Tamanrasset

  Localización de Tamanrasset, en el sur de Argelia.

Carlos de Foucauld llegó a Tamanrasset el 13 de agosto de 1905, junto con Paul, un antiguo esclavo.[B 60] Construyó una casa de piedra y barro (tierra seca).[A 84] [F 18] Carlos adoptó como objetivo comprender mejor la cultura tuareg, e hizo de la redacción de un diccionario tuareg-francés una prioridad de su apostolado.[B 61] [A 85] [F 19] Ayudó a las poblaciones con las que se encontraba y continuó con la distribución de medicamentos y alimentos que coadyuvaba a mantener la confianza mutua y, en sus propias palabras, «a demostrar que los cristianos los aman».[B 62]

El 25 de agosto de 1905, Moussa Ag Amastan obtuvo oficialmente de las autoridades francesas la investidura de amenokal del Hoggar.[A 85] Visitó en varias ocasiones a Carlos y le pidió consejo sobre la actitud a adoptar frente a las autoridades francesas. Carlos le aconsejó buscar el bien de su pueblo, así como desarrollar la instrucción y el derecho de la mujer.[A 86] [F 20] Paul, que lo acompañaba, decidió salir de Tamanrasset en mayo de 1906. Habiendo quedado solo, Carlos no pudo oficiar más la misa, que en esa época requería la asistencia de al menos una persona para poder celebrarse.[A 87] [B 63]

Los estudios de Carlos le permitieron descubrir la complejidad oculta de la lengua y de la cultura tuareg.[B 62] Al principio pensó que se trataba de una lengua muy simple, con un léxico tan pobre que convendría introducir «algunas palabras indispensables para expresar ideas religiosas». Pero muy pronto tomó conciencia de lo contrario. Y así, escribió a María de Bondy:

Aquí mi vida está dedicada sobre todo al estudio de la lengua tuareg. Es mucho más largo de lo que creía, ya que la lengua es muy diferente de lo que se sospechaba; se la creía muy pobre y muy simple; ella es, por el contrario, rica y menos simple de lo que se pensaba.[16]

Carta a María de Bondy, 20 de septiembre de 1908

Hizo venir durante el verano de 1906 a su amigo Adolphe de Calassanti Motylinski para que lo ayudara a concluir su diccionario tuareg-francés.[B 63] En septiembre de 1906, después de la partida de Motylinski, Carlos decidió retornar a Béni Abbès.[B 64] Se propuso repartir su tiempo entre las dos regiones: tres meses en Béni Abbès, seis meses en Tamanrasset, y tres meses para viajar de un sitio a otro, pero acabaría por abandonar definitivamente Béni Abbès.

Su regreso a Tamanrasset reveló el fuerte compromiso de los tuareg con el «hermano Carlos de Jesús», lo cual él recibió con alegría.[A 88] [B 64] Esa admiración por Carlos de Foucauld no significaba siempre una conversión de los tuareg al cristianismo, como bien indicó Casajus:

Una mujer noble del Hoggar, que tuvo un profundo reconocimiento al Padre de Foucauld desde que salvó a sus cinco niños pequeños de la hambruna de 1907, dijo un día: «Cuán terrible es pensar que un hombre tan bueno irá al infierno a su muerte por no ser musulmán». Y reconoció que ella y muchas de sus compañeras oraban a Alá cada día para que el marabout[Nota 7] se convirtiera en musulmán.[15]

Foucauld recibió a menudo a oficiales franceses, entre los cuales se cita al capitán Edouard Charlet, con quien tuvo intercambios muy fructíferos. Carlos percibía, sin embargo, que la atención que le demostraban constituía un obstáculo en su búsqueda del «último lugar».[B 65]

  El 29 de noviembre de 1905, Carlos se encontró con monseñor Guérin en la Maison Carrée (El-Harrach) de los Padres Blancos y le pidió que enviara religiosos. Guérin se negó, alegando el ambiente difícil que reinaba en Francia, vinculado con la ley francesa de separación de la Iglesia y el Estado de 1905, la división de los franceses en relación con el caso Dreyfus y la primera crisis marroquí, que generó tensiones entre Alemania y Francia en relación con el estatus colonial de Marruecos.[A 89] [B 66] Sin embargo, monseñor Guérin aceptó en parte las solicitudes de Carlos de Foucauld, al autorizarlo a vivir, por primera vez, su regla de vida religiosa en compañía del hermano Michel Goyat.[B 66] Recibió además la autorización excepcional de poder exponer el Santísimo Sacramento para la adoración eucarística cuando hubiera dos personas que realizaran el culto de adoración durante al menos tres horas.[B 66]

El 10 de diciembre, Carlos se dirigió de nuevo a Beni Abbès y se entrevistó con el general Lyautey.[B 66] [A 89] Después, Carlos y el hermano Michel partieron en dirección de In Salah, pero muy rápidamente la salud de hermano Michel se deterioró, pues no soportaba la austeridad y la penitencia.[B 67] Entonces, interrumpieron su viaje durante un mes y Carlos estudió el tuareg con Ben-Messis, un letrado árabe.[A 90] Trabajaron incansablemente. El 14 de marzo de 1907, Carlos supo de la muerte de su amigo Adolphe de Calassanti Motylinski.[A 90] [B 68]

Ante la imposibilidad de adaptarse a las reglas duras de la vida de Carlos, el hermano Michel volvió a Argel con una compañía militar.[A 90] [B 68] [F 21] [Nota 8] Carlos terminó su trabajo Textes touaregs en prose,[17] base para sus estudios posteriores de la lengua y para el diccionario tuareg-francés, y lo entregó a Francisco Enrique Laperrine para su publicación, bajo la condición de que la misma no se realizase bajo su propia autoría, sino a nombre del fallecido Motylinski, un gesto que los biógrafos interpretan como de reconocimiento y humildad.[A 91] [B 68] [F 21] Las ediciones posteriores a su muerte presentan los Textes touaregs en prose con autoría conjunta.[Nota 9]

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Beni Abbes Aïn Sefra, Colomb, BécharOuargla
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TimimounAdrarIn SalahTamanrasset

El Golea (representado por la rosa de los vientos) y sus comunas limítrofes

De julio de 1907 hasta la Navidad de 1908, Carlos reanudó su vida eremítica en Tamanrasset, recogiendo poesías tuareg y trabajando más horas por día.[A 91] [F 22] Llegaría a recoger unos 6 000 versos. Sin embargo, Carlos siguió profundamente solo, sin recibir ningún correo durante más de seis meses.[A 92] Ya no tenía más la posibilidad de celebrar la misa, de custodiar la Eucaristía y, por lo tanto, de realizar adoración eucarística.[A 93] [B 69] Todavía no había conversos. A esas dificultades se sumaron otras, como la hambruna que golpeó el Hoggar. Carlos dudó de la eficacia de su misión, pero quiso permanecer con los más pobres.[F 23] Donó sus alimentos a las víctimas de la hambruna y pasó la Navidad sin poder celebrar la misa, mientras escribía: «Esta noche, sin misa, por primera vez, desde hace 21 años».[A 94] El 7 de enero de 1908, enfermo, agotado y demacrado, Carlos no se pudo mover y creyó morir.[B 70] [F 24] Él, que había distribuido sus víveres, fue entonces salvado por los tuareg, quienes le dieron en plena hambruna leche de oveja.[B 71] [F 25] Este episodio marcó una segunda conversión en Carlos de Foucauld, quien lo vivió como un llamamiento a un mayor abandono espiritual en Dios.

Al saber que Carlos estaba enfermo, Laperrine le hizo llegar alimentos.[F 25] El 31 de enero de 1908, monseñor Guérin le envió de Roma una carta procedente del papa Pío X que lo autorizaba por excepción a celebrar la misa sin fieles.[A 92] [F 26] Esta autorización le dio una gran alegría. Todos esos acontecimientos recientes, incluyendo el hecho de haber sido salvado por los tuareg, cambiaron profundamente la forma de pensar de Carlos de Foucauld, quien no buscó más «convertir», sino «amar».

Estoy aquí, no para convertir de un golpe a los tuareg, sino para tratar de comprenderlos y ayudarlos. Estoy convencido de que Dios en su bondad acogerá en el Cielo a quienes fueron buenos y justos, sin necesidad de que sean católicos romanos. Vd. es protestante, Teissre es incrédulo, los tuareg son musulmanes, estoy persuadido de que Dios nos recibirá a todos si nos lo merecemos.[18] [Nota 10]

Carlos de Foucauld al Dr. Dhauteville, de confesión protestante

Carlos reanudó su trabajo sobre la cultura y la lengua tuareg. Trabajaba hasta once horas por día dedicado a los trabajos lingüísticos, que lo absorberían hasta su muerte: redacción de un glosario, transcripción, traducción y comentario de poesías tuareg.[A 95] En esa época, el ejército construyó un nuevo fuerte a pocos kilómetros de Tamanrasset,[F 27] llamado Fort-Motylinski.[A 95] Carlos quiso fundar una asociación de laicos, y pidió la aprobación de Henri Huvelin y de monseñor Guérin para ir a Francia a desarrollar dicha asociación.[A 96] El 28 de octubre de 1908, Carlos recibió el estímulo del padre Huvelin y decidió partir. El 16 de febrero de 1909 se embarcó en Argel para Francia.[A 96]

Llamamiento desde Tamanrasset (Argelia)

UNA LLAMADA

De la familia Charles de Foucauld a Hoggar (Argelia):

Hermanitos de Jesús y Hermanitas del Sagrado Corazón.

El Hoggar, en el desierto del Sahara, en el sur de Argelia, es el lugar más significativo de Charles de Foucauld: es allí donde se instala en 1905, en este pequeño pueblo de Tamanrasset compuesto entonces por ‘una veintena de chozas’. Charles vivirá allí los últimos 11 años de su vida hasta su muerte el 1 de diciembre de 1916, y estos serán para él los años de mayor madurez espiritual pero también humana. Vivirá un desplazamiento y una conversión interior entrando cada vez más en diálogo con la cultura y la mentalidad de la población, deseando ardientemente ser reconocido como hermano suyo por una vida de bondad fraterna1. Esto marcará no solo su vida, sino toda la Iglesia en su acercamiento en diálogo con otras religiones y culturas. Los «mártires de Argelia», que pronto serán beatificados, son testigos de su influencia.

En la meseta de Assekrem, a 2.800 m de altitud, en un entorno extraordinario de montañas rocosas y valles, Carlos hará construir una pequeña «ermita», no para retirarse, sino al contrario para ir a encontrarse con los Tuaregs que pastan sus rebaños de camellos y cabras allí. Este espectáculo de la meseta de Assekrem, que hizo que Charles cantara cánticos de alabanza y acción de gracias al Señor por tanta belleza, sigue siendo tan maravilloso como siempre, trayendo a turistas europeos y argelinos a admirar los amaneceres y atardeceres del sol, una visita que hará convertido para muchos en una experiencia espiritual.

Por otro lado, Tamanrasset se ha convertido en una capital administrativa y militar, con más de 150.000 habitantes; es una ciudad cosmopolita con una población que se ha vuelto muy diversa. Aquí se puede encontrar toda Argelia y toda África Los años oscuros del terrorismo (1992 a 2000) llevaron a muchos norteños a buscar la paz aquí. La gente de la tierra son Harratins, Tuareg y se codean con argelinos de todo el mundo y regiones del país: árabes, kabyles, mozabitas … Tamanrasset es, por otro lado, uno de los principales centros de tránsito de los migrantes subsaharianos. Podemos distinguir las fronteras: nigerianos, malienses, vienen a trabajar, y al opción de un vaivén muy fluctuante; y los demás subsaharianos, de muy diversos orígenes, que esperan ir a Europa. Representan uno de los desafíos de nuestro mundo actual. Son los pobres más visibles de esta ciudad.

Los hermanos y hermanas de la familia Charles de Foucauld pronto quisieron, desde principios de la década de 1950, regresar al mismo lugar donde Charles vivió y murió. Los hermanos restauraron su ermita en Assekrem y construyeron varias otras pequeñas ermitas, incluida una gran ermita para dos personas para las Hermanitas del Sagrado Corazón.

En Tamanrasset, hay una fraternidad donde viven actualmente 3 hermanos de Jesús, y una fraternidad de Hermanitas del Sagrado Corazón, por el momento, solo una hermanita. Su deseo es querer mantener en este lugar fuente su presencia de amistad y oración en medio de una población predominantemente musulmana.

Para afrontar los retos y las grandes convulsiones que han vivido Tamanrasset y toda Argelia, los hermanos y hermanas han tenido que evolucionar y adaptar su forma de integración a lo largo de los años. Pero el espíritu sigue siendo el mismo: el de Carlos de Foucauld que quiere vivir como Jesús en Nazaret y, muy concretamente, en el Hoggar que fue el escenario de sus últimos once años en esta tierra, una presencia amiga, solidaria y fraterna en la entre los musulmanes.

La Iglesia de Argelia quiere imbuirse de esta cultura evangélica en un espíritu de apertura y diálogo: es una Iglesia de ENCUENTRO que vive el servicio, el compartir, el intercambio en la acogida y la solidaridad. Para toda la Iglesia universal, esto también es un desafío: está llamada a comprometerse con respeto y sinceridad en el diálogo interreligioso y la pluralidad, especialmente con el Islam. Como tales, Tamanrasset y Assekrem son lugares de vida con un fuerte significado para la presencia cristiana, y buscamos, hermanos y hermanas, dar un testimonio concreto de estos valores de solidaridad en la vida cotidiana de nuestras vidas, con la población musulmana. eso nos da la bienvenida, sin mencionar a los numerosos migrantes de países subsaharianos, algunos de los cuales son cristianos. Todo esto adquiere sentido en la oración, la Eucaristía y todos los pequeños gestos de compartir y de servicio …

Por eso, como familia espiritual, nosotros, los Hermanitos de Jesús y las Hermanitas del Sagrado Corazón, lanzamos una triple llamada.

LLAMADA A HERMANOS

Actualmente, en la meseta de Assekrem, solo 2 hermanos aseguran esta presencia y nos gustaría fortalecer esta pequeña comunidad, con uno o dos miembros adicionales, que nuestra congregación ya no puede proporcionar por sí sola.

Es por ello que lanzamos este llamado a personas susceptibles de estar interesadas y / o desafiadas por este tipo de presencia e inserción, para ello apelamos a voluntarios religiosos o laicos, atraídos por una vida compartida semi-solitaria. una ermita y una vida comunitaria de comidas y oración, incluida la Eucaristía.

Por otro lado, el hecho de que nuestras dos fraternidades de Tamanrasset y Assekrem estén hermanadas, esto permite flexibilidad en la inserción, pudiendo una u otra pasar estancias cortas en la otra fraternidad, ya sea en Tamanrasset, o en Assekrem …

La vocación de esta fraternidad en la meseta de Assekrem es doble:

– por un lado, ofrecer un lugar propicio para el silencio, la contemplación y un retiro espiritual para todo aquel que desee vivir un momento de renovación espiritual en un marco «optimista» que ofrece el desierto del Sahara.

– por otro lado, dar la bienvenida a los numerosos visitantes argelinos y extranjeros que vienen a descubrir este alto lugar espiritual cuya belleza de su panorama de rocas desnudas lo ha convertido en un lugar turístico, pero también de investigación espiritual….

LLAMADA A HERMANAS

La presencia cristiana femenina en Tamanrasset es importante, porque las mujeres pueden ingresar a las familias y tener acceso a todos los estratos de la población musulmana, especialmente a los más pobres y frágiles.

Pero teniendo en cuenta el contexto de Tamanrasset, podemos decir que la misión de las mujeres que desean vivir un tiempo en la fraternidad de las Hermanitas del Sagrado Corazón, es ante todo una misión de presencia eminentemente contemplativa y unida.

De hecho, en un país de creyentes donde la fe en Dios se expresa de manera omnipresente, la misión principal es vivir una presencia libre como «oraciones en medio de otras oraciones». Pero también es fundamental no olvidar que en el corazón de este país viven inmigrantes cristianos subsaharianos que necesitan consuelo y apoyo espiritual.

Tamanrasset se ha convertido en una de esas «encrucijadas»2 que ha creado nuestro mundo actual donde las poblaciones se cruzan … un lugar con sus bellezas, pero también con sus grandes injusticias, nuestra presencia es necesariamente muy discreta. Concretamente, significa acoger a todos en el patio parroquial, escuchar, rezar con ellos, visitar a los enfermos en el hospital o en la cárcel, facilitar el acceso a los cuidados …

Esta presencia solidaria muy discreta se vive también con la propia población de Tamanrasset, especialmente con los estratos sociales más precarios: mujeres y niños, especialmente los muy numerosos discapacitados; visitas domiciliarias, trámites administrativos y médicos, escuchar a las mujeres, compartir momentos de celebración y duelo …

Nuestra convocatoria también va dirigida a las monjas,               ya que hay numerosos discapacitados; visitas domiciliarias, trámites administrativos y médicos, escuchar a las mujeres, compartir momentos de celebración y duelo …

Nuestra llamada también se dirige a los religiosos o laicos que pueden inspirarse en otras espiritualidades, pero que sienten una llamada a vivir esta presencia discreta, contemplativa y unida, en la realidad de Tamanrasset.

Se trata de vislumbrar una forma de vida fraterna con un estilo de vida flexible y abierto que respete los diferentes ritmos, sensibilidades humanas, psicológicas y espirituales. Concretamente, cada uno viviría en un pequeño estudio completamente independiente, conectado a un espacio comunitario, un lugar de recepción, compartir comidas y reuniones.

La posibilidad de estancias periódicas en Assekrem es una gran ayuda y una fuente de equilibrio.

Condiciones requeridas para que todos los candidatos compartan una vida en el Hoggar, con el PFJ o el PSSC:

Desea primero tener una experiencia espiritual real, con todo lo que eso implica movimiento hacia adentro y hacia afuera.

Tener el deseo de conocer y amar a los que nos rodean (de fe musulmana), sin ningún deseo de hacer proselitismo.

Capacidad para vivir de forma autónoma y asumir la soledad, combinando el gusto y el deseo de una vida fraterna flexible pero real. En Tamanrasset, la relación fraterna entre las hermanas, los laicos, los hermanos y el sacerdote residente es fundamental.

Capacidad de consulta, diálogo y reflexión común: en efecto, es importante darse cuenta de que somos acogidos juntos por la población de Hoggar, pero también por la Iglesia que está en Argelia y, por supuesto, por el gobierno argelino.

Se invita a cualquier persona que pueda mostrar interés en este proyecto a hacer contacto y una primera visita al sitio para comprender esta realidad particular, antes de hacer un compromiso más duradero, sabiendo que se necesita paciencia y perseverancia para obtener una visa.

PARA LOS HOMBRES   Petits Frères de Jésus   Paul-François Garrigou-Lagrange Fraternité 16 rue des Orgues F – 13004 Marseille E-mail : paulfgl@yahoo.fr  
PARA LAS MUJERES  Petites sœurs du Sacré-Cœur   Bénédicte RIVOIRE 2 Quai de Seine. F – 93. 450 L’Ile St Denis E-mail: benrivoire@gmail.com Tel. (33) 06 18 76 15 08 / (33) 01 4809 08 11

1  Tenemos que recibir como mensaje lo que vivió durante sus últimos años. Solo en medio de los musulmanes, supo mantener su fe y su identidad, mientras vivía cerca de ellos. Además, al escuchar a los demás y buscar comprenderlos, se dejó transformar por las relaciones amistosas y supo evolucionar en sus ideas, proyectos y utopías. Fue el confidente de unos, el consejero de otros, el amigo de unos pocos. Se ha convertido así en un referente e incluso un modelo de convivencia y diálogo, para quienes, a un siglo de distancia y en todo el mundo, tienen que vivir situaciones similares. Aprendió a amar a cada uno de manera desinteresada, con respeto a la diferencia, manteniendo la preocupación prioritaria por el interés general y el bien común, convirtiéndose en un artífice de la unidad entre hombres y mujeres que se oponen a todo. «(Antoine Chatelard)

2  “Probablemente“ la misión ”hoy no sea tanto ir lejos o lo más lejos, sino vivir en estas encrucijadas, que existen en todos los continentes y donde las poblaciones se cruzan…., Donde los inmigrantes se amontonan sin planes para el futuro. … ”Philippe Lécrivain, sj.

Carlos de Foucauld en Tamanrasset

Bellísima historia en francés con unos dibujos muy buenos

Auteur :Carrouges, Michel | Ouvrage :Charles de Foucauld .Temps de lecture : 13 minutes

Sur le chemin du Hoggar

Loin de Béni Abbès, à des milliers de kilomètres, au cœur du Sahara, se dresse un immense pays de montagnes noires : c’est le Hoggar, le Massif central de la patrie des Touaregs. On l’appelle le pays des guerriers voilés, car, dans cet étrange pays musulman, ce sont les hommes et non les femmes qui portent le voile.

Depuis des millénaires, les Touaregs sont les maîtres du Hoggar d’où ils sortent pour attaquer et piller impunément les caravanes qui traversent le désert.

Or, pendant que Frère Charles était à Béni Abbés, il s’est produit un fait extraordinaire : pour la première fois les Touaregs renoncent aux combats et laissent l’armée française pénétrer librement dans le Hoggar.

Laperrine, le commandant du Territoire des Oasis dont le Hoggar va désormais dépendre, est un grand ami de Frère Charles et il lui écrit pour lui proposer d’y venir.

Le père de Foucauld explore le sud algérien

Frère Charles accepte d’y faire un voyage, il commence à apprendre le tamacheq qui est la langue des Touaregs et, en dix mois, il va faire cinq mille kilomètres sur les pistes qui conduisent au Hoggar. Pour un peu on croirait Frère Charles redevenu explorateur comme au temps du Maroc et c’est vrai qu’il explore, mais il est toujours Frère Charles, donc avant tout un homme de prière et de fraternité qui cherche partout à nouer des liens d’amitié avec les Touaregs qu’il rencontre au passage. La tâche est difficile, car les Touaregs n’acceptent la venue des Français qu’à contrecœur, ils restent farouches et méfiants.

Pourtant le commandant Laperrine propose à Frère Charles de quitter Béni Abbés pour Tamanrasset, le grand carrefour des caravanes du Hoggar. Moussa Ag Amastane, l’aménokal, c’est-à-dire le chef des Touaregs du Hoggar, donnera lui aussi son accord à ce projet.

Frère Charles hésite. Il s’est tellement attaché à Béni Abbès qu’il n’a pas envie de le quitter. Et puis il pense toujours à son projet de retourner au Maroc. S’il part à Tamanrasset, il est probable qu’il n’aura plus jamais l’occasion d’y retourner. Mais Frère Charles renonce à tous ses projets et à toutes ses préférences personnelles. Il n’y a pas de peuple plus isolé et plus perdu dans le Sahara que les Touaregs du Hoggar ; pour Frère Charles, c’est la dernière place, c’est donc là qu’il faut aller.

L'ermitage de Tamanrasset dans le désert du Hoggar

L’ermitage de Tamanrasset

A quarante-six ans, le 13 août 1905, Frère Charles s’installe à Tamanrasset. 

Autour de lui, dans toutes les directions s’étend un gigantesque plateau. Il n’y a pas un seul arbre digne de ce nom, mais de loin en loin quelque maigre buisson, quelques arbustes aux feuilles rares et minces qui donnent à peine d’ombre. Le sol est jonché de pierres. Dans le lit de l’oued il y a du sable et presque jamais d’eau. A l’horizon se dressent de longues arêtes de montagnes. C’est vraiment le désert dans sa plus sauvage grandeur.

En hiver, les journées sont douces et les nuits glaciales ; en été, les nuits sont très froides et les journées torrides. Il pleut très rarement, mais quand le vent s’élève il souffle avec une violence de tempête.

A quelques centaines de mètres de Frère Charles, on voit quelques huttes de roseaux et d’infimes lopins de terre : c’est le hameau de Tamanrasset habité par des Noirs réduits au servage par les Touaregs.

Frère Charles vit d’abord dans une hutte pareille aux autres, mais il est obligé de s’installer un peu moins mal et il habite maintenant un nouveau gourbi en terre battue couvert de roseaux et de boue séchée.

Il a pour unique compagnon Paul Embarek, un jeune esclave noir qu’il a racheté et affranchi. Au bout de quelque temps d’ailleurs, Paul sera las de vivre à l’ermitage et s’en ira ; il reviendra plus tard mais Frère Charles ne peut pas compter solidement sur lui.

De toutes façons, Frère Charles est le seul Français de cet immense pays. Il est à sept cents kilomètres du poste militaire le plus proche.

Quelle différence avec Béni Abbès ! Pas d’oasis. Pas de garnison. Rien qu’un minuscule hameau de Noirs qui semblent assez indifférents. Quant aux Touaregs, ce sont d’éternels nomades qui ne font que passer et qui commencent par se montrer froids et indifférents à l’égard de cet étrange ermite.

Bien sûr Frère Charles compte obtenir leur amitié et il y parviendra, mais rien de plus. Le plus perdu des missionnaires en Extrême-Orient ou en Asie pouvait alors glaner des conversions et fonder de nouvelles chrétientés, mais Frère Charles sait d’avance qu’il n’en fondera pas et qu’il ne convertira aucun de ces musulmans.

Plongé dans une telle solitude et un tel manque d’espoir, qui ne succomberait à l’ennui et au découragement ?

Mais Frère Charles est prêt à affronter cette immense épreuve. Dans l’immensité du Hoggar et des milliers de kilomètres à la ronde, il est cet homme unique qui apporte la présence du Christ. Par la messe et l’adoration du Saint Sacrement, il apporte la présence du Christ dans l’Eucharistie. Par sa volonté incessante d’amitié et de fraternité, il apporte la présence du Christ dans la charité et dans la lumière du Jugement.

Il ne lui suffit pas de décider une fois pour toutes de cette règle de vie, il faut jour après jour l’appliquer. Au fur et à mesure que les Touaregs passent et repassent tout au long de l’année à proximité de son ermitage, il faut que Frère Charles les voie et les revoie, qu’il parle avec eux de la pluie et du beau temps, de leurs troupeaux, de leurs familles, de tout ce qui les préoccupe.

Foucauld porte la présence du Christ au coeur de l'algérie

Au début on ne se dit que des banalités, mais à force de se rencontrer, on s’habitue les uns aux autres.

Pendant les premiers temps, on venait par curiosité. Frère Charles passait pour une « bête curieuse », exactement comme il arriverait à un Touareg s’il lui prenait fantaisie de planter sa tente à côté de chez vous. Les mendiants de Béni Abbès étaient venus tout de suite quêter des secours, mais les Touaregs sont de fiers guerriers, ils se contentaient d’abord d’observer Frère Charles en passant.

Peu à peu avec le temps et la patience ils ont cessé de le trouver bizarre. Frère Charles fait maintenant partie du pays, ils le revoient avec plaisir et ils se mettent à parler familièrement avec lui comme avec une vieille connaissance.

D’ailleurs, si vous allez à l’étranger, vous voyez bien que la première difficulté est de savoir la langue du pays. Pour Frère Charles c’est la même chose.

Saint Charles de Foucauld échange avec les fiers Touaregs

Les Touaregs que rencontre Frère Charles ne savent pas un mot de français et celui-ci commence seulement à apprendre leur langue. Il est difficile dans ces conditions d’avoir des conversations longues et intimes. Aussi Frère Charles fait un immense effort pour apprendre la langue des Touaregs. Il ne se contentera jamais de la savoir en partie, il veut la connaître à fond, il veut la parler aussi bien que s’il était un Touareg de naissance.

Il s’entoure d’interprètes, il accumule les notes par écrit, il ira même jusqu’à composer une grammaire touarègue, un recueil de poésies touarègues et un énorme dictionnaire français-touareg. C’est un magnifique travail de savant, mais la seule raison qui l’inspire est cette volonté chrétienne de fraternité qui l’a conduit dans les montagnes du Hoggar.

C’est pour la même raison qu’il ne quitte pas le Hoggar pendant l’hiver 1907 – 1908, malgré la famine qui règne. Dans ce pays, la vie est toujours dure, mais elle devient épouvantable quand la pluie fait totalement défaut. Alors les rares et maigres pâturages sont tout à fait secs, les petits troupeaux de chèvres et de chameaux meurent de faim, il n’y a plus de lait, plus rien que de misérables rations de ravitaillement qu’on va chercher très loin et qu’on paie très cher.

Pour quitter le Hoggar, Frère Charles n’aurait qu’un mot à dire et des officiers français viendraient le chercher pour le mettre à l’abri loin de là. Mais il n’y pense pas une minute, puisque les Touaregs souffrent la famine ; il la souffrira comme eux, puisqu’il est leur frère, et il partage un jour avec des enfants ses dernières provisions.

A ce moment, Moussa, l’aménokal, est de passage, il vient rendre visite à l’ermite et le trouve évanoui, victime de la faim et de l’épuisement. Moussa aussitôt prévient le commandant Laperrine qui envoie des vivres de secours, et Frère Charles, peu à peu, se remet.

Moussa, en tout cas, n’oubliera pas ce qui s’est passé.

Le père de Foucauld aide les enfants pauvres

Un jour, pendant un voyage en France, il dicte une lettre pour Frère Charles. Il lui raconte tout ce qu’il a vu et admiré en France, notamment les belles propriétés qui appartiennent à la famille de Foucauld ; il ajoute alors pour Frère Charles ces simples mots : « Et toi, tu vis à Tamanrasset comme le pauvre. »

Que de gens ignorent ce que peut être la vie d’un pauvre et plus encore la vie d’un pauvre dans le désert ! Moussa le savait, et quand il écrivait ces mots, il voyait quel abîme séparait les richesses que Frère Charles avait quittées et la pauvreté qu’il avait voulu vivre jusqu’au partage de la famine pour être le frère des Touaregs.

Une fois encore on put voir que Dieu est le maître de l’impossible, quand un homme renonce à tout pour faire la volonté de Dieu. En venant au Hoggar, Frère Charles n’avait pas d’autre ambition que de vivre aussi obscur que les « petites gens » qui se trouvent à la dernière place. Mais il le faisait avec un tel dévouement et un tel amour que sa présence prit un rayonnement extraordinaire.

Charles de Foucauld était le conseiller des Touregs et des Français

Français ou Touaregs, chrétiens ou musulmans, tous s’arrêtaient à Tamanrasset pour le voir. Il était devenu l’ami intime des uns et des autres, il savait tout ce qui se passait au Hoggar et aux environs et tout le monde venait lui demander conseil.

Les Français lui demandaient comment faire pour améliorer l’administration du pays et les Touaregs lui demandaient de plaider leur cause auprès des Français, chaque fois que des abus étaient commis.

Frère Charles n’avait aucun poste officiel, il n’était ni curé ni aumônier, il ne possédait aucun pouvoir politique, mais il était l’homme de Dieu, le frère de tous. C’est comme tel qu’il influençait toute la politique du désert, parce qu’il avait à la fois la confiance de Moussa et celle de Laperrine ; il était leur conseiller commun au vu et au su de tout le monde.

A tous, il demandait d’être justes et loyaux.

Lui qui avait renoncé à tout confort et à toutes les richesses de la France, demandait que les Français apportent au Hoggar tous les avantages de la science, de l’instruction et du progrès.

Frère Charles ne reculait même pas devant la brûlante question que Moussa lui posa un jour : « Les Touaregs seront-ils toujours les sujets des Français ? » Et Frère Charles répondit : « Non, il faut que les Touaregs soient nos égaux. »

A Tamanrasset, on voyait de temps à autre Frère, Charles et des officiers français s’asseoir par terre et partager le repas des Touaregs. Frère Charles voulait que la même chose se fasse en France et grande fut sa joie quand Moussa et d’autres Touaregs furent invités à déjeuner chez des familles françaises, notamment chez les Foucauld, chez le duc de Fitz-James, chez le commandant Laperrine et chez le général Gouraud.

La guerre éclate

Hélas, une hirondelle ne fait pas le printemps, et au lieu de voir grandir autour de lui le printemps de la fraternité universelle qu’il désirait, Frère Charles ne voit venir que la pire saison humaine : la guerre.

C’est la guerre de 1914.

Le pere de Foucauld et les troubles du sud Algérien

Calme d’abord, le Sahara est de plus en plus menacé par les bandes guerrières qui viennent du sud de la Tripolitaine et du sud du Maroc. Le trouble envahit le cœur des Touaregs. Ils sont pris entre leur désir de profiter de l’occasion pour reconquérir leur indépendance, et leur ressentiment contre les pillards qui viennent les attaquer. Moussa lui-même paraît chercher à gagner du temps avant de se décider nettement.

Frère Charles continue à vivre exactement de même à Tamanrasset. Il prie, médite, poursuit ses études de tamacheq et reçoit toujours autant de visites des gens du pays. Mais ses conseils aux officiers français se multiplient en même temps qu’il travaille à maintenir les mêmes liens de fraternité avec Moussa.

Quand les officiers lui disent qu’il y a péril à demeurer seul à Tamanrasset et lui proposent de se réfugier dans un fortin éloigné sous la protection d’une garnison française, il refuse obstinément. Il a juré de vivre et mourir au milieu des Touaregs.

Mais comme le péril peut menacer aussi les habitants du petit village de Tamanrasset, il accepte de construire un fortin qui leur servira d’abri en cas de besoin. On y dépose quelques fusils avec des munitions et des provisions pour pouvoir soutenir un siège, quelques jours, en cas de nécessité absolue.

C’est Frère Charles qui en sera le gardien bénévole.

Le cœur lourd, il quitte son ermitage et déménage dans le fortin.

Charles de Foucauld prisonnier des pillards

Soudain un soir, Frère Charles entend une voix l’appeler au-dehors. C’est le courrier, lui crie-t-on. Il va ouvrir et aussitôt des bras vigoureux l’empoignent et le jettent à genoux, garrotté, sur le seuil du fortin. Ce sont des Tripolitains et des Touaregs d’une tribu ennemie de celle de Moussa qui sont venus faire une incursion en plein Hoggar pour s’emparer de Frère Charles et l’éloigner à tout jamais de Moussa.

Pendant que Frère Charles rassemble ses dernières forces pour prier et adorer la volonté du Seigneur quelle qu’elle soit, les assaillants pillent le fortin. Tout à coup des cris s’élèvent, on voit venir deux méharistes, les vrais porteurs de courrier qui arrivent sans se douter de rien. Les pillards se précipitent pour les assassiner, et pendant ce temps-là l’un d’eux, resté près de Frère Charles, craignant sans doute qu’on lui enlève son prisonnier, l’abat d’un coup de fusil.

Frère Charles est mort et la balle est restée enfoncée dans la muraille du fortin. C’est le 1er décembre 1916.

Frère Charles a donné définitivement sa vie au Hoggar.

Tout était perdu ? Non, rien n’était perdu.

D’abord parce que le commandement de la charité est inconditionnel et que rien de ce qui est fait pour Dieu, selon la volonté de Dieu, ne peut être perdu.

Ensuite, parce que quinze ans plus tard, l’exemple de Frère Charles inspirait les premiers disciples qui voulurent vivre comme lui en Afrique du Nord et jusqu’au Sahara.

Pendant toute son existence, le Père de Foucauld avait en vain cherché des compagnons pour partager sa vie. Sa mort a été pareille à celle du grain de blé qui meurt dans la terre et qui produit cent nouveaux grains.

L’histoire de Frère Charles ne fait que commencer.

Charles de Foucauld et l'évangélisation des musulmans

Argelia: Tras los pasos de Carlos de Foucauld

julio 1, 2020ACN-MéxicoNoticias

ACN.- El 27 de mayo, el Papa Francisco reconoció la atribución de un segundo milagro al beato Carlos de Foucauld (1858-1916), preparando así el camino para su canonización. Asesinado en Tamanrasset, en el corazón del Sahara, al sur de Argelia, este famoso ermitaño francés, antiguo oficial del Ejército, se convirtió radicalmente a los 28 años a una vida contemplativa consagrada a la voluntad del Padre y centrada en la sagrada eucaristía.

Monje trapense a los 32 años, dejó la vida cisterciense siete años más tarde para establecerse durante tres años en Nazaret como factótum de las Clarisas. Allí, dividió su tiempo entre el trabajo manual, la adoración y la meditación sobre la Escritura y, en especial, sobre la vida oculta de Jesús en Nazaret, al que decidió imitar en silencio y discretamente. Entonces, sintió el impulso de ser sacerdote para llegar a los pueblos más lejanos. Ordenado sacerdote el 9 de junio de 1901, se estableció en el sur de Argelia, en Béni-Abbès, pero allí no erigió un eremitorio sino una khaoua -una fraternidad,  un lugar abierto a todos: cristianos, musulmanes y judíos. A disposición de los pobres, comprando la libertad de esclavos y ofreciendo hospitalidad a todos los que pasaban por allí, repartió su tiempo entre muchas horas de oración (especialmente por la noche), actividades manuales y agrícolas y las visitas que recibía. En 1905, Carlos de Foucauld se asentó finalmente en Tamanrasset, en el macizo montañoso de Hoggar, para unirse a los hombres y mujeres tuaregs, a quienes el desierto había aislado del mundo: quería ser hermano de todos, desinteresadamente, sin predicar, con respeto, sin hacer distinciones por religión u origen,  llevando una vida sencilla y despojada de todo.

“Dado que llevo más de veinte años viviendo en Tamanrasset, el anuncio de la canonización de Carlos de Foucauld me produce una alegría interior, renueva mi fe y vivifica mi presencia en este país musulmán”, confía a la fundación pontificia ACN la Hna. Martine Devriendt, perteneciente a la congregación de las Hermanitas del Sagrado Corazón de Carlos de Foucauld, cuya espiritualidad se inspira en el futuro santo. “El anuncio de esta canonización confirma en la Iglesia, de manera oficial, el carisma de este hombre, tanto más en cuanto que este carisma me parece de gran actualidad dondequiera que vivamos: la oración, la vida sobria, la amistad y la cercanía a las personas en situación precaria”.

En Tamanrasset, un pequeño pueblo de principios del siglo XX que se ha convertido en una ciudad cosmopolita de 150.000 habitantes, esta vocación se sigue caracterizando, como ya hizo Carlos de Foucauld en su época, por la presencia fraternal, discreta, contemplativa y de servicio en medio de los musulmanes del país, sin atisbo de proselitismo de las hermanas; siguiendo la estela de Carlos de Foucauld, que escribió en su libro Carnets de Tamanrasset: “Mi apostolado debe ser el apostolado de la bondad. Al verme, ha de decirse: ‘Puesto que este hombre es bueno, su religión ha de ser buena’. Si se pregunta por qué soy dulce y bueno, tengo que responder: Porque soy servidor de uno mucho más bueno que yo. ¡Si supierais lo bueno que es mi maestro JESÚS!”.

La congregación de las Hermanitas del Sagrado Corazón – de Carlos de Foucauld es una de las doce congregaciones religiosas de todo el mundo que, al igual que varios grupos de laicos, se alimentan de la espiritualidad del futuro santo. Contemplativas en el corazón del mundo, las Hermanitas surgieron en 1933 y llegaron a Tamanrasset en 1952, donde se asentaron cerca del eremitorio del beato, que pasó allí los últimos once años de su vida.

Como explica la Hna. Martine a ACN, la presencia cristiana femenina en Tamanrasset es importante porque las mujeres pueden entrar en las familias y tener así acceso a todos los estratos de la población musulmana y, en particular, a los más pobres y frágiles: las mujeres, los niños y, sobre todo, los discapacitados, que son muy numerosos. Esto se logra escuchando a las mujeres,  visitando sus hogares, los hospitales y las prisiones,  también ayudando a realizar trámites administrativos o médicos y compartiendo momentos de luto o celebración.

Por otra parte, la ciudad de Tamanrasset, ubicada en el extremo sur de la diócesis de Laghouat-Ghardaïa, se ha convertido en una encrucijada para toda Argelia y África.  Los habitantes autóctonos son haratines y tuaregs que se codean con argelinos procedentes de todas las partes del país: árabes, cabilios, mozabitos… Los años del terrorismo (1992-2000) empujaron a muchas personas del norte a buscar más tranquilidad en esta región, que también cuenta con muchos inmigrantes subsaharianos. Hay nigerianos y malienses que acuden allí a trabajar, mientras que los “otros subsaharianos” esperan a ir a Europa. Muchos de ellos son cristianos,  para ellos las religiosas son una fuente de consuelo y apoyo espiritual. “Somos una misión compartida con los tres Hermanitos de Jesús de Tamanrasset y pronto tendremos a un nuevo sacerdote que está a la espera de obtener su visado. Hace quince meses que no hay un sacerdote en la parroquia”, explica a ACN la religiosa.

Desde hace cinco años, la Hna. Martine es la única de su comunidad que vive allí porque las hermanas de más edad han tenido que regresar a Francia. Para la congregación es una prioridad restablecer una verdadera presencia y fraternidad cristiana y femenina en Tamanrasset. “Como muchas otras congregaciones, especialmente en las zonas fronterizas, ya no podemos mantener esta comunidad debido a la falta de relevo generacional. Ya no podemos pensar en comunidades de religiosas de la misma congregación o de la misma espiritualidad. Ahora, de lo que se trata es de crear fraternidad en la diversidad de los carismas de las congregaciones y de las mujeres laicas que quieren comprometerse por un tiempo más o menos largo”, escribieron las religiosas en septiembre de 2019.

Entonces, lanzaron un llamamiento para obtener fondos para reconstruir el lugar y ofrecer así una acogida más adecuada – con autonomía y seguridad – a las mujeres que se sienten llamadas a vivir la realidad de Tamanrasset. La fundación ACN, ha decidido cofinanciar este proyecto. “La respuesta  llegó con el anuncio de la canonización de Carlos de Foucauld, lo cual es providencial y hace que nuestro proyecto sea aún más actual”, ha escrito a la fundación la Hna. Isabel Lara Jaén, priora general de las Hermanitas del Sagrado Corazón. El edificio original, hecho de toub (barro), ya no servía, porque era poco práctico, difícil de mantener, complicado de renovar, sin comodidades, las habitaciones eran pequeñas, faltaba ventilación y luz, los baños eran exteriores… por lo que fue demolido:). La construcción ofrecerá la independencia necesaria a mujeres procedentes de horizontes muy diferentes, con una autonomía ciertamente grande pero también con un proyecto de misión común: una vida de oración y solidaridad entre musulmanes y cercana a los inmigrantes cristianos subsaharianos.

La obra básica ya está terminada y las obras de puesta a punto deberían estar listas a principios de otoño. Paralelamente a su búsqueda de fondos en septiembre de 2019, las Hermanas publicaron un llamamiento en el periódico católico francés La Croix para invitar a laicas y religiosas deseosas de vivir al menos durante un año en fraternidad. “Algunas querían venir a vernos pero la pandemia del Covid-19 ha impedido cualquier viaje en los últimos meses. ¡Pero el llamamiento sigue en pie!”, asegura Martine que, pese a todo, no pierde el ánimo.

Proyecto mencionado en el artículo:

ARGELIA / LAGHOUAT 19/00011 – ID 1907347 – Construcción de 4 estudios y una sala comunitaria para las Hermanitas del Sagrado Corazón – de Carlos de Foucauld en Tamanrasset (cofinanciación)

Carlos de Foucauld, la fraternidad vive entre los tuareg

Desde Roma, Giovanni Ruggiero
(«Avvenire», 13/11 / ’05)

  

«No fue al desierto para estar más cerca de Dios,
sino para estar más cerca de la gente que el desierto mantiene alejada del mundo».
Habla el hermano Antoine Chatelad, durante medio siglo en los lugares del «marabout».

Quien va a Tamanrasset piensa que en el desierto solo hay piedras y estrellas. En cambio, hay hombres. Los tuareg todavía llegan tan lejos. Charles de Foucauld los buscaba, esos hombres a quienes el desierto mantiene alejados del mundo.
Hace cien años se mudó aquí y, en primer lugar, presentó al mundo a este pueblo orgulloso y luego misterioso. Cien años después, mientras se proclama bendecido el morabito de Roma, la ermita sigue allí. En el duro suelo pedregoso de Assekrem y bajo las mismas estrellas todavía hay tuareg que toman y dan, como hicieron con el hermano Charles. «Después de compartir todos sus recursos con otros, durante una hambruna – leemos en una breve biografía – enfermó gravemente. Quedó reducido a la impotencia y luego vivió, en total abandono de Dios, en manos de sus amigos y vecinos, por cuya salvación ofreció su vida. Fue la solicitud de los pobres tuareg, cuidando su morabito, lo que le salvó la vida ».
El mensaje del hermano Charles está todo aquí. El hermano Antoine Chatelad es otro morabito. Decimos sacerdote. Los tuareg, en cambio, dicen marabut : el que los pone en contacto con Dios.
El morabito Hermano Antoine no quería ser párroco, sino vivir entre otros y, al mismo tiempo, quería vivir intensamente la vida religiosa. Tamanrasset le pareció la solución cuando, al salir del seminario de Lyon, decidió seguir el mismo camino que los Hermanitos de Foucauld. Ahora es párroco en Tamanrasset, en el corazón del Hoggar argelino, y durante años ha vivido en la misma ermita que el hermano Charles en el terreno pedregoso de Assekrem. Hoy está en Roma. Nos dirá: «Cuanto más veo ciudades y capitales, más siento la necesidad de volver al desierto».
En Assekrem sucedió porque el noviciado de los Hermanitos tuvo lugar en el norte del desierto argelino: «Fui a Tamanrasset – dice – y comencé a vivir entre la gente. Aprendí su idioma y viví entre ellos, como ellos. Los superiores me dijeron que sería un alojamiento temporal, pero cuando conocí a estas personas no quise ir a otros lugares ». En Tamanrasset se quedó: «Vi a los tuareg, los árabes y las otras tribus del desierto, y comencé a vivir con ellos».
En 1905, el hermano Carlos dio vida a su manera de evangelizar «no a través de la palabra – dice siempre su biografía – sino con la presencia del Santísimo Sacramento, la ofrenda del santo sacrificio, la oración, la penitencia, las prácticas de las virtudes evangélicas». , la caridad,caridad fraterna universal «.
La clave para entender al hermano Carlos y a los sacerdotes como el morabito Antoine es esta: la caridad fraterna universal. «Yo no fui a buscar el desierto – dice el hermano Antoine -, sino la gente que vive en el desierto, y cuando comencé a interesarme por Charles de Foucauld comprendí que él buscaba las mismas cosas. No se fue al desierto para estar más cerca de Dios, sino para estar más cerca de la gente que el desierto aleja del mundo ».
¿Quiénes son estos hombres? ¿Que quieren ellos? ¿Qué le piden al morabito? «Los tuareg – testifica el cura del desierto – no piden nada: tienen sus referentes y su Olimpo. Buscan relaciones humanas, buscan amistad, buscan escuchar y compartir ».
¿Es todo esto extraño? «Absolutamente no. El propio hermano Carlos decía que no era misionero, sino monje, aunque luego se comportó como misionero porque daba limosna, se ocupaba de los enfermos. Al principio era él quien traía algo, luego hubo un momento en su vida, cuando se enfermó, cuando los demás lo cuidaron. Al principio, quería estudiar el idioma tuareg para llevar el evangelio a este pueblo. Luego simplemente los escuchó. Recogió sus poemas, sus leyendas. Nunca se había escuchado a los tuareg hasta entonces. Dio a conocer su cultura ».
Es inusual que cuando el hermano Antoine se mudó al desierto hace muchos años, se interesó poco por el fundador. Pero vivía en su casa de piedra en Assekrem, aprendió el idioma tuareg de los libros del hermano Charles y, además: «Hace cincuenta años, cuando llegué a Tamanrasset todavía había mucha gente que lo conocía a él y a mí. hablaron de él. Me apasiona ».
Dos mensajes provienen de Tamanrasset. Uno es traído por el viento del desierto y está escrito en las piedras: el descubrimiento de la vida sencilla, de la hospitalidad, de las relaciones humanas. El otro lo lleva Charles de Foucauld. Está escrito en su vida, la de un hombre que compartió la existencia de los excluidos. Para los Hermanitos, todo esto se llama hermandad universal.

Carlos de Foucauld un guía en nuestros desiertos

Carlos Eugenio de Foucauld (1858-1916), oficial, explorador y religioso. En Tamanrasset, ante su primera capilla. Tamanrasset, ALGERIA – v.1905.


¿Qué podemos retener hoy de la vida de Charles de Foucauld y su “apostolado de la bondad”? François Vayne, periodista y escritor, da testimonio de su relación personal con este ex soldado que se convirtió en explorador, luego ermitaño y artesano del diálogo islámico-cristiano.
François Vayne, periodista y escritor

Publicado el 30/05/2020 en La Vie.


Un poco antes de la fiesta de Pentecostés, nos enteramos de la próxima canonización del Beato Carlos de Foucauld, «confesor de la fe», tras el reconocimiento de un milagro obtenido por su intercesión. Al mismo tiempo que este anuncio, la Sala de Prensa de la Santa Sede dio a conocer que Pauline Jaricot podría ser beatificada. Estas dos grandes figuras católicas francesas, el oficial libertino que se convirtió en ermitaño silencioso en el Sahara y el fundador laico de la Obra Pontificia para la Propagación de la Fe, parecen a primera vista oponerse en su concepción de la misión. En realidad, se unen por su común deseo de llevar el Evangelio a partir de la espiritualidad del Corazón de Jesús, lejos de ciertos modelos clericales en boga en el siglo XIX. Los “Reparadores del Corazón incomprendido y despreciado de Jesús”, fundado por Pauline Jaricot, como la “Unión de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús”, que Charles de Foucauld hubiera querido ver desarrollarse durante su vida, anunciaron la convocatoria santidad universal lanzada por el Concilio Vaticano II, este «nuevo Pentecostés» que devolvió a los fieles laicos su dignidad de bautizados responsables del testimonio del Evangelio en la vida cotidiana. Si en Pentecostés Jesús desaparece de nuestros ojos, ¿no es para que seamos su corazón y su rostro, su presencia en la sociedad, como pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo?

Esto es lo que el símbolo del Corazón y la Cruz de Jesús, lucido por el padre de Foucauld en su hábito religioso, quiso significar con anticipación. El beato y futuro santo da así su verdadero significado a este símbolo bordado a veces en banderas francesas para apoyar causas políticas nacionales. En lugar de ondear el Sagrado Corazón en estandartes, ¿no es más importante vestirse con él interna y espiritualmente? Esto es lo que aprendí durante mi juventud argelina, en la escuela del «hermano universal», pocos años después de los conciertos de trompeta para la Argelia francesa.

Su canonización consagrará este modelo evangélico que bien podría transformar el perfil de la Iglesia católica en los próximos años, como en la época de San Francisco.
Nacido de un padre desconocido al final de la guerra de Argelia, estoy muy vinculado espiritualmente a Charles de Foucauld: él es mi guía y mi protector. Cuando todavía era un niño en Argel, mi madre me regaló una foto de él, en la parte posterior de la cual mi padre invisible, que se fue a Francia, había escrito estas palabras: «Él te protegerá y te amará por mí». Es aún más importante en mi vida que, habiendo crecido en la pequeña comunidad cristiana de Argel, después de la independencia, he escuchado a menudo el ejemplo del «hermano Charles» mencionado en relación con nuestras relaciones con nuestros amigos musulmanes. Para nosotros, él ya es santo desde hace mucho tiempo. Malentendidos de índole política, en relación con la colonización, parecían haber pospuesto sine die su canonización. La Santa Sede probablemente no quiso causar malentendidos con el gobierno argelino. El testimonio de los 19 benditos mártires de Argelia, que derramaron su sangre junto a muchos musulmanes víctimas de la violencia durante la década negra de la guerra civil, sin duda habrá arrojado luz sobre el mensaje fraterno de Charles de Foucauld que reivindicaron. todos cerca y lejos, mis amigos de Tibhirine en particular. Christian de Chergé firmó su célebre testamento el 1 de diciembre, aniversario de la muerte violenta de Charles de Foucauld.

Menos de diez años después de la serie de asesinatos de religiosos en Argelia, el hermano Carlos fue beatificado en Roma el 13 de noviembre de 2005. Esta celebración en la que tuve el placer de participar destacó un estilo profético de vida cristiana. desnudo, radiante, que hace de la religión un amor. Su canonización consagrará este modelo evangélico que bien podría transformar el perfil de la Iglesia católica en los próximos años, como en la época de San Francisco. El apostolado de la bondad, el abandono espiritual y la presencia discreta entre los pequeños, son los tres secretos, creo, de esta renovación eclesial «foucauldiana» que se ofrece, como oportunidad actual, a la institución clerical romana.
Al contemplar, en mi adolescencia, los seis exvotos que dejó Charles de Foucauld en el santuario de Nuestra Señora de África, que domina la bahía de Argel, admiré las etapas de su vida misionera. «Mi apostolado debe ser el de la bondad», dijo el ex oficial de caballería entrenado en Saumur, que luchó con sables la rebelión de Sheikh Bouamana contra la presencia colonial, en el sur de Orán, con el futuro general Lapperine. El arma de Dios es, por tanto, su bondad, comprendió a partir de la lectura del Evangelio, habiendo dejado el ejército para convertirse en explorador de Marruecos, luego en trapense y finalmente en ermitaño en medio de los tuareg, artesano del diálogo islámico. -Cristiano. Tres años en Nazaret le habían familiarizado con la ternura de Jesús y quería «gritar el Evangelio de vida», tejiendo con cada uno relaciones de amistad, como lo hizo en particular en Tamanrasset con amenokal, Moussa. Ag Amastan, jefe de una confederación tuareg. Ya no pensaba en convertir, sino en amar. «Estoy seguro de que el buen Dios dará la bienvenida al cielo a los que fueron buenos y honestos sin ser católicos«, escribió sobre los musulmanes que lo rodearon, sin ningún motivo ulterior de proselitismo, precursor en este Concilio Vaticano II y su documento más famoso sobre libertad religiosa, Dignitatis Humanæ. «No se trataba de predicar, sino de ser a la manera de Cristo«, me explicó uno de sus discípulos, el padre René Voillaume, durante su última entrevista, que me concedió en abril de 1999 para el diario La Croix.

Estoy seguro de que el buen Dios dará la bienvenida al cielo a aquellos que fueron buenos y honestos sin ser católicos romanos. (Carlos de Foucauld)

Carlos de Foucauld puso su apostolado de bondad bajo el signo del Corazón de Jesús, recibiendo allí con amor filial su confianza en la paternidad divina, fuente inagotable de fraternidad universal. «Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos a que me consideren su hermano«, le escribió a su prima Marie de Bondy, practicando una espiritualidad de entrega a la voluntad del Padre Celestial, a imitación de Jesucristo. Esta espiritualidad se profundizó en su ermita de Assekrem, en el sur de Argelia, cuando fue salvado del hambre por los tuareg que le trajeron leche de oveja en 1908. Se ofreció como pobre a Dios en completa entrega de sí mismo. «Padre mío, me entrego a ti. Haz lo que quieras conmigo. Hagas lo que hagas conmigo, gracias. Estoy dispuesto a todo, acepto todo, siempre y cuando se haga tu voluntad en mí, en todas tus criaturas, no quiero nada más mi Dios pongo mi alma en tus manos, te la doy mi Dios .. . ”Con unos doce años, balbuceé por primera vez su Oración del Abandono aprendida de memoria, en medio de las dunas de arena. Fue en El-Goléa, con mi madre y algunos de sus amigos, frente a la tumba del hermano Carlos. Allí, un niño rubio perdido en la inmensidad sahariana, entendí que tenía un padre que me amaba desde toda la eternidad, recibí el corazón de un hijo en el Hijo para ser mi hermano para todos. En el desierto había escuchado al Señor decirme también: “Tú eres mi hijo; hoy te he engendrado ”(Sal 2, 17).

Después de haber trabajado en Roma durante siete años, me gusta ir a rezar con las Hermanitas de Jesús, en Tre Fontane, frente al altar eucarístico del Padre de Foucauld, reservado con amor por ellas. Esta reliquia evoca el tercer secreto del hermano Carlos, después del Evangelio y del Sagrado Corazón: el Santo Rostro de Jesús. Símbolo del Verbo Encarnado, lo adoró internamente en el sacramento de la Eucaristía, don que Jesús hizo de sí mismo y que nos revela el amor infinito de su Padre por cada ser humano. Conmovido profundamente por estas palabras de Cristo puestas en relación, «Todo lo que le haces a uno de estos pequeños, es a mí a quien lo haces» y «Este es mi cuerpo, esta es mi sangre«, dijo. Buscó y amó a Jesús en los pequeños, en el fondo de esta Amazonía del norte de África que era para él la región bereber del Sahel. Al no poder celebrar la Misa durante meses, porque la regla exigía que el sacerdote tuviera un monaguillo, creía intensamente en el resplandor de la presencia eucarística que santifica misteriosamente a los que viven cerca.

La única partícula de nobleza que le importa a un cristiano, ¿no es la de la santidad diaria? ()Carlos de Foucauld)
Carlos Eugène de Foucauld de Pontbriand se fue transfigurando gradualmente por la adoración, convirtiéndose en Carlos de Tamanrasset, otro Cristo, como Francisco de Asís, Bernadette de Lourdes, Ignace de Loyola o Thérèse de Lisieux … La partícula de la única nobleza que cuenta para cristiano, ¿no es el de la santidad diaria?

Murió a la edad de 58 años el 1 de diciembre de 1916, asesinado por rebeldes Senusitas de Libia, aliados con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, nos recuerda que la ofrenda de nuestra vida a Dios es la única forma de dar fruto, según la parábola del Evangelio, como el grano de trigo que cae en tierra. Además, puede ayudarnos a sentir la urgencia de un despojo de uno mismo, de una purificación del culto y de un retorno al Evangelio, para dar testimonio en silencio en el corazón de nuestros desiertos, en la sociedad secularizada. donde estamos inmersos. Su canonización será una promesa en este sentido para toda la Iglesia.

La Muerte de Charles De FOUCAULD

Borj de Tamanrasset en 1916

El asesinato del padre Charles de Foucauld en diciembre de 1916 sigue siendo el acontecimiento más conocido de la guerra que sacudió el Sahara en ese momento. Una guerra en la que el conflicto mundial que luego desgarraba al resto del mundo no era ajeno. Pero, a diferencia de lo que ocurría en Europa, se trataba de una guerra en la que el enemigo de las tropas coloniales francesas, los tuareg, era tan impredecible como esquivo.

Es a mediados del año 1915 cuando se anuncian los primeros disturbios que pondrán a sangre y fuego al desierto africano. Los camelleros franceses acaban de completar la conquista del Sahara y están lejos de haberlo explorado por completo. Además, su dominación es todavía muy frágil y es muy rápidamente maltratada por un movimiento de revuelta fomentado desde el desierto de Libia por los turcos (aliados de los alemanes) y un movimiento religioso musulmán poco inclinado a las concesiones: los Sénoussis. Sin embargo, las dos partes son adversarias porque los Sénoussis buscan librar a Libia del dominio de los turcos. Pero, para la ocasión, llegarán a un entendimiento entre musulmanes contra las empresas coloniales de italianos y franceses.

Fue el sur de Túnez el que recibió el primer impacto del conflicto durante el verano de 1915. En ese momento, las poblaciones saharianas de Libia expulsaron a los italianos de parte de Tripolitania y Fezzan. Los puestos franceses en el sur de Túnez se encuentran entonces en primera línea. Después de haber reunido parte de las tropas italianas derrotadas, sufrieron violentos ataques de los que no salieron sin dificultad.

Estos primeros pases de armas, si bien no fueron todos victoriosos para los atacantes, sin embargo envalentonaron a sus compañías y les valieron muchos mítines. Como la pólvora, el movimiento se extendió por todo el Sahara y, uno tras otro, con raras excepciones, las tribus tuareg discreparon.

En marzo de 1916, el puesto francés de Djanet, manzana de la discordia durante mucho tiempo entre los franceses, los turcos y los tuareg, cayó después de diecisiete días de asedio. No resistió el fuego de los cañones que los tuareg arrebataron a los italianos de Fezzan. Dos meses más tarde, el lugar fue tomado por un fuerte destacamento francés, pero no se pudo dejar allí una guarnición. El lugar, en el límite de las posesiones francesas del Sahara, es demasiado difícil de abastecer. Para ello, es necesario recorrer cientos de kilómetros de pistas, cada desvío de las cuales está expuesto a las emboscadas de los tuareg. Y ese es un tipo de ataque en el que sobresalen los nómadas. Con un puñado de luchadores decididos, experimentados en la ayuda, socavan los vínculos que los franceses intentan mantener entre sus puestos. Los convoyes de suministros son atacados y saqueados regularmente a pesar de la escolta que los acompaña. Por tanto, Fort-Polignac iba a ser abandonado el 23 de diciembre de 1916, por no poder abastecerlo de víveres y municiones. La guarnición, privada de alimentos frescos, estaba plagada de escorbuto al final de su resistencia .

El abandono de Djanet y Fort-Polignac marca una retirada significativa de las tropas francesas bajo la presión de los nómadas disidentes. Y los destacamentos de camellos son impotentes para contrarrestar la acción de los tuareg. A pesar de una determinación inquebrantable y un buen dominio de la guerra de guerrillas en el desierto, son muy pocos para controlar todo el Sahara. Luchan contra un enemigo habilidoso, que debe ser rastreado durante cientos de kilómetros en las regiones más áridas del desierto africano.

Los enfrentamientos se multiplicaron durante el año 1916 en todo el territorio sahariano en poder de los franceses. La disidencia ganó la región de Tombuctú en abril de 1916 y el Aire a finales de año. Así, en diciembre de 1916, fue el turno del puesto de Agades de ser asediado por varios cientos de tuareg bien armados. El correo, contra todas las expectativas, resistió ochenta y dos días antes de ser entregado por una fuerte columna de relevo de Zinder. Sin embargo, el asunto costó la pérdida de varios destacamentos atrapados en emboscadas alrededor de Agadès.

Lyautey, entonces ministro de Guerra, está conmovido por estas turbulencias en una región que le es querida. Conoce a un hombre capaz de ponerle fin: el general Laperrine, principal protagonista en la conquista de esta parte ingrata del imperio colonial. A principios de 1917, el ministro retiró a Laperrine del frente franco-alemán para encomendarle la tarea de restablecer la supremacía francesa sobre las dunas del desierto africano. Con su conocimiento del terreno y el apoyo de un importante jefe nómada, Moussa ag Amastane, el general meharist logró traer la paz a este territorio que ejerció una verdadera fascinación en él. Poco antes de que su carrera lo dejara a un lado, murió allí en 1920, durante la primera travesía aérea del Sahara.

Es en este contexto de guerra de guerrillas, en el punto álgido del tumulto que se produce el asesinato del padre Charles de Foucauld. El monje se instaló en Tamanrasset en 1905. El lugar era entonces solo un pueblo miserable donde vivían algunos siervos que los tuareg utilizaban para cultivar escasos jardines. De Foucauld ocupa una casa de adobe * que a veces abandona por su ermita de Assekrem en el corazón de las montañas Hoggar. Sin embargo, desde el inicio de las hostilidades, ha sido consciente del peligro que lo amenaza y nunca abandona Tamanrasset. Su actitud más pacífica no puede, de hecho, hacer que la gente olvide que es francés y cristiano, cualidades odiadas por los rebeldes. Lo ignoró mucho menos porque estaba muy consciente de la situación y mantuvo a sus amigos, los oficiales camelleros, en lo que aprendió a través de sus relaciones privilegiadas con los nativos. Pero se niega a replegarse a Fort Motylinski, a cincuenta kilómetros de Tamanrasset, como lo solicitaron las autoridades militares.

Sin embargo, ante la insistencia de los oficiales que lo visitan regularmente, aceptó la protección de un pequeño fuerte de veinte por veinte metros que se construyó cerca del pueblo para su seguridad. La construcción, realizada por consejo suyo, es casi inexpugnable en caso de ataque con los medios convencionales que se utilizan en el Sahara. Aparte de la artimaña … Y, desde junio de 1916, el ermitaño de Hoggar vive en esta residencia totalmente militar donde se han almacenado algunas armas y comida.

El 1 de diciembre, al caer la noche, llaman a la puerta del fuerte.

Quien esta ahí ? pregunta el padre con sospecha.

Le responde una voz conocida. Es el de un «haratine» (como se llama a los esclavos negros al servicio de los tuareg) que el religioso ya ha tenido la oportunidad de conocer.

– Es El Madani, abre, traerá el correo

De Foucauld pronosticó por unos momentos: esta no es la fecha habitual de la carta. Pero su interlocutor es convincente y no inspira sospechas. Además, el religioso acaba entreabrir la puerta y cae en la trampa. ¡El Madani no está solo! Una treintena de tuareg lo acompañaron y lo utilizaron para abrir el fuerte. ¿Qué querían de Charles de Foucauld? ¿Deshacerse de un personaje icónico? ¿Tomarlo como rehén? ¿Eliminar una fuente de información para los franceses? No lo sabemos, pero parece que el objetivo no era destruir su vida.

El religioso es sacado brutalmente de su casa y arrojado al suelo. No hizo un gesto de defensa, ni una palabra de rebelión, y cayó de rodillas en oración ante la amenaza del cañón de un fusil mientras el fuerte y la aldea eran saqueados. Desafortunadamente, el nómada que sujeta al prisionero bajo su arma no tiene la misma fuerza de carácter que él. Está nervioso y asustado por el tiroteo que estalló repentinamente a unos cientos de metros de distancia entre sus acólitos y dos camelleros de Fort Motylinski. Presa del pánico, descarga su rifle sobre el hombre arrodillado frente a él y bajo su custodia. La bala atraviesa la cabeza de Charles de Foucauld, que se hunde contra una pared manteniendo su actitud de oración. Una patrulla francesa lo enterró dos días después en una zanja que defendía el fuerte.

La Mort de Charles De FOUCAULD

ÉCRIT PAR DANIEL GRÉVOZ. ASSOCIE A LA CATEGORIE AUTRES PERSONNAGES REMARQUABLES

La última carta de Charles de Foucauld

El borj de Tamanrasset donde fue asesinado Carlos de Foucauld

Si el hombre fallecido en 1916 pudiera escribir un siglo después… habría podido decir algo así

Querido amigo, hermano mío:

A los seis años quedé huérfano de padre y de madre. A los veinte llegó el turno de marchar a mi abuelo. A medida que avanzaba la vida, el vacío crecía a mi alrededor. Pero el abandono, el rechazo y el fracaso no tendrían la última palabra: yo soy la prueba de ello. ¡La vida no termina a losveinte años!

Tengo dinero, mucho. Organizo fiestas grandiosas y hago correr el vino como una fuente. Por eso me llaman “el grande”. Sin embargo, incluso en medio de estas fiestas siento un inmenso vacío. Estoy a un palmo de la desesperación. ¿Te gustan las fiestas, dices? ¡No te falta razón! ¡Pero prueba a ahondar en aquello que colma de verdad el corazón del ser humano!

Al observar a los musulmanes rezar se ha despertado en mí el sentido de la trascendencia. No encontramos la fe por nosotros solos, sino que brota por la gracia de Dios en contacto con los demás, por los caminos más inesperados.

Mis dudas me persiguieron mucho tiempo y mi angustia existencial fue duradera. Me decía: “Dios mío, si existes, permite que te conozca”. Quise plantearle unas preguntas a un sacerdote, que me pidió por primera vez que me confesara. Este fue el punto de partida de mi conversión: hay que usar gestos propios de la fe para encontrar la fe. Tú también, has de arrodillarte si quieres vivir de pie.

Mi destino patina. Convertido a los veintiocho años, me piden esperar tres años antes de convertirme en religioso. Lo intento en la abadía trapense de Ardèche, pero busco una vida más radical. Parto hacia Siria. Luego hacia Tierra Santa. Me convierto en jardinero de las clarisas de Nazaret, pero me encuentran poco capacitado para esos trabajos.

Duermo en un cobertizo para herramientas, sobre un banco con una piedra por almohada. Me digo que haría bien haciéndome sacerdote. Me gustaría llevar a Cristo a Marruecos, y finalmente me instalo en Argelia. Ya ves, la santidad no es lineal, ni fácil… Quiero ser el hermano mayor de los que dudan, vacilan, titubean.

Mi gran intuición es la de asumir el último lugar, como el de Jesús de Nazaret durante sus treinta años de silencio y trabajo: “No puedo atravesar la vida en primera clase cuando Aquel a quien amo la atravesó en la última”.

Muchos de nuestros contemporáneos, numerosas personas vulnerables en particular, este último lugar lo viven de forma forzada. En mi caso, a imagen de mi Maestro, lo he escogido. Tomé la alocada decisión de ser el último de mi promoción militar en Saint-Cyr, ¡pero incluso ahí fracasé! Descubrí que este desafío ganaba en nobleza si era en un sentido espiritual.

A pesar de mis peregrinaciones a Tierra Santa y al Magreb, la abadía sigue siendo una madre para mí, y el obispo de Viviers, un padre. Vivo completamente centrado en la Eucaristía: “¡Es Jesús, todo es Jesús!”. Que tu vida esté unida a una comunidad religiosa y a una parroquia, a una diócesis, a amigos felices con los que celebrar juntos.

“Quiero habituar a todos estos habitantes, cristianos, musulmanes, judíos e idólatras, a mirarme como su hermano, el hermano universal”. Los nativos comienzan a saber que los pobres tienen un hermano. Sueño con una pequeña fraternidad “de oración y de hospitalidad que irradie una piedad tal que todo el lugar se sienta iluminado y animado por ella”.

Pero no sueñes con un gran éxito. No esperes levantar un ejército, sino buscar la transformación de la noche soplando las humildes brasas, capaces de iluminar y calentar todo nuestro valle de lágrimas.

He escrito una regla de fraternidad, pero no recibí ni una vocación. Soy consciente de que celebro la misa todos los días en Tamanrasset desde hace diez años, pero nunca he conseguido un solo converso. Desde el punto de vista humano, es un fracaso total.

No obstante, cien años después de mi muerte veo, desde el cielo, centenares de religiosos, miles de laicos por el mundo que viven según yo vivía, en la escuela del último lugar.

Ya ves, no hay que aspirar a ser la hiedra impaciente ni la parra silvestre conquistadora, sino más bien el tranquilo roble, el humilde tilo, y más aún el grano de trigo, que si “no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Jn 12: 24)

La amistad tiene un precio: ¡la Vida! Morí asesinado hace 100 años. Una realidad para la que estaba listo: “Vive hoy como si debieras morir mártir esta misa noche”, había escrito. Dejo tras de mí un pequeño fuerte en la arena, la sotana blanca manchada del color del sagrado corazón que ostentaba, algunas cartas… Dejo sobre todo mi último lugar, el que tanto amé. Y algunos amigos por el mundo. ¿Y tú?
Por Pierre Durieux

© DR Comparte Aleteia Francés | Dic 13, 2016