Lo que escribió el Cardenal Ratzinger sobre Nazaret y Charles de Foucauld


He aquí lo que el cardenal-arzobispo de Munich, Joseph RATZINGER, escribió sobre NAZARETH y Charles de FOUCAULD en 1976 en «El Dios de Jesucristo», obra dedicada «A mis compañeros, con motivo del 25 aniversario de nuestra ordenación sacerdotal, 1951-1976”:

La Iglesia no puede crecer ni prosperar si se ignora que sus raíces están escondidas en la atmósfera de Nazaret.

En un momento en que florecía el sentimentalismo en torno a Nazaret, el verdadero misterio de Nazaret se descubrió, de una manera nueva, en su contenido más profundo, sin que los contemporáneos se dieran cuenta.

Fue Charles de Foucauld quien, en busca del «último lugar», encontró Nazaret. Durante su peregrinación a Tierra Santa, fue el lugar que más lo marcó: no se sintió llamado “a seguir a Jesús en su vida pública. Es Nazaret la que se apodera de él en lo más profundo de su corazón”. Quería seguir a Jesús silencioso, pobre y trabajador. Quería cumplir al pie de la letra la palabra de Jesús: «Cuando te inviten, ve y ponte en último lugar» (Lc 14,10). Sabía que Jesús mismo había dado la explicación de esta palabra al vivirla primero; sabía que, incluso antes de morir en la cruz, desnudo y sin el menor bien, Jesús había elegido el último lugar en Nazaret. Charles de Foucauld encontró su Nazaret primero en la trapa de Notre-Dame-des-Neiges (1890), luego , solo seis meses después, en Siria en una trapa aún peor, Notre-Dame-du-Sacré-Coeur. Desde allí escribe a su hermana: «Hacemos trabajo campesino, trabajo infinitamente saludable para el alma, durante el cual se puede rezar y meditar… Entendemos tan bien lo que es un pedazo de pan cuando sabes por experiencia lo difícil es hacerlo…»

Charles de Foucauld, siguiendo las huellas de los «misterios de la vida de Jesús», encontró al Jesús trabajador. Encontró al verdadero “Jesús histórico”. En 1892, cuando Charles de Foucauld trabajaba en Notre-Dame-du-Sacré-Coeur, el libro histórico de Martin Kähler, Der sogenannte historische Jesus und der geschichtliche, biblische Christus (N.d.T.: Le Jésus dit de history and the historico-bíblical Cristo) Esta fue una primera cumbre en el debate sobre el Jesús de la Historia. El hermano Charles, en su trapa en Siria, no sabía nada al respecto. Pero al entrar en la experiencia de Nazaret, aprendió más de lo que esta sabia discusión puede sacar a la luz.

Allí, en la meditación viva de Jesús, se abrió un camino nuevo para la Iglesia. Porque trabajar con el trabajador Jesús y sumergirse en “Nazaret” sirvió como punto de partida tanto para la idea como para la realidad del sacerdote obrero. Fue un redescubrimiento de la pobreza para la Iglesia Nazaret tiene un mensaje permanente para la Iglesia. La Nueva Alianza no comienza en el Templo, ni en el Monte Sagrado, sino en la pequeña morada de la Virgen, en la casa del obrero, en uno de los lugares olvidados de la «Galilea de los paganos», de donde nadie espera nada de bueno. Solo entonces la Iglesia podrá comenzar de nuevo a sanar. Nunca podrá dar la verdadera respuesta a la rebelión de nuestro siglo contra el poder de la riqueza, si, en sí misma, Nazaret no es una realidad vivida.

Joseph RATZINGER, El Dios de Jesucristo
(Traducido del alemán por Yves y Marie-Noëlle de Torcy)
Comunión-Fayard, 1977; extractos: pág. 77-80.

http://lafregate.over-blog.com/article-4498444.html

Carlos de Foucauld peregrino a Nazaret y Loreto


Al ir a Nazaret, sintió el deseo de imitar la vida de pobreza, oración, trabajo y humildad de la Sagrada Familia, viviendo también en una pequeña choza. Nazaret fue el lugar de Tierra Santa que más le impresionó. En un período en el que Nazaret atrajo la piedad cristiana de una manera tal vez demasiado sentimental y poética, para Carlo de Foucauld fue una oportunidad de encontrarse con el verdadero e histórico Cristo. Es interesante reportar lo que el Card. Ratzinger, entonces arzobispo de Munich y ahora Papa Benedicto XVI: “Justo cuando el sentimentalismo rodeaba a Nazaret, se descubrió en su contenido más profundo el verdadero misterio de Nazaret… Fue Carlos de Foucauld quien, en busca del último lugar, encontró Nazaret. .. es Nazaret que lo hirió en lo más profundo de su corazón. Quería imitar a Jesús silencioso, pobre, trabajador… Siguiendo las huellas de los misterios de la vida de Jesús, encontró al Jesús trabajador, encontró al verdadero Jesús histórico… Allí, en la meditación viva de Jesús, se abrió un nuevo camino para la Iglesia… Nazaret ha un mensaje permanente para la iglesia. La Nueva Alianza no comienza en el Templo, ni en el Monte Sagrado, sino en la casita de la Virgen, en la casa del obrero, en uno de los lugares olvidados de la Galilea de los paganos, del que nadie esperaba cualquier cosa buena. Sólo a partir de ahí la Iglesia podrá cobrar nuevos impulsos y sanar”. La Nueva Alianza no comienza en el Templo, ni en el Monte Sagrado, sino en la casita de la Virgen, en la casa del obrero, en uno de los lugares olvidados de la Galilea de los paganos, del que nadie esperaba cualquier cosa buena. Sólo a partir de ahí la Iglesia podrá cobrar nuevos impulsos y sanar”. La Nueva Alianza no comienza en el Templo, ni en el Monte Sagrado, sino en la casita de la Virgen, en la casa del obrero, en uno de los lugares olvidados de la Galilea de los paganos, del que nadie esperaba cualquier cosa buena. Sólo a partir de ahí la Iglesia podrá cobrar nuevos impulsos y sanar”. 

En 1900 Charles de Foucauld abandonó Tierra Santa y regresó a Francia. Se estaba preparando para el sacerdocio. Teniendo que ir a Roma, quiso visitar también el ‘Nazaret italiano’, es decir el santuario de Loreto (29 de agosto). Estando aún en Nazaret, el 10 de diciembre de 1897, día de la fiesta de Nuestra Señora de Loreto, escribe en su diario una hermosa página sobre la Santa Casa: «Hoy es la fiesta de la Santa Casa de Loreto, la mitad de que ha quedado en Nazaret, en la peña donde fue excavada (la cueva) y la otra mitad llevada por los ángeles a Loreto. Casa bendita donde voy todos los días, casa amada donde me arrodillo con tanta frecuencia, donde tantas veces he adorado y recibido tu santísimo Cuerpo, oh Jesús, casa donde María y José pasaban horas a los pies de Jesús escondido, en bienaventurada contemplación. Casa que luego vio al niño Jesús en los brazos de su Madre, Jesús adolescente, hijo modelo de infinita bondad, Jesús joven que acogió el último suspiro de José, Jesús hombre que trabajó para sostener a su Madre… Casa que durante treinta años ha escuchado la voz de Jesús, una casa entre cuyos muros latió su Corazón durante treinta años, una casa desde la que subió al cielo una oración constante… Casa que se convirtió en Cielo, donde adoraron a la Reina de los ángeles y a su santo Esposo durante treinta años, junto con miríadas de ángeles, el Rey de los cielos que habitaba entre ellos… ¡Bendita sea, oh santa casa! Y tú, Madre mía, que sigues viviendo espiritualmente en este lugar que te era tan querido por la presencia de la hueste divina, bendice a todos los que se dedican a este dulce hogar.

http://www.devozionemariana.org/4-santi-dei-nostri-giorni/charles-de-foucould

NAZARET

“Suspiro por Nazaret”. (Carta a la Sra. de Bondy, 26 diciembre 1893)

Carlos de Foucauld, en Tierra Santa concreta su vocación: seguir e imitar a Jesús en Nazaret. En 1888, en la visita que realiza a Tierra Santa, por orden del P. Huvelin, andando por donde anduvo Jesús, por las mismas ciudades, por los mismos caminos, tiene una profunda e impresionante vivencia de la vida de Jesús en Nazaret. «Toma como objetivo la vida de Nazaret, en todo y por todo, con su sencillez La Encarnación del Hijo de Dios Ser infinito, el Todopoderoso, haciéndose hombre, el último de los hombres.” “Dios, el Experiencia que determinará todo su vivir en adelante, determinándose a abrazar una vida de oración y pobreza, que le configurase lo más posible a Jesús en Nazaret. Influencia de un sermón de su confesor y determinación: Del P. Huvelin en 1887 le impacta una frase que le influye en toda su vida escogió el último lugar, que nadie jamás se lo podrá arrebatar”: “Jesús, de tal manera (Retiro en Nazaret, 8 noviembre 1897)

Se siente débil, pero anhelando siempre vivir como Jesús de Nazaret: «Amo a nuestro Señor Jesucristo, aunque con un corazón que querría amar más y mejor, pero, en fin, le amo, y no puedo soportar llevar una vida distinta a la suya…» (Carta a Henry de Castries, 14 agosto 1901)

«Quien ama quiere imitar. Ese el secreto de mi vida: Perdí mi corazón por aquel Jesús de Nazaret y paso mi vida buscando cómo imitarlo, tanto como lo puede mi debilidad.» (Carta a Henri Duveyrier, 1890)

A lo largo de los años, su manera de representarse la vida de Jesús en Nazaret y su sentido va evolucionar de una vida más bien escondida a una vida compartida y cercana a los demás. “La vida de Nazaret puede llevarse en todas partes: hazlo en el lugar más útil para el prójimo” (Dia rio, 22 de julio 1905)

«Nazaret es el lugar donde transcurre la vida de la mayoría de la gente. Tenemos que respetar infinitamente a los más pequeños de nuestros hermanos… y mezclarnos con ellos” Tamanrasset, junio 1916) En Textos más amplios (Diario misterio del acercamiento de Dios a la humanidad se simboliza en la vida de Nazaret: el Hijo mismo de Dios, verdadera imagen de Dios sumamente humilde “Bajó con ellos y vino a Nazaret y les estaba sujeto” (Lc 2, 39). Toda su vida, no hizo más que bajar: bajar encarnándose, bajar haciéndose niño pequeño, bajar obedeciendo, bajar haciéndose pobre, abandonado, exiliado, perseguido, poniéndose siempre en el último lugar: “Cuando os inviten a un banquete, poneos siempre en el último lugar”, es lo que hizo Él de sde su entrada en el banquete de la vida hasta su muerte. Jesús vino a Nazaret, el lugar de la vida oculta, de la vida ordinaria, de la vida de familia, de oración, de trabajo, de oscuridad, de virtudes silenciosas, practicadas sin más testigos que Dios, s us prójimos, sus vecinos, testigos de esa vida santa, humilde, bienhechora, oscura, que es la de la mayor parte de los humanos y de la que dio ejemplo durante treinta años…” (Diario, Tamanrasset, junio 1916.)

El mismo Carlos de Foucauld , nos explica su vivencia al abrazar la vida religiosa como trapense en 1890, ya que prevé que ahí podrá realizar su bendita obsesión de imitar lo más posible a Jesús pobre en Nazaret. «Yo no me sentía hecho para imitar su vida pública en la predicación; p or tanto, debía imitar la vida escondida del humilde y pobre obrero de Nazaret. Me parecía que nada me ofrecía esta vida mejor que la Trapa. … ¿Por qué entré en la Trapa? Por amor, por puro amor… Amo a nuestro Señor Jesucristo, aunque con un corazón que querría amar más y mejor, pero, en fin, le amo, y no puedo soportar llevar una vida distinta a la suya, una vida tranquila y honorable cuando la suya fue la más dura y la más despreciada que haya existido… no quiero recorrer la vida en primera clase mientras que Aquél a quien amo la ha recorrido en la última.» (Carta a Henry de Castries 14 agosto 1901)

Anhela vivamente alcanzar el último lugar como Jesús en Nazaret «Que sea un buen religioso, lleno de humildad, de pobreza, de obediencia, eso es lo que hay que pedir a Dios para mí, que sea con El un pobre y humilde obrero, viviendo en la fidelidad, el amor, el agradecimiento, la vida más baja, siempre en el último lugar, este querido último lugar que ha sido el de Jesús aquí abajo.» (Carta a D. Martin, 1 2 septiembre 1892)

Descubriendo las casas de la pobre gente alrededor de la Trapa, en Siria, empieza a pensar que la pobreza de Jesús en Nazaret se podría parecer a la de estas familias. “Hace unos días me enviaron a rezar a la casa de un pobre indígena católico muerto en la aldea vecina: ¡qué diferencia entre esta casa y nuestras habitaciones! Suspiro por Nazaret” (Carta a la Sra. Bondy, 10 abril 1894)

Por eso desea una vida religiosa más semejante a la vida de estas familias pobres. «Mi sed de cambia r mi estado religioso por el de simple familiar, de simple jornalero de cualquier convento se hace cada vez más intensa (…) Son las mismas aspiraciones, pero cada día más fuertes. Cada día veo más claro que aquí no estoy en mi sitio, cada día deseo más precipitarme en el último abajamiento, siguiendo a Nuestro Señor.» (Carta a la Sra. Bondy, 19 marzo 1896)

Después de siete años de vida religiosa y tres de espera, obtiene la dispensa de sus votos y el permiso del P. Huvelin para emprender una nueva y san Jesús de Nazaret que incesantemente busca. ta aventura hacia la configuración con «El 23 de enero de 1897, el reverendísimo Padre General declara que la voluntad de Dios es que fuera de la Trapa yo siga esa atracción creciente hacia la vida de abyección, trabajo, de oscuridad profunda, de la cual tengo la visión hace tanto tiempo.» (Notas de un Retiro en 1897) de humilde Carlos de Foucauld se traslada a Tierra Santa donde va a permanecer varios años, sin ninguna otra motivación que vivir por fin el ardiente deseo que Dios le había regalado: «Obtuve permiso del General de la Orden para ir solo a Nazaret y vivir oculto como obrero de mi trabajo cotidiano; estuve allí más de cuatro años, en un retiro, en soledad, un recogimiento bendito, gozando de aquella pobreza y aquel abajamiento que Dios me había hecho desear tan ardientemente para imitarlo … Mi salida para Tierra Santa. La peregrinación, la llegada a Nazaret; el primer miércoles que pasé allí me hiciste entrar, Dios mío, … como criado en el convento (Notas de un retiro en 1897) de Santa Clara» A un amigo, Carlos explica cómo vivió en Nazaret: «Después de mi última carta, de Roma, he pasado cuatro años como ermitaño en Tierra Santa, viviendo del trabajo de mis manos como Jesús, bajo el nombre de Hermano Carlos, desconocido para todos, pobre y gozando profundamente de la oscuridad, del silencio, de la pobreza, de la imitación de Jesús -la imitación es inseparable del amor-, tú sabes esto, el que ama quiere imitar. Es el secreto de mi vida: he perdido el corazón por este Jesús de Nazaret crucificado hace 1900 años y paso la vida procurando imitarle tanto como lo puede mi debilidad.» (Carta a Henri Duveyrier, 1890)

Poco a poco, Carlos descubrió que asumir la misma vida de Jesús en Nazaret es vivir experiencia común de la existencia humana y hacerse cercano a los hermanos más alejados. a fondo la Está ahora en el Sahara y pone este texto en boca de Jesús. «Ama, obedece, imita, vive de fe, de esperanza, de caridad. Ama a Jesús, obedécele, imítale, en todos los casos. Fuera de su imitación no hay perfección: y tú, muy especialmente, su imitación es tu vocación, tu deber, tu obligación en todos los momentos de tu vida. Su imitación se ha puesto para ti en todo tiempo a la cabeza de todas tus elecciones, en todos tus retiros, (…) es la directriz de tu vida. Jesús te ha establecido para siempre en la vida de Nazaret: la vida de misión y de soledad, para ti como para Él no son más que excepciones. Practícalas cada vez que su voluntad lo indique claramente. Cuando no sea indicado, vuelve a la vida de Nazaret. (…) Ya estés solo, ya estés con algunos hermanos, (…) toma como objetivo la vida de Nazaret, en todo y por todo con su sencillez y su amplitud, sirviéndote del Reglamento sólo como directorio que te ayud e en ciertas cosas a entrar en la vida de Nazaret» (Diario, 22 julio 1905)

Toda su vida religiosa se modela en el estilo de vida de Jesús, en Nazaret. “Jesús te ha situado para siempre en la vida de Nazaret: la vida de las misiones y de la soledad no son, para vosotros más que excepciones: practícalas cada vez que su voluntad lo pida con claridad: En cuanto deje de mostrarlo, vuelve a la vida de Nazaret. Desea el establecimiento de los Hermanitos y de las Hermanitas del Sagrado Corazón de Jesús. Sigue su regla como se sigue un directorio sin obligarte a ello como si se tratara de un deber estricto y hazlo solamente en lo que no sea contradictorio con la vida de Nazaret. Toma, ya sea cuando estés solo o cuando estés con otros Hermanos hasta que sea posible vivir la vida de Hermanito y de Hermanita en un Nazaret que tenga clausura, teniendo como único objetivo la sencilla y profunda vida de Nazaret en todo y para todo. No utilices la regla más que como un Directorio que te puede ayudar para ciertas cosas a entrar en la vida de Nazaret (por ejemplo como Jesús en Nazaret hasta que los Hermanitos y las Hermanitas estén convenientemente establecidos nada de hábito , nada de clausura lejos de todo lugar habitado, sino cerca como Jesús en Nazaret de un pueblo — como Jesús en Nazaret; nada de vivir ; no menos de ocho horas de trabajo al día (manual o de otro tipo, aunque mejor si es manual siempre que sea posible) como Jesús en Nazaret gastos, ni siquiera grande; ni muchas tierras, ni una casa grande, ni grandes s limosnas, sino pobreza extrema en todo como Jesús en Nazaret… Dicho en una palabra y para todo: Jesús en Nazaret. Sírvete del reglamento de los Hermanitos como ayuda para llevar esta vida, como si se tratase de un libro piadoso. Aléjate resueltamente de todo lo que no sirva para la imitación perfecta de esta vida. No te preocupes de organizar ni de preparar la instalación de los Hermanitos del Sagrado Corazón de Jesús: Si estás solo, vive como si fueses a vivir siempre solo. Si sois dos, tres o alguno s más, vivid como si no fuerais a ser nunca más numerosos. Reza como y tanto como Jesús, hazle siempre como Él un lugar bien grande a la oración… Al igual que Él, dale un amplio espacio al trabajo manual que no es un tiempo que se le quita a la oración, sino que le es dado a la oración. El tiempo de tu trabajo manual es un tiempo de oración. Recita fielmente cada día el Breviario y el Rosario. Ama a Jesús de todo corazón y a tu prójimo como a ti mismo por amor a Él… Tu vida de Nazaret puede vivirse en cualquier sitio: vívela en el lugar que sea más útil para el prójimo. (Carnets de Tamanrasset, 22 julio 1905)

Para Carlos de Foucauld, Nazaret llega a ser una manera de vivir la vida ordinaria, común a tantos hermanos con los que debemos mezclarnos fraternalmente: «Nazaret es el lugar donde transcurre la vida de la mayoría de la gente. Tenemos que respetar infinitamente a los más pequeños de nuestros hermanos… y mezclarnos con ellos. Seamos uno de ellos en la medida en que Dios quiera… y tratémoslos fraternalmente, a fin de tener el honor y la alegría de ser aceptados como uno de ellos.» Carlos de Foucauld le da a la oración y al trabajo manual, un lugar extraordinario en su fidelidad vocacional; eso sí: buscar siempre el lugar más favorable a sus hermanos, a quienes sirve: “Reza como Jesús, tanto como Jesús, dejando siempre, como Él, un espacio muy grande para la oración. También como Él, hazle mucho sitio al trabajo manual, que no es un tiempo substraído a la oración, sino un tiempo regalado a la oración: el tiempo de trabajo manual es un tiempo de oración. (…) La vida de Nazaret puede llevarse en todas partes: hazlo en el lugar más útil para el prójimo” (Diario, 22 julio 1905) Carlos de Foucauld, piensa en la fundación de una congregación religiosa, la de los Hermanitos del Sagrado Corazón. Después de varios Reglamentos, concreta el siguiente donde refleja claramente su opción radical por Jesús de Nazaret: «Regula tu vida sobre los principios siguientes: I) Tú eres para siempre Hermanito del Sagrado Corazón de Jesús, en tu residencia o de viaje; en todos los momentos de tu vida sigue siempre el reglamento lo más perfectamente posible. II) En la duda sobre las decisiones a tomar, piensa: – ¿Qué habría hecho Jesús en Nazaret? – ¿Qué aconsejarías a un Hermanito del Sagrado Corazón? – ¿Qué es más ventajoso para la gloria de Dios, es decir para la salvación de las almas? – ¿Qué te aconsejaría tu director? III) No mires nunca tu interés personal; busca siempre únicamente el interés de Jesús, es decir, el interés general de las almas. IV) Vigílate y corrígete en los puntos siguientes: – Fidelidad en todo instante al Reglamento de los Hermanitos del Sagrado Corazón. – Ver en todo humano a Jesús. – Humilde trabajo manual de Jesús en Nazaret. – Con tus hermanos perdón, paciencia, esperanza ilimitada, la que tú mismo necesitas. – Para el bien general de las almas, tienes que hablar con facilidad la lengua tuareg y facilitar su estudio a los que Jesús te envíe. – Espíritu de pobreza, procurando poseer lo menos posible para ser como Jesús en Nazaret, y para que sólo Jesús sea tu todo. – Da a conocer poco a poco la moral cristiana y la religión natural, no con discursos largos, sino con cortas palabras, sin salir de la soledad, como María en casa de Isabel y como Jesús en Nazaret. (Diario, Tamanrasset, 1 noviembre 1905)

Textos de Carlos de Foucauld: Nazaret : https://www.carlosdefoucauld.org/hermano‐carlos/escritos‐y‐citas/ 5

LA SAGRADA FAMILIA Y LAS VIRTUDES DE NAZARET

Pintado por Carlos de Foucauld


La visión que Carlos de Foucauld tiene de la Sagrada
Familia proviene de su propia experiencia personal: huérfano de
padre y madre, busca intensamente desde su juventud una familia;
sus modelos son en gran parte ideales y con un fuerte componente
de figuras femeninas1. La vida de Nazaret será en cierta manera la
reproducción de “infancia piadosa marcada por la piedad dulce de su
madre”2.
Cuando descubre a Dios, éste se convierte para él en el gran padre maternal3 y la familia se le presenta a través de la concepción
tradicional que de ella transmite la Iglesia. Por tanto, Nazaret se lo
imagina como una familia, constituida por José, María y Jesús,
unidos en amor y comunión. Así cuando en 1899 piensa en fundar los
eremitas del Sagrado Corazón, los describe como una comunidad que
vive una “vida de familia alrededor de la santa Hostia, en la oración,
la penitencia, la soledad y una inmensa caridad, como debía ser la
vida de la Sagrada Familia de Nazaret”4.
Teológicamente la Sagrada Familia le evoca, en primer
lugar, a la Trinidad como comunión de vida y amor que se encuentra
en el origen de la Encarnación: “El Hijo de Dios se ha hecho hombre,
se ha encamado, por este único y mismo amor que conduce a las tres
Personas divinas a querer juntamente en una voluntad única la
Encarnación”5. Esta voluntad única nos desvela a las personas
divinas como inseparables, no sólo en su ser sino también en su
obrar”6.
La vida de María y José, a ejemplo de la Trinidad, no es sino
participación de la misma vida divina a través del Hijo encamado. Es
así como nos la describe:
“María y José, en el embelesamiento, la admiración, llenos de
amor, de un reconocimiento, de una felicidad inefable, son
inundados, abismados, perdidos, en la contemplación dichosa
de su Dios que está en medio de ellos, que se encuentra
como uno más. Su pensamiento no se desprende de ese Dios
bendito que está allí, en María misma, tan cerca de José. Los
días trascurren rápidos como un sueño en esta
contemplación que nadie puede interrumpir (…) El ser
amado está ahí, ellos lo miran con los ojos del espíritu, ellos
no pueden hacer nada más que mirarlo: cuando se ama se
mira aquello que se ama”7.
La Sagrada Familia es para Foucauld el modelo de la vida
contemplativa en la que Jesús es el centro de todo lo que acontece en
torno a él. Reaparece así de nuevo esa absolutez de Dios que se
plasma en su reiterado cristocentrismo y que se sustenta en el
realismo de la encarnación.
Nazaret es como un pequeño monasterio donde María y José
viven retirados del mundo, sumidos en la soledad y en el silencio en
un amor hacia Jesús y hacia los demás; dedicados a la contemplación
de su hijo y al trabajo a semejanza de la regla de san Benito
fundamentada en el ora et labora.
“La vida de María y José se divide pues en dos partes, una
que es más corta consagrada a los trabajos manuales
indispensables para la vida, la más pobre, la más penitente
que jamás ha acontecido, la vida más religiosa que ha
existido sobre la tierra; la otra parte, la más larga,
consagrada a la plegaria y a la oración”8..

María y José se convierten en prototipos de la vida
religiosa9; es en este ambiente familiar en el que crece Jesús. Y es así
como Foucauld nos remite a los ejemplos de la Sagrada Familia: “la
virginidad, la penitencia, la pobreza, el silencio, la soledad, o bien
practicando todas la virtudes que Él (Dios) les ordena”10.
A pesar de todo, no se puede obviar la vida de Nazaret como
abandono a lo cotidiano que cristaliza en la imitación de ese amor
interior con que Jesús vive cada situación y cada instante de su vida
como cumplimiento de la voluntad de Dios. De esta forma lo
ordinario adquiere categoría de divino, porque ha sido asumido en su
finitud y contradicción por el mismo Hijo de Dios, transformándose,
para Foucauld, en medio de unión a los sufrimientos de Jesús y de
imitación de la Sagrada Familia.
Este breve preámbulo nos sirve para reflexionar sobre
aquellas virtudes que forman parte de la vida de Nazaret: la
abyección, la pobreza, el trabajo manual, la penitencia y la oración.
Estas, practicadas por Jesús, no tienen como objeto su desarrollo
moral, imposible en un ser perfecto por naturaleza, sino que
manifiestan las maneras de hacer de Dios del hombre Jesús. De esta
forma las virtudes adquieren un valor cristológico y adquieren su
sentido pleno cuando se realizan “sólo y en vista de Dios”11, en
palabras de Foucauld. En las listas que hace de las virtudes llega a
citar hasta quince o más virtudes:
“Me parece, Dios mío, que esta vida que vos habéis pasado
en Nazaret y que contiene la perfección de todas las virtudes
comprende particularmente quince que vos tenéis o que vos
queréis que yo tenga (…) Yo voy a examinar una tras otra
estas virtudes, Dios mío, pidiéndoos cómo hace falta
practicarlas: son 1ª en todo, actuar en vista de Dios sólo, 2ª
fe, 3ª esperanza, 4ª caridad, 5ª coraje, 6ª humildad, 7ª
veracidad, 8ª oración, 9ª obediencia, 10ª castidad, 11ª
pobreza, 12ª abyección, 13ª trabajo manual, 14ª penitencia,
15ª retiro»12.
Lo importante no será la cantidad, sino el esfuerzo de
configurarse Jesús el hombre perfecto, para santificarse y salvarse,
uniéndose a sus trabajos y sacrificios para la redención del mundo.
Pasamos, pues, a describir las virtudes más significativas de Nazaret.
La Abyección
Es la virtud más emblemática de Nazaret y la que marca de
manera singular la trayectoria espiritual de Carlos de Foucauld.
Aplicada a Jesús, adquiere su sentido más elocuente, como expresa
Dominic Salin, en cuanto ideal de toda su vida:
“Un nombre lo resume (el ideal de su vida), un nombre al
que Carlos se aficiona, un nombre anticuado, tomado de la
lengua espiritual del siglo XVII: la abyección. En todo, Carlos
ha buscado la abyección. En el siglo XVII, el nombre
significaba abajamiento. En tiempos de Carlos, tenía su
sentido moderno, fuertemente connotado como de
repugnancia, vergüenza, de infamia. Jesús ha ocupado el
último lugar, y no es cuestión de colocarlo en otra parte13”.
El descubrimiento de la abyección del Verbo humanizado
consiste en su abajamiento (Flp 2,6-8), en la visión de Cristo que ha
escogido humildemente ser en todo semejante a los hombres desde el
momento de la encarnación, buscando ocupar el último lugar14. La
abyección evoca, pues, ese descenso del Hijo de Dios que iniciándose
en Nazaret se transforma en dinamismo de todo su acontecer hasta
su muerte en cruz.
Para nuestro autor es en la vida oculta donde esta abyección
se pone más expresamente de manifiesto como él mismo expresa a
Jesús: “descendiste con ellos (sus padres), para vivir su vida, la vida
de pobres obreros, viviendo de su trabajo; su vida fue como su
pobreza y su fatiga; eran oscuros, y viviste a la sombra de su
oscuridad”15.
La abyección se convierte así en signo concurrente de la
Encarnación y consecuentemente en distintivo del ser y del obrar de
Dios en su Hijo. Presupone, pues, una concepción de Dios y también
una forma de ver y situarse en el mundo: «viendo el mundo desde las alturas de la divinidad, todo es
igual a sus ojos: lo grande, lo pequeño… y como viene sobre
la tierra para rescatamos… Él pretende darnos desde su
entrada en el mundo y durante toda su vida esta lección
[…], de desprendimiento completo de la estima de los
hombres16”.
De esta manera la abyección nos remite a la kénosis de Dios
que, para nuestro autor, no constituye solo un término teológico,
sino práctico y experiencial, porque Cristo en su vida concreta y
limitada lo llena de contenido. Escribe: “descendido al más degradado de entre los pobres obreros,
naciendo en una gruta, en un establo…; vos seréis, el día en
que prediquéis…, calumniado, despreciado sin reputación,
observado como un impostor. Vos descendéis al fin «al
rango de los perversos» en el calvario […] ¡Vos encontráis
el medio de descender aún más durante vuestra vida por
vuestra pobreza, por vuestra abyección creciente, por las
humillaciones por delante de las cuales vais vos!17”.
La abyección, en cuanto vivida por el Hijo de Dios, se
transforma en virtud eminentemente cristológica. Esto quiere decir
que debe ser irremediablemente imitada, para constituirnos en fiel
imagen de Jesús18. Carlos de Foucauld intenta hacer suya esta
existencia humilde y despreciada de Jesús, haciendo “todo aquello
que yo habría hecho (dice Jesús), todo lo que he hecho: no hagas
nada más que el bien entregándote a los trabajos más viles […]
escondido con cuidado frente a todo aquello que te pueda elevar a los
ojos del prójimo”19 viviendo en medio de los hombres oculto, pero
perdido en Dios, y abandonado en soledad y banalidad porque, en
sus palabras, “el anonadamiento es el medio más poderoso que
tenemos para unirnos a Dios y hacer el bien a las almas”20.
La pobreza
La pobreza está presente en todas las listas de virtudes
propuestas por Carlos de Foucauld. Aparece junto con la caridad y la
obediencia como plasmación de los tres votos de religión a los que se
consagra en época de monje trapense y que conservará a lo largo de
su vida. En primer momento, pues, la atribución de esta virtud a
Jesús es más bien un reflejo de los consejos evangélicos aplicado a
Aquél que constituye el modelo único21. En este mismo sentido cabe
considerar la pobreza de la casa de Nazaret no como una descripción
real de lo que acontece en una vida sencilla en la que
paradójicamente los padres de Jesús viven dignamente de su trabajo.
Expresa René Voillaume:
“pero Jesús realiza esta simplicidad de dominio en el ámbito
de la pobreza de un humilde artesano. No se deben olvidar
los treinta años de Nazaret son estos, sobre todo, los que
indican el nivel de vida divinamente escogido por Cristo,
esto es aquél de un modesto obrero, en una condición a igual
distancia de la miseria y de la prosperidad […] El artesano
palestino tenía lo necesario para vivir, pero sin deseos
ficticios para satisfacer y la extrema simplicidad de la época
no distanciaba al hombre de su verdadero destino le permitía
ser plenamente sí mismo ante su creador22”.
Así en los inicios la extrema pobreza de Nazaret es más bien
una proyección subjetiva de cariz más ascético. Con el tiempo esta
virtud va tomando una perspectiva más espiritual sin abandonar
nunca esa pobreza material tan genuina en los místicos en su
contemplación e imitación de Cristo23. Se puede, pues, decir que “en
la pobreza hay un elemento material y uno espiritual”, por decirlo de
alguna manera, “un cuerpo y un alma”24.

Que Cristo viva la pobreza en ciertos períodos de su
existencia, reviste un carácter de total miseria, como es en el caso de
su nacimiento y de su muerte. Además en este punto se trata de una
pobreza no buscada, que en el fondo obedece al plan de Dios sobre su
Hijo:
“En vuestra vida mortal, vos habéis hecho de ella vuestra
compañera fiel […] Vos habéis escogido por padres pobres
obreros… Vos habéis nacido en una gruta que servía de
establo […] sobre el calvario vos habéis sido despojado de
vuestros vestidos […] Vos habéis muerto desnudo, y vos
habéis sido sepultado por caridad por los extranjeros25”.
Jesús es el verdadero pobre, el que nace en la pobreza
completa y perfecta; y lo escandaloso, y a la vez elocuente, es que es
la pobreza de Dios. La pobreza aparece ligada a la abyección en
cuanto desposesión de uno mismo y expresión de la caridad de Dios
y del amor por los pobres26.
Jesús fue pobre como Dios podía y debía serlo, y esto no le
lleva a una relación de desprecio hacia las criaturas, tampoco hacia
las cosas sencillas, naturalmente buenas, útiles y necesarias para el
hombre, se sirve de ellas en la medida en que son necesarias. Es aquí
cuando la pobreza se vincula a la libertad sobre cualquier bien, en
una vida de gran sobriedad en el proceso.
Es así, pues, como la pobreza se transforma en actitud
humana y espiritual ante Dios, en medio de los hombres y en el
mundo. Se puede hablar así de la pobreza del espíritu que Cristo ha
proclamado en las Bienaventuranzas (Lc 6,20s; cf Mt 5,3s). José
María González comenta que las bienaventuranzas en Mateo se
refieren a los inspirados, es decir a los pobres en el sentido material
de la palabra, pero al mismo tiempo inspirados, es decir, dirigidos
por el Espíritu que no cualquier pobreza es creadora por lo que tiene
de carencia27. Foucauld expresa esta misma pobreza de espíritu
como: “no dejando ningún apego a todo lo que es pasajero, vacía
totalmente el corazón y entrega todo entero, en toda su plenitud,
para Dios sólo; Dios lo llena entonces, y reina solo en él, y coloca
por debajo de él, en vista de por él, el amor por todos los hombres
sus hijos”28.
Dos son las dimensiones que comporta la pobreza según
nuestro autor. La primera es la que se expresa como apertura plena a
Dios que, con su gracia en lo íntimo del alma, libera a ésta de
cualquier apego humano convirtiéndose en escucha silenciosa y total
donación a Dios. La segunda es que la pobreza de Jesús va unida a la
opción de Jesús de compartir la vida de los pobres, hasta llegar a
identificarse con ellos mismos:
“No despreciemos a los pobres, a los pequeños, a los obreros:
no solamente estos son nuestros hermanos en Dios, sino
también estos son aquellos que imitan perfectamente a Jesús
en su vida exterior: ellos representan para nosotros
perfectamente Jesús el Obrero de Nazaret29”.
Es en este contexto donde la pobreza material y espiritual se
complementan mutuamente: es difícil vivir materialmente pobre si
no se es así espiritualmente, y, al mismo tiempo, es indispensable la
manifestación externa de la pobreza como signo de adhesión a Jesús
que vivió con el trabajo de sus manos, y también compartió la vida
de privaciones y de fatiga de los pobres que vivían cerca de él (Mt
8,20; cf Le 9,58). Esta es, pues, la pobreza que Carlos de Foucauld
quiere para los que se unan a su proyecto de vida:
“Ellos tomarán, en esto como en todo, modelo de Él: Él fue
pobre en Nazaret […]; pero lo poco que Él tenía, sus pocos
óbolos, su pan cotidiano, su humilde techo. Esto les
pertenece a «aquellos que le piden» con un inefable
desapego y una inefable caridad30”.

JORDI DÍAZ MOIX, Jesús de Nazaret, hermano
universal. Espiritualidad de los misterios de la vida de
Cristo en Carlos de Foucauld, Extracto de la
disertación para doctorado
(Roma 2011) 144-153.


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1 Su familia próxima se reduce a dos figuras femeninas, su hermana Marie
de Foucauld y su prima Marie Moitssier. Con la primera mantiene una
correspondencia que es inédita. Con la Sra. Bondy mantiene una abundante
correspondencia. María se casó en 1873 con el conde de Olivier de Bondy.
Su influencia fue la más importante en los tiempos de infancia y juventud de
Carlos de Foucauld.
2 Cf. R. BAZIN, Charles de Foucauld. Exploratore del Marocco Eremita en el
Sahara, 18: “Su infancia fue piadosa… La Sra. de Foucauld apenas vivió
para enseñarles a rezar”.
3 La espiritualidad siempre comporta una relación afectiva con Dios. Cf.
CH.A. BERNARD, Teologia Spirituale, 203s.
4 Cf. J.L. VÁZQUEZ BORAU, Volver a Nazaret, 113.
5 CARLOS DE FOUCAULD, Crier l´Evangile. retraites en Terre Sante, (Paris
1974) 2000 2

6 DZ 421.
7 CARLOS DE FOUCAULD, Lecture du Saint Évangile-St. Matthieu (Paris 1976)26.
8 Ibid., 29

9 Ibid., 32.
10 Ibid., 32
11 Cf. CARLOS DE FOUCAULD, La dernière place. Retraites en Terre Sainte
1897-19009 (Paris 2002 ), 118-203.
12 Ibid., 115.

13 “D’Ignace de Loyola à Charles de Foucauld”, Christus 200, (Paris 2003),475.
14 Cf. O.C., LDP, 51.
15 Ibid., 54.

16 Ibid., 51.
17 CARLOS DE FOUCAULD, La bonté de Dieu. Méditations sur les Saints
Évangiles (Paris 1996) 221.
18 Cf. CARLOS DE FOUCAULD, Petit frère de Jésus. Méditations (1897-1900)
(Paris 1976, 2003 2), 105.
19 O.c. LDP, 184.

20 Cf. J.M. SUESCUN, Carlos de Foucauld en el Sahara, entre los Tuareg, 167.
21 Cf. J. L. VÁZQUEZ BORAU, Consejos evangélicos o directorio de Carlos de
Foucauld, (Madrid 2005) 44-41.
22 Cf. R. VOILLAUME, Come loro. Nell cuore delle masse, 248.
23 Paradigma de ello es san Francisco de Asis, cf. CH.A. BERNARD, Il Dio dei
Mistici, 114-117
24 Cf. R. VOILLAUME, Come loro. Nell cuore delle masse, 240.

25 O.c., LDP, 173.
26 Cf. CARLOS DE FOUCAULD, Méditations sur les psaumes (Paris 2002), 356.
27 Cf. La Iglesia en la intemperie, 172-175.

28 O.c., LPD, 220.
29 O.c., BD, 215.
30 RD, 227.