A PROPÓSITO DE “EN EL CORAZÓN DE LAS MASAS” DE RENÉ VOILLAUME[1]

 MICHEL NURDIN, HTO DE J.

1. En el corazón de las masas es el libro que dio a conocer a René Voillaume como autor espiritual y como fundador. También es el libro que ha centrado y dominado el primer periodo que distinguimos de la obra (literaria) de René Voillaume, aquella que corresponde a esta refundación de la Fraternidad de los hermanitos de Jesús tras la Segunda Guerra mundial, y que se extiende hasta Vaticano II (incluido).Es un periodo “fuente”. En el corazón de las masas se sitúa en un conjunto poco conocido – con los retiros fundacionales de la Fraternidad secular, Una regla de vida (1950), conferencias  a veces algo molestas[2] de lo cual tenemos algunos ecos en el primer volumen de Cartas a las Fraternidades. Durante el segundo periodo, post conciliar, el autor espiritual se hace más clásico y su enseñanza está sin duda alguna más espontáneamente en concordancia con su fondo personal.

2. Au coeur de masses tiene una génesis. El libro aparece primero en Aix en Provence, en julio 1949, bajo la forma de fascículos fotocopiados.  El conjunto es titulado: “La espiritualidad de las fraternidades del P. Foucauld”  Esta publicación responde a necesidades internas apremiantes: hay que explicar la nueva orientación de la Fraternidad; ella atrae la atención en los medios católicos franceses porque está en consonancia con la renovación apostólica-misionera entonces activa. Al mismo tiempo, hay que iniciar la formación religiosa de los recién llegados, cada vez más numerosos: mientras que desde 1933 a 1945 solamente hubo diez entradas en la fraternidad de El Abiodh (Argelia), hubo ocho en 1946, otras tantas en 1947, trece en 1948, quince en 1950, etc.

Esta edición artesanal – que pronto estará agotada – tiene por título “Recopilación de conferencias y textos diversos”. Estos textos son leídos por los cercanos a René Voillaume; y estiman – como le escribe Mons. de Provenchères, el 7 de agosto 1948 – que “su lectura sería beneficiosa, incluso para otros además de los hermanitos” En sus recuerdos, el padre piensa que él empezó a considerar la publicación de sus conferencias en abril 1947, después de una visita a Mons. Richaud, y que se llegó a una decisión en el primavera 1948[3]; pero añade que su aparición en Cerf, “sólo tendrá lugar dos años más tarde”. Hay que decir que en la época los editores religiosos se mostraban más bien reticentes ante manuscritos de “espiritualidad”; el título de las policopias no era muy atractivo.

Los diversos textos así reunidos se extienden sobre varios años. Aquí, yo quisiera simplemente atraer la atención sobre las conferencias que figuran a la cabeza de la edición policopiada. Fueron dadas a los novicios, en El Abiodh, en los últimos meses de 1946, al regreso de una estancia en Francia sobre las cuales habría que detenerse[4]. Tres de las conferencias se refieren al “Misterio de Nazaret” – en la vida de Jesús, en la del P. de Foucauld, en la de los religiosos que se dedicaban a ella; el manuscrito de la cuarta conferencia (8 de diciembre) tiene un título que interroga: “¿son los Hermanitos contemplativos?” En sus recuerdos, René Voillaume escribe que este texto sobre la vida contemplativa constituía junto con el de “Nazaret, forma de vida religiosa”, “la carta fundacional de la fraternidad obrera[5]” que verá la luz seis meses más tarde (1º de mayo 1947).

En cuanto a la reflexión sobre el misterio de “Nazaret” hay que observar que estas siguen a las conclusiones que René Voillaume había sacado, dos años antes (junio 1944), de su balance de diez años vividos en El Abiodh, balance hecho al término de una seria crisis interna: los hermanos sentían entonces un profundo malestar respecto a su fidelidad al P. de Foucauld quien, hay que decirlo, no les facilitaba las cosas; en efecto, la fidelidad a lo que él vivió recortaba la fidelidad a lo que había escrito (la Regla de 1899, en especial) pero está lejos de identificarse con ella!… Enumerando “lo que faltaba”, René Voillaume escribe: una presencia suficiente de alma y de espíritu del P. de Foucauld; un cierto sentido de la pobreza y del trabajo; una profundización mayor del gran misterio de la vida escondida de Nazaret” (manuscrito de Djebel Aissa, cap.V)

3. En el Corazón de las Masas saldrá de la imprenta el 30 de diciembre de 1950, con un título propuesto por Michel Carrouges. El texto es el de la edición policopiada, revisada (algunos ángulos son redondeados) y aumentados con dos mensajes importantes del prior a sus hermanos. El libro aparece en las Ediciones du Cerf, en la colección “Rencontres”, las cuales no admitían ni tratados de teología ni escritos de espiritualidad sino testimonios de renovación a la obra en la Iglesia de Francia, con títulos “significativos”: ¿Francia país de misión?, ¿Resurgimiento o declive del clero francés?, etc.

El libro es bien acogido por los censores patentados y más aún por el público puesto que desde el final del año (1951), se prevé un suplemento que será publicado bajo el título: Que ellos sean uno. Y en abril 1952, aparece la segunda edición: será En el corazón de las masas en su forma definitiva, la más conocida, por no decir la única conocida. Aligerada del lado de las meditaciones, el texto se ha enriquecido con dos grandes cartas del prior a sus hermanos: una sobre la obediencia religiosa, que desencadenará una controversia entre los teólogos; la otra sobre “la oración de los pobres”, esta carta remplaza el texto sobre “la vida contemplativa de las fraternidades” – lo cual sentirá René Voillaume porque “trata del mismo tema pero bajo otro punto de vista. Hubiese sido preferible unir los textos[6]

Constituido de esta manera, el libro tendrá una bella carrera: 50 mil en 1955, 115 mil en la colección “Foi Vivante”, el P. Bro quiso marcar el volumen 100 mil (nº 100-101) en 1969. Sin hablar de las traducciones: la primera italiana, en 1953, con un prefacio de Mons. Montini (futuro papa Pablo VI) que no será publicado porque en esa época, no convenía; la quinceava y la última en chino (Taiwán 1985); hay que hacer notar las dos traducciones “clandestinas” en 1969, en húngaro y checo.

De ahí mi última observación, que es una pregunta: ¿por qué una difusión así, cuando el subtítulo del libro precisa bien que se trata de “la vida religiosa de los Hermanitos del P. de Foucauld ?

4. He recogido algunos elementos de respuesta a esta pregunta en las publicaciones de la época. Algunos tienen un Valor ante todo informativo, y no me voy a detener en ellos. Otros ponen en juego valores que me parecen aún perfectamente válidos hoy, aún viviendo en un mundo humano y eclesial profundamente diferente, que tiene otro lenguaje y otras preocupaciones o “problemas”.

       a) En la reseña que da “La Vida Espiritual” (abril 1951, p. 431 -433), el P. Bonduelle estima que “El Corazón de las Masas”  presenta  “una vida religiosa que se construye en una total renovación y en plena correspondencia con el estado concreto de una civilización en alza”. Cualquiera que sea la respuesta que nosotros, hermanitos, hayamos podido dar a las esperanzas presentadas en el libro de René Voillaume, es un hecho que éste incitaba, indirectamente, al mundo de los religiosos y religiosas a una reflexión sobre su situación y sus prácticas a mediados del siglo XX. Una docena de años antes del decreto Perfectae caritatis de Vaticano II, a su manera, En el Corazón de las Masas invitaba a más realismo y transparencia evangélica. No es necesario detenerse sobre este punto que sin duda alguna no es el más significativo.

       b) Puesto que esta reseña se detiene más sobre los problemas de vida religiosa, su final capta la atención e incluso sorprende. Ella amplía singularmente los horizontes: “se dirige a los cristianos (subrayado en el texto) y se deja ver la extrema valía cristiana de una vida vivida en el espíritu de Tamanrasset”. Diez años más tarde, en Christus (1961, p. 100), el P. Courel escribirá: [en el momento de la aparición de En el Corazón de las masas] “algunos quisieron ver un verdadero manifiesto proclamando una especie de revolución respecto a la concepción tradicional de la vida religiosa. Ciertamente eso era decir demasiado. Pero sigue siendo cierto  que ese libro ayudó a más de un sacerdote y a más de un laico en su esfuerzo de oración y en su búsqueda de la pobreza”. Volveré a ello al terminar. Pero si tantos cristianos, clérigos y laicos, han sido sensibles al soplo evangélico de “En el Corazón de las Masas” (y lo han dado a conocer), no es solamente porque éste se sitúa en el dinamismo de la vocación bautismal[7]. Según mi parecer, es también porque es más fácilmente “perceptible”, en el caso de la vocación de los hermanitos de Jesús: vocación no especializada eclesialmente (carga pastoral, educacional, etc) y que deja en la condición humana común.

       c) Este soplo evangélico tiene su fuente en el radicalismo del beato Carlos de Foucauld. Esto es lo que dice a su manera (en 1953, p. 75), la reseña publicada en la Revista de ascética y mística (que entonces era la gran revista de teología espiritual de la Compañía de Jesús): “El P. Voillaume hace revivir la experiencia del P. Carlos de Foucauld. Él desaparece ante esta autoridad excepcional. Pero interpreta al ermitaño muerto sin dejar discípulo inmediato con una inteligencia que supera en mucho la simple lectura de los textos” El crítico, que se une aquí a lo que Mons. Richaud escribía a René Voillaume, el 2 de marzo de 1948 (“Tengo la impresión que Ud. entresaca lo mas enriquecedor y subyacente en el mensaje espiritual del P. de Foucauld”), añadiendo: “Nadie se sorprenderá de ver su libro tan rápidamente convertido en el breviario espiritual de muchos sacerdotes y numerosos militantes católicos”. No hay que olvidar tampoco que al término de la guerra que había visto la promoción 128 de San Cyr bautizada con su nombre, el P. Foucauld conoció un gran reconocimiento en Francia (publicaciones del P. Gorré, exposición en los Invalides, el artículo de Madeleine Delbrêl “Por qué amamos al P. Foucauld” en La Vie Espiritual de noviembre 1946,etc). Es en este contexto en el cual aparece “En el corazón de las masas y, seguidamente, habrá como un juego de espejos entre el autor y aquél que le inspiraba y que la Iglesia acaba de beatificar.

       d) Terminaré rápidamente con el elemento de respuesta a la pregunta hecha que es sin duda alguna la más decisiva para comprender el impacto que tuvo En el Corazón de las Masas. Puede ser presentado con la fórmula de Mons. de Provenchères, en su prefacio al libro, resumiendo el mensaje del hermano Carlos de Jesús: “Presencia a Dios – Presencia a los hombres”. Por lo que respecta a la búsqueda de Dios y de los caminos que ella exige, o bien impone, al hombre reconciliado con Dios por Jesucristo, propiamente hablando, En el Corazón de las Masas no es innovación alguna. Los caminos propuestos integran la presencia a los hombres y son remodelados aquí o allá; pero, puesto que Dios es Dios,  siempre es sobre Él que ellos deben “medirse”. La novedad se sitúa más bien del lado de la presencia a los hombres y más concretamente, si así puede decirse, del lado de la “humanidad” de esta presencia (su peso y su realismo humano). Si esta novedad permanece relativa puesto que no se refiere sino a la vida religiosa tradicional, ella no deja de tener interés o incidencia para los laicos. A título de contra ejemplo, se podría recordar aquí la declaración de un cardenal del Santo Oficio estimando que el sacerdote trabajando en fábrica (puesto que es de él de quien se trata) “recibe la influencia del ambiente nefasto para su vida espiritual”, poniendo en peligro su fe y sus costumbres[8]

En la charla sobre “la vida contemplativa de las fraternidades”, René Voillaume recuerda la evolución de las formas de vida religiosa contemplativa; ésta “tiende a salir del claustro y a penetrar en la vida cotidiana de los humanos”; “ya no se trata solamente de encontrar a Dios solo sino de llegar a una asimilación de vida con el Corazón de Jesús Salvador y Redentor del mundo” (1ª edición, p. 193 – 194). Una nota al pie de página lleva al Humanismo integral: diez años antes (1936), Jacques Maritain, defendiendo “el impacto temporal del Evangelio”, defendía también la santificación de la vida secular y “un nuevo estilo de santidad” exigida por nuestra era de civilización; y al término de la guerra, en 1945, su defensa se hará aún más insistente[9].

En cuanto a las charlas sobre “Nazaret”, ellas nos muestran cómo, para nosotros hermanitos, “la salida del claustro” se hará por el camino que abre el P. de Foucauld. Hay que observar que René Voillaume no se compromete entonces en las reconstituciones de la vida de Jesús en Nazaret, ya sean, más o menos imaginativas, del P. de Foucauld, o las nuestras. Él nos lleva al misterio de Nazaret, fuente de exigencias y de libertad para aquél que se compromete a seguir a Jesús el Nazareno. Para Jesús, efectivamente, y para él solo, “el estado de vida ha sido el objeto de una opción soberanamente libre y personal que denota un amor de preferencia y también una voluntad de enseñarnos algo por medio de esa opción”. En otros términos, Dios, al darnos (Jn 3, 16), al entregarnos (Rom 8, 32) a su único Hijo en la Persona de Jesús de Nazaret, nos enseña algo de su mirada sobre el mundo de los hombres, de su Designio de salvación y más concretamente de los caminos y las formas por las cuales Él sigue con su Designio, algo de su amor por cada uno de nosotros y su predilección por los pequeños y los pobres. Al mismo tiempo, él nos enseña algo de la respuesta que espera de nosotros, cristianos, personal y eclesialmente.

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[1] Reflexiones propuestas el 18 de noviembre 2005, en el momento de la presentación de la biografía de René Voillaume por Marcel LAUNAY, René Voillaume, contemplación y acción y de la biografía espiritual  de Hermanita Magdeleine, ambas publicadas en las Ediciones de Cerf en 2005. Ellas se inscriben en los márgenes del noveno capítulo del libro de Marcel Launay.

[2] Por ejemplo la conferencia sobre la Santa Virgen publicada en Demeures de Dieu (Edc. Du Cerf, 1954) – las autoridades romanas pidieron algunas correcciones – o bien  El apostolado silencioso de la amistad, conferencia hecha en Sâo Paulo el 1º de diciembre 1953 (unos amigos romanos aconsejaron prudencia)

[3] Ver Histórico de la fundación de El Abiodh, IX /II, p. 302, 404-405

[4] En el momento de esa estancia, René Voillaume descubre el movimiento misionero al interior de la Iglesia de Francia, y del cual él solamente tuvo una breve noticia en el otoño de 1945. De esta época datan sus contactos con los laicos (a los que llamaríamos hoy “consagrados”) como Monique Maunoury en Ivry y Marguerite Taride en Toulouse, y su amistad con Jacques Loew quien, el primero, anunció el proyecto de fraternidad obrera (en Temoignage chrétien, a finales de julio 1946)

[5] Ver Histórico, op.cit. IX / II, p. 299

[6] Ver Ibid

[7] Para quien lo haya olvidado, el Vaticano II recuerda claramente que “la consagración particular [de los religiosos] se arraiga íntimamente en la consagración del bautismo y lo expresa con más plenitud” (Perf. Caritatis, nº 5)

[8] Ver la carta del Cardenal Pizzardo, del 3 de julio 1957

[9] Él llega a escribir: “La vida contemplativa, tal vez bajo formas nuevas, se hace accesible, no solamente a algunos privilegiados, sino al hombre común si él cree realmente en Dios, será la condición prerrequerida a esta actividad misma que se esfuerza en hacer penetrar la levadura del Evangelio por todos sitios en el mundo”. Ver final del Cap. VI de Raison y raisons, Obras completas, IX, p. 374 -375

Fuente: https://www.carlosdefoucauld.org/Biografias/Rene-Voillaume/hurdin.htm

 
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Carlos de Foucauld en «acoger y compartir»

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 CARLOS DE FOUCAULD
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Fechas importantes de su vida
15 septiembre 1858 Nacimiento de Charles de Foucauld en Estrasburgo (Francia).1864 Queda huérfano. Es adoptado por su abuelo, el coronel de Morlet.1870-1871 La familia deja Estrasburgo y se instala en Nancy28 avril 1872 Primera comunión y confirmación en la catedral de Nancy.1874 Pérdida de la fe. Se prepara para entrar en Saint-Cyr.1876-1881 Carrera militar: St Cyr, Saumur, Pont-à-Mousson, Argelia.1882-1886 Viaje a Marruecos, después al sur de Argelia y Túnez.Fin octobre1886 Regreso a París, conversión en la iglesia de St Augustin, seguido de un período de reflexión y una peregrinación a Tierra Santa.15 janvier 1890 Ingresa en la Trapa : 7 años como monje trapense.1897-1900 Estancia y vida de eremita en Nazaret y en Jerusalén1900-1901 Estancia en la abadía de Notre-Dame des Neiges para prepararse a su ordenación sacerdotal. Ordenado sacerdote en Viviers el 9 de junio de 1901.
28 octobre 1901 Llegada a Beni-Abbès (oeste de Argelia) y construcción de una Fraternidad.1904 Primeros contactos con los Tuaregs de Hoggar ( al sur de Argelia).11 août 190 Llegada al Hoggar e instalación en Tamanrasset.1909 et 1911 Corta estancia en Francia para consultar sobre su proyecto de fundar una cofradía de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús.1911 Estancia de cinco meses en la meseta del Assekrem.1913 Estancia de cuatro meses en Francia. Le acompaña Ouksem, un tuareg, a quien él quiere presentar algunas familias francesas.1915-1916 Amenazas y alertas en el Sahara.1er décembre 1916 Muerte de Charles de Foucauld en Tamanrasset.1929 Traslado de sus restos e inhumación en el cementerio de El-Golea.Misionero de los TuaregsEntre 1858 y 1916, transcurrió la vida de Charles Eugene de Foucauld. Nació en Estrasburgo, de origen aristocrático, heredó el título de vizconde de Foucauld. A los 6 años quedó huérfano de padre y madre. Fue militar, exploró Marruecos y ganó la medalla de oro de la Sociedad Geográfica Francesa.A los 28 años descubrió la fe cristiana y se consagró totalmente a ella. El momento central de su conversión tuvo lugar a finales del mes de octubre del año 1886 en la iglesia de San Agustín de París, de manos del padre Huvelkin, que será desde entonces su guía espiritual. Peregrina a Tierra Santa y vive otras experiencias que marcarán su vida.Se hace monje trapense y toma el nombre de hermano Marie-Alberic. Era el año 1890. Pronto, en 1897, es dispensado de sus votos y autorizado a seguir su propia vocación. Vuelve a tierra santa y durante cuatro años trabaja como criado de las clarisas de Nazaret. Escribe entonces gran parte de sus escritos espirituales.El 9 de junio de 1901 es ordenado sacerdote en Viviers (Francia) y decide partir al Sahara. Quería imitar la vida oculta de Jesús de Nazaret, viviendo en pobreza, contemplación y humildad y testimoniando fraternalmente el amor de Dios entre cristianos, judíos y musulmanes.A partir de 1904 empieza a conocer y a convivir con los tuaregs y se establece en Tamanrasset.Siempre vivió una intensa búsqueda de Dios y de servicio a los más desfavorecidos como amigo, ermitaño y misionero. Aprendió el idioma de los tuaregs para traducir los Evangelios y publicar un diccionario francés-tuaregs, y una selección de poesías tuaregs.Durante una escaramuza entre los nómadas del desierto en levantamiento contra los franceses, la muerte le llegó de manos de uno de los vigilantes tuaregs senusitas.El 1 de diciembre de 1916 una bala segó su vida. Foucauld estaba en oración ante el Santísimo Sacramento y junto a su cuerpo muerto, cayó también la custodia que contenía al Señor Sacramentado.
BEATIFICACION
El 13 de noviembre 2005 tuvo lugar en la Basílica Vaticana la beatificación de Carlos de Foucauld en presencia de miles de peregrinos. En primera fila de ellos, una decena de tuaregs vestidos con sus habituales túnicas azules y tocados con sus blancos turbantes. El Papa Benedicto XVI dijo al saludar a los peregrinos: “A través de su vida contemplativa y oculta de Nazaret, volvió a encontrar la verdad de la humanidad de Jesús, invitándonos a contemplar el misterio de la Encarnación; en ese lugar, aprendió mucho sobre el Señor al que quería seguir con humildad y pobreza. Descubrió que Jesús, venido para unirse a nosotros en nuestra humanidad, nos invita a la fraternidad universal que vivió más tarde en el Sahara, al amor del que Cristo nos dio ejemplo. Como sacerdote, puso la Eucaristía y el Evangelio en el centro de su existencia, las dos mesas de la Palabra y del Pan, fuente de vida cristiana y de la misión”.El cardenal Saraiva que presidió la celebración dijo en la homilía: “Ha tenido una influencia notable en la espiritualidad del siglo XX y sigue siendo, a comienzos del tercer milenio, una fecunda referencia, una invitación a un estilo de vida radicalmente evangélico, y esto más allá de los que pertenecen a los diferentes grupos que forman su familia espiritual, numerosa y diversificada. Acoger el Evangelio en toda su sencillez, evangelizar sin querer imponer, dar testimonio de Jesús respetando otras experiencias religiosas, reafirmar el principio de la caridad vivida en la fraternidad, éstos son solamente algunos de los aspectos más importantes de su preciosa herencia”.
ENTREVISTA
El prior general de los Hermanos de Jesús, que son 235 y están presentes en cuatro continentes, ha concedido una entrevista a Vida Nueva (nº 2494), en la que entre otras cosas dice, hablando de la espiritualidad de Carlos de Foucauld:- “Al principio, él pensaba que, si
quería seguir a Jesús, lo normal era irse del mundo, a un monasterio, y cuanto más pobre, mejor. Por eso entra en la Trapa. Pero, poco a poco, a la luz de Nazaret, va descubriendo que si quiere seguir a Jesús y buscar el rostro de Dios, no puede ponerse detrás del mundo, sino “ir a Nazaret”, donde está la gente. Me parece uno de los puntos clave de su vida y su espiritualidad: no apartarse, sino acercarse.- “Va al desierto, no por la soledad,
sino porque allí hay gente perdida, para estar con ella. Creo que hoy sería cualquier tipo de personas un poco despreciadas, abandonadas, dejadas de lado…(a las que hoy dedicaría su tiempo y su vida)- Hay un texto muy bonito de Carlos
de Foucauld, escrito en 1912, en el que se pregunta por los medios para ser un buen apóstol, y dice que hay que buscar los mejores medios con cualquier persona que se presente, sin excepción: la bondad, la ternura, la atención fraterna, el ejemplo de la virtud, la humildad, la dulzura… A algunos no les vas a hablar nunca de Dios ni de la religión; a otros –quizás porque él vivía con musulmanes– les hablarás de valores humanos que todos tenemos en común; a otros, hablando de Dios en la medida en que ellos pueden llevarlo dentro; a otros, que buscan la verdad a través del estudio de la religión, poniéndole en relación con un sacerdote que les pueda ayudar… sobre todo, con todos, ver en cada ser humano a un hermano, dice en esa carta. Y dejar de lado el espíritu militante, porque nos hace ver enemigos donde quizá sólo hay gente caída en manos de bandidos y necesitada de un buen samaritano.Con motivo de la beatificación, el Vicario general de la diócesis de Getafe, José María Avendaño, ha escrito sobre Carlos de Foucauld: “La humanidad de Carlos de Foucauld nos aviva el rescoldo de nuestra alma para articular la acogida, la escucha y el diálogo interreligioso. Disponer los oídos del corazón a la “escucha del sufrimiento del mundo”.Así se expresaba desde su encarnación con el pueblo de Beni-Abbés: “Quiero acostumbrar a todos los habitantes cristianos, musulmanes, judíos o idólatras a mirarme como su hermano, el hermano universal. Comienzan a llamar a esta casa “la fraternidad”, (al jaoua en árabe), y me resulta muy amable”.Instala en la “fraternidad” un cuarto para viajeros pobres. “Los pobres tienen aquí un amigo, y no solo los pobres, sino todos los hombres… todos los días hay huéspedes, a quienes hay que dar de cenar, cama y almuerzo. Esto no ha estado nunca vacío… Tengo entre sesenta y cien visitas diarias”.El predicaba el diálogo entre las religiones y hoy representa un puente entre las culturas cristiana y musulmana. Somos conscientes de que la verdad de Dios en Jesucristo nos anima a considerar a las demás religiones como instrumentos de salvación de Dios para esos hombres y mujeres.… Carlos de Foucauld supo encarnar: que la misión es una forma de vida, no una estrategia; que ese modo de vivir es consecuencia de la experiencia cristiana de Dios y cómo esa experiencia, si es auténtica, nos guía y acompaña a servir a nuestro prójimo custodiando la vida de nuestros hermanos y hermanas más débiles
SOBRE SU “DIRECTORIO”
Los Consejos evangélicos o Directorio son el comentario de los Estatutos redactados por Foucauld en 1909 y provienen de las Constituciones escritas entre 1899 y 1901 para la comunidad religiosa que pensaba fundar, y que solo se hizo realidad después de su muerte.Es un texto para orientar el “espíritu”. Algunos fragmentos
SOBRE LA FE
Tanto amó Dios al mundo que le dio su Unigénito Hijo para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna.El que cree en Él no se condena, pero el que no cree ya está condenado, porque no cree en el nombre del Hijo de Dios.
El que cree en el que me envió tiene la vida eterna y no es juzgado porque pasó de la muerte a la vida.Yo he venido como luz al mundo, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas.En verdad os digo: el que cree en mí posee la vida eterna. El que cree en mí, ríos de agua viva correrán de su seno.El que no recibe mis palabras tiene por juez la palabra misma que he anunciado, ella le juzgará en el último día.El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Que no se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y creed en mi.¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
Si tenéis fe, sin vacilación alguna, y decís a esa montaña: apártate y arrójate al mar, así se hará; y todo lo que pidáis con fe en la oración, lo obtendréis.
SOBRE LA ORACIÓN
Velad y orad en todo tiempo.Allí donde haya dos o tres personas reunidas en mi nombre, yo estaré en medio de ellas.Todo lo que pidáis en mi nombre os lo daré.Si dos de vosotros se conciertan, lo que pidan les será concedido.No habléis mucho al orar, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis.
Buscad el reino de Dios y su justicia, y el resto se os dará por añadidura.Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Si vosotros que sois malos sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cómo vuestro Padre celestial no dará el buen espíritu a los que se lo piden?
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga a nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y no nos pongas en tentación, mas líbranos del mal.María estaba sentada a los pies de Jesús escuchando su palabra. Ella escogió la mejor parte. Una sola cosa es necesaria.
Habiéndose levantado al amanecer, salió y marchó a un lugar desierto en el que oraba.Subió a una montaña para orar y en ella pasó toda la noche en oración.
Padre, glorifica tu nombre.
Os pido, no por el mundo, sino por los que yo envío, y os pido también por todos los que creerán por ellos.
Que sean todos uno, para que todo el mundo crea.
Se prosternó con el rostro en tierra, orando.
Marchó de nuevo y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.
Habiendo entrado en agonía redoblaba su oración.
Padre mío, si quieres, aleja de mí este cáliz; pero no mi voluntad, sino la vuestra.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
SOBRE LA ESPERANZA
El que venga a mi no será rechazado
Es voluntad de mi Padre que ninguno de estos pequeños perezca.
No he venido a amar a los justos, sino a los pecadores.Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.
Vuestro Padre celestial es misericordioso. Tened confianza. Que vuestro corazón no se turbe; creed en Dios y creed en mí.
Padre mío, quiero que donde yo esté también estén ellos, para que vean mi gloria.No temáis, pequeño rebaño, ha complacido a vuestro Padre daros un reino.
El que cree en mí vivirá eternamente.
El que pierde su vida por mí, la recobrará.Bienaventurados los pobres de espíritu.
Bienaventurados los mansos.
Bienaventurados los que lloran.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.
Bienaventurados los misericordiosos
Bienaventurados los corazones puros.
Bienaventurados los pacíficos.
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia.No juzguéis y no seréis juzgados.
Dad y se os dará. Se os medirá con la misma medida que hayáis aplicado a los otros. Perdonad y seréis perdonados.Venid, benditos de mi Padre. Estuve desnudo, enfermo, hambriento, errante, y tuvisteis cuidado de mí.Hay muchas moradas en la casa de mi Padre; yo os voy a preparar el lugar.
Os llevaré conmigo, y donde yo esté estaréis también vosotros.
ORACIÓN DEL ABANDONO
Padre mío, me pongo en tus manos;
Padre mío, me confío a ti;
Padre mío, me abandono a ti,
Haz de mi lo que quieras.
Sea lo que sea.
Lo acepto todo con tal que tu voluntad se cumpla en mi
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
No deseo nada más.
Pongo mi alma en tus manos.
Te la doy, Dios mío,
Con todo el amor del que soy capaz,
Porque te amo.
Porque para mi amarte es darme,
Entregarme en tus manos sin medida,
Con infinita confianza,
Porque Tú eres mi Padre.

«Carlos de Foucauld fue un hombre siempre en búsqueda» – José Mari, hermano de Jesús

Josemari de la Piedad es uno de los tres Hermanos de Jesús presentes en Málaga. Así han recibido la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld.

Me llamo Josemari de la Piedad y pertenezco a los Hermanos de Jesús, congregación religiosa fundada en Francia en septiembre de 1933 (15 años después de la muerte de Carlos de Foucauld). Queremos ser una comunidad de hermanos (en pequeñas fraternidades); comunidad de trabajadores o jubilados ordinarios (trabajos sencillos…); reunidos por la fe en un Dios cercano; comunidad de orantes (en cada fraternidad hay un espacio para pasar momentos de silencio e intimidad ante la Eucaristía, saborear la Palabra, rezar juntos…) y en la alegría de una vida compartida con la gente sencilla. Estamos presentes en Málaga desde 1959. Actualmente estamos tres hermanos (un hermano mayor en una residencia de ancianos) y dos en la fraternidad del barrio del Nuevo San Andrés.

¿Cómo definiría a Carlos de Foucauld?

Un hombre siempre en búsqueda. Seducido y fascinado por la vida de Jesús en Nazaret. A lo largo de su vida buscará vivir en presencia de Jesús, sabrá encontrar los lugares donde Jesús está presente: la Eucaristía, el Evangelio y los pobres. Su presencia en el desierto del sur de Argelia estará marcada, más que por una búsqueda de soledad, por un estar cercano a los más alejados.

¿Cuál es la tarea que lleva a cabo en Málaga su congregación?

Nos gusta definirnos como “contemplativos en el corazón del mundo”. Los pueblos, los barrios donde vivimos, nuestros lugares de trabajo son los cruces de los caminos a los que Jesús nos envía a ir para descubrirlo y para invitar a cojos, enfermos, dejados de lado, marginados a esa mesa de fraternidad que Dios nos ofrece. Sí, descubrir la presencia de Dios en medio de la vida y celebrarla y alegrarse y compartir este descubrimiento. En medio de esta vida, Carlos de Foucauld nos invita a “Gritar el Evangelio con toda nuestra vida”

¿Qué aporta la espiritualidad de Carlos de Foucauld, su legado, a la realidad concreta de Málaga?

Nos invita a descubrir que nuestras vidas de familia, de trabajo, de amistad, de solidaridades compartidas es un lugar privilegiado para encontrarnos con Jesús “Nuestro bien amado hermano y Señor”. Recordarnos que nuestras vidas rutinarias están habitadas por la presencia de Jesús.

¿Cómo recibe la noticia del avance de su proceso de canonización?

Bueno, es una gozada… que la Iglesia nos diga que la vida de este hombre tan discreta, perdida en puro amor en tierras lejanas tiene sabor y gusto a Evangelio nos anima, a nosotros también, a vivir nuestra vida con pasión.

Josemari de la Piedad, Hermano de Jesús Publicado: 01/06/2020: 8918

Video en francés: «Charles de Foucauld, historia de un increible amor»

https://vodeus.tv/video/charles-de-foucauld-histoire-dun-incroyable-amour-2178#

Bernard Martino dirigió el documental sobre Charles de Foucauld cuando aún no había sido beatificado por el Papa Benedicto XVI el 13 de noviembre de 2005 Nada parecía predisponer a este adinerado aristócrata a dejar algún día su uniforme y su brillante vida. Bata blanca golpeada con el corazón de Jesús y para instalarse en una ermita en medio del Sahara… “Hombre de mundo”, de repente se sintió llamado a convertirse en hermano de hombres, hermano universal. Si Dios quería enviar un mensaje a través de un hombre así, ¿por qué eligió a este hombre y cómo reaccionó a las inspiraciones que se le dieron?, pregunta el padre Antoine Chatelard. en paz descanse, que desde 1953 vivió en Tamanrasset como lo había hecho Charles de Foucauld antes que él.

El sacerdote y hto. de Jesús Antoine Chatelard eligió algunos eventos clave en la vida de Charles de Foucauld que ilustran hasta qué punto siguió en los de Jesús. Desde su conversión hasta la llamada misionera a los más pobres, Charles de Foucauld encarna a los religiosos al servicio de los hombres. Llamado desde hace mucho tiempo a la muerte, murió asesinado en 1916, cuando más ardientemente deseaba vivir para cumplir su misión. Su extraordinaria influencia dio origen a una docena de congregaciones religiosas y asociaciones de vida espiritual. Hoy perpetúan el espíritu y la misión del Padre de Foucauld: “identificarnos con Cristo”, al que llamó “Jesús-Amor”.

De la exposición del Santísimo a una vida expuesta – Itinerario Eucarístico de Carlos de Foucauld

ANTOINE CHATELARD

Para hacerse una idea exacta de la importancia del sacramento de la Eucaristía en la vida de Carlos de Foucauld, hay que seguir su itinerario desde finales de octubre 1886, en la Iglesia de San Agustín de París, hasta 1º de diciembre 1916, en Tamanrasset.

Un recorrido de treinta años marcado por evoluciones, tanto en la forma de concebirlo como en las actitudes prácticas. No nos podemos contentar con un texto solo, ni con un solo momento de su vida.

La Conversión

       Este acontecimiento base explica todo el resto si lo consideramos en primer lugar como un encuentro personal, que transforma la vida y afecta todo el ser. Un encuentro con alguien vivo, presente en nuestro mundo, Jesús. No sólo ese Dios que él buscaba, sino aquél que le esperaba y a quien él no se esperaba. Un Dios que ama hasta el punto de perdonar. Alguien que amó tanto a los hombres que se entrega a ellos ahora en el sacramento de su presencia. Dios no se limita a existir sino que está aquí, y se puede estar con Él, permanecer con Él, cerca de Él. Carlos de Foucauld, que tanto había dudado, parece no dudar ya ni un solo instante del realismo de la encarnación y del realismo de la presencia de Jesús en el sagrario. Para él, la Eucaristía es en primer lugar el sacramento de la presencia de Dios.

Más que un alimento, la comunión “casi diaria”en sus palabras, será el medio de unirse a Él de la forma más íntima posible. El culto al Sagrado Corazón y al Santísimo, con las exposiciones y las bendiciones, no son, a sus ojos, sino una sola y única expresión de amor, que para él es lo esencial de la religión y que será el punto dominante de su caminar espiritual.

De peregrinación a Tierra Santa, en 1889, será muy sensible a la gracia de los lugares santos. Pero las huellas de Jesús, por muy enternecedoras que sean, solamente son recuerdos. La realidad está en el sagrario. En las calles de Nazaret encontró la respuesta a la pregunta que le inquietaba desde hacía dos años: “¿Qué tengo que hacer?”Tendrá que vivir como Jesús en Nazaret.

La Trapa

Por esto eligió ir a vivir y morir pobre en un pequeño monasterio trapense en construcción, al norte de Siria, en un país no cristiano. Fue para amar con un amor más grande y hacer el mayor sacrificio que estuviera en su poder, dejando para siempre todo lo que tanto amaba. Pero esta ofrenda  total de sí mismo no parece tener conexión alguna con su percepción de la Eucaristía en ese momento. Su culto es otro: “En la medida de lo posible me mantengo a los pies del Santísimo Sacramento. Jesús está ahí… Me veo como si estuviera junto a sus padres, como Magdalena sentada a sus pies en Betania”.

Pero lo que es “posible”en la trapa no le satisface y quiere otra cosa. Inventa entonces una nueva congregación cuya finalidad sería llevar una vida pobre trabajando y adorando el Santísimo Sacramento. El oficio divino sería reemplazado por la adoración del Santísimo expuesto. Solamente habría un sacerdote para celebrar la misa diariamente. De esta forma se haría el bien llevando al mundo la presencia de Jesús.

Nazaret

Después de siete años de vida monástica, le autorizan dejar la Trapa, y se encuentra solitario junto a un convento de Clarisas donde el Santísimo está frecuentemente muy expuesto.

Leyendo los textos, muy numerosos, de ese periodo, podríamos creer que pasa todo su tiempo libre delante del Santísimo, rezando, leyendo, escribiendo allí. La realidad es algo distinta.

Por una parte,  lee a menudo en su cabaña, como lo testifica esta nota de un retiro:

“Oh Dios mío, el lugar y el tiempo están bien elegidos: estoy en mi pequeña habitación, ya es de noche, todo duerme, solamente se oye la lluvia, el viento, y algunos gallos lejanos que recuerdan la noche de vuestra pasión … ¡Dios mío, enseñadme a rezar en esta soledad, en este recogimiento! … Aquél que ama y que está frente a su Bien Amado, ¿puede hacer otra cosa sino tener la mirada fija en él? Rezar es miraros. Ya que estáis siempre aquí, ¿puedo yo, si de veras os amo, no miraros constantemente?”

Por otro lado la oración delante del Santísimo no siempre le es fácil: “Delante del Santísimo no consigo hacer oración durante mucho tiempo: mi estado es extraño: todo me parece vacío, hueco, nulo, sin medida, excepto mantenerme a los pies de Nuestro Señor, y mirarle … Y luego, cuando estoy a sus pies, estoy seco, árido, sin una palabra ni un pensamiento, y a menudo, ya veis, acabo por dormirme. Leo por voluntad, pero todo me parece vacío”.

De esa misma época tenemos una meditación sobre la Eucaristía en la cual hace decir a Jesús cómo él entiende entonces el sacramento: “En primer lugar mi Presencia constante; en segundo lugar, mi ser entero, Dios y hombre, entrando en tu cuerpo y recibido por ti como alimento; en tercer lugar, Yo, encarnándome sobre el altar y ofreciéndome por todos vosotros a mi Padre en sacrificio … Son tres dones, infinitos los tres, que os hago”.

Desarrolla el segundo aspecto sobre todo en el sentido de la unión nupcial: “por el segundo me tocáis, vuestra lengua, vuestra boca toca mi cuerpo; mi ser entero desciende en vosotros; os doy prueba de mi amor y a través de ello os incito fuertemente a devolverme amor por amor … Mirad qué maravilla, qué  unión inefable, qué  unidad de amor pongo por un lado entre Mí y vosotros, y por otro entre vosotros, unos con respecto a otros, al daros mi cuerpo en alimento”.

El tercero es un aspecto más teológico: “Pero esto no es todo: yo me entrego a vosotros … en tercer lugar, para ser vuestra víctima, para ser ofrecido a Mi Padre en sacrificio de alabanza y de adoración … Considerad por tanto como debéis multiplicar estos sacrificios que dan a Dios tanta gloria … multiplicar los sacerdotes que puedan ofrecerlo”.

A causa de esto, la nueva regla escrita en 1899 para los ermitaños del Sagrado Corazón, prevé el mayor número posible de sacerdotes, como si lo infinito de una Misa pudiese multiplicarse. Al año siguiente, en 1900, se impone el deber de llegar a ser él mismo sacerdote, para asegurar el culto de la Eucaristía en el santuario donde piensa instalarse. Con vistas a prepararse para ello, vuelve a Francia.

Cambio de orientación

Durante esta preparación se opera un giro en su vida. Quiere imitar a Jesús, no solamente en su vida escondida en Nazaret, en su retiro en el desierto y en su vida pública, sino sobre todo en su pasión, su muerte y resurrección, ofreciendo el sacrificio pascual en cada Misa. Es una nueva dimensión de su relación con la Eucaristía y de su forma de representarse la vida de Jesús.

Aún más, este banquete del cual se convierte en uno de los servidores, tendrá que ofrecerlo no ya en Tierra Santa, a aquellos que tienen todas las comodidades espirituales, sino a aquellos que están más alejados. Ahora bien, a sus ojos, no hay gente más alejada que aquella que conoció antaño en los caminos y en las ciudades del Sahara y de Marruecos. Solo o junto con otros, se siente llamado a volver cercana la realidad de la presencia del Señor a estas gentes hacia quienes descubre que tiene un deber de agradecimiento. ¿No están ellos en el origen de la primera chispa de su fe? Tiene que hacer por los otros lo que hubiera querido que hicieran por él.

Así, ya no piensa en “ermitaños”separados del mundo para adorar a Dios en su sacramento expuesto; ahora quiere “hermanos”,cuyas vidas expuestas irradien en esa tierra como hostias vivas.

En el Sahara

En Beni- Abbès, donde se esfuerza aún por multiplicar las horas de exposición del Santísimo Sacramento, tiene que alejarse a menudo del sagrario porque “Jesús, bajo la forma de los pobres, de los enfermos, de un alma cualquiera, me llama a otro lado”. Otra forma de estar con Jesús. ¿Otra forma de vivir la Eucaristía?

Podemos constatar sin embargo, que el infinito de este misterio le impide permanecer frente a la belleza de las puestas de sol en las dunas y de las noches estrelladas: “Abrevio estas contemplaciones y vuelvo delante del sagrario … hay más belleza en el sagrario que en la creación entera”.

De viaje, en el año 1904, su principal preocupación es la de celebrar la Misa cada día. Esto le obliga a hazañas ascéticas cuando caminan por la noche y no puede comer ni beber desde la media noche. Se presenta entonces un problema de pobreza y discreción, ya que le hace falta una montura especial para llevar el material necesario a la celebración de la Misa. No obstante, durante algunos años, seguirá poniendo la Misa por encima de todo, a pesar de los gastos extras que eso conlleva.

Cuando hacen una parada prolongada en el norte del Hoggar, se construye una capilla de ramajes donde puede guardar el Santísimo durante unos días “una gran gracia para toda esta región”. En ese momento dice también: “Llevarlo lo más lejos posible … a fin de aumentar la zona en la que él irradie, extender la zona en la que se ejercerá su influencia”.

Eso es lo que hace al instalarse en Tamanrasset al año siguiente. Coloca el Santísimo “en una pequeña covacha más pequeña que la de Nazaret”, y añade “eso será una gran felicidad para mí”. El año siguiente hace cuatro mil kilómetros para ir en búsqueda de un compañero que le permita “hacer con frecuencia exposiciones del Santísimo en Tamanrasset. Eso será una gran gracia para mi joven hermano y para mí”. Pero, de camino, tiene que despedir al compañero y volver solo al Hoggar. Vuelve aún sabiendo que, no solamente no podrá exponer el Santísimo, sino que ni siquiera podrá celebrar la Misa, ya que no tendrá asistente. Nueva evolución. Sin saber explicar su comportamiento, sabe que debe regresar al Hoggar,  ya que es  el único que puede residir allí, en cuanto que hay muchos que pueden celebrar la Eucaristía, y constata que su idea de hacer poner la Misa ante todo no debía ser muy acertada, “puesto que los grandes santos sacrificaron en ciertas ocasiones la posibilidad de celebrar en pro de trabajos de caridad espiritual, viajes u otros”. Efectivamente, durante seis meses no podrá decir la Misa sino una o dos veces. Y sin embargo escribe a su obispo: “No me inquieto para nada de esta falta de celebración del Santo Sacrificio”. En Navidad de 1907 está solo y no puede celebrar. Es la primera Navidad sin Misa desde su conversión. En enero de 1908, cae enfermo y ve la muerte muy cercana. Durante ese anonadamiento físico, se encuentra expuesto, sin defensa, como Jesús en la cruz. enteramente entregado a la buena voluntad de los que le rodean. ¿No es esta otra forma de vivir el misterio pascual, de compartir este misterio que ahora no puede celebrar litúrgicamente con aquellos que, para salvarlo, le traen un poco de leche y el apoyo de su amistad?

El 31 de enero, cuando empieza a recuperar las fuerzas, recibe la autorización de celebrar la Misa sin asistencia. Es Navidad. Durante esos seis meses sin Misa, él conservaba el Santísimo en el sagrario, pero no se creía autorizado a comulgar. Esta presencia de “Jesús vivo e irradiante aunque escondido como en Nazaret”, le parecía legitimar su propia presencia: “Mi presencia ¿hace algún bien aquí? Aunque no lo haga, la presencia del Santísimo Sacramento sin duda hace mucho. Jesús no puede estar en un lugar sin irradiar”. ¿No era este otro razonamiento falso? Según esto, cuando, algunas semanas más tarde, se enterará de que no está autorizado a conservar el Santísimo por estar solo, debería haberse ido a otro sitio, en cuanto que se queda y deja el sagrario vacío. No lo hace sin dolor, pero no lo duda. Es de nuevo la ocasión de dar un paso más, como le explica su obispo: “Si el Señor le priva de Su presencia real en el sacramento, le hará apreciar más aún la ofrenda cotidiana del Santo Sacrificio. Al igual que su presencia, muy real también, en su alma por la gracia”. Más tarde el hermano Carlos escribirá a una Clarisa: “Hay que estar dispuesto a todo por el amor del Esposo, incluso a ser privado de su presencia sacramental en este mundo, si tal es su voluntad”.

Esta privación durará seis meses. De esta forma, en el Assekrem donde, en 1911, pasa cinco meses en un lugar donde “la belleza y la impresión de infinito acercan tanto al Creador”, el sagrario que se llevó con la esperanza de recibir a un compañero, permanece vacío. Si no toma tiempo para ir a ver las puestas de sol, no es por quedarse al pie del sagrario, sino porque no se concede ni un solo minuto de descanso para terminar lo más rápidamente posible su diccionario tuareg. Se contenta con las salidas del sol: “¡qué bueno es, en esta gran calma y esta bella naturaleza tan atormentada y extraña, levantar el corazón hacia el Creador y Salvador Jesús!”. ¿No parece reconocer entonces que este Jesús, Creador y Salvador, es aquél mismo que no reside ya en su sagrario? Nueva evolución desde Beni-Abbes. “Me cuesta despegar mis ojos de esta admirable vista cuya belleza y sensación de infinito acercan al Creador, al mismo tiempo que su soledad  y su aspecto salvaje muestran cómo estamos solos con Él y cómo no somos sino una gota de agua en el mar”. (L.M.B. 09.07.11)

Pero, cuando después de seis años de privación será autorizado a “guardar la reserva del Santísimo” no ha perdido el sentido ni el gusto de esta presencia y no ocultará su alegría: “dulzura extrema, gran apoyo, fuerza grande para mí y gracia grande para todas las almas de este país”. No obstante hay que señalar que nunca cumplirá con los requisitos exigidos para la exposición del Santísimo.

En el momento en el que está colmado por esta nueva proximidad con Jesús, no deja de desear una mayor proximidad con aquellos que le rodean. La Palabra de Jesús toma  un realismo nuevo: “Todo aquello que hagáis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hacéis”. Pone esta palabra, que anteriormente ya produjo en él una profunda impresión, en el mismo plano que esta otra, salida de la misma boca: “Este es mi Cuerpo”.  Y ella  no deja de transformar su vida, llevándole a buscar y a amar a Jesús en “estos pequeños”. Servicio eucarístico y servicio de los “pequeños”, el mismo culto del cuerpo de Cristo. No solamente presencia real de aquél que se entrega para ser contemplado, comido y ofrecido, sino presencia real en un pueblo de una vida humana perpetuamente expuesta a todas las miradas y a todos los riesgos, presencia de una vida ofrecida como un pan fácilmente devorable. Es por esto que quería llegar a ser “pequeño y abordable”, consciente de que su vida sería la única Biblia que todos leerían. La Biblia que él quería ver iluminada por una sola y misma lámpara con el sagrario, uniendo “las dos mesas, de la Palabra y del Pan”.

Vida ofrecida a Dios y a los hombres como la de Jesús, en un sacrificio que ya no es únicamente el del primer día, aunque éste siga muy real, sino que es también ofrenda de la vida de aquellos que le rodean, ofrenda de la amistad compartida, y sobre todo, en un mundo de guerra, ofrenda del sufrimiento de los demás e intercesión “en la tormenta, … durante el combate de los suyos … en la barca zarandeada por las olas”.

Al día siguiente de su muerte, el cuerpo de Carlos de Foucauld es enterrado por la gente del pueblo. Tres semanas después, el capitán de la Roche planta una cruz de madera sobre su tumba y, en la arena de la capilla, encuentra la lúnula (que él llama custodia), la abre y verifica que hay una hostia entre los dos cristales. Un suboficial la lleva y la consume, solo, en el desierto. Esta hostia arrojada al suelo es un último símbolo eucarístico, como el cuerpo de aquél que la había consagrado y que había hecho de su propia vida “una hostia viva para alabanza de la gloria de Dios”.

         La vida y la muerte de este hombre ¿pueden hablarnos todavía?

Las circunstancias le obligaron a actuar de forma que parecía estar en contradicción con sus convicciones más firmes; cada vez, consiguió superar su forma de concebir las cosas, ir más allá de su devoción y no confundir el fin y los medios. El fervor de su amor por la persona de Jesús ¿puede aún reanimar la llama en nuestros tibios corazones? El realismo de su fe en la presencia viva del Resucitado, ¿podrá dar nuevo vigor a nuestras “adoraciones”, si hemos continuado fieles a ellas, o, por el contrario, si las hemos desdeñado, podrá darnos de nuevo el gusto de esta presencia como camino de contemplación?

La fuerza de sus convicciones y el valor de que hizo prueba nos impresionan. Su capacidad de adaptación a las situaciones nuevas es tan grande como su fidelidad en someterse a las leyes de la Iglesia. Su forma de hacer frente a esas situaciones nos invita a volver a lo esencial, sin despreciar los medios que nos son dados. Más allá de las formas de devoción de su tiempo y de todas las desviaciones,  como la Misa delante del Santísimo Sacramento expuesto, la importancia dada a la custodia, a la forma y al color de la hostia, que vacían el pan de su realismo, por encima de la tendencia a “cosificar” la Eucaristía, a materializar y a localizar la irradiación de la hostia en el espacio, tenemos que redescubrir y utilizar los signos y los símbolos que siguen siendo inagotables para que podamos rezar, no sólo en espíritu, sino en la verdad de nuestro ser entero. ¡Ojala podamos acoger el testimonio de una vida entregada y ofrecida, de una vida consumada en sacrificio pascual, en la que la muerte toma su lugar normal, como remate y paso hacia la realización. 

Con palabras de Carlos de Foucauld, digamos para terminar que esta presencia de Cristo nos es dada “por amor, para nuestro bien, para hacemos más  entregados, fervientes, amantes, tiernos, ya que somos fríos; para hacemos fuertes y animosos, ya que somos débiles; para darnos esperanza y confianza, ya que estamos sin esperanza; para hacernos felices, ya que estamos tristes y desanimados”.

Jacques Maritain, René Voillaume y los Hermanitos de Jesús

Conferencia de René Mougel. Barcelona. 30-octubre-2003 dentro de los actos del 30° aniversario de la muerte de Maritain. La ponencia se servirá de un largo estudio publicado por Michel Nurdin en Cuadernos J. Maritain (1997 nº 35) titulado: «J. Maritian y los Hermanos de Jesús». El texto entrecomillado remite textualmente al trabajo citado

Jacques Maritain estuvo presente en la misa de los Hermanos de Jesús, en Montmarte en los actos de la celebración del XXX aniversario de la fundación de la Orden, el 8 de septiembre de 1993. Hacia treinta años que el cardenal de París impuso el hábito a los cinco primeros Hermanos. El prior de esta primera comunidad era René Voillaume y tenía entonces 28 años. Casi treinta años más tarde, poco después de la muerte de su esposa J. Maritain publicaría el Diario de Raïssa. El autor no tenía ni la necesidad ni la costumbre de solicitar las introducciones de sus libros pero para este diario espiritual de Raïssa, tan importante para él, pidió el prólogo al P. Voillaume. Éste escribiría una docena de páginas donde aproximaba el testimonio y la experiencia espirituales de Raïssa a los del P. de Foucauld y a santa Teresa del Niño Jesús. Es conocido que, a partir de esa época, tras la muerte de Raïssa en noviembre de 1960, J. Maritain entró a compartir la vida comunitaria con los Hermanos de Jesús en Toulouse y, al final de su larga vida, hizo la profesión religiosa el 1 de noviembre de 1971, después de un año de noviciado, en aquella Fraternidad.

Es evidente que los vínculos entre J. Maritain y el P. Voillaume eran profundos aunque tuvieron pocas oportunidades de encontrarse. Su primer encuentro se produce en 1946. Tampoco mantienen una  relación epistolar frecuente.  Con todo, en 1961, en el acto de acogida a Maritain en Toulouse, el P. Voillaume tiene estas palabras esclarecedoras: “Es una delicadeza de la Providencia que la amistad de Jacques con nosotros, y que el parentesco espiritual que existía ya desde hace tiempo con nuestra forma de vida religiosa, lo hayan conducido a venir a vivir entre nosotros, como un hermano mayor de quien tenemos mucho que esperar […]”. Maritain estuvo asociado, según palabras del mismo fundador, a la “fundación espiritual de la Fraternidad”. Por tanto, el hombre que toma el hábito de los Hermanos el 15 de octubre de 1970 e inicia el noviciado en su Comunidad no es un joven que acaba de descubrir la espiritualidad de Foucauld. Tiene 88 años, y desde hace tiempo está muy cercano a la espiritualidad  del P. de Foucauld. Más exactamente tiene trato con el primer círculo de sus discípulos, incluso en vida de Foucauld.

Maritain nunca se encontró con el P. Foucauld ni mantuvo correspondencia con él. Pero si conoció a Louis Massignon[1] con el que mantuvo a partir de 1913 una estrecha relación de amistad. El 28 de enero de 1917, Maritain escribe a Massignon, entonces enrolado en el ejército de Oriente: “¡Cuán tiernamente he pensado en usted, mi querido amigo, cuando he sabido por los periódicos la triste noticia que usted ya debe conocer desde hace algunas semanas, el asesinato de su querido y muy apreciado P. de Foucauld! Es un gran intercesor, aunque nos deje […] he conseguido conocer detalles sobre esta muerte, que se atribuye a los bandoleros del desierto, y que le valdrá posiblemente para ser reconocido como mártir”.

En poco menos de un mes, Massignon estará en París. J. Maritain anota en su cuaderno, con fecha del 23 de febrero de 1917: “Almuerzo en casa de Massignon […] Conversamos toda la tarde, me gusta hablar de Dios con este alma ardiente y llena de nobleza, de una línea moral tan recta y austera, de una inteligencia tan aguda y llena de curiosidad. Hemos ido a rezar juntos a Montmartre. Nuestra amistad se ha hecho cada vez más estrecha durante esta guerra, a pesar de la separación física. Me habla mucho del P. Foucauld […] Me pide rezar por la obra del P. de Foucauld que es “la Unión de oraciones” para la conversión de los musulmanes en las colonias francesas. Maritain había hablado de ella a principios de 1914 a su amigo Ernest Psichari, militar como Foucauld, y que había encontrado la fe en tierras musulmanas en los desiertos de Mauritania. El 1 de febrero de 1914 enviaba a Psichari los estatutos de la Unión, de parte de Massignon. “En esta época, señala Michel Nurdin, el P. de Foucauld acababa de hacer un comentario de estos estatutos, por otra parte comentario muy conocido bajo el nombre de Directorio (de la Unión de los hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de Jesús) que Massignon va a difundir sin demora. La primera edición, no comercial, data de 1917, apenas algunos meses después de la muerte del P. de Foucauld. El 23 de marzo, Massignon dedica un ejemplar a Jacques Maritain, el segundo de los treinta y cinco dedicados[2]. De este modo J. Maritain se asocia desde el principio a la difusión del testimonio y la obra del P. Foucauld promovida por Louis Massignon.

Otro discípulo y heredero de Foucauld, Charles Henrion, es también muy amigo de los Maritain. A nivel espiritual, Jacques anotará, que “ha tenido un lugar único en nuestra vida”, abogado, converso, amigo de Paul Claudel, y después de los Maritain desde 1913, vive totalmente entregado a la contemplación, siguiendo la escuela de san Juan de la Cruz. Atraído también por el ejemplo del P. de Foucauld marcha a Túnez, donde el arzobispo de Cartago, en noviembre de 1924, le impondrá el hábito. Tendrá gran influencia en la conversión de Cocteau, en las conversaciones en casa de los Maritain, con ocasión de uno de sus regresos a Francia seis meses más tarde de su partida. Así lo narra Raïsa: “Ayer Cocteau debía irse temprano después de la cena, un coche tenía que recogerlo para conducirlo al estreno del ballet ruso. Pero el coche se retrasaba. Llegó antes el P. Carlos. Con su vestido blanco del desierto, con un corazón rojo, coronado por una cruz, sobre el pecho. Es bonito, lleno de sencillez […] La impresión es grande. Veo a Jean Cocteau de pie, silencioso, en el marco de la ventana, ensimismado en la reflexión. He aquí pues la clara respuesta de Dios a nuestras oraciones, a nuestra inquietud; desde hacía algunas semanas nos preguntábamos a qué sacerdote dirigir a Cocteau, pues creíamos que era el momento oportuno, y no lo habíamos encontrado. Una vez más nuestro dulcísimo Dios había respondido en una dificultad muy grande con un gran auxilio[3].” Cocteau contestó del siguiente tenor en su Carta a J. Maritain: “Entró un corazón, un corazón rojo coronado por una cruz roja en medio de una forma blanca que se deslizaba, se inclinaba, hablaba, apretaba manos. Aquel corazón me hipnotizaba, me distraía de la cara, decapitaba el albornoz. Era la verdadera cara de la forma blanca y Carlos parecía tener la cabeza sobre su pecho como los mártires.”

Massignon tenía a los Maritain al corriente de lo que hacía el P. de Foucauld. Debió al menos hablarles de las cartas que había intercambiado con éste. Durante una entrevista publicada en el periódico neerlandés De Maasbode el 30 de mayo de 1926, después de haber destacado el hecho de que en Francia “las ideas del P. de Foucauld avanzan cada vez más”, Jacques Maritain proseguía: “Massignon mantuvo con él una correspondencia muy viva que un día u otro se publicará…”[4]. Antes, pues, de la fundación del P. Voillaume, J. Maritain aparece, como se evidencia por estos múltiples indicios, como alguien muy cercano a la herencia de Foucauld que comienza a extenderse. “El hecho, hace notar M. Nurdin, debía conocerse entre sus amigos; si no, por ejemplo, ¿por qué el P. Iwashita Soichi, que trabajaba entonces en la traducción de Tres Reformadores, habría dedicado a Jacques Maritain la biografía japonesa del Padre de Foucauld publicada en 1929 por el Dr. Totsuka Bunkei. Él mismo traducirá De la vié d’oraison en 1931-1932.

Entre estos indicios precoces, hay uno en 1922 que nos aproxima a la vocación de los Maritain y al testimonio del P. de Foucauld. Hacía entonces cerca de 15 años que Jacques y Raïssa Maritain se habían bautizado. Muy pronto experimentaron la llamada evangélica a darlo todo para seguir a Jesús. La vía clásica para responder a esta llamada radical era la vida religiosa pero su matrimonio era un factor a tener en cuenta. Una reflexión de J. Maritain en 1909 expresa su inquietud en esta situación de búsqueda: “Tenemos que ser como religiosos de una especie de orden especial”. Los Maritain comprenden muy rápidamente la parte primordial de la unión con Dios por medio de la vida de oración. El atractivo de la contemplación se traduce en el deseo de una vida propiamente contemplativa, a semejanza de la Cartuja o el Carmelo. Pero su estilo de vida y actividad los mantienen en otro estado: son intelectuales inmersos en la vida del mundo y en las relaciones con múltiples contactos con personas actores de la vida cultural, artística, política y no monjes viviendo en su monasterio o ermita. Hay, pues, una tensión perceptible entre la llamada de Dios a darlo todo y las exigencias de su vocación propia que es necesario encontrar fuera de las vías de la vida consagrada. Es conocido que, no sin dolor, los Maritain encontraron bastante incomprensión en sus planteamientos por parte de sus primeros directores espirituales (benedictinos) que consideraban sus planteamientos como una pequeña extensión de la vida monástica.

En 1922, los Maritain redactan para sus amigos con los que compartían una búsqueda en común un “Directorio” que define en la primera parte “la vida de oración” en los grupos de búsqueda intelectual que darían lugar a los famosos Círculos Tomistas. A los 40 años, no fundan una nueva congregación religiosa, sino una asociación abierta principalmente a laicos y basada en una práctica de vida contemplativa. En este contexto preciso, Maritain tiene en cuenta su situación un tanto especial. La describe el 16 de mayo de 1922: “Conversando detenidamente con Raïssa, tenemos la impresión de que estamos aquí los dos, a pesar nuestro, en alta mar y forzados a decidir por nosotros mismos”. Así, pues, hace notar la limitación de los consejos humanos, en particular para las cuestiones que tenían que solucionar entonces: “la vida espiritual” y “lo que conviene a la vida laica”. Añade: “Nos sentimos muy sorprendidos por la manera estrecha y convencional con que los Benedictinos juzgan al P. de Foucauld, ese “personaje original”, nos decía uno de ellos”.

Por entonces, hacía algunos meses que el éxito del libro de René Bazin, “Charles de Foucauld explorateur du Maroc, eremite au Sahara”, había dado a conocer ampliamente a los interesados la historia del P. de Foucauld. Los Maritain tenían un conocimiento anterior y más extenso a la vez por Massignon.  Existe entre los Maritain y el P. Foucauld un acuerdo espiritual profundo: ¿no hizo la llamada de Dios andar a Foucauld a través de los monasterios para conducirlo finalmente a una vida contemplativa entre los tuareg? Existe, pues, entre el sacerdote Foucauld y el matrimonio Maritain, una analogía profunda en cuanto a la búsqueda de Dios y su voluntad en cuanto la llamada de Dios a una vida contemplativa no los retira del mundo, al contrario, los atrae hacia el mundo. Esta convicción va a explicitar las relaciones de Maritain con la Fraternidad fundada por el P. Voillaume. En esta época nos encontramos a René Voillaume enfrascado en la lectura y meditación del libro de René Bazín momento espiritual del que escribirá más tarde en su testamento que fue “una gracia de certeza luminosa que no dejó en mi alma ninguna duda: debía imitar la vida de Carlos de Foucauld”.

El proceso de R. Voillaume que le conduce a fundar la Fraternidad diez años más tarde es ampliamente conocido. Los Maritain están completamente ajenos a esta fundación aunque, probablemente invitado por Massignon, Jacques Maritain asiste a la misa de fundación en Montmartre en 1933. Y, con todo, en 1928, totalmente ajeno a los preparativos del P. Voillaume, Jacques dibuja, para un joven que le pide consejo, una especie de proyecto profético de lo que más tarde realizará la Fraternidad. Este joven es André Harleire, amigo de los Maritain, será uno de los primeros Hermanos. Si no está en Montmartre el 8 de septiembre de 1933, es por que se encuentra en Argel esperando a los Hermanos para unirse a ellos. Para él, que desempeño un papel importante en la formación de la Fraternidad, la relación entre los Maritain y la Fraternidad se encontraba firmemente consolidada en la amistad. Pero volvamos de nuevo al episodio de 1928.

Intelectual, convertido, Harleire es como los Maritain seducido por el ideal de una vida contemplativa pero una vida contemplativa, no obstante, enel mundo. Y he aquí el consejo que le da Maritain (carta del 31 de julio de 1982) y que nos lleva al P. de Foucauld: “Si la impresión que tiene usted y que va en el sentido de una vida contemplativa en el mundo, responde a una voluntad de Dios, me parece que la entrada en la Cartuja es una decisión sabia y prudente. Ya que depende entonces de Dios, y sólo de Él, afirmar esta voluntad haciendo por usted lo que hizo por san Benito Labre o por el P. de Foucauld, empujándole afuera a pesar suyo”. El consejo de Maritain es, pues, prudente: la forma clásica de una vida contemplativa es la Cartuja (o la Trapa, o el Carmelo…). Hacia ella orienta a Harleire. Pero Maritain no se cierra del todo a la idea de que la vocación a una vida contemplativa “le empuje afuera”, fuera del claustro, como dice, ya que en la misma carta, aclara los términos del problema “vida contemplativa en el mundo”, de una manera que dice mucho sobre su propia manera de ver y vivir esta situación y la conciencia que tenía de su propia vocación compartida con Raïssa y Véra: “¿Una vida integralmente contemplativa en el mundo? En verdad, yo no la creo posible. Una vida contemplativa en esencia, sí, y que ni siquiera implicaría la preocupación directa por el apostolado de la vida mixta dominicana, sí todavía; no obstante, sólo se justificaría en el mundo por el deseo de servir a las almas, y en consecuencia de entregarse a ellas de un modo u otro, y soportar valerosamente todos los fracasos, amarguras y vaivenes inútiles que son inseparables del comercio con los hombres, aunque sólo sea para dar testimonio en medio ellos de la misma contemplación y del amor eucarístico de Nuestro Señor […].

Continúa el texto: “Si usted debe permanecer en el mundo, creo que es con la voluntad de dejarse devorar por los demás, sin preservar nada más que la parte, muy grande, de soledad necesaria para que Dios haga de usted algo que sea útilmente devorable […]” “¿Qué queda después de esto? La impresión, la esperanza de que el Espíritu Santo prepare algo en el mundo, una obra de amor y de contemplación, que querrá almas totalmente entregadas e inmoladas en medio mismo del mundo. Usted sabe hasta qué punto esta idea está profundamente en mí. Pero no es nada más que una idea, una esperanza […]”. Volveremos a encontrar esta idea de forma reiterativa en el pensamiento de J. Maritain.

La Fraternidad, como sabemos, se estableció en Al-Abiodh como una comunidad de clausura, y durante más de diez años vivió en el desierto y la soledad contemplativa siguiendo esencialmente los dictámenes y la forma clásica del claustro. Necesitará un lento proceso para encontrar la forma, nueva en la Iglesia, de su vocación de congregación religiosa, a saber, contemplativa para insertarse en medios no cristianos, entre los desheredados del mundo y en el mundo obrero, dicho en cuatro palabras célebres, “au coeur des masses”. Esto será, sobre todo, tarea de la posguerra. En ese momento nos encontramos con Maritain. Anteriormente, el período de clausura de la Fraternidad, oculta en el desierto argelino, se desarrollará casi sin relación con Maritain. A pesar de todo, se ve despuntar un elemento observado por M. Nurdin, y que traduce una determinada intimidad o proximidad con el pensamiento de Maritain. En efecto, lo que los Hermanos llamaban entonces la adaptación, diríamos hoy “inculturación”, al medio musulmán y sahariano. La fraternidad de El-Abiodh quería ir “lo más lejos posible en su deseo de «inculturación» no solamente espiritual, sino también humana y religiosa” (Cuaderno nº 35 p. 15). Fr. André encargado de elaborar un texto sobre este tema hacia 1935-36, lo redacta en referencia a dos textos de Maritain, Religión y cultura y Del régimen temporal y de la libertad.

Llegado a este punto es obligado decir algunas palabras sobre el pensamiento de Maritain, desarrollado en los años 30 alrededor de estos dos textos citados, y que debía expresarse de manera magistral en Humanismo integral (1936). En un contexto de reflexión fundamental sobre la civilización y su futuro, sobre las posibles interferencias entre religión y cultura y, para un cristiano, entre el Evangelio y la Iglesia, en medio del hervor social y religioso que representaba el desarrollo de la Acción Católica, y también el compromiso cristiano de grupos como Esprit de Emmanuel Mounier, J. Maritain centró  sus reflexiones sobre “los problemas temporales y espirituales de una nueva cristiandad”. Lo hizo, primero, en una Universidad de verano en España en 1934 (Santander) y, más tarde, en Polonia además de en múltiples artículos y conferencias por Europa y las dos Américas. Toda esta reflexión fue publicada en su libro más famoso: Humanismo integral (1936). La idea de un “mundo cristiano” o de una cristiandad nos lleva espontáneamente, en Occidente, a la Edad Media. Nuestro mundo no es cristiano como lo fue en la Edad Media. Esto es una constatación fundamental.

Por otra parte, en perspectiva histórica, la Iglesia en la Edad Media se había hecho la educadora de los pueblos cristianos, y por lo tanto la obra de civilización (cultural y política) se encontraba bajo la tutela religiosa. Pero, más adelante, la emancipación de esta tutela en lo que podríamos llamar el movimiento humanista del Renacimiento aparece, a los ojos de Maritain, como algo muy temporal. Y si desdicha del humanismo moderno ha sido la de ser antropocéntrico y rechazar sus fuentes cristianas, el reto no es rechazar suicidamente este humanismo, sino reconciliarlo con el espíritu cristiano. A este modo de proceder Maritain le llama un “humanismo integral”, humanismo teocéntrico o mejor aún “humanismo de la Encarnación” del Verbo de Dios en el hombre. Así, en tanto que obra de civilización centrada en la dignidad de la persona humana y ajustada a la inspiración del Evangelio, la realización de este “humanismo integral” será propiamente un asunto de laicos. Maritain llama a la “misión temporal de los cristianos (de todo tipo: cultural, social, política, científica, artística) que es una misión de colaboración en un mundo plural y que consistirá en aportar la inspiración y, en primer lugar, el testimonio y la presencia, del Evangelio en la obra de los hombres sobre la tierra.

En esta atención cristiana a lo humano, Maritain ve una prolongación de la Encarnación que ha hecho descender del cielo, en la humanidad de Jesús, la fuente de la gracia, y que sigue en la Iglesia. Maritain tiene un sentido claro de esta misión que continúa en la Iglesia. Sin añoranzas de los tiempos de cristiandad, en la Carta sobre la independencia (1935) escribe: “El instinto espiritual, que es de Dios, pide a los cristianos dispersarse en el mundo que Dios hizo, para llevar su testimonio y vivificarlo”. Y si el fuego del Evangelio debe extenderse sobre la tierra por obra de los cristianos, no es por medio de fulminaciones ni de condenas. Debe aparecer cómo lo que es, fuego de santidad y caridad”.

La atención evangélica a todo lo humano debe inspirar no solamente las acciones de los santos, sino las estructuras y las instituciones de la vida común, penetrar en las profundidades de la existencia sociotemporal. A partir de ahí, la renovación de la civilización que él dice que desea se caracterizará por la santificación de la vida profana o secular y Maritain no duda en hablar de un nuevo estilo de santidad caracterizado por la santificación de la vida profana. Finalmente añadía: “Forma parte del orden de las cosas que este nuevo estilo y esta nueva eclosión de espiritualidad no surjan de la misma vida profana, sino de algunas almas ocultas al mundo, unas viviendo en el mundo, otras en las cumbres de las más altas torres de la cristiandad, quiero decir en las Órdenes más altamente contemplativas, para extenderse desde allí a la vida profana y temporal”.

Humanismo integral fue leído, acogido con simpatía en El-Abioh. Su meditación sobre la penetración del Evangelio en todo lo humano y sobre un nuevo estilo de vida evangélica en el mundo coincidió con la maduración que se operaba en la Fraternidad alrededor del misterio siempre ejemplar, pero que era preciso profundizar fielmente, de la vida oculta en Nazaret. Reanudando las fórmulas del P. Voillaume, Michel Nurdin habla de un malestar experimentado por los hermanos, “inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, ante el desfase tan sensible entre su vida, el Reglamento de 1899 del P. de Foucauld y lo que éste había vivido en referencia al “misterio de la vida oculta de Nazaret”. Empieza una evolución en la búsqueda de respuestas de la Fraternidad en orden a su vocación contemplativa en tierra de misión “en el sentido de una vida centrada sobre todo en el trabajo para vivir y en un contacto más íntimo con las gentes” que los acogen. Por otra parte, restablecidas las conexiones entre las dos orillas del Mediterráneo, los hermanos descubrían el renacimiento misionero y religioso que tenía en “Francia país de misión”,su referencia. También la Fraternidad iba a vivir su paso del claustro al mundo y a trasplantar la fidelidad a su vocación contemplativa a las pequeñas fraternidades diseminadas por todo el mundo, en el corazón de las masas.

M. Nurdin explica aún: “La imitación de la vida de Jesús en Nazaret siempre ha sido una de las características que la Fraternidad conserva del P. de Foucauld. Esta imitación se había centrado en principio en la fundación del marco monástico de El-Abioh. Desde este momento iba a cambiar su rostro insertándose “en el corazón de las masas”. Publicadas bajo este título en 1950, las charlas del hermano René Voillaume en el noviciado del El-Abioh y sus cartas a los hermanos se proponían orientar y estimular a una forma de vida consagrada que, debido a su novedad, requería un reajuste respecto a algunos temas clásicos en teología espiritual. Esta nueva situación era especialmente sensible en el ámbito de la plegaria y la oración contemplativa donde, haciendo suya la enseñanza de san Juan de la Cruz, el prior de la Fratenidad reformulaba algunas grandes verdades sacadas a la luz por el Doctor Místico en un contexto existencial humano y religioso, totalmente diferente al nuestro. Ahora bien, M. Nurdin lo destaca, el P. Voillaume cita entonces Humanismo integral e inscribe espontáneamente la profundización de la experiencia de la Fraternidad entre los hombres en las perspectivas caracterizadas por Maritain. Tengamos en cuenta aquí que en 1946, el P. Voillaume acompañado por el hermano André, visita por varias semanas Roma, donde J. Maritain es embajador de Francia. Con esta ocasión se establecerán los primeros contactos para unas relaciones amicales en progresivo crecimiento.

Recíprocamente, cuando el hermano André trasmite a los Maritain algunos textos del P. Voillaume publicados “En el corazón de las masas”, Jacques reconoce sin vacilar la aparición de un “nuevo modo o estilo de contemplación o de vida contemplativa” (Cuaderno, p. 20). Antes, él había anotado: “muy emocionado por los textos del P. Voillaume que André ha dado a Raïssa” que “estos Hermanos son lo que esperábamos desde hacía mucho tiempo” (ibid, p.19). Con el fin de precisar un poco esta espera, recordemos que Humanismo integral dejaba entrever un nuevo estilo de santidad y tenía en cuenta, lo citamos más arriba, que “este nuevo estilo y este nuevo impulso de espiritualidad” debían iniciarse normalmente en las almas contemplativas y en las órdenes religiosas “más altamente contemplativas”. En un texto de 1945, por lo tanto antes de que encuentre al P. Voillaume, un texto donde condensaba una vez más los temas axiales de Humanismo integral, Maritain presentía una renovación de la vida contemplativa y manifestaba su deseo de una “vida contemplativa, quizá bajo nuevas formas” que “sea accesible no solamente a algunos privilegiados, sino al hombre común”, para permitir la penetración del Evangelio en el mundo y la “santificación de lo profano” que él esperaba. No postulaba, pues, una nueva congregación religiosa. Pero en la experiencia espiritual de los Hermanos y en la enseñanza que les daba su fundador, reconocía esta nueva forma de vida espiritual o contemplativa que esperaba el mundo y la mayoría de las gentes y que con Raïssa denominaron desde ese momento “la contemplación por los caminos del mundo”. En este sentido, la Fraternidad, garantizada por la Iglesia, aportaba a los deseos y a las búsquedas, a los presentimientos de los Maritain el refuerzo, el crisol y el aval de su propia experiencia. A través de la difusión de la obra En el corazón de las masas y los escritos del P. Voillaume, el espíritu de Foucauld se extendía en la espiritualidad del siglo XX.

Un tema afecta vivamente a Maritain en la enseñanza espiritual del P. Voillaume: el lugar del amor al prójimo en la vida espiritual o en la experiencia cristiana de la contemplación vivida entre los hombres. Un monje dedicado a la unión con Dios en una vida regulada por la oración no debe olvidar nunca al prójimo. Ahora bien, en una vida compartida ordinariamente con los hombres, como Jesús en Nazaret, las relaciones con los demás alteran totalmente las condiciones del ejercicio de amor al prójimo. Y si en vez de vivirlas como unas concesiones obligadas, en una especie de nostalgia del monasterio, el contemplativo las vive “siguiendo a Jesús de Nazaret”, si ama y mira a los demás “como Jesús los amó” y nos dijo que los hiciéramos (“como el Padre me amó…, como yo os he amado, amaos los unos a los otros”), entonces el amor a los otros ocupará un lugar central en su vida. “De ninguna manera en detrimento de su unión con Dios, puesto que este ejercicio del amor a los demás se hará “divinamente”, abrazando los sentimientos de Cristo Jesús. Más aún, en estas circunstancias, el amor a los demás será indisolublemente el lugar o el momento de la experiencia de Dios.

Maritain había meditado sobre la experiencia de los místicos. En la escuela de san Juan de la Cruz y santo Tomás de Aquino, había reconocido que el medio propio de la experiencia de Dios del que dan prueba los místicos es el amor de Dios, el amor de caridad. Los místicos no conocen a Dios por revelaciones especiales sino a través  de la experiencia íntima de amor. Pues bien, al meditar sobre el lugar que ocupa el amor a los demás en una vida contemplativa en medio de los hombres, Maritain extiende muy lógicamente sobre ellos los conceptos que expresaban clásicamente la experiencia mística de Dios. Escribe, en notas inéditas: “El amor al prójimo es el mismo amor que el amor a Dios. Por lo tanto, el amor fraterno nos connaturaliza también con Dios”. El amor de caridad es el lugar y medio de la experiencia de Dios. El ideal de una vida contemplativa perseguido por los Maritain encuentra allí la justificación profunda de su permanencia en las condiciones de una vida en el mundo. Y por otra parte, la nueva forma de espiritualidad que llaman “contemplación en los caminos” se justifica precisamente en las condiciones de espiritualidad del laico será, ante todo, en la inmersión social del existir con los demás, el aprendizaje de la acogida y de la caridad.

En un texto publicado en 1945, Maritain esboza un poco más la nueva forma de espiritualidad cuya aparición percibía: “en estas perspectivas, se puede comprender que un nuevo estilo de santidad, no digo un nuevo tipo de santidad ya que ésta tiene su tipo eterno en Cristo, se puede comprender que un nuevo estilo de santidad, una nueva etapa en la santificación de la vida secular será requerido por una nueva edad de civilización. No solamente el espíritu de Cristo se extenderá en la vida secular, y buscará a sus testigos entre los que trabajan en las obras y las fábricas, las obras sociales, la política o la poesía, tanto como entre los monjes dedicados a la búsqueda de la perfección; sino que una especie de divina simplificación ayudará a los hombres a comprender que la perfección de la vida humana no consiste en un atletismo estoico de virtud ni en una aplicación libresca y humanamente elaborada de recetas de santidad, sino en un amor que crece sin cesar, a pesar de nuestros desprecios y nuestras miserias, entre el Yo increado y el yo creado; y que todo depende de este descenso de la divina plenitud en el ser humano del que hablé más arriba, y que opera en el hombre la muerte y la resurrección; y que la santificación del hombre tiene su piedra de toque en el amor al prójimo que le pide estar siempre dispuesto a dar lo que tiene, y así mismo, y finalmente a morir de alguna manera por los que ama.”

Naturalmente, el amor al prójimo, la atención a lo humano no son aquí un amor cualquiera. Su causa no es humana o humanitaria. Es evangélica, siguiendo los pasos de Cristo. Por esto, la atención al prójimo se modifica. Las notas inéditas ya citadas se multiplican en su brevedad: “Eso supondría una aproximación evangélica a los demás hombres. No esperar recibir algo de ellos, ni su gratitud, ni siquiera su conversión […] Estar dispuesto a servirles. Escucharles. Ser un instrumento para transmitir el amor que Dios le tiene. […] Eso exige de nosotros existir con ellos, con los pobres. “Como resultado: una vida mística y desposeída” en que se trata “de estar muy disponible al amor fraterno” […] “Más desgarrada por el dolor humano y el servicio humano”. Y aún: “Menos preparada por una meditación intelectual, pero preparada por las pruebas del amor.” Finalmente: “contemplación en los caminos”.

Y concluye sus notas así: “Me siento incapaz de darle más que estas pobres indicaciones, desde el exterior. Pero afortunadamente, esta forma de contemplación es practicada por un cierto número de hombres y de mujeres, comprometidos en la vida laica o en la vida religiosa, especialmente por los Hermanos de Jesús, que son discípulos del P. de Foucauld.

Maritain se sentía cada día más próximo a los Hermanos de Foucauld. “Amamos a los Hermanos cada vez más”, decía Maritain. Escribía convencido: “estamos persuadidos de que los Hermanos son un don del Espíritu Santo a la Iglesia y al mundo como lo fueron los Franciscanos y los Dominicos en el siglo XIII y los Jesuitas en el XVII. La única fundación religiosa verdaderamente y auténticamente nueva desde el siglo XVII”.

En el verano de 1960, Jacques y Raïssa vuelven a París, solos. Abatida por la muerte de Véra unos meses antes, Raïssa sufre una conmoción cerebral. El Hermano Paul Marnay les acoge y permanece junto a ellos en este periodo que Jacques llamará los “cuatro meses irrespirables” de la última enfermedad de Raïssa. René Voillaume y el hermano André estarán también con ellos, en particular cuando se apaga la vida de Raïsa, el 4 de noviembre de 1960, y cuando Jacques se encuentra solo, viudo, sin hijos. La amistad con los Hermanos André y Paul facilita la acogida en la Fraternidad de estudios de Toulouse. Ciertamente que la vocación de la Fraternidad no consiste en recoger a los ancianos, pero la amistad, el parentesco en el estilo espiritual de vida, son tan estrechos que la acogida se realiza con toda naturalidad. De este modo, Jacques Maritain no seguirá estando solo y podrá hacer un favor a los hermanos en la organización de sus estudios. A partir del 19 de noviembre escribe: “Se me acepta para ponerme al servicio de los Hermanos, como filósofo laico. Se verá más adelante qué compromisos religiosos puedo asumir (Instituto Secular o Fraternidad Secular). Por el momento, el Padre Prior me envía la insignia de los Hermanos y me autoriza a llevarla.” Jacques es verdaderamente “acogido como un hermano” en la Fraternidad.

El primer trabajo de Maritain en Toulouse será publicar el texto inacabado de Raïssa bajo el título de Notas sobre el Padrenuestro. Los tres primeros capítulos son un comentario muy clásico del Padrenuestro. El capítulo IV: “la oración de Jesús”, Raïssa propone en la línea de una espiritualidad renovada las perspectivas de lo que llamaba “la contemplación en los caminos”.

Jacques descubrió, además de las “Notas sobre el Padrenuestro”, unas notas espirituales que reunirá y publicará bajo el título de Diario de Raïssa. Mejor quizá que un tratado deliberadamente construido, estas notas daban prueba de la experiencia de la contemplación en los caminos de esta larga búsqueda de una vocación espiritual vivida en el mundo, en medio de las preocupaciones y trabajos de los hombres. Como las Notas sobre el Padrenuestro, dedicadas a los Hermanos, el Diario de Raïssa tuvo en primer lugar una edición no comercial para los Hermanos que eran los primeros destinatarios. Y puesto que la vía espiritual de la que daba prueba el Diario suscitaba la incomprensión de algunos amigos y teólogos, Maritain pidió al P. Voillaume presentar e introducir, y de alguna manera avalar, la obra. En este prefacio, lo recordé al principio, el P. Voillaume acercaba, sin ninguna reticencia, el testimonio de Raïssa a los del P. de Foucauld y Teresa de Lisieux. “Es con un consentimiento de humildad y con el corazón lleno de gratitud como escribo este prefacio de recopilación de notas publicadas bajo el título de Diario de Raïssa. Permítaseme decir en primer lugar hasta qué punto la lectura es significativa para nosotros, hijos e hijas de la familia del hermano de Carlos de Jesús […] en su límpida sobriedad nos muestran todo el desarrollo de la vida escondida de un alma enamorada de Dios, y a la vez presente, con qué incansable caridad, en la vida del mundo, muy especialmente en los movimientos de pensamiento y en la búsqueda artística que caracterizaron su época.”

Haciendo hincapié a continuación en el “verdadero parentesco espiritual” que conecta el camino de Raïssa con la enseñanza de Teresa de Liseux y el testimonio del P. de Foucauld, indica: “La característica dominante de este movimiento espiritual me parece que es la preocupación por volver a dar a la contemplación de Dios el primer lugar, y por traerla al mundo, a la  miseria del mundo, como una necesidad vital para la expansión misma de la vida cristiana que los laicos de nuestro tiempo están llamados a vivir.” “La santa carmelita de Liseux, permaneciendo en el claustro, recibió la misión de enseñar un camino hacia la contemplación y la santidad accesible por su simplicidad a todos los que viven en el mundo. En la misma línea, el P. de Foucauld, ermitaño en el desierto, que esperó vanamente algún compañero, coloca los fundamentos de un ideal de vida religiosa que tiene como característica esencial dedicarse a la contemplación en el marco de la vida de Nazaret, de la vida cotidiana de trabajo de los pobres. Raïssa se sabe llamada a una vida contemplativa en el mundo, ahí mismo, en el reino de los artistas, de los poetas, de los filósofos, donde lo mejor y lo más turbio del mundo se encuentran en el punto más alto de seducción y de peligro.

La publicación del Diario de Raïssa en 1963, bajo la autoridad espiritual y el patrocinio del P. Voillaume, no constituye el último acto o el último fruto de la relación que unía la Fraternidad a la “contemplación en los caminos” esperada por los Maritain. En 1965 se acababa el segundo Concilio Vaticano, bajo la guía de Pablo VI, amigo de Maritain, a quien llamaba su “maestro”. El 8 de diciembre de 1965, Maritain, lo recuerdo bien, recibió de manos de Pablo VI el “mensaje del Concilio” a los intelectuales. Y algunos días más tarde, el filósofo tuvo la idea de redactar sus deseos para el futuro. El Campesino del Garona, como su título lo sugiere, fue editado en Toulouse, es decir en la Fratenidad, y la obra acaba con una sección muy larga consagrada a la “contemplación en los caminos”, que constituye el texto más conseguido de los Maritain.

En un libro con Jacques en 1950, Liturgia y contemplación, Raïssa había redactado, un corto capítulo titulado “la contemplación en los caminos” y consagrado en gran parte “al testimonio y a la misión de Teresa de Liseux”. Terminaba, al final, escribiendo: “Añadamos que en esta contemplación en los caminos al desarrollo a la cual el futuro asistirá indudablemente, parece que la constante atención a Jesús presente y la caridad fraterna sean llamados a desempeñar un papel más importante, incluso en relación a las vías de la oración infusa.” Para curar la modestia de los Hermanos, iremos hasta el final de la cita: “creemos que la vocación de estos contemplativos, lanzados al mundo y a la miseria del mundo, que son los Hermanos de Carlos de Foucauld, tiene en este punto un alto significado, y se puede esperar de ellos nuevas luces en el ámbito de la vida espiritual, con el tiempo y la gracia de Dios.”

En el Campesino de Garona, Jacques volvía a “la constante atención a Jesús presente y a la caridad fraterna” designados por Raïssa como dos “caracteres principales” de la contemplación en los caminos. En cierto modo, como en los dos mandamientos de amar a Dios y al prójimo que, en verdad, “no son más que uno”, estos dos caracteres sólo son uno, ya que mirar a los demás y amarlos como Jesús los ama, es unirse al mismo Jesús. Maritain añade: “el Padre Voillaume me decía un día que aquello era ver a Jesús en ellos”.

La idea, o más bien la palabra “contemplación”, expresa a menudo una mirada hacia el cielo. Incluso la “contemplación del ser amado” deja la idea de una distancia fría. Y en consecuencia la búsqueda de un “ideal contemplativo” parece un escape de la vida y el mundo. No es el caso del amor. Pero si se comprende que la contemplación cristiana se acaba también e indisolublemente en la mirada fraternal sobre los hombres, que ve a Jesús en ellos, y los ama como Él los ama.

La profesión religiosa de J. Maritain en la Fraternidad no tiene en ningún momento sentido clerical alguno, ni supone abandono de la búsqueda que había mantenido toda su vida con Raïssa y Véra como laicos. Para Jacques mismo, esta profesión era la consagración, el “abandono”, la “ofrenda” a Dios de la vida que le quedaba.

René Mougelhorizontal rule

[1] ( 25 julio de 1883 – † 31 octubre 1962). Arabista y convertido. Amistad con Carlos de Foucauld por su interés por Marruecos y el mundo islámico. Cf. J. Etxezarreta Zubizarreta, Hacia los más abandonados. Un estilo de evangelización. El Hermano Carlos de Foucauld, 1995, 282-283

[2] Es interesante conocer las dedicatorias en personajes tan cercanos a la espiritualidad foucaldiana incluso por su orden: 1º. L. Massigon;  2º, J. Maritain; 3º, Mgr Le Roy [Primer presidente de la Asociación Foucauld]; 4º,  René Bazin [Primer biógrafo de C. de Foucauld]).

[3] Diario de Raïssa ,15 de junio de 1925.

[4] Fue publicada por J. F. Six, pero mucho más tarde, con el título: L’aventure de l’amour de Dieu (80 lettres inédites…), París, Seuil, 1993.

https://www.carlosdefoucauld.org/ComunidadJesus/Mesaprop/22-23/Maritain-Voillaume.htm
 
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El santo de Nazaret (Chile)


 

Autor: PAZ ESCÁRATE CORTÉS | Revista Mensaje Región Metropolitana de Santiago (Chile)

CANONIZACIÓN DEL HERMANO CARLOS DE FOUCAULD



El papa Francisco anunció la canonización del místico francés que ha inspirado varias familias espirituales que buscan seguir a Jesús desde el Nazaret de hoy, es decir, desde el lugar cotidiano y último que casi ya no valoramos.

Benito Cassiers (86) murió de COVID 19 en el Hogar para ancianos Villa Padre Hurtado, ubicado en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, el pasado 13 de junio. Se fue, como 231 personas informadas ese día por el Minsal en Chile, en el día previo a la celebración de Corpus Christi, pan partido para la vida de los demás.
De esa misma manera, Benito fue alimento para sus vecinos en Renca, para sus compañeros de trabajo en la cooperativa SERVATEC que agrupó a un centenar de personas del rubro de la construcción y para la Coordinadora Cultural de Huamachuco, entre otros muchos que lloraron su partida a la distancia debido a la pandemia. Benito, belga de nacimiento, eligió ser hermanito de Jesús en Chile inspirado por el testimonio de Carlos de Foucauld, recientemente fue reconocido como camino de santidad para la Iglesia católica.
La noticia emanada desde el Vaticano describe a Foucauld como «sacerdote diocesano; nacido en Estrasburgo (Francia) el 15 de septiembre de 1858 y muerto en Tamanrasset (Argelia) el 1 de diciembre de 1916». Proveniente de una familia noble, queda huérfano a los 6 años. Se cría con su abuelo, pierde la fe, tiene una juventud licenciosa, entra al ejército y confecciona el primer mapa de Marruecos.
Su contacto con el mundo árabe lo hace preguntarse nuevamente por Dios y la relación entrañable con su prima lo empuja a los templos, donde reza: «Dios, si existes, haz que lo sepa». Su conversión se desencadena durante el encuentro con un sacerdote que le ofrece el sacramento de la reconciliación. Allí nace Carlos de Jesús, que se fascinó con la vida que Cristo vivió los treinta años que pasó en Nazaret. Esa vida la buscó en La Trapa, como sirviente de las clarisas en Tierra Santa y finalmente como ermita en Argelia, donde murió por un disparo. No dejó ningún seguidor en vida. Años más tarde, el sacerdote René Voillaume y la hermanita Magdalena Hutin toman la espiritualidad vivida por este místico itinerante y fundan, respectivamente, a los hermanitos y a las hermanitas de Jesús, respectivamente. Nóel Merand (83), hermano de Jesús y vecino en la población Huamachuco en Renca desde hace 42 años, explica así la espiritualidad así: «La vida de Jesús está marcada por ser de Nazaret. Durante su vida pública hasta la cruz, siempre es nombrado como Jesús de Nazaret.
No es solo una etapa de su vida, no es la preparación a su misión, sino que es ya su misión; desde ahí realiza la voluntad de su Padre». Y, para él, Nazaret es la calle Las Garsonias y el trabajo que tuvo como soldador al arco durante décadas.
La noticia de la canonización significa para él seguir viviendo en pos de Jesús «en medio de los vecinos, en el caminar junto al pueblo de Dios en el lugar donde estoy, en la población». EL ÚLTIMO LUGAR Para la hermana de Jesús Donata Cairo, con treinta años de religiosa en la población La Victoria, la noticia de la futura canonización la remite a un punto central de su espiritualidad: el último lugar. Cita al hermano Carlos al decir: «Cuando les inviten a un banquete, pónganse en el último lugar. Esto es lo que él mismo hizo al venir al banquete de la vida y lo hizo hasta su muerte.
Vino a Nazaret, el lugar de la vida oculta, de la vida ordinaria, de la vida de familia, de oración, de trabajo, de oscuridad, de virtudes silenciosas practicadas sin más testigos que Dios, sus Íntimos y sus vecinos; el lugar de aquella vida santa, humilde, benéfica, oscura, que es la vida de la mayor parte de los seres humanos, de la que dio ejemplo durante treinta años… ». Y luego reflexiona: «Para nosotras es importante que la radicalidad evangélica vivida por el hermano Carlos sea reconocida en la Iglesia como camino de santidad, camino de seguimiento propuesto a la Iglesia universal, porque de verdad él hizo de la religión un amor». Y de esa radicalidad, Donata y su comunidad religiosa saben. «En otros tiempos hemos vivido de nuestros trabajos manuales en fábricas, en los planes pro-empleo de gobierno, limpiando una plaza cerca de nosotras, etc.
En este momento Vivimos de la artesanía, de nuestras pensiones y del sueldo de la hermanita Flor que trabaja como auxiliar de aseo en la UCI del Hospital Barros Luco». Su Nazaret, el pasaje de la población, hoy por hoy está lleno de familias con COVID positivo y hablan de la muerte y de las ollas comunes a diario. HUELLAS CHILENAS ¿ Cómo llegaron los seguidores de Carlos de Foucauld a nuestro país? El padre Alberto Hurtado S.J. Fue el impulsor de su llegada. En la década del cuarenta conoció al padre René Voillaume y le pidió que enviara una fraternidad a nuestro país. La primera se abrió en la primavera del 1950 con tres hermanos franceses en la población Los Nogales, frente al templo Jesús Obrero. Núel relata: «En 1956 llegó a vivir a la fraternidad Elías González, que posteriormente se hizo hermanito, siendo el único chileno que, hasta el momento, se ha consagrado a la vida religiosa en esta vocación.
Por mi parte, llegué a fines de 1963 a vivir a Los Nogales». En 1968 se trasladaron a la población Villa O’Higgins, zona sur de Santiago, donde estuvieron hasta 1973, cuando y Jerry, un hermano estadounidense, fueron expulsados del país. En 1978 regresan, esta vez a la población Huamachuco.
Cuando se le pregunta por una experiencia que le haya sido especialmente significativa en su población, Núel responde que hay varias, pero destaca una que ocurrió a principios de los ochenta, cuando se construyeron las dos capillas de la parroquia Jesús Carpintero. «El trabajo se realizó con los vecinos de la población, sean o no parte de la comunidad cristiana, teniendo fe o no. Hubo un compartir entre todos, sin discriminar por lo que pensaba o creía, lo central fue realizar la construcción de manera colaborativa y fraterna entre los vecinos.
Fue algo que marcó a dicha generación hasta el día de hoy». También las hermanitas de Jesús están en Chile gracias a la invitación del padre Hurtado y, tal como la rama masculina, arribaron en la población Los Nogales en la década del cincuenta. En 1959 se trasladaron a la población La Victoria, cuando aún era una toma de terreno sin agua, luz ni pavimentación. Hoy residen allí, reagrupándose tras el cierre de las fraternidades de Talcahuano, Pulotre y Copiapó por falta de religiosas. En La Victoria participan de la junta de vecinos, del «Grupo de reflexión y acción por la paz en contexto de violencia» y de La comunidad cristiana de la parroquia Nuestra Señora de La Victoria.
Donata dice: «La comunidad cristiana es un lazo muy fuerte que vigoriza nuestra fe y nuestra acción, es el codo a codo cotidiano que da sentido a nuestra presencia acá». Agrega: «Hoy, en plena pandemia, más que nunca nos damos cuenta de que no todo depende de nosotros y con el aislamiento lo que más necesitamos no tiene costo económico: una sonrisa, un abrazo, un encuentro… Justo en estos días somos testigos de muchos gestos de solidaridad en la comunidad cristiana y en las organizaciones sociales». Y relata que en la parroquia funciona un comedor popular a la hora de almuerzo y otro a la hora de la cena, que hay personas participando de la ruta calle todas las noches, existen varias ollas comunes y entre todos tratan de cuidar y solidarizar con los vecinos contagiados de COVID. «Descubrimos que el templo que vemos cerrado ha ensanchado su puerta.
Hoy el templo es la casa de cada familia que propone la oración de la noche, vía facebook-live, donde muchos participamos, oramos, intercedemos, estamos cercanos, motivamos la solidaridad y construimos comunidad». EN LA COTIDIANEIDAD Este año, cuando se canonizará a Carlos de Foucauld, ¿cuál es su acción de gracias? DONATA CAIRO: «Este 2020 son sesenta años de nuestra presencia en La Victoria… ¿Qué hemos dejado? No podemos olvidar a nuestros amigos de Talcahuano, los temporeros de Copiapó, los muchos compañeros de trabajo de unas y otras.
Ellos han sido testigos de la bondad de Dios para nosotras. ¿Cómo no dar gracias por nuestra vecina Lily, siempre disponible para ir al encuentro de los que más sufren a tiempo y destiempo? ¿ A Margarita, que toma a cargo la abuela vecina que está sola y la acompaña hasta el último día de su vida? ¿ A Claudio, que se preocupa de que no falte fruta o verdura en los comedores? Y podría seguir al infinito… En el anonimato, sin show, sin televisión».. NOEL MERAND: «El decirlo en primera persona me complica, pero creo que respetar y escuchar al otro es lo más significativo.
Estar y tener la casa abierta a los vecinos del barrio o de la comunidad cristiana en que participo es algo que tengo marcado como parte del espíritu de la fraternidad y eso lo quiero hacer día tras día en lo que me resta de vida». MSJ

FAMILIAS ESPIRITUALES Las familias espirituales de Carlos de Foucauld presentes en Chile son los hermanitos y las hermanitas de Jesús, la asociación de fieles laicas consagradas, la fraternidad laica Carlos de Foucauld, la fraternidad sacerdotal lesus-Caritas y el instituto secular fraternidad Jesús Caritas. Juan Barraza, párroco de San Vicente de Paul en Caldera, es el coordinador de la fraternidad sacerdotal lesus Caritas que existe en Chile desde mediados del siglo XX.
Su servicio es articular la organización de los 42 sacerdotes diocesanos que la componen a lo largo de Chile, asícomo ponerla a dialogar con los muchos presbíteros que están en la misma sintonía a lo ancho del mundo.
A sujuicio, tras el estallido social y la pandemia de COVID 19, tenemos «un tiempo clave para volver a lo fundamental descubriendo el paso de Dios en lo cotidiano y poniendo la mirada, sobre todo, en la situación de los más pobres. La pandemia ha revelado los horrores que se han cometido como fruto de sistemas injustos que han dejado y siguen dejando tanta gente botada en el camino.
Foucauld nos sigue animando, de manera especial, a hacer camino con los botados de este mundo, desde la marginalidad, siendo testigos del Dios bueno». Ximena Hormazábal (23), estudiante de Pedagogía, conoce y se siente cercana a la espiritualidad de Carlos de Foucauld porque desde 2016 participa de las Semanas de Nazaret parajóvenes, una experiencia que propone vida comunitaria, contemplación, adoración eucarística y trabajo manual cerca de comunidades sencillas a lo largo de Chile. Se han realizado anualmente desde 2012 en Caldera, Longotoma y Chiloé, por ejemplo.
Al hablar de esta espiritualidad dice que le hace sentido porque «los jóvenes nos vemos constantemente bombardeados por la publicidad para seguir un estilo de vida en donde lo que más importa es el “tener”, donde eres calificado como persona en base a las cosas que compras y tener el último celular es signo de estatus. Entonces, en este mundo, volver los ojos a esta espiritualidad es volver a ver el mundo desde otra perspectiva, sin apariencias, donde importa lo esencial. Creo que para un joven hoy, esta espiritualidad aporta eso, reconocer a Cristo en el hermano que sufre y en nuestra vida cotidiana». Cree que la próxima canonización «es una noticia de esperanza.
De alguna forma, siento que muestra que este estilo de vida nos permite ver y mostrar el rostro de Cristo hoy (… ) nos acerca a la sencillez y nos anima a vivir más como Jesús de Nazaret».

«Para nosotras es importante que la radicalidad evangélica vivida por el hermano Carlos sea reconocida en la Iglesia como camino de santidad, camino de seguimiento propuesto a la Iglesia universal, porque de verdad él hizo de la religión un amor». HERMANA DONATA CAIRO.

¿ QUÉ DICE ESTA CANONIZACIÓN A LA IGLESIA CHILENA? «El deseo que sea más nazarena, más junto al pueblo de Dios.
Que dé más espacio a los laicos en el trabajo dentro la comunidad», opina Nóel Merand. «Foucauld señalaba que debía haber más Priscilas y Aquilas, es decir, más laicos en posiciones de responsabilidad en la Iglesia, entrando en espacios que hasta el momento son de exclusividad del sacerdote».

«Estar y tener la casa abierta a los vecinos del barrio o de la comunidad cristiana en que participo es algo que tengo marcado como parte del espíritu de la fraternidad y eso lo quiero hacer día tras día en lo que me resta de vida». HERMANO NOEL MERAND.