transforma el sentido desde el cual actuamos.
En este punto, la tecnología y el Evangelio dejan de ser simplemente dos objetos
comparables y se convierten en dos modos radicalmente diferentes de comprender la
relación entre ser humano, mundo, percepción, acción y trascendencia.

Bibliografía
Alexander, C. (2025). What is 4E cognitive science? Phenomenology and the Cognitive
Sciences.
Clark, A., & Chalmers, D. J. (1998). The extended mind. Analysis, 58(1), 7–19.
Gallagher, S. (2005). How the Body Shapes the Mind. Oxford University Press.
Merleau-Ponty, M. (1945/2012). Phénoménologie de la perception. Gallimard.
Newen, A., De Bruin, L., & Gallagher, S. (Eds.). (2018). The Oxford Handbook of 4E
Cognition. Oxford University Press.
Rowlands, M. (2010). The New Science of the Mind: From Extended Mind to Embodied
Phenomenology. MIT Press.

Varela, F. J., Thompson, E., & Rosch, E. (1991/2017). The Embodied Mind: Cognitive
Science and Human Experience. MIT Press.
Sagrada Escritura. Biblia. Evangelio según San Juan, especialmente Jn 17,14–18.

Hermano Pablo César Ghilini (CEHCF)

Biografía espiritual y fundacional de René Voillaume

El reciente libro de R. Voillaume (Charles de Foucauld et ses premiers disciples. Du desert árabe au monde des cites. París, Bayard, 1998) es una especie de biografía espiritual y fundacional. En ella traza ampliamente los caminos que condujeron al autor al encuentro con Carlos de Foucauld y con su vocación y misión, tras las huellas de este «Hermano universal». Lo hace con la responsabilidad de un testigo y con la humilde conciencia de que en él ha obrado el Espíritu. Rompe, pues, la reserva acerca de algunos momentos importantes de su biografía espiritual para dejar constancia de algunos momentos carismáticos vividos y sufridos en esta obra de fundación de la familia espiritual de Carlos de Foucauld, a través de 49 densos capítulos que dejan huella en la historia espiritual del siglo XX. Con la gratitud de un hijo espiritual y de un discípulo fiel, R. Voillaume dedica una larga introducción a los caminos espirituales de Carlos de Foucauld, una síntesis madura de la espiritualidad del ermitaño del desierto,

La primera parte del libro (cap. 1-4), bajo el epígrafe Una fértil herencia espiritual nos introduce en la situación del patrimonio espiritual del Hermano Carlos después de su muerte violenta, acaecida el 1 de diciembre de 1916, con todas las riquezas y contradicciones de un testamento rico y abierto al futuro, sin herederos precisos, hecho de escritos, de discípulos lejanos, de admiración, de intentos de participación en su espiritualidad, La segunda parte (cap. 5-7), presenta los primeros discípulos que de cerca o de lejos, pero sin una clara estructura fundacional se aventuran por sus caminos espirituales africanos o en la patria francesa.

Con la tercera parte (cap. 8-20), el libro empieza a ser autobiográfico. Voillaume nos introduce en su infancia y familia, en los inicios de su vocación y en los varios intentos de búsqueda de su camino espiritual durante su Juventud, entre la llamada a la vida sacerdotal y la vocación religiosa y misionera, entre pruebas y enfermedades. Nos habla de su encuentro con la figura y los escritos del Hermano Carlos, de su ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1929, del período de sus estudios en Roma, en contacto con personajes de gran importancia espiritual como el P. R, Garrigou Lagrange, cuando consigue el Doctorado en el Angelicum. Nos confía su primera orientación hacia el estudio de la lengua y la cultura islámica para poder realizar un proyecto que le bulle en el alma, el de seguir en África las huellas del que empieza a ser su maestro espiritual, Carlos de Foucauld. Estamos en la década que va de los años 1923 a 1933. Ese año nace la primera fundación religiosa en Montpellier inspirada en Carlos de Foucauld, las Hermanas del Sagrado Corazón.

La parte Cuarta es de un interés extraordinario. Son los capítulos 21-32. Cuenta las primicias de la fundación de la Fraternidad de los Hermanitos de Jesús en el desierto de El-Abiodh-Sidi-Cheikh, con unas normas y un programa rígido de una especie de ermitaños y monjes del desierto con la adoración del Santísimo sacramento, la clausura, el silencio, la oración día y noche, sin apostolado. Nos cuenta los primeros intentos y osadías de una adaptación ritual a algunas tradiciones islámicas en la oración. Van llegando los primeros novicios y van surgiendo vocaciones en Francia. Hay momentos de crisis por la dureza del régimen de vida, sobre todo cuando se trata de integrar dentro de la vida contemplativa el trabajo intelectual de los estudios para preparar los candidatos al sacerdocio. El 19 de marzo de 1938, junto a la tumba de Carlos de Foucauld, se encuentran por primera vez los Fundadores de la Fraternidad masculina y femenina de los Hermanitos y Hermanitas de Jesús, R. Voillaume y la Hermanita Magdaleine. Se trata de un encuentro providencial y profético. La Hermana Magdaleine lleva ya en su corazón una visión más universal, abierta y creativa del carisma; con osadía femenina le propone a Voillaume esta visión, le exhorta a trabajar juntos y le profetiza que llegará un tiempo en que dictará conferencias a los Hermanitos y Hermanitas unidos y recorrerá el mundo hablando a los sacerdotes; algo insólito para Voillaume, que creía a pie juntillas en la fidelidad a una vida de silencio y de clausura en el desierto sahariano. Con la guerra y la llamada a las armas en 1939, llega el tiempo de la dispersión, con retornos a la fraternidad del desierto y con balances serios sobre el camino recorrido y el futuro del carisma, como el que se hace al cumplirse los diez años de vida de la fraternidad. Con la paz de 1945 empieza una nueva época y una novedad sustancial en la vocación de las fraternidades.

Es la quinta parte de esta historia (cap. 33-43) la que comprende los años 1945-1960. El titulo de esta parte es significativo. Se trata de una primera orientación que abre la fraternidad a otro estilo de vida y de presencia: Del silencio del Sahara al mundo del trabajo. Estamos en la Francia «país de misión» de la postguerra, con todos los fermentos en las masas obreras, la misión de Francia, los curas obreros. Voillaume es sensible a toda esta orientación de presencia e inserción en ambientes descristianizados, sin perder la hondura de la espiritualidad de Carlos de Foucauld. Nacen las primeras fraternidades obreras con la apertura, universal que llevaba ya en el corazón la Hermanita Magdaleine.

Desfilan por estas páginas personajes de gran importancia en la historia espiritual de la Francia de la postguerra. Recordemos algunos: los dominicos de Marsella, donde se fija la casa de formación De los futuros sacerdotes de la fraternidad, para que puedan aprender bien la teología en francés, renunciando al proyecto de Roma donde se hacían las clases en latín; el P. J. Loew, trabajador en el puerto de Marsella; Mons. Ancel, de la Fraternidad de El Prado de sacerdotes obreros; Roger Schütz, Prior de Taizé; el celebre jesuita chileno P. Hurtado, hoy beato, a quien Voillaume le promete una fundación en Chile; la fundadora de los “Foyers de la charité”, Marthe Robin, y muchos otros, y son de gran importancia los contactos personales con Pío XII y con Mons. Montini de la Secretaría de Estado.

R. Voillaume narra ampliamente los contactos con ia Hermana Magdaleine cuando se consolidan los proyectos de universalidad, la amistad con las Iglesias orientales, el sentido de la unidad en Roma, la unidad y la diversidad en el amor, el sentido de la inculturación, los instrumentos concretos de la vida contemplativa, la unidad entre los Hermanitos y las Hermanitas de Jesús. Es el tiempo fecundo de doctrina que R. Voillaume transmite con sus cartas recogidas en el libro En el corazón de las masas, título muy significativo de la inserción en ambientes de trabajo y de descristianización.

Es un tiempo de rápida expansión, de vocaciones abundantes y excelentes, de atracción por un tipo de vida religiosa nuevo que suscita también algunas incomprensiones. Afluyen vocaciones de valor; baste pensar en algunas vocaciones que nacen de una opción radical, como la de Carlos Carretto, dirigente nacional de la Acción Católica italiana, o de Arturo Paoli.

La sexta parte, que comprende los capítulos 44-49, nos acerca al tiempo que precede y sigue el Concilio Vaticano II con el titulo El tiempo de las pruebas en el Norte de África y en Francia. Son las pruebas de la independencia de Argelia y la suspensión de los sacerdotes obreros en Francia con un decreto del Santo Oficio de 1960, con todas las consecuencias que comporta para la nueva orientación de algunos de los Hermanitos de la Fraternidad.

R. Voillaume nos cuenta las cosas con la memoria y la pasión del  momento, nos detalla el encuentro con Pablo VI, abierto a una revisión de aquella suspensión; nos narra la consolidación de la Fraternidad y la expansión por el mundo entero, con esos viajes que la Hermanita Magdaleine había profetizado. Es el tiempo del Concilio, en el que R. Voillaume ha quizá dejado una huella en la pasión por la pobreza de la Iglesia. Es tiempo fecundo de fundaciones y de vocaciones, poco antes de la gran crisis de 1968, el año en que el Papa lo llama a predicar los Ejercicios Espirituales en el Vaticano.

R, Voillaume concluye sus notas biográficas y el camino fundacional de la Fraternidad, con la aprobación por parte de la Santa Sede, el 13 de Junio de 1968, como Instituto religioso de Derecho Pontificio. Los capítulos Generales posteriores han tratado de profundizar la vocación y misión de los Hermanitos de Jesús. Mientras tanto habían nacido los Hermanitos del Evangelio. El último capitulo es una visión retrospectiva del camino recorrido, de la inspiración original de Carlos de Foucauld y de los avalares de una historia con sus problemas abiertos de cara el futuro. Las últimas líneas del libro, en el estilo más puro del espíritu eclesial de los Fundadores, es una confesión de fe en el camino recorrido en comunión libre y obediente hacia la Iglesia y el Papa.

J. Castellano (OCD)

Fundación Emmanuel Mounier

Católicos y protestantes compartirán la clase de religión en alemania

Ediciones Feadulta

Baja Sajonia estrena la primera asignatura del país asumida conjuntamente por ambas Iglesias, un modelo que busca enseñar a convivir con las diferencias sin borrarlas.

A partir del curso 2026-2027, el estado alemán de Baja Sajonia sustituirá progresivamente las clases separadas de Religión católica y evangélica por una única asignatura denominada Religión cristiana según principios evangélicos y católicos. La implantación comienza en los cursos primero y quinto y se extenderá después al resto de niveles de Primaria y Secundaria.

Es la primera vez en Alemania que las Iglesias católica y evangélica asumen conjuntamente la responsabilidad de una asignatura de Religión en todo un estado. La iniciativa reúne a cinco Iglesias evangélicas regionales y cuatro diócesis católicas, que compartirán contenidos, currículo, materiales y formación del profesorado, en colaboración con las autoridades educativas de Baja Sajonia.

La novedad no consiste simplemente en sentar en una misma aula al alumnado católico y protestante. Esa cooperación ya existía en algunos centros desde 1998. El paso decisivo es que ahora ambas Iglesias elaboran y sostienen juntas un único proyecto educativo. No se trata de una experiencia provisional, sino de una asignatura ordinaria que irá sustituyendo de manera estable a las dos materias anteriores.

El nuevo modelo tampoco pretende crear una confesión mezclada ni convertir la clase en una exposición neutral sobre las religiones. El currículo mantiene como fundamento la Biblia, las tradiciones cristianas y las convicciones compartidas por católicos y protestantes. Al mismo tiempo, las diferencias sobre la Iglesia, los ministerios, la Eucaristía o el papel del Papa no se ocultan, sino que se presentan y se reflexionan abiertamente.

La asignatura también incorpora el diálogo con otras confesiones cristianas, el judaísmo, el islam y diferentes filosofías y visiones del mundo. Aunque está dirigida principalmente al alumnado católico y evangélico, podrán participar voluntariamente estudiantes de otras religiones o sin vinculación religiosa. Además, continuarán ofreciéndose las clases de religión judía, islámica y aleví, así como la materia alternativa Valores y Normas.

El cambio responde a una sociedad cada vez más plural, al descenso de la pertenencia a las grandes Iglesias y a las dificultades que encuentran algunos centros para mantener grupos separados. Sin embargo, sus promotores no lo presentan únicamente como una solución organizativa. Aspiran a que la enseñanza religiosa conecte con las preguntas de niños y adolescentes sobre el sentido de la vida, la libertad, la justicia, la responsabilidad o la dignidad humana.

El obispo evangélico Thomas Adomeit ha resumido el espíritu del proyecto afirmando que la nueva asignatura «acerca a las Iglesias sin difuminar lo propio de cada confesión». La unidad no exige uniformidad: también se puede aprender a convivir descubriendo lo que nos une y hablando con naturalidad de aquello que todavía nos separa.

La experiencia de Baja Sajonia lleva así el ecumenismo desde los documentos y los encuentros institucionales hasta la vida cotidiana de las aulas. Quizá el futuro de la enseñanza religiosa dependa menos de preservar dogmas y siferencias y más de crear espacios en los que la fe ayude a dialogar, pensar y convivir en una sociedad diversa.

Fuentes:

Ministerio de Educación de Baja Sajonia

Confederación de Iglesias Evangélicas de Baja Sajonia

Diócesis de Osnabrück