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Podríamos contar muchas cosas sobre ella. Hoy queremos escucharla…
Este relato, lo escribió el mayo de este año, y ha sido publicado en varias redes… «Mirada Contemplativa», «Telegra» etc…

“Preguntarnos sobre lo que es esencial en nuestras vidas puede ser un ejercicio que, a fuerza de repetirlo, nos ayude a descubrir la necesidad de ir más ligeros de equipaje en el viaje de la vida…”
“Tenía alrededor de 20 años cuando estudiaba en la universidad y decidí experimentar si mi proyecto de vida era casarme con un muchacho y formar una familia. Así ya era amiga de las hermanitas cuando este hermoso mensaje me llegó y mi amistad con ellas duró alrededor de diez años. Siendo amiga de ellas, las vi vivir su carisma trabajando codo a codo con sus compañeras y compañeros de trabajo; tomando tiempo para la oración silenciosa, para ir al desierto de la soledad y buscar allí la voluntad de Dios en sus vidas; acogiendo a cada persona como única y acompañándola siempre…
En la Navidad de 1995, la hermanita Lidia invitó a venir a una Hermana de Sión nicaragüense para que nos ayudara en el conocimiento de la Palabra de Dios. Aún recuerdo a la hermana Ana María diciéndonos: “Nosotros, los cristianos, no llevamos la cruz de Cristo, mientras que no carguemos con la cruz de nuestros hermanos”.
Esta frase hizo “click” en mi corazón y todo fue claro para mí: El Señor me llamaba a consagrarme a Él por amor a mis hermanos y hermanas pobres. Se lo dije a Hermanita Lidia y me puse en camino para hacer un buen discernimiento. En este proceso fue muy fuerte para mí descubrir que, de todas las congregaciones presentes en el país, la única que me permitía tener continuidad con mi historia personal de trabajar y ganarme el pan con el sudor de mi frente, era la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús…»

“He vivido en Cuba desde que formo parte de las Hermanitas de Jesús, salvo algunos tiempos de mi formación. Desde hace tres años trabajo en un Círculo Infantil como Auxiliar Pedagógica. Intento acompañar a los niños o niñas dando razón de lo que hago y el afecto que les expreso con mis acciones. La bondad es una llave que abre los corazones de todos y todas, y eso se agradece con creces. No hay nada más bonito que contemplar cómo un niño o una niña va creciendo en estatura y en autonomía frente a los mayores. Con mis compañeras de trabajo, el poder compartir codo a codo, las dificultades de cada día es parte de mi misión como hermanita de Jesús…”
“Ser contemplativas diariamente es descubrir la presencia de Dios en mí, en cada persona, y en todo lo que me acontece a mí y a los otros. Ser contemplativas es estar atentas para descubrir la bondad y la belleza en cualquier lugar, incluso y más todavía, en los más inmundos y en cualquier tiempo, o sea, en los inapropiados, según nuestros razonamientos. Dios es Amor y como Amor que es, Él se dona, se da, se entrega siempre. A nosotros nos corresponde descubrirlo en las apariencias que lo velan, que lo esconden.
Dicen los estudiosos del cristianismo que a Jesús, nuestro Salvador, que es el Crucificado, tardaron muchos años en representarlo crucificado porque era un horror tan grande estar crucificado, que nadie era capaz de contemplarlo así.
Así Carlos de Foucauld, el inspirador de nuestra espiritualidad de Nazaret, comprendió que Jesús tomó el último lugar y nadie nunca ha podido arrebatárselo. Él, el Único bien, aceptó ser crucificado, Él que es el Cordero de Dios nos invita también a nosotros a serlo con Él. Esto es ser contemplativas en los caminos del mundo…”
“Ser pobre, necesitado es un buen camino que nos religa, (re-ligarse: volver a unirse) que nos vuelve a unir y a sentirnos como hermanas y hermanos que es la vocación a la que nos llama, nos convoca y nos invita nuestro Dios que es Padre y Madre. Sabernos y sentirnos amados por Dios es fuente de realización personal.
No hay nada más bonito que despertar cada mañana y agradecer a Dios el haber escuchado el despertador que te llama a la vida, a los compromisos que tienes a lo largo del día con el trabajo y también con las múltiples personas que encontrarás y con las que entrarás en relación desde el transporte que te conduce al trabajo hasta el que te conduce de regreso a tu casa…”
“Caminar por las calles, saludar a las personas, alegrarte por un encuentro no esperado, todo es fuente de sentido para nuestra vida y esa vida que vivo me hace plenamente feliz. Sentir que siendo una hermanita de Jesús, sencilla, que trabaja como cualquiera, que tiene deberes como cualquiera y que busca amar a sus semejantes como cualquiera, esta es la fuente de mi realización personal y de mi felicidad humana…”
“El Hermano Carlos de Foucauld le gustó, apreció como algunos de los que lo visitaban en su casa de Benni-Abbés, en Argelia, lo comenzaron a llamar el Hermano Universal. Recibía a todos: esclavos y militares. A todos los trataba con deferencia. Su casa la comenzaron a llamar “Fraternidad”, así consta en sus escritos. Esta capacidad de acoger en su casa, a cualquiera desde el más grande al más pequeño fue un sello que lo distinguió en su paso por el Hoggar…»
«Hermano Carlos fue un pionero en esto y en ir a abrazar a la última de las personas, la más alejada, la más olvidada, para decirle que Dios la amaba con una ternura infinita. Esta búsqueda, este afán por buscar los últimos fue la línea roja que lo impulsó siempre en su largo peregrinar por la vida…”
MAYTE VARELA
Hermanita de Jesús.
La Habana Cuba. Mayo 2021.

| 1. El recorrido de la conversión El 11 de junio de 1906, Jacques, Raïssa y su hermana Vera reciben el bautismo en la iglesia de san Juan Evangelista en Montmartre. Jacques tiene 24 años y ya se ha graduado en filosofía y en ciencias en la Sorbona. Por vía materna es sobrino de Jules Favre, así como su gran amigo Ernest Psichari, también por vía materna, es sobrino de Ernest Renan. Ambos provienen de grandes familias de intelectuales y políticos, entre las más representativas de la Francia liberal y republicana, como escribe Raïssa en Les grandes amitiés.Educado en el espíritu del protestantismo liberal, en realidad un incrédulo, Jacques prontamente se compromete en una militancia socialista y, como escribe siempre Raïssa, “estaba siempre presto a la iniciativa de una acción generosa, si la justicia o la verdad estaban implicadas». Ambos se encontraban terriblemente angustiados por el absurdo que representaba la existencia para ellos, incluso, continua Raïssa, a pesar de que “Jacques había pensado que en el largo plazo valía la pena luchar por los pobres, en contra de la esclavitud del proletariado. Esa generosidad suya le había fortalecido, pero en esa circunstancia se encontraba desesperado como yo».Jacques había encontrado a Raïssa, una joven judía rusa agnóstica, ansiosa como él de hallar una respuesta a las grandes cuestiones de la vida y de la muerte. Juntos frecuentaban cursos de ciencia y de filosofía en la Sorbona que no los dejaban satisfechos: en esas enseñanzas no encontraban la respuesta a las cuestiones que se planteaban. Pronto nace una amistad, y después un amor extraordinario, cimentado también en la común búsqueda de la verdad.Jacques y Raïssa, junto a Psichari, frecuentan la librería -la sede de la redacción de los «Cahiers de la Quinzaine»- de aquel personaje extraordinario que fue Peguy, también él socialista, a la búsqueda de la verdad, y adversario del historicismo y del cientificismo de la Sorbona; lugar donde tienen ocasión de encontrarse con otros intelectuales y políticos como Sorel y Jaurés.Peguy los conduce al Collège de France a seguir los cursos de Henry Bergson, del cual no sólo admiran “su palabra elocuente y precisa, que –escribe Raïssa- nos tenía absortos, la distracción era imposible…»; palabra con la cual criticaba los prejuicios antimetafísicos de sus colegas racionalistas; pero son los cursos sobre Plotino, en cualidad de místico y de metafísico, que hablan del alma y de Dios, los que ayudan a los Maritain a no desesperar en la conquista de la verdad.Mas no es el filósofo Bergson quien los introduce a la fe religiosa; es Léon Bloy, espíritu abierto al Absoluto, profeta bíblico y genio literario, quien acompaña a los Maritain, ya casados, a lo largo del itinerario de la conversión de sus corazones, que acontece en el 1906. En ese mismo año Jacques, que ha ganado una beca, parte con Raïssa a Heidelberg, con la meta de seguir los cursos de biología de Hans Driesch, y, en aquel tiempo, incluso duda de proseguir con sus estudios filosóficos.En el 1908 retornan definitivamente a París, pero Jacques no buscará un puesto como docente de filosofía, tal vez por el temor que despierta la atmósfera anticlerical en la escuela, lo que no le hubiera permitido enseñar libremente. Se ocupa así en diversos trabajos, entre ellos el de redactor de la casa editorial Hachette.Aquellos años en Alemania, y después de los primeros tiempos en París, son para Jacques un período de gran ahondamiento espiritual, vivido intensamente junto a Raïssa. Cabría hacer una reflexión particular en relación al tema de esta intimidad conyugal, de la cual hay testimonios en el bellísimo ensayo Amour et amitiés, que luego nos permitirá hacer algunas acotaciones.Pasará cierto tiempo antes que Jacques retorne con intensidad a la filosofía. Será necesaria una nueva conversión, intelectual, que tiene su momento culmen en el descubrimiento de Tomás de Aquino, para que los Maritain salgan de sí mismos, si se puede decir así, y gracias al pensamiento del Aquinate, y a su confianza en la inteligencia, regresen a la filosofía y desde ella dirijan su mirada hacia los diversos campos de lo cognoscible. Amarrarse a Tomás es alimentado, no desde una espiritualidad pasiva, como en ciertas místicas, sino abierta al ser en todas sus manifestaciones.Gracias al padre dominico Humbert Clérissac, Raïssa primero y después Jacques, en el 1910, descubren la Summa Theologica, y quedan deslumbrados. Con el auxilio de Tomás acontece aquella que puede ser definida como la segunda conversión, la conversión intelectual. Jacques retoma confianza en la posibilidad de la inteligencia de conocer lo real y de poseer los instrumentos para desarrollar una metafísica fundada en la verdad.En el 1913 publica su primera obra, La Philosophie Bergsonienne, y es también el año en el que comienza a enseñar filosofía en el Institut Catholique, pero también desde entonces marca su distanciamiento con su primer maestro. Maritain sostiene que la intuición bergsoniana de la verdad, en reacción frente al positivismo, corre el riesgo de permanecer todavía prisionera en el plano de la inmanencia.En ese mismo tiempo, sin embargo, distingue en la profundidad del pensamiento de Bergson dos niveles: un bergsonismo de hecho y uno de intención, y sostiene que este último no es incompatible con el tomismo, y que se puede singularizar “extrañas correspondencias, al punto que muchas tesis de Bergson podrían ser presentadas como las refracciones y como deformaciones en espera de ciertas tesis tomistas”.Más tarde, con su obra Le Docteur Angélique Maritain justifica su opción por el tomismo y su “realismo crítico»: el tomismo «no quiere retornar al Medioevo» sino que pretende “purificar el pensamiento moderno, e integrar todo el verdadero descubrimiento después de santo Tomás”; entre el tomismo y las “formas particulares de la cultura deben reinar intercambios vitales incesantes”; «la filosofía de santo Tomás es independiente en sí misma de los datos de la fe, y no depende en sus principios y en su estructura más que de la experiencia y de la razón. Sin embargo, esta filosofía, permaneciendo perfectamente diferenciada de ambas, está en comunicación vital con la sabiduría superior de la teología y con la de la contemplación.Desde aquel momento Maritain se convence que su empeño debe consistir en una suerte de apostolado intelectual, el de confrontar la filosofía del ser con las corrientes contemporáneas de la metafísica, la epistemología, la filosofía de la naturaleza, la gnoseología, la psicología, la estética, la filosofía política, aquella de la cultura y la educación, la teología, la mística. No titubea en afrontar los nudos intelectuales del siglo XX.Se puede decir que Maritain verdaderamente ha atravesado los grandes problemas de su siglo: ha sido un pensador atento a los eventos de su tiempo, un filósofo en la ciudad, un intelectual comprometido al servicio de la verdad y de la justicia.Esta doble conversión, espiritual e intelectual, ha causado una profunda mutación en Maritain, una especie de conversión antropológica, que le ha conferido una nueva mirada sobre el mundo (y además sobre aquello que lo trasciende), sobre el sentido de los acontecimientos y le ha conducido más allá de sus primeros intereses. Tuvo una actitud algo intransigente, en una primera fase, y más abierta a la modernidad, en una segunda etapa. No hay que olvidar que Maritain es un convertido, esto se nota en su obra y, a veces, también en su lenguaje. Con este texto quisiera puntualizar el significado de esta doble conversión; quisiera analizar brevemente el itinerario espiritual e intelectual de Jacques Maritain, al menos tal como yo lo percibo, sin ninguna pretensión de agotar el tema, y con mucha libertad, aquella libertad que se debe tener también cuando nos confrontamos con los maestros, y que Maritain ha tenido confrontándose con Tomás de Aquino. Por otra parte, frente a una obra tan vasta como la de Maritain, no siendo filósofo de profesión, sería imprudente aventurarme en todos los temas. Más bien querría reflexionar sobre algunos aspectos de su obra, más ligados al movimiento interior de su conversión, y aquellos que además han sido menos estudiados. Querría hablar de su filosofía del arte y de la filosofía de la política; de su aportación al Concilio Vaticano II; de su interés por el mundo del trabajo y por las grandes civilizaciones y religiones; al final examinaré la última etapa de su vida, cuando se retira con los Hermanos de Jesús, comportamiento revelador de una cierta espiritualidad y de una cierta mística (…)En conclusión, en relación con la conversión de Maritain, uno se puede preguntar cuánto ha influido el contexto general de aquellos años. Ciertamente algunos de los convertidos, o que estaban en vías de conversión, como Bloy y Peguy; y los ambientes constituidos en torno a ellos, han ejercido una influencia progresiva en la apertura a la fe, pero la de los Maritain ha recorrido un itinerario muy personal, sea sobre el plano estrictamente espiritual (aunque Bloy, e incluso su devoción mariana jugó un papel importante) como en el intelectual (no muchos adhirieron al tomismo, sino más bien se orientaban hacia cierto espiritualismo al estilo de Maurice Blondel). De frente a esta encuesta sobre la “generación de Agathon”, la propia Raïssa Maritain escribe: «Esas conclusiones eran motivo suficiente para conmovernos; mostraban que no estábamos aislados, ni éramos animales extraños tal como nos querían caracterizar. Y el camino que habíamos seguido hacía cinco o seis años, y aunque entonces no encontrábamos entre nuestros amigos quienes nos comprendieran, muchos jóvenes iniciarían esa marcha con posterioridad…».En suma, tendría que pasar algún tiempo, tiempo de profunda reflexión personal, antes de que Maritain llegara a integrar, él mismo, parte del movimiento general; y entonces llegara a ser, él también, un “convertidor”, y uno de los mayores (…)2. El Concilio Vaticano II En relación con la religión católica cabe destacar que Maritain, que no fue ciertamente un “modernista”, aunque estuvo entre aquellos que prepararon el “aggiornamento” conciliar. De particular relevancia es la acción del filósofo antes, durante y después del Concilio Vaticano II. Su contribución, como señala indirectamente en Le paysan de la Garonne en el 1966, se refiere en particular a la Constitución Conciliar «Gaudium et spes», al Esquema XIII, y a la Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis Humanae; en el mismo sentido se pueden evocar las huellas de Maritain en Nostra Aetate.Ya en Humanisme Intégral escribe que el poder político debe garantizar el derecho a la libertad de conciencia, también sobre el plano religioso, y éste es uno de los temas, junto a la libertad de elección de los católicos en política, por los que recibió duros ataques de parte de la revista «Civiltà Cattolica». El cardenal Montini, el futuro Papa Pablo VI, de quien se hace amigo durante su período como embajador en el Vaticano, lo defiende en el sexto congreso internacional del apostolado de los laicos, por lo que recibe prolongados aplausos. Montini utiliza también los argumentos de Maritain en un largo pasaje de su texto: «Los juicios y los votos para un buen éxito del Concilio», remitido el 8 de mayo 1960 a la comisión preparatoria del Concilio.Durante el Concilio, Pablo VI consulta en muchas ocasiones a Maritain, tanto por carta como enviando a su secretario, monseñor Macchi a Toulouse, donde vivía entonces Maritain. Como consecuencia de las peticiones del Papa, el filósofo redactó cuatro memorandums: Sur la verité, La liberté religieuse, L’apostolat des laïcs y Prière commune et prière privée. En tales textos Maritain enfatiza la coexistencia entre el cristianismo y la democracia, respetando la verdad y la libertad en las relaciones entre el Estado y la Iglesia; afirmando el pluralismo político y la libertad religiosa como derechos de la persona.La idea que la libertad de conciencia deriva de la dignidad misma de la persona, es defendida en el Concilio por el cardenal Journet, otro gran amigo de Maritain, en la sesión final referida a la Declaración Dignitatis Humanae, texto que se encuentra bajo la influencia próxima de Maritain, y se reconoce también, en particular, la del padre Curtney Murray. Al día siguiente de la Declaración, Pablo VI entrega al viejo filósofo, arrodillado en la escalera de san Pedro, el “Mensaje del Concilio Vaticano II a los hombres de pensamiento y de ciencia”, declarando: «L’Église vous est reconnaissant pour le travail de toute votre vie». Y en su primera encíclica, Populorum Progressio del 1967, Pablo VI cita Humanisme Intégral en la nota 4 del parágrafo titulado: «Hacia un humanismo planetario». .3. La atención particular al mundo del trabajo Durante su larga existencia, Maritain fue sensible a todo aquello que provenía del mundo del trabajo, y tuvo contacto con los representantes del mundo laboral. Su ascendencia socialista ha tenido una influencia no efímera y su sensibilidad por los pobres fue incrementándose paulatinamente con el crecimiento de la fe cristiana.En Humanisme Intégral escribe: «sea cuan graves fuesen sus errores e ilusiones, el socialismo ha sido en el siglo XIX una protesta de la conciencia humana y de sus instintos más generosos contra los males que gritaban al cielo […] y ha conducido una lucha áspera y difícil, en la cual han sido profusos e innumerables los sacrificios, y fueron de la más conmovedora calidad humana: eran los sacrificios de los pobres. (El socialismo) Ha amado a los pobres. Y sólo se le puede criticar desde el punto de vista de la eficacia, permaneciendo deudor de él en múltiples puntos». Es preciso partir desde aquí para comprender lo que escribirá luego al respecto; y es preciso comprender, además, el sentido de su acción en el plano social. Se sabe que Maritain fue cercano a los sindicatos cristianos en Francia y que escribió para «Masses ouvrières»; en el 1937 pronunció la conferencia de apertura del congreso de las Confederaciones Internacionales de los sindicatos cristianos en París, sobre el tema “La persona humana en general”. Por medio del padre Jacques Loew, abogado prestigioso, luego fraile dominico, y uno de los primeros curas obreros, estibador en el puerto de Marsella, trabó relación con la Mission de France, y, en general, con la experiencia de estos sacerdotes comprometidos en la primera línea.En los Estados Unidos establecerá una relación duradera con el Catholic Work Movement, conducido por Dorothy Day, una convertida de gran personalidad, que había fundado en el 1933, durante la depresión económica, unos albergues para los trabajadores pobres o en paro. “Mientras era considerado marginal por la mayor parte de la jerarquía, este Movimiento Católico Laboral se convirtió en un centro de gran fermento y entusiasmo. Era uno de los pocos grupos católicos profundamente comprometidos con el movimiento por los derechos civiles». El filósofo tenía contactos intensos también con un sindicalista muy conocido, Saul Alinski, a quien en Le Paysan de la Garonne, llega a considerarlo incluso como uno de los tres revolucionarios de la época, junto a Eduardo Frei y a sí mismo.En el libro Les droits de l’homme et la loi naturelle el filósofo distingue entre los derechos de la persona humana en cuanto tal, los derechos de la persona cívica, y los derechos de la persona trabajadora, esto comporta la distinción entre los derechos económicos, sociales y culturales, con particular referencia al derecho de los trabajadores. En su Confession de Foi escribe: «Quien ha meditado sobre la historia del movimiento obrero comprende que el problema temporal y espiritual de la reintegración de las masas en la sociedad y en la iglesia, es el problema central de nuestro tiempo. 4. El diálogo intercultural e interreligioso Maritain mostró siempre un gran interés en el diálogo con otras culturas y religiones. En Religion et culture, de 1930, afirma que el cristianismo debe animar profundamente la cultura, sin agotarse en una forma de cultura dada: y por ello pueden darse diversas civilizaciones animadas por el mismo espíritu cristiano. Será el propio Maritain quien dará aliento a Olivier Lacombe para estudiar el hinduismo, y a Louis Gardet el islamismo. Junto a ellos, a Meudon, en los célebres encuentros en la casa de los Maritain, asistían el padre Vincent Lebbe (una especie de padre Ricci para la China), el padre Charles Henrion (fundador de la comunidad de monjes eremitas de Sifi Saad en Túnez a la cual se adhirieron también algunos amigos de Maritain, como Mercedes de Gournay). El grupo también era frecuentado por el gran islamista Louis Massignon y otros interesados en el universo de las grandes religiones. Jean Cocteau, en su bellísima correspondencia con Maritain, escribe cómo se convirtió en Meudon, delante del corazón y la cruz del hábito del padre Henrion, similar al hábito del padre Carlos de Foucauld.Es bien conocido el interés de Maritain por el judaísmo, incluso a causa de su esposa y de Leon Bloy, que había escrito Les salut par les Juifs, con quien compartía la tesis de san Pablo que el fin del mundo y el juicio universal tendrán lugar sólo después que los judíos se conviertan; tesis explícita del libro de Maritain publicado en 1938, titulado Los judíos entre las naciones.Menos conocida es la atracción del filósofo por el Islam. Él está atento a las conversiones de esta religión con el catolicismo, y al retorno a la fe cristiana de algunos que han venido trayendo sus contactos con la espiritualidad musulmana y su búsqueda del absoluto. Es el caso de Ernest Psichari, Carlos de Foucauld, Herbert Lyautey y Louis Massignon, quien había estudiado la obra de Hallaj, el místico musulmán crucificado en el 992 en Bagdad por defender la idea del amor de Dios en la tradición musulmana.Sobre su conversión escribirá Massignon: “Digo que somos muchos en Francia los que hemos recibido en el desierto árabe esta atracción por parte del Islam, lo que es una gracia, que nos ha permitido que podamos reencontrar a Dios, en su Cristo, para adorar Su Trascendencia».Será precisamente el vínculo con Massignon, y de éste con Carlos de Foucauld, lo que suscitará más tarde el interés de Maritain por los Hermanos de Jesús, que se inspiraban en la espiritualidad promovida por de Foucauld.En su obra De l’Église du Christ de 1967, Maritain advierte cómo «elementos de la Iglesia» pueden encontrarse presentes más allá de los confines visibles de la Iglesia, en las otras religiones monoteístas, como el Islam y el Judaísmo; estos elementos se encuentran también en las grandes religiones de Oriente, como el Hinduismo y el Budismo, lo cual facilita mucho la posibilidad de un diálogo interreligioso.Roberto PapiniSecretario General del Instituto Internacional Jacques MaritainCf. http://www.maritainargentina.org.ar/pagina_nueva_1.htm |

(…)
Trabajaba con los sin-tierra y con los sin-techo. Valeroso, organizaba manifestaciones públicas frente a la alcaldía y animaba las ocupaciones de terrenos baldíos…
Y todos los días, hacia las 10 de la noche se adentraba en la iglesia oscura. Solo la lamparina lanzaba destellos titubeantes de luz, transformando las estatuas muertas en fantasmas vivos y las columnas erectas en extrañas brujas. Y allí se quedaba hasta las 11 de la noche, impasible, con los ojos fijos en el tabernáculo.
Un día fui a buscarlo a la iglesia. Le pregunté a boca jarro:“mi hermano Arturo, ¿es que tú sientes a Dios, cuando después del trabajo te metes a rezar aquí en la iglesia?
¿Te dice alguna cosa?”
Con toda tranquilidad, como quien despierta de un sueño me respondió: “No siento nada. Hace mucho tiempo que no escucho su voz. La sentí un día. Era fascinante. Llenaba mis días de música y de luz. Hoy ya no escucho nada. Sufro con la oscuridad. Tal vez Dios no quiera hablarme nunca más.”
“Y entonces”, repliqué, “¿ por qué sigues todas las noches ahí, en la oscuridad sagrada de la iglesia? “Sigo”, respondió, “porque quiero estar siempre disponible. Si Él quisiera manifestarse, salir de Su silencio y hablar, aquí estoy yo para escuchar. ¿Y si Él quisiera hablar y yo no estuviera aquí? Pues, cada vez que viene, lo hace solo una vez. Como en otro tiempo”.
L. Boff, Partió el hombre que esperaba siempre el adviento de Dios


MICHEL NURDIN, HTO DE J.
1. En el corazón de las masas es el libro que dio a conocer a René Voillaume como autor espiritual y como fundador. También es el libro que ha centrado y dominado el primer periodo que distinguimos de la obra (literaria) de René Voillaume, aquella que corresponde a esta refundación de la Fraternidad de los hermanitos de Jesús tras la Segunda Guerra mundial, y que se extiende hasta Vaticano II (incluido).Es un periodo “fuente”. En el corazón de las masas se sitúa en un conjunto poco conocido – con los retiros fundacionales de la Fraternidad secular, Una regla de vida (1950), conferencias a veces algo molestas[2] de lo cual tenemos algunos ecos en el primer volumen de Cartas a las Fraternidades. Durante el segundo periodo, post conciliar, el autor espiritual se hace más clásico y su enseñanza está sin duda alguna más espontáneamente en concordancia con su fondo personal.
2. Au coeur de masses tiene una génesis. El libro aparece primero en Aix en Provence, en julio 1949, bajo la forma de fascículos fotocopiados. El conjunto es titulado: “La espiritualidad de las fraternidades del P. Foucauld” Esta publicación responde a necesidades internas apremiantes: hay que explicar la nueva orientación de la Fraternidad; ella atrae la atención en los medios católicos franceses porque está en consonancia con la renovación apostólica-misionera entonces activa. Al mismo tiempo, hay que iniciar la formación religiosa de los recién llegados, cada vez más numerosos: mientras que desde 1933 a 1945 solamente hubo diez entradas en la fraternidad de El Abiodh (Argelia), hubo ocho en 1946, otras tantas en 1947, trece en 1948, quince en 1950, etc.
Esta edición artesanal – que pronto estará agotada – tiene por título “Recopilación de conferencias y textos diversos”. Estos textos son leídos por los cercanos a René Voillaume; y estiman – como le escribe Mons. de Provenchères, el 7 de agosto 1948 – que “su lectura sería beneficiosa, incluso para otros además de los hermanitos” En sus recuerdos, el padre piensa que él empezó a considerar la publicación de sus conferencias en abril 1947, después de una visita a Mons. Richaud, y que se llegó a una decisión en el primavera 1948[3]; pero añade que su aparición en Cerf, “sólo tendrá lugar dos años más tarde”. Hay que decir que en la época los editores religiosos se mostraban más bien reticentes ante manuscritos de “espiritualidad”; el título de las policopias no era muy atractivo.
Los diversos textos así reunidos se extienden sobre varios años. Aquí, yo quisiera simplemente atraer la atención sobre las conferencias que figuran a la cabeza de la edición policopiada. Fueron dadas a los novicios, en El Abiodh, en los últimos meses de 1946, al regreso de una estancia en Francia sobre las cuales habría que detenerse[4]. Tres de las conferencias se refieren al “Misterio de Nazaret” – en la vida de Jesús, en la del P. de Foucauld, en la de los religiosos que se dedicaban a ella; el manuscrito de la cuarta conferencia (8 de diciembre) tiene un título que interroga: “¿son los Hermanitos contemplativos?” En sus recuerdos, René Voillaume escribe que este texto sobre la vida contemplativa constituía junto con el de “Nazaret, forma de vida religiosa”, “la carta fundacional de la fraternidad obrera[5]” que verá la luz seis meses más tarde (1º de mayo 1947).
En cuanto a la reflexión sobre el misterio de “Nazaret” hay que observar que estas siguen a las conclusiones que René Voillaume había sacado, dos años antes (junio 1944), de su balance de diez años vividos en El Abiodh, balance hecho al término de una seria crisis interna: los hermanos sentían entonces un profundo malestar respecto a su fidelidad al P. de Foucauld quien, hay que decirlo, no les facilitaba las cosas; en efecto, la fidelidad a lo que él vivió recortaba la fidelidad a lo que había escrito (la Regla de 1899, en especial) pero está lejos de identificarse con ella!… Enumerando “lo que faltaba”, René Voillaume escribe: una presencia suficiente de alma y de espíritu del P. de Foucauld; un cierto sentido de la pobreza y del trabajo; una profundización mayor del gran misterio de la vida escondida de Nazaret” (manuscrito de Djebel Aissa, cap.V)
3. En el Corazón de las Masas saldrá de la imprenta el 30 de diciembre de 1950, con un título propuesto por Michel Carrouges. El texto es el de la edición policopiada, revisada (algunos ángulos son redondeados) y aumentados con dos mensajes importantes del prior a sus hermanos. El libro aparece en las Ediciones du Cerf, en la colección “Rencontres”, las cuales no admitían ni tratados de teología ni escritos de espiritualidad sino testimonios de renovación a la obra en la Iglesia de Francia, con títulos “significativos”: ¿Francia país de misión?, ¿Resurgimiento o declive del clero francés?, etc.
El libro es bien acogido por los censores patentados y más aún por el público puesto que desde el final del año (1951), se prevé un suplemento que será publicado bajo el título: Que ellos sean uno. Y en abril 1952, aparece la segunda edición: será En el corazón de las masas en su forma definitiva, la más conocida, por no decir la única conocida. Aligerada del lado de las meditaciones, el texto se ha enriquecido con dos grandes cartas del prior a sus hermanos: una sobre la obediencia religiosa, que desencadenará una controversia entre los teólogos; la otra sobre “la oración de los pobres”, esta carta remplaza el texto sobre “la vida contemplativa de las fraternidades” – lo cual sentirá René Voillaume porque “trata del mismo tema pero bajo otro punto de vista. Hubiese sido preferible unir los textos[6]”
Constituido de esta manera, el libro tendrá una bella carrera: 50 mil en 1955, 115 mil en la colección “Foi Vivante”, el P. Bro quiso marcar el volumen 100 mil (nº 100-101) en 1969. Sin hablar de las traducciones: la primera italiana, en 1953, con un prefacio de Mons. Montini (futuro papa Pablo VI) que no será publicado porque en esa época, no convenía; la quinceava y la última en chino (Taiwán 1985); hay que hacer notar las dos traducciones “clandestinas” en 1969, en húngaro y checo.
De ahí mi última observación, que es una pregunta: ¿por qué una difusión así, cuando el subtítulo del libro precisa bien que se trata de “la vida religiosa de los Hermanitos del P. de Foucauld ?
4. He recogido algunos elementos de respuesta a esta pregunta en las publicaciones de la época. Algunos tienen un Valor ante todo informativo, y no me voy a detener en ellos. Otros ponen en juego valores que me parecen aún perfectamente válidos hoy, aún viviendo en un mundo humano y eclesial profundamente diferente, que tiene otro lenguaje y otras preocupaciones o “problemas”.
a) En la reseña que da “La Vida Espiritual” (abril 1951, p. 431 -433), el P. Bonduelle estima que “El Corazón de las Masas” presenta “una vida religiosa que se construye en una total renovación y en plena correspondencia con el estado concreto de una civilización en alza”. Cualquiera que sea la respuesta que nosotros, hermanitos, hayamos podido dar a las esperanzas presentadas en el libro de René Voillaume, es un hecho que éste incitaba, indirectamente, al mundo de los religiosos y religiosas a una reflexión sobre su situación y sus prácticas a mediados del siglo XX. Una docena de años antes del decreto Perfectae caritatis de Vaticano II, a su manera, En el Corazón de las Masas invitaba a más realismo y transparencia evangélica. No es necesario detenerse sobre este punto que sin duda alguna no es el más significativo.
b) Puesto que esta reseña se detiene más sobre los problemas de vida religiosa, su final capta la atención e incluso sorprende. Ella amplía singularmente los horizontes: “se dirige a los cristianos (subrayado en el texto) y se deja ver la extrema valía cristiana de una vida vivida en el espíritu de Tamanrasset”. Diez años más tarde, en Christus (1961, p. 100), el P. Courel escribirá: [en el momento de la aparición de En el Corazón de las masas] “algunos quisieron ver un verdadero manifiesto proclamando una especie de revolución respecto a la concepción tradicional de la vida religiosa. Ciertamente eso era decir demasiado. Pero sigue siendo cierto que ese libro ayudó a más de un sacerdote y a más de un laico en su esfuerzo de oración y en su búsqueda de la pobreza”. Volveré a ello al terminar. Pero si tantos cristianos, clérigos y laicos, han sido sensibles al soplo evangélico de “En el Corazón de las Masas” (y lo han dado a conocer), no es solamente porque éste se sitúa en el dinamismo de la vocación bautismal[7]. Según mi parecer, es también porque es más fácilmente “perceptible”, en el caso de la vocación de los hermanitos de Jesús: vocación no especializada eclesialmente (carga pastoral, educacional, etc) y que deja en la condición humana común.
c) Este soplo evangélico tiene su fuente en el radicalismo del beato Carlos de Foucauld. Esto es lo que dice a su manera (en 1953, p. 75), la reseña publicada en la Revista de ascética y mística (que entonces era la gran revista de teología espiritual de la Compañía de Jesús): “El P. Voillaume hace revivir la experiencia del P. Carlos de Foucauld. Él desaparece ante esta autoridad excepcional. Pero interpreta al ermitaño muerto sin dejar discípulo inmediato con una inteligencia que supera en mucho la simple lectura de los textos” El crítico, que se une aquí a lo que Mons. Richaud escribía a René Voillaume, el 2 de marzo de 1948 (“Tengo la impresión que Ud. entresaca lo mas enriquecedor y subyacente en el mensaje espiritual del P. de Foucauld”), añadiendo: “Nadie se sorprenderá de ver su libro tan rápidamente convertido en el breviario espiritual de muchos sacerdotes y numerosos militantes católicos”. No hay que olvidar tampoco que al término de la guerra que había visto la promoción 128 de San Cyr bautizada con su nombre, el P. Foucauld conoció un gran reconocimiento en Francia (publicaciones del P. Gorré, exposición en los Invalides, el artículo de Madeleine Delbrêl “Por qué amamos al P. Foucauld” en La Vie Espiritual de noviembre 1946,etc). Es en este contexto en el cual aparece “En el corazón de las masas y, seguidamente, habrá como un juego de espejos entre el autor y aquél que le inspiraba y que la Iglesia acaba de beatificar.
d) Terminaré rápidamente con el elemento de respuesta a la pregunta hecha que es sin duda alguna la más decisiva para comprender el impacto que tuvo En el Corazón de las Masas. Puede ser presentado con la fórmula de Mons. de Provenchères, en su prefacio al libro, resumiendo el mensaje del hermano Carlos de Jesús: “Presencia a Dios – Presencia a los hombres”. Por lo que respecta a la búsqueda de Dios y de los caminos que ella exige, o bien impone, al hombre reconciliado con Dios por Jesucristo, propiamente hablando, En el Corazón de las Masas no es innovación alguna. Los caminos propuestos integran la presencia a los hombres y son remodelados aquí o allá; pero, puesto que Dios es Dios, siempre es sobre Él que ellos deben “medirse”. La novedad se sitúa más bien del lado de la presencia a los hombres y más concretamente, si así puede decirse, del lado de la “humanidad” de esta presencia (su peso y su realismo humano). Si esta novedad permanece relativa puesto que no se refiere sino a la vida religiosa tradicional, ella no deja de tener interés o incidencia para los laicos. A título de contra ejemplo, se podría recordar aquí la declaración de un cardenal del Santo Oficio estimando que el sacerdote trabajando en fábrica (puesto que es de él de quien se trata) “recibe la influencia del ambiente nefasto para su vida espiritual”, poniendo en peligro su fe y sus costumbres[8]
En la charla sobre “la vida contemplativa de las fraternidades”, René Voillaume recuerda la evolución de las formas de vida religiosa contemplativa; ésta “tiende a salir del claustro y a penetrar en la vida cotidiana de los humanos”; “ya no se trata solamente de encontrar a Dios solo sino de llegar a una asimilación de vida con el Corazón de Jesús Salvador y Redentor del mundo” (1ª edición, p. 193 – 194). Una nota al pie de página lleva al Humanismo integral: diez años antes (1936), Jacques Maritain, defendiendo “el impacto temporal del Evangelio”, defendía también la santificación de la vida secular y “un nuevo estilo de santidad” exigida por nuestra era de civilización; y al término de la guerra, en 1945, su defensa se hará aún más insistente[9].
En cuanto a las charlas sobre “Nazaret”, ellas nos muestran cómo, para nosotros hermanitos, “la salida del claustro” se hará por el camino que abre el P. de Foucauld. Hay que observar que René Voillaume no se compromete entonces en las reconstituciones de la vida de Jesús en Nazaret, ya sean, más o menos imaginativas, del P. de Foucauld, o las nuestras. Él nos lleva al misterio de Nazaret, fuente de exigencias y de libertad para aquél que se compromete a seguir a Jesús el Nazareno. Para Jesús, efectivamente, y para él solo, “el estado de vida ha sido el objeto de una opción soberanamente libre y personal que denota un amor de preferencia y también una voluntad de enseñarnos algo por medio de esa opción”. En otros términos, Dios, al darnos (Jn 3, 16), al entregarnos (Rom 8, 32) a su único Hijo en la Persona de Jesús de Nazaret, nos enseña algo de su mirada sobre el mundo de los hombres, de su Designio de salvación y más concretamente de los caminos y las formas por las cuales Él sigue con su Designio, algo de su amor por cada uno de nosotros y su predilección por los pequeños y los pobres. Al mismo tiempo, él nos enseña algo de la respuesta que espera de nosotros, cristianos, personal y eclesialmente.
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[1] Reflexiones propuestas el 18 de noviembre 2005, en el momento de la presentación de la biografía de René Voillaume por Marcel LAUNAY, René Voillaume, contemplación y acción y de la biografía espiritual de Hermanita Magdeleine, ambas publicadas en las Ediciones de Cerf en 2005. Ellas se inscriben en los márgenes del noveno capítulo del libro de Marcel Launay.
[2] Por ejemplo la conferencia sobre la Santa Virgen publicada en Demeures de Dieu (Edc. Du Cerf, 1954) – las autoridades romanas pidieron algunas correcciones – o bien El apostolado silencioso de la amistad, conferencia hecha en Sâo Paulo el 1º de diciembre 1953 (unos amigos romanos aconsejaron prudencia)
[3] Ver Histórico de la fundación de El Abiodh, IX /II, p. 302, 404-405
[4] En el momento de esa estancia, René Voillaume descubre el movimiento misionero al interior de la Iglesia de Francia, y del cual él solamente tuvo una breve noticia en el otoño de 1945. De esta época datan sus contactos con los laicos (a los que llamaríamos hoy “consagrados”) como Monique Maunoury en Ivry y Marguerite Taride en Toulouse, y su amistad con Jacques Loew quien, el primero, anunció el proyecto de fraternidad obrera (en Temoignage chrétien, a finales de julio 1946)
[5] Ver Histórico, op.cit. IX / II, p. 299
[6] Ver Ibid
[7] Para quien lo haya olvidado, el Vaticano II recuerda claramente que “la consagración particular [de los religiosos] se arraiga íntimamente en la consagración del bautismo y lo expresa con más plenitud” (Perf. Caritatis, nº 5)
[8] Ver la carta del Cardenal Pizzardo, del 3 de julio 1957
[9] Él llega a escribir: “La vida contemplativa, tal vez bajo formas nuevas, se hace accesible, no solamente a algunos privilegiados, sino al hombre común si él cree realmente en Dios, será la condición prerrequerida a esta actividad misma que se esfuerza en hacer penetrar la levadura del Evangelio por todos sitios en el mundo”. Ver final del Cap. VI de Raison y raisons, Obras completas, IX, p. 374 -375
Fuente: https://www.carlosdefoucauld.org/Biografias/Rene-Voillaume/hurdin.htm
