Perlas del retiro de Carlos de Foucauld en Nazaret (5-15 noviembre de 1897)

Desde los primeros tiempos de su conversión había tomado la costumbre, continuada luego en los trapenses, de hacer retiros. En Nazaret realizó uno entre los días 5 al 15 de noviembre de 1897. Las meditaciones fueron todas escritas. De entre estas entresacamos 11 perlas:

1. El camino de la belleza

«De las cosas naturales podemos y debemos elevarnos a Tí: suviendo de la belleza material a la belleza de un alma bella; de las cosas espirituales, subiendo peldaño a peldaño por la escalera de los seres, hemos de llegar a la idea del espíritu perfecto: aumentando las perfecciones, suprimiendo las imperfecciones y extendiendo la belleza de las perfecciones hasta la excelencia que lo ultrapasa todo, hemos de llegar a la idea de tí, Dios mío…»

2. Creados para contemplar el ser perfecto

«Dios mío, dame la gracia que cocediste a Santa Teresa de no atribuir nunca a las criaturas los bienes materiales o espirituales que hay en ellas, de no pararse nunca, ya que no vienen de ellas, sinó del ser soberano; no son dignas de que nos etengamos, ja que somos creados para contemplar el ser perfecto… Dios mío, haz que te vea en todo bien, en toda bondad, en toda belleza que aparece en las almas, en las criaturas y así caer en adoración del verdader ser, que es todo belleza, bondad y perfección.»

3. Dios nos habla

«Tu nos hablas, Dios mío, de dos maneras: en voz alta y en voz baja… En voz alta por medio de los libros inspirados: la Sagrada Escritura; en voz baja en todo aquello que inspira tu gracia, por las palabras interiores que inspiras a tus fieles.»

4. La encarnación de Dios, obra de amor

«La encarnación no es una obra de obediencia, pues es la obra del mismo Dios y Él no se puede obedecer, pues las tres personas de la Santísima Trinidad tienen una única voluntad… Es una obra de amor: El Padre ha amado tanto a la humanidad que nos ha dado su propio hijo (Jn 3,16).»

5. La encarnación y la creación obra de la bondad de Dios

«Lo que ha motivado a la Santísima Trinidad a realizar la encarnación, es el deseo de la salvación de la humanidad, el deseo, por tanto, de compartir las riquezas de su bondad y de su gloria: el motivo es pues la bondad… La encarnación, como la creación es obra de la bondad de Dios; de su poder, pero de un poder impulsado por su bondad…»

6. La creación reflejo de la belleza infinita

«Creador mío, Padre mío, Señor mío, Tú, presente en la Eucaristía, eres la belleza suprema, la belleza creada, la belleza de la naturaleza, la del cielo en la puesta del sol…la de los grandes horizontes del desierto, la de las nieves y la de los glaciares, la belleza de una alma buena que se refleja en un rostro hermoso, la belleza de una buena acción y de una vida recta, la de una gran alma. Todas estas bellezas no son más que un pálido reflejo de la vuestra, Dios mío. Todo lo que ha deslumbrado mis ojos en este mundo no es más que el más pobre, el más humilde reflejo de vuestra belleza infinita.»

7. Ver a Dios en las criaturas

«Dios mío, dame la gracia de no ver otra cosa que a Tí en las criaturas; de no detenerme, de no ver nunca la belleza material o espiritual que hay en ellas como una cosa de ellas, sinó únicamente como cosa tuya! Haz que atraviese siempre los velos y, por encima de las apariencias, vea más allá de las cosas al ser por esencia. Si esta criatura nos parece tan bella, cuanto será más bello el ser perfecto que le ha dado este don como se da una limosna a un pobre!

8. El sentimiento contínuo de la presencia de Dios

«Dios mío, dignate darme el sentimiento continuado de tu presencia, de tu presencia en mí y a mi alrededor… Y al mismo tiempo, este amor temeroso que se experimenta en presencia de quien se ama apasionadamente y que hace que uno esté delante de esta persona, sin poder separar los ojos de ella, con un gran deseo y una voluntad plena de hacer todo lo que quiera, todo lo que es bueno para ella, y un temor de hacer, de decir o pensar alguna cosa que le sepa mal o que le haga daño…»

9. La oración de Jesús en Nazaret

«Era principalmente de adoración, es decir, de contemplación, de admiración silenciosa, que es la más elocuente de las alabanzas. Esta admiración callada incluye la más apasionada de las declaraciones de amor, pues el amor de admiración es el más ardiente de los amores…»

10. Jesús alma de la Iglesia

«Le da todo lo que el alma da al cuerpo: la vida, la vida inmortal, que la hace inmutable; la luz, que la hace infalible en la declaración de la verdad; obra por ella y continúa por su mediación la obra que comenzó mientras estaba entre nosotros, realizándola sin parar a través de los siglos»

11. Jesús el divino modelo

«Tu gracia en el alma fiel, Dios mío, la perfecciona, la hace semejante a tí, la impulsa a hacer en todo momento lo que tu quieres que haga, lo que es bueno, lo que tú harías en su lugar o bien, si no tiene suficiente fuerza, aquello que sin ser tan perfecto es bueno y le conduce hacia esta perfección. Tu gracia lleva al alma a la conformidad con la tuya, no a la semejanza perfecta, pues esto es imposible, sino a un cierto parecido que depende de la grandeza de tu gracia y de la fidelidad como es recibida; si tu gracia es recibida fielmente, el parecido a que conduce es muy grande y muy hermoso… es entonces que ‘viene tu reino’, es entonces que ‘tu voluntad se realiza así en la tierra como en el cielo’ entre los ángeles, ya no soy yo quien vive, sinó que es Jesús quien vive en mí (Gal 2, 20)»


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