
Soy Laperinne, oficial del ejército Francés y comandante en jefe de los oasis del Sahara. He sido un amigo íntimo de Carlos de Foucauld. Ustedes sabrán que, de Foucauld, en su juventud también se alistó en el ejército. Pero tengo que reconocer que mientras él estaba en el ejército en realidad yo no lo conocía. Sólo compartimos un par de días en Mascara cuando yo tenía vientidos años y él veinticuatro.
Sólo en 1902, nos volvimos a ver, después de veinte años. Mientras tanto cada quien había hecho su propio camino. Muy pronto, de Foucauld dio su dimisión como militar para hacer un viaje de exploración de Marruecos. Un logro brillante, por cierto. Poco después se fue a enterrarse en un convento Trapense. Ahí permaneció varios años, mientras tanto escuchaba absolutamente nada de él. Pero hace poco regresó de aquel silencio. Era sacerdote y vivía como ermitaño en la frontera con Marruecos. Soñaba con volver al país de su exploración, o sea a Marruecos.
Yo, también había vivido algunos avatares. Como militares Franceses teníamos mucho interés en el África del Norte. Queríamos obtener colonias ahí. ¡Viví tantas aventuras! Hice una brillante carrera en el ejército. Sin embargo conocí también oposición e incomprensión. Me gustaba la “acción”, pero guardaba un enorme respeto por la gente autóctona.
Poco a poco se iba conociendo y apreciando “mi método”. En realidad yo tenía mi visión política muy propia: Una política de “amansamiento”. En Francés suena menos negativo. Se trataba de una política de sondear, de tantear posibilidades en las relaciones, con mucha prudencia, de tratar de ser uno mismo honesto y justo, de llegar a conocer y respetar a los otros…Así era que veía mi misión militar.
Pasado veinte años, tomé de nuevo contacto con Foucauld. Yo en persona había sido nombrado comandante en jefe de los oasis del Sahara. Tenía mi residencia en Adrar. El año anterior, de Foucauld se había instalado en Beni Abbés, una de las oasis mayores. Sucedió así que, en el viaje de regreso de Argel a Adrar, visité en Beni Abbés a mi antiguo camarada del ejército.
Era a principios de marzo de 1903. Tenía necesidad de desahogarme. Estaba muy irritado. ¿Qué pasaba? Bueno, hacía poco me habían encargado una nueva e importante misión. Resulta que tenía que tratar de vincular el Tidikelt con Sudán, conquistar el Hoggar hasta Agadés, tratar de conseguir una conexión con el océano Atlántico en el occidente .¡ Una tarea realmente a mi medida! Pero, todavía no lo entiendo, por motivos políticos superiores acaban de anular ésta importante misión.
Me sentía engañado…pero…podía contar con la comprensión de de Foucauld. Él entendía mi deseo de ir al Hoggar y los Touaregs. Jamás y nunca desistiría de ello…
En Beni Abbés seguíamos conversando un largo rato. Foucauld me hablaba de su proyecto. Tenía tanto deseo de volver a Marruecos, el país que había explorado en su juventud…Allá querría ser sacerdote – monje. Hacerse el “hermano de todos”.
Empecé a reflexionar acerca de su proyecto y del mío…y de pronto veía que: la presencia de una persona como de Foucauld supondría una enorme ventaja también para mi proyecto. Haría todo lo posible para que de Foucauld me acompañara en mi viaje de exploración hacia el sur, hacia los Touaregs.
Finalmente tuve éxito. En vista de que la frontera con Marruecos seguía cerrada, de Foucauld terminó por aceptar de emprender la marcha hacia el Sur, hacia los Touaregs, con la columna del ejército (naturalmente yo también iba ahí), Incluso empezaría inmediatamente a estudiar el idioma y la preparación de la traducción del evangelio…
En éste período, quizás no era preciso de hablar de pura “amistad”, tal vez se entremezclaba un poco de interés propio. A decir verdad, yo tenía algunas tendencias coloniales. Pero en éste proceso de colonización importaba ante todo “el amansar”, el ganar la confianza. Y en éste punto nos entendíamos. Éramos…cuán diferentes…en el fondo, almas gemelas. Tal vez, fuera también un poco su santidad que jugaba un papel. De todos modos yo respetaba a mi amigo en su misión propia. Yo, hasta soñaba que quizás en un futuro llegara a ser el capellán del amenokal del Hoggar.
En 1904, a mediados de marzo, partimos juntos hacia el Sur. Durante tres meses compartíamos la dura vida nómada. De nuevo nos llegamos a conocer y respetar más profundamente. Pero de Foucauld empezaba a ver también con más lucidez la ambigüedad de su presencia; se preguntaba ¿si de veras los autóctonos notarían la diferencia entre los soldados y los sacerdotes?.Desgraciadamente, en aquel preciso momento me llamaron de regreso a Francia. En realidad no era prudente dejar a de Foucauld sólo en aquel lugar. En vista de eso regresamos. Yo a Francia y de Foucauld a Beni Abbés.
Pero el año después de Foucauld volvió a partir. Ahora definitivamente. Un amigo mío, capitán Dinaux, lo puso en contacto con Moussa, el amenokal de los Touaregs del Hoggar. Este le dio el permiso de permanecer ahí, en Tamanrasset, un pequeño pueblo donde él mismo también vivía.
A partir de entonces ya no veía a de Foucauld con tanta frecuencia, sólo de vez en cuando, por unos pocos días. Desgraciadamente yo estaba constantemente en Francia.
Sin embargo aún recuerdo vivamente el año 1908. Un año de una sequía muy fuerte en el Sahara. Por poco perece de Foucauld durante la reinante hambruna. Los Touaregs le salvaron la vida, con la leche de cabra que en éste período de una escasez aguda, trataban de conseguir en todas partes. Al enterarme de esta noticia hice sonar enseguida la alarma. Llegué hasta quejarme con su superior, monseñor Guerin. Le decía que se estaba suicidando y que practicar la penitencia de tal manera no estaba permitido…etc.
Tan pronto que pude le envié tres camellos cargados de víveres: azúcar, té, conservas etc. También una carta muy seria con una amonestación y…la noticia que en adelante podía celebrar la misa sin asistente (esto me lo había contado monseñor Guerin).
En el verano de aquel año nos volvimos a ver. Yo buscaba entonces un lugar para mandar a construir un nuevo fortín (El fortín Motylinski). También los dos años siguientes nos vimos de vez en cuando.
Desgraciadamente, en julio de 1910 me hicieron volver a Francia. No nos volvimos a ver en el Sahara. ¿Terminó ahí nuestra amistad? De ninguna manera. Nos seguimos escribiendo con mucha frecuencia. Pero estas cartas – sobre todo la cantidad –no estuvieron libres de comentarios. Se decía que de Foucauld hubiera sido agente secreto a mi servicio. Pero es muy fácil sacar de su contexto una determinada frase o fragmento de una carta y darle así una interpretación totalmente diferente. Nuestra amistad se sostenía casi exclusivamente por estas cartas. He guardado de de Foucauld sesenta y una cartas. Por prudencia, él destruyó las mías porque al fin y al cabo se encontraba en un país extraño…d
Sólo nos volvimos a ver tres veces, eran encuentros cortos. No obstante estas sesenta cartas en apenas cinco años, demuestran lo suficiente que entre ambos había un verdadero diálogo. Era la manifestación de la vivencia de una sólida y entusiasta amistad que tenía la necesidad de “compartir” y que se alimentaba por este “compartir”.
Estaba profundamente conmovido al enterarme del asesinato de mi amigo. A causa de la guerra sólo pude visitar su tumba el año posterior.
A los tres años , en 1920, volví desde Tamanrasset a Europa, en avión. El avión se cayó. Estaba muy malherido y a los pocos días fallecí. Me envolvieron en un trozo de tela y a lomo de camello me llevaron de regreso a Tamanrasset. Me enterraron al lado de mi amigo.
Hasta más allá de la muerte se justificó la expresión de de Foucauld, yo era para él “el amigo incomparable”.
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