
Decir “evangelio” es proclamar una Buena Noticia. Y decir “Evangelio de la
amistad” es afirmar de una manera rotunda que el camino de la amistad es una
Buena Noticia para vivir ya ahora en el Reino de Dios. Pero, ¿Qué es eso a lo
que llamamos amistad?, ¿cómo vivió la amistad Carlos de Foucauld?, ¿es la
amistad un camino para la evangelización?
- ¿A qué llamamos amistad?
La amistad es una forma de amor y el amor va de dentro a fuera. Toda amistad
supone amor, pero no todo amor supone amistad, que es un don que necesita
ser aceptado. El amor, como el ser de la persona es dialógico, ya que se dirige
hacia otra persona para plenificarse. El ser humano se reconoce como un yo a
través de un tu, y encuentra su justa dimensión en un nosotros. Cada vez que
se constituye una nueva amistad, un “nosotros”, la otra persona forma parte de
mi ser. Llevamos dentro de nosotros, en nuestra conciencia, a nuestros
amigos. Y la Conciencia en mayúscula, que es Dios y que está en lo más
profundo de nuestra realidad, reúne a todos los amigos, que viven del amor, en
su Reino.
Una persona egoísta no puede tener amigos. Podrá tener relaciones
interesadas o personas a quienes quiera por placer, pero no personas amigas.
La amistad no interesada presupone un vaciamiento para que pueda entrar la
otra persona en nosotros y se cree una intimidad común. Propiamente hablado
solamente pueden tener amigos de verdad las personas buenas, las que se
han vaciado de su yo y han dejado brotar en su ser la gracia de Dios, su
Presencia amorosa. En esa comunión de vida se integran los amigos. Así, la
amistad es la disposición de la persona que consiste en obrar con facilidad y
alegría el bien de la persona amiga. Nace como sentimiento y alcanza después
su plena verdad al ser querida y cultivada la amistad como forma de amor.
La condición previa a toda amistad es el conocimiento mutuo. Muchas
personas hablan de sus amigos y apenas los conocen. ¿Cómo podríamos
amar a la persona amiga si no la conocemos? Pedro Laín Entralgo nos dice
como debemos relacionarnos con la persona amiga:
Cuando el otro me es tú, debo acercarme a él y decirle, como un penitente: “No
basta que Dios te hay creado, no basta que tus padres te hayan traído al
mundo: es también necesario que yo te haga existir. Tú dependes de mí; tú,
que cuando yo me doy a ti pareces depender de mí. Y si tu persona no echa
raíces en la mía, si yo no la planto en mi corazón, si no la cultivo en mi razón, si
ella no florece en mis acciones, aunque esté contenida en esa Imagen divina
en la que estoy inscrito, no está en parte alguna”1
.
Y Santo Tomás de Aquino nos dice los cinco efectos de la amistad: El
amigo quiere que su amigo sea y viva; quiere su bien; se porta bien con él y lo
trata bien; convive con él gustosamente; comparte los sentimientos, en las
alegrías y en las tristezas2
.Antes de confiarse a una persona amiga se ha de
poner a prueba su fidelidad, y ésta se manifiesta con la abnegación para con el
amigo, permaneciendo a su lado en medio de la adversidad. El amigo cierto se
manifiesta en las situaciones inciertas. Y es que hay amigos que no buscan en
la amistad más que su propio provecho, y por eso permanecen tales en el día
de la prosperidad, presentándose incluso como el mejor amigo, pero
abandonan en el día de la adversidad, cuando ya no pueden percibir beneficio
alguno de la amistad; son compañeros en la mesa, pero no en la desgracia. No
es raro que tales amigos, por cualquier motivo, se conviertan en enemigos, y
entonces, cuanto más íntima y confidencial fue la amistad con estas personas,
tanto mayor será el mal que tal vez tengamos que sufrir, pues conocen más a
fondo nuestros defectos y los podrán descubrir a los demás. Si bien se han de
mantener relaciones amistosas con las personas, sólo a los amigos de fidelidad
probada, se debe manifestar nuestra intimidad a fin de recibir consejo, ya que
la amistad íntima supone una unión y compenetración de afectos que no es
posible con muchos, y una confianza y lealtad que no siempre se encuentra.
San Francisco de Sales aplica esta sentencia a la elección de un consejero
espiritual. Bueno será que, además de nuestros amigos, tengamos una
persona de mayor experiencia humana y espiritual a quien podamos acudir en
busca de consejo en las dudas y problemas que afectan a nuestro camino
interior.
El verdadero amigo, fiel en todas las circunstancias, es un tesoro de
incalculable valor. Entre los amigos ha de existir una confianza y un amor
mutuo, que los ha de hacer cada día mejor, advirtiéndose mutuamente los
defectos y ayudándose a corregirlos. La benéfica influencia de la amistad se
dejará notar esencialmente en medio de las adversidades; el verdadero amigo
permanece más unido que nunca en el momento de la adversidad, y, con el
ánimo que le infunde y su desinteresada ayuda, es su mejor consuelo y tal vez
único sostén. Los justos, fieles a Dios en todas las circunstancias, lo son
también al amigo, y sólo ellos permanecen fieles a la amistad en la desventura
del amigo. Su fidelidad maravillará al amigo, que, a su vez, se esmerará en
imitarla, con lo que existirá entre ellos la más noble y sincera amistad.
En el cristianismo, la amistad se considera una virtud en cuanto refleja el
amor de Jesús por todas las personas, sin distinción. En los Evangelios se le
llama “amigo de publicanos y pecadores”3
Se dirige a los discípulos llamándolos “amigos”4
.Con esto se pone de manifiesto la fidelidad del Dios de
Jesús, que tiene una disposición benévola frente al ser humano pecador e
interpreta esta relación como amistad.
- ¿Cómo vivió la amistad Carlos de Foucauld?,
Nos vamos a fijar ahora en la actitud amistosa que tuvo Carlos de Foucauld en
los últimos doce años de su vida, cuando vivió su auténtico Nazaret en medio
de los tuareg, es decir, desde que llegó a Tamanrasset el año 1904, hasta que
murió en su pueblo de adopción el 1º de diciembre de 1916.
2.1Una relación amical de vecindad
El año 1911, Carlos de Foucauld después de pasar cinco meses en la ermita
del Asekrem, al regresar a Tamanrasset lo primero que hace es atender a las personas que encuentra todos los días. El día de Navidad escribe a su prima María de Bondy:he establecido no solamente conocimiento, sino también amistad con las poblaciones nómadas que he encontrado. Desde mí vuelta aquí, mi vida transcurre rezando al buen Dios y recibiendo uno tras otro a todos mis vecinos. Hacía falta que viese a todos mis pobres vecinos, que comienzan a ser viejos amigos, pues llevo aquí ya siete años en Tamanrasset.En una carta fechada el 6 diciembre de este mismo año, Foucauld comenta al padre Voillard, su nuevo director espiritual, después de la muerte del padre Huvelin el año 1910:Los tuareg tienen el carácter de nuestros agricultores franceses, como los mejores de nuestros paisanos. Como estos, son trabajadores, prudentes,ahorradores, enemigos de las novedades y llenos de desconfianza hacia las personas y las cosas desconocidas.Después expone su plan de acción:Suspiro por el día en que los instrumentos necesarios para la evangelización terminen, como son el léxico, la gramática, la traducción de los santos evangelios y algunas otras partes de los Libros santos, para poder dedicar mucho más tiempo a ver a las personas y no limitar su amistad, sino hablar más, de lo que hago ahora, del buen Dios y de Jesús. Hacen falta todavía cuatro años más para terminar estos medios. Este retraso no es un mal. Las personas estarán mejor preparadas, tendrán más confianza. Con personassin ningún espíritu crítico, no se puede actuar más que por autoridad; hace falta tiempo para adquirir esto; es el don de Jesús el que lo hace todo, pero, si bien sólo hay que contar con esto, hace falta también encontrar los medios que nos parezcan más adecuados.Como buen pastor de almas, busca los medios más convenientes para llevar el mensaje evangélico a sus amigos tuareg. Siete meses más tarde, el 12 de julio de 1912, en otra carta al padre Voillard volverá sobre el tema de la “autoridad”:La confianza que me dispensan los tuareg vecinos va en aumento; los viejos amigos cada vez son más íntimos; se forman nuevas amistades.¿Y qué hace Foucauld? Hago los servicios que puedo, tratando de mostrar que les quiero; cuando la ocasión parece favorable, les hablo de la religión natural, de los mandamientos de Dios, de su amor, de la unión a Su voluntad,del amor al prójimo. No creo que haya que ir rápido: esto les alejaría.5Ignorantes como son, sólo pueden recibir el Evangelio por autoridad;pero, ¿qué autoridad es necesaria para que la acepten y rechacen la que conocen, aman y veneran?: una autoridad que sólo se puede conseguir después de un largo tiempo, gracias a un contacto íntimo, una gran virtud y labendición divina.Se trata, ciertamente, de una autoridad moral y no de una coacción; de una ascendencia espiritual y no de una presión psicológica. Foucauld se referirá a su propia conversión, a la influencia que ejerció sobre él, en aquel momento, su prima María, “por su silencio, su amabilidad, su bondad”. “Ella era buena y expandía su perfume atrayendo, pero sin actuar”, son palabras del hermano Carlos. En la meditación del 8 de noviembre de 1897, cuando era sirviente delas Clarisas de Nazaret, donde relata su conversión, explica que “llegó a la verdad gracias a la bondad de esta persona”, refiriéndose a su prima. Se decía:“Si esta persona es inteligente, la religión en la que cree no debe ser una locura como pensaba”. Esta no-acción de María de Bondy, su bondad silenciosa, es para él un modelo, el modelo que debe y quiere seguir para la conversión de sus hermanos tuareg, el modelo que propone a aquellos y aquellas que tengan el deseo de consagrarse a la evangelización. María de Bondy había dejado tiempo para hacer su obra, y Foucauld cree en el trabajo del tiempo: “Es necesario ir lentamente y discretamente” escribe a su prima el 15 agosto de1912. - 2.2 ¿Qué medios utilizó Foucauld para anunciar el Evangelio de Jesús de Nazaret? En el artículo 28 de los Consejos evangélicos, o Directorio, el propio Foucauld nos dice:Los principales medios recomendados a los hermanos y hermanas para la conversión de las almas, y particularmente para las de los infieles de las colonias de su patria son: 1º el santo sacrificio de la misa; 2º la presencia de la sagrada eucaristía; 3º la santificación personal; 4º la oración; 5º la penitencia; 6º el buen ejemplo; 7º la bondad; 8º el establecimiento de relaciones de amistad con las personas, con el constante deseo de hacer e lbien a sus almas; 9º la ayuda prestada a los sacerdotes, religiosos y religiosas que trabajan para la salvación de las almas fuera del lugar en que se está, y particularmente de los que entre ellos trabajan en la conversión de los infieles de las colonias de la madre patria.¿Qué entiende Foucauld por infieles? Foucauld distingue entre “cristianos”,“infieles” e “incrédulos”. En 1908, durante la estancia de seis meses del Dr.Dautheville en Tamanrasset, le dice: “Tu eres protestante. Teissère es incrédulo. Los tuaregs son musulmanes. Estoy persuadido de que Dios nos recibirá a todos si lo merecemos”. Teissère es un “incrédulo”, un ateo; Dautheville es un “cristiano”; los tuareg son “infieles”, es decir personas religiosas que tienen otra confesión diferente a la fe cristiana. Foucauld, a finales de 1913, precisa bien que no son infieles “los no bautizados de Europa,los ateos de Europa o de América”. El quiere limitar su misión a los infieles, en concreto a los infieles de las colonias francesas. Pero piensa también en los“no bautizados de Europa” y en los “ateos” que se encuentran en Francia. Por eso escribe: “Hay que ser misionero en Francia como se es en país infiel y esto tiene que ser obra de todos, eclesiásticos y laicos, hombres y mujeres”. Y en una carta enviada a su amigo Joseph Hours el 8 de septiembre de 1913,expone para las misiones de Francia con los incrédulos y ateos los mismos métodos que ha preconizado para los países infieles de ultramar: “la amistad,la confianza, la simplicidad y, la moderación en nuestra vida”.Constata como las religiones no cristianas son resistentes y habla frecuentemente de las “dificultades” que se pueden encontrar en la evangelización de todos estos seres profundamente religiosos. A Mons. Caron,obispo de la congregación de los Padres Blancos, el 11 de marzo de 1909 ya le había manifestado lo siguiente: “La conversión de los infieles es a menudo difícil”, y un año antes, el 1º de febrero de 1908, ya le había dicho al superior de los Padres Blancos, Mons. Levinhac, que el trabajo pedirá mucho tiempo:“Pasarán quizás siglos entre los primeros golpes de pico y la cosecha”.
- 2.3 Preparar el terreno por la bondad Cuando Foucauld habla que quizá tendrán que pasar siglos, como quer iendoindicar “largo tiempo”, para que brote la fe cristiana, hay que recordar lo que le expuso a su amigo Joseph Hours sobre “los medios a emplear para la evangelización” en su carta del 25 de noviembre de 1911: “Lo primero preparar el terreno en silencio por la bondad”. En concreto su carta dice así:Primeramente, preparar el terreno en silencio por la bondad, un contacto íntimo, el buen ejemplo; entrar en relación, hacerse conocer de ellos y conocerlos; amarlos desde lo hondo del corazón, hacerse estimar y amar de ellos; destruir de este modo los prejuicios, obtener confianza, ganar autoridad, que requiere tiempo; luego hablar especialmente a los mejor dispuestos, muy prudentemente, poco apoco, diversamente, dando a cada uno lo que es capaz de recibir. Los tuareg son incapaces de discutir. La fe, con la ayuda de la gracia, nada más puede nacer en ellos, gracias a la autoridad que se tenga sobre ellos y del testimonio de las virtudes cristianas practicadas delante de ellos. Antes de hablarles del dogma cristiano, hay que hablarles de religión natural, llevarlos al amor de Dios, al acto de amor perfecto.Cuando sean capaces de hacer actos de amor perfecto y de pedir a Dios de todo corazón la luz, estarán muy cerca de convertirse. Cuando vean que los cristianos son hombres más virtuosos que ellos, más sabios que ellos, que hablan de Dios mejor que ellos, estarán muy cerca de decirse a sí mismos que acaso estos hombres no están en el error, y de pedir a Dios la luz.Los términos “preparar el terreno” y la “bondad” van juntos: la bondad es silenciosa y el silencio es una paciencia que manifiesta la bondad, es decir, la voluntad de respetar al otro, de no intervenir con violencia contra su voluntad.Se trata de una bondad sin “ideología”, que es el punto más alto al que puede llegar el espíritu humano. Una bondad que crea la fraternidad, no una bondad“interesada” o “instrumentalizada” para conseguir conversiones. Foucauld no va tras el triunfo de una causa, sino que practica la bondad. Esta bondad marcó mucho a su amigo y discípulo Luis Massignon, que en un artículo titulado “Las delicadas invenciones surgidas de la ingeniosa bondad de Foucauld” (Vie espirituelle, febrero 1922, 43) nos habla de su delicadeza inexpresable: Él no pedía, no reclamaba nada, vigilaba,esperaba la hora de la gracia, evitando no herir a ninguna persona, no molestar a nadie aunque sea ligeramente. Recuerdo el gesto rápido, afectuoso y discreto, con el que levantó, delante de mi, a un joven musulmán que había resbalado, una imagen de piedad de un buen sacerdote acostumbrado a la bondad.8El padre Huvelin le había invitado especialmente a esta evangelización por la bondad. Veamos lo que dice en su carnet de notas, que escribió en Tamanrasset, en una página que lleva por título: “Lo que me ha dicho el padre Huvelin en mi viaje a Francia en 1909”:Mi apostolado debe ser el apostolado de la bondad. Viéndome se deben decir: ‘Si este hombre es bueno, su religión debe ser buena. Si se me pregunta porqué soy dulce y bueno, debo decir: ‘Porque soy el servidor de alguien más bueno que yo. Si supieses como es de bueno mi Maestro JESÚS! Quisiera ser tan bueno que se pudiese decir: ¿Si así es el servidor,cómo debe ser el Maestro?Estas palabras Foucauld las entendía bien, pues el padre Huvelin y su prima María habían actuado con él antes de su conversión con la misma bondad silenciosa: podía dar testimonio de que había sido esta mediación la que le había conducido a Dios.A finales de 1911, cuando Foucauld invita a Massignon a pasar con él algunos meses en el Sahara, y sabiendo que este joven era un recién y ardoroso convertido, le da este programa de actuación: “Harás amistad con lapoblación, no les hablarás del dogma, pero te dejarás querer por ellos y serás el amigo de todos”.Es interesante notar la siguiente apreciación sobre Foucauld que hace su amigo Laperrin, cuando en octubre de 1913 publica en la Revue de l’École de cavalerie de Saumur, un artículo sobre Foucauld titulado Las etapas de la conversión de un Houzard, habla de la bondad de Foucauld pero sin omitir su firmeza: “Daría una imagen falsa de su carácter si no puntualizo. Su indulgencia tenía límites cuando se trata de gente deshonesta, de gente que abusa de los débiles con la fuerza. Entonces surgía su indignación”.2.4 ¿Fue Foucauld un misionero?
A partir de 1908 ya de una manera muy clara Foucauld se ve a sí mismo
misionero. No era un monje “escondido” en tierra de misión. La palabra
“escondido” Foucauld, no lo utiliza nunca. Él es un misionero. Y si hay una real
novedad en él, no lo es por “una nueva especie de monje”, sino por una nueva
especie de misionero, o misionero de una especie rara. En una carta suya del
29 de julio de 1916, cuatro meses antes de su muerte, le dice a René Bazín:
Normalmente, cada misión comporta varios sacerdotes, al menos dos o tres;
comparten el trabajo, que consiste principalmente en las relaciones con los
indígenas (visitarlos y recibir visitas); obras de beneficencia (limosnas,
dispensario); obras de educación (escuelas para los niños, escuelas de
noche para los adultos, talleres para los adolescentes); ministerio parroquial
(para los conversos y aquellos que quieran instruirse sobre la religión
cristiana). No estoy en situación de describiros esta vida que no es la mía,
pues estoy solo en medio de poblaciones diseminadas y alejadas de espíritu
y de corazón. Los misioneros aislados como yo son muy raros: Su rol es
preparar el camino, para que los misioneros que lo reemplacen encuentren
una población amiga y confiada, almas de algún modo preparadas para el
cristianismo, y, si se puede, algunos cristianos. Usted ha escrito en parte sus
deberes en su artículo “El más grande servicio” (L’Écho de Paris, 22 de enero
de 1916). Hay que dejarse aceptar por los musulmanes, llegar a ser para
ellos el amigo seguro a quien se va a encontrar cuando se está en la duda o
en la pena, contando con el afecto, la sabiduría y la justicia de éste.
Solamente cuando se llega a este punto se puede hacer el bien a sus almas.
Inspirar una confianza absoluta en nuestra veracidad, en la rectitud de
nuestro carácter y en nuestra instrucción superior, dar una idea de nuestra
religión por nuestra bondad y nuestras virtudes, mantener relaciones
afectuosas con tantas almas como sea posible, musulmanas o cristianas,
indígenas o francesas, es nuestro primer deber; y no es después de haberlo
cumplido bien y por mucho tiempo, que se puede hacer el bien. Mi vida
consiste, pues, en estar en relación lo más posible con los que me rodean y
hacer los servicios que puedo. A medida que la intimidad se establece,
hablando cara a cara del buen Dios, hay que dar a cada uno lo que pueda
asumir para dejar el pecado; para realizar un acto de amor perfecto, un acto
de arrepentimiento perfecto; tomar conciencia de los dos grandes
mandamientos del amor a Dios y al prójimo; el examen de conciencia; la
meditación de los fines últimos; como criaturas pensar en Dios, etc., dando a
cada uno según sus fuerzas y avanzando lentamente, prudentemente”.
Y en este momento de la carta Foucauld define su vida:
“Hay pocos misioneros aislados que hagan el oficio de desbrozador; quisiera
que hubiese muchos: todo sacerdote de Argelia, de Túnez o de Marruecos,
todo capellán militar, todo piadoso católico laico (según el ejemplo de Priscila
y Aquila) podrían serlo. El gobierno prohíbe a los sacerdotes seculares,
como es el propio Foucauld, hacer propaganda anti-musulmana; pero se
trata de la propaganda abierta y más o menos ruidosa; las relaciones
amícales con muchos indígenas, tendiendo a llevar lentamente, dulcemente,
silenciosamente a los musulmanes a aproximarse a los cristianos, que han
llegado a ser sus amigos, no las puede impedir nadie. Todo sacerdote de
nuestras colonias podría esforzarse en formar a sus parroquianos en ser
Priscila y Aquila”.
- La amistad un camino para la evangelización
Para Foucauld, como dice en el Art. 28 del Directorio, los seguidores de Jesús
deben ser un “quinto Evangelio,
una predicación viva: cada uno de ellos tiene que ser un modelo de vida
evangélica. Viéndoles, se debe ver en qué consiste la vida cristiana, que es
la religión cristiana, lo que es el Evangelio, quien es Jesús…deben ser un
Evangelio vivo: las personas alejadas de Jesús, especialmente los infieles,
deben, sin libros ni palabras, conocer el Evangelio por su manera de vivir.
Es decir, cada uno de nosotros tiene que ser como un “quinto evangelio”,
anunciando con su vida a Jesús. Esta manera de actuar es no actuar, la cima
del respeto por el otro; este es el modo que preconiza Foucauld ante los otros
métodos:
Esta acción por el ejemplo es más fuerte, pues no genera desconfianza, ya que
toda apariencia de engaño o de seducción desaparece. ¿En qué se caracteriza
este ejemplo? En la bondad: Esta bondad hay que tenerla para todo el mundo.
Estamos delante de la concepción esencial de la misión para Foucauld:
Predicar con el ejemplo, pasar haciendo el bien como Jesús de Nazaret. El
deseo más ardiente de Foucauld es la multiplicación de “desbrozadores”.
Foucauld se centra, antes que nada y principalmente, en la transformación
personal que debe llevar a cabo cada uno en su propia vida.
En el Artículo XXVIII del Directorio se nos recuerda:
«Se hace el bien, no en la medida de lo que se dice y de lo que se hace, sino
en la medida de lo que se es, en la medida del amor que acompaña nuestros
actos, en la medida en que Jesús vive en nosotros, en la medida en que
nuestros actos son actos de Jesús obrando en nosotros y por nosotros…La
persona hace el bien en la medida de su santidad: tengamos siempre
presente esta verdad”.
Y cuando, a continuación Foucauld analiza el punto de la “bondad” dice entre
otras cosas:
«Por su ejemplo los seguidores de Jesús de Nazaret deben ser una viva
predicación: cada uno de ellos debe ser un modelo de vida evangélica. Al
verlos se debe apreciar lo que es la vida cristiana, lo que es la religión
cristiana, lo que es el Evangelio, lo que es Jesús.
Y continúa:
El ejemplo es la única obra exterior mediante la cual pueden obrar sobre las
almas completamente rebeldes a Jesús, que no quieren escuchar las
palabras de sus servidores, ni leer sus libros, ni recibir sus bendiciones, ni
aceptar su amistad, ni comunicar de ningún modo con ellos; sobre aquellas
no cabe más acción que por el ejemplo; pero esta acción por el ejemplo es
tanto más fuerte cuanto no suscita ninguna desconfianza, quedando apartada
toda apariencia de engaño o de seducción”.
Por esto Jacques Maritain nos recuerda que:
«un acto de verdadera bondad, el menor acto de verdadera bondad es, a decir
verdad, la mejor prueba de la existencia de Dios. Pero nuestra inteligencia
está demasiado agobiada por nociones etiquetadas para poderlo ver.
Entonces lo creemos por el testimonio de aquellos en quienes la verdadera
bondad irradia de manera que nos maravilla«.(Cf. J. MARITAIN, Approches a
Dieu, París 1953).
En la carta de 1º de mayo de 1912, que Foucauld envía a Massignon,
expone, de una manera breve lo esencial de su espiritualidad:
«Es amando a las personas que aprendemos a amar a Dios. La manera de
adquirir la caridad en relación con Dios es practicándola con las personas». Y
afirma su convicción profunda: Se muy bien a lo que Dios llama a todos los
cristianos, hombres y mujeres, sacerdotes o laicos, célibes o casados: a ser
apóstoles, apóstoles por el ejemplo, por la bondad, por un contacto bienhechor,
por un afecto que llama al retorno y que conduce a Dios, apóstoles ya como
Pablo, ya como Priscila y Aquila, pero siempre apóstoles».
El 28 de noviembre de 1916, tres días antes de su muerte, Foucauld
termina la copia de las Poesías tuareg que había recogido (210 poesías, entre
las 575 de la edición original de dos tomos (1925, 1930), que han sido
publicadas por Albin Michel en 1977, con introducción de Dominique Casajus,
bajo el título: Charles de Foucauld, Chants touaregs). Vive entre dos polos: los
encuentros de amistad con los tuareg y los trabajos sobre la lengua tuareg. No
quiere sacrificar ni una cosa ni otra. A su prima le hace la siguiente confidencia:
«Mis amigos tuareg son agradecidos, afectuosos; por este lado estoy contento;
pero haría falta poder ocuparme más de ellos, ir a verlos, consagrarles todo mi
tiempo. Deseo terminar mis trabajos de lengua, necesarios también, y que
deben ser hechos lo primero” (LMB, 15 agosto 1912). Los trabajos lingüísticos
son para Foucauld un trabajo que vale por si mismo. A medida que avanza y
profundiza en el objeto mismo de su trabajo, cada vez más este trabajo le
aparece como una realidad que vale por si misma y no como un paso para la
evangelización. Para Foucauld el trabajo científico tiene una seriedad extrema
y pide consagrarse enteramente. El hecho de que durante diez años Foucauld
trabaje en la lengua de los tuareg nos da una idea de su concepción de la
reciprocidad en la amistad, pues indica que apreciaba los valores de los tuareg
y su sabiduría. Esta es la razón por la que le dice en una carta a Massignon, el
8 de septiembre de 1909: “busco a una persona que realice un estudio
lingüístico, arqueológico, sociológico, histórico del país de los tuareg”,
añadiendo que “este estudio pide unos treinta años. Científicamente esto
tendrá un interés máximo”. Si estos trabajos son tan esenciales para él, es
porque podrán permitir a la población tuareg acceder en primer lugar y ante
todo a la “instrucción”; ya que el nivel cultural de las poblaciones en las que
vive es muy bajo, pues tiene la convicción de la fundamental igualdad
intelectual de todo grupo humano. Para Foucauld se trata de una especie de
confianza primera en la capacidad racional de todo ser humano y la necesidad
de instrucción, pues el desarrollo de la inteligencia, lejos de impedir la fe, es un
puente para acceder a ella. Del mismo modo, el desarrollo de una moral natural
y de una religión natural le parece también como una apertura para la fe
cristiana.
Después de todo lo expuesto hasta aquí podemos afirmar que
verdaderamente la amistad es una categoría teológica y evangelizadora
vivida por Carlos e Foucauld y todos sus seguidores, que tienen que vivir
en sus carnes la tensión de que, por un lado, todos los pueblos de la tierra
tienen sus propios medios de acceso a Dios y que al final de nuestros días
a todos se nos juzgará por el bien o el mal que hayamos cometido, pero,
por otro lado, somos enviados por el Espíritu de Jesús a que se conozca y
se pueda vivir, en la comunidad de sus seguidores, su mensaje de vida y
amor hasta extremos insospechados. Ciertamente que hay muchos
medios de acceso a Dios, pero el de la amistad desinteresada, probada
por el testimonio de vida, es el medio privilegiado para una auténtica
evangelización.
1 P. LAÍN ENTRALGO, Teoría y realidad del otro, Madrid, 1983, p. 337.
2 TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica II-III, q.25, a7.
3 Mt 11, 19 y Lc 7, 34
4 Lc 12,4; Jn 15, 14s.
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