Dentro/Fuera

Pablo César Ghilini: (CEHCF).           Desde mi perspectiva, de acuerdo con Antoine Chatelard, el FONDO MATRICIAL del Hermano Carlos es EL SILENCIO Y LA SOLEDAD eremíticas, que lo conduce a BUSCAR LAS ALMAS MÁS OLVIDADAS, en una INTERACCIÓN, de Amor compasivo, amistad y respeto.
Es de alguna manera su EVOLUCIÓN Y MADUREZ ESPIRITUAL, que por LA OPERACIÓN DEL ESPIRÍTU SANTO, actuando en él y en sus amistades, dejándose llevar, obedeciendo la VOZ DE DIOS, desde NAZARETH HASTA TAMANRASSET.

NAZARETH – DESIERTO – CAMINOS DE PALESTINA , fusionados con un FONDO MATRICIAL de SILENCIO – SOLEDAD, hacia la INTERACCIÓN con los que están en el ÚLTIMO LUGAR, para » COMO PAN VIVO » , dejarse CONSUMIR, DEVORAR, por los hermanos.

Soledad y Relación, con sobriedad, en un fino balance, con tendencia a la soledad y el silencio.
Allí, en la soledad, la relación con los hermanos está implícita, y tu relación con Jesús se hace explícita en el silencio sonoro, conversando a SOLAS CON ÉL
Cuando vas hacia los hermanos, lo que estaba implícito se hace explícito, ( en el conversar y el amor compasivo hacia ellos) y lleno de Jesús, implícito en lo más profundo de tu ser.
Así se concreta el Amor a Dios y a los hermanos, en una dinámica recursiva, en un fluir en que soledad y relación, se transforman en una única interacción, un binomio inseparable :

JESÚS – HERMANOS, HERMANOS – JESÚS,
JESÚS – HERMANOS………..

SOLEDAD – RELACIÓN,

RELACIÓN – SOLEDAD, SOLEDAD RELACIÓN………

Al fin de cuenta TODO ES RELACIÓN ( aún la Soledad )

SOLEDAD Y SILENCIO, QUE TE RELACIONA CON DIOS EN EL AMOR

HACIA LOS OTROS COMO RELACIÓN EN EL CONVERSAR Y AMAR

MARÍA MOITESSIER EN LA VIDA DEL HERMANO CARLOS


Carlos de Foucauld nació en el seno de una familia creyente
y practicante. Marcaría su existencia la muerte de sus padres,
primero su madre y poco tiempo después su padre, cuando contaba
con seis años. Su abuelo, el coronel Morlet, supliría en la educación
y en el afecto la pérdida de sus padres. Su prima María Moitessier,
siete años mayor que él, de alguna manera, suplió a su madre
considerándola siempre como su confidente y como una segunda
madre como lo atestigua su continua y abundante correspondencia.
Resulta curioso que Carlos de Foucauld perdiera la fe a la
edad de quince años, justo cuando su prima Maria la persona a la
que siempre consideró como la más cercana y querida contrajo
matrimonio con Olivier de Bondy y, en cierto modo, se separaba de
él. Comenta Antonine de Chatelard que “él nunca hará alusión a lo
que con frecuencia se ha considerado que rompió su corazón”1.
Para soportar la separación y la soledad Carlos de Foucauld
organiza fiestas y se da a la buena vida. “Una mujer, de la que no se
sabe nada, jugó algún papel durante algunos meses de su vida. Se le
conoce solamente con el nombre de Mimí. El frecuentarla le
acarrea sanciones”2.
No obstante María Moitessier, junto al P. Huvelin, serán las
mediaciones que Dios pone para la conversión de Carlos de
Foucauld. Es emocionante constatar la gratitud a estos personajes
y, en especial, a Maria Moitessier a la que califica de alma hermosa
con las espléndidas cualidades de silencio, bondad, dulzura y
perfección:
“Al comienzo de octubre de 1886, después de seis meses de
vida de familia, yo admiraba y quería la virtud, pero no os conocía.
(…)¿De qué rodeos os servisteis? ¿De qué suaves y fuertes medios
exteriores? Esta necesidad de soledad, de recogimiento, de
piadosas lecturas, esta necesidad de ir a vuestras iglesias, yo que no

1 Carlos de Foucauld, Madrid, 2003, 16. 2 Ibd., 21.
20
creía en vos, esta turbación del alma, esta angustia, esta búsqueda
de la verdad, esta oración: “Dios mío, si existes, manifiéstate!”.
Todo esto, Dios mío, era obra vuestra, obra exclusivamente
vuestra (…) Un alma hermosa os secundaba, pero por su silencio,
por su dulzura, su bondad, su perfección. Se dejaba ver, era buena y
esparcía su perfume atrayente, pero no obraba. Vos, Jesús mío,
salvador mío, lo hacíais todo tanto por dentro como por fuera. Vos
me habíais atraído a la virtud, por la belleza de un alma, cuya virtud
me había parecido tan bella que arrebató irrevocablemente mi
corazón…
Vos me atrajisteis a la verdad por la belleza de esta misma
alma. Entonces me hicisteis cuatro gracias. La primera fue
inspirarme este pensamiento: Puesto que esta alma es tan
inteligente, la religión que cree tan firmemente no puede ser una
locura, como yo pienso. La segunda fue inspirarme este otro
pensamiento: Puesto que, la religión no es una locura, ¿estará acaso
en ella la verdad, que no se halla en ninguna otra sobre la tierra, ni
en ningún sistema filosófico? La tercera fue decirme: «Estudiemos,
pues, esta religión. Tomemos un profesor de religión católica, un
sacerdote instruido, veamos lo que es y si hay que creer lo que
dice». La cuarta fue la gracia incomparable de dirigirme, para mis
lecciones de religión, a M. Huvelin. Al hacerme entrar en su
confesionario, uno de los últimos días de octubre, creo que entre el
27 y el 30, vos me disteis, Dios mío, todos los bienes. ¡Si hay alegría
en el cielo por un pecador que se convierte, la hubo cuando me
acerqué al confesionario!
¡Día bendito, día de bendición! Vos me pusisteis bajo las
alas de este santo, y bajo ellas he seguido. Por su mano me habéis
conducido y ello ha sido gracia sobre gracia. Yo le pedía lecciones
de religión y él me hizo arrodillar y confesarme y me envió a
comulgar inmediatamente”
En la última carta que envía Carlos de Foucauld a María
Moitessier desde Tamanrasset el 1 de diciembre de 1916, día de su
muerte, le escribe con una ternura singular: “Gracias, mi querida
madre, por sus cartas del 14, 20 y 26 de octubre, llegadas esta
mañana así como por el bote de cacao. ¡Continúa usted mimando a
su viejo hijo!”.
EMÉRITO DE BARIA

DE LA EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO A UNA VIDA EXPUESTA ITINERARIO EUCARÍSTICO DE CARLOS DE FOUCAULD

ANTOINE CHATELARD. Para hacerse una idea exacta de la importancia del sacramento de la Eucaristía en la vida de Carlos de Foucauld, hay que seguir su itinerario desde finales de octubre 1886, en la Iglesia de San Agustín de París, hasta 1º de diciembre 1916, en Tamanrasset. Un recorrido de treinta años marcado por evoluciones, tanto en la forma de concebirlo como en las actitudes prácticas. No nos podemos contentar con un texto solo, ni con un solo momento de su vida. LA CONVERSIÓN Este acontecimiento base explica todo el resto si lo consideramos en primer lugar como un encuentro personal, que transforma la vida y afecta todo el ser. Un encuentro con alguien vivo, presente en nuestro mundo, Jesús. No sólo ese Dios que él buscaba, sino aquél que le esperaba y a quien él no se esperaba. Un Dios que ama hasta el punto de perdonar. Alguien que amó tanto a los hombres que se entrega a ellos ahora en el sacramento de su presencia. Dios no se limita a existir sino que está aquí, y se puede estar con Él, permanecer con Él, cerca de Él. Carlos de Foucauld, que tanto había dudado, parece no dudar ya ni un solo instante del realismo de la encarnación y del realismo de la presencia de Jesús en el sagrario. Para él, la Eucaristía es en primer lugar el sacramento de la presencia de Dios. Más que un alimento, la comunión “casi diaria”, en sus palabras, será el medio de unirse a Él de la forma más íntima posible. El culto al Sagrado Corazón y al Santísimo, con las exposiciones y las bendiciones, no son, a sus ojos, sino una sola y única expresión de amor, que para él es lo esencial de la religión y que será el punto dominante de su caminar espiritual. De peregrinación a Tierra Santa, en 1889, será muy sensible a la gracia de los lugares santos. Pero las huellas de Jesús, por muy enternecedoras que sean, solamente son recuerdos. La realidad está en el sagrario. En las calles de Nazaret encontró la respuesta a la pregunta que le inquietaba desde hacía dos años: “¿Qué tengo que hacer?” Tendrá que vivir como Jesús en Nazaret.

LA TRAPA Por esto eligió ir a vivir y morir pobre en un pequeño monasterio trapense en construcción, al norte de Siria, en un país no cristiano. Fue para amar con un amor más grande y hacer el mayor sacrificio que estuviera en su poder, dejando para siempre todo lo que tanto amaba. Pero esta ofrenda total de sí mismo no parece tener conexión alguna con su percepción de la Eucaristía en ese momento. Su culto es otro: “En la medida de lo posible me mantengo a los pies del Santísimo Sacramento. Jesús está ahí… Me veo como si estuviera junto a sus padres, como Magdalena sentada a sus pies en Betania”. Pero lo que es “posible” en la trapa no le satisface y quiere otra cosa. Inventa entonces una nueva congregación cuya finalidad sería llevar una vida pobre trabajando y adorando el Santísimo Sacramento. El oficio divino sería reemplazado por la adoración del Santísimo expuesto. Solamente habría un sacerdote para celebrar la misa diariamente. De esta forma se haría el bien llevando al mundo la presencia de Jesús.

NAZARET Después de siete años de vida monástica, le autorizan dejar la Trapa, y se encuentra solitario junto a un convento de Clarisas donde el Santísimo está frecuentemente muy expuesto. Leyendo los textos, muy numerosos, de ese periodo, podríamos creer que pasa todo su tiempo libre delante del Santísimo, rezando, leyendo, escribiendo allí. La realidad es algo distinta. Por una parte, lee a menudo en su cabaña, como lo 16testifica esta nota de un retiro: “Oh Dios mío, el lugar y el tiempo están bien elegidos: estoy en mi pequeña habitación, ya es de noche, todo duerme, solamente se oye la lluvia, el viento, y algunos gallos lejanos que recuerdan la noche de vuestra pasión … ¡Dios mío, enseñadme a rezar en esta soledad, en este recogimiento! … Aquél que ama y que está frente a su Bien Amado, ¿puede hacer otra cosa sino tener la mirada fija en él? Rezar es miraros. Ya que estáis siempre aquí, ¿puedo yo, si de veras os amo, no miraros constantemente?” Por otro lado la oración delante del Santísimo no siempre le es fácil: “Delante del Santísimo no consigo hacer oración durante mucho tiempo: mi estado es extraño: todo me parece vacío, hueco, nulo, sin medida, excepto mantenerme a los pies de Nuestro Señor, y mirarle … Y luego, cuando estoy a sus pies, estoy seco, árido, sin una palabra ni un pensamiento, y a menudo, ya veis, acabo por dormirme. Leo por voluntad, pero todo me parece vacío”. De esa misma época tenemos una meditación sobre la Eucaristía en la cual hace decir a Jesús cómo él entiende entonces el sacramento: “En primer lugar mi Presencia constante; en segundo lugar, mi ser entero, Dios y hombre, entrando en tu cuerpo y recibido por ti como alimento; en tercer lugar, Yo, encarnándome sobre el altar y ofreciéndome por todos vosotros a mi Padre en sacrificio … Son tres dones, infinitos los tres, que os hago”. Desarrolla el segundo aspecto sobre todo en el sentido de la unión nupcial: “por el segundo me tocáis, vuestra lengua, vuestra boca toca mi cuerpo; mi ser entero desciende en vosotros; os doy prueba de mi amor y a través de ello os incito fuertemente a devolverme amor por amor … Mirad qué maravilla, qué unión inefable, qué unidad de amor pongo por un lado entre Mí y vosotros, y por otro entre vosotros, unos con respecto a otros, al daros mi cuerpo en alimento”. El tercero es un aspecto más teológico: “Pero esto no es todo: yo me entrego a vosotros … en tercer lugar, para ser vuestra víctima, para ser ofrecido a Mi Padre en sacrificio de alabanza y de adoración … Considerad por tanto como debéis multiplicar estos sacrificios que dan a Dios tanta gloria … multiplicar los sacerdotes que puedan ofrecerlo”. A causa de esto, la nueva regla escrita en 1899 para los ermitaños del Sagrado Corazón, prevé el mayor número posible de sacerdotes, como si lo infinito de una Misa pudiese 17multiplicarse. Al año siguiente, en 1900, se impone el deber de llegar a ser él mismo sacerdote, para asegurar el culto de la Eucaristía en el santuario donde piensa instalarse. Con vistas a prepararse para ello, vuelve a Francia. CAMBIO DE ORIENTACIÓN

Durante esta preparación se opera un giro en su vida. Quiere imitar a Jesús, no solamente en su vida escondida en Nazaret, en su retiro en el desierto y en su vida pública, sino sobre todo en su pasión, su muerte y resurrección, ofreciendo el sacrificio pascual en cada Misa. Es una nueva dimensión de su relación con la Eucaristía y de su forma de representarse la vida de Jesús. Aún más, este banquete del cual se convierte en uno de los servidores, tendrá que ofrecerlo no ya en Tierra Santa, a aquellos que tienen todas las comodidades espirituales, sino a aquellos que están más alejados. Ahora bien, a sus ojos, no hay gente más alejada que aquella que conoció antaño en los caminos y en las ciudades del Sahara y de Marruecos. Solo o junto con otros, se siente llamado a volver cercana la realidad de la presencia del Señor a estas gentes hacia quienes descubre que tiene un deber de agradecimiento. ¿No están ellos en el origen de la primera chispa de su fe? Tiene que hacer por los otros lo que hubiera querido que hicieran por él. Así, ya no piensa en “ermitaños” separados del mundo para adorar a Dios en su sacramento expuesto; ahora quiere “hermanos”, cuyas vidas expuestas irradien en esa tierra como hostias vivas. EN EL SAHARA En Beni- Abbès, donde se esfuerza aún por multiplicar las horas de exposición del Santísimo Sacramento, tiene que alejarse a menudo del sagrario porque “Jesús, bajo la forma de los pobres, de los enfermos, de un alma cualquiera, me llama a otro lado”. Otra forma de estar con Jesús. ¿Otra forma de vivir la Eucaristía? Podemos constatar sin embargo, que el infinito de este misterio le impide permanecer frente a la belleza de las puestas de sol en las dunas y de las noches estrelladas: “Abrevio estas contemplaciones y vuelvo delante del sagrario … hay más belleza en el sagrario que en la creación entera”. De viaje, en el año 1904, su principal preocupación es la 18de celebrar la Misa cada día. Esto le obliga a hazañas ascéticas cuando caminan por la noche y no puede comer ni beber desde la media noche. Se presenta entonces un problema de pobreza y discreción, ya que le hace falta una montura especial para llevar el material necesario a la celebración de la Misa. No obstante, durante algunos años, seguirá poniendo la Misa por encima de todo, a pesar de los gastos extras que eso conlleva. Cuando hacen una parada prolongada en el norte del Hoggar, se construye una capilla de ramajes donde puede guardar el Santísimo durante unos días “una gran gracia para toda esta región”. En ese momento dice también: “Llevarlo lo más lejos posible … a fin de aumentar la zona en la que él irradie, extender la zona en la que se ejercerá su influencia”. Eso es lo que hace al instalarse en Tamanrasset al año siguiente. Coloca el Santísimo “en una pequeña covacha más pequeña que la de Nazaret”, y añade “eso será una gran felicidad para mí”. El año siguiente hace cuatro mil kilómetros para ir en búsqueda de un compañero que le permita “hacer con frecuencia exposiciones del Santísimo en Tamanrasset. Eso será una gran gracia para mi joven hermano y para mí”. Pero, de camino, tiene que despedir al compañero y volver solo al Hoggar. Vuelve aún sabiendo que, no solamente no podrá exponer el Santísimo, sino que ni siquiera podrá celebrar la Misa, ya que no tendrá asistente. Nueva evolución. Sin saber explicar su comportamiento, sabe que debe regresar al Hoggar, ya que es el único que puede residir allí, en cuanto que hay muchos que pueden celebrar la Eucaristía, y constata que su idea de hacer poner la Misa ante todo no debía ser muy acertada, “puesto que los grandes santos sacrificaron en ciertas ocasiones la posibilidad de celebrar en pro de trabajos de caridad espiritual, viajes u otros”. Efectivamente, durante seis meses no podrá decir la Misa sino una o dos veces. Y sin embargo escribe a su obispo: “No me inquieto para nada de esta falta de celebración del Santo Sacrificio”. En Navidad de 1907 está solo y no puede celebrar. Es la primera Navidad sin Misa desde su conversión. En enero de 1908, cae enfermo y ve la muerte muy cercana. Durante ese anonadamiento físico, se encuentra expuesto, sin defensa, como Jesús en la cruz. enteramente entregado a la buena voluntad de los que le rodean. ¿No es esta otra forma de vivir el misterio pascual, de compartir este misterio que ahora no puede celebrar litúrgicamente con aquellos que, para salvarlo, le traen un poco de leche y el apoyo de su amistad? El 31 de enero, cuando empieza a recuperar las fuerzas, 19recibe la autorización de celebrar la Misa sin asistencia. Es Navidad. Durante esos seis meses sin Misa, él conservaba el Santísimo en el sagrario, pero no se creía autorizado a comulgar. Esta presencia de “Jesús vivo e irradiante aunque escondido como en Nazaret”, le parecía legitimar su propia presencia: “Mi presencia ¿hace algún bien aquí? Aunque no lo haga, la presencia del Santísimo Sacramento sin duda hace mucho. Jesús no puede estar en un lugar sin irradiar”. ¿No era este otro razonamiento falso? Según esto, cuando, algunas semanas más tarde, se enterará de que no está autorizado a conservar el Santísimo por estar solo, debería haberse ido a otro sitio, en cuanto que se queda y deja el sagrario vacío. No lo hace sin dolor, pero no lo duda. Es de nuevo la ocasión de dar un paso más, como le explica su obispo: “Si el Señor le priva de Su presencia real en el sacramento, le hará apreciar más aún la ofrenda cotidiana del Santo Sacrificio. Al igual que su presencia, muy real también, en su alma por la gracia”. Más tarde el hermano Carlos escribirá a una Clarisa: “Hay que estar dispuesto a todo por el amor del Esposo, incluso a ser privado de su presencia sacramental en este mundo, si tal es su voluntad”. Esta privación durará seis meses. De esta forma, en el Assekrem donde, en 1911, pasa cinco meses en un lugar donde “la belleza y la impresión de infinito acercan tanto al Creador”, el sagrario que se llevó con la esperanza de recibir a un compañero, permanece vacío. Si no toma tiempo para ir a ver las puestas de sol, no es por quedarse al pie del sagrario, sino porque no se concede ni un solo minuto de descanso para terminar lo más rápidamente posible su diccionario tuareg. Se contenta con las salidas del sol: “¡qué bueno es, en esta gran calma y esta bella naturaleza tan atormentada y extraña, levantar el corazón hacia el Creador y Salvador Jesús!”. ¿No parece reconocer entonces que este Jesús, Creador y Salvador, es aquél mismo que no reside ya en su sagrario? Nueva evolución desde Beni-Abbes. “Me cuesta despegar mis ojos de esta admirable vista cuya belleza y sensación de infinito acercan al Creador, al mismo tiempo que su soledad y su aspecto salvaje muestran cómo estamos solos con Él y cómo no somos sino una gota de agua en el mar”. (L.M.B. 09.07.11) Pero, cuando después de seis años de privación será autorizado a “guardar la reserva del Santísimo” no ha perdido el sentido ni el gusto de esta presencia y no ocultará su alegría: “dulzura extrema, gran apoyo, fuerza grande para mí y gracia grande para todas las almas de este país”. No obstante hay que 20señalar que nunca cumplirá con los requisitos exigidos para la exposición del Santísimo. En el momento en el que está colmado por esta nueva proximidad con Jesús, no deja de desear una mayor proximidad con aquellos que le rodean. La Palabra de Jesús toma un realismo nuevo: “Todo aquello que hagáis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hacéis”. Pone esta palabra, que anteriormente ya produjo en él una profunda impresión, en el mismo plano que esta otra, salida de la misma boca: “Este es mi Cuerpo”. Y ella no deja de transformar su vida, llevándole a buscar y a amar a Jesús en “estos pequeños”. Servicio eucarístico y servicio de los “pequeños”, el mismo culto del cuerpo de Cristo. No solamente presencia real de aquél que se entrega para ser contemplado, comido y ofrecido, sino presencia real en un pueblo de una vida humana perpetuamente expuesta a todas las miradas y a todos los riesgos, presencia de una vida ofrecida como un pan fácilmente devorable. Es por esto que quería llegar a ser “pequeño y abordable”, consciente de que su vida sería la única Biblia que todos leerían. La Biblia que él quería ver iluminada por una sola y misma lámpara con el sagrario, uniendo “las dos mesas, de la Palabra y del Pan”. Vida ofrecida a Dios y a los hombres como la de Jesús, en un sacrificio que ya no es únicamente el del primer día, aunque éste siga muy real, sino que es también ofrenda de la vida de aquellos que le rodean, ofrenda de la amistad compartida, y sobre todo, en un mundo de guerra, ofrenda del sufrimiento de los demás e intercesión “en la tormenta, … durante el combate de los suyos … en la barca zarandeada por las olas”. Al día siguiente de su muerte, el cuerpo de Carlos de Foucauld es enterrado por la gente del pueblo. Tres semanas después, el capitán de la Roche planta una cruz de madera sobre su tumba y, en la arena de la capilla, encuentra la lúnula (que él llama custodia), la abre y verifica que hay una hostia entre los dos cristales. Un suboficial la lleva y la consume, solo, en el desierto. Esta hostia arrojada al suelo es un último símbolo eucarístico, como el cuerpo de aquél que la había consagrado y que había hecho de su propia vida “una hostia viva para alabanza de la gloria de Dios”. La vida y la muerte de este hombre ¿pueden hablarnos todavía? Las circunstancias le obligaron a actuar de forma que parecía estar en contradicción con sus convicciones más firmes; cada vez, consiguió superar su forma de concebir las 21cosas, ir más allá de su devoción y no confundir el fin y los medios. El fervor de su amor por la persona de Jesús ¿puede aún reanimar la llama en nuestros tibios corazones? El realismo de su fe en la presencia viva del Resucitado, ¿podrá dar nuevo vigor a nuestras “adoraciones”, si hemos continuado fieles a ellas, o, por el contrario, si las hemos desdeñado, podrá darnos de nuevo el gusto de esta presencia como camino de contemplación? La fuerza de sus convicciones y el valor de que hizo prueba nos impresionan. Su capacidad de adaptación a las situaciones nuevas es tan grande como su fidelidad en someterse a las leyes de la Iglesia. Su forma de hacer frente a esas situaciones nos invita a volver a lo esencial, sin despreciar los medios que nos son dados. Más allá de las formas de devoción de su tiempo y de todas las desviaciones, como la Misa delante del Santísimo Sacramento expuesto, la importancia dada a la custodia, a la forma y al color de la hostia, que vacían el pan de su realismo, por encima de la tendencia a “cosificar” la Eucaristía, a materializar y a localizar la irradiación de la hostia en el espacio, tenemos que redescubrir y utilizar los signos y los símbolos que siguen siendo inagotables para que podamos rezar, no sólo en espíritu, sino en la verdad de nuestro ser entero. ¡Ojala podamos acoger el testimonio de una vida entregada y ofrecida, de una vida consumada en sacrificio pascual, en la que la muerte toma su lugar normal, como remate y paso hacia la realización. Con palabras de Carlos de Foucauld, digamos para terminar que esta presencia de Cristo nos es dada “por amor, para nuestro bien, para hacemos más entregados, fervientes, amantes, tiernos, ya que somos fríos; para hacemos fuertes y animosos, ya que somos débiles; para darnos esperanza y confianza, ya que estamos sin esperanza; para hacernos felices, ya que estamos tristes y desanimados”.

ENTREVISTA AL HERMANO RENÉ VOILLAUME SOBRE CARLOS DE FOUCAULD


La entrevista apareció en el Boletín
“Nouvelles des Fraternités”, de las Hermanitas de
Jesús, en mayo de 1993.

  • Hermano René, ¿cómo fue vuestro encuentro con
    Carlos de Foucauld?

    Se puede decir que no solamente yo mismo, sino el
    conjunto de la juventud francesa se encontró con Carlos de
    Foucauld gracias a su biografía, escrita por René Bazin,
    habiéndole sido solicitada por Luis Massignon. No sé si
    habéis oído hablar de este último. Era un islamólogo muy
    conocido que, desde su conversión, entró en contacto con
    Carlos de Foucauld.
    Massignon era mucho más joven que Carlos de Foucauld,
    pero estuvieron muy unidos. Durante la guerra de 1914 –
  1. Massignon había sido incorporado a filas en el frente
    de Oriente. Es allí donde se enteró, a través de la prensa,
    que Carlos de Foucauld había sido asesinado en el Sahara.
    Durante su vida, Carlos de Foucauld no fue conocido. Tuvo
    un momento de gloria, si podemos hablar así, cuando
    después de haber explorado Marruecos, público
    Reconnaissance au Maroc. Esto fue una exploración
    geográfica muy precisa, muy detallada y que le valió el
    Premio de la Sociedad de Geografía. Pero después de esto
    pasó a la sombra, se convirtió, desapareció, no dejó su
    dirección a sus amigos, a nadie. Entró en la Trapa y siguió
    su camino…
    Cuando lo mataron en 1916, nada más lo conocían los
    oficiales del Sahara, su familia y algunos sacerdotes en
    Francia que estaban en relación con él. Esto es importante
    señalarlo porque está al origen de todo. Carlos de Foucauld
    tenía la idea de fundar una orden: Los pequeños Hermanos
    del Sagrado Corazón de Jesús. Era un proyecto que
    largamente meditó, pues había escrito los reglamentos con
    toda clase de detalles, como si existiese verdaderamente la
    orden. Era su sueño. Las circunstancias eran tales en el
    Sahara que además de su difícil acceso, debido a la
    conquista, el gobierno de Francia expulsaba a los religiosos.
    Por esto, incluso en el Sahara, los Padres Blancos y el
    mismo Carlos de Foucauld eran muy discretos. (p.10)
    Entonces, hacia el fin de su vida, vió todo el trabajo que
    se podía hacer entre los tuaregs y esto pedía la colaboración
    de laicos; quería escuelas, la formación de las mujeres, la
    educación de los niños, el cuidado de los enfermos… y como
    ninguna religiosa podía ir al Sahara en aquel momento
    pensó que los laicos lo podían hacer bien. Es por eso que
    escribió la regla de la asociación de laicos…
    Luis Massignon era uno de los pocos miembros de esta
    asociación. Desde que Massignon conoció que su amigo
    había sido asesinado vino a París para continuar su obra. Le
    dijeron: “Ahora que Carlos de Foucauld ha muerto, todo se
    ha acabado, él no es conocido. ¿Qué importancia tiene esta
    pequeña asociación de cuarenta personas?”. Pero
    Massignon resistió.
    La persona que se ocupaba de la Asociación en aquel
    momento era el superior general de los Padres del Santo
    Espíritu. Le dijo a Massignon: “El único medio de continuar
    esta obra es que Carlos de Foucauld sea conocido. Hay que
    escribir su vida”. Massignon se dirigió a René Bazín,
    novelista célebre en la época. Era ya mayor y después de
    dudar acepto la tarea.
    Para tener todos los testimonios posibles quiso efectuar
    un viaje a Argelia, a pesar de su edad y de las dificultades
    de los viajes en aquel momento. Fue a ver a los padres
    blancos en Argelia y llegó hasta Beni – Abbès en el Sahara.
    Así tuvo la oportunidad de interrogar (p.11) a muchos
    testigos que conocieron al hermano Carlos: es por esto que
    tiene valor su biografía.
    Carlos de Foucauld murió en 1916. El libro de René
    Bazin salió en 1921. En aquel momento tenía 17 años y
    estaba en la escuela. Como muchos jóvenes leí este libro
    que tuvo una repercusión considerable y Carlos de Foucauld
    fue conocido. Lo que representaba para la Iglesia como tipo
    de vocación era una vida misionera contemplativa. Es así
    como nosotros lo percibimos.
    Desde que leí esta vida tuve el deseo de seguir esta
    vía, pero tenía 17 años… Entré en el Seminario Mayor de
    París en 1923. Es bueno recordar que en aquel momento la
    Iglesia atravesaba un periodo misionero “eufórico”. Fue el
    momento de la fundación de la Acción Católica y las
    vocaciones sacerdotales eran numerosas.
    Es en este contexto que el libro de René Bazin
    apareció. Encontramos el aliento misionero más la
    Eucaristía, la adoración eucarística. No hay solamente los
    hermanitos y las hermanitas; otras fundaciones nos
    precedieron: en primer lugar, una mujer, Suzanne Garde,
    que tuvo que salir del Carmelo de Túnez por razones de
    salud y que se sentía llamada a una vida misionera
    contemplativa. Leyó el libro de René Bazin y encontró la
    llamada de Carlos de Foucauld que textualmente escribió:
    “Quisiera laicas, pero viviendo como religiosas”. Entonces
    ella quiso fundar esto.
    En esta época, los institutos seculares no existían y
    esta intuición era precisamente la del instituto secular:
    laicado con consolación religiosa. Suzanne Garde fundó un
    grupo con jóvenes muchachas y partió hacia África del
    Norte. Este fue el primer ensayo.
    Enseguida hubo bajo el impulso de monseñor Lemaitre,
    arzobispo de Cartago, una fundación en el sur tunecino,
    compuesta por un antiguo abogado convertido, el padre
    Henrion, y un almirante retirado, el almirante Malcore. Los
    dos habían sido ordenados sacerdotes en Túnez y partieron
    al desierto para llevar una vida eremítica.
    Hubo un grupo de chicas, creo que eran cinco,
    originarias todas ellas de Versalles, pues coincide que tanto
    el padre Henrion como estas jóvenes estaban dentro del
    movimiento espiritual y filosófico de Jacques Maritain. Esta
    fundación estaba en la línea carmelitana: era una vida
    eremítica con la adoración del Santo Sacramento. Todo esto
    ha precedido nuestro ensayo.
    Después fue el padre Peyriguère, del que habéis oído
    hablar. Este hizo primeramente un ensayo desgraciado con
    el Padre Chatouville, un padre blanco, desgraciado porque
    ellos habían querido comenzar a aplicar, en un oasis del
    Sahara, la regla de Carlos de Foucauld, que era muy severa
    especialmente desde el punto de la alimentación. El padre
    Chatouville murió. Vino a morir a Vichy.
    El padre Peyriguère vino a rehacer su salud en
    Burdeos, partiendo posteriormente, en 1925, para
    Marruecos. (p.12) Se estableció en medio de una tribu
    bereber viviendo solo la misma vida que llevó Carlos de
    Foucauld en Tamanrasset, es decir, una vida encarnada en
    las tribus bereberes, a su servicio, curando a los enfermos,
    con la adoración al Santo Sacramento, de día y de noche.
    Conocí al padre Peyriguère y también fui a ver al Padre
    Henrion en el sur tunecino, pensando que, en vez de fundar
    una cosa aparte, sería mejor juntarse con lo ya existente.
    Pero el padre Henrion no quería fundar nada y nosotros
    éramos un grupo de unos diez seminaristas orientados en
    este sentido. Es por esto que, poco a poco, con la ayuda de
    los padres blancos, yo hice un noviciado con ellos para
    formarme a la vida religiosa en África, partimos un grupo de
    cinco jóvenes sacerdotes de París y nos establecimos en
    1933 en El-Abiodh Sidi Cheikh, que es un pequeño oasis en
    el sur oranés.
    Nosotros, pues, heredamos no solamente un ideal que
    el hermano Carlos había vivido, sino también su regla, pues
    tuvimos comunicación por los padres blancos del cuaderno
    sobre el cual Carlos de Foucauld escribió su regla. Tomamos
    esta regla, adaptándola, pues no se podía realizar, pero
    tenía grandes intuiciones.
    ¿Qué es lo que no se podía realizar de la regla de Carlos
    de Foucauld?

    Como sabéis bien, cuando se escribe una regla, en
    general, ésta está precedida por una experiencia de vida que
    después se codifica, mientras que con el padre Foucauld
    estaba en su imaginación lo que se tenía que vivir. Y como
    era una persona extrema en todo fue extremo en el amor a
    Cristo: es esto lo que le hace santo…

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN ESPIRITUAL DE LA FAMILIA CARLOS DE FOUCAULD EN ESPAÑA EN FAVOR DEL PAPA FRANCISCO Y SU MINISTERIO

SU SANTIDAD PAPA FRANCISCO

Secretaria de Estado. Palazzo Apostólico Vaticano

00120 Città del Vaticano

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN ESPIRITUAL DE LA FAMILIA

CARLOS DE FOUCAULD EN ESPAÑA
EN FAVOR DEL PAPA FRANCISCO Y SU MINISTERIO

La Asociación espiritual de la Familia Carlos de Foucauld en España, que agrupa a once
grupos inspirados en el carisma del Hermano Carlos, reunida en el encuentro anual
ordinario de 9 de marzo de 2024 acordó, entre otros asuntos:
1. Expresar nuestro cordial y sincero apoyo a la persona del Papa y a su proyecto
misionero ya expresado en el inicio de su ministerio en la exhortación apostólica
Evangelii gaudium (24 noviembre 2013) y explanado a lo largo de su pontificado,
tanto en su modo de vida como en sus sucesivas aplicaciones magisteriales, donde
continuamente nos invita “a volver al Evangelio” para, desde el encuentro
personal con el “Bienamado y Señor Jesús”, salir al encuentro de los hermanos,
en especial, “los descartados y los que ocupan el último lugar”.
2. Agradecer al Papa Francisco su valiente magisterio, “que grita el Evangelio con
su vida”, manifestando el amor de Dios en innumerables gestos de cercanía,
ternura, acogida sin exclusión a los más pobres de la tierra, al tiempo que
proféticamente denuncia las injusticias que provocan la emigración y el exilio
como consecuencia de la falta de libertad e incumplimiento de los derechos
humanos, las causas de la violencia y la guerra con el sufrimiento y la muerte de
víctimas inocentes, la desigualdad sangrante de distribución de los recursos
naturales, la defensa de la vida y la tierra, la igualdad y empoderamiento de la
mujer, …
También damos gracias al Papa Francisco por su coraje y delicadeza en la manera
de afrontar con decisión y arrojo los problemas intraeclesiales (clericalismo,
pederastia, privilegios…), y por el intento sincero de ajustar las estructuras
eclesiales al Evangelio, guiado por el sueño de una Iglesia sinodal donde el
ejemplo testimonial evangélico sin fronteras sea la base para el diálogo y la
búsqueda en común en temas tan acuciantes como la defensa de la creación o el
empleo de las redes sociales para anunciar a Jesucristo.
3. Ofrecer nuestra oración y afecto para que el impulso evangélico promovido por el
Papa en nuestros días, y que se concreta en gran medida en el proceso sinodal

como dinámica evangélica permanente, sea el camino para que la Iglesia responda
a los desafíos del Evangelio en el momento presente a pesar de los
cuestionamientos y dificultades que se presentan, bien sea por resistencias dentro
de la misma Iglesia, bien sea por intereses contrarios de los poderes de este
mundo.
4. Mostrar nuestra comunión incondicional con el sucesor de Pedro y apoyar su
acción pastoral en un mundo plural y abierto donde las filosofías contemporáneas,
la cultura de la indiferencia y el relativismo junto a los poderes mediáticos,
manejan y dificultan grandemente la vivencia del Evangelio.
La Asociación espiritual de la Familia de Carlos de Foucauld en España, y cada uno de
los grupos que la componen con sus singularidades específicas, después de las
consideraciones expuestas, quiere mostrar con estas líneas el afecto a su persona y la
comunión con el sucesor de Pedro para sostener su ministerio petrino.
Asimismo, aprovechando el momento que se nos ofrece, damos gracias a Dios por el
regalo a su Iglesia del Hermano Carlos al tiempo que agradecemos de corazón a Su
Santidad los detalles y cercanía para con nuestra Asociación espiritual, en especial, por el
regalo impagable de la canonización del Hermano Carlos (15 de mayo 2022), la referencia
en documento tan importante como la carta encíclica Fratelli tutti (3 de octubre 2020) a
su estilo misionero procurando ser “hermano universal” así como en la hermosa
catequesis reciente sobre la santidad (18 octubre 2023).
Unidos al misterio de la Iglesia en Pedro, firmamos con afecto de hijos/as y hermanos/as,
estas letras.

FRANCISCA COBO SALCEDO,
Fraternidad Secular. Presidenta Asociación
Avda. Andaluces 9, 3o A. Edif. Canciller, 18014 – Granada
Tfo. 606 514 337 E-mail: paquicobo.10@gmail.com

Comunitat de Jesús. Secretario Asociación
C/ Joan Blanques, 10, 08012 – Barcelona
Tfo. 639 281 396 E- mail: calvet13@gmail.com
Fraternidad Secular “Carlos de Foucauld”
Fraternidad Carlos de Foucauld
Fraternidad Iesus Caritas (Instituto Secular Femenino)
Fraternidad sacerdotal “Iesus Caritas”
Comunitat de Jesús (Asociación privada de fieles)
Hermanos de Jesús
Hermanitas de Jesús
Hermanitas del Sagrado Corazón
Hermanos del Evangelio
Unión-sodalicio Carlos de Foucauld
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
Consejo de Redacción del Boletín Iesus Caritas

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