Lucena, la perla de Sefarad

Pati de la Casa de Sefarad a Còrdova

Fotografia: Patio de la Casa de Sefarad en Còrdova. Wikimedia Commons sota llicència C. C. 4.0

 Necròpolis jueva visitable al municipi de Lucena.
Fotografia: Necròpolis judía visitable en el municipio de Lucena. Wikimedia Commons sota llicència C. C. 4.0.

Alba Martorell Cid

Lucena era conocida como la perla de Sefarad, fue uno de los grandes centros del judaísmo medieval en al-Ándalus

Lucena era conocida en hebreo como Eliossana y fue una excepción dentro de la Europa medieval. Situada entre las actuales Córdoba y Málaga, durante los siglos IX y XII se convirtió en uno de los principales centros intelectuales del judaísmo occidental. En ese período, su población era mayoritariamente judía y la vida religiosa, cultural y económica giró alrededor, alcanzando un prestigio extraordinario.

Hoy, Lucena no es un sitio de peregrinación comparable a Jerusalén o Safed; sin embargo, es un destino cargado de significado para los sefardíes —o cualquier persona con interés histórico—, que descubren una parte esencial de sus raíces. Los vestigios arqueológicos, la antigua necrópolis judía y la memoria de los grandes sabios que vivieron allí la convierten en un espacio de recuerdo y reencuentro.

Una ciudad judía en el al-Ándalus

El origen de la comunidad judía de Lucena se remonta a los primeros siglos de dominio islámico de la Península Ibérica. Bajo los emires y, posteriormente, el califato de Córdoba (s. X-XI), la ciudad creció hasta convertirse en un importante centro comercial y artesanal.

Aunque los judíos y los cristianos eran considerados como dhimmís, es decir, comunidades protegidas pero jurídicamente subordinadas a los musulmanes —pagaban impuestos específicos (la jizya), tenían ciertas limitaciones legales y no gozaban de una igualdad plena— muchos prosperaron extraordinariamente y acabaron ocupando cargos relevantes en el ‘en la’.

De hecho, fuentes medievales explican que Lucena era una ciudad singular porque prácticamente toda la población era judía, mientras que musulmanes y cristianos residían sobre todo de forma temporal por motivos comerciales o administrativos. Esta realidad favoreció una vida religiosa especialmente intensa y una notable autonomía comunitaria.

Un gran centro de estudio

La fama de Lucena se debe, en gran medida, a su academia rabínica, considerada una de las más prestigiosas del mundo judío medieval. La ciudad acabó siendo un punto de encuentro para estudiantes procedentes de diferentes territorios de al-Ándalus y del norte de África, que acudían para profundizar en el estudio de la Torá, el Talmud y, especialmente, la ley judía.

Lucena influía en las comunidades de todo el Mediterráneo, ya que desde allí se emitían dictámenes legales que llegaban a todas partes. Entre sus maestros más reconocidos encontramos el rabino Isaac al-Fasi —en referencia a Fez, de donde era originario. Considerado una eminencia en ley judía, dirigió durante años la prestigiosa academia rabínica. Su obra más influyente fue una síntesis del Talmud centrada en los aspectos jurídicos, que facilitó enormemente la aplicación de la halaká, el conjunto de normas que rigen la vida religiosa de los creyentes. Su aportación marcó profundamente el derecho judío y todavía hoy sigue siendo estudiada en muchas y salvo.

En Lucena también enseñó Isaac ibn Ghayyat, rabino y poeta. Destacó tanto por sus estudios sobre el Talmud y la halakhá como por su producción litúrgica: algunos de sus poemas religiosos (piyyutim) aún forman parte de la oración de determinadas comunidades. Tras la muerte de al-Fasi, ibn Ghayyat se convirtió en una de las principales autoridades rabínicas de Lucena y contribuyó decisivamente a consolidar el prestigio intelectual de la ciudad.

Sin embargo, la influencia de al-Fasi fue mucho más allá: sus obras serían estudiadas y citadas por grandes autoridades posteriores como Maimónides y, siglos más tarde, Joseph Karo, autor del Xulhan Arukh, uno de los principales códigos de la ley judía.

El esplendor de Sefarad

La época de máxima prosperidad de Lucena coincide con lo que a menudo se llama la edad de oro del judaísmo sefardí. Junto a ciudades como Toledo, Córdoba o Gerona, Lucena formaba parte de Sefarad, el nombre hebreo con el que, desde la Edad Media, los judíos identificaron la península Ibérica.

En este territorio floreció una de las etapas más fecundas de la historia del judaísmo, con destacadas escuelas rabínicas y figuras primordiales de la filosofía, la poesía, la medicina y el derecho. Este desarrollo fue posible gracias a la estrecha relación entre las tres culturas: la hebrea, el árabe y la latina.

Sin embargo, el esplendor no llevará eternamente. A partir del siglo XII, la irrupción de los almohades alteró profundamente la situación de los judíos de al-Ándalus. Las nuevas autoridades impusieron una política religiosa mucho más estricta, que obligó a numerosas comunidades a convertirse en el islam, emigrar o abandonar sus ciudades.

Muchos judíos se dispersaron por otros territorios de la península o del Mediterráneo. Con el paso de los siglos, la presencia judía disminuyó, y el recuerdo de esa gran comunidad quedó casi borrado tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492. Sefarad dejó de ser sólo un topónimo para convertirse en un símbolo. Todavía
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Dialogar y construir puentes a los 60 años de ‘Nostra aetate’

Carmen Márquez Beunza. Universidad Pontificia Comillas

El teólogo suizo H. Küng se preguntó en una ocasión cuál habría sido la postura de la Iglesia ante el mundo de las religiones si el Concilio Vaticano II no hubiera tenido lugar. Su respuesta nos permite comprender la trascendencia de uno de sus documentos, la declaración ‘Nostra aetate’ sobre las religiones no cristianas, que revolucionó el enfoque y la forma en que nos referimos a aquellos que profesan otras fes:


“Si este Concilio no hubiera tenido lugar, las demás religiones del mundo habrían seguido siendo para la Iglesia objeto sobre todo de discusión negativa, de polémica y de estrategias misioneras de conquista. Seguiríamos viviendo en un clima de hostilidad sobre todo respecto a los musulmanes y especialmente los judíos. El antisemitismo nacional-socialista condicionado por la raza hubiera sido imposible sin el secular antijudaísmo religioso de las Iglesias cristianas. Pero para el Vaticano II todos los pueblos forman una comunidad con sus distintas religiones: intentan responder de manera diferente a los mismos interrogantes fundamentales acerca del sentido de la vida y el curso vital”.

Tan solo unos días después de su aprobación, su máximo responsable, el cardenal alemán Augustin Bea, intuía la trascendencia de este breve documento para el futuro de la vida de la Iglesia y de la humanidad: “¿Qué significa para la humanidad la aplicación de esta declaración? Significa que la humanidad se verá progresivamente enriquecida con cientos de millones de hombres que se esforzarán por comprender, estimar y amar a cientos de millones de hombres cuya fe es distinta de la suya, y precisamente en su intimidad más sagrada, su fe religiosa”.

Un prometedor caminoBea se mostraba convencido de que ‘Nostra aetate’ significaba el inicio de un nuevo y prometedor camino para la Iglesia en su relación con los creyentes de otras religiones. Lo que inicialmente se pensó como una pequeña declaración sobre la actitud de los cristianos con respecto al pueblo judío, pasó a convertirse en un documento referido a todas las religiones no cristianas.

Sorteando numerosas dificultades, el texto vio finalmente la luz en la última etapa conciliar, posibilitando la apertura de la Iglesia al diálogo interreligioso. Por primera vez, un concilio ecuménico hablaba en términos positivos de otras religiones. ‘Nostra aetate’ afirmaba claramente la posibilidad de salvación de los no cristianos, reconocía el valor positivo de las otras religiones y se refería a los elementos de verdad y de gracia salvífica presentes en ellas.

Amplias repercusiones

El cardenal Bea no se equivocaba. La declaración ha tenido amplias e importantes repercusiones, convirtiéndose en un valioso instrumento de partida para cuantos se dedican al estudio de las religiones, contribuyendo a mejorar las relaciones, especialmente con el judaísmo y el islam, transformando las hostilidades y animadversiones en comprensión, respeto mutuo y diálogo. En el período posconciliar se ha desplegado un amplio y fecundo campo de colaboración con creyentes de diferentes religiones.

ás allá de los serios conflictos interreligiosos que todavía persisten, se ha ido fraguando un movimiento de acercamiento y colaboración que ha encontrado en el campo de la ética una de sus vetas más fructíferas. Los líderes religiosos tratan hoy de asumir una responsabilidad común ante las grandes cuestiones que preocupan a la humanidad, comprometiéndose en la defensa de la paz, la justicia y la integridad de la creación.

Diálogo doctrinal

Junto a ese tipo de diálogo, centrado en el desarrollo de iniciativas y acciones comunes, se ha desplegado un amplio diálogo de carácter doctrinal. Desde la nueva perspectiva abierta por ‘Nostra aetate’, se ha venido elaborando lo que se ha dado en llamar una teología cristiana de las religiones.

La aprobación de la declaración ‘Nostra aetate’ implicó la apertura de la Iglesia católica a un diálogo interreligioso que ha encontrado en los papas del posconcilio a algunos de sus mejores aliados. El compromiso de Roma queda reflejado en esta secuencia: si el Vaticano II constituyó el punto de partida, Pablo VI imbuyó al movimiento del impulso necesario que condujo a su madurez de la mano de Juan Pablo II, afianzándose con Benedicto XVI y adquiriendo con el papa Francisco nuevos contornos y una nueva orientación.

León XIV, bajo cuyo pontificado hemos conmemorado el sexagésimo aniversario de este importante texto, ha expresado su firme compromiso de proseguir con el diálogo. El encuentro de oración por la paz, convocado por Juan Pablo II en Asís en 1986, constituye todavía hoy una de las expresiones más elocuentes de esa trayectoria de implicación del papado, impulsada bajo la convicción de que el diálogo interreligioso forma parte del compromiso de la Iglesia al servicio de la humanidad. Hay un ámbito del diálogo interreligioso que ha sido especialmente privilegiado y alentado a nivel magisterial y pastoral: el desarrollado en el seno del monoteísmo, con las religiones “abrahámicas”, el judaísmo y el islam.

Documentos más relevantes

La creación, en 1964, del Secretariado para los No Cristianos, convertido en 1988 en el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso (hoy Dicasterio para el Diálogo Interreligioso) constituye una plataforma privilegiada para impulsar el diálogo y ha sido el marco para publicar algunos de los documentos más relevantes, como ‘Diálogo y misión’ (1984) y ‘Diálogo y anuncio’ (1991).

a reflexión sobre la relación entre el cristianismo y las religiones se ha convertido en una de las cuestiones fundamentales para la Iglesia a comienzos del tercer milenio: ¿qué dice la Iglesia de las otras religiones?; ¿cómo interpretar hoy el viejo axioma ‘extra ecclesiam nulla salus’ (“fuera de la Iglesia no hay salvación”)?; ¿puede un creyente de otra religión acceder a la salvación?; ¿son las otras religiones caminos válidos de salvación? Son preguntas acuciantes para los creyentes del siglo XXI. La descripción de la Iglesia como “sacramento universal de salvación” condujo a la superación de una interpretación en clave exclusivista del citado clásico axioma ‘extra ecclesiam nulla salus’.

El Concilio resolvía el problema de la salvación de los no cristianos. Pero, al haber dirigido la mirada más allá de la cuestión de la salvación de los individuos no cristianos, hacia una relación positiva de la Iglesia con las religiones como tales, planteaba una seria cuestión: la pregunta por el valor salvífico de las otras religiones, algo que no trató explícitamente ‘Nostra aetate’ y que quedó como tarea para la teología posconciliar. Las consecuencias para nuestra comprensión de Dios y de la función mediadora de Cristo, así como la cuestión de la eclesialidad de la salvación, son preguntas que deben ser abordadas en el marco de la apertura a las religiones iniciada por la Iglesia.

Damasco: Una historia de armonía y convivencia entre todas las religiones

Damasco: Una historia de armonía y convivencia entre todas las religiones Agencia SANA

Ciudad de Damasco.Foto: SANA

 La antigua ciudad de Damasco, con sus múltiples civilizaciones y su historia milenaria preservada entre los muros de la Ciudad Vieja, sigue siendo un ejemplo único de coexistencia y fraternidad religiosa.

En esta milenaria urbe, minaretes y campanas de iglesia se alzan juntos, componiendo una escena espiritual poco común que refleja la profunda historia de la ciudad como cuna de religiones monoteístas y centro cultural y espiritual durante milenios.

Damasco: Cuna de mensajes religiosos

El historiador Ghassan Shahin, estacó en entrevista con SANA, a Damasco como “cuna de religiones”. Fue en esta ciudad donde el apóstol Pablo se convirtió al cristianismo en el año 36 d. C. antes de emprender su misión evangelizadora.

Damasco: Una historia de armonía y convivencia entre todas las religiones Agencia SANA

Seis siglos después, la conquista islámica comenzó en Damasco, extendiéndose posteriormente por todo el mundo. La ciudad también albergaba un Barrio Judío con varias sinagogas, constituyendo un ejemplo máximo de diversidad y convivencia humana.

Minaretes y campanas: la vida compartida

Shahin repasó la historia de la convivencia pacífica, señalando que el desarrollo urbano islámico comenzó en el año 636 d. C., cuando los líderes conquistadores ingresaron por las puertas de la ciudad y construyeron mezquitas y minaretes junto a las iglesias existentes.

“Estas mezquitas e iglesias no eran solo lugares de culto, sino también centros educativos de química, física e idiomas, como la Escuela Asiya y las escuelas coránicas”, explicó. Todas las barreras sectarias desaparecieron, fusionándose en una identidad única: la identidad damascena.

La Mezquita Omeya: testimonio de civilizaciones y armonía

Shahin subrayó que la Mezquita Omeya refleja la historia de una ciudad abierta y plural. El edificio fue inicialmente un templo al dios Hadad durante la época aramea, luego se transformó en templo a Júpiter bajo los romanos y, siglos después, musulmanes y cristianos compartieron su espacio como iglesia y mezquita. Las oraciones se elevaban juntas, en una escena histórica que simboliza las raíces compartidas y la tolerancia de Damasco.

Damasco: Una historia de armonía y convivencia entre todas las religiones Agencia SANA

Durante el reinado de Al-Walid ibn Abd al-Malik, la Mezquita Omeya se consolidó como icono de la arquitectura islámica, conservando además el santuario del profeta Yahya (Juan el Bautista). Hoy, representa un corazón abierto a todas las religiones, transformando la diversidad en una sinfonía de convivencia, bajo una cúpula que acoge a todos.

Las tres catedrales: patrimonio y centralidad espiritual

Shahin explicó que Damasco alberga la sede de tres patriarcados históricos:

  • Patriarcado Ortodoxo Griego (Mariamita): reconstruido en el siglo XIX, es la iglesia más grande de Damasco y un faro espiritual en el corazón de la ciudad.
  • Patriarcado Griego Católico Melquita: construido en 1840 sobre las ruinas de una antigua sinagoga caraíta, es hoy un importante monumento religioso y arquitectónico.
  • Patriarcado Ortodoxo Siríaco: junto con sus iglesias hermanas, forma el Triángulo Patriarcal Antioquiano, administrando los asuntos de sus fieles en todo el mundo desde Damasco.

Shahin aclaró que estas iglesias se trasladaron de Antioquía a Damasco y se conocen como las “Iglesias de Nuestra Señora de la Dormición”, en conmemoración del fallecimiento de la Virgen María.

La Ciudad Vieja de Damasco, más que un barrio histórico, es un icono espiritual que refleja el modelo más elevado de fraternidad humana. Su singularidad radica en la concentración de numerosos lugares de culto de distintas religiones y sectas en un mismo espacio geográfico, demostrando que la fortaleza de la ciudad reside en integrar la diversidad dentro de una identidad unificadora, cuyos valores se traducen en paz, amor y convivencia.

Damasco: Una historia de armonía y convivencia entre todas las religiones Agencia SANA

Einstein, religión y ciencia: la cita famosa que esconde una interpretación incómoda

Las “pequeñas” cosas que usamos a diario y que existen gracias a Albert Einstein

Una de las citas más repetidas de Albert Einstein suele usarse como puente entre fe y ciencia. Sin embargo, su significado original es mucho más complejo y polémico de lo que aparenta. Cartas, ensayos y contexto histórico revelan una interpretación muy distinta.

Por Lucas Handley 

Pocas frases han viajado tanto como aquella en la que Albert Einstein afirma que la ciencia sin religión está incompleta y que la religión sin ciencia pierde el rumbo. Repetida en conferencias, libros y redes sociales, suele presentarse como una defensa del diálogo entre fe y razón. Pero cuando se revisan sus propias palabras y escritos, el sentido cambia de manera sorprendente.

El origen real de una frase célebre

La famosa sentencia apareció en 1930 en un ensayo titulado Religion and Science, publicado en The New York Times Magazine. Allí Einstein escribió en inglés: “Science without religion is lame, religion without science is blind”.

El contexto es clave. El físico no hablaba de religión en términos doctrinales ni defendía credos específicos. Más bien, utilizaba el término para referirse a una dimensión vinculada a los valores, la motivación interior y la confianza en que el universo es comprensible.

En su texto, explicaba que el verdadero científico no se limita a aplicar fórmulas o repetir experimentos. Trabaja impulsado por una convicción profunda: la certeza de que el mundo posee un orden racional que puede ser descifrado. Esa confianza, esa especie de “fe” en la inteligibilidad del cosmos, es lo que él asociaba con la esfera religiosa.

Sin ese impulso, sugería, la ciencia perdería parte de su energía creadora. Pero eso no implica, como muchas veces se interpreta, una adhesión a religiones tradicionales o a dogmas sobrenaturales.

Albert Einstein
© Photograph by Oren Jack Turner, Princeton, N.J., Public domain, via Wikimedia Commons

Qué quiso decir y lo que no

En el mismo ensayo, Einstein establecía una división clara. La ciencia se ocupa de describir hechos, descubrir leyes y explicar fenómenos naturales. La religión, en cambio, pertenece al ámbito de los fines, los valores y el sentido.

Los conflictos aparecen cuando una religión intenta formular afirmaciones empíricas sobre el mundo físico o competir con la ciencia en el terreno de la explicación de la naturaleza.

Desde esa perspectiva, la metáfora cobra otro significado. Si la ciencia ignora por completo la dimensión de los valores y la motivación interior, se vuelve limitada. Y si la religión desprecia el conocimiento empírico o lo contradice, pierde contacto con la realidad observable.

La frase, entonces, no era una reconciliación simple entre fe y laboratorio, sino una reflexión sobre los límites y alcances de cada esfera.

El problema de las interpretaciones simplificadas

Con el paso del tiempo, la cita comenzó a circular aislada de su contexto original. Utilizada como eslogan, terminó presentando a Einstein como un pensador religioso en sentido convencional.

Diversos análisis posteriores han señalado esta distorsión. El biólogo Jerry A. Coyne, por ejemplo, subrayó que sacar la frase de su marco conceptual lleva a conclusiones equivocadas. Einstein no estaba promoviendo doctrinas religiosas, sino reflexionando sobre la estructura intelectual que sostiene la investigación científica.

El propio físico fue cuidadoso en diferenciar los planos: hechos verificables, por un lado, valores y aspiraciones humanas por otro. Mezclarlos sin matices conduce a malentendidos que se repiten hasta hoy.

La carta que reavivó el debate

Años después del ensayo, una carta escrita en 1954 al filósofo Eric Gutkind volvió a encender la discusión. En ese documento, redactado poco antes de su muerte, Einstein expresó una postura mucho más contundente respecto a las religiones organizadas.

Allí describió la idea de Dios como una construcción humana y calificó a las escrituras religiosas como relatos primitivos. También rechazó la noción de que algún pueblo tuviera un estatus divino especial.

Estas palabras contrastan con la imagen que a veces se proyecta a partir de la famosa frase de 1930. Más que un creyente tradicional, Einstein parecía sostener una visión profundamente racionalista, crítica frente a los dogmas y escéptica respecto a las creencias sobrenaturales.

Una frase que invita a pensar más allá del eslogan

La sentencia sobre ciencia y religión no era una invitación a fusionar ambos campos ni una declaración de fe encubierta. Era, más bien, una reflexión sobre cómo el impulso humano hacia el conocimiento necesita una base de confianza en el orden del universo, y cómo los sistemas de valores no pueden ignorar los descubrimientos empíricos.

Entender esa distinción cambia por completo la lectura de la frase. Lo que parecía una conciliación sencilla se revela como un planteo más sutil, más filosófico y también más incómodo.

Tal vez por eso sigue generando debate casi un siglo después. Porque detrás de sus palabras no había una fórmula fácil para unir ciencia y religión, sino una invitación a pensar con rigor dónde termina una y comienza la otra.

[Fuente: TN]

Estos son los 3 países donde más religiones conviven unidas (y todos ellos están en Asia)

Archivo - Ciudad de Singapur.
Archivo – Ciudad de Singapur. STAR ALLIANCE – Archivo

  • Singapur, Taiwán y Vietnam demuestran que la diversidad espiritual no solo puede coexistir, sino convertirse en una seña de identidad

Adrián Roque

Mientras en muchos lugares del mundo la religión sigue siendo un motivo de fricción, hay países donde ocurre justo lo contrario: la fe es un espacio compartido. No porque se diluya, sino porque se superpone, dialoga y convive. Tres de esos ejemplos más claros están en Asia y, curiosamente, lejos del ruido geopolítico, han construido modelos cotidianos de tolerancia religiosa que funcionan.

No hablamos de teorías ni de discursos institucionales, sino de calles donde un templo, una mezquita y una iglesia comparten acera; de rituales que se respetan aunque no se practiquen; y de sociedades donde la identidad religiosa no es excluyente. No es casualidad que estos ejemplos cobren especial sentido durante la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional, impulsada por la ONU para recordar que creer distinto no debería separar.l

Singapur: la convivencia como política de Estado

Singapur es probablemente el laboratorio más avanzado de convivencia religiosa del mundo. En apenas 730 km² conviven budistas, cristianos, musulmanes, taoístas, hinduistas y personas sin afiliación religiosa, sin que ninguna fe monopolice el espacio público.

Aquí la diversidad no es anecdótica ni folclórica: está regulada, protegida y asumida. El Estado garantiza que todas las religiones tengan visibilidad y espacio, y al mismo tiempo marca límites claros para evitar la instrumentalización del credo con fines políticos o identitarios.https://a546104cb7a338da3c9b11b86490f24f.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html?n=0

El resultado se ve en barrios como Chinatown, Little India o Kampong Glam, donde los templos no compiten, coexisten. La religión forma parte del paisaje urbano, no del conflicto. En Singapur, la armonía interconfesional no es un ideal: es una condición básica para la estabilidad social.

Taiwán: espiritualidad sin fronteras rígidas

Taiwán ofrece un modelo distinto, menos institucional y más orgánico. Aquí las religiones se mezclan, se solapan y, en muchos casos, se practican de forma simultánea. No es extraño que una misma persona rece en un templo budista, encienda incienso taoísta y participe en festividades populares de raíz confuciana

La isla combina budismo, taoísmo, confucianismo, cristianismo, islam y religiones tradicionales sin jerarquías visibles. Los templos funcionan como centros sociales, no solo espirituales, y el respeto entre credos se da por hecho, no se debate.

Esa flexibilidad explica por qué Taiwán es uno de los países asiáticos con mayor libertad religiosa y menor conflictividad interconfesional. Creer aquí no implica definirse contra nadie.

Vietnam: sincretismo como forma de vida

Vietnam lleva siglos practicando algo que en otros lugares todavía se discute: el sincretismo religioso. Budismo, confucianismo y taoísmo forman una base común a la que se suman el cristianismo, el islam y religiones propias como el caodaísmo, que mezcla elementos de varias tradiciones espirituales.

Aquí la religión es práctica, cotidiana y profundamente cultural. No se vive como un sistema cerrado de creencias, sino como un conjunto de rituales que acompañan la vida: nacimientos, funerales, festividades, memoria familiar.

Ese enfoque ha permitido que diferentes credos compartan espacio sin fricción. En muchas ciudades, pagodas y iglesias conviven a pocos metros, y las celebraciones religiosas son asumidas como patrimonio común, no como símbolos identitarios excluyentes.

Un mensaje pertinente en la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional

Que estos tres países estén en Asia no es casualidad. En ellos, la religión no se ha entendido históricamente como frontera, sino como lenguaje. Y eso explica por qué, en pleno siglo XXI, siguen ofreciendo modelos reales —no utópicos— de convivencia espiritual.

En una semana dedicada a reivindicar el diálogo entre credos, Singapur, Taiwán y Vietnam recuerdan algo incómodo pero necesario: el problema no es la religión, sino el uso que se hace de ella. Allí donde la fe se vive sin miedo y sin imposición, la armonía no es un lema: es rutina.

Fuente: Estos son los 3 países donde más religiones conviven unidas (y todos ellos están en Asia)

Creer, viajar y congregarse: los recintos sagrados más visitados del mundo

La religión continúa siendo uno de los fenómenos sociales más influyentes del planeta. Más allá de las creencias individuales, los recintos sagrados se han consolidado como espacios de identidad, historia y cohesión colectiva. 

Desde templos milenarios hasta santuarios contemporáneos, millones de personas recorren cada año grandes distancias para acudir a estos sitios, ya sea por fe, tradición o patrimonio cultural. En un mundo marcado por la diversidad religiosa, algunos recintos destacan no solo por su significado espiritual, sino por su capacidad de congregar a multitudes y convertirse en puntos neurálgicos de peregrinación global.

Un mapa global de creencias: religiones que configuran al mundo

En el mundo existen alrededor de 4 mil 200 religiones, de acuerdo con estimaciones especializadas. Sin embargo, la práctica religiosa se concentra mayoritariamente en cuatro grandes credos. Según el Pew Research Center, el 77 % de la población mundial profesa el cristianismo (31 %), el islam (24 %), el hinduismo (15 %) o el budismo (7 %). En contraste, el 16 % de la población no tiene afiliación religiosa, convirtiéndose en el tercer grupo más numeroso a nivel global.

Las religiones se agrupan en familias doctrinales. Las llamadas religiones abrahámicas — judaísmo, cristianismo e islam — comparten la figura de Abraham como patriarca y surgieron en Oriente Próximo. Estas creencias monoteístas reconocen a un solo dios creador del universo y han influido de manera decisiva en la historia política, cultural y social de amplias regiones del mundo.

El judaísmo, surgido hacia el 1800 a. C., dio origen posteriormente al cristianismo en el siglo I y, siglos más tarde, al islam en el siglo VII. Cada una desarrolló múltiples ramas internas: el judaísmo cuenta con corrientes ortodoxas, reformistas, conservadoras y seculares; el cristianismo se divide principalmente en católicos, protestantes, ortodoxos y mormones; mientras que el islam se estructura en corrientes como la suní y chií, además de escuelas jurídicas y tradiciones místicas.

Por otro lado, las religiones dhármicas — hinduismo, budismo, jainismo, sijismo y taoísmo — surgieron en el subcontinente indio alrededor del 1500 a. C. Estas tradiciones comparten conceptos como el karma, la reencarnación y la búsqueda del equilibrio universal, y no se centran necesariamente en una deidad única.

Cada una de estas religiones ha desarrollado espacios sagrados específicos — iglesias, mezquitas, sinagogas, templos o monasterios — que funcionan como centros de oración, peregrinación y cohesión comunitaria, algunos de los cuales se han convertido en los recintos religiosos más visitados del planeta.

Tradiciones en transformación: creencias que emergen y desaparecen

El panorama religioso mundial no es estático. En las últimas décadas han surgido religiones neopaganas que recuperan tradiciones precristianas europeas, como el paganismo nórdico, celta, grecorromano o la wicca. Estas creencias politeístas reconstruyen antiguos sistemas simbólicos y rituales asociados a la naturaleza y a identidades culturales específicas.

En África, persisten religiones tradicionales como el vudú y el chamanismo, caracterizadas por la veneración de múltiples deidades, espíritus y fuerzas naturales. En estas prácticas, los rituales, los tótems y la figura del chamán o brujo ocupan un lugar central en la vida comunitaria.

En América, muchas religiones indígenas han quedado al borde de la desaparición. No obstante, algunas aún se practican, como la religión azteca en México, el culto al peyote entre comunidades nativas de Estados Unidos y la religión Casa-Grande de los iroqueses en Nueva York. Estas tradiciones conservan una relación estrecha entre espiritualidad, territorio y cosmovisión.

A pesar de su diversidad, todas las religiones comparten la construcción de espacios sagrados que concentran la vida ritual y simbólica, y que en muchos casos se han convertido en destinos de peregrinación masiva a escala global.

La Basílica de Guadalupe: fe, identidad y peregrinación masiva

La Basílica de Guadalupe, ubicada en la Ciudad de México, es uno de los recintos religiosos más visitados del mundo. Su origen se remonta a las apariciones de la Virgen María a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac en 1531, donde, según la tradición católica, quedó impresa su imagen en una tilma. El sitio se erigió sobre un antiguo santuario dedicado a la diosa prehispánica Tonantzin, consolidando un espacio de sincretismo religioso.

A lo largo de los siglos se construyeron distintos templos, hasta llegar a la Nueva Basílica inaugurada en 1976, diseñada para albergar a millones de fieles y garantizar la visibilidad permanente de la imagen guadalupana. Este recinto recibe decenas de millones de peregrinos cada año, con picos superiores a los 12 o 13 millones tan solo durante las celebraciones del 12 de diciembre.

En 2025, autoridades del Gobierno de la Ciudad de México reportaron la llegada de 13 millones de personas a los alrededores del santuario, cifra que consolida a la Basílica de Guadalupe como uno de los centros de peregrinación más concurridos a nivel mundial, incluso por encima del Vaticano en número anual de visitantes.

El Vaticano: centro espiritual y político del catolicismo

El Vaticano representa el corazón espiritual de la Iglesia católica y el país más pequeño del mundo. Su historia se vincula al martirio de San Pedro y a la construcción de la Basílica homónima en el siglo IV. Con el paso del tiempo, el sitio se convirtió en el eje del poder papal y en la sede de los Estados Pontificios.

Tras la pérdida de estos territorios en el siglo XIX, el Vaticano se consolidó como Estado soberano en 1929 mediante los Pactos de Letrán. Actualmente, alberga la Basílica de San Pedro, la Capilla Sixtina y los Museos Vaticanos, atracciones que reciben entre 6 y 18 millones de visitantes anualmente, con incrementos significativos en años jubilares como el Año Santo 2025.

La combinación de relevancia religiosa, valor histórico y riqueza artística convierte al Vaticano en uno de los recintos religiosos y culturales más visitados del mundo.

La Tumba del Gran Imán Reza: epicentro del islam chií

En la ciudad de Mashhad, Irán, se encuentra la Tumba del Gran Imán Reza, mausoleo del octavo imán chií, Ali ibn Musa al-Rida. Este recinto se consolidó como un centro de peregrinación fundamental para el islam chií, especialmente durante la dinastía Safávida, cuando se expandió hasta convertirse en un complejo monumental con mezquitas, bibliotecas y museos.

Cada año, entre 20 y 30 millones de peregrinos visitan este santuario, lo que lo posiciona como uno de los sitios religiosos más concurridos del mundo islámico y como el núcleo espiritual del chiísmo en Irán.

Monte Tai: espiritualidad, imperio y paisaje sagrado

El Monte Tai, en China, es una de las montañas sagradas más antiguas y veneradas del mundo. Con más de tres mil años de historia, fue escenario de ceremonias imperiales en las que los emperadores realizaban rituales de “Feng Chan” para legitimar su mandato ante el Cielo y la Tierra.

El sitio alberga 22 templos, cerca de 1,800 inscripciones en piedra y un vasto patrimonio cultural que lo vincula con el taoísmo, el confucianismo y la historia imperial china. Aunque no existen cifras precisas actuales, su afluencia es comparable a los principales destinos turísticos de China, que antes de la pandemia superaban los 60 millones de visitantes anuales.

La Meca: el corazón del islam

La Meca, en Arabia Saudita, es el sitio más sagrado del islam y el destino final del Hajj, una de las cinco obligaciones religiosas de los musulmanes. Alberga la Kaaba, el punto hacia el cual millones de fieles orientan sus oraciones diarias.

Históricamente, La Meca fue un centro comercial estratégico antes del surgimiento del islam. Con el nacimiento del profeta Mahoma en el año 570 y la posterior consolidación del monoteísmo islámico, la ciudad se transformó en el núcleo espiritual del islam. Cada año recibe millones de peregrinos provenientes de todo el mundo.

En las últimas décadas, la ciudad ha experimentado una profunda modernización para atender la creciente afluencia de visitantes, un proceso que ha generado debates sobre la preservación de su carácter histórico y espiritual.

Cuando la espiritualidad también es fenómeno social

Los recintos religiosos más visitados del mundo reflejan que la espiritualidad sigue siendo un eje central de la vida humana, incluso en sociedades cada vez más secularizadas. La masiva afluencia de fieles a lugares como La Meca, la Basílica de Guadalupe, el Vaticano, el Monte Tai o la Tumba del Gran Imán Reza evidencia que la religión no solo persiste, sino que se manifiesta como un fenómeno social, cultural y político de gran escala. Estos espacios concentran historia, poder simbólico y memoria colectiva, y funcionan como puntos de encuentro donde la fe trasciende fronteras, credos y generaciones, reafirmando su vigencia en el mundo contemporáneo.

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La Ruta de la Seda

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Un Puente Cultural entre Oriente y Occidente que dio y va a dar mucho que hablar. Un Legado que Perdura. Un Nuevo Proyecto

Es un ejemplo de cómo el comercio y el intercambio cultural pueden unir a las naciones y promover la comprensión mutua. Su legado perdura hasta nuestros días, y su relevancia contemporánea es un recordatorio de la importancia de la cooperación y el diálogo entre culturas.

Por Ada Noemí Zagaglia 

Un Puente Cultural entre Oriente y Occidente. Un Nuevo Proyecto
La Ruta de la Seda, una red de rutas comerciales que conectaba Asia con Europa y África, es un ejemplo paradigmático de cómo el comercio y el intercambio cultural pueden unir a las naciones y promover la comprensión mutua. Como afirmó el historiador Miguel Candelas, «la Ruta de la Seda fue un puente que conectó civilizaciones, permitió el intercambio cultural y sentó las bases del mundo moderno».

*Un Legado que Perdura*
La Ruta de la Seda no solo fue un camino para el comercio de bienes materiales, sino también un canal para la transmisión de ideas, religiones y tecnologías. Como dijo el escritor italiano Marco Polo, «la Ruta de la Seda es un camino que une Oriente y Occidente, uniendo pueblos y culturas» .

*El Intercambio Cultural*
La Ruta de la Seda fue un crisol cultural donde se fusionaron estilos artísticos, técnicas y simbolismos entre Oriente y Occidente. El arte budista, por ejemplo, incorporó elementos del arte grecorromano y persa, creando obras híbridas que reflejaban la diversidad cultural de la ruta.

*La Difusión de Religiones*
La Ruta de la Seda también jugó un papel crucial en la difusión de religiones y creencias. El budismo, el cristianismo y el islam se expandieron por toda Asia a través de la ruta, creando un mosaico cultural y religioso que aún perdura hoy en día.

*La Relevancia Contemporánea*
En la actualidad, la Ruta de la Seda sigue siendo relevante en la gastronomía, el turismo cultural y el comercio moderno. China ha lanzado una serie de proyectos de infraestructura para crear una nueva red comercial global que conectará a China con Europa y África .

*La Nueva Ruta de la Seda*
El proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, iniciado por China en 2013, busca resucitar la antigua ruta comercial y promover el intercambio cultural y económico entre Oriente y Occidente. Como afirmó el presidente chino Xi Jinping, «la Nueva Ruta de la Seda es un proyecto que beneficiará a todos los países involucrados, promoviendo la cooperación y el desarrollo mutuo» .

En conclusión, la Ruta de la Seda es un ejemplo de cómo el comercio y el intercambio cultural pueden unir a las naciones y promover la comprensión mutua. Su legado perdura hasta nuestros días, y su relevancia contemporánea es un recordatorio de la importancia de la cooperación y el diálogo entre culturas

Fuente: https://www.testimoniosba.com/2025/10/20/la-ruta-de-la-seda/

Películas que celebran el diálogo entre religiones

Sergio Manuel Guzmán García, S.J.

En este mes de octubre el papa León XIV nos invita a orar con él por la colaboración entre las distintas tradiciones religiosas: «Oremos para que creyentes de distintas tradiciones religiosas trabajemos juntos para defender y promover la paz, la justicia y la fraternidad humana». A la luz de esta intención y de la Declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas del Concilio Vaticano II, recomiendo estas películas para ver y analizar en nuestras comunidades.

¿A dónde vamos ahora? de Nadine Labaki (Líbano, 2011, 100 min)

Esta película mezcla drama, comedia y musical para contarnos una historia de un grupo de mujeres de diferentes religiones que se organizan para que los hombres dejen el rencor y la venganza y trabajen juntos por la paz, la justicia y la fraternidad. La primera escena llama la atención: unas mujeres vestidas de nergo se dirigen al cementario, llevan las fotos de sus esposos, padres o hijos que han perdido en la guerra; al llegar al cementerio, se separan, de un lado se van las musulmanas, del otro las cristianas. Comentemos y reflexionemos este número de Nostra Aetate: «En nuestra época, en la que el género humano se une cada vez más estrechamente y aumentan los vínculos entre los diversos pueblos, la Iglesia considera con mayor atención en qué consiste su relación con respecto a las religiones no cristianas. […] Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos en la ciudad santa, que será iluminada por el resplandor de Dios y en la que los pueblos caminarán bajo su luz»(n. 1).

Tango Shalom de Gabriel Bologna (EUA, 2021, 115 min.)

El rabino jasídico y bailarín aficionado de Hora, Moshe Yehuda (Jos Laniado), se presta para participar en una competencia televisada de tango para salvar su escuela hebrea de la quiebra y ayudar a una mujer argentina a cumplir su sueño. Pero existe un gran dilema: en el judaísmo ortodoxo, un hombre casado no puede tocar a una mujer que no sea su esposa. Moshe consigue el apoyo de un sacerdote católico (Joe Bologna) y de líderes de diversas religiones para resolver esta situación sin comprometer su código moral. Comentemos y reflexionemos este número de Nostra Aetate: «La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. […] exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen» (n. 2).

Los niños del cielo de Majid Majidi (Irán, 1997, 84 min.)

Esta película, nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera (1998), cuenta la historia de una familia musulmana. Cuando Ali pierde los zapatos de la escuela de su hermana Zahra, a este par se le ocurre un plan: compartir los zapatos de Ali y que sus padres no descubran el secreto. La película trata con singular belleza temas como la fraternidad, el amor y la solidaridad entre hermanos. Comentemos y reflexionemos este número de Nostra Aetate: «La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. […] Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres» (n. 3).

Promesas de Carlos Bolado, B.Z. Goldberg, Justine Shapiro (EUA, 2001, 106 min.)

Esta es una película documental que trata de llevar a cabo un acercamiento al conflicto palestino-israelí a través de la mirada de un grupo de niños. Los realizadores entrevistaron y dieron seguimiento a siete niños judíos y palestinos entre 1995 y 1998. Los niños cuentan sus experiencias, puntos de vista sobre el conflicto y cómo es su vida en Jerusalén. El documental nos conmueve desde un principio y busca un encuentro entre los niños que fomente la paz. Comentemos y reflexionemos este número de Nostra Aetate: «No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relación del hombre para con Dios Padre y con los demás hombres sus hermanos están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: “el que no ama, no ha conocido a Dios” (1 Jn 4,8). […] Por esto, el sagrado Concilio, siguiendo las huellas de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, ruega ardientemente a los fieles que, “observando en medio de las naciones una conducta ejemplar», si es posible, en cuanto de ellos depende, tengan paz con todos los hombres, para que sean verdaderamente hijos del Padre que está en los cielos (n. 5).

Fuente: https://christus.jesuitasmexico.org/peliculas-que-celebran-el-dialogo-entre-religiones/

León XIV apuesta por una sana laicidad

León XIV

“Europa necesita un estilo que afirme el valor de la religión sin confundirlo con la política”

El Papa ha recibido a los miembros del Grupo de Trabajo sobre el Diálogo Intercultural e Interreligioso del Parlamento Europeo

Por Elena Magariños

En un discurso dirigido a los miembros del Grupo de Trabajo sobre el Diálogo Intercultural e Interreligioso del Parlamento Europeo, León XIV ha querido trazar una línea clara entre fe y política, pero sin caer en la exclusión de lo religioso del espacio público. “Las instituciones europeas necesitan personas que sepan vivir un secularismo sano, es decir, un estilo de pensamiento y acción que afirme el valor de la religión, preservando al mismo tiempo la distinción —no la separación ni la confusión— con la esfera política“, ha afirmado el Papa.


El Pontífice ha felicitado a los miembros del grupo por impulsar una iniciativa que, según dijo, “puede dar muchos frutos» y recordó que promover el diálogo entre culturas y religiones “es un objetivo clave para un político cristiano”.

“Ser hombres y mujeres de diálogo significa permanecer profundamente arraigados en el Evangelio y en los valores que de él brotan y, al mismo tiempo, cultivar la apertura, la escucha y el diálogo con quienes provienen de otros contextos”, explicó el Papa. Una actitud que, en su opinión, solo puede sostenerse si se mantiene en el centro “la persona humana, su dignidad y su naturaleza relacional y comunitaria”.

León XIV en la audiencia con el Grupo de Trabajo sobre el Diálogo Intercultural e Interreligioso del Parlamento Europeo

Vivir en sociedad

“La palabra religión se refiere a la noción de conexión como elemento original de la humanidad”, señaló el Papa. “Cuando es auténtica y se cultiva adecuadamente, la dimensión religiosa puede enriquecer enormemente las relaciones interpersonales y ayudar a las personas a vivir en comunidad y en sociedad”.

Por último, en un contexto europeo atravesado por tensiones y tentaciones de repliegue, el Papa señaló la urgencia de recordar lo esencial: “¡Qué importante es hoy destacar el valor y la importancia de las relaciones humanas!”.

Fuente: Vida Nueva