A sus 54 años, confirma la tendencia de Francisco de nombrar pastores jóvenes para diócesis señeras
Terlinden, el nuevo primado de Bélgica que quiere dar más responsabilidades a las mujeres dentro de la Iglesia
Luc Terlinden Faceboo
El nuevo arzobispo de Malinas-Bruselas no cuestiona el matrimonio de los sacerdotes, apoyándose para ello en que “en las iglesias de Oriente se conocen hoy sacerdotes casados y sacerdotes solteros y ven en ello una riqueza. Creo que tenemos que ganar acogiendo esta experiencia”
Dudó entre ser bombero, veterinario o cura. Ya sabemos cuál fue su elección final. El próximo 3 de septiembre sustituirá al carismático cardenal De Kesel
El próximo 3 de septiembre, Luc Terlinden será ordenado arzobispo de Malinas-Bruselas, convirtiéndose, a sus 54 años, en el primado de la Iglesia de Bélgica, y remarcando por el momento una tendencia de Francisco de poner a pastores jóvenes al frente de sedes señeras, como acaba de hacer en Madrid o en Buenos Aires, en ambos casos, con arzobispos de menos de 60 años y con un marcado acento por la pastoral social.
Con estudios de economía y el servicio militar cumplido antes de entrar en el seminario a los 24 años de edad, Terlinden sustituirá a Jozef de Kesel, pastor considerado del ala más progresista del Episcopado belga y que llegó a cuestionar el celibato sacerdotal.
Luc Terlinden
Sin llegar a tanto -de momento- su sustituto no cuestiona, todo lo contrario, el matrimonio de los sacerdotes, apoyándose para ello en que “en las iglesias de Oriente se conocen hoy sacerdotes casados y sacerdotes solteros y ven en ello una riqueza. Creo que tenemos que ganar acogiendo esta experiencia”, según ha señalado en entrevista con RTL.
En esa misma entrevista, el nuevo primado belga, que de niño dudaba entre ser bombero, veterinario o sacerdote, aunque finalmente esta opción se impuso, indica que entre los próximos objetivos que contempla en su ministerio episcopal está el de dar más espacio y responsabilidad a la mujer en la Iglesia: “Con el obispo, las mujeres también pueden ser colaboradoras y no contentarse, como en el pasado, con tareas secretariales, sino mucho más que eso”.
A los seis meses Dios envió al ángel Gabriel donde una joven virgen que vivía en una ciudad de Galilea llamada Nazaret, y que era prometida de José, de la familia de David. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel en su casa y le dijo: “Alégrate tú, la Amada y Favorecida; el Señor está contigo.” Estas palabras la impresionaron y se preguntaba qué quería decir aquel saludo.
Pero el ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Vas a quedar embarazada y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande, lo llamarán Hijo del Altísimo y Dios le dará el trono de David, su antepasado; reinará sobre el pueblo de Jacob por siempre y su reino no terminará jamás.”
María dijo entonces al ángel: “¿Cómo podré ser madre, si no tengo relación con ningún hombre?”
Contestó el ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso tu hijo será santo y lo llamarán Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel: a su vejez ha quedado esperando un hijo, y la que no podía tener familia se encuentra ya en el sexto mes de embarazo; porque para Dios nada es imposible”.
Dijo María: “Yo soy la esclava del Señor; que se haga en mí lo que has dicho”. Después de estas palabras el ángel se retiró. (1)
Nazaret es el lugar donde Dios decide hacerse hombre, a través de una mujer, María. Ella nos da a Jesús de Nazaret, un hombre real, no virtual. Es el hombre de Dios que da sentido a la gratuidad, porque Dios no tiene estrategias con los hombres: no proporciona un proceso educativo, ni social, ni virtual. Él es puro Amor, un Amor de 24 quilates, cien por cien puro, sin conservantes ni colorantes, sin condenas y sin premios de consolación.
El amor de Dios pasa por Nazaret para quedarse, para habitar en las entrañas de una virgen. El fruto de todo ello es Santo, es Hijo del Altísimo, es Hijo de Dios. Aquí Dios no se esconde: Dios habita entre nosotros, en el silencio y en la Palabra hecha carne.
María en Nazaret pasa sin hacer ruido. Las intuiciones de Carlos de FOUCAULD en su estancia en Nazaret nacen también en el silencio y en el servicio humilde, sencillo, no reconocible socialmente. Para María, para el hermano Carlos, Nazaret es un lugar y un momento contemplativos: el lugar y el momento que convertirán a otras situaciones y etapas de sus vidas en espacios contemplativos. Aprenden en Nazaret a vivir ese día a día con amor hacia lo pequeño y hacia los pequeños.
En Nazaret enseña María a Jesús, y en Nazaret el hermano Carlos es enseñado por Jesús.
Nosotros estamos llamados a vivir como Jesús, no a aparentar que vivimos como Jesús, convirtiendo en sólo virtual el sentido de Dios (cómo lo experimentamos, cómo lo adoramos, cómo lo amamos, cómo lo transmitimos) Es nuestra vida la que tiene que evangelizar, no nuestras palabras. La palabra adoctrina; la vida convence.
Dejarnos enseñar en Nazaret, dejarnos trabajar, dejarnos crecer…
Nada de esto es posible si no vamos por la vida, por nuestras reuniones, por nuestras visitas, por nuestras celebraciones con una actitud contemplativa. Nos podemos convertir en ejecutores de una liturgia sin corazón, mantenedores fieles de una tradición y olvidar a quien nos llamó, a quien nos enamoró, a quien anunciamos.
Ser contemplativos en el día a día de nuestro trabajo y dedicación pastoral no nos evade de la realidad. Debéis estar impregnados del Evangelio de Jesús hasta el punto de ser capaces, con toda independencia, de afirmar frente a las potencias y a las ideologías de este mundo los valores que son verdaderamente indispensables para garantizar la trascendencia y los derechos esenciales de la persona humana. No podéis callar a lo hombres lo que Cristo les diría si él pudiese expresarse por vuestra boca y testimoniar por vuestras actitudes. Para eso os ha escogido y llamado. (2) Necesitamos volver a Nazaret como la gran intuición del hermano Carlos: volver al evangelio, allí donde nace la esperanza de Dios depositada en María. Una esperanza de Dios que verá su luz en Belén.
Nazaret es hablar poco de uno mismo y más de Dios con nuestra vida, con nuestras cosas, con nuestras casas, con nuestras pertenencias, con nuestros proyectos.
Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, tanto como la vida pública, deben ser una predicación del evangelio sobre los tejados; toda nuestra persona debe respirar Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida debe gritar que nosotros somos de Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica; todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, un perfume de Jesús, que hace ver a Jesús, que brilla como una imagen de Jesús… (3) Para el hermano Carlos es Jesús el centro de su vida y nos invita a ello desde la contemplación. Él habla de tres maneras de contemplar a Dios: en los momentos y la vida de Jesús, en la Sagrada Eucaristía y en los misterios de su vida (4), cuando no encontramos los porqués y sí muchos para qué. Sus intuiciones han dado a la Iglesia de Jesús un medio de encontrarse con él, con el propio Dios, en medio del silencio y tantas veces entre los ruidos de nuestro Nazaret cotidiano. Intuiciones que nos ayudan a ser testigos de Dios sin hacer proselitismos, sin forzar situaciones, sin usar los sentimientos de la gente y, sobre todo, sin hacer ruido en beneficio de nuestro ego.
Nazaret no es nunca una huida o esconderse de la realidad. Nazaret es dar la cara por Jesús y por los últimos. Como puede resultar un contrasentido “vida oculta”, se puede también comprender mal la expresión “predicar el evangelio en silencio”. En sus mismas cartas donde el hermano Carlos emplea estas expresiones él habla de relaciones de amistad, de contactos. ¿Hay entonces que callarse? Sobre esta cuestión dice Antoine CHATELARD que hay que responder a la vez sí y no. No, pues Nazaret es el lugar de la comunicación, de la escucha, del compartir y de la amistad, el lugar donde la Palabra se transmite en las conversaciones ordinarias con los hombres. Sí, pues Nazaret es el silencio, porque Nazaret es gritar la buena nueva desde los tejados, callándose, sin predicar, amando. (5) Como sacerdotes de la Fraternidad tenemos todo un reto si no hemos hecho un camino, tanto en el plano espiritual como en el psicológico, del cual estemos convencidos que conduce a un encuentro auténtico con el Señor, en la contemplación y en la adoración, y en nuestras entregas y servicios al Pueblo de Dios y a la sociedad. Nuestro ministerio sacerdotal no es una forma monástica ni conventual: somos hombres en medio del mundo. Cuando Nazaret nos convence, deja de ser una idea, algo virtual o un anexo, y nos hace crecer con nuestros vecinos, pared con pared, nuestras comunidades, nuestros hermanos de fraternidad. Nazaret nunca puede ser estático en nuestras vidas, pues sería sinónimo de instalación o acomodación. Jesús, dado por María, es en Nazaret vecino, cohabita, convive, está junto a su gente, es ciudadano. No trata sólo con ellos, está con ellos. Y esta actitud le hará estar luego siempre con los últimos; le hará mirar sin juzgar, mirar para ayudar y ser útil, escuchando a los hombres y mujeres y escuchando a su Padre.
Nazaret nos ayuda a convivir sin juzgar, a vivir en contemplación con nuestros espacios personales y los espacios de los demás: su corazón, sus ilusiones, su vida. El espíritu Nazaret, pues, nos insta a revisar la vida contemplándola, para amar la vida propia y la de los demás como el gran regalo amoroso de Dios, cuando experimentamos la gratuidad. Sólo estamos en Nazaret cuando lo desidealizamos y aceptamos a Jesús por vecino o compañero de nuestro hogar, de nuestras horas y de nuestro futuro, como copiloto de nuestro vehículo o acompañante en nuestras visitas o nuestras reuniones.
NOTAS:
Lc 2,26-38
René VOILLAUME, Evangelio, Política y Violencia, pág. 22. Málaga, 1973
Carlos de FOUCAULD, Obras Espirituales. Antología de Textos. 59, San Pablo, Madrid, 1998
Cfr. Carlos de FOUCAULD, op. cit. 62
Michel LAFON, Vivre Nazareth aujourd’hui, pág. 27. Fayard, 1985
Para la revisión de vida:
1 ¿Tratamos de vivir Nazaret o sólo es una referencia ocasional en nuestros encuentros de fraternidad? ¿Creo y valoro en mi vida esa clave de identidad en la espiritualidad del hermano Carlos?
2 ¿Salimos de nuestro yo para escuchar al “ángel” que nos saca de nuestras lecturas, de nuestra televisión, de nuestro descanso, de nuestro tiempo libre y que nos anuncia con sus problemas o impertinencias que Dios nos está llamando?
3 ¿Olemos a Jesús u olemos a incienso, a populismo, a cultivo de imagen, a ortodoxia para no ser señalados?
4 ¿Cómo miramos a nuestros hermanos sacerdotes? ¿Nos creemos más pobres, más simpáticos, más progresistas, más fieles, mejores pastores u oradores, intelectualmente más sólidos, más simpáticos o con mejor don de gentes? ¿Hacemos juicios internos?
DE JESÚS NAZARET: LUGAR PARA LA FAMILIA Y EL COMPARTIR. NAZARET, LA PUERTA DEL DESIERTO
Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía, se desarrollaba y se hacía cada día más sabio; y la gracia de Dios estaba con él. (1)
Nazaret es el lugar de crecimiento de Jesús, de desarrollo personal, de ganar en sabiduría, de presencia y experiencia de Dios, de aceptar su gracia. Todo esto lo irá viviendo Jesús hasta su paso por el desierto.
En nuestra actitud como sacerdotes de la Fraternidad, cuando nos sentimos de pleno en Nazaret, descubrimos que Dios está entre los hombres, tanto la gente que nos rodea, como nuestros propios hermanos de Fraternidad, como en el acontecimiento o situación en las cuales los hombres y mujeres actúan construyendo el Reino o mostrándonos dónde está la verdad y la justicia.
No es difícil situarnos en Nazaret como creyentes, como ciudadanos o seres humanos. La prueba está cuando nos descubrimos fuera de Nazaret, con el corazón en otro lado o las ideas no muy claras. Nuestras faltas de fe, esperanza o de caridad nos alejan de ese espíritu que el hermano Carlos quería dar a su vida cuando descubrió que Jesús le había salvado, que nació y murió por él, que le amó hasta el extremo y lo hizo para sí el gran amor de su vida. Esta amistad con Jesús le lleva a vivir la caridad como un valor del compartir, de generar una familia desde sus intuiciones, de sentir a sus vecinos como sus hermanos. ¿Qué habría pasado en el hermano Carlos si él tuviera a otros hermanos junto a él y con ellos hiciera comunidad? Desde aquí, tal es nuestro caso, nosotros participamos de lleno en la vida de los demás, y los demás en la nuestra. Hay un obstáculo constante en nuestra caridad fraterna, obstáculo que se encuentra en cada momento en nosotros mismos y que conocéis bien: nuestra terquedad congénita y casi inexplicable a juzgarlo todo y entenderlo desde nuestro punto de vista y en función de nuestro temperamento y prejuicios; la estrechez constantemente renovada de nuestros juicios, y la vista mezquina de las cosas. (2) La realidad es que no hemos sido llamados a formar una familia de padres e hijos, sino a dar sentido a nuestra entrega de amor a través de la convivencia, el servicio y, como sacerdotes de la Fraternidad, compartir la vida en la revisión y el amor fraterno, estemos cerca o lejos los unos de los otros. A veces, por no crear conflicto, por huir de él o esquivarlo, ni ayudamos ni nos ayudamos a madurar ¿Nos dejamos situar en Nazaret por los demás? ¿Aceptamos que alguien “nos ponga en nuestro sitio”?
A través de lo que vive la gente y le presenta la vida, Carlos de FOUCAULD va aprendiendo lo que Dios quiere de él. Nazaret no es para él un molde cerrado; es un camino abierto donde avanza con su Maestro, siempre atento a lo que el Señor le va pidiendo. Así, progresivamente, ya a través de su vida, nos explicita su intuición nazarena. Allí, en las calles e Nazaret, percibe cómo, al adoptar la condición social de los insignificantes, Jesús nos revela el rostro del Padre: un Dios fraternal, hermano de los últimos. (3) Por eso el hermano Carlos es un auténtico anunciador, sin adoctrinar; un auténtico hermano universal que respeta a cada miembro de su círculo de amistades, que está, como Jesús, con los últimos, los que él consideraba en su tiempo y espacio como los más desfavorecidos (lejos de Occidente, en un país pobre, colonizado, etc.) Para nosotros, ¿quiénes son los últimos? ¿Cómo nos enseñan a estar en Nazaret? Nuestro actuar y estar con los últimos, ¿se reduce a un consultorio o un dispensario donde los demás vienen a buscar ayuda, o es donde nosotros encontramos la ayuda para caminar los caminos que no hemos elegido, las situaciones que no hemos creado, los tiempos que no hemos programado?
Nazaret nos enseña a ser familia, a hacer familia, a tener en común con las personas algo más que un idioma, una ideología o unas características sociales. Nazaret nos invita a bajar de nuestro escaño para ser parte de la mesa de los pobres. Seamos tan pequeños como Jesús. Jesús nos dice que le sigamos, sigámosle, compartamos su vida, sus trabajos, sus ocupaciones, sus humillaciones, su pobreza, su abajamiento. (4)
En la vida pública de Jesús, existe también este aspecto de misterio, de secreto, de no-visibilidad, de rechazo a lo espectacular, que no puede ser desdeñado. En toda su vida, hasta su muerte, sigue siendo Jesús de Nazaret. El hermano Carlos ha dado valor a este aspecto insistiendo sobre la oscuridad, el incógnito del Verbo Encarnado, que durante los treinta años de Nazaret fue a los ojos de todos uno de tantos. Lo oculto de su vida era su relación única con el Padre, su ser divino, es decir, lo esencial. A pesar de las apariencias, Carlos de FOUCAULD siguió siendo fiel a esta intuición hasta su muerte, en todos los lugares y actividades, en el alejamiento o la cercanía a los hombres. (5)
De Nazaret sale Jesús para el desierto. Todos conocemos bien el sentido bíblico del mismo y la situación de Jesús ante él. De Nazaret sale buscando y con deseo de escuchar al Padre. No explica sus razones ni intenta convencer a nadie. Ni siquiera después, en la vida pública, hará una invitación al mismo a sus discípulos. Pero sí les animará a hablar al Padre en lo escondido, a orar para no caer en la tentación, a no dormirse, a escuchar su voz como las ovejas escuchan la de su pastor. Curiosamente, en el hermano Carlos se da una situación semejante. Nazaret sigue siendo el motivo que le ha introducido a entrar en la Trapa y, más tarde, a salir de ella. Para ser conforme a Jesús de Nazaret, abraza el sacerdocio; y por el mismo motivo abandona su amada Palestina para marchar al desierto del Sáhara. (6)
¿Sabemos salir de lo establecido –mi parroquia, mi diócesis, mis organigramas- para encontrarnos ante lo desconocido –el desierto donde me encuentro solo, el miedo a enfrentarme conmigo mismo, a reconocer cómo soy-? ¿Adónde van las llamadas al desierto que recibimos, dónde terminan? ¿En el archivo de nuestra memoria, en un bonito día de excursión, en una autocomplacencia? ¿En la aceptación de qué es hoy la voluntad del Padre sobre nosotros al escucharle en el silencio del corazón?
Carlos de FOUCAULD, como Jesús, no huye al desierto: sigue la voz de su corazón e intenta que esté en armonía con la voz de Dios. No esquiva los vaivenes de su vida: es consciente de sus limitaciones, de su pasado, y del gran amor que Jesús es para él. Acabo con esta reflexión de Willigis JÄGER: ¿Qué ocurre cuando alguien se adentra honestamente en el desierto? Jesús estaba entre los animales, nos dice la Escritura en el relato de los cuarenta días del desierto de Jesús. Quien entra en el desierto no encontrará ninguna puesta del sol romántica. Se enfrentará a sus propias bestias. Se encontrará consigo mismo. Se encontrará con todos los problemas sin resolver, con su sombra; dicho en la terminología cristiana, con los demonios y el diablo. Y no se trata de rechazarlo todo y resistirse, sino mirarlo cara a cara, tal como nos lo muestra Jesús en su estancia en el desierto, cuando fue tentado. El desierto, la soledad, nos obliga a mirarnos y aceptarnos. Ni siquiera debemos echar al demonio; es nuestro hermano y quiere ser tratado como tal. El demonio tampoco es el montón de basura donde echar nuestra porquería. (7) Por eso es bueno ser conscientes de que no debemos culpar a nadie de nuestras situaciones, que Nazaret está donde hay vida, donde nos movemos, donde nos abandonamos, donde reímos y donde lloramos, donde trabajamos y donde descansamos. Si creemos en el espíritu de Nazaret, seguro que nos llamará el desierto, aunque éste nos asuste. Tenemos pleno derecho a ello, a dudar, a guardar las distancias, a ser confortados desde la misericordia de Dios y a abandonarnos en él.
NOTAS:
Lc 2,39-40
René VOILLAUME, Hermano de todos, págs. 56-57, Narcea, Madrid, 1978
Federico CARRASQUILLA en Yo soy tu hermano. En las huellas de Nazaret, pág. 75, Benito Cassiers, Santiago de Chile, 2007
Carlos de FOUCAULD, Obras espirituales. Antología de textos, 51, San Pablo, Madrid, 1998
Antoine CHATELARD, Carlos de FOUCAULD. El camino de Tamanrasset, pág. 286, San Pablo, Madrid, 2003
Luigi BORRIELLO, El mensaje espiritual de Carlos de FOUCAULD, pág. 48, Sal Terrae, Santander, 1981
Willigis JÄGER, Adonde nos lleva nuestro anhelo. La mística del siglo XXI, pág164, DDB, Bilbao, 2005
Para la revisión de vida:
1 ¿Qué “comodidades” e “incomodidades” experimentamos en Nazaret?
2 ¿Y en el desierto?
3 ¿Nos sentimos vivos en ellos?
4 ¿Nazaret es “para un momento”, sólo a ratos?
5 ¿Cómo nos rodeamos de comodidades?
6 ¿Nos dejamos arropar por Dios, por los demás, como en la casa de Nazaret?
A los seis meses Dios envió al ángel Gabriel donde una joven virgen que vivía en una ciudad de Galilea llamada Nazaret, y que era prometida de José, de la familia de David. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel en su casa y le dijo: “Alégrate tú, la Amada y Favorecida; el Señor está contigo.” Estas palabras la impresionaron y se preguntaba qué quería decir aquel saludo.
Pero el ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Vas a quedar embarazada y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande, lo llamarán Hijo del Altísimo y Dios le dará el trono de David, su antepasado; reinará sobre el pueblo de Jacob por siempre y su reino no terminará jamás.”
María dijo entonces al ángel: “¿Cómo podré ser madre, si no tengo relación con ningún hombre?”
Contestó el ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso tu hijo será santo y lo llamarán Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel: a su vejez ha quedado esperando un hijo, y la que no podía tener familia se encuentra ya en el sexto mes de embarazo; porque para Dios nada es imposible”.
Dijo María: “Yo soy la esclava del Señor; que se haga en mí lo que has dicho”. Después de estas palabras el ángel se retiró. (1)
Nazaret es el lugar donde Dios decide hacerse hombre, a través de una mujer, María. Ella nos da a Jesús de Nazaret, un hombre real, no virtual. Es el hombre de Dios que da sentido a la gratuidad, porque Dios no tiene estrategias con los hombres: no proporciona un proceso educativo, ni social, ni virtual. Él es puro Amor, un Amor de 24 quilates, cien por cien puro, sin conservantes ni colorantes, sin condenas y sin premios de consolación.
El amor de Dios pasa por Nazaret para quedarse, para habitar en las entrañas de una virgen. El fruto de todo ello es Santo, es Hijo del Altísimo, es Hijo de Dios. Aquí Dios no se esconde: Dios habita entre nosotros, en el silencio y en la Palabra hecha carne.
María en Nazaret pasa sin hacer ruido. Las intuiciones de Carlos de FOUCAULD en su estancia en Nazaret nacen también en el silencio y en el servicio humilde, sencillo, no reconocible socialmente. Para María, para el hermano Carlos, Nazaret es un lugar y un momento contemplativos: el lugar y el momento que convertirán a otras situaciones y etapas de sus vidas en espacios contemplativos. Aprenden en Nazaret a vivir ese día a día con amor hacia lo pequeño y hacia los pequeños.
En Nazaret enseña María a Jesús, y en Nazaret el hermano Carlos es enseñado por Jesús.
Nosotros estamos llamados a vivir como Jesús, no a aparentar que vivimos como Jesús, convirtiendo en sólo virtual el sentido de Dios (cómo lo experimentamos, cómo lo adoramos, cómo lo amamos, cómo lo transmitimos) Es nuestra vida la que tiene que evangelizar, no nuestras palabras. La palabra adoctrina; la vida convence.
Dejarnos enseñar en Nazaret, dejarnos trabajar, dejarnos crecer…
Nada de esto es posible si no vamos por la vida, por nuestras reuniones, por nuestras visitas, por nuestras celebraciones con una actitud contemplativa. Nos podemos convertir en ejecutores de una liturgia sin corazón, mantenedores fieles de una tradición y olvidar a quien nos llamó, a quien nos enamoró, a quien anunciamos.
Ser contemplativos en el día a día de nuestro trabajo y dedicación pastoral no nos evade de la realidad. Debéis estar impregnados del Evangelio de Jesús hasta el punto de ser capaces, con toda independencia, de afirmar frente a las potencias y a las ideologías de este mundo los valores que son verdaderamente indispensables para garantizar la trascendencia y los derechos esenciales de la persona humana. No podéis callar a lo hombres lo que Cristo les diría si él pudiese expresarse por vuestra boca y testimoniar por vuestras actitudes. Para eso os ha escogido y llamado. (2) Necesitamos volver a Nazaret como la gran intuición del hermano Carlos: volver al evangelio, allí donde nace la esperanza de Dios depositada en María. Una esperanza de Dios que verá su luz en Belén.
Nazaret es hablar poco de uno mismo y más de Dios con nuestra vida, con nuestras cosas, con nuestras casas, con nuestras pertenencias, con nuestros proyectos.
Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, tanto como la vida pública, deben ser una predicación del evangelio sobre los tejados; toda nuestra persona debe respirar Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida debe gritar que nosotros somos de Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica; todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, un perfume de Jesús, que hace ver a Jesús, que brilla como una imagen de Jesús… (3) Para el hermano Carlos es Jesús el centro de su vida y nos invita a ello desde la contemplación. Él habla de tres maneras de contemplar a Dios: en los momentos y la vida de Jesús, en la Sagrada Eucaristía y en los misterios de su vida (4), cuando no encontramos los porqués y sí muchos para qué. Sus intuiciones han dado a la Iglesia de Jesús un medio de encontrarse con él, con el propio Dios, en medio del silencio y tantas veces entre los ruidos de nuestro Nazaret cotidiano. Intuiciones que nos ayudan a ser testigos de Dios sin hacer proselitismos, sin forzar situaciones, sin usar los sentimientos de la gente y, sobre todo, sin hacer ruido en beneficio de nuestro ego.
Nazaret no es nunca una huida o esconderse de la realidad. Nazaret es dar la cara por Jesús y por los últimos. Como puede resultar un contrasentido “vida oculta”, se puede también comprender mal la expresión “predicar el evangelio en silencio”. En sus mismas cartas donde el hermano Carlos emplea estas expresiones él habla de relaciones de amistad, de contactos. ¿Hay entonces que callarse? Sobre esta cuestión dice Antoine CHATELARD que hay que responder a la vez sí y no. No, pues Nazaret es el lugar de la comunicación, de la escucha, del compartir y de la amistad, el lugar donde la Palabra se transmite en las conversaciones ordinarias con los hombres. Sí, pues Nazaret es el silencio, porque Nazaret es gritar la buena nueva desde los tejados, callándose, sin predicar, amando. (5) Como sacerdotes de la Fraternidad tenemos todo un reto si no hemos hecho un camino, tanto en el plano espiritual como en el psicológico, del cual estemos convencidos que conduce a un encuentro auténtico con el Señor, en la contemplación y en la adoración, y en nuestras entregas y servicios al Pueblo de Dios y a la sociedad. Nuestro ministerio sacerdotal no es una forma monástica ni conventual: somos hombres en medio del mundo. Cuando Nazaret nos convence, deja de ser una idea, algo virtual o un anexo, y nos hace crecer con nuestros vecinos, pared con pared, nuestras comunidades, nuestros hermanos de fraternidad. Nazaret nunca puede ser estático en nuestras vidas, pues sería sinónimo de instalación o acomodación. Jesús, dado por María, es en Nazaret vecino, cohabita, convive, está junto a su gente, es ciudadano. No trata sólo con ellos, está con ellos. Y esta actitud le hará estar luego siempre con los últimos; le hará mirar sin juzgar, mirar para ayudar y ser útil, escuchando a los hombres y mujeres y escuchando a su Padre.
Nazaret nos ayuda a convivir sin juzgar, a vivir en contemplación con nuestros espacios personales y los espacios de los demás: su corazón, sus ilusiones, su vida. El espíritu Nazaret, pues, nos insta a revisar la vida contemplándola, para amar la vida propia y la de los demás como el gran regalo amoroso de Dios, cuando experimentamos la gratuidad. Sólo estamos en Nazaret cuando lo desidealizamos y aceptamos a Jesús por vecino o compañero de nuestro hogar, de nuestras horas y de nuestro futuro, como copiloto de nuestro vehículo o acompañante en nuestras visitas o nuestras reuniones.
NOTAS:
Lc 2,26-38
René VOILLAUME, Evangelio, Política y Violencia, pág. 22. Málaga, 1973
Carlos de FOUCAULD, Obras Espirituales. Antología de Textos. 59, San Pablo, Madrid, 1998
Cfr. Carlos de FOUCAULD, op. cit. 62
Michel LAFON, Vivre Nazareth aujourd’hui, pág. 27. Fayard, 1985
Para la revisión de vida:
1 ¿Tratamos de vivir Nazaret o sólo es una referencia ocasional en nuestros encuentros de fraternidad? ¿Creo y valoro en mi vida esa clave de identidad en la espiritualidad del hermano Carlos?
2 ¿Salimos de nuestro yo para escuchar al “ángel” que nos saca de nuestras lecturas, de nuestra televisión, de nuestro descanso, de nuestro tiempo libre y que nos anuncia con sus problemas o impertinencias que Dios nos está llamando?
3 ¿Olemos a Jesús u olemos a incienso, a populismo, a cultivo de imagen, a ortodoxia para no ser señalados?
4 ¿Cómo miramos a nuestros hermanos sacerdotes? ¿Nos creemos más pobres, más simpáticos, más progresistas, más fieles, mejores pastores u oradores, intelectualmente más sólidos, más simpáticos o con mejor don de gentes? ¿Hacemos juicios internos?
DE JESÚS NAZARET: LUGAR PARA LA FAMILIA Y EL COMPARTIR. NAZARET, LA PUERTA DEL DESIERTO
Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía, se desarrollaba y se hacía cada día más sabio; y la gracia de Dios estaba con él. (1)
Nazaret es el lugar de crecimiento de Jesús, de desarrollo personal, de ganar en sabiduría, de presencia y experiencia de Dios, de aceptar su gracia. Todo esto lo irá viviendo Jesús hasta su paso por el desierto.
En nuestra actitud como sacerdotes de la Fraternidad, cuando nos sentimos de pleno en Nazaret, descubrimos que Dios está entre los hombres, tanto la gente que nos rodea, como nuestros propios hermanos de Fraternidad, como en el acontecimiento o situación en las cuales los hombres y mujeres actúan construyendo el Reino o mostrándonos dónde está la verdad y la justicia.
No es difícil situarnos en Nazaret como creyentes, como ciudadanos o seres humanos. La prueba está cuando nos descubrimos fuera de Nazaret, con el corazón en otro lado o las ideas no muy claras. Nuestras faltas de fe, esperanza o de caridad nos alejan de ese espíritu que el hermano Carlos quería dar a su vida cuando descubrió que Jesús le había salvado, que nació y murió por él, que le amó hasta el extremo y lo hizo para sí el gran amor de su vida. Esta amistad con Jesús le lleva a vivir la caridad como un valor del compartir, de generar una familia desde sus intuiciones, de sentir a sus vecinos como sus hermanos. ¿Qué habría pasado en el hermano Carlos si él tuviera a otros hermanos junto a él y con ellos hiciera comunidad? Desde aquí, tal es nuestro caso, nosotros participamos de lleno en la vida de los demás, y los demás en la nuestra. Hay un obstáculo constante en nuestra caridad fraterna, obstáculo que se encuentra en cada momento en nosotros mismos y que conocéis bien: nuestra terquedad congénita y casi inexplicable a juzgarlo todo y entenderlo desde nuestro punto de vista y en función de nuestro temperamento y prejuicios; la estrechez constantemente renovada de nuestros juicios, y la vista mezquina de las cosas. (2) La realidad es que no hemos sido llamados a formar una familia de padres e hijos, sino a dar sentido a nuestra entrega de amor a través de la convivencia, el servicio y, como sacerdotes de la Fraternidad, compartir la vida en la revisión y el amor fraterno, estemos cerca o lejos los unos de los otros. A veces, por no crear conflicto, por huir de él o esquivarlo, ni ayudamos ni nos ayudamos a madurar ¿Nos dejamos situar en Nazaret por los demás? ¿Aceptamos que alguien “nos ponga en nuestro sitio”?
A través de lo que vive la gente y le presenta la vida, Carlos de FOUCAULD va aprendiendo lo que Dios quiere de él. Nazaret no es para él un molde cerrado; es un camino abierto donde avanza con su Maestro, siempre atento a lo que el Señor le va pidiendo. Así, progresivamente, ya a través de su vida, nos explicita su intuición nazarena. Allí, en las calles e Nazaret, percibe cómo, al adoptar la condición social de los insignificantes, Jesús nos revela el rostro del Padre: un Dios fraternal, hermano de los últimos. (3) Por eso el hermano Carlos es un auténtico anunciador, sin adoctrinar; un auténtico hermano universal que respeta a cada miembro de su círculo de amistades, que está, como Jesús, con los últimos, los que él consideraba en su tiempo y espacio como los más desfavorecidos (lejos de Occidente, en un país pobre, colonizado, etc.) Para nosotros, ¿quiénes son los últimos? ¿Cómo nos enseñan a estar en Nazaret? Nuestro actuar y estar con los últimos, ¿se reduce a un consultorio o un dispensario donde los demás vienen a buscar ayuda, o es donde nosotros encontramos la ayuda para caminar los caminos que no hemos elegido, las situaciones que no hemos creado, los tiempos que no hemos programado?
Nazaret nos enseña a ser familia, a hacer familia, a tener en común con las personas algo más que un idioma, una ideología o unas características sociales. Nazaret nos invita a bajar de nuestro escaño para ser parte de la mesa de los pobres. Seamos tan pequeños como Jesús. Jesús nos dice que le sigamos, sigámosle, compartamos su vida, sus trabajos, sus ocupaciones, sus humillaciones, su pobreza, su abajamiento. (4)
En la vida pública de Jesús, existe también este aspecto de misterio, de secreto, de no-visibilidad, de rechazo a lo espectacular, que no puede ser desdeñado. En toda su vida, hasta su muerte, sigue siendo Jesús de Nazaret. El hermano Carlos ha dado valor a este aspecto insistiendo sobre la oscuridad, el incógnito del Verbo Encarnado, que durante los treinta años de Nazaret fue a los ojos de todos uno de tantos. Lo oculto de su vida era su relación única con el Padre, su ser divino, es decir, lo esencial. A pesar de las apariencias, Carlos de FOUCAULD siguió siendo fiel a esta intuición hasta su muerte, en todos los lugares y actividades, en el alejamiento o la cercanía a los hombres. (5)
De Nazaret sale Jesús para el desierto. Todos conocemos bien el sentido bíblico del mismo y la situación de Jesús ante él. De Nazaret sale buscando y con deseo de escuchar al Padre. No explica sus razones ni intenta convencer a nadie. Ni siquiera después, en la vida pública, hará una invitación al mismo a sus discípulos. Pero sí les animará a hablar al Padre en lo escondido, a orar para no caer en la tentación, a no dormirse, a escuchar su voz como las ovejas escuchan la de su pastor. Curiosamente, en el hermano Carlos se da una situación semejante. Nazaret sigue siendo el motivo que le ha introducido a entrar en la Trapa y, más tarde, a salir de ella. Para ser conforme a Jesús de Nazaret, abraza el sacerdocio; y por el mismo motivo abandona su amada Palestina para marchar al desierto del Sáhara. (6)
¿Sabemos salir de lo establecido –mi parroquia, mi diócesis, mis organigramas- para encontrarnos ante lo desconocido –el desierto donde me encuentro solo, el miedo a enfrentarme conmigo mismo, a reconocer cómo soy-? ¿Adónde van las llamadas al desierto que recibimos, dónde terminan? ¿En el archivo de nuestra memoria, en un bonito día de excursión, en una autocomplacencia? ¿En la aceptación de qué es hoy la voluntad del Padre sobre nosotros al escucharle en el silencio del corazón?
Carlos de FOUCAULD, como Jesús, no huye al desierto: sigue la voz de su corazón e intenta que esté en armonía con la voz de Dios. No esquiva los vaivenes de su vida: es consciente de sus limitaciones, de su pasado, y del gran amor que Jesús es para él. Acabo con esta reflexión de Willigis JÄGER: ¿Qué ocurre cuando alguien se adentra honestamente en el desierto? Jesús estaba entre los animales, nos dice la Escritura en el relato de los cuarenta días del desierto de Jesús. Quien entra en el desierto no encontrará ninguna puesta del sol romántica. Se enfrentará a sus propias bestias. Se encontrará consigo mismo. Se encontrará con todos los problemas sin resolver, con su sombra; dicho en la terminología cristiana, con los demonios y el diablo. Y no se trata de rechazarlo todo y resistirse, sino mirarlo cara a cara, tal como nos lo muestra Jesús en su estancia en el desierto, cuando fue tentado. El desierto, la soledad, nos obliga a mirarnos y aceptarnos. Ni siquiera debemos echar al demonio; es nuestro hermano y quiere ser tratado como tal. El demonio tampoco es el montón de basura donde echar nuestra porquería. (7) Por eso es bueno ser conscientes de que no debemos culpar a nadie de nuestras situaciones, que Nazaret está donde hay vida, donde nos movemos, donde nos abandonamos, donde reímos y donde lloramos, donde trabajamos y donde descansamos. Si creemos en el espíritu de Nazaret, seguro que nos llamará el desierto, aunque éste nos asuste. Tenemos pleno derecho a ello, a dudar, a guardar las distancias, a ser confortados desde la misericordia de Dios y a abandonarnos en él.
NOTAS:
Lc 2,39-40
René VOILLAUME, Hermano de todos, págs. 56-57, Narcea, Madrid, 1978
Federico CARRASQUILLA en Yo soy tu hermano. En las huellas de Nazaret, pág. 75, Benito Cassiers, Santiago de Chile, 2007
Carlos de FOUCAULD, Obras espirituales. Antología de textos, 51, San Pablo, Madrid, 1998
Antoine CHATELARD, Carlos de FOUCAULD. El camino de Tamanrasset, pág. 286, San Pablo, Madrid, 2003
Luigi BORRIELLO, El mensaje espiritual de Carlos de FOUCAULD, pág. 48, Sal Terrae, Santander, 1981
Willigis JÄGER, Adonde nos lleva nuestro anhelo. La mística del siglo XXI, pág164, DDB, Bilbao, 2005
Para la revisión de vida:
1 ¿Qué “comodidades” e “incomodidades” experimentamos en Nazaret?
2 ¿Y en el desierto?
3 ¿Nos sentimos vivos en ellos?
4 ¿Nazaret es “para un momento”, sólo a ratos?
5 ¿Cómo nos rodeamos de comodidades?
6 ¿Nos dejamos arropar por Dios, por los demás, como en la casa de Nazaret?
¿Por qué me atrae la figura de Charles de Foucauld?
Desde el seminario me impresionó y apasionó la figura de este humilde sacerdote francés que ha sido canonizado por el Papa Francisco el día 15 de mayo, ceremonia en la que he podido participar y celebrar junto al obispo de Roma. Recuerdo que, gracias a un compañero de seminario hoy sacerdote, leí con mucha profundidad la biografía escrita por Jean François Six.
De inmediato, me sentí identificado, interpelado y animado por el ejemplo testimonial de este verdadero testigo humilde de Jesús de Nazaret. Se sumó a esto como providencial la invitación que me hacía don Pedro Casaldáliga obispo de Sao Félix do Araguaia, de participar de la fraternidad Iesus Caritas en la que hoy camino en comunión.
Tres cosas me tocaron el corazón y aun hoy siguen interpelándome: Charles de Foucauld, era un verdadero buscador, un hombre abierto a toda la humanidad, llamado el hermano universal y un hombre que buscó a ejemplo de Cristo ser uno de tantos, buscando en todo el último lugar.
Fue un verdadero buscador, un buscador incansable. Al inicio busco su plenitud a través de lo humano, primero, erróneamente, a través del desenfreno y las pasiones -como el hijo prodigo del Evangelio-, pero al descubrir que estas no calmaban el ansia de su corazón, pasa a la búsqueda de su plenitud a través de lo intelectual y social de su época., logrando hacer una gran y peligrosa exploración por Marruecos y Argelia en el gran Sáhara. En la que obtuvo un gran premio de la sociedad de geografía francesa, ya que era el primer francés que recorría todo el vasto desierto del Sáhara y lo documentaba de forma científica. Al darse cuenta de que ni aún estos logros humanos llenaban su alma, se deja interpelar por el ejemplo del islam y como con rigurosa fidelidad sus fieles rezaban sus oraciones a diario. Esto le llevó a cuestionarse su agnosticismo religioso y comenzó a cuestionarse su actitud y comenzaba a balbucear la más poderosa oración: Dios mío si existes, haz que te ame -rezaba a diario-. Dios escuchó su oración, y un día llegó el “golpe de Gracia”: invitado por el Padre Huvelin confiesa y comulga, teniendo una conversión tumbante como San Pablo.
Pero esto no quedó ahí, su deseo de búsqueda parecía infinito. Buscando imitar a Jesús, se hace trapense, no encontrando en este lugar su pleno anhelo de imitación de Jesús (para él la trapa no llenaba la vida del Jesús obrero de Nazaret). El infinito buscador siguió buscando: se hizo criado de unas clarisas en Jerusalén y tampoco encontró en ello su plenitud, hasta que encontró su propio camino. Fue ordenado como Sacerdote libre de la diócesis de Viviers, y desde allí regresa a donde había iniciado su conversión, vuelve al desierto, al lugar donde comenzó de forma incipiente su camino de salvación, iniciada a través de hombres religiosos del islam. Sintiéndose enviado para llevar la plenitud de Dios a aquellos buenos islámicos, que adoraban al mismo Dios y que él quería mostrarle a Jesús, la plena Revelación y Salvación que nos regala el Padre del cielo.
Charles de Foucauld ha sido catalogado como el hermano universal, predicó el Evangelio de Jesús sin palabras, solo a través de su vida y hermandad universal.
Para llegar a esto, renuncia a la evangelización directa y moralizante -propia de su época-, deja la sotana clerical y adopta el humilde hábito de los padres Blancos, que al final de su vida incultura más aún, adoptando la forma de vestir de sus hermanos tuareg, mostrando que la vida y nuestro testimonio, es el único Evangelio que muchos hombres y mujeres leerán, por encima de los hábitos o elementos distintivos, que pueden hacer en algunos casos, alejarnos de la gente y por tanto, de Jesús mismo.
Foucauld se dejó impresionar por el texto del Evangelio en el que Jesús invita a sus discípulos a buscar el Último lugar. Él dejo la rica Francia, dejo un futuro exitoso eclesial, un porvenir holgado como capellán de la legión francesa (cargo que podía haber obtenido al ser militar) para ir a donde nadie ni siquiera se planteaba ir, a vivir entre los más pobres, entre paganos e infieles-como se decía en su época- e irradiar a través de la presencia de Jesús Eucaristía, el Sol de la Gracia y la Salvación.
Carlos de Foucauld es canonizado como sacerdote diocesano y podríamos decir que es el santo de los que en muchos momentos nos sentimos fracasados, los que en muchos momentos no vemos fruto a nuestra misión pastoral.
Es el santo de lo pequeño, de lo sencillo, de lo humilde, de lo que parece no tener éxito mediático ni marketing eclesial. Él, en su vida, no pudo ver ninguna conversión del islam al cristianismo, pero fue a la misión sabiendo que no tendría éxito humano, sabiendo que unos siembran y a otros les tocará recoger.
Se cuenta que sólo bautizó a un niño enfermo, que murió pocos días después. No tuvo discípulos en su ideal de formar una comunidad religiosa, llegó a sentir la soledad total, tanto es así que no pudo celebrar la Eucaristía durante meses (ya que era obligatorio que participará un fiel en la Misa) y él no tenía a nadie que acudiese a la misma.
Teniendo la posibilidad de quedarse en Tamarasset para poder celebrar la Eucaristía (gracias a la asistencia de soldados franceses) o de ir a el Hoggar y no poder celebrar la Misa por falta de asistente, decide hacer como Jesús, ser hundido en el corazón de los pueblos y de los hombres, de manera ordinaria y sencilla. Escoge la privación Eucarística y en mayo de 1907, parte para vivir una vida Eucarística por encima de la celebración ritual del sacramento. Celebra la Eucaristía vivencialmente en su vida, haciendo de su vida una Misa sobre el altar del universo. El 1 de diciembre de 1910 fue violenta y dolorosamente asesinado por una banda de maleantes, que acabaron con la vida de quien sólo dio amor y brindo la amistad de Jesús a todos. Cuentan que tres semanas después, un militar francés llegó y encontró entre las arenas del desierto, una pobre custodia con El Santísimo Sacramento, el militar devotamente la tomó y recordó las palabras de Jesús “Si el grano de Trigo no cae en tierra y muere queda infecundo, pero si muere dará mucho fruto” (Jn 12,23-24). Así ha sido, después de su muerte han nacido más de 22 congregaciones religiosas con su espíritu y millones de personas han vuelto a la fe gracias a su ejemplo e intersección. Su mayor milagro son los millones de conversiones de quienes leen su vida y se acercan a su testimonio de amor a todos.
Que el ejemplo del hermano universal nos ayude a encontrar nuestro propio camino de seguimiento e imitación de Jesús, tal como nos recordaba el Papa Francisco en la homilía de la canonización, no siendo santos de fotocopia sino, volviendo al verdadero Jesús del Evangelio, llevando su palabra a través de la amistad y testimonio de nuestra vida
San Carlos de Foucauld patrono de los insatisfechos, fracasados y quienes quieren recomenzar: ruega por nosotros
Jonny Pereira Socas.
Sacerdote de la fraternidad Iesus Caritas (Diócesis de Coria-Cáceres)
Diariamente escuchamos, leemos, observamos, interpretamos críticas y observaciones a veces despiadadas contra el ser y hacer de nuestra Iglesia, algunas de estas “observaciones” verdadera y otras no tanto, pero algunos lo que no siempre se enfatiza es lo que innumerables miembros de la Iglesia que sí han entendido el mensaje del Evangelio llevan adelante este mensaje no sin extremos sacrificios muchas veces y trabajan en silencio todos los días para mejorar la calidad de vida de sus hermanos.
Estas personas “no venden”, por eso no son noticia, pero existen y son miles.
Una de estas personas es el Padre Michael Shields, que a sus largos 70 años de vida aúna más de 40 de ministerio en la ciudad rusa de Magadan situada en el lejano oriente de Rusia.
Cabe destacar que Magadan (Siberia – Rusia) y Anchorage (Alaska – EE.UU.) son ciudades hermanadas por medio de un convenio recíproco entre ambas ciudades.
La misión nació en 1989 por iniciativa del entonces Obispo de Anchorage Francis Hurley, ya que la antigua Unión Soviética estaba en su «glasnost»y en medio del florecimiento de la era de la «perestroika «bajo Mikhail Gorbachev.
Solo hay unos 250 miembros registrados de la misión (Rusia sigue siendo un país predominantemente ortodoxo) y tal vez entre 50 y 80 de ellos asistan a misa en un domingo determinado. Pero «no hay un corazón o un alma que no conozca profundamente» entre sus congregantes, asegura el Padre Mikael Shields, quién creció en Anchorage, Alaska, y se convirtió en sacerdote diocesano, pero en 1994, siguiendo un llamado de Dios a «Ir a rezar en los campamentos»,partió por su cuenta para establecer la parroquia más oriental del mundo. en la ciudad del antiguo campo de prisioneros de Magadan en Siberia.
Magadan, que se encuentra en una península en el mar de Okhotsk en la bahía de Nagayev, se encuentra en el noreste de Siberia. Tiene dos puertos, incluida una bahía de aguas profundas, lo que lo hacía ideal como campo de trabajo, ya que los prisioneros podían ser transportados por mar y luego puestos a trabajar en las minas de oro. Los campos cerraron en la década de 1950 y hoy en día es una ciudad relativamente próspera de alrededor de 100.000 personas que viven de las minas y la pesca. Sin embargo, está muy aislado. Para los católicos allí, “la Iglesia es su familia”.
Esta semana, el sacerdote, que forma parte de la fraternidad Jesús Caritas de Charles de Foucauld, ha estado en los Estados Unidos desde fines del otoño para una cirugía de reemplazo de rodilla y para visitar a donantes y benefactores, por medio de su Arquidiócesis de Anchorage recibe una subvención para ayudar a financiar la misión de Magadan de la colecta anual de obispos de los Estados Unidos para la Iglesia en Europa Central y Oriental.
Sirviendo como un misionero
Con el sacerdote católico más cercano a 1300 kms. de distancia, “es un tipo de soledad diferente el que se establece, pero los miembros de la misión son mi familia.», dijo el Padre Shields, cuando estoy fuera de ella, los sacerdotes polacos y eslovacos que ejercen su ministerio en Rusia viajan a Magadan para sustituirme.
La función sacerdotal es trabajar sobre el perdón
Magadan fue creado por la antigua Unión Soviética para ser una ciudad de campo de prisioneros, y esos sacerdotes a menudo tienen un pariente que vivió, o murió, en los campos. “Hoy en día mi función es llevarles serenidad, paz y perdón a todas estas personas. Los ayudo a recomponer sus vidas, luego de haber atravesado tanto dolor y sufrimiento en esos campos de trabajos forzados rusos. Muchas historias tristes y de crueldad se escuchan y la función del sacerdote es trabajar sobre el perdón”.
La economía del Magadán postsoviético se basa principalmente en la minería del oro y del carbón. Dijo que también atrae a profesores y artistas, las mismas personas que una vez ingresaron en los campamentos pasados. “Ahora, sin embargo, se les paga algún tipo de bonificación por trabajar en una ubicación tan remota y pueden jubilarse antes».
Cuando se le preguntó, el padre Shields dijo que su capacidad para hablar ruso es «una humillación diaria para mí» celebra misa y predica en ruso, «pero no aprendí hasta que tenía 42 años». Sin embargo, después de algunas décadas en Rusia, algunas palabras en inglés tampoco me vienen tan fácilmente.
Su noche oscura más reveladora del alma, que lo hizo cuestionar su ministerio, llegó en 2003: “cuando los trabajadores colocaron el techo nuevo en la iglesia al revés, por lo cual llovería dentro de la iglesia ya que, en los días fríos, la mayoría de ellos en Siberia la escarcha, se formó y se derritió dentro de la misma y el agua corría en medio de las paredes de la iglesia…”
«Era tanta la irritación que necesitaba estar solo; así que fui a Polonia para un retiro. No quería hablar con nadie. En el lugar del retiro vivían 150 niños ciegos las monjas en el retiro me dijeron: – ¡Olvídate de la constructora rusa! tienes que conocer a estos niños- al compartir con estos niños esa tarde, fui sanado. Regresé a Magadan y puse el techo de nuevo…”
Estudiantes universitarios católicos se involucran con compañeros rusos
Un grupo de estudiantes de la Universidad Franciscana de Steubenville (Ohio – EE.UU.) ha ayudado al Padre Mikael en su ministerio durante los últimos años. El primer grupo fue muy pequeño y uno de los trabajos en la misión es ayudar a los niños de Magadan a practicar su inglés, generalmente la estadía se prolonga durante el verano, pero varios de ellos prefieren quedarse todo el año para estudiar ruso.
“Los millennials rusos son como los millennials en todas partes. Quieren lograr una mejor vida para sí mismos y tienen sus dudas sobre el lugar de la fe en sus vidas…”, dijo el Padre Mikael, y les aconseja sobre las alegrías de creer en Dios.
Las diferencias entre los días festivos católicos y ortodoxos dividen a los cristianos.
Hay diferencias entre la Navidad y la Pascua en los calendarios católico y ortodoxo. La Navidad ortodoxa, se celebra el 6 de enero, el día de la fiesta católica de la Epifanía. Y la Pascua ortodoxa es casi siempre más tardía que la Pascua católica.
«Si puedo lograr que el Papa Francisco me escuche», dijo el Padre Shields, él dividiría la diferencia. La Navidad sería celebrada por todos el 25 de diciembre, disminuyendo así la influencia de las celebraciones del Año Nuevo de Rusia, mientras que «rendiríamos nuestra Pascua» y observaríamos la fecha ortodoxa.
Siempre que he considerado el desafío que viene planteando la revolución digital a la doble vertiente, personal y comunitaria, de la fe y, sobre todo, a su eclesialidad, me he encontrado con varios hechos reseñables»
«En concreto, retengo uno que me ha parecido particularmente importante y significativo de la época en la que nos hemos adentrado: la creación de la diócesis virtual ‘in partibus’ de Partenia por el obispo J. Gaillot»
«Este hecho, despierta esta balbuceante, pero, a la vez, necesaria reflexión jurídica y teológica se la debemos a monseñor J. Gaillot estos días en los que abundan los recordatorios sobre su figura»
«Jacques Gaillot tuvo la audacia de convocar a los que, como él, tenían, ‘en la Iglesia y fuera de ella, el sentimiento de no existir'»
Puede parecer una perogrullada, pero no está de más recordar que la fe es, a la vez, adhesión personal e incorporación a una comunidad, en nuestro caso, a la de los seguidores de Jesús de Nazaret.
La clave de esta doble y complementaria referencia es la relación, por supuesto, personal con el Crucificado Resucitado en sus mediaciones, transparencias, huellas o presencias de todo tipo (entre ellas, las cósmicas, las protobiológicas, las antropológicas, las litúrgicas, la escriturística y, por supuesto, la histórica). Y, a la vez, la interacción con otras personas que, participando de una relación semejante, conformamos el grupo de sus seguidores, la “ecclesía”.
Siempre que he considerado el desafío que viene planteando la revolución digital a la doble vertiente, personal y comunitaria, de la fe y, sobre todo, a su eclesialidad, me he encontrado con varios hechos reseñables. Pero, en concreto, retengo uno que me ha parecido particularmente importante y significativo de la época en la que nos hemos adentrado: la creación de la diócesis virtual “in partibus” de Partenia por el obispo J. Gaillot .
1.- La constitución de la diócesis “in partibus” de Partenia
En la última década del pasado siglo, concretamente, el año 1996, el obispo francés Jacques Gaillot (1935-2023) comunica, a partir de su sustitución como prelado de Evreux, la creación de lo que, si no me equivoco, puede ser considerada como la primera diócesis virtual con el nombre de Partenia. Pero antes de asomarme a este importante capítulo de su intensa vida, me parece oportuno aportar algunos datos previos que ayuden a comprender, además de contextualizar, esta singular decisión.
J. Gaillot es nombrado responsable último de la iglesia local de Evreux (Francia) en 1982. Su presidencia viene marcada por la celebración -durante tres años- de un Sínodo Diocesano y por un magisterio en el que la centralidad la tienen los pobres y marginados, así como por la convicción de que Jesús pertenece a la humanidad y no solo a los cristianos y por el rechazo de cualquier complacencia cuando estén en juego la dignidad de la persona y, de manera particular, la vida y los derechos de los más pobres.
El año 1995 es particularmente importante en su vida como obispo de Evreux: después de criticar en un libro las leyes de inmigración del ministro del Interior de aquel tiempo, es convocado a Roma donde se le informa de que al día siguiente, viernes, 13 de enero, al mediodía, ya no será obispo de Evreux. “Si firma su dimisión, se le dice, será tratado como obispo emérito de Evreux. Si no la firma, será obispo transferido”. Ante su negativa, es nombrado obispo “in partibus” de Partenia, una diócesis situada en la meseta de Sétif (Argelia), desaparecida en el siglo V.
Una vez cesado, reside durante un año en el barrio Du Dragon, en París, con familias sin papeles. Se extiende su reconocimiento social como el obispo de los pobres.
El año siguiente pone en marcha, con sede en Zúrich, la página web llamada Partenia, símbolo, como todavía se puede leer, “de todos los que en la Iglesia y fuera de ella tienen el sentimiento de no existir”. En esta nueva diócesis, tipificable como “virtual”, se publican, en siete lenguas, sus escritos sobre temas de actualidad durante 14 años, alcanzando una media de 800.000 entradas o visitas mensuales desde todas las partes del mundo.
A lo largo de este tiempo, J. Gaillot, además de escribir en Partenia, continúa con sus compromisos en favor de los últimos del mundo hasta el 2010, fecha en la que, cumplidos 80 años, comunica su retirada, dejando de publicar.
El 1 de septiembre de 2015, a los 84 años, es recibido por el Papa Francisco en la residencia Santa Marta; un gesto interpretado como de rehabilitación.
Es cierto que no se puede ignorar, desde hace unos años, la presencia de algunos obispos en las redes sociales (Twitter y Facebook, entre otras), reuniendo, en torno a sus escritos y posicionamientos, a un considerable número de personas, a lo largo y ancho de todo el mundo. Ni tampoco se puede desconocer la de no pocos presbíteros y asociaciones religiosas y laicales.
Pero, sobre todo, lo que no se puede olvidar -una vez fallecido- es la iniciativa de J. Gaillot de poner en marcha la primera diócesis virtual del mundo ni, por tanto, su presencia pionera en estos medios. Ni tampoco, el debate teológico -y, en mi opinión, previsiblemente de más recorrido que el tenido hasta el presente- abierto por este carismático y felizmente atípico obispo.
2.- La cuestión teológico-pastoral
A partir de la creación y puesta en marcha de la diócesis de Partenia brota una reflexión teológico-pastoral referida a la necesidad de que se reconozca jurídicamente la existenciade diócesis y comunidades virtuales.
Como es sabido, el Código de Derecho Canónico de 1983, después de transcribir en el canon 369 casi literalmente el número 11 del Decreto sobre los obispos del Vaticano II (CD), indica, en el 372 & 1, que “como regla general, la porción del pueblo de Dios que constituye una diócesis u otra Iglesia particular debe quedar circunscrita dentro de un territorio determinado, de manera que comprenda a todos los fieles que habitan en él”.
Por otra parte, en el Decreto sobre los presbíteros se lee que “se pueden establecer… algunas diócesis peculiares o prelaturas personales y otras providencias por el estilo, en las que puedan entrar o incardinarse los presbíteros para el bien común de toda la Iglesia, según módulos que hay que determinar para cada caso, quedando siempre a salvo los derechos de los ordinarios del lugar” (PO 10). El Papa Pablo VI implementó este acuerdo conciliar en el número 4 del “Motu proprio” “Ecclesiae Sanctae” de 1996: “la Sede Apostólica podrá útilmente erigir Prelaturas, de las que formen parte sacerdotes del clero secular que hayan recibido una formación especial, sometidas a la jurisdicción de un Prelado propio y dotadas de estatutos propios”.
Por tanto, existen dos tipos de diócesis: las territoriales (que son la inmensa mayoría) y las personales, es decir, las que no están implantadas en un territorio al servicio -perfectamente delimitado- de los católicos allí ubicados, sino de un colectivo humano concreto: por ejemplo, el grupo de las fuerzas armadas o los sacerdotes que integran la prelatura del Opus Dei. Es, igualmente, el caso de algunas iglesias o comunidades católicas orientales denominadas “uniatas” y clandestinas en Estonia, Letonia y Lituania durante la represión soviética. Y el del “Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España”, por decisión del Papa Francisco (2017).
Pero también conviene tener presente que, desde hace unos años, se ha generalizado la existencia de páginas webs de una buena parte de las 5.000 diócesis que conforman la Iglesia católica. Y, sobre todo, aunque mucho menos, de obispos -como he adelantado- en las redes sociales (Twitter y Facebook, Instagram, entre otras).
Entiendo que con la puesta en funcionamiento de la diócesis de Partenia no solo se ensayó una renovada forma de presencia pública de la fe, sino también otra manera de reorganizarse como seguidores de Jesús de Nazaret, bajo la autoridad -cierto que canónicamente fallida- de un obispo singular que, sin embargo, tuvo la audacia de convocar a los que, como él, tenían, “en la Iglesia y fuera de ella, el sentimiento de no existir”. Procediendo de esta manera, J. Gaillot puso en funcionamiento lo que se podría denominar algo así como una nueva modalidad de diócesis, junto a la territorial y a la personal: la virtual o en red.
Y la verdad es que no deja de sorprenderme que sea seguido en el empleo de tal recurso por obispos que pueden acabar procediendo, de hecho, como prelados de diócesis virtuales, más allá de que tengan -o no- problemas de aceptación en las diócesis territoriales que se les han encomendado.
Esta última consideración sobre la presencia virtual de obispos en las redes sociales también vale para muchos presbíteros, religiosos, religiosas y laicos y laicas. Estamos asistiendo a una redimensión del criterio territorial que nos lleva, por lo menos, a plantearnos una mejor articulación con lo funcional y carismático o, si se prefiere, hacia modelos de pertenencia eclesial en los que se conjugue la preferencia por la adscripción virtual con una limitada o muy reducida apuesta por lo territorial o por la prelatura personal.
Se trata de un modo de ser iglesia que no hay que echar en saco roto, ya que puede ser el primero de una larga serie. Creo que las singularidades de determinados colectivos ya están requiriendo algo parecido. Me refiero, en concreto, al numeroso grupo de las personas mayores, no todas ellas analfabetas digitales. Y, por supuesto, a otros, más jóvenes; e, igualmente, a quienes se hacen presentes, de manera preferente, en ambientes especializados o a las que la pertenencia territorial no les satisface, por las razones que sean.
Esta balbuceante, pero, a la vez, necesaria reflexión jurídica y teológica se la debemos a monseñor J. Gaillot estos días en los que abundan los recordatorios, tanto de “su despido papal” como de “su retorno” a la casa eclesial, por obra de Francisco y, sobre todo, de su enorme presencia entre los últimos del mundo, gracias, tambien a su original diócesis virtual.
Monseñor Jacques Gaillot murió este miércoles 12, a la edad de 87 años. Llevaba varios días hospitalizado en el ‘Hospital Pompidou’ de París por un cáncer de páncreas. Fue la Conferencia de Obispos de Francia la que anunció su muerte. El ex obispo de Évreux había ejercido sus funciones de 1982 a 1995 en Eure.
El obispo Gaillot nació el 11 de septiembre de 1935 en Saint-Dizier (Haute-Marne), hijo de comerciantes de vino. Licenciado en teología y diplomado por el Instituto de Liturgia, fue ordenado sacerdote en marzo de 1961, después de estar movilizado durante 28 meses en Argelia. Después de un ascenso constante en la jerarquía eclesiástica, fue nombrado obispo de Evreux en mayo de 1982. Fue allí donde manifestó sus posiciones claramente progresistas -estaba a favor del matrimonio de los sacerdotes y los preservativos para luchar contra el SIDA y era partidario de que comulgaran los divorciados vueltos a casar- por esta posición extra ecclesia el sector conservador de la Iglesia lo etiquetó como un obispo rebelde y en conflicto con la Iglesia.
El Vaticano lo castigó y le nombró obispo de Partenia, una diócesis de Mauritania que no existía desde el siglo V. Y desde esa diócesis virtual, siguió defendiendo a los trabajadores, a los excluidos y a los divorciados, así como los curas casados que año a año aumentan en Francia y toda Europa. Juan Pablo II le reprendió en varias ocasiones para terminar apartándolo de su cargo y no tuvo consideración alguna cuando realizó su visita a Francia. En cambio sí fue recibido en audiencia por el Papa Francisco en septiembre de 2015 sosteniendo ambos un respertuoso diálogo.
Gaillot, siempre fue un obispo libre que criticó en buena forma la falta de democracia en el seno de la Iglesia, prefirió que el clero hablara más de justicia social que de disciplina sexual… Soñó con una Iglesia que en algo se pareciera a las primeras comunidades cristianas en que todos eran uno y recordaba que las mujeres son parte importante de la misión y que nunca abandonaron a Jesús el Nazareno…
Desde Chile expresamos nuestras condolencias a la familia de Jacques Gaillot. No solo porque fue un gran amigo de las causas de derechos humanos y siempre atento a los sucesos eclesiales politicos de nuestro país, sino tambien porque fue un estudioso de la teología de la libeación Latinoamericana e incansable difusor de los textos del Concilio Ecuménico Vaticano II.
¡Amigo Jacques Gaillot ya descansas en Paz en la Casa del Padre!
Jaime Escobar M. / Director de Revista ‘Reflexión y Liberación’.