
5 maneras de rezar a María con Carlos de Foucauld
s corazones.

… ¡No es fácil de creer!
¿No es así, María?
¿No es lo mismo para ti?
No hay mayor esfuerzo en la tierra que el esfuerzo de creer, esperar, amar: lo sabes.
Tu prima Isabel tenía razón al decirte: «¡Bendita tú que creíste!»
Sí, María, bendita tú que creíste.
Bendita tú que me ayudas a creer, bendita tú que tuviste la fuerza de aceptar todo el misterio de la Natividad y de haber tenido el coraje de prestar tu cuerpo a tal acontecimiento que no tiene límites en su grandeza y en su inverosímil pequeñez.
En la encarnación los extremos se tocaron y lo infinitamente distante se convirtió en infinitamente cercano, y lo infinitamente poderoso se convirtió en infinitamente pobre.
María, ¿entiendes lo que hiciste?
Conseguiste mantenerte firme bajo el peso de un misterio sin límites.
Conseguiste no temblar ante la luz del Eterno que buscó tu vientre como hogar para calentarse.
Conseguisteis no moriros de miedo ante la mueca de Satanás que os decía que era imposible que la trascendencia de Dios se encarnara en la inmundicia de la humanidad.
¡Qué coraje, María!
Solo tu humildad podría ayudarte a soportar tal choque de luz y oscuridad.



María es la perfecta cristiana y anticipación perfecta de la Iglesia. Los evangelistas Lucas y Juan no se limitan a subrayar la participación de María en la obra redentora de Jesucristo, sino que trazan su personalidad religiosa. Todas las dimensiones espirituales características de los “pobres de Yahvéh” de la Biblia, canonizadas por las bienaventuranzas evangélicas, convergen en María y componen su retrato espiritual: Pobreza; servicio; temor de Dios; conciencia de su propia fragilidad; solidaridad con el pueblo de Dios; alegría; apertura y disponibilidad al plan divino; y confianza en la realización de las promesas de Dios fiel y misericordioso. Además Lucas y Juan nos invitan a compartir dos actitudes prácticas. En primer lugar, las que expresan aquellas palabras de María, que encontramos en el Evangelio de Lucas: “Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1, 48) Así, el pueblo de Dios, siguiendo el ejemplo de Isabel, inspirada por el Espíritu Santo, proclamará bienaventurada a María y la llamará bendita, reconociendo en ella a la persona donde Dios revela su poder y generosidad al escogerla entre todas las mujeres para una tarea salvadora.
A la actitud de alabanza se añade la acogida de María como madre por parte del discípulo al que amaba Jesús, como se nos dice en el Evangelio de Juan: “Desde aquel momento el discípulo la recibió consigo” (Jn 19, 27) Juan nos transmite este mensaje: los que escuchan la voz de Jesús y se hacen una sola cosa con él en una fe madura y operante son invitados a dar cabida a María, aceptando su maternidad como don supremo de Jesucristo. Naturalmente que la fe de María tuvo que ir creciendo a lo largo de su vida, pues su fe, como la nuestra ignora el futuro y no acaba de comprender, pero fue una fe ejemplar por su confianza ciega impregnada de meditación, como podemos contrastar en el Evangelio de Lucas: “Conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (Lc 2, 19)
La prueba de fuego de la fe de María llegó en el Calvario, pues las palabras que le dijo el ángel Gabriel anunciándole que su hijo sería grande, que Dios le daría el trono de David y que reinaría sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendría fin, no cuadran cuando ve a su hijo clavado en la cruz. Es la noche oscura de la fe. Por todo ello, María es un modelo para nuestra vida creyente. El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Jesucristo, deriva directamente de ella. Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Jesucristo hasta su muerte. Se manifiesta particularmente en la hora de la pasión, tal y como se nos dice en el Concilio Vaticano II: “La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’” (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 58)
Después de la Ascensión de su Hijo, María estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones, junto a los apóstoles y algunas mujeres, pidiendo el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra. Finalmente, La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte.


TESTIMONIO
Estos ojos expresan la experiencia de una fe crucificada y oscura. En ellos leemos desconcierto, confusión y amor, amor infinito.
Parecen ojos que han mirado más allá de lo visible, que han contemplado algo tan grande, dulce, pero a la vez doloroso, que da miedo. Es allí donde se juega la fe, en la oscuridad, en la noche y en la pérdida, sin embargo, es una noche atravesada por un hilo de luz tan pequeño e insignificante que puede parecer una locura, pero que tiene la fuerza para cambiar el universo.
Carlo Carretto, Spello 11 de mayo de 1987


San Maximiliano María Kolbe fue una figura grandiosa del catolicismo del siglo XX.
Kolbe fue un hombre de un celo apostólico extraordinario, un precursor en el uso de los medios de comunicación social para la transmisión del Evangelio, que consumó su vida con el testimonio del amor más grande: ser mártir de la caridad en Auschwitz.
El manantial de todo su dinamismo fue su amor apasionado a la Madre de Dios. Es conocido como “el loco de la Inmaculada».
En medio de muchas dificultades exteriores, limitado físicamente por la tuberculosis, trabajó con pasión por la extensión del Evangelio.
Fue misionero en Japón, y sus publicaciones llegaron hasta India, China, e incluso Arabia. Fundó en Polonia una ciudad para la Inmaculada: Niepokalanow.
San Maximiliano María es un ejemplo vivo de la generosidad apasionada en la entrega a Dios que puede suscitar la devoción a María, cuando es auténtica.
Ser posesión de la Inmaculada era su ideal. Ella le llevó al don completo de sí mismo, a ser imitador perfecto de Jesucristo:
«Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por su amigos» (Jn. 15, 13).
Galería fotográfica
Los Siervos del Hogar de la Madre, con la colaboración con H.M. Televisión, han realizado este documental de 30 minutos sobre la vida de san Maximiliano María Kolbe para su difusión gratuita a través de Youtube: os lo recomendamos.



Aleteia | Fra Emiliano Antenucci
Ary Waldir Ramos Díaz – publicado el 30/07/21
La primera fiesta de la Virgen del Silencio se celebrará el domingo 1 de agosto en Avezzano, en la provincia de L’Aquila, Italia, en el santuario homónimo. El anuncio fue hecho por el padre Emiliano Antenucci, quien deseaba fuertemente este lugar con el apoyo del Papa Francisco.
Cuando vio por primera vez la imagen de esta Virgen con el dedo sobre la boca, el fraile capuchino quedó impactado y decidió organizar retiros espirituales centrados en el silencio.
Con el tiempo, consiguió reunirse con el Papa y mostrarle la imagen: a papa Bergoglio le gustó tanto que hizo colocar una copia junto al ascensor que toma cada mañana para llegar a la tercera logia del Palacio Apostólico.
Posteriormente, el Papa dio su apoyo al nacimiento de un verdadero santuario dedicado a la Virgen del Silencio, que ahora se encuentra en la iglesia de San Francesco en Avezzano.
Aprovechando la ocasión conversamos con fray Antenucci sobre los beneficios de cultivar el silencio, la oración y la contemplación durante el descanso. Precisamente, el Papa Francisco nos invita a captar estos aspectos importantes de la vida (Ángelus, 18.07.2021).
“Guardémonos, hermanos y hermanas, del eficientismo, paremos la carrera frenética que dicta nuestras agendas”. Necesitamos de una «ecología del corazón» -dice el Papa-, que consiste en «descanso, contemplación y compasión… ¡Aprovechemos el tiempo estivo para ello!».

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¿Cómo puede la imagen de la Virgen del Silencio, tan querida por el Papa Francisco, ayudarnos a aprender «a hacer una pausa, a apagar el móvil, a contemplar la naturaleza, a regenerarnos en diálogo con Dios»?
Es imprescindible detenerse, como nos muestra la mano de la Virgen. Si nos detenemos, descubrimos, mejor, redescubrimos lo que nos rodea y lo que es esencial en nuestras vidas.
De vez en cuando ponemos el «off line» con el mundo y el «on line con Dios» para escuchar el silencio dentro de nosotros y dejar que Dios hable.
Estamos bombardeados por el ruido dentro y fuera de nosotros, necesitamos redescubrir los sonidos de la naturaleza y el sonido del Silencio para aumentar la calidad de la vida humana y espiritual.
– ¿Cuáles son los beneficios de cultivar el silencio, la oración y la contemplación durante el descanso?
Hay beneficios psicofísicos y espirituales. El silencio alivia el estrés, pero también nos abre, como nos ha recordado el Papa, a «una ecología del corazón y, yo añadiría, de la mente». Limpiar nuestra casa interior de todo lo que nos aleja de nosotros mismos, de Dios y de los demás es fundamental. El silencio es higiene de la mente y limpieza del corazón.
El Papa Francisco señala que «la compasión nace de la contemplación». ¿Qué consejo puede dar a los lectores, personas sumergidas en el mundo del trabajo, la familia y la sociedad en general; también tomando como punto de partida su propia experiencia monástica y vocacional franciscana, para tener una vida más contemplativa en la vida cotidiana?
La tarjeta de visita de la Madre Teresa de Calcuta que entregó a los grandes de la tierra es un programa de vida para todos. Estas son las palabras de la Madre Teresa: «El fruto del silencio es la oración / El fruto de la oración es la fe / El fruto de la fe es el amor / El fruto del amor es el servicio / El fruto del servicio es la paz».
Es un camino sencillo para todos que lleva del silencio a la paz. Entonces creo que durante el día cada uno debe encontrar un cuarto de hora, mejor media hora de silencio, para hacer un balance de su vida y dialogar intensamente con Dios.
– ¿Por qué es importante que aprendamos a descansar de verdad, haciéndonos capaces de una verdadera compasión; sin realizar nuestras actividades con una actitud que el Papa llama «rapaz de los que quieren poseer y consumir todo»?
El descanso nos abre a la dimensión de la reflexión, la creatividad y el sueño. Las pausas en nuestra vida son fundamentales, como en la música, empezamos a tocar mejor y con más determinación.
– ¿Cómo se prepara la primera fiesta de la Virgen del Silencio?
En la oración y en las pequeñas cosas que hay que hacer en la preparación. En la vida hay que hacer muchas cosas pequeñas, precisamente de las pequeñas cosas nacen las grandes. Somos pequeños, pero la Virgen es grande.
La primera misa de la fiesta de Nuestra Señora del Silencio se celebrará este domingo 1 de agosto, y será presidida por Monseñor Pietro Santoro, obispo de Avezzano.
Incluso el maestro de ceremonias del Papa Francisco, monseñor Guido Marini participó, el domingo 24 de julio, en los actos relacionados con la primera fiesta, para una catequesis.
El Vaticano también ha aprobado la normativa para las misas votivas en el Santuario del Silencio.
Una liturgia que en diferentes momentos evoca el don del silencio y la imagen de esta Virgen, que nos aleja de los chismes y de la cháchara.
La aprobación del formulario fue concedida por el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en una carta fechada 1 de noviembre de 2020.