Carlos de Foucauld y el Evangelio

En un contexto eclesial y cultural alejado del texto bíblico, Charles de Foucauld (1858-1916) eligió formar su vida y su misión en la escuela de la Palabra de Dios. La asidua meditación escrita del Evangelio transformó su existencia y lo condujo realizar actos de amor hacia Dios y hacia sus hermanos, a través de formas de relación acogedoras y respetuosas de la condición de vida de cada hombre y mujer El acercamiento fiel al Evangelio se ha convertido, con el tiempo, en principio inspirador y regla de vida. de otros: el legado que dejó frère Charles fue asumido por los de cerca y por los de lejos y por los grupos eclesiales que lo sucedieron.

Religiosos, laicos y sacerdotes, en sus condiciones de vida y dispersos por el mundo, siguen practicando el modo de entregarse al Evangelio que inauguró Carlos de Foucauld. La familiaridad con la Palabra, acto de amor a Dios y al prójimo, genera actos de bondad y promueve una existencia de fraternidad universal, que es auténticamente eclesial porque es humana según el espíritu del Evangelio.

CARLOS DE FOUCAULD PEREGRINO DEL ABSOLUTO

  
  
 Escritos
Charles escribió extensamente: sus textos ocupan el equivalente a unas 15.000 páginas mecanografiadas. Con excepción de las Constituciones para la Asociación de los Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, no estaban destinadas a la imprenta. El ed. La Nouvelle Cité de París se ocupa de la edición completa de los escritos de Carlos desde 1977.
Los escritos espirituales se pueden dividir en tres grupos:
A. Proyectos de fundación para una sociedad religiosa;
b. Numerosas cartas;
C. Meditaciones, generalmente sobre textos evangélicos, y consideraciones sobre fiestas litúrgicas, apuntes de retiros y pensamientos varios. Aproximadamente 3/4 de sus escritos provienen del período de Nazaret.
Para remediar la aridez de su oración, por consejo del Abbé Huvelin, a partir de marzo de 1897 comienza a escribir sus meditaciones, a menudo utilizando cuadernos escolares.
En una serie de cuadernos, Lecturas del Santo Evangelio, Carlos sigue un patrón tripartito:
1. Escuche lo que dijo Jesús. 2. ¿Cómo vivió él personalmente en palabra? 3. ¿Qué tengo que hacer?
Otros escritos reportan solo textos del Evangelio, agrupados según diferentes temas (virtudes; momentos de la vida de Jesús). Dos «retratos» de Jesús son ofrecidos por El modelo único y Nuestro tierno Salvador.
Después de la ordenación, Charles escribió mucho menos. En Beni-Abbès y Tamanrasset está más ocupado con visitas y contactos con la población. En los últimos diez años de su vida estudió particularmente la lengua tuareg. Escribió El Evangelio presentado a los pobres del Sahara y numerosas Cartas, mientras que las notas del diario se fueron volviendo más sobrias.
 
 3. Mensaje
Aunque Charles nunca se presentó como un maestro espiritual, sin embargo, en su copiosa correspondencia, meditaciones y proyectos fundacionales, ofrece pautas que, estudiadas y sintetizadas, forman una doctrina espiritual. Una doctrina cuya originalidad consiste en volver, más allá y por encima de todas las formas de espiritualidad temporalmente atravesadas, a la fuente primera: la vida según el Evangelio. Su referencia al Evangelio es constante:
«Aceptamos el Evangelio, «Aceptamos el Evangelio, es por medio del Evangelio, según el Evangelio que seremos juzgados… No según tal o cual libro, de tal o cual maestro espiritual, de tal o cual médico, de tal o cual santo, sino según el Evangelio de Jesús, según las palabras de Jesús, los ejemplos de Jesús, los consejos de Jesús, las enseñanzas de Jesús… Sigamos, pues, las enseñanzas de Jesús, los consejos de Jesús, las palabras, los ejemplos’: MSE 478e; OS 85.
Es su constante referencia al Evangelio lo que explica la recepción de su mensaje, como el del s. Teresa del Niño Jesús, de una generación preocupada por rechazar todo lo que parezca artificial o sistemático para redescubrir la sencillez del Evangelio.
Estimulado por numerosos maestros espirituales, pero sobre todo por una constante meditación sobre el mismo texto evangélico que fue retomado incansablemente, el P. de Foucauld vivió los valores evangélicos con fuerte novedad e intensidad: «Volvamos al Evangelio: si no vivimos el Evangelio, Jesús no vive
en Volvemos a la pobreza, a la sencillez cristiana […] Volver al Evangelio es el remedio: es lo que todos necesitamos»: To Monseñor Caron, 30/6/1909; OS 698.
Podemos identificar tres características esenciales de su mensaje:1. Imitación de Cristo – «Tú gobiernas. Sígueme. Haz lo que Yo haría. En todo pregúntate, ‘¿Qué hubiera hecho Nuestro Señor?’ y hazlo. Es tu única regla, pero es tu regla absoluta»: OS 300.
Follow Christ «que ocupó el último lugar». Para Charles, las palabras del P. Huvelin escuchadas durante un sermón son decisivas:
«Jesús ha tomado tanto el último lugar que nadie ha podido quitárselo jamás»: B 97.
Imitar es compartir con el Amado:
«Compartiendo toda la vida «Compartiendo toda la vida de Cristo, su pobreza, su abyección, sus persecuciones, sus penalidades, teniendo una vida exterior en todo semejante a la suya; y al mismo tiempo esforzándose continuamente por hacer su alma lo más conforme posible a su alma santísima, para formar un solo corazón y una sola alma con nuestro amado Jesús’: CEE 190, Lk 9,23, SS 7,76-77; B 105.
«Cuanto más abrazamos la CRUZ/ más fuertemente abrazamos/ a JESÚS/ que está unido a ella.
Cuanto más nos falta todo lo que hay en la tierra/ más encontramos/ lo que la tierra puede darnos mejor:/ la CRUZ. Vivir
como si tuviera que morir hoy MÁRTIR: Diario 1901-1905; OS 311.
Además,
«La medida de la imitación es la del amor. ‘ Si alguno quiere servirme, sígame’, ‘Ejemplo os he dado para que hagáis como yo he hecho por vosotros’, ‘El discípulo ya no es de los Maestro, pero es perfecto si es semejante a su Maestro»: Directorio de la Unión de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón art. EL; OS 452.
Esto en una obra de despojo que, sin embargo, no porta a una retirada del mundo, sino por el contrario a una inserción deliberada en las condiciones más difíciles (los trabajadores agrícolas alrededor de la meseta de Akbès; luego los beduinos del Sáhara…) .
Viviendo la propia vocación que no se elige, sino que se acepta:
«No son los hombres los que deben ‘elegir’ la vocación; Como la vocación es una ‘llamada’, las palabras ‘elegir la vocación’ no tienen sentido. Uno no elige su vocación, uno la acepta, y uno debe buscar saber ella, prestar oído a la voz de Dios, espiar los signos de su voluntad […] y, una vez conocida la voluntad de Dios, hay que hacerla»: Directorio de la Unión de Fratts. y Sorr. del art. XVIII; Sistema operativo 457.2. Vida de contemplación continua, pero inserta, como la de Jesús, María y José en Nazaret, en una existencia común y no separada de los demás hombres. Se pueden ver avances en este sentido.
Durante algunos años Carlos fue prisionero del orgulloso deseo del hombre moderno. Pero con su conversión en «Nazaret» se ha convertido para nuestro tiempo en signo de anonadamiento, gracias al abandono total en el Padre.
En una meditación de 1897 sobre las últimas palabras con las que Jesús en la cruz se encomienda al Padre, Carlos expresa esta actitud. El núcleo de esta meditación se ha convertido en la oración de abandono (cf. E 177; SS 119).
«Nazaret» es pues la intuición fundamental de Carlos, que se realiza por etapas.
«Tu vida en Nazaret puede ser conducida en cualquier lugar: condúcela al lugar más útil para tu prójimo»: Diario 22/7/1915; OS 340. En el desierto «lleva consigo sólo el Evangelio y la Eucaristía: Jesús se hizo ocultar en la kénosis de la Palabra y de las especies eucarísticas, para estar al alcance de los pobres» (T. Goffi, La spiritualità dell’Ottocento, Dehoniane, Bolonia 1989, 112).
Carlos habla de la «santificación de los pueblos infieles» gracias a la presencia eucarística. En la Eucaristía y en el Evangelio encuentra el Corazón de Jesús
La oración que él vive y propone está centrada en el Evangelio: «Debemos tratar de impregnarnos del espíritu de Jesús leyendo y releyendo, meditando y reconsiderando sin cesar sus palabras y sus ejemplos: que hagan en nuestras almas como la gota de agua que cae y cae sobre una piedra siempre en el mismo lugar»: A Louis Massignon, 22/7/1914; OS 133.
A lo largo de su vida Carlos no encontró a nadie dispuesto a vivir con él el proyecto de Nazaret. Los últimos años de su vida son, de manera muy especial, una «noche oscura del espíritu», en la que debe experimentar cómo su visión de Nazaret terminó en un fracaso total. Y sin embargo, en esta misma noche Carlos comprende aún más profundamente lo que significa Nazaret, como arraigo, vínculo definitivo con la población tuareg entre la que vive y que pronto será incluida en la banda conocida como el «tercer mundo». Después de todo, ya en Nazaret escribió: «Sequedad y oscuridad: todo me cansa: la sagrada comunión, la oración, la oración, todo, todo, incluso decirle a Jesús que lo amo… Debo aferrarme a la vida de fe». Si al menos sintiera que Jesús me ama.
En El Evangelio presentado a los pobres del Sahara en el coloquio 21: Cross, escribe: «La religión católica […] Enseña a todos los hombres […] también lo que se debe hacer para alcanzar la más alta santidad». El «hogar» es el «hogar glorioso de la Cruz y el hogar de imitación de nuestro amado Señor Jesús… Lo enciende en este hogar, en la noche oscura de esta vida, le da luz, ardor y coraje para subir ella, haciendo brillar ante tus ojos lo más brillante, lo más dulce, lo más cálido de las verdades, la «verdad» del Sagrado Corazón de Jesús»: OS 568. CRindiendo homenaje a Lc 12,49, escribe: «¡Tenemos una gran devoción a este Sagrado Corazón de Jesús con el que Dios ha encendido fuego en la tierra! Jesús Caritas: «¡He venido a encender fuego en la tierra! ¿Qué quiero, sino que se queme? ¡Oh Dios mío, que este fuego estuviera en mi corazón y en el corazón de todos los hombres! Amén. Es el único que se necesita»: MSE 365e; OS 729.
La oración que vive y propone está centrada en el Evangelio: «Debemos tratar de impregnarnos del espíritu de Jesús leyendo y releyendo, meditando y meditando incesantemente sus palabras y ejemplos: que hacen en nuestras almas como la gota de agua que cae y cae sobre una piedra siempre en el mismo lugar»:
A Louis Massignon, 22/7/1914; OS 133.
Fuera de su vida, Charles no conoció a nadie dispuesto a vivir con él en el Proyecto Nazareth. Los últimos años de su vida fueron, de manera muy especial, una «noche oscura de espíritu», en la que hay que experimentar cómo su visión de Nazaret resultó en un estallido total. Sin embargo, precisamente esta noche, Carlos includes más profundamente lo que significa Nazaret, como arraigo, vínculo definititivo con la población tuareg entre el que vive y el que pronto será incluido en el llamado cinturón del «tercer mundo». Además, ya en Nazaret escribió: «Sequedad y oscuridad: todo es agotador para mí:
la Santa Comunión, la oración, la oración, all, all, inclusive decir a Jesús que lo amo… Debo aferrarme a la vida de fe. Si tan solo sintiera que Jesús me ama. Pero nunca me dice»: OS 299.
3. La caridad activa y fraterna al servicio del prójimo, fundada en una amistad atenta y concreta, que manifiesta la unidad entre los hombres, fruto y signo del amor de Jesús. una impresión más profunda en mí y transformó mi vida más que esto: ‘Todo lo que hacéis a uno de estos pequeños, es a Mí que lo hacéis.’ Si se piensa que estas palabras son las de la Verdad increada, la boca que decía: ‘Esto es mi cuerpo… esta es mi sangre…’, con qué fuerza uno es llevado a buscar y amar a Jesús en ‘estos pequeños’, en estos pecadores, en estos pobres»: A Luis Massignon, 1/8/1916; OS 724-5.
Organización benéfica que solicita la cancelación:
«Nuestra aniquilación es el medio más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer el bien a las almas; es lo que repite San Juan de la Cruz casi en cada línea. Cuando se puede sufrir y amar, se puede hacer mucho; Se puede lo máximo que se puede en este mundo: se siente que se sufre, no siempre se siente amado, ¡y es un gran sufrimiento adicional!, sin embargo, uno sabe que le gustaría amar, y querer amar es amar»: A M. de Bondy, 1/12/1916; OS 681.
Incluyendo cuando cuesta:
«Ustedes progresan cada día en el amor, en la virtud; sí si detienen, retroceden… Así que trabajen incansablemente y examinen a menudo dónde están: los medios para saber si están creciendo, si están progresando en el amor de Dios y en todas las virtudes consiste en ver si crecéis en el amor al prójimo y en la humildad… Si crecéis en estas dos cosas, es la prueba cierta de que crecéis en toda perfección…»: MSE 267e; OS 170.
Al enfrentar valientemente los problemas, como la esclavitud:
«La esclavitud de los hombres y la patria terrena pasan pronto, como la vida […] Empero dicho esto y habiéndolos consolado en lo posible, me parece que el deber no está cumplido, y que es necesario decís, o decís por los que con derecho: ‘non licet’, ‘vae vobis, hypocritae’, que ponéis en sellos y por todas partes ‘libertad, igualdad, fraternidad, derechos humanos’ y reiteráis los lazos de los esclavos, que condenáis a prisión los que falsifican vuestros billetes y permiten que los niños sean robados a sus padres y vendidos públicamente»: A P. Martín, 2/7/1902; OS 581-582.
 
 Conclusión
«Carlos de Foucauld muestra una gran cultura, pero no es un pensador abstracto. No pertenece a los místicos de la esencia, como Suso o Juan de la Cruz, fino a los místicos de la existencia, como Francisco de Asís, Vicente de Paúl o Teresa de Lisieux. No elaboró ningún mensaje espiritual, pero dio el testimonio vivo de una mística del Evangelio» (GM 2:240-241).
En particular, Carlos se pone del lado de una «mística de la noche», de la kénosis, del silencio de Dios, en el que Él se da a conocer tanto más claramente cuanto mayor es el ocultamiento.
Carlos vivió así una mística adecuada a nuestro tiempo. Incluso nuestros contemporáneos prefieren escuchar voces apagadas a expresiones demasiado altisonantes.
«En el mundo cristiano del siglo XIX, tan abrumado por el frenesí de la acción asistencial apostólica, el hermano Carlos se puso en escucha contemplativa de la Palabra y de la Eucaristía. Jesús eucarístico se ofreció a sí mismo inactivo, silencioso, escondido, pura presencia de amor. hacia nosotros que sufrimos, mientras Jesús-Verbo, revelado interiormente por el Espíritu, lo introduce en un apostolado muy alejado de la acción pastoral del servicio social y de la asistencia caritativa dominante en el siglo XIX» (T. Goffi, op. cit., 113).
Concibe al sacerdote no como una persona que se ocupa en actividades apostólicas, sino que se deja perfilar por el Espíritu como icono de Cristo, es cierto que la humanidad se salva si Jesucristo se hace presente en medio de ella por la Eucaristía y la Evangelio» (cf. ibíd., 190). Pero también está dispuesto a dejarse «trabajar» continuamente:
«Me veo con gran asombro pasando de la vida contemplativa a la vida del santo ministerio. Me porta allí, a pesar mío, la necesidad de las almas»: A su hermana, 17/1/1902; TPF 144 en B 66.
Testimonio de vida de hoy orientado al seguimiento de Cristo, recuerda que:
«Nuestro «único Maestro» y «único perfectamente santo» es Jesús: MSE 478e; OS 85.
«Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazareth, la vida del desierto, así como la vida pública, debe ser predicación del Evangelio con el ejemplo; toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evangelio en los tejados, toda nuestra persona debe respirar a Jesús, todas nuestras acciones, toda nuestra vida deben gritar que somos de Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica»: MSE 314e; OS 367.
Debemos dirigirnos siempre a Cristo:
«Miremos a los santos, pero no nos detengamos en su contemplación, contemplemos con ellos a Aquel cuya contemplación ha llenado su vida.
Aprovechemos sus ejemplos, pero sin detenernos mucho ni tomar como modelo completo a tal o cual santo, y tomando de cada uno lo que nos parezca más conforme a las palabras y ejemplos de Nuestro Señor Jesús, nuestro único verdadero modelo, sirviéndose así de sus enseñanzas, no para imitarlos, sino para imitar mejor a Jesús»: OS 11. CHARLES DE FOUCAULD, Obras espirituales. Antología, Paoline, Roma 1984, 6 ed. (=SO). Escritos Espirituales, ed. SEIS J.-F., Ciudadela, Asís 1969, 2 ed. (= SS).
Escritos espirituales. Día a día, cur. SOURISSEAU P., Piemme, Casale M. (AL) 1999. Solo con Dios en compañía de hermanos. Ruta espiritual de las escrituras, cur. BOLIS E., Paoline, Milán 2002.
Cartas a la señora de Bondy. De Trappa a Tamanrasset, intr. GORRÉE G., AVE, Roma 1968 (= AMB). pequeño Sor. ANNIE DI GESÙ, Charles de Foucauld, Qiqajon, Magnano (BI) 1998.
BARRAT D. et R., Charles de Foucauld et la fraternité, Seuil, París 1990.
BORRIELLO L., Tras las huellas de Jesús de Nazaret. Evolución interior y doctrina espiritual de Carlo de Foucauld, Dehoniane, Nápoles 1980 (= B).
LAFON M., Una voz del desierto, Paoline, Milán 1998.
SEIS J.-F., Itinerario espiritual de Charles de Foucauld, Morcelliana, Brescia 1961 (= S).
ID., Charles de Foucauld (1858-1916), en RUHBACH G. – SUDBRACK J. (edd.), Grandi mystici, 2, Dehoniane, Bolonia 1987, 231-252 (= GM).
ID., L’Aventure de l’amour de Dieu, Seuil 1993 (con 80 cartas de Foucauld-Massignon inéditas).
ID., La herencia espiritual de Charles de Foucauld, «Familia Charles de Foucauld» 18 (1996) no. 64, 9-22.
VOILLAUME R., Charles de Foucauld y sus discípulos, S. Paolo, Cinisello B. (MI) 2001.

El Evangelio que ha transformado mi vida

Desde Tamanrasset, el uno de agosto de 1916, cuatro meses antes de su muerte, escribió a Luis Massignon: “No hay, me parece, una palabra del Evangelio que haya hecho mayor impresión en mí, y haya transformado más mi vida que esta: Todo lo que hagáis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis. Si se piensa que estas palabras las ha pronunciado la Verdad Increada, la misma boca que ha dicho: Esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre (…) ¿con qué fuerza no será uno arrastrado a amar a estos pequeños, estos pecadores, estos pobres (…)? 36”. Lo que sobresale en este texto citado, no es tanto el énfasis del segundo mandamiento, semejante al primero, sino 37. la referencia a la Eucaristía. Lo mismo que la fe bajo las especies consagradas el Cuerpo y la Sangre de Jesús, ve también en todo ser humano, un ser inefablemente sagrado, un miembro, una parte, una presencia de nuestro Bien amado Jesús Este realismo de expresión, semejante al lenguaje del Crisóstomo, traduce su fe en el Cuerpo Místico de Cristo. Todos los hombres, bajo una condición u otra, son miembros del Cuerpo de Cristo, porque Cristo, por su Encarnación se ha convertido maravillosamente en uno de ellos. No hay ninguna exclusión, ni para el rico ni para el pobre, pues todos han sido creados a imagen de Dios. Aunque hay, eso sí, una clara preferencia por los pobres. Escribiendo en Nazaret en 1899 las constituciones y el reglamento para su proyecto de fundación de los Hermanos del Sagrado Corazón, describió así esta caridad universal que quiere reinar en la fraternidad: 38 “Los hermanos, no sólo deben recibir con bondad a los huéspedes, los pobres y enfermos que se presenten ante ellos, sino que deben invitar a entrar a los que se encuentran en su puerta, pidiéndoles como una gracia, de rodillas si fuera necesario, como Abraham a los ángeles que no pasen por la puerta de su siervo sin aceptar su hospitalidad, sus cuidados, las señales de su fraternal amor. Que todos sepan, desde lejos, que la fraternidad es la casa de Dios, donde todo pobre, todo huésped, todo enfermo, es siempre invitado, llamado, deseado, acogido con alegría y gratitud por hermanos que le aman y ven la entrada bajo su techo como la llegada de un tesoro. Ellos son, efectivamente, el tesoro de los tesoros, porque son Jesús mismo. Recordad: “Todo lo que le hagáis a uno de estos pequeños, a mí me los hacéis 38”. Y esto es lo que él hizo en Beni-Abbés, tal como su propia reflexión lo manifiesta en las sendas cartas a María de Bondy y a Mons. Guerin: “Yo quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos o idolatras, a mirarme como su hermano, el hermano universal. Ellos comienzan a llamar a la casa La Fraternidad –Khaoua, en árabe–, esto me es muy dulce 39, y a saber que los pobres tienen allí un hermano, y no solamente los pobres, sino todos los hombres 40”. El que llama al Señor Jesús su Bien amado Hermano, su Hermano Mayor, quiere ser mirado por los hombres, todos ellos miembros de Jesús, como su hermano. Una misma sangre fraternal uno a todos los hombres, no solamente esta sangre humana que nos viene de Adán, sino esta sangre de Cristo el Hijo de Dios hecho Hombre. . 39En Beni-Abbés, en 1902, como más tarde a su llegada a Hoggar en 1905, la primera angustia que revoluciona su alma es la gran miseria en que yacen los esclavos. El quiere que se actúe inmediatamente, por ello escribió: “Entrar en largos detalles sobre los malos tratos sufridos por esclavos de la Saoura y de los oasis me parece abordar mal la cuestión. Son maltratados, es cierto. Pero lo fueran bien o mal tratados, el gran mal y la insoportable injusticia es que sean esclavos 41”.

La esclavitud de los hombres es una de las formas vergonzosas e inmorales de la opresión y la explotación del hombre por sus semejantes. ¡Existe todavía en nuestros días tantas formas, siempre injustas, de opresión! Más para Carlos de Foucauld, aparte de esta inquietud en su espíritu y en su corazón, hay una dolorosa claridad que arroja su fe cristiana sobre el sufrimiento de los hombres. Alguien a quien ha escrito indignado y le responde aconsejándole paciencia y prudencia, contesta: “Lejos de mí desear hablar y escribir. Pero yo no puedo traicionar a mis hijos, dejando de hacer por Jesús, vivo y sufriente en sus miembros, aquello de lo que Él tiene necesidad. Es Jesús, el que está en esta dolorosa situación de los esclavos 42”. Así, en el hombre que sufre, que es oprimido, que está esclavo, su fe viva ve a Jesús sufriendo, oprimido, esclavizado. ¿Qué ocurriría en el mundo, si todos los cristianos tuviéramos la misma fe, la misma mirada?

36 OE, 778.

37 OE, Reglamento de los Hermanitos del Sagrado Corazón, 460.

38 OE, 458.

39 Carta a la Sra. de Bondy, 7 febrero de 1902, Cf. J. F.Six, oc., 275.

40 OE, Carta a Mons. Guérin, 28 de junio 1902, 625.

41 Carta a D. Martin, 7 febrero 1902, en Cartas a mis hermanos de la Trapa, 224.

42 OE, Meditación sobre la Pasión, 266 y 262-263. 40

Ver Boletín Iesus Caritas Abril-Junio de 2016

«Vuelta al Evangelio y nueva evangelización»



VUELTA AL EVANGELIO Y NUEVA EVANGELIZACIÓN
La historia para el creyente es historia de salvación y en ella, a pesar de las oscuridades y sufrimientos, vemos la obra del Espíritu Santo que actúa sin cesar en el mundo y en la Iglesia. Él suscita vocaciones a la santidad. Él ha inspirado la acción en el tiempo de profetas, apóstoles y santos. Su acción, con frecuencia, nos desconcierta. Ante nosotros innumerables historias de santidad donde constatamos que solo el esfuerzo humano hubiera sido insuficiente para sus vidas ejemplares. También el Espíritu Santo desconcierta cuando toca el corazón de la criatura y le impulsa a ser testigo del amor de Dios.Este es el caso de Carlos de Foucauld, en su vida, testimonio y en su carisma misionero. Conocemos su peculiar vida. En este artículo intentaremos volver al Evangelio para reflexionar sobre su originalidad, su radicalidad y su aportación al anuncio de Jesucristo en el mundo que nos ha tocado vivir.Dos son las claves de su espiritualidad. Ambas ponen ante nuestros ojos las claves del seguimiento de Jesucristo. Carlos de Foucauld invita a toda la Iglesia a «volver al Evangelio” y a imitar/seguir “al Modelo Único” del “bienamado y Señor Jesús”. Pretende, con la intuición de los santos, no quedarse en métodos, programas, planificaciones, sino ir a las raíces de la misión, a lo que verdaderamente funda y llena de sentido una existencia cristiana efectivamente misionera.Llama la atención el aporte de la espiritualidad que tiene su raíz en el hermano Carlos en cuanto que este hombre, muerto sin discípulos, inspiró después de su muerte no sólo nuevas fundaciones, especialmente las de los Hermanitos y Hermanitas de Jesús, sino también simplemente hombres y mujeres que viven, oran, evangelizan siguiendo sus intuiciones, en los cuatros rincones del mundo.Estas líneas las he agrupado en tres apartados bajo los siguientes epígrafes:
I) La misión no es una estrategia sino una forma de vida.
II) Esta forma de vida es inseparable de la experiencia de Dios.
III) La experiencia de Dios inspira la presencia entre los últimos como don

I) La Misión no es una estrategia sino una forma de vida1. Un mensaje misioneroEs evidente que el mensaje de Carlos de Foucauld se basa fundamentalmente en su vida, en el desarrollo completo de su vida desde el momento en que fue llamado por Dios en la Iglesia de san Agustín en París, gracias al padre Huvelin a finales de octubre de 1886 hasta su muerte el 1 de diciembre, delante de su ermita de Tamanrasset. Su vida y su muerte fueron reconocidas desde el primer momento como una llamada para una nuevo impulso de la misión cristiana, especialmente en África. Tal es la convicción expresada a su manera por René Bazin en la celebre biografía que dedica en 1921 a “El ermitaño del Sahara”: “Señor Jesucristo, mezclado con nosotros, mezclados con la multitud de pueblos y tribus que dependen de nosotros… Tu servidor Carlos de Foucauld ha mostrado el camino… Fue el monje sin monasterio, el maestro sin discípulo, el penitente que apoyaba en la soledad, la esperanza de un tiempo que no pudo ver. Murió en el empeño. Gracias a él, ¡ten piedad de ellos! Manifestad vuestra riqueza a los pobres del Islam, y perdonad la codicia a las naciones bautizadas”1.Los escritos de Carlos Foucauld, sin embargo, tan numerosos y tan amplios, se descubrieron y se difundieron después de su muerte. Sus propios escritos se referían en primer lugar a su vida y precisamente a la actitud misionera de la que nunca renunció: “predicar el Evangelio a los cuatro vientos no con palabras, como San Francisco de Asís sino a través de su vida”2.Más tarde, cuando quiso, durante su estancia en Beni-Abbès y en Tamanrasset, dar a su proyecto una forma concreta e incluso institucionalizada fue fiel a su intuición original: la proclamación del Evangelio está ligada a la vida y al testimonio, a la manera diaria de vivir con Dios y con los demás. Es evidente que esta misión que escucha y atiende a la vida no constituye en sí un programa o un método. Por el contrario, se sitúa bajo el signo del cotidiano discurrir de lo imprevisible, o si se prefiere, en palabras del Hermano Carlos, en un radical “abandono en las manos de Dios”.

2. Bajo el signo de lo imprevisible.Lo imprevisto e imprevisible caracteriza la vida del buscador Carlos de Foucauld y su carisma. Nada de cálculos, programas, organizaciones. A veces la improvisación hace aflorar la sensación de fracaso o, al menos, la sensación de proyectos incompletos, como Carlos de Jesús lo constata con harta frecuencia.Es la vocación misma de este convertido, vivir su vida y su misión bajo el signo de lo inesperado, es decir, en una actitud constante de auto-renuncia de si mismo. Para este ex oficial de Saint-Cyr, que había luchado en el sur de Argelia, hay una renuncia radical de cualquier cálculo, de cualquier estrategia humana.Esta renuncia fue para él objeto de un aprendizaje continuo. En 1900 se encuentra en Nazaret. Había dejado el monasterio hacía tres años. Escribe al padre Huvelin: “Estoy esperando. Dios mismo me trajo hasta aquí, a través de vuestra voz, y me ha mantenido aquí. Por su propia acción me hizo volver. Lo dejo dirigir mi vida. Cuando quiera que me vaya, si alguna vez lo quiere, me lo mostrará con claridad por vuestra voz, querido padre, o por los acontecimientos… Así que estoy esperando y me dejo llevar”3.Año tras año, mes tras mes, desde su estancia en Notre Dame des Neiges, desde 1890 hasta sus últimos años en el Sahara, Carlos de Foucauld aceptó que su vida fuese totalmente una respuesta a la llamada de Dios, a través de una total obediencia a sus superiores, y de manera particular a su director espiritual, el padre Huvelin. Supone para él, una opción de estilo de vida, una orientación fundamental. Incluso en 1897, cuando fue enviado a Roma por sus superiores de la Trapa, él está todavía dispuesto a todo, por obediencia. “El día en que mi vocación a mi Padre General y de mi Padre Maestro les parezca obvio que Dios no me quiere en La Trapa (al menos como Padre), me lo dirán y me ayudarán a retirarme, porque son demasiado concienzudos para desear retenerme un solo día, cuando ven que la voluntad de Dios está en otra parte”4. Unos días más tarde el hermano Alberic Marie abandonará la Trapa y se marchará a Nazaret, después de haber escuchado el consejo de su padre espiritual.

Palabra clave en su búsqueda personal es la obediencia con el necesario discernimiento. Así hemos de entender la expresión de “lo provisional” o “lo impredecible”. Hay que insistir que el abandono a Dios por la obediencia forma parte de su carisma misionero. O dicho de otra manera. La misión cristiana, que él quiere desarrollar, está bajo el signo de la radical entrega a Dios y nunca puede ser una mera estrategia o cálculo humano en la línea de la oración tan querida y conocida que se le atribuye a Carlos de Foucauld: “Padre mío, me abandono a ti”.

3. ¿Una nueva forma misionera?Podemos hablar con toda razón de una nueva forma misionera en Carlos de Foucauld. Nueva en el sentido de que la organización de la misión y la aplicación de sus recursos no son en absoluto esenciales. Él hablará de medios pobres y hará incluso una renuncia efectiva a todo resultado visible y calculable.Carlos de Foucauld actuando así se vincula a la experiencia de los apóstoles. “Para convertir el mundo como los apóstoles, siendo la piedra angular y el Jefe de la Iglesia, como san Pedro, no hay que prepararse en adelante, ni durante años ni meses, ni días, ni un solo minuto; es preciso obedecer en cualquier momento a las órdenes de Dios”5.

Con otras palabras, el abandono radical a Dios inspira una forma de vida y de acción misionera, que está directamente en sintonía con el proceder y las huellas de los apóstoles. Las primeras generaciones de cristianos nunca han programado sus empresas misioneras en el imperio romano. Evangelizaron simplemente e invitaron a vivir la novedad cristiana en medio de la sociedad pagana. En el último período de su vida, el Hermano Carlos de Jesús, de forma espontánea, hace referencia al ejemplo de Priscila y Aquila para encontrar nuevos caminos de evangelización aptos para todo el mundo a través del amor mutuo. «Hagamos como Priscila y Aquila. Dirijámonos a los que nos rodean, los que conocemos, los que están cerca de nosotros, y empleemos nuestros mejores recursos. Con unos, el discurso, con otros, el silencio, con todos el ejemplo, la bondad, el cariño fraternal, haciéndonos cercanos a todos para ganarlos todos para Jesús»6. Ciertamente, esta evangelización llena de sencillez, sin cálculo, sin una planificación previa, no es una evangelización fácil. Es una evangelización abierta a la novedad que aportan las personas y los acontecimientos. Es radical porque nos orienta y dirige a la fuente de la vida cristiana y a la vivencia del Evangelio sin glosa. Si Carlos de Foucauld es un modelo y una referencia para la misión cristiana es, precisamente, por su unión a la fuente de donde brota la vida cristiana que no es otra que el mismo Dios.

II. Esta forma de vida es inseparable de la experiencia de Dios.1. Una vida centrada en Dios.Todos aquellos que han hecho hincapié en la novedad del testimonio de Carlos de Foucauld, de René Bazin a Jacques Maritain, pasando por Paul Claudel, y por tantos otros, han insistido en el carácter radical de su experiencia de Dios. Igualmente piensan los que han seguido su estela y han intentado vivir el Evangelio con proyección misionera: de Madeleine Delbrel a Jacques Loew y especialmente los que viven de manera habitual, siguiendo al hermano René Voillaume y a la hermanita Magdeleine.

Aunque Carlos de Foucauld se convirtió en un apasionado por Jesús, por su humanidad, por su humildad, por su Cruz, su vida sigue centrada en el misterio de Dios, buscado incansablemente y con toda pasión. Fue llamado por Dios y respondió abandonándose a Él. Este abandono a Dios incluye no sólo la obediencia, la lucha interior, el trabajo personal por convertirse, como se podría pensar con demasiado facilidad. Esta entrega a Dios es fuente también de alabanza y de reconocimiento de las maravillas y grandezas del Señor.Once años después de su conversión, en 1897, en su pequeña ermita de Nazaret, Carlos de Foucauld recuerda su vida pasada, desde su infancia para celebrar la misericordia de Dios: “Oh Dios mío, todos tenemos que cantar tu misericordia, nosotros todos creados por la gloria eterna y redimidos por la sangre de Jesús, por tu sangre, mi Señor Jesús, que estás a mi lado en el Tabernáculo, si todos te debemos tanto, cuánto más yo! Yo que fui en mi infancia rodeado de tantas gracias. ¡Oh Dios mío, cómo tenía tu mano sobre mí, y cuán poco lo notaba! ¡Qué bueno eres! ¡Cómo me habéis protegido! ¡Cómo me habéis guardado debajo de tus alas cuando ni siquiera creía en tu existencia!”7.Y en 1904, cuando se fue de ermitaño al Sahara y seguía todavía buscando su camino, el Hermano Carlos de Jesús confía a su amigo Henry de Castries su absoluta confianza en Dios, que conduce su vida: “Es tan dulce sentirse en la mano de Dios, llevado por este Creador, bondad suprema que es Amor – Deus caritas est – Él es el amor, el amante, el esposo de nuestras almas en el tiempo y la eternidad. Es tan dulce sentirse transportado por esta mano a través de esta vida breve, hacia esta eternidad de luz y de amor por la cual nos creó.8”Todos los escritos de Carlos de Foucauld están impregnados por el sentido de la grandeza y de la providencia de Dios. La experiencia del desierto aumenta aún más en él estas experiencias. En este contexto de espiritualidad teocéntrica va desarrollando su pasión por Jesús, por su encarnación, por su humanidad, y por su Cruz
2. Una vida de imitación de Jesús y de su vida oculta.El carisma misionero de Carlos de Foucauld incluye en su centro, en su corazón, un anhelo ardiente, feroz y persistente, no sólo de conocer a Jesús en su humanidad sino de imitarlo también en su literalidad evangélica.En la vida y la experiencia del Hermano Carlos de Jesús, el principio de la encarnación se transforma en un principio misionero. Se trata para él de conformar su vida con Jesús de manera radical, es decir, mediante la práctica como él, del abajamiento, de la humildad, de la pobreza, de la abyección, la ocupación del último lugar.Sabemos que el nuevo converso se vio afectado de forma permanente por una frase pronunciada por el padre Huvelin en uno de sus sermones, diciendo a Jesús: “Ocupó de tal manera el último lugar que nadie jamás había sido capaz de arrebatárselo!” Esta frase quedó grabada en el alma de Carlos de Foucauld para siempre y buscará con todos los medios a su alcance compartir el último lugar con Jesús.Este itinerario espiritual de búsqueda del último lugar no es solo un descubrimiento espiritual. Es una orientación de vida que no lo dejará nunca tranquilo. No se conforma con anunciar a Jesucristo sino que tiene que vivir con él, compartiendo su condición real, como lo entiende con intensidad durante su retiro en Nazaret, en 1897: “Mi Señor Jesús, (…) quien te ama con todo el corazón, no puede soportar ser más rico que su amado (…) No me puedo imaginar el amor sin una necesidad, una necesidad imperiosa de conformidad, de semejanza, y más que todo, de compartir todas las penas, todas las dificultades, todas las durezas de la vidas”9.Sabemos que Carlos de Foucauld ha llevado muy lejos este realismo espiritual en relación con el misterio de Jesús. Eligió vivir en Nazaret, es decir, seguir a Jesús, donde se ha cumplido en el tiempo el misterio de la Encarnación. Se puede pensar que Carlos de Foucauld da así una forma casi sensible a las grandes afirmaciones teológicas inspiradas por Bérulle y por la tradición de la Escuela Francesa, a propósito del Verbo Encarnado.Creo que es necesario ir más allá, sobre todo si no olvidamos que la experiencia espiritual del hermano de Carlos Jesús no se detuvo en Nazaret, sino que lo llevó hasta el desierto, rodeado de nómadas Tuareg.Tal vez inconscientemente, el ermitaño de Nazaret, y después del Sahara, fue fascinado por el misterio del Dios oculto que se revela, paradójicamente, a través de los acontecimientos de la encarnación, desde Belén a Jerusalén pasando por Nazaret. Porque en Jesús, que desciende en nuestra humanidad, Dios al mismo tiempo se revela y se oculta. Esta ocultación de la gloria de Dios, de la pérdida de uno mismo a través de la Cruz, poco a poco va a estar en el corazón de la espiritualidad de Carlos de Foucauld y formará parte de su carisma misionero.Se trata de imitar, en su vida, el misterio de Dios humillado y escondido por amor a nosotros. Así lo había entendido el hermano Carlos desde su primera peregrinación a Tierra Santa, después de su conversión en 1888: la pasión de Jesús se refería a los años de vida oculta en Nazaret. Cuanto más va avanzando en su vida y pone en actos su carisma misionero, más comulga en este misterio de Dios oculto en Jesucristo: “Él bajó con ellos y vino a Nazaret, en su vida entera, no ha hecho más que bajar: bajar en la encarnación, bajar para ser un niño pequeño, bajar haciéndose obediente, bajar haciéndose pobre, abandonado, exiliado perseguido, torturado, poniéndose siempre en el último lugar”10. Este descubrimiento apasionado de Dios oculto y humillado en Jesucristo funda el carisma misionero de Carlos de Foucauld, es decir, su deseo de encontrarse al lado de los pobres y olvidados del mundo. Es la experiencia de Dios que exige una nueva forma de presencia entre los demás.

III. La experiencia de Dios inspira la presencia entre los últimos como don.1. Una referencia absoluta: la Eucaristía.En la fuente de esta presencia de entrega a los demás se encuentran la Eucaristía y la adoración eucarística. Carlos de Foucauld evoca la Eucaristía en las huellas directas de la Encarnación y de manera especial en la Pasión de Jesús. “Besar los lugares que santificó en su vida mortal, las piedras de Getsemaní y el Calvario, el suelo de la Vía Dolorosa, es dulce y piadoso, Dios, pero preferir eso a su Tabernáculo, es dejar a Jesús que vive a mi lado, dejarlo solo e irme solo a venerar piedras muertas en donde no está”, porque “en todos los lugares donde se encuentra la Santa Hostia está el Dios vivo, es tu Salvador tan cierto como cuando estaba vivo y predicando en Galilea y Judea y como está ahora en el cielo”11.Cuanto más el hermano Carlos de Jesús crece en su experiencia espiritual y misionera, más se convierte la Eucaristía en el medio esencial de su apostolado. Lo escribió al padre Huvelin: «Tenemos que seguir poniendo la Misa antes de todo y celebrarla en el camino a pesar de los esfuerzos adicionales que conlleva. Una misa, es Navidad, y el amor pasa primero antes que la pobreza»12.Desde que se ordeno de sacerdote, vivió con mayor intensidad lo que había aprendido de su director espiritual, inmediatamente después de su conversión: “En este misterio, nuestro Señor da todo, se entrega por entero: la Eucaristía es el misterio del don, es el don de Dios, es aquí donde tenemos que aprender a dar, a darnos a nosotros mismos, porque no hay don, si uno no se da”13. Muchas veces, evoca la “Sagrada Eucaristía”, que brilla en medio de las poblaciones musulmanes, en torno a ella sueña agrupar algunos discípulos, que pudieran formarse junto al Señor para el servicio incondicional de la evangelización.Para él, el tiempo que pasa en la celebración y en la adoración de la Eucaristía es una parte esencial de su misión, porque se une así a Jesús en el misterio y el don de su vida oculta. Sin embargo, en sus últimos años, se preguntó si no debería abandonar la celebración de la Misa para poder penetrar en el Hoggar y atender a los más desfavorecidos. Formula así su reflexión: “Una vez, me sentí inclinado a ver, en primer lugar, el Infinito, el Santo Sacrificio; y en segundo lugar, el finito, todo lo que no es, y siempre a sacrificarlo todo por la celebración de la Santa Misa. Pero este razonamiento debe pecar por algo, porque desde los apóstoles, los más grandes santos han sacrificado en determinadas circunstancias, la oportunidad de celebrar a actividades de caridad espiritual, de viaje o de otro tipo”14. Su deseo de ir a conocer a la gente y llevarles el Evangelio estuvo siempre directamente y estrechamente integrada con su espiritualidad eucarística. Como si viviera también el misterio de la Eucaristía entregándose a los que quiere salvar imitando a Jesús.

2. Carlos de Foucauld, el hermano universal.De la eucaristía nace el corazón universal. “los pobres son sacramento de Cristo” (San Juan Crisóstomo). A través de la Eucaristía, el amor de Dios brilla para toda la humanidad sin excepción. “Deseo acostumbrar a todas las personas, cristianos, musulmanes, judíos, e idólatras, a mirarme como a su hermano, el hermano de todos. Empiezan a llamar mi casa “la fraternidad” (el Khaoua en árabe) y eso me agrada”15. En múltiples escritos afirma esta intención universal: «Mirar a todo ser humano como un hermano amado». “Ver en todo ser humano, un hijo de Dios, un alma redimida por la sangre de Jesús, un alma amada por Jesús”16.Ciertamente que centra su vocación y misión en el apostolado fraternal por la práctica del amor y de la bondad hacía todos. Su mística del Sagrado Corazón de Jesús, toma así una forma muy concreta, incluso visiblemente ilustrada, por el signo que lleva en su vestido: el corazón coronado por la Cruz.Sabemos que los manuscritos autobiográficos de Teresa de Lisieux se acaban en un acto de fe sin reserva en la misericordia del Padre de los cielos. Carlos de Foucauld, fue también encargado de transmitir a través de su muerte, como a través de su vida, este mensaje esencial que tantas veces transcribió en sus notas, y en particular en el pequeño libro dedicado al Modelo Único: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Unigénito para que todo aquél que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”17. El corazón de la misión cristiana según Carlos de Foucauld es también el corazón del Evangelio, la inspiración profunda de toda misión cristiana.Al final de este recorrido no podemos evitar una pregunta importante: ¿Por qué Carlos de Foucauld sigue siendo un don que Dios hizo de manera perdurable a la Iglesia? ¿En qué pueden contribuir su testimonio y su carisma a la renovación de la misión cristiana?A estas preguntas respondo sin vacilar, para que se reconozca la inspiración profunda de toda misión cristiana, que no está relacionada a una estrategia, incluso pastoral, sino a una forma de vida arraigada en la experiencia de Dios que exige, al tiempo, una presencia fraternal entre los hermanos sin ánimo de colonizar.Ya no podemos oponer entre sí las estrategias misioneras: por un lado, las que se centran solamente en las formas y los resultados visibles y, por otro lado, las que valoran las únicas virtudes de la inserción y la vida oculta.Parece que ha llegado la hora de reconciliar a todos los actores de la evangelización: aquellos que tienen tendencia a valorar la paciencia de las largas horas de la oración y de la adoración y los que son más sensibles a las expresiones públicas de fe; los que dan tiempo a los diálogos desinteresados y los que no tienen miedo de anunciar explícitamente a Cristo y a su Evangelio.Carlos de Foucauld se manifiesta para todos nosotros como un maestro exigente, dejando claro que su exigencia va a lo esencial: “¡Nos inclinamos a poner primero las obras cuyos efectos son visibles y tangibles, Dios da el primer lugar al amor y después al sacrificio inspirado por el amor y a la obediencia que deriva del amor. Es preciso amar y obedecer por amor ofreciéndose a sí mismo como una víctima con Jesús, como le plazca! A él corresponde decidir si para nosotros, es más conveniente la vida de san Pablo o la de santa Magdalena”18.
EMÉRITO DE BARIA______________________________

_1.- Carlos de Foucauld explorador de Marruecos, ermitaño en el Sahara, 1921,472.2.- Meditación sobre el Antiguo Testamento, 1896.3.- Carta al padre Huvelin, 22 de marzo de 1900.4.- Carta a la señora de Bondy, 1 de enero de 1897.5.- Comentario de la lectura en el Santo Evangelio, Mateo 4, 18-20, Nazaret, 1897.6.- Carta a José Hora.s, £8 de abril 1916.7.- Retiro de Nazare4 1897 noviembre.8.- Carkz a Henry de Castries, 27 de noviembre 1904.9.- Retiro & Nazare4 noviembre de 1897.10.- Meditación sobre Lucas 2, 50—51 del 20 de junio 1916.11.- Retiro de Nazaret, noviembre 1897.12.- Carta al Padre Huvelin, 1 de diciembre 1905.13.- Cf. A. GIBERT-LAFON, Ecos de las charlas del padre Huvelin, París, 1917, 62.14.- Carta a Monseñor Guérin, julio de 1907.15.- Carta a la Sra. Bondy, enero 1902.16.- Carta a Joseph Hours, 5 de mayo 1912.17.- Juan 3,16.18.- Carta a la Sra. de Bondy, 20 de mayo 1915.

 
 http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/173/Iesus-Caritas-173-Vuelta-al-Evangelio.htm

Gritemos el Evangelio con nuestra vida… Carlos de Foucauld

 FOPSME.

Holy_Spirit-05

“Trabajad por la santificación del mundo… sin palabras, en silencio… llevad el Evangelio no predicándole con la boca sino predicándole con el ejemplo, no anunciándolo sino viviéndolo”
(Meditación sobre la visitación en 1908)

“Toda nuestra vida, por callada que sea… debe ser una predicación del Evangelio por el ejemplo; toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evangelio sobre los tejados… debe ser una predicación viva”
(Meditación sobre el Evangelio)

“Hacemos el bien, no en la medida de lo que decimos y de lo que hacemos, sino en la medida de lo que somos… en la medida en que vive Jesús en nosotros”
(Reglamentos y Directorio)

“Las personas alejadas de Jesús, deben, sin libros y sin palabras, conocer el Evangelio contemplando mi vida… Viéndome a mí, se debe ver lo que es Jesús”
(Reglamentos y Directorio)

GRITAR EL EVANGELIO CON LA VIDA

«Volvamos al Evangelio. Si no vivimos del Evangelio, Jesús no vive en nosotros.»Carlos de Foucauld con Tuaregs en 1904Carlos de Foucauld con Tuaregs en 1904

Carlos de Foucauld aspiraba a evangelizar de acuerdo con el modelo de Jesús durante los años de su vida oculta en Nazaret: por medio del diálogo, la amistad y el testimonio de vida.

Evangelizando por la delicadeza en la caridad, en la acogida a todo visitante:

“Seamos infinitamente delicados en nuestra caridad… Recibiendo a todo hermano como a un hermano muy querido”.(Meditación de los Evangelios, Nazaret, 1898)

“En las relaciones de amistad y vecindad con los pobres con quienes se comparte la vida, se va deslizando el Evangelio e irradiando la Luz de Cristo”. (Cuaderno de Beni-Abbés, 8 junio 1904)

 Ve en María, visitando a su prima Isabel, la forma más explícita de su llamada a la vez contemplativa y apostólica: una unión a Jesús tal que pueda irradiar:

 “Hacer el mayor bien a las poblaciones musulmanas, llevando en medio de ellas a Jesús en el Santísimo Sacramente, como la Santísima Virgen santificó a Juan Bautista llevando junto a él a Jesús”. (Carta a la Señora de Bondy, 9 septiembre 1901)

  (…) Llevad el Evangelio, …no anunciándolo sino viviendolo. No predicándolo de boca sino predicándolo con el ejemplo” (Retiro en Efrén, marzo 1898)

 Asimismo, el Evangelio se transmite por una vida enraizada en el Evangelio.

 “Todos nuestros actos, toda nuestra vida debe gritar que nosotros somos de Jesús”. (Meditación 314, Nazaret 1898)

 “Toda nuestra existencia, todo nuestro ser, debe gritar el Evangelio”.(Meditación 314, Nazaret 1898)

  Todo cristiano debe ser un apóstol, que sea con o sin palabras explícitas. Los medios difieren según a quienes nos dirigimos.

 “Todo cristiano debe ser apóstol: no es un consejo, es un mandamiento, el mandamiento de la caridad. Ser apóstol, ¿por qué medios? Por los que sean mejores, teniendo en cuenta a quien nos dirigimos.» (Carta a Luis Massignon, 1 agosto 1916)

 Es tal la disposición de Carlos de Foucauld para extender el Evangelio que está dispuesto a todo:

 “Me pregunta usted si estoy dispuesto a ir a otro sitio que Beni-Abbés para la extensión del santo Evangelio: para eso, estoy dispuesto a ir al fin del mundo y a vivir hasta el juicio final”. (Carta a Mons. Guérin, 27 febrero 1903)

  En el mismo tiempo, Carlos no busca tantos éxitos como fidelidad al Espíritu y al amor. El evangelizador debe seguir convirtiéndose al Amor.

 “Es el soplo del Espíritu el que hay que seguir con sencillez de corazón, y con el celo y la fidelidad del amor”. (Retiro de la ordenación sacerdotal, 9 mayo – 9 junio, 1901)

Gritar el Evangelio con la vida

 Apenas encarnado, yo inspiré a mi madre que me llevase a la casa donde iba a nacer Juan…  Incluso antes de nacer  trabajo en esta obra, en la santificación de los hombres, y animo a mi madre a trabajar en ella conmigo… trabajad como mi madre, sin palabras, en silencio, llevadme en medio de los que me ignoran, estableciendo allí un altar, un sagrario, y llevad el Evangelio, no predicándolo de boca, sino predicándolo con el ejemplo, no anunciándolo sino viviéndolo. [Retiro en Efrén, marzo 1898]
Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, tanto como la vida pública, deben ser una predicación del Evangelio por el ejemplo: toda nuestra existencia, todo nuestro ser, debe gritar el Evangelio, sobre los tejados, toda nuestra persona debe respirar Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida debe gritar  une nosotros somos de Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica ; todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, un perfume de Jesús, algo que grita a Jesús, que hace ver a Jesús, que brilla como una imagen de Jesús… [Meditaciones sobre los santos Evangelios, Nazaret, 1898]Mt 10,4.
Quien a vosotros acoge, a Mí me acoge. Acoger al  prójimo es acoger a un miembro de Jesús, una parte del cuerpo de Jesús, una parte de Jesús: todo lo que hacemos o decimos al prójimo es Jesús quien lo oye y recibe: es a Él a quien se lo decimos o hacemos…¿ Con qué amor, respeto, alegría, con qué gran deseo de hacer a quien se presente a nosotros el mayor bien posible a su alma o a su cuerpo, según sean sus necesidades y nuestras posibilidades!; ¡con qué ternura apresurada debemos acoger al que se presente a nosotros, a todo ser humano, sea quien sea!… el pobre que llama tímidamente a la puerta, el superior que viene a visitarnos en nombre de la Iglesia y de la Santa Sede, todos, todos, todos, el pobre turco o el obispo, todos, todos, todos, ¡al acogerlos, acogemos a Jesús! Partiendo de esto es como el fiel, el justo “que vive de la fe”, ajusta su conducta y sus relaciones con el prójimo, no viendo en él otra cosa que una porción del cuerpo de Jesús. [Meditaciones sobre los Evangelios, relativas a la imitación de Jesús, etc.  Nazaret 1898]La resurrección de la hija de Jairo (Mc 5, 35-43).
Seamos infinitamente delicados en nuestra caridad: no nos limitemos a los grandes servicios, tengamos esa delicadeza que llega a los detalles y sabe con pequeñas cosas poner bálsamo en los corazones: “Dadle de comer” dice Jesús. Con los que están cerca de nosotros, entremos incluso en pequeños detalles de salud, de soncuelo, de oraciones, de necesidades: consolemos, aliviemos con las mas minuciosas atenciones: para los que Dios pone cerca de nosotros, tengamos la ternura y delicadeza de las pequeñas atenciones que tendrían entre sí unos hermanos cariñosos, y la ternura de la  madres para con sus hijos para consolar cuanto sea posible a los que nos rodean y ser para ellos un agente de consuelo y un bálsamo , como lo fue siempre Nuestro Señor para todos los que se le acercaron. [Meditaciones sobre los santos Evangelios, Nazaret, 1898]
Es la evangelización no por la palabra, sino por la presencia del Santísimo Sacramento, la ofrenda del divino sacrificio, la oración, la penitencia, la practica de las virtudes evangélicas, la caridad, una caridad fraternal y universal, compartiendo hasta el último bocado de pan con cualquier pobre, con cualquier huésped, con cualquier desconocido que se presente, y recibiendo a cualquier ser humano como a un hermano bienamado. [Carta a Henry de Castries]
Hay que amar la justicia y odiar la iniquidad, y cuando el gobierno comete una grave injusticia contra aquellos que tenemos a nuestro cargo, hay que decirlo… no tenemos derecho a ser centinelas dormidos,  perros mudos o pastores indiferentes.  [Beni Abbes, 1902]
No se puede hacer nada mejor para la salvación de las almas (que es nuestra vida aquí abajo, como fue la vida de JESÜS,”Salvador”) que llevar a tantas almas como sea posible la semilla de la divina doctrina – no predicando, sino conversando – y sobre todo, ir a preparar, empezar la evangelización de los Tuareg,  estableciéndome entre ellos, aprendiendo su lengua, traduciendo el santo Evangelio, poniéndome en relación lo más amistosamente posible conellos. [Carta a Mgr. Guérin, 29.07.1903]
Yo no estoy aquí para convertir a los tuareg, sino para tratar de comprenderlos… Usted es protestante, Teissère es incrédulo, los tuareg son musulmanes, yo estoy persuadido que Dios nos acogerá a todos si nos lo merecemos. [1908}
Mi apostolado debe ser el apostolado de la bondad. Viéndome, deben decirse: “Ya que este hombre es tan bueno, su religión debe ser buena! Y si me preguntan por qué soy manso y bueno, debo decir:   porque soy el servidor de alguien que es más bueno que yo. Si supieran qué bueno es mi maestro Jesús!… Yo querría ser bastante bueno para que se diga: Si así es le servidor, ¿cómo debe ser el Maestro? [Diario 1909]
Todo cristiano debe ser apóstol: no es un consejo, es un mandamiento, el mandamiento de la caridad. Ser apóstol, ¿por qué medios? Por los que sean mejores, teniendo en cuenta a quien nos dirigimos; con todos los que están en contacto con nosotros, sin excepción, por la bondad, el cariño, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, la humildad y la mansedumbre siempre atractivas y tan cristianas; con algunos, sin decirles nunca una palabra de Dios ni de la religión, teniendo paciencia como la tiene Dios, siendo buenos como Dios es bueno, amando, siendo hermanos tiernos y rezando; con otros, hablando de Dios en la medida en que lo pueden aceptar. Sobre todo, ver en todo ser humano un hermano.            Creo que no hay ninguna palabra del Evangelio que me haya impresionado tanto y que haya transformado tanto mi vida como ésta: “Todo lo que hacéis a uno de estos pequeños, a mí lo hacéis”. Si pensamos que estas palabras son de la Verdad increada, de la boca que dijo ”Este es mi cuerpo… esta es mi sangre…”, con qué fuerza seremos llevados a amar a Jesús en estos “pequeños”, estos pecadores, estos pobres. [Carta a Louis Massignon, 1916]

EL EVANGELIO DE LA AMISTAD EN CARLOS DE FOUCAULD


Decir “evangelio” es proclamar una Buena Noticia. Y decir “Evangelio de la
amistad” es afirmar de una manera rotunda que el camino de la amistad es una
Buena Noticia para vivir ya ahora en el Reino de Dios. Pero, ¿Qué es eso a lo
que llamamos amistad?, ¿cómo vivió la amistad Carlos de Foucauld?, ¿es la
amistad un camino para la evangelización?

  1. ¿A qué llamamos amistad?
    La amistad es una forma de amor y el amor va de dentro a fuera. Toda amistad
    supone amor, pero no todo amor supone amistad, que es un don que necesita
    ser aceptado. El amor, como el ser de la persona es dialógico, ya que se dirige
    hacia otra persona para plenificarse. El ser humano se reconoce como un yo a
    través de un tu, y encuentra su justa dimensión en un nosotros. Cada vez que
    se constituye una nueva amistad, un “nosotros”, la otra persona forma parte de
    mi ser. Llevamos dentro de nosotros, en nuestra conciencia, a nuestros
    amigos. Y la Conciencia en mayúscula, que es Dios y que está en lo más
    profundo de nuestra realidad, reúne a todos los amigos, que viven del amor, en
    su Reino.
    Una persona egoísta no puede tener amigos. Podrá tener relaciones
    interesadas o personas a quienes quiera por placer, pero no personas amigas.
    La amistad no interesada presupone un vaciamiento para que pueda entrar la
    otra persona en nosotros y se cree una intimidad común. Propiamente hablado
    solamente pueden tener amigos de verdad las personas buenas, las que se
    han vaciado de su yo y han dejado brotar en su ser la gracia de Dios, su
    Presencia amorosa. En esa comunión de vida se integran los amigos. Así, la
    amistad es la disposición de la persona que consiste en obrar con facilidad y
    alegría el bien de la persona amiga. Nace como sentimiento y alcanza después
    su plena verdad al ser querida y cultivada la amistad como forma de amor.

    La condición previa a toda amistad es el conocimiento mutuo. Muchas
    personas hablan de sus amigos y apenas los conocen. ¿Cómo podríamos
    amar a la persona amiga si no la conocemos? Pedro Laín Entralgo nos dice
    como debemos relacionarnos con la persona amiga:
    Cuando el otro me es tú, debo acercarme a él y decirle, como un penitente: “No
    basta que Dios te hay creado, no basta que tus padres te hayan traído al
    mundo: es también necesario que yo te haga existir. Tú dependes de mí; tú,
    que cuando yo me doy a ti pareces depender de mí. Y si tu persona no echa
    raíces en la mía, si yo no la planto en mi corazón, si no la cultivo en mi razón, si
    ella no florece en mis acciones, aunque esté contenida en esa Imagen divina
    en la que estoy inscrito, no está en parte alguna
    ”1
    .
    Y Santo Tomás de Aquino nos dice los cinco efectos de la amistad: El
    amigo quiere que su amigo sea y viva; quiere su bien; se porta bien con él y lo
    trata bien; convive con él gustosamente; comparte los sentimientos, en las
    alegrías y en las tristezas2
    .Antes de confiarse a una persona amiga se ha de
    poner a prueba su fidelidad, y ésta se manifiesta con la abnegación para con el
    amigo, permaneciendo a su lado en medio de la adversidad. El amigo cierto se
    manifiesta en las situaciones inciertas. Y es que hay amigos que no buscan en
    la amistad más que su propio provecho, y por eso permanecen tales en el día
    de la prosperidad, presentándose incluso como el mejor amigo, pero
    abandonan en el día de la adversidad, cuando ya no pueden percibir beneficio
    alguno de la amistad; son compañeros en la mesa, pero no en la desgracia. No
    es raro que tales amigos, por cualquier motivo, se conviertan en enemigos, y
    entonces, cuanto más íntima y confidencial fue la amistad con estas personas,
    tanto mayor será el mal que tal vez tengamos que sufrir, pues conocen más a
    fondo nuestros defectos y los podrán descubrir a los demás. Si bien se han de
    mantener relaciones amistosas con las personas, sólo a los amigos de fidelidad
    probada, se debe manifestar nuestra intimidad a fin de recibir consejo, ya que
    la amistad íntima supone una unión y compenetración de afectos que no es
    posible con muchos, y una confianza y lealtad que no siempre se encuentra.
    San Francisco de Sales aplica esta sentencia a la elección de un consejero
    espiritual. Bueno será que, además de nuestros amigos, tengamos una

persona de mayor experiencia humana y espiritual a quien podamos acudir en
busca de consejo en las dudas y problemas que afectan a nuestro camino
interior.
El verdadero amigo, fiel en todas las circunstancias, es un tesoro de
incalculable valor. Entre los amigos ha de existir una confianza y un amor
mutuo, que los ha de hacer cada día mejor, advirtiéndose mutuamente los
defectos y ayudándose a corregirlos. La benéfica influencia de la amistad se
dejará notar esencialmente en medio de las adversidades; el verdadero amigo
permanece más unido que nunca en el momento de la adversidad, y, con el
ánimo que le infunde y su desinteresada ayuda, es su mejor consuelo y tal vez
único sostén. Los justos, fieles a Dios en todas las circunstancias, lo son
también al amigo, y sólo ellos permanecen fieles a la amistad en la desventura
del amigo. Su fidelidad maravillará al amigo, que, a su vez, se esmerará en
imitarla, con lo que existirá entre ellos la más noble y sincera amistad.
En el cristianismo, la amistad se considera una virtud en cuanto refleja el
amor de Jesús por todas las personas, sin distinción. En los Evangelios se le
llama “amigo de publicanos y pecadores”3
Se dirige a los discípulos llamándolos “amigos”4
.Con esto se pone de manifiesto la fidelidad del Dios de
Jesús, que tiene una disposición benévola frente al ser humano pecador e
interpreta esta relación como amistad.

  1. ¿Cómo vivió la amistad Carlos de Foucauld?,
    Nos vamos a fijar ahora en la actitud amistosa que tuvo Carlos de Foucauld en
    los últimos doce años de su vida, cuando vivió su auténtico Nazaret en medio
    de los tuareg, es decir, desde que llegó a Tamanrasset el año 1904, hasta que
    murió en su pueblo de adopción el 1º de diciembre de 1916.
    2.1Una relación amical de vecindad
    El año 1911, Carlos de Foucauld después de pasar cinco meses en la ermita
    del Asekrem, al regresar a Tamanrasset lo primero que hace es atender a las personas que encuentra todos los días. El día de Navidad escribe a su prima María de Bondy:he establecido no solamente conocimiento, sino también amistad con las poblaciones nómadas que he encontrado. Desde mí vuelta aquí, mi vida transcurre rezando al buen Dios y recibiendo uno tras otro a todos mis vecinos. Hacía falta que viese a todos mis pobres vecinos, que comienzan a ser viejos amigos, pues llevo aquí ya siete años en Tamanrasset.En una carta fechada el 6 diciembre de este mismo año, Foucauld comenta al padre Voillard, su nuevo director espiritual, después de la muerte del padre Huvelin el año 1910:Los tuareg tienen el carácter de nuestros agricultores franceses, como los mejores de nuestros paisanos. Como estos, son trabajadores, prudentes,ahorradores, enemigos de las novedades y llenos de desconfianza hacia las personas y las cosas desconocidas.Después expone su plan de acción:Suspiro por el día en que los instrumentos necesarios para la evangelización terminen, como son el léxico, la gramática, la traducción de los santos evangelios y algunas otras partes de los Libros santos, para poder dedicar mucho más tiempo a ver a las personas y no limitar su amistad, sino hablar más, de lo que hago ahora, del buen Dios y de Jesús. Hacen falta todavía cuatro años más para terminar estos medios. Este retraso no es un mal. Las personas estarán mejor preparadas, tendrán más confianza. Con personassin ningún espíritu crítico, no se puede actuar más que por autoridad; hace falta tiempo para adquirir esto; es el don de Jesús el que lo hace todo, pero, si bien sólo hay que contar con esto, hace falta también encontrar los medios que nos parezcan más adecuados.Como buen pastor de almas, busca los medios más convenientes para llevar el mensaje evangélico a sus amigos tuareg. Siete meses más tarde, el 12 de julio de 1912, en otra carta al padre Voillard volverá sobre el tema de la “autoridad”:La confianza que me dispensan los tuareg vecinos va en aumento; los viejos amigos cada vez son más íntimos; se forman nuevas amistades.¿Y qué hace Foucauld? Hago los servicios que puedo, tratando de mostrar que les quiero; cuando la ocasión parece favorable, les hablo de la religión natural, de los mandamientos de Dios, de su amor, de la unión a Su voluntad,del amor al prójimo. No creo que haya que ir rápido: esto les alejaría.5Ignorantes como son, sólo pueden recibir el Evangelio por autoridad;pero, ¿qué autoridad es necesaria para que la acepten y rechacen la que conocen, aman y veneran?: una autoridad que sólo se puede conseguir después de un largo tiempo, gracias a un contacto íntimo, una gran virtud y labendición divina.Se trata, ciertamente, de una autoridad moral y no de una coacción; de una ascendencia espiritual y no de una presión psicológica. Foucauld se referirá a su propia conversión, a la influencia que ejerció sobre él, en aquel momento, su prima María, “por su silencio, su amabilidad, su bondad”. “Ella era buena y expandía su perfume atrayendo, pero sin actuar”, son palabras del hermano Carlos. En la meditación del 8 de noviembre de 1897, cuando era sirviente delas Clarisas de Nazaret, donde relata su conversión, explica que “llegó a la verdad gracias a la bondad de esta persona”, refiriéndose a su prima. Se decía:“Si esta persona es inteligente, la religión en la que cree no debe ser una locura como pensaba”. Esta no-acción de María de Bondy, su bondad silenciosa, es para él un modelo, el modelo que debe y quiere seguir para la conversión de sus hermanos tuareg, el modelo que propone a aquellos y aquellas que tengan el deseo de consagrarse a la evangelización. María de Bondy había dejado tiempo para hacer su obra, y Foucauld cree en el trabajo del tiempo: “Es necesario ir lentamente y discretamente” escribe a su prima el 15 agosto de1912.
  2. 2.2 ¿Qué medios utilizó Foucauld para anunciar el Evangelio de Jesús de Nazaret? En el artículo 28 de los Consejos evangélicos, o Directorio, el propio Foucauld nos dice:Los principales medios recomendados a los hermanos y hermanas para la conversión de las almas, y particularmente para las de los infieles de las colonias de su patria son: 1º el santo sacrificio de la misa; 2º la presencia de la sagrada eucaristía; 3º la santificación personal; 4º la oración; 5º la penitencia; 6º el buen ejemplo; 7º la bondad; 8º el establecimiento de relaciones de amistad con las personas, con el constante deseo de hacer e lbien a sus almas; 9º la ayuda prestada a los sacerdotes, religiosos y religiosas que trabajan para la salvación de las almas fuera del lugar en que se está, y particularmente de los que entre ellos trabajan en la conversión de los infieles de las colonias de la madre patria.¿Qué entiende Foucauld por infieles? Foucauld distingue entre “cristianos”,“infieles” e “incrédulos”. En 1908, durante la estancia de seis meses del Dr.Dautheville en Tamanrasset, le dice: “Tu eres protestante. Teissère es incrédulo. Los tuaregs son musulmanes. Estoy persuadido de que Dios nos recibirá a todos si lo merecemos”. Teissère es un “incrédulo”, un ateo; Dautheville es un “cristiano”; los tuareg son “infieles”, es decir personas religiosas que tienen otra confesión diferente a la fe cristiana. Foucauld, a finales de 1913, precisa bien que no son infieles “los no bautizados de Europa,los ateos de Europa o de América”. El quiere limitar su misión a los infieles, en concreto a los infieles de las colonias francesas. Pero piensa también en los“no bautizados de Europa” y en los “ateos” que se encuentran en Francia. Por eso escribe: “Hay que ser misionero en Francia como se es en país infiel y esto tiene que ser obra de todos, eclesiásticos y laicos, hombres y mujeres”. Y en una carta enviada a su amigo Joseph Hours el 8 de septiembre de 1913,expone para las misiones de Francia con los incrédulos y ateos los mismos métodos que ha preconizado para los países infieles de ultramar: “la amistad,la confianza, la simplicidad y, la moderación en nuestra vida”.Constata como las religiones no cristianas son resistentes y habla frecuentemente de las “dificultades” que se pueden encontrar en la evangelización de todos estos seres profundamente religiosos. A Mons. Caron,obispo de la congregación de los Padres Blancos, el 11 de marzo de 1909 ya le había manifestado lo siguiente: “La conversión de los infieles es a menudo difícil”, y un año antes, el 1º de febrero de 1908, ya le había dicho al superior de los Padres Blancos, Mons. Levinhac, que el trabajo pedirá mucho tiempo:“Pasarán quizás siglos entre los primeros golpes de pico y la cosecha”.
  3. 2.3 Preparar el terreno por la bondad Cuando Foucauld habla que quizá tendrán que pasar siglos, como quer iendoindicar “largo tiempo”, para que brote la fe cristiana, hay que recordar lo que le expuso a su amigo Joseph Hours sobre “los medios a emplear para la evangelización” en su carta del 25 de noviembre de 1911: “Lo primero preparar el terreno en silencio por la bondad”. En concreto su carta dice así:Primeramente, preparar el terreno en silencio por la bondad, un contacto íntimo, el buen ejemplo; entrar en relación, hacerse conocer de ellos y conocerlos; amarlos desde lo hondo del corazón, hacerse estimar y amar de ellos; destruir de este modo los prejuicios, obtener confianza, ganar autoridad, que requiere tiempo; luego hablar especialmente a los mejor dispuestos, muy prudentemente, poco apoco, diversamente, dando a cada uno lo que es capaz de recibir. Los tuareg son incapaces de discutir. La fe, con la ayuda de la gracia, nada más puede nacer en ellos, gracias a la autoridad que se tenga sobre ellos y del testimonio de las virtudes cristianas practicadas delante de ellos. Antes de hablarles del dogma cristiano, hay que hablarles de religión natural, llevarlos al amor de Dios, al acto de amor perfecto.Cuando sean capaces de hacer actos de amor perfecto y de pedir a Dios de todo corazón la luz, estarán muy cerca de convertirse. Cuando vean que los cristianos son hombres más virtuosos que ellos, más sabios que ellos, que hablan de Dios mejor que ellos, estarán muy cerca de decirse a sí mismos que acaso estos hombres no están en el error, y de pedir a Dios la luz.Los términos “preparar el terreno” y la “bondad” van juntos: la bondad es silenciosa y el silencio es una paciencia que manifiesta la bondad, es decir, la voluntad de respetar al otro, de no intervenir con violencia contra su voluntad.Se trata de una bondad sin “ideología”, que es el punto más alto al que puede llegar el espíritu humano. Una bondad que crea la fraternidad, no una bondad“interesada” o “instrumentalizada” para conseguir conversiones. Foucauld no va tras el triunfo de una causa, sino que practica la bondad. Esta bondad marcó mucho a su amigo y discípulo Luis Massignon, que en un artículo titulado “Las delicadas invenciones surgidas de la ingeniosa bondad de Foucauld” (Vie espirituelle, febrero 1922, 43) nos habla de su delicadeza inexpresable: Él no pedía, no reclamaba nada, vigilaba,esperaba la hora de la gracia, evitando no herir a ninguna persona, no molestar a nadie aunque sea ligeramente. Recuerdo el gesto rápido, afectuoso y discreto, con el que levantó, delante de mi, a un joven musulmán que había resbalado, una imagen de piedad de un buen sacerdote acostumbrado a la bondad.8El padre Huvelin le había invitado especialmente a esta evangelización por la bondad. Veamos lo que dice en su carnet de notas, que escribió en Tamanrasset, en una página que lleva por título: “Lo que me ha dicho el padre Huvelin en mi viaje a Francia en 1909”:Mi apostolado debe ser el apostolado de la bondad. Viéndome se deben decir: ‘Si este hombre es bueno, su religión debe ser buena. Si se me pregunta porqué soy dulce y bueno, debo decir: ‘Porque soy el servidor de alguien más bueno que yo. Si supieses como es de bueno mi Maestro JESÚS! Quisiera ser tan bueno que se pudiese decir: ¿Si así es el servidor,cómo debe ser el Maestro?Estas palabras Foucauld las entendía bien, pues el padre Huvelin y su prima María habían actuado con él antes de su conversión con la misma bondad silenciosa: podía dar testimonio de que había sido esta mediación la que le había conducido a Dios.A finales de 1911, cuando Foucauld invita a Massignon a pasar con él algunos meses en el Sahara, y sabiendo que este joven era un recién y ardoroso convertido, le da este programa de actuación: “Harás amistad con lapoblación, no les hablarás del dogma, pero te dejarás querer por ellos y serás el amigo de todos”.Es interesante notar la siguiente apreciación sobre Foucauld que hace su amigo Laperrin, cuando en octubre de 1913 publica en la Revue de l’École de cavalerie de Saumur, un artículo sobre Foucauld titulado Las etapas de la conversión de un Houzard, habla de la bondad de Foucauld pero sin omitir su firmeza: “Daría una imagen falsa de su carácter si no puntualizo. Su indulgencia tenía límites cuando se trata de gente deshonesta, de gente que abusa de los débiles con la fuerza. Entonces surgía su indignación”.2.4 ¿Fue Foucauld un misionero?

A partir de 1908 ya de una manera muy clara Foucauld se ve a sí mismo
misionero. No era un monje “escondido” en tierra de misión. La palabra
“escondido” Foucauld, no lo utiliza nunca. Él es un misionero. Y si hay una real
novedad en él, no lo es por “una nueva especie de monje”, sino por una nueva
especie de misionero, o misionero de una especie rara. En una carta suya del
29 de julio de 1916, cuatro meses antes de su muerte, le dice a René Bazín:
Normalmente, cada misión comporta varios sacerdotes, al menos dos o tres;
comparten el trabajo, que consiste principalmente en las relaciones con los
indígenas (visitarlos y recibir visitas); obras de beneficencia (limosnas,
dispensario); obras de educación (escuelas para los niños, escuelas de
noche para los adultos, talleres para los adolescentes); ministerio parroquial
(para los conversos y aquellos que quieran instruirse sobre la religión
cristiana). No estoy en situación de describiros esta vida que no es la mía,
pues estoy solo en medio de poblaciones diseminadas y alejadas de espíritu
y de corazón. Los misioneros aislados como yo son muy raros: Su rol es
preparar el camino, para que los misioneros que lo reemplacen encuentren
una población amiga y confiada, almas de algún modo preparadas para el
cristianismo, y, si se puede, algunos cristianos. Usted ha escrito en parte sus
deberes en su artículo “El más grande servicio” (L’Écho de Paris, 22 de enero
de 1916). Hay que dejarse aceptar por los musulmanes, llegar a ser para
ellos el amigo seguro a quien se va a encontrar cuando se está en la duda o
en la pena, contando con el afecto, la sabiduría y la justicia de éste.
Solamente cuando se llega a este punto se puede hacer el bien a sus almas.
Inspirar una confianza absoluta en nuestra veracidad, en la rectitud de
nuestro carácter y en nuestra instrucción superior, dar una idea de nuestra
religión por nuestra bondad y nuestras virtudes, mantener relaciones
afectuosas con tantas almas como sea posible, musulmanas o cristianas,
indígenas o francesas, es nuestro primer deber; y no es después de haberlo
cumplido bien y por mucho tiempo, que se puede hacer el bien. Mi vida
consiste, pues, en estar en relación lo más posible con los que me rodean y
hacer los servicios que puedo. A medida que la intimidad se establece,
hablando cara a cara del buen Dios, hay que dar a cada uno lo que pueda
asumir para dejar el pecado; para realizar un acto de amor perfecto, un acto
de arrepentimiento perfecto; tomar conciencia de los dos grandes
mandamientos del amor a Dios y al prójimo; el examen de conciencia; la
meditación de los fines últimos; como criaturas pensar en Dios, etc., dando a
cada uno según sus fuerzas y avanzando lentamente, prudentemente
”.
Y en este momento de la carta Foucauld define su vida:
Hay pocos misioneros aislados que hagan el oficio de desbrozador; quisiera
que hubiese muchos: todo sacerdote de Argelia, de Túnez o de Marruecos,
todo capellán militar, todo piadoso católico laico (según el ejemplo de Priscila
y Aquila) podrían serlo. El gobierno prohíbe a los sacerdotes seculares,
como es el propio Foucauld, hacer propaganda anti-musulmana; pero se
trata de la propaganda abierta y más o menos ruidosa; las relaciones
amícales con muchos indígenas, tendiendo a llevar lentamente, dulcemente,
silenciosamente a los musulmanes a aproximarse a los cristianos, que han
llegado a ser sus amigos, no las puede impedir nadie. Todo sacerdote de
nuestras colonias podría esforzarse en formar a sus parroquianos en ser
Priscila y Aquila”.

  1. La amistad un camino para la evangelización
    Para Foucauld, como dice en el Art. 28 del Directorio, los seguidores de Jesús
    deben ser un “quinto Evangelio,
    una predicación viva: cada uno de ellos tiene que ser un modelo de vida
    evangélica. Viéndoles, se debe ver en qué consiste la vida cristiana, que es
    la religión cristiana, lo que es el Evangelio, quien es Jesús…deben ser un
    Evangelio vivo: las personas alejadas de Jesús, especialmente los infieles,
    deben, sin libros ni palabras, conocer el Evangelio por su manera de vivir.
    Es decir, cada uno de nosotros tiene que ser como un “quinto evangelio”,
    anunciando con su vida a Jesús. Esta manera de actuar es no actuar, la cima
    del respeto por el otro; este es el modo que preconiza Foucauld ante los otros
    métodos:
    Esta acción por el ejemplo es más fuerte, pues no genera desconfianza, ya que
    toda apariencia de engaño o de seducción desaparece. ¿En qué se caracteriza
    este ejemplo? En la bondad: Esta bondad hay que tenerla para todo el mundo.
    Estamos delante de la concepción esencial de la misión para Foucauld:
    Predicar con el ejemplo, pasar haciendo el bien como Jesús de Nazaret. El
    deseo más ardiente de Foucauld es la multiplicación de “desbrozadores”.
    Foucauld se centra, antes que nada y principalmente, en la transformación
    personal que debe llevar a cabo cada uno en su propia vida.
    En el Artículo XXVIII del Directorio se nos recuerda:
    «Se hace el bien, no en la medida de lo que se dice y de lo que se hace, sino
    en la medida de lo que se es, en la medida del amor que acompaña nuestros
    actos, en la medida en que Jesús vive en nosotros, en la medida en que
    nuestros actos son actos de Jesús obrando en nosotros y por nosotros…La
    persona hace el bien en la medida de su santidad: tengamos siempre
    presente esta verdad
    ”.
    Y cuando, a continuación Foucauld analiza el punto de la “bondad” dice entre
    otras cosas:
    «Por su ejemplo los seguidores de Jesús de Nazaret deben ser una viva
    predicación: cada uno de ellos debe ser un modelo de vida evangélica. Al
    verlos se debe apreciar lo que es la vida cristiana, lo que es la religión
    cristiana, lo que es el Evangelio, lo que es Jesús.

    Y continúa:
    El ejemplo es la única obra exterior mediante la cual pueden obrar sobre las
    almas completamente rebeldes a Jesús, que no quieren escuchar las
    palabras de sus servidores, ni leer sus libros, ni recibir sus bendiciones, ni
    aceptar su amistad, ni comunicar de ningún modo con ellos; sobre aquellas
    no cabe más acción que por el ejemplo; pero esta acción por el ejemplo es
    tanto más fuerte cuanto no suscita ninguna desconfianza, quedando apartada
    toda apariencia de engaño o de seducción
    ”.
    Por esto Jacques Maritain nos recuerda que:
    «un acto de verdadera bondad, el menor acto de verdadera bondad es, a decir
    verdad, la mejor prueba de la existencia de Dios. Pero nuestra inteligencia
    está demasiado agobiada por nociones etiquetadas para poderlo ver.
    Entonces lo creemos por el testimonio de aquellos en quienes la verdadera
    bondad irradia de manera que nos maravilla
    «.(Cf. J. MARITAIN, Approches a
    Dieu, París 1953).
    En la carta de 1º de mayo de 1912, que Foucauld envía a Massignon,
    expone, de una manera breve lo esencial de su espiritualidad:
    «Es amando a las personas que aprendemos a amar a Dios. La manera de
    adquirir la caridad en relación con Dios es practicándola con las personas». Y
    afirma su convicción profunda: Se muy bien a lo que Dios llama a todos los
    cristianos, hombres y mujeres, sacerdotes o laicos, célibes o casados: a ser
    apóstoles, apóstoles por el ejemplo, por la bondad, por un contacto bienhechor,
    por un afecto que llama al retorno y que conduce a Dios, apóstoles ya como
    Pablo, ya como Priscila y Aquila, pero siempre apóstoles».


    El 28 de noviembre de 1916, tres días antes de su muerte, Foucauld
    termina la copia de las Poesías tuareg que había recogido (210 poesías, entre
    las 575 de la edición original de dos tomos (1925, 1930), que han sido
    publicadas por Albin Michel en 1977, con introducción de Dominique Casajus,
    bajo el título: Charles de Foucauld, Chants touaregs). Vive entre dos polos: los
    encuentros de amistad con los tuareg y los trabajos sobre la lengua tuareg. No
    quiere sacrificar ni una cosa ni otra. A su prima le hace la siguiente confidencia:
    «Mis amigos tuareg son agradecidos, afectuosos; por este lado estoy contento;
    pero haría falta poder ocuparme más de ellos, ir a verlos, consagrarles todo mi
    tiempo. Deseo terminar mis trabajos de lengua, necesarios también, y que
    deben ser hechos lo primero
    ” (LMB, 15 agosto 1912). Los trabajos lingüísticos
    son para Foucauld un trabajo que vale por si mismo. A medida que avanza y
    profundiza en el objeto mismo de su trabajo, cada vez más este trabajo le
    aparece como una realidad que vale por si misma y no como un paso para la
    evangelización. Para Foucauld el trabajo científico tiene una seriedad extrema
    y pide consagrarse enteramente. El hecho de que durante diez años Foucauld
    trabaje en la lengua de los tuareg nos da una idea de su concepción de la
    reciprocidad en la amistad, pues indica que apreciaba los valores de los tuareg
    y su sabiduría. Esta es la razón por la que le dice en una carta a Massignon, el
    8 de septiembre de 1909: “busco a una persona que realice un estudio
    lingüístico, arqueológico, sociológico, histórico del país de los tuareg”,
    añadiendo que “este estudio pide unos treinta años. Científicamente esto
    tendrá un interés máximo
    ”. Si estos trabajos son tan esenciales para él, es
    porque podrán permitir a la población tuareg acceder en primer lugar y ante
    todo a la “instrucción”; ya que el nivel cultural de las poblaciones en las que
    vive es muy bajo, pues tiene la convicción de la fundamental igualdad
    intelectual de todo grupo humano. Para Foucauld se trata de una especie de
    confianza primera en la capacidad racional de todo ser humano y la necesidad
    de instrucción, pues el desarrollo de la inteligencia, lejos de impedir la fe, es un
    puente para acceder a ella. Del mismo modo, el desarrollo de una moral natural
    y de una religión natural le parece también como una apertura para la fe
    cristiana.
    Después de todo lo expuesto hasta aquí podemos afirmar que
    verdaderamente la amistad es una categoría teológica y evangelizadora
    vivida por Carlos e Foucauld y todos sus seguidores, que tienen que vivir
    en sus carnes la tensión de que, por un lado, todos los pueblos de la tierra
    tienen sus propios medios de acceso a Dios y que al final de nuestros días
    a todos se nos juzgará por el bien o el mal que hayamos cometido, pero,
    por otro lado, somos enviados por el Espíritu de Jesús a que se conozca y
    se pueda vivir, en la comunidad de sus seguidores, su mensaje de vida y
    amor hasta extremos insospechados. Ciertamente que hay muchos
    medios de acceso a Dios, pero el de la amistad desinteresada, probada
    por el testimonio de vida, es el medio privilegiado para una auténtica
    evangelización.

1 P. LAÍN ENTRALGO, Teoría y realidad del otro, Madrid, 1983, p. 337.

2 TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica II-III, q.25, a7.

3 Mt 11, 19 y Lc 7, 34
4 Lc 12,4; Jn 15, 14s.