(Inspirado en la marcha » La Esperanza de María»)
Suena una marcha…
Y no es solo música.
Es el eco del alma de una Madre que camina con su Hijo hacia la cruz.
Es la Esperanza de María, envuelta en melodía, silencio y fe.
Las trompetas se alzan como un grito contenido:
no anuncian victoria militar, sino una ofrenda de amor.
Con cada nota, María eleva su mirada al cielo, buscando sentido, sabiendo que Dios cumple sus promesas, incluso en medio del dolor.
Los tambores marcan el paso firme del Redentor:
no hay marcha atrás.
Son como latidos del corazón de Cristo, que se entrega.
Y son también los latidos del corazón de María, que lo sigue.
Paso a paso, dolor a dolor… con esperanza serena.
Los instrumentos de viento parecen susurrar:
“Todo pasará, pero el amor permanece.”
El Espíritu sopla, invisible, como en la Anunciación, como en la Cruz.
Y María, que dijo “Sí” entonces, sigue diciendo “Sí” ahora.
Esta marcha no solo suena en las calles de España.
Resuena en lo profundo del alma de quienes se atreven a caminar esta Semana Santa con el corazón abierto.
Porque en cada procesión, en cada silencio y en cada lágrima,
la Esperanza de María nos recuerda que la cruz no es el final, sino el umbral de la vida.
Hoy, cuando todo comienza otra vez,
escuchemos esta marcha no solo con los oídos,
sino con el alma.
Y dejémonos llevar de la mano de la Madre,
que nos enseña a esperar cuando todo parece perdido,
y a creer cuando todo parece roto.
Con María,
vivamos esta Semana Santa
como un acto de fe,
como una ofrenda de amor,
como una marcha hacia la luz.
Hno. Gerardo (CEHCF)
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Es hermosa y nos lleva en brazos María, agradeciendo los años vividos y el amor compartido para Gloria de Dios!!!