Carlos de Foucauld, venerado por la aguerrida Legión Extranjera: curioso caso en la Francia laicista

La Legión Extranjera, uno de los cuerpos de élite y más llamativos del Ejército francés, tiene un vínculo especial con Carlos de FoucauldFacebookTwitterTelegramLinkedinWhatsappEmail

Javier Lozano / ReL

El próximo 15 de mayo llegará la esperada canonización del beato Carlos de Foucauld, un referente para multitud de grupos y comunidades que siguen este “desierto con Dios” que encarnó este ermitaño francés y que tanta ayuda ha ofrecido a miles de personas en medio del ajetreo y del ritmo vertiginoso en la época moderna y postmoderna.

Foucauld fue militar francés y tras una juventud de grandes excesos, vanidades y pecados se convirtió hasta llegar a ser un sacerdote ermitaño en el desierto del Sáhara, donde vivió y se puso ante la cruz de Cristo hasta que fue asesinado en Tamanrasset (Argelia) en 1916.

Este futuro santo es a pesar de la muy laicista Francia un referente para los militares franceses, precisamente por dos aspectos: por haber sido uno de los suyos, y por un episodio que uniría para siempre a Foucauld con una de las unidades más fieras, conocidas y también singulares del Ejército de la República: la Legión Extranjera Francesa.

Esta unidad, que inspiró a los fundadores de la Legión Española, alberga a ciudadanos franceses y sobre todo a muchos procedentes de otros países. No se les preguntaba por su pasado, por lo que podía haber desde delincuentes a personas con una gran vocación militar. A día de hoy para alistarse todavía pueden usar un seudónimo y declarar una nacionalidad. Los franceses pueden alistarse también bajo una identidad ficticia o nacionalidad distinta. Después de tres años de servicios con «Honor y Fidelidad» en la Legión, un legionario extranjero puede solicitar la ciudadanía francesa. Puede optar entonces por recuperar su verdadero nombre o seguir con el «de legionario».

Legionarios franceses escuchando misa

Precisamente, el todavía beato está unido por el vínculo de la sangre y el sufrimiento al 2º Regimiento de Infantería de la Legión Extranjera, cuyo acuartelamiento se encuentra en Nimes. En un país descristianizado y que presume de su laicismo de Estado en este regimiento se ha producido precisamente un fenómeno de lo más llamativo. Van a construir una capilla más grande, pues la que los militares utilizan en estos momentos se les ha quedado pequeña.

Esta nueva capilla estará dedicada al futuro santo Carlos de Foucauld, que además es un símbolo para estos legionarios. La capilla tendrá una capacidad para 150 personas, lo que equivaldría a una compañía.

Tendremos que instalar un altar, una oficina, una sacristía, levantar tabiques, colocar la iluminación, poner una vidriera”, explica a Famille Chretienne. El Estado no pagará estos gastos por lo que el empeño de los legionarios es todavía más encomiable El coste asciende a 400.000 euros y para ello ya buscan donantes que les ayuden a tener esta capilla a la que acuden tantos soldados.

La batalla de El Moungar*

Pero, ¿qué une a un místico como Foucauld con unos aguerridos legionarios franceses? La historia se remonta al 2 de septiembre de 1903. A primera hora de la mañana un destacamento de unos 150 legionarios fue atacado por un grupo de más de 3.000 marroquíes, cerca de El Moungar, no lejos de Tamanrasset, donde se encontraba este ermitaño.

La lucha fue feroz bajo el abrasador sol africano. Pero ante la diferencia numérica las tropas francesas pronto se encontraron en graves dificultades. Sus oficiales cayeron heridos o muertos y casi la mitad de la tropa quedó fuera de combate.

Carlos de Foucauld, con legionarios heridos en la batalla de El Moungar

Carlos de Foucauld, con algunos de los legionarios heridos en la batalla de El Moungar a los que atendió física y espiritualmente durante semanas.

Sin embargo, esto no impidió que los supervivientes y los que no estaban gravemente heridos resistieran de manera heroica a los ataques de las tribus marroquíes. Tras ocho horas que se hicieron interminables estos legionarios fueron auxiliados y rescatados por nuevas tropas. Pero esta resistencia tuvo un fuerte impacto en Francia por lo que a partir de ese momento el 2 de septiembre se convirtió en el día de fiesta de este 2º Regimiento de la Legión Extranjera.

Fue tras la batalla cuando intervino Carlos de Foucauld. Este monje ya se encontraba en Tamanrasset, donde sería asesinado años más tarde. Al enterarse del combate acudió para unirse a los heridos y ponerse a su servicio. Allí les consoló, les dios los sacramentos y los cuidó.

Foucauld se quedó con estos legionarios heridos durante varias semanas. Las historias cuentan que ninguno de los heridos atendidos por él murió a consecuencia de sus heridas, por lo que tras su muerte su figura fue rápidamente asociada por los legionarios como uno de los suyos.

Una devoción legionaria

No es de extrañar, por tanto, que esta nueva capilla que se construirá en este 2º Regimiento sustituya a San Antonio, tradicional patrón de esta unidad, por Carlos de Foucauld. De hecho, el sueño del capellán y de los propios legionarios es que la vidriera que se instale en la capilla muestre al futuro santo cuidando de los legionarios heridos.

El suboficial Yannick, uno de los veteranos de este regimiento, afirma: “Hasta donde puedo recordar, el regimiento siempre ha estado asociado con Carlos de Foucauld. Yo pasé once años de forma anónima en la Legión y mi nombre de incógnito era… Foucault, con t”.

Este legionario, católico ferviente y padre de seis hijos, habla de la sorprendente religiosidad que puede hallarse en este destacamento de la Legión Extranjera. Cada año cuando se acerca la Navidad los legionarios construyen belenes, otra tradición bien anclada en el cuerpo. “Es una alegoría de la familia que se encuentra cuando se entra en la Legión”, apostilla el padre Pierre-Nicolas Chapeau. Además, los antiguos legionarios, también siguiendo la tradición, ayudan cada año en la instalación de estos Nacimientos.

La defensa de la capilla en el regimiento

Más allá de las tradiciones también se encuentran aquí historias donde Dios se hace claramente presente. Yannick considera muy importante la presencia de la capilla. En su opinión, es “un lugar de recogimiento que da sentido a nuestro compromiso y un ambiente de paz para dejar que nuestro corazón se exprese”. Pero además es “un lugar para depositar el furor de la guerra en beneficio de los constructores de paz” así como un “lugar donde Jesús es para nosotros un símbolo de esperanza”.

El padre Pierre-Nicolas Chapeau, uno de los capellanes de la Legión francesa

El padre Pierre-Nicolas Chapeau, uno de los capellanes de la Legión francesa (a la izquierda), charla con un legionario en una misión internacional

Yannick se alistó como anónimo hace 20 años, 11 de los cuales los vivió con identidad ficticia. En este tiempo ha visto la guerra y la muerte muy de cerca: ha servido en Costa de Marfil, Kosovo, Malí y Afganistán, entre otros destinos. “En la capilla nos quitamos la máscara de militar, nos desnudamos: no hay rango. ¡Todos somos iguales ante Dios!”, agrega.

Tras un tiempo alejado de la fe, este suboficial regresó al catolicismo tras lo experimentado en el cuadro de operaciones de Afganistán. Afirma creer “mucho en la providencia”. “A menudo –señala el legionario- he sentido esta mano extendida. En Afganistán tuvimos un combate muy complicado, pensé que no íbamos a sobrevivir. Y pudimos volver a casa. Para mí fue la primera familiaridad con la Providencia, que nunca me ha abandonado desde entonces”.

Forjado en la dureza de la guerra su fe está impregnada de la paz de los breves momentos de meditación que logra permitirse cuando su trabajo lo permite: una misa en la parte trasera de un vehículo blindado en los vientos de arena de Malí, una bendición en el convoy o un descanso en la capilla…

Otro legionario, mucho más joven es Mehdi. Este soldado de origen marroquí será bautizado la próxima primavera y recibirá el nombre de Agustín, en honor al gran santo también de origen norteafricano como él. “Podemos rezar en todas partes, porque no muchas veces tenemos tiempo para venir aquí: siempre estoy corriendo, limpiando mi arma… Pero es importante tener una capilla, incluso para los que no creen”, confiesa este joven de 21 años.

¿Qué une a un ermitaño y a un soldado?

Acerca de la relación entre el Ejército francés y el inminente santo Carlos de Foucauld publica la diócesis castrense francesa:

“Todavía llama la atención hoy, un siglo después, no muy lejos de Tamanrasset, en el Sahel, que los soldados franceses pueden vivir la misma experiencia que nuestro hermano universal. Enfrentarse al calor, la dureza y el silencio del desierto durante las operaciones o durante los recorridos solitarios de la guardia para proteger la base: el soldado «del mundo» descubre otro mundo, una realidad que él cuestiona internamente. Esto le da una experiencia única, una profundidad de ser que también conocía Charles de Foucauld. La vida militar y ermitaña es diferente, pero en ambos casos exige desnudarse, humildad y olvidarse de uno mismo para cumplir la misión y aceptar no dominarlo todo.

»Cuántas veces he escuchado a soldados de todas las armas hablándome durante hermosas discusiones sobre la experiencia de sus desiertos, ya sean exteriores o interiores. Esta búsqueda de lo absoluto nos atrae o nos repele, ¡pero nadie puede permanecer indiferente a ello! ¡Ir al desierto es una experiencia única que abre nuevos horizontes! Étienne de Montéty escribe: ‘Foucauld, maestro en humildad y semblante, ese es el gran negocio de toda una vida. Sí, por su sentido de abnegación, su humildad, su bondad, su sed de lo absoluto y su deseo de imitar a Cristo, Carlos de Foucauld nos trazó el camino y seguirá siendo un ejemplo para todos los soldados franceses. Fue un luchador que supo superar sus fracasos abandonándose en las manos de nuestro Señor y siendo bondadoso con todos. Aprovechemos su futura canonización para pedirle las gracias que necesitamos y alegrémonos de esta buena noticia que permitirá a muchos superar el miedo y confiar en Dios a través de todos los desiertos de su vida. ¡Y que el bendito y futuro San Carlos de Foucauld bendiga y guarde a todos nuestros soldados que sirven a Francia con honor y fidelidad!”.

*Pero lo que ha hecho famoso el nombre de El Moungar fue la tremenda batalla de ocho horas entre legionarios y shaambas en septiembre de 1903 que acabó en lucha cuerpo a cuerpo, en la que los beduinos, hábiles en el manejo de la espada y el cuchillo, tenían ventaja sobre los legionarios baïonnette au canon.

Nota: En 1903 Carlos de Foucauld estaba en Beni Abbés y no en Tamanrasset

La importancia del silencio

El silencio nos lleva a una experiencia de soledad, sin que nadie nos proteja y arrope. A esta experiencia tenemos miedo, pues nos sitúa ante nosotros mismos, sin ropajes ni artificios. Tenemos miedo de encontrarnos ante nuestra propia realidad. Si tenemos paciencia y afrontamos este miedo, recuperamos el paraíso perdido, nuestro auténtico hogar, lleno de vida y de paz. Es la vida y la paz que brota del silencio, para iluminar nuestra mente y nuestro corazón.

Hemos expulsado el silencio de nuestras ciudades y de nuestras vidas. Hemos de recuperar el silencio, pues es el único que aporta calma, da paz y hace crecer en sabiduría. Los momentos más grandes de la vida humana son siempre momentos de profundo silencio. Los momentos más grandes del arte, de la ciencia, de la creatividad, son momentos de absoluto silencio. El silencio no nos engaña con propuestas fantásticas, no nos distrae con milagros imposibles, no nos cansa con estrépito fastidioso.

El silencio cuando se hace presente no pasa inadvertido, te llama la atención sin pretenderlo, nos habla sin decir nada, nos interroga sin hacer preguntas, nos sitúa y nos descubre el lugar donde nos encontramos, sin análisis ni cálculos mentales. Hay silencios que matan. Son los falsos silencios, los que crean tensión, agobian, endurecen, aplastan, distancian de los demás, bloquean la comunicación, encierran en la cárcel mental lo más creativo de la persona humana. El verdadero silencio es un tesoro que hay que buscarlo dentro de nosotros como aquello que proporciona vida y que se esconde más allá de la experiencia humana y que percibimos como una caricia divina.

Si permanecemos en el silencio, escucharemos lo que no se oye, percibiremos lo que no se ve, sentiremos lo que no se toca, intuiremos el misterio esencial de toda criatura. Cuando el silencio no es evasión ni huida, cuando el silencio es silencio de la mente, del cuerpo y del corazón, el silencio habla y la vida se transforma. Es entonces cuando aparece la humildad de mi nada y de mi todo, se disuelve la oscuridad y aflora la luz de la conciencia, para disolverse en el silencio amoroso de Dios.

El silencio es una “música callada”1 que brota en el corazón cuando se callan todos los sonidos de alrededor. El silencio es la melodía de Dios, una presencia amorosa, quieta y luminosa que envuelve a toda la creación. El silencio siempre habla, pero se escucha en silencio. Así, silencio y quietud es lo mismo que presencia amorosa. El silencio habla desde la otra orilla, desvelando la presencia silenciosa y eterna de Dios, que nos da el espíritu de sabiduría para manifestarnos el verdadero conocimiento y nos ilumina nuestros ojos para conocer a que esperanza estamos llamados.

El silencio es necesario para encontramos a nosotros mismos y para autodescubrirnos de manera auténtica; nos ayuda a mirar el pasado con ecuanimidad, el presente con realismo y el futuro con esperanza. El silencio nos permite contemplar al dador de la Vida, a los hermanos y a la naturaleza con una nueva mirada, y nos ayuda a proyectarnos, en la realización del plan o la vocación que Dios ha dispuesto para cada uno de nosotros desde siempre.


1                SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 70, BAC, Madrid, 1994, 128.

Oración on line por la unión de los cristianos

La Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero de 2022 con el lema, «Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (cf. Mt 2, 2). Un texto bíblico que se inspira en la visita de los Reyes Magos al Rey recién nacido en Belén.

MENSAJE DE LOS OBISPOS
«Hemos visto brillar su estrella y venimos a adorarlo»
Con el comienzo del nuevo año la tradicional Semana de Oración por la
Unidad de los Cristianos nos vuelve a interpelar, poniendo como un espejo
ante nuestra vista la falta de unidad que nos aqueja, restando así significado a nuestra presencia en el mundo. El avance de la descristianización
de Europa inquieta la conciencia de las Iglesias y Comunidades eclesiales, preocupadas por la pérdida de identidad cristiana del Occidente, cuya
cultura y comprensión de la vida, del origen y destino del ser humano no
podría entenderse sin la referencia de su propia historia al Evangelio.
La propuesta como lema y motivo de oración para este año de las palabras de los Magos preguntando por el nacimiento del rey de los judíos
(cf. Mt 2, 2), viene a dar al Octavario una motivación que nos devuelve a
la razón de ser de la Iglesia: anunciar el mensaje de salvación universal
que el Resucitado confío a los apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a
los habitantes de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que
yo os he mandado
» (Mt 28, 19-20a). Nuestras dificultades para mantener
la unidad visible de la Iglesia no pueden hacernos olvidar la urgencia del
mandato de Cristo, porque la salvación es el destino universal de todos
los seres humanos; y para que la salvación alcance a todos es preciso
darles a conocer la verdad que se le ha confiado a la Iglesia. Esta verdad
de vida eterna está contenida en las breves fórmulas del anuncio apostólico o kérygma, que san Pablo recapitula diciendo «que Cristo murió
por nuestros pecados conforme a lo anunciado en las Escrituras; que fue
sepultado y que resucitó al tercer día conforme a esas mismas Escrituras
»
(1 Cor 15, 3-4). En esta formulación del anuncio evangélico está contenida la síntesis del Misterio pascual, revelado por Dios y entregado a los
apóstoles para su anuncio universal, como aclara también san Pablo en
la Carta a los Efesios, al exponer como contenido de este misterio el plan
de salvación de Dios: «Se trata del plan que Dios tuvo escondido para las
generaciones pasadas, y que ahora, en cambio, ha revelado por medio del
Espíritu a sus santos apóstoles y profetas
» (Ef 3, 5). El apóstol aclara en
qué consiste este misterio antes escondido y ahora revelado, y dice que
«los paganos comparten la misma herencia, son miembros del mismo
cuerpo y participan de la misma promesa que ha hecho Cristo Jesús por
medio de su mensaje apostólico»
(Ef 3, 6).
El plan de Dios fue anunciado por los profetas, que contemplaron en la
lejanía de las profecías el futuro de unidad de la humanidad congregada
en Jerusalén. Isaías anuncia con alegría que a Jerusalén llegarán de Oriente
y de las islas y de la lejana Tarsis en Occidente las riquezas de las naciones,
y exclama: «¡Álzate radiante, / que llega tu luz, la gloria del Señor clarea
sobre ti!… Llegan todos de Sabá, / trayendo oro e incienso, / proclamando las gestas del Señor
» (Is 60, 1.6b.9). Algunas profecías pueden haber
influido en la redacción del relato de la llegada de los Magos a Jerusalén
buscando el lugar del nacimiento del rey de los judíos. La liturgia de la
Iglesia aplicó la interpretación de estas profecías a la adoración que los
Magos tributaron a Jesús recién nacido. El texto sagrado vislumbra el esplendor del futuro, cuando la llamada de Dios a los pueblos encuentre la
respuesta de quienes son convocados a la unidad en el reconocimiento y
adoración del único Dios, que «habló en otro tiempo a nuestros antepasados por medio de los profetas, y lo hizo en distintas ocasiones y de múltiples maneras» (Heb 1, 1). Los profetas, en efecto, adelantan el destino universal del anuncio evangélico (cf. Am 9, 12 y Hch 16, 18), que ha de alentar
la predicación apostólica sin limitación alguna (cf. Is 49, 6; 66, 18-20).
Hoy, emplazados ante la urgencia de la nueva evangelización, se constata que el cristianismo se recupera en los países que fueron sometidos a las ideologías totalitarias del pasado siglo XX, que ocasionaron sufrimientos inmensos, que llegaron a alcanzar a naciones enteras, en las cuales la prohibición de la práctica religiosa y la educación atea apartaron de la fe a las nuevas generaciones. Se trata de una recuperación, un objetivo irrenunciable de la nueva evangelización, que al mismo tiempo pugna por recobrar a cuantos en Occidente son víctimas de la ideología
del materialismo relativista, que ha conducido a amplios sectores de la
sociedad al agnosticismo y a la pérdida de la conciencia moral cristiana.
Sin embargo, no podemos perder la esperanza de que el anhelo de trascendencia, que nunca abandona el alma humana, ayude a estos mismos sectores sociales a abrirse a la luz poderosa del Evangelio, simbolizada por la estrella que guio a los Magos hasta Jesús, porque la luz de Cristo
sigue alumbrando las oscuridades de las personas y de los pueblos, sin
que se extinga el hambre de Dios. No podemos perder la fe esperanzada en las palabras proféticas de Jesús resucitado, que alientan la acción evangelizadora a la que Dios nos convoca para dar testimonio de Cristo: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo»
(Mt 28, 20b). La predicación evangélica, por su mismo destino universal,
personificado en los Magos de Oriente, que se postraron en adoración
ante Jesús, proclama el carácter universal de la salvación que el Hijo de
Dios vino a traer a la tierra, y esa universalidad mira tanto a los países
de misión como a las sociedades de los países antes cristianos y hoy en la
frontera del indiferentismo, donde tanto han disminuido las comunidades cristianas confesantes y de práctica religiosa.
El movimiento ecuménico como fenómeno contemporáneo surgió
como obra del Espíritu Santo, impulsando a las Iglesias y Comunidades
eclesiales a afrontar las doctrinas, superar las condenas y aproximar a
los cristianos, poniendo el mayor énfasis en cuanto les une para poder
superar cuanto les separa. El camino propuesto por los grandes apóstoles
del ecumenismo ha sido, con todo acierto, la llamada a la conversión a
Cristo y al encuentro de todos los bautizados en la adhesión a la divina
persona de nuestro Redentor como fundamento de la comunión deseada.
Todos hemos de ser conscientes de que lo acontecido en Cristo, su Pasión,
muerte y Resurrección, están en el centro de nuestra fe, así atestiguado
por las Escrituras, como el mismo Jesús resucitado expuso a los discípulos, desconcertados por los acontecimientos del Calvario, dejándoles el mandato de la misión cristiana como mensaje y tarea, porque con su muerte y Resurrección estaba escrito «también que en su nombre se ha de
proclamar a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, un mensaje
de conversión y de perdón de los pecados
» (Lc 24, 47; cf. 24, 25-27).
Sin renunciar a la búsqueda permanente del acuerdo sobre la fe que
creemos, si ocupamos el tiempo debatiendo la solución de nuestras desuniones y descuidamos el anuncio de la salvación en Cristo tampoco llegaremos a alcanzar la unidad visible que Cristo quiso para su Iglesia. En la medida en que nuestra obediencia en la fe a su mandato sea más fiel
a la voluntad de nuestro Redentor, en esa misma medida el crecimiento
de la Iglesia y su implantación en el mundo ayudarán a reconstruir la
unidad perdida de los cristianos. La nueva evangelización es tarea de
todos, y la misión requiere hoy de las Iglesias y Comunidades un trabajo
de conjunto. Jesús, despidiéndose de sus apóstoles les dijo que contamos
para la misión con el mayor bien divino, que es el «don prometido por
mi Padre (…), la fuerza que viene de Dios» (Lc 24, 49). El Octavario ha de
intensificar la oración al Espíritu Santo para que todos los cristianos nos
dejemos llevar por él a Jesús, porque el Espíritu recibe de Jesús lo que
viene del Padre y lo da a conocer (cf. Jn 16, 13-15).
El año pasado quisimos poner el acento en la dimensión espiritual
del ecumenismo y la necesidad de suplicar a Dios todos los cristianos la
unidad deseada por Cristo para su Iglesia. Este año queremos poner el
acento en el alcance universal del anuncio de la salvación en Cristo y, por
tanto, en el carácter misionero de un ecumenismo que no pierda de vista
el fin último de la evangelización: la congregación en una sola Iglesia de
los pueblos y las naciones, meta a la que tiende la acción misionera de la
Iglesia en el mundo, cuyo culmen es la celebración de la eucaristía. Con
esta intención, tenemos muy presentes a los cristianos representados en
el Consejo de Iglesias del Oriente Próximo, con sede en Beirut, la capital
de un país como El Líbano, en otro tiempo próspero y modelo de convivencia entre las religiones no cristianas y las confesiones cristianas de ritos diversos, un país y una nación hoy sometida a la inestabilidad política y atormentada por la violencia de la guerra y las acciones terroristas. Fueron los cristianos del Próximo Oriente los que eligieron el lema y motivación de la próxima Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, y prepararon y trabajaron el esbozo y posible desarrollo de los materiales.
El grupo internacional designado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (PCPUC) y la Comisión “Fe y Constitución” del Consejo Ecuménico de Iglesias trabajó posteriormente sobre lo hecho, teniendo en cuenta que la elección del texto de san Mateo sobre
la adoración de los Magos da una fuerte proyección universal al anuncio
evangélico, y como consecuencia a la unidad de las naciones congregadas
en torno al recién nacido Salvador universal, Jesucristo, nuestro Señor. Por
esto mismo el grupo internacional sugiere que en la Semana de Oración
tengamos presentes a estos cristianos del Próximo Oriente, que forman
parte de las distintas Iglesias orientales antiguas y ortodoxas bizantinas,
de las Iglesias orientales unidas e integradas como Iglesias particulares en
la comunión católica. En el escenario geopolítico del Próximo Oriente no
faltan las comunidades del Patriarcado latino de Jerusalén ni las comunidades de diversas confesiones cristianas surgidas de la Reforma. Este mosaico de Iglesias y Comunidades eclesiales se esfuerza por mitigar los enfrentamientos políticos y las acciones de guerra y violencia
que no cesan y que tanto han afectado a la sociología cristiana en el gran
escenario de la historia sagrada donde el Verbo de Dios se hizo carne
de nuestra carne, proclamó el reino de Dios y la conversión definitiva a
Dios revelado en su divina persona humanada. En comunión con nuestra carne sufrió la Pasión y la cruz y resucitó de entre los muertos. La Tierra Santa desde muy pronto vio crecer las comunidades cristianas y la
Iglesia madre de Jerusalén se convirtió desde el origen en referencia de
la Iglesia universal. Su sociología desde hace más de medio siglo se ha
visto progresivamente reducida, a causa de los conflictos bélicos del escenario geopolítico del Oriente Próximo, por la emigración y la huida de tantos miles de refugiados que han buscado en Occidente una seguridad de vida que les permita mantener su propia identidad.
Los obispos católicos de Europa no han dudado en promover una comisión de ayuda y respaldo a los cristianos de Tierra Santa. Recibamos con espíritu ecuménico, y abierto a la paz de las religiones en el Oriente Próximo, la orientación que nos proporciona la introducción a los materiales del Octavario de este año, a los que el grupo internacional ha dado forma. Por ello queremos terminar nuestro mensaje haciendo nuestras las palabras con las que el grupo exhorta a los cristianos a tener presentes a nuestros hermanos del Oriente: «Hoy, más que nunca, el Próximo Oriente necesita una luz celestial para acompañar a su pueblo. La estrella de Belén es la señal de que Dios camina con su pueblo, siente su dolor,
escucha su grito y le muestra compasión (…). El camino de la fe es este
caminar con Dios que siempre vela por su pueblo y que nos guía por las
complejas sendas de la historia y de la vida
».
Madrid, 6 de enero de 2022
Obispos de la Subcomisión para las Relaciones Interconfesionales
y Diálogo Interreligioso
Adolfo González Montes
Obispo de Almería, presidente
Francisco Javier Martínez Fernández
Arzobispo de Granada
Javier Salinas Viñals
Obispo Auxiliar de Valencia
Esteban Escudero Torres
Obispo Auxiliar emérito de Valencia
D. Rafael Vázquez Jiménez
Director del Secretariado

¿Sigue siendo actual el testimonio de Carlos de Foucauld?- Entrevista al hno. del Evangelio Xavier Gufflet

Xavier Gufflet es Hermano del Evangelio. Su congregación se inspira en la espiritualidad de Carlos de Foucauld, y nos presenta lo que constituye el corazón de la misma: el apego a Jesús y la lectura reiterada del Evangelio, que nos llaman al encuentro con comunidades humanas diferentes.

La posible canonización de Carlos de Foucauld ha suscitado recientemente algunas controversias. ¿Tiene aún algo que decirnos hoy Carlos de Foucauld?

Carlos de Foucauld puede enseñarnos muchas cosas, pero nada nuevo. Es su insistencia en Jesús y el Evangelio lo que es valioso para nosotros actualmente. Él le decía a Louis Massignon que leer una y otra vez el Evangelio debería ser como la gota que cae sobre una losa día tras día, que acaba dejando su huella. Una lectura regular y continua del Evangelio deja en nosotros la huella del espíritu del Evangelio.

Carlos de Foucauld se convirtió a los 28 años. ¿Podemos decir que consideraba a Jesús un amigo cercano?

Efectivamente, y este vínculo tan íntimo con Cristo es la fuente de toda su vida. El abad Huvelin le había enseñado a Jesús y él nos lo enseñó a nosotros, enseñándonos también el gusto de leer y meditar el Evangelio.

Sin embargo, incluso después de su conversión, su recorrido fue bastante caótico: primero pensó en ser trapense, después partió a Tierra Santa? ¿Le costó seguir a Cristo?

Yo no hablaría de un recorrido caótico. Creo más bien que necesitó una formación. Estuvo siete años en un monasterio trapense, después fue a Palestina donde permaneció tres años. Para él fueron dos etapas formativas en ámbitos diferentes. Ya ordenado sacerdote, en 1901, encontró su plenitud al volver a entrar en contacto con el mundo que lo marcó durante su exploración de Marruecos. Se instaló en Béni-Abbès, cerca de la frontera marroquí. Entre los tuaregs encontró un equilibrio. Los militares desplazados a Béni-Abbès, como también los tuaregs, dieron testimonio de su alegría y felicidad después de su largo periodo de preparación, primero en el monasterio trapense y después en Tierra Santa. Para él, cuestionar sus decisiones no era algo negativo, lo llamaba un «cambio de pista». Fue Dios el que le llamó al monasterio trapense y, después, a Palestina o al Sahara. Su relación con Dios le ayudaba a avanzar y cambiar.

Carlos de Foucauld vivió feliz entre los musulmanes. ¿Cómo se inscribe la figura de Jesús en este recorrido?

Por el carisma de fraternidad. Carlos de Foucauld meditó mucho el capítulo 25 del evangelio de Mateo sobre el juicio final. Para él, encontrarse con el otro es encontrarse con Jesús. No contraponía el tiempo que pasaba orando ante el Santísimo Sacramento con el tiempo durante el cual acogía a los que llamaban a su puerta. Esta disponibilidad y su mirada sobre Jesús y los hombres le daban una unidad de vida extraordinaria.

¿Por qué pasaba tanto tiempo en adoración delante del Santísimo Sacramento?

Fue Marie de Bondy quien le ayudó a entrar en esta espiritualidad. Pero cuando estuvo en la Trapa descubrió otra espiritualidad, marcada por los oficios comunitarios. En Béni-Abbès se levantaba muy pronto para poder estar durante mucho tiempo ante el Santísimo Sacramento antes de que la gente llamara a su puerta. Asimismo, a partir de 1904, cuando vivió entre los tuaregs, se levantaba pronto para celebrar la misa antes de recorrer los 30 o 40 km que hacía a diario en camello. Siempre conservó ese tiempo de soledad con Jesús. Solo dejó de levantarse temprano cuando ya no tuvo fuerzas. Pero él ya vivía lo que san Pablo nos pide: rezar siempre, y esta última época no se opone a las anteriores.

Usted es Hermano del Evangelio. ¿Ha aprendido a vivir el Evangelio con Carlos de Foucauld?

Sí; y no he acabado de aprender. Carlos de Foucauld nos ha enseñado el contacto con la gente y es lo que yo vivo donde me encuentro. Como nos pide el papa Francisco, hay que entrar en contacto con las «periferias», no tener solo un conocimiento teórico de las mismas. Para Carlos de Foucauld era necesario ir hacia los más alejados. Es lo que hizo en Marruecos y con los tuaregs.

Xavier Gufflet, Hermano del Evangelio. Entrevista realizada por Sophie de Villeneuve.

Carlos de Foucauld: «Hermano universal» que imitó a Jesús

Un día después del anuncio de la fecha de su canonización, el padre Bernard Ardura (postulador de la causa de Carlos de Foucauld) recuerda en entrevista con Vatican News, que el sacerdote francés «quiso imitar a Cristo, quiso reproducir en su propia vida las virtudes de Jesús».

Marine Henriot – Ciudad del Vaticano

La noticia fue dada a conocer ayer por la Congregación para las Causas de los Santos en un comunicado: la ceremonia de canonización del sacerdote francés Carlos de Foucauld (Charles de Foucauld) y de otros seis beatos se celebrará el 15 de mayo. Es una gran alegría, subraya el presidente del Comité Pontificio para las Ciencias Históricas, el padre Bernard Ardura. Es una alegría, añade, «para su familia espiritual, para la Iglesia del Norte de África».

– Ha llegado la noticia con la fecha de la canonización…

Recuerdo que con motivo de los saludos a la Curia Romana en la pasada Navidad le dije al Papa Francisco: esperamos esta canonización. Y él respondió inmediatamente: por supuesto, quiero hacerlo, pero tenemos que esperar. Ahora tenemos esta gran alegría. Una alegría para la familia espiritual de Carlos de Foucauld. Una alegría para la Iglesia del Norte de África. Esto es importante porque esta Iglesia está formada por pequeñas comunidades de extranjeros que viven en Argelia, Marruecos, Túnez y Libia.LEA TAMBIÉN09/11/2021

El 15 de mayo de 2022 la Iglesia tendrá siete nuevos santos

Para ellos es muy importante que Carlos de Foucauld se convierta en un signo universal. Estas iglesias no están solas, no están aisladas, sino que pertenecen a la Iglesia Católica. Y creo que esto es muy importante para la conciencia, para la conciencia que estas Iglesias tienen de sí mismas como parte integrante de la Iglesia Católica.

– ¿Cuál es la lección de Carlos de Foucauld?

Carlos de Foucauld, cuando se convirtió, comprendió una cosa: mi vida debe estar enteramente dedicada a Cristo. Esto es lo que quería vivir hasta el final de su vida. Quería imitar a Jesús, quería reproducir en su propia existencia la vida de Jesús, las virtudes de Jesús. Lo hizo, al principio, yendo a vivir a Tierra Santa, a vivir en la tierra que frecuentaban Jesús y los apóstoles.

Luego, poco a poco, su fe se purificó, maduró: comprendió que el entorno geográfico no era esencial. Comprendió que tenía que vivir la vida de Jesús cada día. Y vivir interiormente esta comunión con Jesús. Por eso fue al Sahara, donde vivió entre soldados franceses, todos bautizados pero no creyentes, y entre musulmanes. En este contexto quiso ser otro Cristo. Era para ellos un signo de un amor universal. Y por eso pudo decir con razón: soy el hermano universal.

Un testimonio del Evangelio

Antes de convertirse en el «Hermano Carlos de Jesús», el joven Carlos, nacido en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858, emprendió la carrera militar. Durante su adolescencia, dejó de lado su fe, pero durante una peligrosa exploración en Marruecos, surgió en él una pregunta: «¿Existe Dios?». «Dios mío, si existes, permíteme conocerte» fue su petición, que ya adquiría los rasgos de la oración incesante que caracterizaría toda su vida.

De vuelta en Francia, De Foucauld se lanzó a la búsqueda y pidió a un sacerdote que le instruyera. Luego se fue en peregrinación a Tierra Santa. En los lugares de la vida de Cristo, encontró su vocación: consagrarse totalmente a Dios, imitando a Jesús en una vida oculta y silenciosa. Ordenado sacerdote a los 43 años (1901), Carlos fue al desierto del Sahara argelino, primero a Beni Abbès, pobre entre los más pobres, y luego más al sur, a Tamanrasset, con los tuareg del Hoggar.

Llevaba una vida de oración, meditando continuamente la Sagrada Escritura, con el deseo incesante de ser un «hermano universal» para toda persona. Murió a la edad de 58 años la noche del 1 de diciembre de 1916, asesinado por una banda de merodeadores que pasaba por allí. Benedicto XVI lo beatificó en 2005.

Último adiós a sor Bárbara, la ‘hermana de los musulmanes’, en una mezquita de Hermel (Líbano)

En el funeral de Bárbara de Jesús, los chiítas recitaron una invocación del Islam, Al-Fātiḥa, que constituye la primera sura del Corán, por el alma de la religiosa que trabajó en los barrios más pobres

También los cristianos lloran la muerte de la hermana: «Gran tristeza en la tierra y gran alegría en el cielo por el paso de sor Bárbara»

Durante los años del conflicto libanés, esa casa representó un símbolo de paz y convivencia pacífica para los habitantes de la zona

https://www.religiondigital.org/mundo/Ultimo-Barbara-musulmanes-mezquita-Hermel_0_2411458848.html

Boletín Iesus Caritas (Enero-Marzo 2022) – La Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld

Editorial
«TRABAJAD SIEMPRE POR EL SEÑOR… NO DEJARÁ
SIN RECOMPENSA VUESTRA FATIGA» (1 Cor 15,58)
Al escribir la editorial de este número correspondiente a
enero – marzo es pública la noticia de la fecha de la canonización
de nuestro Hermano Carlos de Foucauld. En efecto, el pasado 9
de noviembre de 2021, la Congregación para la Causa de los
Santos a través de un comunicado informó la fecha de la
canonización para el 15 de mayo de 2022 en Roma. El 13 de
noviembre del año 2005 fue beatificado en el pontificado de
Benedicto XVI por el Cardenal José Saraiva Martins.
El 3 de mayo de 2021, en la Sala del Consistorio del
Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre ha presidido la
celebración de la hora tercia y el Consistorio ordinario público
para la canonización de siete beatos, cuya fecha de canonización
se definirá posteriormente. Entre ellos destacan María
Francesca di Gesù, nacida Anna María Rubatto, fundadora de
las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano, quien murió en
Montevideo en 1904.
El Consejo de Redacción del BOLETÍN dedicará sendos
números a este momento de gracia para toda la Iglesia. El
número de abril-junio centrado en la preparación espiritual y el
número de julio-septiembre para dar gracias a Dios por este
modelo evangélico que nos orienta y señala hacia el Modelo
Único. Es un momento único para aportar nuestros escritos y
colaboraciones al punto de encuentro de las fraternidades que
es, sin duda, nuestro BOLETÍN de las Familias.
El presente número está dedicado a la Comunidad
Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld. Ha sido la última
fraternidad en llegar a la Asociación de las Familias Carlos de
Foucauld en España después de un recorrido que se inició en el
poblado agrícola de san Francisco, barriada de Huércal Overa,
villa de la provincia de Almería, en el año 1978, hasta ser
reconocida en el año 2018 como Asociación privada de fieles con
presencia actual en dieciséis países.
La Asociación privada de fieles considera a J. L. Vázquez
Borau como su promotor y tiene como referencia espiritual
primera a san Carlos de Foucauld “como testigo ejemplar del
Evangelio” junto al religioso benedictino Padre Estanislao
María Llopart, “muestra viva de la sabiduría evangélica”,
miembro de la comunidad de monjes de Montserrat (Cataluña)
que siguen la Regla de san Benito dedicados a la oración, la
acogida y el trabajo. Fue referencia para muchos jóvenes desde
su ermita de la Santa Creu. Desde su eremitorio acompañó
muchos proyectos espirituales que fueron cuajando con el paso
del tiempo en grupos de seguidores del Señor.
La Asociación privada de fieles tiene “como modelo
contemplativo de fecundidad evangélica” a santa Teresa de
Lisieux. Leyendo las cartas de san Pablo, en la Primera Epístola
a los Corintios capítulo 13, es iluminada en lo profundo, como
un rayo que la atraviesa. Entonces el significado más profundo
de su vocación aparece de repente frente a ella, “por fin he
encontrado mi vocación, mi vocación es el amor…”.
La referencia ecuménica está representada por el Hermano
Roger que, como Carlos de Foucauld, fue víctima de exaltados
que le arrebataron la vida sin sentido. Su comunidad de Taizé
es conocida en el mundo entero por su espíritu ecuménico, de
acogida a los jóvenes y oración. La Asociación privada de fieles
lo considera, y considera a su comunidad, “como canto gozoso e
ilusionado del Espíritu de Jesús Resucitado”.
El lector encuentra en este número la narración de una
aventura recogiendo las bases bíblicas de su espiritualidad
específica, los testimonios de los protagonistas que han escrito las
páginas evangélicas de un sueño que el Espíritu ha ido dando
consistencia, al tiempo que proponen caminos y espacios de
encuentro a través de las redes sociales, y ofrece un modelo de
oración de intercesión por las necesidades de la humanidad y la
creación, el ecumenismo, el diálogo interreligioso y por un mundo
más justo y bondadoso con el frontispicio de una Regla que es guía
y apoyo para caminantes que persiguen horizontes infinitos.
MANUEL POZO OLLER
Director