
Un placer entrevistar para Diocesana de Canarias al cardenal Cristóbal López, un andaluz universal

Un placer entrevistar para Diocesana de Canarias al cardenal Cristóbal López, un andaluz universal

Por Romina Fabbretti
Un equipo de arqueólogos descubrió en la isla de Sir Bani Yas, en Abu Dabi, una cruz de estuco de más de 1.400 años de antigüedad, lo que aporta pruebas materiales inéditas sobre la presencia del cristianismo en pleno corazón del mundo islámico.
La pieza, de 27 cm de largo por 17 de ancho, fue encontrada en el patio de antiguas viviendas monásticas cercanas a una iglesia y un monasterio cristiano. El diseño muestra una pirámide escalonada que representa el Gólgota, lugar donde, según la tradición, fue crucificado Jesús, además de motivos florales que reflejan influencias locales.
Los expertos señalan que la cruz habría sido utilizada como objeto de devoción por los monjes del complejo y la relacionan con la Iglesia del Oriente, una rama cristiana que floreció en Asia y llegó hasta India y China.
La arqueóloga Maria Gajewska, líder de la excavación, explicó que el diseño de la cruz demuestra cómo el cristianismo no solo sobrevivió en la región, sino que se adaptó culturalmente al entorno árabe. Esto contradice la idea de que el cristianismo desapareció en los siglos VII y VIII con la llegada del islam.
El hallazgo apunta a una época en la que ambas religiones coexistieron pacíficamente, compartiendo un espacio histórico de respeto mutuo. De hecho, no hay evidencias de abandono violento en el monasterio: los arqueólogos creen que los monjes se retiraron de manera organizada e integrándose en las nuevas comunidades musulmanas.
El monasterio de Sir Bani Yas ya había sido descubierto en 1992, pero la cruz hallada ahora es uno de los objetos más valiosos recuperados en décadas. El complejo incluye iglesia, viviendas y espacios de retiro espiritual, construidos con piedra caliza y coral, y equipados con aljibes para almacenar agua, lo que refleja una vida monástica organizada y estable.
Junto a la cruz se encontraron otros objetos rituales, como cerámicas, piezas de vidrio y una botella verde que pudo contener aceites sagrados.
Hoy, el sitio arqueológico forma parte de una reserva natural abierta al público, donde los visitantes pueden recorrer los restos de la iglesia y observar en exposición cálices, sellos y cruces originales que documentan una historia poco conocida de la región.


«Queremos subrayar que este acto delictivo es totalmente contrario a los valores humanos e islámicos, así como a los principios de respeto mutuo entre religiones. Reafirmamos que se trata de un hecho aislado que en absoluto representa a la comunidad musulmana en Andalucía»
18.08.2025 José Lorenzo
En nombre de La Unión de Comunidades Islámicas de Andalucía (UCIDAN) ha expresado su «más enérgica condena ante el grave incidente ocurrido en la pedanía de El Pozuelo – Albuñol (Granada) donde un individuo provocó un incendio en la iglesia local, causando importantes daños materiales», según un comunicado hecho público este 17 de agosto.
«Queremos subrayar que este acto delictivo es totalmente contrario a los valores humanos e islámicos, así como a los principios de respeto mutuo entre religiones. Reafirmamos que se trata de un hecho aislado que en absoluto representa a la comunidad musulmana en Andalucía, cuya vida cotidiana se desarrolla en un marco de convivencia y paz», señala el comunicado, en alusión a los hechos protagonizados por un joven, de unos 20 años, de nacionalidad marroquí y previsiblemente con las facultades mentales dañadas, que se había encerrado y prendido fuego a la iglesia de la citada localidad andaluza.

«Marruecos es un país que aboga por la convivencia, la paz y el diálogo entre las diferentes religiones y culturas». La cónsul general de Marruecos en Almería, Soumia Fathi Ceneral, ha enviado una carta al arzobispo de Granada, José María Gil Tamayo, en el que expresa «nuestra rotunda condena por el incendio provocado este domingo, por un individuo de nacionalidad marroquí en la Iglesia de El Pozuelo».
Al tiempo, la representante del reino hachemita busca transmitir «nuestra solidaridad con la comunidad católica en estos momentos tristes». «Desde este Consulado General, expresamos nuestro rechazo a la violencia y a este grave acto, que no representa los valores de la comunidad marroquí y musulmana residente en España», añade Fathi Ceneral.
«La historia de Marruecos, marcada por siglos de convivencia interreligiosa, ha cimentado una cultura de convivencia tolerante y pacífica durante siglos, que dista de estos comportamientos violentos», señala el escrito, que concluye reiterando «nuestra entera disposición para colaborar con el Arzobispado de Granada, con el objetivo de reforzar la convivencia, el respeto y la armonía entre las diferentes comunidades religiosas».


La nueva mezquita de Seròs, en la calle de la Costa, incluye la construcción del primer minarete que se levanta desde la edad media en lo que hoy es la demarcación de Lleida, un elemento arquitectónico que durante varios siglos había sido característico de los pueblos del Baix Segre y de la convivencia de culturas y religiones que allí se dio.
“Desde la edad media, cuando Seròs, Aitona y todo el Baix Segre era de población musulmana, no se levantaba un minarete”, ni allí ni en el resto de lo que hoy es la demarcación de Lleida, explica el arqueólogo Joan Ramon González, sobre la torre que corona la nueva mezquita de la primera de esas localidades.
Su construcción, a los pies de la colina sobre la que en el medievo se levantaba el castillo de Seròs y en lo alto de una zona del casco urbano que durante casi un milenio ha sido conocida como la morería, devuelve al paisaje de la zona un elemento arquitectónico que durante siglos había sido característico en ella. “Se vuelve a repetir la convivencia entre culturas y religiones, y esperemos que de nuevo sea para bien”, anota González.
La nueva mezquita de Seròs, que sustituye a la antigua de la calle Rosari, tiene su puerta principal, una obra de forja con una docena de columnas de estrellas mudéjares (de ocho puntas) en cada hoja, en la calle De la Costa, aunque dispone de otra en la calle del Castell. Dentro dispone de una sala de oración con capacidad para un centenar de fieles en la planta calle y de otra algo menos espaciosa en el primer piso. “Abajo rezamos los hombres, la de arriba es para las mujeres”, explica uno de los usuarios.
La obra está prácticamente finalizada en la parte interior, aunque en la exterior, en la que el motivo mudéjar se repite en las ventanas de la calle La Granja, quedan pendientes acabados como el rebozado de las paredes.
El minarete, de estructura cuadrada o estilo marroquí, está completamente terminado y tiene colocado el yamur, una esfera de color rojo de función decorativa y, según la tradición islámica, protectora para el templo. El skyline desde la colina del castillo muestra el contraste entre el minarete de la parte alta del pueblo y la silueta de la iglesia de la Nativitat, un templo a caballo entre el barroco y el neoclásico inaugurado en octubre de 1792 y cuyo campanario se eleva a 40 metros de altura.
El uso del minarete
“El campanario y el minarete son dos elementos de identidad que destacan en el paisaje y que tienen una función común como es la de comunicar y convocar al rezo, uno mediante campanas y otro con el canto del muecín”, indica el arqueólogo.
Sin embargo, en este caso el minarete no va a poder ser utilizado para llamar a la oración a los fieles de la mezquita. “Ese uso está prohibido por la normativa de civismo. La normativa sobre emisiones de sonido no permite ni los cantos ni la instalación de altavoces”, señala el alcalde de Seròs, Josep Antoni Romia.
Esa situación no ha generado ningún tipo de conflicto, ya que el ayuntamiento dejó clara la limitación desde el comienzo del proyecto de la nueva mezquita. “Se lo comenté a los responsables hace cuatro años, antes de que empezaran las obras de construcción que ahora están a punto de acabar”, explica Romia. De hecho, anota, “preguntaron si se podría usar para eso y ya advertimos que no era posible”, añade el alcalde.
El minarete evoca una huella cultural que nunca desapareció del Baix Segre, donde “la población musulmana fue mayoritaria durante toda la edad media”, señala la Gran Enciclopèdia Catalana. De hecho, la expulsión de los moriscos en 1610 se llevó al 75% de los vecinos.
Siglos después, en Aitona en los años 70 y en Seròs en los 80, el derribo de algunas casas afloró ejemplares del Corán y otros documentos que habían sido ocultados en las paredes. “La conversión era a veces de puertas a fuera. Se quemaban libros, pero también se conservaban”, recuerda González.


Desde que llegué como Imán de la Comunidad Musulmana Ahmadía a Argentina hace más de siete años, pude percibir aquí el afecto de la gente hacia el Papa Francisco. La elección de Jorge Bergoglio en 2013 como jefe supremo de la iglesia católica fue un momento histórico, ya que, luego de casi 2000 años, se convirtió en la primera persona de Sudamérica en ser elegida para este rol.
Muchos argentinos se sienten identificados con él porque -a pesar de ocupar el más alto rango en la jerarquía eclesiástica- sigue siendo muy accesible para la gente común y mantiene un estilo de vida humilde y austero. Yo mismo he escuchado los testimonios de muchos que me contaron con orgullo cómo solían intercambiar algunas palabras con él, cuando era Cardenal de Buenos Aires, mientras viajaban en subte o colectivo.
Otros me contaron que han recibido alguna carta personal o reliquia enviada por Francisco desde el Vaticano. Por otra parte, no sólo los católicos sino también los fieles de otros credos lo admiran por su compromiso en favor de la armonía interreligiosa. Por todo esto, en mi estadía en esta capital escuché tantas cosas positivas sobre él que también desarrollé cierta admiración por su persona, aunque nunca imaginé nada más allá.
Quiso el destino que nuestras actividades interconfesionales, especialmente entre grupos de musulmanes y judíos, despertaran el interés del sumo pontífice y así tuve el honor, en representación de la Comunidad Ahmadía, de reunirme con él por primera vez en una audiencia privada en septiembre del año 2022.
Este primer encuentro, que duró casi 40 minutos, dejó una huella profunda en mi corazón.

En los días previos a la audiencia había estudiado mucho su libro encíclica Fratelli Tutti (Hermanos Todos) que aborda la importancia del diálogo y de la hermandad universal. No obstante, el encuentro vivo me permitió convertir el contenido del texto en una experiencia real donde sentí esa fraternidad humana y una espiritualidad genuina. Un momento maravilloso de nuestra conversación fue cuando tuve la oportunidad de regalarle el Sagrado Corán y presentarle el capítulo 19, que es muy relevante para los católicos, ya que está dedicado en su totalidad a la Virgen María.
El Papa nos comentó que una vez, durante una visita a un país musulmán, se quedó asombrado cuando lo invitaron a una mezquita que se llamaba “María” (Mariam en árabe). Entonces, le comenté que la Virgen María tiene una gran importancia para los musulmanes, ya que se presenta para todos los creyentes como modelo de castidad y lealtad hacia Dios Todopoderoso.
De todos modos, el momento más auspicioso de la audiencia para mí fue cuando le entregué la carta personal que el Jalifa de la Comunidad Ahmadía, Su Santidad Mirza Masroor Ahmad, le había escrito. El Papa valoró mucho este gesto y como respuesta también le dedicó un ejemplar de su libro Fratelli Tutti con las siguientes palabras: “A Mirza Masroor Ahmad con afecto fraterno. Francisco”. Me siento honrado, así, de haber servido como puente de comunicación entre ambos líderes mundiales que respaldaron sus prédicas con sus propios ejemplos.
De hecho, el año pasado tuve nuevamente la oportunidad de reunirme en dos ocasiones más con el Papa Francisco. En estas visitas conversamos en especial sobre las guerras en Ucrania y en Gaza que han ensombrecido la convivencia armónica a nivel global. En un mundo donde hay cada vez más voces que parecen sostener la preferencia de volver a una época de “cruzadas medievales” o a una partición entre “Occidente vs Oriente”, el lema de “Hermanos Todos” nos convoca y marca que la solución no es la construcción de más muros, sino de más puentes.

Para sintetizar, siento que como musulmán y teólogo me interpela especialmente este mensaje encíclica y adhiero con él a la idea de que las diferencias teológicas, ideológicas o políticas no pueden ser excusas para alejarnos unos de otros, sino que deben aún más acercarnos al diálogo. Vale añadir que dialogar no consiste en renunciar a tu propia identidad o negar tus principios, sino en escuchar y buscar el encuentro con “el otro”.
El disenso y la diferencia de opinión son el ADN de nuestra identidad, especialmente cuando hablamos de política entre las naciones en un mundo injusto y una humanidad cada vez menos humana. No obstante, si iniciamos un diálogo mirando hacia las diferencias finalizamos siempre atrapados en un laberinto, sin ningún avance. En cambio, si nos embarcamos en un intercambio a partir de reconocer las diferencias, pero con la mirada puesta en las similitudes pueden terminar las aguas de múltiples ríos confluyendo hacia el mismo mar.
Por ello, el Sagrado Corán, en el capítulo 3, versículo 65, hace hincapié en que es imprescindible que las religiones estén en armonía y recalca que, como musulmanes, es nuestra responsabilidad acuñar puentes con el fin de buscar los valores comunes que nos unan a todos como judíos, cristianos, musulmanes o seguidores de cualquier religión. Basada en esta pauta coránica invito a todos a escuchar al “otro” en vez de ignorar, a dialogar en vez de discutir, a compartir en vez de competir, a conocer en vez de prejuzgar.
En fin, celebro la recuperación del Papa Francisco como celebro también su accionar en pos de este diálogo y esta unión entre las diferentes religiones y los diferentes pueblos del mundo.

Imam y presidente de la comunidad musulmana Ahmadía en Argentina


Por Vida Nueva
Almudena Soler Sanchez, estudiante del Programa de doctorado en Teología en la Universidad Loyola ha defendido su tesis y ha obtenido una calificación de sobresaliente. El trabajo defendido en la Facultad de Teología en Granada de la Universidad Loyola ha mostrado una serie de estudios comparativos encaminados al establecimiento de vías de diálogo entre los diferentes agentes y realidades que posibiliten la colaboración de todos los ciudadanos en la construcción de sociedades en las que todo ser humano puede desarrollarse plenamente como tal.
El trabajo titulado ‘La ciudadanía en las tradiciones cristiana e islámica: una vía para el diálogo islamocristiano’ parte de que siendo el cristianismo y el islam las dos tradiciones religiosas mayoritarias, a las cuales pertenecen más de la mitad de la población mundial, se convierte en urgente un diálogo islamocristiano que, acogiendo el pluralismo como realidad ineludible, continúe profundizando en los diferentes modos de entender al ser humano como parte de las sociedades en las cuales reside.
La investigación que ha realizado la doctoranda en los últimos años en cuatro capítulos ha tenido como objetivo la realización del estudio teológico de la ciudadanía emanadas de los pensamientos católico e islámico, un estudio del pensamiento político en torno a las nuevas comprensiones de la ciudadanía, y, por último, el estudio comparativo de ambas tradiciones religiosas. Todo ello con el objetivo de encontrar una serie de elementos y aprendizajes que permitan continuar avanzando en un diálogo islamocristiano anclado en la comprensión del ser humano como miembro de una comunidad política.
La pluralidad que caracteriza las sociedades mundiales actuales supone un desafío para determinadas instituciones que, como es el caso de la ciudadanía, se han configurado a lo largo de la historia en contextos sociopolíticos muy diversos al presente. La identificación plena de los conceptos de nación, ciudadanía y estado comienza a ser discutida a causa tanto de la diversidad propia de las poblaciones presentes en cada territorio estatal como de las interrelaciones transnacionales que superan las fronteras del Estado.
Como elemento clave de esta pluralidad, la diversidad religiosa ha de ser reconocida como una profunda fuente de desavenencias y conflictos. La pertenencia a una comunidad religiosa distinta a la mayoritariamente presente en el Estado en el que se reside conlleva, en no pocas ocasiones, grandes dificultades para sus miembros, privados de sus derechos fundamentales o de los derechos y deberes que disfrutan quienes profesan la religión mayoritaria.
Almudena Soler, doctora en Teología por la Universidad Loyola
Para realizar el estudio, la doctoranda ha contado con la amplitud de recursos bibliográficos de la biblioteca de la Facultad de Teología de la Universidad Loyola, una biblioteca especializada que posee innumerables recursos que han facilitado a la investigadora aunar la mayor parte de diversidad de estudios posibles. Además, la doctoranda ha realizado dos estancias gracias al apoyo de la Escuela de Doctorado de la Universidad Loyola y financiadas por el programa Erasmus+ en el Trinity College en Dublín, Irlanda y en la Universidad de San José de Beirut en el Líbano.
Almudena Soler es religiosa de Jesús-María, licenciada en Administración y Dirección de Empresas, Bachiller en Teología en la Facultad de teología de Granada y Máster en Teología, especialidad Diálogo con las culturas contemporáneas, en l’Université Catholique de Lyon. A partir de ahora continuará en la búsqueda por modelos más específicos de teología comparativa y de la inclusión de la cuestión de género dentro de los estudios de ciudadanía como un complemento al campo de estudio. La ciudadanía es una institución que va en evolución, por lo que ya doctora señaló: “La importancia del estudio del individuo político y la necesidad de continuar apostando y trabajando por el diálogo teológico, abierto y humilde que nos permita seguir avanzando en sociedades más humanas”.

Francesca Sabatinelli – Ciudad del Vaticano
El Ramadán y la Cuaresma son un tiempo, para musulmanes y cristianos, de profunda reflexión sobre temas compartidos. Para ambos, es un período de ayuno y contemplación, en el que los fieles están llamados a reflexionar sobre su existencia, su relación con la Creación y con el Creador. El musulmán Mustafa Cenap Aydin, sociólogo de las religiones y director del Instituto Tíber – Centro para el Diálogo, se detiene -en conversación con los medios vaticanos- en el significado del mes sagrado para los musulmanes, que comienza hoy, primero de marzo, y que, en este año 2025, precede en sólo cinco días a la Cuaresma cristiana, que comenzará el 5 de marzo. Esta coincidencia -explica- yo diría que es un abrazo entre dos hermanos, entre los hijos de Abraham, que caminan juntos por motivos diferentes. Un ejemplo muy concreto es el documento de Abu Dabi sobre la fraternidad humana firmado por el Papa Francisco y el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb. Este periodo puede ayudar mucho a musulmanes y cristianos a comprender mejor cuestiones fundamentales sobre la vida. También hay que señalar que las coincidencias este año no acaban ahí: la Pascua católica coincide con la Pascua ortodoxa, el 20 de abril, y del 12 al 20 de abril se celebra la Pesah, la Pascua judía. Este año tendremos muchas oportunidades de colaboración interreligiosa, también en la vida espiritual».
Este periodo, para cristianos y musulmanes, también se caracterizará por el ayuno, que no debe entenderse sólo como una disciplina alimentaria, sino como un periodo muy importante para comprender mejor qué es la espiritualidad. «Los musulmanes -señala Cenap Aydin- desde la primera noche del Ramadán recitarán oraciones específicas, habrá momentos dedicados a la reflexión, por ejemplo, sobre el significado del texto sagrado, en los que también se repetirán los muchos y hermosos nombres de Dios». El próximo miércoles, 5 de marzo, será para los cristianos el Miércoles de Ceniza, inicio del camino de 40 días hacia la Pascua. He aquí que estos pasos, 30 del Ramadán y 40 para la Cuaresma, serán pasos que, para los musulmanes y para los cristianos, marcarán una oportunidad de renacimiento, una oportunidad de comprender verdaderamente quiénes somos y qué compromiso podemos ofrecer al prójimo».
La declaración conciliar Nostra aetate, a la que se dirige este año el pensamiento del sociólogo con motivo del 60 aniversario de su promulgación por Pablo VI, el 28 de octubre de 1965, explica que los musulmanes «también tienen en estima la vida moral y rinden culto a Dios, especialmente mediante la oración, la limosna y el ayuno». «Ciertamente, este período del Ramadán es significativo no sólo por el ayuno, sino también por mostrar una mayor disponibilidad hacia el prójimo, para ser mucho más caritativos. Una disponibilidad que en otro sentido puede llamarse oración. Hablamos, por tanto, de oración oral, entendida como invocación para pedir al Señor su intervención para el bien, y hablamos de oración que se convierte en acto concreto, es decir, en voluntad de construir juntos para la paz, para reparar lo que está mal, un conflicto, sabiendo muy bien que la paz y la reconciliación, por las que hay que ser activistas, no pueden lograrse nunca sin la voluntad de Dios, y por tanto pidiendo su ayuda con la oración».
Una invocación especial en este tiempo santo será entonces por el Santo Padre, concluye Mustafa Cenap Aydin. «Intentaremos así estar cerca de él, que es un hombre de oración, que la vive en cada momento de su vida. Por eso, como musulmanes, incluso durante el mes de Ramadán, estaremos muy cerca de él, con nuestras oraciones».

Entrevista a Michel Cuypers
| El n. 4 de la revista «Il Regno `[El Reino]» (2007), editada en Bolonia por los religiosos dehonianos dedica una entrevista a Michel Cuypers, 56 años, belga, religioso de los Hermanitos de Jesús.Cuypers vivió doce años en Irán. Al comienzo en una leprosería en Tabriz, después estudiando la lengua y la literatura persa en Teherán alcanzando el grado de doctor en literatura persa en la universidad en 1983. Después estudió árabe en Siria y en Egipto y en 1989 se trasladó a El Cairo, donde actualmente reside y trabaja como investigador en el Instituto Dominicano para los Estudios Orientales, fundado hace medio siglo por los dominicos islamólogos Georges Anawati, Jacques Jomier y Serge Beaurecueil. Desde 1994 Cuypers ha concentrado enteramente sus estudios sobre la composición del texto del Corán, adoptando el método de análisis retórico. Sus artículos y ensayos son cada vez más apreciados también por estudiosos musulmanes. Es reciente la publicación de un libro suyo en lengua francesa dedicado al análisis de un capítulo del Corán: “El banquete. Una lectura del sura al-Ma’ida”, con un prefacio del eminente estudioso musulmán Mohamed-Ali Amir-Moezzi. La entrevista que publicamos, originalmente editada en francés, tiene por autor a Francesco Strazzari. |
P. – Hermano Michel Cuypers, háblenos de su investigación y de su nuevo libro: “El banquete. Una lectura del sura al-Ma’ida”.
R. – Desde hace unos doce años llevo adelante una investigación sobre la composición del texto del Corán con el método llamado “análisis retórico”, ya experimentado en los estudios bíblicos. Esta investigación se beneficia de dos siglos y medio de estudios sobre la Biblia y desde hace unos veinte años ha sido sistematizada en modo excelente por Roland Meynet, jesuita, profesor de teología bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Se trata del redescubrimiento de las técnicas de escritura y de composición que los escribas del mundo semítico antiguo utilizaban para redactar sus textos. La palabra “retórica” se debe por tanto en este caso tomar en el sentido preciso de “arte de la composición del texto” (que corresponde a una parte solamente de lo que Aristóteles entendía por “dispositio”, la retórica).
La retórica bíblica y – más ampliamente – semítica, difiere completamente de la griega, que ha marcado toda nuestra cultura occidental y también la cultura árabe, después que esta se abrió a la herencia de la cultura griega. Se funda sobre un principio simple, la simetría, que puede tomar la forma de paralelismos relativos a la sinonimia, antitéticos o complementarios, o sea los tres tipos de paralelismos que la exégesis bíblica, con Robert Lowth y sus “Lecciones sobre la poesía sacra de los hebreos”, aparecidas en 1753, ha puesto en evidencia en los Salmos, o también la forma del quiasma o “paralelismo inverso” (AB/B’A’), y finalmente el “concentrismo”, cuando aparece un elemento central entre dos aspectos simétricos del texto (AB/x/B’A’).
Tales correspondencias se prestan a diversos niveles textuales: miembros, grupos de miembros, etc., hasta siete, ocho niveles para textos importantes. La individualización de estas simetrías permite dividir el texto en unidades semánticas y evidenciar su estructura, que orienta a su vez la interpretación. En efecto, el objetivo final de esta técnica de análisis, como para todas las exégesis, es comprender el sentido del texto. Mi investigación es pues absolutamente interdisciplinaria, ya que aplico al Corán un sistema de análisis que proviene de los estudios bíblicos.
Al inicio no era más que una hipótesis de investigación: se quería verificar si efectivamente el análisis retórico bíblico era aplicable al Corán. He comenzado analizando algunas de los suras breves y rápidamente resultó evidente que este sistema se adaptaba perfectamente al análisis del texto coránico: a nivel de teoría no cambiaba nada, todos los principios se verificaban exactamente en el texto del Corán.
Después del estudio de unos treinta suras breves, que son atribuidos al inicio de la profecía mahometana, quise iniciar el análisis de un sura largo. Escogí el sura 5 (llamado normalmente “La mesa servida”, en árabe al-Ma’ida), porque según la tradición ella sería la última en orden de tiempo: en este modo el método se habría aplicado par los textos del inicio cronológico del Corán como para los del final. Esto habría permitido extraer traducciones ponderadas y afirmar que verosímilmente la totalidad del Corán está construida según estos mismos principios de composición.
P. – ¿Por qué usar la retórica como análisis de la estructura del Corán? Anteriormente ud. había practicado una lectura “atomizada”, fragmentaria, por pequeñas unidades semánticas.
R. – Es una experiencia absolutamente común a cualquier lector quedar desconcertado y rápidamente desalentado por el aparente desorden del texto coránico, especialmente a un lector no musulmán que no haya crecido con este texto desde la infancia. El Corán no se desenvuelve de manera lineal, como desarrollo progresivo de uno o más temas, como nos ha enseñado la retórica griega. Los sujetos en el Corán se mezclan. Un tema apenas aludido y rápidamente interrumpido, aparece a continuación; y algunos incisos introducen a veces un argumento completamente ajeno al contexto. El lector tiene rápidamente la impresión de una incoherencia total y es arrastrado a pesar suyo, a una lectura atomizada, discontinua, de fragmentos independientes unos de otros.
Es bueno notar que no somos nosotros solos, occidentales modernos, los que tenemos esta impresión. Ya en el Corán algunos neófitos convertidos al Islam hacen notar este particular al Profeta (Corán 25, 32). Las primeras generaciones musulmanas critican este aspecto del Corán, que llevará después a la producción de toda una serie de obras en el intento de justificar la coherencia (nazm) del Libro, pero cuyos argumentos no son convincentes y tratan solamente algunos detalles, de modo que el problema de todos modos pervive en la actualidad.
Los islamólogos occidentales modernos, por mucho tiempo, simplemente han dado fe, como hecho evidente, de esta incoherencia del texto. Y dado que todos practicaban el método histórico-crítico, encontraban en las incoherencias del texto argumentos para detectar estratos de redacción, inserciones tardías o recomposiciones a las que tal vez no dudaban en dar un orden más lógico, desplazando ciertos versículos.
La investigación de un orden en el texto aparece, pues, como un verdadero desafío. En los años ochenta del siglo XX algún islamólogo aislado ha intentado comprender la composición de los breves suras de la época de la Meca, la primera revelación coránica, con resultados muy parciales, declarando otrosí que era imposible encontrar cualquier orden en los largos suras compuestos en la época de Medina, que se colocan al inicio del texto del Corán pero que sobre los suras breves habían dado resultados absolutamente positivos. Era necesario tratar sobre amplios suras medinenses. De aquí nació “El banquete”.
P. – ¿En que cosa difiere su lectura del Corán de las otras lecturas?
R. – Esencialmente en el hecho de que el análisis retórico del texto permite una lectura contextual. La fragmentación del texto ha sido sin duda la razón principal por la cual todos los estudiosos clásicos comentan el Corán versículo por versículo, fuera de toda consideración del contexto literario en el que está inserto. Es la razón por la que explican los versículos con elementos externos al texto, lo que técnicamente llaman las oportunidades de la revelación, recorriendo a anécdotas o hechos de la vida del Profeta, tomados de las tradiciones (hadîth) atribuidos al Profeta o a sus compañeros, expresan la razón histórica por la cual este o aquel versículo ha sido revelado, atribuyéndole así un determinado sentido.
Ahora, cuando un versículo es colocado en su contexto y delimitado por la estructura textual de la que forma parte, su verdadero sentido aparece frecuentemente sin que haya necesidad de recurrir a estas oportunidades de la revelación, que con mucha frecuencia se puede plantear la hipótesis de que hayan sido construidas “post eventum” para explicar las sombras del texto.
Doy un ejemplo. El versículo 106 del sura 2 presenta estas palabras de Dios: “No abrogamos un versículo ni te lo hacemos olvidar sin darte uno mejor o igual”. Este versículo ha sido presentado por los juristas, los fuqahâ’, como el fundamento coránico de su teoría de la abrogación, según la cual ciertos versículos del Corán abrogan otros. Esta teoría ha permitido resolver aparentes contradicciones entre versículos, sobre todo los normativos. Se considera pues que los versículos más recientes abrogan los más antiguos, y para determinar cuales son los más recientes se ha decidido a priori que los versículos más duros y más restrictivos deben ser los más recientes y que estos abroguen los precedentes, más benévolos y tolerantes.
Regresando al versículo citado, si se le coloca en su contexto se ve que el sentido es absolutamente diferente: es una respuesta a algunos hebreos que protestaban contra Mahoma porque había incluido, en su proclamación del Corán, unos versículos de la Torá, modificándolos. A esta acusación de falsificación Dios responde que Él es libre de abrogar una revelación precedente sustituyéndola con una nueva, mejor. Se trata pues de la abrogación de la Torá por parte del Corán y no del Corán en su interior.
A pesar de muchos estudiosos musulmanes, en el curso del siglo XX, y aún recientemente la islamóloga francesa Geneviève Gobillot, hemos denunciado con fuerza este error de interpretación, que continúa circulando ampliamente. Es una cuestión de gran actualidad, ya que los extremistas islámicos se sirven de este argumento para afirmar que especialmente los versículos más duros del sura 9 (29 y 73), que incitan a los musulmanes a combatir a los infieles, abrogan cerca de 130 versículos más tolerantes, que en cambio abren el camino a una coexistencia pacífica entre los musulmanes y las otras comunidades.
Fieles a la lógica de la abrogación así como ellos la comprenden, los extremistas, como ya hicieron antiguos comentadores, consideran el sura 9 como el último revelado, que abroga especialmente los versículos más abiertos y tolerantes del sura 5, mientras que cada cosa en este último muestra que se trata de un texto-testamento que concluye la revelación.
P. – ¿Qué le permite hacer esta afirmación?
R. – Solo el análisis retórico nos permite alcanzar esta conclusión. Es posible a través de una contextualización del sura, en el marco de una aproximación intertextual. En efecto, ella contiene diferentes citaciones absolutamente claras de la Biblia o de textos para-bíblicos: la rebelión de los hijos de Israel, que rechazan entrar en la Tierra prometida, tomada del libro de los Números, el asesinato de Abel por parte de Caín, la ley del talión, una sentencia de la Mishná, tomada textualmente, escenas apócrifas de la infancia de Jesús, como también una evocación bastante misteriosa de la última cena. (De ahí el título del sura.
Estas interpretaciones textuales son conocidas desde hace tiempo. Pero una lectura atenta del texto revela otras diferentes reminiscencias bíblicas, menos evidentes pero no menos reales, que colocadas juntas no dejan duda sobre el trasfondo deuteronómico del sura tales como la mezcla de leyes y de relatos, el tema central de la alianza, la entrada en una tierra santa, el léxico, la repetición del “hoy” de Dios, la conminación a obedecer a los preceptos.
El Deuteronomio se presenta como el testamento profético de Moisés que cierra el Pentateuco, la Tora. En efecto, él muere al final del libro. Según la tradición, el sura 5 habría sido revelado en el momento de la solemne peregrinación del adiós del Profeta, muerto poco después. La semejanza de las situaciones es impresionante, excepto por el hecho de que Moisés no entra en la tierra prometida, mientras que Mahoma se encuentra con su comunidad triunfante en la tierra santa del santuario de la Meca. El relato de la revuelta de los hijos de Israel, aparece primero en el libro de los Números, después es retomado en el Deuteronomio. Este relato es la clave de comprensión de todo el sura 5 porque ilustra el rechazo de la gente del Libro, judíos y cristianos, a entrar en la alianza islámica, al contrario de los musulmanes. Al final del sura la evocación de la cena se vincula a la temática de la alianza, en un contexto en el que se recogen trazos del discurso de despedida de Jesús en el Evangelio de Juan, otro discurso-testamento. Finalmente, es necesario poner en relieve que el sura se concluye con el juicio de Jesús, que niega formalmente frente al Señor el haber afirmado ser Hijo de Dios y, al contrario, proclama solemnemente el más puro monoteísmo (5, 116-117).
Esta es la última palabra, cronológicamente hablando, de la revelación coránica y corresponde exactamente al final del texto del Libro, ya que el sura 112 proclama el mismo monoteísmo intransigente, negando cualquier filiación en Dios. Los suras 113 y 114, dos oraciones que no figuran en ciertos códices primitivos, deben ser consideradas como un encuadramiento litúrgico del Corán junto al sura 1. El sura 112 es pues la conclusión real del Libro.
P. – ¿Considera importante que en este momento se afronte el Corán con una metodología científica como la hermenéutica y la exégesis bíblica?
R. – En efecto lo considero de fundamental importancia. La exégesis tradicional islámica, después de haber dado todo lo que podía, desde hace mucho tiempo acabó sus recursos, ya que durante varias decenas de años no ha hecho sino repetir los comentarios de los primeros tres o cuatro siglos de la Hégira. Los grandes comentarios clásicos siguen siendo textos de referencia y es necesario consultarlos, especialmente por las cuestiones de gramática o de filología, pero no pueden en absoluto dar respuesta a los problemas del hombre moderno, que vive en otro mundo diferente.
Precisamente por esto aparecieron en el siglo XX importantes comentarios ideológicos, entre los más conocidos están los del indo-paquistaní Mawdûdî y los del egipcio Sayyid Qutb, ideólogo de los Hermanos Musulmanes, interpretando el Corán en función de las instancias sociales y políticas actuales. Las corrientes islámicas contemporáneas les hacen referencia directamente. Su slogan es el del retorno al Corán, más allá de todas las desviaciones y decadencias de la historia de la comunidad musulmana. Pero es precisamente ésta la pregunta: ¿cómo “regresar al Corán”?
La vía más rápida y más fácil es proyectar sobre él las propias aspiraciones personales, manipulando el texto según el propio gusto. Un creciente número de intelectuales musulmanes denuncia con fuerza este modo de proceder y auspicia un estudio científico del texto, como los cristianos han hecho con la Biblia. El camino es evidentemente muy largo y trabajoso y los resultados son imprevisibles. Quizá de ahí el temor que suscita. Por parte musulmana la investigación, en este sentido, está en sus primeros pasos, aparte de alguna excepción, mientras los orientalistas occidentales ya desde un siglo y medio han proporcionado una cantidad enorme de datos que se pueden encontrar especialmente en la “Enciclopedia del Islam” y en la muy reciente «Encyclopaedia of the Qur’ân». Los grandes centros de la teología musulmana, como la universidad al-Azhar del Cairo son, hasta ahora, muy cautos respecto a estas metodologías modernas.
P. – ¿Cómo llegar al corazón del Corán, sin dejarse llevar por las diferentes tradiciones interpretativas que pueden causar desviaciones?
R. – El “método”, si así se le puede llamar, no es diferente del necesario para cualquier otra investigación científica, y es la capacidad crítica. Ella requiere una ascesis del espíritu: saber tomar las distancias del objeto del estudio, estar dispuestos a volver a poner en cuestión las ideas recibidas y a descubrir lo inesperado.
El pensador francés de origen argelino Muhammad Arkoun ha afirmado con razón y un poco de humorismo que el modo más eficaz de luchar contra la violencia y el terrorismo de los extremistas islámicos sería el de imponer, en la educación de los jóvenes, la lectura de la “Enciclopedia del Corán”, fruto de este tipo de aproximación científico-crítica al Libro. La gran dificultad es que en Oriente Medio la educación se funda esencialmente sobre la tradición y la memorización y no sobre la reflexión y el espíritu crítico. Es un fenómeno cultural, que vuelve problemático el progreso científico en general y la evolución de la exégesis en particular.
P. – ¿Esta aproximación al texto coránico, en su opinión, puede dar la impresión de atacar el Islam o, por el contrario, de llegar a la pureza de la fe coránica?
R. – El Islam no se ha construido solo a partir del Corán. Los hadîth, atribuidos al profeta y que forman la zuna, o las tradiciones que se remontan a los imanes para los chiitas, y a continuación la elaboración del derecho musulmán (el fiqh) y de la ley (shari’a) han jugado un rol igualmente importante, si no mayor. El comentario (tafsîr) del Corán es parte de la tradición islámica. Para explicar el texto, los comentadores clásicos recurren principalmente a las circunstancias de la revelación, de la que he hablado antes, o sea a un principio externo al texto.
El análisis retórico, en cambio, examina solamente el texto así como es, en su versión canónica. Metodológicamente abstrae de la tradición, al menos en un primer momento, y afronta el texto de modo completamente diferente, para llegar frecuentemente a interpretaciones que no concuerdan con la misma. Sin embargo no ataca absolutamente el corazón de la fe musulmana, al contrario la pone más a la luz, liberándola de añadidos que la han recargado a lo largo de la historia.
El ejemplo que di más arriba es una prueba de ello: el término cronológico de la revelación mahometana, desde el sura 5, y la conclusión del Libro, el sura 112, tienen un contenido idéntico, subrayando el hecho que el monoteísmo islámico rechaza rigurosamente la idea de la filiación divina de Jesús: estamos en el corazón del credo musulmán. Se podría poner todavía el ejemplo de la evocación de la cena en los versículos 112-115. Los comentarios tradicionales son extremamente engañosos, ya que tratan el texto como un relato maravilloso, que describe con complacencia los ricos manjares de la comida que Dios hace descender del cielo.
Una lectura atenta del texto encuentra en cambio muchas reminiscencias del discurso sobre el pan de vida, en el capítulo 6 del Evangelio del Juan, asunto que da inmediatamente toda otra dimensión al texto, la de la alusión a la nueva alianza traída por Jesús y a la elección que se impone a los apóstoles y a los cristianos después de ellos, de entrar en esta alianza o en su defecto de sobrepasarla, abrazando la predicada por Mahoma. La lectura contextual e intertextual permite salir de lo anecdótico para alcanzar dimensiones teológicas ignoradas por los comentarios antiguos y sin embargo absolutamente conformes a la fe islámica.
P. – ¿Los teólogos musulmanes deben comprender que el análisis retórico del texto nos abre a una interpretación de este que debería permitir una renovación de la exégesis coránica como lo ha hecho para la exégesis bíblica?
R. – Son cosas que requieren tiempo. Recordemos las dificultades encontradas a los inicios de la exégesis moderna en la Iglesia católica. Existen varias corrientes de pensamiento. El análisis retórico bíblico fue abriéndose camino junto a la aproximación histórico-crítico de la Biblia, que ha sido la única escuela reconocida por largo tiempo.
Dado el peso enorme de la tradición en el Islam, se puede prever que las cosas avanzarán más lentamente, a velocidad geológica, come bromeaba un gran conocedor del Islam. Será sin duda la tarea gravosa y difícil de los intelectuales musulmanes que están asimilando el espíritu científico moderno que habrá de tejer el vínculo entre las teologías tradicionales y las nuevas aproximaciones al texto coránico. Estos intelectuales son perfectamente conscientes de la situación. Esta es la razón por la que no he dudado en solicitar el prefacio de mi libro a un eminente investigador musulmán, el profesor Mohamed-Ali Amir-Moezzi.
P. – El análisis retórico coloca al Corán en el contexto de la literatura semítica antigua. ¿Qué comporta esta manera de proceder? ¿Cuáles son sus consecuencias?
R. – Supone ante todo que se considere el Corán un texto literario. Ya en los años treinta del siglo XX, el gran pensador y escritor egipcio Taha Husien reclamaba el derecho de leer el Corán como obra literaria, junto a Homero o a Shakespeare. El hecho de analizar el Corán bajo el perfil de la retórica semítica coloca este texto en el cuadro de la literatura de la antigüedad tardía.
Se conocen las resistencias del Islam tradicional a una simple aproximación, porque el Corán es considerado palabra divina descendida del cielo, donde es custodiado en una mesa celeste. Esta palabra es de consecuencia considerada sin algún vínculo de origen con cualquier realidad terrena. Tal posición teórica, en la práctica evidentemente no tiene valor porque el Corán ha sido escrito en lengua árabe, como afirma él mismo, una lengua que ha hecho nacer, desde el origen de la exégesis coránica, análisis gramaticales y lexicológicos en relación a la lengua árabe existente, a un lugar y a una época bien definidos.
Entonces no se ve por qué el considerar la composición del texto desde el punto de vista de la similitud con la composición de los otros textos semíticos de la antigüedad pueda crear un verdadero problema teológico. La retórica, tal como la definimos, no es otra cosa que una gramática del texto, a un nivel superior del de las palabras y de la frase.
Más allá de esta posible dificultad, los musulmanes deberían alegrarse de descubrir que este texto, tan criticado por algunos por su incoherencia, está en realidad bien construido, con mucha fineza, a veces incluso hasta una sofisticada finura. A condición, obviamente, de aceptar que puedan haber en ello otra lógica y otra retórica, diferentes de las de la tradición griega. Algunos musulmanes podrían incluso verlo apresuradamente como una prueba del carácter milagroso del Corán.
P. – Una pregunta muy frecuente. ¿El Corán debe ser tomado enteramente a la letra, o hay algo que puede ser dejado al pasado?
R. – La pregunta se hace también a la Biblia y la respuesta que se puede dar es la misma. Tarea principal de la exégesis es dar la letra del texto, lo más fielmente posible. Pero esta letra es compleja y llena de contradicciones aparentemente imposibles de conciliar. De aquí la necesidad de una interpretación que lleve cuenta no sólo del detalle del texto, sino del conjunto del Libro.
Y si se considera que estos textos fundamentales son textos vivos, que tengan todavía hoy algo que decirnos, se debe tener en cuenta en su lectura la evolución moral y espiritual de la humanidad. Ya el gran pensador reformista egipcio, el jeque Muhammad Abú, muerto el 1905, afirmaba que no se pueden poner todos los versos del Corán en el mismo plano porque muchos son circunstanciales, valen para una situación dada, como fue la fundación de la comunidad musulmana, ya superada hace tiempo.
Junto a estos versículos hay otros que reflejan una sabiduría universal, válida para todos los tiempos. En éstos versículos es donde hemos de fundar la fe y la práctica religiosas. Esto es lo que hacen los 38 y después 100 intelectuales musulmanes que han firmado la “Carta abierta a su santidad Benedicto XVI”, entre los que hay un número considerable de «gran muftí» de diferentes países. En ese documento ponen en evidencia algunos versículos que permiten una pacífica convivencia de los musulmanes con las otras comunidades humanas.
Ello puede significar que ellos consideran implícitamente los versículos belicosos, que se encuentran sobre todo en el sura 9 ya citado, como caducos en su aplicación. Pero sería necesario que esto fuera declarado oficialmente y con claridad, considerado como definitivo e irrevocable. Pero aquí se enfrentan con otra dificultad, la de un magisterio en el Islam, que pueda dar autorizadamente un paso así.
P. – Una pregunta más. ¿Con el Islam el diálogo debe ser cultural o religioso?
R. – Sin entrar aquí en la conveniencia o no de reajustes estructurales de la curia pontificia, me parece evidente que el diálogo con los musulmanes, así como con las otras religiones, no puede ser sino ambas cosas.
Si se cree en la declaración del Concilio Vaticano II, en particular en la “Nostra aetate”, es claro que el Islam representa una de las mayores religiones de nuestro tiempo más cercana al cristianismo – por sus raíces históricas – que la mayor parte de las otras religiones. Tiene ciertamente un estatuto diferente al judaísmo, árbol sobre el que se ha injertado el cristianismo, pero posee partes comunes esenciales con nuestra fe, así como se señala en el texto conciliar.
¿La Carta a los Hebreos no dice también que “quien se acerca a Dios debe creer que Él existe y que Él recompensa a quienes lo buscan” (Heb 11,6)? Y a su vez el Corán afirma dos veces que “los que creen [los musulmanes], los judíos, los sabeos o los nazarenos y quien sea que cree en Alá en el último día y cumpla el bien, no tendrán que temer [el infierno] y no serán afligidos” (5, 69; cf también 2, 62).
Pero es verdad que el Islam no es solamente una religión, sino que también es una cultura, vasta y múltiple precisamente como el cristianismo, y este aspecto debe igualmente hacer parte del diálogo. Al Padre Georges Anawati, fundador del Instituto dominicano para los estudios orientales, le gustaba repetir: “Ni cultura sin religión, ni religión sin cultura”.
F. Strazzari, «La Biblia, el Corán y Jesús: Cómo llegar al corazón del credo musulmán»
http://www.funci.org/es/2007/06/07

Ha sido uno de los pilares clave en el diálogo entre la Iglesia católica y el Islam más moderado. Apreciado tanto por Benedicto XVI como por Francisco. Tanto, como para llegar a ser creado cardenal. El primer purpurado comboniano de la historia en una congregación eminentemente misionera y alejada de los espacios curiales. La valía de Miguel Ángel Ayuso Guixot como arabista e islamólogo le llevó a moverse con la misma soltura durante dos décadas a pie de obra en el Valle del Nilo, entre Egipto y Sudán, para hacer presente a Jesús de Nazaret entre los musulmanes que a promover una cultura del encuentro al más alto nivel de los despachos vaticano.
Hasta hoy. Ya por la mañana, Francisco ya advirtió lo que estaba por llegar. El pontífice desvelaba que el religioso sevillano –y bético– de 72 años estaba «muy enfermo», «al final de su vida». El Papa lo compartía en estos términos en una audiencia con la delegación internacional jainista, una confesión india, una de tantas con las que Ayuso había estrechado lazos. No para caer en un sincretismo religioso, sino para establecer una alianza entre religiones con el fin de poner coto a quienes manipulan la fe para justificar la violencia en nombre de Dios.
Te reco
«Todos juntos promovemos esta amistad social: no digo que todas las religiones sean iguales, porque entonces estaríamos traicionándonos a nosotros mismos y renunciando a nuestra propia fe. Desde el deber de la identidad proponemos un proyecto de apertura hacia los demás», defendía el cardenal.
Fue en 2002, cuando fue destinado a Roma y entró a formar parte del equipo educativo del Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islamística hasta convertirse en su director. A partir de ahí, los responsables de la Santa Sede le siguieron la pista y en 2012 el papa Ratzinger le designó secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. En mayo de 2019, Jorge Mario Bergoglio le nombró prefecto de este departamento vaticano y ese mismo año le creó cardenal. O lo que es lo mismo, le ponía al frente del timón de las relaciones con las otras confesiones como reconocimiento a todo el trabajo que había realizado hasta entonces en la trastienda.
No en vano, el principal artífice del «Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común», firmado en Abu Dabi en febrero de ese año por Francisco junto al gran imán de la universidad egipcia de Al Azhar, Ahmed al Tayyeb, principal líder religioso del islam suní. Aquel texto fue el punto de partida que le llevó al papa Francisco a escribir «Fratelli tutti», su tercera encíclica en la que el Pontífice argentino plantea su particular propuesta de un nuevo orden mundial donde las confesiones religiosas han de tener un papel determinante como constructoras de una nueva fraternidad universal.
«La encíclica quiere transmitir el contagio de la esperanza. Como decía san Carlos de Foucauld, hay que ser hermano de todos», defendía el que hasta la fecha ha sido uno de los colaboradores más estrechos de Francisco y uno de los españoles de referencia en el proceso de reforma en el que está inmersa el catolicismo. El cardenal Ayuso conjugaba la prudencia de la diplomacia vaticana con la cercanía y el buen humor de un sevillano, la humildad y el respeto al otro propia de un misionero comboniano con la devoción mariana de quien se sabe hermano del Baratillo.