Barcelona, ciudad centroeuropea (Recuerdo de la hta. Montserrat Casanova)

SÒNIA HERNÁNDEZ

Una austera esquela publicada en la prensa anunciaba el fallecimiento de Montserrat Casanova en Lisboa el 23 de diciembre de 1990. En la página web dedicada a su vida, su trayectoria y su producción artística, se dice que murió en Fátima el 22 de diciembre. Desde 1956 formaba parte de la fraternidad de les Petites soeurs de Jésus, la orden religiosa fundada por Charles de Foucauld, y se dedicó de manera exclusiva a su tarea como misionera en países como Algeria, Alemania, Suiza y Portugal. 

La muestra ‘Figuraciones entre guerras (1914-1945)’ en la Sala Parés busca recuperar a los principales creadores catalanes en unas décadas decisivas para la cultura europea del siglo XX

Varias décadas antes, se la consideraba entre los creadores más destacados de su generación. Una generación quemada y diluida por la Guerra Civil, de la que también formaba parte su hermana Concepció, instruida durante una época privilegiada para el desarrollo cultural de todo un país. Las dos colaboraron en la mítica revista Hèlix, pretendida puerta de entrada del surrealismo en Catalunya producida y editada en Vilafranca del Penedès.

Montserrat Casanova: ‘Figura’, 1929 
Montserrat Casanova: ‘Figura’, 1929 Sala Parés

Sobre Montserrat, Ramón Gómez de la Serna escribió que era esa artista con una misteriosa mirada felina y la equiparaba a artistas como Maruja Mallo o Ángeles Santos. Lo recuerda Sergio Fuentes Milà, el comisario de la exposición Figuraciones entre guerras. 1914-1945, en la Sala Parés, un entusiasta confeso de la obra de Casanova. Ella es una de las artistas que conforma la muestra que puede verse hasta el 7 de febrero y que quiere recuperar para el público, según el comisario, las obras más destacadas de los principales creadores catalanes en las que fueron, posiblemente, las décadas más trascendentales y significativas para la cultura europea en el siglo XX.

Como acostumbra a pasar, el título de la muestra conlleva varias lecturas. No únicamente se señala una etapa cronológica, sino que se hace evidente la voluntad de enlazar las expresiones artísticas e intelectuales catalanas con las europeas. Si hasta ahora el concepto de entreguerras trasladaba directamente a la efervescencia berlinesa o los años felices parisinos, la galería barcelonesa reivindica la importancia de la capital catalana para la producción de artistas como Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joaquín Torres-García Manolo Hugué o Joaquim Mir.

Xavier Nogués: ‘La sardana’, 1939
Xavier Nogués: ‘La sardana’, 1939Sala Parés

Durante un año y medio, el equipo de Sala Parés ha trabajado para localizar las piezas, unas 150, casi todas de colecciones particulares. Un número significativo de ellas se expone públicamente por primera vez. Y de la misma manera que se reivindica el trabajo de Montserrat Casanova, a quien la galería barcelonesa ya dedicó una muestra individual en el 2020, se señalan diferentes lecturas o reinterpretaciones sobre cuestiones presentes en las obras y sus autores como la ambigüedad sexual, el transformismo, el onanismo o el erotismo.

/El título de la muestra no solo señala una etapa cronológica, sino que se hace evidente la voluntad de enlazar las expresiones artísticas e intelectuales catalanas con las europeas

Con frecuencia, el escenario teatral se convierte en tema para los artistas. Josep Clarà está presente en la exposición con homenajes a las bailarinas Ida Rubinstein, interpretando a San Sebastián en una polémica representación del martirio en 1911 en París, e Isabel Rodríguez, con la que “consigue representar “el gozo y el dinamismo de la danza”, según Fuentes Milà.

Las manifestaciones artísticas de la Barcelona de entreguerras venían del Noucentisme y pretendían descubrir nuevos mediterráneos mediante una figuración alzada sobre, en palabras de Fuentes Milà, el siempre difícil equilibrio entre la tradición y el clasicismo y las vanguardias. La inmensa mayoría de los artistas expuestos habían residido o pasado temporadas en París, desde Miquel Villà hasta Josep de Togores. Este último tiene una presencia muy destacada en la muestra. En La bagarre , fechada en París en 1925, “el artista nos habla de la deshumanización de la humanidad mediante figuras masculinas que se pelean, en las que hay algo de homoerótico. 

Ángel Planells: ‘Danza de un jardín abandonado’, 1932 
Ángel Planells: ‘Danza de un jardín abandonado’, 1932 Sala Parés

Realiza toda una serie de peleas de este tipo, con el recurso de hombres sin ojos, sin personalidad, que actúan de manera automática en un momento tan convulso como el de los años veinte. Y también se entiende el viaje que hizo por Italia, donde redescubre y entra en contacto con los ciclos de los pintores del Quattrocento. Le interesan mucho las batallas de Paolo Uccello”, comenta el comisario de la muestra.

El papel central de Togores se entiende por su vínculo con diferentes países, corrientes y estilos. Introduce al mítico galerista Daniel-Henry Kahnweiler, tan trascendente para el desarrollo de tantos artistas y movimientos como el cubismo. Una de las obras maestras de la muestra es Devant la baignoire , pintada por Juan Gris en París en 1925. Pero, además, la descomposición geométrica de la realidad sigue presente en otras muchas piezas, como en “la figuración más disruptiva” de Construcción con hombre, casa y árbol , una obra de Torres-García de 1928, o los retratos de Olga Sacharoff y Josep Llorens Artigas.

Portada de la publicación Viva Octubre. Dessins sur la Révolution Espagnole (Bruselas, 1935), que recoge los grabados que Helios Gómez dedicó a la Revolución de Octubre 
Portada de la publicación Viva Octubre. Dessins sur la Révolution Espagnole (Bruselas, 1935), que recoge los grabados que Helios Gómez dedicó a la Revolución de Octubre Sala Parés

Las figuras fantasmagóricas de Premières communiantes , que Togores pintó en 1930, le sirven a Fuentes Milà para enlazar a su autor con el surrealismo de Magritte o incluso con el de Àngel Planells. De la misma manera, los impactantes retratos femeninos se acercan a los de Sacharoff, también reivindicada con entusiasmo en la muestra, cuyos ojos convertidos en manchas negras evocan directamente, al parecer del comisario, al trabajo de Modigliani.

Como en las mejores antologías, los grandes nombres universales se mezclan con otros que han gozado de menos suerte y que han pasado más discretamente por la historia, como el ya citado Miquel Villà. Las piezas concitadas sirven también para reivindicar el trabajo de la galería barcelonesa cuando se cumplen los cien años desde que Joan Baptista Parés se la traspasara a los hermanos Maragall, quienes asumieron el reto de su modernización. Los Salones de Otoño, celebrados en 1926, 1927 y 1928, y el movimiento cultural que promovieron, incluido el escándalo que rodeaba las presentaciones de las obras de Dalí incluido, son capítulos que se recuerdan.

Josep de Togores: ‘Lucie Kahnweiler’, 1921
Josep de Togores: ‘Lucie Kahnweiler’, 1921Sala Parés

Otros episodios destacados de la historia catalana y española están glosados, por ejemplo, con los aguafuertes con que el argentino Gustavo Cochet quiso realizar, como Goya, sus propios desastres de la guerra. La de Cochet, líder sindicalista de la CNT y la FAI, fue la única exposición que la galería hizo durante la guerra, en el otoño de 1936, impuesta por la CNT. Igualmente, puede verse la brutalidad de la Revolución de Asturias en octubre de 1934 reproducida en las planchas de los grabados de Helios Gómez.

Las consecuencias inmediatas de la guerra, como el exilio y los campos de concentración a los que fueron a parar muchos de los catalanes y españoles que huían de la guerra y la inmediata posguerra, entre ellos artistas e intelectuales, están presentes en la muestra. Llegando al final estremece la sencillez casi pueril del lápiz sobre papel de Ramon Calsina que reproduce la inmensidad del artista, cautivo y desarmado, bajo un cielo gris atravesado por una lluvia de lágrimas, oprimido en la plaza de toros de Vitoria en 1939.

Josep Llorens Artigas: ‘Figura’, 1924
Josep Llorens Artigas: ‘Figura’, 1924Sala Parés

Recuperado el conjunto en esos momentos, se propone en algunos casos sutiles reinterpretaciones de las diferentes concepciones de la figura a través de pintura, dibujo, escultura y fotografía como instrumento expresivo de los artistas catalanes en décadas de tanta agitación social y, por tanto, cultural y política.

Figuraciones entre guerras 1914-1945. Comisariada por Sergio Fuentes Milà. Sala Parés. Barcelona. www.salapares.com. Hasta el 7 de febrero

Fuente: https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20260111/11414550/barcelona-ciudad-centroeuropea.html


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