Carlos de Foucauld peregrino a Nazaret y Loreto


Al ir a Nazaret, sintió el deseo de imitar la vida de pobreza, oración, trabajo y humildad de la Sagrada Familia, viviendo también en una pequeña choza. Nazaret fue el lugar de Tierra Santa que más le impresionó. En un período en el que Nazaret atrajo la piedad cristiana de una manera tal vez demasiado sentimental y poética, para Carlo de Foucauld fue una oportunidad de encontrarse con el verdadero e histórico Cristo. Es interesante reportar lo que el Card. Ratzinger, entonces arzobispo de Munich y ahora Papa Benedicto XVI: “Justo cuando el sentimentalismo rodeaba a Nazaret, se descubrió en su contenido más profundo el verdadero misterio de Nazaret… Fue Carlos de Foucauld quien, en busca del último lugar, encontró Nazaret. .. es Nazaret que lo hirió en lo más profundo de su corazón. Quería imitar a Jesús silencioso, pobre, trabajador… Siguiendo las huellas de los misterios de la vida de Jesús, encontró al Jesús trabajador, encontró al verdadero Jesús histórico… Allí, en la meditación viva de Jesús, se abrió un nuevo camino para la Iglesia… Nazaret ha un mensaje permanente para la iglesia. La Nueva Alianza no comienza en el Templo, ni en el Monte Sagrado, sino en la casita de la Virgen, en la casa del obrero, en uno de los lugares olvidados de la Galilea de los paganos, del que nadie esperaba cualquier cosa buena. Sólo a partir de ahí la Iglesia podrá cobrar nuevos impulsos y sanar”. La Nueva Alianza no comienza en el Templo, ni en el Monte Sagrado, sino en la casita de la Virgen, en la casa del obrero, en uno de los lugares olvidados de la Galilea de los paganos, del que nadie esperaba cualquier cosa buena. Sólo a partir de ahí la Iglesia podrá cobrar nuevos impulsos y sanar”. La Nueva Alianza no comienza en el Templo, ni en el Monte Sagrado, sino en la casita de la Virgen, en la casa del obrero, en uno de los lugares olvidados de la Galilea de los paganos, del que nadie esperaba cualquier cosa buena. Sólo a partir de ahí la Iglesia podrá cobrar nuevos impulsos y sanar”. 

En 1900 Charles de Foucauld abandonó Tierra Santa y regresó a Francia. Se estaba preparando para el sacerdocio. Teniendo que ir a Roma, quiso visitar también el ‘Nazaret italiano’, es decir el santuario de Loreto (29 de agosto). Estando aún en Nazaret, el 10 de diciembre de 1897, día de la fiesta de Nuestra Señora de Loreto, escribe en su diario una hermosa página sobre la Santa Casa: «Hoy es la fiesta de la Santa Casa de Loreto, la mitad de que ha quedado en Nazaret, en la peña donde fue excavada (la cueva) y la otra mitad llevada por los ángeles a Loreto. Casa bendita donde voy todos los días, casa amada donde me arrodillo con tanta frecuencia, donde tantas veces he adorado y recibido tu santísimo Cuerpo, oh Jesús, casa donde María y José pasaban horas a los pies de Jesús escondido, en bienaventurada contemplación. Casa que luego vio al niño Jesús en los brazos de su Madre, Jesús adolescente, hijo modelo de infinita bondad, Jesús joven que acogió el último suspiro de José, Jesús hombre que trabajó para sostener a su Madre… Casa que durante treinta años ha escuchado la voz de Jesús, una casa entre cuyos muros latió su Corazón durante treinta años, una casa desde la que subió al cielo una oración constante… Casa que se convirtió en Cielo, donde adoraron a la Reina de los ángeles y a su santo Esposo durante treinta años, junto con miríadas de ángeles, el Rey de los cielos que habitaba entre ellos… ¡Bendita sea, oh santa casa! Y tú, Madre mía, que sigues viviendo espiritualmente en este lugar que te era tan querido por la presencia de la hueste divina, bendice a todos los que se dedican a este dulce hogar.

http://www.devozionemariana.org/4-santi-dei-nostri-giorni/charles-de-foucould


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