JOSEP-MARIA FUENTE Y GILLUÉ En Terrassa, a finales de 1963, Pere Puntí y Antoni Donadeu acompañados del escolapio Ramon Maria Nogués, consiliario del Agrupament Escolta Guillem de Muntanyans, quisieron conocer de cerca la espiritualidad del Hermano Carlos de Jesús.
En Farlete en Aragón estaba el noviciado de los hermanitos y fueron. Más adelante volvieron e hicieron un retiro en la cueva ermita de San Caprasio donde los novicios iban periódicamente a “hacer desierto”. Eran días de silencio, de lectura, meditación y oración. A finales de los años sesenta del siglo pasado, entre los escauts de Tarassa más grandes, se nos despertó el interés por Foucauld. Éramos ocho jóvenes escauts, yo entre ellos, que movidos también por el seguimiento de Jesús de Nazaret nos quisimos adentrar en la espiritualidad del Hermano Carlos de Jesús. En 1966, fuimos a pasar unos días de convivencia, silencio, oración y lectura en Farlete. Todos buscábamos dar más sentido a nuestra vida. Simultáneamente, descubrimos el benedictino monje-ermitaño Estanislau Maria Llopart en la ermita de la Santa Cruz, sobre el monasterio de Montserrat. Los escoltes siempre encontramos la puerta abierta al monasterio y recuerdo de aquellos años al también monje benedictino Basili Maria Girbau y al siempre risueño hermano Esteve Palenzuela que también nos empujó a conocer el ermitaño que descalzo nos recibía con un doble abrazo.
Este grupo fue creciendo con la incorporación de nuevos miembros y chicas que se convirtieron en novias primero, esposas después hasta llegar a ser hacia una veintena, número que hacía difícil encontrarnos y menos en las casas, como lo hacíamos, esto hizo que nos dividiéramos en dos grupos que periódicamente nos encontrábamos para compartir, rezar, silenciar y revisar nuestra vida. Siempre acabábamos con la oración del abandono. Organizamos muchos encuentros, entre ellos una convivencia en la calle San Valentín y otro en Les Fonts. Todos las recordamos como momentos importantes en nuestra vida y las anécdotas y recuerdos después de sesenta años, están muy presentes. Unos pocos abrazaron la vida religiosa: uno la de hermanito, dos hicieron vida eremítica un par de años en las Guilleries, después monjes en Montserrat, para finalmente fundar una comunidad en Masblanc (Osona), donde -a lo largo de treinta años- acogieron a cientos de chicos y chicas jóvenes y no tanto que buscaban respuesta a los interrogantes que tenían sobre el sentido de su vida con afán de reencontrarse y mantener su vida en el espíritu del Evangelio de Jesús.
El resto íbamos siguiendo nuestro camino, al abrigo de la parroquia de la Sagrada Familia, donde nos sentíamos bien acogidos y participábamos en el culto y las actividades. Algunos íbamos a Montserrat a ver al ermitaño Padre Estanislau. Otros, los más, se casaron y tuvieron hijos que les dieron nietos. Otros: Joaquim Cardellach, Montserrat Portero y Maria Lluïsa Grimalt, nos han pasado delante y están en el Cielo.
Yo conecté con el Seminario Conciliar. En la Diócesis de Barcelona había varios chicos, que provenientes del mundo del trabajo y atraídos por el testimonio de los curas obreros de Francia, nos planteábamos ser presbíteros. El Seminario entre otras razones, la creciente carencia de curas, lo estudió y puso en manos del vicerrector Ramon Prat que elaboró un plan de formación, una suerte de acceso a la universidad para mayores de 25 años, que en la diócesis se conocía como academia Prat. La formación incluía filosofía y teología y encuentros de los candidatos en fines de semana, Semana Santa, entre otros. Todos seguíamos vinculados a nuestras parroquias, algunos todavía hoy, que alimentaban nuestra vida de fe. Al terminar este plan de formación fui ordenado presbítero en Sant Cristòfol de Terrassa donde después de catorce años de servicio me enamoré de mi esposa. Antes de tomar la decisión quise seguir los pasos de Foucauld en Argelia durante 40 días (1987/88). Una experiencia imborrable para mí pese a la dificultad de ir solo, atravesar en transporte público, de Norte a Sur todo el país militarizado y con peligros todavía hoy. La estancia en los diferentes lugares donde estuvo Carlos de Jesús en Béni Abbès, Tamanrrasset y en la ermita del Assekrem en el desierto del Hoggar a 2680 metros de altitud en pleno desierto les recordaré toda la vida, también al obispo Jean –Marie Raimbaud “el obispo de la bicicleta” como lo bauticé, con quien conversé largamente. Finalmente y al regresar, después de una estancia en Solius, decidí pedir la dispensa a Roma -en un momento de puertas cerradas ante la fuga de miles de curas en todo el mundo- que no me fue concedida hasta diez años después .
La vida ha sido larga y pienso fructífera, cada uno fiel a la llamada del Señor que se ha interpretado con sinceridad y emotividad. Siempre hemos procurado permanecer al servicio de los demás y de Dios. Hoy hace años que estamos todos jubilados y unos más que otros seguimos los vaivenes del mundo y de la propia Iglesia, no tal y como lo habíamos vislumbrado aquellos años del Concilio.
Cataluña, a pesar de tantos esfuerzos y dolor, tampoco es lo que pensábamos que sería. Hacemos el mea culpa por la parte alícuota que nos corresponde y pedimos perdón y misericordia. A pesar de todo no queremos ni podemos desfallecer, seguimos en la esperanza de un Cielo Nuevo y una Nueva Tierra a nivel mundial y de Cataluña, a pesar de que el dicho «no hay daño que dure cien años» en el caso de Cataluña, no se cumple. ¡Y que Dios haga más que nosotros!
Con Carlos de Foucauld, al encuentro del otro (de Marc Hayet) Quizás hay que comenzar recordando una cosa que todos conocemos, pero que es necesario insistir, porque todavía circula, en ciertos medios, una idea preconcebida sobre Carlos de Foucauld: Carlos no fue al desierto para responder a la “llamada del silencio”, para ser ermitaño perdido en la inmensidad del desierto del Sahara. ¡No! Carlos fue al Sahara para encontrarse con la gente que allí vivía y vivir con ellos. A menudo asociamos su nombre a paisajes del desierto de extraordinaria belleza, que sin duda le gustaron, pero no fue la razón para ir a vivir allí, la razón profunda fue por la gente que allí vivía. 1 Y es en este sentido, que quizás pueda decirnos algo hoy, a nosotros que no vivimos en el desierto, sino en medio de nuestras ciudades y pueblos. (Advierto que voy a hacer un montón de citas de Carlos, espero que no sea demasiado pesante, pero me interesa darle la palabra a él.)
1.- Caminar sin miedo en el mundo. Yendo al encuentro del más lejano y diferente. La verdad que es sorprendente el camino que Dios ha hecho recorrer a Carlos después de su conversión: en su deseo de seguir a Jesús de Nazaret, que le ha fascinado, va ir pasando de la vida más separada del mundo (la vida de un monje encerrado tras los muros de un claustro trapense y luego la vida de ermitaño en la cabaña de un jardín de las Clarisas de Nazaret) a una vida inserta en un medio completamente diferente al suyo – los tuaregs de Argelia – por los que se deja acoger. Quería vivir para Jesús, Dios le hará descubrir que para vivir para Jesús, es necesario ir donde Jesús ha estado: en el mundo y, más concretamente, cerca de aquellos que estaban más alejados, más abandonados, aquellos que no presentan interés ninguno (“¿De Nazaret, puede salir algo bueno?”). E ir ¿para qué? Para llevarles un mensaje evangélico: ¡Dios ama a todos! Lo expresa en una carta que escribe a Monseñor Caron: “Soy un viejo pecador que, la víspera de su conversión –hace casi veinte años- fue atraído, irresistiblemente, por Jesús para vivir su vida oculta en Nazaret (…). Sacerdote por libre de la diócesis de Viviers, mis últimos retiros de diaconado y sacerdocio me ayudaron a entender que esta vida de Nazaret, mi vocación, debía de vivirla no en Tierra Santa, tan amada, sino entre las almas más enfermas, las ovejas más perdidas, las más abandonadas: ese divino banquete, del que yo era ministro, había que ofrecerlo no a los hermanos, a los parientes, a los vecinos ricos, sino a los más cojos, más ciegos, a los más pobres, a las almas más abandonadas, a aquellos que tienen menos sacerdotes. En mi juventud recorrí Argelia y Marruecos […] Ningún pueblo me parecía más abandonado que estos. He solicitado y obtenido del Reverendo Prefecto Apostólico de Sahara, el permiso para establecerme en el Sahara argelino y para llevar, en la soledad, en la 1« L’appel du silence” (La llamada del silencio) es el título de la primera película que se hizo en Francia, en 1936, sobre Carlos de Foucauld, película de Léon Poirier,. 1 2 clausura y el silencio, en el trabajo manual y la santa pobreza, solo o con algunos sacerdotes o laicos, hermanos en Jesús (…) una vida tan semejante como fuera posible a la vida oculta del bien amado Jesús en Nazaret.
2” Salir de mis zonas de vida confortables, donde vivo seguro con mis referencias (“la Tierra Santa, tan amada”) para ir a encontrar a quien está más lejos y llevarle lo que pueda tener de mejor. Toda su vida, reflexionando sobre Nazaret, irá profundizando esta intuición. Nos dejará otro gran texto muy conocido sobre Nazaret: nada de hábito especial, como Jesús en Nazaret; no separado del pueblo sino cercano; una casa sencilla, sin grandes posesiones de tierra, incluso sin grandes limosnas, como Jesús en Nazaret: “Tu vida de Nazaret puede vivirse en cualquier lugar: vívela en el lugar que sea más útil para el prójimo. 3” Así, de repente, esta misión de llevar el evangelio fuera, a los más alejados, se ensancha: no únicamente a los “países de misión”, sino a todos los lugares, allí donde estamos, allí donde la gente está alejada del evangelio, allí donde vivimos, en nuestra sociedad actual. Y lo que encuentro interesante, es que Carlos realiza, poco a poco, que esta misión es una misión de todos los bautizados; no solamente, ni tan siquiera en primer lugar, de los sacerdotes, sino ante todo una misión de todo fiel bautizado. Llega, incluso a decir que el bautizado “ordinario” está mejor equipado que el sacerdote. Hay muchos textos, especialmente al final de su vida, en los que habla de Priscila y Aquila, dos laicos de los que San Pablo habla en sus cartas y que fueron sus cercanos colaboradores. Como ejemplo este texto, extraído de una carta dirigida a Joseph Hours, laico de Lyon y del que volveremos a hablar: “Tal como usted lo dice, los mundos eclesiásticos y laicos se ignoran tanto que el primero no puede dar al otro. Es cierto que al lado de los sacerdotes, hace falta gente como Priscila y Aquila, que puedan ver a aquellos que el sacerdote no ve, penetrando donde no puede penetrar, yendo hacia los que le huyen, evangelizando por un contacto bienhechor, una bondad desbordante con todos, una afección siempre dispuesta a darse, un buen ejemplo que atraiga a los que dan la espalda a los sacerdotes y les son hostiles 4” O a Monseñor Caron, cuando le habla de la Asociación que Carlos desea crear: “No es únicamente a través de dones materiales, que podemos trabajar por la conversión de los infieles; sería más bien a través del establecimiento entre ellos, como agricultores, colonos, comerciantes, artesanos, propietarios de tierras, etc, de excelentes cristianos de toda condición, destinados a ser un apoyo precioso para los misioneros, atrayendo a los infieles a la fe, por la bondad, el contacto, y destinados a ser como el núcleo al que se podrían ir agregando, uno a uno, a medida de que se fueran convirtiendo. 5” 2 Carta a Monseñor Caron, Beni Abbés, 8/4/1905 3 Cuaderno de Tamanrasset, 22/07/1905 4 Carta a Joseph Hours, Assekrem, 3/5/1912 5 Carta a Monseñor Caron, Argel, 11/3/1909 Interesante, en este último texto, la idea de que los laicos cristianos son el núcleo de base que irá constituyendo la Iglesia. Por lo tanto, el primer punto: una misión de todos los bautizados a volverse, con decisión, hacia aquellos que están lejos, para llevarles un mensaje de amor, allí donde estén (no solamente lejos, sino también aquí, en nuestros barrios).
3.- Mirar el mundo no como el lugar de todos los peligros, sino como el lugar en el que se puede encontrar a Dios. Es otro de los desafíos que Carlos encontró: Desde el momento de su conversión, quiso vivir en la intimidad de su “bien amado Hermano y Señor Jesús”. Por eso fue a la Trapa y de la Trapa a la soledad de Nazaret y de allí a Beni Abbés con, en esta nueva etapa, el sacerdocio y la misión de llevar el banquete a los más abandonados. Pero en Beni Abbés, el deseo de ser hermano de todos y la puerta, permanentemente, abierta, no facilita vivir en una intimidad silenciosa, incluso si todavía habla de clausura. ¿Cómo hacer? Durante la marcha de reconocimiento de los Tuaregs, que realiza en 1904, se irá aclarando esta intuición. Ya conocéis el texto. Camina buscando posibles lugares donde pudiera instalarse; un día, encuentra un lugar que podría ser apropiado, entre rocas y al pie de un acantilado. Pero ¿dónde instalarse? ¿abajo, con el “inconveniente de estar cerca de los hombres y expuesto a muchas visitas”? o ¿en lo alto del acantilado “con la ventaja de estar lejos de los hombres y del ruido y allí tener la soledad con Dios”? Pide al Señor que le ayude a tomar una decisión. La respuesta es luminosa y esclarecedora: “Hoy y en el futuro, si te es posible, establéceme en el primer lugar [abajo], entre esas rocas que se parecen tanto a las de Belén y a las de Nazaret, donde podrás encontrar a la vez, la perfección de mi imitación y la de la caridad; para recogerte, es el amor quien te debe recoger en mí, interiormente, y no la lejanía de mis hijos: Veme en ellos, y como yo en Nazaret, vive en su cercanía, perdido en Dios. 6” Dicho de otra manera, no es el lugar donde vivo el que “molesta” mi relación con Dios; lo que puede entorpecer es la manera en que estoy en ese lugar: Si mi presencia es una presencia amante, estaré con Dios, con tanta certeza, como la que tendré estando en la iglesia o en la capilla: el recogimiento es fruto del amor. “Veme en ellos; y como yo en Nazaret, vive en su cercanía, perdido en Dios” Magnífica manera de expresar la vida cristiana en el mundo. Invitación a estar en el mundo sin miedo, porque allí nos espera Dios: “¡En ellos me verás!” ¡qué fuerte! Claro que no es Dios a quien veo, veo al otro y debo mirarle por él mismo; pero mirándole con amor, encuentro a Dios porque Dios está con él. 6Es interesante ver, cómo Carlos anota: “Establéceme” y no “Establécete tú” Al instalarse Carlos en un lugar, instala, también a Jesús en ese lugar… Cuaderno de Tamanrasset: a Tit, 26/5/1904 3 Invitación, también, a hacer de cada acontecimiento, de cada encuentro, una oración, un 7 encuentro con Dios, un “guiño hacia el cielo”. Seguro que transformará nuestras vidas y nos hará “orar sin cesar” . Carlos volverá a menudo sobre la idea de que el amor de Dios y el amor a los hombres crecen juntos: “No tenemos más que un corazón, el mismo corazón con el que amamos a Dios es el mismo con el que amamos a los hombres: si nuestro corazón se enardece, se inflama, se enternece en la práctica del amor al prójimo, de igual modo, se irá volviendo más cálido y tierno para amar a Dios. 8 ” 3.- A la escucha de un Dios que me habla: dejarme tocar y zarandear en el encuentro con el otro. Si Dios está presente en medio del mundo, y si yo quiero unirme a Él a partir de mi vida en el mundo, hará falta que yo escuche lo que Él me dice, precisamente a través de la vida del mundo, la vida de la gente. Esto me parece que es, también, una característica del camino de Carlos de Foucauld: vivir en el mundo con los ojos bien abiertos y dejarme zarandear por la vida del mundo que bulle en torno a mí. En Carlos es algo que hay que subrayar. Cuando está en la Trapa y que comienza a plantearse muchas preguntas, nos dice que una de las cosas que más le hicieron ir cambiando, fue la de ir a rezar a casa de una familia pobre: “Hace unos ocho días, me enviaron a rezar un poco, a casa de un pobre indígena católico, 9 fallecido en la aldea vecina: ¡Qué diferencia entre esta casa y nuestras habitaciones! ¡Suspiro por estar en Nazaret…! ” O bien, las reflexiones sobre el hecho de que su monasterio fuera protegido, mientras los cristianos de los alrededores estaban siendo masacrados: “Es muy doloroso, estar en tan buenas relaciones, con los que cortan el cuello de nuestros hermanos. Más nos valdría sufrir con ellos que estar protegidos por los perseguidores… Es una vergüenza para Europa: hubiera podido impedir estos horrores y no lo ha hecho. Es verdad que el mundo no ha conocido lo que aquí está pasando. El gobierno turco ha comprado a la prensa, ha dado sumas enormes de dinero a ciertos periódicos, para no 7El otro día estaba en el metro y delante de mí, había un hombre que andaba con mucha dificultad, titubeándose; yo lo vi y pensé, con amabilidad: “Pobre hombre, no se encuentra muy bien”; incluso, supongo, que recé por él. Una mujer que me seguía se acercó al hombre, lo tomó por el brazo y le ayudó a sentarse en un banco. Después se alejó hasta el andén para esperar el metro; pero volvió y sacó de su bolso dos yogures, que seguramente tenía para la pausa del mediodía; les entregó al señor, que los devoró con ganas. Allí comprendí que había visto al Buen Samaritano y que me había hablado del levita, del sacerdote, o del buen religioso, enfrascados en sus vidas de consagrados, pasando al lado de su prójimo… Leer el evangelio a la luz de nuestro Nazaret, nos interpela, nos mete tras los pasos de Jesús. Y nos hace amar la vida, esta vida de todos los días que nos habla de Dios. 8Meditación en Nazaret 9A Marie de Bondy, Akbés, 10/4/ 1894 4 5 publicar más que las noticias que le pudieran interesar. Pero los gobiernos, gracias a las embajadas y consulados, saben toda la verdad. 10” O simplemente, su experiencia de trabajo en la Trapa: “Nuestro principal trabajo, es el trabajo en los campos: (…) Antes de ayer terminó la cosecha. Es el trabajo de los campesinos, trabajo, […] más duro de lo que se cree cuando no se ha hecho nunca, te hace sentir compasión por los pobres, sentir una gran caridad por los obreros, los trabajadores. ¡Qué bien se valora el precio de un pedazo de pan, cuando se sabe cuánto cuesta ganarlo!”11 Más tarde en Nazaret, se dará cuenta de lo bien que es tratado, en comparación a otros familiares del monasterio que no son tan bien tratados. Se siente incómodo e incluso piensa en abandonar el monasterio: “La Madre Abadesa tiene, siempre, un comportamiento muy bueno conmigo, tanto que no sabe qué inventar para ser siempre delicadamente agradable; igual que toda la comunidad… Pero esta actitud, incluso, me molesta; ¿Por qué?: yo no quiero ser ingrato; pero tampoco quiero ser halagador, porque es un papel indigno; Ya que si la Reverenda Madre, tiene hacia mí gestos de gran bondad (…) no le impide ser bastante dura, bastante fría y estricta con los otros que valen mucho más que yo y que, en cualquier caso, son todos miembros de Jesús (…) A veces se producen faltas de caridad, incluso de justicia que me sitúan en una posición falsa, sobre todo que evitan de hablarme de estas situaciones –saben o adivinan lo que diría – e intentan ocultármelas… Y después, cuando me invitan al locutorio y me rodean de delicadas atenciones, me siento muy molesto… Me resulta odioso ser tan bien tratado por una persona que, un instante antes o después, trata tan mal a Jesús (…) Necesitaría poder hablar francamente y reprender con franqueza: pero no podría hacerlo sin perjudicar a los que me confían sus penas, (…) y, entonces, para no ser halagador ni cómplice, pienso más de una vez que me debería de ir y aprovechar para ir a un lugar donde, realmente, sea un desconocido.” 12 Es interesante observar que dejándose afectar por las situación de los pobres (los cristianos de la región de Akbés, o la gente maltratada por las hermanas y que le confían sus penas, lo que quiere decir que está atento y les escucha…) Carlos se deja mover e interpelar, dispuesto, a la luz de esas interpelaciones, a poner en cuestión la manera de vivir su llamada: los acontecimientos, son para él, como la voz de Dios. Será, más tarde, la misma dinámica cuando, por ejemplo, Carlos enfermo será salvado por los Tuaregs, y los cambios que se producirán en él, gracias a este compartir real y verdadero. Me parece que es un mensaje actual para todos nosotros: escuchar a Dios que nos habla en el compartir la vida de la gente, con aquellos con los que vivo: el mundo, mi barrio, la escalera de mi bloque, mi familia etc. Caminar con el otro, en particular el pequeño, dejarme 10 A Raymond de Blic, Akbés, 3/5/1896 11 Carta a su hermana Mimí, Akbés, 3/7/1891 12 Al Abbé Huvelin, 22/3/1900 tocar por su sufrimiento, escuchando lo que Dios quiere decirme a través de su vida; todo esto puede llevarme a cambiar y reorientar mi vida… 4.- Anunciar el Evangelio, a través, de una actitud de diálogo: “el apostolado de la bondad” Estar en el mundo, OK, aquí estamos; ver la presencia de Dios, Ok, lo intentamos; escuchar lo que Dios nos dice, a través, de los otros, de acuerdo, se hace lo que se puede. Pero nosotros, como cristianos en el mundo de hoy ¿no tenemos algo que aportar, un mensaje a transmitir? Por supuesto, anunciar el Evangelio, fue una preocupación constante para Carlos, pero es interesante de ver, que al final de su vida, tiene una concepción muy particular de este anuncio. Podríamos decir que, para él, anunciar el evangelio, es entrar en diálogo con el otro, y el diálogo no es, de entrada, aportar mis argumentos para “vender mi mercancía”, si puedo hablar así; si no respetar al otro en su camino, escuchar lo que tiene para decirme… Es la última etapa de los descubrimientos de Carlos de Foucauld. En el ambiente de los Tuaregs musulmanes, con su diferencia cultural y religiosa, toma conciencia que las palabras del evangelio “no dicen nada” y que, por lo tanto, si se quiere anunciar el mensaje de Jesús, hay que hacerlo a través de la vida: allí donde las palabras del evangelio no pueden ser comprendidas, tendrá que ser una vida según el Evangelio la que deberá hablar del Evangelio. ¡Pienso que es muy actual como situación y como respuesta!… Y todo bautizado, según Carlos, puede (y debe) vivirlo: sacerdotes, laicos, religiosos: “Harían falta buenos y numerosos sacerdotes, no para predicar (se les recibiría como recibirían en los pueblos bretones, a turcos que vinieran a predicar a Mahoma […]), sino para tomar contacto, para hacerse amar, inspirar estima, confianza, amistad, realizar acercamientos entre la populación y ellos, desbrozar la tierra antes de sembrar; seguidamente harían falta buenos cristianos y cristianas laicos, para realizar el mismo papel, realizar un contacto más estrecho todavía, entrar donde el sacerdote no puede entrar (sobre todo en medio musulmán); dar ejemplo de virtudes cristianas, mostrar la vida cristiana, la familia cristiana, el espíritu cristiano; harían falta, después, buenas religiosas, con o sin hábito religioso, curando los enfermos, educando los niños, muy mezcladas con la populación, dispersas a dos o tres, allí donde haya un sacerdote y algunos cristianos … Durante mucho tiempo no buscar convertir, sino amar, ser bueno, virtuoso, crear una relación estrecha con la gente…” 13. Antes de labrar y sembrar la tierra, es un “trabajo de desbrozar” que está basado en ir creando contactos, relaciones estrechas. Cada bautizado, allí donde viva, es responsable del 13 Carta a Fitz-James (11/12/1912) 6 evangelio, “misionero aislado”, “vanguardia”. Por muy lejos que vaya, a los lugares donde el Evangelio no es conocido, está encargado de una misión. Lugares que están, a veces, “demasiado lejos” para que las palabras del Evangelio puedan tener sentido; pero nunca están “demasiado lejos” para que el corazón del Evangelio no pueda batir en estos lugares. Lo llamará el “apostolado de la bondad 14” En una carta que escribe a Joseph Hours (laico de Lyon a quien escribe en numerosas ocasiones) Carlos lo explica con mucha claridad: “Todo cristiano debe ser apóstol: no es un consejo, es un mandamiento, el mandamiento de la caridad. Ser apóstol […] ¿por qué medios? Los mejores, teniendo en cuenta a quién se dirigen: con todos aquellos con los que se relacionan, sin exceptuar a nadie, por la bondad, la ternura, la afección fraterna, el ejemplo de la virtud, por la humildad y la dulzura siempre atrayentes y tan cristianas: con algunos sin decirles, jamás, una palabra sobre Dios ni sobre la religión, teniendo paciencia como Dios la tiene, siendo bueno como Dios es bueno, amando, siendo un hermano tierno y rezando; con otros hablando de Dios, en la medida que puedan entenderlo; cuando deseen conocer la verdad por el estudio de la religión, poniéndolos en relación con un sacerdote, bien escogido, y que sea capaz de hacerles bien… Sobre todo, ver en todo ser humano un hermano “vosotros sois todos hermanos, tenéis un único padre que está en el cielo” Ver en todo ser humano un hijo de Dios, un alma rescatada por la sangre de JESÚS, un alma amada de JESÚS, un alma que debemos amar como a nosotros mismos, y que debemos trabajar a su salvación 15” “Ser apóstol sin jamás hablar de Dios” ¡interesante! Tener paciencia, respetar al otro en sus convicciones, caminar juntos compartiendo valores comunes (lo que Carlos expresa: “hablar de Dios en la medida que puedan entenderlo”, dirá también “a partir de la religión natural”, de los grandes valores humanos) caminar al paso del otro y ante todo amar. El diálogo es, de entrada, el dialogo del amor ofrecido: “sobre todo ver en cada humano, un hermano”. Antes de que pueda hablar de Dios, la gente esperará ver mi comportamiento. Antes de que pueda hablar de Dios, la gente esperará que les escuche hablarme de ellos mismos. He hablado de diálogo, es una palabra que no hace parte del vocabulario de Carlos de Foucauld, no ha elaborado una teoría del diálogo, pero si se pueden observar en él ciertas actitudes, que son para él, las actitudes de diálogo. Voy a destacar 4 o 5 puntos:
4.1 “Rechazar todo espíritu de conquista”, de proselitismo Lo encontramos en la misma carta escrita a Joseph Hours: 14 Expresión que viene del Abbé Huvelin, visitado en Paría en 1909 y que Carlos anota cuidadosamente. 15 carta a Joseph Hours, Assekrem, 3/5/1912 (Los subrayados son de Carlos) 7 8 “Rechazar, y alejar de nosotros, el espíritu de conquista16. ‘Yo os envío como corderos en medio de lobos’ dice JESÚS… Qué lejos está la manera de hacer y de hablar que era las de JESUS, qué lejos está del espíritu militante de los que nos son cristianos o malos cristianos y que ven enemigos que hay que combatir, en lugar de ver hermanos enfermos que hay que curar, heridos en el camino de los que hay que ser buenos Samaritanos (…) No ser conquistador de nadie: JESÚS nos ha enseñado a ir ‘como corderos en medio de los lobos’, no a hablar con acritud, rudeza, ni injuriar ni tomar las armas.” “Rechazar todo espíritu de conquista”, no quiere decir: no comprometerse. Quiere decir rechazar el querer convencer a cualquier precio, rechazar entrar en batallas de ideas ásperamente defendidas (con acritud, con rudeza, injuriando, tomando las armas); quiere decir intentar comprender al otro, lo que puede ser un obstáculo en él, lo que le hace “enfermo, herido” como dice Carlos.
4.2 Reconocer el valor del otro, su parte de verdad. Es una segunda actitud en el diálogo. La encontramos en las reflexiones sobre los musulmanes y sobre el Islam, porque es el medio en el que vive; es, como es fácil de comprender, una cuestión que nos interesa y que tiene una gran actualidad en nuestros países. Sin duda, lo que dice del Islam es válido para muchas otras situaciones. “El islam es extremadamente seductor: sentí una gran seducción. Pero la religión católica es la verdadera: se puede probar fácilmente. Por lo tanto, las otras son falsas. Así pues, allí donde hay un error, hay siempre males (aunque las verdades que puedan subsistir en medio de los errores son un bien, y continúan a ser capaces de producir grandes y verdaderos bienes, que es lo que sucede con el Islam) 17” “¿Es extraño que los Musulmanes se hagan falsas ideas de nuestra religión, cuando, entre nosotros, la mayoría tenemos ideas fantásticas de sus creencias?…(…) Usted ha dibujado de manera admirable, esta extrema simplicidad de costumbres, que es tan hermosa, esa gran decencia…No puedo evitar decirlo, he sido muy edificado por su libro y he encontrado una multitud de ejemplos para imitar, e incluido el suyo…18” Hay varias cosas interesantes, en estos extractos de las dos cartas dirigidas a su amigo Henry de Castries que le acaba de enviar un libro que ha escrito sobre el Islam: de entrada esta idea de que hay una parte de verdad en el Islam y que por lo tanto, es normal que el musulmán sea fiel a esta verdad; luego esta certeza de que la verdad, se encuentre donde se encuentre, produce frutos buenos. 16 El texto francés dice: “Bannir l’esprit militant” (= alejar de nosotros el espíritu militante). Pero en el francés de hoy, como en español, la palabra “militante” designa una persona dedicada, entregada a la defensa de una causa de justicia, de servicio, etc. Y claro, ¡no se trata de alejar de nosotros esta actitud positiva de entrega! El “espíritu militante” en la forma de hablar de Carlos, es una forma de proselitismo agresivo que quiere imponer ideas por la fuerza. 17 Carta a Henri de Castries, 15/7/1901 18 Carta a Henri de Castries, 14/8/1901 Interesante, también, señalar que entre estas dos cartas, hay un mes de separación: durante este mes Carlos ha leído el libro de Henry de Castries: se ha dejado influenciar por las ideas de su amigo y ha cambiado su mirada… Admite que él, también, tenía prejuicios (“ideas fantásticas sobre sus creencias”) y llega, hasta el punto de decir, que hay ejemplos que se deben imitar en los musulmanes y de los que de Castries habla… Ideas que sorprenden para la época de Carlos, adelantadas para su tiempo. (Ideas que, en Carlos, han ido evolucionando a medida que iba conociendo a la gente: a veces evolucionando en una mayor comprensión y estima, a veces dando marcha atrás…) Actitud fundamental del diálogo: creer que el otro es sincero y busca con sinceridad con la iluminación de la que dispone, no dudar de su buena fe, no dudar de su capacidad de abrirse. Y enriquecerme de sus valores. 4.3 Entrar en una relación de reciprocidad: la historia de Taghaïchat “Cuando sucedió la masacre de la misión Flatters, una mujer tuareg de familia noble, tuvo un comportamiento extraordinario; oponiéndose a que se matara a los heridos, acogiéndolos y cuidándolos en su casa [mejor dicho en su tienda de nómada], impidiendo la entrada a Attissi, (…) que quería acabarlos él mismo y, una vez curados, haciendo que fueran repatriados a Trípoli. Tiene, ahora, de 40 a 43 años, mujer muy influyente y reconocida por su caridad. Esta alma ¿no estaría preparada para el Evangelio? No habría que escribirle, para decirle simplemente, que la caridad que siempre practicó y con la que recogió, curó, defendió, repatrió a los heridos de la misión francesa, hace 22 años, todos la conocemos y nos llenan de gozo y de agradecimiento a Dios… Dios nos ha dicho: “El primer mandamiento de la religión es amar a Dios con todo el corazón. El segundo es amar a todos los humanos sin excepción, como a sí mismo”. Dios nos dijo también: “Vosotros sois todos hermanos, tenéis un mismo Padre, Dios”; y “El bien o el mal que hagáis a los hombres, lo hacéis, también, a Dios”. Admirados, y dando gracias a Dios, por verla practicar la caridad con los hombres, que es el segundo mandamiento, siendo el primero el amor a Dios, le escribimos esta carta para decirle, que entre los cristianos (todos los que) oirán hablar de usted, la bendecirán, alabarán a Dios por sus virtudes y Le rezarán para que le sean derramadas todas las gracias en este mundo y le sea concedida la gloria en el cielo…Le escribimos, también, para pedirle con insistencia de orar por nosotros, con la certeza de que Dios, que ha puesto en su corazón una tan grande voluntad de amar y de servirle, escucha las plegarias que usted le dirige, le suplicamos de rezar por todos nosotros y por todos los hombres, para que todos, con toda nuestra alma, le amemos y Le obedezcamos. A Él la gloria, la bendición, honor, alabanza, ahora y por siempre. Amén. 19” ¡No es tan evidente, reconocer de verdad y profundamente, el bien que el otro es capaz de hacer, decirle que aprecio ese bien realizado y que doy gracias a Dios! No es tan normal, 19 Cuaderno de Beni Abbés, 21/06/1903 9 para un sacerdote católico (hace 100 años) de pedir a una mujer, musulmana, de rezar por él, con la certeza de que Dios escuchará sus oraciones! Aunque me repita, quiero insistir: en el contexto en el que vive Carlos, se trata de musulmanes, y nos hace parte de sus reacciones. Pero esta actitud de diálogo que es capaz de reconocer el bien que el otro es capaz de hacer; actitud que sabe y es capaz de pedir ayuda; esta actitud es válida, también hoy, en mis relaciones con la vecina de escalera, con el joven apoyado en el muro de mi barrio, a condición de que sea capaz de entrar en contacto con ellos. Carlos, en sus propios escritos, nos lo confirma: sobre todo en Beni Abbés y Tamanrasset ha pasado mucho tiempo de charla con la gente y ha ido creando relaciones: “Tengo aquí, al menos, cuatro “amigos”, con los que puedo contar plenamente. ¿Cómo se han apegado a mí? De la misma forma cómo creamos relaciones entre nosotros. Yo no les he hecho nunca un regalo, pero han podido comprender que en mí tenían un amigo, que sentía afecto por ellos, que podían confiar en mí. Y yo he sentido lo mismo de su parte. (…) Hay otros a los que amo, que estimo y con los que puedo contar para muchas cosas. Pero a esos cuatro, puedo pedirles cualquier consejo, información, servicio y estoy seguro que lo harán con todo el corazón” 20 Es interesante observar, que esta relación, dice Carlos, implica saber pedir informaciones, servicios o incluso consejos a sus amigos: una verdadera relación de reciprocidad. Todavía podemos añadir otro punto característico, según Carlos de Foucauld, de esta manera de estar presentes en el mundo, como portadores del Evangelio a nuestro mundo de hoy, de esta manera de concebir el diálogo:
4.4 La última palabra pertenece a Dios Es otra manera de decir “rechazar todo espíritu de conquista” En el fondo, ¡solo Dios sabe el final! Lo fundamental, en este tiempo presente, es que cada uno haga su camino con generosidad, como buenamente sepa, con la luz del Espíritu que trabaja en cualquier corazón humano. El Dr. Dhautheville, contó el contenido de una conversación que tuvo con Carlos: “Un día, me invitó a cenar con el sargento de caballería Teissère, que había venido para trabajar en el fuerte Motylinski. Durante la comida pregunté al Padre: – -“Cree usted, que un día los tuaregs se convertirán y que obtendrá los resultados que compensen sus sacrificios? -Mi querido Doctor, contestó, estoy aquí no para convertir a los tuaregs, sino para intentar comprenderles y mejorarlos. Además, deseo que los tuaregs tengan un lugar en el paraíso; estoy convencido que, el buen Dios, acogerá en el cielo a aquellos que fueron buenos y honestos, sin que tengan necesidad de ser católicos romanos. Usted es protestante, 20 Carta a Garnier, 23/02/1903 10 Teissère incrédulo, los tuaregs musulmanes, estoy persuadido que Dios, si nos lo merecemos, nos acogerá a todos, y yo busco mejorar a los tuaregs para que merezcan el paraíso. 21” No, no es relativismo: es confiar en el trabajo que el Espíritu realiza en el corazón de cada persona; es hacer confianza al hombre y creer que es capaz de una respuesta libre y recta si es fiel a la luz que ha recibido (“mejorarlos” es, precisamente esto: ayudarlos a dar lo mejor de sí mismos y a desarrollarlo). Es, sobre todo, reafirmar que “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Cf. La oración de Carlos: “haz que todos los humanos vayan al cielo”. Es muy interesante ver que, al final de su vida, Carlos insiste, a menudo, en esta actitud de confianza al trabajo del Espíritu en el corazón de todas las personas. En sus últimos años, trabajó mucho para organizar una asociación (La unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de Jesús) abierta a todos los cristianos: sacerdotes, laicos, célibes, casados, religiosos, religiosas y que tendría un triple objetivo: 1. Integrar el evangelio en su propia vida y vivir en consecuencia. 2. Amar la Eucaristía, sacramento de la vida entregada y vivir en consecuencia. 3. Trabajar para hacer conocer el Evangelio a los que están lejos. Escribió un Directorio, que sirviera de referencia a los miembros de esta Asociación. Llama la atención, ver cómo insiste para que los cristianos vivan las grandes dimensiones de la vida, amor, respeto del otro, sobriedad de vida… intentando que esta vida así vivida pudiera atraer a todo el mundo: “buscar impregnar, en estos valores, a todos los que estén en contacto con nosotros, hacerles apreciar, hacer desear poder vivirlos”: es hacer confianza a la rectitud de la gente: son capaces de desear el bien, de conformar sus vidas a este deseo: en otras palabras, aunque no puedan confesar el evangelio, pueden adherirse y vivir sus valores. 5.- Vivir el evangelio de la ternura: Un último punto (bueno, si es que os queda todavía, un poco de paciencia): para mí, es un punto esencial del mensaje de Carlos, que va junto a lo que Carlos llamó “el apostolado de la bondad”, y que yo llamaría “el evangelio de la ternura”. Nuestro mundo hoy, es – y todos lo sabemos – bastante duro: mundo de competición, y ¡desgraciado aquel que sea pequeño, débil! En nuestros barrios, estamos rodeados de gente que viven una profunda soledad (aunque estén todo el día enganchado al móvil); gente que ha fracasado en la escuela, profesionalmente, gente que no tienen confianza en sí mismos, que se desvalorizan porque siempre han sido desvalorizados, que viven con dificultad sus límites… Una de las intuiciones que Carlos de Foucauld nos ofrece es que nuestra manera de estar en el mundo es la de portadores de ternura. 21 Citado en: Doctor BONETTE, La obra de los médicos saharianos, colaboradores del Padre de Foucauld en el Hoggar. 1935 11 Más leo textos de Carlos, más descubro que el lenguaje de la ternura ocupa un gran lugar en el vocabulario de Carlos: “Tierno; ternura; afecto” son palabras muy corrientes en su pluma. (“Te abrazo como te amo” es una conclusión frecuente en sus cartas). Por ejemplo, en la famosa carta a Joseph Hours de la que hemos hablado: “Hacerse todo en todos, para darles a JESÚS, teniendo con todos bondad y afecto fraterno, echando una mano en todo lo posible, establecer contactos afectuosos, siendo un hermano tierno para todos, para llevar, poco a poco, las almas a JESÚS, practicando la dulzura de JESÚS.” Lo que es interesante, es que encontramos esta actitud desde el principio hasta el final de su vida: por ejemplo, esta meditación en Nazaret, sobre el evangelio de la resurrección de la hija de Jairo: “Seamos, extremadamente, delicados en nuestra caridad… Tengamos una tierna delicadeza que va a hasta los detalles y que sabe, por pequeños gestos, poner bálsamo en los corazones: “Dadle de comer”, dice Jesús. Atentos, también nosotros, a los que están cerca de nosotros con pequeños detalles… aliviemos a través de pequeñas atenciones; tengamos, con aquellos que Dios pone a nuestro lado, tiernas, delicadas, pequeñas atenciones como tendrían entre ellos hermanos muy tiernos y madres muy tiernas con sus pequeños… 22” Una ternura que va hasta los detalles. No eran solo palabras para Carlos. Las ha puesto en práctica. Es sorprendente leer las cartas, que escribió a los soldados heridos en el ataque El Moungar (Taghit) cerca de Beni Abbés en 1903; pasó tres semanas con los heridos y continuó, después, una relación por carta con algunos de ellos. Sorprende ver cómo con hombres, y además legionarios, se expresa de una manera tan afectiva (siendo él, antiguo militar, no tiene los “clichés” que nosotros podemos tener de los legionarios “rudos, insensibles”; sabe que esos hombres heridos tienen un corazón, piensan en sus familias que están en Francia… tienen necesidad de gestos y expresiones de afecto). El capitán, jefe del puesto en ese momento, testimoniará hasta qué punto esta delicadez, quedará grabada en el corazón de esos soldados. Y también, recordamos lo que dijeron los tuaregs después de su muerte: “¡No nos hacía esperar, jamás!” O incluso los consejos que daba a los oficiales, para recibir a la gente: poner bancos, recibir a la gente haciéndoles sentar, como detalle de respeto y de atención: una atención que va hasta los detalles. Esta idea de la ternura como camino de comunicación, e incluso como medio de evangelización, la encontramos al final de su vida: “Siempre hay cosas que podemos hacer a través del ejemplo, la bondad, la oración, estableciendo relaciones más estrechas con las almas tibias o alejadas de la fe, para llevarles poco a poco, a fuerza de paciencia, de dulzura, de bondad, influenciados por la virtud más que por los consejos, a una vida más cristiana o a la fe; estableciendo relaciones de amistad 22 Meditación sobre Mc 5,35-43, resurrección de la hija de Jairo 12 con aquellos que son contrarios a la religión, para– a través de la bondad y la virtud – hacer caer las actitudes de prevención y llevarlos, inclusive, a Dios…Hay que extender las relaciones con los buenos cristianos para poder sostenernos en el Amor ardiente de Dios, y con los no practicantes, buscando a tener con ellos no relaciones mundanas, sino relaciones de afecto cordial, llevándolos a tener, por nosotros, estima y confianza, y, por este camino, a reconciliarse con nuestra fe 23.” Yo creo, que todos hemos hecho la experiencia del poder de la ternura, para ayudar a las personas a abrirse, sobre todo cuando encontramos personas heridas; espero, también, que todos hayamos hecho la experiencia de la ternura recibida de los otros y que nos ha dado vida. Si recapitulo lo que he intentado decir, diría que lo que encuentro central en el mensaje de Carlos de Foucauld y lo que lo hace actual es: Un mensaje, resueltamente volcado hacia el mundo, con una mirada positiva, que nos descentra de nosotros mismos para llevar el evangelio del amor, en particular, a los más frágiles y a los más alejados. Vivir el mensaje del amor a través de una actitud de diálogo verdadero. Dialogar quiere decir: – “Rechazar todo espíritu de conquista”, hacer camino con el otro con paciencia – Reconocer la parte de verdad fecunda que cada uno lleva consigo – Entrar en una relación de reciprocidad en la que acepto recibir del otro – Confianza en que Dios habla al corazón y que el hombre es capaz de responder – En este conjunto de actitudes, hacer “hablar” al Evangelio: es la vida evangélica la que mejor habla del Evangelio Vivir el Evangelio de la ternura con todos y sobre todo con los más pequeños y vulnerables, los olvidados. Me parece que nos puede ayudar a elaborar un magnífico retrato, del cristiano en nuestro mundo, y cuyo resumen podría ser esta frase de Carlos: “Sobre todo, mira a todo ser humano, como un hermano” * * * * Imagino, que, escuchándome, os he hecho recordar a alguien. Hice, una vez, un trabajo donde ponía en paralelo, los temas que aquí he evocado con algunos textos del papa 23 Carta a Joseph Hours, Tamanrasset 10/2/1914 13 Francisco. ¡Ojo! No para decir que el papa Francisco es “de Foucauld” (¡ya ha sido jesuita, ahora lo encontramos franciscano, no vamos a añadirle, además Foucauld¡). Pero es verdad que es llamativa la proximidad: quizás simplemente porque Francisco, como Carlos, beben de la fuente fresca
Pero es verdad que es llamativa la proximidad: quizás simplemente porque Francisco, como Carlos, beben de la fuente fresca del evangelio. * * * * Si me permitís, me gustaría para terminar, ilustrar todo lo que os he dicho, con una historia concreta y que yo he vivido. Seguro que cada uno de vosotros ha vivido, también, historias similares: son fruto de esta manera de estar en el mundo, dejándonos guiar por el evangelio, tal y como Carlos de Foucauld nos lo ha transmitido. Recogemos sus frutos maravillados. Modestamente. En mi último trabajo, trabajaba en una empresa de limpieza en un supermercado. Estábamos tres hombres encargados de la limpieza. En el supermercado había muchos jóvenes en prácticas, enviados por sus escuelas para aprender el oficio. A menudo, son jóvenes árabes, y, habitualmente, no muy bien mirados. Yo tenía la costumbre de preguntarles su nombre. Me sorprendió ver, que esta pequeña cosa tan insignificante, era tan importante: cuando al día siguiente, al volver al trabajo, dices: “Hola Jamal” o “hola Kader”, te sorprende la cantidad de veces que te dicen, con alegría y sorpresa en los ojos, “¡Ah, te acuerdas cómo me llamo!”. Luego, eran ellos los que venían a saludarme, aunque no lo hicieran con los demás… Esta anécdota, me ha hecho pensar mucho y comprender, más profundamente, las palabras de Jesús: “¡El pastor conoce a sus ovejas y las llama, cada una, por su nombre y ellas le siguen!” A qué profundidad de lo humano, a qué secreta espera de salvación, hacía alusión, Jesús, con esta simple frase. Pero lo interesante para mí, es que esta historia tiene una continuación: mi jefe era un musulmán practicante, un hombre abierto y curioso: siempre habíamos hablado mucho de religión, de política, de justicia etc. Y con mucha libertad y amistad, a menudo ha comentado mi forma de actuar. Un día me preguntó: – “¿Por qué haces eso con los jóvenes?” – “Bueno, porque estamos juntos en el trabajo y hay que ser un poco humano ¿no? Es lo normal.”. Pero me dijo – ¡No! Lo haces porque eres creyente. Me gustó mucho que me hiciera ver que una actitud humana es, también, una actitud básica del creyente. Pude, entonces, explicarle lo que había descubierto del amor de Dios, a partir de la frase de la oveja perdida. Me llegó al corazón, cuando, cuando meses después, en el momento de mi jubilación, recordando esta pequeña historia me dijo: 14 – “Te voy a echar en falta: estar contigo me ha hecho profundizar mi propio Islam: hay, en vosotros, una dimensión de humanidad, que no tenemos” Y yo le agradecí por su ayuda para releer mi vida a la luz de la fe. Y todo, porque estuvimos juntos más de un año, con la escoba en la mano. Nada de más ordinario; nada de más extraordinario. Marc Hayet (Hermano de Jesús)
El amor y la imitación de Jesús de Nazaret inspiraron y animaron siempre el andar del padre de Foucauld en la realización de su vocación. Fue esto lo que lo condujo a la Trapa, y esto mismo lo que lo hizo salir de ella para avanzar solo, por caminos singulares, no por deseo de singularidad sino por fidelidad a un llamado, de hecho, le obligaría a innovar. Guardando todas las proporciones, ocurrirá otro tanto con la Fraternidad cuando, después de haber hecho de un modo monástico sus primeros pasos en la vida de Nazaret, comenzará la fundación de fraternidades con un cuadro de vida diverso al que hasta entonces le había sido característico.
En mayo de 1946 se funda en Aix-en-Provence la primera fraternidad obrera. Voillaume formará parte del grupo, trabajando de pintor, y si bien las responsabilidades del priorato no le permitirán permanecer demasiado tiempo en ello, deseaba participar personalmente en la nueva experiencia que comenzaban a vivir los hermanitos.
A partir de aquí se abre un período particularmente fecundo para la Fraternidad. En tanto se iba consolidando y confirmando en su nueva orientación, la abundancia de vocaciones y la consecuente multiplicación y dispersión de las fraternidades caracterizarán los años siguientes.
Es durante esos mismos años cuando el P. Voillaume escribirá las cartas y conferencias que en 1949 serán policopiadas y al año siguiente publicadas bajo el título En el corazón de las masas. En estos escritos del prior de los Hermanitos de Jesús, se hallará la base de la espiritualidad futura de las Fraternidades. El libro conocerá más de una docena de traducciones y numerosas reediciones, manifestando así que su interés superaba ampliamente los límites de las Fraternidades.
Por aquella misma época aparecen las nuevas Constituciones de los Hermanitos de Jesús (1951), donde se expresa en su nueva fisonomía la identidad de las Fraternidades:
«Los Hermanitos de Jesús imitan, ante todo, la vida laboriosa de Jesús obrero en Nazaret, llevando a cabo en la pobreza una vida de trabajo, en contacto íntimo con los hombres, mezclados con ellos como la levadura en la masa, a fin de contribuir por el testimonio de sus vidas más que por sus palabras, a hacer conocer y amar a Jesús, Hijo de Dios, y a establecer entre los hombres, por encima de todas las divisiones de clases, razas y naciones, la unidad fraternal del amor del Salvador» (art. 3)
Ante este hecho de la multiplicación de las fraternidades, y, sea para visitarlas o para preparar nuevas fundaciones, el padre Voillaume se verá obligado a viajar constantemente y por todos los continentes, utilizando con frecuencia la vía epistolar para seguir en contacto con los hermanitos.
Como fruto de este período aparecerán sus Cartas a las Fraternidades. El primer volumen –Testigos silenciosos de la amistad divina– El segundo –A causa de Jesús y del Evangelio–, El tercero –Por los caminos del mundo–, Si bien durante estos años serán publicados numerosos artículos suyos en medios diversos, lo contenido en estas cartas viene a continuar y a completar, desde el contacto con la experiencia de las fraternidades, lo que Voillaume expusiera en En el corazón de las masas. De aquí que constituyan la expresión medular de su pensamiento en estos años. Surgirán también, en aquel tiempo, otros grupos que se inspiran de la espiritualidad del Hermano Carlos.
La palabra del P. Voillaume será requerida por unos y otros, así como por las Hermanitas de Jesús. Esto hizo que la transmisión del mensaje del Padre de Foucauld por parte de René Voillaume, fuera trascendiendo progresivamente las fronteras de su Congregación. Por otra parte, en 1956, permaneciendo Voillaume como prior de los Hermanitos de Jesús, fundará los Hermanitos del Evangelio. En 1965 el padre Voillaume dimitirá como prior de los Hermanitos de Jesús –cargo que ejercía desde la fundación, en 1933–, para poder dedicarse con mayor libertad a las Congregaciones más jóvenes.
Fallecerá en Cépie (Francia) el 13 de mayo de 2003.
La llegada de la Segunda Guerra Mundial habrá de modificar la vida de la Fraternidad, al ser movilizados la mayor parte de los hermanitos. Un par de ellos quedará, sin embargo, en El-Abiodh, posibilitando el regreso periódico del resto; pero aun así, la vida de la comunidad entrará en un paréntesis que habrá de prolongarse hasta el final de la guerra. René Voillaume había sido destinado a Orán y luego a Touggourt como personal militar no combatiente. Esto lo mantendrá alejado durante varios años del gobierno físico de la comunidad de El-Abiodh. Se abre así un período en el que distintas circunstancias y hechos providenciales llevarán a la Fraternidad a una transformación hasta entonces imprevista.
Cabe comenzar recordando que la Regla de 1899, a partir de la cual se proyectó la fundación, había sido en muchos aspectos modificada, en razón de haber sido considerada por algunos superiores de San Sulpicio como impracticable y «escrita no para hombres sino para ángeles». Esto hizo que, exceptuando al grupo fundador, el resto de los hermanitos no tuviera un conocimiento directo de ella; es más, se evitó expresamente que llegara a manos de los más jóvenes, para preservarlos de engañosas ilusiones. Así fue como, tras la lectura de dicha regla por parte de los hermanitos que habían permanecido en El-Abiodh, le plantearan éstos a Voillaume, en mayo de 1943, la exigencia de volver a una más perfecta observancia de la misma, a fin de seguir con mayor fidelidad al Hermano Carlos.
Esto suponía, fundamentalmente: una vida de mayor pobreza y austeridad, un cumplimiento más estricto de la clausura y del silencio, dar más importancia al trabajo, y alcanzar una mayor simplicidad en el trato. La irreductibilidad con que se presentó inicialmente el planteamiento fue superada en virtud del espíritu abierto y paciente del P. Voillaume, así como por la intervención del Prefecto Apostólico del Sahara. De este modo, las observancias señaladas encontrarán eco y sintonía en René Voillaume y, mientras la vida en El-Abiodh iba evolucionando en tal sentido, él se retirará en junio de 1944 a una ermita comenzando un trabajo de investigación, a fin de compenetrarse mejor con el espíritu del Hno. Carlos. Esto, que habrá de llevarle un año entero, supuso la lectura de los escritos del P. de Foucauld, un intercambio de opiniones con los hermanitos, y tiempo de reflexión en la oración. A partir de ese momento ya no se busca definir la vocación y misión de los Hermanitos por referencia a la sola Regla de 1899 (que no representaba el pensamiento del Hno. Carlos sino parcialmente y, en más de un aspecto, de modo germinal), sino a partir del conjunto de su vida y de sus escritos, lo cual aseguraba una mayor fidelidad a la integridad de su mensaje.
Parece oportuno destacar el decisivo papel que jugara uno de los hermanitos que permaneció en El-Abiodh durante la guerra, quien, contagiado del radicalismo evangélico del padre de Foucauld, impulsará la transformación de la Fraternidad en dirección a una mayor pureza de ideal: el hermano Milad. Nombrado poco después maestro de novicios, él será el formador de los hermanitos durante los años de mayor afluencia de vocaciones. Es preciso, pues, destacar su figura, tanto por la importancia de su participación en el período que acabamos de narrar –verdaderamente determinante para la futura orientación de la Fraternidad–, como por lo que significó como formador. Se cierra así la crisis desencadenada en 1943, de la que la Fraternidad, profundizando su ideal, sale más firmemente enraizada en el espíritu del Padre de Foucauld. Lo que había faltado, según Voillaume, era «una presencia suficiente del alma y del espíritu del Padre de Foucauld –un cierto sentido de la pobreza y del trabajo–, una profundización mayor del misterio de la vida oculta de Nazaret».
El Capítulo general de los Hermanitos de Jesús, aplazado dos años a causa de la pandemia, se celebra en Ávila, en el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) – «Universidad de la Mística», del 14 de marzo al 6 de abril.
Los miembros del Capítulo son 22, de 17 nacionalidades, representando a toda la Fraternidad, presente en África, América, Asia y Europa.
Durante el Capítulo se eligió al nuevo Prior, el hermano Rodrigo González, mexicano. Los otros miembros de la Fraternidad general son: Mirek Kruk (Polonia), Sang Shim Lee (Corea del Sur) y Laurent Chavelet (Francia).
El H. Rodrigo sustituye al H. Hervé Janson, que ha sido Prior durante los últimos 14 años.
Carlos de Foucauld siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varias reglas religiosas, pensó que aquella «vida de Nazaret» podía ser vivida en todas partes y por todos. Quiso ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados», y que cada uno de los que lo visitaran lo consideraran como un hermano, «el hermano universal». Quiso, en sus propias palabras, «gritar el evangelio con toda su vida», en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vivía. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: ¿Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro…?».
Correspondería al hermano René Voillaume (1905-2003) la fundación de la congregación católica que seguiría en el futuro las huellas de Carlos de Foucauld. Fue en septiembre de 1933 cuando René Voillaume, junto con otros cuatro jóvenes sacerdotes franceses, se instalaron en el Sahara argelino para vivir según el espíritu de Carlos de Foucauld: ese fue el comienzo de la fraternidad conocida con el nombre de «Hermanos de Jesús». Algo más tarde, se sumaría Magdeleine Hutin (1898-1989), conocida como hermanita Magdeleine de Jesús (o hermanita Josefa Assumpta de Jesús). Ella, con su primera profesión religiosa en Argel el 8 de septiembre de 1939, iniciaría la fundación de las «Hermanitas de Jesús». Actualmente la «familia espiritual» de Carlos de Foucauld comprende una decena de diferentes comunidades religiosas, institutos seculares de laicos y sacerdotes, además de distintas asociaciones de fieles. Gracias a Carlos de Foucauld, cobró vida en la Iglesia un retorno a la llamada espiritualidad del desierto en pleno siglo XX, inspirada en sus escritos y en su obrar.
La apertura de la causa de su beatificación y canonización se produjo en 1927. El proceso se interrumpió durante la guerra de Argelia pero se reemprendió más tarde. El 24 de abril de 2001, Carlos de Foucauld fue declarado venerable por Juan Pablo II, y el 13 de noviembre de 2005 fue proclamado beato por el por entonces prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, cardenal José Saraiva Martins, durante el papado de Benedicto XVI. La Iglesia católica celebra su festividad el 1 de diciembre. La biografía de Carlos de Foucauld, inquieta y colorida en experiencias, lo vuelve una de las personalidades llamativas de los siglos XIX y XX y su cambio de vida, tan drástico como decisivo, hicieron de él uno de los paradigmas de la conversión en tiempos contemporáneos.
1. El recorrido de la conversión El 11 de junio de 1906, Jacques, Raïssa y su hermana Vera reciben el bautismo en la iglesia de san Juan Evangelista en Montmartre. Jacques tiene 24 años y ya se ha graduado en filosofía y en ciencias en la Sorbona. Por vía materna es sobrino de Jules Favre, así como su gran amigo Ernest Psichari, también por vía materna, es sobrino de Ernest Renan. Ambos provienen de grandes familias de intelectuales y políticos, entre las más representativas de la Francia liberal y republicana, como escribe Raïssa en Les grandes amitiés.Educado en el espíritu del protestantismo liberal, en realidad un incrédulo, Jacques prontamente se compromete en una militancia socialista y, como escribe siempre Raïssa, “estaba siempre presto a la iniciativa de una acción generosa, si la justicia o la verdad estaban implicadas». Ambos se encontraban terriblemente angustiados por el absurdo que representaba la existencia para ellos, incluso, continua Raïssa, a pesar de que “Jacques había pensado que en el largo plazo valía la pena luchar por los pobres, en contra de la esclavitud del proletariado. Esa generosidad suya le había fortalecido, pero en esa circunstancia se encontraba desesperado como yo».Jacques había encontrado a Raïssa, una joven judía rusa agnóstica, ansiosa como él de hallar una respuesta a las grandes cuestiones de la vida y de la muerte. Juntos frecuentaban cursos de ciencia y de filosofía en la Sorbona que no los dejaban satisfechos: en esas enseñanzas no encontraban la respuesta a las cuestiones que se planteaban. Pronto nace una amistad, y después un amor extraordinario, cimentado también en la común búsqueda de la verdad.Jacques y Raïssa, junto a Psichari, frecuentan la librería -la sede de la redacción de los «Cahiers de la Quinzaine»- de aquel personaje extraordinario que fue Peguy, también él socialista, a la búsqueda de la verdad, y adversario del historicismo y del cientificismo de la Sorbona; lugar donde tienen ocasión de encontrarse con otros intelectuales y políticos como Sorel y Jaurés.Peguy los conduce al Collège de France a seguir los cursos de Henry Bergson, del cual no sólo admiran “su palabra elocuente y precisa, que –escribe Raïssa- nos tenía absortos, la distracción era imposible…»; palabra con la cual criticaba los prejuicios antimetafísicos de sus colegas racionalistas; pero son los cursos sobre Plotino, en cualidad de místico y de metafísico, que hablan del alma y de Dios, los que ayudan a los Maritain a no desesperar en la conquista de la verdad.Mas no es el filósofo Bergson quien los introduce a la fe religiosa; es Léon Bloy, espíritu abierto al Absoluto, profeta bíblico y genio literario, quien acompaña a los Maritain, ya casados, a lo largo del itinerario de la conversión de sus corazones, que acontece en el 1906. En ese mismo año Jacques, que ha ganado una beca, parte con Raïssa a Heidelberg, con la meta de seguir los cursos de biología de Hans Driesch, y, en aquel tiempo, incluso duda de proseguir con sus estudios filosóficos.En el 1908 retornan definitivamente a París, pero Jacques no buscará un puesto como docente de filosofía, tal vez por el temor que despierta la atmósfera anticlerical en la escuela, lo que no le hubiera permitido enseñar libremente. Se ocupa así en diversos trabajos, entre ellos el de redactor de la casa editorial Hachette.Aquellos años en Alemania, y después de los primeros tiempos en París, son para Jacques un período de gran ahondamiento espiritual, vivido intensamente junto a Raïssa. Cabría hacer una reflexión particular en relación al tema de esta intimidad conyugal, de la cual hay testimonios en el bellísimo ensayo Amour et amitiés, que luego nos permitirá hacer algunas acotaciones.Pasará cierto tiempo antes que Jacques retorne con intensidad a la filosofía. Será necesaria una nueva conversión, intelectual, que tiene su momento culmen en el descubrimiento de Tomás de Aquino, para que los Maritain salgan de sí mismos, si se puede decir así, y gracias al pensamiento del Aquinate, y a su confianza en la inteligencia, regresen a la filosofía y desde ella dirijan su mirada hacia los diversos campos de lo cognoscible. Amarrarse a Tomás es alimentado, no desde una espiritualidad pasiva, como en ciertas místicas, sino abierta al ser en todas sus manifestaciones.Gracias al padre dominico Humbert Clérissac, Raïssa primero y después Jacques, en el 1910, descubren la Summa Theologica, y quedan deslumbrados. Con el auxilio de Tomás acontece aquella que puede ser definida como la segunda conversión, la conversión intelectual. Jacques retoma confianza en la posibilidad de la inteligencia de conocer lo real y de poseer los instrumentos para desarrollar una metafísica fundada en la verdad.En el 1913 publica su primera obra, La Philosophie Bergsonienne, y es también el año en el que comienza a enseñar filosofía en el Institut Catholique, pero también desde entonces marca su distanciamiento con su primer maestro. Maritain sostiene que la intuición bergsoniana de la verdad, en reacción frente al positivismo, corre el riesgo de permanecer todavía prisionera en el plano de la inmanencia.En ese mismo tiempo, sin embargo, distingue en la profundidad del pensamiento de Bergson dos niveles: un bergsonismo de hecho y uno de intención, y sostiene que este último no es incompatible con el tomismo, y que se puede singularizar “extrañas correspondencias, al punto que muchas tesis de Bergson podrían ser presentadas como las refracciones y como deformaciones en espera de ciertas tesis tomistas”.Más tarde, con su obra Le Docteur Angélique Maritain justifica su opción por el tomismo y su “realismo crítico»: el tomismo «no quiere retornar al Medioevo» sino que pretende “purificar el pensamiento moderno, e integrar todo el verdadero descubrimiento después de santo Tomás”; entre el tomismo y las “formas particulares de la cultura deben reinar intercambios vitales incesantes”; «la filosofía de santo Tomás es independiente en sí misma de los datos de la fe, y no depende en sus principios y en su estructura más que de la experiencia y de la razón. Sin embargo, esta filosofía, permaneciendo perfectamente diferenciada de ambas, está en comunicación vital con la sabiduría superior de la teología y con la de la contemplación.Desde aquel momento Maritain se convence que su empeño debe consistir en una suerte de apostolado intelectual, el de confrontar la filosofía del ser con las corrientes contemporáneas de la metafísica, la epistemología, la filosofía de la naturaleza, la gnoseología, la psicología, la estética, la filosofía política, aquella de la cultura y la educación, la teología, la mística. No titubea en afrontar los nudos intelectuales del siglo XX.Se puede decir que Maritain verdaderamente ha atravesado los grandes problemas de su siglo: ha sido un pensador atento a los eventos de su tiempo, un filósofo en la ciudad, un intelectual comprometido al servicio de la verdad y de la justicia.Esta doble conversión, espiritual e intelectual, ha causado una profunda mutación en Maritain, una especie de conversión antropológica, que le ha conferido una nueva mirada sobre el mundo (y además sobre aquello que lo trasciende), sobre el sentido de los acontecimientos y le ha conducido más allá de sus primeros intereses. Tuvo una actitud algo intransigente, en una primera fase, y más abierta a la modernidad, en una segunda etapa. No hay que olvidar que Maritain es un convertido, esto se nota en su obra y, a veces, también en su lenguaje.Con este texto quisiera puntualizar el significado de esta doble conversión; quisiera analizar brevemente el itinerario espiritual e intelectual de Jacques Maritain, al menos tal como yo lo percibo, sin ninguna pretensión de agotar el tema, y con mucha libertad, aquella libertad que se debe tener también cuando nos confrontamos con los maestros, y que Maritain ha tenido confrontándose con Tomás de Aquino. Por otra parte, frente a una obra tan vasta como la de Maritain, no siendo filósofo de profesión, sería imprudente aventurarme en todos los temas. Más bien querría reflexionar sobre algunos aspectos de su obra, más ligados al movimiento interior de su conversión, y aquellos que además han sido menos estudiados. Querría hablar de su filosofía del arte y de la filosofía de la política; de su aportación al Concilio Vaticano II; de su interés por el mundo del trabajo y por las grandes civilizaciones y religiones; al final examinaré la última etapa de su vida, cuando se retira con los Hermanos de Jesús, comportamiento revelador de una cierta espiritualidad y de una cierta mística (…)En conclusión, en relación con la conversión de Maritain, uno se puede preguntar cuánto ha influido el contexto general de aquellos años. Ciertamente algunos de los convertidos, o que estaban en vías de conversión, como Bloy y Peguy; y los ambientes constituidos en torno a ellos, han ejercido una influencia progresiva en la apertura a la fe, pero la de los Maritain ha recorrido un itinerario muy personal, sea sobre el plano estrictamente espiritual (aunque Bloy, e incluso su devoción mariana jugó un papel importante) como en el intelectual (no muchos adhirieron al tomismo, sino más bien se orientaban hacia cierto espiritualismo al estilo de Maurice Blondel). De frente a esta encuesta sobre la “generación de Agathon”, la propia Raïssa Maritain escribe: «Esas conclusiones eran motivo suficiente para conmovernos; mostraban que no estábamos aislados, ni éramos animales extraños tal como nos querían caracterizar. Y el camino que habíamos seguido hacía cinco o seis años, y aunque entonces no encontrábamos entre nuestros amigos quienes nos comprendieran, muchos jóvenes iniciarían esa marcha con posterioridad…».En suma, tendría que pasar algún tiempo, tiempo de profunda reflexión personal, antes de que Maritain llegara a integrar, él mismo, parte del movimiento general; y entonces llegara a ser, él también, un “convertidor”, y uno de los mayores (…) 2. El Concilio Vaticano II En relación con la religión católica cabe destacar que Maritain, que no fue ciertamente un “modernista”, aunque estuvo entre aquellos que prepararon el “aggiornamento” conciliar. De particular relevancia es la acción del filósofo antes, durante y después del Concilio Vaticano II. Su contribución, como señala indirectamente en Le paysan de la Garonne en el 1966, se refiere en particular a la Constitución Conciliar «Gaudium et spes», al Esquema XIII, y a la Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis Humanae; en el mismo sentido se pueden evocar las huellas de Maritain en Nostra Aetate.Ya en Humanisme Intégral escribe que el poder político debe garantizar el derecho a la libertad de conciencia, también sobre el plano religioso, y éste es uno de los temas, junto a la libertad de elección de los católicos en política, por los que recibió duros ataques de parte de la revista «Civiltà Cattolica». El cardenal Montini, el futuro Papa Pablo VI, de quien se hace amigo durante su período como embajador en el Vaticano, lo defiende en el sexto congreso internacional del apostolado de los laicos, por lo que recibe prolongados aplausos. Montini utiliza también los argumentos de Maritain en un largo pasaje de su texto: «Los juicios y los votos para un buen éxito del Concilio», remitido el 8 de mayo 1960 a la comisión preparatoria del Concilio.Durante el Concilio, Pablo VI consulta en muchas ocasiones a Maritain, tanto por carta como enviando a su secretario, monseñor Macchi a Toulouse, donde vivía entonces Maritain. Como consecuencia de las peticiones del Papa, el filósofo redactó cuatro memorandums: Sur la verité, La liberté religieuse, L’apostolat des laïcs y Prière commune et prière privée. En tales textos Maritain enfatiza la coexistencia entre el cristianismo y la democracia, respetando la verdad y la libertad en las relaciones entre el Estado y la Iglesia; afirmando el pluralismo político y la libertad religiosa como derechos de la persona.La idea que la libertad de conciencia deriva de la dignidad misma de la persona, es defendida en el Concilio por el cardenal Journet, otro gran amigo de Maritain, en la sesión final referida a la Declaración Dignitatis Humanae, texto que se encuentra bajo la influencia próxima de Maritain, y se reconoce también, en particular, la del padre Curtney Murray. Al día siguiente de la Declaración, Pablo VI entrega al viejo filósofo, arrodillado en la escalera de san Pedro, el “Mensaje del Concilio Vaticano II a los hombres de pensamiento y de ciencia”, declarando: «L’Église vous est reconnaissant pour le travail de toute votre vie». Y en su primera encíclica, Populorum Progressio del 1967, Pablo VI cita Humanisme Intégral en la nota 4 del parágrafo titulado: «Hacia un humanismo planetario». .3. La atención particular al mundo del trabajo Durante su larga existencia, Maritain fue sensible a todo aquello que provenía del mundo del trabajo, y tuvo contacto con los representantes del mundo laboral. Su ascendencia socialista ha tenido una influencia no efímera y su sensibilidad por los pobres fue incrementándose paulatinamente con el crecimiento de la fe cristiana.En Humanisme Intégral escribe: «sea cuan graves fuesen sus errores e ilusiones, el socialismo ha sido en el siglo XIX una protesta de la conciencia humana y de sus instintos más generosos contra los males que gritaban al cielo […] y ha conducido una lucha áspera y difícil, en la cual han sido profusos e innumerables los sacrificios, y fueron de la más conmovedora calidad humana: eran los sacrificios de los pobres. (El socialismo) Ha amado a los pobres. Y sólo se le puede criticar desde el punto de vista de la eficacia, permaneciendo deudor de él en múltiples puntos». Es preciso partir desde aquí para comprender lo que escribirá luego al respecto; y es preciso comprender, además, el sentido de su acción en el plano social. Se sabe que Maritain fue cercano a los sindicatos cristianos en Francia y que escribió para «Masses ouvrières»; en el 1937 pronunció la conferencia de apertura del congreso de las Confederaciones Internacionales de los sindicatos cristianos en París, sobre el tema “La persona humana en general”. Por medio del padre Jacques Loew, abogado prestigioso, luego fraile dominico, y uno de los primeros curas obreros, estibador en el puerto de Marsella, trabó relación con la Mission de France, y, en general, con la experiencia de estos sacerdotes comprometidos en la primera línea.En los Estados Unidos establecerá una relación duradera con el Catholic Work Movement, conducido por Dorothy Day, una convertida de gran personalidad, que había fundado en el 1933, durante la depresión económica, unos albergues para los trabajadores pobres o en paro. “Mientras era considerado marginal por la mayor parte de la jerarquía, este Movimiento Católico Laboral se convirtió en un centro de gran fermento y entusiasmo. Era uno de los pocos grupos católicos profundamente comprometidos con el movimiento por los derechos civiles». El filósofo tenía contactos intensos también con un sindicalista muy conocido, Saul Alinski, a quien en Le Paysan de la Garonne, llega a considerarlo incluso como uno de los tres revolucionarios de la época, junto a Eduardo Frei y a sí mismo.En el libro Les droits de l’homme et la loi naturelle el filósofo distingue entre los derechos de la persona humana en cuanto tal, los derechos de la persona cívica, y los derechos de la persona trabajadora, esto comporta la distinción entre los derechos económicos, sociales y culturales, con particular referencia al derecho de los trabajadores. En su Confession de Foi escribe: «Quien ha meditado sobre la historia del movimiento obrero comprende que el problema temporal y espiritual de la reintegración de las masas en la sociedad y en la iglesia, es el problema central de nuestro tiempo. 4. El diálogo intercultural e interreligioso Maritain mostró siempre un gran interés en el diálogo con otras culturas y religiones. En Religion et culture, de 1930, afirma que el cristianismo debe animar profundamente la cultura, sin agotarse en una forma de cultura dada: y por ello pueden darse diversas civilizaciones animadas por el mismo espíritu cristiano. Será el propio Maritain quien dará aliento a Olivier Lacombe para estudiar el hinduismo, y a Louis Gardet el islamismo. Junto a ellos, a Meudon, en los célebres encuentros en la casa de los Maritain, asistían el padre Vincent Lebbe (una especie de padre Ricci para la China), el padre Charles Henrion (fundador de la comunidad de monjes eremitas de Sifi Saad en Túnez a la cual se adhirieron también algunos amigos de Maritain, como Mercedes de Gournay). El grupo también era frecuentado por el gran islamista Louis Massignon y otros interesados en el universo de las grandes religiones. Jean Cocteau, en su bellísima correspondencia con Maritain, escribe cómo se convirtió en Meudon, delante del corazón y la cruz del hábito del padre Henrion, similar al hábito del padre Carlos de Foucauld.Es bien conocido el interés de Maritain por el judaísmo, incluso a causa de su esposa y de Leon Bloy, que había escrito Les salut par les Juifs, con quien compartía la tesis de san Pablo que el fin del mundo y el juicio universal tendrán lugar sólo después que los judíos se conviertan; tesis explícita del libro de Maritain publicado en 1938, titulado Los judíos entre las naciones.Menos conocida es la atracción del filósofo por el Islam. Él está atento a las conversiones de esta religión con el catolicismo, y al retorno a la fe cristiana de algunos que han venido trayendo sus contactos con la espiritualidad musulmana y su búsqueda del absoluto. Es el caso de Ernest Psichari, Carlos de Foucauld, Herbert Lyautey y Louis Massignon, quien había estudiado la obra de Hallaj, el místico musulmán crucificado en el 992 en Bagdad por defender la idea del amor de Dios en la tradición musulmana.Sobre su conversión escribirá Massignon: “Digo que somos muchos en Francia los que hemos recibido en el desierto árabe esta atracción por parte del Islam, lo que es una gracia, que nos ha permitido que podamos reencontrar a Dios, en su Cristo, para adorar Su Trascendencia».Será precisamente el vínculo con Massignon, y de éste con Carlos de Foucauld, lo que suscitará más tarde el interés de Maritain por los Hermanos de Jesús, que se inspiraban en la espiritualidad promovida por de Foucauld.En su obra De l’Église du Christ de 1967, Maritain advierte cómo «elementos de la Iglesia» pueden encontrarse presentes más allá de los confines visibles de la Iglesia, en las otras religiones monoteístas, como el Islam y el Judaísmo; estos elementos se encuentran también en las grandes religiones de Oriente, como el Hinduismo y el Budismo, lo cual facilita mucho la posibilidad de un diálogo interreligioso.Roberto PapiniSecretario General del Instituto Internacional Jacques MaritainCf. http://www.maritainargentina.org.ar/pagina_nueva_1.htm