“En una época en la que la violencia parecía el único lenguaje posible en la frontera entre India y Afganistán, Abdul Ghaffar Khan levantó una propuesta revolucionaria: transformar la fuerza guerrera de su pueblo en una resistencia pacífica fundada en la fe, la dignidad humana y el servicio. Este libro rescata la memoria de uno de los grandes líderes morales del siglo XX, cuya voz sigue siendo hoy extraordinariamente actual.”
“Más que una simple biografía, esta obra constituye una profunda reflexión sobre la no violencia, el Islam y la transformación social. A través de un sólido contexto histórico y espiritual, el lector descubre cómo Abdul Ghaffar Khan logró movilizar a miles de personas hacia una lucha pacífica en uno de los entornos más marcados por el conflicto y la tradición guerrera.”
“En un mundo todavía atravesado por guerras, fanatismos y divisiones religiosas, la figura de Abdul Ghaffar Khan aparece como un testimonio luminoso de reconciliación y esperanza. Este libro permite redescubrir a un hombre que hizo de la paz una forma de valentía y de la espiritualidad una fuerza activa de transformación humana.”
Abdul Ghaffar Khan (1890-1988): “El Gandhi de la frontera” es una obra que rescata la figura de uno de los grandes defensores de la no violencia del siglo XX, cuya trayectoria sigue siendo poco conocida fuera del ámbito académico, injustamente relegado a un segundo plano frente a nombres como Mahatma Gandhi. A través de una narración rigurosa y accesible, el libro presenta la vida de un líder musulmán pastún que supo transformar una cultura marcada por el honor y la venganza en una escuela de resistencia pacífica y dignidad humana.
Uno de los aspectos más fascinantes de la obra es la reinterpretación que Abdul Ghaffar Khan realiza de la yihad. Frente a las lecturas violentas del Islam, propone una lucha interior contra el odio, la injusticia y el egoísmo. Esta visión convierte la no violencia en una auténtica fuerza espiritual y revolucionaria. Esta visión permitió articular un movimiento no violento de enorme alcance, el Khudai Khidmatgar, capaz de movilizar a miles de personas en favor de la libertad, la educación y la fraternidad entre pueblos y religiones.El lector descubre aquí a un pensador profundamente actual, capaz de tender puentes entre Islam, paz y compromiso social en tiempos de polarización.
La obra destaca también por situar al lector en el complejo contexto histórico del colonialismo británico, la partición de la India y el nacimiento de Pakistán, mostrando cómo la figura de Khan quedó injustamente relegada pese a la grandeza moral de su testimonio. El texto combina biografía, análisis histórico y reflexión espiritual, permitiendo comprender no solo a un personaje excepcional, sino también las raíces profundas de muchos conflictos contemporáneos.
La importancia de este libro radica en recuperar una voz imprescindible para el diálogo entre culturas y religiones. En un tiempo marcado por la violencia y las tensiones identitarias, la figura de Abdul Ghaffar Khan aparece como un ejemplo luminoso de reconciliación, firmeza ética y compromiso con la paz. Su mensaje demuestra que la no violencia no pertenece exclusivamente a una tradición cultural o religiosa, sino que constituye un patrimonio universal de la humanidad.
Además, la obra ofrece una valiosa aportación al estudio de las relaciones entre espiritualidad y acción política. Lejos de presentar una visión abstracta o idealizada, muestra cómo la fe puede convertirse en una fuerza concreta de transformación social. El lector descubre así una experiencia histórica que interpela directamente al presente y que invita a repensar el sentido del compromiso humano, la justicia y la convivencia.
I. Shantivanam, un ashram cristiano. En la Declaración sobre religiones no cristianas, suscrita por el Concilio Vaticano II se afirma: “La Iglesia no rechaza lo que sea verdadero y santo en esas religiones” y animó a los católicos a “reconocer, preservar y promocionar los valores morales y espirituales, sociales y culturales que se encuentran en ellas”. Siguiendo esta dirección, el All India Seminar, compuesto por la jerarquía eclesiástica y representantes de toda la Iglesia católica en India habló en 1969 de “La riqueza de la verdad, bondad y belleza de la tradición religiosa india” como un regalo de Dios a la nación, desde tiempos antiguos. El Seminario mostró la necesidad de una liturgia “estrechamente vinculada a la tradición cultural india” y una teología “vivida y ponderada en el contexto de la tradición espiritual india”. En particular, la necesidad fue expresada “para establecer formas auténticas de vida monástica conservando las mejores tradiciones de la Iglesia y de la herencia espiritual de India”. De entre los regalos concedidos por Dios a India, se considera el mayor la interiorización de la consciencia de la presencia de Dios, que habita en el corazón de cada persona y de cada criatura, que se adopta mediante la oración y la meditación, con el silencio contemplativo y la práctica de yoga y sannyasa . “Estos valores pertenecen a Cristo y son una ayuda positiva para una vida cristiana auténtica” En las conclusiones de dicho seminario se mencionaba la necesidad de implantar ashrams donde se viva la auténtica espiritualidad cristiana, también abiertos a los no cristianos, para experimentar una expresión genuina del cristianismo en India. Shantivanam es un ashram a cuyo cargo está una comunidad monástica que se dedica a la vida contemplativa dentro de la tradición benedictina. Su propósito, siguiendo
las directrices del All India Seminar, es traer a nuestra vida cristiana la riqueza de la espiritualidad india, para compartir en esa profunda experiencia de Dios que se origina en los Vedas, se desarrolló en los Upanishads y el Baghavad Guita y ha llegado hasta hoy a nosotros a través de una sucesión continua de sabios y de hombres y mujeres santos. De esta experiencia de Dios vivida en el contexto de una vida cristiana auténtica, esperamos asistir al crecimiento de nuestra propia liturgia cristiana india, y también una teología. Saccidananda, o Shantivanan, el ashram de la Santísima Trinidad lo fundaron dos sacerdotes franceses: Jules Monchanin, que tomó el nombre de Parama Arubi Ananda (la bendición del Espíritu supremo) y Henry Le Saux, con el nombre de Abhishiktananda (la bendición de Cristo). Saccidananda significa “la bendición de ser consciente”, un término del hinduismo para referirse a la cabeza divina, QUIZÁS EXPLICAR MÁS, PORQUE ES LA CABEZA QUE MIRA A TODOS LOS LADOS que lo tomamos cono símbolo de las tres personas de la Santísima Trinidad. Con ello sus fundadores pretendían mostrar su identificación con la búsqueda de Dios, la búsqueda de lo Absoluto que desde el principio ha inspirado la vida monástica en India; también pretendieron relacionar esta búsqueda con su propia experiencia de Dios en Cristo, en el misterio de la Santísima Trinidad. Desafortunadamente el padre Monchanin murió en 1957, antes de que el ashram estuviese en marcha, y Abhishiktananda permaneció durante un tiempo solo hasta que se asentó como ermitaño en los Himalayas, donde murió en 1973. En 1968, tras la marcha de Abhishiktananda, un grupo de monjes benedictinos dirigidos por Bede Griffiths (ver apartado II) se hizo cargo de Shantivanam, provenientes del ashram de Kurisumala, en Kerala (Sur de India). Desde 1980 forma parte de la orden de los Benedictinos, como comunidad de la Congregación de los Camaldulenses y teniendo a San Romualdo como patrón. Un lugar de oración El propósito del ashram es establecer un camino de vida contemplativa, basada tanto en el monacato cristiano y el sannyasa hindú, tradición de renuncia al mundo para la búsqueda de Dios, que la considera como una liberación. Esta tradición se remonta muchos siglos atrás del nacimiento de Jesús y continúa hasta nuestros días. Nuestro propósito en Shantivanan es unirnos con esta tradición como sannyasis cristianos. La vida en el ashram se basa en dos ejes: por un lado la regla de san Benito, el patriarca del monacato occidental, y las enseñanzas de los padres monásticos de la Iglesia. Por otro con el estudio de la doctrina vedanta advaita (no dualidad) y la práctica de los métodos de oración, meditación y yoga propios del hinduismo. De esta manera esperamos asistir al encuentro de dos grandes tradiciones de vida espiritual, reuniéndolas en nuestra experiencia de oración y contemplación. Exteriormente la comunidad sigue la tradición de un ashram hindú, vistiendo las ropas de color anaranjado de los sannyasis, sentándonos en el suelo y comiendo con la mano. Buscamos preservar el carácter de pobreza y sencillez que siempre ha sido seña de los sannyasis en India. Cada monje ocupa una cabaña o habitación, que le da cobijo para la oración y la meditación en una atmósfera de soledad y silencio. Hay dos horas especialmente indicadas para meditación, según la tradición india, al amanecer y durante el ocaso. La comunidad se reúne para orar en común tres veces al día, en la mañana después de la meditación – a la que sigue la Eucaristía- a mediodía y a la puesta del sol. Durante la oración hacemos lecturas de los Veda, los Upanishads y el Baghavad Guita, y también clásicos tamiles y otras escrituras, junto con los salmos y lecturas de la Biblia; cantamos canciones en lengua sánscrita y tamil, y como fondo tocamos instrumentos musicales y hacemos presentes otros símbolos. También realizamos el ritual del arati , con una pequeña llama que se ondea ante el Santísimo Sacramento, y otras ceremonias propias del hinduismo, que ahora se aceptan generalmente en la Iglesia india. De esta manera confiamos ver crecer una liturgia autóctona, de acuerdo con la mentalidad de la Iglesia actual. Un lugar de encuentro El ashram pretende ser un lugar de encuentro para personas de otras religiones, o de ninguna, que están genuinamente buscando a Dios a través de las distintas tradiciones religiosas. A los numerosos visitantes, provenientes de India y de otras partes del mundo, que acuden para retiro, diálogo y debate religioso, etc. queremos ofrecer un centro espiritual en el que puedan encontrar una atmósfera de calma y quietud para el estudio y la meditación. También nuestra comunidad les brinda guía y apoyo en esta búsqueda.
El ashram cuenta con alojamiento para los visitantes y una biblioteca, con obras sobre la Biblia, filosofía cristiana y teología, y una selección de textos sobre el hinduismo, budismo y otras; también una sección sobre estudio comparado de religiones. Para quienes buscan ingresar permanentemente en la comunidad, hay tres estadios de compromiso con la vida del ashram. La primera es la de sadhaka, o aspirante. La segunda es la de brahmachari, en el que hay un compromiso en la búsqueda de Dios pero no es necesario permanecer constantemente en el ashram. La tercera es la de sannyasi, a quien se le impone el hábito naranja y se compromete de por vida en la búsqueda de Dios, renunciando al mundo, a los lazos familiares y a sí mismo para que pueda darse completamente a Dios. Esto, sin embargo, no implica una estancia permanente en el ashram puesto que de acuerdo con la tradición india el sannyasi es libre para peregrinar según le guíe el espíritu. El ashram también está involucrado en la ayuda a la población de las aldeas vecinas. Aunque su misión primaria es descubrir en el interior el reino de Dios, también se toman en serio las palabras de Jesús “cualquier cosa que hagáis al más pequeño de mis hermanos y hermanas, lo estáis haciendo conmigo”. Para personas y familias con recursos muy escasos Shantivanam tiene a su cargo: un centro de día para ancianos válidos; un jardín de infancia para el cuidado de menores de 5 años, cuyos padres trabajan; provee de material escolar y uniformes a numerosos niños; facilita ayudas económicas para la asistencia sanitaria; reparto de leche, proveniente de nuestra granja; construcción de viviendas; talleres artesanales de confección; centros de repaso y apoyo escolar Ver página web ( http://www.shantivanamashram.com ). Se aceptan donativos de quienes quieran contribuir a estas actividades asistenciales. El ashram se mantiene parcialmente con el cultivo de las tres hectáreas de su propiedad y una granja de ganado vacuno, destinado para el trabajo de la tierra y para producción de leche. Se complementa con las aportaciones de los visitantes y bienhechores de muchas partes del mundo. En todo nuestro trabajo, el necesario para el mantenimiento de la comunidad y el que realizamos para la gente más pobre que vive a nuestro alrededor, tenemos en todo momento presente que lo que necesitamos todos – por encima de todo, más que comida, ropa, medicamentos o educación- es el conocimiento de Dios. Un ashram debe sobre todo ser un lugar de oración, donde las personas puedan encontrar a Dios, donde puedan experimentar la realidad de la presencia
de Dios en sus vidas y saber que fueron creadas no solamente para este mundo sino para la vida eterna. Símbolos utilizados en la liturgia En nuestra oración hacemos uso de varios símbolos tomados de la tradición hindú, para adaptar nuestra oración cristiana a las tradiciones y costumbres indias, de acuerdo con la mentalidad actual de la iglesia. En la oración matutina empleamos pasta de sándalo que la colocamos en la cabeza o las manos, como manera de consagrar el cuerpo a Dios. El sándalo es la más preciosa de todas las maderas, y por tanto considerada como un símbolo de divinidad, cuya fragancia dulce es también un símbolo del amor incondicional de Dios. Estamos llamados a irradiar el amor incondicional de Dios en nuestra vida diaria. En la oración de mediodía usamos polvo de color púrpura denominado kumkuma, que se coloca en el entrecejo como un símbolo del tercer ojo, el ojo de la sabiduría. Mientras que los dos ojos son los de la dualidad, que ven el mundo exterior y el yo externo, el tercer ojo es interior, contempla la luz interior de acuerdo con la palabra de Dios. Este tercer ojo es un símbolo universal, pues aparece en los iconos griegos de Cristo. En India el color púrpura se considera femenino, es la marca de la diosa madre. Consideramos que simboliza la sabiduría femenina, que se recibe a Nuestra Señora de la Sabiduría. La oración de mediodía es relativa a la sabiduría, consistiendo en el salmo de la sabiduría (118) y en la lectura de algunos de los libros de la tradición sapiencial. En la oración del atardecer empleamos cenizas (vibhuti). El simbolismo aquí va más allá del “polvo eres y en polvo te convertirás”: la ceniza es la materia resultante de las impurezas quemadas. Al aplicarlas en la frente significamos que nuestros pecados e impurezas se han quemado, y las cenizas representan al yo purificado. El arati es un ritual del hinduismo que consiste en ondear un pequeño fuego o incienso como signo de adoración o veneración ante cualquier objeto sagrado o persona. En cada una de nuestras oraciones ofrecemos arati ante al Santísmo Sacramento en el altar mayor, que ocupa una capilla interior que siempre se mantiene oscura, significando que Dios habita en la cueva del corazón. Cuando las llamas ondean ante la capilla descubre al Dios oculto y al pasar por delante de todos los presentes tomamos simbólicamente la luz de Cristo en nuestros ojos. En el ofertorio de la Misa hacemos una ofrenda de los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego, según el ritual hindú de puya (se verá escrito generalmente en su grafía inglesa, puja) como signo de que la creación entera se ofrece a Dios a través del sacrificio cósmico de Cristo. Primero rociamos agua alrededor del altar y después a todos los asistentes para purificarlos. Tras esto, el sacerdote toma un sorbo de agua para purificar su interior. Posteriormente, al tiempo que el sacerdote consagra, se colocan ocho flores alrededor de un plato grande y sobre éste se disponen frutos de la tierra. Las ocho flores representan las ocho direcciones del espacio, y significa que la Misa se ofrece en el centro del Universo, haciendo referencia así a la creación entera. Durante la ofrenda se entonan cánticos en sánscrito. Finalmente hacemos arati con incienso, representando el aire, y después con alcanfor representando el fuego. Así la misa se considera como un sacrificio cósmico en el que la creación entera junto a toda la humanidad se ofrece al Padre a través de Cristo. En nuestra oración diaria hacemos uso constantemente de la sílaba sagrada OM, que no tiene un significado específico. Parece que originalmente era una forma de afirmación, como la aserción solemne hebrea “amén”, como cuando en el Nuevo Testamento Jesús dice “Amén os digo”. De esta manera OM se concibió como el sonido primordial, la palabra original de la que vino toda la creación. Esto es afín al evangelio de San Juan que dice que Dios es el principio de todo, y sin él nada puede hacerse. En los Upanishads se identificó con el más alto Brahman 7 7, la realidad suprema. Así se dice: “Te contaré la Palabra que todos los Vedas ensalzan, expresa todo el autosacrificio, todos los estudios sagrados y toda la búsqueda de vida santa. Esa palabra es OM, esa Palabra es el Brahman eterno, esa Palabra es el más alto fin. Cuando se conoce la palabra sagrada todos los anhelos se cumplen, es el medio supremo de salvación, es la ayuda suprema. Cuando esta gran palabra se conoce uno es grande en el cielo de Brahman”. Para un cristiano esta Palabra es Cristo.
La India es un país espiritual, hay pocos lugares donde no haya una vinculación con alguna deidad, ya que la religión lo impregna todo. Dentro de las doctrinas más comunes están el hinduismo (la mayoritaria), el budismo, el jainismo y el sijismo, aunque hay muchas más. Por lo tanto, no se puede hablar de la India sin mencionar esa cualidad espiritual, que hace que en cualquier viaje entres en contacto con alguna de sus religiones. Si hablamos del hinduismo, la religión más antigua del país cuyos dioses son adorados por distintos seguidores, cuenta con muchas celebraciones durante todo el año. Recorrer el país en busca de sus lugares sagrados puede ser toda una aventura.
Celebración de Diwali en la India.Tim Gainey / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)
Diwali, el festival de las luces
Si hay una fecha importante en el calendario de la India es el Diwali, el mayor festival celebrado en el país de todo el año. Si pudiéramos compararlo con un momento importante y similar en Occidente, sería la Navidad. La celebración del nuevo año hindú congrega a miles de personas que durante cinco días realizan numerosos rituales. El encendido de diyas y velas por toda la casa, la adoración a Laxmi Ganesha para invocar a la salud y la riqueza y los fuegos artificiales son algunos de los rituales principales del festival. Además del intercambio de regalos entre seres queridos mostrando amor y afecto. Por supuesto, no falta un gran banquete con deliciosa comida india y una variedad de dulces capaz de levantar el ánimo a cualquiera.
El festival comienza en el día denominado Dhanteras, que se celebra el decimotercer día lunar de Krishna Paksha (cuarto menguante) del mes Ashvin del calendario hindú y finaliza en Bhau-beej, y celebrado el segundo día lunar de Shukla Paksha (cuarto creciente) del mes Kartik Dhanteras, y por lo general cae 18 días después de Dussehra. En el calendario gregoriano, suele ser a mediados de octubre o noviembre. El tercer día de Diwali es el día principal de las celebraciones, ya que las personas adoran al dios Ganesha, el más importante de todos los dioses hindúes, y a la diosa Lakshmi, la diosa que atrae a la prosperidad y la abundancia. Además de la iluminación, que es colorida y espectacular, en este festival se cantan mantras, se hacen ofrendas como flores y comida a otros dioses.
El imponente templo de Mahabodhi en Bodhgaya.Horizon Images/Motion / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)
Ruta de Buda: un recorrido por las localizaciones sagradas
Buda nació hace 2.600 años en Lumbini, aunque pertenezca a Nepal, en su momento se lo consideró la India. Lo cierto es que la Reina Maya se dirigía con dolores de parto a la casa familiar en Kapilavastu, como se hacía tradicionalmente, pero no le dio tiempo a llegar y tuvo que dar a luz en plena naturaleza. Es por eso por lo que Lumbini es uno de los lugares de peregrinaje más importantes del budismo. El budismo se extendió de la India al mundo, por eso en Nepal es diferente que en la India, lo mismo que ocurre en Japón y en otros lugares.
Bodhgaya es también un importante enclave en la ruta de Buda, un lugar puramente budista. Se encuentra en la India, en el distrito de Gaya, y se lo conoce como el sitio donde el Buda alcanzó la iluminación. Desde aquí emprendió su camino hacia Sarnath.
Ceremonia del Aarti en Benarés.Frank Bienewald / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)
Benarés o Varanasi, ciudad más sagrada
La ciudad sagrada de la India es Benarés, consagrada al dios Shiva, que simboliza la destrucción y la transformación, pero también representa la benevolencia y la bondad. En el hinduismo el río que atraviesa la ciudad, el Ganges, es el más importante. Sus aguas nacen en el Himalaya, a más de 4.500 metros sobre el nivel del mar, y según la tradición, cada inmersión en el Ganges limpia un pecado, por ello muchas personas vienen a morir aquí o a ser incineradas. “Los que mueren en Benarés trascienden la muerte, entonces muchas personas son quemadas allí. Es una ceremonia sagrada que se realiza en madera de sándalo”, explica la experta y guía de EL PAÍS VIAJES, Patricia Paulo.
Todos los días a las seis de la tarde se celebra una de las ceremonias más esperadas en el Ganges. Desde uno de sus ghats, las escalinatas que conducen hasta el río, cientos de personas se asoman curiosas o participan de la ceremonia del Aarti, realizada por sacerdotes en la que se emplean sonidos y se hacen ofrendas al río con inciensos y velas. Es un momento para la introspección, de los más bellos y mágicos que se producen en la India.
El memorial en honor a Mahatma Gandhi.dave stamboulis / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)
Delhi y la historia de Gandhi
Mahatma Gandhi es mucho más que un héroe nacional en la India. Aunque no nació en la ciudad de Delhi, Gandhi sí murió aquí, en el distrito de Nueva Delhi. Fue asesinado por un ultraderechista hindú el 30 de enero de 1948 cuando se dirigía a una reunión para rezar. Gandhi, que practicaba la doctrina jainista, que se caracteriza en grandísimos rasgos por la inofensividad y la vida pacífica, ya dio una muestra de su espiritualidad y de la lucha por la paz en sus últimas palabras. La expresión que pronunció, ¡Hey, Rama! (Oh, Dios), es un signo de su espiritualidad, así como su idealismo en la búsqueda de la paz en su país. Estas palabras están escritas en el Raj Ghat o monumento conmemorativo de Mahatma Gandhi.
Obviamente, Delhi no es solo espiritual por Gandhi, ya que es una de las capitales del mundo con más historia, sus monumentos son una prueba de ello. El Qutab Minar y la tumba de Humayun fueron declarados patrimonio de la humanidad, también hay que destacar la Puerta de la India; la tumba de Humayun, de la que se dice que es la precursora del conocido Taj Mahal de Agra, o los restos de la antigua ciudad de Purana Quila.
Amritsar, ciudad sagrada para los sijs.James May / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)
Amritsar, ciudad sagrada para los sijs
Nos detenemos en esta ruta por la India más espiritual en Amritsar, la segunda ciudad más grande del Estado de Punjab, en el noroeste de la India. Se trata de un lugar fuertemente relacionado con los sijs, los seguidores del sijismo, una religión que tuvo origen en el siglo XV en esta misma región. En la tradición sij, a Guru Ram Das, el cuarto gurú sij, se le atribuye la fundación de la ciudad sagrada de Amritsar, es por ello por lo que la incluimos en esta lista. Sin duda, uno de los lugares más espectaculares de la ciudad es donde se encuentra el espectacular templo dorado. La mayoría de los sijs lo visita por lo menos una vez en su vida, especialmente durante ocasiones especiales, como cuando nace un bebé, para celebrar un cumpleaños y en bodas. El templo se construyó entre 1588 y 1604. Está abierto a todo el mundo, sea de la religión que sea. Hay muchos otros monumentos interesantes que ver en Amritsar, resaltamos también el fabuloso templo de Durgiana Mandir y Bada Hanuman Mandir, aunque es un templo hindú se parece mucho al templo dorado.
Thiruvannamalai es una ciudad del sur de la India y un gran centro de peregrinaciones a la “Montaña de la luz” cerca de la cual se encuentra uno de los grandes templos dedicados a Shiva. Es una ciudad mayoritariamente Hindú aunque, en las proximidades de la ciudad, desde hace cuarenta años se ha asentado una pequeña comunidad católica compuesta de cristianos de origen dalit, además de una comunidad luterana más antigua. Los hermanos se establecieron allí hace un año y Anand nos describe su nuevo ambiente de vida y sus compromisos. Queridos hermanos: Desde hace varios días estoy bloqueado con una ciática, sin poder agacharme y con mucho dolor para ponerme en pie y con dificultad para levantarme por la mañana de la cama. Estuve en Bangalore para unos trámites, sólo un ida y vuelta de tres días porque se iba a celebrar el festival hindú en el pueblo y estaba invitado por mis compañeros dalits1 . Volví agotado (también debido al calor, 40 grados) y llegando quise limpiar delante de casa, hice un movimiento en falso y ¡hop! un lumbago. Al día siguiente hice 80 km en moto y luego fui a ver a Shanti. Y al despertarme me encontré bloqueado en la cama, imposible levantarme. Aprovecho el estar tranquilo a la fuerza, para escribiros. De repente me he dado cuenta de la belleza de los gestos cotidianos, el hecho de no poder hacer algunas posturas me ha hecho tomar conciencia de todos los movimientos que hacemos sin darnos cuenta; de la hermosa armonía de los gestos cotidianos. Los vecinos, los amigos se ríen de mí, yo curo a los demás con masajes, con sesiones de acupuntura, etc. y no soy capaz de curarme a mí mismo. Acabo de curar a la vecina que se cayó de un taburete y se hizo daño en la planta del pie, no podía apoyarlo en el suelo, sufría desde hacía un mes y en dos días llegué a reducirle su dolor y ahora camina normalmente. Nuestra nueva fraternidad pronto cumplirá un año, Xavier y Visu llegaron a Tiruvannamalai el pasado junio y al barrio donde estamos en agosto. Nuestra casa se encuentra a 10 minutos a pie de la parroquia. Nuestro barrio es nuevo y también la parroquia es bastante nueva, un misionero italiano salesiano la creó hace unos cuarenta años. Invitó a los cristianos de los pueblos vecinos a instalarse y a vivir en Tiruvannamalai para crear una nueva comu nidad cristiana. Tiruvanamalai es una ciudad hindú tradicional, con ashrams y templos, cada mes de luna llena, miles de peregrinos vienen al gran templo dedicado a Shiva y caminan durante la noche 16 km, alrededor de la montaña sagrada. Arunachala es una montaña dedicada a la luz así como el templo (el 10 de mayo será luna llena, el gobierno de Tamil Nadu pondrá a disposición más de 2.000 autobuses que harán al menos tres viajes de ida y vuelta, sin contar los autobuses privados, coches, motos, etc.) Este templo se encuentra a unos 40 minutos a pie de la fraternidad. Una ciudad grande con mayoría hindú. Existe también una comunidad protestante luterana que es mucho más antigua que nuestra parroquia y que ha hecho mucho por la ciudad; tienen una reputada escuela y muchas personas de Tiruvannamalai estudiaron en ella. También hay una comunidad musulmana que es bastante importante. Volviendo a nuestro barrio, el misionero italiano compró terrenos e invitó a los cristianos de los pueblos vecin0s a instalarse; son casi todos maestros, funcionarios… que vinieron a instalarse aquí, la mayoría son dalits y pudieron educar a sus hijos que ahora ocupan puestos de trabajo bastante buenos en la enseñanza, funcionarios, empleados de banca, militares, abogados… Desde hace algún tiempo voy descubriendo a los jóvenes que encuentro por el barrio o en su entrada y también detrás de nuestra casa, ya que vienen a jugar al cricket o al voleibol, hay también familias dalits hindúes que se han ido instalando poco a poco, desde hace 30 años, desplazándose de la gran colonia dalit que se encuentra situada entre la estación de autobuses, la estación del tren y la iglesia luterana; esta comunidad dalit hindú se las arregla y crece, pero ella no está a la altura del estándar de vida de la comunidad cristiana y de las familias vecinas nuestras. Esta pequeña colonia se encuentra encajonada entre el convento de unas monjas, los grandes almacenes que se encuentran en la carretera y nuestro barrio. Nuestra casa se encuentra al final de la calle principal sobre terrenos que están en venta o vendidos ya para la construcción. Por el momento es muy tranquila, la casa es amplia y agradable y por detrás de la casa hay espacio para poder andar por la mañana y por la tarde. Hay también un lago pequeño muy cerca, lugar muy agradable para pasear. Seguramente tendremos que dejar esta casa ya que está en venta, pronto tendremos que empezar a buscar otro lugar. Nuestra pequeña fraternidad, la comenzamos realmente a tres, a finales del pasado junio. Visu dejó su trabajo en Gingee donde trabajaba en una escuela y se ocupaba de estudiantes que tenían problemas de visión o sordera. Eran chavales que estudiaban en una escuela normal y tenían necesidad de acompañamiento y ayuda, el trabajo de Visu consistía en acompañarlos. Ahora está jubilado. Desde enero hasta julio tomó un tiempo sabático; no había hecho el año de desierto. Hace retiros acompañados que duran casi un mes. Espero que nos comparta sus vivencias de esos 6 meses. A su regreso le gustaría sin duda alguna, encontrar una ocupación, seguramente la encontrará con la experiencia que tiene con los discapacitados. Puede ser de gran ayuda para los niños y niñas que tienen dificultades en los estudios. Aquí la ciudad es pequeña y no hay muchas oportunidades de trabajo. De momento Xavier trabaja en una ONG, que está bajo la responsabilidad de nuestro amigo Rosario. Va a visitar una vez por semana un pequeño centro, un pensionado que Rosario creó para los niños y niñas de los pueblos tribales. Este centro se encuentra a 60 km de Tiruvannamalai en la montaña, él va a ver a la persona encargada, ve las necesidades del centro y también visita algunos pueblos donde hay pequeños centros nocturnos para ayudar a estudiar a los niños. Si no, está en el centro que se encuentra a 15 km de Tiruvannamalai, donde se ocupa de un programa para las personas mayores Dalits. Respecto a mí, también busqué una ocupación, estando al principio solo en el barrio. La gente va a trabajar y la mayoría de las casas están cerradas. Personalmente esto lo vivía mal. Un amigo que tiene dos centros para niños con lesiones cerebrales me hizo una propuesta. Participo en las actividades del centro tres veces por semana, intento transmitir y enseñar mis conocimientos adquiridos durante los años pasados en Alampoondi. Este centro se encuentra a 16 km de Tiruvannamalai. Una vez por semana voy a Gingee. Albert un amigo que vive en nuestra antigua casa de Alampoondi retomó una parte del proyecto GRRC, centro en el que yo trabajaba y me pidió ayuda para desarrollar este proyecto. Ha contratado a dos personas. Cuando voy a Gingee tengo ocasión de volver a ver a amigos y de pararme de vez en cuando en Alampoondi. Generalmente tengo un largo fin de semana, viernes, sábado y domingo libres, esto me equilibra y también me siento libre para cogerme cuando quiero algún día, puesto que es casi como un voluntariado lo que hago. Me pagan muy poco. Así es como pude ir a Bangalore o me deja disponible también para cualquier otra necesidad. Me gustaría daros noticias de Shanti que se encuentra a 45 km de Tiruvannamalai, en Chetpet. Tiene una habitación en St. Thomas Hospital, que está bajo el patrocinio de un instituto secular de origen alemán. Puede sentarse solo en la cama y poco a poco llega a sentarse en su silla, pero la mayor parte del tiempo permanece acostado. Durante mi última visita me dijo que estaba harto y que pide todos los días al Señor que se lo lleve. Intentamos ir a verle una vez por semana y quedarnos un rato con él. En adelante seguramente que tendremos que acompañarle más. Quisiera hablaros sobre nuestra parroquia, intentamos integrarnos poco a poco, pero esto no nos es fácil, nuestro estilo de vida no lo entienden, la gente espera que estemos al servicio de la Iglesia, no tenemos institución. La parroquia es muy tradicional, empezando por el cura, personalmente me cuesta mucho situarme después de haber vivido 23 años en Alampoondi viviendo en un ambiente hindú; creo que estábamos mucho más libres. (Tienen en mente a este misionero italiano que hizo mucho por esta parroquia y viendo un hermano de piel blanca, inconscientemente tienen expectativas). Pero mis hermanos tienen el deseo de estar cercanos a la comunidad cristiana y esto es legítimo. Necesitaremos tiempo para seguir siendo nosotros mismos con nuestro carisma y al mismo tiempo estar presentes en la parroquia de una forma positiva y constructiva. Esto será sobre todo el trabajo de Visu y Xavier, ellos deberán encontrar el camino. Y termino, el diario ya es bastante largo. Con toda mi fraterna amistad para cada uno y quiero deciros que leo siempre con gran interés vuestros diarios.
(1) El sistema jerárquico de castas, en el hinduismo, ponía de lado a los “fuera de casta”, a quienes se les reservaban los trabajos considerados como impuros y cuyo contacto había que evitar. Antaño se les conocía como “parias” o “intocables”, pero el término empleado comúnmente hoy es el de “dalit” (palabra que se han dado ellos mismos y que significa “los oprimidos”). Incluso si la Constitución de la India de después de la independencia instauró la igualdad ante la ley e incluso si un buen número de dalits han tenido acceso a la educación y a puestos importantes (ministros e incluso presidentes de la república), los dalits siguen siendo hoy víctimas de una mirada negativa y muchos de ellos hacen parte de las capas más pobres de la sociedad india. L