Una nueva fraternidad de la India se pone en marcha – Hermanos de Jesús

Thiruvannamalai es una ciudad del sur de la India y un gran centro de peregrinaciones a la “Montaña de la luz” cerca de la cual se encuentra uno de los grandes templos dedicados a Shiva. Es una ciudad mayoritariamente Hindú aunque, en las proximidades de la ciudad, desde
hace cuarenta años se ha asentado una pequeña comunidad católica compuesta de cristianos de origen dalit, además de una comunidad luterana más antigua. Los hermanos se establecieron allí hace un año y Anand nos describe su nuevo ambiente de vida y sus compromisos.
Queridos hermanos:
Desde hace varios días estoy bloqueado con una ciática, sin poder
agacharme y con mucho dolor para ponerme en pie y con dificultad para
levantarme por la mañana de la cama.
Estuve en Bangalore para unos trámites, sólo un ida y vuelta de tres
días porque se iba a celebrar el festival hindú en el pueblo y estaba invitado por mis compañeros dalits1
. Volví agotado (también debido al calor, 40 grados) y llegando quise limpiar delante de casa, hice un
movimiento en falso y ¡hop! un lumbago. Al día siguiente hice 80
km en moto y luego fui a ver a Shanti. Y al despertarme me
encontré bloqueado en la cama, imposible levantarme.
Aprovecho el estar tranquilo a la fuerza, para escribiros.
De repente me he dado cuenta de la belleza de los gestos cotidianos, el hecho de no poder hacer algunas posturas me ha hecho tomar conciencia de todos los movimientos que hacemos
sin darnos cuenta; de la hermosa armonía de los gestos cotidianos.
Los vecinos, los amigos se ríen de mí, yo curo a los demás con
masajes, con sesiones de acupuntura, etc. y no soy capaz de curarme a mí mismo. Acabo de curar a la vecina que se cayó de un taburete y se hizo daño en la planta del pie, no podía apoyarlo
en el suelo, sufría desde hacía un mes y en dos días llegué a reducirle su dolor y ahora camina normalmente.
Nuestra nueva fraternidad pronto cumplirá un año, Xavier y Visu llegaron a Tiruvannamalai el pasado junio y al barrio donde estamos en agosto. Nuestra casa se encuentra a 10 minutos a pie de la parroquia.
Nuestro barrio es nuevo y también la parroquia es bastante nueva, un misionero italiano
salesiano la creó hace unos cuarenta años. Invitó a los cristianos de los pueblos vecinos a
instalarse y a vivir en Tiruvannamalai para crear una nueva comu nidad cristiana.
Tiruvanamalai es una ciudad hindú tradicional, con ashrams y
templos, cada mes de luna llena, miles de peregrinos vienen al
gran templo dedicado a Shiva y caminan durante la noche 16 km, alrededor de la montaña sagrada. Arunachala es una montaña dedicada a la luz así como el templo (el 10 de mayo será
luna llena, el gobierno de Tamil Nadu pondrá a disposición más
de 2.000 autobuses que harán al menos tres viajes de ida y vuelta, sin contar los autobuses privados, coches, motos, etc.) Este templo se encuentra a unos 40 minutos a pie de la fraternidad.
Una ciudad grande con mayoría hindú. Existe también una comunidad protestante luterana que es mucho más antigua que nuestra parroquia y que ha hecho mucho por la ciudad; tienen
una reputada escuela y muchas personas de Tiruvannamalai estudiaron en ella. También hay una comunidad musulmana que es bastante importante.
Volviendo a nuestro barrio, el misionero italiano compró terrenos e invitó a los cristianos de los pueblos vecin0s a instalarse; son casi todos maestros, funcionarios… que vinieron a instalarse aquí, la mayoría son dalits y pudieron educar a sus hijos que ahora ocupan puestos de trabajo bastante buenos en la enseñanza, funcionarios, empleados de banca, militares, abogados…
Desde hace algún tiempo voy descubriendo a los jóvenes que encuentro por el barrio o en su entrada y también detrás de nuestra casa, ya que vienen a jugar al cricket o al voleibol, hay
también familias dalits hindúes que se han ido instalando poco a poco, desde hace 30 años, desplazándose de la gran colonia dalit que se encuentra situada entre la estación de autobuses, la estación del tren y la iglesia luterana; esta comunidad dalit hindú se las arregla y crece, pero ella no está a la altura del estándar de vida de la comunidad cristiana y de las familias vecinas nuestras. Esta pequeña colonia se encuentra encajonada entre el convento de unas monjas, los grandes almacenes que se encuentran en la carretera y nuestro barrio.
Nuestra casa se encuentra al final de la calle principal sobre terrenos que están en venta o vendidos ya para la construcción. Por el momento es muy tranquila, la casa es amplia y agradable
y por detrás de la casa hay espacio para poder andar por la mañana y por la tarde. Hay también un lago pequeño muy cerca, lugar muy agradable para pasear. Seguramente tendremos que
dejar esta casa ya que está en venta, pronto tendremos que empezar a buscar otro lugar.
Nuestra pequeña fraternidad, la comenzamos realmente a tres, a finales del pasado junio. Visu dejó su trabajo en Gingee donde trabajaba en una escuela y se ocupaba de estudiantes
que tenían problemas de visión o sordera. Eran chavales que estudiaban en una escuela normal y tenían necesidad de acompañamiento y ayuda, el trabajo de Visu consistía en acompañarlos. Ahora está jubilado. Desde enero hasta julio tomó un tiempo sabático; no había hecho el año de desierto. Hace retiros acompañados que duran casi un mes. Espero que nos comparta sus vivencias de esos 6 meses. A su regreso le gustaría sin duda alguna, encontrar una ocupación, seguramente la encontrará
con la experiencia que tiene con los discapacitados. Puede ser de gran ayuda para los niños y niñas que tienen dificultades en los estudios.
Aquí la ciudad es pequeña y no hay muchas oportunidades de trabajo. De momento Xavier trabaja en una ONG, que está bajo la responsabilidad de nuestro amigo Rosario. Va a visitar una vez
por semana un pequeño centro, un pensionado que Rosario creó para los niños y niñas de los pueblos tribales. Este centro se encuentra a 60 km de Tiruvannamalai en la montaña, él va a ver
a la persona encargada, ve las necesidades del centro y también visita algunos pueblos donde hay pequeños centros nocturnos para ayudar a estudiar a los niños. Si no, está en el centro que se encuentra a 15 km de Tiruvannamalai, donde se ocupa de un programa para las personas mayores Dalits.
Respecto a mí, también busqué una ocupación, estando al principio solo en el barrio. La gente va a trabajar y la mayoría de las casas están cerradas. Personalmente esto lo vivía mal. Un amigo que tiene dos centros para niños con lesiones cerebrales me hizo una propuesta. Participo en las actividades del centro
tres veces por semana, intento transmitir y enseñar mis conocimientos adquiridos durante los años pasados en Alampoondi. Este centro se encuentra a 16 km de Tiruvannamalai.
Una vez por semana voy a Gingee. Albert un amigo que vive en nuestra antigua casa de Alampoondi retomó una parte del proyecto GRRC, centro en el que yo trabajaba y me pidió ayuda
para desarrollar este proyecto. Ha contratado a dos personas.
Cuando voy a Gingee tengo ocasión de volver a ver a amigos y de pararme de vez en cuando en Alampoondi. Generalmente tengo un largo fin de semana, viernes, sábado y domingo libres, esto me equilibra y también me siento libre para cogerme cuando quiero algún día, puesto que es casi como un voluntariado lo que hago. Me pagan muy poco. Así es como pude ir a Bangalore
o me deja disponible también para cualquier otra necesidad.
Me gustaría daros noticias de Shanti que se encuentra a 45 km de Tiruvannamalai, en Chetpet. Tiene una habitación en St. Thomas Hospital, que está bajo el patrocinio de un instituto secular de origen alemán. Puede sentarse solo en la cama y poco a poco llega a sentarse en su silla, pero la mayor parte del tiempo
permanece acostado. Durante mi última visita me dijo que estaba harto y que pide todos los días al Señor que se lo lleve. Intentamos ir a verle una vez por semana y quedarnos un rato con él.
En adelante seguramente que tendremos que acompañarle más.
Quisiera hablaros sobre nuestra parroquia, intentamos integrarnos poco a poco, pero esto no nos es fácil, nuestro estilo de vida no lo entienden, la gente espera que estemos al servicio de
la Iglesia, no tenemos institución. La parroquia es muy tradicional, empezando por el cura, personalmente me cuesta mucho situarme después de haber vivido 23 años en Alampoondi viviendo en un ambiente hindú; creo que estábamos mucho más libres. (Tienen en mente a este misionero italiano que hizo mucho por esta parroquia y viendo un hermano de piel blanca, inconscientemente tienen expectativas). Pero mis hermanos tienen el deseo de estar cercanos a la comunidad cristiana y esto es legítimo. Necesitaremos tiempo para seguir siendo nosotros mismos con nuestro carisma y al mismo tiempo estar presentes
en la parroquia de una forma positiva y constructiva. Esto será sobre todo el trabajo de Visu y Xavier, ellos deberán encontrar el camino.
Y termino, el diario ya es bastante largo. Con toda mi fraterna amistad para cada uno y quiero deciros que leo siempre con gran interés vuestros diarios.

(1) El sistema jerárquico de castas, en el hinduismo, ponía de lado a los “fuera de
casta”, a quienes se les reservaban los trabajos considerados como impuros y
cuyo contacto había que evitar. Antaño se les conocía como “parias” o “intocables”, pero el término empleado comúnmente hoy es el de “dalit” (palabra que se han dado ellos mismos y que significa “los oprimidos”). Incluso si la Constitución de la India de después de la independencia instauró la igualdad
ante la ley e incluso si un buen número de dalits han tenido acceso a la educación y a puestos importantes (ministros e incluso presidentes de la república), los dalits siguen siendo hoy víctimas de una mirada negativa y muchos de ellos hacen parte de las capas más pobres de la sociedad india.
L

Cómo llegar al corazón del credo musulmán

Entrevista a Michel Cuypers   El n. 4 de la revista «Il Regno `[El Reino]» (2007), editada en Bolonia por los religiosos dehonianos dedica una entrevista a Michel Cuypers, 56 años, belga, religioso de los Hermanitos de Jesús.Cuypers vivió doce años en Irán. Al comienzo en una leprosería en Tabriz, después estudiando la lengua y la literatura persa en Teherán alcanzando el grado de doctor en literatura persa en la universidad en 1983. Después estudió árabe en Siria y en Egipto y en 1989 se trasladó a El Cairo, donde actualmente reside y trabaja como investigador en el Instituto Dominicano para los Estudios Orientales, fundado hace medio siglo por los dominicos islamólogos Georges Anawati, Jacques Jomier y Serge Beaurecueil.

Desde 1994 Cuypers ha concentrado enteramente sus estudios sobre la composición del texto del Corán, adoptando el método de análisis retórico. Sus artículos y ensayos son cada vez más apreciados también por estudiosos musulmanes. Es reciente la publicación de un libro suyo en lengua francesa dedicado al análisis de un capítulo del Corán: “El banquete. Una lectura del sura al-Ma’ida”, con un prefacio del eminente estudioso musulmán Mohamed-Ali Amir-Moezzi.

La entrevista que publicamos, originalmente editada en francés, tiene por autor a Francesco Strazzari.P. – Hermano Michel Cuypers, háblenos de su investigación y de su nuevo libro: “El banquete. Una lectura del sura al-Ma’ida”.

R. – Desde hace unos doce años llevo adelante una investigación sobre la composición del texto del Corán con el método llamado “análisis retórico”, ya experimentado en los estudios bíblicos. Esta investigación se beneficia de dos siglos y medio de estudios sobre la Biblia y desde hace unos veinte años ha sido sistematizada en modo excelente por Roland Meynet, jesuita, profesor de teología bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Se trata del redescubrimiento de las técnicas de escritura y de composición que los escribas del mundo semítico antiguo utilizaban para redactar sus textos. La palabra “retórica” se debe por tanto en este caso tomar en el sentido preciso de “arte de la composición del texto” (que corresponde a una parte solamente de lo que Aristóteles entendía por “dispositio”, la retórica).

La retórica bíblica y – más ampliamente – semítica, difiere completamente de la griega, que ha marcado toda nuestra cultura occidental y también la cultura árabe, después que esta se abrió a la herencia de la cultura griega. Se funda sobre un principio simple, la simetría, que puede tomar la forma de paralelismos relativos a la sinonimia, antitéticos o complementarios, o sea los tres tipos de paralelismos que la exégesis bíblica, con Robert Lowth y sus “Lecciones sobre la poesía sacra de los hebreos”, aparecidas en 1753, ha puesto en evidencia en los Salmos, o también la forma del quiasma o “paralelismo inverso” (AB/B’A’), y finalmente el “concentrismo”, cuando aparece un elemento central entre dos aspectos simétricos del texto (AB/x/B’A’).

Tales correspondencias se prestan a diversos niveles textuales: miembros, grupos de miembros, etc., hasta siete, ocho niveles para textos importantes. La individualización de estas simetrías permite dividir el texto en unidades semánticas y evidenciar su estructura, que orienta a su vez la interpretación. En efecto, el objetivo final de esta técnica de análisis, como para todas las exégesis, es comprender el sentido del texto. Mi investigación es pues absolutamente interdisciplinaria, ya que aplico al Corán un sistema de análisis que proviene de los estudios bíblicos.

Al inicio no era más que una hipótesis de investigación: se quería verificar si efectivamente el análisis retórico bíblico era aplicable al Corán. He comenzado analizando algunas de los suras breves y rápidamente resultó evidente que este sistema se adaptaba perfectamente al análisis del texto coránico: a nivel de teoría no cambiaba nada, todos los principios se verificaban exactamente en el texto del Corán.

Después del estudio de unos treinta suras breves, que son atribuidos al inicio de la profecía mahometana, quise iniciar el análisis de un sura largo. Escogí el sura 5 (llamado normalmente “La mesa servida”, en árabe al-Ma’ida), porque según la tradición ella sería la última en orden de tiempo: en este modo el método se habría aplicado par los textos del inicio cronológico del Corán como para los del final. Esto habría permitido extraer traducciones ponderadas y afirmar que verosímilmente la totalidad del Corán está construida según estos mismos principios de composición.

P. – ¿Por qué usar la retórica como análisis de la estructura del Corán? Anteriormente ud. había practicado una lectura “atomizada”, fragmentaria, por pequeñas unidades semánticas.

R. – Es una experiencia absolutamente común a cualquier lector quedar desconcertado y rápidamente desalentado por el aparente desorden del texto coránico, especialmente a un lector no musulmán que no haya crecido con este texto desde la infancia. El Corán no se desenvuelve de manera lineal, como desarrollo progresivo de uno o más temas, como nos ha enseñado la retórica griega. Los sujetos en el Corán se mezclan. Un tema apenas aludido y rápidamente interrumpido, aparece a continuación; y algunos incisos introducen a veces un argumento completamente ajeno al contexto. El lector tiene rápidamente la impresión de una incoherencia total y es arrastrado a pesar suyo, a una lectura atomizada, discontinua, de fragmentos independientes unos de otros.

Es bueno notar que no somos nosotros solos, occidentales modernos, los que tenemos esta impresión. Ya en el Corán algunos neófitos convertidos al Islam hacen notar este particular al Profeta (Corán 25, 32). Las primeras generaciones musulmanas critican este aspecto del Corán, que llevará después a la producción de toda una serie de obras en el intento de justificar la coherencia (nazm) del Libro, pero cuyos argumentos no son convincentes y tratan solamente algunos detalles, de modo que el problema de todos modos pervive en la actualidad.

Los islamólogos occidentales modernos, por mucho tiempo, simplemente han dado fe, como hecho evidente, de esta incoherencia del texto. Y dado que todos practicaban el método histórico-crítico, encontraban en las incoherencias del texto argumentos para detectar estratos de redacción, inserciones tardías o recomposiciones a las que tal vez no dudaban en dar un orden más lógico, desplazando ciertos versículos.

La investigación de un orden en el texto aparece, pues, como un verdadero desafío. En los años ochenta del siglo XX algún islamólogo aislado ha intentado comprender la composición de los breves suras de la época de la Meca, la primera revelación coránica, con resultados muy parciales, declarando otrosí que era imposible encontrar cualquier orden en los largos suras compuestos en la época de Medina, que se colocan al inicio del texto del Corán pero que sobre los suras breves habían dado resultados absolutamente positivos. Era necesario tratar sobre amplios suras medinenses. De aquí nació “El banquete”.P. – ¿En que cosa difiere su lectura del Corán de las otras lecturas?

R. – Esencialmente en el hecho de que el análisis retórico del texto permite una lectura contextual. La fragmentación del texto ha sido sin duda la razón principal por la cual todos los estudiosos clásicos comentan el Corán versículo por versículo, fuera de toda consideración del contexto literario en el que está inserto. Es la razón por la que explican los versículos con elementos externos al texto, lo que técnicamente llaman las oportunidades de la revelación, recorriendo a anécdotas o hechos de la vida del Profeta, tomados de las tradiciones (hadîth) atribuidos al Profeta o a sus compañeros, expresan la razón histórica por la cual este o aquel versículo ha sido revelado, atribuyéndole así un determinado sentido.

Ahora, cuando un versículo es colocado en su contexto y delimitado por la estructura textual de la que forma parte, su verdadero sentido aparece frecuentemente sin que haya necesidad de recurrir a estas oportunidades de la revelación, que con mucha frecuencia se puede plantear la hipótesis de que hayan sido construidas “post eventum” para explicar las sombras del texto.

Doy un ejemplo. El versículo 106 del sura 2 presenta estas palabras de Dios: “No abrogamos un versículo ni te lo hacemos olvidar sin darte uno mejor o igual”. Este versículo ha sido presentado por los juristas, los fuqahâ’, como el fundamento coránico de su teoría de la abrogación, según la cual ciertos versículos del Corán abrogan otros. Esta teoría ha permitido resolver aparentes contradicciones entre versículos, sobre todo los normativos. Se considera pues que los versículos más recientes abrogan los más antiguos, y para determinar cuales son los más recientes se ha decidido a priori que los versículos más duros y más restrictivos deben ser los más recientes y que estos abroguen los precedentes, más benévolos y tolerantes.

Regresando al versículo citado, si se le coloca en su contexto se ve que el sentido es absolutamente diferente: es una respuesta a algunos hebreos que protestaban contra Mahoma porque había incluido, en su proclamación del Corán, unos versículos de la Torá, modificándolos. A esta acusación de falsificación Dios responde que Él es libre de abrogar una revelación precedente sustituyéndola con una nueva, mejor. Se trata pues de la abrogación de la Torá por parte del Corán y no del Corán en su interior.

A pesar de muchos estudiosos musulmanes, en el curso del siglo XX, y aún recientemente la islamóloga francesa Geneviève Gobillot, hemos denunciado con fuerza este error de interpretación, que continúa circulando ampliamente. Es una cuestión de gran actualidad, ya que los extremistas islámicos se sirven de este argumento para afirmar que especialmente los versículos más duros del sura 9 (29 y 73), que incitan a los musulmanes a combatir a los infieles, abrogan cerca de 130 versículos más tolerantes, que en cambio abren el camino a una coexistencia pacífica entre los musulmanes y las otras comunidades.

Fieles a la lógica de la abrogación así como ellos la comprenden, los extremistas, como ya hicieron antiguos comentadores, consideran el sura 9 como el último revelado, que abroga especialmente los versículos más abiertos y tolerantes del sura 5, mientras que cada cosa en este último muestra que se trata de un texto-testamento que concluye la revelación.

P. – ¿Qué le permite hacer esta afirmación?

R. – Solo el análisis retórico nos permite alcanzar esta conclusión. Es posible a través de una contextualización del sura, en el marco de una aproximación intertextual. En efecto, ella contiene diferentes citaciones absolutamente claras de la Biblia o de textos para-bíblicos: la rebelión de los hijos de Israel, que rechazan entrar en la Tierra prometida, tomada del libro de los Números, el asesinato de Abel por parte de Caín, la ley del talión, una sentencia de la Mishná, tomada textualmente, escenas apócrifas de la infancia de Jesús, como también una evocación bastante misteriosa de la última cena. (De ahí el título del sura.

Estas interpretaciones textuales son conocidas desde hace tiempo. Pero una lectura atenta del texto revela otras diferentes reminiscencias bíblicas, menos evidentes pero no menos reales, que colocadas juntas no dejan duda sobre el trasfondo deuteronómico del sura tales como la mezcla de leyes y de relatos, el tema central de la alianza, la entrada en una tierra santa, el léxico, la repetición del “hoy” de Dios, la conminación a obedecer a los preceptos.

El Deuteronomio se presenta como el testamento profético de Moisés que cierra el Pentateuco, la Tora. En efecto, él muere al final del libro. Según la tradición, el sura 5 habría sido revelado en el momento de la solemne peregrinación del adiós del Profeta, muerto poco después. La semejanza de las situaciones es impresionante, excepto por el hecho de que Moisés no entra en la tierra prometida, mientras que Mahoma se encuentra con su comunidad triunfante en la tierra santa del santuario de la Meca. El relato de la revuelta de los hijos de Israel, aparece primero en el libro de los Números, después es retomado en el Deuteronomio. Este relato es la clave de comprensión de todo el sura 5 porque ilustra el rechazo de la gente del Libro, judíos y cristianos, a entrar en la alianza islámica, al contrario de los musulmanes. Al final del sura la evocación de la cena se vincula a la temática de la alianza, en un contexto en el que se recogen trazos del discurso de despedida de Jesús en el Evangelio de Juan, otro discurso-testamento. Finalmente, es necesario poner en relieve que el sura se concluye con el juicio de Jesús, que niega formalmente frente al Señor el haber afirmado ser Hijo de Dios y, al contrario, proclama solemnemente el más puro monoteísmo (5, 116-117).

Esta es la última palabra, cronológicamente hablando, de la revelación coránica y corresponde exactamente al final del texto del Libro, ya que el sura 112 proclama el mismo monoteísmo intransigente, negando cualquier filiación en Dios. Los suras 113 y 114, dos oraciones que no figuran en ciertos códices primitivos, deben ser consideradas como un encuadramiento litúrgico del Corán junto al sura 1. El sura 112 es pues la conclusión real del Libro.

P. – ¿Considera importante que en este momento se afronte el Corán con una metodología científica como la hermenéutica y la exégesis bíblica?

R. – En efecto lo considero de fundamental importancia. La exégesis tradicional islámica, después de haber dado todo lo que podía, desde hace mucho tiempo acabó sus recursos, ya que durante varias decenas de años no ha hecho sino repetir los comentarios de los primeros tres o cuatro siglos de la Hégira. Los grandes comentarios clásicos siguen siendo textos de referencia y es necesario consultarlos, especialmente por las cuestiones de gramática o de filología, pero no pueden en absoluto dar respuesta a los problemas del hombre moderno, que vive en otro mundo diferente.

Precisamente por esto aparecieron en el siglo XX importantes comentarios ideológicos, entre los más conocidos están los del indo-paquistaní Mawdûdî y los del egipcio Sayyid Qutb, ideólogo de los Hermanos Musulmanes, interpretando el Corán en función de las instancias sociales y políticas actuales. Las corrientes islámicas contemporáneas les hacen referencia directamente. Su slogan es el del retorno al Corán, más allá de todas las desviaciones y decadencias de la historia de la comunidad musulmana. Pero es precisamente ésta la pregunta: ¿cómo “regresar al Corán”?La vía más rápida y más fácil es proyectar sobre él las propias aspiraciones personales, manipulando el texto según el propio gusto. Un creciente número de intelectuales musulmanes denuncia con fuerza este modo de proceder y auspicia un estudio científico del texto, como los cristianos han hecho con la Biblia. El camino es evidentemente muy largo y trabajoso y los resultados son imprevisibles. Quizá de ahí el temor que suscita. Por parte musulmana la investigación, en este sentido, está en sus primeros pasos, aparte de alguna excepción, mientras los orientalistas occidentales ya desde un siglo y medio han proporcionado una cantidad enorme de datos que se pueden encontrar especialmente en la “Enciclopedia del Islam” y en la muy reciente «Encyclopaedia of the Qur’ân». Los grandes centros de la teología musulmana, como la universidad al-Azhar del Cairo son, hasta ahora, muy cautos respecto a estas metodologías modernas.

P. – ¿Cómo llegar al corazón del Corán, sin dejarse llevar por las diferentes tradiciones interpretativas que pueden causar desviaciones?

R. – El “método”, si así se le puede llamar, no es diferente del necesario para cualquier otra investigación científica, y es la capacidad crítica. Ella requiere una ascesis del espíritu: saber tomar las distancias del objeto del estudio, estar dispuestos a volver a poner en cuestión las ideas recibidas y a descubrir lo inesperado.

El pensador francés de origen argelino Muhammad Arkoun ha afirmado con razón y un poco de humorismo que el modo más eficaz de luchar contra la violencia y el terrorismo de los extremistas islámicos sería el de imponer, en la educación de los jóvenes, la lectura de la “Enciclopedia del Corán”, fruto de este tipo de aproximación científico-crítica al Libro. La gran dificultad es que en Oriente Medio la educación se funda esencialmente sobre la tradición y la memorización y no sobre la reflexión y el espíritu crítico. Es un fenómeno cultural, que vuelve problemático el progreso científico en general y la evolución de la exégesis en particular.

P. – ¿Esta aproximación al texto coránico, en su opinión, puede dar la impresión de atacar el Islam o, por el contrario, de llegar a la pureza de la fe coránica?

R. – El Islam no se ha construido solo a partir del Corán. Los hadîth, atribuidos al profeta y que forman la zuna, o las tradiciones que se remontan a los imanes para los chiitas, y a continuación la elaboración del derecho musulmán (el fiqh) y de la ley (shari’a) han jugado un rol igualmente importante, si no mayor. El comentario (tafsîr) del Corán es parte de la tradición islámica. Para explicar el texto, los comentadores clásicos recurren principalmente a las circunstancias de la revelación, de la que he hablado antes, o sea a un principio externo al texto.

El análisis retórico, en cambio, examina solamente el texto así como es, en su versión canónica. Metodológicamente abstrae de la tradición, al menos en un primer momento, y afronta el texto de modo completamente diferente, para llegar frecuentemente a interpretaciones que no concuerdan con la misma. Sin embargo no ataca absolutamente el corazón de la fe musulmana, al contrario la pone más a la luz, liberándola de añadidos que la han recargado a lo largo de la historia.El ejemplo que di más arriba es una prueba de ello: el término cronológico de la revelación mahometana, desde el sura 5, y la conclusión del Libro, el sura 112, tienen un contenido idéntico, subrayando el hecho que el monoteísmo islámico rechaza rigurosamente la idea de la filiación divina de Jesús: estamos en el corazón del credo musulmán. Se podría poner todavía el ejemplo de la evocación de la cena en los versículos 112-115. Los comentarios tradicionales son extremamente engañosos, ya que tratan el texto como un relato maravilloso, que describe con complacencia los ricos manjares de la comida que Dios hace descender del cielo.

Una lectura atenta del texto encuentra en cambio muchas reminiscencias del discurso sobre el pan de vida, en el capítulo 6 del Evangelio del Juan, asunto que da inmediatamente toda otra dimensión al texto, la de la alusión a la nueva alianza traída por Jesús y a la elección que se impone a los apóstoles y a los cristianos después de ellos, de entrar en esta alianza o en su defecto de sobrepasarla, abrazando la predicada por Mahoma. La lectura contextual e intertextual permite salir de lo anecdótico para alcanzar dimensiones teológicas ignoradas por los comentarios antiguos y sin embargo absolutamente conformes a la fe islámica.

P. – ¿Los teólogos musulmanes deben comprender que el análisis retórico del texto nos abre a una interpretación de este que debería permitir una renovación de la exégesis coránica como lo ha hecho para la exégesis bíblica?

R. – Son cosas que requieren tiempo. Recordemos las dificultades encontradas a los inicios de la exégesis moderna en la Iglesia católica. Existen varias corrientes de pensamiento. El análisis retórico bíblico fue abriéndose camino junto a la aproximación histórico-crítico de la Biblia, que ha sido la única escuela reconocida por largo tiempo.

Dado el peso enorme de la tradición en el Islam, se puede prever que las cosas avanzarán más lentamente, a velocidad geológica, come bromeaba un gran conocedor del Islam. Será sin duda la tarea gravosa y difícil de los intelectuales musulmanes que están asimilando el espíritu científico moderno que habrá de tejer el vínculo entre las teologías tradicionales y las nuevas aproximaciones al texto coránico. Estos intelectuales son perfectamente conscientes de la situación. Esta es la razón por la que no he dudado en solicitar el prefacio de mi libro a un eminente investigador musulmán, el profesor Mohamed-Ali Amir-Moezzi.

P. – El análisis retórico coloca al Corán en el contexto de la literatura semítica antigua. ¿Qué comporta esta manera de proceder? ¿Cuáles son sus consecuencias?

R. – Supone ante todo que se considere el Corán un texto literario. Ya en los años treinta del siglo XX, el gran pensador y escritor egipcio Taha Husien reclamaba el derecho de leer el Corán como obra literaria, junto a Homero o a Shakespeare. El hecho de analizar el Corán bajo el perfil de la retórica semítica coloca este texto en el cuadro de la literatura de la antigüedad tardía.

Se conocen las resistencias del Islam tradicional a una simple aproximación, porque el Corán es considerado palabra divina descendida del cielo, donde es custodiado en una mesa celeste. Esta palabra es de consecuencia considerada sin algún vínculo de origen con cualquier realidad terrena. Tal posición teórica, en la práctica evidentemente no tiene valor porque el Corán ha sido escrito en lengua árabe, como afirma él mismo, una lengua que ha hecho nacer, desde el origen de la exégesis coránica, análisis gramaticales y lexicológicos en relación a la lengua árabe existente, a un lugar y a una época bien definidos.Entonces no se ve por qué el considerar la composición del texto desde el punto de vista de la similitud con la composición de los otros textos semíticos de la antigüedad pueda crear un verdadero problema teológico. La retórica, tal como la definimos, no es otra cosa que una gramática del texto, a un nivel superior del de las palabras y de la frase.

Más allá de esta posible dificultad, los musulmanes deberían alegrarse de descubrir que este texto, tan criticado por algunos por su incoherencia, está en realidad bien construido, con mucha fineza, a veces incluso hasta una sofisticada finura. A condición, obviamente, de aceptar que puedan haber en ello otra lógica y otra retórica, diferentes de las de la tradición griega. Algunos musulmanes podrían incluso verlo apresuradamente como una prueba del carácter milagroso del Corán.

P. – Una pregunta muy frecuente. ¿El Corán debe ser tomado enteramente a la letra, o hay algo que puede ser dejado al pasado?

R. – La pregunta se hace también a la Biblia y la respuesta que se puede dar es la misma. Tarea principal de la exégesis es dar la letra del texto, lo más fielmente posible. Pero esta letra es compleja y llena de contradicciones aparentemente imposibles de conciliar. De aquí la necesidad de una interpretación que lleve cuenta no sólo del detalle del texto, sino del conjunto del Libro.

Y si se considera que estos textos fundamentales son textos vivos, que tengan todavía hoy algo que decirnos, se debe tener en cuenta en su lectura la evolución moral y espiritual de la humanidad. Ya el gran pensador reformista egipcio, el jeque Muhammad Abú, muerto el 1905, afirmaba que no se pueden poner todos los versos del Corán en el mismo plano porque muchos son circunstanciales, valen para una situación dada, como fue la fundación de la comunidad musulmana, ya superada hace tiempo.

Junto a estos versículos hay otros que reflejan una sabiduría universal, válida para todos los tiempos. En éstos versículos es donde hemos de fundar la fe y la práctica religiosas. Esto es lo que hacen los 38 y después 100 intelectuales musulmanes que han firmado la “Carta abierta a su santidad Benedicto XVI”, entre los que hay un número considerable de «gran muftí» de diferentes países. En ese documento ponen en evidencia algunos versículos que permiten una pacífica convivencia de los musulmanes con las otras comunidades humanas.

Ello puede significar que ellos consideran implícitamente los versículos belicosos, que se encuentran sobre todo en el sura 9 ya citado, como caducos en su aplicación. Pero sería necesario que esto fuera declarado oficialmente y con claridad, considerado como definitivo e irrevocable. Pero aquí se enfrentan con otra dificultad, la de un magisterio en el Islam, que pueda dar autorizadamente un paso así.


P. – Una pregunta más. ¿Con el Islam el diálogo debe ser cultural o religioso?

R. – Sin entrar aquí en la conveniencia o no de reajustes estructurales de la curia pontificia, me parece evidente que el diálogo con los musulmanes, así como con las otras religiones, no puede ser sino ambas cosas.

Si se cree en la declaración del Concilio Vaticano II, en particular en la “Nostra aetate”, es claro que el Islam representa una de las mayores religiones de nuestro tiempo más cercana al cristianismo – por sus raíces históricas – que la mayor parte de las otras religiones. Tiene ciertamente un estatuto diferente al judaísmo, árbol sobre el que se ha injertado el cristianismo, pero posee partes comunes esenciales con nuestra fe, así como se señala en el texto conciliar.

¿La Carta a los Hebreos no dice también que “quien se acerca a Dios debe creer que Él existe y que Él recompensa a quienes lo buscan” (Heb 11,6)? Y a su vez el Corán afirma dos veces que “los que creen [los musulmanes], los judíos, los sabeos o los nazarenos y quien sea que cree en Alá en el último día y cumpla el bien, no tendrán que temer [el infierno] y no serán afligidos” (5, 69; cf también 2, 62).

Pero es verdad que el Islam no es solamente una religión, sino que también es una cultura, vasta y múltiple precisamente como el cristianismo, y este aspecto debe igualmente hacer parte del diálogo. Al Padre Georges Anawati, fundador del Instituto dominicano para los estudios orientales, le gustaba repetir: “Ni cultura sin religión, ni religión sin cultura”. F. Strazzari, «La Biblia, el Corán y Jesús: Cómo llegar al corazón del credo musulmán»http://www.funci.org/es/2007/06/07
 

Ha muerto el hto. de Jesús Humberto de Cuba

Los Hermanitos de Jesús en Cuba – Video

Documental creado por el estudiante de periodismo Ernesto Herrera Pelegrino de la Universidad de Holguín sobre los Hermanitos de Jesús, dos franceses que por mas de 50 años viven entre los mas pobres en Cuba, sirviendo a la comunidad. Puedes leer más sobre este documental en esta direccion: https://holguincatolico.org/2017/06/0…

Viaje a los orígenes espirituales del Camino: la cueva donde Kiko Argüello se «encontró» a Foucauld

«De Foucauld aprendí la imagen de la vida oculta de Cristo, estar silenciosamente a los pies de Cristo, rechazado por la humanidad, destruido, ser el último y estar ahí a sus pies», llegó a decir Kiko (foto: cueva de San Caprasio/ JCadarso).

por Juan Cadarso Opinión 

«Allí pasé tres días en la gruta de San Caprasio, solo, sin comer, estudiando a Carlos de Foucauld, que me dio una nueva forma de vivir en la presencia del Señor» (Kiko Argüello, 2016). 

Son los primeros días del mes de diciembre y, aunque el invierno está a punto de llegar, el termómetro del coche marca 15 grados en el exterior. El cielo de Farlete luce añil, espléndido, como si camináramos de forma inexorable hacia la temporada de verano. Recorro entonces la calle principal de esta localidad, emplazada a poco más de media hora de Zaragoza (Aragón), en las faldas de la Sierra de Alcubierre, en el lunático -por su forma- y místico -por su alma- desierto de Los Monegros

Llego hasta el final del pueblo y me topo con el Santuario de Nuestra Señora de la Sabina. Allí dice la tradición que se le apareció la Virgen a un pastor, sobre uno de estos árboles tan típicos de toda la comarca. No es una simple ermita, es cierto, de hecho, tiene atrio, un bello camarín con la venerada talla, cofradía propia, cripta, sala capitular, vivienda para el sacerdote y hasta un albergue para alojar peregrinos y romeros.

Este lugar sirvió, precisamente, como noviciado internacional de los Hermanitos de Jesús durante 20 años. Llegados a Farlete en 1956, su anterior noviciado estaba en Argelia -donde vivió y murió Carlos de Foucauld-, pero, durante la guerra franco-argelina, fue asesinado uno de sus miembros y decidieron salir de allí. Uno de los hermanitos, brigadista internacional en la Guerra Civil, conocía a la perfección la zona, donde el frente de Aragón se estabilizó casi dos años -el escritor Orwell pasó por aquí y tiene hasta una ruta con su nombre-, y propuso Los Monegros como una buena alternativa.

Poco después de su llegada, los hermanitos comenzaron a excavar cuevas a las que retirarse y vivir tiempos de «desierto». De allí surgieron cuatro eremitorios (Elías, San Juan Bautista, María Magdalena y Santiago), además de una cueva comunitaria y una casita en el bosque. Uno de estos lugares sería nuestro destino final: la cueva en la que Kiko Argüello, coiniciador del Camino Neocatecumenal, se «encontró» un día con el gran santo francés Carlos de Foucauld (1858-1916), canonizado por el Papa en 2022.

«Pobres entre los pobres»

Junto a La Sabina, un camino de tierra se abre paso por su margen derecho. Al fondo, en lo alto del todo, se dejan intuir las cuevas de San Caprasio, a unos 834 metros sobre el nivel del mar. Para completar la etapa, un poco de comida, varias botellas de agua, unos apuntes y un par de libros que me servirán de documentación. Escritos espirituales de Charles de Foucauld: Ermitaño del Sáhara y El Kerigma. En las chabolas con los pobres, que cuenta el origen del Camino Neocatecumenal en las barracas de Palomeras Altas de Madrid. 

Aunque, si con algo cargaré, durante los más de nueve kilómetros que hay de camino hasta el eremitorio de San Caprasio, es con una pregunta, que, además, será la que trate en todo momento de resolver: ¿qué tuvo de especial aquel santo francés para cautivar de esa manera tan fuerte al joven pintor leonés? 

Tras unos primeros metros sobre el llano, la pendiente empieza a escalar de forma suave pero constante, y, casi sin darse cuenta, uno se encuentra cada vez más alto. El sol impacta sin reparo en nuestras cabezas, diría que se siente hasta calor. Unos cuantos arbustos por aquí y otros por allá salpican una gran alfombra ondulada color ocre también llamada el desierto de Los Monegros. El gigantesco vacío por el que pasó un día el iniciador de una de las realidades más importantes de la Iglesia universal.

En una breve pausa de avituallamiento, abro mi libro y comienzo a leer:

«A un teólogo dominico le habían concedido una beca para buscar puntos de contacto entre el arte protestante y el arte católico, ante la inminente celebración del Concilio Vaticano II (…). Antes de iniciar el viaje a través de Europa y para prepararlo, el dominico me quiso llevar al desierto de Los Monegros, a Farlete, donde se encontraban los Pequeños Hermanos de Carlos de Foucauld. Fuimos y estuvimos una semana de retiro, preparándonos para el viaje. En aquel desierto, que es bellísimo y tiene varias grutas (…). Me acuerdo de que estuve allí tres días en la cueva de San Caprasio, ayunando. Allí conocí la vida de Foucauld. Hablé con el padre Voillaume -fundador de los hermanitos- y quedé muy impresionado de la vida oculta de la Familia de Nazaret y del gran amor de Carlos de Foucauld a la presencia real de Cristo. En Tamanrasset (Argelia) se pasaba horas solo ante el Santísimo Sacramento». 

A esta altura de la etapa, el camino se va llenando de «meandros», y lo que estaba tan cerca parece ahora que no llega nunca. Un par de motoristas, de los de campo a través, se cruzan con nosotros y nos saludan al pasar. En lo alto del «farallón», la ermita de San Caprasio, dedicada a un pastor que llegó un día a la determinación de querer ser monje, tomó su cayado y lo arrojó todo lo lejos que le permitieron sus fuerzas, yendo a caer en la Sierra de Alcubierre. En el lugar donde se posó empezó a manar agua, y luego se levantó una capilla. 

Cuevas de San Caprasio, a las que se retiraban los Hermanitos de Jesús.

Cuanto más cerca estamos de hacer cumbre, más se suceden los recodos, y resulta un tanto descorazonador. Son casi las tres de la tarde y no hemos comido, así que nos instalamos plácidamente en unas rocas que afloran de la tierra y sacamos unos bocadillos preparados con esmero. La imagen es de gran belleza, un extenso mar de cerros suavemente redondeados acompaña en el horizonte a la ermita de San Caprasio

Terminamos de comer, aprovecho para sacar mis apuntes, y me pongo a leer:

«Los vínculos entre Carlos de Foucauld y Kiko Argüello son varios y profundos, y van desde el momento de su conversión, a la intuición de la vida oculta en medio de los pobres, del modo de estar como ‘pobres entre los pobres’, hasta el ‘sueño’ de una capilla para la adoración en el Monte de las Bienaventuranzas». ¡Parece que he descubierto lo que buscaba! 

«El primer vínculo entre ambos es el grito, la súplica a Dios en el momento de la crisis existencial: ‘Dios mío, si existes, haz que te conozca’, es la invocación más famosa de Carlos de Foucauld -que pasó de una juventud marcada por el desenfreno y la increencia a la búsqueda constante y genuina de la presencia de Dios-. 

‘¡Si existes, ven, ayúdame, porque ante mí tengo la muerte!’, es la oración de Kiko Argüello. El propio Kiko dice: ‘Me preguntaba: ¿Quién soy yo? ¿Por qué existen las injusticias en el mundo? ¿Por qué las guerras?… Me alejé de la Iglesia hasta el punto de abandonarla totalmente. Había entrado en una crisis profunda buscando el sentido de mi vida… Estaba muerto interiormente y sabía que mi final, tarde o temprano, sería el suicidio’.  

Y, por medio del filósofo de la intuición, Henri Bergson, Kiko recibió una ‘primera luz’ de la existencia de Dios. Entró en su habitación y se puso a gritar a este Dios que no conocía. ‘Le grité: ¡Ayúdame! ¡No sé quién eres!. Y, en ese momento, el Señor tuvo misericordia de mí, porque tuve una profunda experiencia de encuentro con el Señor que me sorprendió. Recuerdo que estaba llorando amargamente, las lágrimas caían, las lágrimas fluían…’.

Pareciera como si la providencia se hubiera empeñado en asemejar los caminos existenciales de estas dos figuras tan cruciales para la Iglesia Católica. Una primera etapa vital de falta de fe y entrega total al mundo y un posterior encuentro con Dios que cambiaría sus vidas, y la de tantos otros, para siempre –de la espiritualidad de Carlos de Foucauld han salido al menos 19 familias distintas de laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas y el Camino Neocatecumenal está presente en más de 130 países, con un total de 30.000 comunidades, y con un millón y medio de hermanos en 6800 parroquias de todo el mundo-.  

En silencio a los pies de Cristo

La etapa empieza a hacerse fatigosa, llevamos más de una hora andando y, haciendo cálculos, si no nos damos prisa, puede que al volver se nos haga de noche. Mientras hablo con mi acompañante escuchamos un ruido. Es una pickup blanca que está hasta arriba de barro. Desaceleramos la marcha y nos ponemos en el lado del conductor para hablar con él. Vamos a preguntarle si queda mucho para llegar. El hombre, que tendrá poco más de cuarenta años, nos propone que atravesemos el sotobosque, pero, en un gesto de generosidad, nos dice que nos lleva hasta arriba. Es cazador y el GPS le indica que tiene a varios de sus perros por esa misma zona. 

Tras unas empinadísimas cuestas estamos por fin en el destino, junto a la ermita de San Caprasio. El buen samaritano se despide de nosotros y nos regala un último favor, que llegará a ser fundamental, nos indica cómo bajar la montaña por un camino alternativo, que ahora pienso, fue bastante kamikaze. Se lo agradecemos y caminamos rumbo a las cuevas. La vista desde allí es sobrecogedora. Por un momento, me siento como Moisés en el monte Nebo, y, como él, rezo para poder entrar en la tierra prometida, que, en este caso, es volver al coche sanos y salvos. Caminamos unos metros entre la pared y el precipicio. Bajamos unas escaleras de hierro y llegamos al balcón natural donde están excavadas las cuevas. Los primero que hacemos al llegar es entrar en el que fuera el refectorio de los hermanitos. Todavía permanece en el centro la mesa donde comían, incluso hay algún colchón roído para el que quiera quedarse a meditar en esta especie de Abuna Yemata versión española -impresionantes iglesias etíopes excavadas en la roca-. El lugar está bien cuidado y tiene hasta un libro de visitas. Estampamos unas frases de recuerdo y leo de nuevo mis apuntes:

«Kiko, escuchando un discurso del Papa Juan XXIII, tuvo la intuición de que la renovación de la Iglesia vendría a través de los pobres. ‘Convencido de esto y de que Jesucristo se identifica con los pobres y miserables de la tierra, lo dejé todo y a todos. También mi prometedora carrera de pintor y me fui a vivir a las chabolas. En Carlos de Foucauld encontré la fórmula para vivir: una imagen de San Francisco, una Biblia –que sigo llevando conmigo porque la leo todos los días– y una guitarra… De Carlos de Foucauld aprendí la imagen de la vida oculta de Cristo, estar silenciosamente a los pies de Cristo, rechazado por la humanidad, destruido, ser el último y estar ahí a sus pies’. 

Es más, cuando Kiko fue a las barracas de Palomeras Altas, fue siguiendo las huellas de Carlos de Foucauld en la vida oculta de Cristo.

Cuenta Kiko: ‘No fui allí para enseñar a leer y escribir a aquella gente, ni para hacer asistencia social y ni siquiera para predicar el Evangelio. Me fui allí para ponerme al lado de Jesucristo. Carlos de Foucauld me había dado la fórmula para vivir en medio de los pobres como un pobre, silenciosamente. Este hombre supo vivir una presencia silenciosa de testimonio entre los pobres. Tenía como ideal la vida oculta que Jesús vivió treinta años en Nazaret, sin decir nada, en medio de los hombres. Ésta era la espiritualidad de Carlos de Foucauld: vivir en silencio entre los pobres. Foucauld me dio la fórmula para realizar mi ideal monástico: vivir como pobre entre los pobres, compartiendo su casa, su trabajo y su vida, sin pedir nada a nadie y sin hacer ninguna cosa especial. Jamás pensé montar una escuela o un dispensario o algo por el estilo. Sólo quería estar entre ellos compartiendo su realidad’.

Este momento será constitutivo y esencial para el posterior anuncio del kerygma, que acompañará toda la evangelización del Camino Neocatecumenal: Dios nos ama y sale a nuestro encuentro, hasta lo más profundo de nuestro ser pecadores, de nuestro ser ‘últimos’, para salvarnos. En esta intuición de Carlos de Foucauld, que Kiko hace suya, tiene fundamento su experiencia de Jesucristo y su misión».

Pasados unos minutos, salimos para conocer el lugar más importante de las cuevas. Antes de llegar, en un pequeño hueco en la pared, que parece destinado para hacer fuego, en el hollín, alguien ha raspado un Sagrado Corazón, emblema de Carlos de Foucauld. Unos pasos más allá, en el «pináculo» del monte, una puerta de madera da acceso al oratorio donde el iniciador del Camino Neocatecumenal descubrió un día al santo francés. Dos bancos esculpidos en la roca flanquean la nave central, que está reforzada con troncos de madera a modo de correa que le dan un aire muy acogedor. Hay un icono de La Trinidad de Rublev, unos pocos rosarios y un sagrario, que se encuentra vacío. 

Caprasio

Oratorio de los hermanitos de Jesús (foto: JCadarso).

En el silencio más absoluto que uno bien pudiera imaginar, escuchando casi únicamente nuestro propio palpitar, me pongo a leer:

«Varias veces Kiko ha recordado que hay tres santos –y los tres franceses– que lo llevaron a las chabolas: Teresita de Lisieux, Isabel de la Trinidad y Carlos de Foucauld. En el mensaje que la Virgen le dará: ‘Hay que hacer comunidades cristianas como la Sagrada Familia de Nazaret que vivan en humildad, sencillez y alabanza. El otro es Cristo’, la humildad está representada por San Carlos de Foucauld, la sencillez por Santa Teresita del Niño Jesús y la alabanza por Santa Isabel de la Trinidad. 

Hagamos presente ahora una inspiración que se llegaría a cumplir 50 años después y que es muy profunda. Kiko mismo la explicó durante una convivencia: ‘Nosotros hemos realizado un sueño, que en el Monte de las Bienaventuranzas haya una capilla para la presencia real y permanente de la Santa Eucaristía. El Camino Neocatecumenal tiene como imagen la Sagrada Familia de Nazaret y hemos visto con sorpresa que estamos muy cercanos a Carlos de Foucauld que quiso, tuvo la intuición, la misión de la vida oculta de Nazaret… Ahora, aquí, inauguraremos una capilla. Foucauld pensó comprar este sitio porque sentía de Dios que en el Monte de las Bienaventuranzas tenía que haber una capilla con la presencia constante de la Santa Eucaristía, día y noche.

El hermano Carlos pasaba largas horas de oración contemplativa ante el tabernáculo. En sus escritos espirituales se ve este deseo, esta pasión por estar cerca de la presencia de Cristo. Precisamente con relación a esto, escribió: ‘Creo que es mi deber esforzarme por adquirir un lugar del Monte de las Bienaventuranzas, para asegurar su propiedad a la Iglesia, cediéndola después a los Franciscanos, y también el de esforzarme por construir un altar donde, perpetuamente, se celebre la misa cada día y esté presente Nuestro Señor’. 

El sueño de Carlos de Foucauld

Sobre esta intención, el santo reflexionó y rezó mucho. Él estaba profundamente convencido de que su vocación de ‘imitar lo más perfectamente posible a nuestro Señor Jesús, en su vida oculta’, con una consagración más radical y definitiva, la recibiría aquí, en el Monte de las Bienaventuranzas.  

El sueño de Carlos de Foucauld se hizo realidad durante la Pascua de 2008, cuando en el Centro Internacional Domus Galilaeae, gestionado por el Camino Neocatecumenal y situado en la parte superior del Monte de las Bienaventuranzas (Korazim – Galilea), se inauguró una capilla con la presencia constante de la Santa Eucaristía, día y noche, para la adoración perpetua del Santísimo. Lugar que queda reflejado en el Lago de Galilea, embellecido por la predicación del Sermón de la Montaña y por el sueño de Carlos de Foucauld que se sella con la misión evangelizadora de la Iglesia». Puedes ver aquí la capilla construida por el Camino.

Nuestro tiempo en las cuevas de San Caprasio -en este lugar tan señalado para la historia reciente de la Iglesia-, va llegando a su fin. Cierro mi libro y leo algo en un pequeño cuadro que descansa a los pies del sagrario. Y, en silencio, repito para adentro:

«Padre mío, me abandono a Ti. Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío. Pongo mi vida en Tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tu eres mi Padre («Oración de abandono», de Carlos de Foucauld).

Puedes ver aquí cómo se accede a las cuevas de San Caprasio. 

Echo la vista hacia adelante… y un sol escurridizo atraviesa la linterna del Santuario de Nuestra Señora de la Sabina, dejando un espectáculo que hasta el hombre más valioso nunca sería capaz de recrear. Echo la mirada hacia atrás… y las cuevas de San Caprasio se van escondiendo en el horizonte cada vez un poco más.

Entonces, levanto la mano, y, como brindando un toro a la inmensidad, me digo: Bendito seas, oh ‘hermano universal’, y bendito sea tu santo, dulce y estrepitoso fracaso. Porque tú, que dejabas siempre un plato vacío para tu ‘compañero’, hoy cuentas con miriadas de hijos… que, gracias a ti, saben que solo en el madero uno encuentra el descanso… ¡el verdadero!

https://www.religionenlibertad.com/opinion/295211746/viaje-origenes-espirituales-camino-cueva-kiko-arguello-encontro-foucauld.html

Del Assekrem (Argelia)

La fraternidad del Assekrem, en la que Carlos de Foucauld vivió algunos meses en 1911, está situada en la región montañosa del Hoggar, en el sur de Argelia, a alrededor de 80 km. de Tamanrasset, ciudad que cuenta actualmente con unos 100.000 habitantes. Allí viven actualmente dos hermanos: Edouard y Ventura (Alain acaba de regresar a Francia después de más de veinte años vividos en el Assekrem) Edouard que tiene una larga permanencia en estas montañas, describe su vida:

• Acoger a los numerosos visitantes (peregrinos o no)

• Acoger también a los hermanos o amigos para tiempos de retiro

• …y rezar en nombre de toda la Iglesia y de la Fraternidad

de Edouard

En el Assekrem, vivimos en un lugar muy visitado. Esto exige de nosotros una disponibilidad continúa acogiendo a todo el que llega, respetando las motivaciones de unos y otros, que son, de hecho muy diversas. Y esto en una actitud de apertura al encuentro y aceptación de las diferencias humanas, sociales, nacionales y religiosas. Teniendo, una atención prioritaria para los visitantes argelinos, “hombres del  Islam”, interpelados, muy a menudo por este lugar, por nuestra presenciay por nuestra prolongada permanencia.

Los visitantes que pasan por Tamanrasset encuentran a las Hermanitas del Sagrado Corazón, y a los Hermanos de Jesús a los que se acercan en las Eucaristías “parroquiales” en las que participan. Los que vienen aquí son a menudo “peregrinos”, traen con ellos uno o varios sacerdotes y casi siempre están preocupados por celebrar la Eucaristía en la capilla de la ermita. Lo cual pueden hacer, en general, al comienzo de la tarde, antes de la llegada de otros visitantes. Tras eso les queda muy poco tiempo para encontrarse con uno de nosotros, a menos que no estemos acaparados por todos los otros grupos de paso a los que tenemos que atender. En la charla que a veces tenemos con ellos, como casi siempre han pasado un día en Tamanrasset, han visitado la “Fregate” y el “Bordj”, encontrado a las Hermanitas del Sagrado Corazón y a Antoine*, nosotros no tenemos que hablarles mucho de Carlos de Foucauld, si no es en el sentido de su venida al Assekrem. Esto nos lleva a hablar del sentido de nuestra presencia aquí en este lugar desértico donde pasa mucha gente. Y nos esforzamos entonces por despertar su atención sobre el mundo argelino que esta peregrinación les da ocasión de vivir. Lo hacemos en el espíritu de Carlos de Foucauld que quería ser “hermano universal”.

Mucho más numerosos ahora que los peregrinos, son los visitantes argelinos. Sobre todo desde mayo a octubre, mientras que desde octubre a mayo, los europeos son mayoría. Para nosotros es la ocasión de unos encuentros a menudo afectuosos. El itinerario humano, espiritual de Carlos de Foucauld, su encuentro con los hombres del Islam en Marruecos o Argelia, su colosal obra lingüística, les impresionan. Y luego nuestra presencia aquí, y el tiempo que hace que estamos, les interpela.

Todo esto, que les sorprende, crea para nosotros un clima de diálogo humano, que vivimos con alegría, contentos de darnos así, entregados a estos bellos encuentros. Para mí, personalmente, al término de medio siglo de presencia en Argelia, es una “realización” por la cual no puedo dejar de dar gracias.

Aparte de los argelinos o los peregrinos, están todos los demás visitantes. Es lo que yo llamo “cualquiera que llega”. Alrededor de un 60% del total anual. Claramente mayoritarios desde octubre a mayo, muy minoritarios después. Son excursionistas que vienen acompañados por guías y camelleros tuaregs, o bien viajeros de grandes distancias, conducidos en coches por las pistas de las regiones periféricas alrededor de Tamanrasset y pasan más o menos rápidamente por el Assekrem, especialmente en el momento de la puesta y la salida del sol. Los franceses son ahora los más numerosos, pero hay otros europeos: españoles, italianos, alemanes, holandeses… y a veces asiáticos: japoneses, chinos. Toda esa gente, incluidos los franceses, ignoran todo o casi todo de la vida de Carlos de Foucauld, pero muchos están interesados por su perfil humano, religioso, cultural. Y también por la historia de los tuaregs entre los cuales vivió y cuya presencia en medio de ellos les hizo ser conocidos. Todo este mundo que encontramos, breve o largamente no se presenta a nosotros como un mundo particularmente cristiano, salvo excepciones. Sin duda es parecido al mundo secularizado en el cual están insertas las fraternidades de Europa, al menos algunas. Pero para este mundo, a menudo “alejado” de Dios, el paso por el desierto, una visita al Assekrem y un encuentro con los hermanos que viven allí pueden dejarle huella. Algunos nos lo dicen o nos escriben mucho tiempo después. Esto nos anima a continuar con nuestra actitud de acogida.

La acogida es pues la tarea más importante en nuestra vida en el Assekrem. Pero esto representa también un trabajo laborioso, obligando a muchas repeticiones, cada vez adaptadas a los diferentes interlocutores. Así pues, para estar siempre a la altura, manteniendo la sonrisa, nos alternamos, Alain, Ventura y yo, para asegurar este servicio por turnos.

Pero este inventario de relaciones humanas, que vivimos en el Assekrem, quedaría incompleto, si yo no precisara también que la mayoría de las visitas recibidas, son únicas y limitadas en el tiempo, por consiguiente, efímeras para nosotros al menos y muy a menudo, olvidamos los nombres y los rostros, incluso si algunos se quedan algún tiempo en nuestra memoria y nuestra oración. En cuanto a la huella de su paso por aquí y su encuentro con el lugar y con nosotros, que pueda permanecer en su recuerdo, nosotros lo ignoramos, a menos que ellos nos escriban, para decírnoslo, apoyándolo con fotos…

Si la mayoría de las visitas son únicas, hay también muchos que repiten, gente que ha estado fascinada por el Hoggar y los hombres del Hoggar. Observamos también que muchos argelinos, que vienen una primera vez, entre hombres, en grupos de amigos o colegas de trabajo, nos confían al marchar, y a menudo en voz baja, que volverán un día “con su familia”.Y de hecho, en verano y después del desarrollo de Tamanrasset, muchas visitas son visitas familiares. Esto lo apreciamos mucho pues no siempre es corriente en Argelia.

Tengo que añadir además, que a las numerosas relaciones que el turismo religioso y profano nos procura, se añade por supuesto, las relaciones de cada día, como en cualquier sitio, de los vecinos. Lo cual, en el desierto implica forzosamente ciertas distancias. Así pues, cerca de nosotros tenemos los técnicos de la meteorología que trabajan por turnos, en el observatorio que hay sobre la Meseta desde hace diez años. También están en la cima, adonde llegan los coches, los empleados del refugio – restaurante. Más lejos, mucho más lejos ahora, aún hay tres familias de tuaregs nómadas, que continúan con su vida en el desierto: “pequeño resto” de amistades nuestras muy antiguas.

De este mundo de los tuaregs vemos ahora, sobre todo, a aquellos que acompañan desde hace varias décadas, a los grupos que llegan caminando, y que nos los presentan y nos presentan a ellos, contentos de asociarnos a su trabajo, ya que eso les permite descansar, mientras que nosotros nos ocupamos del grupo. Estos acompañantes tuaregs se han convertido para nosotros en verdaderos amigos. Y, en la medida en que los años pasan, acabamos por conocer muchos habitantes de Tamanrasset, que nos visitan para acompañar a veces a algunos de sus familiares del Norte de Argelia que han venido a visitarles. Y parecen contentos de enseñarles un lugar que ellos aprecian y de presentarnos.

Resumiendo, todo esto permite una inserción humana, que tiene su consistencia, sus alegrías y sus dificultades, su significado y sus limitaciones. Al igual que para toda fraternidad implantada en el mundo…

Dicho esto, debería añadir que, si la acogida constituye para nosotros una gran ocupación e incluso un verdadero trabajo, esto no es sin embargo nuestro único trabajo: está todo el trabajo de mantenimiento de las edificaciones, del complejo hidráulico y el acompañamiento de los que vienen a retirarse en las ermitas o por los senderos. A esto se pueden añadir los trabajos personales de escritura. Todo esto nos ocupa ampliamente según nuestras capacidades en función de nuestras edades. Dejándonos el tiempo para la oración, sobre todo por la mañana temprano antes de la salida del sol que es cuando llegan los primeros visitantes…

Perdonadme la amplitud de este diario. No lo hago muy a menudo…

  • El hermano Antoine Chatelard está ya en la casa del Padre. Hoy le sustituye el hno catalán Ventura Puigdomenech

Diálogo con el Islam – Los «Hermanitos de Jesús»

 

René Voillaume, en el libro editado por San Paolo: «Charles de Foucauld y sus discípulos» cuenta la historia de la «Fraternidad de los hermanitos de Jesús» desde sus orígenes hasta 1968, año en que la Iglesia la aprobó. Del volumen reportamos algunos extractos del capítulo en el que se presenta el deseo de inculturación con el Islam por parte de los primeros religiosos, entre tensión evangelizadora e intentos inoportunos.
Debemos hablar ahora de los muchos intentos de adaptar nuestra vida de oración no según las liturgias cristianas de Oriente sino según los ritos y modos de oración de los musulmanes que vivían a nuestro alrededor. Nos dimos cuenta de las diferencias que nos separaban mientras queríamos convertirnos en uno de ellos. En mi primera salida al desierto me llamó la atención que los gestos de la oración musulmana constituían una verdadera liturgia adaptada al desierto. En nuestras salidas solíamos rezar o recitar el oficio en cualquier posición; pero ¿por qué no adoptar actitudes verdaderamente expresivas de nuestra oración? Yo mismo lo experimenté en el desierto y desde mi primer khalwa (jubilación, ed .)en septiembre de 1934 informé de un ritual para recitar el oficio en el desierto.
  El hermano iniciaba el oficio de pie, de cara a Jerusalén, hacia el oriente, lo continuaba sentado sobre los talones y se postraba para las doxologías que terminaban los salmos. Este ritual se practicó durante algún tiempo y, en cuanto a mí, siempre lo observé en mis khalwes y en mis viajes por el desierto. La costumbre fue posteriormente abandonada tras la inoportuna experiencia del adhïn o llamado a la oración desde lo alto del minarete del que ahora hablaremos.

   El sonido de las campanas de las iglesias y capillas cristianas apareció en tierras islámicas vinculadas no sólo al cristianismo sino también al mundo occidental. A los musulmanes no les gustan las campanas. Por ello, conscientes de esta sensibilidad musulmana sobre todo en una población nómada, utilizamos lo menos posible nuestro timbre para llamar a las oficinas. Al principio no decíamos el Ángelus hasta el día que Monseñor Nouet nos lo pidió. No pude evitar quedar impresionado por ese rito islámico que convoca a los fieles a las horas de oración a través de la salmodia del adhïn, llamamiento lanzado desde lo alto de los minaretes. Ese llamamiento contiene al mismo tiempo un testimonio o profesión de fe y una invitación a la oración.

   Así, se nos ocurrió la idea de sustituir el repique de las campanas que anunciaban las horas del oficio por la salmodia o canto de lista en árabe. En un principio, probablemente a partir de mediados de agosto de 1934, lanzamos el pase de lista en el patio de la fraternidad. Entonces decidimos construir un minarete de ladrillos de tierra. La construcción se llevó a cabo rápidamente y en la noche del 3 de octubre de 1934, por primera vez, lancé el pase de lista desde lo alto del minarete, no sin profunda emoción. Si mis recuerdos son correctos, nuestro adhïn ocurr¿ía seis veces al día en la mañana, antes del prime time, al mediodïa con la mencion del Angelus, a las 9 de la tarde, a la noche para las completas y a la medianoche y medio Habíamos mantenido el estilo de adhïnmusulmán, con la repetición de la misma frase al principio y al final del pase de lista.

  Sólo he podido encontrar el texto de dos de esos llamamientos de los que da la traducción. A medianoche, para llamar al oficio de noche: Dios es el inmenso creador, no hay otro Dios sino el; levántate para orar, la oración es mejor que el sueño, alabado sea el maestro del universo. Oh Dios, derrama tu gracia sobre nosotros como la derramaste sobre Abraham y su descendencia. No hay otro Dios sino tú, el inmenso creador”. Cada frase se repetía dos veces.

   Y a las 5.45, para llamar a la mayor brevedad: Dios es todopoderosa providencia, no hay otro dios sino él; venid a la oración, venid a implorar la ayuda de aquel que da a todos lo necesario. Oh María, la bendición sea contigo, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. No hay otro dios sino él, providencia todopoderosa».

   […] La proclamación de un adhïn en árabe desde lo alto de nuestro minarete despertó sin embargo perplejidad en la población de El-Abiodh, sin que fuéramos informados inmediatamente. La gente se preguntaba. ¿Estaban los hermanos en camino al Islam? Pero entonces, ¿por qué usaron una fórmula diferente mientras tomaban prestadas algunas frases del adhïn ?¿Musulmán? Las denuncias se presentaron ante el líder del destacamento de Gïryville.

   En ese momento las autoridades se alarmaron e hicieron una investigación tras la cual recibimos la orden de cesar esta práctica. Monseñor Nouet, que había permanecido en silencio desde el comienzo de nuestra experiencia, ni aprobándola ni desaprobándola, me escribió el 17 de mayo de 1935 desde Aïn-Sefra para pedirnos formalmente que abandonáramos la llamada a la oración, incluso dentro de la fraternidad.

   Ese incidente nos llevó a reflexionar sobre la naturaleza y los límites de la adaptación de nuestra vida religiosa al entorno de la población de EI-Abiodh. En efecto, Monseñor Nouet nos pedía que cesáramos la llamada a la oración no por prohibición de las autoridades civiles o por alguna inoportunidad, sino porque esa forma de adaptación era un error.

   […] Sin embargo, me sentí en profunda comunión con Louis Massignon. Cuando me pregunté por qué el hecho de llamar a la oración con la voz humana debería ser considerado específicamente musulmán, se lo había escrito a Massignon, quien respondió: Yo también me planteé la cuestión del origen del adhïnMusulmán. Es muy probable que se trate de una costumbre extendida en los laureles de los cristianos en el desierto; Me pregunto si las tradiciones musulmanas que rodean su institución parecen referirnos a cristianos abisinios o yemeníes. La idea de convertirla en algo específicamente musulmán es insostenible: la voz humana no tiene nada específicamente musulmán, especialmente cuando se trata de la gloria de Dios.

   De por sí, es evidente que un pueblo árabe cristiano podría perfectamente expresar su fe y su vida religiosa con un llamado cantado o cantado para convocar a las oraciones litúrgicas, Louis Massignon y yo teníamos razón en esta hipótesis.    Nuestro error, sin embargo, fue olvidar que en realidad no éramos un pueblo árabe cristiano expresándose en su propia cultura, sino una simple comunidad religiosa formada por unas pocas personas de cultura latina y europea.    Nuestro segundo error fue atribuir una actitud y reacciones a la población musulmana de EI-Abiodh que resultaron ser erróneas. Para un musulmán, el conjunto de ritos con los que expresa su fe o su oración es intangible. Modificar o adaptar esos ritos es impensable. No corresponde a la religión adaptarse al hombre, sino al hombre adaptarse a la religión. Depende de Dios y de las leyes que Él ha establecido transformar al hombre. De un extremo al otro del mundo islámico, los creyentes, sea cual sea su mentalidad, hablan de la misma manera y realizan los mismos ritos. Sabiendo de nuestro interés en estudiar la religión musulmana, cuando escucharon nuestro llamado a la oración su primera reacción fue pensar que nos estábamos volviendo musulmanes, ya que no se les podría haber ocurrido la idea de una adaptación de la religión cristiana a sus ritos. Insatisfechos con nuestra religión cristiana, estábamos en camino de convertirnos al Islam; pero, pensaban, nos permitíamos modificar sus ritos, lo que les resultaba inaceptable e intolerable.    En la situación en la que nos encontramos en EI-Abiodh, utilizar la llamada a la oración no fue en sí mismo un error, sino un intento inoportuno. Adhïn no es por naturaleza una práctica islámica, pero la comunidad musulmana lo considera como tal.

   Dado que la adaptación a las culturas no cristianas y en particular al ambiente musulmán es una característica esencial de nuestra fundación, era necesario aclarar nuestra doctrina al respecto. Se había redactado un primer documento en 1934-1935, para el proyecto de un directorio. Ya se indicaron claramente los peligros de la adaptación y los errores a evitar. Es difícil decir si ese texto fue modificado o no después de la desafortunada experiencia del adhïn.

      
Un año más tarde, en 1936, se escribió otro texto íntegramente dedicado a la adaptación. Expresó perfectamente lo que pensábamos al respecto en ese momento. Este informe probablemente fue redactado para monseñor Richaud, obispo auxiliar de Versalles, con motivo de la Semana Social que se iba a celebrar en esa ciudad en julio de 1936 sobre el tema «Conflictos de civilizaciones». Más tarde, en 1944, nuestro juicio sobre las adaptaciones al Islam fue mucho más duro. Esos diferentes documentos de adaptación me parecieron importantes. Pero conviene subrayar con fuerza que, más allá de las variaciones de los signos y de las expresiones externas, esta adaptación espiritual, fundamento mismo de nuestro don a un pueblo y de nuestro ministerio de intercesión, nunca fue cuestionada.
                          Rene Voillaume

El padre Voillaume «regresa» al Vaticano

Un documento escrito en 1953 por Mons. Giovanni Battista Montini, futuro Papa Pablo VI, cuando era prosecretario de Estado. Es un prefacio al libro del Padre René Voillaume: Au coeur des masses. La vie religieuse des Petits Frères du père de Foucauld .

«El volumen había sido publicado en Francia en 1950 y en una segunda edición dos años después, y recientemente había sido estrenado en Italia con el título Come loro. La vida religiosa de los Hermanitos del Padre de Foucauld , Roma, 1952. Escrito el junio siguiente, el texto de Montini nunca fue publicado en el original italiano». Después de muchos años, «lo presentamos en esta página tomado de: Giovanni Maria Vian, Los santos de un papa moderno: las canonizaciones de Pablo VI en Santi del Novecento. Historia, hagiografía, canonizaciones , editado por Francesco Scorza Barcellona, ​​epílogo de Franco Bolgiani, Turín, Rosenberg & Sellier, 1998» (cf. L’Osservatore romano , 12 de febrero de 2014).

policía

Sin embargo, debemos señalar que el manuscrito de Montini fue publicado por nosotros, cuando nos llegó el texto en 1985, acompañado de una carta del padre Voillaume, donde explicaba la historia: en un principio, el futuro Pablo VI habría aceptado la solicitud de inmediato, pidiendo por poco tiempo; pero posteriormente «con esa delicada humildad que lo caracterizaba, me pidió que lo liberara de su promesa. Me dijo que la lectura de esas páginas le había revelado la importancia y la novedad de los temas y que eso requería un trabajo de reflexión de su parte». Luego Voillaume presenta la novedad: «Hace algunos meses Don Pasquale Macchi, secretario personal de Pablo VI, me envió una copia, encontrada entre los papeles del Papa, de un borrador de prefacio, fechado en junio de 1953, escrito de su puño y letra». Y con una mezcla de asombro y quizás un toque de perplejidad, el Padre concluye: «Estaba lejos de imaginar cuando Mons. Montini se disculpó por no poder darme su prefacio a «Ven loro» si el texto ya estaba escrito. Es conmovedor ver, leyendo estas páginas, hasta qué punto el que se convertiría en Pablo VI había reflexionado sobre los aspectos más esenciales y entonces tan nuevos de la vocación religiosa de las Fraternidades” [cf. Jesús Caritas – Familia Carlo de Foucauld, XXV (abril 1985), p. 79-85]. había reflexionado sobre los aspectos más esenciales y entonces tan nuevos de la vocación religiosa de las Fraternidades» [cf. Jesús Caritas – Familia Carlo de Foucauld, XXV (abril 1985), p. 79-85]. había reflexionado sobre los aspectos más esenciales y entonces tan nuevos de la vocación religiosa de las Fraternidades» [cf. Jesús Caritas – Familia Carlo de Foucauld, XXV (abril 1985), p. 79-85].

René Voillaume -como se sabe- no participó activamente en el Concilio Vaticano II, «no era un experto, ni oficial ni privado, pero la amistad que le unía a muchos obispos justificaba sus estancias. Ciertamente fue un consejero escuchado por muchos» (G. Cottier). Los numerosos viajes para visitar las fraternidades dispersas habían hecho de él «un hombre mucho más realista, en contacto con el mundo real, moderno, progresista» (Y. Congar). Siguió de cerca los desarrollos del Concilio y tuvo la oportunidad de darse cuenta personalmente de cuánto se preocupaban los sucesivos Papas, con gran apertura, por las relaciones entre la Iglesia y el mundo obrero. Pío XII le concedió una larga audiencia en enero de 1949; Juan XXIII no sólo recibió a Voillaume a finales de 1960 sino que, como sabemos por el testimonio de Mons. Loris Francesco Capovilla, durante la primera sesión del Concilio El Papa Roncalli conservó dos entre sus papeles personalesNotas preparadas por el Padre Voillaume sobre: ​​«El apostolado de la Iglesia frente al ateísmo contemporáneo y las masas sin Dios» y «Reflexiones sobre el tema de las liturgias orientales». Pablo VI, que conocía muy bien al fundador de los Hermanitos de Jesús, pidió su colaboración sobre el problema del trabajo de los sacerdotes y sobre la posición de la Iglesia frente a la clase obrera que, según el Papa, debía ser abordado por el Concilio (cf. R. Voillaume, Charles de Foucauld y sus discípulos , São Paulo, 419ss.). Que «el Padre» gozaba de gran estima, por su Au coeur des massesy otros escritos, el compromiso conciliar y la creciente influencia de las fraternidades, fue subrayado por la invitación de Pablo VI a predicar los ejercicios espirituales al Vaticano a principios de la Cuaresma de 1968 (ver las relaciones en Retraite au Vatican, Fayard, 1969; tr . it .:  Con Jesús en el desierto , Morcelliana, 1979).

Escritorio1

“Así nació –escribía Montini en el prefacio de 1952– un volumen de espiritualidad que enriquece la literatura religiosa con un aporte muy notable”. Más que un tratado, la colección de textos de Voillaume debe considerarse un «documento de vida religiosa» fruto de la reflexión sobre el testimonio de Charles de Foucauld, una relectura que «prueba la perenne capacidad de la Iglesia católica para generar auténticos seguidores de Cristo». Después de esbozar los múltiples aspectos contenidos en la obra, Montini añade: «cuántas almas, pues, que anhelan seguir al Maestro encontrarán su propia lección de santidad en las páginas del Padre Voillaume».

Parece oportuno subrayar que la motivación de Mons. Montini en no haber entregado el manuscrito al interesado, quizás porque se trataba de un mensaje espiritual muy progresista  para ese momento histórico y que su rol en la Secretaría de Estado le había obligado a la prudencia. Pero esas intuiciones, puestas en práctica antes y después del Concilio por algunos, hoy las vuelve a proponer con fuerza el Papa Francisco cuando exige a todos los bautizados que se hagan misioneros: «Despertar al mundo», «Ir a las periferias, no sólo a las geográficas». Estos temas fueron abordados de manera particular durante una larga conversación entre el Papa y los Superiores Generales de los institutos religiosos masculinos al final de su 82ª Asamblea General celebrada en Roma en noviembre de 2013, donde fr. Janson Hervé, prior de los Hermanitos de Jesús (cf. La Civiltà Cattolica , 4 de enero de 2014).

Concluimos recordando a nuestros amigos que el mensaje espiritual de frère Charles y la relectura hecha por el Padre ha sido abordado en nuestro volumen: Charles de Foucauld y René Vollaume. Experiencia y teología del «Misterio de Nazaret» , Cittadella, Asís 2011.

hermano oswaldo jc

Montmatre 1933

París Basílica del sagrado Corazón

Para continuar la obra iniciada por Carlos de Foucauld en el Sahara, cinco sacerdotes tomaron el hábito blanco en presencia del Cardenal Verdier.

Es la primera vez que se graba una ceremonia religiosa en una Iglesia.

En este acto de la toma de hábitos empiezan su andadura los Hermanos de Jesús

Herederos espirituales de Carlos de Foucauld: los Hermanitos de Jesús

Fundados en 1933 por el Padre Voillaume, los Hermanitos de Jesús viven de la espiritualidad del Padre de Foucauld, una espiritualidad fuertemente marcada por la entrega a la Divina Providencia. LA Croix

Herederos espirituales de Carlos de Foucauld: los Hermanitos de Jesús
Obispo de Provenchère, Padre Voillaume y Hermanita Magdeleine

Fue en 2003 cuando murió el P. René Voillaume, uno de los primeros discípulos del P. de Foucauld y fundador, en 1933, de los Hermanitos de Jesús: ¡tenía 98 años!

Proveniente de una familia numerosa y profundamente cristiana, continuó sus estudios en el colegio Saint-Jean-de-Béthune de Versalles. En sus memorias relata su experiencia espiritual fundacional, vivida a los 16 años: » Tenía la cabeza entre las manos, fui agarrado y como levantado sobre mí por una fortísima visión en la que fui transportado a la custodia y Entré en la hostia de una manera que no se puede decir ni explicar. Es como si me fusionara con el Santísimo Sacramento «. Se dice: seré sacerdote. Primero tentado por los Padres Blancos, descubrió en 1921 la biografía del hermano Carlos escrita por René Bazin. Es, para él, una revelación. » Esta experiencia de Dios correspondía plenamente a mi búsqueda espiritual. En el siglo de Péguy vivía en nosotros un sueño misionero, y este corazón coronado por una cruz representaba un ideal. No se trataba de predicar con palabras, sino de estar en a la manera de Cristo, unidos a Él. » René Voillaume decidió entonces vivir una vida misionera contemplativa en medio del desierto. Un deseo que compartirá con los jóvenes compañeros de estudio de los que pronto se convierte en líder y para los que establece una regla de vida.

Una vida de oración, silencio y contemplación

Este es el comienzo de los Hermanitos de Jesús que se instalaron en El-Abiodh-Sidi-Cheikh, en el Sahara, en forma de comunidad monástica contemplativa en un país de misión. Como el P. de Foucauld, llevan una vida de oración, silencio y contemplación en el mundo musulmán. Pero la vida recluida de René Voillaume en medio del desierto no duró mucho, por influencia de su pequeña fraternidad. Una corriente de simpatía se desarrolla como el descubrimiento de la espiritualidad de Carlos de Foucauld entre los católicos.

La fraternidad está abierta al compartir concreto de la vida de los pobres

En marzo de 1938, durante una peregrinación a la tumba de Carlos de Foucauld, en Argelia, es el primer encuentro de la Hermanita Magdalena, fundadora de las Hermanitas de Jesús: trabajarán en estrecha relación hasta su muerte en 1989. En 1946, el P. Voillaume se encuentra también con el P. Jacques Löw, dominico, estibador en el puerto de Marsella. En mayo de 1947, la fraternidad se abre a una nueva forma de vida contemplativa, en el compartir concreto de la vida de los pobres. Esta nueva orientación la presenta René Voillaume en su libro «En el corazón de las masas» que lo hará conocido en todo el mundo. » El Reino de Dios no es de este mundo, el gustaba decir al P. Voillaume.Con nuestros cinco sentidos no podemos conocer directamente el mundo espiritual y angélico donde reina el amor. Es a través de la humanidad transfigurada de Cristo que podemos ir más allá de esta burbuja de existencia donde todo está condicionado por el espacio y el tiempo.» Como resultado, la prohibición de Roma de los sacerdotes-obreros (1954) lo afectó dolorosamente, pero, once años más tarde, logró obtener el permiso del Vaticano para que todos los Hermanitos pudieran realizar trabajos remunerados.

Mientras tanto, las fraternidades se están expandiendo rápidamente. En 1956, René Voillaume fundó los Hermanitos del Evangelio y, en 1963, las Hermanitas del Evangelio, en la misma espiritualidad inspirada en Charles de Foucauld, con la misión de evangelizar a las poblaciones más pobres y alejadas de la Iglesia y del acompañamiento de las comunidades cristianas en estos ambientes. Acompañado a menudo por la Hermanita Magdalena de Jesús, viaja por Europa, pero también por África, América del Sur y Asia.

Hoy, los Hermanitos de Jesús continúan su vida de oración en pequeñas fraternidades repartidas por todo el mundo.