
Amada familia HOREB:
No suelo pasar mucho por este “locutorio virtual”, pero hoy sentí el deseo de dejarme caer por aquí. Para quienes no me conocen, soy el hermano Gerardo Antonio, fraile franciscano, sacerdote, y desde el 2012, bendecido miembro de esta familia espiritual.
Vengo de la menor de las Antillas Mayores: Puerto Rico, donde actualmente resido. En años recientes, he servido en Cuba y en la República Dominicana, experiencias que han marcado mi alma y mi vocación profundamente.
Durante esta Cuaresma, he estado compartiendo escritos desde mi “ermita virtual” (Facebook), pequeños textos para orar y meditar en este tiempo de desierto fértil. Hoy, quiero regalarles el de esta jornada. Que les acompañe, les inspire y les recuerde que no estamos solos en el camino.
¡Paz y Bien!
Cuaresma: El arte sagrado de abandonarse 
Hay un momento en el alma donde ya no se lucha…
donde el ruido cede,
donde la voluntad se arrodilla,
y el corazón, sin defensas, se deja caer en Dios.
Ese momento, tan temido y tan sagrado, es el abandono.
No como derrota, sino como acto supremo de confianza.
No como resignación, sino como entrega amorosa a un Misterio que nos envuelve y sostiene.
Esta Cuaresma no se trata solo de ayunar del pan.
Es hora de ayunar del control, del miedo, del ego,
y permitir que Dios sea Dios en nosotros.
Entrar en Cuaresma es adentrarse en el desierto,
no para perdernos, sino para reencontrarnos en las manos del Padre.
Y cuando ya no queda nada que podamos ofrecer…
le entregamos lo más sagrado:
nuestra libertad, nuestra historia, nuestro ser.
Ahí comienza el verdadero milagro:
cuando ya no queremos que Dios haga lo que queremos,
sino que se haga en nosotros su Voluntad amorosa y misteriosa,
aunque no la comprendamos.
El alma que se abandona… vuela.
Porque solo el que se suelta del todo puede ser sostenido por el Todo.
Reza esta oración como quien se desnuda ante el Amor.
No digas las palabras: habítalas.
Deja que el Espíritu las inhale contigo.
Y deja que en el silencio, el Padre te abrace.
Oración del abandono (Charles de Foucauld):
Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.
Hno. Gerardo Antonio (CEHCF)
Descubre más desde FOUCAULD DIALOGOS
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Gracias hermano. Buena Pascua!