
Fotografia: Casco antiguo de la ciudad de Safed | Wikimedia Commons sota llicència C. C. 3.0.

Safed, una de las cuatro ciudades santas del judaísmo, es conocida como la cuna de la cábala y un influyente centro espiritual e intelectual
Safed, situada en las montañas de Galilea y a pocos kilómetros del lago que lleva el mismo nombre, es una de las cuatro ciudades santas del judaísmo y la gran cuna de la cábala, la tradición mística judía que busca comprender los misterios ocultos de Dios, la creación y el alma humana.
Durante siglos, esta ciudad ha atraído a estudiosos, rabinos y peregrinos judíos que han buscado en ella un espacio de contemplación y conocimiento espiritual. Sus callejones de piedra -engalanados con detalles azules-, las antiguas sinagogas y el cementerio donde reposan algunos de los grandes maestros cabalísticos son testigos de la época en que la ciudad se convirtió en uno de los centros intelectuales más influyentes del mundo judío.
Para entender este fenómeno, Bàrbara Virgil nos recuerda que la peregrinación ocupa un lugar muy particular en el seno del judaísmo. Virgil es profesora de lengua hebrea en la Facultad de Teología de Cataluña y especialista en mística judía, traductora e investigadora. Con estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalén y en la Universidad de Barcelona, con un máster en Gnosticismo y Cábala, ha dedicado buena parte de su trayectoria al estudio de los textos místicos y a la difusión del patrimonio religioso. Para ella, “hacer una peregrinación es ponerse en camino hacia un lugar donde sabemos que, cuando lleguemos, algo habrá cambiado dentro de nosotros. Es unirse a una cadena humana que se remonta milenios atrás”.
Un enclave estratégico
Safed es una región de paso entre el Mediterráneo y el interior de Israel. Esta posición privilegiada ha hecho que, a lo largo de la historia, la dominaran diversos pueblos. Antes de convertirse en referencia del misticismo judío, habitaron en ella cananeos, israelitas, romanos, bizantinos, árabes, cruzados y mamelucos.
Fue sobre todo durante la Edad Media cuando Safed adquirió una gran importancia estratégica y militar. Los mamelucos la convirtieron en el principal centro administrativo de Galilea, pero sería después de la llegada del Imperio Otomano cuando viviría su gran momento espiritual.
Del Templo de Jerusalén a las nuevas peregrinaciones
Para entender la importancia de Safed hay que retroceder a los orígenes de la peregrinación judía. En la Biblia, explica Virgil, la peregrinación no era una experiencia individual de búsqueda interior, sino “una institución colectiva que articulaba la relación entre el pueblo de Israel y Dios”. Tres veces al año -durante Pésaj, Shavuot y Sucot– las familias subían a Jerusalén para presentarse ante Dios en el Templo.
Esta peregrinación recibía el nombre de aliyah la-regel. “En hebreo, el mismo término aliyah significa a la vez subir y ascender”, señala Virgil. El ascenso físico hacia Jerusalén expresaba también una elevación espiritual y reforzaba la identidad compartida del pueblo judío. La destrucción del Segundo Templo por los romanos en el año 70 transformó completamente esta práctica. Sin Templo ya no era posible mantener la peregrinación bíblica, y el judaísmo rabínico no la sustituyó por ningún ritual equivalente.
Con los siglos, sin embargo, aparecieron nuevas formas de peregrinación: visitas voluntarias a lugares bíblicos, tumbas de sabios y ciudades de gran valor espiritual, entre las cuales Safed adquirió un papel destacado. Según Virgil, estas peregrinaciones “no son una veneración del lugar en sí mismo, sino una manera de reconectar con la historia, con los antepasados y con la memoria del pueblo judío”.
La ciudad de la cábala
El siglo XVI fue la época dorada de Safed. Después de la expulsión de los judíos de la Península Ibérica en 1492, numerosas familias sefardíes se establecieron en diferentes ciudades del Imperio Otomano. Una de ellas fue Safed. Muchos de estos refugiados eran rabinos, estudiosos y maestros que transformarían la ciudad en el principal centro espiritual del judaísmo de su tiempo.
Virgil recuerda que aquel gran desarrollo religioso fue acompañado también de una notable prosperidad económica. “El comercio mediterráneo de tejidos, seda, especias y aceite convirtió Safed en una ciudad próspera, capaz de atraer a intelectuales y estudiantes de todo el mundo”, apunta.
Fue en este contexto cuando se consolidó una de las escuelas cabalísticas más influyentes de la historia. Allí enseñaron figuras como Joseph Karo, autor del Shulján Aruj, considerado el gran compendio de la ley judía; Moses Cordovero, que sistematizó la tradición cabalística; e Isaac Luria, conocido como Ha-Ari, “el león”, que revolucionaría profundamente esta corriente de pensamiento. Sus ideas serían preservadas y difundidas principalmente por su discípulo Hayim Vital.
¿Cómo entienden el judaísmo los cabalistas?
La cábala busca profundizar en los significados ocultos de la Torá y comprender la relación entre Dios, el universo y el ser humano. A diferencia de una lectura centrada principalmente en los aspectos legales o rituales del judaísmo, esta escuela considera que la realidad visible oculta dimensiones espirituales mucho más profundas.
Virgil explica que la palabra qabbalah proviene del verbo hebreo “recibir” y hace referencia a la tradición recibida. Con el tiempo, algunos maestros medievales desarrollaron una interpretación mística de la revelación bíblica que pretendía descubrir “los secretos ocultos de la Torá”. A través de símbolos, visiones y un lenguaje profundamente teológico, los cabalistas buscaban comprender la vida interior de Dios y de la creación.
Según la investigadora, la cábala es, en definitiva, “la historia de la vida secreta del judaísmo”. Tras la destrucción del Templo, añade, esta tradición preservó simbólicamente una parte esencial del mundo sacerdotal desaparecido, convirtiendo Safed en el lugar donde esta memoria espiritual se desarrolló con más fuerza.
El rabino Luria y la renovación espiritual
La figura de Isaac Luria continúa presidendo la memoria de Safed. Aunque solo vivió allí unos pocos años, sus enseñanzas marcaron un antes y un después en la tradición cabalística.
Entre sus aportaciones más conocidas destaca la doctrina del tzimtzum, según la cual Dios “contrajo” su infinitud para dejar espacio a la existencia del mundo. También desarrolló el concepto tikkun olam, “la reparación del mundo”, según el cual las acciones humanas pueden contribuir a restaurar una armonía espiritual rota.
Esta concepción otorga a la vida cotidiana una profunda dimensión religiosa: cada oración, cada acto de bondad y cada cumplimiento de los preceptos contribuyen a esta obra restauradora de la creación.
Las sinagogas de Safed
La huella de los cabalistas todavía es muy visible en las antiguas sinagogas de la ciudad. Entre las más emblemáticas destaca la sinagoga Ari Ashkenazi, la más vinculada a Luria. Según la tradición, el rabino rezaba allí los viernes por la tarde antes de salir con sus discípulos a recibir simbólicamente el sábado en las afueras de la ciudad. Aunque el edificio actual es posterior -el original quedó dañado por varios terremotos-, sigue siendo uno de los espacios más venerados por los seguidores luriánicos.
Otro de los templos más destacados es la sinagoga Abuhav, vinculada a Isaac Abuhav, prestigioso rabino de la Península Ibérica. Según la tradición, algunos de sus discípulos la fundaron tras llegar a Safed y llevaron consigo un rollo de la Torá atribuido al mismo maestro. “La leyenda dice incluso que la sinagoga fue transportada milagrosamente desde Sefarad”, explica Virgil. Más allá del relato legendario, este templo continúa simbolizando el vínculo profundo entre el judaísmo sefardí hispánico y el renacimiento espiritual que vivió Safed.
El cementerio de los grandes maestros
Para muchos peregrinos, sin embargo, la visita más significativa es la del viejo cementerio de Safed. Entre sus túmulos descansan Luria, Cordovero, Vital y numerosos rabinos históricos. Los peregrinajes a las tumbas de los tzadikim -los hombres justos- constituyen hoy una de las prácticas devocionales más características del judaísmo. No se trata de una veneración de las reliquias, sino de una práctica que honra la memoria de los maestros y que vincula a los fieles con su comunidad.
Virgil explica que decenas de miles de personas acuden allí cada año “para presentar sus respetos a los grandes sabios”. Esta costumbre forma parte de una larga tradición documentada desde la Edad Media. La investigadora recuerda, por ejemplo, el relato del rabino Samuel ben Samson, que visitó Safed en el año 1210 y describió la veneración que las tumbas despertaban tanto entre judíos como musulmanes, quienes mantenían lámparas encendidas y hacían votos frente a algunos sepulcros.
Safed, faro espiritual
Más de cuatro siglos después de su esplendor, Safed continúa resplandeciendo en la espiritualidad judía. A lo largo del año, especialmente durante el Lag ba-Ómer o en los hilulot -aniversarios de la muerte de algunos grandes rabinos-, la ciudad recibe numerosos peregrinos. También siguen activas varias yeshivot, escuelas rabínicas donde se transmite el estudio de la Torá y la tradición cabalística iniciada en el siglo XVI.
Bàrbara explica que la experiencia de Safed va más allá de las creencias personales. “El visitante que llega a Safed, sea religioso o no, percibe una espiritualidad evocadora de estudio del texto sagrado y de transformación a través de la mística”, afirma. Y añade que, según relatan muchos peregrinos, “la experiencia de llegar al lugar anhelado es de profunda emoción y conversión”. Por ello recomienda acercarse “sin prejuicios” y sin prisas, porque “el conocimiento del lugar no es cosa de una visita rápida”.
Conocida simbólicamente como la “ciudad de la luz”, Safed continúa ejerciendo ese papel de faro espiritual que la convirtió en el gran centro de la cábala. Aún hoy, la ciudad mantiene viva una atmósfera singular, donde historia, memoria y espiritualidad se entrelazan. Como asegura Virgil, paseando por sus calles, escuchando los cánticos que salen de las sinagogas y recorriendo los espacios donde vivieron los grandes cabalistas, “recordaremos que allí, estudiosos y alumnos, en una simbiosis especial, intentaron conocer la grandeza de Dios






