Budismo y cristianismo. Un aporte vital para una «paz desarmante»

Celebraciones de Vesak del año pasado en el templo de Borobudur en Magelang, Java Central, Indonesia.

El prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, cardenal Koovakad, y el secretario, monseñor Kodithuwakku Kankanamalage, firmaron una carta dirigida a la comunidad budista con motivo de la festividad de Vesak. En ella, afirman que ambas tradiciones religiosas comparten la misma enseñanza: «La paz desarma los corazones antes que las manos».

Daniele Piccini – Ciudad del Vaticano

En una época marcada por tantas «sombras que pesan sobre el mundo» —la guerra, la violencia, el nacionalismo etnorreligioso y la explotación de la religión— las tradiciones espirituales del cristianismo y el budismo, con su «llamamiento a la paz», «pueden ofrecer una contribución vital». Esto es lo que escribieron el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, y monseñor Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage, secretario del mismo Dicasterio, en una carta dirigida a la comunidad budista con motivo del festival de Vesak, que celebra el nacimiento, la iluminación espiritual y el fallecimiento de Siddhartha Gautama, el Buda.

Un don que reside en el corazón humano

El mensaje subraya que la paz no es simplemente «la ausencia de guerra», sino «un don que busca habitar en el corazón humano, una presencia silenciosa pero poderosa que ilumina y transforma». Un concepto que también reiteró el Papa León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del pasado mes de enero, citado en la carta.

La paz existe; quiere vivir dentro de nosotros

Precisamente cuando «parece frágil», «debe ser protegida y cultivada». La paz a la que estamos llamados, continúa el mensaje, es «desarmada y desarmante», «no se basa en la fuerza», sino que «surge de la verdad, la compasión y la confianza mutua».

La contribución del budismo y el cristianismo

En este sentido, las tradiciones del budismo y el cristianismo pueden ofrecer un «camino iluminado». Ambas coinciden en considerar la paz un don que «desarma los corazones antes que las manos». El Buda, en el quinto verso del Dhammapada, enseña que «el odio nunca se extingue con odio; solo con la ausencia de odio se extingue». Jesús, en los Evangelios, nos invita a «amar a nuestros enemigos» y llama «bienaventurados a los pacificadores».

Partiendo de estos fundamentos doctrinales, los líderes religiosos tienen la tarea de ser «auténticos interlocutores» y «constructores de la reconciliación». Esta misión se traduce concretamente en un cuidado y una atención especiales al tejido relacional de la sociedad. «Se nos invita», continúa la carta, «a convertirnos en testigos valientes capaces de fomentar el encuentro, sanar heridas y reconstruir la confianza. Como ciudadanos y creyentes, compartimos la responsabilidad de promover la paz, denunciar la injusticia e instar a quienes ostentan el poder a no avivar las divisiones, sino a buscar el diálogo en lugar del conflicto. También debemos evitar convertirnos en cómplices por medio del silencio o el miedo».

El compromiso diario con la paz

Las religiones pueden cumplir esta función, en primer lugar, fomentando la oración, la contemplación y la «transformación interior», invitándonos a experimentar la paz a diario en gestos comunes de bondad, en la paciencia, en el «rechazo del odio o la venganza» y cultivando el «coraje para tener esperanza».

En la carta, deseamos a nuestros “queridos amigos budistas” una bendecida y fructífera celebración de Vesak, y hacemos un llamamiento a un compromiso conjunto para que las dos religiones, el budismo y el cristianismo, puedan abrir “nuevos horizontes para la humanidad”.

https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2026-05/del-budismo-y-el-cristianismo-una-contribuci-vital-a-la-paz.html

Sobre el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, a 15 años de su nacimiento | Memoria y Esperanza (México)

PorJesús Antonio de la Torre Rangel

Por estos días que corren, en que se da a conocer el informe del Comité contra la Desaparición Forzada (CDF) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre México, y que el gobierno federal lo ha calificado de “tendencioso y falto de rigor jurídico”; pero que, en cambio, organizaciones civiles, como el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (MNDM), lo consideran pertinente y una “oportunidad histórica” para una cooperación internacional más efectiva en el combate a la desaparición de personas. Por estos días, digo, se cumplen 15 años del inicio del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que tuvo como una de sus principales banderas la lucha contra la desaparición forzada en nuestro País; además de la defensa de tantas víctimas de todo tipo de violencia que se desató en México –y no ha parado hasta hoy- a raíz de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, declarada por el Presidente de la República Felipe Calderón.

Ante tanto sufrimiento, y frente a la impotencia y rabia por la impunidad, a principios de abril de 2011, nació un movimiento ciudadano de resistencia a la violencia, que se denominó Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD). Se manifestó con grandes eventos y logró que, en muchos sectores de la población, se tenga hasta hoy una percepción distinta sobre la violencia que padecemos y una mayor conciencia social sobre las raíces de esa propia violencia. Además, el Movimiento luchó por rescatar la memoria de las víctimas y su dignidad; y los familiares dolientes se han expresado públicamente, se han agrupado y organizado y mutuamente se han dado consuelo y han exigido justicia a las autoridades del Estado. Y a esas demandas y acciones puntuales, el Movimiento añadió propuestas sociales muy importantes.

Inicio del Movimiento

La madrugada del lunes 28 de marzo de 2011, fueron hallados los cuerpos de siete personas, atados de pies y manos con evidentes signos de haber sido torturados, en el municipio de Temixco, vecino de Cuernavaca, en el Estado de Morelos. Una de esas personas era Juan Francisco Sicilia Ortega, joven estudiante de administración de empresas, de 24 años de edad, hijo del poeta (1) y periodista Javier Sicilia. Todos ellos, según arrojan las investigaciones, víctimas inocentes de esta guerra contra el crimen organizado.

¿Quién lo iba a decir? Los frutos miserables de esta guerra le pegaron, en donde más podía dolerle, a uno de los críticos más lúcidos de esta política prioritaria del gobierno de Calderón. Sí, porque Sicilia, en sus artículos en el semanario Proceso, hace crítica de la guerra y sus funestas consecuencias, y va al fondo en el análisis de las causas sistémicas del crimen y al fondo también del corazón humano. Además, Sicilia es un militante de la “no-violencia”, que es la actitud activa crítica de la guerra.

A partir de entonces Sicilia se convierte en el principal convocante y líder del Movimiento. Como escritor, publica un verdadero manifiesto fundacional del MPJD que titula “Carta Abierta a Políticos y Criminales. Estamos hasta la madre…” Acusa a los políticos en general y a los partidos a los que pertenecen de “haber desgarrado el tejido de la nación” en sus luchas por el poder; de la guerra del Estado contra el crimen organizado, dice que está “mal planteada, mal hecha, mal dirigida”. Se opone a la “criminalización” de las víctimas, sobre todo de varios de los jóvenes caídos. Y en ese mismo manifiesto convoca a las primeras acciones de resistencia civil que dan vida al Movimiento. (2)

La Marcha Silenciosa del 8 de mayo

La muerte de Juan Francisco Sicilia y sus amigos, fue el detonante, pues, para la manifestación pública de la indignación y el hartazgo -“estamos hasta la madre”-, por el funcionamiento de las instituciones públicas y los partidos políticos y por el modo perverso de ejercerse la política desde las diversas instancias del poder del Estado. Y esa terrible tragedia, unida a la gran tragedia nacional que constituyen los tantos miles de muertos por la violencia desatada, llevaron a la convocatoria de una marcha silenciosa, que salió de Cuernavaca el jueves cinco y culminó el domingo ocho de mayo en la Plaza de la Constitución (conocida como “Zócalo”), en el centro mismo de la Ciudad de México.

Sicilia, en su Mensaje del miércoles 13 de abril, pronunciado en Cuernavaca, en dónde convoca, junto con otros representantes sociales, a la marcha nacional, se refiere a “la indefensión y vulnerabilidad en la que hace mucho tiempo vive la ciudadanía azotada por el pudrimiento de sus instituciones y la irracionalidad demoníaca del crimen”; se lamenta de la violencia de todo tipo que se ha apoderado del país; critica “la guerra mal planeada, mal hecha y mal dirigida”; y deplora que el tejido y el suelo de nuestro país esté desgarrado. Esas instituciones podridas, según Sicilia, son los partidos políticos; todos los niveles de gobierno: legislativo, ejecutivo y judicial; federal, estatal y municipal; los empresarios; los sindicatos; y las iglesias, incluyendo la católica a la que él pertenece, porque “ha descuidado el amor y el servicio a los pobres, y… ha buscado el poder, el clientelismo político y la riqueza humillando la Palabra”, dice. (3)

Alrededor de ciento cincuenta mil manifestantes –algunos dicen que hasta doscientos mil- llenaron el “Zócalo” de la Ciudad de México, esa inmensa plaza que constituye el corazón del País. Muchos familiares de las víctimas se manifestaron. Cerró el evento Javier Sicilia, iniciando su intervención solicitando la renuncia del Secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna; explicó que ello significaría que el Presidente Felipe Calderón oyó las demandas del Movimiento. (4)

Las organizaciones sociales plantearon de cara al Estado, acciones concretas en relación con: 1. Verdad y Justicia; 2. Fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana; 3. Combatir la corrupción y la impunidad; 4. Combatir la raíz económica y las ganancias del crimen; 5. Atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social; y 6. Democracia participativa, mejor democracia representativa y democratización de los medios de comunicación. (5)

La Caravana y el Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad

El ocho de mayo, al culminar la marcha, se convoca a una caravana; ésta salió también de Cuernavaca rumbo a Ciudad Juárez, considerada, entonces, la ciudad más violenta de México. Esa Caravana, de la que formaron parte aproximadamente cuatrocientas personas, tocó varias ciudades del centro y del norte del país, señaladas especialmente por la violencia que se ha apoderado de ellas en los últimos tiempos, como Morelia, Zacatecas y Durango.

En Ciudad Juárez, el diez de junio, se firmó un Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad. El mismo contiene ampliados los puntos de exigencia de la Marcha del ocho de mayo; y agrega lo relativo a la implementación de una reforma laboral en la que, ante el desempleo, incluya alternativas económicas; y cuestiones relativas a derechos y cultura indígena, migración y alternativas en el campo. También se aprovecha la firma del Pacto, para reafirmar las características del MPJD, como autónomo e independiente de partidos políticos y grupos, y con participación inclusiva; en un proceso constante de construcción colectiva del país que se quiere. (6)

Diálogo con el Presidente de la República y con el Congreso

La fuerza y legitimidad del Movimiento, obligó al Presidente Calderón, a aceptar el diálogo público y abierto con una comisión representativa de las organizaciones que conforman este movimiento ciudadano. El acto tuvo lugar el veintitrés de junio de 2011, en el Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México. Como acto político fue extraordinario; un diálogo político en un país en donde esa práctica cívica es prácticamente inexistente. Las partes expusieron las razones que tienen para sostener su postura y argumentaron para avalarlas. Por otro lado, varios de los familiares de las víctimas estuvieron frente al Presidente y varios de sus ministros y pudieron expresar libremente sus quejas. El Ejecutivo, sin embargo, lejos de ceder, se reafirmó en su estrategia de seguridad. (7)

Del mismo modo, el MPJD logró sentar a dialogar al Poder Legislativo Federal, en una reunión celebrada en el Castillo de Chapultepec, el jueves 28 de julio de 2011.

Los frutos de cambio en políticas públicas y acciones legislativas, que se esperaban, no se dieron; pero el diálogo mismo, y la fuerza de testimonio público del dolor y los reclamos de las víctimas, tienen un gran valor en sí mismo. Pietro Amiglio, militante de la no-violencia y participante del MPJD, escribe: “Precisamente este Movimiento ha basado mucha de su fuerza en la palabra… Humanizar y dialogar con el adversario es un principio básico de la construcción de la política, la paz y la noviolencia, eso no tiene nada que ver con sumisiones o traiciones, las exigencias fuertes y claras que hicieron las víctimas no dejaron lugar para ninguna especulación ni manipulación al respecto.” (8)

La Caravana al Sur

El MPJD realizó también una Caravana al Sur. Recorrió casi 4 mil kilómetros; visitó ocho entidades (Morelos, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Puebla y del Distrito Federal) y la frontera con Guatemala. Logró concentrar varios miles de personas en muchas ciudades y realizó varias actividades: caminatas, mítines, conferencias y ceremonias. La Caravana movilizó más de 700 personas, en 14 autobuses y más de 30 vehículos.

Sus logros: Se avanzó en la visibilización de las víctimas, en su organización y en la exigencia de justicia; las violencias y sus víctimas quedaron en evidencia, no sólo las que implican las acciones criminales, sino las estructurales, como la pobreza, la discriminación y la desigualdad, que sufren en especial pueblos indígenas y migrantes; se reforzó el diálogo por la paz con comunidades, organizaciones sociales, populares y sindicatos.

¿Quién es Javier Sicilia?

Sicilia no se metió en la lucha social recién el asesinato de Juan, su hijo. Ha participado en diversas causas sociales utilizando los métodos de la no-violencia y ha sido un implacable crítico social desde sus revistas, primero Ixtus y entonces y ahora Conspiratio, y sobre todo, desde sus artículos de la revista Proceso, en donde escribe desde 1999. (9)

Javier Sicilia es heredero de varias tradiciones teóricas y de vida, que nutren su pensamiento católico y, por ende, su pensamiento y quehacer políticos. Como estudioso de las letras francesas, es influido fuertemente por lo más destacado del pensamiento católico francés. Desde el controvertido místico León Bloy, y el poeta socialista Charles Pèguy, hasta los autores personalistas como el neotomista Jacques Maritain y el existencialista Emmanuel Mounier, pasando por ese genial novelista que fue Georges Bernanos. La espiritualidad y el ejemplo de vida de otro francés, el religioso, misionero del Sahara, Charles de Foucauld, llamado el “Hermano Universal”, quien inició una espiritualidad con una vida humilde entre los más pobres y en la contemplación de la vida de Jesús en Nazareth y la Eucaristía, constituye también una fuerte influencia en la visión católica de Sicilia. A los últimos días de De Foucauld, por cierto, Sicilia le dedicó una hermosa novela: Viajeros en la noche (10)

Otra tradición presente en el pensamiento y en las acciones de Sicilia, y reflejado fielmente en sus artículos, y en el Movimiento que encabezó, es la de Gandhi y el de su discípulo católico Lanza del Vasto. La profunda Filosofía hindú fundida con el cristianismo, es notable en la mirada que hace de la realidad Javier Sicilia; así como su propuesta de la no-violencia. Varias herramientas teóricas para la crítica de la sociedad actual, económica y técnica, de neoliberalismo globalizado, las toma Sicilia de Jacques Ellul y de Iván Illich.

Florece la esperanza

Jorge Rocha, académico del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), destaca tres factores en torno a la marcha del ocho de mayo, que se pueden aplicar al MPJD en general: primero: pluralidad de los participantes; segundo: las propuestas sociales que constituyen “una serie de cuestiones que pueden transformarse en una plataforma inicial, que permita la reconstrucción de este país, y modificaciones sustantivas al sistema político mexicano” (11); y tercero: se trata de movimiento de carácter nacional.

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, era una hermosa flor que nació en un terreno minado por la violencia (12), la injusticia y la negación de la dignidad humana. Constituyó una esperanza para ir produciendo la reconstitución de un país desde los lazos de la solidaridad, con sujetos sociales que iban adquiriendo, desde la indignación moral, conciencia y participación ciudadana.

Trascendencia

Sicilia, en su libro de memorias El Deshabilitado, dice:

“Yo nunca pensé en un movimiento. Eso vino de Pietro y de los amigos de la izquierda cristiana. ¿De qué manera podría crearse un movimiento que no se planeó, que nació de la indignación y de una intuición profunda que íbamos componiendo a semejanza de un poema? Nunca, creo, hubo un movimiento, y si lo hubo –no sé si me equivoqué- me negué a institucionalizarlo. Tú sabes que no creo en las instituciones. La mejor forma de corromper algo es institucionalizarlo volverlo dependiente de necesidades económicas. No se institucionaliza lo que nace del amor, de la gratitud.” (13)

En un “balance provisional” que hace del MPJD, Magdiel Sánchez Quiroz, destaca que la unidad nacional que proclamaba, no era posible sin enfrentar las causas estructurales de la violencia; el sistema capitalista y su economía criminal bajo la configuración de un Estado sometido por el imperialismo de Estados Unidos. “Renunció a crear un polo propio conjuntando a los actores sociales que podían asumir esa lucha.” Agrega, sin embargo: “A pesar de sus limitaciones, su trascendencia principal radica en haber sido el principal semillero de los actuales colectivos de búsqueda de personas desaparecidas. Hoy son más de 300 colectivos dispersos en al menos 29 entidades, que tienen algún vínculo de origen y continuidad con el MPJD.” (14)

Notas:

1 En abril de 2009 Javier Sicilia recibió el Premio Nacional de Poesía.

2 Javier Sicilia, “Estamos hasta la madre… (Carta abierta a los políticos y criminales)”, en Proceso No. 1796, México, 3 de abril de 2011, págs.  8 y 9.

Diorama, abril 14 de 2011. Artículos de Conspiratio.

Reforma, lunes 9 de mayo de 2011.

Reforma, 9 de mayo de 2011.

6 Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de CENCOS.

Proceso, 1808, 26 de junio de 2011, p. 10.

8 Pietro Amiglio, “¿Hacia dónde va el movimiento por la paz?”, en La Jornada, 26 de junio de 2011.

9 Cfr. Javier Sicilia, La voz y las sombrasArtículos de Proceso, selección y estudio introductorio Jesús Antonio de la Torre Rangel, Ed. Comisión Estatal de Derechos Humanos de San Luis Potosí, Centro de Estudios Jurídicos y Sociales P. Enrique Gutiérrez y Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, San Luis Potosí, 2009.

10 Ed. Aldus, México, 2000; Jus, México, 2006.

11 Jorge Rocha, “Sociedad y Cultura. Crisis de la democracia liberal representativa”, en Christus No. 785, México, julio-agosto 2011, p. 6.

12 Ya hay algunas víctimas militantes del MPJD. Menciono dos: Nepomuceno Moreno Núñez, asesinado el 28 de noviembre de 2011 en Hermosillo, Son.; y J. Trinidad de la Cruz Crisóstomo, líder de la comunidad de Ostula, victimado a principios de diciembre de 2011.

13 Javier Sicilia, El Deshabitado, Ed. Proceso y Grijalvo, México, 2016, p. 135.

14 Magdiel Sánchez Quiroz, “Una herida que sigue abierta”, La Jornada, 6 de abril de 2026.

Fuente: Sobre el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, a 15 años de su nacimiento | Memoria y Esperanza por: Jesús Antonio de la Torre Rangel – LJA.MX Noticias México

COMUNICADO DE LAS COMUNIDADES CATÓLICAS(DIÓCESIS DE RABAT, TÁNGER Y PREFECTURA

Lo último de la guerra entre EEUU, Israel e Irán – Telemundo Nuevo México

Rabat, 6 de marzo de 2026

Ante la situación de violencia y guerras que la humanidad está viviendo,
particularmente en los últimos días en Oriente Medio, los cristianos de las diócesis
de Rabat, de Tánger y de la Prefectura Apostólica del Ayún no podemos quedar en
silencio y nos sentimos en la obligación de manifestar cuanto sigue:


1.-Rechazamos con toda la fuerza del Evangelio el uso de la violencia y de la guerra
como método de solución de los conflictos entre pueblos o naciones.


2.-Mostramos nuestro total desacuerdo con el concepto de guerra “preventiva”, por
su inmoralidad e injusticia.


3.-Lamentamos la utilización de la razón de la fuerza en lugar de usar la fuerza de la
razón.


4.-Expresamos nuestra viva solidaridad con las víctimas de las guerras. Los
dirigentes que deciden empezar una guerra no tienen jamás en cuenta el bien de su
pueblo ni el de los pueblos contra los cuales la guerra es declarada. Las
consecuencias no son daños colaterales, sino personas que mueren o son heridas y
mutiladas, niños o adultos sin distinción; familias que pierden su casa y sus bienes y
millones de ciudadanos obligados a huir lejos de su hogar.


5.-Y, por encima de todo lo anterior, condenamos la instrumentalización de la religión
como motivación de la guerra y la utilización sacrílega y blasfema del nombre de
Dios para justificarla. Ningún creyente en el Dios único y misericordioso puede
aceptar la guerra con todos sus efectos y consecuencias.
Por todo ello hacemos un llamado a todos los cristianos, pero también al
conjunto de los creyentes y personas de buena voluntad a:


6.-Respetar el derecho internacional y hacerlo respetar por nuestros gobernantes.


7.-Activar enérgicamente la diplomacia y el multilateralismo, así como las
instituciones creadas para preservar y construir la paz


8.-Utilizar el diálogo como método, camino e instrumento de paz.
Además nos comprometemos a


9.-No caer en la indiferencia ante esta situación y a no relegarla al olvido.


10.-Sostener con perseverancia la oración por la paz y constituirnos personalmente
en artesanos de la paz en nuestros ambientes. Esto está en línea con la intención de oración que el Papa León XIV propone para este mes de marzo: “Desarmemos los
corazones del odio, del rencor y de la indiferencia, para construir la paz. Dios nos ha
creado para la comunión, no para la guerra; para la fraternidad, no para la
destrucción”.


Como gesto expresivo de todo lo anterior, proponemos que cada comunidad
acabe la celebración de la Eucaristía de este domingo, 8 de marzo, jornada
internacional de los derechos de la mujer, saliendo cantando a un lugar adecuado
para formar allí un círculo de la paz, tomándonos de las manos; después de un
minuto de silencio orante, la comunidad rezará el Padrenuestro y se retirará en la
esperanza de que Jesucrito, el Príncipe de la Paz, concederá este preciado don a
nuestra familia, la humanidad.

+Cristóbal, obispo de Rabat, sdb +Emilio, obispo de Tánger, ofm

+Mario, prefecto del Ayún, omi

La paz no se construye ni con amenazas ni con armas, sino con un diálogo
razonable y responsable” (Papa León XIV)
“La paz y la seguridad deben ser cultivadas y perseguidas gracias a las posibilidades
ofrecidas por la diplomacia, en particular la ejercida en el seno de las instancias
multilaterales” (Cardenal Parolin)
“Si se reconociera a los estados el derecho a una «guerra preventiva» según sus
propios criterios y sin un marco jurídico supranacional, todo el mundo correría el
riesgo de estallar. Esta degradación del derecho internacional es profundamente
preocupante: la justicia ha sido sustituida por la fuerza, la fuerza del derecho por la
ley del más fuerte » (Cardenal Parolin)

La razón por la que 19 monjes budistas reunieron a miles de personas frente al monumento a Lincoln

Monumento a Lincoln en Washington (EE.UU.)
Monumento a Lincoln en Washington (EE.UU.)

El grupo recorrió 109 días y ocho estados para promover la paz y culminó su marcha en el monumento a Lincoln

Un grupo de 19 monjes budistas celebró este miércoles un encuentro de clausura en el monumento a Lincoln, en Washington, tras completar una marcha de 109 días por Estados Unidos con el objetivo de promover la paz. Miles de personas acudieron para recibir a los religiosos. El acto puso fin a más de cien días de recorrido a pie por distintos estados del país.

«Estamos en un momento muy peligroso en muchas áreas diferentes en nuestro país. Así que creo que con los monjes caminando, mostrando cómo podemos responder, reaccionar y cambiar las cosas sin confrontación ni confusión, tenemos esperanza», dijo a EFE Gretchen Montague, asistente que viajó desde Carolina del Norte para llegar a tiempo al encuentro. Como ella, numerosos participantes acudieron con flores y pancartas inspiradas en el mensaje de paz del grupo.

Durante la ceremonia, uno de los monjes destacó la reunión de personas de diferentes razas y culturas sin distinción de religiones. Jim Cash, otro asistente, describió el encuentro como algo «histórico» en un momento «muy interesante» por la división que percibe en el país. «Esto nos recuerda lo que podemos conseguir cuando nos juntamos y dejamos a un lado nuestras diferencias», subrayó.

La ruta comenzó el 26 de octubre de 2025 en el centro budista Huong Dao Vipassana Bhavana, en Fort Worth (Texas), e incluyó paradas en ocho estados donde impartieron sesiones de respiración y concentración. Durante el trayecto afrontaron dificultades, como un accidente en Texas en noviembre tras el que uno de los monjes sufrió la amputación de una pierna, y jornadas marcadas por tormentas invernales. Tras su paso por la Catedral Nacional y el Capitolio, los religiosos celebrarán una meditación en la Universidad George Washington antes de regresar a Texas, donde completarán a pie los últimos kilómetros. «Este no es nuestro último destino. La marcha sigue porque el camino a la paz debe continuar», concluyó uno de ellos.

https://www.eldebate.com/internacional/20260212/razon-19-monjes-budistas-reunieron-miles-personas-frente-monumento-lincoln_384423.html

800 AÑOS DE LA MUERTE DE FRANCISCO DE ASÍS

Con motivo del VIII Centenario del tránsito de san Francisco de Asís, el Papa envió una carta a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana. En ella subraya la paz como don de Dios, tarea cotidiana y compromiso que abarca a la humanidad y a toda la creación.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

En una carta fechada el 7 de enero de 2026, el Santo Padre León XIV se dirigió a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana con motivo del VIII Centenario del tránsito de san Francisco de Asís.

De este modo, el Pontífice se unió espiritualmente a las celebraciones previstas, inauguradas solemnemente este sábado 10 de enero, y expresó su deseo de que el mensaje del Poverello «pueda encontrar una resonancia profunda en el hoy de la Iglesia y de la sociedad».

Al recordar la figura del santo de Asís, el Papa destacó su legado como testigo del Evangelio y de la paz en una época también marcada por tensiones y conflictos.

En el centro del mensaje papal se encuentra el saludo que san Francisco recibió, según la tradición: «El Señor me reveló que dijéramos este saludo: ‘El Señor te dé paz'». León XIV explicó que estas palabras expresan el núcleo de la experiencia evangélica del santo: la paz como «la suma de todos los bienes de Dios», un don que no puede ser producido por el esfuerzo humano, sino acogido y vivido.

El Obispo de Roma relacionó este saludo con el que el Resucitado dirige a los discípulos: «Paz a ustedes», subrayando que no se trata de una fórmula, sino del anuncio de la victoria de Cristo sobre la muerte.

En Asís la exposición pública de los restos de San Francisco durante la cuaresma 2026

04/10/2025

En Asís la exposición pública de los restos de San Francisco durante la cuaresma 2026

Del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026 el cuerpo de San Francisco de Asis, con ocasión del 800 aniversario de su muerte, será trasladado de su tumba, situada en la cripta de la …

Una palabra para el mundo de hoy

León XIV situó el mensaje franciscano en el contexto actual, marcado por guerras prolongadas, divisiones y temores. En ese escenario, afirmó, san Francisco sigue hablando no por ofrecer «soluciones técnicas», sino porque su vida remite a «la fuente auténtica de la paz».

El Sucesor de Pedro subrayó que la herencia franciscana invita a volver a esa raíz, especialmente cuando la humanidad experimenta nuevas formas de fractura social y cultural.

Paz con los hombres y con la creación

La carta también pone de relieve la dimensión integral de la paz en la espiritualidad franciscana. San Francisco, que llamaba al sol «hermano» y a la luna «hermana», enseñó que la paz no se limita a las relaciones humanas, sino que se extiende a toda la creación.

Según Prevost, esta visión resulta especialmente actual en un tiempo en que «la casa común está amenazada». Por eso, la paz con Dios, entre los hombres y con el mundo creado son presentadas como dimensiones inseparables de una misma vocación a la reconciliación.

Una oración para este tiempo

En el marco del Año de gracia por el centenario, el Papa confió a la Familia Franciscana una oración dirigida a san Francisco para pedir «la perfecta alegría y la concordia». En ella, el santo es invocado como intercesor para que los cristianos se conviertan en «operadores de paz» y «testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo».

Al concluir su mensaje, León XIV impartió la Bendición Apostólica a todos los que viven el carisma franciscano y a quienes participarán en las celebraciones del dies natalis del Poverello de Asís.

Oración que propone el Papa León XIV

San Francisco, hermano nuestro, tú que hace ochocientos años
fuiste al encuentro de la hermana muerte como un hombre en paz,
intercede por nosotros ante el Señor.
Tú, que en el Crucifijo de San Damián reconociste la verdadera paz,
enséñanos a buscar en Él la fuente de toda reconciliación
que derriba todo muro.
Tú, que desarmado atravesaste las líneas de la guerra
y de la incomprensión,
danos el valor de construir puentes
donde el mundo levanta fronteras.
En este tiempo afligido por conflictos y divisiones,
intercede para que nos convirtamos en artesanos de paz:
testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo.
Amén.

«Hacia una Paz desarmada y desarmante

Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2026),

Publicamos a continuación el texto del Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2026 con el tema: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”».

Mensaje del Santo Padre

La paz esté con todos ustedes:
hacia una paz “desarmada y desarmante”

“¡La paz esté contigo!”.

Este antiquísimo saludo, que sigue siendo habitual en muchas culturas, en la tarde de Pascua se llenó de nuevo vigor en labios de Jesús resucitado. «¡La paz esté con ustedes!» ( Jn 20,19.21) es su palabra, que no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad. Por eso, los sucesores de los Apóstoles dan voz cada día y en todo el mundo a la más silenciosa revolución: “¡La paz esté con ustedes!”. Desde la tarde de mi elección como Obispo de Roma he querido incorporar mi saludo en este anuncio coral. Y deseo reafirmarlo: «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente». [1]

La paz de Cristo resucitado

El que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf. Ef 2,14) es el Buen Pastor, que da la vida por el rebaño y que tiene muchas ovejas que no son del redil (cf. Jn 10,11.16): Cristo, nuestra paz. Su presencia, su don, su victoria resplandecen en la perseverancia de muchos testigos, por medio de los cuales la obra de Dios continúa en el mundo, volviéndose incluso más perceptible y luminosa en la oscuridad de los tiempos.

El contraste entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es sólo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado. Con este presentimiento viven los que trabajan por la paz que, en el drama de lo que el Papa Francisco ha definido como “tercera guerra mundial a pedazos”, siguen resistiendo a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche.

Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás». [2]

Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.

Una paz desarmada

Poco antes de ser arrestado, en un momento de gran intimidad, Jesús dijo a los que estaban con Él: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo». E inmediatamente agrega: «¡No se inquieten ni teman!» (Jn 14,27). La turbación y el temor podían referirse, ciertamente, a la violencia que pronto se abatiría sobre Él. Más profundamente, los Evangelios no esconden que lo que desconcertó a los discípulos fue su respuesta no violenta; un camino al que todos, empezando por Pedro, se opusieron, pero en el cual el Maestro pidió que lo siguieran hasta el final. El camino de Jesús sigue siendo motivo de turbación y de temor. Y Él repite con firmeza a quien quisiera defenderlo: «Envaina tu espada» (Jn 18,11; cf. Mt 26,52). La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. La gran parábola del juicio universal invita a todos los cristianos a actuar con misericordia, siendo conscientes de ello (cf. Mt 25,31-46). Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.

Aunque hoy no son pocas las personas de corazón dispuesto a la paz, un gran sentimiento de impotencia las invade ante el curso de los acontecimientos, cada vez más incierto. Ya san Agustín, en efecto, señalaba una paradoja particular: «Es más difícil alabar la paz que poseerla. En efecto, si queremos alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pesamos las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin trabajo alguno». [3]

Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de decir que la paz está cerca. Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública. En la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones. Mucho más allá del principio de legítima defensa, en el plano político dicha lógica de oposición es el dato más actual en una desestabilización planetaria que va asumiendo cada día mayor dramatismo e imprevisibilidad. No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza. «La consecuencia —como ya escribía san Juan XXIII acerca de su tiempo— es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico». [4]

Pues bien, en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial. [5] Por si fuera poco, hoy parece que se quiera responder a los nuevos desafíos, no sólo con el enorme esfuerzo económico para el rearme, sino también con un reajuste de las políticas educativas; en vez de una cultura de la memoria, que preserve la conciencia madurada en el siglo XX y no olvide a sus millones de víctimas, se promueven campañas de comunicación y programas educativos, en escuelas y universidades, así como en los medios de comunicación, que difunden la percepción de amenazas y transmiten una noción meramente armada de defensa y de seguridad.

Sin embargo, «el verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella». [6] Así recomendaba san Agustín que no se destruyeran los puentes ni se insistiera en el registro del reproche, prefiriendo el camino de la escucha y, en cuanto sea posible, el encuentro con las razones de los demás. Hace sesenta años, el Concilio Vaticano II se concluía con la conciencia de un diálogo urgente entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. En particular, la Constitución Gaudium et spes centraba la atención en la evolución de la práctica bélica: «El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad». [7]

Al reiterar el llamamiento de los Padres conciliares y estimando la vía del diálogo como la más eficaz a todos los niveles, constatamos cómo el ulterior avance tecnológico y la aplicación en ámbito militar de las inteligencias artificiales hayan radicalizado la tragedia de los conflictos armados. Incluso se va delineando un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares, con motivo del creciente “delegar” a las máquinas decisiones que afectan la vida y la muerte de personas humanas. Es una espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico sobre el cual se apoya y desde el que se protege cualquier civilización. Es necesario denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección; pero esto no basta, si al mismo tiempo no se fomenta el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico. La Encíclica Fratelli tutti presenta a san Francisco de Asís como ejemplo de este despertar: «En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos». [8] Es una historia que quiere continuar en nosotros, y que requiere que unamos esfuerzos para contribuir recíprocamente a una paz desarmante, una paz que nace de la apertura y de la humildad evangélica.

Una paz desarmante

La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. El misterio de la Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos, comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén. «Paz en la tierra» cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo (cf. Lc 2,13-14). Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente (cf. Hch 2,37). A este respecto, mi venerado Predecesor escribía que «la fragilidad humana tiene el poder de hacernos más lúcidos respecto a lo que permanece o a lo que pasa, a lo que da vida y a lo que provoca muerte. Quizás por eso tendemos con frecuencia a negar los límites y a evadir a las personas frágiles y heridas, que tienen el poder de cuestionar la dirección que hemos tomado, como individuos y como comunidad». [9]

San Juan XXIII introdujo por primera vez la perspectiva de un desarme integral, que sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia. Así escribía en Pacem in terris: «Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. Nos confiamos que es éste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no sólo está dictada por las normas de la recta razón, sino que además es en sí misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes». [10]

Un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente. Hoy vemos cómo esto no se da por supuesto. Lamentablemente, forma cada vez más parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político, bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Los creyentes deben desmentir activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios. Por eso, junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas. En todo el mundo es deseable «que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón». [11] Hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa.

Por otra parte, esto no debe distraer la atención de todos sobre la importancia que tiene la dimensión política. Quienes están llamados a responsabilidades públicas en las sedes más altas y cualificadas, procuren que «se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Examínese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque sólido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos». [12] Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales.

Hoy, la justicia y la dignidad humana están más expuestas que nunca a los desequilibrios de poder entre los más fuertes. ¿Cómo habitar un tiempo de desestabilización y de conflictos liberándose del mal? Es necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas «como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana». [13] Porque, de hecho, «la mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores», [14] a esta estrategia hay que oponer el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala. Ya lo señalaba con claridad León XIII en la Encíclica Rerum novarum: «La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscarse el apoyo de los demás. De las Sagradas Escrituras es esta sentencia: “Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo, pues, si cae, no tendrá quien lo levante!” ( Qo 4,9-10). Y también esta otra: “El hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad fortificada” ( Pr 18,19)». [15]

Que este sea un fruto del Jubileo de la Esperanza, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas: «Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (Is 2,4-5).

Vaticano, 8 de diciembre de 2025

LEÓN PP. XIV

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[1] Bendición apostólica “Urbi et Orbi” y primer saludo, Logia central de la Basílica de San Pedro (8 mayo 2025).

[2] S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 3.

[3] Ibíd., 1.

[4] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 60.

[5] Cf. SIPRI Yearbook: Armaments, Disarmament and International Security (2025).

[6] S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 1.

[7] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 80.

[8] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 4.

[9] Id., Carta al Director del “Corriere della Sera” (14 marzo 2025).

[10] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 113.

[11] Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana (17 junio 2025).

[12] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 118.

[13] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 42.

[14] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 15.

[15] León XIII, Carta enc. Rerum novarum (15 mayo 1891), 35

León XIV: «No lo olvidemos, la paz es posible»

Papa en Líbano
Papa en Líbano

«Amigos y hermanas, lo que ha ocurrido en los últimos días en Turquía y Líbano nos enseña que la paz es posible y que los cristianos, en diálogo con hombres y mujeres de otras religiones y culturas, pueden contribuir a construirla. No lo olvidemos. La paz es posible, la paz es posible»

 José Manuel Vidal

Tras el rezo del ángelus, León XIV recordó su reciente viaje a Turquía y al Líbano. Del primero glosó especialmente su encuentro con «mi amado hermano Bartolomé» y con la comunidad católica, «testimonio del evangelio del amor y de la lógica de Dios que se manifiesta en la pequeñez».

Por su parte, en su visita al Líbano el Papa salió reconfortado: «El Líbano sigue siendo un mosaico de convivencia y me ha reconfortado escuchar tantos testimonios en este sentido». Recordó especialmente su encuentro con las víctimas de la tremenda explosión del puerto de Beirut. «Los libaneses esperaban una palabra y una presencia de consuelo, pero fueron ellos quienes me reconfortaron con su fe y su entusiasmo. Doy las gracias a todos los que me han acompañado con sus oraciones. Gracias, Líbano».

Plaza de San Pedro
Plaza de San Pedro

A juicio del Papa, la lección más importante del viaje es que «la paz es posible» y los cristianos, artesanos de la paz. «Amigos y hermanas, lo que ha ocurrido en los últimos días en Turquía y Líbano nos enseña que la paz es posible y que los cristianos, en diálogo con hombres y mujeres de otras religiones y culturas, pueden contribuir a construirla».

Por último, León XIV tuvo presente a las poblaciones del sudeste asiático, «duramente probadas por los recientes desastres naturales. Rezo por las víctimas, por las familias que lloran, por sus seres queridos y por quienes llevan socorro».

León XIV en el puerto de Beirut
León XIV en el puerto de Beirut

Saludos tras el ángelus

Hermanos y hermanas, hace unos días regresé de mi primer viaje apostólico a Turquía y Líbano. Junto con mi amado hermano Bartolomé, patriarca ecuménico de Constantinopla, y los representantes de otras confesiones cristianas, nos reunimos para rezar juntos en Iznik, la antigua Nicea, donde hace 1700 años se celebró el primer concilio ecuménico.

Hoy se cumple precisamente el sexagésimo aniversario de la declaración común entre Pablo VI y el patriarca Atenágoras, que puso fin a las excomuniones recíprocas. Demos gracias a Dios y renovemos nuestro compromiso en el camino de la vida.

En Turquía, tuve la alegría de encontrarme con la comunidad católica. A través del diálogo paciente y el servicio a los que sufren, ella da testimonio del evangelio del amor y de la lógica de Dios que se manifiesta en la pequeñez.

El Líbano sigue siendo un mosaico de convivencia y me ha reconfortado escuchar tantos testimonios en este sentido. He conocido a personas que anuncian el evangelio, acogiendo a los desplazados, visitando a los presos, compartiendo el pan con los necesitados. Me ha reconfortado ver a tanta gente en la calle saludándome y me ha conmovido el encuentro con los que sufren. Gracias.

Bartolomé y León saluda a los fieles
Bartolomé y León saluda a los fieles Vatican Media

Me ha encontrado con los familiares de las víctimas de la explosión en el puerto de Beirut. Los libaneses esperaban una palabra y una presencia de consuelo, pero fueron ellos quienes me reconfortaron con su fe y su entusiasmo. Doy las gracias a todos los que me han acompañado con sus oraciones. Gracias, Líbano.

Amigos y hermanas, lo que ha ocurrido en los últimos días en Turquía y Líbano nos enseña que la paz es posible y que los cristianos, en diálogo con hombres y mujeres de otras religiones y culturas, pueden contribuir a construirla. No lo olvidemos. La paz es posible, la paz es posible.

Estoy cercano a las poblaciones del sudeste asiático, duramente probadas por los recientes desastres naturales. Rezo por las víctimas, por las familias que lloran, por sus seres queridos y por quienes llevan socorro. Exhorto a la comunidad internacional y a todas las personas de buena voluntad a sostener con gestos de solidaridad a los hermanos y hermanas de aquellas regiones.

Vallas con el primer viaje apostólico de León XIV
Vallas con el primer viaje apostólico de León XIV @Vatican Media

Un viaje de esperanza hacia una Iglesia unida, diálogo entre religiones, un mundo en paz

Un olivo presidió el encuentro del Papa con líderes religiosos en Beirut
Un olivo presidió el encuentro del Papa con líderes religiosos en Beirut

Como ya se ha insistido en otras ocasiones, no habrá paz mientras continúen las guerras religiosas

| Félix Placer Ugarte

El viaje apostólico del  papa León XIV a Turquía y a Líbano había despertado gran interés no solo por ser el primero internacional, sino también por los lugares  elegidos y los temas que iban a ser abordados. La razón de su visita a la República Turca estaba en la conmemoración de los 1.700 años del concilio de Nicea y en su sentido ecuménico; unida a esta celebración, su estancia en Líbano, frontera con el país palestino, tenía un importante significado de compromiso por la justicia y la paz en los críticos momentos que  esta zona vive y que afectan a la estabilidad mundial. El Papa ha abordado, en consecuencia, en sus discursos las exigencias religiosas y políticas.

Un Concilio actual

Las afirmaciones dogmáticas del Concilio de Nicea en su celebración el año 325, rechazaban la herejía de Arrio que socavaban la fe cristológica al negar la divinidad de Jesucristo y, por tanto, la unión de Dios con la humanidad,estableciendo una distancia insalvable respecto a la divinidad. La  razón arriana estaba en que la trascendencia  de Dios no era compatible con el sufrimiento de Jesús: Dios no podía sufrir ni morir, tampoco nacer y compartir con los humanos su vida. Por ello Jesús no podía ser Dios, sino alguien creado y, por tanto, inferior al Padre que esincreado y eterno, en absoluta transcendencia. Nicea, con Atanasio, desautorizó ese error que separaba al hombre de Dios, atentaba contra lo más profundo de la revelación yde la historia  de la salvación y anulaba el sentido pleno de la sacramentalidad. Con la afirmación dogmática  de Nicea, recordaba León XIV en su Carta Apostólica In  unitate fidei, la doctrina de la consubstancialidad (homooúsios) de Jesucristo, Hijo de Dios, según Nicea, contra el error helenizante de los arrianos.

Bartolomé y León, en Nicea
Bartolomé y León, en Nicea Vatican Media

Ante determinados espiritualismos de hoy que tienden a separar lo humano de lo divino y la historia humana de la historia de la salvación,  la Iglesia con León XIV confesaba la cercanía de un Dios que comparte nuestra vida, sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias, elsufrimiento de todas las víctimas sobre todo de los últimos, de los más pobres, de los abandonados y marginados para lograr un mundo humanizado, es decir, divinizado ya que toda auténtica liberación lleva a una verdadera divinización.

También es importante subrayar en este momento que,según la fe niceno-constantinopolitana, Dios en la encarnación asumió la naturaleza humana en su integridadque es femenina y masculina. Por tanto no se puede aducirla masculinidad  del Jesús histórico como razón para negar a la mujer  su derecho, por ejemplo, al diaconado y presbiterado. La igualdad es principio fundamental, garantizada por el bautismo, desde donde se deriva la correspondencia de   los mismos derechos a hombres y mujeres.

El Papa lee su discurso en Nicea
El Papa lee su discurso en Nicea RD/Captura

Nicea ante  el ecumenismo y pluralismo religioso

La Carta citada recordó también  “el altísimo valor ecuménico” del Concilio de Nicea e invitaba fortalecer el diálogo en un “ecumenismo orientado al futuro”, como así ha sido y se ha reafirmado por parte del Papa y  las diferentes Iglesias en los encuentros ecuménicos que han tenido lugar, sobre todo en Iznik, antigua Nicea, con el Patriarca de Constantinopla Bartolomé I rezando con delegados de las diferentes Iglesias.

Pero también es  preciso recalcar  que este viaje papal se ha desarrollado en su primera etapa en Turquía, país de mayoría musulmana; contexto muy tenido en cuenta en los saludos y discursos ante las diversas autoridades civiles y religiosas. Frente a un pasado de discordias, enfrentamientos y guerras, este viaje ha subrayado la evolución positiva en las relaciones entre musulmanes y cristianos en el respeto y en el diálogo; también con otras religiones en un mundo caracterizado por el pluralismo religioso, donde todavía se enfrentan concepciones monoteístas y politeístas, que desembocan en graves conflictos. Como ya se ha insistido en otras ocasiones, no habrá paz mientras continúen las guerras religiosas.

Nicea y Constantinopla resolvieron los graves enfrentamientos cristianos de su época con afirmaciones dogmáticas en las que también estaba interesado el poder político en un imperio dividido por posiciones religiosas. Precisamente, como recordaba el Papa,  la consecución de la unidad de todos los cristianos fue uno de los objetivos principales del último Concilio, Vaticano II, que retiró las recíprocas excomuniones con la Iglesia ortodoxa y afirmó que «el restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos es una de las principales preocupaciones del Concilio Vaticano II» (Unitatis redintegratio). Celebramos este 8 de diciembre su clausura,  hace 60 años.

Un momento del encuentro interreligioso
Un momento del encuentro interreligioso

Sin embargo en el mundo actual globalizado las religiones continúan siendo motivo y causa de inestabilidad y guerra. Es preciso llegar  al diálogo interreligioso para el cual Nicea y Constantinopla con Éfeso y  Calcedonia,  aportan  una base imprescindible. Si afirmamos la acción de Dios  en la humanidad y la presencia  del Espíritu en su historia es preciso reconocer, como lo afirmó el Concilio Vaticano II, su acción universal.  Por tanto, otras religiones son lugares  donde acontece el encuentro entre lo divino y lo humano,  dondeestá  “ lo bueno sembrado en los ritos y culturas de otros pueblos” (Lumen gentium, 17).

Ya el ‘Parlamento de las Religiones del Mundo’, celebrado en 1993, abogó  por una ética mundial para conseguir un orden mundial nuevo, sin predominio de una religión sobre otra, basado en el mutuo reconocimiento, en la no violencia y respeto a toda vida, en el compromiso a favor de una  cultura de la solidaridad y de un orden económico justo, de tolerancia e igualdad. Hoy las diferentes religiones subrayan profundos valores de alteridad (abrahámicas), compasión (asiáticas), cuidado de los pobres y olvidados (Islamismo), sintonía con la naturaleza (indígenas). En consecuencia el diálogo interreligioso está brotando en una teología del pluralismo religioso de amplio alcance liberador y pluralidad convergente, cuidando la creación, que es obra de Dios con reverencia y gratitud, custodiándola  y cultivándola como casa común de la humanidad, según ha recordado el Papa citando la Laudato si’.

León XIV
León XIV

Ante un mundo dividido, enfrentado, con graves desigualdades injustas

Este viaje ha estado marcado, por tanto, como no podía ser de otra manera,  por una insistente exigencia de paz, en especial desde el Líbano, en la frontera con Palestina. En un escenario de guerra, con sus trágicas consecuencias para Gaza y también para otros pueblos como Ucrania, África y con amenazas de invasiones prepotentes León XIV ha  clamado por la justicia y por la paz y el respeto a todos los pueblos desde la justicia. Ha sido una constante en sus discursos ante líderes políticos y religiosos y ante los grupos que han compartido sus celebraciones ecuménicas donde las diferentes confesiones y  religiones son claves de justicia y de paz, de respeto a los derechos de todos los pueblos.

Siguiendo el itinerario del viaje papal estamos, por tanto, llamados a un proceso de paz urgente y a un rechazo de  la guerra y de un armamentismo desbocado que en  lugar de ser garantía  seguridad para los estados, es amenaza destructiva sobre el conjunto de la humanidad, además de ser negocio para quienes alientan e imponen la carrera armamentística.

Concilio de Nicea
Concilio de Nicea

Si el Concilio de Nicea, convocado por Constantino, tuvo una interesada intencionalidad política para su imperio, unida a la religiosa, la celebración de su aniversario con el viaje de León XIV se ha guiado por una clara finalidad religiosa haciéndose clamor de paz “en un mundo dividido y desgarrado por muchos conflictos”. Es el radical servicio que hoy la Iglesia ofrece a la humanidad ante sus angustiosas preguntas e incertidumbres, como pidió Gaudium et spes hace ahora 60 años.

Nicea y la navidad: la sacramentalidad de lo humano

El viaje de León XIV se ha realizado en tiempo de Adviento en las puertas de esta  Navidad y en lugares de  intensas resonancias bíblicas y del primer cristianismo. Los Concilios de Nicea y Constantinopla dieron pleno sentido a la celebración del nacimiento humano del Hijo de Dios, que en la herejía arriana perdía su pleno significado salvador.

Celebrar aquel acontecimiento decisivo para la humanidad implica la afirmación de la humanización de Dios, en especial, como insistía el mismo Papa, en los pobres y sencillos (Dilexi te). En consecuencia, fieles a la fe que confiesa la unidad de lo divino y de  lo humano en Jesucristo, como afirma Jon Sobrino, siguiendo a Karl Rahner y en definitiva a Nicea, lo humano debe  ser interpretado en referencia  a lo divino y lo divino en relación con lo humano.

Del concilio de Nicea
Del concilio de Nicea

Jesús es comprendido de esta manera comosacramento de Dios y, por tanto, lo humano es sacramento de lo divino. Desde esta convicción creyente, la afirmación de que ‘fuera de la Iglesia no hay salvación’, de reminiscencias arrianas, ha dejado paso a la que es fiel a Nicea: ‘fuera del mundo no hay salvación’. En consecuencia solo llegamos a Dios a través de lo humano interpretado desde el evangelio, guiados por el Espíritu que nos descubre y revela en los pobres, humildes, necesitados al Dios de Jesús nacido en Belén como liberador-salvador (Lc 4,18). Negar esa relación intrínseca que proviene de la Encarnación equivale a caer en la herejía arriana que separa lo humano de lo divino, a Dios  del hombre y termina reduciendo la Navidad a modelos espiritualistas que muchos hacen compatibles con el  consumismo de estos días en nuestra sociedad.

La resonancia de los mensajes dirigidos por León XIV, no solo a los lugares visitados, sino al mundo entero en su crítica situación actual, dan a esta Navidad un interpelante significado  para que el entendimiento y diálogo entre confesiones cristianas, entre religiones del mundo, en la política de los estados, en la relación entre pueblos, se guíen por actitudes y criterios liberadores  y humanizadores para lograr construir un mundo de justicia y de paz.