«La pasión de Hallah» de Louis Massignon

Versión abreviada de los cuatro volúmenes que componen La pasión de Hallah, este libro estudia la vida y las enseñanzas del famoso místico y mártir sufí del siglo X, describiendo, además de su experiencia, el contexto en el que se desarrollo, es decir, los primeros siglos de la civilización islámica. Louis Massignon, a la edad de veinticinco años, quedo profundamente impresionado por la figura de Hallah y le dedico el resto de su carrera como islamista. Su discípulo y amigo Herbert Mason, por su parte, paso trece anos compilando el trabajo de Massignon, una dedicación que muy pocas obras han merecido a lo largo de la historia. La obra, en cualquier caso, se ha mantenido como ejemplo máximo del modo en que la erudición occidental ha iluminado culturas ajenas, sin condescendencias ni distorsiones. Es un punto culminante de la investigación humanista de nuestro tiempo y un logro impresionante en el campo de los estudios islámicos. Y no solo debe considerarse una obra única sobre el personaje en cuestión, sino también un estudio incomparable del marco religioso, la vida social y política y, en fin, todo el entorno cultural en el que vivió y murió Hallah.

https://books.google.com.ec/books?id=DP0G5yxAiCAC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false

EL LÁICO LOUIS MASSIGNON Y CARLOS DE FOUCAULD

Con Luis Massignon (1883-1962) nos encontramos ante uno de los más grandes orientalistas, que además de sus cursos en el Colegio de Francia y sus misiones diplomáticas, ha estado presente en diversos ámbitos como la justicia, la escritura, la mística o la compasión por los más pobres. Su encuentro con el islam se remonta al año 1905, en Egipto, pero será dos años más tarde, prisionero en un barco turco, en Irak, al ser visitado por el «Extranjero», cuando encuentre su vocación, situándose en el terreno del contacto espiritual entre el cristianismo y el islam. A partir de este momento no cesará de buscar puntos de contacto entre las dos religiones, a través de ciertas figuras ejemplares como Al Hallaj, condenado a muerte y crucificado en Bagdad el año 922; Abraham, el padre de todos los creyentes monoteístas; el persa Salman al Farsi1, un cristiano convertido y compañero del Profeta del islam; Fátima, a la que se hiperdulía2, sobre todo por parte de los chiítas3, aproximándose mucho al culto mariano; y, finalmente, los Siete durmientes de Éfeso, santos y mártires cristianos, cuya historia se nos relata en el Corán4.

1. Las amistades de Luis Massignon son innumerables

La más significativa es la que tuvo con Carlos de Foucauld, cuyo legado espiritual continuó a partir de 1917, después de haber intentado seguirle al desierto; posteriormente formó parte de la única obra fundada por el propio Carlos de Foucauld, la Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón. Hay que citar, también, entre sus amistades, durante sus cincuenta años de vida intelectual en París y en el Cercano Oriente, a los escritores Paul Claudel, François Mauriac, el gran Taha Husein, alumno suyo en el Colegio de Francia, y Jacques Mercanton; los poetas Jean Cocteau y el pakistaní Mohamed Iqbal; los filósofos Rachid Reda, Jacques Maritain, Gabriel Marcel y el iraní Alí Shariati, que fue su discípulo; los teólogos Martin Buber y el cardenal Daniélou; los sabios Henry Corbin, Théodore Monod, Vincent Monteil, Maxime Rodinson y Serge de Beaurecueil; y, finalmente, políticos como Giorgio La Pira y Edmond Michelet. Fue también discípulo de Gandhi.

2. Luis Massignon y la política árabe de Francia

En este terreno Massignon tuvo un papel importante, aunque frecuentemente oculto. Fue también durante un tiempo el alter ego y rival de Lawrence de Arabia en 1917. Formó parte de numerosas comisiones como experto, y desde 1945 fue un embajador cultural de Francia en el conjunto del mundo árabe-musulmán. Cuando se retiró del Colegio de Francia, se implicó en todas las luchas por la descolonización, defendiendo la causa de los oprimidos en el seno del Comité Francia-Magreb y del Comité Cristiano de entendimiento Francia-Islam, tanto en Egipto o Madagascar como en Marruecos, donde ayudó a liberar a Sidi Mohamed V. Con Argelia le quedó el sentimiento de una «ocasión perdida». Sus métodos de acción, como el ayuno semanal, la peregrinación o las acciones no violentas, sorprendieron tanto a sus adversarios como a sus aliados.

3. Vida espiritual de Massignon

Si durante su vida espiritual siempre le atrajeron las figuras marginales de la fe cristiana, como los estigmatizados, los videntes, los sacerdotes dedicados al satanismo, como el padre Boullan, su espiritualidad es plenamente ortodoxa. Antes de ser ordenado sacerdote en 1954 en la Iglesia melquita, fue terciario franciscano, además de ser miembro de la Unión de los hermanos y hermanas del Sagrado Corazón. Durante toda su vida meditó el ejemplo de Ana-Caterina Emmerick, su «querida pecadora», o de Mélaine, la pastora de La Salette. Y, entre las figuras que más han contado en su vida están María Magdalena, santa Juana de Arco, María-Antonieta y los mártires de Namugongo. Podríamos afirmar que estaba más cercano de la desesperanza de un León Bloy que del optimismo de Teilhard de Chardin, encarnando una especie de fe viva, heredera de Pascal, que le hacía exclamar: «Jesús está en agonía hasta el fin de los tiempos, y nosotros no podemos dormirnos durante este tiempo».

4. Primer contacto con Foucauld

El 29 de septiembre de 1906 Carlos de Foucauld llega a In Salah donde recoge su correo en el que viene la obra de un joven licenciado en Historia, Louis Massignon. Como trabajo de licenciatura ha tenido que hacer un estudio sobre La Maroc dans les premièrs annés du XVI siècle. Tableau géographique selon Léon l’Africain (Marruecos en los primeros años del siglo XVI. Mapa geográfico según Leon el Africano), publicado en Argelia. Foucauld contesta a Massignon el 2 de octubre. Como se verá tan solo tenemos las respuestas de Foucauld a las cartas enviadas por Massignon. Veamos algún fragmento de esta carta:

No se como expresar mi agradecimiento… Como deseo que se realizen todos vuestros deseos en relación a Marruecos! El trabajo, la paciencia te llevaran, espero, a realizarlos… La lectura de tu libro me da esperanza; pues el bien produce el bien y el trabajo bien hecho produce siempre frutos5.

Durante este tiempo (1906-1909) se produce la conversión de Louis Massignon.El 27de marzo de 1909, domingo de Pasión, Foucauld está en Beni Abbés, desde donde escribe a Massignon el 5 de abril en respuesta a una carta suya:

No es sorprendente que habiendo comprendido y deseado la Cruz, Jesús te haga la gracia de dartela… Cuanto uno más abraza la Cruz, más uno abraz a Jesús que esta en ella clavado. Cuanto más nos falta en la tierra, más uno encuentra lo que mejor puede dar, la Cruz6.

La siguiente carta de Carlos de Foucauld a Louis Massignon es del 22 de Mayo de 1909. Foucauld escribe denuevo desde el oasis Sahariano de Insalah. En la posdata de la carta Foucauld invita a Massignon a venir con él al Sahara como «obrero evangélico»:

No te sorprendas de las tentaciones. Quien es tan grande y tan bueno nos invita a amarlo, no solo ser felices, sinó ser dignos de Él, parecernos a Él. Es por esto que permite las tentaciones, incluso las caidas que nos humillan, pero gracias a estas luchas, nuestro amor se convierte en amor victorioso. Él merece un tal amor7.

El 5 de diciembre de 1911, Foucauld tuvo un gran estrés provocado por el exceso de trabajo. Y como Bou-Hamou, su traductor tuareg-francés, quiere marcharse, Foucauld decide dejar el Asekrem para continuar el léxico con él en Tamanrasset, donde la temperatura es mucho más suave. Desde Tamanrasset Foucauld contesta a Massignon el 16 de enero de 1912:

Que Dios, si desea hacértelo saber ahora, te de luz para saber lo que espera de ti: si bien no te muestra por adelantado todo lo que te sucederá en el futuro, El te mostrará al menos lo que desea de ti en lo inmediato: basta con seguirle y de intentar conocer su voluntad en todo momento, que hace conocer siempre en los momentos útiles: El es fiel: «Dios no nos falla nunca, somos nosotros los que fallamos a menudo», dice Santa Teresa…»8.

Foucauld contesta a Massignon, el 31 de enero de 1912, enviándole una imagen, quizás dibujada por el mismo, del Sagrado Corazón con los brazos abiertos y un Corazón resplandeciente.

Cuanto uno más avanza en edad, más las decisiones necesitan ser maduradas: hace falta recogerse para poder escuchar la llamada de Dios en el silencio…

No te extrañes de las miserias del tiempo presente, en la Iglesia y fuera de ella: las habrá siempre, pero JESUS está en la barca divina. Déjalas pasar sin ocuparte, sin conocerlas, a menos que te lo pida un deber especial a consecuencia de tu responsabilidad… Alégrate con la gloria de Dios y recibe su paz y alegría.

Que Jesús te guarde, querido hermano, que su voluntad se cumpla en ti en el tiempo y en la eternidad»9.

5. Regla absolta de Foucauld

La carta de Foucauld a Massignon, del 10 de marzo de 1912, es una carta principalmente espiritual, donde insiste sobre la bondad de Dios y, en un plano práctico, distingue entre confesión y dirección espiritual. Para él es una «regla absoluta»de no tomar consejo más que del director espiritual, a fin de no tener puntos de vista divergentes.

Guarda siempre la esperanza. No la confianza en ti, sino la confianza en Dios y la esperanza en el amor de Aquel que nos quiere con un amor que nuestro pobre espíritu humano no puede comprender…

No pidas consejo para tu alma más que a tu único director, esto es importante para la buena dirección del alma y de su paz. Cuando te confíes a otro sacerdote, dile los pecados y recibe la absolución sin decirle nada más, sin pedir ningún consejo. No pidas consejo, tan solo habla de tu alma con tu director. Esto es una regla absoluta y de siempre.

Trabaja de firme con tu tesis para poderla terminar. Cuando así sea, el divino Esposo de las almas te indicará lo que desea de ti… jamás Dios falla al ser humano…10.

Incluso no viéndose como director espiritual de Massignon, Foucauld le da consejos fraternos. La carta del 1 de mayo 1912, escrita desde Tamanrasset, es, por un lado, una viva recomendación a no encerrarse en si mismo, y, por otro, una invitación a salir de si entrando en una vocación misionera, vocación de «todos los cristianos», dice, «sacerdotes y laicos», y no solo de especialistas, tema que no era muy común en aquella época:

Trabaja, reza, sufre, haz el bien alrededor tuyo, a los que están más cercanos… Es amando a las personas que uno aprende a amar a Dios. El medio de conseguir el amor de Dios es practicándolo con las personas. No se cual es tu vocación especial: lo que se es a lo que estamos llamados todos lo cristianos, mujeres y hombres, sacerdotes y laicos, célibes o casados: a ser apóstoles, apóstoles por el testimonio, por un trato afable, haciéndose todo para todos para llevar a Jesús.

El 25 de agosto de 1913, desde Barbirey (Francia) Foucauld escribe a Massignon con el deseo de provocar su adhesión a la Asociación, que la distingue de una tercera orden y la define como «una cofradía que pide una vida fervorosa a sus miembros»:

Puedes examinar con tu director el vincularte formalmente en la asociación de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de JESUS: es una unión de estrechos lazos, una cofradía que pide una vida fervorosa a sus miembros, pero no es una tercera orden, pues no hay ninguna orden religiosa establecida…

El 1 de enero de 1914 desde Tamanrasset Foucauld escribe a Massignon:

Agradezco a JESUS el que te haya mostrado su Voluntad, señalándote el lugar donde te quiere en la vida, donde te reserba sus gracias, las cruces, los trabajos, las obras por las que te quiere santificar, santificar a los demás a través tuyo, glorificarse en ti…

Me es muy gratificante el que seas un hermano de la UNION; te inscribo entre ellos y envio tu nombre al p. Laurin. Recibirás más tarde un ejemplar de los nuevos estatutos, más tarde aún un ejemplar del Directorio… cada carta trae la noticia de la entrada de un hermano o una hermana nueva: todavía somos pocos: pero hay hermosas almas con nosotros que rezan por el advenimiento del Reino de Jesús y ayudan a sus hermanos en todas sus obras.

6. La importancia de un Boletín

Massignon no se unió a Foucauld en el Sahara, pero éste ya piensa en Massignon para un Boletin. Así se expresa Foucauld el 22 de julio de 1914:

Más que nunca, en mi soledad, pienso en nuestro deber de trabajar en la conversión de nuestras colonias; medito una pequeña transformación de nuestra unión de oraciones, nada en cuanto al fondo, sino grandes simplificaciones… crear un boletín (mensual si es posible) informando a los hermanos sobre las colonias, su estado, sus necesidades, los trabajos apostólicos que se hacen, las congregaciones que trabajan -boletín serio, escrito en tono serio y moderado… Piensa en este proyecto querido hermano y dime lo que piensas…

Massignon le escribe desde las Dardanelles.Foucauld está contento de ver que «lee al padre Crozier»11. Y le dice el 1 de noviembre de 1915 desde tamanrasset:

Todo consiste en esto: amar a Dios por encima de todo; amar al prójimo como a uno mismo… En esto consiste la religión… ¿Cómo llegar dices? no en un día, pues se trata de la misma perfección: es la finalidad a la que debemos tender siempre, a la que debemos aproximarnos sin cesar y que conseguiremos con una perfección inmutable en el cielo… Esforzándonos con humildad, constancia, dulzura, nos perfeccionemos en este doble amor: en la medida que será más ardiente y más puro, irradiará más y nosotros haremos más el bien.

Comprendo de que a tu alma le aproveche la lectura del Excelsior, excelente librito. El p. Crozier es una Santa alma y hace el bien porque sus obras son sobrenaturales, hechas con la gracia y en la gracia, no es él el único en hacerlas, las hace con Jesús.

Rezando por ti, pido por tu hogar, por la Sra. Massignon y por vuestro hijo. Que la Sta. Familia os proteja.

7. Su testamento espiritual

Y el 1 de agosto de 1916 Foucauld escribe a Massignon señalando su testamento espiritual:

No hay, creo, palabra del Evangelio que haya tenido en mí una más grande y profunda impresión y haya transformado más mi vida que esta: ‘Todo lo que haces a uno de estos pequeños, es a mí a quien se lo haces’. Si piensas que estas palabras son de la Verdad increada, de aquél que ha dicho ‘esto es mi cuerpo… esta es mi sangre’, con que fuerza hemos de buscar amar a JESUS en ‘estos pequeños’, los pecadores, los pobres, llevándoles todos los medios materiales para ayudarles en sus miserias temporales…12.

Finalmente el 1 de diciembre de 1916 Foucauld escribe a Massignon desde Tamanrasset:

Querido hermano en JESUS:

Has hecho bien de pedir que te coloquen en la tropa. No hay que dudar nunca en pedir los lugares donde el peligro, el sacrificio, las pruebas son mayores: el honor, dejémoslo para quien lo quiera, pero el peligro, el sufrimiento, reclamémoslo siempre. Los cristianos debemos dar el ejemplo del sacrificio y de la entrega. Es un principio al que hay que ser fieles toda la vida, con simplicidad, sin preguntarnos si hay orgullo en este comportamiento: es el deber, hagámoslo y pidamos al bien amado Esposo de nuestras almas de hacerlo con toda humildad, con todo el amor a Dios y al prójimo… Has hecho bien. Camina por este camino con simplicidad y en paz, seguro de que es JESUS quien te ha inspirado seguirlo. No te inquietes por tu familia. Confía y confíala a Dios y camina en paz. Si Dios te conserva la vida, cosa que le pido de todo corazón, tu casa estará más bendecida, pues estarás más unido a Jesús y tendrás más vida sobrenatural. Si mueres, Dios guardará a la Sra. Massignon y a tu hijo como tu les hubieses guardado. Ofrece tu vida a Dios a través de Nuestra Madre la Santa Virgen en unión al Sacrificio de Nuestro Señor JESUS y por todas las intenciones del Sagrado Corazóny camina en paz. Ten confianza en Dios que te dará la mejor suerte para su Gloria, lo mejor para tu alma, lo mejor para las almas de los otros, porque todo lo que El quiere, tu lo quieres, plenamente y sin reservas.

Nuestro rincón del Sahara está en paz. Rezo por ti de todo corazón y al mismo tiempo por tu hogar…

Carlos de Foucauld13.

Foucauld termina la carta al medio día, Foucauld está solo en la ermita; unos cuarenta senusitas llegan silenciosamente; alguien que el conoce anuncia falsamente el correo. Foucauld abre la puerta, lo atrapan, lo tiran delante de la puerta de la ermita; se pone de rodillas y calla; le ordenan poner los brazos detrás de la espalda y se los atan a los tobillos; le interrogan, dice solamente en árabe: «Voy a morir». Lo confían al cuidado de un muchacho de quince años y saquean la ermita. Alguien grita: vienen dos soldados. Les disparan. El muchacho nervioso dispara sobre Foucauld; la bala entra por detrás de la oreja y sale por el ojo izquierdo. El drama ha durado un cuarto de hora.

JLVB


1  Salman al Farsi es conocido como la bandera de banderas, el heredero del islam, el juez sabio, el erudito conocedor y miembro de la casa del Profeta.

2  Culto de hiperdulía: el que se tributa a la Virgen.

3  Grupo minoritario del islam, que comprende al 10% de los musulmanes. Rechazan a los tres primeros califas y sostienen que Alí es el verdadero sucesor de Mahoma. Afirman también que la autoridad reside en los imanes, que son los mensajeros infalibles de Dios en cada época.

4  Sura XVIII, 8, 9, 12, 21, 24. Se trata de la historia de siete jóvenes de buenas familias de Éfeso, a los que se obliga a permanecer largo tiempo en el interior de una caverna, bajo el reinado del emperador Decio (249-251), a causa de defender al verdadero Dios, frente a los que adoraban otras divinidades distintas.

5  J. F. SIX, L’Aventure de l’Amour de Dieu, 80 lettres inédites de Charles de Foucauld à Louis Massignon, Seuil París 1993, 27.

6  Ibid. 56.

7  Ibid. 58.

8  Ibid.118.

9  Ibid. 121.

10  Ibid.124-125.

11     Excelsior – Toujours plus haut tiene por subtítulo Plan de vie parfaite; fue publicado en Saint-Etienne en 1903.

12  Ibid. 209-210.

13    Ibid, 214-215.

Louis Massignon, el testigo apasionado

Autor
Philippe Barthelet


Mauriac elogió a Massignon por su pasión por aprender sobre el Islam, una pasión que Mauriac lamentó no encontrar en René Guénon. No es seguro que el elogio no sea el reconocimiento de un límite. Una definición, en cualquier caso: la pasión es en verdad la palabra – lema, el lema – que quizás mejor caracteriza a Louis Massignon, del que Christian Jambet y sus colaboradores, con igualmente apasionado cuidado, publican los Memorable Writings.
Christian Jambet, en su esclarecedor – y vehemente – prefacio («Para Massignon»), añade a Mauriac: Massignon, escribe, «estaba furioso por conocer el Islam como un todo». Le dedicó una larga vida de estudio y peregrinaje, siguiendo los consejos de un amigo de su juventud, su primer guía en tierras musulmanas: “Para comprender, hay que entregarse. «Massignon se entregará a su búsqueda espiritual, que llevará a este cristiano bendecido con experiencias místicas a vigilar atentamente las fronteras del Islam. El que finalmente fue ordenado sacerdote católico de rito melquita en El Cairo en 1950, a la edad de 67 años, había pertenecido por primera vez a la Tercera Orden Franciscana con el nombre de hermano Abraham. Como apunta Christian Jambet, «buscará, durante toda su vida, comprender a Abraham», en el cruce «entre la experiencia mística y la construcción de dogmas», según el título de una de sus conferencias.
Místico y erudito que enseñó sociología y sociografía musulmana en el College de France durante mucho tiempo, arqueólogo, geógrafo, lingüista, historiador de religiones o literatura, no hace falta decir que, como uno de los editores de estos memorables escritos, “Massignon es no Guénon ”. En efecto, su perspectiva no tiene nada de esotérico ni sapiencial, y aunque escapa a la acusación de sincretismo, la misma que algunos atónitos plantean contra Guénon, sigue siendo personal, mística y francamente literaria.
Esto no es una restricción; más bien un signo de personalidad. Massignon ha sido escritor, amigo y confidente de escritores desde su juventud, desde Huysmans hasta Claudel y ya citado Mauriac. Su obra es un testimonio, los que busca son testigos o, mejor dicho, como acertadamente los presenta esta colección, “testigos e intercesores”: Charles de Foucauld, de quien fue corresponsal, María Antonieta, Fâtima, les Sept Sleepers de Éfeso, Juana de Arco, Gandhi – y el tono que adopta, a menudo apasionado, incluso indignado, incluso «encantador» (la palabra es de uno de sus editores), sin duda tenía algo que los desorientaba, amantes de la ciencia más rancia. Sin embargo, estos «testigos e intercesores» a los que se dirige son sólo figuras secundarias, el coro a modo de protagonista de su obra, el que esta colección llama el «testigo esencial»: Al Hallâj, «mártir místico del Islam». ”, Juzgado y ejecutado en Bagdad en 922. Estos dos volúmenes de Escritos memorables se organizan en torno a un foco ausente, la gran obra de Louis Massignon, que fue primero su tesis y que nunca dejó de trabajar y enriquecer hasta el edición póstuma de 1975: la Pasión de Husayn Ibn Mansûr Hallâj, cuyas ediciones de Gallimard reaparecen. Al Hallâj es para él más que un modelo, un guía, su admirable doble. Similitud de experiencia mística – «el amor incondicional de Dios probado hasta la condenación voluntaria», como lo describe Christian Jambet – y matriz de toda su reflexión posterior.
Testigo y hombre de acción
Su vocación de testigo convirtió a Louis Massignon en un hombre de acción: fue encontrado en Oriente desde 1917, en El Cairo y Jerusalén, luego en Damasco, donde trabajó en la instauración del mandato francés. Estas actividades administrativas o diplomáticas acompañan, sin eclipsar jamás, su actividad como conferenciante o docente. Después de la Segunda Guerra Mundial, se convertirá en el apóstol de la hermandad entre cristianos y musulmanes y, entre ellos, en el defensor inflexible de los más pobres y abusados. Casi medio siglo después de su muerte, la perspectiva de Louis Massignon es posiblemente una de las más interesantes que el Occidente judeocristiano ha permitido sobre el Islam. Nuestros tiempos turbulentos dirán si hay algo más que tinta y posteridad en papel.

Escritos memorables, de Louis Massignon, dos volúmenes, Robert Laffont, coll. “Libros”, 2 volúmenes en caja, 2048 páginas.
La Pasión de Husayn ibn Mansûr Hallâj, de Louis Massignon, Gallimard, 4 volúmenes en caja, 1960 páginas.

Carlos de Foucauld – sobre el tema de las masacres de cristianos 1895-1896

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La canonización de Charles de Foucauld no respalda de ninguna manera la pseudo-mística de Louis Massignon, con quien había mantenido correspondencia con la esperanza de sacarlo de su ocultismo, precisamente.
Los discípulos de Massignon afirman ser Foucauld para denigrar la necesidad del Encuentro de Cristo por parte de los musulmanes y la proclamación del Evangelio (esto en beneficio de un pseudo-místico que colocaría a quienes se entregan a él de una manera por encima de los «tiempos» cristianos y musulmanes). Hay que recordar: no hay salvación sino a través de un encuentro personal (y aceptado, huelga decirlo) con el Salvador, ya sea en esta tierra o en el misterio de la muerte. Para Foucauld, la evangelización era esencial y se veía a sí mismo como un preparador a la vanguardia. Sobre este tema, nos remitimos a su célebre carta de 1916, escrita desde Argelia unos meses antes de su muerte: http://www.eecho.fr/charles-de-foucault-une-vision-davenir. También podemos releer este estudio de Denise Masson sobre Ch. De Foucauld.

Al mismo tiempo, y a diferencia de Massignon, Foucauld estaba horrorizado de ver masacres contra cristianos mientras se encontraba en La Trappe d’Akbès, al norte de Aleppo (1890-1896). Aquí hay extractos de lo que escribió:

Carta de Charles de Foucauld desde su Trappe d´Akbès,
sobre las masacres de cristianos en 1895 y 1896 [1]

«No son los kurdos los que están conmovidos, son los cristianos de Armenia, y los turcos aprovechan la oportunidad para cometer masacres espantosas y para hacer todo el daño que puedan, no solo a los armenios, sino a todos Cristianos católicos u otros, que aún son tan numerosos en estas regiones … A nuestro alrededor, hubo horrores, multitud de masacres, incendios, saqueos. Muchos cristianos fueron realmente mártires, porque murieron voluntariamente, sin defenderse, en lugar de negar su Fe … Queda, en este país desdichado, una miseria espantosa. El invierno es muy duro, no sé cómo estas desdichadas personas, cuyas casas han sido incendiadas y todas sus posesiones han sido arrebatadas, lograrán no morir de hambre y de frío …

Te escribo para suplicar; no por nosotros, Dios no lo quiera, porque nunca seré lo suficientemente pobre, sino por las víctimas de la persecución.
Por orden del sultán, casi 140.000 cristianos han sido masacrados en los últimos meses … En la ciudad más cercana, en Marache, la guarnición mató a 4.500 cristianos en dos días. Nosotros, Akbes, y todos los cristianos en dos días, deberíamos haber perecido. No era digno de eso … reza para que me convierta y para que no me empujen en otro momento, a pesar de mi miseria, de la puerta del cielo que ya se había abierto.
Los europeos están protegidos por el gobierno turco, por lo que estamos a salvo; incluso ponemos un puesto de soldado en nuestra puerta, para evitar que nos hagan daño. Es doloroso ser tan bueno con los que degollan a nuestros hermanos, mejor sería sufrir con ellos que ser amparados por los perseguidores

Es una vergüenza para Europa; en resumen, ella podría haber prevenido estos horrores y no lo hizo. Es cierto que el mundo sabía tan poco de lo que estaba pasando aquí, el gobierno turco había comprado la prensa, había dado enormes sumas a ciertos periódicos, para publicar solo los despachos que emanaban de ella. Pero los gobiernos conocen toda la verdad a través de embajadas y consulados.
¡Qué castigos de Dios no se preparan con tal ignominia! …

Vengo a llamarte para que nos ayudes, para que nos ayudes a aliviar y evitar que mueran de hambre miles de cristianos que se han refugiado en nuestras montañas: no se atreven a salir de su retiro por miedo a ser masacrados, no tienen recursos. . Es nuestro deber imperativo privarnos de todo por ellos, pero hagamos lo que hagamos, no podremos satisfacer esas necesidades. «


[1] Extractos del libro «Charles de Foucauld, explorador de Marruecos, ermitaño en el Sahara» de René Bazin, en el capítulo V «El trapense» (Cartas del 20 de noviembre de 1895, 21 de febrero de 1896 y 24 de junio de 1896).

El papel de Louis Massignon en la posteridad de Charles de Foucauld

Louis Massignon, el «católico musulman»


Ya beatificado y declarado “Beato” en 2005 bajo el pontificado de Benedicto XVI, Carlos de Foucauld pronto será canonizado. Mundialmente famoso, el ermitaño del argelino Hoggar debe su reconocimiento a un personaje menos conocido: Louis Massignon. Apodado el “católico musulmán” por Pío XI en 1934, este gran islamólogo y místico cristiano es objeto de una nueva biografía publicada por Bayard (1) que en particular arroja luz sobre la fructífera relación entre este orientalista y su “hermano mayor”, Charles por Foucauld …
Louis Massignon (1883-1962) es un «converso de la Belle Époque» para usar el término. El comienzo del siglo XX estuvo marcado por una «renovación católica» que vio la conversión de muchos jóvenes, siguiendo a sus mayores Léon Bloy (1879), Paul Claudel (1886), Joris-Karl Huysmans (1891) y Charles de Foucauld (1886). Salvo que el joven Massignon recuperó la fe «en el espejo del Islam», habiendo sido profundamente marcado por la fe musulmana, haciéndose eco además de la emoción que el Islam también había suscitado en el vizconde de Foucauld, explorador agnóstico del Sahara, antes de su conversión.
Luis había perdido la fe en 1900, pero se había apegado a este último en vista de su Reconocimiento de Marruecos (1888) que lo marcó mucho durante sus estudios. El abad había respondido calurosamente «rezando por él», pero el joven no había seguido. Por otro lado, una vez reconvertido al cristianismo en Mesopotamia en 1908, Luis se atrevió a reconectarse con el ermitaño. La corriente fluye admirablemente y se encuentran durante un viaje de Foucauld a París, coronado por una memorable noche de adoración en el Sacré-Cœur. Un año después, una carta del abad lo invitaba a reunirse con él en el desierto, con el objetivo de que algún día lo sucediera (2). Incluso le ofrece una ordenación secreta. Pero Louis vacila entonces, influenciado por ciertas caricaturas que presentan a Foucauld como un sacerdote excéntrico y girovago, elige en 1913 quedarse en el siglo y casarse, entrando en la fraternidad foucauldiana: la Unión. Durante la Gran Guerra, siguió el consejo del Abad y pidió ser trasladado a las trincheras del Frente Oriental, para soportar el sufrimiento de la infantería colonial. Y es bajo las balas de Macedonia que se entera de la muerte de su «hermano mayor». Mientras estaba de permiso en París a principios de 1917, decidió comprometerse en cuerpo y alma para salvar la Unión y «hacer que la herencia foucauldiana sobreviva», lo que no interesaba a nadie en ese momento.
Albacea, está en el origen de la gran biografía firmada por René Bazin (1921), un éxito de librería que hará tan famoso al abad. También es Massignon quien publica su Directorio (1928), al tiempo que asegura un papel clave en el surgimiento de vocaciones y de los diversos grupos foucauldianos (Suzanne Garde, Alida Macoir-Capart, René Voillaume …), mientras dirige en París la “cofradía del Directorio”. También contribuyó a la apertura del proceso de canonización del ermitaño de Tamanrasset que pronto concluirá. Durante toda su vida, no ha dejado de promover la obra y la espiritualidad de su hermano Carlos, defendiéndolo de sus detractores que señalan su relación ambigua con la cuestión de la evangelización de los musulmanes … Pero esto es un otro tema, complejo y espinoso. Recordemos aquí lo que muchos no saben, a saber, que Louis Massignon está en el origen de la fama mundial de Charles de Foucauld (3).
Manoël Pénicaud, antropólogo
(1) Manoël Pénicaud, Louis Massignon. El “católico musulmán, Bayard, 450 p.
(2) Jean-François Six, L’Aventure de l’amour de Dieu, 80 cartas inéditas de Charles de Foucauld a Louis Massignon, Seuil, 1993.
(3) Louis Massignon, Toda una vida con un hermano que se fue al desierto: Foucauld, Parole Given, Seuil, 1983

Publicado el 10 de junio de 2020

MERYEM ANA EVI, LUGAR DE ENCUENTRO – La casa de la Virgen – Louis Massignon

«Menciona a María, en el Libro. Ella dejó su familia y se retiró a un lugar hacia el Oriente» (Corán, XIX, 16)

«¿Que mejor lugar de peregrinaje que la Casa de la Virgen, Meryem Ana Evi, en turco, situada en Efeso? Y ¿qué lugar más propicio para comenzar la peregrinación interior, o dicho de otra manera para retornar, que esta Casa donde Juan, al que Jesús amaba, condujo a su «madre», que el Señor le había confiado al morir; sobre esta montaña de Efeso donde, quizás, ella tuvo su Dormición?. Es de ahí de donde el peregrino retornará, entrando en el «Camino sin camino», según la expresión del Maestro Eckhart.»

La «Meryemana Evi» en Efeso (Turquía) fué redescubierta en el siglo XIX (gracias a una visión de A. K. Emmerick).

Ana Catalina Emmerick (1774-1824) fue beatificada en 2004, pero no por sus visiones sino por su vida de expiación y fama de santidad.

La «Casa de la Virgen María» tiene dos habitaciones contiguas. En la mayor, llena de ex-votos cristianos y de velas, se dice la misa mientras que en la segunda en la que penden cintas de seda coloreada, que tienen la misma función de ex-votos, se encuentran alfombras de oración musulmanas.

Se encuentra la casa a 8 km. de Selcuk, en el monte Aladaj, «La casa de la Virgen» estaba hecha de piedras cuadradas, redondas u octogonales y de ladrillos. Anne Catherine Emmerich, estigmatizada y visionaria, anunció que la Virgen habría muerto en Efeso, que su morada se encuentra en una colina, al final de un camino de mulas, frente al mar Egeo y a la isla de Samos. Es gracias a estas revelaciones como se encontraron los cimientos de la casa donde la Virgen vivió sus últimos años y que fue, tras su muerte transformada en capilla.

El santuario de la Virgen se llama Bulbuldag, montaña del ruiseñor. María habría elegido un lugar solitario, porque deseaba vivir sus últimos años apartada y en contemplación. El Nuevo Testamento y los textos apócrifos de los primeros siglos no hablan de la presencia de María en Efeso. Pero se sabe con certeza (lo confirman Ireneo, Policarpo e Hipólito, Policrate, Clemente, Origine…..) que en Efeso vivió Juan. Y al apóstol predilecto, Cristo, en la cruz, antes de morir, le confió a su madre. Por tanto Jesús – dice el Evangelio – al ver a su madre y a su lado al discípulo que amaba, dijo a la madre: ¡Mujer, aquí está tu hijo!. Después dijo al discípulo: ¡Aquí está tu madre!. Y desde aquel momento el discípulo la acoge en su casa. Por tanto, la Virgen podría, razonablemente, haber seguido a Juan hasta Efeso. En favor de esta teoría, está también la presencia, en Efeso, de una basílica de la época constantiniana que estaba dedicada a la Virgen María. En dicha basílica tuvo lugar, en el año 431, el tercer Concilio Ecuménico, que proclamó a la Virgen «Madre de Dios».

Su descubrimiento

Debemos el descubrimiento de la Casa de la Virgen en Efeso a un conjunto de circunstancias bastante asombrosas y completamente providenciales. Las visiones de Ana Catharina Emmerick, la gran estigmatizada de Dülmen, tan precisas sobre la vida de la Virgen María, inspiraron en 1880 a un sacerdote francés, el padre Gouyet, la idea de dirigirse a Efeso para constatar sobre el lugar la veracidad de esas palabras y para quizás descubrir el lugar de la casita de Efeso. Tras algunas investigaciones, llegó el padre Gouyet a un lugar donde se encontraba una ruina y cuando pregunto por el nombre de ese lugar, alguien le respondió: Panaya Kapoulou, la «puerta de la Virgen». A través de la memora humana los habitantes de la región celebraban allí cada 15 de agosto la Asunción de la Virgen porque, decían ellos, era en esta casa donde ella murió.

Las primeras muestras extraídas confirmaron la antigüedad de sus cimientos y el descubrimiento fue autentificado por Monseñor Timoni, arzobispo de Esmirna, 1892. Es así como la Casa de la Virgen, donde la Madre de Jesús vivió exilada cerca de San Juan, es un santuario marial desde hace más de un siglo y sobre todo, por el hecho de la veneración del Islam hacia la Madre de Jesús, la casa es lugar de peregrinaje común tanto para los cristianos como para los musulmanes contando con más de 300 000 peregrinos cada año.

Descripción de los lugares según Anna Catherine Emmerick.

« Su casa estaba situada a tres leguas y media de ahí, en la montaña que se veía a la izquierda viniendo de Jerusalén, y que descendía en pendiente suave hacia la ciudad. Cuando se viene del Sur, Efeso parece reunida al pié de la montaña; pero a medida que se avanza, se la ve desplegarse todo alrededor. En medio se ven hileras de arboles magníficos, después estrechos senderos conducen sobre la montaña, cubierta de un verdor agreste. La cumbre presenta una planicie ondulada y fértil de un media legua de contorno: es ahí donde se estableció la Santa Virgen (…)

Antes de conducir a la santa Virgen a Efeso, Juan había hecho construir para ella una casa en ese lugar, donde ya muchas santas mujeres y varias familias cristianas se habían establecido, antes incluso de que la gran persecución estallara. Permanecían en tiendas o en grutas, hechas habitables con la ayuda de algunos entablados. Como se habían utilizado las grutas y otros emplazamientos tal y como la naturaleza los ofrecía, sus habitaciones estaban aisladas, y a menudo alejadas un cuarto de legua unas de otras. Tras la casa de María, la única que era de piedra, la montaña no ofrecía hasta la cumbre, más que una masa de rocas desde donde se veía, más allá de las copas de los arboles, la villa de Efeso y el mar con sus numerosas islas (…)

La casa de María era cuadrada, solamente la parte posterior estaba redondeada; las ventanas estaban situadas en lo alto de las paredes y el tejado era plano. Estaba dividida en dos partes por el hogar, situado en el centro …»

Una peregrinación islamico-cristiana

La Casa de la Virgen, en Efeso, en tanto que santuario, es el lugar de un encuentro excepcional entre los cristianos y los musulmanes, «en el que los Católicos celebran la misa, mientras que los Musulmanes oran en la habitación adyacente; los diversos ex-votos muestran que la Virgen otorga milagros tanto a unos como a otros». Pero también de manera simbólica, ella prefigura la unanimidad de todos los Ahl al-Kitab, de todas las Gentes del Libro. Es así como Frithjof Schuon escribió: «Madre de todos los profetas y matriz de todas las formas sagradas, ella (la Virgen María) tiene su lugar de honor en el Islam siempre perteneciendo a priori al Cristianismo; por este hecho, ella constituye una especie de unión entre las dos religiones, las cuales tiene en común que intentan universalizar el monoteismo de Israel»

Y Louis Massignon, en 1961, en la revista Notre-Dame d’Ephèse decía: «Efeso debe llegar a ser, antes de la reunión final en Jerusalén, para todos los grupos cristianos y musulmanes, el lugar de la reconciliación en «Hazrat Meryem Ana» (Nuestra Madre, en turco), esperando que Israel, reconociéndola finalmente como la gloria de Sión, reúna esta unanimidad tan deseada»

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– Sobre la «Casa de la Virgen» se puede consultar: http://www.holyvirginhouse.com y también http://www.frat-ephesienne.org/index.html .- La visión de A. K. Emmerick.

CARLOS DE FOUCAULD INSERTO EN EL CORAZÓN DE LA MISIÓN DE LA IGLESIA

Si tuviéramos que decir en pocas palabras la relevancia de Foucauld, diríamos que ha sido un hombre que siguiendo a su querido Señor Jesús, se ha hundido en el corazón de la Misión de l’Iglesia, ha sabido captar la paciencia de Dios en la realización de sus planes, y, en medio de un mundo que no conoce a Jesús, a querido ser un Evangelio viviente, encarnándose plenamente en su ambiente, interesándose por el progreso humano y practicando el apostoladot de la bondad. Carlos de Foucauld va descubriendo el plan de Dios en el hoy concreto de su existencia y nos ofrece a todos nosotros una llamada “misionera”, ya en tierras d’otras creencias, ya en tierra de total increencia, no tanto a l’estilo de Francisco de Asís, que gritaba el Evangelio por las calles y plazas, o como Jesús en Palestina, sino al estilo de Jesús en Nazaret, siendo Evangelios vivientes, practicando el apostolado de la bondad y colaborando en el desarrollo integral de las personas con qué compartimos comunidad de destino, como Foucauld lo hizo con su trabajo científico al realizar el diccionario tuareg-francés y recogiendo las tradiciones del pueblo con qué se identificó, a sabiendas de que ahora vamos abriendo caminos nuevos, en medio de terrenos inhóspitos, con la confianza y la esperanza de que “quizás tras siglos”, allí dónde estamos encarnados, nazca la Iglesia, al estilo de Jesús de Nazaret.

Quien era Carlos de Foucauld?

Carlos de Foucauld nació el 15 de septiembre de 1858 y murió asesinado el 1 de diciembre de 1916 cuando tenía poco más de cincuenta y ocho años. Se puede decir que estaba en la etapa de madurez de su vida. Ya a los cuarenta y tres había iniciado su opción fundamental instalándose en Beni-Abbés, en el corazón del Sáhara argelino, donde se da cuenta de que hay una multitud de personas por evangelizar y un ministerio muy importante que realizar. Pero durante los años que pasa en este oasis del desierto va experimentando una nueva transformación. Sale de su clausura. Acepta con sencillez los acontecimientos que van contra lo que siempre había creído que era la voluntad de Dios y se deja llevar por las circunstancias, que son manifestación de la voluntad divina. Así, esta obediencia al momento presente le conduce a los tuareg, “los hombres azules del desierto”, instalándose en medio de ellos el año 1905 en Tamanrasset. Once años convivirá con ellos, siendo uno de tantos, aprendiendo su lengua, sus costumbres, etc. con ánimo evangelitzador, aunque apenas sea realizando gestos de bondad. Foucauld se dicidió pronto por el léxico, reuniendo los elementos para realizar una gramática y un diccionario. Recogió textos en prosa, poesías, y preparó un gran diccionario, una verdadera enciclopedia del Hoggar y de los tuareg. Tuvo una gran alegría haciendo este trabajo, pero su móvil profundo era su amor al mundo tuareg y el deseo de favorecer la comunicación entre estos y los franceses. Su vida no ha sido, cono algunos han dicho “una sucesión de movimientos dispersos”, sino un movimiento siempre más profundo que le hace ir adaptándose e inventar. No hay diferentes carismas de Foucauld. Su carisma se uno, y muchos lo viven acentuando mas l’Evangelio, l’Eucaristía o l’Evangeltzació pero todos a la manera de “Nazaret”.

Precedentes de todo esto

Carlos de Foucauld nace en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858 al seno de una familia rica y cristiana. Desde los seis años conoce el que es ser huérfano de padre y madre. Como consecuencia de esto ha de ir a vivir con su abuelo, el coronel Morlet, que lo quiere con ternura. De él recibirá los dones de la simpatía y de la generosidad, el amor por la familia, el país y también el amor al estudio, el silencio y la naturaleza. Conoce el padecimiento de la guerra de 1870 y la invasión de su ciudad. Con su familia se refugia en Nancy, dónde prosigue sus estudios. Es allí dónde, con gran fervor realiza su primera comunión. Le sostiene la fe de su familia, sobre todo de su abuelo y su prima Maria, a quien admira mucho. El 1874 se matricula a Santa Genoveva de París pora estudiar filosofía, viviendo en régimen de pensionado en los Jesuitas. Como quiere ser militar entra en la escuela de Saint Cyr. Son años de despreocupación. No trabaja, trae una vida solitaria, pierde el tiempo, anda vagando, se entretiene con obras literarias y no encuentra sentido a la vida. Con gran pesar, a los diecinueve años pierde su abuelo, a quien admiraba mucho por su inteligencia y su ternura. Algo se rompe en él y su vida va a la deriva. De desesperación se abandona, se deja estar, va de fiesta en fiesta, malgastando la herencia de su abuelo. Su familia está muy triste. A pesar de todo, acaba sus estudios en la escuela de Caballería de Saumur. Tiene veinte años y hace una carrera corta en el ejército, porque a los veinticuatro años renuncia a este pora ir a explorar Marruecos. Para este viaje se prepara estudiando el árabe en Argel (Argelia) y aprende todo lo que ha de utilizar para este proyecto. Se pone en contacto con el rabí Mardoqueo, que acepta guiarlo disfrazado de judío. Realiza una verdadera expedición científica, de tres mil kilómetros de recorrido, con mucho éxito, y la Sociedad de Geografía de Francia le concede la medalla de oro.

El grande giro de su vida

El viaje a Marruecos lo conquista. Le conmueve el acogimiento de la gente, su fe en Dios manifestada sin verguenza y su oración. Pero interiormente no se siente satisfecho. De vuelta en París, empieza a entrar a la Iglesia dónde pasa largas horas repitiendo esta oración: «Dios mío, si existes, haz que te conozca». Su prima le aconseja ir a visitar el padre Huvelin, vicario de la parroquia de Santo Agustín, que resultará un encuentro decisivo en la vida de Foucauld. Este le pedía lecciones de religión y Huvelin le hizo arrodillar y confesar, para después darle la comunión. Unas palabras del padre Huvelin, pronunciadas durante uno de los sus sermones, le impactaron: «Nuestro Señor, tomó de tal manera el último lugar, que nadie se lo puede arrebatar». A partir de entonces tan sólo piensa en seguir Jesús pobre. Huvelin le aconseja una peregrinación a Tierra Santa, que le ayude a descubrir el rostro concreto de Jesús. Lo encuentra en Jerusalén y en el Calvario. Pero en Nazaret toma conciencia de la importancia de la vida oculta de Jesús que vivió la mayor parte de su vida como un pobre artesano de pueblo. A partir de entonces Nazaret permanecerá como una búsqueda constante de la imitación de Jesús que lo irá llevando cada vez más lejos. En una carta a su amigo Henry de Castries afirma: «Tan pronto creí que había un Dios, entendí que no podía hacer otra cosa que vivir en Él: mi vocación religiosa nace en el mismo momento que mi fe: Dios es tan grande. Hay tanta diferencia entre Dios y todo el que no es Él…» El 15 de enero de 1890 entró a la Trapa de la Virgen de las Nieves en Francia, tomando el nombre de Mará-Alberico. Meses más tarde, fue enviado a la Trapa de Akbés, en Siria. Allí se encuentra muy bien, aprecieando el trabajo manual que le acercaba a Jesús de Nazaret. Empujado por la búsqueda apasionada por imitar Jesús de Nazaret dejó la Trapa en febrero de 1897 .

De Nazaret al Sáhara

Animado por el padre Huvelin, marcha a Tierra Santa al lugar dónde Jesús vivió, por llevar una vida escondida. Durante tres años fue servidor del Monasterio de las Clarisas de Nazaret, viviendo pobremente en una cabaña. Allí pasó muchas horas de adoración silenciosa meditando las Escrituras. Hasta ahora no había querido ser sacerdote, porque temía alejarse de la pobreza y del último lugar. Pero acepta ser ordenado a los cuarenta y tres años, por llevar a Jesús a los más abandonados. En una carta escrita a Henry de Castries le dice: «No se trata, por ahora, de convento, mucho menos de predicación, ni de idas y venidas, sino de establecerme en un lugar francés del Sahara sin sacerdote, vivir allí sin título oficial de ninguna clase, como sacerdote libre, yendo cada día a la enfermería a consolar los enfermos, traerles los sacramentos, velarlos y enterrarlos cristianament si mueren”. Va al Sáhara y se instala en Beni Abbés (Argelia), cerca de la frontera en Marruecos, país en el que pensaba residir cuando las circunstancias fueran propicias. En una carta a Monseñor Guerin cuenta como transcurren allí sus días: «Los pobres soldados vienen siempre a mí. Los esclavos llenan la casa que se les ha construido. Los viajeros vienen derechos a la ‘Fraternidad’. Los pobres abundan… Todos los días hay huéspedes para comer y dormir, etc.«. Durante l’año 1902 no cesa de denunciar ante las autoridades la injusticia de l’esclavitud. En una carta al padre Martin afirma: «Hace falta estimar la justicia y odiar la iniquidad, y cuando el gobierno comete una gran injusticia contra aquellos que tenemos a nuestro cargo, hace falta decírselo… no tenemos derecho a ser centinelas dormidos o perros mudos o pastores indiferentes” En junio de 1903, su amigo el coronel Laperrine, , le cuenta el bello testimonio de una mujer tuareg que, tras una batalla, se opuso a que mataran a los soldados heridos, cuidándolos ella misma, y haciendo que los repatriaran en Trípoli. Carlos de Foucauld, sorprendido por este gesto y pese a que le cuesta dejar Beni-Abbés, siente la llamada hacia los tuareg, que para él son los más abandonados.

Al país tuareg del Hoggar en el sur de Argelia

Atento a los acontecimientos, parte hacia el Hoggar el 13 de enero de 1904. Después de un largo viaje por el desierto, descubre a los tuareg y es aceptado por Moussa Ag Amastane, jefe de la tribu del Hoggar, instalándose en Tamanrasset, dónde crecerá la amistad entre ambos a lo largo de los años. Hace grandes recorridos conociendo la gente en su vida y participando en ella. Aprende su idioma e inicia un grande trabajo lingüístico por respeto y amor a su cultura. El hermano Carlos transcribe los poemas que se cantan durante la noche alrededor del fuego, y en donde se transmite el alma del pueblo tuareg. Mira a todos como hermanos, conviviendo con ellos y formando parte de su familia. De todas partes vienen a pedirle consejo. Comprende que sus amigos aspiren a tener mejores condiciones de vida y trata de ayudarlos. Durante el hambre de 1906/1907, comparte todo el que tiene y cae muy enfermo. Los tuaregs lo cuidan ofreciéndole algo de leche de cabra, que han de ir a buscar muy lejos. A partir de este cambio de situación, la amistad entre los tuaregs y el hermano Carlos se profundiza.

Desde hace mucho tiempo que quería fundar una familia religiosa, pero está solo. En su diario de 1909 encontramos este texto: “Mi apostolado tiene que ser el apostolado de la bondad. Viéndome tienen que decirse: Puesto que este hombre es tan bueno, su religión debe ser buena. Y si me preguntan por qué soy manso y bueno, debo decir: porque soy el servidor de alguien que es más bueno que yo. Si supieran que bueno es mi maestro Jesús!… Yo querría ser lo suficiente bueno para que se diga: si así es el servidor, cómo tiene que ser el Maestro?”.

El hermano Carlos va a Francia tres veces. Ve su familia y constituye una asociación denominada Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón, que tenía los siguientes objetivos, tal y como se puede ver en el texto que Foucauld nos dejó con el nombre de Consejos Evangélicos o Directorio: 1. Vida evangélica imitando al “Modelo Único”; 2. Vida Eucarística, desarrollando el sentido del sacramento de l’amor; 3. Vida apostólica, por la vía de la bondad en medio de los más necesidades.

Si el grano de trigo no cae en tierra…

Las repercusiones de la primera guerra mundial llegan hasta el Hoggar. La violencia y la inseguridad dominan estas regiones. Durante la mañana del 1º de diciembre de 1916 escribe a su prima: “Nuestra abyección es el hecho más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer bien a las almas”. Al atardecer del mismo día, durante una operación de los rebeldes sinusitas, se deja coger sin resistencia y lo matan al ver llegar a dos soldados franceses que traían el correo. En contra de su propia voluntad, que quería ser enterrado dónde muriera, algunos años después, el 18 d’abril de 1929, los restos del “tuareg universal”, excepto el corazón depositado en un cofre que quedó a Tamanrasset, fueron trasladados El Golea, a los pies de la primera iglesia de los Padres Blancos en el Sahara. A más de mil kilómetros de distancia, hacia el norte, y a 950 kilómetros de Argel.

Los dos pilares de la vida del hermano Carlos son: La presencia de Jesucristo en la Eucaristía y la presencia de Jesucristo en los pobres. Foucauld se siente empujado a vivir Nazaret en el lugar que sea más útil para el prójimo, a través del “apostolado de la bondad”. Como dice en los Consejos Evangélicos, “se hace el bien, no en la medida de lo que se dice y de lo que se hace, sino en la medida de lo que se es, en la medida de la gracia que acompaña nuestros actos, en la medida que Jesús vive en nosotros, en la medida que nuestros actos son actos de Jesús obrando en nosotros y por nosotros”.

 Si hay una palabra que pueda expresar mejor el mensaje de Foucauld es “Nazaret”, porque se trata de vivir el amor apasionado por la persona de Jesús en medio de las circunstancias más corrientes de la vida, y también descubrir a Jesús resucitado, incógnito, que hace ruta anónima con los discípulos de Emaús, un Cristo Eucaristía que no se manifiesta en grandes apariciones, pero que se encuentra en las rutas y las circunstancias más banales, las más familiares de l’existencia de las personas, un Jesús a quien se reza en la vida de todos los días.

Los frutos de una entrega

Cuando Carlos de Foucauld volvió de su viaje a Francia en 1911, escribió al padre Crozier, a quien había visitado el 14 de marzo, reiterándole su insistente petición: «Ayudeme en la realización de la obra que tanto deseo, una asociación fuertemente constituida«. Y será gracias a Crozier que Foucauld, poco a poco, desde 1911 hasta su muerte, va simplificando los estatutos de la Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón, la única fundación que creó Foucauld en vida y de la que el mismo fue miembro. Foucauld no encuentra en nadie que se ocupe de su obra en Francia, como tampoco encontraba discípulos por llegar a ser hermanos e ir con él al Sahara. Entonces piensa que un boletín puede reemplazar los directores. En una carta al padre Voillard, su director espiritual, en Pentecostés de 1916, se ve obligado a reconocer que no tiene a nadie pora dirigir a la Unión. En otra carta le hace una referencia a Luis Massignon diciendo: «Hay un hermano laico, fervoroso, a quien se le puede encargar la publicación del boletín y, si Dios le da vida (está al frente), podría hacer grandes servicios a la asociación«. Pero Foucauld cree que hace falta buscar un sacerdote. Y él mismo no se ve viniendo a Francia por tomar la dirección de la Unión: «Me creo el menos capaz de casi la totalidad de los sacerdotes para las gestiones que hace falta realizar, no a sabiendo más que rezar en solitario, callar, vivir entre mis libros, y hablar familiarmente frente a frente con los pobres«.

Hace falta señalar que en el momento de su muerte Foucauld no había encontrado la forma de su asociación, pero sí el fondo. Sobre el espíritu lo esencial estaba hecho: Más allá de las posiciones debidas a su época, más allá del vocabulario, hay un amor extremo a Jesucristo y el Evangelio, la expresión del amor extremo hacia todos, el respeto a la vida de cada uno, todo aquello que había commocionado a todas las personas que lo conocieron.

La decepción de Emaús

En vida del hermano Carlos, el padre Laurin transmitía los Estatutos a las personas que él le indicaba. Si daban su consentimiento, vivían según el espíritu del Directorio. Foucauld se dirigía especialmente a sus amigos, que hacían a su vez la difusión que querían. No tenían ninguna reunión. El padre Laurin, que era el lazo de unión entre los nuevos miembros de la Unión y Foucauld, cuando conoció la muerte de este no actuó más. L’actitud de Luis Massignon es completamente diferente. El 1950, dirá retrospectivamente, tras pasar una noche de adoración en Tamanrasset: «No hay duda que Foucauld, a quien me he entregado incondicionalmente el 14 d’octubre 1913 (siendo el único miembro vivo de los 49 primeros hermanos en el momento de su muerte nl 1916), a quien he conducido mi mujer, que ha bendecido a mi hijo en su carta que escribió al día de su muerte, me ha pedidopost mortem completar, sustituirme a él en relación a lo que faltaba de su pasión«. Cuando Massignon se entera de la muerte de Foucauld, escribe al padre Laurin, preguntando por la situación en que se encuentra la asociación y que pasará. La respuesta del padre Laurin del 20 de febrero de 1917 es parecida a la de los discípulos de Emaús: «recibí hace aproximadamente dos meses, escrita poco antes de su muerte, una carta en que me decía que la Regla, simplificada, estaba escrita y que ahora sólo hacía falta que viniera a Francia… Y actualmente la cosa está, humanamente hablando, completamente acabada. ¿Ve usted alguna otra solución? Estoy sorprendido de este final. El padre Foucauld era un alma santa, muy generosa. Parecía que Dios lo había suscitado para algo especial. Y he aquí que tras su muerte todo se ha destruido. Quizás tan sólo tenía que hacer su obra en el Sahara…”.Se puede decir que es una carta de un “discípulo de Emaús”, una carta que muestra como el padre Laurin esperaba la venida de Foucauld pora establecer todo y ahora había desaparecido. Todo estaba acabado.

Luis Massignon continuador de la obra de Foucauld

Luis Massignon visita el 23 de febrero de 1917 a Mons. Le Roy, superior de los Padres Blancos, que aceptó presidir l’Asociación Foucauld y le pide editar una biografía y publicar los Estatutos. Massignon recuerda que Foucauld le había hablado de René Bazin y le pide una entrevista. Este le invita a venir a visitarlo, y Massignon el 2 de marzo le pide que sea el biógrafo de Carlos de Foucauld, recordando la carta que el 11 d’abril de 1916 le había enviado Foucauld a Massignon: «El Sr. René Bazin, sus pensamientos están en general en armonía con los míos«. René Bazin accedió y su biografía ha sido la pieza clave para que se conozca el testimonio de Foucauld. Mientras tanto Massignon se encuentra, entre los papeles de Foucauld, los estatutos simplificados de su Asociación, con fecha de 1916, y que fueron aprobados por Mns. Bonnet. El breve texto de ocho páginas traía por título Unión Aapostólica, y en pequeños caracteres: «Para la conversión de los infieles de las colonias francesas«. En el plan religioso, este texto podría compararse con l’obra de la Propagación de la fe, si bien hay una preocupación de promover en las almas una más grande vida espiritual. El padre Laurain se consuela. Ya no creía y de pronto las cosas se mueven en torno al padre Foucauld y lo resucitan. Seha encontrado un biógrafo. El mismo cardenal-arzobispo de París aprueba la Asociación Foucauld. En todo esto, el verdadero protagonista es Massignon. Commocionado por la muerte del hermano Carlos, Massignon con treinta tres años d’edad, se considera como un hijo que tiene que continuar la obra de su padre. Es con esta convicción que realiza todas las gestiones. En un artículo que Massignon publicó el 1922, afirma que la nota distintiva de la Unión es un espíritu de fraternidad en el Corazón de Jesús. Prácticamente es «una organización que combina vida interior y trabajo de apostolado«. ¿Qué apostolado? Un «apostolado indirecto»: el apostoladode la amistad, de la bondad, que evita toda presión y que no suscita desconfianza ni antipatía. En palabras del propio Massignon, «la Unión ofrece a toda alma de buena voluntad, un simple consejo discreto, humilde, pero es el consejo de las bienaventuranzas«.

El nacimiento de las Fraternidades

Luis Massignon ve que con la biografía de René Bazin no no hay suficiente; quiere editar el texto clave, cargado de fuego, aunque imperfecto por su estilo y visión de la época, que el mismo Foucauld quería realizar de una manera más simple, clara y limpia. Publica Los Consejos Evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld y sigue sus consejos casi a la letra, de una manera eremítica, si se puede decir, en solitario en el mundo; aquellos y aquellas que se reúnen de una manera secreta y callada alrededor del Directorio tendrán la misma actitud. Durante diez años se dirigen a Massignon numerosos lectores de Bazin que s’interesan por los diversos proyectos de Foucauld. Sorprende que el primero grupo que surge del padre Foucauld bajo la guía de Suzanne Garde, el Grupo Carlos de Foucauld, sea una fundación que es estrictamente laica, cosa que en aquel momento, 1923, era revolucionario. La primera congregación religiosa que nace del padre Foucauld fue la de las Hermanitas del Sagrado Corazón, fundada gracias a una viuda de 43 años, la Sra. Macoir-Capart, que habiendo leído a René Bazin y tras la muerte de su marido en 1928, quiere poner en práctica la regla indicada por Foucauld en una congregación femenina. El 8 de septiembre de 1937, el padre René Voillaume, que también se había encontrado con Massignon, tomó el hábito, con otros cuatro compañeros, en la basílica de Montmartre. Dejan París hacia La Abiodh Sidi Cheikh, en el Sur argelino, dónde establecen su fraternidad. Al principio se denominan Hermanitos de la Soledad y pronto se llamarán Hermanitos de Jesús. El 7 de mayo de 1947 René Voillaume fundó con tres hermanos la primera fraternidad obrera en Aix-en-Provence. Cuatro años más tarde se publicó el libro En el corazón de las masas que sobrepasó los 100.000 ejemplares. Las Hermanitas de Jesús nacieron el 1939, gracias a la hermana Magdaleine de Jesús, y hoy en día están repartidas por todo el mundo en 321 fraternidades, manifestando el amor gratuito de Dios a través de la amistad y la solidaridad. El año 1956, René Voillaume fundó también los Hermanitos del Evangelio extendidos por todo el mundo.

 La grande familia del hermano Carles de Foucauld

Hoy en día la Asociación Carlos de Foucauld reúne a un numeroso número de grupos que se llaman y son discípulos del hermano Carlos de Foucauld. Además de los ya mencionados hace falta citar a las Hermanitas de Nazaret, fundadas en Bélgica y que están presentes en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), los Hermanitos de la Cruz (Canadá), los Hermanitos de la Encarnación (Haití), las Hermanitas del Corazón de Jesús (República Centro Africana), la Fraternidad Jesús Caritas, (Instituto Secular Femenino), Fraternidad Sacerdotal Jesus Caritas, la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld, la Comunidad de Jesús, nacida en Barcelona gracias a Pere Vilaplana Puntí, la Comunità Jesus Caritas (Italia), la Fraternidad Carles de Foucauld (Asociación de fieles: laicas con celibato), el Grupo Charles de Foucauld, otro en Vietnam y además en Cataluña tenemos también las Fraternidades de Betània,que tienen la Fraternidad General en Barcelona, la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld y la Fraternidad de Emaús y las Fraternidades de la Amistad en València.

           


Louis Massignon y Carlos de Foucauld

Louis Massignon

Charles de Foucauld y Luis Massignon dos personas de corazón ardiente. Poseen un mismo temperamento que ante nada cede, que siempre quiere avanzar. Apasionado, preciso, austero, perspicaz.

Ambos tuvieron una vida tumultuosa, mundana, fiestas, amantes. Son hijos del modernismo. Quieren probar todo, ganar todo, aprovechar todo en su camino. En su juventud, los dos se dejaron arrastrar por una embriaguez de vida.

Marruecos ejerció una fascinación sobre los dos en su juventud. Son verdaderos científicos marcados por el siglo en el que vivían. Obsesionados por ir hasta el extremo, formados por los más refinados métodos de la ciencia experimental. Seguirán siendo científicos a lo largo de toda su vida, sus obras así lo atestiguan. Además son lingüistas. Al inicio del siglo 20, cuando incrementaron las relaciones entre los pueblos, se sumergen en lo profundo de idiomas extrañas. Se acercan al idioma científicamente. Les conduce la pasión por “el otro” por él que es “distinto”.

Son dos conversos, de Foucauld en 1886 a los 28 años. Luis Massignon en 1908 a los 25 años. Ambos poseen una fe ferviente. Pero a la vez su fe no conoce resplandor, sino desierto, aridez, noche. Ambos crecen sólo a tientas en la fe, con ocasionalmente un viso de luz.

Conocieron el Islam cuando aún eran incrédulos y esto les marcó por toda la vida. El Islam los sedujo. Fueron liberados de sí mismos, para convertirse al cristianismo. Su corazón se desvanecía ante la pobreza de Cristo y de cada persona pobre. Desde el momento de su conversión ambos querían vivir pobre, en comunión con los pobres, pero exceptuando su ideología.

Ambos eran hombres del desierto. Aún antes de su conversión partieron para allá. Querían andar por caminos inexplorados. Estos apasionados que en su juventud acumularon las mayores experiencias posibles, abandonaron el vacío de su existencia y del placer para adentrarse en lugares vacíos y puros. Allí vislumbraron la promesa de una existencia distinta, llena y esencial. Por lo tanto poco importa cuanto haya que sufrir para alcanzar lo soñado.

La confrontación con estos lugares los enfrenta con el desierto verdadero, es decir, con el totalmente Otro, con una inconquistable soberanía, el Otro, totalmente diferente. El Dios que te sale al encuentro, como a Jacob junto al Yaboc. Encontrándose de tal manera con El Otro, de Foucauld y Massignon, a pesar de su férrea voluntad, se inclinaron,.

Se convirtieron al Otro y llegaron a ser personas para los demás. Dando la absoluta primacía a los demás. Se convirtieron al totalmente Otro, pero en la persona de Jesús y de todos los que a Él se parecen. Todos los últimos, todos los desamparados y los hambrientos. Su temperamento y su educación les llevan a ir hasta lo esencial. Lo encuentran en este Jesús que se hizo persona, quien vivió la vida humana, para ellos simbolizado en ese amor de Dios muy concreto en la vida cotidiana de cada persona y de la historia. Todo lo demás resultan para ellos palabras al aire, sentimientos bonitos, mera palabrería.

Luis Massignon

Mi nombre es Luis Massignon. Ah, quizás pensarán, uno entre tantos que conocieron al hermano Carlos. Efectivamente. pero no soy cualquier persona.

La última carta que escribió Charles de Foucauld que data del 1rº de diciembre de 1916, como saben del día que lo asesinaron me la dirigió a mí…¡Que extraño!

En aquel momento me encontraba en el frente durante la 1rª guerra mundial. Mi esposa me envió su carta diciendo: de Foucauld asesinado en el Sahara. Al enterarme de su muerte fui invadido por esta extraña sensación: que de Foucauld encontró el paso, llegó a su destino!

Sí, así lo sentía…¿Se imaginan lo que a mí, soldado en batalla, escribía también?

“Nunca hay que dudar en pedir los puestos donde el peligro, el sacrificio y la abnegación sean mayores. Dejemos el honor a quien lo desea, pero para nosotros mismos exijamos el peligro y la carga más pesada”. Maravilloso,

¿verdad?

Permítanme ahora contarles algo de mi mismo El hermano Carlos me supera 25 años en edad. Mi papá era escultor y miembro de la liga de los derechos del hombre. Él me enseño a apreciar la belleza, me transmitió el arte de observar me enseñó a descubrir. A los 16 años me llevó a conocer a Italia. Al finalizar las humanidades me mandó totalmente sólo a Alemania. Fe no poseía, pero tenía un amigo muy creyente, un pintor al que admiraba mucho.

Apenas en 1906 conocí a de Foucauld , muy pronto lo fui considerando como mi hermano mayor. Y luego como mi hermano mayor en la fe.

No se imaginan cuántas cosas teníamos en común, ambos perdimos la fe y nos convertimos. Yo en particular 2 años después de nuestro primer encuentro…

De costumbre los conversos son personas muy entusiastas y apasionadas, no hacíamos excepción. Ambos cuando aún éramos incrédulos descubrimos el Islam y este encuentro nos marcaría por toda la vida.

Tengo que confesar que también viví un tanto alegre (frívolo)… en cierto momento me enredé y caí preso. Me encontrba esposado y me sentía muy deprimido, tanto así que un momento dado quería acabar con mi vida y empecé a cortarme las venas con un cuchillo. En aquel preciso momento sentía que un fuego recorría todo mi cuerpo, era un presencia sanadora. Sí, un momento de conversión muy intenso que, luego cuando confesé mis pecados se intensificó, me sentí como renacido. Mi corazón se conmovía por el Cristo pobre en cada pobre. Esto me impulsó a ir a vivir, al igual que Cristo, por los más desolados, los más abandonados.

Otro elemento que nos une es: el desierto, al cual dábamos un significado singular, es ser confrontado con el Otro que interviene en nuestras vidas por medio de un gesto, un rostro, una manera… cuando se evidencia a la simple vista.

Nos encontramos sólo un par de veces. Una de estas oportunidades tuvo particular importancia para mi: pasamos juntas la noche en París en Monmartre.

Hicimos juntos adoración ante el santísimo sacramento. Fue en febrero de 1909. Llegamos al acuerdo de rezar a diario el Angelus el uno por el otro, lo cual hice fielmente hasta mi muerte.

Mucho tiempo Foucauld esperó que, como experto en lenguas árabes le ayudaría en el desierto, he duddado en hacerlo pero al fin nunca lo hice.

Lo que aprecié muchísimo en de Foucauld es que quería realmente mi felicidad. Cuando le comuniqué que pensaba casarme aprobó mi elección y elogió el matrimonio. Mientras tengo la plena certeza que en el fondo de su corazón se sentiría desilusionado porque no lo acompañaba. Él que nunca tuvo un seguidor.

Más tarde, cuando él ya llevaba mucho tiempo en el cielo, me llegué a ordenar de todos modo. No, no me separé de mi esposa y gracias a Dios, tampoco había fallecido. Pero me cambié de la Iglesia católica al rito Greco-Melquita.

Foucauld me hablaba con mucho entusiasmo de una asociación que quería fundar, una especie de grupo espiritual que de hecho fundó. Al momento de su deceso contaba con 48 miembros. Había escrito para ellos un texto, un “directorio” que a lo largo de su vida fue reelaborando. Su muerte puso en peligro la subsistencia de la asociación.

¡Aquí precisamente se encuentra mi mérito! Yo también era miembro de dicha asociación. Tomé la iniciativa de contactar a René Bazin. Por insistencia mía escribió la primera biografía de Charles de Foucauld.

Muy pronto se vendieron hasta 200.000 ejemplares. Escrita el aquel tiempo (1921), post-guerra, padecía de unos pequeños rasgos patrióticos. Era normal que lo tuviera a tan poca distancia de la 1rª guerra mundial.

Sin embargo la obra esboza un fiel retrato espiritual de Charles de Foucauld e interpreta la esencia de su mensaje.

Dedicatoria:

En la página 155 del libro “Directorio” encontramos una lista de los miembros de:”L’Uniónn des frêres y soeurs de Jesús” que de Foucauld fundó.

Esta información nos relata que había 48 miembros al momento del deceso del hermano Carlos. Sin embargo ahí encontramos 49 nombres. ¡A qué se debe esto?

Respuesta:

De Foucauld se incluye en esta lista. Se encuentra en el noveno puesto.

Así se llega a 48+1= 49 miembros.

LOUIS MASSIGNON Y EL NACIMIENTO DE LAS FRATERNIDADES

1. Louis Massignon un islamista comprometido con su tiempo

Louis Massignon (1883-1962) ha sido uno de los más excepcionales espíritus de la sabiduría contemporánea. Y no sólo por figurar entre los grandes islamólogos del siglo XX, de los que es el más respetuoso y fiel hacia el Islam, sino también por su magisterio crucial en el que integra razón y vida, conocimientos y acción moral. Así, toda su trayectoria vital se proyectó en una sabiduría práctica a favor de los humillados, los olvidados y los expoliados. Profesor en el colegio de Francia; director de estudios de ciencias religiosas en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París; director de diversas publicaciones; fundador de varias asociaciones y comités; profesor gratuito de los emigrantes magrebíes en París; miembro de todas las Academias de la lengua de los países árabes y de múltiples Academias europeas; participante asiduo de los coloquios «Eranos» de ciencias religiosas promovidos por Jung, presidente del Instituto de Estudios Iranios; su prolífica obra escrita se distribuye en pocos libros y amplias recopilaciones: Tableau geograpbique du Maroc dans les quin ze premiéres années du xv siécle daprés Léon L’Africain (1906), La Passion d’AI-Hallaj (1922), Essai sur les origines du lexique technique de la mystique en pays d’lslam (1922), Recueil de textes inédits (1929 ), Parole donnée (1962) y Opera minora (1969). Pero lo que ahora queremos subrayar es que sin la fuerza inquebrantable de este hombre por mantener la obra y el carisma de Carlos de Foucauld, hoy no existiría la cofradía-asociación eclesial que el mismo Foucauld fundó, La Unión de hermanos y hermanas de Jesús, Sodalidad Carlos de Foucauld, ni su familia espiritual, como ahora vamos a mostrar.

           La vida de Louis Massignon estuvo unida a los problemas políticos del Cercano Oriente, a los de su país y, de una manera especial, a los dramas de Marruecos y Argelia. Luis Massignon es un hombre de “tienda grande”. Al final de su vida lo llamarán el “Cheikh admirable”, en recuerdo del Doctor admirable, el gran teólogo y filósofo catalán del siglo XIII, Raimundo Lull. En Francia, un círculo de iniciados, y hasta discípulos, queda profundamente marcado por su genio singular. En Oriente, en África del Norte, su recuerdo se mantiene vivo entre ciertos eruditos; de Pakistán a Marruecos se sabe que el profesor Massignon fue un maestro y un guía. Pero, a pesar de todo, entre nosotros sigue siendo casi desconocido1.

Massignon fue un gran orientalista en una época en que esta disciplina era todavía relativamente desconocida. Algunos no han dudado en calificar a Massignon de santo. Pero no queremos hacer hagiografía, pues, aún admitiendo que se probase su santidad, el término sin duda le hubiese parecido inapropiado, pues tenía horror a la “bonachonería”2. Massignon parece escapar a todas las categorías, por su genialidad, pero también y sobre todo por sus paradojas, sus vacilaciones, las contradicciones entre el hombre público y el hombre privado. Su gran obra, esa extraordinaria Pasión del sufí musulmán Hallaj3, que llevó sobre él durante toda su vida, tras haber hecho de ella el tema de su tesis doctoral, corrigiéndola sin cesar, es en gran parte una biografía. Massignon afirmaba “que la ciencia fallaba en lo esencial si no entrañaba amor, o al menos, simpatía”. Massignon fue también, ante todo, un formidable erudito, un buscador infatigable, un verdadero arqueólogo del conocimiento, al acecho de los menores detalles, filtrándose por los menores entresijos para apoyar algunos de sus hallazgos; todo un saber que serviría para despertar a los difuntos y hacérnoslos presentes, lo que ha hecho de la Pasión de Hallâj un trabajo sin equivalente.

Massignon nos da testimonio, en primer lugar, de una vida completamente introducida en otra cultura. A los veinticinco años, siendo increyente como el explorador de Marruecos Carlos de Foucauld, marcha a Egipto y a Bagdad con el deseo de comprender el Islam. Estas experiencias cambiarán las perspectivas de miras de ambos, pues comprenderán enseguida que nunca se puede poner uno completamente en el lugar del otro, y que en vez de intentar poseer al otro, hay que compartir humildemente la vida. Como el mismo Massignon dirá, «la auténtica sabiduría que podemos desear es la humildad y ésta no tiene límites«. Massignon acogía a todos los hermanos, especialmente los más necesitados, como”seres únicos en el mundo”. Había sido marcado por Foucauld, que fue para él, según dijo en 1959, «como un hermano mayor y que le había hecho encontrar en todos los seres humanos, comenzando por los más abandonados, sus hermanos«.

Massignon, que fue presidente de los Amigos de Gandhi en Francia y precursor de los “métodos de la no-violencia activa”, hablaba de la “compasión”, capacidad de vivir al otro lo más profundamente posible, como de una «ciencia experimental» que tiene un método preciso y verificable. Para él, «el compartir la vida de los más humildes» es una ciencia. El método lo llamaba «descentramiento«. Se trata de ponerse en el lugar del otro, en el centro mismo de éste. Y la verificación de esta ciencia consiste en ver si hemos operado una «liberación» en la vida de los demás, en consonancia a la descripción que se hace en los Hechos de los Apóstoles sobre Jesús de Nazaret, que «pasó haciendo el bien«. En cuanto a su obra literaria, Massignon no fue un erudito de cámara. Intentó acercarse al Islam directamente y desde dentro. Su trabajo científico contribuyó a cambiar la manera de abordar la cultura islámica.

Massignon fue un profeta para nuestro tiempo porque «tenía un sentido de las realidades ocultas«. Algunos meses antes de su muerte, Massignon escribirá a un amigo sacerdote diciéndole «la gran deuda que tenía con Gandhi por haberle hecho comprender la ‘no-violencia de Jesús’«. Massignon comprendió que los métodos misioneros, incluso los más modernos y sutiles, se oponen al método no-violento de Jesús, que proponía sin imponer y no utilizaba la acción psicológica. Se trata de reconocer al otro tal como es y de no tratar de imponerse. Esta no-violencia pide una extrema fuerza interior, pues se verifica en el hecho de considerar al otro como un ser responsable al que se le pueden asignar tareas. Massignon criticaba ferozmente los métodos proselitistas pues veía una violación y especialmente una violación de los más pobres, de los corazones de niño con los que uno fácilmente puede abusar.

Otro aspecto en el que Massignon nos habla hoy como profeta, es decir, contra corriente, es este: Massignon es un solitario, un “eremita”, en una época en la que nada más se habla de comunidad y de colectivos. Jesús fue al desierto, buscó la soledad, no para huir de sus responsabilidades, sino para poder afrontar mejor los demonios más profundos, que son el deseo de dominio, la demagogia, los medios de presión y toda clase de seducción. Massignon se introdujo por el camino de la “soledad creadora” gracias a la figura luminosa de Hallaj mártir místico del Islam. Éste no fue ortodoxo para nadie, pues habiendo conseguido una gran libertad interior, vivió la hospitalidad a ultranza, no respetando las reglas del clan y del grupo, que exigían defender de entrada a los miembros y los dogmas del grupo, defendiéndose del extranjero y de toda contaminación.

Massignon era un apasionado por el mundo del Islam y soñaba en la reconciliación entre todas las Religiones del Libro. Por eso, Louis Massignon, en 1961, en la revista Notre-Dame d’Ephèse decía: «Éfeso4 debe llegar a ser, antes de la reunión final en Jerusalén, para todos los grupos cristianos y musulmanes, el lugar de la reconciliación en «Hazrat Meryem Ana» (Nuestra Madre, en turco), esperando que Israel, reconociéndola finalmente como la gloria de Sión, reúna esta unanimidad tan deseada». ¿Por qué Efeso?, por ser el lugar según la tradición donde se encuentra la “Casa de la Virgen” La Casa de la Virgen, en Efeso, en tanto que santuario, es el lugar de un encuentro excepcional entre los cristianos y los musulmanes, «en el que los Católicos celebran la misa, mientras que los Musulmanes oran en la habitación adyacente; los diversos ex-votos muestran que la Virgen otorga milagros tanto a unos como a otros». Pero también de manera simbólica, ella prefigura la unanimidad de todos los Ahl al-Kitab, de todas las Gentes del Libro.

2. Louis Massignon, el eslabón perdido entre Carlos de Foucauld y el nacimiento de las Fraternidades

Foucauld no era una persona ágil, ni cambiaba fácilmente de punto de vista. Las transformaciones que va realizando a lo largo de su vida son debidas principalmente a la necesidad. Carlos de Foucauld ha ido aprendiendo, a partir de 1913, que lo esencial es expresar lo más sencillamente posible la finalidad de la obra, por eso todo su esfuerzo consistirá en “simplificar”. Foucauld sabe que hay que transformar la estructura y los últimos estatutos de julio 1916. El 31 de julio de 1916 escribe a su prima diciéndole que trabaja en presentar el conjunto «simplificando y abreviando los estatutos, modificando completamente la organización«. Así, en el momento que le llegó la muerte Foucauld no había encontrado la forma de su asociación, pero si el fondo: el amor total hacia Cristo y el Evangelio.            El propio Luis Massignon explica en una carta enviada el 12 de mayo 1959 a Jean François Six, lo siguiente: «Cuando llegué a París con permiso el viernes 16 de febrero de 1917, al día siguiente, fui a ver a mi director, el padre Luis Poulin, párroco de la Trinité, para comunicarle mi deseo de continuar la Asociación Foucauld5 (él había firmado mi adhesión el 15-10-1913). Pasando por Roma el 14 de febrero visité a los Padres Blancos y, el mismo día, visité a Henry de Castries. El 21 de febrero visité al padre Laurin y lo convencí para que me ayude; me envió el 28 de febrero a Issy el texto del Directorio de Carlos de Foucauld, que tenía para mí desde hace tres años; y a partir de las cartas intercambiadas con Mns. Bonnet y Mns. Livinhac, hemos visitado a Mns. Le Roy, calle Lhomond, y le hemos dado los documentos sobre la Asociación Foucauld. Después de examinarlos, Mns. Le Roy me ha dicho: esta obra es de Dios, y que se ocupará de ella; tienes el imprimatur (si publicas; cosa que hice en El Cairo); pero esta obra no se puede organizar más que cuando llegue la paz, después de la publicación de una ‘biografía’ de tu amigo; encuentra un biógrafo. Cuando volvía a casa, recé y encontré la carta que Foucauld me había enviado el 11-4-16: ‘El Sr. René Bazin, sus pensamientos están en gran armonía con los míos’ (R. B. me dijo que entre ellos dos tan sólo hubo un intercambio epistolar). Por esto, obedeciendo a Mns. Le Roy fui a visitar a René Bazin para decirle simplemente que deseaba que fuese él el biógrafo de Carlos de Foucauld – A lo que R. B. me dijo: ¿Desea que sea yo? – Entonces le comenté la carta ( de C. de F. a R. B.)”.

Massignon, para poder continuar la obra de Foucauld, tiene el recuerdo preciso de algunos encuentros y conversaciones breves, con Foucauld; tiene sobre todo entre las manos el texto del Directorio y las 80 cartas que recibió de él, cartas que leerá y releerá toda su vida, que no cesará de nutrirse, que citará en los momentos importantes de su existencia como momentos esenciales. Ahora que Foucauld está muerto, percibe más aún lo que era para él: no exactamente un director espiritual, sino un “hermano mayor”; al final de su vida retomará este significado: Foucauld ha sido para él «este hermano mayor» que lo ha conducido por los caminos de la mística, que lo ha ayudado en la búsqueda de una vocación propia con un inmenso respeto. Cuando Massignon con su director se decide por el matrimonio, Foucauld, que hubiese querido verlo sacerdote y junto a él sin reserva, tiene palabras fraternas y justas y le dice a Massignon que es una “admirable vocación”. Lo esencial para Foucauld es la vocación de bautizado; la llamada a la vida religiosa no es un signo de superioridad. No existen pues dos clases: los sacerdotes y los laicos, los religiosos y las personas casadas, con la idea de que sólo los primeros son los que aman a Dios “de todo corazón”, mientras que los segundos tendrían un amor mediocre: se puede amar al “Bien amado” en el matrimonio y fuera del matrimonio. Y el Directorio, que es un manual de perfección, está destinado tanto a los laicos como a los sacerdotes y religiosos.           

Mientras tanto, se encuentra Massignon entre los papeles de Foucauld los Estatutos simplificados de su Asociación, con fecha de 1916, aprobados por Mns. Bonnet. El padre Voillard se lo comunica al padre Laurain el 2 de octubre de 1918: «Es su texto que fue retomado para la Asociación Foucauld, después de su reorganización en París, aprobada por el cardenal Amette el 10 de septiembre 1919«6. Aprobación intermedia: «El ensayo puede intentarse» dijo el arzobispo de París.            El breve texto de ocho páginas que se publicó7 como presentación de la Asociación llevaba por título Unión apostólica. Era el título principal, debajo en pequeños caracteres: «Para la conversión de los infieles de las colonias francesas«.            En el plano religioso, este texto podría comparar a la Unión apostólica con la obra de la Propagación de la fe8, si bien hay una preocupación mayor por promover en las almas una mayor vida espiritual.

El viernes santo de 1920, Massignon pasa en Paray-le Monial una terrible angustia pensando en el testamento espiritual no realizado por el padre Foucauld. Massignon se siente heredero y continuador de la obra de Foucauld. El año 1922, publica un artículo sobre la Unión9 que consta de dos partes: Carlos de Foucauld y La Unión de oraciones. En la primera parte se remite, en primer lugar, al libro de R. Bazin10 y evoca la muerte de Foucauld. Después, aborda los diferentes aspectos de la vida espiritual de Foucauld. Habla de “la cruz” y evoca el “espíritu de oración”, señalando la fuerza del desierto sobre Foucauld; “su inmenso amor por las almas” y la extrema bondad inventiva de Foucauld. En la segunda parte, presenta la fundación que el padre Foucauld pretendía durante los últimos años de su vida. Se trata de los Estatutos y de un Directorio dados a la “cofradía de cooperadores, a la Unión que él pedía a Dios fundar; para extender y perpetuar la urgente y abrumadora obra de apostolado en la que sucumbió el 1º de diciembre de 1916. Para Massignon la nota distintiva de la Unión es un espíritu de fraternidad en el Corazón de Jesús. Prácticamente es “una organización que combina vida interior y trabajo de apostolado”. ¿Qué apostolado? Un “apostolado indirecto”, subraya Massignon refiriéndose al Directorio: el apostolado de la amistad que evita toda presión y que no suscita ni desconfianza ni antipatía. En conclusión: Lo que la Unión ofrece a toda alma de buena voluntad, es un simple consejo discreto y humilde. No es más que un consejo, pero es el consejo de las bienaventuranzas. Pues Foucauld cada vez más quería que el Directorio tuviese el simple carácter de consejos. 

Ocho años después de la publicación del Directorio, Luis Massignon acepta reunir «un grupo de miembros de la Asociación Foucauld resueltos a practicar el Directorio como regla de vida«. El 15 de mayo de 1938 tiene la aprobación del canónigo Dupin, presidente de la Asociación. Este le declara que bendice este proyecto de un «grupo más ferviente en el interior de la Asociación.11. En este grupo hay sacerdotes como el padre Gérin, de la diócesis de París; el hermano de Marc, hermanito de Jesús, y el padre Abdeljalil, franciscano, musulmán marroquí convertido al cristianismo, así como cuatro laicos; para estos el compromiso entorno al Directorio era importante.

Aquellos y aquellas que Massignon llamaría, en 1961, «los antiguos amigos del Directorio primitivo” y que se pueden llamar el “grupo primero, primitivo, del Directorio”, tienen al final de su vida, una importancia capital: es “el pequeño resto” que con él, alrededor de él, han velado por el “mantenimiento” del Directorio, dicho de otra manera, la exacta fidelidad con el mensaje del padre Foucauld. Tenía Massignon, en los últimos años, una secreta y profunda alegría en señalar que gracias a éste grupo, esta “sodalidad” tan humilde, tan perdida, se había podido continuar en la noche como la pequeña llama foucouldiana.

  En el itinerario espiritual de Massignon ocurrió un acontecimiento importante: Al final del año 1950, año en que fue ordenado sacerdote, fue a Tamanrasset donde murió el «querido Padre«12. Se siente llamado por él a hacer este peregrinaje; y allí, en la ermita de Foucauld, pasa una noche de adoración que religa a la noche de adoración que pasó en el Sagrado Corazón en el momento de su reciente encuentro con Foucauld (noche del 21-22 febrero 1909): «Una de las últimas llamadas de Foucauld ha sido en 1950, haciéndome falta ir a Tamanrasset para completar, con mi mujer, nuestro viaje de novios interrumpido en 1914 en Touggourt (…). Allí, durante la noche del 19-20 octubre 1950, desde las 23h. a las 4h de la madrugada, he tenido mi noche de adoración con Foucauld, en su bordj, noche oscura, más cerrada que nuestra primera noche de adoración en el Sagrado Corazón en 1909: todavía más pobre. Pero como dice un proverbio árabe: ‘Dios ve subir a la hormiga negra, por la piedra negra, en la noche negra’.»Así, en mi oración unida a la suya, en mi sacrificio unido al suyo, he presentado esta masa de creyentes musulmanes por los que murió, para quienes desde hace cincuenta años, mi vida es fraternalmente entregada; para quienes mi vida ha sido violentamente tomada«13.

  El desarrollo del conjunto de las congregaciones y de los grupos (fraternidades religiosas, sacerdotales, laicas…) surgidas del padre Foucauld, lleva a los responsables de estos movimientos, alrededor del año 1950, a desear reorganizar la Asociación. Se reúnen en Beni-Abbés del 14 al 21 noviembre 1955 para “hacer que el espíritu que animaba a Carlos de Foucauld continúe viviendo en la Iglesia para los hombres de hoy”. Mns. Charles de Provenchères, arzobispo de Aix-en-Provnce, es elegido quinto presidente de la Asociación Carlos-de-Jesús, Padre de Foucauld. Massignon participa en la asamblea de Beni-Abbés. Escribe a Mary Kahil, el 21 noviembre 1955: «Tú recuerdas como este año he sufrido por la omisión de mi rol de heredero de Foucauld, de editor de su Directorio. He sentido que la enseñanza, el pensamiento primitivo de Foucauld peligraban de ser modernizados por los organizadores que tienen toda la confianza del Vaticano». Añade en esta misma carta: «Nuestras oraciones después del bordj de Tamanrasset, han tenido resultados: estos diez últimos años, en unión constante de oración, de plena badaliya14, me han emblanquecido, envejecido, por el duro amor de una muerte en pleno testimonio.«15.

  En Beni-Abbés, representa el pequeño grupo de aquellos y aquellas que no han cesado de reunirse alrededor del Directorio y da a este grupo el nombre de Sodalidad del Directorio. Sodalidad es reconocida por el conjunto de los demás grupos que forman la Asociación, Massignon señala, no obstante, su anterioridad a todos los demás grupos: estos han nacido después de la muerte de Foucauld, escribe, «esta sodalidad nació viviendo el hermano Carlos de Foucauld«16. Y remonta este nacimiento al momento en que él, Massignon, ha dicho «Si» a Carlos de Foucauld; pues, para él, esta sodalidad existe «después de una noche de adoración pasada juntos en el Sagrado Corazón de Montmatre, el 22 de febrero de 1909.”17. Respondió entonces a una primera llamada de Foucauld y continuó siendo fiel a esta llamada. Si no fue con él al desierto al casarse, se comprometió en hacer existir el pensamiento y el corazón de Foucauld, acompañándolo siempre.

Después de la muerte de Foucauld aquellos y aquellas que captan el mensaje de fuego de Foucauld y desean vivirlo, van a ver a Luis Massignon para pedirle consejo; numerosos lectores de Bazin se interesan por los diversos proyectos de Foucauld y sobre las reglas que había escrito para los Hermanos y Hermanas que quería fundar, se dirigen a Massignon. Sorprende que el primer grupo que surge del padre Foucauld bajo la guía de Suzanne Garde, el Grupo Carlos de Foucauld, sea una fundación que quiera ser estrictamente laica, cosa que en aquel momento, 1923, era una apuesta revolucionaria. La primera congregación religiosa nacida del padre Foucauld fue las Hermanas del Sagrado Corazón, fundada por una viuda de cuarenta y tres años, la Sra. Macoir-Capart, que habiendo leído a René Bazin y después de la muerte de su marido en 1928, quiere poner en práctica la regla indicada por Foucauld en una congregación femenina. El 8 de septiembre de 1937, el padre René Voillaume, que también se había encontrado con Massignon, tomó el hábito, con otros cuatro compañeros, en la basílica de Montmartre. Dejan París hacia El Abiodh Sidi Cheikh, en el Sur argelino, donde establecen su fraternidad. Al principio se denominan Petits Frères de la Solitude y pronto se llamarán Petits Frères de Jesús. El 7 de mayo de 1947 René Voillaume fundó con tres hermanos la primera fraternidad obrera de los hermanos de Jesús en Aix-en-Provence. Cuatro años más tarde se publicó el libro En el corazón de las masas que sobrepasó los 100.000 ejemplares. Las Petites Soeurs de Jesús nacieron en 1939, gracias a la hermana Magdaleine de Jesús, y hoy en día hay repartidas por todo el mundo trescientas veintiuna fraternidades de hermanas, manifestando el amor gratuito de Dios a través de la amistad y la solidaridad. Años más tarde, en 1956 el propio René Voillaume fundó los Hermanitos del Evangelio, siendo aprobadas las constituciones actuales en 1986.

En 1917 Luis Massignon hizo editar el Directorio (texto de 1909 y adiciones de 1913 del hermano Carlos) en el Instituto Francés de El Cairo y en 1928 y 1933 en París. El año 1957, René Voillaume, fundador de los hermanos de Jesús y del Evangelio, lo adaptó para el uso de las Fraternidades seculares del hermano Carlos de Foucauld. Así se puede decir que Luis Massignon es un eslabón esencial entre su amigo Foucauld y los distintos grupos que surgieron veinte años después de su muerte. Hoy en día la Asociación Carlos de Foucauld reúne a un numeroso número de familias que se dicen y son discípulos del hermano Carlos de Foucauld. Además de las ya mencionadas, hay que citar a las Hermanitas de Nazaret; los Hermanitos de la Cruz (Canadá); las Hermanitas y Hermanitos de la Encarnación (Haití); las Hermanitas del Corazón de Jesús (República Centro Africana); la Fraternidad Jesús Caritas (Instituto Secular Femenino); la Fraternidad Sacerdotal Jesús Caritas; la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld; la Comunidad de Jesús (Asociación privada de fieles: matrimonios consagrados, célibes consagrados y laicos comprometidos); la Comunidad Jesús Caritas de Italia (Sacerdotes diocesanos en comunidad parroquial); la Fraternidad Carlos de Foucauld (Asociación de fieles: laicas con celibato); el Grupo Charles de Foucauld, otro en Vietnam y además en España han surgido la Fraternidad de Betania, la Fraternidad de Emaús, las Fraternidades de la Amistad y la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.


1  Cf. J. L. VÁZQUEZ BORAU, Volver a Nazaret, guiados por Carlos de Foucauld y Luis Massignon, PPC, Madrid 2004

2   Cf. C. DESTREMAU/ J. MONCELON, Louis Massignon, París 1994.

3  Cfr. L. MASSIGNON, La Pasión de Halläj, Paidós Orientalia, Barcelona 1999. Obra magistral que ayuda a conocer a aquel místico del Islam del siglo X, llamado “el crucificado de Bagdad”. Se llamaba Al-Husyn ibn Mansur. Lo crucificaron el año 992; quemaron después su cuerpo y esparcieron sus cenizas en el río Tigris.

4  Antigua ciudad de Asia Menor, puerto natural de Sardes, capital de Lidia, fundada por los griegos el año 1000 a.C.. La ciudad tenía un famoso templo consagrado a Ärtemis, diosa de la caza, hija de Zeus y Leto., que fue incendiado por Eróstrato el 356 a.C. y reconstruido rápidamente. Se le consideraba una de las siete maravillas del mundo antiguo. El año 431 fue sede de un concilio en el que se condenó la doctrina de Nestorio.

5  Hoy llamada Unión de hermanos y hermanas de Jesús-Sodalidad Carlos de Foucauld, cuyo Coordinador General es el padre J. F. SIX (127, Rue N. D. des Champú-75006 PARÍS)

6  CH. FOUCAULD, Directoire, 1a. ed., París, 1918, 122. Los Estatutos se publicaron en las págs. 123-128.

7  Impreso por A. Le Beau, Vanves.

8  La Propagación de la fe, fundada en Lyon en 1922 por Pauline Jaricot, tiene, como la Asociación Foucauld, según estaba establecida en 1919, la doble finalidad de suscitar oraciones y recoger donativos para las misiones.

9  La Vie spirituelle, febrero 1922, 362-376. Reproducido en el anexo del Directoire (ed. 1961, o. c.) 135-151 (Massignon firma este artículo con el seudónimo “L. Hovyn”, que es el nombre de su madre).

10  R. BAZIN, Charles de Foucauld, explorateur du Maroc, eremite du Sahara, Plom. París 1921

11  Cf. J. F. SIX, l’Aventure de l’amour de Dieu, Seuil, París 1991, 291-292.

11  Desde Tamanrasset escribe el 8 de octubre 1950 a Mns. Kahil (L’Hospitalité sacrée, pág. 267): «Es bueno que venga al lugar donde Foucauld me llamaba para continuar su sacrificio después de él, llegando a ser su sucesor allí donde poco antes de ser asesinado me escribía pidiendo a Dios de todo corazón que no muriese. Este corazón fue dejado aquí cuando los Padres Blancos se llevaron su cadáver para ornamentar su capilla de El-Goléa. Está enterrado allí bajo una cruz. ¿Qué he hecho yo por Foucauld desde 1916? Lo que esperaba de mí; en la noche del 18 al 19, le presentaré mi ofrenda personal por todas sus intenciones que no han cesado de ser las mías«.

13   Cconferencia en la Sorbonne 1959.

14  Unión de oraciones para llevar el Islam a Cristo

15   L. MASSIGNON, L’Hospitalité sacrée, Nouvelle cité, Paris 1987, 296.

16  Carta a C. Lacour, 12 de mayo 1951.

16  Carta a C. Lacour, 12 de marzo 1949

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