Damasco: Una historia de armonía y convivencia entre todas las religiones

Ciudad de Damasco.Foto: SANA
La antigua ciudad de Damasco, con sus múltiples civilizaciones y su historia milenaria preservada entre los muros de la Ciudad Vieja, sigue siendo un ejemplo único de coexistencia y fraternidad religiosa.
En esta milenaria urbe, minaretes y campanas de iglesia se alzan juntos, componiendo una escena espiritual poco común que refleja la profunda historia de la ciudad como cuna de religiones monoteístas y centro cultural y espiritual durante milenios.
Damasco: Cuna de mensajes religiosos
El historiador Ghassan Shahin, estacó en entrevista con SANA, a Damasco como “cuna de religiones”. Fue en esta ciudad donde el apóstol Pablo se convirtió al cristianismo en el año 36 d. C. antes de emprender su misión evangelizadora.

Seis siglos después, la conquista islámica comenzó en Damasco, extendiéndose posteriormente por todo el mundo. La ciudad también albergaba un Barrio Judío con varias sinagogas, constituyendo un ejemplo máximo de diversidad y convivencia humana.
Minaretes y campanas: la vida compartida
Shahin repasó la historia de la convivencia pacífica, señalando que el desarrollo urbano islámico comenzó en el año 636 d. C., cuando los líderes conquistadores ingresaron por las puertas de la ciudad y construyeron mezquitas y minaretes junto a las iglesias existentes.
“Estas mezquitas e iglesias no eran solo lugares de culto, sino también centros educativos de química, física e idiomas, como la Escuela Asiya y las escuelas coránicas”, explicó. Todas las barreras sectarias desaparecieron, fusionándose en una identidad única: la identidad damascena.
La Mezquita Omeya: testimonio de civilizaciones y armonía
Shahin subrayó que la Mezquita Omeya refleja la historia de una ciudad abierta y plural. El edificio fue inicialmente un templo al dios Hadad durante la época aramea, luego se transformó en templo a Júpiter bajo los romanos y, siglos después, musulmanes y cristianos compartieron su espacio como iglesia y mezquita. Las oraciones se elevaban juntas, en una escena histórica que simboliza las raíces compartidas y la tolerancia de Damasco.

Durante el reinado de Al-Walid ibn Abd al-Malik, la Mezquita Omeya se consolidó como icono de la arquitectura islámica, conservando además el santuario del profeta Yahya (Juan el Bautista). Hoy, representa un corazón abierto a todas las religiones, transformando la diversidad en una sinfonía de convivencia, bajo una cúpula que acoge a todos.
Las tres catedrales: patrimonio y centralidad espiritual
Shahin explicó que Damasco alberga la sede de tres patriarcados históricos:
- Patriarcado Ortodoxo Griego (Mariamita): reconstruido en el siglo XIX, es la iglesia más grande de Damasco y un faro espiritual en el corazón de la ciudad.
- Patriarcado Griego Católico Melquita: construido en 1840 sobre las ruinas de una antigua sinagoga caraíta, es hoy un importante monumento religioso y arquitectónico.
- Patriarcado Ortodoxo Siríaco: junto con sus iglesias hermanas, forma el Triángulo Patriarcal Antioquiano, administrando los asuntos de sus fieles en todo el mundo desde Damasco.
Shahin aclaró que estas iglesias se trasladaron de Antioquía a Damasco y se conocen como las “Iglesias de Nuestra Señora de la Dormición”, en conmemoración del fallecimiento de la Virgen María.
La Ciudad Vieja de Damasco, más que un barrio histórico, es un icono espiritual que refleja el modelo más elevado de fraternidad humana. Su singularidad radica en la concentración de numerosos lugares de culto de distintas religiones y sectas en un mismo espacio geográfico, demostrando que la fortaleza de la ciudad reside en integrar la diversidad dentro de una identidad unificadora, cuyos valores se traducen en paz, amor y convivencia.

Los Anglicanos Globales rompen con la Comunión Anglicana, pero dejan la puerta abierta para evitar el cisma

La nueva Comunión Anglicana Global, establecida principalmente en el África subsahariana, se propone ser el gran movimiento reformista conservador dentro del anglicanismo, reafirmando su ruptura con Canterbury
(7 Margens).- La nueva Comunión Anglicana Global (GAC), establecida principalmente en el África subsahariana, se propone ser el gran movimiento reformista conservador dentro del anglicanismo, reafirmando su ruptura con los cuatro instrumentos de unidad de la Comunión Anglicana fieles al Arzobispado de Canterbury. Sin embargo, según algunos observadores, esta no es una ruptura radical que pueda considerarse un cisma.
El documento “Declaración de Abuja”, con el nombre de la ciudad nigeriana donde se celebró la conferencia del G26 (anteriormente GAFCON, la Conferencia Global Anglicana del Futuro) la semana pasada, es enfático: “Rechazamos los llamados Instrumentos de la Comunión, a saber, el Arzobispo de Canterbury, la Conferencia de Lambeth, el Consejo Consultivo Anglicano (ACC) y la Reunión de Primados”.
El fracaso de Canterbury
Las razones por las que el movimiento se separa de las instituciones que sustentan la Comunión Anglicana tradicional son diversas, pero pueden resumirse en la convicción de que el liderazgo de los Instrumentos de Comunión en Canterbury ha fracasado en ejercer la disciplina, en mantener el testimonio bíblico y en defender la doctrina anglicana fundamental. «En cambio”, enfatiza la Declaración de Abuja, “estos Instrumentos buscan mantener una comunión institucional confusa, basada en la ficción de caminar junto a quienes se desvían de la verdad del evangelio y de las enseñanzas de Jesús”.

Este movimiento, hasta ahora denominado Gafcon, afirma haber instado, durante más de dos décadas, a los altos líderes de la Comunión Anglicana a arrepentirse por haber “negado la fe ortodoxa con palabras y acciones”. Expresando explícitamente su postura, observan además que estos líderes buscaron “normalizar el pluralismo hermenéutico, exaltar la capitulación cultural y replantear el rechazo a la autoridad y la claridad de las Escrituras como un desacuerdo positivo y no como lo que realmente es: una falsa enseñanza”.
El documento continúa enunciando los puntos en los que los diversos Instrumentos de Unidad han fallado. Denuncia a los recientes arzobispos de Canterbury, señalando que Justin Welby acogió favorablemente la bendición de las personas que contrajeron matrimonio civil entre parejas del mismo sexo y que la recién elegida arzobispa, Sarah Mullally, “lideró el proyecto Vivir en Amor y Fe”, que produjo recursos litúrgicos para estas bendiciones en la Iglesia de Inglaterra. El texto también critica a la Conferencia de Lambeth por tratar el tema de las relaciones homosexuales como “un tema en el que los cristianos pueden discrepar, pero permanecer en comunión”.

«La verdadera comunión es confesional y no se define por una historia compartida ni por estructuras institucionales», enfatiza el texto en un punto, dejando claro que la llamada Declaración de Jerusalén de 2008 constituye, junto con los textos fundacionales originales de la Comunión Anglicana, el documento de referencia para la reforma que el movimiento se propone defender y promover, y que la declaración de adhesión a este texto también expresa la adhesión al GAC (Consejo Anglicano Global).
Tras estas decisiones, cuando muchos sectores conservadores que encarnan el movimiento reformista esperaban el nombramiento de un primado como primero entre iguales (primus inter pares), en cierta medida equivalente al arzobispo de Canterbury, la decisión tomada fue diferente: en lugar del Consejo de Primados de GAFCON, se creó el Consejo Anglicano Global.
Este organismo, compuesto por primados, consejeros y garantes (obispos, clérigos y laicos) como miembros con derecho a voto, elige a su presidencia, salvaguardará y fortalecerá la fe de los anglicanos en todo el mundo y reconocerá y acogerá a las provincias y diócesis existentes que deseen participar en la Comunión Anglicana Global, así como a las de nueva creación que busquen reconocimiento como anglicanos globales.
Comprometida con la ortodoxia anglicana, la Comunión Anglicana Global afirma estar reformando la Comunión Anglicana desde dentro, dejando atrás los Instrumentos de Canterbury. También enfatiza que quienes se desvinculan de estos Instrumentos no son cismáticos.
Las próximas semanas y meses sin duda presenciarán cambios, comenzando el 25 de marzo con el solemne acto de investidura del Arzobispo de Canterbury, elegido el otoño pasado y nombrado por el Rey Carlos III.
Uno de los Instrumentos de Unidad de la Comunión Anglicana, su Consejo Asesor, se reunirá en Belfast del 27 de junio al 5 de julio. Participarán representantes de toda la Comunión Anglicana (y ciertamente no de las diócesis que conforman la nueva Asamblea General de Cristo) para debatir las Propuestas de Nairobi-El Cairo, cuyo objetivo es renovar y reformar los Instrumentos de la Comunión.
El actual Secretario General de la Comunión Anglicana expresó recientemente su esperanza de que, mediante este trabajo, sea posible «buscar y alcanzar un acuerdo». «En la fe», aunque con cautela, dijo que es necesario «cultivar la paciencia y el amor cuando los miembros del Cuerpo necesitan distanciarse unos de otros para buscar y servir mejor a la verdad y a la unidad».
CUANDO EL SILENCIO SE HACE ENCUENTRO

Julia Crespo Benito
El silencio es un tema que, paradójicamente, ha cobrado una relevancia especial en nuestra era de hiperconexión, y existen autores que lo abordan desde la mística, la filosofía y la práctica contemplativa con una claridad asombrosa.
Algunos Referentes Actuales de la Espiritualidad del Silencio:
1. Pablo d’Ors (España)
Sacerdote y fundador de la red «Amigos del Desierto», es quizás el autor de habla hispana más influyente en este tema. Su obra clave: Biografía del silencio. Un ensayo breve pero profundo que se ha convertido en un fenómeno editorial.
2. Xavier Melloni (España)
Antropólogo y teólogo jesuita, experto en diálogo interreligioso, ve en el silencio el punto de encuentro de todas las religiones y todos los seres humanos.. Sus obra clave: El Cristo interior o sus reflexiones sobre la «contemplación», en un tono filosófico y poético universal ,son una apertura atractiva al misterio.
3. Anselm Grün (Alemania)
Monje benedictino que combina la espiritualidad cristiana con la psicología profunda. Enfoca el silencio como una herramienta terapéutica y espiritual para sanar el corazón. Habla mucho de cómo el silencio nos ayuda a gestionar las emociones y a encontrar el «espacio sagrado» dentro de nosotros. Su Obra clave: El silencio: entrar en el espacio de Dios. Es un bálsamo para el alma.
4. José Luis Vázquez Borau (España)
Doctor en filosofía y teología, y escritor prolífico en temas de espiritualidad representa una de las vertientes más ricas y serenas de la espiritualidad contemporánea en lengua española. Su enfoque tiene esa mezcla de sencillez evangélica y profundidad mística.
Si bien autores como d’Ors o Melloni nos abren la puerta, es en la figura de José Luis Vázquez Borau donde nos detendremos para encontrar un mapa detallado para transitar el silencio de nuestro desierto interior. Su obra no es solo teoría, es un itinerario para el alma que busca unificarse. Compartiremos la sabiduría y experiencia que destilan algunos de sus libros que tratan específicamente el tema del silencio.
1.El Silencio como Umbral del Encuentro
«El silencio no es la ausencia de palabras, sino la presencia de una Escucha que nos trasciende y nos habita.»( José Luis Vázquez Borau)
SILENCIO Y CONTEMPLACIÓN (J. L. VÁZQUEZ BORAU 2013 Edit Lulu.com)
Nos dice Vázquez Borau, el camino de descenso a las profundidades de nuestro ser y salida al encuentro de nuestros hermanos es cíclico y a la vez progresivo, hasta que veamos a Dios ‘cara a cara’. Por esto no hay auténtica mística sin ética, ni ética verdadera sin mística, ni verdadera religión sin mística ni ética. Y todo esto lo vive la persona santa en el aquí y ahora del presente de Dios. Todo comienza con una decisión, la de salir, la de ponerse en camino para descubrir nuevos horizontes, abrirse a lo provisional y hacerse peregrino.
2. El Silencio como Albergue del Misterio.
“Cuando el corazón se apacigua y deja de buscarse a sí mismo, se convierte en un umbral. En ese umbral, el silencio deja de ser ausencia para transformarse en una Presencia que nos habita.” (José Luis Vázquez Borau)
ESCUELA DE SILENCIO CONTEMPLATIVO ( J. L. VÁZQUEZ BORAU 2021 Edit. San Pablo)
El ser humano necesita del diálogo para alcanzar un humanismo pleno. Pero es en el diálogo interior donde se abren las cuestiones últimas de la existencia. ¿Cómo entrar en nuestra esencia mística? Haciendo silencio interior para poder escuchar la voz de Dios que se manifiesta a través de los acontecimientos.
3. El silencio como puerta a la belleza del alma.
«El desierto es el lugar de la verdad, donde caen las máscaras y las falsas seguridades, para dejarnos a solas con quien realmente somos ante Dios.» (José Luis Vázquez Borau)
EL DESIERTO FÉRTIL ( J. L. VÁZQUEZ BORAU Edit. Descleer)
En «El desierto fértil», José Luis Vázquez Borau nos invita a un viaje introspectivo para descubrir la belleza, la verdad y la bondad en nuestro interior. A través del silencio y la reflexión, el autor nos guía por un camino de transformación personal, donde el desierto se convierte en un espacio de encuentro con nosotros mismos y con lo trascendente, indispensable para a encontrar el sentido de la vida , la experiencia espiritual y el servicio a los demás.
Conclusiones
Concretando, para Vázquez Borau, el silencio no es un fin en sí mismo, sino el hábitat natural del amor y por tanto camino de plenitud y transformación. El silencio, para él, es el lenguaje de Dios. Sus reflexiones suelen centrarse en tres dimensiones :
- El Silencio como «Hacerse Capacidad»
Vázquez Borau sostiene que el ruido interior (preocupaciones, juicios, ego) nos llena tanto que no deja espacio para nada más. El silencio es el proceso de «vaciarse» para hacerse capacidad de Dios. Si el vaso está lleno de agua sucia (ruido), no puede entrar el agua limpia (la Gracia).
2. La Unificación del Corazón
Él habla mucho de la «itinerancia interior”, del hacerse peregrino…El silencio ayuda a que el corazón, que suele estar fragmentado en mil pedazos por las distracciones del mundo, se unifique y se «sosiegue“, para buscar la Verdad.
3. El Silencio que se hace Palabra en el Otro
Para José Luis Vázquez Borau, el silencio auténtico nos vuelve más sensibles, más empáticos y menos autorreferenciales. Contempla una visión muy hermosa sobre la alteridad: solo quien sabe callar ante el Misterio sabe escuchar de verdad al hermano.
Concluimos el articulo con una de sus frases .«El silencio es el único equipaje necesario para cruzar el desierto del yo y alcanzar la orilla del Nosotros
Fuentes: https://unsilenciofertil.com/cuando-el-silencio-se-hace…
ENCUENTRO DE LA FRATERNIDAD HOREB BARCELONA 2026


Auge religioso entre los jóvenes rumanos
Einstein, religión y ciencia: la cita famosa que esconde una interpretación incómoda

Una de las citas más repetidas de Albert Einstein suele usarse como puente entre fe y ciencia. Sin embargo, su significado original es mucho más complejo y polémico de lo que aparenta. Cartas, ensayos y contexto histórico revelan una interpretación muy distinta.
Por Lucas Handley
Pocas frases han viajado tanto como aquella en la que Albert Einstein afirma que la ciencia sin religión está incompleta y que la religión sin ciencia pierde el rumbo. Repetida en conferencias, libros y redes sociales, suele presentarse como una defensa del diálogo entre fe y razón. Pero cuando se revisan sus propias palabras y escritos, el sentido cambia de manera sorprendente.
El origen real de una frase célebre
La famosa sentencia apareció en 1930 en un ensayo titulado Religion and Science, publicado en The New York Times Magazine. Allí Einstein escribió en inglés: “Science without religion is lame, religion without science is blind”.
El contexto es clave. El físico no hablaba de religión en términos doctrinales ni defendía credos específicos. Más bien, utilizaba el término para referirse a una dimensión vinculada a los valores, la motivación interior y la confianza en que el universo es comprensible.
En su texto, explicaba que el verdadero científico no se limita a aplicar fórmulas o repetir experimentos. Trabaja impulsado por una convicción profunda: la certeza de que el mundo posee un orden racional que puede ser descifrado. Esa confianza, esa especie de “fe” en la inteligibilidad del cosmos, es lo que él asociaba con la esfera religiosa.
Sin ese impulso, sugería, la ciencia perdería parte de su energía creadora. Pero eso no implica, como muchas veces se interpreta, una adhesión a religiones tradicionales o a dogmas sobrenaturales.

Qué quiso decir y lo que no
En el mismo ensayo, Einstein establecía una división clara. La ciencia se ocupa de describir hechos, descubrir leyes y explicar fenómenos naturales. La religión, en cambio, pertenece al ámbito de los fines, los valores y el sentido.
Los conflictos aparecen cuando una religión intenta formular afirmaciones empíricas sobre el mundo físico o competir con la ciencia en el terreno de la explicación de la naturaleza.
Desde esa perspectiva, la metáfora cobra otro significado. Si la ciencia ignora por completo la dimensión de los valores y la motivación interior, se vuelve limitada. Y si la religión desprecia el conocimiento empírico o lo contradice, pierde contacto con la realidad observable.
La frase, entonces, no era una reconciliación simple entre fe y laboratorio, sino una reflexión sobre los límites y alcances de cada esfera.
El problema de las interpretaciones simplificadas
Con el paso del tiempo, la cita comenzó a circular aislada de su contexto original. Utilizada como eslogan, terminó presentando a Einstein como un pensador religioso en sentido convencional.
Diversos análisis posteriores han señalado esta distorsión. El biólogo Jerry A. Coyne, por ejemplo, subrayó que sacar la frase de su marco conceptual lleva a conclusiones equivocadas. Einstein no estaba promoviendo doctrinas religiosas, sino reflexionando sobre la estructura intelectual que sostiene la investigación científica.
El propio físico fue cuidadoso en diferenciar los planos: hechos verificables, por un lado, valores y aspiraciones humanas por otro. Mezclarlos sin matices conduce a malentendidos que se repiten hasta hoy.
La carta que reavivó el debate
Años después del ensayo, una carta escrita en 1954 al filósofo Eric Gutkind volvió a encender la discusión. En ese documento, redactado poco antes de su muerte, Einstein expresó una postura mucho más contundente respecto a las religiones organizadas.
Allí describió la idea de Dios como una construcción humana y calificó a las escrituras religiosas como relatos primitivos. También rechazó la noción de que algún pueblo tuviera un estatus divino especial.
Estas palabras contrastan con la imagen que a veces se proyecta a partir de la famosa frase de 1930. Más que un creyente tradicional, Einstein parecía sostener una visión profundamente racionalista, crítica frente a los dogmas y escéptica respecto a las creencias sobrenaturales.
Una frase que invita a pensar más allá del eslogan
La sentencia sobre ciencia y religión no era una invitación a fusionar ambos campos ni una declaración de fe encubierta. Era, más bien, una reflexión sobre cómo el impulso humano hacia el conocimiento necesita una base de confianza en el orden del universo, y cómo los sistemas de valores no pueden ignorar los descubrimientos empíricos.
Entender esa distinción cambia por completo la lectura de la frase. Lo que parecía una conciliación sencilla se revela como un planteo más sutil, más filosófico y también más incómodo.
Tal vez por eso sigue generando debate casi un siglo después. Porque detrás de sus palabras no había una fórmula fácil para unir ciencia y religión, sino una invitación a pensar con rigor dónde termina una y comienza la otra.
[Fuente: TN]
Revista Horeb Ekumene – Marzo 2026 Nº 390
Armonía interconfesional

«El diálogo interreligioso e intercultural es un imperativo y un desafío al que deben responder todas las religiones para construir una nueva sociedad de armonía y de paz»
Vivimos en un mundo cada vez más intercultural y plurirreligioso debido, esencialmente al fenómeno migratorio global. Sin embargo, de un tiempo acá ha aumentado actitudes racistas, xenófobas, supremacistas, islamofóbicas y sexistas, así como discursos de odio en partidos políticos de extrema derecha. Esta realidad está generando un clima de polarización, miedo, intolerancia y degradación de valores éticos.
En España hemos vivido una larga historia de religión única, que durante la dictadura franquista se la calificaba con el término de nacional-catolicismo. El Estado y la Iglesia identificaban el ser español con el ser católico. Algunos movimientos ultraconservadores todavía respiran este pensamiento. Sin embargo, hoy vivimos tiempos de pluralismo religioso con la presencia de otras confesiones religiosas e incluso con una variedad de tendencias dentro del mismo catolicismo y dentro del protestantismo. Con la llegada de migrantes del norte de África ha aumentado la presencia del islam. También en otros países de Europa toma fuerza el pluralismo religioso e intercultural que, sin duda, es un signo de riqueza que ofrece grandes posibilidades de interconfesionalidad e interculturalidad.

El diálogo interreligioso e intercultural es un imperativo y un desafío al que deben responder todas las religiones para construir una nueva sociedad de armonía y de paz. Sin aceptación de la diversidad, respeto, escucha, acogida y diálogo no hay posibilidad de convivencia y armonía social. El diálogo interreligioso no busca acuerdos doctrinales sino que gira en torno a la defensa y promoción de valores éticos comunes a todas las confesiones religiosas. Todas van al mismo lugar, pero no por el mismo camino, así como todos los ríos van al mar y una vez que llegan, sus nombres desaparecen porque sus aguas se han fundido en el gran océano. Todas las religiones buscan a Dios y todas lo encuentran a su modo, pero ninguna lo agota ni lo monopoliza.
La fe sincera en el Misterio de Dios nos ayuda a no absolutizar los credos religiosos y abrirnos al amor. Los murcianos hacemos memoria de nuestro paisano Ibn Arabí quien en el siglo XII decía: “Mi religión es el amor”. Para él el amor impregna todo el universo y se manifiesta en todas las formas de la existencia. Este pensador y místico sufí describe cómo el amor divino se revela en la belleza de la naturaleza, en la relación entre los seres humanos, en la compasión con el pobre y en la búsqueda de la verdad que es el amor y la unión con la divinidad. En verdad, Dios es el Absoluto, no atado a ninguna religión, que se manifiesta en la profundidad de quienes están abiertos a su inspiración.
En este sentido, el papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti hace una llamada a centrarnos en los elementos comunes que nos unen a todos los creyentes. Señala que “podemos y debemos encontrar un buen acuerdo entre culturas y religiones diferentes. Las cosas que tenemos en común son tantas y tan importantes que es posible encontrar un modo de convivencia serena, ordenada y pacífica, acogiendo las diferencias y con la alegría de ser hermanos en cuanto hijos de un único Dios” (FT.279).

Uno de los retos transversales que se les plantea a las religiones es la humanización de la sociedad mediante la promoción de la justicia, el bien común y la felicidad de todas las personas sin discriminación, el respeto a los derechos humanos, la opción por los pobres, la práctica de la compasión, la fraternidad universal, la defensa y promoción de la vida, la no-violencia activa, el diálogo como camino para la paz, el cuidado del medio ambiente y el respeto de la naturaleza, nuestra casa común. En definitiva, nos une la espiritualidad, que es la esencia de toda religión, y es mucho más que la institución. Esta espiritualidad se centra en la fidelidad y adoración al Dios de todos y en el amor a los demás, que es la regla de oro de todas las tradiciones religiosas y de los derechos humanos: no hagáis a los demás lo que no queréis que os hagan a vosotros; y todo cuanto queráis que os hagan los demás, hacedlo vosotros con ellos.
La práctica de la interconfesionalidad nos compromete a la resistencia frente a la violencia, la carrera armamentista y los conflictos armados. Retomamos lo que dijo el papa Francisco en la Fratelli tutti: “La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente. Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y los pueblos… Toda guerra deja al mundo peor que como lo habíamos encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal… Con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, se puede acabar de una vez con el hambre en el mundo y para el desarrollo de los países más pobres, de tal modo que sus habitantes no acudan a soluciones violentas ni necesiten abandonar sus países para buscar una vida más digna” (FT. 257, 261, 262).
Todos las confesiones religiosas deben unir esfuerzos en la búsqueda de unos mínimos éticos comunes para la construcción de una convivencia y armonía social y, sobre todo, para comprometerse en la búsqueda de soluciones a los problemas que afectan a la humanidad como son la escandalosa desigualdad socioeconómica, la pobreza, el hambre, los fenómenos migratorios, la agresión al planeta, la violación al derecho internacional y sobre todo las guerras y los genocidios, particularmente el de Israel en Gaza donde han muerto más de 90.000 personas, una tercera parte de ellas niños y niñas.

Es preocupante el auge de movimientos extremistas, ultraconservadores y antimigratorios que permean a la juventud. En concreto, crece la islamofobia y golpea la armonía interconfesional. Un camino para contrarrestar estas actitudes y aceptar al diferente es la educación. De ahí la urgente necesidad de que los niños y jóvenes, alumnos y alumnas de los centros educativos, conozcan las similitudes y diferencias entre los distintos credos. Para ello es necesaria una asignatura sobre Cultura de las religiones o Historia de las religiones, porque son patrimonio de la humanidad. Han incidido en la cultura, la economía, la filosofía y el arte (arquitectura, escultura, pintura…). Esta asignatura ayudaría a la niñez y juventud a conocer, valorar y respetar al diferente. La educación es el instrumento por excelencia de socialización y de convergencia de las personas y sirve para transmitir valores y tener un conocimiento amplio del mundo, de las diferentes formas de vida y de sus creencias.
Somos conscientes de que las religiones bien entendidas ofrecen mensajes y prácticas de amor solidario, que deben traducirse políticamente en el compromiso por la construcción de una sociedad más justa, solidaria, intercultural, interétnica, interreligiosa, fraterno-sororal, inclusiva y eco-humana. Para ello es necesario que las personas creyentes de diferentes tradiciones religiosas se conozcan y acepten mutuamente, pues existen más elementos que los unen de los que los separan.
Hubo un tiempo en que en España se implementó la asignatura escolar “Educación para la Ciudadanía” con el objetivo de desarrollar valores humanos y crear conciencia ética y crítica para vivir en sociedad. Mi experiencia, siendo profesor de esta asignatura, es que creyentes y no creyentes, católicos, evangelistas y musulmanes dialogaban y juntos buscaban caminos nuevos de convivencia fraterna. Paulo Freire decía: “La educación no cambia el mundo, pero cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Yo me pregunto ¿de qué sirve que un joven sea experto en matemáticas, informática u otras disciplinas si carece de conciencia crítica, ética y social para vivir en sociedad? Lamentablemente, fuerzas aliadas al gran capital consideraron esta asignatura de “Educación para la Ciudadanía” como “adoctrinamiento”. Y desapareció. Considero que fue un gran error histórico.

Los tiempos actuales están exigiendo cambios audaces en aras a la creación de una nueva sociedad interconfesional, profundamente humana, crítica, solidaria, dialogante y respetuosa con la diversidad. Es así como podremos caminar hacia un mundo de armonía y fraternidad universal.
*Fernando Bermúdez López, Miembro de la comisión de Justicia y Paz, diócesis de Cartagena-Murcia, del Comité Óscar Romero y del movimiento por el diálogo interreligioso.
Estos son los 3 países donde más religiones conviven unidas (y todos ellos están en Asia)

- Singapur, Taiwán y Vietnam demuestran que la diversidad espiritual no solo puede coexistir, sino convertirse en una seña de identidad
Mientras en muchos lugares del mundo la religión sigue siendo un motivo de fricción, hay países donde ocurre justo lo contrario: la fe es un espacio compartido. No porque se diluya, sino porque se superpone, dialoga y convive. Tres de esos ejemplos más claros están en Asia y, curiosamente, lejos del ruido geopolítico, han construido modelos cotidianos de tolerancia religiosa que funcionan.
No hablamos de teorías ni de discursos institucionales, sino de calles donde un templo, una mezquita y una iglesia comparten acera; de rituales que se respetan aunque no se practiquen; y de sociedades donde la identidad religiosa no es excluyente. No es casualidad que estos ejemplos cobren especial sentido durante la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional, impulsada por la ONU para recordar que creer distinto no debería separar.l
Singapur: la convivencia como política de Estado
Singapur es probablemente el laboratorio más avanzado de convivencia religiosa del mundo. En apenas 730 km² conviven budistas, cristianos, musulmanes, taoístas, hinduistas y personas sin afiliación religiosa, sin que ninguna fe monopolice el espacio público.
Aquí la diversidad no es anecdótica ni folclórica: está regulada, protegida y asumida. El Estado garantiza que todas las religiones tengan visibilidad y espacio, y al mismo tiempo marca límites claros para evitar la instrumentalización del credo con fines políticos o identitarios.https://a546104cb7a338da3c9b11b86490f24f.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html?n=0
El resultado se ve en barrios como Chinatown, Little India o Kampong Glam, donde los templos no compiten, coexisten. La religión forma parte del paisaje urbano, no del conflicto. En Singapur, la armonía interconfesional no es un ideal: es una condición básica para la estabilidad social.
Taiwán: espiritualidad sin fronteras rígidas
Taiwán ofrece un modelo distinto, menos institucional y más orgánico. Aquí las religiones se mezclan, se solapan y, en muchos casos, se practican de forma simultánea. No es extraño que una misma persona rece en un templo budista, encienda incienso taoísta y participe en festividades populares de raíz confuciana
La isla combina budismo, taoísmo, confucianismo, cristianismo, islam y religiones tradicionales sin jerarquías visibles. Los templos funcionan como centros sociales, no solo espirituales, y el respeto entre credos se da por hecho, no se debate.
Esa flexibilidad explica por qué Taiwán es uno de los países asiáticos con mayor libertad religiosa y menor conflictividad interconfesional. Creer aquí no implica definirse contra nadie.
Vietnam: sincretismo como forma de vida
Vietnam lleva siglos practicando algo que en otros lugares todavía se discute: el sincretismo religioso. Budismo, confucianismo y taoísmo forman una base común a la que se suman el cristianismo, el islam y religiones propias como el caodaísmo, que mezcla elementos de varias tradiciones espirituales.
Aquí la religión es práctica, cotidiana y profundamente cultural. No se vive como un sistema cerrado de creencias, sino como un conjunto de rituales que acompañan la vida: nacimientos, funerales, festividades, memoria familiar.
Ese enfoque ha permitido que diferentes credos compartan espacio sin fricción. En muchas ciudades, pagodas y iglesias conviven a pocos metros, y las celebraciones religiosas son asumidas como patrimonio común, no como símbolos identitarios excluyentes.
Un mensaje pertinente en la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional
Que estos tres países estén en Asia no es casualidad. En ellos, la religión no se ha entendido históricamente como frontera, sino como lenguaje. Y eso explica por qué, en pleno siglo XXI, siguen ofreciendo modelos reales —no utópicos— de convivencia espiritual.
En una semana dedicada a reivindicar el diálogo entre credos, Singapur, Taiwán y Vietnam recuerdan algo incómodo pero necesario: el problema no es la religión, sino el uso que se hace de ella. Allí donde la fe se vive sin miedo y sin imposición, la armonía no es un lema: es rutina.
Fuente: Estos son los 3 países donde más religiones conviven unidas (y todos ellos están en Asia)

