
Canción «Volver a Nazaret, volver a lo esencial» (hno. Bonifacio)



En cada época histórica, el Espíritu Santo suscita un faro, una luz, un testigo nuevo del Evangelio para dar un nuevo impulso al crecimiento del Reino de Dios. Hace ahora 150 años, el 15 de septiembre de 1858, nacía en Estrasburgo Carlos de Foucauld. Fruto de su entrega, viviendo en su propio Nazaret junto a sus hermanos tuareg del desierto argelino, hoy la Iglesia lo presenta como testimonio y muchas personas viven de su carisma, formando la “familia Foucauld”.
Pero podríamos preguntarnos, ¿dónde están estos seguidores suyos, que apenas los medios de comunicación dan eco de sus vidas? Los encontrareis en medio de los más pobres, en los lugares a donde nadie quiere ir, en el servicio humilde y desinteresado y en la oración ferviente y adoradora. Algunos, formando pequeñas fraternidades en ambientes pobres no cristianos; otros, solos o en familia, desbrozando los terrenos para que un día pueda sembrarse la semilla del Evangelio, o anunciando en otras ocasiones la Palabra de Dios y formando nuevas comunidades cristianas. Pero, todos ellos, practicando el apostolado de la bondad y predicando el Evangelio con el testimonio de sus vidas, como lo hicieron, a su vez, los buenos vecinos que fueron José, María y Jesús en Nazaret.
Justo en estos días se cumple el aniversario de su muerte. Carlos de Foucauld fue asesinado el 1 de diciembre de 1916. Tenía en ese momento poco más de 58 años. Se puede decir que estaba en la etapa de madurez de su vida. Ya a los 43 había iniciado su opción fundamental instalándose en Beni-Abbes, en el corazón del Sahara argelino, donde se da cuenta de que hay una muchedumbre de personas por evangelizar y un ministerio muy importante que realizar. Pero durante los años que pasa en este oasis del desierto va experimentando una nueva transformación. Rompe con su autoimpuesta clausura. Acepta con sencillez los acontecimientos que van en contra de lo que siempre había creído que era la voluntad de Dios y se deja llevar por las circunstancias, que son manifestación de la voluntad divina. Así, esta obediencia a cada instante y con el discernimiento de su padre espiritual, le conduce a los tuareg, instalándose en medio de ellos, el año 1905, en Tamanrasset.
Testigo de Dios
El padre Foucauld ha sido un testigo privilegiado de la experiencia de Dios en medio del mundo. Se ha creído que su presencia en la ermita del Asekrem, el punto más alto de las montañas del Hoggar, o en Tamanrasset, fue un retiro, como antaño hicieron los Padres del Desierto, pero fue todo lo contrario: partió para vivir la vida de Nazaret con los nómadas más aislados, por ser éste un lugar de tránsito de las caravanas, que ofrecía grandes ventajas para las relaciones con los tuareg, a los que hospedaba, estableciendo relaciones de amistad.
Once años convivió con ellos, haciéndose uno de tantos, aprendiendo su lengua, sus costumbres, etc., con ánimo evangelizador, aunque nada más fuese realizando gestos de bondad. Así, resumiendo, Carlos de Foucauld vivió dieciséis años en tierras argelinas, y especialmente once entre los tuareg hasta que llegó su muerte como acto supremo de entrega a imitación de su hermano mayor, Jesús de Nazaret.
A nosotros, ahora, nos interesa señalar los rasgos esenciales de esta última etapa de su vida para entresacar los nervios espirituales de su existencia y, así, poderlos encarnar en nuestra realidad. Vida de oración, vida de trabajo, realizando una tarea lingüística inmensa; preocupación por el pro- greso espiritual y material de las personas con las que vivía; luchando contra toda injusticia; y, finalmente, lanzando un movimiento misionero universal hacia los más pobres y alejados de la Iglesia, que incluye a sacerdotes, religiosos y laicos, unidos “por la comunión de los santos”, predicando el Evangelio con la propia vida y practicando allí donde se encuentren el “apostolado de la bondad”, asumiendo con la “paciencia de Dios” el desarrollo del misterio de la salvación.

¿Cómo puede ayudarnos el carisma de Carlos de Foucauld a afrontar nuestro tiempo? Primero, y principalmente, su deseo de imitar a Jesús de Nazaret. Imitar no quiere decir “hacer lo mismo”, sino dejarse conducir por el mismo espíritu de fuego que animaba a Jesús de Nazaret. Como aconseja el propio Foucauld, “pensar y hacer en cada momento lo que haría Jesús en nuestro lugar, y hacerlo”. Jesús de Nazaret es nuestro “Modelo único”, por eso hay que leer y releer su Evangelio. Ser pobres como Jesús, viviendo en medio de ellos o siendo solidarios con ellos, y luchando contra toda injusticia.
Otro aspecto esencial es vivir una intensa amistad con Dios, en la oración silenciosa y la oración de la Iglesia. Y, finalmente, practicando el apostolado de la bondad, intentando curar todas las “enfermedades” y predicando el Evangelio con el testimonio de la propia vida, hasta entregar la vida por aquéllos a quien se ama.
Nazaret…
Si hay una palabra que exprese mejor el mensaje de aquél que se dejó conducir por el Espíritu de Amor para realizar su misión concreta, ésta es “Nazaret”: una llamada a vivir el amor apasionado por la persona de Jesús en las situaciones comunes de la vida, como Él, que vivió plenamente la relación filial con el Padre, viviendo en el seno de una familia, realizando un oficio, mo- rando en una aldea y caminando por las veredas de Palestina. La misión del hermano Carlos es hacer notar que Nazaret se puede vivir en cualquier situación, en la vida religiosa, en la vida de familia, solo o haciendo vida en común. No es una espiritualidad del desierto ni eremítica. Es, por el contrario, una “espiritualidad de la relación” en sus dos dimensiones, la humana y la divina: relación de amor con Dios y relación de amor con las personas que compartimos la vida. Es la imitación de la vida de Jesús, Jesús de Nazaret, que vivió, en medio de las relaciones interpersonales más comunes, una relación única con el Padre.
Jacques Maritain actualizaba el testamento del hermano Carlos de Foucauld de este modo a todos sus discípulos: “Vuestro papel profético consiste en afirmar existencialmente el valor primordial de la proclamación del amor de Jesús a todas las personas, no ya por los grandes medios visibles, sino por el medio invisible o casi invisible de la simple presencia de amor fraternal en medio de los pobres y de los abandonados”.
CRONOLOGÍA DE SU VIDA
1858. Carlos de Foucauld nace el 15 de septiembre en Estrasburgo (Francia); a los seis años se queda huérfano. Pierde la fe a los 17 años.
1876. Ingresa en la Escuela Militar de Saint-Cyr. El subteniente Foucauld marcha hacia Argelia en 1880. Expulsado del ejército por indisciplina y mala conducta, pide reintegrarse al enterarse de que su regimiento iba a entrar en combate debido a una insurrección en el Sur de Orán.
1882-1884. Preparación y realización del libro Reconocimiento de Marruecos, donde explica el viaje de exploración que realizó haciéndose pasar por judío.
1886. Se instala en París. Período de búsqueda y de interrogaciones. Quiere encontrar a Dios. A finales de octubre, en la iglesia de San Agustín de París, se confiesa y recibe la comunión de manos del padre Huvelin, produciéndose su conversión. Viaja a Tierra Santa.
1890. Entra en la Trapa, el 26 de enero, en Nuestra Señora de las Nieves. Llamado hacia una más perfecta imitación de la vida de Nazaret, saldrá de la Trapa el 14 de febrero de 1897, después de que sus superiores ratifiquen su vocación.
1897. Llega a Nazaret el 4 de marzo. Vive como criado de las monjas clarisas de Nazaret, “exactamente lo que buscaba”. De este tiempo en Tierra Santa son la mayoría de sus escritos, meditaciones y notas espirituales.
1900. Vuelve a Francia el 22 de septiembre. Va a la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves para prepararse para la ordenación sacerdotal, que tendrá lugar el día 9 de junio de 1901.
1901. Llega a Beni-Abbes, el 28 de octubre. Durante este período, su correspondencia va aumentando. Escribe también El Evangelio presentado a los pobres del Sahara, y revisa la Regla de los Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón.
1905. Se instala en Tamanrasset. Allí escribe los estatutos para la asociación de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, dirigidos a sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos evangelizadores: Consejos Evangélicos o Directorio.
1916. El hermano Carlos de Jesús muere el 1 de diciembre violenta y dolorosamente, como había anotado en su diario aquella misma tarde: “Vivir como si tuvieses que morir mártir hoy”.
1917. Luis Massignon manifiesta a su director espiritual, Luis Poulin, párroco de la Trinité, el deseo de continuar la Asociación Foucauld, única asociación eclesial fundada por el propio Foucauld, a la que pertenecía Massignon, y publica el Directorio o Consejos Evangélicos del padre Foucauld.
1920. Luis Massignon, el día de Viernes Santo, pasa una terrible angustia al ver que el testamento del padre de Foucauld no se realiza. Se siente heredero y continuador de su obra.
1921. René Bazin, por indicación de Massignon, publica una biografía de Foucauld que tendrá gran impacto en la sociedad francesa de la época: Charles de Foucauld, explorateur du Maroc, ermite du Sahara.
1922. Massignon publica en La Vie espirituelle un artículo sobre la Unión de oraciones.
1923. Suzanne Garde funda el “Grupo de Carlos Foucauld”, formado únicamente por laicos.
1928. Se funda la primera congregación religiosa nacida del padre de Foucauld, las Hermanitas del Sagrado Corazón.
1933. El padre René Voillaume tomó el hábito junto con otros cuatro compañeros en la basílica de Montmartre, instalándose en El Abiodh Sidi Cheikh, en el sur argelino. Al principio se llamaban “Petits Frères de la Solitude”.
1939. La hermanita Magdaleine de Jesús funda las “Hermanitas de Jesús”, hoy en día repartidas por todo el mundo en 321 fraternidades, manifestando el amor gratuito de Dios a través de la amistad y la solidaridad.
1947. René Voillaume funda, junto con otros tres hermanos, la primera fraternidad obrera de los “Hermanos de Jesús” en Aix-en-Provence.
1950. Luis Massignon es ordenado sacerdote y va a Tamanrasset, donde murió su querido padre espiritual, pasando una noche de oración, como la que tuvo con el propio Carlos de Foucauld en el Templo del Sagrado Corazón de París la noche del 21-22 de febrero de 1909, dando origen a la “Unión de hermanos y hermanas de Jesús, Sodalidad Carlos de Foucauld”.
1951. René Voillaume publica En el corazón de las masas, sobrepasando los 100.000 ejemplares.
1956. René Voillaume funda los “Hermanos del Evangelio” como respuesta al crecimiento evangélico allí donde los hermanos están encarnados. Posteriormente, surgirán las “Hermanitas del Evangelio”, expandidas también por distintos países del mundo.
En la actualidad, la Asociación Carlos de Foucauld reúne a un importante número de grupos que se dicen y son discípulos del hermano Carlos de Foucauld. Además de los ya mencionados, hay que citar a las Hermanitas de Nazaret; los Hermanitos de la Cruz (Canadá); las Hermanitas y Hermanitos de la Encarnación (Haití); las Hermanitas del Corazón de Jesús (República Centro Africana); la Fraternidad Jesús Caritas (Instituto Secular Femenino); la Fraternidad Sacerdotal Jesús Caritas; la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld; la Comunidad de Jesús (Asociación privada de fieles: matrimonios consagrados, célibes consagrados y laicos comprometidos); la Comunidad Jesús Caritas de Italia (sacerdotes diocesanos en comunidad parroquial); la Fraternidad Carlos de Foucauld (Asociación de fieles: laicas con celibato); el Grupo Charles de Foucauld, otro en Vietnam y, además, en España han surgido a Fraternidad de Betania, la Fraternidad de Emaús, las Fraternidades de la Amistad y la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.
Publicado el 05.12.2008 en el nº 2.639 de Vida Nueva.

Con fecha de 27 de mayo nos llega la noticia de que el beato Charles de Foucauld será canonizado santo. La canonización es el acto mediante el cual la Iglesia católica, tanto en su rito oriental como en el occidental, declara como santa a una persona fallecida. El milagro aprobado por el Papa, antes por la comisión teológica y previamente por unanimidad por la comisión médica de la Causa de los Santos, es la supervivencia casi sin secuelas de un joven carpintero francés que cayó 15 metros desde un andamio en una iglesia, pese a sus heridas graves.Sucedió cien años después de morir el beato, el 30 de noviembre de 2016 en Saumur (Francia), en la iglesia de Saint-Louis. Han tenido que pasar 104 años después de su asesinato en Tamanrasset (Sahara argelino) gracias al impulso del papa Francisco. Han pasado quince años desde su beatificación en Roma, el 13 de noviembre de 2005, cuando el papa Benedicto XVI, hablando en francés, dio gracias a Dios por el testimonio del padre de Foucauld diciendo que «a través de su vida contemplativa escondida en Nazaret encontró la verdad de la humanidad de Jesús, invitándonos a contemplar el misterio de la Encarnación. Descubrió que Jesús, vino pora unirse a nosotros en nuestra humanidad, invitándonos a la fraternidad universal, viviendo mas tarde en el Sahara, dándonos ejemplo del amor a Cristo». «Como sacerdote –continuó diciendo-, puso a la Eucaristía y el Evangelio en el centro de su existencia».
¿Cómo ha sido este proceso?
El 1 de diciembre de 1916 Foucauld está solo en la ermita; unos cuarenta senusitas llegan silenciosamente; alguien que el conoce anuncia falsamente el correo. Foucauld abre la puerta, lo atrapan, lo tiran delante de la puerta de la ermita; se pone de rodillas y calla; le ordenan poner los brazos detrás de la espalda y se los atan a los tobillos; le interrogan, dice solamente en árabe: «Voy a morir»;. Lo confían al cuidado de un muchacho de quince años y saquean la ermita. Alguien grita: vienen dos soldados. Les disparan. El muchacho nervioso dispara sobre Foucauld; la bala entra por detrás de la oreja y sale por el ojo izquierdo. El drama dura un cuarto de hora.
Foucauld quería ser enterrado donde muriese, pero los Padres Blancos trasladan sus restos a los pies de la Basílica que tienen en El Golea (Argelia). Tan solo el corazón de Foucauld permanece en Tamanrasset.
El proceso comenzó el año 1925 en diez diócesis, Argel, París, Viviers, Périgueux, etc., en donde había testigos de su vida, en lo que se llama el “proceso requisitorio”. Mientras se iba reuniendo, clasificando y descifrando todo lo que el hermano Carlos escribió.
Diez años, entre 1930 y 1940, tardaron las Hermanas Blancas de Argel para mecanografiar todo el material, ya que de trabajos científicos había 539 folios; escritos espirituales 7.624 folios; de correspondencia 6.417 folios. En total 14.580 folios. Todo este material, recogido en tres volúmenes, junto con las Actas de los diferentes Procedimientos, llegó a Roma en 1946.
Diez años más tarde, a causa de la guerra de Argelia, el papa Pío XII pidió parar el proceso, que no se reabrirá de nuevo hasta marzo de 1967. El Concilio Vaticano II, que fue inaugurado por el papa Juan XXIII el 11 de octubre de 1962, dio un nuevo aliento a esta causa, pues sin mencionarlo directamente Carlos de Foucauld estuvo en un primer plano. Si bien su nombre no sale en ningún documento, muchos obispos, las comunidades de base que surgían por todas partes y el movimiento “Por una Iglesia servidora y pobre” liderada por el padre Paul Goutier en Nazaret, hicieron que el proceso avanzara. Fue en este contexto que el padre Congar dijo a los padres conciliares: “Teresa de Lisieux y Carlos de Foucauld son dos faros que Dios ha puesto en nuestro camino”.
Fue el año1979 cuando la Congregación para la causa de los santos pidió una positio documentada, es decir, una relación, con documentación de apoyo, sobre las cuestiones más delicadas.
¿Cuáles eran?
Primera cuestión: Carlos de Foucauld, que vivió con una mujer cuando tuvo una vida disoluta, ¿tuvo descendencia? Pregunta difícil y delicada que el presidente de la asociación Amitiés Charles de Foucauld, el General de Suremain, antiguo especialista en informes militares, durante tres años de búsqueda intentó esclarecer. La señora que vivió con Foucauld, conocida por el nombre de Mimí, era de Pont-à-Mousson y había sido bailarina. El General de Suremain investigó en los archivos de la ópera de París. Investigó en un grupo de bailarinas que venían, invitadas por Foucauld, a sus bulliciosas fiestas. En ningún caso el General encontró rastro de Mimí ni de cualquier otra bailarina que hubiese frecuentado al joven oficial.
Segunda cuestión: La Congregación quería saber la razón de que durante toda su vida, incluso cuando dejó el mundo, había estado tan unido a su familia. Y en concreto, ¿cuál fue su relación con su prima Maria de Bondy? ¿No había una historia amorosa entre ellos? Se demostró que fue una relación de un profundo respeto. Fueron sus directores espirituales quienes le animaron a mantener estos lazos con su familia, que no le desprotegieron de bienes, lo que fue útil para la abadía de la Trapa.
Tercera cuestión: Las autoridades vaticanas querían saber cual era la situación de la compra que Foucauld hizo de la Montaña de las Bienaventuranzas, pues había un litigio con los franciscanos, que finalmente se hicieron con el lugar. La Postulación pudo demostrar que la persona que actuaba en nombre de Foucauld no ganó dinero en esta gestión y que la familia no pudo recuperar el dinero adelantado.
Cuarta cuestión: Roma quería asegurarse de la estabilidad de su vocación. ¿Cómo explicar que quisiera ser trapista, ermitaño y después misionero? La Postulación ha podido demostrar que era una misma vocación en búsqueda y que se pudo realizar.
Quinta cuestión: ¿Cuáles fueron sus relaciones con los militares franceses, pues algunos lo presentan como espía del ejército francés? La Postulación pudo probar que si estaba próximo a los soldados franceses era porque se sentía responsable de estos y deseaba que tuviesen un comportamiento impecable. En relación a los informes, estos no eran de índole militar ya que llegaban, dadas las distancias, por lo menos dos días después de que los hechos se produjesen..
Sexta cuestión: ¿Porqué fue tan virulento contra Alemania? ¿Porqué tanta pasión-odio, en una persona tan afable? La Postulación demostró que no atacaba a los alemanes, sino a la civilización prusiana profundamente anticatólica. Si hablaba de “cruzada”, palabra nada pacífica, era para defender la civilización cristiana contra el paganismo alemán y contra la idea de una “raza fuerte”. Foucauld pensaba sinceramente que un pueblo que hace la guerra a Francia es hostil a la Iglesia y a la libertad.
Séptima cuestión: ¿Era antisemita cuando describe a los judíos como “sucios, avaros y tramposos”? Esto lo hizo haciendo una descripción, en unas circunstancias concretas, en su viaje a Marruecos, pero se sabe que pronto tuvo amigos judíos.
Todas estas preguntas llevaron mucho tiempo y a partir de 1990 el equipo de Postulación nada más estaba compuesto por cinco o seis personas, auténticos militantes foucouldianos que trabajaban junto a Mons. Bouvier. Pierre Sourisseau, el Secretario, el General de Suremain, el hermano de Jesús Antoine Chatelard en Tamanrasset, Maurice Serpette, y Louis Kergoat, se sintieron a veces un poco solos cuando se tenía que proseguir las investigaciones Además, tuvieron que defender ideas o calumnias contra Foucauld, como la del escritor Jean-Edern Hallier, que ha escrito una biografía novelada y provocadora de Carlos de Foucauld, L’Evangile du fou (El Evangelio del loco), donde le acusa de pederastia al estar siempre rodeado de niños; o bien responder adecuadamente a Jean-Marie Muller, miembro fundador del “Movimiento por una alternativa no-violenta”, que acusa a Foucauld, llevado de una ideología rigorista, en primer lugar de colonialista y después de nacionalista recalcitrante por defender la guerra, aunque sea justa, pues, según este autor del libro Charles de Foucauld, hermano universal o monje-soldado, ante la guerra nada más vale un absoluto anatema. ¿Qué responder? ¿Cómo probarlo? Estas cuestiones son las que hicieron retardar la causa de beatificación y que de una manera clara y honesta se responden en el libro escrito por el postulador de la causa Pierre Sourisseau y Jean François Six, El Testamento de Carlos de Foucauld, publicado en la Editorial San Pablo el año 2005.
¿Cual es la propuesta de Foucauld hoy?
Foucauld no propone al final de su vida una orden religiosa más, sino “un movimiento evangelizador universal”, “que será una revolución en la Iglesia en tanto que comunidad evangélica y evangelizadora, una comunidad nómada en tanto que sus miembros están dispersos pero que no actúan de una manera dispersa: están reunidos en la Comunión de los santos”. ¡Hoy Foucauld tiene una gran familia de un hombre que murió solitario! En 1955 la Association Famille Spirituelle Charles de Foucauld contaba con ocho grupos o fraternidades (hermanitos, hermanitas, fraternidad secular, sacerdotes, etc…), pero hoy son más de veinte sus grupos o movimientos asociados en diversos países, con más de 13.000 miembros.¡Y la familia de los y las que encuentran en Carlos de Foucauld un inspirador para su vida!
Actuando de qué manera?
Por el testimonio personal y comunitario, y practicando el apostolado de la bondad. En un mundo lleno de palabras, frecuentemente engañosas, tenemos necesidad de testimonios de vida auténticos. Tenemos necesidad de silencio adorarador y compromiso por la justicia. La novedad del mensaje de Foucauld es conjugar bien estas tres dimensiones que vivió Jesús: Nazaret, Desierto y Palestina, pero siempre anclados en Nazaret, vida humilde y pobre, utilizando siempre medios pobres.
En una palabra
Si tuviéramos que decir en pocas palabras la relevancia de Foucauld, diríamos que ha sido un hombre que siguiendo a su querido Señor Jesús, s’ha hundido en el corazón de la Misión de l’Iglesia, ha sabido captar la paciencia de Dios en la realización de sus planes, y, en medio de un mundo que no conoce a Jesús, a querido ser un Evangelio viviente, encarnándose plenamente en su ambiente, interesándose por el progreso humano y practicando el apostolado de la bondad.

Con este escrito nos proponemos señalar, en la biografía de Foucauld, como vivió éste la «mística de la proximidad», él, que estuvo marcado por una época prodigiosa en descubrimientos, en la que intentó comprender la realidad con los métodos de la ciencia experimental de su tiempo, lo que le proporcionó un espíritu científico. Como bien dice Ion Etxezarreta, «a pesar de que en sus escritos espirituales no aparezca demasiado explícitamente esta dimensión, no debemos olvidar que la instrucción cultural constituye para él una plataforma de evangelización para los tuareg. No hay en él escisión entre el científico y el creyente, sino integración de ambas dimensiones»1. Vamos a ver, pues, como vivió Foucauld la mística de la proximidad en siete aspectos.
1. Jesús Salvador
Desde su conversión el hermano Carlos se ha sentido salvado por Jesús y ha experimentado que esta salvación era también para la humanidad entera. Esta salvación incluye naturalmente a los musulmanes, que le ayudaron en su primera experiencia religiosa, e igualmente a aquellos que se habían alejado, como él, de Jesús, sus amigos Henry de Castries y Gabriel Tourdes. En la fiesta de san Ignacio de 1909 escribe a su amigo Louis Massignon: «Trabajar en la salvación de los otros es la vida de todo cristiano. Todo cristiano debe tener en el fondo de su vida el mismo deseo que el del esposo Jesús. Jesús ha venido para salvar: para nosotros también, el negocio de nuestra vida es salvar las almas, trabajar por su salvación, servir y dar nuestra vida para salvarlos, siguiendo el ejemplo del Único Esposo. Las otras uniones pasan, solo permanece la unión con el Esposo eterno, el Modelo único»2
2. La imitación de Jesús de Nazaret
Carlos de Foucauld pensó que esta imitación de Jesucristo, según los cánones de su tiempo, solo se podía seguir en la vida religiosa: «En cuanto comprendí que había un Dios, comprendí que no podía vivir sino para Él: mi vocación religiosa data de la misma hora que mi fe. Dios es tan grande, y hay tanta diferencia entre Dios y todo lo que no es Él…»3. Y la elección de la vida religiosa está condicionada por el lugar donde vivir mejor esta imitación. El propio Carlos escribe: «Hemos buscado con el padre Huvelin el motivo por el que quiero entrar en la vida religiosa: para hacer compañía a Nuestro Señor en sus penas lo más posible… Tanto al sacerdote como a mí nos ha parecido cada vez más claro que tenía que ser la Trapa»4. Pero el último lugar al que el hermano Carlos aspira no es ocupado por los frailes, aun cuando era el más pobre de las Trapas: «Hace ocho días se me envió a rezar a casa de un pobre indígena católico, muerto en la aldea vecina: ¡qué diferencia entre esta casa y nuestras habitaciones!»5. Esta experiencia confirmó su deseo de dejar la Trapa para ir a vivir libre una experiencia de seguimiento de Jesucristo, en el último lugar, como obrero en Nazaret. Y allí, en sus Meditaciones sobre el Evangelio escribe:”Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, lo mismo que la vida pública, deben ser una predicación del Evangelio por el ejemplo; toda nuestra existencia, todo nuestro ser, debe gritar el Evangelio sobre los tejados; toda nuestra persona debe respirar a Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida debe gritar que nosotros somos de Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica; todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, que hace ver a Jesús, que brilla como una imagen de Jesús…»6. El mismo Carlos de Foucauld dirá en un texto de 26 de abril de 1990 destinado al pade Huvelin: «Mi vocación es imitar lo más perfectamente posible a Nuestro. Señor Jesucristo en su vida escondida de Nazaret».
3. Hacia los más abandonados
En su retiro preparatorio a su ordenación sacerdotal, que realizó en Viviers (Francia) el 9 de junio de 1901, escribe: « ¿No es preferible ir primero a Tierra santa? No. Una sola alma vale más que Tierra Santa entera y que todas las criaturas no racionales reunidas. Hay que ir, no donde la tierra es más santa, sino donde las almas tienen más necesidad. En Tierra Santa hay gran abundancia de sacerdotes y religiosos, y aquí un gran número de almas a salvar… Allí tierra, aquí almas; allí abundancia de sacerdotes, aquí penuria»7. Una vez instalado en Beni Abbés, Sahara argelino, el 23 de diciembre de 1901 escribe al padre Jerónimo indicándole el camino para conducir de los musulmanes a Jesús: «Aquí hay mucho bien que hacer, tanto a los indígenas como a los oficiales y a los soldados: hay 200 soldados cristianos, muchos indígenas, la mayor parte pobres, muchos pobres árabes viajeros; la limosna, la hospitalidad, la caridad, la bondad pueden hacer mucho bien entre los musulmanes y disponerlos a conocer a Jesús. A los soldados se les puede hacer también mucho bien; espero que algunos comulguen en la misa de mediano, yo trato de atraerlos para atraerlos a Jesús”8.
4. Los esclavos
El hermano Carlos se encuentra con los más pobres de los pobres: los esclavos. En un principio trata de liberar a alguno, cosa que hace, pero se da cuenta que ese no es el camino y pide opinión al abad de la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves, Dom Martin, para la denuncia pública: “No debemos mezclarnos en el gobierno de lo temporal, nadie más convencido de ello que yo, pero ‘hay que amar la justicia y odiar la iniquidad’, y cuando el gobierno temporal comete una grave injusticia contra aquellos de los que en alguna medida estamos encargados (yo soy el único sacerdote de la prefectura en 300 Km. a la redonda), hay que decírselo, pues nosotros representamos en la tierra a la justicia y a la verdad, y no tenemos derecho a ser ‘centinelas dormidos’, ‘perros mudos’, ‘pastores indiferentes’”9. Dom. Martin respondió a Foucauld prohibiéndole hablar de este tema con nadie.
5. Marruecos
El pensamiento de Marruecos no abandona al hermano Carlos, que, como le dice al padre Huvelin el 15 de diciembre de 1902: “En el interior, en este país tan grande como Francia, ni un solo altar, ni un sacerdote, ni una religiosa. La noche de Navidad se pasará sin una Misa, sin que ni una sola boca, ni un solo corazón pronuncien el nombre de Jesús”10.A su prima le dice: “Usted sabe que si he venido a instalarme aquí en Beni Abbés, en la frontera, es pensando, en el fondo, hacer lo posible para hacer penetrar el Evangelio en aquel país… para fundar colonias monásticas, cada vez más próximas a Marruecos: preparándolas a través de las relaciones mantenidas aquí con los marroquíes, disponiéndoles a aceptarme en su país, dándoles fraternal hospitalidad… ¡Cor Jesu, adveniat regnum tuum!”11.Pero el deseo de evangelizar Marruecos quedará en un sueño.
6. Los Tuareg
Acompañando a su amigo el comandante Laperrine emprenderá un viaje a través del desierto del Sahara, que durará hasta julio de 1904, entablando relaciones con los tuareg. Más tarde, entre mayo y octubre de 1905, acompañando al capitán Dinaux, emprenderá otro viaje por el Sur. Tras este se instala en el Hoggar, en el poblado de Tamanrasset y construye una ermita en el macizo del Assekrem. Así hace verdad, casi sin saberlo, lo que había escrito a Mns. Guerin el 27 de febrero de 1903: «Me pregunta usted si estoy dispuesto a ir más allá de Beni Abbés por la extensión del santo Evangelio: para eso, estoy dispuesto a ir al fin del mundo y a vivir hasta el juicio final»12. El dinamismo espiritual que mueve a Foucauld es ir hacia los últimos, como lo expresa en el Directorio: “Su propia caridad y aquella que se esfuerzan en desarrollar en los demás no debe limitarse a lo que les rodea, sino extenderse a todos los humanos, como la del Corazón de Jesús, su Esposo y su Modelo; abrazará especialmente a los pueblos infieles, puesto que son sus almas las más abandonadas, las más pobres de los pobres, las más enfermas de las enfermas, las más miserables y desafortunadas de todas»13.
7. Visitación
La Visitación de María a Isabel se convierte en modelo de la acción misionera para Carlos de Foucauld, que es generadora de salvación y alegría, aun cuando sea de un modo inconsciente por parte de los pueblos que la reciben. Esta es una idea de los primeros tiempos de Beni Abbés y que mantiene siempre: «Y yo no creo que pueda hacerles mayor bien que el de aportarles, como María en casa de Juan, en la Visitación, a Jesús, el bien de los bienes, el Santificador supremo, Jesús, que estará siempre en medio de ellos en el Sagrario, y yo espero que en la Custodia, Jesús ofreciéndose cada día en la Bendición, ahí está el bien de los bienes, nuestro todo, Jesús: y al mismo tiempo, aun callándonos, daremos a conocer a estos hermanos ignorantes, no por la palabra sino por el ejemplo, y sobre todo por la caridad universal, lo que es nuestra religión, lo que es el espíritu cristianao, lo que es el Corazón de Jesús»14. En palabras de Ion Etxezarreta el hno. Carlos «funda una forma de evangelización, que si bien tiene como medio fundamental de la misma la fraterna presencia silenciosa, eucarística y caritativa, no se detiene en ella, sino que busca y está al servicio de la conversión»15.
1 I. ETXEZARRETA, Hacia los más abandonados, Asociación Familias Carlos de Foucauld, Granada 1995, 47.
2 J.F. SIX, L’aventure de l’amour de Dieu, Seuil, París 1993, 60.
3 D. et R. BARRAT, Charles de Foucauld et la fraternité, Du Seuil, París 1959, 34.
4 C. FOUCAULD, Lettres à Mme de Bondy. Der la Trappe à Tamanrasset, DDB, París 1966, 22.
5 Ibid, 52
6 C. FOUCAULD, Oeuvres spirituelles de Charles de Jésus, père de Foucauld (Anthologie), pág. 395.
7 Ibíd, 534.
8 C. FOUCAULD, Lettres à mes frères de la Trappe. Cette chére derniére place, Du Cerf, París 1991, 266.
9 Ibíd. 276-277
10 C. FOUCAULD, Oeuvres spirituelles de Charles de Jésus, père de Foucauld (Anthologie), 672.
11 Ibíd. 112.
12 Ibid. 693.
13 Ibíd., 485
14 C. FOUCAULD, Lettres à mes frères de la Trappe, o. c. ,140.
15 I. ETXEZARRETA, Hacia los más abandonados, o. c., 140.

La palabra profeta significa “persona escogida por Dios para hablar al
pueblo en su nombre”. Carlos de Foucauld fue esa persona para los tuareg.
Pero habló principalmente con el testimonio de su vida, realizando gestos de bondad con sus conciudadanos, pues llegó a hacerse uno de ellos, su
hermano, y por ello, “hermano universal”. El hecho de titular este artículo
como Carlos de Foucauld profeta entre los tuareg, se debe a que éste
militar, explorador, peregrino, monje, misionero, filólogo de la cultura tuareg, amigo, hermano y mártir, fue un auténtico místico, un hombre de Dios, pues se dejó conducir al máximo por el Espíritu Santo y la prueba de esto es que, cuanto más unido estaba a Dios, más pobre y humilde se hacía,
entregándose completamente a sus hermanos más alejados y olvidados, los “hombres azules del desierto del Sahara”, los tuareg por los que dio su vida.
El grano caído en tierras saharianas germinó y dio fruto. Hoy son miles las
personas que se inspiran y viven tal como él quiso y pensó. Carlos de
Foucauld es un germen revolucionario en el seno de la Iglesia y de la
Sociedad en general. Dios quiera que el testimonio de tolerancia y respeto
que él significa ayude a superar las incomprensiones y las intolerancias que existen en el país donde Carlos de Foucauld vivió, y que esconden siempre intereses inconfesables, pues los pobres de Dios, tengan la religión o creencia que tengan, siempre se entienden y respetan, ya que el único interés que tienen es la bondad y fraternidad entre los humanos.
Los hombres azules del desierto
Hoy en día, los tuareg, “los hombres azules del desierto”, son un pueblo en
peligro de extinción. Al ser un pueblo que se mueve por el Sur del Sahara
atravesando distintos países, pues consideran que estas tierras son como
suyas, pero al no tener Estado propio y moverse de un lugar para otro con
toda libertad, desde 1990, el pueblo tuareg conoce una represión sin
precedentes en Mali y Níger. Miles de civiles tuaregs han sido masacrados
sin la menor reprobación de la comunidad internacional, que continúa
guardando un extraño silencio sobre este genocidio.
En Níger, después de la masacre de Tchin Tabaraden (en mayo-junio de
1990) donde murieron más de mil personas, la represión se ha extendido al conjunto de las regiones tuareg, acompañada de ejecuciones trajudiciales,
desapariciones, torturas y arrestos arbitrarios. En Mali, los artífices de la
limpieza étnica han provocado miles de víctimas desde 1990. Muchos
pueblos y campamentos tuareg han sido borrados del mapa con sus
habitantes. El silencio que rodea este genocidio y la impunidad no nos
puede dejar al margen de la amplitud de estas masacres y la amenaza de
exterminio de todo un pueblo, hecho que está en el fondo de las actuales
luchas en la región.
¿En qué lugar vivió entre los tuareg Carlos de Foucauld?
Carlos de Foucauld vivió y murió en un pueblo llamado Tamanrasset, en
Argelia. Antes de la actual situación de guerra civil larvada entre los propios argelinos a causa de la elección de un modelo de vida más islámico-radical o más occidental, cuando se realizaba la carrera París-Dakar, uno de los lugares de parada obligada, antes de introducirse en las tierras desérticas que conducen a Niger y después a Malí, era Tamanrasset. Pienso que muy pocos, por no decir nadie, de los que llegaban a esta población por motivos deportivos, sabían que esta población bisagra entre la África blanca y la negra y que lleva el nombre del ued o lecho del río sahariano, habitualmente seco, que transita por ahí, debe su origen a que el hermano Carlos se instaló allí en 1905, cuando tan solo había veinte zeribas, o chozas construidas con madera y ramas de palmera, habitadas por cuarenta y dos personas, y ayudó a los tuaregs en el cultivo agrícola, favoreciendo la creación de una aldea rodeada por las montañas del Hoggar. La región del Hoggar cubre un territorio de 480.000 kilómetros cuadrados, casi la superficie de la España peninsular (491.258 Kms. cuadrados). Tamanrasset es su capital, en pleno Sahara, a 2.000 kilómetros de Argel, y próxima a la frontera de Malí.
Según nos describe maravillosamente bien Javier M. Suescun, que ha
podido visitar esta ciudad, antes de que el conflicto actual desaconseje la
visita de estos lugares por occidentales, “la pueblan algo más de cuarenta
mil heterogéneos habitantes, diseminados por barrios dispersos,
construidos de manera incontrolada: Tuareg nativos de la zona y tuareg
huidos de Malí y Níger; hijos de negros, descendientes de los antiguos
esclavos de los tuareg; comerciantes árabes y bereberes, de la Kabilia
(región al norte de Argelia, entre las comarcas de Argel y Constantine);
jóvenes del norte de Argelia que buscan un empleo; y negros de todo el
Africa Subsahariana…, modernos esclavos de unos y otros, afincados en
Tamanrasset o en tránsito hacia Europa; aquí permanecen unos meses,
ahorran un dinero y emprenden de nuevo camino hacia la tierra de promisión europea o americana; todos ellos, jóvenes entre los 18 y 23 años que se autodenominan ‘aventureros’, pero en realidad son viajeros que huyen del hambre, dispuestos a sufrir para lograr sus objetivos” .
Este es el pueblo en el que el vizconde de Foucauld, el prestigioso
explorador de Marruecos, Carlos de Foucauld, quiso encerrarse en 1905
para vivir en pobreza, en soledad y en el ocultamiento más completo, a
imitación de Jesús de Nazaret. Aquí en Tamanrasset halló, al fin, su rincón, el espacio que con desasosiego venía buscando desde su conversión al
cristianismo, para servir a Dios en absoluta entrega. Aquí transcurrieron sus dieciséis últimos y fecundos años, en silencio y oscuridad, al servicio de los tuareg, viviendo como un tuareg más y realizando una tarea lingüística de primera magnitud. Aquí encontró la muerte el 1 de diciembre de 1916, víctima de un atentado de un grupo religioso senussita, fundado por Mohamed Alí-Es-Senussi (1833) y que actualmente son unos 500.000 extendidos por el Sahara oriental.
¿Cómo esta vida perdida en el interior del Sahara llega a ser conocida?
Carlos de Foucauld, de regreso a Tamanrasset después de un viaje a Francia en 1911, escribió al padre Crozier pidiéndole ayuda para la constitución de “una cofradía fuertemente constituida”, tal y como éste la había fundado: sin ninguna inscripción oficial, ningún registro ni asamblea general o local; simplemente “una invisible familia de almas creyentes, unidas entre ellas por una voluntad de hacer todo lo necesario en y para el Amor”. Tan poco visible y no obstante tan comprometida con Dios y los demás, “La Unión en el Sagrado Corazón y por el Sagrado Corazón es una aplicación eficaz de la comunión de los santos entre todos aquellos que quieren amar y hacer amar al buen Dios y el corazón de Jesús”, dice Crozier en el Excelsior, un pequeño libro que Luis Massignon -islamista, amigo en vida de Carlos de Foucauld y eslabón ente éste y el nacimiento de las Fraternidades seguidoras del carisma del hno. Carlos- dijo que le había hecho tanto bien. Y sin duda es bajo la influencia de Crozier, una influencia silenciosa pero real, que Foucauld, desde 1911 hasta su muerte, va simplificando poco a poco los Estatutos de lo que él denomina la Unión.
Foucauld no encuentra a nadie que se ocupe de su obra en Francia, como
tampoco encontraba discípulos para llegar a ser Hermanos e ir con él al
Sahara. Entonces piensa que un boletín puede reemplazar a los directores
espirituales. Siete meses antes de su muerte, el 28 de abril 1916, escribía a
Joseph Hours: “Veo claramente la finalidad y lo que hay que pedir a los
hermanos de esta Unión; lo que no está tan preciso es la organización”. En
una carta al padre Voillard, director espiritual de Carlos de Foucauld en ese momento, fechada en Pentecostés de 1916, reconoce que no tiene a nadie, pues el p. Caron, el p. Crozier, y el p. Laurain rechazan dirigir la Unión. Pero hay un laico, se sobreentiende que habla de L. Massignon, “a quien se le puede encargar la publicación del boletín y, si Dios le da vida (está en el frente), podría hacer grandes servicios a la cofradía“. Pero Foucauld añade
que hay que buscar un sacerdote. Y el mismo no se ve viniendo a Francia
para tomar la dirección de la Unión: “Me creo el menos capaz de casi la
totalidad de los sacerdotes para las gestiones que hay que realizar, no
sabiendo más que rezar en solitario, callar, vivir entre mis libros, y todo lo
más hablar familiarmente cara a cara con los pobres”.
El 31 de julio de 1916 escribe a su prima diciéndole que trabaja en presentar, “simplificando y abreviando, los Estatutos, modificando completamente la organización“. Hay que precisar pues que en el momento de su muerte Foucauld no había encontrado la forma de su asociación, pero si el fondo; sobre el espíritu lo esencial estaba hecho: más allá de las posiciones debidas a su época, más allá del vocabulario, se refleja el amor extremo hacia Cristo y el Evangelio, la expresión del amor extremo hacia todos, el respeto a la vida de cada uno, todo aquello que había conmocionado a todas las personas que lo conocieron, entre ellas a Luis Massignon.
Para muchos, después de la muerte de Carlos de Foucauld, el 1 de
diciembre de 1916, todo había terminado.
La actitud de Massignon es
completamente diferente; en 1950, dirá retrospectivamente, después de
pasar una noche de adoración en Tamanrasset: “No hay duda de que
Foucauld, a quien me he dado incondicionalmente el 14 de octubre 1913
(siendo el único miembro vivo de los 49 primeros hermanos en el momento de su muerte en 1916), a quien he conducido a mi mujer, que ha bendecido a mi hijo en su carta-testamento que escribió en el día de su muerte, me ha pedido post mortem ‘completar’, sustituirme a él en relación a lo que faltaba a su pasión” .
Cuando Massignon se entera de la muerte de Foucauld, escribe al p. Laurin, a quien Foucauld había escogido para su obra y era el no 2 de la lista de sus miembros. Desea saber en que situación se encuentra la Unión y que va a ocurrir. El p. Laurin le contesta, el 20 de febrero de 1917, de la siguiente manera: “He aquí como están las cosas en relación a la obra: sabe que he enviado un gran número de ejemplares de su Regla (la que usted recibió); a las personas que me había indicado. Ha habido pocas adhesiones. Ningún escrito. Le comuniqué la situación (esto ha sido un proceso largo debido a las distancias). Reflexionó, consultó y se decidió: primero a implificar la Regla; y en segundo lugar a venir a pasar un largo tiempo a Francia después de la guerra, para llevar la dirección del tema y promocionarlo él mismo.
Recibí hace aproximadamente dos meses, escrita poco antes de su muerte,
una carta en la que me decía que la Regla, simplificada, estaba escrita y que
ahora tan solo hacía falta que viniera a Francia. De modo que, como puede
ver, nunca ha habido Unión pues casi nadie respondió a la llamada. Y
actualmente la cosa está, humanamente hablando, completamente
terminada. ¿Ve usted alguna otra solución?
Estoy asombrado de este final. El p. Foucauld era un alma santa, muy
generosa. Parecía que Dios lo había suscitado para alguna cosa especial. Y
he aquí que después de su muerte todo se ha destruido. Quizás tan sólo
debía hacer su obra en el Sahara. Sobre esto compartió muy poco conmigo.
Lo encontraba incluso muy cerrado. Estaba incómodo por el resultado de la
obra. Ahora se encuentra con Jesús. Parece que su idea no se pudo
realizar“. Se puede decir que es una carta de un “discípulo de Emaús”, una
carta que muestra como el p. Laurin esperaba la venida de Foucauld para
establecer todo y ahora había desaparecido. Todo estaba terminado.
Pero pronto todo va a cambiar. El 23 febrero de 1917, Massignon visita a
Mns. Le Roy, superior general de los Padres del Santo Espíritu desde 1896,
para pedirle que acepte presidir la Asociación Foucauld, lo cual acepta, y
por contra partida le pide a Massignon que edite una biografía de Carlos de Foucauld y le autoriza a publicar los estatutos.
Massignon recuerda que Foucauld le había hablado de René Bazin, miembro de la Academia Francesa y le pide una entrevista. Este le invita a venir a visitarlo, cosa que ocurrió el 2 de marzo por la tarde en su casa. Massignon pidió a Bazin que deseaba que fuese él el biógrafo de Carlos de Foucauld. A la pregunta del ¿porqué? Massignon le comentó la carta que Foucauld le había enviado el 11-4-16: “El Sr. René Bazin, sus pensamientos están en gran armonía con los míos“. Entonces Bazin dijo que, si bien entre ellos dos tan sólo hubo un intercambio epistolar, aceptaba la propuesta. Conocemos la importancia que ha tenido para la posteridad espiritual del p. Foucauld, la biografía de R. Bazin , pues gracias a ella muchas personas conocieron su testimonio y legados . Es esta una biografía que Massignon, en 1922, diría que es “densa y profunda” , pero que en conjunto está marcada por numerosos toques de patriotismo de después de la guerra y escrita en un estilo vaporoso.

«Jesús te ha instalado para siempre en la vida de Nazaret: las vidas de misión y de soledad no son, tanto para ti como para Él, sino excepciones; practícalas cada vez que su voluntad lo indique con claridad; cuando ya no esté indicado, vuelve a tu vida de Nazaret”.Pero esta vida no puede concebirse sin las otras dos. El hermano Carlos continúa deseando estas Fraternidades del desierto, dedicadas exclusivamente a la adoración solitaria y que aparecen como el fundamento indispensable de la vida de Nazaret. Las espera. Fue en la Trapa y más tarde en el desierto, donde germinó su vocación de Nazaret; fue en el desierto y en el silencio donde nacieron los hermanos de Jesús; es al desierto a donde deberán volver periódicamente para permanecer fieles a su vocación. Las Fraternidades del desierto serán como los guardianes de este espíritu; mientras que, por otro lado, las Fraternidades de misión tendrán a su cargo el ministerio de los lugares pobres o abandonados, terminando, en un apostolado pastoral, la evangelización silenciosamente comenzada por el testimonio de los hermanos (R. VOILLAUME, En el corazón de las masas, Ediciones Studium, Madrid 1962, 28-29).

Es importante permanecer fieles a la vocación de Nazaret, ya que es la forma de apostolado que les es propia a la Familia Foucauld. El hermano Carlos de Jesús vivió, él mismo, plenamente, esta vocación. Sin embargo, no llegó a ella sino progresivamente, considerándola, incluso, como una etapa provisional, tan extraño le parecía tener que abandonar las perspectivas de una vida solitaria y enclaustrada. Veamos como el padre René Voillaume expresa la evolución del hermano Carlos en un texto particularmente significativo, extraído de un diario del hermano Carlos de Jesús he aquí su contenido íntegro:
“Anhela el establecimiento de los Hermanitos y Hermanitas del Sagrado Corazón de Jesús. Sigue su reglamento como se sigue un Directorio, sin hacerte de él un deber estricto, y sólo en aquello que no es contrario a la vida de Nazaret; ya viviendo sólo, ya estando con algunos Hermanos, y hasta donde haya realmente posibilidad de vivir perfectamente la vida de Hermanito o Hermanita en un Nazaret con clausura, como Jesús en Nazaret; nada de alojamiento lejos de todo lugar habitado, sino cerca de una aldea, como Jesús en Nazaret; no menos de ocho horas de trabajo al día, manual o de otra clase. Siempre que sea posible, manual, como Jesús en Nazaret; ni mucho terreno, ni gran alojamiento, ni grandes gastos, ni siquiera grandes limosnas, sino extrema pobreza en todo…, -como Jesús en Nazaret. En una palabra, en todo: Jesús en Nazaret. Sírvete del Reglamento de los Hermanitos como ayuda para llevar esta vida, como de un libro piadoso; apártate de él resueltamente, en todo lo que no sirva a la imitación perfecta de esta vida”.
La vida de Nazaret a la cual va a entregarse el hermano Carlos, es, pues, claramente distinta de la que concibió en su reglamento de 1899; y, sin embargo, esto no le hace olvidar las Fraternidades aisladas y silenciosas cuya constitución desea. El Hermano Carlos partió de la vida de soledad para realizar la vida de Nazaret, y terminar, de este modo, en la vida de misión. Siente uno el fuego de su amor presto abrazarlo todo. Sin embargo, su camino propio es verdaderamente la imitación de la vida de Nazaret.

Carlos de Foucauld en su Diario, el 11 de noviembre de 1905, ya en Tamanrasset nos da unas indicaciones válidas para nosotros allí donde la Providencia nos ha llevado a vivir. Es de notar las exigencias de encarnación que se nos piden para estar a la altura de nuestra misión.
CUADRO I – PRINCIPIOS VITALES
“Regula tu vida sobre los principios siguientes:
I. Tú eres para siempre Hermanito del Sagrado Corazón de Jesús, en tu residencia o de viaje; en todos los momentos de tu vida sigue siempre el Reglamento lo más perfectamente posible.
II. En las dudas sobre las decisiones a tomar, piensa:
‑ Qué habría hecho Jesús en Nazaret.
‑ Qué aconsejarías a un Hermanito del Sagrado Corazón.
‑ Qué es más ventajoso para la gloria de Dios, es decir, para la salvación de las almas.
‑ Qué te aconsejaría tu Director.
III. No mires nunca tu interés personal; busca siempre únicamente el interés de Jesús, es decir, el interés general de las almas.
IV. Vigílate y corrígete en los puntos siguientes:
‑ Fidelidad en todo instante al Reglamento de los Hermanitos del Sagrado Corazón.
‑ Ver en todo humano a Jesús.
‑ Humilde trabajo manual de Jesús en Nazaret.
– Con tus hermanos perdón, paciencia, esperanza ilimitada, la que tú mismo necesitas.
– Para el bien general de las almas, tienes que hablar con facilidad la lengua tuareg y facilitar su estudio a los que Jesús te envíe.
– ‑Espíritu de pobreza, procurando poseer lo menos posible para ser como Jesús en Nazaret, y para que sólo Jesús sea tu todo.
– Da a conocer poco a poco la moral cristiana y la religión natural, no con discursos largos, sino con cortas palabras, sin salir de la soledad, como María en casa de Isabel, y como Jesús en Nazaret” (Cf. Carlos de Foucauld, Obras. Espirituales, San Pablo, Madrid 1998, 137)
El 10 de junio de 1915 da este consejo a su amigo Massignon que está en el frente: “Hacer el bien por el ejemplo” y pide que pueda hacer el bien por mucho tiempo. Así fue: Massignon volvió salvo de la guerra y pudo ser el continuador de la obra emprendida por su amigo, dando a conocer su vida y su mensaje:
“Que Dios le guarde en los Dardanelos, en Oriente, en cualquier lugar en que esté en esta guerra, que Él perfeccione allí cada vez más su alma por el deber de cada día santamente cumplido, por la voluntad cada vez más unida a la Suya, que Él le lleve a hacer el bien a los demás por el buen ejemplo, la bondad: que su bondad le distinga de los otros, y le reconozcan como cristiano, como muy cristiano, así como el buen ejemplo continuado. Que la sagrada familia de Nazaret, guarde su hogar. Que vuelva Vd. a él, y a hacer el bien por mucho tiempo, un bien que llegue muy lejos” (Cf. Carlos de Foucauld, Obras. Espirituales, San Pablo, Madrid 1998, 211).

Carlos de Foucauld con su testimonio de vida nos muestra como la espiritualidad que él nos propone, “la espiritualidad de Nazaret” se puede vivir en cualquier situación de estado de vida: en el celibato o en el matrimonio, en la vida religiosa o en la vida de familia, en el sacerdocio y en el laicado, en solitario o viviendo en comunidad. Se expresa en un lenguaje de presencia ante Dios y ante los hombres, de compartir la vida, de amistad y de solidaridad. No es una espiritualidad del desierto ni del eremitismo. Es, por el contrario, una espiritualidad de la relación en sus dos dimensiones, la humana y la divina: relación de amor con Dios, que se ha hecho uno de nosotros en Jesús -cuya presencia se busca y se celebra sobre todo en la Eucaristía-, relación de amor con los hombres y mujeres, cuya vida se quiere compartir, desde el lugar del servidor para amar como Jesús, sin excluir a nadie y en solidaridad con los más pobres. Es la imitación de la vida de Jesús, Jesús de Nazaret, viviendo en las relaciones humanas más ordinarias una relación única con el Padre.
El misterio de Nazaret manifiesta la total integridad y verdad de la naturaleza humana de Jesús. Este misterio supone que Jesús apareció entre los suyos, hombre como los demás, sin manifestar en nada, durante los años de su juventud, su cualidad de Mesías. La vida de Nazaret es en resumidas cuentas el misterio de una ausencia de misterio en la vida humana y social de Jesús: y es esto, probablemente, lo que es profundamente misterioso.
Trabajar, sufrir y callar, debemos practicar esto a fondo para dar testimonio y otras personas puedan seguir los mismos pasos que siguió Jesús. Esto es lo que le indica Carlos de Foucauld a su prima la Sra. De Bondy:
“Estoy totalmente de acuerdo con Vd. cuando me comenta su horror por las recriminaciones de la hora presente: hay cosas que cojean por todas partes; pero hay que dar ejemplo confianza, de esperanza, de valor y de disciplina, y practicarlas a fondo nosotros mismos para que otros las practiquen… ‘Trabajar, sufrir y callar’, está escrito en una estampa de San Juan de la Cruz que me dio nuestro padre (Huvelin) hace más de veintiséis años: es bueno practicarlo en muchas situaciones y tiempos. Me encuentro bien: el invierno es aquí la estación buena. Pero acabo de darme cuenta, a causa de unos continuos zumbidos en el oído, que estoy casi sordo del oído derecho; el izquierdo oye normalmente; pero no es en absoluto molesto. Es probable que más pronto o más tarde le toque el turno al oído izquierdo; para un ermitaño la sordera es la enfermedad soñada. Debo agradecer a Dios, que sean los oídos y no los ojos, lo cual sería muy fastidioso. Los ojos van muy bien” (Carta a la Sra. de Bondy, Tamanrasset, 29 enero 1916 en Obras. Espirituales, San Pablo, Madrid 1998, 223).

Hemos dividido esta exposición en dos partes. En la primera hablaremos brevemente del proceso de beatificación del hermano Carlos de Foucauld. Y en la segunda de su testamento espiritual1.
Proceso de beatificación
En este momento todos nos alegramos del hecho de que Carlos de Foucauld sea un nuevo beato. Pero ¿cómo es que se han tardado 89 años para poderlo beatificar?2
El proceso comenzó el año 1925 en diez diócesis, Argel, París, Viviers, Périgueux, etc., en donde había testigos de su vida, en lo que se llama el “proceso requisitorio”. Mientras se iba reuniendo, clasificando y descifrando todo lo que el hermano Carlos escribió.
Diez años, entre 1930 y 1940, tardaron las Hermanas Blancas de Argel para mecanografiar todo el material, ya que de trabajos científicos había 539 folios; escritos espirituales 7.624 folios; de correspondencia 6.417 folios. En total 14.580 folios. Todo este material, recogido en tres volúmenes, junto con las Actas de los diferentes Procedimientos, llegó a Roma en 1946.
Diez años más tarde, a causa de la guerra de Argelia, el papa Pío XII pidió parar el proceso, que no se reabrirá de nuevo hasta marzo de 1967. El Concilio Vaticano II, que fue inaugurado por el papa Juan XXIII el 11 de octubre de 1962, dio un nuevo aliento a esta causa, pues sin mencionarlo directamente Carlos de Foucauld estuvo en un primer plano. Si bien su nombre no sale en ningún documento, muchos obispos, las comunidades de base que surgían por todas partes y el movimiento “Por una Iglesia servidora y pobre” liderada por el padre Paul Goutier en Nazaret, hicieron que el proceso avanzara. Fue en este contexto que el padre Congar dijo a los padres conciliares: “Teresa de Lisieux y Carlos de Foucauld son dos faros que Dios ha puesto en nuestro camino”.
Fue el año1979 cuando la Congregación para la causa de los santos pidió una positio documentada, es decir, una relación, con documentación de apoyo, sobre las cuestiones más delicadas. ¿Cuáles eran?
Primera cuestión: Carlos de Foucauld, que vivió con una mujer cuando tuvo una vida disoluta, ¿tuvo descendencia? Pregunta difícil y delicada que el presidente de la asociación Amitiés Charles de Foucauld, el General de Suremain, antiguo especialista en informes militares, durante tres años de búsqueda intentó esclarecer. La señora que vivió con Foucauld, conocida por el nombre de Mimí, era de Pont-à-Mousson y había sido bailarina. El General de Suremain investigó en los archivos de la ópera de París. Investigó en un grupo de bailarinas que venían, invitadas por Foucauld, a sus bulliciosas fiestas. En ningún caso el General encontró rastro de Mimí ni de cualquier otra bailarina que hubiese frecuentado al joven oficial.
Segunda cuestión: La Congregación quería saber la razón de que durante toda su vida, incluso cuando dejó el mundo, había estado tan unido a su familia. Y en concreto, ¿cuál fue su relación con su prima Maria de Bondy? ¿No había una historia amorosa entre ellos? Se demostró que fue una relación de un profundo respeto. Fueron sus directores espirituales quienes le animaron a mantener estos lazos con su familia, que no le desprotegieron de bienes, lo que fue útil para la abadía de la Trapa.
Tercera cuestión de las autoridades vaticanas: Querían saber cual era la situación de la compra que Foucauld hizo de la Montaña de las Bienaventuranzas, pues había un litigio con los franciscanos, que finalmente se hicieron con el lugar. La Postulación pudo demostrar que la persona que actuaba en nombre de Foucauld no ganó dinero en esta gestión y que la familia no pudo recuperar el dinero adelantado.
Cuarta pregunta: Roma quería asegurarse de la estabilidad de su vocación. ¿Cómo explicar que quisiera ser trapista, ermitaño y después misionero? La Postulación ha podido demostrar que era una misma vocación en búsqueda y que se pudo realizar.
Quinta pregunta: ¿Cuáles fueron sus relaciones con los militares franceses, pues algunos lo presentan como espía del ejército francés? La Postulación pudo probar que si estaba próximo a los soldados franceses era porque se sentía responsable de estos y deseaba que tuviesen un comportamiento impecable. En relación a los informes, estos no eran de índole militar ya que llegaban, dadas las distancias, por lo menos dos días después de que los hechos se produjesen..
Sexta cuestión: ¿Porqué fue tan virulento contra Alemania? ¿Porqué tanta pasión-odio, en una persona tan afable? La Postulación demostró que no atacaba a los alemanes, sino a la civilización prusiana profundamente anticatólica. Si hablaba de “cruzada”, palabra nada pacífica, era para defender la civilización cristiana contra el paganismo alemán y contra la idea de una “raza fuerte”. Foucauld pensaba sinceramente que un pueblo que hace la guerra a Francia es hostil a la Iglesia y a la libertad.
Séptima cuestión: ¿Era antisemita cuando describe a los judíos como “sucios, avaros y tramposos”? Esto lo hizo haciendo una descripción, en unas circunstancias concretas, en su viaje a Marruecos, pero se sabe que pronto tuvo amigos judíos.
Todas estas preguntas llevaron mucho tiempo y a partir de 1990 el equipo de Postulación nada más estaba compuesto por cinco o seis personas, auténticos militantes foucouldianos que trabajaban junto a Mons. Bouvier. Pierre Sourisseau, el Secretario, el General de Suremain, el hermano de Jesús Antoine Chatelard en Tamanrasset, Maurice Serpette, y Louis Kergoat, se sintieron a veces un poco solos cuando se tenía que proseguir las investigaciones Además, tuvieron que defender ideas o calumnias contra Foucauld, como la del escritor Jean-Edern Hallier, que ha escrito una biografía novelada y provocadora de Carlos de Foucauld, L’Evangile du fou (El Evangelio del loco)3, donde le acusa de pederastia al estar siempre rodeado de niños; o bien responder adecuadamente a Jean-Marie Muller, miembro fundador del “Movimiento por una alternativa no-violenta”, que acusa a Foucauld, llevado de una ideología rigorista, en primer lugar de colonialista y después de nacionalista recalcitrante por defender la guerra, aunque sea justa, pues, según este autor del libro Charles de Foucauld, hermano universal o monje-soldado4 , ante la guerra nada más vale un absoluto anatema. ¿Qué responder? ¿Cómo probarlo? Estas cuestiones son las que han hecho retardar la causa de beatificación y que de una manera clara y honesta intentan responder en el libro al que ahora haremos referencia, El Testamento de Carlos de Foucauld5.
El testamento espiritual
De la vida de Carlos de Foucauld, hecha de rupturas y de búsquedas, algunos retienen especialmente su búsqueda constante de la imitación de Cristo en el desposeimiento y la pobreza. No hay más que ver su utilización del tiempo de cada día, extremadamente minucioso, para darse cuenta de cómo estuvo influenciado por su paso por la Trapa. Se mantendrá monje hasta el final de sus días, rezando durante largas horas, alimentándose poquísimo, durmiendo poco para poder realizar la adoración del Santísimo. Pero, al mismo tiempo, ha querido llevar esta vida en medio de la gente, no importando el lugar, allí donde el Evangelio no ha sido anunciado. Había en él esta voluntad de llevar la Eucaristía, esta es la razón por la que quiso ser sacerdote, a las colonias francesas de religión musulmana. Fue, por tanto, igualmente misionero.
Sin querer entrar en una falsa polémica, Jean François Six, Maurice Serpette y Pierre Sourisseau, en el libro ya citado del Testamento de Carlos de Foucauld, se fijan especialmente en los años del final de su vida, es decir en el momento en que se instala en Tamanrasset, su Nazaret, donde comienza ya a tener clara su vocación, Nos referimos a los años que van de 1908 a 1916. Incluso si todavía tenía tensión entre diversas “llamadas”, al menos sabía lo que había venido a hacer al Sahara y lo que podría ser esa “cofradía” en la que soñaba durante el periodo último de su vida, esa asociación clérigo-laical, que no era una orden religiosa y que llamará la Unión de los Hermanos y Hermanas del sagrado Corazón de Jesús.
Los tres autores han realizado un trabajo minucioso. Sabemos bien del trabajo obstinado de Jean François Six, especialmente en su trabajo en Itinerario espiritual de Carlos de Foucauld, o del estudio de la correspondencia de este con su director espiritual, el padre Huvelin, o las cartas que dirigió Foucauld a Luís Massignon; pero hay que subrayar el inmenso trabajo de historiador que ha hecho Pierre Sourisseau. En la Postulación es él quien ha hecho el más grande trabajo de documentación y de verificación. Su aportación queda bien reflejada en el citado libro. ¿Qué es pues lo que aprendemos en este escrito? En primer lugar que Carlos de Foucauld participa plenamente en la idea de colonizar Argelia, como la mayoría de los franceses de aquella época, como queda reflejado en las palabras que Jules Ferry dijo en la Cámara de los diputados franceses, con la mentalidad de la época: “Hay que decir claramente que las razas superiores tienen un deber en relación a las razas inferiores. Repito que para las razas superiores hay un derecho porque existe un deber. Tienen el deber de civilizar las razas inferiores”.
Carlos de Foucauld lo veía también así, incluso cuando insistía sobre los deberes de las naciones colonizadoras, añadiendo el verbo “evangelizar”. Él no está en Argelia para servir como auxiliar a la administración francesa, sino para llevar el Evangelio, pues, para él resulta insoportable saber que estas poblaciones abandonadas no han oído nunca hablar de Jesucristo. No pretende tanto hacer cristianos, sabemos que después de sus quince años pasados en el Sahara no hizo ninguna conversión, sino llevarles al menos alguna nueva perspectiva. El desea para estas poblaciones en un primer tiempo una “religión natural”. Como dice el propio Carlos de Foucauld, “no se trata propiamente de una evangelización, pues no soy digno ni capaz y la hora no ha llegado. Se trata de un trabajo preparatorio a la evangelización, el entrar en la confianza y la amistad”. Los autores del libro al que estamos haciendo referencia traducen así la voluntad del hermano Carlos: “El desarrollo de una moral natural y de una religión natural le parece como una apertura para la fe cristiana”. Y sitúan esta frase de Carlos de Foucauld: “Hay que conseguir de ellos que sean iguales a nosotros intelectualmente y moralmente”. Se trata, según Foucauld, de “conducirlos a una vida mejor, según la religión natural, por la palabra y el ejemplo; desarrollar su instrucción, darles una educación igual a la nuestra… Predicar Jesús a los tuareg, no creo que Jesús lo quiera, ni de mi ni de nadie. Esto sería el medio de retrasar no de avanzar su conversión. Esto les pondría en desconfianza, los alejaría, lejos de acercarlos”.
Para poder realizar bien el trabajo imagina la posibilidad de que vengan sacerdotes de incógnito, por ejemplo, le hace esta propuesta a Luís Massignon, que se prepararía con él al sacerdocio i como sacerdote de incógnito, después, trabajaría como Foucauld en un formidable trabajo lingüístico; o que las religiosas sean reemplazadas por “enfermeras laicas”, entregadas a Jesús plenamente, así como laicos, célibes o casados, que sean buenos comerciantes, agricultores, etc. En esto emplea toda su energía, en poner en marcha una cofradía, nombre que aparece en 1908, por la que viene varias veces a Francia para poner en funcionamiento esta asociación espiritual llamada “piadosa unión”.
Verdaderamente ha cambiado mucho su idea a nivel de estructura, pero ha conservado siempre del mismo modo los tres fines que han de seguir los que le quieran seguir, lo que se denomina las tres E (Evangelio, Eucaristía y Evangelización): Imitar a Jesús es el primer fin. Esto concierne al nivel de conversión personal, conversión que se realiza todos los días en relación a los actos que se refieren a Jesús del Evangelio. La segunda finalidad concierne a la manifestación de una vida de fe centrada en Jesús en la Eucaristía. La tercera finalidad lleva a la Evangelización. Carlos de Foucauld quería movilizar a los laicos. Tiene siempre muy presente el ejemplo de Priscila y Aquila, amigos de san Pablo, que “viendo, escribe Foucauld aquello que el sacerdote no ve, penetrando allí donde él no puede penetrar, yendo a aquellos que le huyen, evangelizando por un contacto bienhechor, una bondad desbordante para todos, un afecto siempre dispuesto a entregarse”.
Foucauld propone al final de su vida no una orden religiosa más, sino una “Unión”, que hoy sería, a mi modo de ver, la “familia Foucauld”, compuesta de diferentes grupos y con diferentes sensibilidades dentro del mismo carisma, que como “un movimiento evangelizador universal”, como dicen los autores del libro al que aquí hacemos referencia, “que será una revolución en la Iglesia en tanto que comunidad evangélica y evangelizadora, una comunidad nómada en tanto que sus miembros están dispersos pero que no actúan de una manera dispersa: están reunidos en la Comunión de los santos”. Actuando de qué manera? Por el testimonio personal y comunitario, y practicando el apostolado de la bondad. En un mundo lleno de palabras, frecuentemente engañosas, tenemos necesidad de testimonios de vida auténticos. Tenemos necesidad de silencio adorarador y compromiso por la justicia. La novedad del mensaje de Foucauld es conjugar bien estas tres dimensiones que vivió Jesús: Nazaret, Desierto y Palestina. Es decir, cuando vivimos silenciosamente Nazaret lo hacemos para poder un día anunciar el Reino de Dios y nazca la Iglesia, pero hay que tener la paciencia de Dios y esto no se puede hacer de cualquier manera, pues no es lo mismo ser un portador del Evangelio en Europa o en África, por ejemplo. Por otra parte, no podemos anunciar a Cristo, o vivir Palestina (la Evangelización) si no somos personas enraizadas en el Nazaret de Jesús, es decir, gente humilde y pobre del Pueblo de Dios. I, finalmente, no podemos anunciar a Cristo adecuadamente si no pasamos por el Desierto donde nos purificamos y contemplamos la Gloria de Dios presente en la Eucaristía. Como comunidad de creyentes y seguidores del carpintero de Nazaret, hemos de construir entre todos una Iglesia pobre, como también la quería Francisco de Asís, que utiliza medios pobres, como la caridad fraterna y cercana a los más necesitados de nuestro tiempo. Es decir, realizando acciones que toquen el corazón de las personas. No estamos hablando de marketing. Recuerdo la siguiente anécdota del abbé Pierre: “Un día un obispo joven vino a verme. De una manera ingenua me dijo: Usted que tiene muchos contactos con los medios de comunicación, les podría decir que no son muy amables con nosotros. Le contesté: ¿Qué son los medios de comunicación social? Unas personas que se ganan la vida en función de la audiencia que tienen. Si no tienen oyentes o teleespectadores los quitan. Si no se interesan por vosotros puede ser que entre vosotros no haya muchos que se mojen en los asuntos que tocan el corazón de las personas. La madre Teresa de Calcuta tiene una gran audiencia y vosotros sabéis porqué”6.
El hermano Carlos envía su testamento a su cuñado Raymond de Clic con estas palabras:”Mi querido Raymond: te envío adjunto mi testamento (…). Mi testamento es de risa, pues no tengo nada: no obstante como lo poco que tengo puede servir para la Evangelización y para la gloria de Dios, en las manos de los Padres Blancos, quiero decirte mis intenciones al respecto (Se refiere a sus tres casas: Beni Abbés, Tamanrasset y el Asekrem…). Deseo ser enterrado en el mismo lugar donde muera, y reposar allí hasta la resurrección (…) Te abrazo de todo corazón como te he querido en el Corazón del Bien Amado Jesús”. Podemos preguntarnos, para terminar, ¿qué pasó enseguida después de su muerte? Después de su muerte el 1º de diciembre de 1916, Carlos de Foucauld fue enterrado rápidamente en una fosa que rodeaba el borj o fortín, con los tres militares árabes que fueron abatidos por los tuaregs rebeldes. Allí permanecieron un año. En diciembre de 1917, el general Laperrine, gran amigo de Foucauld, hizo cambiar los cuerpos de lugar pues podían llenarse de agua con las lluvias, y fueron trasladados a doscientos metros del fortín, en la cima de una pequeña colina, que se ve de lejos. La tumba de Foucauld era simple, sin inscripción y coronada con una cruz de madera negra. Fue allí que el general Laperrine fue enterrado cuatro años más tarde cuando murió a causa de un accidente de avión.
Cuando el “proceso informativo sobre la vida, las virtudes y el reconocimiento de santidad” fue abierto en 1927, el prefecto apostólico de Ghardaia hizo trasladar su cuerpo en el cementerio cristiano más cercano, el de El Golea, colocándolo en una gran tumba, que seguramente el padre Foucauld no hubiese querido. Este tumba y cementerio es cuidado por un Padre Blanco, el padre Le Clerc. Pero antes de trasladar el cuerpo del padre Foucauld, su corazón fue extraído y dejado en Tamanrasset en un pequeño mausoleo dedicado al general Laperrine, como detalla el biógrafo de Carlos de Foucauld, René Bazin7. Al final de la guerra de Argelia en 1962 el cuerpo de Laperrine fue llevado a Francia y el corazón de Carlos de Foucauld fue confiado a los hermanos de Tamanrasset. El lugar donde se encuentra es un secreto. Algunos piensan que el corazón de Foucauld, que estaba en buen estado en 1929, podría estar en el Assekrem. Es un secreto. Quizá los hermanos no lo han desvelado para no hacer un culto entorno a Foucauld. La Familia Carlos de Foucauld nunca consideró que la beatificación fuese algo prioritario. Pero una vez que la Iglesia hace este reconocimiento de santidad de uno de sus hijos, todos damos gracias a Dios!.
1 Conferencia realizada el día 19 de enero de 2006 en el seno de la Primer Jornada de estudio del Instituto de Teología Espiritual de Barcelona, acto realizado conjuntamente con la Familia Carlos de Foucauld y el Instituto Emmanuel Mounier Cataluña.
2 Cf. D. GERBAUD, Le processus de béatification. Une longue enquête de personnalité, La Croix, 13 novembre 2005.
3 J. E. HALLIER, l’Evangile du fou. Charles de Foucauld le manuscrit de ma mère morta. Albin Michel, París 1986
4 J. M. MULLER, Charles de Foucauld, frère universel ou moine-soldat, París 2002
5 AA. VV., El Testamento de Carlos de Foucauld, Editorial San Pablo, Madrid 2005
6 ABBÉ PIERRE – B. KOUCHNER, Dieu et les hommes, Ed. Robert Laffont, París 1993
7 “Tal como estaba, el corazón fue colocado en un cofrecito destinado a permanecer en Tamanrasset y que debía de ser depositado en el monumento levantado a la memoria del genral Laperrine… El 20 de abril, el cofrecito que guardaba el corazón del Padre de Foucauld fue colocado en el monumento del general Laperrine. Ese cofrecito fue sellado por el Prefecto Apostólico y encerrado en una caja de madera blanca, en cuyo interior, un segundo documento, colocado en un frasco de vidrio sellado, indica que la llave del cofrecito la tiene como depositario el Prefecto Apostólico de Ghardaia, junto al presente proceso verbal. Tamanrasset 21 de abril de 1929”, R. BAZIN, Carlos de Foucauld, explorador de Marruecos ermitaño en el Sahara, Editorial Difusión, Buenos Aires 1950