Charles de Foucauld. Encontrar a Dios en el desierto.

Entrevista a D. José Luis Vázquez Borau

Por: Luis Javier Moxó Soto | Fuente: Catholic.net

“Al comienzo de octubre de 1886, después de seis meses de vida de familia, yo admiraba y quería la virtud, pero no os conocía. ¿Por qué invenciones, Dios de bondad, os hicisteis conocer de mí? ¿De qué rodeos os servisteis? ¿De qué suaves y fuertes medios exteriores? ¿Por qué serie de circunstancias maravillosas, en que todo se juntó para empujarme hacia vos: soledad inesperada, emociones, enfermedades de seres queridos, sentimientos ardientes del corazón, retorno a París a consecuencia de un acontecimiento sorprendente? ¿Y qué gracias interiores? Esta necesidad de soledad, de recogimiento, de piadosas lecturas, esta necesidad de ir a vuestras iglesias, yo que no creía en Vos, esta turbación del alma, esta angustia, esta búsqueda de la verdad, esta oración: “¡Dios mío, si existes, manifiéstate!”…

¿Qué tiene en común la experiencia de Charles de Foucauld (1898-1916), con las nuestras? ¿Qué puede decir al hombre de hoy el testimonio de su vida y de su búsqueda?

Digital Reasons ha publicado “Charles de Foucauld: Encontrar a Dios en el desierto”, de José Luis Vázquez Borau (Barcelona, 1946).

El autor es profesor y escritor especializado en Ciencias Religiosas y Espiritualidad. Doctor en Filosofía y en Teología. Autor de distintas obras de filosofía, teología, religiones, espiritualidad y semblanzas de personajes. Es presidente de RIES (Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas); presidente de honor del Instituto Emmanuel Mounier de Cataluña y fundador de la Comunidad Ecuménica Horeb-Carlos de Foucauld.

José Luis, ¿hemos perdido o debilitado la capacidad de sentido de la vida, de búsqueda de Dios, de la Verdad, de silencio y fraternidad al estilo de Foucauld?

Para encontrar el sentido de la vida hay que ser pobre, desposeerse, descalzarse como hizo Moisés ante la zarza ardiendo del Sinaí. Hay que entrar en el silencio del corazón. Hay que ir al desierto, no necesariamente físico, como hicieron los Padres del desierto o Carlos de Foucauld.

¿Qué diría hoy Charles de Foucauld a tantos creyentes débiles, sobre todo cristianos convertidos a medias, es decir que son capaces de encender una vela a Dios y otra al diablo, de no querer amar de verdad e imitar a Jesús? ¿Y a los que pasan de la trascendencia, de Dios o los que están en búsqueda, quizá no sabiéndolo bien del todo?

A los creyentes débiles, a los convertidos a medias Foucauld les diría que encendiendo una vela a Dios y otra al diablo no van a ser felices nunca. Hay que ser radicales en la conversión. No se puede entender el buen vivir sin la radicalidad. Recordemos aquellas palabras de la Apocalipsis: “Conozco tu conducta: no eres ni frio ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!. Pero como eres tibio, es decir, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca. Tú dices: ‘Soy rico; me he enriquecido; nada me falta’. Pero no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo” (Ap 3, 1-18). A los que pasan de la trascendencia o a los que están en búsqueda Foucauld les diría que vayan hasta el fondo en el desarrollo de la dimensión última de su existencia. Que desarrollen su inteligencia espiritual que se alimenta del silencio (desierto), que les dará el sentido pleno de la vida.

¿Qué tipo de desiertos son aquellos que hoy son campos de acción para los seguidores de Charles de Foucauld? ¿Han cambiado mucho en el último siglo y han aparecido otros nuevos, más urgentes, oportunos y necesarios de atender?

Carlos de Foucauld, después de su conversión radical a Dios, quiso vivir como Jesús de Nazaret, en una aldea humilde entre los más pobres. Se trata de encarnarse entre los últimos y desde la pobreza crecer como hermanos.
Cuando Foucauld recibió la misión apostólica quiso ir siempre hacia los más abandonados, donde no hay presencia de Iglesia y allí practicar el apostolado de la bondad, semilla del Reino de Dios.

¿Cuáles son los principales problemas actuales del diálogo y fraternidad entre cristianos y musulmanes? Por parte católica, ¿cómo podemos contribuir a su solución o a tender puentes más que a levantar muros?

Se podría afirmar que tanto para Carlos de Foucauld como para todos sus discípulos, especialmente Louis Massignon, Padre Pyriguere, René Voillaume, la Hermanita Magdaleine, Carlo Carretto, inmersos en el mundo musulmán, en la fraternal convivencia de vecindad y de amistad no ha habido especiales problemas. Los problemas surgen con la absolutización de ciertas doctrinas o creencias, lo que llamamos fanatismo. El camino será largo, pero se llama amistad.



Para los no iniciados en la vida y pensamiento del beato, ¿por qué razones recomienda su libro? ¿algún otro?

Recomiendo la lectura de Charles de Foucauld: Encontrar a Dios en el desierto, precisamente porque en el mismo se ve de una manera patente la importancia de la conversión y las implicaciones que tuvo en Foucauld. Una manera sencilla y agradable de ir entrando en el carisma de Carlos de Foucauld sería leyendo los libros de Carlos Carretto, especialmente Cartas del desierto de la Editorial San Pablo. Pero el libro de cabecera sería: Carlos de Foucauld. Itinerario espiritual de Jean François Six, de la editorial Herder.

¿Podemos decir que se ha entendido y aplicado bien el camino, el carisma, de Foucauld? ¿Qué ejemplos de asociaciones y grupos cristianos nos puede destacar? ¿Qué le parece la de «Amigos del desierto» de Pablo d’Ors y especialmente sus libros «El olvido de sí» y «Biografía del silencio«?

El día de la beatificación del hermano Carlos en Roma pude constatar la multiplicidad de grupos que siguen este carisma, pero a mi modo de entender, quienes lo viven con mayor radicalidad son las hermanitas de Jesús, las hermanitas del Evangelio, las hermanitas del Sagrado Corazón, las hermanitas de Nazaret, los hermanos de Jesús y los hermanitos del Evangelio, pues hacen una entrega total de su vida entre los más pobres. Pero esto sería lo mismo que decir que en la Iglesia quienes viven mejor el evangelio son los monjes. Pero todos sabemos que el Espíritu del Señor Resucitado se explaya a través los distintos estados de vida. Por tanto, el carisma Foucauld se puede vivir de muchas maneras. Los “Amigos del desierto” es una, con el fin de despertar la interioridad contemplativa de la persona y descubrir su vocación. Los libros “El olvido de sí” y “Biografía del silencio” de Pablo d’Ors son dos libros que pueden ayudar en este empeño.

Muchas gracias, José Luis, por sus respuestas tan clarificadoras y testimoniales. ¿Qué es la Comunidad Ecuménica Horeb Charles de Foucauld, dónde está presente y cuál es su misión, su testimonio? ¿cómo invitaría usted a conocerla?

La Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld es un “monasterio invisible” en la comunión de los santos. Reúne a personas dispersas de catorce países que quieren seguir el carisma Foucauld, con un compromiso de intercesión ecuménica, que para llevarlo a cabo se ayudan con la oración de los unos por los otros. Dentro de la peculiaridad del carisma Foucauld se acentúa el desierto. Gracias a Internet hay una comunicación fluida mediante boletines y una revista Horeb Ekumene.

Para contactar con el autor:
http://foucauldblog.wordpress.com
http://horebfoucauld.wordpress.com
https://www.religiondigital.org/cafedialogo/
amazon.com/author/jlvazquez.borau

HIMNO DE LA BEATIFICACIÓN de CARLOS DE FOUCAULD,

                               compuesto por el hno. David,

                                           uno de sus re-sobrinos,

                 monje benedictino del monasterio de En-Calcat (Francia)

(Traducción)  
Amar Como El nos amó, Y por amor, Elegir el último lugar. Ser pobre y siervo, Hermano de Jesús.  
Buscar Como El la vida escondida, Y por amor, irse A donde el Espíritu llama. Ser solamente un viajero Pasando en la noche.  
Orar Largamente al Amado, Y por amor, abrirse Al mayor silencio. Adorar a Jesús Salvador En la Eucaristía.
Llevar El Evangelio a los hambrientos Y por amor, recoger todas las palabras de un pueblo Donde el Verbo mora también Y germina sin ruido.  
Entregar Hasta el final su vida dada, Y por amor, morir,.Ofreciendo al Padre El abandono brotado de un corazón Infinitamente libre.      
(Texto original)  
Aimer Comme Lui nous a aimés, Et par amour, choisir La dernière place, Être pauvre et serviteur, Frère de Jésus  
  Chercher Comme Lui la vie cachée, Et par amour, partir Où l’Esprit appelle, N’être rien qu’un voyageur Passant dans la nuit.
  Prier Longuement le Bien-Aimé, Et par amour, s’ouvrir Au plus grand silence, Adorer Jésus Sauveur Dans l’Eucharistie  
Porter L’Evangile aux affamés Et par amour, cueillir Tous les mots d’un peuple Où le Verbe aussi demeure Et germe sans bruit.    
 Donner Jusqu’au bout sa vie donnée, Et par amour, mourir En offrant au Père L’abandon jailli d’un cœur Libre à l’infini.

Perlas del retiro de Carlos de Foucauld en Nazaret (5-15 noviembre de 1897)

Desde los primeros tiempos de su conversión había tomado la costumbre, continuada luego en los trapenses, de hacer retiros. En Nazaret realizó uno entre los días 5 al 15 de noviembre de 1897. Las meditaciones fueron todas escritas. De entre estas entresacamos 11 perlas:

1. El camino de la belleza

«De las cosas naturales podemos y debemos elevarnos a Tí: suviendo de la belleza material a la belleza de un alma bella; de las cosas espirituales, subiendo peldaño a peldaño por la escalera de los seres, hemos de llegar a la idea del espíritu perfecto: aumentando las perfecciones, suprimiendo las imperfecciones y extendiendo la belleza de las perfecciones hasta la excelencia que lo ultrapasa todo, hemos de llegar a la idea de tí, Dios mío…»

2. Creados para contemplar el ser perfecto

«Dios mío, dame la gracia que cocediste a Santa Teresa de no atribuir nunca a las criaturas los bienes materiales o espirituales que hay en ellas, de no pararse nunca, ya que no vienen de ellas, sinó del ser soberano; no son dignas de que nos etengamos, ja que somos creados para contemplar el ser perfecto… Dios mío, haz que te vea en todo bien, en toda bondad, en toda belleza que aparece en las almas, en las criaturas y así caer en adoración del verdader ser, que es todo belleza, bondad y perfección.»

3. Dios nos habla

«Tu nos hablas, Dios mío, de dos maneras: en voz alta y en voz baja… En voz alta por medio de los libros inspirados: la Sagrada Escritura; en voz baja en todo aquello que inspira tu gracia, por las palabras interiores que inspiras a tus fieles.»

4. La encarnación de Dios, obra de amor

«La encarnación no es una obra de obediencia, pues es la obra del mismo Dios y Él no se puede obedecer, pues las tres personas de la Santísima Trinidad tienen una única voluntad… Es una obra de amor: El Padre ha amado tanto a la humanidad que nos ha dado su propio hijo (Jn 3,16).»

5. La encarnación y la creación obra de la bondad de Dios

«Lo que ha motivado a la Santísima Trinidad a realizar la encarnación, es el deseo de la salvación de la humanidad, el deseo, por tanto, de compartir las riquezas de su bondad y de su gloria: el motivo es pues la bondad… La encarnación, como la creación es obra de la bondad de Dios; de su poder, pero de un poder impulsado por su bondad…»

6. La creación reflejo de la belleza infinita

«Creador mío, Padre mío, Señor mío, Tú, presente en la Eucaristía, eres la belleza suprema, la belleza creada, la belleza de la naturaleza, la del cielo en la puesta del sol…la de los grandes horizontes del desierto, la de las nieves y la de los glaciares, la belleza de una alma buena que se refleja en un rostro hermoso, la belleza de una buena acción y de una vida recta, la de una gran alma. Todas estas bellezas no son más que un pálido reflejo de la vuestra, Dios mío. Todo lo que ha deslumbrado mis ojos en este mundo no es más que el más pobre, el más humilde reflejo de vuestra belleza infinita.»

7. Ver a Dios en las criaturas

«Dios mío, dame la gracia de no ver otra cosa que a Tí en las criaturas; de no detenerme, de no ver nunca la belleza material o espiritual que hay en ellas como una cosa de ellas, sinó únicamente como cosa tuya! Haz que atraviese siempre los velos y, por encima de las apariencias, vea más allá de las cosas al ser por esencia. Si esta criatura nos parece tan bella, cuanto será más bello el ser perfecto que le ha dado este don como se da una limosna a un pobre!

8. El sentimiento contínuo de la presencia de Dios

«Dios mío, dignate darme el sentimiento continuado de tu presencia, de tu presencia en mí y a mi alrededor… Y al mismo tiempo, este amor temeroso que se experimenta en presencia de quien se ama apasionadamente y que hace que uno esté delante de esta persona, sin poder separar los ojos de ella, con un gran deseo y una voluntad plena de hacer todo lo que quiera, todo lo que es bueno para ella, y un temor de hacer, de decir o pensar alguna cosa que le sepa mal o que le haga daño…»

9. La oración de Jesús en Nazaret

«Era principalmente de adoración, es decir, de contemplación, de admiración silenciosa, que es la más elocuente de las alabanzas. Esta admiración callada incluye la más apasionada de las declaraciones de amor, pues el amor de admiración es el más ardiente de los amores…»

10. Jesús alma de la Iglesia

«Le da todo lo que el alma da al cuerpo: la vida, la vida inmortal, que la hace inmutable; la luz, que la hace infalible en la declaración de la verdad; obra por ella y continúa por su mediación la obra que comenzó mientras estaba entre nosotros, realizándola sin parar a través de los siglos»

11. Jesús el divino modelo

«Tu gracia en el alma fiel, Dios mío, la perfecciona, la hace semejante a tí, la impulsa a hacer en todo momento lo que tu quieres que haga, lo que es bueno, lo que tú harías en su lugar o bien, si no tiene suficiente fuerza, aquello que sin ser tan perfecto es bueno y le conduce hacia esta perfección. Tu gracia lleva al alma a la conformidad con la tuya, no a la semejanza perfecta, pues esto es imposible, sino a un cierto parecido que depende de la grandeza de tu gracia y de la fidelidad como es recibida; si tu gracia es recibida fielmente, el parecido a que conduce es muy grande y muy hermoso… es entonces que ‘viene tu reino’, es entonces que ‘tu voluntad se realiza así en la tierra como en el cielo’ entre los ángeles, ya no soy yo quien vive, sinó que es Jesús quien vive en mí (Gal 2, 20)»

LA EXPERIENCIA DEL DESIERTO PARA MEJOR VIVIR NUESTRO PROPIO NAZARET

Lo que pienso decir tiene seis puntos y un texto final:

1. La imagen del desierto se asocia a un tiempo de soledad donde los apoyos cotidianos desaparecen enfrontándonos con nuestra propia realidad. El desierto nos fascina. Es el lugar por excelencia del despojo supremo. Es un lugar necesario para la construcción de la propia persona, espacio de purificación y de abandono, lugar de las pruebas. Según las enseñanzas bíblicas ir al desierto no significa desertar de nuestra época, sino camino de tránsito hacia la tierra prometida. Por eso los grandes espirituales de los primeros siglos de la Iglesia han reflexionado más sobre los “desiertos interiores” que sobre los desiertos geográficos. Entonces, es verdad que hay que pasar por el desierto, que también puede ser geográfico, pero especialmente es interior, hay que recogerse, hay que hacer silencio, para tomar conciencia de la Presencia Amorosa de Dios que nos llama y que nos da una vocación, una misión, para vivirla en nuestro propio Nazaret.

2. Debemos matizar cuando decimos “ir al desierto”, “hacer desierto” o “tiempo de desierto”. El común denominador de estas expresiones es la palabra “desierto”, que se podría definir como “lugar inhóspito donde no hay nada. Y en esto está su grandeza. Es necesario pasar por el desierto, por esa “nada”, despojarse de todo lo superfluo para permanecer en lo esencial. En principio tota la vida es oración. Podemos y debemos rezar en toda ocasión. Pero cuando decimos “un tiempo de desierto”, queremos decir “un tiempo destinado solo a Dios”, para entrar en la órbita de su amor y poder llegar a ser uno mismo dentro del misterio de Dios. Cuando nos adentramos por este camino, vamos de sorpresa en sorpresa, ya que en el silencio interior se alumbran grandes cosas.           

3. ¿Es necesario este silencio interior? En el silencio nos autodescubrimos, vemos con mayor claridad nuestra propia vida, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, la calidad de nuestra existencia y lo que Dios y el prójimo espera de nosotros. El silencio condiciona el equilibrio de la existencia y su crecimiento. El silencio es como un pedagogo que nos enseña, en primer lugar a escuchar nuestra conciencia para conocernos mejor y poder así orientar nuestra vida; en segundo lugar, nos enseña a escuchar a los hermanos que nos enriquecen con su diversidad y así los vamos queriendo cada vez más, y, finalmente, en tercer lugar, a escuchar a Dios que nos habla en lo más profundo de nuestro ser para comunicarnos su propia vida. Si nos fijamos podríamos cambiar la palabra desierto por la de silencio. Entonces podemos afirmar: “Tiempo de desierto igual a tiempo de silencio”, es decir lugar donde se combate contra las fuerzas del mal que anidan en nuestro propio interior; lugar de la purificación, y lugar donde adentrarse en el misterio de Dios.

4. Dentro de la familia espiritual del hermano Carlos de Foucauld existe, como tradición esencial, siempre según las circunstancias, el hacer un tiempo diario de adoración eucarística; realizar una jornada de desierto; una semana de retiro o un mes de Nazaret. Pongo a vuestra consideración, por su importancia y su actualidad, lo que el hermano René Voillaume nos propone en su libro Por los caminos del mundo sobre las “Fraternidades de desierto”, para que pueda suscitar nuestra capacidad creativa y consolidar también las experiencias positivas hechas hasta el momento a la búsqueda de nuevas formas para nuestro tiempo, como son los lugares de “desierto” que las distintas fraternidades de hermanas y hermanos de Carlos de Foucauld tienen en España, como Farlete, Guadalupe, “El monte de la Paz” en Murcia, o la Comunidad de Jesús en Tarrés (Tarragona). Dice así el hermano René Voillaume: “El padre Foucauld redactó sus primeras reglas, la de los Hermanos de Jesús, en 1896, y la de los Hermanos del Sagrado Corazón, en 1899, refiriéndose a un concepto de la vida de Nazaret muy separada y silenciosa. Este concepto respondía a una necesidad sentida por él durante ese período de oración solitaria que fue su vida en la Trapa y en el convento de las Clarisas de Nazaret. Aun cuando la vida de sus hermanos haya sido concebida por él con arreglo al tipo clásico de una vida comunitaria, en el fondo desea que vivan como solitarios; de ahí el nombre de Eremitas del Sagrado Corazón con que les llamó algún tiempo: “Se consideran como solitarios, aun viviendo varios juntos, a causa del gran recogimiento en el que transcurre su vida” (C. FOUCAULD, Reglamento de los Hermanos del Sagrado Corazón, 1899). Más tarde, en Beni-Abbés y en Tamanrasset, cuando el hermano Carlos de Jesús tenga a la vista realizar la vida de Nazaret viviendo en íntimo contacto con las gentes del país, buscará la soledad con intervalos, bien sea en sus ermitas, bien sea en el curso de sus viajes a través del desierto. «También los hermanos están llamados, a causa de su misma vocación para la vida de Nazaret, a vivir periódicamente en el desierto, especialmente en ciertas ocasiones; por ejemplo, en el transcurso de su formación, o a intervalos regulares durante su vida entre los hombres, y también en la época de estancias más o menos prolongadas, sobre todo para aquellos hermanos que se sintieran interiormente llamados por Dios, con miras a una oración de intercesión más urgente dentro de la línea misma de su vocación, que les destina a ser redentores con Jesús. Las fraternidades en el desierto parecen responder, por tanto, a una doble necesidad de los hermanos: la de una iniciación progresiva a la oración contemplativa dentro del marco de una vida de Nazaret más solitaria, iniciación que se efectúa principalmente en las fraternidades de noviciado; y la de una vida de adoración y de intercesión, cuya intensidad requiere como de sí misma lo absoluto del desierto. Es a esta última necesidad a lo que responden, sobre todo las fraternidades de desierto propiamente dichas. Es con la intención de mantener este ritmo de oración solitaria por lo que las fraternidades, y especialmente las establecidas en aglomeraciones urbanas y dedicadas al trabajo, deben establecer en los alrededores inmediatos una ermita que ofrezca las condiciones de aislamiento y de silencio que permitan efectuar periódicamente verdaderas estancias en el desierto. Estas breves estancias en una ermita serán ya para los hermanos ocasión de entregarse a una oración de intercesión más apremiante. Pero otras fraternidades deben ser capaces de procurar a los hermanos unas condiciones que hagan posible estancias prolongadas en la soledad, añadiéndoles el ambiente de recogimiento de una comunidad fraternal, del que muchos tendrán necesidad para renovarse, dentro de la fidelidad a su vocación de “permanentes de la oración”. Las contradicciones aparentes de la vida de las fraternidades hacen difícil a los hermanos la perfecta realización de su vocación. Por esto es indispensable que los hermanos que hayan vivido o trabajado durante largo tiempo en medio de un ambiente materialista, puedan encontrar no solamente lugares desiertos favorables a la oración, sino, además, verdaderas fraternidades que les aseguren el ambiente de recogimiento, de oración y de adoración al santísimo Sacramento de que tienen necesidad. Es, sobre todo, en estas fraternidades en donde son llamados a vivir los hermanos que, por su vocación, pedirían orientar su vida hacia una oración solitaria más apremiante. Las fraternidades de desierto, están, por tanto, estrechamente asociadas a las otras fraternidades dentro de la realización de una vocación única”. (R. VOILLAUME, Por los caminos del mundo, Marova, Madrid 1973, 296-299)

5. El converso Carlos de Foucauld quiso imitar al máximo la vida de Jesús de Nazaret. Constató que la mayor parte de la vida del carpintero Jesús de Nazaret fue como la de cualquier otro paisano de su pueblo. Vivió en el seno de una familia, fundamentada en José y María, viviendo relaciones de amistad y cooperación con las personas de su tiempo. Así, vivir Nazaret es vivir en solidaridad con la gente pobre y corriente, como uno más, como un trabajador, un vecino, uno más en el barrio, en el pueblo o en la ciudad. Y desde esta situación donde debe arrancar nuestra oración, que tiene que ser concreta como la vida misma. No se puede orar volviendo las espaldas a esta solidaridad, que está abierta a una dimensión invisible pero presentida. Se trata de vivir con la mirada consciente; de vivir con los ojos abiertos para ver lo que nos rodea; vivir tanto las alegrías y las esperanzas, como estar atentos al sufrimiento y al dolor humano, buscando siempre sus causas para intentar remediarlas. Algunas causas son naturales, como la enfermedad o los accidentes, pero hay otros males que tienen como causas la injusticia, la desigualdad y el cinismo de los sistemas económicos deliberadamente injustos que benefician sólo a unos pocos, y que luego dejan a tanta gente hundida en las cadenas de la pobreza y la marginación. La vida de Nazaret nos lleva a toparnos con el sufrimiento que procede de la injusticia y preguntamos por nuestra responsabilidad frente a estas situaciones, para presentar después nuestra plegaria de intercesión ante el Señor, pidiendo ayuda ante las situaciones que nos superan.

6. La gran intuición de Foucauld y que hemos de tener en cuenta todos los seguidores de Jesús de Nazaret, es la de no separar como si se tratase de personas distintas al Jesús que nace pobre y se gana la vida como un carpintero, del Jesús que parte al desierto para preparar su misión, o al Jesús que predica que otro modo de vivir es posible, el reino de su Padre. ¿Qué se quiere decir con esto? Que el Jesús que recorre los caminos de Palestina es el mismo Jesús que vivió en Nazaret. Que Jesús anuncia el Reino de Dios con medios pobres y humildes, como fue toda su vida, y que, por lo tanto, nuestro anuncio del Reino de Dios se ha de hacer desde estos medios: el servicio, el compartir, la bondad, la amistad, el testimonio. Debemos a Gandhi el habernos hecho tomar conciencia de que tan importantes son los fines que nos proponemos como los medios con los que actuamos para conseguir dichos fines. Lo mismo podríamos decir de Jesús en Palestina predicando o en el desierto. Es el mismo Jesús que vivió pobremente en Nazaret. Lo que no es válido es que nosotros hoy, en la montaña de las Bienaventuranzas, lugar que Carlos de Foucauld quiso establecer una fraternidad de pobres ermitaños orantes, como la Sagrada Familia, establezcamos, como se ha hecho, un monasterio “por todo lo alto” y para justificarlo pongamos una reliquia de Carlos de Foucauld. Hay que recordar la opción de Foucauld cuando estaba en la Trapa de Siria (Akbés). Leo esta noticia para que cada uno saque sus propias consecuencias:

Nace un monasterio con adoración perpetua en Galilea

KORAZIM (Israel), jueves, 3 abril 2008 (ZENIT.org).- El pasado sábado 29 de Marzo, durante un encuentro con cerca de 170 obispos europeos,  se inauguró  un monasterio construido en la parte derecha de la Domus Galilaeae donde tendrá lugar la adoración perpetua del Santísimo Sacramento.

Se cumple de esta manera, después de casi un siglo, el deseo contemplado por el beato Charles de Foucauld cuando se encontraba en Nazaret, de crear en este monte un lugar donde Cristo Eucaristía fuera una presencia permanente y adorada.

Con este fin, él había pensado reunir una pequeña familia monástica cuya vocación estuviera basada en la imitación de la vida oculta de Jesús en Nazaret, la adoración eucarística perpetua y la evangelización en los países de misión.

Como signo concreto de comunión con la figura del fundador de los Pequeños Hermanos, una reliquia del beato Charles de Foucauld será depositada bajo el altar de la capilla circular donde el Santísimo será expuesto noche y día para ser adorado por cuantos habiten el monasterio y por los que se encuentren en la Domus.

La Adoración Perpetua sobre ese monte sostendrá «el dialogo entre el judaísmo y la Iglesia católica», según las indicaciones de la carta enviada por el Papa Juan Pablo II a la Domus con ocasión de la inauguración de su biblioteca, así como la promoción del dialogo ecuménico por la unidad de las Iglesias cristianas.

El Monasterio se compone de 23 celdas; en su centro se encuentra la capilla circular sobre cuyo techo se ha colocado un complejo escultural realizado por Kiko Argüello, que representa a Jesús y a los doce apóstoles durante la predicación del Sermón de la Montaña.

De esta manera, el Monte en el que se proclamó por vez primera lo más esencial de la predicación  de Cristo, será un signo visible de la oración de la Iglesia por la evangelización hasta los confines de la tierra.

La inauguración del monasterio fue presidida por el patriarca latino de Jerusalén, Su Beatitud Michel Sabbah, acompañado de otros obispos de varios ritos, del Custodio de Tierra Santa, el padre Pierbattista Pizzaballa, el arzobispo Antonio Franco, nuncio de Su Santidad, y de todas las autoridades civiles de la región. También participaron numerosos embajadores.

7. Para terminar quisiera leer lo que dice José Sánchez Ramos sobre el “desierto interior en Carlos de Foucauld”: “El tiempo en el que el hermano Carlos de Jesús, vivió en Tamanrasset, fue un tiempo fuerte de purificación, a través de situaciones dolorosas diversas. El hombre que tenía la Eucaristía como el centro de su vida, se ve obligado a un gran ayuno eucarístico. Durante algún tiempo, no sólo no podrá celebrarla, sino que quedará, incluso, sin la Reserva Eucarística. Privado de ella, Carlos de Foucauld vive una mayor soledad. El año 1907 es un año de gran sequía en aquella tierra. Dos años sin llover han provocado una gran carestía a su alrededor, y él no tiene provisiones para ayudar a aquellas personas con quienes vive. Los ve sufrir, sin poder poner remedio. Es otra causa de sufrimiento para él. El mes de enero de 1908 es otro momento clave en su desierto interior. Desmoralizado, cansado por los continuos viajes y mal alimentado, cae en una profunda postración. Llega a una situación tan límite en su salud que cree morir. Y él que estaba acostumbrado a dar, tiene que aceptar que le den. Sus amigos tuareg buscan la poca leche de los alrededores para alimentar a aquel marabut a quien ven a punto de sucumbir. Y son las atenciones de sus vecinos las que van levantándolo, poco a poco, de aquel estado límite. Será la segunda gran conversión del Hermano Carlos. Otros momentos de desierto, de noche interior son aquéllos en los que se pregunta si ha respondido a la amistad que Dios le ha regalado… Es el fondo de la noche oscura, es la hondura mayor del desierto, tanto en lo que percibe de su camino personal como en lo que percibe como fruto de su tarea evangelizadora.

En este estado de extrema pobreza espiritual y de completo anonadamiento, a pesar de todo, avanza a tientas pero con fe, a través de este desgarrador desierto, a ejemplo de Jesús doliente. El único gesto que le queda es ofrecer a su querido hermano Jesús su propia inutilidad para la redención de los hermanos, aceptando generosamente esta purificación interior. De este modo se adentró, cada vez más en la noche del Espíritu, para salir, al fin, de ella, maduro y dispuesto a la unión de amor en las Bodas con el Amado. Incluso deseaba la muerte como un martirio. Dios le regaló el martirio del corazón, a través de la muerte de sí mismo, lenta y dolorosa que le hacia cada día más libre de las criaturas terrenas para unirlo al Creador. El desierto fue para el padre Foucauld un largo y fecundo camino que lo condujo a la plenitud del amor. Hondura de amor en la que vivió siempre como fruto de su gran libertad de corazón” (J. SÁNCHEZ RAMOS, Te llevaré al desierto, Jesús Caritas, Enero-abril 2000, 92)

Es tan bueno para el alma el desierto…

Peyriguère, Albert | Ediciones Cristiandad

Carta de Albert Peyriguère, sacerdote seguidor de Charles de Foucauld, que vivió muchos años en Marruecos, que nos habla del bien que ofrece el desierto

Talence, 16 de octubre de 1926

«He recibido su cartita de Lourdes: me la han enviado de Ghardaia hacia aquí donde estoy obligado a tomar un poco de reposo.
Era casi fatal: salí muy cansado hacia el Sahara y en pleno verano: la sacudida fue muy dura y la prudencia me recomendaba replegarme momentáneamente.
Digo «momentáneamente», pues pienso poder volver al final de diciembre o a principios de enero.
He pasado allí los días más maravillosos de mi vida: fueron los más verdaderos y los más profundos. El buen Dios me ha hecho morder el fruto: guardo el áspero paladar.
Es tan bueno para el alma el desierto: uno se siente tan cerca de Dios, tan cerca de Dios solo, y, por tanto, tan libre, verdadero, libre de esclavitudes y fingimientos.
Ya os he dicho que en el umbral del desierto, uno deja todas las ataduras que no hacen sino estorbar y dispersar la pobre alma. Sólo lleva aquellas afecciones profundas en las que el corazón, deshecho de todos los demás fardos, se entrega más enteramente. Necesito deciros que su recuerdo fue de aquellos que quedaron más sólidamente agarrados a mi alma: he orado mucho por usted y por los vuestros.
Orad algo por mí: que Dios no me juzgue indigno de la gran vocación que me ha concedido. «

Albert Peyriguère, Siguiendo los caminos de Dios, Barcelona: Ed. Nueva tierra, 1967, p. 126-127.

Libros sobre Carlos de Foucauld y su espiritualidad publicados por J. L. Vázquez Borau

VÁZQUEZ BORAU, J. L., Carlos de Foucauld, Fundación Mounier, Madrid 1999;

Carlos de Foucauld y la espiritualidad de Nazaret, BAC, Madrid 2001;

Volver a Nazaret, guiados por Carlos de Foucauld y Luis Massignon, PPC, Madrid 2004;

Consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, BAC, Madrid 2005;

Carlos de Foucauld y la espiritualidad de Nazaret, BAC, Madrid 2001(Traducido al italiano y al portugués);

Consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, BAC, Madrid 2005;

El testamento de Carlos de Foucauld de J F Six, Prólogo y traducción del libro, San Pablo, Madrid 2005.

El camino espiritual de Carlos de Foucauld, San Pablo, Madrid 2008;

Vivir Nazaret, un mes con Carlos de Foucauld, San Pablo, Madrid 2008;

Carlos de Foucauld y convertidos del siglo XX, Edibesa, Madrid 2009;

Beato Carlos de Foucauld, Edibesa, Madrid 2010;

El Evangelio de la amistad en Carlos de Foucauld, DDB, Bilbao 2011;

En el corazón de las masas, de RENÉ VOILLAUME, Presentación, Editorial San Pablo, Madrid 2011.

Vida de Carlos de Foucauld, San Pablo, Madrid 2012;

365 días con Carlos de Foucauld, San Pablo, Madrid 2012;

Santoral con una frase de Foucauld para cada día del año, CEHCF, Barcelona 2013;

La amistad en el carisma de Carlos de Foucauld, CEHCF, Barcelona 2014;

La estela de Carlos de Foucauld, Mensajero, Bilbao 2016;

Foucauld, Voillaume i l’espiritualitat de Natzaret, Lulu, Madrid 2016.;

Carlo Carretto, «El profeta de Spello, Prólogo al libro de Gianni di Santo, Ed. San Pablo, Madrid 2016;

La espiritualidad del desierto con Carlos de Foucauld, Editorial san Pablo, Madrid 2018;

Charles de Foucauld: Encontrar a Dios en el desierto, Digital Readers, Madrid 2019.