Carlos de Foucauld, o «soñar con un mundo que sea eternamente ‘Jesús’

«Sus enseñanzas encajaban plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal»

«Nos sentimos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad»

«Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos»

07.06.2020

La ‘familia’ foucouldiana, desde sus diversas sensibilidades en España y en el mundo, ofrece sus correspondientes testimonios de búsqueda espiritual comunitaria, personal e inspirada en el hermano Carlos de Foucauld, a la luz de su anunciada canonización.

Asociación Familia Carlos de Foucauld en España

Hoy es un gran día de fiesta para nuestra Familia Espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y para los pobres en general. Hemos conocido la noticia justo el día de la celebración de Pentecostés, una de las fiestas vividas más profundamente por Carlos de Foucauld. El Espíritu lo fue guiando en su búsqueda al lugar más inhóspito y pobre, Tamanrasset. Allí forma una «Zaouïa» (Fraternidad), esta era su casa.

Siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. ¿»Hay alguna cosa más dulce en el mundo que hacer la voluntad de Aquel a quien se ama»?. Soñar para mañana un mundo que sea finalmente y eternamente «Jesús», su Modelo Único, practicando el apostolado de la bondad. La novedad de su mensaje es vivir Nazareth, vida humilde y pobre.

Las Fraternidades, que vivimos su carisma, generalmente queremos hacer en lo posible, la imitación de Nazaret en humildad, pobreza y «Dernière place» (último lugar); buscando el equilibrio entre Contemplación y Acción.

La acogida entre nuestras Fraternidades en unión como ramas de un mismo árbol. Queremos continuar el deseo de Carlos de Foucauld de ser una Fraternidad Universal. Nos comprometemos en nuestra sociedad, cada una en donde le ha tocado vivir, en compromiso con los más desfavorecidos que son nuestros hermanos.

Esta gran satisfacción y alegría que nos produce su canonización nos ayudará y nos dará fuerza para continuar viviendo nuestro Carisma en profundidad. Damos gracias a Dios por tan gran obra.

Comunitat de Jesús

La Comunitat de Jesús fue iniciada por el laico Pere Vilaplana a finales de los años 60. En septiembre de 1968, en la ermita de la Santa Creu, en la montaña de Montserrat, el monje ermitaño Estanislau Llopart recibía los compromisos de los primeros hermanos. Actualmente conformamos la Comunitat de Jesús 43 hermanos y hermanas: casados, solteros y un hermano consagrado en el celibato.Vivimos en diversas localidades de Catalunya, País Valenciano, Aragón y Baleares, cada uno en su domicilio. Uno de los inspiradores de nuestro carisma ha sido, y es, Carlos de Foucauld, así como Albert Peyriguère, seguidor también de Foucauld, en el Kbab (Marruecos) en los años 50. El conocimiento de ambos se gestó en las primeras biografías de Foucauld y en unas cartas de Peyriguère recogidas en “Dejad que Cristo os conduzca”.La visión en la etapa final de Foucauld de promover la encarnación del evangelio en el laicado, recuperando el modelo de Priscila y Aquila, también en el mundo occidental, y no solo en los países musulmanes, encajaba plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal.

Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld
Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld

Amigos en el Amigo, viviendo la vida de Nazaret en los entornos laborales, sociales y de Iglesia. Nuestro estilo de vida no tiene nada de particular: los mismos problemas, las mismas ilusiones, los mismos dolores, que cualquier ciudadano, pero con la inquietud de impregnarnos del proyecto del Dios-Amor, revelado en Jesús. Oración, trabajo del evangelio, formación con la ayuda de muchos, compartir la vida -en serio-, los bienes materiales según posibilidades, los espacios que posee la Comunitat de Jesús en el pueblo de Tarrés, Lleida, implicación en compromisos sociales y con la Iglesia, sin ninguna actividad apostólica predominante.La vinculación a la comunidad nos empuja a seguir creciendo, a no acomodarnos a los reclamos del mundo, tan tentador siempre. A sentirnos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad. Recibimos la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld desde la alegría de formar parte de su Familia Espiritual, desde los años 80. Esta familia, para nosotros, ha sido un soporte y una riqueza inmensa. Acogemos la canonización bajo el anhelo de que sirva para inspirar a otros en una vida encarnada en la sencillez, arraigada en la profundidad del silencio, que es Palabra, en la autenticidad del Amor, que es Proyecto, desde el anonimato que convive con todos, pero enfoca directamente a los más desfavorecidos, a los últimos de los últimos, como repetía Foucauld. Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos, y seguirá siendo espejo para reflejar la esencialidad de su enamorado, Jesús, la esencialidad del pan partido y encarnado entre los más humildes y en todo ser humano.

Espiritualidad
Espiritualidad

Comunidad ecuménica Horeb

El hermano Germán, regional de la CEHCF en Brasil, nos envía un whatsaap que dice así: «Estamos muy alegres por este acontecimiento anunciador de vida, vida plena para el mundo». La canonización del hermano Carlos de Foucauld es un acontecimiento de vida para la Iglesia y el mundo porque va en la línea del papa Francisco, que en palabras del obispo Pere Casaldàliga, quiere «una Iglesia vestida de Evangelio y calzada con sanda-lias». Foucauld puede ayudar a la Iglesia de hoy a «volver a Nazaret»: Una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, acogedora, a imitación de la santa Familia de Nazaret.

La CEHCF es una unión espiritual de personas que constituyen un «monasterio invisible en la comunión de los santos». Esta comunidad la integran personas que bajo Los consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, hacen el compromiso ecuménico de pedir todos los días por la unión de los cristianos y que las Iglesias, Religiones y las Naciones se dejen conducir por el Espíritu de Jesús, el Cristo.

La CEHCF fue fundada, como lugar físico de acogida y oración en 1978, por José Luis Vázquez Borau, en el Poblado de Sn Francisco de Huercal-Overa (Almería), con la bendi-ción del obispo de entonces Don Manuel Casares Hervás, y funcionó hasta 1982, que tu-vieron los hermanos y hermanas que dispersarse por diversas circunstancias. Pero en Pentecostés de 2006 la CEHCF recibió un nuevo impulso constituyéndose Fraternidades Horeb por todo el mundo.

Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld
Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld

Fue reconocida ad experimentum como Asociación privada de fieles el 19 de junio de 2014, por el cardenal de Barcelona Mons. Luis Martinez Sistach y el 20 de junio de 2018 el Cardenal Juan José Omeya Omella, arzobispo de Barcelona, firmó el decreto de constitución definitiva de la misma como Asociación privada de fieles. El año 2020 la CEHCF ha sido acogida en la Asociación Familia Foucauld España. En la actualidad hay presencia de la CEHCF en quince países del mundo.

Fraternidad Carlos de Foucauld

Al llegarme la noticia de la Canonización del hermano Carlos de Foucauld, tuve una sensación muy dispar, de alegría, cómo no, pero al mismo tiempo de desconcierto, ¿y ahora qué?. Veníamos hablando en la Asociación de la Familia del Hermano Carlos, de esta posibilidad, especialmente desde la beatificación y siguiendo aunque de lejos los trabajos de la Comisión encargada de ese proceso. Después de la impresión inicial… Me surgía la pregunta: Carlos de Foucauld, ¿qué diría ahora?

«Si el grano de trigo no muere….». La primera constatación es, ¿cómo un hombre que deseó ardientemente vivir su experiencia con otros hermanos, que se pasó elaborando estatutos de una Asociación que nunca fue reconocida, a su muerte ha podido generar tantos grupos y formas de vivir el seguimiento de Jesús, en el camino que éste hombre inquieto y siempre en búsqueda inició solo en el desierto?

Carlos de Foucauld, a los altares
Carlos de Foucauld, a los altares

La Fraternidad Carlos de Foucauld, Asociación de Fieles Laicas, es una de ellas, a la que pertenezco: «Está constituida por mujeres que optan por vivir el Absoluto de Dios, en el celibato, según el carisma se Carlos de Foucauld» Es en la vida cotidiana donde los miembros de la Fraternidad, viven su entrega a Dios en libre opción de trabajo, compromisos y formas de vida «. La segunda, ¿podremos sustraernos al «montaje «que toda Canonización lleva….? Seremos capaces, de vivir éste acontecimiento, como un reto para actualizar el mensaje, vivir en profundidad las intuiciones que nos enamoraron de su mensaje, en definitiva: «Volver al Evangelio, ser hermanos universales, en nuestro Nazaret de cada día. Si es así, ¡bienvenida canonización!

Fermina

Fraternidad sacerdotal Iesus Caritas

Hace unos días recibíamos la buena noticia de la próxima canonización del Hermano Carlos de Foucauld. La noticia ha llegado, curiosamente, en esta etapa de confinamiento por el coronavirus. Y, quizá, por ese motivo ha supuesto una sorpresa. Evidentemente, una sorpresa agradable. En tan pocos días no ha sido posible contactar con todos los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal pero, el sentir general, con los que he podido compartir, es de alegría y agradecimiento.

Espiritualidad tras Carlos de Foucauld
Espiritualidad tras Carlos de Foucauld

Ese día fueron continuos los mensajes de alegría por parte de los hermanos sacerdotes, así como la comunicación de los distintos ecos que la noticia estaba provocando en la prensa. También hay que subrayar las palabras de felicitación por parte de muchos de nuestros feligreses, sabedores de que nuestra espiritualidad sacerdotal se nutre de la vida y el estilo del hermano Carlos. En este sentido, estoy convencido de que muchos de nosotros habremos recibido mensajes y llamadas de nuestras distintas comunidades parroquiales para felicitarnos. Yo puedo compartir algo de mi experiencia, en ese sentido. Alguna feligresa de mi parroquia, del centro de Valencia, nada más conocer la noticia, la puso en el grupo de whatsapp que tiene la parroquia. Inmediatamente, la comunidad empezó a manifestar su alegría por esta gran noticia, dándome la enhorabuena.

Uno intenta no “condicionar” demasiado a la gente, en sus devociones y en sus santos. Pero, es evidente que, al final, si uno vive la espiritualidad del hermano Carlos, de una forma o de otra, eso lo transmite, lo contagia. En esa reacción inmediata de los feligreses de mi parroquia entendí que, en el poco tiempo que camino con ellos, han captado cuáles son mis fuentes de espiritualidad. No se han quedado, solamente, con la felicitación. Alguien ha propuesto, con la aceptación y el aplauso de todos, que un servidor ofrezca unas charlas o un curso sobre la vida y la espiritualidad del hermano Carlos, porque lo conocen poco. Evidentemente, no puedo decir que no. Tienen derecho a conocer quién es Carlos de Foucauld y por qué la Iglesia lo considera santo.

Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld
Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld

Yo diría, al respecto de la anécdota de mi parroquia, que la próxima canonización del hermano Carlos debe despertar, no sólo la alegría inmensa de que la Iglesia reconozca en su vida un camino de santidad sino, también, la responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos y su espiritualidad. Entre otras cosas, porque estamos convencidos de que su espiritualidad de Nazaret no es algo del pasado, sino que sigue teniendo mucha actualidad.

Nazaret proporciona un estilo de presencia y de evangelización que tiene mucho que ver con esa llamada constante y permanente del Papa Francisco a ser cristianos y comunidades “en salida”. Cuanto más profundizamos en la espiritualidad de Carlos de Foucauld más nos damos cuenta de su actualidad. Y, quizá, éste puede ser un buen momento para darla a conocer. Nosotros, como sacerdotes diocesanos; otros miembros de la familia del hermano Carlos, desde su carisma. No cabe duda de que, durante mucho tiempo, hemos sido parcos o tímidos a la hora de hablar del hermano Carlos. Al menos, a mí me lo ha parecido. Pero, si estamos convencidos de que su espiritualidad tiene algo o mucho que aportar a la Iglesia y al mundo de hoy, no podemos privar al Pueblo de Dios, de la vida y el testimonio de un santo que supo encarnar el evangelio, a Jesús mismo, en un contexto difícil, adverso. Su estilo tiene mucho que aportar a la Iglesia de hoy. Como sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, no podemos sino alegrarnos de la noticia, dar gracias a Dios, y traducir nuestra alegría y agradecimiento, no sólo en un estilo de vida, sino en un modo de hacer llegar a nuestra gente la vida y el testimonio del hermano Carlos. Ojalá acertemos. Un fuerte abrazo y felicidades a toda la Familia de Carlos de Foucauld.

Aquilino Martínez

«La responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos»

Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia

«Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él». Ese es el absoluto que descubre el hermano Carlos. Y que sitúa a todo lo demás y a cada persona, como criatura. Y nos ayuda a no asumir protagonismos que no nos corresponden. De ahí el abandono, la adoración, la acción de gracias, el último lugar. Su profetismo nace de ese descubrimiento del Amor de Dios que le lleva al apostolado de la amistad, a Nazaret.

Fue testigo del amor de Dios y su muerte tal vez se debió al miedo y la confusión de un joven… No la entregó en defensa de su fe. Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo. Los milagros pueden parecer un «poner a prueba» a Dios. Tal vez sea momento de revisarlo. Pero agradecemos sus intuiciones y testimonio, que nos ha abierto caminos de conversión y de vida fraterna.

Como parte de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia quiero destacar su figura como una persona que supo ser profeta sin pretenderlo, legándonos una espiritualidad basada en el abandono propio y aceptación de un Dios que es visible y cercano en todas las criaturas que habitan nuestro mundo. Y no pretendo representar a la totalidad sino mostrar el testimonio agradecido de esa riqueza en la diversidad que representa la Fraternidad.

«Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo»

Desde lo cotidiano nos sentimos llamadas a recrear la Iglesia con sus grandes y pequeñas contradicciones. Porque nos sabemos acompañadas por esa multitud de testimonios de vida, comunión de santas que ejerciendo su libertad, han hecho crecer el Reino encarnando el Evangelio. Agradecemos al Hermano Carlos y a todas las personas que acogieron la Fraternidad Universal. Es vía para saberse hermana e hija, para compartir con quien sabemos que nos ama y afrontar así nuestras miserias y limitaciones, como personas y como sociedad. Nos despierta a la presencia en lo cotidiano, en la bondad pequeña, en las relaciones, en la acción política y sindical. Nos lleva a la creatividad para encarnar la Palabra, al encuentro en la amistad y la fraternidad como espacio de lucha personal por la coherencia. A la Eucaristía, acción de gracias y alimento, en la que compartimos la vida y nos abrimos al Espíritu. A vivir en los márgenes, situarnos en la periferia, acompañadas por el respeto, la libertad y el cariño. Nos alegramos que las intuiciones del Hermano Carlos sean compartidas y valoradas aunque su canonización no añade nada a nuestra experiencia de fe. Nos gustaría alimentar gestos plenos de significado y esperanza para esta sociedad del siglo XXI, que dieran testimonio de esa lectura del Evangelio encarnada en la vida, que es la fe cristiana. Queremos manifestar que nos sentimos agradecidas porque su vida y la obra que nos legó nos sirven como guía en nuestro camino como personas a las que un día sedujo el evangelio de Jesús de Nazaret.

Isabel Zacarés Escrivà

Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld
Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld

Hermanitas de Jesús

Me han pedido un pequeño escrito en nombre de las Hermanitas de Jesús, pero no es esta mi intención, porque creo que hay tantas maneras de reaccionar a la noticia de la canonización del Hermano Carlos como Hermanitas existen en el mundo… Voy a hablar por mí. Estoy en la Fraternidad hace muchos años, desde el pos-Concilio, y lo que me atrajo fue la figura de Carlos de Foucauld, tal como la descubrí en algunos libros y en el testimonio de unas hermanitas que conocí por casualidad. Estaba enamorada de la persona de Jesús y deseaba seguirle en la vida religiosa, pero no sabía dónde… Al conocer al Hermano Carlos intuí que había en él una trayectoria de verdad evangélica, de las bienaventuranzas, donde la contemplación de la Encarnación me llevaba de la mano a compartir mi suerte con la de los más pobres y marginados. Y esto me pareció concretizar de manera bien clara las orientaciones que acabábamos de recibir del Concilio Vaticano II.

Por esto me decidí por la Fraternidad. Mi vida ha sido de altos y bajos, con mucha fragilidad y bastantes huidas, pero con la presencia (muchas veces apenas presentida) de este Jesús descubierto en la juventud, y que ha continuado acompañándome por los caminos del mundo.

Hoy Carlos de Foucauld es reconocido “santo” oficialmente por la Iglesia. ¡No es que no lo fuera ya! A mí casi me gusta más como “santo de la puerta de al lado” que como “santo en los altares”… Las canonizaciones en general me dejan un poco fría. Pero me sorprendo a mí misma alegrándome de verdad con esta celebración, por lo que el “nuevo santo” representa:

Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld
Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld

Creo que es muy importante para toda la Iglesia actual, tan amenazada de retrocesos y de cierre sobre sí misma, que se reconozca en Carlos de Foucauld uno de los paradigmas de una nueva forma de situarnos como discípulos y discípulas de Jesús en este cambio de época: maravillado por la cercanía de Dios, por lo concreto de la Encarnación (Nazaret), precursor de una nueva forma de evangelización por la presencia y la amistad, tejedor de relaciones impregnadas de un profundo respeto por cada ser humano, de cualquier pueblo, cultura, religión… En resumen: un hombre clave.

Josefa Falgueras

Hermanos del Evangelio

Como congregaciones religiosas bebemos de la intuiciones de Carlos de Foucauld que se inspiran en la vida de Jesús en Nazaret. En ese pueblo perdido de Galilea Jesús creció y pasó la mayor parte de su vida y estamos seguros que esto marcó profundamente su manera de actuar y anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Nuestra vocación está marcada por la amistad y el compartir la vida de la gente sencilla, en el trabajo, en el barrio, en sus luchas y alegrías, en sus penas y debilidades… Esa vivencia atraviesa y marca nuestra oración. A través de ese estilo de “Nazaret”, desde lo cotidiano, desde lo sencillo y pequeño, muchas veces aparentemente inútil y poco relevante, esperamos que pueda traslucirse ese gran amor que Dios nos tiene a toda la humanidad.

Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos. El revuelo y el boato que suelen acompañar estos acontecimientos no están en nuestra genética. Más bien tenemos una tendencia innata a huir de ello.

La noticia de la próxima canonización nos llena de alegría, porque estamos convencidos que las intuiciones del hermano Carlos, su modo de relacionarse con su “bien amado hermano y Señor Jesús”, su manera de vivir el “apostolado de la bondad”, son una verdadera riqueza para nuestro tiempo. En una época de cierta globalización por un lado y un peligro de repliegue sobre sí mismo por otro, Carlos, el hermano universal, nos invita a ser hermano de todos y todas, sin distinción… En tiempos saturados de ruidos y palabras, de ídolos y estrellas, Carlos nos invita a redescubrir la importancia de lo pequeño, la sencillez, lo silencioso… En las tensiones que surgen a veces entre las religiones el camino de Carlos -que recuperó la fe de su infancia gracias a la impresión que le causó la fe en el mundo musulmán- nos abre al respeto mutuo en el diálogo interreligioso…

«Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos»

¿Es el momento del anuncio de su canonización una casualidad? Durante esos meses de pandemia, muchos creyentes nos hemos quedado sin poder asistir físicamente a la eucaristía. Carlos, en su empeño de ir hacia los más pobres y alejados, se puso en tal situación que durante meses estuvo privado de poder celebrar la misa… ¡Curiosa coincidencia!

La frase del Evangelio que más sacudió mi vida es ésta: ‘Lo que hacen al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen’ (Mateo 25,40). Y cuando se piensa que es la misma persona la que dijo: ‘Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre’, con qué fuerza se siente uno impulsado a amar a Jesús en estos pequeños (Carlos de Foucauld)

JuanFamilia Carlos de Foucauld

Las hermanitas de Nazaret en oriente

En la época en que nacían en Francia las Obras Misionales Pontificas, nacía a su vez L’Œuvre d’Orient, la Obra de Oriente, una institución que tenía como finalidad inicial apoyar a las comunidades cristianas en el antiguo Imperio Otomano, pero que acabó, como hace hoy, ampliando su misión.

Fundada en 1856, comenzó llamándose l’Œuvre des Écoles d’Orient, la Obra de las Escuelas de Oriente, porque uno de sus principales objetivos era salvaguardar los colegios católicos establecidos en lo que sería su marco geográfico de acción: desde Grecia a Irán y desde Ucrania hasta Etiopía, pasando por el Líbano, Egipto o Jordania.

A lo largo de los últimos 170 años, esta asociación ha ampliado su misión en Oriente Medio para incluir la asistencia humanitaria, el apoyo pastoral y la preservación del patrimonio cultural cristiano, manteniendo siempre una actitud solidaria con las comunidades locales en general. Su primer director fue el futuro cardenal Lavigerie, arzobispo de Argel y fundador de la Sociedad de los Misioneros de África, los conocidos padres blancos, verdaderos misioneros ad gentes, y padres de numerosas iglesias del continente.

Como parte de las conmemoraciones del aniversario, el pasado domingo 10 de mayo se celebró una misa solemne en la Catedral de Notre-Dame de París. La celebración eucarística fue presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, y concelebrada por el arzobispo de París, Mons. Laurent Ulrich, junto con numerosos obispos y sacerdotes que quisieron estar presentes en la celebración de este aniversario.

Las ayudas que canaliza esta Obra han beneficiado no solo a los católicos, sino también a los cristianos ortodoxos, las comunidades evangélicas y las comunidades musulmanas, destacando el papel de L’Œuvre d’Orient en la promoción de la solidaridad interreligiosa y la cohesión social.

Testigo reciente de esta labor ha sido la hermana Magda Smit, una misionera belga de las Hermanitas de Nazaret, que llegó al Líbano en 1970. Junto con sus hermanas, decidió compartir la vida de los refugiados palestinos. Tras varias oleadas de desplazamientos a causa de las guerras, se establecieron en 1987 en el campo de refugiados de Dbayeh. Ella afirma: “Los refugiados palestinos viven una realidad compleja: personas sin patria, jóvenes sin futuro, trabajadores con escasas oportunidades laborales y prácticamente sin derechos”. Fiel a la espiritualidad de Charles de Foucauld, resumió su vocación en sencillas palabras: “Queremos vivir una presencia amorosa y una solidaridad libre con la gente que nos rodea, que es débil, silenciosa e insignificante a los ojos del mundo, pero con la que Cristo mismo”.

La Obra de Oriente las ha acompañado en esta cercanía con los abandonados del campo de Dbayeh, por eso esta hermana señala que “las donaciones y los mensajes de oración son pequeñas señales que Dios envía para apoyar a quienes permanecen aquí”. A lo largo de las guerras y enfrentamientos que han caracterizado la historia del Líbano, el campo de Dbayeh ha experimentado una transformación radical. Si bien antes era predominantemente cristiano, ahora acoge a familias de diversos orígenes. “No dejamos a familias con niños en la calle”, afirma la hermana Magda. El campamento se ha convertido así en “un lugar donde todos son bienvenidos”. Refugiados, desplazados, cristianos, musulmanes o personas de otras religiones: cualquiera puede pedir ayuda “sin vergüenza”.

Fuente: https://omp.es/ompress/la-obra-de-oriente-cumple-170-anos/

Carta pastoral a la Iglesia de Laghouat-Ghardaïa tras la visita del Santo Padre a Argelia

Queridos hermanos y
hermanas: En el momento en que os dirijo esta primera carta pastoral, un año después de mi llegada como
obispo entre vosotros, acabamos de vivir la visita del Santo Padre a nuestro país. Ha sido para todos un
momento de gracia. A través de sus palabras, sus gestos y sus encuentros, hemos recibido una luz para nuestro
camino y una llamada a profundizar nuestra vocación en esta tierra del Sahara argelino. Entre las muchas
imágenes que nos dejó, una me impresionó particularmente: comparó la presencia de la Iglesia en Argelia con un
grano de incienso, pequeño y casi invisible, pero que al consumirse difunde un perfume que eleva los corazones
hacia Dios.
I. Una tierra habitada por una riqueza profunda El Santo Padre contempló Argelia no como un observador
exterior, sino como un hermano que viene a encontrarse con un pueblo. Reconoció en él valores profundamente
humanos: amistad, confianza, solidaridad y fraternidad. Subrayó también el lugar central de la fe en Dios en la
sociedad argelina, una fe que sostiene los corazones y da sentido a la vida. Argelia aparece además como un
puente entre culturas, religiones y pueblos, llamada a favorecer el diálogo y el respeto mutuo.
II. El desierto: escuela de verdad y fraternidad El desierto no es solamente una realidad geográfica; es una
verdadera escuela espiritual. Nos enseña nuestra fragilidad y nos recuerda que necesitamos a los demás y a
Dios. En el desierto se aprende la sobriedad, la paciencia y la solidaridad concreta. También nos invita al silencio
interior y a una relación más verdadera con Dios. El Sahara no debe convertirse jamás en un lugar donde se
apague la esperanza de quienes lo atraviesan buscando un futuro mejor.
III. Charles de Foucauld: una presencia vivida en el corazón del desierto Charles de Foucauld eligió vivir en esta
tierra con humildad y sencillez. No vino con ambiciones humanas, sino para compartir la vida de los demás y
permanecer en presencia de Dios. Su oración impregnaba toda su existencia y le llevaba a una cercanía fraterna
con todos. Su testimonio nos recuerda que la fecundidad cristiana no depende del éxito visible, sino de la
fidelidad cotidiana y del amor vivido discretamente.
IV. Como un grano de incienso: nuestra vocación hoy Ser como un grano de incienso significa aceptar una
presencia humilde y discreta. Aunque seamos pocos y poco visibles, estamos llamados a difundir el perfume del
Evangelio mediante la fraternidad, la oración y el servicio. Nuestra vida puede convertirse en un signo de
esperanza: – mediante relaciones sencillas y verdaderas; – mediante la acogida y el respeto; – mediante la
perseverancia en la oración; – mediante la atención a los más frágiles. Una comunidad pequeña, pero fiel, puede
convertirse en una presencia que consuela, une y abre caminos de paz.
Conclusión En el desierto aprendemos que nada es posible sin los demás y nada es duradero sin Dios. Siguiendo
el ejemplo de Charles de Foucauld y de tantos testigos del Sahara argelino, estamos llamados a vivir una
presencia humilde, fraterna y profundamente arraigada en Dios. Que nuestra vida pueda difundir silenciosamente
“el buen olor de Cristo” allí donde estamos. Ghardaïa, 16 de mayo de 2026
@ Diego Sarrió Cucarella Obispo de Laghouat-Ghardaïa

Manejo de cadáveres: qué dicen las religiones sobre la muerte y el último adiós

En una ciudad como Buenos Aires, donde conviven credos, migraciones y tradiciones que llegaron con distintas olas históricas, el tratamiento de los cuerpos tras la muerte no es un tema menor ni uniforme. No se trata solo de una cuestión sanitaria o administrativa: se trata de identidad, de memoria y de sentido cultural profundo.

La muerte, aunque universal, no se vive igual en todas partes. Y mucho menos se gestiona de la misma manera. En cada religión, el cuerpo conserva un valor simbólico que trasciende lo biológico: es el último territorio de la persona, el límite entre lo terrenal y lo espiritual, entre lo visible y lo invisible.

En tiempos donde las ciudades crecen, las emergencias se multiplican y la diversidad cultural se vuelve cada vez más evidente, entender cómo distintas religiones abordan el manejo de cadáveres no es solo un ejercicio teórico: es una necesidad concreta para la convivencia y para el diseño de políticas públicas respetuosas.


Judaísmo: la urgencia del respeto y la igualdad en la muerte

En la tradición judía, la muerte activa un conjunto de prácticas que combinan rapidez, respeto absoluto y una fuerte idea de igualdad. No importa el estatus social, la riqueza o la posición en vida: todos deben partir de la misma manera.

El cuerpo no puede quedar expuesto innecesariamente ni ser manipulado sin justificación. Es tratado por la Hevra Kadisha, una organización comunitaria especializada que cumple una función clave en el proceso funerario.

El ritual central es la tahará, una purificación del cuerpo mediante un lavado ritual que simboliza el retorno a un estado de pureza original. Luego, el fallecido es envuelto en una mortaja blanca simple, sin adornos ni diferenciaciones.

El entierro debe realizarse lo antes posible, idealmente dentro de las 24 horas. La cremación está prohibida y el cuerpo no debe ser sometido a procesos invasivos como el embalsamamiento, salvo situaciones excepcionales.

Este enfoque tiene una lógica clara y contundente: en la muerte no hay jerarquías. La igualdad que muchas veces no se logra en vida, se impone al final.


Islam: dignidad, comunidad y orientación sagrada

En el islam, el manejo del cuerpo tras la muerte es un acto profundamente comunitario y reglado. La familia y la comunidad participan activamente en los rituales, que deben cumplirse con precisión y respeto.

El primer paso es el ghusl, un lavado ritual del cuerpo realizado por personas del mismo sexo que el fallecido, siguiendo normas estrictas. Luego, el cuerpo es envuelto en un sudario blanco (kafan), que simboliza pureza e igualdad.

El entierro también debe realizarse rápidamente, generalmente dentro de las 24 horas, y el cuerpo es colocado en la tumba orientado hacia La Meca. En muchos casos, se evita el uso de ataúdes, privilegiando el contacto directo con la tierra.

La cremación está prohibida. La simplicidad es una constante: no hay lujo, no hay ornamentación innecesaria.

En esta tradición, la muerte no rompe el vínculo social, sino que lo refuerza: la comunidad se organiza para acompañar, sostener y cumplir con el deber religioso.


Catolicismo: ritual, despedida y adaptación contemporánea

El catolicismo presenta un enfoque más flexible, en parte por su expansión global y su adaptación a distintos contextos culturales. Tradicionalmente, el entierro era la norma, pero en la actualidad la cremación está permitida bajo ciertas condiciones.

El proceso suele incluir velatorio, misa y disposición final del cuerpo. El velatorio cumple un rol central como espacio de despedida, donde familiares y allegados pueden acompañar el duelo.

La misa de exequias es el núcleo espiritual del ritual, donde se encomienda el alma del fallecido. En caso de cremación, la Iglesia establece que las cenizas deben ser tratadas con respeto, evitando su dispersión indiscriminada o su conservación en ámbitos no adecuados.

Aquí aparece una dimensión clave: la muerte como experiencia social. No es solo un tránsito individual, sino un momento colectivo que estructura el duelo.


Hinduismo: el fuego como liberación del alma

El hinduismo propone una de las visiones más distintas respecto al cuerpo. Aquí, el cuerpo es entendido como una envoltura temporal del alma, un vehículo que ya ha cumplido su función.

Por eso, la cremación no es una opción: es la norma en la mayoría de los casos. El fuego cumple un rol purificador y liberador, permitiendo que el alma continúe su camino dentro del ciclo de reencarnaciones.

El ritual suele realizarse al aire libre, muchas veces en cercanías de ríos sagrados. Las cenizas, posteriormente, son arrojadas al agua como parte del proceso espiritual.

La familia, y especialmente el hijo mayor, tiene un rol activo en el encendido de la pira funeraria.

Este enfoque rompe con la idea occidental de conservación del cuerpo. No se preserva: se transforma.


Budismo: conciencia, desapego y tránsito

El budismo no impone una única forma rígida de disposición del cuerpo, pero sí establece una actitud frente a la muerte: serenidad, conciencia y desapego.

El momento de la muerte es visto como una transición crítica, donde el estado mental del fallecido puede influir en su proceso posterior. Por eso, se busca generar un entorno de calma, evitando el caos o la desesperación.

Los rituales incluyen rezos, meditaciones y ceremonias que acompañan ese tránsito. La cremación es frecuente, aunque no obligatoria, dependiendo de la tradición local.

El cuerpo pierde centralidad frente a la experiencia espiritual. Lo importante no es lo material, sino el proceso de conciencia.


Emergencias, Estado y religión: un equilibrio necesario

En situaciones de catástrofe —accidentes masivos, pandemias o desastres naturales— estos protocolos entran en tensión con la urgencia operativa del Estado.

El Estado necesita identificar cuerpos, evitar riesgos sanitarios y actuar con rapidez. Las religiones, en cambio, exigen tiempos, rituales y condiciones específicas que no siempre pueden cumplirse en contextos críticos.

En ciudades como Buenos Aires, donde conviven múltiples comunidades religiosas, este desafío no es teórico. Es concreto y requiere planificación.

Se vuelve necesario desarrollar protocolos que contemplen la diversidad cultural, los derechos de las familias, las condiciones sanitarias y los tiempos reales de respuesta.

No se trata de elegir entre eficiencia y respeto. Se trata de construir sistemas que integren ambos.


Lo que hacemos con los muertos habla de los vivos

Puede parecer un tema incómodo, incluso distante. Pero es profundamente humano.

Porque cuando todo termina, cuando ya no hay discursos ni posiciones, queda una sola dimensión: cómo tratamos a quienes ya no pueden defenderse.

En ese punto, la forma en que una sociedad gestiona la muerte revela su nivel de cultura, de ética y de humanidad.

Y ahí no hay margen para improvisar. Ni para mirar hacia otro lado.

Fuente: Palermo Online Noticias

Inspirar deseos de reconciliación allí donde las divisiones siembran dolor – Viaje apostólico a Argelia

 Inspirar deseos de reconciliación allí donde las divisiones siembran dolor  SPA-005

13 mayo 2026

Concluida la visita a la Gran Mezquita de Algeria, en la tarde del 13 de abril, León XIV llegó al Centro de acogida y de amistad de las hermanas agustinas misioneras en Bab el Oued, donde realizó una visita privada. Después, se dirigió a la basílica de Nuestra Señora de África, situada al norte del centro de Algeria, para reunirse con la comunidad algerina. Después de haber escuchado el saludo del cardenal arzobispo de Alger, Jean-Paul Vesco, y cuatro testimonios, el Pontífice pronunció en francés, el discurso que publicamos a continuación.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

La paz esté con ustedes.

Queridos hermanos en el episcopado,

queridos sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas,

amados hijos de la Iglesia en Argelia:

Con gran alegría y afecto paternal me encuentro hoy con ustedes, que son una presencia discreta y preciosa, arraigada en esta tierra, marcada por una historia antigua y por luminosos testimonios de fe.

Su comunidad tiene raíces muy profundas. Son herederos de una multitud de testigos que han dado la vida, impulsados por el amor a Dios y al prójimo. Pienso particularmente en los diecinueve religiosos y religiosas mártires de Argelia, que decidieron estar junto a este pueblo compartiendo sus alegrías y sus dolores. Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto.

Son también herederos de una tradición aún más antigua, que se remonta a los primeros siglos del cristianismo. En esta tierra resonó la ferviente voz de Agustín de Hipona, precedida por el testimonio de su madre, santa Mónica, y de otros santos. Su memoria es una clara llamada a ser, hoy, signos creíbles de comunión, diálogo y paz.

A todos ustedes, queridos hermanos, y a aquellos que, no pudiendo estar presentes, siguen este encuentro a la distancia, expreso mi gratitud por el compromiso cotidiano con el que hacen visible el rostro materno de la Iglesia. Agradezco a Su Eminencia las palabras que me ha dirigido, y también a Rakel, Ali, Monia y la Hna. Bernadette por lo que han compartido. A la luz de lo que hemos escuchado, quisiera que nos detengamos a reflexionar juntos sobre tres aspectos de la vida cristiana que considero muy importantes, especialmente por su presencia aquí: la oración, la caridad y la unidad.

Ante todo, la oración. Todos la necesitamos. Lo subrayaba san Juan Pablo II hablando a los jóvenes: «El hombre —decía— no puede vivir sin orar lo mismo que no puede vivir sin respirar» (Encuentro con los jóvenes musulmanes en Casablanca, 19 agosto 1985, 4). De ese modo, presentaba el diálogo con Dios como un elemento indispensable no sólo para la vida de la Iglesia, sino también para la de cada persona. Asimismo lo había comprendido san Carlos de Foucauld, que había reconocido su vocación a ser presencia orante. Escribía: “Me siento feliz, feliz de estar a los pies del Santísimo Sacramento a todas horas” (Carta a Raymond de Blic, 9 diciembre 1907) y aconsejaba: “Recen mucho por los demás. Conságrense a la salvación del prójimo con todos los medios a su alcance: oración, bondad, ejemplo” (Carta a Louis Massignon, 1 agosto 1916).

A este respecto, Ali, hablando de su experiencia de servicio en Notre Dame d’Afrique, nos ha dicho que muchos vienen aquí para orar en silencio, presentar y encomendar al Señor sus preocupaciones y a las personas que aman y encontrar a alguien dispuesto a escucharlos y a compartir las cargas que llevan en el corazón, y ha visto cómo tantos se van serenos y felices de haber venido. La oración une y humaniza, refuerza y purifica el corazón, y la Iglesia en Argelia, gracias a la oración, siembra humanidad, unidad, fuerza y pureza a su alrededor, llegando a lugares y contextos que sólo el Señor conoce.

Un segundo aspecto de la vida eclesial en el que quisiera detenerme es el de la caridad. Nos ha hablado de ello, en particular, la Hna. Bernadette, compartiendo su experiencia de asistencia a los niños con discapacidad y a sus padres. En lo que ha dicho, percibimos el valor de la misericordia y del servicio no sólo como ayuda a los más frágiles, sino sobre todo como lugar de gracia, en el que cualquiera que se deje involucrar crece y se enriquece. La Hna. Bernadette nos ha contado cómo a partir de un sencillo e inicial gesto de cercanía —la visita a los enfermos— han nacido, cual retoños, primero un sistema de acogida y, después, una organización asistencial cada vez más articulada, una verdadera comunidad en la que muchísimas personas participan, tanto en los acontecimientos alegres como en los dolorosos, unidos por vínculos de confianza, amistad y familiaridad. Un ambiente así es sano y sanador, y no sorprende el hecho de que, en él, el que sufre encuentre los recursos necesarios para mejorar la propia salud, llevando al mismo tiempo alegría a los demás, como en el caso de Fátima.

Por lo demás, el amor a los hermanos es precisamente el que ha animado el testimonio de los mártires que hemos recordado. Frente al odio y a la violencia, permanecieron fieles a la caridad hasta el sacrificio de la vida, junto con tantos otros hombres y mujeres, cristianos y musulmanes. Lo hicieron sin pretensiones y sin clamor, con la serenidad y la firmeza de quien no presume ni desespera, porque sabe en quién ha puesto su confianza (cf. 2 Tm 1,12). Para todos, citamos las palabras sencillas de Fray Luc, el anciano monje médico de la comunidad de Notre-Dame de l’Atlas, quien ante la posibilidad de partir y de ponerse a salvo de posibles peligros, a costa de abandonar a sus pacientes y amigos, él respondía: “Yo quiero quedarme con ellos” (C. Henning – T. Georgeon, Fratel Luc di Tibhirine. Monaco, medico e martire, Ciudad del Vaticano 2025, Introducción), y así lo hizo. El Papa Francisco, al recordarlo a él y a todos los demás, con motivo de la beatificación, decía: «Su testimonio valiente es fuente de esperanza para la comunidad católica argelina y semilla de diálogo para toda la sociedad. Que esta beatificación sea para todos un estímulo para construir juntos un mundo de fraternidad y solidaridad» (8 diciembre 2018).

Y llegamos así al tercer punto de nuestra reflexión: el compromiso por promover la paz y la unidad. El lema de esta visita son las palabras de Jesús resucitado: «¡La paz esté con ustedes!» (cf. Jn 20,21), y en una imagen tomada de los mosaicos de Tipasa se lee: “In Deo, pax et concordia sit convivio nostro”, que podríamos traducir: “En Dios, la paz y la armonía pueden reinar en nuestro vivir juntos”. La paz y la armonía han sido características fundamentales de la comunidad cristiana desde sus orígenes (cf. Hch 2,42-47), por deseo mismo de Jesús (cf. Jn 17,23), que dijo: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35). San Agustín afirmaba al respecto que la Iglesia «engendra a los pueblos, pero todos son miembros de uno solo» (Sermón 192, 2) y san Cipriano escribía: «El mayor sacrificio delante de los ojos de Dios es la paz y la unión fraternal, y un pueblo unido a proporción que están unidos el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo» (Sobre la oración dominical, IV, 95). Es hermoso, hoy, al oír tanta riqueza de palabras y de ejemplos, hacer eco de lo que hemos escuchado.

Es signo de ello, como nos ha recordado Su Eminencia, esta misma basílica, símbolo de una Iglesia de piedras vivas donde, bajo el manto de Nuestra Señora de África, se construye la comunión entre cristianos y musulmanes. Aquí el amor maternal de Lalla Meryem reúne a todos como hijos, cada uno rico en su diversidad, unidos por la misma aspiración a la dignidad, al amor, a la justicia y a la paz. Hijos deseosos de caminar juntos, de vivir, rezar, trabajar y soñar, porque la fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer una verdadera fraternidad, como nos ha dicho Monia, y como ha testimoniado Rakel, compartiendo su experiencia en la Tlemcen Fellowship. En un mundo donde las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, en las comunidades e incluso en las familias, su forma de vivir juntos, unidos y en paz es un gran signo. Así unidos, difundan la hermandad, inspirando en quienes los rodean deseos y sentimientos de comunión y de reconciliación, con un mensaje tanto más fuerte y claro cuanto testimoniado en la sencillez y en la humildad.

Una parte considerable del territorio de este país está ocupada por el desierto, y en el desierto no se sobrevive en soledad. La aspereza de la naturaleza redimensiona toda presunción de autosuficiencia y nos recuerda a todos que necesitamos los unos de los otros, y que necesitamos a Dios. Es la fragilidad reconocida la que abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera.

Por eso, queridos hermanos y hermanas, los animo a continuar su labor en tierras argelinas, como comunidad de fe unida y abierta, presencia de la Iglesia «sacramento universal de salvación» (Conc. Ecum. Vat. II, Lumen gentium, 48). Gracias por todo lo que hacen, por su oración, por su caridad y por su testimonio de unidad. Les aseguro mi recuerdo en la oración ante el Señor y, encomendándolos a María, Nuestra Señora de África, los bendigo de corazón.

Los Cuáqueros

Los cuáqueros, miembros de la Sociedad Religiosa de los Amigos, son un movimiento cristiano protestante nacido en Inglaterra en el siglo XVII, caracterizado por la búsqueda de la «luz interior» o chispa divina en cada persona. Se distinguen por su pacifismo, igualdad radical, vida sencilla, y la ausencia de jerarquías o rituales formales.

Características y Creencias Principales

  • Luz Interior: Creen en una conexión directa con Dios, sin necesidad de sacerdotes ni intermediarios.
  • Culto en Silencio: Sus reuniones suelen basarse en el silencio expectante, donde los asistentes esperan la guía del Espíritu Santo.
  • Testimonios: Se basan en principios éticos de paz (pacifismo), integridad, igualdad de género y justicia social.
  • Historia y Filosofía: Fundados por George Fox, surgieron como protesta contra la Iglesia establecida. Debido a la persecución, muchos se volcaron al comercio y la industria, influyendo notablemente en el desarrollo económico.

Los Cuáqueros Hoy

  • Diversidad: A diferencia de los Amish, los cuáqueros son, en su mayoría, pro-tecnología y activos socialmente.
  • Alcance Global: Aunque nacieron en Inglaterra, hoy tienen una gran presencia en África (especialmente Kenia) y América.
  • Acción Humanitaria: Tienen un historial destacado en ayuda humanitaria.

En la actualidad, la mayoría de los cuáqueros se encuentran en África Oriental, con comunidades pequeñas en Europa y América Latina.

Impacto de las Prácticas Contemplativas en la Regulación Emocional

Investigación Científica | Dr. Juan Moisés de la Serna

Las prácticas contemplativas, que abarcan desde la meditación mindfulness hasta la oración centrante y el silencio reflexivo, han ganado un reconocimiento creciente en la psicología clínica debido a su impacto directo en la regulación emocional. La investigación científica, apoyada en la neuroimagen y la psicofisiología, sugiere que estas prácticas fortalecen la capacidad del individuo para observar sus emociones sin ser dominado por ellas. A través del entrenamiento de la atención y la adopción de una postura de aceptación, las prácticas contemplativas modifican la conectividad entre la corteza prefrontal y la amígdala, reduciendo la reactividad al estrés y mejorando la resiliencia psicológica. Este artículo explora cómo el silencio y la introspección transforman la respuesta emocional del cerebro, ofreciendo una base científica para el bienestar espiritual.

En un mundo caracterizado por la sobreestimulación y la inmediatez, las prácticas contemplativas ofrecen un refugio para la mente. Aunque originadas en contextos religiosos antiguos, estas técnicas han sido desglosadas por la ciencia moderna para entender por qué funcionan. La regulación emocional no consiste en reprimir las emociones, sino en procesarlas de manera que no resulten destructivas. La contemplación enseña al individuo a ser un observador consciente de su propia vida interior, creando un «espacio» entre el estímulo y la respuesta.

Neuroanatomía de la Regulación Contemplativa

El núcleo de la regulación emocional se encuentra en el equilibrio entre el sistema límbico (el centro emocional del cerebro) y la corteza prefrontal (el centro de control ejecutivo). En estados de ansiedad o ira, la amígdala —parte del sistema límbico— se hiperactiva, secuestrando las capacidades de razonamiento. Las prácticas contemplativas actúan como un entrenamiento para la corteza prefrontal, especialmente la zona dorsolateral y ventromedial.

Los estudios de resonancia magnética muestran que los practicantes habituales de meditación y oración profunda presentan un mayor grosor en estas áreas prefrontales y una disminución en la densidad de materia gris de la amígdala. Esto se traduce en una mayor capacidad para «enfriar» las emociones intensas. El cerebro contemplativo no es que no sienta emociones negativas, sino que es capaz de volver al estado de equilibrio (homeostasis) mucho más rápido que el cerebro no entrenado.

La Atención Plena y la Desidentificación

Un mecanismo clave en la regulación emocional contemplativa es la «desidentificación» o «descentramiento». Normalmente, nos identificamos plenamente con nuestros pensamientos y emociones («estoy enfadado», «soy un fracaso»). La práctica contemplativa enseña a ver estos estados como fenómenos transitorios de la conciencia: «estoy experimentando una sensación de enfado», «ha surgido un pensamiento de fracaso».

Este sutil cambio lingüístico y cognitivo desactiva la carga emocional de la experiencia. Al no luchar contra la emoción ni dejarse arrastrar por ella, la emoción sigue su curso natural y se disipa. Investigaciones en psicología cognitiva han demostrado que este enfoque es significativamente más efectivo para reducir la ansiedad y la depresión que la supresión emocional, la cual suele generar un efecto rebote.

El Papel de la Compasión y la Auto-compasión

Muchas prácticas contemplativas, especialmente en el ámbito religioso, incluyen el cultivo intencional de la compasión y la bondad amorosa. Desde el punto de vista de la psicología de la salud, esto tiene un impacto directo en el sistema nervioso autónomo. Mientras que el rencor y la autocrítica activan el sistema simpático (estrés), la compasión activa el sistema parasimpático a través del nervio vago.

La activación del nervio vago promueve la calma, reduce la inflamación y mejora la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un marcador clave de salud cardiovascular y flexibilidad emocional. La oración intercesora o la meditación en el amor incondicional no solo benefician la actitud hacia los demás, sino que actúan como un bálsamo biológico para quien las practica.

Contemplación y Reducción de la Rumia

La rumia —el ciclo repetitivo de pensamientos negativos sobre el pasado o preocupaciones por el futuro— es el combustible de la mayoría de los trastornos afectivos. Las prácticas contemplativas interrumpen la «Red Neuronal por Defecto» (DMN, por sus siglas en inglés), que es el circuito cerebral que se activa cuando nuestra mente divaga de forma automática y ego-centrada.

Al centrar la atención en la respiración, en un mantra o en una palabra sagrada, el individuo entrena al cerebro para salir del modo de «piloto automático» rumiante. Esta capacidad de redirigir la atención voluntariamente es una de las herramientas más potentes para la higiene mental y la prevención de recaídas en la depresión clínica.

La ciencia confirma que las prácticas contemplativas son mucho más que un ejercicio de relajación; son una forma profunda de reconfiguración cerebral. Al fortalecer los circuitos de la atención y la compasión, el silencio y la oración permiten una regulación emocional más eficaz y humana. Integrar estas prácticas en la vida diaria no es solo un acto de piedad espiritual, sino una estrategia inteligente para la salud mental. En la quietud de la contemplación, encontramos la fuerza para navegar las tormentas emocionales con serenidad y claridad. La paz no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad regulada de afrontarlos.

Referencias Científicas Consultadas

  1. Lutz, A., et al. (2008). Attention regulation and monitoring in meditation. Trends in Cognitive Sciences, 12(4), 163-169.
  2. Holzel, B. K., et al. (2011). How does mindfulness meditation work? Proposing mechanisms of action from a conceptual and neural perspective. Perspectives on Psychological Science, 6(6), 537-559.
  3. Davidson, R. J., & McEwen, B. S. (2012). Social influences on neuroplasticity: Stress and interventions to promote well-being. Nature Neuroscience, 15(5), 689-695.
  4. Goleman, D., & Davidson, R. J. (2017). Altered Traits: Science Reveals How Meditation Changes Your Mind, Brain, and Body. Avery.
  5. Kabat-Zinn, J. (1990). Full Catastrophe Living: Using the Wisdom of Your Body and Mind to Face Stress, Pain, and Illness. Delacorte.
  6. Tang, Y. Y., et al. (2015). The neuroscience of mindfulness meditation. Nature Reviews Neuroscience, 16(4), 213-225.
  7. Vago, D. R., & Silbersweig, D. A. (2012). Self-awareness, self-regulation, and self-transcendence (S-ART): A framework for understanding the neurobiological mechanisms of mindfulness. Frontiers in Human Neuroscience, 6, 296.

La religión que lo cambió todo hace 3.000 años (y aún sigue influyendo más de lo que crees)

Llama eterna en el Templo del Fuego de Bakú también conocido como Ateshgah de Bakú. | Wikipedia

Una tradición nacida en la antigua Persia ya planteaba la lucha entre fuerzas opuestas, el juicio tras la muerte y el papel decisivo de las acciones.

Libertad Digital

El zoroastrismo, una de las religiones monoteístas más antiguas del mundo, formuló conceptos como la lucha entre el bien y el mal, el juicio tras la muerte o la responsabilidad individual mucho antes de que aparecieran otras tradiciones religiosas posteriores.

En el programa Es la Mañana de Fin de Semana de esRadio, el historiador y escritor Sergio Alejo Gómez ha explicado el origen y los principios de esta religión, surgida en la antigua Persia, así como su influencia en el pensamiento religioso posterior.Origen en la antigua Persia

El zoroastrismo tiene su origen en el segundo milenio antes de Cristo, en un contexto inicialmente politeísta en la región que hoy corresponde a Irán. En ese entorno comenzó a destacar una divinidad sobre las demás: Ahura Mazda, asociado a la verdad, la luz y el orden.

Según ha explicado Alejo, esta evolución no supuso en un primer momento un monoteísmo puro, sino una reorganización del sistema religioso en torno a una figura principal. El cambio se consolidó con la aparición del profeta Zaratustra (Zoroastro), considerado el intermediario entre la divinidad y los seres humanos.

El historiador ha señalado que «hay que recobrar el lenguaje del tiempo» para entender el contexto en el que surge esta religión, ya que muchas ideas actuales tienen su origen en conceptos formulados hace milenios.

La lucha entre el bien y el mal

Uno de los elementos centrales del zoroastrismo es la existencia de dos fuerzas opuestas: el bien, representado por Ahura Mazda, y el mal, encarnado en Angra Mainyu. A diferencia de otras tradiciones, el mal no es creado por el dios principal, sino que actúa como una fuerza independiente.

Esta dualidad configura una lucha constante, aunque con un desenlace definido. «El mal existe, pero no es eterno ni definitivo«, ha explicado Alejo, quien ha subrayado que el zoroastrismo plantea un sistema en el que el bien termina imponiéndose.

Además, el ser humano tiene un papel activo en este conflicto. Cada acción contribuye a inclinar la balanza, siguiendo el principio de «buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones», que resume la ética de esta religión.

Juicio tras la muerte y papel del individuo

El zoroastrismo también introduce la idea de un juicio tras la muerte. Según esta tradición, el alma debe cruzar el puente Chinvat, que se ensancha o estrecha en función de la conducta en vida.

Alejo ha explicado que esta imagen simboliza la responsabilidad individual: «cada decisión que tomamos en vida influye en el resultado final«. En algunos relatos, el alma se encuentra con una figura que refleja su comportamiento, ya sea en forma de belleza o de deformidad.

A diferencia de otras religiones, el castigo o la recompensa no son eternos. El zoroastrismo plantea un final de los tiempos en el que todo será purificado, los muertos resucitarán y el mal desaparecerá.

Influencia histórica y pervivencia

El zoroastrismo tuvo un papel relevante en los grandes imperios persas, especialmente durante las dinastías aqueménida, parto y sasánida. En este último periodo llegó a convertirse en religión oficial, con un clero organizado conocido como los Magi.

La expansión del islam a partir del siglo VII redujo su presencia, aunque no provocó su desaparición. Parte de sus seguidores emigraron a la India, donde formaron la comunidad parsi, que mantiene viva esta tradición.

En la actualidad, más de 200.000 personas continúan practicando el zoroastrismo. Sus templos conservan un elemento central: un fuego sagrado que nunca se apaga, símbolo de pureza.

La dimensión interreligiosa de la encíclica «Fratelli tutti» del Papa Francisco | Taller de espiritualidad

La dimensión interreligiosa de «Fratelli tutti» (FT), particularmente en su capítulo VIII, posiciona el diálogo entre religiones como un pilar esencial para la paz, la fraternidad universal y la justicia, basándose en el reconocimiento de Dios como Padre de todos. El Papa Francisco aboga por una cultura del encuentro que supera el individualismo y utiliza la colaboración interreligiosa para servir al bien común, fundamentado en la dignidad inherente a todo ser humano.

Puntos clave de la dimensión interreligiosa en FT:

  • Fundamento de la Fraternidad: La encíclica subraya que sin una apertura al Padre de todos, no hay razones sólidas para una fraternidad estable.
  • «Nosotros» Universal: Se invita a todas las tradiciones religiosas a construir un «nosotros» que promueva la amistad social y el respeto, más allá de la cercanía física.
  • Rechazo a la Violencia Religiosa: Francisco condena firmemente la violencia cometida en nombre de Dios y la idolatría, reafirmando los compromisos del documento de Abu Dhabi para fomentar la paz.
  • Diálogo y Verdad: El diálogo interreligioso no busca diluir la propia identidad cristiana, sino tender puentes basados en la verdad objetiva y el respeto, alimentando la justicia y la compasión.
  • Aporte Público: Se insta a las religiones a salir de la privatización de la fe y contribuir con sus valores a la vida pública y a la construcción de la sociedad.

https://tallerdeespiritualidad.es/2021/06/la-dimension-ecumenica-e-interreligiosa-de-la-enciclica-fratelli-tutti-del-papa-francisco/