Benito José Labre, Santo

Mendigo Penitente

Martirologio Romano: En Roma, Italia, san Benito José Labre, el cual, deseoso desde su adolescencia de una áspera vida penitente, realizó peregrinaciones a célebres santuarios, vistiendo harapos y contentándose con limosnas, dando ejemplo de piedad y penitencia, y regresado a Roma, se entregó a una vida de oración y de pobreza extrema. ( 1783)

Etimológicamente: Benito = Aquel a quien Dios bendice, es de origen latino.

Fecha de canonización: 8 de diciembre de 1881 por el Papa León XIII.

Le importó siempre muy poco que le viera la gente con aspecto desarreglado; tampoco le preocupaba demasiado el lugar más o menos cubierto donde iba a pasar la noche; y lo que menos le tiempo le llevaba era el pensamiento acerca de la disposición y orden de los manjares en la mesa. A decir verdad, más parecía mendigo que monje. Como los primeros, tenía el cielo por techo y por compañía las estrellas, iba de un sitio a otro sin más necesidad que el soporte de los pies; como los segundos, una túnica con escapulario, el rosario al cuello, crucifijo en el corazón y en el bolsillo de la túnica cabían unos mendrugos de pan y el Evangelio.

Así le vieron en Roma, Loreto, Fabiano y Bari. Así estuvo en los más renombrados lugares santos de Europa, sin descontar Montserrat ni Santiago de Compostela.

Comenzó su vida de fraile errante el día tres de setiembre del año 1770, después de haber recorrido a pie las muchas leguas que medían los caminos que separaban un monasterio de otros para llamar a sus puertas. Unos eran tan pobres que no podían recibir a un fraile más por imposibilidad de alimentarlo; para entrar en otros le falta la edad requerida; en aquel es recibido, pero los seis meses que estuvo dentro los pasó en la enfermería y el último -que le abrió de par en par las puertas- tuvo que dejarlo por las terribles tentaciones que sufría. No había modo humano de vivir con los frailes. Se nota que Dios no lo quiso al otro lado de los muros; no, no quiso que sus virtudes estuvieran cubiertas por las tapias. Lo quiso fraile y libre, sufrido y pobre a la vista, piadoso y lleno de bondad ante todos, aunque él pudiera presumir sólo de pobreza.

Había nacido, a lo que parece en una familia de pocos recursos, en Amettes, el 26 de Marzo de 1748, cuando el papa es Benedicto XIV -Próspero Lambertini- y Luis XV -que supo expresarse con la altanería de la época diciendo: «después de mí, el diluvio»- es el rey de Francia. Desde bien joven muestra a sus padres la inclinación que siente por la trapa, pero los mayores dejan el incierto asunto prevocacional para más adelante y lo ponen a estudiar. Hubo dos sacerdotes que influyen en su vida, su padrino el cura de Erin -donde justamente estaba cuando llegó la epidemia, se llevó al sacerdote y tuvo que regresar a Amettes- y el cura de Conteville -que consiguió en su momento el permiso paterno para buscar convento-. Es año 1766, justo el del «Motín de Esquilache», (porque esta es la hora de los «listos», quiero decir, de los Iluminados y Enciclopedistas: la del filósofo, político y jurista Charles-Louis de Secundat, barón de Montesquieu y la del más influyente y representativo de los escritores franceses Francois Marie Arouet o Voltaire), cuando este buen hombre comienza su acá para allá a golpe de sandalia o de pie, buscando un convento, cartuja o trapa que lo admita. Val Sainte Aldegonde, Notre-Dame des Près, Gran Trapa, Sept-Fonts y quizá algún otro más lo tuvo a la puerta, pero nada más.

Llevaba al engaño su aspecto de desdichado a quien le veía; él vivía feliz. Hace vida con los mendigos, pero no admite lo que a la casta le ofrece la gente, porque él nada necesita. Reza por las noches ante las puertas de las ermitas. Y su piedad es verdadera, ¿cómo va a ser falsa cuando llega a comentar al cura de Cossignano: «se ofende a Dios porque no se conoce su bondad»?. Es personaje que llega a hacerse conocido en los ambientes piadosos de Roma. Frecuenta las iglesias de los Santos Apóstoles, de Nuestra Señora de los Montes y Santa María la Mayor. Hay quien le vió -entre ellos el P. Daffini, familiar del cardenal Achinto- con un nimbo de luz, con rostro resplandeciente y con su cuerpo elevado del suelo, en levitación. Incluso llegan a atribuirle la curación milagrosa de un niño.

El miércoles Santo del 1783, asistiendo a los oficios religiosos, rodó por las escaleras; el carnicero Zaccarelli lo llevó a su casa, recibió Benito la extremaunción y murió.

Quien eres y donde estas Señor

Comboni

Wollmer Uzcategui

Resucitó

El mensaje nos llega de la vida,
despojados quedamos tres días ,
y tarde llegaron para encontrar Vacío.
Parecido a Nuestra Fe.
Amamos a Dios cuando envejecemos,
enfermamos o sufrimos ,
el resto del tiempo Vacíos.
Una piedra ,
unos lienzos ,

¿sorprendidos por algo que señalaron los profetas?

Corrieron a avisar ,
gritaban :
¡ El Vive, el Vive!
Algunos incrédulos ayer y hoy,
otros corrieron al sepulcro,
a ver si estaba aun allí,
otros rumorearon
y la mayoría no hicieron nada.

¿parecido al testimonio Cristiano de este tiempo?
Luego dos discípulos no le reconocieron,

El les dijo :

“¿De qué van discutiendo por el camino?
y uno llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo?

¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí

estos días?

¿Qué pasó?», les preguntó. Le contestaron: «¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!» Era un
profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo, Pero
nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y

clavar en la cruz.”

Y aun Hoy siguen matándose unos a otros ,

2026 años después

destruyen niños, mujeres y abuelas y abuelos,

acaban con sus casa,
destruyen la naturaleza ,
afligen a la gente

mientras algunos claman por la paz ,
no la reconocemos .

“Entonces él les dijo: ¡Qué poco entienden ustedes, y qué lentos son sus corazones para

creer todo lo que anunciaron los profetas!

Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante.

Pero ellos le insistieron diciendo: Quédate con nosotros,

ya está cayendo la tarde y se termina el día. Entró, pues, para quedarse con ellos.

Y esto sucedió.

Mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo

dio.

Y en ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero ya había desaparecido.”

¿Sera que desapareció?
¿sera que Nadie lo ve y lo sigue.?
Millones de credos,
Millones de creyentes ,
no bastan .

El Vive , no solo los domingos o los días de culto,

el requiere de nuestro amor ,
por la paz y deteniendo estas guerras,
dolor de Ucrania y Rusia,
Dolor de Israel ,Irán y Estados Unidos ,
Y otros Como Cuba y Venezuela que paren dolor
y donde hacen crecer el sufrimiento Humano

Enséñame señor
como oponerme a la guerra ,
a las armas ,
a la violencia ,
al odio,

a cualquier cosa que Cristo desecho,
revive en mi un corazón puro
y líbranos de gobernantes hijos de la guerra ,

por ser hijos tuyos
y permite que la gracia reine
y la paz crezca

y no permitas que me diga cristiano

cuando aliento,
, complazco

y tomo parte en acto de guerra,
Solo quiero Reconocerte Señor
y decir con toda mi alma :
EL VIVE

(Paráfrasis actual de un sencillo cuáquero de la CEHCF
sustentada en los textos,
Lucas 24: 1-25 Lucas 24: 13-35 )

San Juan de los Morros 5 de Abril de 2026 (Venezuela)

El simbolismo del número siete

Es un recordatorio de que en el camino de la fe todo está atado y nada es fruto del azar.

AGUSTÍ BORRELL, carmelita i biblista

En la tradición bíblica, los números no son simples cifras para contar cantidades, sino verdaderos mensajes que hablan de la naturaleza de Dios y de su relación con nosotros. De todos ellos, el número 7 destaca como el símbolo máximo de la plenitud, la totalidad y la armonía terminada.

En la antigüedad, el 3 era el número del cielo (la divinidad), mientras que el 4 representaba a la tierra (los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos). Al sumarlos, el 7 se convierte en el punto de encuentro: es el número de la alianza, el lugar en el que Dios y la humanidad se abrazan.

El origen de este simbolismo se encuentra en el relato del Génesis. Dios no se limita a crear el mundo, sino que culmina su obra en el séptimo día con el descanso. Este “séptimo día” no es una pausa por fatiga, sino el sello que hace que la creación sea “muy buena”. Nos enseña que la vida no es sólo hacer y producir, sino que llega a su plenitud cuando sabemos detenernos y contemplamos.

La Biblia también utiliza el 7 para describir la profundidad de la misericordia. Cuando Pedro pregunta a Jesús si debe perdonar siete veces, él responde: «Hasta setenta veces siete.» Jesús utiliza la fuerza simbólica del siete para decirnos que el perdón no es una cuestión de cálculo matemático, sino una actitud que debe ser total e infinita, como lo es el perdón de Dios hacia nosotros.

Si el número 6 simboliza la imperfección (lo que queda a las puertas de la plenitud), el 7 nos recuerda que estamos llamados a una vida completa, habitada por la presencia de Dios. Es un recordatorio de que, en el camino de la fe, todo está ligado y nada es fruto del azar

https://www.catalunyacristiana.cat/simbolisme-numero-set-biblia/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_source_platform=mailpoet&utm_campaign=butlleti-catalunya-cristiana-2

La Iglesia en la encrucijada. Redes Cristianas, 20 años sembrando futuro en las periferias

Evaristo Villar es un nombre clave en la historia de la Iglesia de base en España. Sacerdote y teólogo, impulsó la revista Éxodo y participó en distintos movimientos cristianos de base, siendo figura destacada en la fundación de Redes Cristianas. En el año del 20 aniversario de esta iniciativa, reflexiona sobre una Iglesia que, años después del Vaticano II, sigue instalada en la encrucijada. Una reflexión que se articula en torno a cuatro ejes principales.

Homenaje a Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación, en el Centro Pastoral San Carlos Borromeo de Madrid. Foto: San Carlos Borromeo.

Vivimos un «cambio de época», más que una simple época de cambios. Lo dijo el Papa Francisco y, hoy, en 2026, lo confirmamos con una mezcla de perplejidad y esperanza. Mientras el Foro de Davos prioriza el lucro sobre las personas, el imperio multiplica sus guerras y una «fragilización del orden mundial» sacude los cimientos de la cooperación internacional, la Iglesia navega entre la llamada a la sinodalidad y la tentación de replegarse sobre sí misma. En este contexto de incertidumbre geopolítica y polarización eclesial, una pregunta emerge con fuerza inusitada: ¿Cuál será la forma pública del cristianismo en el futuro?

Redes Cristianas, que este 2026 cumple 20 años, no quiere limitarse a celebrar un aniversario. Quiere abrir un proceso. Por eso ha lanzado el I Premio Redes Cristianas: «Atrévete a Soñar», una invitación abierta a personas, comunidades y colectivos a reflexionar y responder por escrito, si fuera el caso, a este gran interrogante. No es un gesto nostálgico, sino profético: una llamada a abrirse creativamente al futuro desde las raíces del Evangelio.

1. Una Iglesia en red para un mundo fragmentado

En tiempos donde la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías redefinen lo humano, la tentación de una Iglesia-fortaleza, rígida y patriarcal, autorreferencial, es grande. Frente a ella, Redes Cristianas propone un modelo radicalmente distinto: el de una Iglesia en red, democrática, participativa e inclusiva. Lejos de los palacios episcopales, en la «periferia» geográfica y existencial, este movimiento ha tejido una constelación de más de 200 grupos —comunidades de base, parroquias abiertas, asociaciones de teología, colectivos de espiritualidad comprometida— que no esperan instrucciones desde arriba, sino que disciernen juntos el camino.

Como recordaba Unamuno, «la tradición no se hereda, se conquista». Y esa conquista, pasa, hoy, por reconocer que la riqueza está en la diversidad. Mientras algunos sectores eclesiales miran al pasado con nostalgia, Redes Cristianas sabe que el pasado no nos dirige, nos empuja. La fuerza de la fe no reside en los templos de piedra, sino en las comunidades vivas que se atreven a ser fermento en la masa de una sociedad líquida y desorientada.

Evaristo Villar durante una entrevista realizada por TVE

2. La opción por los pobres: termómetro del Evangelio

En un mundo donde la brecha entre ricos y pobres se ensancha y las políticas migratorias se endurecen, Redes Cristianas sigue poniendo en el centro a los últimos: migrantes, trabajadoras precarias, personas LGTBI+ discriminadas, vendedores del Top Manta. No es una moda progresista, es la savia del Evangelio. Es la convicción de que sólo desde abajo se anuncia la Buena Noticia.

El Papa Francisco lo expresó con fuerza en Evangelii Gaudium: “El amor al pobre es una dimensión ineludible del amor cristiano, el pan cotidiano de nuestra vida de fe” (ns.197-198). Y, como con ironía profética escribió Chesterton, «el cristianismo ha muerto muchas veces, pero ha resucitado de nuevo porque tenía un Dios que sabía cómo salir del sepulcro»(cfr. El hombre eterno (2004), Ediciones Cristiandad. p. 323). La historia demuestra que los intentos de domesticar la fe acaban fracasando; lo que perdura es la fuerza liberadora del Evangelio, especialmente cuando brota de los pobres.

3. Reforma o inmovilismo: la tensión permanente

La tensión que hoy sacude a la Iglesia no es nueva. Está inscrita en el ADN de toda institución que quiere ser fiel y, a la vez, viva. Desde los primeros concilios hasta el Vaticano II, la Iglesia ha sido siempre escenario del debate entre guardianes de un museo y cultivadores de una plaza abierta. Lo mismo ocurre en la política, en la universidad, en la cultura: la pugna entre el inmovilismo que atornilla y la creatividad que alumbra.

En este 2026, mientras León XIV convoca a los cardenales para confirmar el camino de la reforma emprendida por Francisco, la tentación de algunos es ralentizar el paso o cambiar de rumbo. Pero como cantaba Machado: “No hay camino, se hace camino al andar”. Redes Cristianas lo tiene claro: el cristianismo del futuro no está escrito en ningún documento cerrado, se construye día a día, con pasos pequeños, comunitarios, a veces contradictorios, pero siempre hacia adelante.

Cartel de la celebración del 20 aniversario de Redes Cristianas.

4. Escribir el mañana

Este aniversario no es un punto final, ni siquiera un punto y aparte. Es una coma, un guion, un signo de interrogación abierto. ¿Qué cristianismo queremos construir? La invitación está lanzada: reflexionar, escribir, soñar despiertos. No se trata de un ejercicio académico, sino de un gesto profundamente pedagógico y comprometido.

El Evangelio nos recuerda que “no se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y alumbra a todos” (Mt 5,15). Cada texto, cada testimonio, cada experiencia compartida puede ser esa lámpara que ilumine un camino común en medio de tanta oscuridad.

Celebrar 20 años es, para Redes Cristianas, abrir de par en par las ventanas para que entre el aire fresco de la calle, de las periferias, de los excluidos. Porque el futuro del cristianismo no se decidirá en los despachos vaticanos ni en las sacristías bien ordenadas. Se decidirá allí donde alguien, con nombre y rostro, se atreva aún hoy a pronunciar con hechos las más antiguas y nuevas palabras: renovación con esperanza.

Terrorismo de Estado y territorio: el plan sistemático para desterrar a los pobres

Por Euge Murillo


A 50 años del golpe, la presentación del libro de Roberto Baschetti “Movimiento Villero Peronista” y los testimonios de quienes formaron parte de la militancia en los barrios populares recuperan una gesta invisibilizada: la de las villas en dictadura que se organizaron para resistir.

“No había agua ni luz y entonces las villas eran un lugar de militancia muy fuerte”, dice Fátima Cabrera recordando su paso por la Villa 31 de Retiro en los 70´ y en un intento por reponer las historias de militancia en los barrios populares del país con plena conciencia de que son escenas en la recámara de la historia. La erradicación de la villas como práctica estatal sistémica comenzó a ejecutarse a finales de los 60´, en el contrapeso tuvieron un rol protagónico los curas villeros referenciados en el padre Mujica y el Movimiento de Villeros Peronistas, una organización nacional que tuvo dos encuentros multitudinarios en Santa Fe y Córdoba.

El domingo se presentó en el marco de la Feria del Libro de Derechos Humanos en la Ex Esma y a 50 años del Golpe Militar el libro “Movimiento Villero Peronista” de Roberto Baschetti, allí estuvieron el autor, la diputada nacional de Unión por la Patria Fernanda Migno y Fátima Cabrera, quien es también una sobreviviente de la dictadura y quien reconoce que este libro es un trabajo necesario de hacer para la construcción de una memoria activa.

Sus recuerdos oscilan entre las visitas a la capilla del barrio, las empanadas que hacía su abuela para recibir a Mujica y la lucha para que la erradicación de las villas no desarticulara por completo la organización social que se había consolidado en el corazón de los barrios en donde “no estaba lo básico”. A sus 9 años abandonó su Tucumán natal expulsada por el cierre de los ingenios azucareros y junto a su familia se instaló en Retiro donde comenzó a a ir a la capilla del barrio y muy tempranamente se convirtió en la primera catequista de la villa: “El movimiento villero peronista fue una gran organización, incluso tuvo dos congresos, uno en Santa Fe -que yo no pude ir porque mi madre no me dejó porque era muy chica- y el de Córdoba. Ahí sí pude ir y se debatió durante días temas relacionados a la vivienda y a la política”, cuenta en diálogo con Página12.

Los dos congresos nacionales sucedieron en 1973 y 1974 y se reunieron cientos de delegados y delegadas de todo el país para discutir sobre la creación de cooperativas y empresas populares en donde los mismos habitantes de las villas pudieran construir sus viviendas sin intermediarios. La tarea de resolver los problemas en los barrios era cotidiana y se combinaba con las ideas de revolución del momento: “Yo era chica, pero para mi el impacto de tener que hacer cola para una canilla de agua era muy fuerte. No teníamos luz. Los incendios se producían por las velas”, dice el testimonio de Fátima que integra el capítulo del libro “Militantes Villeros. Historias de vida”. En esos tiempos en los que Fátima se convertía en la primera catequista de la Villa 31 y recibía con su abuela al padre Mujica, el barrio se llamaba Eva Perón y estaba compuesto por Inmigrantes, Güemes, YPF, Comunicaciones, Laprida y Saldías. En 1970 se inaugura la parroquia Cristo Obrero en Comunicaciones y allí es donde Fátima comenzó su trabajo más intenso en la villa.

Las ideas de revolución y la militancia vecinal

Baschetti recupera un movimiento a través de un enorme archivo con testimonios de villeros y villeras de variados territorios del país con una práctica de solidaridad y de trabajo comunitario que desarma la estigmatización y la invisibilización en la historia de los barrios populares en el país.

Según pudo reconstruir Baschetti, el surgimiento del MVP no fue posible sin el accionar de los integrantes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) que actuaron como agentes de articulación entre los habitantes de las villas y los jóvenes laicos de clase media (estudiantes universitarios y profesionales) que estaban vinculados a la tendencia revolucionaria del peronismo. Esta articulación formó el Movimiento de Villeros Peronistas en 1973 con las elecciones ganadas por Héctor Cámpora. En el congreso de Córdoba se acordó una postura política que marcaría todo el movimiento hasta su caída en la dictadura del 76. “El Movimiento Villero Peronista es una organización político reivindicativa identificada por la doctrina peronista, que nos damos los compañeros de todas las villas de la República, para participar activamente en el gobierno popular de Juan Domingo Perón. Guiados por el espíritu revolucionario de la compañera Evita y comprometidos a continuar el proceso de Liberación Nacional por el cual dieron su vida tantos compañeros”

Erradicación de las villas

A partir del 76´ se implementaron planes de erradicación violentos en los que se utilizaban camiones de basura para trasladar a las familias y topadoras para demoler sus hogares: “A un montón de familias en los barrios se las llevaba en camiones y se los dejaba en algún lugar del Gran Buenos Aires, eso fue el terrorismo de estado en el tema de vivienda y territorio”, cuenta Fátima. Alberto Chejolán tenía 34 años cuando fue asesinado en 1974 en las cercanías de la Plaza de Mayo cuando participaba de una protesta por la erradicación de las villas: “El 25 de marzo de 1974 estábamos reclamando las condiciones de las viviendas del plan de Lopez Rega, cuánto tendríamos que pagar y disputar los acuerdos, y en esa protesta fue asesinado el vecino Alberto y un montón de compañeros cayeron presos. Inmediatamente después, el 11 de mayo de ese mismo año fue el asesinato del padre Mujica que nos marcó muchísimo”, cuenta Fátima.

Para ella y la mayoría de la militancia en las villas la muerte de Mujica significó la antesala de la dictadura, fue un intento por “acallar la voz de los pobres” y sin duda un golpe muy grande para la organización que se estaba dando en los barrios. El crimen ocurrió el 11 de mayo de 1974 en el barrio de Mataderos, a la salida de la iglesia de San Francisco Solano, donde el sacerdote acababa de oficiar misa.

A fines de 1974, Fátima se fue a Villa Soldati a unas viviendas destinadas a jubilados y se conectó con sacerdotes “muy comprometidos”, algunos de ellos pertenecientes a la Fraternidad Carlos de Foucauld y es allí donde conoce a los padres Carlos Bustos, Mauricio Silva y Pablo Gasserri que fueron desaparecidos en dictadura.

“En octubre de 1976 estaba saliendo de una reunión de la comisión vecinal y me secuestran junto al padre Patricio Reis que era irlandés”, recuerda Fátima que sobrevivió gracias a que pudo intervenir la embajada de Irlanda y la familia del sacerdote.

La resistencia en los barrios

En los testimonios que recopila Baschetti están los que muestran el tipo de organización que había en las villas: “No éramos dirigentes, éramos vecinos. Pero eso era un laburo militante’, cuentan Leonardo ‘Bichi’ Martínez y Alfredo ‘Mantecol’ Ayala. Criados en villas de Beccar, militantes en los ’70, detenidos-desaparecidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) sobrevivientes y otra vez militantes por los pasillos de los barrios Sauce y Uruguay, repasan su historia entre mate y mate, en la primera conmemoración del Día Nacional de la Identidad Villera (…) La fecha se instauró por ley en 2014 en homenaje al cura villero Carlos Mugica nacido un 7 de octubre.

Silvia Vázquez también es sobreviviente de la dictadura, vivió en la Villa 20 de Lugano y fue parte de la organización en torno a la vivienda: “La decisión fue que no hubiera más villas en la ciudad de Buenos Aires; no querían que existieran y los vecinos hicieron una resistencia. En ese entonces, las villas estaban compuestas más que nada por población del interior de Argentina; no había migrantes”, cuenta además, que en plena dictadura los militares se instalaron en el Centro de Salud de la villa y tiraron abajo una guardería modelo: “La había construido el gobierno peronista, a la iglesia no la pudieron tirar porque estaba el padre Héctor Batán”.

Maria Eva Camelli, Doctora en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires realizó muchas investigaciones en relación al movimiento villero de los 70 y en especial en el marco del «Primer Plan de Radicación para la Villa 31» como un antecedente de la defensa del derecho a la ciudad. Mientras el Estado buscaba el desalojo -algo que se puede percibir cotidianamente en la Ciudad de Buenos Aires- la resistencia villera proponía la radicación definitiva en las tierras que ya habitaban. Su enfoque refuerza la idea de que los villeros no solo resistían con el cuerpo frente a las topadoras, sino con proyectos técnicos y urbanísticos propios, como los planos de viviendas presentados ante Perón en 1974.

La historia de estas resistencias demuestra que el problema de la vivienda en Argentina tiene raíces profundas en el terrorismo de Estado pero también en la capacidad de resistencia de los sectores populares. Frente a un modelo que históricamente intentó “limpiar” la pobreza desplazándola a los márgenes, el MVP propuso la radicación como un acto de soberanía. La memoria de Fátima y el archivo de Baschetti abren ese pliegue de la historia y lo expanden a 50 años del golpe militar.