Carlos de Foucauld, o «soñar con un mundo que sea eternamente ‘Jesús’

«Sus enseñanzas encajaban plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal»

«Nos sentimos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad»

«Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos»

07.06.2020

La ‘familia’ foucouldiana, desde sus diversas sensibilidades en España y en el mundo, ofrece sus correspondientes testimonios de búsqueda espiritual comunitaria, personal e inspirada en el hermano Carlos de Foucauld, a la luz de su anunciada canonización.

Asociación Familia Carlos de Foucauld en España

Hoy es un gran día de fiesta para nuestra Familia Espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y para los pobres en general. Hemos conocido la noticia justo el día de la celebración de Pentecostés, una de las fiestas vividas más profundamente por Carlos de Foucauld. El Espíritu lo fue guiando en su búsqueda al lugar más inhóspito y pobre, Tamanrasset. Allí forma una «Zaouïa» (Fraternidad), esta era su casa.

Siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. ¿»Hay alguna cosa más dulce en el mundo que hacer la voluntad de Aquel a quien se ama»?. Soñar para mañana un mundo que sea finalmente y eternamente «Jesús», su Modelo Único, practicando el apostolado de la bondad. La novedad de su mensaje es vivir Nazareth, vida humilde y pobre.

Las Fraternidades, que vivimos su carisma, generalmente queremos hacer en lo posible, la imitación de Nazaret en humildad, pobreza y «Dernière place» (último lugar); buscando el equilibrio entre Contemplación y Acción.

La acogida entre nuestras Fraternidades en unión como ramas de un mismo árbol. Queremos continuar el deseo de Carlos de Foucauld de ser una Fraternidad Universal. Nos comprometemos en nuestra sociedad, cada una en donde le ha tocado vivir, en compromiso con los más desfavorecidos que son nuestros hermanos.

Esta gran satisfacción y alegría que nos produce su canonización nos ayudará y nos dará fuerza para continuar viviendo nuestro Carisma en profundidad. Damos gracias a Dios por tan gran obra.

Comunitat de Jesús

La Comunitat de Jesús fue iniciada por el laico Pere Vilaplana a finales de los años 60. En septiembre de 1968, en la ermita de la Santa Creu, en la montaña de Montserrat, el monje ermitaño Estanislau Llopart recibía los compromisos de los primeros hermanos. Actualmente conformamos la Comunitat de Jesús 43 hermanos y hermanas: casados, solteros y un hermano consagrado en el celibato.Vivimos en diversas localidades de Catalunya, País Valenciano, Aragón y Baleares, cada uno en su domicilio. Uno de los inspiradores de nuestro carisma ha sido, y es, Carlos de Foucauld, así como Albert Peyriguère, seguidor también de Foucauld, en el Kbab (Marruecos) en los años 50. El conocimiento de ambos se gestó en las primeras biografías de Foucauld y en unas cartas de Peyriguère recogidas en “Dejad que Cristo os conduzca”.La visión en la etapa final de Foucauld de promover la encarnación del evangelio en el laicado, recuperando el modelo de Priscila y Aquila, también en el mundo occidental, y no solo en los países musulmanes, encajaba plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal.

Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld
Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld

Amigos en el Amigo, viviendo la vida de Nazaret en los entornos laborales, sociales y de Iglesia. Nuestro estilo de vida no tiene nada de particular: los mismos problemas, las mismas ilusiones, los mismos dolores, que cualquier ciudadano, pero con la inquietud de impregnarnos del proyecto del Dios-Amor, revelado en Jesús. Oración, trabajo del evangelio, formación con la ayuda de muchos, compartir la vida -en serio-, los bienes materiales según posibilidades, los espacios que posee la Comunitat de Jesús en el pueblo de Tarrés, Lleida, implicación en compromisos sociales y con la Iglesia, sin ninguna actividad apostólica predominante.La vinculación a la comunidad nos empuja a seguir creciendo, a no acomodarnos a los reclamos del mundo, tan tentador siempre. A sentirnos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad. Recibimos la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld desde la alegría de formar parte de su Familia Espiritual, desde los años 80. Esta familia, para nosotros, ha sido un soporte y una riqueza inmensa. Acogemos la canonización bajo el anhelo de que sirva para inspirar a otros en una vida encarnada en la sencillez, arraigada en la profundidad del silencio, que es Palabra, en la autenticidad del Amor, que es Proyecto, desde el anonimato que convive con todos, pero enfoca directamente a los más desfavorecidos, a los últimos de los últimos, como repetía Foucauld. Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos, y seguirá siendo espejo para reflejar la esencialidad de su enamorado, Jesús, la esencialidad del pan partido y encarnado entre los más humildes y en todo ser humano.

Espiritualidad
Espiritualidad

Comunidad ecuménica Horeb

El hermano Germán, regional de la CEHCF en Brasil, nos envía un whatsaap que dice así: «Estamos muy alegres por este acontecimiento anunciador de vida, vida plena para el mundo». La canonización del hermano Carlos de Foucauld es un acontecimiento de vida para la Iglesia y el mundo porque va en la línea del papa Francisco, que en palabras del obispo Pere Casaldàliga, quiere «una Iglesia vestida de Evangelio y calzada con sanda-lias». Foucauld puede ayudar a la Iglesia de hoy a «volver a Nazaret»: Una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, acogedora, a imitación de la santa Familia de Nazaret.

La CEHCF es una unión espiritual de personas que constituyen un «monasterio invisible en la comunión de los santos». Esta comunidad la integran personas que bajo Los consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, hacen el compromiso ecuménico de pedir todos los días por la unión de los cristianos y que las Iglesias, Religiones y las Naciones se dejen conducir por el Espíritu de Jesús, el Cristo.

La CEHCF fue fundada, como lugar físico de acogida y oración en 1978, por José Luis Vázquez Borau, en el Poblado de Sn Francisco de Huercal-Overa (Almería), con la bendi-ción del obispo de entonces Don Manuel Casares Hervás, y funcionó hasta 1982, que tu-vieron los hermanos y hermanas que dispersarse por diversas circunstancias. Pero en Pentecostés de 2006 la CEHCF recibió un nuevo impulso constituyéndose Fraternidades Horeb por todo el mundo.

Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld
Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld

Fue reconocida ad experimentum como Asociación privada de fieles el 19 de junio de 2014, por el cardenal de Barcelona Mons. Luis Martinez Sistach y el 20 de junio de 2018 el Cardenal Juan José Omeya Omella, arzobispo de Barcelona, firmó el decreto de constitución definitiva de la misma como Asociación privada de fieles. El año 2020 la CEHCF ha sido acogida en la Asociación Familia Foucauld España. En la actualidad hay presencia de la CEHCF en quince países del mundo.

Fraternidad Carlos de Foucauld

Al llegarme la noticia de la Canonización del hermano Carlos de Foucauld, tuve una sensación muy dispar, de alegría, cómo no, pero al mismo tiempo de desconcierto, ¿y ahora qué?. Veníamos hablando en la Asociación de la Familia del Hermano Carlos, de esta posibilidad, especialmente desde la beatificación y siguiendo aunque de lejos los trabajos de la Comisión encargada de ese proceso. Después de la impresión inicial… Me surgía la pregunta: Carlos de Foucauld, ¿qué diría ahora?

«Si el grano de trigo no muere….». La primera constatación es, ¿cómo un hombre que deseó ardientemente vivir su experiencia con otros hermanos, que se pasó elaborando estatutos de una Asociación que nunca fue reconocida, a su muerte ha podido generar tantos grupos y formas de vivir el seguimiento de Jesús, en el camino que éste hombre inquieto y siempre en búsqueda inició solo en el desierto?

Carlos de Foucauld, a los altares
Carlos de Foucauld, a los altares

La Fraternidad Carlos de Foucauld, Asociación de Fieles Laicas, es una de ellas, a la que pertenezco: «Está constituida por mujeres que optan por vivir el Absoluto de Dios, en el celibato, según el carisma se Carlos de Foucauld» Es en la vida cotidiana donde los miembros de la Fraternidad, viven su entrega a Dios en libre opción de trabajo, compromisos y formas de vida «. La segunda, ¿podremos sustraernos al «montaje «que toda Canonización lleva….? Seremos capaces, de vivir éste acontecimiento, como un reto para actualizar el mensaje, vivir en profundidad las intuiciones que nos enamoraron de su mensaje, en definitiva: «Volver al Evangelio, ser hermanos universales, en nuestro Nazaret de cada día. Si es así, ¡bienvenida canonización!

Fermina

Fraternidad sacerdotal Iesus Caritas

Hace unos días recibíamos la buena noticia de la próxima canonización del Hermano Carlos de Foucauld. La noticia ha llegado, curiosamente, en esta etapa de confinamiento por el coronavirus. Y, quizá, por ese motivo ha supuesto una sorpresa. Evidentemente, una sorpresa agradable. En tan pocos días no ha sido posible contactar con todos los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal pero, el sentir general, con los que he podido compartir, es de alegría y agradecimiento.

Espiritualidad tras Carlos de Foucauld
Espiritualidad tras Carlos de Foucauld

Ese día fueron continuos los mensajes de alegría por parte de los hermanos sacerdotes, así como la comunicación de los distintos ecos que la noticia estaba provocando en la prensa. También hay que subrayar las palabras de felicitación por parte de muchos de nuestros feligreses, sabedores de que nuestra espiritualidad sacerdotal se nutre de la vida y el estilo del hermano Carlos. En este sentido, estoy convencido de que muchos de nosotros habremos recibido mensajes y llamadas de nuestras distintas comunidades parroquiales para felicitarnos. Yo puedo compartir algo de mi experiencia, en ese sentido. Alguna feligresa de mi parroquia, del centro de Valencia, nada más conocer la noticia, la puso en el grupo de whatsapp que tiene la parroquia. Inmediatamente, la comunidad empezó a manifestar su alegría por esta gran noticia, dándome la enhorabuena.

Uno intenta no “condicionar” demasiado a la gente, en sus devociones y en sus santos. Pero, es evidente que, al final, si uno vive la espiritualidad del hermano Carlos, de una forma o de otra, eso lo transmite, lo contagia. En esa reacción inmediata de los feligreses de mi parroquia entendí que, en el poco tiempo que camino con ellos, han captado cuáles son mis fuentes de espiritualidad. No se han quedado, solamente, con la felicitación. Alguien ha propuesto, con la aceptación y el aplauso de todos, que un servidor ofrezca unas charlas o un curso sobre la vida y la espiritualidad del hermano Carlos, porque lo conocen poco. Evidentemente, no puedo decir que no. Tienen derecho a conocer quién es Carlos de Foucauld y por qué la Iglesia lo considera santo.

Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld
Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld

Yo diría, al respecto de la anécdota de mi parroquia, que la próxima canonización del hermano Carlos debe despertar, no sólo la alegría inmensa de que la Iglesia reconozca en su vida un camino de santidad sino, también, la responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos y su espiritualidad. Entre otras cosas, porque estamos convencidos de que su espiritualidad de Nazaret no es algo del pasado, sino que sigue teniendo mucha actualidad.

Nazaret proporciona un estilo de presencia y de evangelización que tiene mucho que ver con esa llamada constante y permanente del Papa Francisco a ser cristianos y comunidades “en salida”. Cuanto más profundizamos en la espiritualidad de Carlos de Foucauld más nos damos cuenta de su actualidad. Y, quizá, éste puede ser un buen momento para darla a conocer. Nosotros, como sacerdotes diocesanos; otros miembros de la familia del hermano Carlos, desde su carisma. No cabe duda de que, durante mucho tiempo, hemos sido parcos o tímidos a la hora de hablar del hermano Carlos. Al menos, a mí me lo ha parecido. Pero, si estamos convencidos de que su espiritualidad tiene algo o mucho que aportar a la Iglesia y al mundo de hoy, no podemos privar al Pueblo de Dios, de la vida y el testimonio de un santo que supo encarnar el evangelio, a Jesús mismo, en un contexto difícil, adverso. Su estilo tiene mucho que aportar a la Iglesia de hoy. Como sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, no podemos sino alegrarnos de la noticia, dar gracias a Dios, y traducir nuestra alegría y agradecimiento, no sólo en un estilo de vida, sino en un modo de hacer llegar a nuestra gente la vida y el testimonio del hermano Carlos. Ojalá acertemos. Un fuerte abrazo y felicidades a toda la Familia de Carlos de Foucauld.

Aquilino Martínez

«La responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos»

Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia

«Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él». Ese es el absoluto que descubre el hermano Carlos. Y que sitúa a todo lo demás y a cada persona, como criatura. Y nos ayuda a no asumir protagonismos que no nos corresponden. De ahí el abandono, la adoración, la acción de gracias, el último lugar. Su profetismo nace de ese descubrimiento del Amor de Dios que le lleva al apostolado de la amistad, a Nazaret.

Fue testigo del amor de Dios y su muerte tal vez se debió al miedo y la confusión de un joven… No la entregó en defensa de su fe. Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo. Los milagros pueden parecer un «poner a prueba» a Dios. Tal vez sea momento de revisarlo. Pero agradecemos sus intuiciones y testimonio, que nos ha abierto caminos de conversión y de vida fraterna.

Como parte de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia quiero destacar su figura como una persona que supo ser profeta sin pretenderlo, legándonos una espiritualidad basada en el abandono propio y aceptación de un Dios que es visible y cercano en todas las criaturas que habitan nuestro mundo. Y no pretendo representar a la totalidad sino mostrar el testimonio agradecido de esa riqueza en la diversidad que representa la Fraternidad.

«Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo»

Desde lo cotidiano nos sentimos llamadas a recrear la Iglesia con sus grandes y pequeñas contradicciones. Porque nos sabemos acompañadas por esa multitud de testimonios de vida, comunión de santas que ejerciendo su libertad, han hecho crecer el Reino encarnando el Evangelio. Agradecemos al Hermano Carlos y a todas las personas que acogieron la Fraternidad Universal. Es vía para saberse hermana e hija, para compartir con quien sabemos que nos ama y afrontar así nuestras miserias y limitaciones, como personas y como sociedad. Nos despierta a la presencia en lo cotidiano, en la bondad pequeña, en las relaciones, en la acción política y sindical. Nos lleva a la creatividad para encarnar la Palabra, al encuentro en la amistad y la fraternidad como espacio de lucha personal por la coherencia. A la Eucaristía, acción de gracias y alimento, en la que compartimos la vida y nos abrimos al Espíritu. A vivir en los márgenes, situarnos en la periferia, acompañadas por el respeto, la libertad y el cariño. Nos alegramos que las intuiciones del Hermano Carlos sean compartidas y valoradas aunque su canonización no añade nada a nuestra experiencia de fe. Nos gustaría alimentar gestos plenos de significado y esperanza para esta sociedad del siglo XXI, que dieran testimonio de esa lectura del Evangelio encarnada en la vida, que es la fe cristiana. Queremos manifestar que nos sentimos agradecidas porque su vida y la obra que nos legó nos sirven como guía en nuestro camino como personas a las que un día sedujo el evangelio de Jesús de Nazaret.

Isabel Zacarés Escrivà

Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld
Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld

Hermanitas de Jesús

Me han pedido un pequeño escrito en nombre de las Hermanitas de Jesús, pero no es esta mi intención, porque creo que hay tantas maneras de reaccionar a la noticia de la canonización del Hermano Carlos como Hermanitas existen en el mundo… Voy a hablar por mí. Estoy en la Fraternidad hace muchos años, desde el pos-Concilio, y lo que me atrajo fue la figura de Carlos de Foucauld, tal como la descubrí en algunos libros y en el testimonio de unas hermanitas que conocí por casualidad. Estaba enamorada de la persona de Jesús y deseaba seguirle en la vida religiosa, pero no sabía dónde… Al conocer al Hermano Carlos intuí que había en él una trayectoria de verdad evangélica, de las bienaventuranzas, donde la contemplación de la Encarnación me llevaba de la mano a compartir mi suerte con la de los más pobres y marginados. Y esto me pareció concretizar de manera bien clara las orientaciones que acabábamos de recibir del Concilio Vaticano II.

Por esto me decidí por la Fraternidad. Mi vida ha sido de altos y bajos, con mucha fragilidad y bastantes huidas, pero con la presencia (muchas veces apenas presentida) de este Jesús descubierto en la juventud, y que ha continuado acompañándome por los caminos del mundo.

Hoy Carlos de Foucauld es reconocido “santo” oficialmente por la Iglesia. ¡No es que no lo fuera ya! A mí casi me gusta más como “santo de la puerta de al lado” que como “santo en los altares”… Las canonizaciones en general me dejan un poco fría. Pero me sorprendo a mí misma alegrándome de verdad con esta celebración, por lo que el “nuevo santo” representa:

Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld
Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld

Creo que es muy importante para toda la Iglesia actual, tan amenazada de retrocesos y de cierre sobre sí misma, que se reconozca en Carlos de Foucauld uno de los paradigmas de una nueva forma de situarnos como discípulos y discípulas de Jesús en este cambio de época: maravillado por la cercanía de Dios, por lo concreto de la Encarnación (Nazaret), precursor de una nueva forma de evangelización por la presencia y la amistad, tejedor de relaciones impregnadas de un profundo respeto por cada ser humano, de cualquier pueblo, cultura, religión… En resumen: un hombre clave.

Josefa Falgueras

Hermanos del Evangelio

Como congregaciones religiosas bebemos de la intuiciones de Carlos de Foucauld que se inspiran en la vida de Jesús en Nazaret. En ese pueblo perdido de Galilea Jesús creció y pasó la mayor parte de su vida y estamos seguros que esto marcó profundamente su manera de actuar y anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Nuestra vocación está marcada por la amistad y el compartir la vida de la gente sencilla, en el trabajo, en el barrio, en sus luchas y alegrías, en sus penas y debilidades… Esa vivencia atraviesa y marca nuestra oración. A través de ese estilo de “Nazaret”, desde lo cotidiano, desde lo sencillo y pequeño, muchas veces aparentemente inútil y poco relevante, esperamos que pueda traslucirse ese gran amor que Dios nos tiene a toda la humanidad.

Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos. El revuelo y el boato que suelen acompañar estos acontecimientos no están en nuestra genética. Más bien tenemos una tendencia innata a huir de ello.

La noticia de la próxima canonización nos llena de alegría, porque estamos convencidos que las intuiciones del hermano Carlos, su modo de relacionarse con su “bien amado hermano y Señor Jesús”, su manera de vivir el “apostolado de la bondad”, son una verdadera riqueza para nuestro tiempo. En una época de cierta globalización por un lado y un peligro de repliegue sobre sí mismo por otro, Carlos, el hermano universal, nos invita a ser hermano de todos y todas, sin distinción… En tiempos saturados de ruidos y palabras, de ídolos y estrellas, Carlos nos invita a redescubrir la importancia de lo pequeño, la sencillez, lo silencioso… En las tensiones que surgen a veces entre las religiones el camino de Carlos -que recuperó la fe de su infancia gracias a la impresión que le causó la fe en el mundo musulmán- nos abre al respeto mutuo en el diálogo interreligioso…

«Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos»

¿Es el momento del anuncio de su canonización una casualidad? Durante esos meses de pandemia, muchos creyentes nos hemos quedado sin poder asistir físicamente a la eucaristía. Carlos, en su empeño de ir hacia los más pobres y alejados, se puso en tal situación que durante meses estuvo privado de poder celebrar la misa… ¡Curiosa coincidencia!

La frase del Evangelio que más sacudió mi vida es ésta: ‘Lo que hacen al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen’ (Mateo 25,40). Y cuando se piensa que es la misma persona la que dijo: ‘Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre’, con qué fuerza se siente uno impulsado a amar a Jesús en estos pequeños (Carlos de Foucauld)

JuanFamilia Carlos de Foucauld

La UCA será sede del encuentro ‘Los santos del papa Francisco»

La UCA será sede del encuentro 'Los santos del papa Francisco"


La actividad se desarrollará de manera presencial el miércoles 24 de junio de 9.30 a 13 en el auditorio Valsecchi (Av. Alicia M. de Justo 1600), edificio San José del campus Papa Francisco. Buenos Aires (AICA)

La Cátedra Pontificia, el Instituto Papa Francisco y la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA) invitan a participar del encuentro académico y de reflexión titulado «Los santos del papa Francisco: Testigos de una Iglesia en salida. De las periferias al corazón del Evangelio».

La actividad se desarrollará de manera presencial el miércoles 24 de junio de 9.30 a 13 en el auditorio Valsecchi (Av. Alicia M. de Justo 1600), edificio San José del campus Papa Francisco. Para participar hay que inscribirse previamente ingresando en el siguiente link.

El encuentro, que está destinado a la comunidad académica, agentes de pastoral, seminaristas, religiosos y público general interesado en el magisterio pontificio, abordará el impacto teológico, pastoral y social de las canonizaciones promovidas durante el actual pontificado, al destacar cómo estos modelos de fe reflejan el llamado a una Iglesia misionera y cercana a los más vulnerables.

Los ejes principales del encuentro serán, Iglesia en salida: Análisis de los modelos de santidad que rompieron estructuras para servir en las periferias existenciales; El corazón del Evangelio: La santidad expresada en la misericordia, la justicia social y la fraternidad universal; Testigos contemporáneos: Repaso por las figuras clave elevadas a los altares por el papa Franciscoy su mensaje para el mundo actual. 

Además se estudiarán las figuras de Pedro Fabro, monseñor Oscar Romero, Carlos de Foucauld, los papas Juan XXIII y Pablo VI, Santa Mama Antula y el Cura Brochero.+

Los 40 años de Moisés en el desierto

Moisés en el desierto contempla el campamento hebreo desde una altura, con el agua brotando de la roca en primer plano

Moisés, anciano y con el cayado, observa desde una altura el campamento hebreo extendido en el desierto del Sinaí. En primer plano, el agua brotando de la roca evoca el episodio de Meriba narrado en el Éxodo 17 y los Números 20. Crédito: Red Historia

Marcelo Ferrando Castro

Los 40 años que el pueblo hebreo pasó en el desierto bajo la guía de Moisés constituyen el período más largo y más complejo del relato del Éxodo. Después del cruce del Mar Rojo y de la revelación del Sinaí, la narrativa bíblica abandona el drama de la liberación para adentrarse en algo más difícil y más humano: la formación de un pueblo. Los 40 años en el desierto no son un paréntesis entre la salida de Egipto y la llegada a Canaán sino el corazón del proyecto del Éxodo, el espacio donde Israel aprende qué significa ser el pueblo de YHWH.

El relato de la travesía ocupa los libros del Éxodo, los Números y el Deuteronomio y está estructurado como una alternancia constante entre la provisión divina y la queja del pueblo, entre el milagro y la rebelión, entre la fidelidad y el fracaso. El maná que cae cada mañana, el agua que brota de la roca, las codornices que llegan con el viento del mar son los signos de una providencia que sostiene al pueblo incluso cuando este se vuelve contra su Dios. Las quejas, las nostalgia de Egipto, las rebeliones contra Moisés y Aarón y el episodio del becerro de oro son los signos de la fragilidad de un pueblo que ha sido liberado de la esclavitud pero que todavía no ha aprendido a vivir en libertad.

Moisés es en este período mucho más que un líder militar o un legislador; es el intercesor que se interpone entre la ira divina y el pueblo, el hombre que negocia con Dios cara a cara como un amigo habla con otro amigo, el guía que carga con el peso de una comunidad que se queja de él constantemente y es también, al final, el hombre que no llega a la tierra prometida: muere en el monte Nebo, a la vista de Canaán, después de haberlo dado todo por un pueblo que no siempre le fue fiel.

Los episodios más significativos de los 40 años incluyen el maná y las codornices como provisión cotidiana, el agua brotando de la roca en Meriba, la serpiente de bronce que cura a los mordidos, las victorias militares contra los amalecitas y los cananeos, la rebelión de Coré contra la autoridad de Moisés, la muerte de Miriam y Aarón y el pecado de Moisés en Meriba que le costará la entrada en Canaán. Cada uno de estos episodios tiene una densidad teológica propia y ha generado siglos de comentario rabínico, patrístico e islámico.

Índice:

El desierto como espacio teológico

Antes de entrar en los episodios concretos, conviene detenerse en lo que el desierto significa teológicamente en la Biblia hebrea, porque el relato de los 40 años no se entiende sin esa dimensión. El desierto, en hebreo midbar, es un espacio ambivalente: es el lugar del peligro, la sed y la muerte, pero también el lugar del encuentro con Dios, de la purificación y de la dependencia radical. Es el espacio donde las estructuras de la civilización desaparecen y el ser humano queda frente a lo esencial.

La tradición profética israelita desarrolló una teología del desierto que idealizó ese período como el tiempo de la fidelidad primera. Oseas, en el siglo VIII a.C., describe el desierto como el lugar donde YHWH habló al corazón de Israel, como los primeros días del amor entre Dios y su pueblo. Jeremías evoca la misma imagen. Esta idealización contrasta con el relato del Éxodo y los Números, que describe el desierto como el lugar de la queja constante y la rebelión repetida, pero las dos visiones son complementarias: el desierto es el lugar donde la relación entre Dios e Israel se forja en la dificultad y esa forja es inseparable del conflicto.

El número 40 tiene en la Biblia un valor simbólico preciso que designa un período de prueba completo. Cuarenta días duró el diluvio, 40 días estuvo Moisés en el Sinaí, 40 días ayunó Elías en el camino al Horeb, 40 días tentó el diablo a Jesús en el desierto. Los 40 años de Israel en el desierto son el período de prueba definitivo, el tiempo que necesita una generación para ser reemplazada por otra capaz de entrar en la tierra prometida.

La ruta por el desierto: geografía y debate

El relato bíblico de la travesía menciona docenas de topónimos, campamentos y etapas del camino, pero su identificación geográfica es extraordinariamente difícil. El libro de los Números (33) ofrece una lista de 40 y dos etapas del viaje, desde Ramsés hasta los llanos de Moab, pero la mayoría de estos lugares no pueden identificarse con certeza en el mapa actual.

Los grandes escenarios geográficos del relato son tres. El primero es el Sinaí, donde el pueblo acampa durante casi un año y recibe la Ley. El segundo es Cades-Barnea, un oasis en el norte del Sinaí o el sur del Neguev donde el pueblo acampa durante un período prolongado y desde donde envía los doce espías a explorar Canaán. El tercero son los llanos de Moab, al este del Jordán frente a Jericó, donde el pueblo acampa antes de entrar en Canaán y donde Moisés pronuncia el Deuteronomio y muere.

La arqueología no ha encontrado evidencias de un campamento de la magnitud descrita en ninguno de estos lugares para el período del Éxodo. Las excavaciones en Cades-Barnea, identificada con el actual Ein Qudeirat en el Neguev israelí, han revelado una fortaleza del siglo X a.C. pero ninguna evidencia de asentamiento del período del Bronce Tardío. Esta ausencia es uno de los argumentos recurrentes de quienes cuestionan la historicidad literal del relato, aunque los defensores de un núcleo histórico señalan que un grupo nómada no dejaría las mismas huellas que una ciudad sedentaria.

El maná: el pan del cielo

El maná es el alimento milagroso que según el Éxodo 16 YHWH envió al pueblo hebreo en el desierto para sustentarlo durante los 40 años de travesía. Cada mañana, al amanecer, cubría el suelo alrededor del campamento una capa de algo blanco y fino como la escarcha. El pueblo, al verlo por primera vez, preguntó man hu, «¿qué es esto?» y de esa pregunta viene el nombre man o maná. Tenía sabor de torta con miel, o de aceite, según diferentes pasajes y debía recogerse cada mañana porque se derretía con el calor del sol. El día anterior al Sabbat caía el doble, para que nadie tuviera que recogerlo en día de descanso. El que guardaba de un día para otro encontraba que se había llenado de gusanos, excepto la porción del viernes, que se conservaba intacta.

La descripción del maná ha generado una amplia literatura de identificación naturalista. La más popular relaciona el maná con la secreción del insecto Trabutina mannipara o con la de la escama Gossyparia spuria, parásitos que viven en el tamarisco del Sinaí y producen una sustancia dulce y blanquecina que cae al suelo por las noches y se disuelve con el calor del día. Esta sustancia, llamada mann en árabe, sigue recolectándose en algunas zonas del Sinaí. La analogía con el maná bíblico es evidente en varios detalles, incluyendo el color, el sabor dulce y la tendencia a desaparecer con el calor, pero las cantidades que produce son completamente insuficientes para alimentar a una comunidad de cualquier tamaño durante 40 años.

En el judaísmo, el maná es el paradigma de la providencia divina cotidiana: YHWH no da de comer para un año sino para un día, enseñando al pueblo a depender de Él día a día en lugar de acumular y olvidar. Esta pedagogía de la dependencia diaria es una de las enseñanzas más constantes del relato del desierto. Una vasija de maná fue guardada en el Arca de la Alianza como memoria perpetua de la provisión divina en el desierto.

En el Nuevo Testamento, el maná es uno de los tipos más desarrollados. El Evangelio de Juan (6:31-58) construye un largo discurso sobre el «pan del cielo» en el que Jesús se presenta a sí mismo como el verdadero maná, el pan que da vida eterna en contraposición al maná del desierto, que solo daba vida temporal. La conexión entre el maná y la Eucaristía, desarrollada desde los primeros siglos del cristianismo, hizo de este episodio uno de los más comentados de toda la tipología bíblica.

Las codornices: la queja de la carne

Junto con el maná, el pueblo recibe en dos ocasiones codornices como respuesta a su queja por la falta de carne. La primera vez, en el Éxodo 16, las codornices llegan al campamento al atardecer junto con el maná, sin mayor elaboración narrativa. La segunda vez, en los Números 11, el episodio es mucho más dramático y teológicamente cargado.

En Números 11, el pueblo se queja amargamente: «¿Quién nos dará carne? Recordamos el pescado que comíamos de balde en Egipto, los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos. Ahora nuestra alma se seca, pues no hay nada sino este maná ante nuestros ojos». La nostalgia de Egipto, la memoria selectiva que recuerda los alimentos pero olvida la esclavitud, es uno de los motivos más recurrentes del relato del desierto y uno de los más psicológicamente precisos.

Moisés, agotado, se lamenta ante YHWH: «¿Por qué has afligido a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia ante tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Acaso los concebí yo o los engendré, para que me digas: llévales en tu seno como lleva la nodriza al niño?». Es uno de los momentos de mayor humanidad de Moisés en todo el relato. YHWH responde nombrando 70 ancianos que compartan la carga del liderazgo y enviando un viento que trae codornices del mar en cantidades inmensas. Pero el pueblo, que ha pedido carne, muere de una plaga mientras aún la tiene entre los dientes. El lugar se llama Kibrot-Hatavá, «las tumbas de la codicia».

La migración de codornices es un fenómeno real y documentado en el Mediterráneo oriental: las codornices cruzan el mar en grandes bandadas durante la migración otoñal y caen agotadas en las costas, donde pueden recogerse fácilmente a mano. El relato tiene un trasfondo natural verificable, aunque su elaboración narrativa y teológica va mucho más allá del fenómeno natural.

El agua de la roca: Meriba y el pecado de Moisés

El agua brotando de la roca aparece dos veces en el relato del desierto, en el Éxodo 17 en Refidim y en los Números 20 en Cades. En ambos casos el pueblo se queja de sed y YHWH provee agua de forma milagrosa, pero los dos episodios tienen funciones teológicas distintas y el segundo tiene consecuencias fatales para Moisés.

En el Éxodo 17, el procedimiento es sencillo: YHWH instruye a Moisés a golpear la roca con su cayado y el agua brota. El lugar se llama Masá y Meriba, «prueba y disputa», porque allí el pueblo puso a prueba a YHWH. En los Números 20, la situación es más compleja. YHWH instruye a Moisés a hablar a la roca, no a golpearla. Moisés, impaciente y furioso, golpea la roca dos veces y dice: «¿Tenemos que sacaros agua de esta roca, nosotros, los rebeldes?». El agua brota, pero YHWH le dice a Moisés y a Aarón: «Por no haber confiado en mí para santificarme ante los hijos de Israel, no introduciréis esta asamblea en la tierra que les he dado».

Este episodio es uno de los más desconcertantes y más comentados del Pentateuco. ¿Cuál fue exactamente el pecado de Moisés? El texto no lo dice con claridad. Los comentaristas rabínicos han propuesto interpretaciones diversas: que golpeó la roca en lugar de hablarle, que usó el plural «nosotros» atribuyéndose el milagro, que expresó ira ante el pueblo. La tradición cristiana añadió que golpear la roca dos veces simbolizaba no confiar en la eficacia de la primera acción divina. Sea cual sea la interpretación exacta, el resultado es definitivo: Moisés y Aarón no entrarán en la tierra prometida.

La gravedad de la consecuencia, que el hombre que ha guiado al pueblo durante 40 años muera sin alcanzar el destino, ha sido leída como una teología de la responsabilidad del liderazgo: a quienes más se les ha dado, más se les exige. El Talmud registra un debate sobre si este castigo fue justo y algunos rabinos lo cuestionaron abiertamente.

La serpiente de bronce: el Nehustán

Uno de los episodios más enigmáticos de los 40 años en el desierto es el de la serpiente de bronce, narrado en los Números 21. El pueblo, cansado del camino, vuelve a quejarse del maná y del desierto y YHWH envía serpientes venenosas que matan a muchos. El pueblo reconoce su pecado y pide a Moisés que interceda. YHWH le ordena a Moisés que fabrique una serpiente de bronce y la coloque sobre un asta: quien haya sido mordido y la mire, vivirá.

La serpiente de bronce, llamada más adelante Nehustán en el libro de 2 Reyes, fue conservada en el Templo de Jerusalén como objeto de culto hasta el reinado de Ezequías, en el siglo VIII a.C., quien la destruyó porque el pueblo le quemaba incienso. La existencia de este objeto cultual en el Templo de Jerusalén es uno de los indicios de que el episodio del desierto refleja una práctica religiosa real y antigua, aunque la teología posterior la reinterpretó en términos estrictamente yahvistas.

El episodio plantea una tensión teológica evidente con el segundo mandamiento, que prohíbe las imágenes. La serpiente de bronce es precisamente una imagen fabricada con propósito cultual y el Deuteronomio y los libros proféticos son muy conscientes de esa tensión. La solución que ofrece el texto es que la curación no viene de la imagen en sí sino de la obediencia al mandato divino y de la mirada de fe.

El Evangelio de Juan (3:14-15) usa este episodio como prefiguración de la crucifixión: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna». La analogía es estructural: así como quien miraba la serpiente de bronce era curado de la muerte física, quien mira a Cristo levantado en la cruz es curado de la muerte espiritual. Es una de las tipologías más audaces del Nuevo Testamento porque usa como tipo un objeto que la tradición israelita acabó destruyendo por idolátrico.

El becerro de oro: la gran ruptura

El episodio del becerro de oro, narrado en el Éxodo 32, es la crisis más grave de los 40 años y la que amenaza con destruir la alianza antes de que haya comenzado a funcionar. Mientras Moisés permanece 40 días en la cumbre del Sinaí recibiendo las instrucciones del Tabernáculo, el pueblo, impaciente ante su ausencia prolongada, presiona a Aarón para que les fabrique un dios visible. Aarón recoge los pendientes de oro del pueblo, funde un becerro y proclama: «Este es tu dios, Israel, el que te sacó de la tierra de Egipto».

El becerro de oro ha sido objeto de debate entre los estudiosos sobre su naturaleza exacta. La mayoría de los investigadores no cree que el pueblo adorara al becerro como un dios diferente de YHWH, sino que usaba la imagen del toro como representación visible de YHWH mismo, siguiendo una práctica cultual extendida en el antiguo Oriente Próximo. El pecado no sería el politeísmo sino la violación del segundo mandamiento, la fabricación de una imagen del Dios invisible.

La rebelión de Coré: el cuestionamiento del liderazgo

Los Números 16 narran la rebelión de Coré, Datán y Abirón contra la autoridad de Moisés y Aarón. Coré es un levita que cuestiona el monopolio sacerdotal de Aarón y la autoridad de Moisés: «¡Basta ya! Toda la congregación, todos ellos son santos, y YHWH está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, os elevais sobre la asamblea de YHWH?». El argumento de Coré no es irreligioso sino que apela precisamente a la santidad universal del pueblo proclamada en el Sinaí.

La respuesta divina es fulminante: la tierra se abre y se traga a Coré, Datán y Abirón con sus familias y tiendas. Un fuego devora a los 250 hombres que ofrecían incienso con ellos. La violencia del castigo es uno de los pasajes más difíciles del Pentateuco para el lector moderno y la tradición rabínica lo ha debatido extensamente. Algunos textos del Talmud afirman que los hijos de Coré no murieron y el título «hijos de Coré» aparece en los encabezados de varios salmos.

La función narrativa del episodio es clara: consolida la autoridad sacerdotal aaronita y la autoridad profética de Moisés frente a cualquier cuestionamiento. Su función teológica es más compleja: plantea la tensión entre la igualdad de todos los miembros del pueblo elegido y la necesidad de estructuras de liderazgo diferenciadas dentro de esa igualdad, una tensión que recorre toda la historia del judaísmo y del cristianismo.

Los espías y la condena del desierto

Uno de los episodios más dramáticos de los 40 años es el de los doce espías enviados a explorar Canaán, narrado en los Números 13-14. Moisés envía un representante de cada tribu a reconocer la tierra prometida. Los espías regresan después de 40 días portando un enorme racimo de uvas como prueba de la fertilidad de la tierra, pero diez de los doce traen un informe aterrador: la tierra devora a sus habitantes y sus pobladores son gigantes ante los cuales los israelitas parecen langostas. Solo Caleb y Josué mantienen que la tierra puede conquistarse con la ayuda de YHWH.

El pueblo entra en pánico y quiere volver a Egipto. La respuesta divina es la más severa del relato: la generación que salió de Egipto, que ha visto los prodigios de YHWH y aun así no confía en Él, morirá en el desierto sin entrar en Canaán. Solo Caleb y Josué, los dos espías fieles, sobrevivirán para ver la tierra prometida. Los 40 años en el desierto son directamente la consecuencia de este fracaso: un año de castigo por cada día que los espías estuvieron en Canaán.

Este episodio es teológicamente fundamental porque explica la duración del desierto y establece la lógica del castigo generacional: no es la generación culpable la que hereda la promesa sino la siguiente, la nacida en libertad. La tierra prometida no es una recompensa para los que salieron de Egipto sino para sus hijos, lo que convierte los 40 años en una pedagogía del umbral.

La muerte de Miriam y Aarón

Los Números narran la muerte de los dos hermanos de Moisés durante la travesía del desierto, antes de que el pueblo llegue a Canaán. Miriam muere en Cades y es enterrada allí sin más elaboración narrativa, un final austero para una figura que había sido profetisa y líder de las mujeres en el cruce del Mar Rojo. La tradición rabínica, sensible a esta sobriedad, desarrolló la figura de Miriam extensamente y le atribuyó el mérito de haber protegido a Moisés bebé en el Nilo y de ser la fuente del pozo milagroso que acompañó al pueblo en el desierto: según el Midrash, el pozo de Meriba fue un regalo de Dios a Israel en mérito de Miriam y secó cuando ella murió.

Aarón muere en el monte Hor, después de que Moisés le transfiera sus vestiduras sacerdotales a su hijo Eleazar en presencia del pueblo. La transferencia de las vestiduras es un gesto ritual de sucesión que muestra que lo que muere con Aarón no es el sacerdocio sino solo su persona: la institución continúa. El pueblo llora a Aarón 30 días, el mismo período de luto que se establecerá para Moisés.

La muerte de Moisés en el monte Nebo

El Deuteronomio culmina con uno de los finales más memorables de toda la literatura antigua. Moisés, de 120 años, sube al monte Nebo en los llanos de Moab. YHWH le muestra desde allí toda la tierra prometida: Galaad, Dan, Neftalí, el Neguev, el Jordán, Jericó, el mar Mediterráneo y le dice: «Esta es la tierra que juré dar a Abraham, Isaac y Jacob. Te la he hecho ver con tus ojos, pero no pasarás allá».

Moisés muere allí, en la tierra de Moab y YHWH lo entierra en un lugar que nadie conoce hasta hoy. El texto cierra con un epitafio que no tiene paralelo en la Biblia:

No volvió a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien YHWH conocía cara a cara, como lo muestra todo lo que YHWH lo envió a hacer en la tierra de Egipto, contra el faraón, sus siervos y toda su tierra, y toda la mano poderosa y todos los grandes prodigios que Moisés realizó a los ojos de todo Israel.

La muerte de Moisés sin cruzar el Jordán es uno de los finales más debatidos de la Biblia. La explicación oficial del texto, el pecado de Meriba, ha parecido insuficiente a muchos lectores: ¿puede un hombre que habló con Dios cara a cara, que intercedió por el pueblo repetidamente, que lo guio durante 40 años, quedar excluido de la tierra prometida por golpear una roca dos veces en un momento de agotamiento? La tradición rabínica debatió esto extensamente y algunas voces cuestionaron abiertamente la justicia del castigo. Otras lecturas ven en la muerte de Moisés fuera de Canaán no un castigo sino una necesidad teológica: Moisés pertenece al desierto, a la alianza, a la Ley y no puede ser el que introduzca al pueblo en la tierra porque eso corresponde a Josué, cuyo nombre en griego es Jesús, un detalle que la tradición cristiana no pasó por alto.

Los grandes episodios de los 40 años en el desierto

EpisodioLugarContenidoSignificado teológico
El manáDesierto de Sin (Éxodo 16)Alimento milagroso que cae cada mañana; doble el viernesPedagogía de la dependencia diaria de YHWH
Las codornicesKibrot-Hatavá (Números 11)Carne enviada tras la queja del pueblo; plaga mientras la comenPeligro de la nostalgia de Egipto y la codicia
Agua de la rocaRefidim (Éxodo 17) y Meriba (Números 20)Agua brotando de la roca al golpe del cayadoProvidencia divina; en Meriba, pecado de Moisés
La serpiente de bronceCamino del mar Rojo (Números 21)Serpiente de bronce en un asta; quien la mira se curaFe obediente como antídoto; tipo de la crucifixión (Juan 3:14)
El becerro de oroAl pie del Sinaí (Éxodo 32)El pueblo fabrica un becerro mientras Moisés está en el monteRuptura de la alianza; intercesión de Moisés
Los doce espíasCades-Barnea (Números 13-14)Diez espías con informe negativo; condena a cuarenta añosLa falta de fe retrasa la promesa una generación
Rebelión de CoréDesierto (Números 16)Coré cuestiona la autoridad de Moisés y Aarón; la tierra los tragaLegitimidad del liderazgo sacerdotal aaronita
Muerte de MiriamCades (Números 20)Muerte austera; tradición rabínica: con ella muere el pozoFin del liderazgo fundacional femenino del Éxodo
Muerte de AarónMonte Hor (Números 20)Transferencia de vestiduras sacerdotales a Eleazar; treinta días de lutoContinuidad del sacerdocio más allá de la persona
Muerte de MoisésMonte Nebo (Deuteronomio 34)Ve Canaán pero no entra; enterrado por YHWH en lugar desconocidoEl mayor profeta de Israel muere en el umbral de la promesa

Artículos relacionados con el Éxodo y el Antiguo Testamento

Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Biblia de Jerusalén. Libro del Éxodo, capítulos 16-17 y 32-34. Libro de los Números, capítulos 11-14, 16, 20-21. Libro del Deuteronomio, capítulo 34. Versión de la Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, 2009.
  • El Corán. Sura al-Maida (5), versículos 20-26. Traducción de Julio Cortés. Herder, 2005.
  • Talmud BabilónicoTaanit 9a (el pozo de Miriam). Sanhedrin 110a (hijos de Coré).

Bibliografía académica:

Preguntas frecuentes sobre Moisés en el desierto

¿Por qué duró 40 años la travesía del desierto?

Según el relato bíblico, los 40 años fueron una consecuencia directa del fracaso de los espías en Cades-Barnea. Cuando diez de los doce espías enviados a explorar Canaán volvieron con un informe aterrador y el pueblo se negó a confiar en YHWH, la condena fue que la generación que había salido de Egipto moriría en el desierto sin entrar en la tierra prometida. Los 40 años equivalen a un año por cada día que los espías estuvieron en Canaán. Solo Caleb y Josué, los dos espías fieles, sobrevivirían para ver la tierra. El número 40 tiene también un valor simbólico en la Biblia que designa un período de prueba completo.

¿Qué era exactamente el maná?

El texto bíblico describe el maná como una sustancia blanca y fina que cubría el suelo cada mañana, con sabor de torta con miel. Se derretía con el calor del sol y no podía guardarse de un día para otro sin pudrirse, excepto la porción del viernes, que se conservaba para el Sabbat. La explicación naturalista más aceptada lo relaciona con la secreción dulce y blanquecina producida por insectos parásitos del tamarisco del Sinaí, una sustancia llamada mann en árabe que todavía se recolecta en la región. Sin embargo, las cantidades que produce son completamente insuficientes para alimentar a una comunidad durante 40 años, lo que hace que la identificación sea sugerente pero no definitiva.

¿Por qué Moisés no pudo entrar en la tierra prometida?

Según el texto bíblico, la causa fue el episodio de Meriba, donde Moisés golpeó la roca dos veces en lugar de hablarle como YHWH había ordenado, y dijo en su frustración «¿tenemos que sacaros agua de esta roca, nosotros?», atribuyéndose el milagro. YHWH le dijo que por no haber confiado en Él para santificarlo ante el pueblo, no introduciría a Israel en la tierra. Los comentaristas rabínicos han debatido extensamente la naturaleza exacta del pecado y la justicia del castigo, y algunas voces cuestionaron abiertamente que la consecuencia fuera proporcionada a la falta.

¿Qué es la serpiente de bronce y cómo se relaciona con el Nuevo Testamento?

La serpiente de bronce, llamada Nehustán, fue fabricada por Moisés por orden de YHWH para curar a los israelitas mordidos por serpientes venenosas: quien miraba la serpiente de bronce sobre el asta sobrevivía. Fue conservada en el Templo de Jerusalén como objeto de culto hasta que el rey Ezequías la destruyó en el siglo VIII a.C. porque el pueblo le quemaba incienso. El Evangelio de Juan (3:14-15) usa este episodio como prefiguración de la crucifixión: así como quien miraba la serpiente era curado de la muerte física, quien mira a Cristo levantado en la cruz recibe vida eterna.

¿Quién fue Coré y por qué se rebeló contra Moisés?

Coré era un levita que cuestionó la autoridad exclusiva de Moisés y Aarón argumentando que toda la congregación era santa y que YHWH estaba en medio de todos ellos. Su rebelión no era irreligiosa sino que apelaba precisamente a la santidad universal proclamada en el Sinaí para cuestionar la jerarquía sacerdotal. La respuesta divina fue fulminante: la tierra se abrió y se tragó a Coré, Datán y Abirón con sus familias. Los hijos de Coré, según el Talmud, no murieron, y su nombre aparece en los títulos de varios salmos.

¿Qué papel tuvo Miriam en el desierto?

Miriam, hermana de Moisés y Aarón, aparece en el relato del desierto como profetisa y líder de las mujeres en la celebración del cruce del Mar Rojo. En los Números 12, junto con Aarón, cuestiona la autoridad de Moisés por haberse casado con una mujer cusita, lo que provoca que YHWH la castigue con una enfermedad de piel durante siete días. La tradición rabínica le atribuyó el mérito de haber protegido a Moisés bebé en el Nilo y afirmó que el pozo milagroso que sustentó al pueblo en el desierto fue un regalo de Dios en su mérito, y que secó cuando ella murió.

¿Dónde está enterrado Moisés?

El Deuteronomio dice explícitamente que Moisés fue enterrado por YHWH en el valle de la tierra de Moab, frente a Bet-Peor, y que nadie conoce su sepultura hasta el día de hoy. La oscuridad deliberada sobre el lugar de la tumba ha sido interpretada como una medida preventiva para evitar que el sepulcro se convirtiera en objeto de culto. El monte Nebo, en el actual Jordania, es el lugar donde la tradición cristiana sitúa la muerte de Moisés, y hay allí una iglesia y un memorial moderno con una réplica de la serpiente de bronce. Sin embargo, no hay evidencia arqueológica de la tumba.

¿Cómo interpreta el islam los 40 años en el desierto?

El Corán narra el episodio de los espías y la condena del desierto en la sura de la Mesa Servida (5:20-26), donde Musa advierte al pueblo que entre en la tierra santa que Alá les ha destinado y el pueblo se niega por miedo a sus habitantes. Alá condena al pueblo errante 40 años. El Corán también menciona el maná y las codornices como provisión divina en el desierto. La muerte de Moisés no es narrada en el Corán, aunque la tradición islámica la conoce a través de los relatos de los isra’iliyyat, las historias de origen judío transmitidas en el hadiz.

Fuente:https://redhistoria.com/moises-en-el-desierto/

Jerusalén, la ciudad de las tres religiones

https://www.newsdigitales.com/nota/336197/jerusalen-la-ciudad-donde-tres-religiones-comparten-el-mismo-suelo-y-disputan-la-misma-historia/

Jerusalén: la ciudad donde tres religiones comparten el mismo suelo y disputan la misma historia

Sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, Jerusalén es mucho más que una ciudad. En sus calles conviven la fe, la historia, la política y algunas de las disputas más sensibles del mundo.


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Rosario Castagnet

Jerusalén no se entiende de un vistazo. Hay ciudades que se recorren por sus calles, sus museos o sus edificios. Jerusalén exige algo más: obliga a mirar hacia arriba, hacia abajo y hacia atrás. Hacia arriba, por las cúpulas, campanarios y minaretes que dominan el paisaje. Hacia abajo, por las piedras que conservan capas de historia. Y hacia atrás, porque casi todo lo que ocurre en esta ciudad parece tener una raíz milenaria.

En pocos kilómetros cuadrados conviven algunos de los lugares más sagrados del judaísmo, el cristianismo y el islam. La Ciudad Vieja de Jerusalén y sus murallas fueron incorporadas a la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1981, y la propia UNESCO la define como una ciudad de enorme importancia simbólica para las tres religiones monoteístas.

Jerusalén no es solamente una ciudad antigua: es un territorio donde la religión, la identidad nacional y la política internacional se superponen todo el tiempo.

Vista panorámica de la ciudad vieja de Jerusalén y el Monte del Templo, la  Cúpula de la Roca, casas tradicionales y sus alrededores. Viajando por  Israel, los principales lugares de interés arquitectónico
Desde Armon HaNatziv se observa una de las postales más complejas del mundo: la ciudad donde conviven lugares sagrados para judíos, cristianos y musulmanes.

Para el judaísmo, Jerusalén representa el centro espiritual del pueblo judío. Allí estuvieron el Primer y el Segundo Templo, y allí se encuentra el Muro Occidental, conocido popularmente como Muro de los Lamentos. El Kotel es un muro de contención del antiguo complejo del Monte del Templo, construido en tiempos de Herodes hace más de dos mil años, y se convirtió en el lugar más cercano al antiguo santuario donde los judíos pueden rezar de manera habitual.

Para el cristianismo, Jerusalén es el escenario de los últimos días de Jesús. La Vía Dolorosa, el Gólgota y la Iglesia del Santo Sepulcro forman parte de una geografía espiritual que millones de creyentes recorren cada año. La tradición cristiana ubica en el Santo Sepulcro el lugar de la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús; el templo es un centro de peregrinación desde el siglo IV.

Santo Sepulcro en Jerusalén: visita,curiosidades,horarios y consejos |  Viajes de Primera

Para el islam, la ciudad tiene una importancia central por la Explanada de las Mezquitas, donde se encuentran la Mezquita de Al Aqsa y el Domo de la Roca. El Domo de la Roca fue construido a fines del siglo VII por el califa omeya Abd al-Malik y es considerado uno de los monumentos islámicos más antiguos que se conservan.

Israel Tierra Santa
El Muro Occidental es uno de los símbolos más reconocidos del judaísmo y uno de los lugares más visitados de Jerusalén.

La fuerza de Jerusalén está justamente en esa convivencia. En una misma caminata se puede pasar del barrio judío al cristiano, del musulmán al armenio, de una plegaria en hebreo a una procesión cristiana o al llamado musulmán a la oración. La Ciudad Vieja suele ser explicada a partir de sus cuatro barrios históricos: judío, cristiano, musulmán y armenio. Esa división no alcanza para describir toda la complejidad social del lugar, pero ayuda a entender cómo se organiza simbólicamente una ciudad donde cada calle tiene múltiples lecturas.

En Jerusalén, una piedra puede ser arqueología para unos, prueba de fe para otros y argumento político para muchos.

La disputa por la ciudad también forma parte del conflicto entre israelíes y palestinos. Israel considera a Jerusalén su capital. Los palestinos reclaman Jerusalén Este como capital de un futuro Estado palestino. Por eso, cualquier cambio en el statu quo religioso, político o territorial de la ciudad puede provocar repercusiones inmediatas en Medio Oriente y en el resto del mundo.

Pero Jerusalén no es solo conflicto. También es vida cotidiana. Hay chicos que van a la escuela, comerciantes que abren sus locales, turistas que compran recuerdos, familias que caminan por Mamilla, estudiantes universitarios, investigadores, médicos y trabajadores que hacen de la ciudad algo más que una postal religiosa.

Templo de San Antonio o del Santo Sepulcro - Pueblos Mágicos - México  Desconocido

La visita al Monte Armon HaNatziv permite comprender esa superposición. Desde el mirador se observa la distribución urbana, los barrios históricos, los lugares sagrados y las fronteras simbólicas de una ciudad que nunca fue indiferente para nadie.

Jerusalén es antigua, pero no está detenida en el pasado. Es religiosa, pero también política. Es turística, pero también profundamente cotidiana. Es una ciudad compartida y disputada, venerada y reclamada, recorrida por peregrinos y protegida por fuerzas de seguridad.

Quizás por eso sigue siendo una de las ciudades más importantes del planeta. Porque Jerusalén no pertenece únicamente a quienes viven allí. Pertenece también al imaginario religioso, histórico y político de millones de personas que la sienten propia incluso sin haberla pisado nunca.

Albert Peyriguère el Foucauld de Marruecos

Albert Peyriguère ocupa un lugar singular dentro de la familia espiritual nacida de la experiencia de Carlos de Foucauld. No fue simplemente un admirador del Hermano Carlos ni un continuador externo de su obra, sino una de las personas que mejor supo encarnar y transmitir su espíritu en el siglo XX. Allí donde Foucauld había vivido el ideal de Nazaret en el Sahara argelino, Peyriguère lo hizo realidad en Marruecos, especialmente en la pequeña localidad de El Kbab, donde residió durante más de treinta años compartiendo la vida de la población bereber.

Su vocación estuvo marcada por una profunda identificación con el camino espiritual de Foucauld. Como él, quiso vivir una existencia escondida, sencilla y cercana a los más humildes. Entendía que la misión cristiana no consistía ante todo en realizar grandes obras o en desarrollar estrategias apostólicas, sino en hacerse hermano de todos, compartiendo las alegrías, las dificultades y las esperanzas de quienes le rodeaban. Su ideal era revivir el misterio de Nazaret en medio de la gente sencilla, dejando que el Evangelio se transparentara a través de la amistad, la acogida y el servicio.

Peyriguère vivió inmerso en una sociedad mayoritariamente musulmana y desarrolló una relación profundamente respetuosa con sus vecinos. Aprendió su lengua, compartió sus preocupaciones cotidianas y participó de su vida con una cercanía poco común para la época. Lejos de cualquier actitud de superioridad religiosa o cultural, contemplaba el Islam con sincera estima y reconocía en muchos musulmanes una auténtica búsqueda de Dios. Esta actitud no significaba indiferencia hacia la propia fe cristiana, sino una convicción profunda de que el amor de Dios precede siempre a toda acción humana y de que la verdadera evangelización comienza por la fraternidad.

Por ello, muchos consideran a Peyriguère un precursor del diálogo islamo-cristiano. Décadas antes de que el Concilio Vaticano II invitara a los cristianos a valorar las riquezas espirituales presentes en otras tradiciones religiosas, él ya vivía una relación de respeto, amistad y colaboración con los musulmanes. Su vida anticipó algunas de las intuiciones que más tarde encontrarían expresión en la declaración Nostra Aetate. No elaboró una gran teología del diálogo ni escribió tratados sobre el encuentro entre religiones; su aportación fue más sencilla y, quizá por ello, más elocuente: hizo del diálogo una forma de vida.

Esta experiencia lo acerca notablemente a la figura de Christian de Chergé, prior del monasterio de Tibhirine y uno de los grandes referentes contemporáneos del diálogo entre cristianos y musulmanes. Aunque pertenecieron a generaciones distintas y nunca llegaron a conocerse, ambos compartieron una misma sensibilidad espiritual. Los dos comprendieron que la misión cristiana en tierra musulmana debía expresarse a través de la amistad, la hospitalidad y el reconocimiento de la acción de Dios en el corazón de cada persona. Sin embargo, mientras Christian de Chergé desarrolló una profunda reflexión teológica sobre el encuentro entre el cristianismo y el Islam, Peyriguère expresó esas mismas intuiciones principalmente a través de una vida entregada y silenciosa.

También resulta significativa su cercanía espiritual con Magdeleine de Jesús, fundadora de las Hermanitas de Jesús. Ella vio en Peyriguère una de las realizaciones más auténticas del ideal foucauldiano. Ambos compartían la espiritualidad de Nazaret, la pobreza evangélica, la cercanía a los más pobres y una profunda vocación de fraternidad universal. Como Magdeleine, Peyriguère estaba convencido de que la presencia humilde y amorosa entre los hombres constituye una de las formas más fecundas de anunciar el Evangelio.

Por todo ello, Albert Peyriguère puede ser considerado un eslabón decisivo en la transmisión del legado espiritual de Charles de Foucauld. Su figura establece un puente entre la primera generación de amigos y discípulos del Hermano Carlos —representada por Louis Massignon, Suzanne Garde o Charles-André Poissonnier— y las generaciones posteriores, entre las que destacan René Voillaume, Magdeleine de Jesús y Christian de Chergé. Gracias a hombres y mujeres como Peyriguère, el carisma de Foucauld dejó de ser únicamente el testimonio excepcional de una vida individual para convertirse en una verdadera corriente espiritual dentro de la Iglesia contemporánea.

La vida de Peyriguère demuestra que la misión cristiana alcanza su mayor profundidad cuando se convierte en presencia fraterna. Más que buscar resultados visibles, quiso amar; más que convencer, quiso comprender; más que hablar de Dios, quiso transparentar su amor. En ello radica, probablemente, la grandeza de su testimonio y la actualidad permanente de su mensaje.