Las hermanitas de Nazaret en oriente

En la época en que nacían en Francia las Obras Misionales Pontificas, nacía a su vez L’Œuvre d’Orient, la Obra de Oriente, una institución que tenía como finalidad inicial apoyar a las comunidades cristianas en el antiguo Imperio Otomano, pero que acabó, como hace hoy, ampliando su misión.

Fundada en 1856, comenzó llamándose l’Œuvre des Écoles d’Orient, la Obra de las Escuelas de Oriente, porque uno de sus principales objetivos era salvaguardar los colegios católicos establecidos en lo que sería su marco geográfico de acción: desde Grecia a Irán y desde Ucrania hasta Etiopía, pasando por el Líbano, Egipto o Jordania.

A lo largo de los últimos 170 años, esta asociación ha ampliado su misión en Oriente Medio para incluir la asistencia humanitaria, el apoyo pastoral y la preservación del patrimonio cultural cristiano, manteniendo siempre una actitud solidaria con las comunidades locales en general. Su primer director fue el futuro cardenal Lavigerie, arzobispo de Argel y fundador de la Sociedad de los Misioneros de África, los conocidos padres blancos, verdaderos misioneros ad gentes, y padres de numerosas iglesias del continente.

Como parte de las conmemoraciones del aniversario, el pasado domingo 10 de mayo se celebró una misa solemne en la Catedral de Notre-Dame de París. La celebración eucarística fue presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, y concelebrada por el arzobispo de París, Mons. Laurent Ulrich, junto con numerosos obispos y sacerdotes que quisieron estar presentes en la celebración de este aniversario.

Las ayudas que canaliza esta Obra han beneficiado no solo a los católicos, sino también a los cristianos ortodoxos, las comunidades evangélicas y las comunidades musulmanas, destacando el papel de L’Œuvre d’Orient en la promoción de la solidaridad interreligiosa y la cohesión social.

Testigo reciente de esta labor ha sido la hermana Magda Smit, una misionera belga de las Hermanitas de Nazaret, que llegó al Líbano en 1970. Junto con sus hermanas, decidió compartir la vida de los refugiados palestinos. Tras varias oleadas de desplazamientos a causa de las guerras, se establecieron en 1987 en el campo de refugiados de Dbayeh. Ella afirma: “Los refugiados palestinos viven una realidad compleja: personas sin patria, jóvenes sin futuro, trabajadores con escasas oportunidades laborales y prácticamente sin derechos”. Fiel a la espiritualidad de Charles de Foucauld, resumió su vocación en sencillas palabras: “Queremos vivir una presencia amorosa y una solidaridad libre con la gente que nos rodea, que es débil, silenciosa e insignificante a los ojos del mundo, pero con la que Cristo mismo”.

La Obra de Oriente las ha acompañado en esta cercanía con los abandonados del campo de Dbayeh, por eso esta hermana señala que “las donaciones y los mensajes de oración son pequeñas señales que Dios envía para apoyar a quienes permanecen aquí”. A lo largo de las guerras y enfrentamientos que han caracterizado la historia del Líbano, el campo de Dbayeh ha experimentado una transformación radical. Si bien antes era predominantemente cristiano, ahora acoge a familias de diversos orígenes. “No dejamos a familias con niños en la calle”, afirma la hermana Magda. El campamento se ha convertido así en “un lugar donde todos son bienvenidos”. Refugiados, desplazados, cristianos, musulmanes o personas de otras religiones: cualquiera puede pedir ayuda “sin vergüenza”.

Fuente: https://omp.es/ompress/la-obra-de-oriente-cumple-170-anos/


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