A 5 años de la partida del Teo-poeta de la Liberación y las causas de Pedro Casaldáliga

Nicolás Viel / Chile, Teólogo y Abogado

Una vida conmocionada y llena de utopía.

El 8 de agosto de 2025 se cumplirán 5 años de la muerte del obispo, profeta y poeta, Pedro Casaldáliga. Sus brazos “se han cansado de echar semilla al viento[1]”. Nació en Cataluña, fue misionero claretiano durante 75 años y por 34 años fue obispo de Sâo Felix de Araguaia (Mato Grosso, Brasil). En sus últimos 8 años de vida padeció un parkinson que lo fue apagando lentamente. Sin pretender escribir el resumen de su vida, comparto algunos rasgos poéticos y proféticos de este testigo de la Iglesia Latinoamericana, del cual la pena hacer memoria a cinco años de su pascua.

Sus primeros pasos como cristiano los dio en una Iglesia perseguida, en los tiempos de la guerra civil española. Los primeros años de religioso van pasando por los barrios populares en Sabadell, Barcelona, Barbastro y Madrid. La aspiración más profunda de su vida fue vivir lo más parecido a Jesús de Nazaret y su regla de vida fueron las bienaventuranzas (Mt 5, 1-12).

A pocos años de terminado el Concilio Vaticano II, parte a fundar una nueva misión claretiana en el Mato Grosso, Brasil. A los 40 años llegó a Sao Félix de Araguaia sin mucho conocimiento de la realidad de América Latina. Vivió su propio proceso de inculturación, iluminado por la vida de un Dios que “en el vientre de María se hizo hombre, y en el taller de José se hizo clase[2]”. En sus comienzos intentó estar bien con todos, pero su fidelidad al evangelio y a los pobres no se lo permitieron. Su cercanía a la realidad de los campesinos que sufrían la injusticia de los latifundios le conmovió y le impidió la neutralidad. Se identificó rápidamente con la utopía de los desposeídos para siempre y con toda su vida. 

Después de tres años como sacerdote y misionero, en 1971 fue nombrado obispo de la prelatura de Sao Félix en la Amazonía. No le bastó el nombramiento oficial. Antes de aceptar consultó a su pueblo y sus colaboradores. Inmediatamente renunció a todo signo de poder y comprendió la autoridad como servicio. Cambió la mitra por un sombrero de paja y el báculo por un remo. Utilizó toda su vida un anillo de tucum, símbolo contra la opresión indígena, que prontamente se convirtió en signo universal de la Iglesia de los pobres. El anillo oficial lo regaló. 

Fue un gran caminante dentro de una diócesis más grande que Nicaragua. No aceptaba casa, regalos, fiestas ni auto del latifundista explotador. No aceptó saltarse la fila de pobres. Aunque vivió grandes soledades siempre camino en Iglesia, llegando a expresar en uno de sus poemas “amo a la Iglesia, a pesar de la Iglesia[3]”. Su amor por la Iglesia y su fidelidad la vivió con rebeldía.

Debido a su historia nunca comprendió a la Iglesia sin persecución y a un cristiano sin conflicto. La misma Iglesia que lo condenó y cuestionó su teología, después lo defendió; “quien toca a Pedro, toca a Pablo”, señaló Pablo VI en una carta que le salvó la vida. Su fidelidad rebelde encontró en Monseñor Romero, otro mártir de América Latina, un compañero y una fuente de inspiración: “¡Pobre pastor glorioso, abandonado por tus propios hermanos de báculo y de Mesa…! (Las curias no podían entenderte: ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo)[4]”.

Prefería andar con sandalias o descalzo sobre la tierra roja. En una de sus confesiones poéticas expresó: “Yo, pecador y obispo, me confieso de soñar con la Iglesia vestida solamente de evangelio y sandalias[5]”. Quienes compartieron de cerca con él, quedaron admirados de su capacidad de ternura y acogida, a pesar la dureza de los primeros años. Si hubiera que elegir dos palabras para resumir su vida podría ser “ternura y profecía”. Ciertamente hay muchas más palabras para definirlo.

Sobre su mesa de trabajo tenía como reliquia un grano de mostaza. Amaba y apostaba por lo pequeño. Su fe era una esperanza en lo más sencillo y cotidiano. Pedro Casaldáliga llenó su vida de causas a las que amó más que a su propia vida. Abrazó la causa de los pobres y de los “posseiros”. No aceptó que el latifundio quitara la tierra de los campesinos. Abrazó la causa indígena defendiendo los derechos humanos de los niños, ancianos y mujeres. Abrazó la causa del medio ambiente. El Papa Francisco encontró en él un buen aliado en su lucha por el cuidado de la Amazonía y la casa común. En definitiva, abrazó con todo su ser la utopía del reino.

La mayoría de sus años en Brasil los vivió amenazado de muerte. Su propia vida encarnó la más incómoda de todas las palabras de Jesús: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia” (Mt 5, 10). En más de una ocasión se salvó porque no parecía sacerdote ni obispo. El no-poder le salvó la vida. Y se la salvó, para entregarla. El asesinato de su amigo sacerdote Joao Bosco SJ, lo confirmó en su vocación profética. 

Fue un importante teólogo que llenó a la teología de la liberación de mística y espiritualidad. No entendió la teología como ejercicio de biblioteca sino como un pensar desde los pobres, en amistad con ellos y en adhesión a sus causas. Nunca dejó de estudiar la realidad social y de confrontar la vida con el evangelio. 

Su fe se hizo verso. La poesía, que fue para él una contemplación cotidiana de la belleza, tuvo un lugar importante en su vida y fue el modo que eligió para hablar de sus grandes amores y pasiones; Dios y los pobres. En sus versos encontramos luz y sentido para continuar esta aventura de abrazar la causa de los pobres, que muchas veces se va abriendo paso en medio de la noche de la infidelidad, como ese Judas a quien abrazó como “hermano, compañero de miedo, de codicias, de tradición[6]”. Su vida entera es un poema. 

Toda su vida fue un compartir con los pobres y heridos. Creyó en un Dios que “puso su tienda en suburbio humano[7]”, que se hizo uno de tantos y que siendo vulnerable abrazó nuestro desamparo. Fue un buscador de silencios que fueron en su vida la raíz y el horizonte. 

Su denuncia profética y su incansable entrega no sólo permitieron que los campesinos recuperen la tierra sino también su cultura y dignidad. Y lo hizo a ritmo de pueblo, a ritmo de la semilla que crece lenta y oculta bajo la tierra. La causa de “las cercas” que oprimen los sueños y esperanzas del pueblo fue una causa colectiva y martirial, que le ha costado la vida muchos compañero/as de camino. Por eso en alguno de sus versos señala: “Nuestros muertos caminan empujando la Historia[8]”.

Adentrarse en la profética vida y conmocionada poesía de Casaldáliga es un lente para mirar la realidad herida de nuestros tiempos, como aquéllos hermanos y hermanos desalojados de nuestras ciudades. A través de sus versos podemos indignarnos y actuar frente a la vida de quienes no tienen lo indispensable para vivir, en tantos rincones marginales de América Latina, donde pareciera que los derechos básicos no existen.

La vida del poeta y profeta nos ayuda a situarnos desde los márgenes frente a esta realidad injusta. Nos señala de quienes hay que estar cerca y de quienes hay que estar lejos. Nos confirma que la vida hay que gastarla con los que están alrededor del fuego, más que en los centros de poder o en las casas de los dueños de la tierra.

Pedro nos despierta del peligro de una vida adormecida y nos muestra que la confianza de los sin-poder la ganamos cuando le damos la espalda al poder. Su praxis nos ayuda a equilibrar la denuncia profética y la tierna cercanía. Cuestionar la estructura mientras se abraza el dolor concreto del hermano.

La vida de este profeta y poeta de nuestro continente no sólo nos ofrece criterios para una respuesta concreta, sino que además nos proyecta en un horizonte de esperanza, donde el fracaso y la muerte son palabras penúltimas. Junto a Pedro sabemos y creemos que la muerte y la injusticia no tienen la última palabra, esto “es la razón última y la fuerza diaria de nuestra esperanza, la garantía de nuestras luchas y la réplica final a la mentira, a la injusticia y a la muerte[9]

La vida de Casaldáliga nos invita a vivir enraizados. Se trata de pensar y sentir con los pies[10]. Y así su vida nos enraíza en la realidad concreta de los desalojados de la historia, invitándonos a dar respuesta con un “amor eficiente” y abriéndonos a un futuro de esperanza, que sin ser ingenua nos permite esperar a contramano[11]. Es una esperanza firme y realista que invita a estar junto a los que están desesperanzados. Porque mientras más insertos en la miseria humana, más ancho es el horizonte de esperanza que se abre. Y en ese horizonte nos encontraremos cara a cara con los que amamos y ya no están[12].

En su aspecto frágil quedaron las huellas de muchas derrotas y de mucha muerte injusta. Todo su ser fue vida entregada y ofrenda repartida. Su gran anhelo era “morir de pie como los árboles[13]”, al igual que su pueblo martirizado. Ya se cumplen 5 años desde que se apagó su vida anciana con un corazón lleno de nombres. Murió agachado y abajado por un parkinson que lo acompañó sus últimos años. Su vocación fue un amor que descendió hasta los últimos de la historia. Su partida es una luz de esperanza para las causas de toda América Latina.

Solo nos queda esperar que su memoria sea tierna e incómoda. Que su recuerdo no nos deje en paz, como la memoria de tantos y tantas que han partido en nuestra América Latina y en nuestra Amazonía; Berta Cáceres, Alejandro Labaka, Doroty Stang, Chico Mendez… entre tantos rostros que nos siguen interpelando y animan nuestros compromisos cotidianos. Su testimonio nos invita a que nuestra vida sea “fraterna y subversiva”, para seguir esperando a contramano y reclamando primaveras en medio del dolor humano. 

La vida de Pedro estuvo marcada y herida por el dolor de su pueblo. Enterró a muchos amigos sacerdotes, campesinos, prostitutas y niños. Muchos de ellos sin nombre. En ese mismo cementerio de los indios Karajá, mirando al río Araguaia en Sao Félix fue enterrado hace 5 años. Ahí quiso descansar con los sin nombre, para siempre. 

¡Hasta siempre Pedro Casaldáliga, poeta, profeta y pastor de nuestra América Latina.


[1] Pedro Casaldáliga, Antología Poética (Burgos: Editorial Fonte Monte Carmelo, 2023), 98.

[2] Pedro Casaldaliga, Con Jesús, el de Nazaret (Madrid, 2005), 21.

[3] Pedro Casaldáliga, Antología Poética, 478.

[4] Pedro Casaldáliga, Antología Poética, 304.

[5] Pedro Casaldáliga, Antología Poética, 478

[6] Pedro Casaldáliga, Antología Poética, 507.

[7] Pedro Casaldáliga, Antología Poética, 99.

[8] Pedro Casaldáliga, Antología Poética, 452.

[9] Pedro Casaldáliga y José María Vigil. Espiritualidad de la Liberación… 251.

[10] Cfr. Poema “Piensa también con los pies”. Cfr. Pedro Casaldáliga. Todavía estas palabras (Estella/ Navarra: Editorial Verbo Divino, 1989), 57.

[11] Cfr. Michael Moore. Pedro Casaldáliga. Cuando la fe se hace poesía… 121-126.

[12] “Deseo tanto verlo como verte”. Poema “Entonces lo veremos como es”. Cfr. Pedro Casaldaliga. Sonetos Neobíblicos Precisamente (Buenos Aires: Editorial Claretiana, 1996), 57.

[13] Pedro Casaldáliga, Antología Poética, 82.

LAS CAUSAS DE PEDRO CASALDÁLIGA

Eunice Dias de Paula: “Todavía es muy habitual oir que si no fuera por Pedro y la Prelatura, este lugar nuestro ya no existiría”

9 octubre 2023

«Conocí a Pedro Casaldáliga en 1970, cuando, con otros tres compañeros, llegamos a São Félix do Araguaia para trabajar en el Gimnasio Estadual de Araguaia». De esta forma comienza este relato de Eunice Dias de Paula, que llegó a la Prelatura de Pedro Casaldáliga con poco más de 20 años y que ha permanecido más de 40 años junto al Pueblo Indígena Apyãwa.

Doctora en Letras y Linguística por la  Universidad Federal de Goiás, su opción de vida en la Prelatura de Casaldáliga ha sido fundamental para la valorización, la enseñanza y el uso de la lengua indígena de los Apyãwa (Tapirapé).

Conocí a Pedro Casaldáliga en 1970, cuando, con otros tres compañeros, llegamos a São Félix do Araguaia para trabajar en el Gimnasio Estadual de Araguaia. Esta escuela fue construida por Pedro y su equipo, para atender necesidades educativas urgentes, ya que el analfabetismo predominaba en la región en ese momento. Fuimos yo y otros tres compañeros, jóvenes que habían dejado el seminario claretiano, para comenzar una experiencia que marcaría nuestras vidas. Viviríamos aislados de los grandes centros urbanos e insertados entre una población de culturas ribereñas e indígenas.

Este sistema se rompió con la llegada de latifundios que (…) comenzaron a construir cercas en grandes áreas y a desalojar a los residentes que allí vivían. Incluso se produjo la deportación masiva de algunos pueblos indígenas, como los A’uwẽ Xavante y varios pueblos del Parque Indígena Xingu, para dejar vía libre a los invasores.

El sistema de ordenamiento territorial de laregión antes de la llegada de los claretianos Pedro Casaldáliga y Manoel Luzón, en 1968, tenía cierta similitud con lo observado entre los pueblos indígenas. Los “sertanejos” (campesinos aislados) que habían venido sobre todo de otros estados del Nordeste brasileño, se instalaron en tierras que pertenecían a los pueblos originarios. Siguiendo el curso de los ríos, fueron ocupando poco a poco el espacio sin molestarse en trazar los límites de la propiedad. La mayoría estaban formados por «vaqueros» que criaban ganado en áreas comunes, desprovistas de cercas y que mantenían una fuerte relación de ayuda mutua. Este sistema se rompió con la llegada de latifundios que, provistos de documentos legales o falsos que acreditaban su propiedad, comenzaron a construir cercas en grandes áreas y a desalojar a los residentes que allí vivían. Incluso se produjo la deportación masiva de algunos pueblos indígenas, como los A’uwẽ Xavante y varios pueblos del Parque Indígena Xingu, para dejar vía libre a los invasores.

Pedro Casaldáliga con la autora de este texto, Eunice, su marido Luiz y su hijo André al poco tiempo de llegar a la comunidad indígena Apyãwa.

Pedro Casaldáliga con la autora de este texto, Eunice, su marido Luiz y su hijo André al poco tiempo de llegar a la comunidad indígena Apyãwa.

Ante este enfrentamiento entre fuerzas desproporcionadas, dado que el latifundio contaba con abundante financiación y un fuerte apoyo del gobierno militar dictatorial, Pedro asumió desde el comienzo una postura: Inmediatamente se puso del lado de los más débiles, de los indígenas, de los migrantes, de los habitantes que empezaban a formar núcleos urbanos y de los peones que fueron traídos de lejos para ser explotados en un régimen de trabajo esclavo en las fincas que se estaban estableciendo.

Hoy en día, es común escuchar a antiguos vecinos de la Prelatura decir: si no fuera por Dom Pedro y la Prelatura, este lugar nuestro ya no existiría. Testimonios como este nos dan una dimensión de lo que Casaldáliga y la Prelatura representaron y representan para esta región del interior de Brasil.

Poco a poco Casaldáliga fue constituyendo su equipo y pronto se convirtió en un punto de apoyo para la gente de la región. Realizaron mejoras en la educación, con la creación del Gimnasio del Estado del Araguaia; mejoraron la atención sanitaria, con la llegada de las enfermeras religiosas; apoyaron a las familias del campo para enfrentar a los grandes terratenientes que llegaban amenazando con expulsar a los habitantes de la región. Hoy en día, es común escuchar a antiguos vecinos de la Prelatura decir: si no fuera por Dom Pedro y la Prelatura, este lugar nuestro ya no existiría. Testimonios como este dan una dimensión de lo que Don Pedro y la Prelatura representaron y representan para esta región del interior de Brasil.

¿Porque Pedro fue un profeta?

Pedro, sin duda, fue un profeta. El profetismo de Pedro se revela por dos lados: en el anuncio de la Buena Nueva a los pobres, a través de los gestos concretos y el testimonio de su vida, simple y austera, y, por otro lado, en la denuncia constante de los actos practicados por los perseguidores de la gente que vivía en la Prelatura.

Las denuncias se hicieron a través de documentos pioneros en la historia de la lucha por la tierra en Brasil como “Esclavitud y Feudalismo en el Norte de Mato Grosso”, redactado incluso antes de su consagración como obispo, y la Carta Pastoral “Una Iglesia en la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social. En la introducción del primer documento, Pedro afirma:

“Escribo esto por deber de conciencia, como imperativo de la más elemental justicia cristiana. En los últimos meses la tragedia ha estallado en tales términos que ya no puede ser silenciada”.

Uma Igreja da Amazônia - Casaldáliga

Portada del documento original “Uma Igreja da Amazônia…” que Casaldáliga publicó el mismo día de su consagración episcopal y sacudió Brasil.

La denuncia, para Pedro, parte de la fidelidad al Evangelio, de los preceptos cristianos que abogan por una vida en plenitud para todos. En la Carta Pastoral (1971, p. 40) afirma:

“No podemos aceptar la dicotomía entre evangelización y promoción humana, porque creemos en Cristo, como Señor resucitado que libera a todo el hombre y al mundo entero y nos salva en plenitud: progresiva y dolorosamente aquí en la tierra, definitivamente y con gloria en el cielo”.

Ver a las personas esclavizadas por el latifundio, expuestas a condiciones inhumanas, provocó una profunda indignación en Pedro, expresada también en varios de sus poemas, como en la Confesión del Latifundio:

Por onde passei,
plantei a cerca farpada,
plantei a queimada.
Por onde passei,
plantei a morte matada.

Por onde passei,
matei a tribo calada,
a roça suada,
a terra esperada…

Por onde passei,
tendo tudo em lei,
eu plantei o nada.

La forma de vida de Pedro también fue una proclamación profética. Su casa sencilla, como las demás casas de la región, no recuerda en modo alguno a un “palacio episcopal”. Las puertas están siempre abiertas, acogiendo desde campesionos e indígenas hasta magistrados, políticos, periodistas que lo buscaron. Pedro recibía calurosamente a todos, dejando inmediatamente cualquier trabajo que estuviera haciendo y dedicando toda la atención a quienes lo visitaban.

A los que le decían que sería mejor viajar en avión y evitar estos inconvenientes, Pedro respondía con una sonrisa diciéndoles en bus se pierde en tiempo, pero se gana en gente.

Sus viajes siempre los hacía en autobús, lo que le llevaba muchos días en la carretera. En tiempo lluvioso, sobre todo, la carreteras de tierra embarradas provocaban retrasos considerables. A los que le decían que sería mejor viajar en avión y evitar estos inconvenientes, Pedro respondía con una sonrisa diciéndoles en bus se pierde en tiempo, pero se gana en gente. Pedro hablaba con los pasajeros todo el tiempo durante el viaje, les preguntaba sobre sus familias, sobre su salud, sobre el trabajo que estaban haciendo. El viaje se convertía en una verdadera visita pastoral.

Pedro Casaldáliga en un viaje por la región del Araguaia

Pedro Casaldáliga en un viaje por la región del Araguaia (más grande que todo Portugal) en caminón.

El profetismo de Pedro también se manifestó en la experiencia de una Iglesia – Pueblo de Dios, que presupone relaciones horizontales más que jerárquicas. Incluso cuando recibió la invitación para asumir el episcopado, reflexionó con los miembros del equipo pastoral y con su amigo Don Tomás Balduino, si convenía aceptarlo o no. Todos los equipos se reunían 3 veces al año: primero, en una reunión de estudio y programación, denominada “Bolão”, en la que se disponían las sillas en círculo y todos los temas se discutían juntos; segundo, en un Retiro, un tiempo de oración, y luego en una Asamblea Popular, en la que se tomaban importantes decisiones sobre la Prelatura junto con representantes de todas las comunidades. En una de estas Asambleas se elaboró el Manual de la Prelatura que, en su objetivo, incluye las palabras pronunciadas por un campesino:

“Siguiendo a Jesucristo y en fraterna comunión con toda la Iglesia, el objetivo general de nuestra Iglesia de São Félix do Araguaia es vivir y anunciar la Buena Nueva del Evangelio con alegría, humildad y pasión, acoger el Reino de Dios y contribuir aquí en la Tierra en la esperanza del Reino Definitivo”.

Los equipos mixtos, formados por sacerdotes, laicos y religiosas, son otro ejemplo de horizontalidad en la experiencia del servicio al Reino. Las mujeres ejercían la diaconía siempre que era necesario.

¡Es de esta experiencia profundamente evangélica de donde nace el testimonio y el grito profético de Don Pedro Casaldáliga, este hombre sencillo, humilde, frágil, santo que lleva en su poesía y en sus inspiradas palabras la voz, la historia y vida de los pobres de esta tierra!

La solidaridad con otros países de América Latina, la Pátria Grande, también muestra la profunda comunión de Pedro con los desposeídos de nuestro continente. Pedro realizó varias visitas a países centroamericanos que sufrían en las luchas por la liberación. El asesinato de Don Óscar Romero, con quien tenía una fuerte amistad y compromiso con las causas de los pobres, le dejó conmocionado profundamente.

Debido a esta alianza con los empobrecidos, Pedro sufrió muchas amenazas de muerte y persecución por parte de distintos órdenes. Los terratenientes incluso presionaron al Nuncio Apostólico para que lo expulsara de Brasil.

En una actitud acorde con toda su vida, Pedro vivió pobre entre los pobres hasta el final de su vida y fue enterrado en el cementerio de los peones y los indios Karajá a orillas del río Araguaia, como había pedido en vida.

¡Es de esta experiencia profundamente evangélica de donde nace el testimonio y el grito profético de Don Pedro Casaldàliga, este hombre sencillo, humilde, frágil, santo que lleva en su poesía y en sus inspiradas palabras la voz, la historia y vida de los pobres de esta tierra!

Eunice Dias de Paula


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