
Una síntesis pedagógica de la tesis de Juan Duns Scoto
En la tradición teológica medieval surgió una pregunta profunda: ¿por qué Dios se encarnó en
Jesucristo? La respuesta más conocida en la teología occidental afirma que la Encarnación ocurrió
principalmente como respuesta al pecado humano. Sin embargo, dentro de la tradición franciscana surgió otra interpretación, desarrollada de manera sistemática por el teólogo franciscano Juan Duns Scoto (1266-1308). Esta propuesta sostiene que la Encarnación no depende del pecado, sino que forma parte del plan original de Dios desde la eternidad. La presente síntesis expone de forma pedagógica esta
hipótesis teológica conocida como la “primacía absoluta de Cristo”.
El problema teológico medieval
Los teólogos medievales reflexionaron sobre el motivo de la Encarnación. Una corriente importante,
representada por Tomás de Aquino, consideraba que la Encarnación se entiende principalmente en
relación con la redención del pecado. Según esta perspectiva, el Hijo de Dios se hizo hombre para salvar
a la humanidad caída. En este enfoque, la Encarnación se comprende “a causa del pecado” (propter
peccatum).
La intuición teológica de Duns Scoto
Duns Scoto planteó una objeción fundamental: el plan supremo de Dios no puede depender de un
acontecimiento contingente como el pecado humano. Si la Encarnación es la obra más grande de Dios
en la creación, no puede ser simplemente una respuesta a una caída. Por ello, Scoto propone que Dios
quiso primero a Cristo desde toda la eternidad, y que toda la creación fue querida en relación con Él.
La primacía absoluta de Cristo
Según la teología escotista, Cristo es el centro del designio divino. Dios quiso, ante todo, la unión de la
naturaleza divina y humana en Cristo. Luego quiso todo lo demás en relación con esta realidad. De este
modo, Cristo no es solamente el redentor del pecado, sino el fundamento y la finalidad de toda la
creación.
¿Qué habría ocurrido sin el pecado?
En esta hipótesis teológica, incluso si la humanidad no hubiese pecado, la Encarnación habría ocurrido.
Cristo habría venido no como redentor sufriente, sino como la plenitud y glorificación de la creación. La
Encarnación sería entonces la expresión máxima del amor divino que desea comunicarse con la
creación.
Fundamentos bíblicos
- Colosenses 1,15-17: Cristo es la imagen del Dios invisible y todo fue creado por medio de Él y para
Él. - Efesios 1,9-10: el designio divino consiste en recapitular todas las cosas en Cristo.
- Juan 1,114: el Logos eterno que estaba con Dios se hace carne y habita entre nosotros.
Importancia espiritual en la tradición franciscana
Esta visión teológica influyó profundamente en la espiritualidad franciscana. En ella, la creación es vista
como un acto de amor orientado hacia Cristo. La Encarnación no aparece como una solución de
emergencia ante el pecado, sino como la obra suprema mediante la cual Dios se acerca radicalmente a
su creación.
Posición de la Iglesia
La Iglesia católica no ha definido dogmáticamente cuál interpretación es definitiva. Tanto la perspectiva
tomista como la escotista son consideradas teológicamente legítimas. No obstante, la tesis de la primacía
de Cristo ha tenido gran influencia en la espiritualidad y la teología franciscana.
Conclusión
La tesis escotista de la primacía de Cristo ofrece una visión profundamente positiva de la creación. Cristo
no aparece solamente como respuesta al pecado, sino como el centro mismo del proyecto divino. La
Encarnación sería, en esta perspectiva, la expresión máxima del amor de Dios que desea unirse a la
creación y llevarla a su plenitud.
Bibliografía básica
- Duns Scoto, Juan. Ordinatio III, dist. 7.
- Bonaventura. Itinerarium mentis in Deum.
- Tomás de Aquino. Summa Theologiae III, q.1.
Hermano Pablo César Ghilini CEHCF


Partió mi amigo, padre y hermano Ariel, refugio de los adictos marginados, los más abandonados, los que muy pocos se atrevían a insertarse con ellos, hablando con los Jueces para que se los entreguen a él, para que no vayan la Cárcel.Capellán del Monasterio de las Capuchinas de Villa Elisa, mi confesor por años.Soquete era su perro fiel, su gran amigo de la vida.Él contaba que lo que le ocurría a Soquete, le pasaba a él. Y fué así, tal cual, hasta dejó esta tierra con lo mismo de Soquete, tal cual.Bello Cura de amor, sin Parroquia, bastante solo en este emprendimiento desde «la nada».Formado por Monseñor Novak, un Obispo que en aquellos años, era uno de los pocos » insertados en el barro de la vida» y tuvo un discípulo que lo sigió sin perder pisada.Nunca cobró su Capellanía Monástica, ni Casamientos, ni Baustismos, ni Aniversarios, nada.Siempre vestido » como un hombre cualquiera «, era uno más de esos muchacho abandonados que pasaron a ser sus hijos.Era muy cómico, chistoso, sonriente.Solo irradiaba Paz, Amor y Bien.Bendito sea Dios y su Santa madre por este Cura de barrio, de las zanjas, de las periferias.Hasta llegó a salvar una muchacha adicta, pariendo su hijo en un zanjón de la periferia existencial.Y esta es solo una de las anécdotas que se le conocen.Varón de Dios, tierno, simple, hermano cercano,espero poder abrazarte de nuevo algún día, tú que vestiste en mis votos perpetuos, tú que me ayudaste a seguir viviendo, gracias, gracias, gracias Ariel







