La dimensión espiritual de san Francisco de Asís

Francisco de Asís - Wikipedia, la enciclopedia libre
Es fácil comprobar la vital importancia que la figura de San Francisco de Asís ocupa un lugar singular dentro de la espiritualidad cristiana y de la historia religiosa universal.Muy cierto. Más allá de su papel como fundador de la Orden Franciscana, su vida representa un profundo recorrido espiritual muy vinculado al ser humano. Su desprendimiento de toda búsqueda de prestigio y seguridad material, hacia una experiencia radical de libertad interior, fraternidad universal y amor absoluto al creador. El espíritu franciscano se respira como una dulce fragancia que es capaz de embriagar los sentidos y transportar a la persona que acude a un estado de paz y serenidad maravillosa.Su espiritualidad no se limita o agota en una doctrina o un conjunto de normas religiosas. Es, sobre todo, una forma de vivir el Evangelio con radicalidad, simplicidad y alegría, siempre con alegría. En su experiencia interior, la pobreza se convierte en riqueza espiritual, la humildad en sabiduría, y la naturaleza entera en un reflejo de la presencia divina.Mi propuesta es explorar la dimensión espiritual de Francisco de Asís: su proceso de conversión, su relación con Dios, su visión de la naturaleza y su legado como camino de vida interior. Aspectos esenciales del mensaje franciscano.“Santifícate a ti mismo y santificarás a la sociedad”
El camino de la conversión: de la ambición al encuentro con Dios
Nuestro protagonista vino al mundo en 1181 o 1182 en la ciudad italiana de Asís (Assisi), en una familia acomodada. Su padre era un comerciante próspero; como padre, confiaba que su hijo siguiera una vida de éxito, tanto en plano el social y en lo económico. Durante su juventud, Francisco participó del ambiente festivo y ambicioso propio de la sociedad en que vivía. Soñaba con la gloria militar y con el reconocimiento público.Su vida comenzó a transformarse tras diversas experiencias interiores y acontecimientos difíciles, entre ellos la guerra y una enfermedad que lo obligó a replantearse el sentido de su existencia. Estas experiencias provocaron en él una profunda crisis espiritual.El momento simbólico de su conversión suele situarse en la pequeña iglesia de San Damián. Allí, mientras oraba ante un crucifijo, sintió interiormente una llamada que interpretó como un mandato de Cristo: “Francisco, repara mi Iglesia”.En su significado más profundo, representó el inicio de una reconstrucción interior, vital, profunda, incluso desgarradora. Comenzó un sendero de ir desprendiéndose de cualquier tipo de posesión material, mundana; aún más, se alejó de su identidad social y de su antigua forma de entender el éxito. Inició el proceso de búsqueda espiritual, orientándose a una relación directa y plena con Dios.“Allí donde reinan la quietud y la meditación, no hay lugar para las preocupaciones ni para la disipación”
La pobreza como libertad espiritual
Sin ningún género de duda, uno de los rasgos más característicos de la espiritualidad franciscana es la pobreza. Para Francisco la pobreza no era simplemente una condición económica ni una obligación moral: constituía una auténtica experiencia espiritual profunda, liberadora y salvadora.Al renunciar a sus bienes y a la herencia familiar, Francisco buscaba liberarse de todo aquello que pudiera impedir una entrega total a Dios. En su visión espiritual, la pobreza significaba confiar plenamente en la providencia divina. Hermosa realidad que a la mayoría de los cristianos/católicos nos puede resultar complicada de realizar.El sentido de pobreza significaba una forma de solidaridad con los más vulnerables, los más necesitados. La experiencia de Francisco era convivir con leprosos, mendigos y marginados, donde encontraba el rostro de Cristo. En sus escritos y en su vida aparece constantemente la idea de que el verdadero tesoro no se encuentra en la riqueza material, sino en el amor, la humildad y la fraternidad. ¡Cuánta grandeza espiritual!La pobreza se convirtió así en una “dama espiritual”, a la que Francisco llamaba “Dama Pobreza”, símbolo de libertad interior, de amor incondicional. Quien vive desprendido puede amar con mayor autenticidad y vivir con mayor alegría, lleno de una maravillosa sensación de plenitud.“La verdadera enseñanza que transmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos”
El sentido de fraternidad universal
La espiritualidad de Francisco contempla su visión de la fraternidad universal. Para él, todos los seres humanos eran hermanos, independientemente de su condición social, su cultura o su religión. Una visión de la humanidad llena de bondad y solidaridad.Es evidente que su visión se refleja en la comunidad que fundó, la Orden de los Hermanos Menores. Su nombre mismo expresa un ideal espiritual: ser “menores”, es decir, vivir desde la humildad y el servicio a los demás. Debemos destacar que la fraternidad de Francisco no se limitaba -en exclusividad- a las relaciones humanas. Su espiritualidad ampliaba esta idea a toda la creación: animales, plantas, ríos, montañas y elementos naturales formaban parte de una misma familia universal, llena de vida y hermosura.Esta visión alcanza su expresión más conocida en el “Cántico de las Criaturas”, uno de los primeros poemas escritos en lengua italiana. En él, Francisco llama “hermano” al sol, “hermana” a la luna y “hermana” incluso a la muerte corporal. El universo entero aparece como un reflejo de la bondad divina. Una visión muy naturalista en unos tiempos no preparados para asumirla.Hoy día, esta visión de la espiritualidad posee una perspectiva, una relación de respeto, cuidado y gratitud hacia la naturaleza, que encajaría en muchos planteamientos ecologistas actuales.“Todo el bien que hagamos, hay que hacerlo por amor a Dios, y el mal que evitemos hay que evitarlo por amor de Dios”
Vivir la experiencia de Dios de la simplicidad.
Hay que señalar que el sentido de espiritualidad de Francisco se caracteriza por una profunda simplicidad. No se basa en complejos sistemas teológicos ni en largas especulaciones de carácter intelectual. Su vía de encuentro con la Divinidad se basa en la oración, el silencio y la contemplación. Una maravillosa realidad alejada de innecesarios planteamientos teológicos.Francisco buscaba constantemente momentos de retiro y soledad para orar. Su relación con Dios era profundamente afectiva y personal. En sus oraciones se percibe una mezcla de asombro, gratitud y humildad.Para él, Dios no era una idea abstracta, sino una presencia viva que se manifiesta en cada momento de la existencia. Esta presencia puede descubrirse en la naturaleza, en los pobres, en el sufrimiento y en la alegría cotidiana.Uno de los momentos más significativos de su vida espiritual ocurrió en Monte Alvernia, donde según relata la tradición recibió los estigmas de Cristo. Más allá del hecho histórico, este acontecimiento simboliza la profunda identificación espiritual de Francisco con la vida y el mensaje de Jesús de Nazaret.“Sin la oración nadie puede progresar en el servicio divino”
La alegría: signo maravilloso de santidad
Alegría, sí, alegría es una de las características fundamentales de la espiritualidad franciscana. A pesar de las dificultades diarias, la pobreza elegida de manera voluntaria y las incomprensiones que experimentó, Francisco vivió con un profundo sentido de gozo interior, de paz interior.Para él, la alegría era una consecuencia natural de la libertad espiritual. Quien vive sin apego, confiando en Dios y en comunión con la creación, descubre una forma de felicidad que no depende de las circunstancias externas.En nuestro tiempo, donde la búsqueda de la felicidad es una constante que se ha convertido en obsesión, Francisco hablaba incluso de la “perfecta alegría”, que no consiste en el éxito o en el reconocimiento, sino en la capacidad de amar y mantenerse fiel a Dios incluso en medio del rechazo o del sufrimiento ejercido por los semejantes.“Dichoso quien no tiene más gozo y alegría que las palabras y obras del Señor”
Un legado espiritual universal
Hay que destacar que la poderosa influencia espiritual de Francisco de Asís se extiende mucho más allá del ámbito franciscano, cristiano y espiritual. Su ejemplo ha inspirado a creyentes y no creyentes, a movimientos sociales, ecológicos y pacifistas de ámbitos culturales muy diferentes, incluso divergentes.El mensaje central de fraternidad, humildad, amor a la naturaleza y la búsqueda de la paz posee una dimensión universal. En un mundo marcado por la desigualdad, el conflicto y la crisis de valores esenciales, su ejemplo adquiere una relevancia renovada, positiva, llena de esperanza en el verdadero proceso de evolución de nuestra especie.Transformar el mundo desde la sencillez y la compasión son pilares esenciales del modelo propuesto por Francisco. No hay que huir del mundo, sino cambiarlo desde una actitud interior basada en el amor y el servicio hacia los demás.“Dios creó a todas las criaturas con amor y bondad, grandes, pequeñas, con forma humana o animal todos son hijos del Padre y fue tan perfecto. De nada sirve caminar a cualquier parte para evangelizar al menos que nuestro camino sea nuestro evangelio”
Conclusión
Debemos señalar que la vida de San Francisco de Asís constituye una de las experiencias espirituales más profundas de la historia. Su camino muestra que la verdadera transformación del mundo comienza por la transformación del corazón humano, clave esencial para poder avanzar en el sendero espiritual.Mediante la pobreza ejercida de manera voluntaria, la fraternidad universal, el respeto de la naturaleza y la alegría interior, Francisco nos invita a redescubrir lo esencial de la vida: el amor a Dios y a toda la creación.Más que un personaje histórico, Francisco representa un estilo de vida espiritual que sigue siendo actual. Su mensaje recuerda que la verdadera grandeza no se encuentra en el poder ni en la riqueza, sino en la humildad, la compasión y la capacidad de vivir en armonía con todos los seres. En este sentido, la espiritualidad franciscana continúa ofreciendo un camino de esperanza para quienes buscan una vida más sencilla, más libre y más profundamente humana .
¡Oh alto y glorioso Dios
ilumina las tinieblas de mi corazón,
y dame fe recta,
esperanza cierta,
caridad perfecta y
humildad profunda,
sentido y conocimiento, Señor,
para que cumpla tu santo y
verdadero mandamiento.

FEDERICO A. SÁNCHEZ ARIAS, presidente@academiadelaespiritualidad.es
MADRID.ECLESALIA

800 AÑOS DE LA MUERTE DE FRANCISCO DE ASÍS

Con motivo del VIII Centenario del tránsito de san Francisco de Asís, el Papa envió una carta a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana. En ella subraya la paz como don de Dios, tarea cotidiana y compromiso que abarca a la humanidad y a toda la creación.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

En una carta fechada el 7 de enero de 2026, el Santo Padre León XIV se dirigió a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana con motivo del VIII Centenario del tránsito de san Francisco de Asís.

De este modo, el Pontífice se unió espiritualmente a las celebraciones previstas, inauguradas solemnemente este sábado 10 de enero, y expresó su deseo de que el mensaje del Poverello «pueda encontrar una resonancia profunda en el hoy de la Iglesia y de la sociedad».

Al recordar la figura del santo de Asís, el Papa destacó su legado como testigo del Evangelio y de la paz en una época también marcada por tensiones y conflictos.

En el centro del mensaje papal se encuentra el saludo que san Francisco recibió, según la tradición: «El Señor me reveló que dijéramos este saludo: ‘El Señor te dé paz'». León XIV explicó que estas palabras expresan el núcleo de la experiencia evangélica del santo: la paz como «la suma de todos los bienes de Dios», un don que no puede ser producido por el esfuerzo humano, sino acogido y vivido.

El Obispo de Roma relacionó este saludo con el que el Resucitado dirige a los discípulos: «Paz a ustedes», subrayando que no se trata de una fórmula, sino del anuncio de la victoria de Cristo sobre la muerte.

En Asís la exposición pública de los restos de San Francisco durante la cuaresma 2026

04/10/2025

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Del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026 el cuerpo de San Francisco de Asis, con ocasión del 800 aniversario de su muerte, será trasladado de su tumba, situada en la cripta de la …

Una palabra para el mundo de hoy

León XIV situó el mensaje franciscano en el contexto actual, marcado por guerras prolongadas, divisiones y temores. En ese escenario, afirmó, san Francisco sigue hablando no por ofrecer «soluciones técnicas», sino porque su vida remite a «la fuente auténtica de la paz».

El Sucesor de Pedro subrayó que la herencia franciscana invita a volver a esa raíz, especialmente cuando la humanidad experimenta nuevas formas de fractura social y cultural.

Paz con los hombres y con la creación

La carta también pone de relieve la dimensión integral de la paz en la espiritualidad franciscana. San Francisco, que llamaba al sol «hermano» y a la luna «hermana», enseñó que la paz no se limita a las relaciones humanas, sino que se extiende a toda la creación.

Según Prevost, esta visión resulta especialmente actual en un tiempo en que «la casa común está amenazada». Por eso, la paz con Dios, entre los hombres y con el mundo creado son presentadas como dimensiones inseparables de una misma vocación a la reconciliación.

Una oración para este tiempo

En el marco del Año de gracia por el centenario, el Papa confió a la Familia Franciscana una oración dirigida a san Francisco para pedir «la perfecta alegría y la concordia». En ella, el santo es invocado como intercesor para que los cristianos se conviertan en «operadores de paz» y «testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo».

Al concluir su mensaje, León XIV impartió la Bendición Apostólica a todos los que viven el carisma franciscano y a quienes participarán en las celebraciones del dies natalis del Poverello de Asís.

Oración que propone el Papa León XIV

San Francisco, hermano nuestro, tú que hace ochocientos años
fuiste al encuentro de la hermana muerte como un hombre en paz,
intercede por nosotros ante el Señor.
Tú, que en el Crucifijo de San Damián reconociste la verdadera paz,
enséñanos a buscar en Él la fuente de toda reconciliación
que derriba todo muro.
Tú, que desarmado atravesaste las líneas de la guerra
y de la incomprensión,
danos el valor de construir puentes
donde el mundo levanta fronteras.
En este tiempo afligido por conflictos y divisiones,
intercede para que nos convirtamos en artesanos de paz:
testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo.
Amén.

CÁNTICO DE LAS CRIATURAS DE SAN FRANCISCO DE ASÍS (Canto)

col salome 2

Altísimo, omnipotente, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan por los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por el hermano viento y por el aire,
y el nublado y sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento:
¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor.

Las criaturas todas, load a mi Señor
Las criaturas todas, load a mi Señor
Load a mi Señor, Load, a mi Señor

Salomé Arricibita

Para descargar la canción pinche el siguiente enlace: Cantico Criaturas.mp3 y dele al botón derecho del ratón y guardar como…

«El cántico del hermano sol o de las criaturas»

Cardenal Celestino Aós

En el marco del VIII centenario de la composición del Cántico de las Criaturas, Mons. Aós invita a volver a meditar sobre la vida y vocación de Francisco de Asís, deteniéndose no solo en las síntesis de su actuar y predicación que constituye este texto, sino en los pasajes de su vida que rodean el momento en que lo escribe.

¿Quién y cuándo compuso el Cántico de las Criaturas?

Somos muchos por cuanto singulares y sucesión de momentos pre­sentes, y somos uno porque una columna vertebral nos mantiene en identidad. Así también san Francisco de Asís: compuso el Cántico poco antes de su muerte, pero sus raíces venían desde más atrás. San Francisco llevaba casi veinte años de esfuerzo de conversión a la vida evangélica. Compuso el Cántico en dialecto umbro con elementos de lengua latina, toscana e italiana.

Lo cantaron por primera vez el mismo san Francisco, Fr León, y Fr Ángel. Tomás de Celano lo menciona ya en su Vida primera en 1228: “¡Oh, cuán encantador!, ¡qué espléndido y glorioso se manifestaba en la inocencia de su vida, en la sencillez de sus palabras, en la pureza del corazón, en el amor de Dios, en la caridad fraterna, en la ardorosa obediencia, en la condes­ cendencia complaciente, en el semblante angelical!” [1]. Sigue el retrato tanto en su prosopografía como en su etopeya; por brevedad no lo transcribo, pero recomiendo leerlo para un marco más completo.

El mismo Celano, en la Vida segunda nos habla de cómo contemplaba al Creador en las creaturas:

Este feliz viador, que anhelaba salir de este mundo, como lugar de destierro y peregrinación, se servía, y no poco, por cierto, de las cosas que hay en él. En cuanto a los príncipes de las tinieblas, se valía, en efecto, del mundo como de campo de batalla; y en cuanto a Dios, como de espejo lucidísimo de su bondad. En una obra cualquiera canta al Artífice de todas; cuanto descubre en las hechuras, lo refiere al Hacedor. Se goza en todas las obras de las manos del Señor (Sal 91,5), y a través de tantos espectáculos de encanto intuye la razón y la causa que les da vida. En las hermosas reconoce al Hermosísimo; cuanto hay de bueno le grita “El que nos ha hecho es el mejor” [2]. Por las huellas impresas en las cosas sigue dondequiera al Amado [3], hace con todas una escala por la que sube hasta el trono. Abraza todas las cosas con indecible afectuosa devoción y les habla del Señor y las exhorta a alabarlo. (…) Llama hermanos a todos los animales, si bien ama particularmente, entre todos, a los mansos. Pero ¿cómo decirlo todo? Porque la bondad fontal, que será todo en todas las cosas, éralo ya a toda luz en este Santo. [4]

Pero llega la muerte, de la que ningún mortal se ha de escapar. Pocos años tiene, pero están repletos de frutos que ocultan tantos esfuerzos, y el esfuerzo desgasta. Está enfermo del estómago y de los ojos, con fuertes dolores. Al dolor físico se añade la decepción por lo que está pasando en la Orden. Unos meses antes ha tenido la experiencia en el monte Alvernia, y lleva las llagas; las llagas duelen. Tras una noche de tormento espiritual compone pidiendo sufrir en paz.

Aos 02
«Predicando a las aves» por Pedro Subercaseaux, acuarela del libro «Vida de san Francisco de Asís», publicado por Verónica Griffin.
Monasterio Benedictino de Las Condes, Santiago, 2009.
Fragmento de la la leyenda de PerusaViendo que el bienaventurado Francisco continuaba siendo duro con su cuerpo, como lo había sido siempre, y, sobre todo, que, estando perdiendo la luz de los ojos, rehusaba que se los curaran, el obispo de Ostia, que después fue papa, le hizo esta advertencia con mucho amor y compasión: “Hermano, no obras bien al no cuidar de ser ayudado en la enfermedad de los ojos, pues tu salud y tu vida son muy útiles a ti y a los demás. Si te compadeces de los hermanos enfermos y has sido siempre misericordioso con ellos y continúas siéndolo, ahora no debes ser cruel contigo, porque tu enfermedad es grave y te encuentras en una evidente necesidad. Por eso te ordeno que te dejes ayudar y curar”.Dos años antes de su muerte [es decir, en otoño de 1224], estando ya muy enfermo y padeciendo, sobre todo, de los ojos, habitaba en San Damián, en una celdilla hecha de esteras. Viéndole el ministro general tan afligido por la enfermedad de los ojos, le mandó que se hiciera y se dejara ayudar y cuidar; incluso le dijo que deseaba estar presente cuando el médico comenzase el tratamiento, sobre todo para que con mayor seguridad se dejara medicinar y para animarle en aquel gran sufrimiento. Pero enton­ces hacía mucho frío y el tiempo no era propicio para empezar la cura.Yacía en este mismo lugar el bienaventurado Francisco y llevaba más de cincuenta días sin poder soportar de día la luz del sol, ni de noche el resplandor del fuego. Per­manecía constantemente a oscuras tanto en la casa como en aquella celdilla. Tenía, además, grandes dolores en los ojos día y noche, de modo que casi no podía descan­sar ni dormir durante la noche; lo que dañaba mucho y perjudicaba a la enferme­dad de sus ojos y sus demás enfermedades. Y lo que era peor: si alguna vez quería descansar o dormir, había tantos ratones en la casa y en la celdilla donde yacía –que estaba hecha de esteras y situada a un lado de la casa–, que con sus correrías enci­ma de él y a su derredor no le dejaban dormir, y hasta en el tiempo de la oración le estorbaban sobremanera. Y no solo de noche, sino también le molestaban de día: cuando se ponía a comer, saltaban sobre su mesa; lo cual indujo a sus compañeros y a él mismo a pensar que se trataba de una tentación diabólica, como era en realidad.En esto, cierta noche, considerando el bienaventurado Francisco cuántas tribulacio­nes padecía, sintió compasión de sí mismo y se dijo: “Señor, ven en mi ayuda en mis enfermedades para que pueda soportarlas con paciencia”. De pronto le fue dicho en espíritu: “Dime, hermano: si por estas enfermedades y tribulaciones alguien te diera un tesoro tan grande que, en su comparación, consideraras como nada el que toda la tierra se convirtiera en oro; todas las piedras, en piedras preciosas, y toda el agua, en bálsamo; y estas cosas las tuvieras en tan poco como si en realidad fueran solo pura tierra y piedras y agua materiales, ¿no te alegrarías por tan gran tesoro?”.Respondió el bienaventurado Francisco: “En verdad, Señor, ese sería un gran tesoro, inefable, muy precioso, muy amable y deseable”. “Pues bien, hermano –dijo la voz–; regocíjate y alégrate en medio de tus enfermedades y tribulaciones, pues por lo demás has de sentirte tan en paz como si estuvieras ya en mi reino”.Por la mañana al levantarse dijo a sus compañeros: “Si el emperador diera un reino entero a uno de sus siervos, ¿no debería alegrarse sobremanera? Y si le diera todo el imperio, ¿no sería todavía mayor el contento?”. Y añadió: “Pues yo debo rebosar de alegría en mis enfermedades y tribulaciones, encontrar mi consuelo en el Señor y dar rendidas gracias al Padre, a su Hijo único nuestro Señor Jesucristo y al Espíritu Santo, porque Él me ha dado esta gracia y bendi­ción; se ha dignado en su misericordia asegurarme a mí, su pobre e indigno siervo, cuando todavía vivo en carne, la participación de su reino. Por eso, quiero componer para su gloria, para consuelo nuestro y edificación del prójimo una nueva alabanza del Señor por sus criaturas. Cada día ellas satisfacen nuestras necesidades; sin ellas no podemos vivir, y, sin embargo, por ellas el género humano ofende mucho al Creador. Cada día somos ingratos a tantos dones y no loamos como debiéramos a nuestro Creador y al Dispensador de todos estos bienes”. Se sentó, se concentró un momento y empezó a decir: “Altísimo, omnipotente, buen Señor…”. Y compuso para esta alabanza una melodía que enseñó a sus compañeros para que la cantaran. Su corazón se llenó de tanta dulzura y consuelo, que quería mandar a alguien en busca del hermano Pacífico, en el siglo rey de los versos y muy cortesano maestro de cantores, para que, en compañía de algunos hermanos buenos y espirituales, fuera por el mundo predicando y alabando a Dios. Quería, y es lo que les aconsejaba, que primero alguno de ellos que supiera predicar lo hiciera y que después de la predicación cantaran las Alabanzas del Señor, como verdaderos juglares del Señor. Quería que, concluidas las alabanzas, el predicador dijera al pueblo: “Somos juglares del Señor, y la única paga que deseamos de vosotros es que permanezcáis en verdadera penitencia”. Y añadía: “¿Qué son, en efecto, los siervos de Dios sino unos jugla­ res que deben mover los corazones para encaminarlos a las alegrías del espíritu?”. Y lo decía en particular de los hermanos menores, que han sido dados al pueblo para su salvación.A estas alabanzas del Señor, que empiezan por “Altísimo, omnipotente, buen Señor…”, les puso el título de Cántico del hermano sol, porque él es la más bella de todas las criatu­ras y la que más puede asemejarse a Dios.Solía decir: “Por la mañana, a la salida del sol, todo hombre debería alabar a Dios que lo creó, pues durante el día nuestros ojos se iluminan con su luz; por la tarde, cuando anochece, todo hombre debería loar a Dios por esa otra criatura, nuestro hermano el fuego, pues por él son iluminados nuestros ojos de noche”. Y añadió: “Todos nosotros somos como ciegos, a quienes Dios ha dado la luz por medio de estas dos criaturas. Por eso debemos alabar siempre y de forma especial al glorioso Creador por ellas y por todas las demás de las que a diario nos servimos”.Él así lo hizo, y lo hacía con alegría en la salud y en la enfermedad, e invitaba a los demás a que alabaran al Señor. Y, cuando arreciaban sus dolores, él mismo entonaba las alabanzas del Señor y hacía que las continuaran sus compañeros, para que, abis­mado en la meditación de la alabanza del Señor, olvidara la violencia de sus dolores y males. Así perseveró hasta el día de su muerte.En este mismo tiempo, estando enfermo y predicadas y compuestas ya las alabanzas, el obispo a la sazón de Asís excomulgó al podestà; este, enemistado con aquel, había hecho, con firmeza y de forma curiosa, anunciar por la ciudad de Asís que nadie podía venderle o comprarle, ni hacer con él contrato alguno. De esta forma creció el odio que mutuamente se tenían. El bienaventurado Francisco, muy enfermo entonces, tuvo piedad de ellos, particularmente porque nadie, ni religioso ni seglar, intervenía para establecer entre ellos la paz y armonía.Dijo, pues, a sus compañeros: “Es una gran vergüenza para vosotros, siervos de Dios, que nadie se preocupe de restablecer entre el obispo y el podestà la paz y concordia, cuando to­ dos vemos cómo se odian”. Por esta circunstancia añadió esta estrofa a aquellas alabanzas:“Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las sufren en paz,
pues de ti, Altísimo, coronados serán”.Después llamó a uno de sus compañeros y le dijo: “Vete donde el podestà y dile de mi parte que acuda al obispado con los notables de la ciudad y con toda la gente que pueda reunir”.Cuando el hermano partió, dijo a otros dos compañeros: “Id y, en presencia del obispo, del podestà y de toda la concurrencia, cantad el Cántico del hermano sol. Tengo con­fianza de que el Señor humillará sus corazones, y, restablecida la paz, volverán a su anterior amistad y afecto”.Cuando todo el mundo estaba reunido en la plaza del claustro del obispado, los dos hermanos se levantaron y uno de ellos tomó la palabra: “El bienaventurado Francisco ha compuesto en su enfermedad las alabanzas del Señor por las criaturas para gloria de Dios y edificación del prójimo. Él os pide que las escuchéis con gran devoción”. Y empeza­ron a cantarlas. El podestà en seguida se pone en pie, junta sus brazos y manos y con gran devoción y hasta con lágrimas escucha atentamente como si fuera el Evangelio del Señor, pues sentía hacia el bienaventurado Francisco gran confianza y veneración. [5

San Francisco era músico y compuso la letra y la música, pero no conocemos esa melodía.

Texto original en dialecto umbro

Altissimu, onnipotente, bon Signore,
tue so’ le laude, la gloria e l’honore et onne benedictione.
Ad te solo, Altissimo, se konfàno
et nullu homo ène dignu te mentovare.
Laudato sie, mi’ Signore, cum tucte le tue creature,
spetialmente messor lo frate sole,
lo qual è iorno, et allumini noi per lui.
Et ellu è bellu e radiante cum grande splendore:
de te, Altissimo, porta significatione.
Laudato si’, mi’ Signore, per sora luna e le stelle:
in celu l’ài formate clarite et pretiose et belle.
Laudato si’, mi’ Signore, per frate vento
et per aere et nubilo et sereno et onne tempo,
per lo quale a le tue creature dài sustentamento.
Laudato si’, mi’ Signore, per sor’aqua,
la quale è multo utile et humile et pretiosa et casta.
Laudato si’, mi’ Signore, per frate focu,
per lo quale ennallumini la nocte;
ed ello è bello et iocundo et robustoso et forte.
Laudato si’, mi’ Signore, per sora nostra matre terra,
la quale ne sustenta et governa,
et produce diversi fructi con coloriti flori et herba.
Laudato si’, mi’ Signore, per quelli ke perdonano per lo tuo amore,
et sostengo infirmitate et tribulatione.
Beati quelli che ‘l sosterrano in pace,
ka da te, Altissimo, sirano incoronati.
Laudato si’, mi’ Signore, per sora nostra morte corporale,
da la quale nullu homo vivente pò skappare:
guai aquelli che morrano ne le peccata mortali:
beati quelli ke trovarà ne le tue sanctissime voluntati,
ka la morte secunda no ‘l farrà male.
Laudate et benedicete mi’ Signore et rengratiate
e serviateli cum grande humilitate.

Traducción al castellano

Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.
Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el señor hermano Sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna
y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor por la hermana agua,
la cual es muy humilde, preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre Tierra,
la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.
Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.
Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad.

No es la visión y la exaltación momentánea de un romántico sentimental con exceso de optimismo. Desde la Encarnación se ve el mundo creado como el sacramento de Dios. Donde otros ven cosas ba­nales y sin valor, o valor económico, san Francisco ve maravillas de Dios. Por eso el respeto a las criaturas incluso más insignificantes. El hombre, y por lo mismo san Francisco, se reconoce como criatura capaz de entrar en comunión fraterna y gozosa con las demás criaturas. No es actitud meramente hu­mana, se explica a la luz de Jesucristo. San Francisco se maravilla y exalta ante el mundo creado que le revela la bondad de Dios. No canta a las criaturas ni a la naturaleza; canta y alaba al Creador, altísimo, omnipotente, mi buen Señor:

Sería excesivamente prolijo, y hasta imposible, reunir y narrar todo cuanto el glorioso padre Francisco hizo y enseñó mientras vivió entre nosotros. ¿Quién podrá expresar aquel extraordinario afecto que le arrastraba en todo lo que es de Dios? ¿Quién será capaz de narrar de cuánta dulzura gozaba al contemplar en las criaturas la sabiduría del Creador, su poder y su bondad? En verdad, esta consideración le llenaba muchísimas veces de admirable e inefable gozo viendo el sol, mirando la luna y contemplando las estrellas y el firmamento. ¡Oh piedad simple! ¡Oh simplicísima piedad! [6]

Celano pormenoriza hablando de los gusanos, las abejas, la belleza de las flores, las mieses, las viñas, las piedras, las selvas, las aguas de la fuente, los huertos, la tierra, el fuego, el aire y el viento. A todas las criaturas las llamaba hermanas, como quien había llegado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios, y con la agudeza de su corazón penetraba, de modo eminente y desconocido a los demás, los secretos de las criaturas.

El Cántico es adoración maravillada y jubilosa. San Francisco conoce las dificultades de la vida, las lágrimas y los fracasos, tanto los materiales como los de relaciones y espirituales. Él, que soñó triunfar y ser admirado como líder, no exalta al hombre de hazañas deportivas, guerreras o técnicas, ni a los ricos o a los que se exhiben en belleza. Celebra a los que perdonan por amor, a los que soportan pruebas y enfermedades, a los que conservan la paz.

Aos 03
«El lobo de Gubbio» por Pedro Subercaseaux, acuarela del libro «Vida de san Francisco de Asís», publicado por Verónica Griffin.
Monasterio Benedictino de Las Condes, Santiago, 2009.

¿Quién y cuándo lee el Cántico de las Criaturas?

Yo soy fraile sacerdote que suma ya 61 años de profesión capuchina. Yo he visto las flores en los prados de mi pueblo y las he visto cultivadas en grandes invernaderos, y las he visto exhibidas y preciadas en el mercado. ¡Las he visto también en los ramos y floreros, muestra de cariño y obsequio a vivos y difuntos! Y las he visto, asombrado y alegre, en el desierto florido. Yo he visto el sol, tibio y apetecible en primavera, pero lo he sufrido terrible en el desierto; y en el desierto he admirado la luna y las estrellas en el firmamento. Yo he admirado el agua en su incesante correr en el arroyo y las fuentes de mi infancia, y la he visto en torbellinos arrasadores y catastróficos; en fin, yo he visto y disfrutado el agua en los grifos de la casa esperando mi apertura para pasar… Y he visto cosas que san Francisco no vio ni padeció, como la contaminación del aire y del agua que se hacen veneno; y la violencia que Francisco sintió muchas veces, pero que al final se manifestaba escandalosa en la enemistad entre el podestá y el obispo. San Francisco vio muchas cosas en su naciente Orden, y en esa Orden hermosa y pletórica de frutos yo he visto también muchas cosas, y muchas cosas en la Iglesia…

Soy yo quien debe hacer míos los versos y Cántico de san Francisco. Y es usted quien debe detenerse aquí un momento y pensar, siendo usted quien lee esta composición: ¿qué le dice? Seguir adelante sin esta reflexión, es perder tiempo…

¿Y si el Cántico estuviese en otra clave?

El enamorado envía flores a la amada. Los demás admiran la belleza de las flores, y quizás la generosidad del remitente. ¡Al enamorado le importa más la belleza de su amada! ¡Vamos adelante en la celebración de este año y cuánto no se habla y escribe celebrando estos 800 años del Cántico! La bibliografía es abundante y variada. San Francisco no es un ecologista al modo actual, no cantó a la naturaleza. Y ni ha visto el agua corriente por nuestros grifos, ni ha padecido la contaminación del aire o del ruido.

San Francisco va repitiendo “alabado seas mi Señor” como dirigiéndose a Dios, y luego de cara a las criaturas las exhorta: “alaben y bendigan a mi Señor”.

No ignoraba el mal, pero veía a las criaturas más allá del mal, en el futuro transfigurado de Jesucristo. Toda la creación es teofanía de la bondad de Dios: toda la creación alaba a Dios. Altísimo, Omnipotente, buen Señor al que nadie es digno de nombrar. Su relación con Cristo desarrolló un camino de relación con todas las cosas; se esforzó por ser hermano de todas las cria­turas. Hoy se habla de inmortalidad, y se la anhela (aún no se la promete cercana), busca perdurar, pero san Francisco no la ve así, sino como una Vida Nueva. El camino de las criaturas es también un camino de eternidad: cielos y tierra nuevos, espera de la redención. Cristo hace nuevas todas las cosas. La naturaleza entendida como creación y mundo creado proviene de un Principio que tiene poder de crear todo de la nada. Salidas “buenas” de sus manos, cada criatura tiene valor en su ser y cada criatura tiene capacidad de conducirnos al Creador. Y la creación es el primer gran libro donde fue impresa la Ley de Dios. Dios es el Principio que crea, el que conserva, el que consumará la creación.

La muerte es paso ineludible a esa plenitud, al día glorioso del encuentro con el Señor, por eso llamará “Hermana” a la muerte. Advierte del riesgo de irse de este mundo en pecado mortal. Tiene la certeza de que así como pecamos, podemos arrepentirnos.

La existencia del hombre es concebida como un gran desierto por atravesar para llegar a la tierra prometida que es Dios mismo. Es viaje de retorno: salimos de Dios y a Dios volvemos. En la naturaleza todos compartimos la igualdad de ser criaturas. Según san Buenaven­tura, las criaturas son indispensables para una auténtica experiencia de Dios porque a través de las creaturas podemos conocer a Dios. No debemos ver la realidad creada como un obstáculo para superar, o una realidad intrínsecamente mala que negar, sino como un signo e indicio de la presencia de Dios. Tienden a que el hom­ bre llegue a escuchar, amar, y alabar a Dios. El hombre tiene su propia dignidad: creado a imagen y semejanza de Dios, es como un microcosmos, síntesis de universo. Pero el hombre no es independiente del resto de la creación: podemos abusar de las criaturas con una mala manipulación y explotación. El Papa Francisco en la Laudato si’ nos avisa acerca del biocentrismo [7]. No a la depredación.

El hombre y la creación están en relación de mutua dependencia e interacción y complementariedad. Admiración y reverencia ante la vida. No podemos subsistir separados de la creación: nuestro cuerpo es materia. Si el hombre mira exclusivamente su interés, el egoísmo lo puede llevar a justificar, a apropiarse, a depender de la naturaleza. No hay desprecio a la naturaleza sino respeto y cuidado de ella porque “vio Dios que era bueno”. A través de las criaturas podemos contemplar la bondad del Creador.

San Francisco es el santo de la majestad divina. ¿Quién sois Vos y quien soy yo? Dios es el enteramente otro, el Altísimo. Solo Dios es bueno, creación y misterio trinitario. La Palabra con su Encarnación entra en el mundo, viviendo como pequeño y revelándose como verdadero rostro de Dios. Así la creación que es buena por ser criatura de Dios es también buena porque el Verbo se hizo hombre. Cristo es el mediador entre Dios y los hombres. La creación es un libro en clave y la clave es Jesucristo. San Francisco es modelo de la relación con el Padre y con la naturaleza. Cristo siendo el Altísimo, el trascendente, el glorioso, apareció pobre en nuestra naturaleza humana; por eso san Francisco será pobre y humilde; y los suyos han de ser pobres y humildes. Su pobreza y pequeñez se la reveló solo Dios.

San Francisco toma los nombres de Dios desde la Biblia y la liturgia. Altísimo es el nombre que más repite. No somos dignos de nombrarle. Todo lo que se relaciona con Dios, especialmente la eucaristía [8], merece reverencia, temor, veneración, y asombro: “¡Oh cuán glorioso y santo y grande, tener un Padre en los cielos!” [9]. En la revelación encontraba la santidad y la gloria de Dios. Dios mío y todas mis cosas. La trascendencia de Dios le maravilla, le asombra, le alegra, le ocupa constantemente sin que haya lugar para algo distinto de Dios. Su poder es el amor, su omnipotencia es el poder amar. Dios es su aliado, su compañero. Dios es actualidad, presencia permanente en su vida. Dejar que Dios sea lo Absoluto, el primero y principal, lo mejor. La creación no es don de ayer sino don del despertar de cada día. Somos administradores de la naturaleza que hemos de legar a nuestros hijos. Hoy debemos avanzar a una espiritualidad de sinodalidad global. El término ecología es nuevo, pero hay ideas anteriores.

Dios es santo y santifica. Solo Dios es bueno, loable, omnipotente: con su poder sostiene nuestra flaqueza. La teología del Cántico de las Criaturas: todo “de ti Altísimo lleva significación” [10]. Dios nos ha hecho y nos sigue haciendo todo bien.

El peligro está aquí: nos llega porque nos compromete

Ciertamente que los hombres dependemos de los elementos de la creación. En el medioevo no se entendía el ecologismo como el de hoy. Había un contexto histórico, teológico y existencial diferente. La natu­raleza y la industria deben integrarse, debemos contribuir a suscitar la formación por el cuidado de la casa común.

En 1209 había escrito la “Oración y acción de gracias”:

Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo [11] y justo, Señor rey del cielo y de la tierra [12], por ti mismo te damos gracias, porque, por tu santa voluntad y por tu único Hijo con el Espíritu Santo, creaste todas las cosas espi­ rituales y corporales, y a nosotros, hechos a tu imagen y semejanza, nos pusiste en el paraíso [13]. Y nosotros caímos por nuestra culpa. Y te damos gracias porque, así como por tu Hijo nos creaste, así, por tu santo amor con el que nos amaste [14], hi­ ciste que él, verdadero Dios y verdadero hombre, naciera de la gloriosa siem­ pre Virgen la beatísima santa María, y quisiste que nosotros, cautivos, fuéra­ mos redimidos por su cruz y sangre y muerte. Y te damos gracias porque ese mismo Hijo tuyo vendrá en la gloria de su majestad a enviar al fuego eterno a los malditos, que no hicieron penitencia y no te conocieron, y a decir a todos los que te conocieron y adoraron y te sirvieron en penitencia: Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino que os está preparado desde el origen del mundo [15]. Y porque todos nosotros, miserables y pecadores, no somos dignos de nombrarte, imploramos suplicantes que nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo amado, en quien bien te complaciste [16], junto con el Espíritu Santo Paráclito, te dé gracias por todos como a ti y a él os place, él que te basta siempre para todo y por quien tantas cosas nos hiciste. Aleluya. (…)
Y a todos los que quieren servir al Señor Dios dentro de la santa Iglesia católica y apostólica, y a todos los órdenes siguientes: sacerdotes, diáconos, subdiáconos, acólitos, exorcistas, lectores, ostiarios y todos los clérigos, todos los religiosos y religiosas, todos los donados y postulantes, pobres y nece­ sitados, reyes y príncipes, trabajadores y agricultores, siervos y señores, todas las vírgenes y continentes y casadas, laicos, varones y mujeres, todos los niños, adolescentes, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, todos los pequeños y grandes, y todos los pueblos, gentes, tribus y lenguas [17], y todas las naciones y todos los hombres en cualquier lugar de la tierra, que son y que serán, humildemente les rogamos y suplicamos todos nosotros, los her­manos menores, siervos inútiles [18], que todos perseveremos en la verdadera fe y penitencia, porque de otra manera ninguno puede salvarse.
Amemos todos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con toda la fuerza [19y fortaleza, con todo el entendimiento [20], con todas las fuerzas [21], con todo el esfuerzo, con todo el afecto, con todas las entrañas, con todos los deseos y voluntades al Señor Dios [22], que nos dio y nos da a todos nosotros todo el cuerpo, toda el alma y toda la vida, que nos creó, nos redimió y por sola su misericordia nos salvará [23], que a nosotros, miserables y míseros, pútridos y hediondos, ingratos y malos, nos hizo y nos hace todo bien.
Por consiguiente, ninguna otra cosa deseemos, ninguna otra queramos, ninguna otra nos plazca y deleite, sino nuestro Creador y Redentor y Salvador, el solo verdadero Dios, que es pleno bien, todo bien, total bien, verdadero y sumo bien, que es el solo bueno [24], piadoso, manso, suave y dulce, que es el solo santo, justo, verdadero, santo y recto, que es el solo benigno, inocente, puro, de quien y por quien y en quien [25] es todo el perdón, toda la gracia, toda la gloria de todos los penitentes y de todos justos, de todos los bienaventurados que gozan juntos en los cielos. Por consiguiente, que nada impida, que nada separe, que nada se interponga. En todas partes, en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo, diariamente y de continuo, todos nosotros creamos verdadera y humildemente, y tengamos en el cora­ zón y amemos, honremos, adoremos, sirvamos, alabemos y bendigamos, glorifiquemos y ensalcemos sobremanera, magnifiquemos y demos gracias al altísimo y sumo Dios eterno, Trinidad y Unidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas y salvador de todos los que creen y esperan en él y lo aman a él, que es sin principio y sin fin, inmutable, invisible, inenarrable, inefable, incomprensible, inescrutable [26], bendito, laudable, glorioso, ensalzado sobremanera [27], sublime, excelso, suave, amable, de­ leitable y todo entero sobre todas las cosas deseable por los siglos. Amén. [28]

El mensaje es claro: a ti, Omnipotente y Buen Señor, que nos has hecho y nos haces todo bien, te alabamos y te bendecimos. 


Notas

[1] Celano, Tomás de; Vida primera de San Francisco. La primera edición corresponde a 1228, esta cita está en el n. 83. Texto tomado de San Francisco de AsísEscritos. Biografías. Documentos de la época. Edición preparada por José Antonio Guerra, o.f.m. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC 399), Madrid, 1998, pp. 135-228.
[2] Nota de la edición de José Antonio Guerra: “En San Agustín se encuentra el mismo camino ascensional (Confesiones I 4; II 6,12; III, 6,10)”.
[3] Cf. Job 23,11; Ct 5,17.
[4] Celano, Tomás de; Vida segunda de San Francisco. La primera edición corresponde a 1246-47, esta cita está en el n. 165. Texto tomado de op. cit. San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época, pp. 229-359.
[5] Autor desconocido; Leyenda de Perusa. ca. 1240, n. 83-84. Texto tomado de op. cit. San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época, pp. 595-691.
[6] Celano, Tomás de; op.cit. Vida primera de San Francisco, n. 80.
[7] Francisco; Carta encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la Casa Común. 2015, n. 118.
[8] San Francisco de Asís; Regla y Vida de los Hermanos y Hermanas de la Tercera Orden Regular de San Francisco. Aprobada por el Papa Juan Pablo II el 8 de diciembre de 1982, n. 12
[9] San Francisco de Asís; Carta a los fieles II, ca. 1225-1226, n. 54.
[10] San Francisco de Asís; Cántico de las Criaturas. 1225.
[11] Jn 17,11.
[12] Cf. Mt 11,25.
[13] Cf. Gn 1,26; 2,15.
[14] Cf. Jn 17,26. 
[15] Cf. Mt 25,34.
[16] Cf. Mt 17,5.
[17] Cf. Ap 7, 9.
[18] Lc 17,10.
[19] Cf. Mc 12,30.
[20] Cf. Mc 12,33.
[21] Cf. Lc 10,27.
[22] Mc 12,30 par.
[23] Cf. Tob 13,5.
[24] Cf. Lc 18,19.
[25] Cf. Rom 11,36.
[26] Cf. Rom 11,33.
[27] Cf. Dan 3,52.
[28] San Francisco de Asís; Regla no Bulada, Capítulo XXIII “Oración y acción de gracias”. 1209, nn. 1-5, 7-9.

Francisco y su vínculo con San Francisco, en un libro póstumo

"Mi San Francisco", libro póstumo del Papa Francisco, presentado el 10 de septiembre de 2025 en Asís.

En la Sala de Prensa del Sagrado Convento de Asís se presentó, el miércoles 10 de septiembre, el libro póstumo de Jorge Mario Bergoglio “Mi San Francisco”, que saldrá a la venta el 18 de septiembre. La obra nace de una conversación con el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos. El volumen incluye además una carta del papa Prevost y el prólogo del secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin.

Isabella H. de Carvalho – Ciudad del Vaticano

Una publicación “que permite casi volver a escuchar la voz del Papa Francisco”, y por la cual “damos gracias al Señor por todo lo que nos regaló a través de él”. Con estas palabras León XIV recuerda a su predecesor, fallecido el pasado 21 de abril, en una carta que aparece en el libro póstumo “Mi San Francisco”. El texto (Ediciones Messaggero Padova, 160 páginas), fruto de un diálogo mantenido en los últimos meses de 2024 entre Bergoglio y el cardenal Semeraro, recorre el profundo vínculo entre Francisco y el santo de Asís, del que tomó el nombre al inicio de su pontificado. El libro estará disponible en librerías a partir del 18 de septiembre y fue presentado el miércoles 10 de septiembre por la tarde en Asís. En el evento participaron el cardenal Semeraro, fra Giulio Cesareo, director de Comunicación del Sacro Convento, y fra Massimiliano Patassini, director editorial del Messaggero di Sant’Antonio.

León XIV: del nombre, una misión

En una carta fechada el 22 de mayo, fiesta de santa Rita de Casia, León XIV agradece al Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos esta publicación y destaca que Francisco no solo “tomó” ese nombre, sino que también “trató de identificarse con él para hacerlo el rostro de su nueva misión”. En el mismo texto, escrito un mes después de la muerte de Bergoglio, el Papa Prevost subraya que “no se ha borrado aún de nuestro corazón el impacto de su partida”, un tema también abordado en el libro. León XIV recuerda, además, la respuesta del Papa argentino cuando le preguntaron si temía la muerte: “Cuando uno es anciano comprende que falta poco para el final, y entonces se convierte en una gracia poder prepararse, poder releer la propia vida dando gracias al Señor por todo lo recibido”.

Presentación del libro en Asís, el miércoles 10 de septiembre de 2025.

Presentación del libro en Asís

El cardenal Parolin: las huellas de San Francisco en la vida de Bergoglio

“Cuando uno se apega a un santo es porque lo descubre como amigo y como fuente de inspiración” para “vivir con alegría el Evangelio”. Así le sucedió al Papa Francisco con el Pobrecillo de Asís, escribe el cardenal Parolin en el prólogo. Para él, la influencia de San Francisco se refleja “en las heridas de su existencia, en su modo de actuar, en sus opciones preferenciales, en sus afectos y deseos, incluso en los encuentros y hechos que marcó con su vida”. En el libro, el Papa evoca varias experiencias y momentos, como si reviviera las huellas benditas que el ejemplo del santo había dejado en su alma, ayudándole a ser como él: agradecido con Dios y deseoso de reconocerlo en los pobres, de amarlo en quienes sufren y están solos.

Parolin concluye que este testimonio, recogido en los últimos meses de Francisco, es casi “un testamento espiritual, hecho de memoria viva y de acción de gracias”. El “rostro luminoso y sereno” del Papa en los últimos días de su vida, añade, parece estar en sintonía con la gratitud y la alegría hacia Dios que mostró San Francisco de Asís en el final de su existencia.

Presentación del libro póstumo del Papa Francisco en Asís, miércoles 10 de septiembre de 2025.

Presentación del libro póstumo del Papa Francisco en Asís

El cardenal Semeraro: San Francisco, clave para entender el pontificado

En la rueda de prensa en Asís, el cardenal Semeraro insistió en que “el Papa Francisco interiorizó la figura del santo de Asís”, algo que se reflejó en el estilo de su pontificado y en su forma de afrontar las situaciones. “La santidad de San Francisco puede ser una clave interpretativa del ministerio petrino de Jorge Mario Bergoglio”, afirmó. Citó como ejemplo las encíclicas Laudato si’ y Fratelli tutti, inspiradas en el Pobrecillo de Asís. El libro, añadió, aborda además el diálogo con el islam y otras religiones, así como el cuidado de la creación.

Semeraro destacó también la insistencia del Papa en mirar el mundo desde las periferias y “los descartados”, promoviendo una “Iglesia en salida” con un estilo “franciscano”, que invita a comprender la realidad desde otra perspectiva. “De algún modo, Francisco mostró la figura de San Francisco de Asís como orientación para la Iglesia de hoy”, dijo el cardenal.

Compromiso con la paz y reflexiones sobre la muerte

El prefecto del Dicasterio subrayó asimismo el compromiso de Francisco con la paz, que continúa ahora con el mismo espíritu León XIV: “Ambos han dicho que esta situación de derrota no debe desanimarnos para hablar de paz. Usaron la misma imagen de la semilla: cuando hablamos de paz, sembramos granos que entran en el corazón del hombre con la confianza de que germinen”.

Al responder qué pasaje del libro le tocaba más personalmente, Semeraro confesó que aún le conmueve lo que Francisco escribió sobre envejecer y prepararse para la muerte. Recordó que en 2024, año en que se redactó el libro, nadie podía imaginar que un año después, apenas una semana después de saber que las pruebas estaban listas, el Papa moriría. “En el libro habló también de esto: de estar dispuesto a soltar, de recomponer vínculos para vivir en paz”.

LA UNIÓN DE LA ECOLOGÍA INTERIOR CON LA EXTERIOR: EL CANTICO AL HERMANO SOL DE FRANCISCO DE ASIS

Leonardo Boff

En 1967, en un artículo ampliamente divulgado “Las Raíces Históricas de Nuestra Crisis Ecológica”, el historiador Lynn White Jr. acusó al judeocristianismo, debido a su antropocentrismo visceral, de ser el principal factor de la crisis que ahora se ha vuelto un clamor. Reconoció también que ese mismo cristianismo tenía un antídoto en el misticismo cósmico de San Francisco de Asís.

Para reforzar esa idea, sugirió proclamarlo “patrono de los ambientalistas”, cosa que hizo el Papa Juan Pablo II el 29 de noviembre de 1979. De hecho, todos sus biógrafos, como Tomás de Celano, San Buenaventura, la Leyenda Perugina (una de las fuentes más antiguas) y otras fuentes contemporáneas, atestiguan “la unión amigable que Francisco establecía con todas las criaturas…” Les daba a todas el dulce nombre de hermanos y hermanas, a las aves del cielo, a las flores del campo, incluso al feroz lobo de Gubbio.

Estableció fraternidad con los más discriminados, como los leprosos, y con todo tipo de personas, como el sultán musulmán Melek el-Kamel, en Egipto, con quien mantuvo largos diálogos. Rezaban juntos. San Francisco hizo suyo el título más elevado que los musulmanes dan a Alá: “Altísimo”. El Cántico de las Criaturas comienza con “Altísimo”.

En el hombre de Asís todo está rodeado de cuidado, simpatía y ternura. El filósofo Max Scheler, profesor de Martin Heidegger, en su conocido estudio “La Esencia y las Formas de la Simpatía” (1926) dedica páginas brillantes y profundas a Francisco de Asís. Él afirma: 

«Nunca en la historia de Occidente ha surgido una figura con tamaña fuerza de simpatía y emoción universal como la que encontramos en San Francisco». «Nunca más como en San Francisco ha sido posible preservar la unidad y la integridad de todos los elementos en las esferas de la religión, del erotismo, de la acción social, del arte y del conocimiento» (1926, p. 110). Tal vez sea por eso que Dante Alighieri lo llamó “el sol de Asís” (Paraíso XI, 50).

Esta experiencia cósmica tomó forma brillante en su “Cántico al Hermano Sol” o “Cántico de las Criaturas”. En él encontramos una síntesis completa entre ecología interior (los impulsos de la psique) y ecología exterior, la relación amigable y fraterna con todas las criaturas. Estamos celebrando los 800 años del Cántico al Hermano Sol en un contexto tan lamentable como el actual. Aunque pueda parecer extraño, tiene sentido porque en medio de un dolor físico y espiritual insuperable, Francisco de Asís tuvo un momento de iluminación y creó y cantó con sus hermanos este himno, que está repleto de lo que más necesitamos: la unión del cielo con la Tierra, el significado sacramental del Hermano Sol, de la luna, del agua, del fuego, del aire, del viento y de la Madre Tierra, vistas como señales del Creador y, finalmente, la paz y la alegría de vivir y coexistir en medio de las tribulaciones que estaba vivenciando y que también nos asolan a nosotros.

Consideremos primero el contexto en el que surgió el himno. La Leyenda Perusina contiene un relato detallado. Dos años después de la estigmatización en el Monte Alverna, Francisco fue invadido por un gran amor que, en el lenguaje de Buenaventura, significaba una muerte sin muerte. Francisco estaba casi ciego. Él no conseguía ver este sol. Sufrimientos internos y externos lo afligían repetidamente. La orden fundada se estaba convirtiendo en una institución y ya no en un movimiento de seguimiento estricto del Evangelio. Esto le hacía sufrir mucho.

Era la primavera de 1225. El local era la pequeña capilla de San Damián, donde vivían Clara y sus hermanas. Lleno de dolor, no conseguía encontrar paz. Pasó cincuenta días en una celda oscura, sin conseguir ver la luz del día o el fuego de la noche. El dolor de los ojos le impedía dormir o descansar. Casi desesperadamente, él oró: “Ayúdame, Señor, en mi enfermedad, para que pueda soportarla pacientemente”. No pedía librarse de ella sino soportarla.

Mientras oraba, observa su biógrafo Tomás de Celano, Francisco entró en agonía. En medio de esa situación, oyó una voz dentro de sí: “Feliz, hermano, feliz en medio de tus aflicciones y enfermedades. En el futuro podrás sentirte tan seguro como quien está en mi reino”.

Francisco se llenó de una alegría increíble. En la noche oscura  amaneció el día. Se sintió transportado al reino de Dios, símbolo de la reconciliación ilimitada de la creación decaída con el designio del Creador.

Entonces Francisco se levantó, murmuró algunas palabras y cantó el himno a todas las cosas: “Altissimu, onnipotente, bon Signore”. Llama a sus hermanos y canta con ellos el cántico que acababa de componer:

Altísimo, Omnipotente, Buen Señor, A Ti la alabanza, la gloria, el honor y toda bendición. Sólo a Ti, Altísimo, pertenecen, y ningún hombre es digno de mencionarte. Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente por el Señor Hermano Sol, que es día y por eso nos da su luz. Es bello y radiante con gran esplendor. Y de Ti, Altísimo, es un signo. Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas. Las formaste en el cielo brillantes, preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano Viento y por el aire, y la nube y el cielo sereno y por todo tiempo, a través del cual sostienes a tus criaturas. Alabado seas, mi Señor, por la hermana Agua. Que es tan útil, humilde, preciosa y casta. Alabado seas, mi Señor, por el hermano Fuego, que ilumina la noche, y es bello, alegre, robusto y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la Madre Tierra, que nos sustenta y gobierna, y produce muchos frutos, árboles y flores de colores. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y soportan enfermedades y tribulaciones. Bienaventurados los que las soportan en paz pues por ti, Altísimo, serán coronados. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún ser vivo puede escapar… Alabad y bendecid a mi Señor, dadle gracias y servidle con gran humildad.

Como demostró el franciscano Eloi Leclerc (1977), superviviente de los campos de exterminio nazi, para Francisco los elementos externos como el sol, la tierra, el fuego, el agua, el viento y otros no eran solo realidades objetivas, sino realidades simbólicas, emocionales, verdaderos arquetipos que energizan la psique en el sentido de una síntesis entre el exterior y el interior y una experiencia de unidad con el Todo. Francisco canta al sol, a la luna, a las estrellas y a otros seres, incapaz de verlos porque al final de su vida estaba prácticamente ciego. Él incluye en su elogio lo que es más difícil de integrar: la muerte. En la biografía de Celano, la muerte es huésped de Francisco. Él dice jovialmente: “Bienvenida mi hermana Muerte”.

San Francisco por su ternura y hermandad ilimitada se volvió un hombre universal. Realiza plenamente el proyecto humano de armonía con toda la creación, sintiéndose parte de ella como un hermano. Él suscita en nosotros la esperanza de que podemos convivir en paz con la Madre Tierra.

Leonardo Boff

leonardoboff.org

*Leonardo Boff ha escrito Francisco de Asís: ternura y vigor, Sal Terrae 2009 (8ºedición)

800 años del Cántico a las criaturas de san Francisco


Tribuna

PORFrancisco Martínez Fresneda, OFM

Catedrático del Instituto Teológico de Murcia OFM

En tiempos de Francisco de Asís se considera  la creación y la historia humana como un mero trámite para alcanzar la vida eterna y, por consiguiente, sus gentes viven de espaldas a la obra salida de las manos del Señor. La visión de Francisco nada tiene que ver con el mundo que le rodea; él observa la creación desde Dios. Aquí está su originalidad. Todas las criaturas, desde ellas mismas, indican la presencia de Dios. Francisco divisa la armonía en sí misma de la creación entera al situarse desde los ojos y el corazón de Dios y en ella ve presente al Señor, como en todos los hombres. Las criaturas son bellas y merecen amarse, no por la actitud humana que las lleva a Dios o por el significado que les pueda dar el hombre, sino porque ellas mismas son vestigios de Dios, ya que han salido del mismo amor que identifica todo acto creador divino. 

Es significativo narrar el contexto en el que compone Francisco el Cántico a las criaturas, cuyo 800 aniversario celebramos: «Dos años antes de su muerte, estando en San Damián en una celdilla formada de esteras y padeciendo indeciblemente por la enfermedad de los ojos —tanto que por espacio de más de 50 días no podía ver ni la luz del día ni la del fuego—, sucedió, por permisión divina y para aumento de sus aflicciones y méritos, que una plaga de ratones invadió la celda y, saltando de día y de noche sobre él y a su alrededor, no le dejaban orar ni descansar. Y, cuando comía, trepaban a la mesa y le molestaban muchísimo». Experimenta la situación como una tentación diabólica y pide auxilio al Señor, que le responde: «Condúcete en adelante con tanta seguridad como si estuvieras en mi reino» (Espejo de perfección 100).

Francisco margina su infierno presente y se fija en cómo es la vida de cada día. Entonces comienza a cantar: «Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano Sol… por la hermana Luna y las Estrellas, en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas. / Loado seas, mi Señor, por el hermano Viento, y por el Aire y nublado y sereno y todo tiempo, por el cual a tus criaturas das sustentamiento. / Loado seas, mi Señor, por la hermana Agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta. / Loado seas, mi Señor, por el hermano Fuego, por el cual iluminas la noche, y él es bello y jocundo y robusto y fuerte. / Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre Tierra, la cual nos sustenta y gobierna, y produce diversos frutos con flores de color y hierba. / Load y bendecid a mi Señor, y dadle gracias y servidle con gran humildad» (Escritos 121-125).

Francisco respeta y admira a las criaturas. Más aún: pasa a considerarlas hermanas. La filiación de todo ser a Dios Padre le conduce a fraternizar con cada cosa. Esta relación fraterna adquiere un carácter singular, en el sentido de que no se coloca el hombre como señor de ellas, como puede deducirse del mensaje bíblico, y mucho menos en el papel de intentar someterlas desde este señorío para su utilidad y provecho. Al contrario, aplica a toda criatura el amor de hermano, que se traduce en el sumo respeto y defensa de su forma de ser. Esto es, el sol, la luna, los campos, las hierbas, los pájaros, los animales son hermanos en pleno sentido (cf Leyenda mayor 12,4).

Francisco invita a las criaturas para que alaben al Señor, al participar de la encarnación de la Palabra en su condición de ser creada. No es que el creyente alabe al Señor en su lugar; son ellas mismas, como dotadas de una conciencia agradecida, las que deben alabar y bendecir al Señor: «¿Quién podrá explicar la alegría que provocaba en su espíritu la belleza de las flores, al contemplar la galanura de sus formas y al aspirar la fragancia de sus aromas? Al instante dirigía el ojo de la consideración a la hermosura de aquella flor que, brotando luminosa en la primavera de la raíz de Jesé, dio vida con su fragancia a millares de muertos. Y, al encontrarse en presencia de muchas flores, les predicaba, invitándolas a loar al Señor, como si gozaran del don de la razón» (I Vida de Celano 81).

Las criaturas, además de alabar al Señor, deben amarle, en respuesta a la identidad del Señor y a su concreta relación que ha establecido con todo cuanto ha salido de sus manos y existe fuera de Él. Francisco vive la vida nueva y el hombre nuevo proyectado por Dios desde el principio y escenificado en la convivencia humana con la tierra y los animales en el paraíso. Por eso puede hacer dichas afirmaciones sobre la relación de amor que existe entre las criaturas y Dios, criaturas que dan cumplida cuenta de la identidad divina y de las afirmaciones de la tradición sacerdotal del Génesis al crear cada especie: «Y vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno» (Génesis 1, 31).

EL ‘CÁNTICO DE LAS CRIATURAS’ (Octavo centenario)

La Familia franciscana, se dio cita este 11 de enero en el Santuario de San Damián en Asís, Italia, para inaugurar oficialmente el VIII Centenario del Cántico de las Criaturas, también conocido como Cántico al Hermano Sol, compuesta por san Francisco de Asís en 1225.

Participaron de la celebración los Ministros Generales de la Primera Orden, el de la Tercera Orden Regular, el de la Orden Franciscana Seglar y la presidente de la Conferencia de las Hermanas Franciscanas.

Francisco de Asís estaba casi completamente ciego cuando compone el Cántico de las Criaturas. Sin embargo, con una mirada de fe y rebosante de gratitud, contempla las maravillas de la creación y logra percibir la presencia del Creador que les da sentido. 

Todas las criaturas, espejos de la perfección divina, son hermanos y hermanas porque son obra y don del mismo Autor. Todas juntas constituyen el coro de la creación, que contempla, alaba y agradece a Dios creador, destacan los frailes franciscanos.

El Cántico -añaden- es la expresión y confesión conclusiva de la vida del Poverello que resume todo su camino de conformación con Cristo, el Hijo amado. Su fe en la paternidad de Dios se convierte en un canto de alabanza que proclama la fraternidad de todas las criaturas y su belleza. De hecho, «en las cosas bellas contemplaba al que es sumamente Hermoso y, mediante las huellas impresas en las criaturas, buscaba por doquier a su Amado, sirviéndose de todos los seres como de una escala para subir hasta Aquel que es todo deseable» (Leyenda mayor 9, 1).

Celebrar como Familia Franciscana

Desde la Orden Franciscana recuerdan que «celebrar el centenario del Cántico de las Criaturas nos lleva a un cambio radical en nuestra relación con la creación, que consiste en sustituir la posesión por el cuidado de nuestra casa común. De hecho, cada uno de nosotros debe responder con sinceridad a estas preguntas: ¿cómo quiero vivir mi relación con las demás criaturas? ¿Como un dominador, que se arroga el derecho de hacer lo que quiera con ellas? ¿Como consumidor de recursos, que ve en ellos una oportunidad para sacar ventajas? ¿O como un hermano, que se detiene ante la creación, admira su belleza y cuida la vida?» 

De ahí que sostienen que «la crisis ecológica actual nos revela que ‘el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos’, como expresa el Papa Francisco en la encíclica Laudato si’«. 

«Cuidar la casa común y descuidar la casa interior, nuestro corazón, concluyen, no es el camino correcto: necesitamos una conversión ecológica e integral al mismo tiempo. De hecho, el último verso del Cántico nos recuerda que sólo quien tiene un corazón libre, capaz de detener la lógica del odio y la venganza a través del perdón, puede convertirse en instrumento de reconciliación y armonía, en profecía de fraternidad».

Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,

porque de ti, Altísimo, coronados serán.
Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

Ay de aquellos que mueran
en pecado mortal.

Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad.

Compromiso de la hermana Pauledt, de la Fraternidad Horeb Colombia

Queridas hermanas y hermanos, Pauled vive conmigo en Sutamarchan – Región de Boyacá en Colombia y vine de Perú a compartir mi experiencia como Eremita en la llanura de una montaña donde está ubicada la fundación de Pauledt que es una casa de acogida para niñas con problemas de vulnerabilidad. Estamos a 2 km. de distancia del pueblo Sutamarchan…Mi Ermita está ubicada a 100 mts de distancia de la casa de Pauledt… Las dos estamos  dedicadas a las tareas del campo en cuidado de huerta, ovejas, gallinas para el sostenimiento de la obra fundada por Pauledt, estoy aprendiendo mucho de ella porque es la primera vez que vivo en zona campestre fuera de mi país. Unión de oraciones por Pauledt el día 3 de Mayo. Bendiciones y un gran abrazo para uds.