«Bienaventurada tú que creíste» (Carlos Carretto)

Carlos Carretto

… ¡No es fácil de creer!
¿No es así, María?
¿No es lo mismo para ti?
No hay mayor esfuerzo en la tierra que el esfuerzo de creer, esperar, amar: lo sabes.
Tu prima Isabel tenía razón al decirte: «¡Bendita tú que creíste!»
Sí, María, bendita tú que creíste.
Bendita tú que me ayudas a creer, bendita tú que tuviste la fuerza de aceptar todo el misterio de la Natividad y de haber tenido el coraje de prestar tu cuerpo a tal acontecimiento que no tiene límites en su grandeza y en su inverosímil pequeñez.
En la encarnación los extremos se tocaron y lo infinitamente distante se convirtió en infinitamente cercano, y lo infinitamente poderoso se convirtió en infinitamente pobre.
María, ¿entiendes lo que hiciste?
Conseguiste mantenerte firme bajo el peso de un misterio sin límites.
Conseguiste no temblar ante la luz del Eterno que buscó tu vientre como hogar para calentarse.
Conseguisteis no moriros de miedo ante la mueca de Satanás que os decía que era imposible que la trascendencia de Dios se encarnara en la inmundicia de la humanidad.
¡Qué coraje, María!
Solo tu humildad podría ayudarte a soportar tal choque de luz y oscuridad.


Descubre más desde FOUCAULD DIALOGOS

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Un comentario en “«Bienaventurada tú que creíste» (Carlos Carretto)

Deja un comentario