Ciertamente, como se suele decir, la cara es el espejo del alma. A lo largo de mi vida, en distintos momentos, me he ido encontrando con algunos personajes en los que el refrán se hace vívida realidad. Son personas de carne y hueso que nos han dejado fotografías, al haber vivido desde finales del siglo XIX, el siglo XX y algunos incluso en el XXI, aunque todos ellos nos han dejado ya.
A unos los he conocido presencialmente, los menos; a otros por sus libros o por los libros de otros. Especial cariño me merece el primero que descubrí, el Hermano Roger de Taizé, del que tuve la suerte de recibir su bendición en alguna ocasión en mi juventud (por primera vez en 1990). El último de ellos, Franz Jalics, jesuita recientemente fallecido al cual tristemente no he podido conocer. Su libro “Ejercicios de contemplación”, es una verdadera maravilla.
En medio, muchos otros, unos ya declarados santos, otros con una santidad que rezuma en su rostro aun sin ser canonizados oficialmente. Unos varones, otras mujeres; unos físicamente agraciados, otros no tanto. Pero todos ellos, inconmensurablemente bellos desde el interior e irradiando belleza por la mirada y la expresión. No sobreactúan, de ellos emana paz, serenidad interior, confianza y esperanza ciertas… Son una gozada. Me produce una cierta envidia, espero que sana, porque en ellos veo el reflejo de lo que dice San Pablo: “Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.
En este sencillo artículo, al menos los recuerdo: Franz Jalics, Hermano Roger, Carlos de Foucauld, Pedro Arrupe, Teresa de Calcuta, Madeleine Delbrel, Teresa de Lisieux, Thomas Merton, Oscar Romero, Simone Weil, Pedro Casaldáliga, Etty Hillesum, Juan XXIII, Helder Cámara, Tony de Mello… Faltarían otros, obviamente, aunque estos han ejercido en mí especial influjo a lo largo de mi historia, algunos por su doctrina, todos por su trasparencia. Invito a observar sus rostros… a dejarnos interpelar por ellos, sus miradas nos abren una ventana al Amor.
Mario Contell
MARIO CONTELL
Educador
Profesor del área de ciencias sociales y tutor en el colegio San José de Calasanz de Valencia (España). Colaborador del Movimiento Calasanz y miembro de la Fraternidad Escolapia Betania. Casado y padre de dos hijos.
«Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe» (1 Co 15, 14)
Al tomar la decisión de ser yo uno de los que ofreciera unas palabras en este retiro de Pascua, de esta Pascua tan singular en medio de una pandemia, lo primero que me brotó interiormente fue una pregunta: ¿y qué dijo Carlos de Foucauld de Jesús resucitado? ¿hay alguna afirmación suya, o algún comentario suyo, en torno a la resurrección de Jesús? Realmente, en un primer momento no tenía respuesta, estaba en blanco.
Pero, con toda seguridad, el mismo Carlos de Foucauld debía tener muy presente esa afirmación contundente de Pablo, con la que he querido iniciar esta reflexión: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe».
Hay que recordar, en primer lugar, que CdF no es un teólogo. Y, por tanto, su objetivo al compartir sus escritos, cartas, comentarios al evangelio…no es proponer una exposición ordenada y estructurada de la fe. Lo suyo no es un catecismo de la fe católica, o un libro de teología. CdF va plasmando por escrito lo que va descubriendo y profundizando en su oración, en su abandono, y, también, en su vida encarnada, cercana a los que no conocen a Jesús, y a los más pobres y sufrientes.
Por otra parte, en algún momento puede dar la sensación de que CdF se ha quedado, solamente, en Nazaret, prescindiendo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Pero no es exactamente eso. No recorta a Jesús, quedándose solamente con la primera parte de su vida, y descartando la vida pública y su broche final. CdF conoce muy bien toda la vida pública de Jesús, especialmente su muerte y resurrección. Con toda seguridad, la cruz redentora de Jesús y la victoria de la resurrección tuvieron que formar parte, en muchas ocasiones, de su oración y contemplación. Sin lugar a dudas tuvo que incluir la muerte de Jesús en esa dinámica de descendimiento por parte de Dios. Y la meditación de la resurrección de Jesús pudo confirmar en CdF que, efectivamente, “si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto”. Aunque no lo exprese de una forma explícita y, mucho menos, académica o teológica, para CdF hay una unidad y coherencia entre la vida oculta de Jesús, y su vida pública, que culmina con su muerte y resurrección, y de la cual participamos a través del Espíritu Santo (Pentecostés).
“Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para Él”. Esta frase, en el inicio de su conversión y misión, nos da a entender que ha descubierto al Dios de vivos y de la vida. Enseguida va a orientar su espiritualidad hacia Jesús, y éste en Nazaret. Aunque sin descuidar su confianza total en Dios, tal como queda plasmado en su oración del abandono. Pero su mirada principal va a ir encaminada hacia Jesús, en Nazaret. Ese Jesús está vivo, no es una idea o una ideología, o una teología, o un mero “relato” (como tanto se dice ahora). Es una persona viva y muy presente.
Para el hermano Carlos, una de las presencias fuertes de ese Jesús vivo es la Eucaristía: “¡La Eucaristía es Jesús, es todo Jesús! En la sagrada Eucaristía, vos estáis todo entero, todo viviente mi Bien-Amado Jesús. Tan plenamente como estabais en la casa de la Santa Familia de Nazaret… como estabais en medio de vuestros Apóstoles.” (174 Meditación sobre el Evangelio). La expresión “todo viviente” nos da a entender que, para el hermano Carlos, la Eucaristía prolonga la presencia de Jesús resucitado. En otro momento afirma, recordando y comentando las palabras de Jesús en la Última Cena: “<<Esto es mi cuerpo… esta es mi sangre…>> Mt. 26, 26-28. Esta gracia infinita de la Santa Eucaristía, cuánto nos debe hacer amar a un Dios tan bueno, un Dios tan cerca de nosotros… Cuánto la Santa Eucaristía nos debe volver tiernos, buenos, para todos los hombres.” (Meditación en 1897). También pone palabras en los labios de Jesús, sobre la Eucaristía: “Contemplarme amorosamente: es la única cosa necesaria y es lo que yo amo más… Si tu comprendieras la felicidad que hay en estar a mis pies y en mirarme…” (Retiro de Nazaret. Noviembre 1897). En esta otra reflexión es aún más explícito sobre la permanente presencia de Jesús entre nosotros: “Dios, para salvarnos, ha venido a nosotros, se ha mezclado con nosotros en el contacto más familiar y estrecho… Para la salvación de nuestras almas, continúa viniendo a nosotros, mezclándose con nosotros, viviendo con nosotros en el contacto más estrecho, cada día y a toda hora en la Santa Eucaristía…” (Reglamento y Directorio, 1909).Todas estas citas sobre la Eucaristía y la adoración eucarística nos hablan de la fe de un CdF convencido de la presencia viva de Jesús en el Santísimo Sacramento. No sólo eso, sino que entiende su tarea, su misión, su presencia entre los musulmanes y los necesitados, desde esa presencia viva de Jesús en la eucaristía y en la adoración eucarística. Sin la vivencia profunda de esa presencia eucarística, la vida ya no es una imitación de Nazaret, tal como lo entiende CdF. Y en positivo: contemplar y empaparse bien de esa presencia real de Jesús en la Eucaristía le empuja, le lanza a una presencia personal en el mundo y entre la gente como en Nazaret, al estilo de Jesús.
La otra presencia fuerte de Jesús resucitado, para el hermano Carlos, son los pobres. Son muchas las referencias a los pobres, en los escritos del hermano Carlos. Entresaco algunas, de las que podemos intuir su fe en Jesús resucitado y presente: “No hay, creo yo, palabra del Evangelio, que haya tenido sobre mi más profunda impresión, y transformado más mi vida, que aquella: `Todo lo que hacéis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis´. Si pensamos que estas palabras son aquellas de la verdad increada… Con qué fuerza se nos lleva a buscar y a amar a Jesús en estos ‘pequeños, estos pecadores, estos pobres, poniendo todos nuestros medios espirituales al servicio de la conversión, y todos nuestros medios materiales para el alivio de las miserias temporales”. (Carta a Luis Massignon, 1 Abril 1916). CdF no hace una reflexión teológica sobre la “presencialidad” de Jesús resucitado en los pobres y pequeños, pero es evidente que no tiene ninguna duda de la permanencia de Jesús vivo en ellos, y de que esto le conmueve. Por una parte, percibe, ve a Jesús resucitado en los últimos. Por otra parte, recibe la llamada a acercar a ese Jesús vivo a todos, como se intuye de esta otra afirmación suya: “Poder llevar una vida muy contemplativa, haciéndome todo a todos, para dar Jesús a todos” (Junio 1902, conclusión del retiro). Es decir, quiere ver a Jesús vivo en los pobres, y quiere que otros vean a ese Jesús vivo, a través de él, de su testimonio.
No me resisto a traer a la memoria uno de los textos evangélicos más conocidos sobre la presencia de Jesús resucitado: los discípulos de Emaús (Lc. 24, 13-34). Conocemos muy bien toda la escena. Me voy a ceñir solamente al momento final, cuando los dos peregrinos invitan a Jesús a quedarse con ellos, y Jesús acepta:
“Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan”. (Lc. 24, 29-34)
Curiosamente es al final, cuando Jesús ya no está presente físicamente, cuando parece estar más presente. Y esa otra presencia, más interior, más profunda, es la que les da un nuevo impulso a los discípulos. Primero, a recordar todo su camino en clave de Jesús (“¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las escrituras?”). Después, a unirse a los demás discípulos para contarles lo sucedido. Dice Pablo d´Ors, en un acercamiento a esta escena y, concretamente, a este momento, que a los de Emaús les queda la libertad para interpretar lo que les ha pasado. Y pensar y confirmar lo que les ha pasado. Esto es la fe: no una imposición sino una proposición, porque respeta nuestra libertad.
En una lectura libre de la vida de CdF, a la luz de este evangelio de los discípulos de Emaús, podríamos decir que, cuando CdF estaba, aparentemente, de “vuelta” de todo, el Dios vivo le sale al encuentro para decirle que sigue estando ahí, en medio de las decepciones y caídas. Ese Dios vivo ya se había hecho presente, de algún modo, en la fuerte experiencia religiosa de los musulmanes. El Dios de vivos y de la vida se sirve de distintos momentos y personas para salir a nuestro encuentro y hacerse compañero de camino. Pero es en aquella iglesia, en aquella conversación y confesión con el padre Huvelín, a la que siguió la recepción del Cuerpo de Cristo, cuando “se le abren los ojos” al hermano Carlos y puede hacer una relectura de su vida desde la fe. No podemos dejar de escuchar, de nuevo, su recuerdo de aquel momento al convertirse, es decir, al descubrir unos ojos nuevos: “Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para él. Mi vocación religiosa data de la misma hora de mi fe. ¡Dios es tan grande! Hay tanta diferencia entre Dios y todo aquello que no lo es”. Su camino, a partir de ese momento, lo conocemos. El Dios vivo que ve e intuye en ese momento inicial, en breve va a orientarlo y encarnarlo en Jesús de Nazaret, y Jesús en Nazaret. Podríamos decir que su Emaús le lanza a Nazaret. Su Experiencia del viviente la traslada a la cotidianeidad, a la vida oculta, a la vida sencilla y normal. Y tal como hemos recordado en la primera parte de esta presentación, va a tener muy presente a este Jesús vivo en la Eucaristía y en los pobres.
También para nosotros, como para CdF, esta Pascua puede ser una ocasión para redescubrir nuestro “Emaús en Nazaret”. Es decir, Jesús resucitado sigue haciéndose presente en nuestra vida cotidiana y en la vida sencilla de la gente con la que nos encontramos habitualmente. En lo sencillo del día a día, y en los sencillos y pobres de cada día, podemos intuir la presencia suave del resucitado. O podemos ser nosotros, en nuestro Nazaret, instrumento sencillo de Jesús resucitado para hacerse presente y acercar su vida nueva a los demás.
Posibles preguntas para la reflexión personal:
1. ¿En qué momentos de mi vida sacerdotal, quizá de decepción o desilusión pastoral, he notado la presencia suave de Jesús resucitado?
2. ¿Cómo percibo a Jesús resucitado en lo cotidiano, en mi Nazaret habitual? ¿cómo lo pueden percibir otros a través de mi?
3. De todo lo que conozco de la vida y espiritualidad de CdF, ¿qué es lo que más me llama la atención en relación con el resucitado?
“Toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evangelio a los cuatro vientos. Toda nuestra persona debe respirar a Jesús, todas nuestras acciones. Toda nuestra vida debe gritar que pertenecemos a Jesús, reflejar un modo de vivir evangélico. sea un anuncio vivo, un reflejo de Jesús».San Carlos de Foucauld
Las intuiciones y la espiritualidad de Charles de Foucauld están en el origen de nuestra forma de vida.
Nacido en una rica familia francesa, Charles perdió la fe y la orientación después de quedar huérfano a una edad temprana. Apenas logró terminar la escuela militar, a menudo fue disciplinado por su comportamiento y por exhibir abiertamente a su amante por la ciudad. Él estaba perdido.
Se las arregló para recuperarse cuando fue necesario como parte de las operaciones militares en Argelia y fue al ver la fe del pueblo musulmán allí que comenzó su propio viaje hacia la fe.
Dejó el ejército y emprendió una exploración muy arriesgada de Marruecos, entonces cerrado a los europeos, disfrazándose de rabino pobre y viajando con varias caravanas. Este evento despertó todas las preguntas y anhelos de su corazón al enfrentar su propia vulnerabilidad y presenciar de cerca la fe vivida del Islam.
Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer nada más que vivir totalmente para él. Mi vocación religiosa data de la misma hora que mi fe.
Beato Carlos de Foucauld
Le tomó muchos años y vagabundeos antes de encontrar a quien llamó su amado hermano y Señor, Jesús. Pero cuando finalmente lo encontró, Charles se sintió abrumado por el amor de Dios que encontró en Jesús.
Su búsqueda interior lo llevó a Tierra Santa y más tarde a las trapenses donde pasó varios años. Cuanto más se convertía su oración en un encuentro místico con Jesús, más se sentía atraído a buscar a Jesús en los demás. Llegó a entender su vocación como imitación de la vida de Jesús de Nazaret. Con esto se refería a una vida verdaderamente contemplativa enraizada en la vida ordinaria de los pobres. No era un camino recto o incluso muy claro para él. Pero siguió la cosa dentro de sí mismo que seguía empujándolo más y más profundo. Esta intuición lo llevó a dejar a los trapenses y finalmente regresar a Argelia, para compartir con aquellos de quienes tanto había recibido, el amor de Dios que había descubierto.
“Es el amor el que os debe recordar en mí, no la distancia de mis hijos. Mírame en ellos, y como yo en Nazaret, vive cerca de ellos, perdido en Dios”. Meditación — Charles de Foucauld
En el corazón de la forma de oración de Carlos había una espiritualidad profundamente eucarística. Vio en el don del cuerpo y la sangre de Jesús el signo de la presencia permanente de Dios entre nosotros, un amor capaz de sanar y salvar nuestra humanidad rota y la imagen de su propio modo de presencia para los demás.
Su creencia en esta doble presencia -presencia para Dios y presencia para los demás- fue un factor unificador y sanador en su vida.
Charles vivió esto en Argelia, que desempeñó un papel fundamental en su conversión, y entre el pueblo tuareg. Vio su camino de presencia y amistad, así como su vida de oración, como su misión y pensamiento de sí mismo. Comprendió que no era tiempo de conversiones y sintió que su vida podía consistir en crear lazos de comprensión y respeto con este pueblo. Estudió extensamente la lengua y la cultura de los tuareg.
Charles fue asesinado el 1 de diciembre de 1916 en la confusión de la Primera Guerra Mundial, habiendo elegido permanecer entre aquellos en Tamanrasset que eran demasiado pobres para huir de los conflictos en el área. Había sido muy consciente del riesgo para su propia vida.
La debilidad de los medios humanos es fuente de fortaleza. Jesús es el Maestro de lo Imposible
Beato Carlos de Foucauld
Fue beatificado en Roma el 13 de noviembre de 2005.
Charles no tenía seguidores en el momento de su muerte y habría permanecido prácticamente desconocido si no hubiera sido por una biografía publicada unos años después de su muerte por René Bazin .
El hermano Charles es a veces recordado como un modelo de «espiritualidad del desierto» y por lo que se conoce como la Oración de Abandono. Fue tomado de una meditación mucho más larga que escribió muchos años antes, de hecho cuando todavía era un monje trapense.
Se imaginó a Jesús mientras moría en la cruz y pone estas palabras en los labios de Jesús.
Introduce la meditación diciendo:
“Es la última oración de nuestro Maestro, de nuestro Amado… que sea la nuestra… Que no sea sólo la oración de nuestro último momento, sino la de todos nuestros momentos…”
Padre, me abandono en tus manos. Haz conmigo lo que quieras. Hagas lo que hagas, te lo agradezco; Estoy listo para todo, acepto todo. Que sólo se haga tu Voluntad en mí y en todas tus criaturas. No deseo más que esto, oh Señor. En tus manos encomiendo mi alma. Te lo ofrezco con todo el amor de mi corazón, porque te amo, Señor, y por eso necesito entregarme para entregarme en tus manos sin reservas y con una confianza sin límites porque tú eres mi Padre. Amén.
El sacerdote y misionero valenciano Jesús Cervera, párroco que custodia la tumba de San Carlos de Foucauld en el desierto argelino desde el año 2019
El nuevo santo, conocido como ‘el hermano Carlos de Jesús’, vivió los últimos 15 años de su vida en el Sáhara argelino, primero en Beni Abbés y más tarde en las ermitas de Tamanrasset, que él mismo construyó.
En un asalto a su casa para robar fue capturado el 1 de diciembre de 1916 por los senusistas, rebeldes tuaregs que luchaban contra la presencia francesa en el Sáhara, aprovechando la inseguridad de la I Guerra Mundial. Le disparó un adolescente (uno de sus captores), que entró en pánico tras la llegada de dos meharistas.
Su cuerpo fue enterrado allí mismo, en Tamanrasset, y en 1929 trasladado al desierto argelino, concretamente al único cementerio cristiano más cercano, aunque a 1.000 kilómetros de donde vivía, en El Golea (El Meniáa).
Su misión es “vivir el Evangelio de la amistad”
Allí, al frente de la parroquia cercana, se encuentra el sacerdote valenciano Jesús Cervera, que llevado por la espiritualidad del nuevo santo inició una experiencia misionera en septiembre de 2019 en el Sáhara argelino tras el envío “fidei Donum” del Arzobispo de Valencia.
En esta parroquia, como él cuenta, “no hay fieles cristianos de allí, puesto que es una zona cien por cien musulmana, y los únicos que hay son extranjeros”. Junto a él se encuentran otros sacerdotes de diferentes nacionalidades y las hermanas de Nuestra Señora de la Salette.
Su misión allí, donde está prohibido predicar ni hacer cualquier manifestación religiosa de forma pública, es la misma que vivió el hermano Carlos de Jesús, que él llamó vida de Nazaret. “Aquí no somos nadie y nuestra misión es ser testigos de las cosas buenas que hace Dios, del Evangelio de la amistad”, apunta Jesús Cervera.
Según explica el sacerdote valenciano, “cuando vivía en los tuaregs el hermano Carlos escribió: ‘mi vida transcurre rezando al buen Dios y recibiendo a los vecinos que vienen a mi puerta’ y ésta es nuestra misión -continúa el misionero- vivir el evangelio de la amistad”.
“La puerta de mi casa siempre está abierta, y no de una forma metafórica, además hago muchas visitas a las personas con las que he entablado amistad y relación”, también a los enfermos, añade. De hecho, en este tiempo ha estrechado lazos de amistad grandes con algunos musulmanes, le han invitado a las bodas, además de acudir él a sus entierros, o socorrer con alimentos a las familias más necesitadas.
Otra de las labores que hace el sacerdote es visitar a los presos, puesto que en esta zona se encuentran detenidos un gran número de cristianos africanos, de otros países del continente, que han llegado allí huyendo de guerras, hambre y muerte. También colabora con las hermanas en la atención a los discapacitados.
A esta zona, el Golea, en donde se encuentra enterrado el nuevo santo, suelen acudir familias y grupos de peregrinos, aunque, como detalla el sacerdote valenciano, “en estos años, por la pandemia, han sido muy pocos”. Aún así, este fin de semana pasado, han celebrado una vigilia de oración y la misa de acción de gracias, y un grupo de fieles y amigos musulmanes, encabezados por el Obispo de la diócesis, ha acudido a Roma a la canonización que también se celebró en Beni Abbés y en Tamanrasset.
Canonización en Roma
En la misa de canonización de San Carlos de Foucauld participaron algunos sacerdotes valencianos pertenecientes a la fraternidad sacerdotal “Iesus Caritas”, en la que profundizan en la espiritualidad del hermano Carlos de Jesús, a través de diferentes encuentros como los retiros mensuales.
Entre ellos estaban el rector del Seminario Mayor de Valencia, Fernando Ramón, y el canónigo de la Catedral de Valencia, Aquilino Martínez. También participaron algunos laicos que forman parte de grupos que viven la espiritualidad del nuevo santo.
“Que los nuevos santos inspiren soluciones de unión, caminos de diálogo, especialmente en los corazones y las mentes de quienes ocupan puestos de gran responsabilidad y están llamados a ser protagonistas de la paz y no de la guerra”, fueron las palabras del papa Francisco el domingo tras el rezo del Regina Coeli, en las que se refirió a los diez nuevos santos canonizados ese mismo día en una misa en el Vaticano: Titus Brandsma, Lázaro, llamado Devasahayam, César de Bus, Luigi Maria Palazzolo, Giustino Maria Russolillo, Maria Rivier, Maria Francesca di Gesù Rubatto, Maria di Gesù Santocanale y Maria Domenica Mantovani.
“Nuestros compañeros de viaje, hoy canonizados, vivieron la santidad de este modo: se desgastaron por el Evangelio abrazando con entusiasmo su vocación y descubrieron una alegría sin igual y se convirtieron en reflejos luminosos del Señor en la historia”, destacó el Papa en la homilía.
El nuevo santo
Carlos de Foucauld nació en Francia, en Estrasburgo, el 15 de septiembre de 1858. Huérfano a los seis años, creció con su hermana Maria, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar.
Durante una peregrinación a Tierra Santa descubrió su vocación: seguir a Jesús en su vida de Nazareth. Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sáhara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggwar.
Murió el 1 de diciembre de 1916, a los 58 años, asesinado por una banda de ladrones. Benedicto XVI lo beatificó en 2005.
Baba Simon, cuya preocupación por una vida espiritual intensa y estructurada se remonta al seminario mayor, siempre quiso seguir siendo sacerdote diocesano y vivir como tal. En la capilla del seminario, la estatua de San Juan María Vianney invitaba a los jóvenes seminaristas a meditar e imitar la vida de San Cura de Ars. El obispo Vogt, cuya santidad tuvo un fuerte impacto en las primeras generaciones de sacerdotes cameruneses, quería ver nacer un clero diocesano que trabajara junto a los Padres del Espíritu Santo.
A principios de la década de 1950, cuando los Hermanitos de Jesús llegaron a su parroquia de New-Bell, Simon se encontró varias veces con René Voillaume. Al descubrir la «Famille Foucauldienne», Simon comprende que ha encontrado lo que ha estado buscando durante mucho tiempo.
Por etapas sucesivas, se comprometerá y asumirá responsabilidades en la fraternidad sacerdotal «Jesús-Caritas» que reúne en una misma búsqueda espiritual a los sacerdotes presentes en todo el mundo…
Estos contactos universales y este acercamiento al Evangelio ya los hombres, «a la manera de Charles de Foucauld», marcaron profundamente a Baba Simon. De él sacó la mirada y la actitud pastoral que harán de él un modelo de espiritualidad sacerdotal honrado por el decreto conciliar Presbyterorum Ordinis y desarrollado en Pastores Dabo Vobis del Papa Juan Pablo II.
En las fraternidades «Jesús-Caritas», preferimos hablar de la «espiritualidad evangélica» de Charles de Foucauld que de la «espiritualidad foucaultiana» como tal. Lo mismo ocurre con Baba Simon.
Queda el hecho de que, aunque pueda parecer excesivo hablar de la espiritualidad de Baba Simon, podemos inspirarnos con gran provecho en la forma en que supo, de manera tan luminosa, acoger y encarnar el ‘Evangelio’.
Si Tokombéré es el lugar donde Simon Mpeke supo desarrollar verdaderamente los múltiples dones recibidos de Dios para el servicio de sus hermanos, lo cierto es que el impacto de su testimonio va mucho más allá de los límites de este pequeño distrito de Mayo-Sava. En toda la diócesis de Maroua-Mokolo conocemos a Baba Simon, en todo Camerún veneramos la memoria de este hombre con un testimonio tan luminoso… Poco a poco su figura resplandece en toda la Iglesia que está en Camerún y, bien más allá, sobre el conjunto de la Iglesia universal.
Por Yvonne Demers Nunca había oído hablar de Charles de Foucauld antes de unirme a una fraternidad de Jesús. Caritas a finales de los cincuenta. Mi deseo de unirme a un grupo fue motivado por la convicción que es necesario, para crecer en la fe, tener un lugar para la expresión y el compartir de esta fe, un lugar para vivirlo en la oración y la fraternidad, un lugar que invita al compromiso. En cada una de nuestras reuniones mensuales, tenemos una hora de estudio de la vida de Charles, su escritos y su espiritualidad. Inmediatamente fui seducido por los diferentes caminos de la espiritualidad. especialmente foucauldiana, la oración de abandono, la espiritualidad de Nazaret, la oración de contemplación, los tiempos del desierto y la dimensión de la fraternidad universal aplicable particularmente en las relaciones con nuestros hermanos y hermanas de fe musulmana. Cerca de la jubilación, habiendo tenido una vida profesional (como agente pastoral) bastante activo y público, el testimonio de Charles me llevó a poner toda la cuestión en perspectiva del “hacer”, de la eficiencia y la rentabilidad para entrar en la dinámica del ser, del “estar con », de confianza en la fuerza del amor del Espíritu, de actuar en actitud de siervo cualquiera que ponga su destino y su vida completamente en manos de una persona amorosa y misericordioso. ¡Qué luminoso y tranquilizador fue para mí este camino! En una Iglesia que cuestiona su marginación cada vez más acentuada, en relación a la no recepción del mensaje evangélico y a todos los esfuerzos realizados para renovar las estructuras y el modo de intervención, se refieren al servicio «desinteresado» del discípulo fiel, cualquiera que sea su función en el ministerio pastoral, era un recordatorio que es el Espíritu quien anima y conduce a la Iglesia y que es el primer evangelizador. Carlos de Foucauld me recordaba que lo primero es el amor que se nutre en el encuentro personal y intimidad con Jesucristo. En la Eucaristía, por supuesto, pero también en el encuentro y el servicio de el otro principalmente de los más pequeños y más distantes. En esto, no hay servicio pequeño. Nazaret, la vida humilde de la vida cotidiana, es uno de los lugares donde se actualiza el encuentro y el servicio y esto es accesible y dado a todos. No hay necesidad de competencia teológica y pastoral; todo puede ser discípulos y testigos. Relevancia para nuestro mundo Un mundo donde la competencia, la rentabilidad, la eficiencia, el poder, el éxito y la fama son valorado y promovido es un mundo que engendra muchos «desclasados» y excluidos. Carlos de Foucauld viene a traer un mensaje de sabiduría para contrarrestar el vacío y la desilusión resultantes. Viene a sembrar esperanza en los corazones de los marginados y abandonados. La radicalidad de su elección de vida y su interpretación literal del evangelio puede ofender y desanimar a muchas personas, pero las intuiciones fuente son caminos de vida y liberación para muchos otros. Hay un campo donde su vida también puede ser muy esclarecedora para nuestro mundo actual, es la relación que él ha tenido con los musulmanes. Sabemos hasta qué punto éstos, en nuestras sociedades occidentales, son objeto prejuicios, comentarios racistas y xenófobos, desconfianza y rechazo. Carlos de Foucauld eligió domarlos, conocerlos mejor, acogerlos y servirlos como prójimo y hermano, respetarlos en su cultura y en su fe, siendo críticos con ciertos comportamientos Su testimonio nos anima a hacer lo mismo, a entrar en un diálogo de vida y de acción, conocerlos mejor y romper las barreras de los prejuicios y la desconfianza.