El alma de África en América Latina

Es preciso salvaguardar el patrimonio vivo de las culturas africanas y de los afrodescendientes
Es preciso salvaguardar el patrimonio vivo de las culturas africanas y de los afrodescendientes

Las poblaciones afrodescendientes de América Latina y el Caribe han trabajado por el reconocimiento de sus derechos y la rectificación de agravios históricos en su contra.

por Inés María Alfonso Rodriguez

Todas las culturas del mundo tienen el mismo derecho al respeto, así como todos los individuos son iguales en cuanto al libre acceso a la cultura.  No se puede ver Latinoamérica sin África, pues la cultura afro en la región está conformada por unos 133 millones de personas. Uno de cada cuatro latinoamericanos se identifica como afrodescendiente, por lo que es una región construida sobre el mestizaje. Una cultura fundamental en nuestra identidad, con raíces en la diáspora africana y una gran influencia en música (samba, cumbia, salsa), gastronomía, religiones (santería, candomblé) y danza. Brasil, Colombia, Venezuela, Cuba, México y Ecuador concentran la mayoría de la población afrodescendiente, sin embargo aún se enfrentan a grandes desafíos estructurales. 

Sí, aunque se reconozca su aporte fundacional, aún existe un muro con el que choca la realidad, traducida en exclusión que comienza en la infancia y se perpetúa incluso en la vida laboral. Un reciente informe del Banco Mundial, titulado Inclusión afrodescendiente en la educación: Una agenda antirracista para América Latina, pone el foco en uno de los mecanismos más sutiles y persistentes de esta desigualdad, que es sin duda la escuela. El estudio, coordinado por el especialista senior en desarrollo social Germán Freire, revela que de los 133 millones de afrodescendientes en la región, 34 millones se encuentran en edad escolar. 

La cultura afro en la región está conformada por unos 133 millones de personas
La cultura afro en la región está conformada por unos 133 millones de personas

La educación es la principal herramienta para romper el ciclo de pobreza crónica que afecta a estos hogares (los afrodescendientes tienen 2,5 veces más probabilidades de vivir en pobreza crónica), pero el sistema, en lugar de ser un ascensor social, a menudo se convierte en un reproductor de exclusiones. En este aspecto, el análisis de Freire apunta que los textos escolares de la región rara vez representan las contribuciones y anhelos de la población afrodescendiente». «Más frecuentemente, tienden a fortalecer visiones que pueden no ser negativas en sí mismas, pero que reproducen una visión limitada y estereotipada de sus aportes a la sociedad, y que impactan en las aspiraciones y percepción de oportunidades de chicos y chicas afrodescendientes».

Esta representación, llamémosle “folclorizante” -donde lo afro aparece confinado al pasado esclavo o a manifestaciones culturales desvinculadas de la modernidad- tiene consecuencias. Los estudiantes afrodescendientes no se ven reflejados como sujetos activos del presente o del futuro, lo que incide en su autoestima académica y en la decisión de permanecer en las aulas. A ello se suma un acceso limitado a las tecnologías digitales, una brecha que la pandemia evidenció y profundizó. La discriminación en el aula, también se convierte así en la primera forma de exclusión institucional que enfrentan miles de niños y niñas en la región. El informe también documenta lo que ocurre después de la escuela.

En el plano espiritual, las religiones de matriz africana como la santería cubana o el candomblé brasileño han sobrevivido a siglos de persecución y sincretismo
En el plano espiritual, las religiones de matriz africana como la santería cubana o el candomblé brasileño han sobrevivido a siglos de persecución y sincretismo

Incluso cuando los jóvenes afrodescendientes logran sortear las barreras y completan su educación, los retornos económicos son menores. Con el mismo nivel educativo y experiencia, ganan menos que sus pares no afrodescendientes por el mismo tipo de trabajo en todos los países analizados. Por lo que se puede asumir que la educación, por sí sola, no desactiva el racismo estructural. No obstante, frente a estos mecanismos, la producción cultural afrolatina ha operado de manera histórica como un espacio de resistencia, afirmación y denuncia. Desde la música hasta la poesía, pasando por las artes plásticas y la religión, las comunidades afrodescendientes han construido un acervo que no solo celebra la herencia africana, sino que interpela a las sociedades latinoamericanas sobre su deuda con la historia.

Podemos mencionar que en la música, géneros como la bomba puertorriqueña (ritmo afrolatino por excelencia que también es reivindicado en otras latitudes) funcionan como vehículo de protesta y memoria. La figura de Celia Cruz (Cuba, 1925-2003) va más allá de lo artístico, pues su popularización de la música afrocubana y su influencia en la salsa llevaron al mundo entero un mensaje de orgullo y poder, sintetizado en canciones como «La negra tiene tumbao», donde el término «tumbao» alude a ese ritmo y actitud que son inconfundibles.

Además, la literatura y la poesía han sido igualmente feroces. La cubana Nancy Morejón, en su poema «Mujer negra», traza un arco que va desde la mujer arrancada de África hasta su papel en la construcción de la nación cubana, pasando por la esclavitud y la independencia. Es un relato de sufrimiento, pero también de agencia y centralidad. En la misma línea, la peruana Victoria Santa Cruz legó un himno generacional con «Me gritaron negra», donde convierte el insulto en empoderamiento y denuncia del racismo intenso que se experimentaba en ese entonces.

Podemos mencionar que en la música, géneros como la bomba puertorriqueña (ritmo afrolatino por excelencia que también es reivindicado en otras latitudes) funcionan como vehículo de protesta y memoria. La figura de Celia Cruz (Cuba, 1925-2003) va más allá de lo artístico, pues su popularización de la música afrocubana y su influencia en la salsa llevaron al mundo entero un mensaje de orgullo y poder, sintetizado en canciones como «La negra tiene tumbao», donde el término «tumbao» alude a ese ritmo y actitud que son inconfundibles.

Además, la literatura y la poesía han sido igualmente feroces. La cubana Nancy Morejón, en su poema «Mujer negra», traza un arco que va desde la mujer arrancada de África hasta su papel en la construcción de la nación cubana, pasando por la esclavitud y la independencia. Es un relato de sufrimiento, pero también de agencia y centralidad. En la misma línea, la peruana Victoria Santa Cruz legó un himno generacional con «Me gritaron negra», donde convierte el insulto en empoderamiento y denuncia del racismo intenso que se experimentaba en ese entonces.

Más allá de las expresiones artísticas, la herencia africana se mantiene viva en las tradiciones más arraigadas de la vida cotidiana latinoamericana. La cocina es quizás el ejemplo más palpable. El mofongo puertorriqueño, el quimbombó presente en varias gastronomías del Caribe, la carapulcra chinchana peruana o el uso extendido del maní (cacahuete) en recetas de origen africano son testimonio de una fusión que, por naturalizada, a menudo se desconoce en sus raíces. La yuca, el plátano en puré y la leche de coco son hoy ingredientes tan «latinos» como africanos.

La cultura africana sigue viva en América Latina
La cultura africana sigue viva en América Latina

En el plano espiritual, las religiones de matriz africana como la santería cubana o el candomblé brasileño han sobrevivido a siglos de persecución y sincretismo. El culto a Yemanjá (diosa yoruba de las aguas, la fertilidad y protectora de los esclavizados) es una de las manifestaciones más extendidas y significativas. Sus devotos la homenajean en playas de Cuba, Brasil y Uruguay, en fechas que suelen variar en cada lugar. Esta coexistencia es la huella de un proceso histórico en el que los africanos esclavizados y sus descendientes protegieron sus creencias bajo la apariencia del culto a los santos

En el caso de Uruguay resulta que la población afrodescendiente representa aproximadamente el 10% del total nacional, concentrada en su capital, Montevideo. La presencia de africanos en la región del Río de la Plata se remonta al siglo XVI, pero fue en 1743 cuando atracó en Montevideo el primer barco con personas esclavizadas procedentes de regiones como Angola, Congo y Mozambique. Hasta el siglo XIX, el puerto de Buenos Aires -y por extensión la Banda Oriental- fue una puerta de entrada para la trata en el Cono Sur.

De esa historia nació el candombe, un estilo de música y danza surgido en el primer tercio del siglo XIX y declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009. Esto es una prueba de que la cultura afrodescendiente no es un adorno para la identidad latinoamericana, sino uno de sus pilares fundamentales. Sin embargo, el reconocimiento cultural no basta si no va acompañado de políticas educativas y laborales que desmantelen los estereotipos y las barreras estructurales.

Fuente: El alma de África en América Latina – Diario La R

El Gran Rollo de Isaías en Qumrán

Vista panorámica del Gran Rollo de Isaías.
Vista panorámica del Gran Rollo de Isaías. Foto: Wikimedia Commons.

A veces la historia y el conocimiento mudan por azares casi cómicos. El hallazgo de la principal colección de manuscritos judíos del cambio de era se debió a una cabra díscola que obligó a un pastor beduino a ir en su búsqueda cerca de Khirbet Qumrán. Al lanzar una piedra dentro de una cueva, Muhammed ed-Dib escuchó vasijas de cerámica rompiéndose, lo que le llevó a explorar el interior y encontrar grandes tinajas de arcilla con manuscritos envueltos cuidadosamente en lino. 

Este descubrimiento desencadenó una serie de expediciones arqueológicas sistemáticas. Entre 1949 y 1956, bajo la dirección del padre Roland de Vaux, de la Escuela Bíblica Francesa y el Museo Rockefeller, se exploraron once cuevas, en competencia muchas veces con los beduinos, quienes habían hecho de la venta de manuscritos un modo de vida. Se descubrieron más de 900 manuscritos diferentes, la mayoría incompletos. La cueva 4, descubierta en 1952, resultó la más prolífica, con unos 15.000 fragmentos de más de 500 rollos diferentes. Los manuscritos, datados entre el siglo III antes de la era común (a. e. c.) y el año 68 de la nuestra, se dividieron en tres categorías principales: textos bíblicos, pseudoepígrafos y documentos sectarios. Fueron escritos y copiados por los miembros de un grupo judío, relacionado con los esenios, que se retiró al desierto por desacuerdo con las autoridades del templo de Jerusalén y su ortopraxis, que consideraban poco estricta. Se encontraron copias de todos los libros de la Biblia hebrea excepto del de Ester. Su hallazgo proporciona evidencia textual 1.000 años más antigua que los manuscritos hebreos medievales masoréticos, como el códice de Alepo o el de Leningrado del siglo XI, con algunos manuscritos, como 4QDanielc (datado en el 124 a. e. c.), muy próximos a la época de su creación. De alguna manera, Qumrán ha devenido en la  piedra de Roseta para el estudio del judaísmo y la Biblia en el cambio de era. 

Entre los manuscritos bíblicos, destaca el Gran Rollo de Isaías; es el único manuscrito bíblico de Qumrán prácticamente completo. Está compuesto por 17 hojas de pergamino cosidas con hilo de lino, con una longitud total de 7,34 metros y una altura de entre 22 y 27 centímetros. Contiene 54 columnas con los 66 capítulos del libro de Isaías en hebreo, en el mismo orden que conocemos. El pergamino estaba elaborado con piel de cabra según estrictas reglas rituales mediante el curtido y estiramiento de la piel. El texto se escribió únicamente en el lado de la carne. El proceso de curtido y preparación  era complicado y costoso, lo que subraya la importancia que la comunidad de Qumrán otorgaba a estos textos. Su datación, mediante análisis paleográfico y pruebas de carbono 14, lo sitúa entre los años 125 y 100 a. e. c., aunque estudios recientes con inteligencia artificial han sugerido que algunos manuscritos de Qumrán podrían ser aún más antiguos de lo estimado inicialmente. 

Fragmento de una de las 17 hojas de pergamino que componen este importante manuscrito.
Fragmento de una de las 17 hojas de pergamino que componen este importante manuscrito. Foto: Museo de Israel en Jerusalén / Eli Pozner.

Su relevancia estriba en que testimonia la fidelidad de la transmisión textual bíblica a través de los siglos. Aproximadamente el 95 % del texto coincide con el masorético medieval, base de las traducciones modernas de la Biblia hebrea y el texto tradicional judío. Este acuerdo demuestra el cuidado meticuloso con el que los escribas copiaron y preservaron las Escrituras durante más de 1.000 años. El 5 % restante presenta variantes que abren una ventana fascinante al proceso de formación y evolución del texto bíblico. Se han identificado más de 2.600: diferencias ortográficas, errores de copia, correcciones de escribas posteriores y, lo más significativo, algunas lecturas diferentes que afectan al significado. Una característica notable del Gran Rollo es su uso de grafía plena, que emplea consonantes auxiliares para indicar los sonidos vocálicos del hebreo. Esto contrasta con otros manuscritos bíblicos de Qumrán y con el texto masorético de Isaías, que utilizan una grafía consonántica defectiva. Esta particularidad permite a los investigadores conocer con mayor precisión cómo se pronunciaba y entendía el texto en la época del Segundo Templo.

El libro de Isaías era muy popular en Qumrán, como demuestran las más de 21 copias halladas —es el segundo texto más representado después de los Salmos—. Además, se descubrieron seis pesharim o comentarios interpretativos, lo que indica que la comunidad leía y reinterpretaba este texto profético aplicándolo a su realidad. Esta importancia se refleja también en el Nuevo Testamento: Isaías es el profeta más citado, evidenciando la autoridad canónica especial de la que disfrutaba en el judaísmo del Segundo Templo. Actualmente, el Gran Rollo de Isaías se preserva en el Santuario del Libro del Museo de Israel en Jerusalén, un edificio diseñado específicamente para albergar los manuscritos del mar Muerto. Por su 60 aniversario, además, el museo inaugura el 23 de febrero una muestra excepcional dedicada a él. Y gracias a un proyecto de digitalización en colaboración con Google, está disponible en línea con imágenes de alta resolución, permitiendo estudiar este tesoro arqueológico.

Fuente: Pablo A. Torijano, autor en Alfa y Omega

Coincidencia histórica entre Cuaresma, Ramadán y año nuevo chino

Desde 1863 no se producía un fenómeno similar. Foto: Canva IA.

Estas tres grandes tradiciones religiosas y culturales del mundo tienen lugar estos días a la vez, algo que no pasaba desde 1863

No pasaba desde 1863, hace ya 163 años. En 2026, la Cuaresma de los cristianos, el Ramadán de los musulmanes y el Año Nuevo Lunar de los chinos tienen lugar en las mismas fechas. Se trata de una coincidencia histórica entre tres grandes tradiciones religiosas y culturales, que marca durante estas semanas la vida de más de 5.000 millones de personas en todo el mundo. 

«Este año, gracias a una convergencia providencial de calendarios, los cristianos observamos este período de ayuno y devoción junto con ustedes durante el tiempo sagrado de Cuaresma, que conduce a la Iglesia hacia la celebración de la Pascua». Así comienza el mensaje del cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso para el mes de Ramadán que celebran los musulmanes. 

En el texto, Koovakad define estos períodos como «de intensa espiritualidad», en los que los creyentes de ambas religiones «buscamos seguir la voluntad de Dios con mayor fidelidad». Se trata de «un camino compartido» que permite a los fieles «reconocer nuestra fragilidad inherente y afrontar las pruebas que pesan sobre nuestros corazones». 

Los creyentes estos días «buscamos seguir la voluntad de Dios con mayor fidelidad». Foto: CNS.
Los creyentes estos días «buscamos seguir la voluntad de Dios con mayor fidelidad». Foto: CNS.

Para el prefecto «cristianos y musulmanes, junto con todas las personas de buena voluntad, estamos llamados a imaginar y abrir nuevos caminos para renovar la vida». Esta renovación es posible «gracias a la creatividad alimentada por la oración, la disciplina del ayuno que despeja nuestra visión interior y actos concretos de caridad». 

La mayor fiesta en China 

La coincidencia entre las tres tradiciones ocurrió en la noche del 17 y el 18 de febrero, debido a la alineación de los calendarios lunar, solar y lunar-islámico. Concretamente, el Año Nuevo Chino comenzó el 17 de febrero y terminará el 5 de febrero de 2027. Se trata de un ciclo está regido por el Caballo de Fuego, que según el horóscopo chino, es un tiempo ideal para avanzar hacia metas ambiciosas y romper con lo viejo. Es la celebración más significativa de China, por lo que conlleva el mayor movimiento de personas en el país, ocupando todos los medios de transporte para reunirse con sus familiares y amigos. 

«Que esta alegre celebración sirva para reforzar los lazos familiares y de amistad, lleve serenidad a los hogares y a la sociedad, y sea una ocasión para mirar juntos hacia el futuro construyendo la paz y la prosperidad para todos los pueblos», les saludó el Papa León XIV en el Ángelus del 15 de febrero. 

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo 

La Iglesia signo eficaz de unidad y reconciliación entre los pueblos

En la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, León XIV continúa el ciclo sobre los documentos del Concilio con la primera catequesis dedicada a la Constitución «Lumen gentium» sobre la Iglesia. Es el instrumento de Dios para «unir en sí mismo a las personas y reunirlas entre ellas» gracias a «la acción reconciliadora de Jesucristo». Y «sacramento de salvación» a través del cual el Padre nos hace «partícipes de su vida gloriosa» alimentándonos con su cuerpo y sangre.

Vatican News

La Iglesia es expresión del designio de Dios para la humanidad: «unir a las personas con Él y entre sí» gracias a «la acción reconciliadora de Cristo». Es «sacramento de salvación» a través del cual el Padre nos hace «partícipes de su vida gloriosa con el alimento de su cuerpo y su sangre», y signo de reconciliación entre los pueblos en una humanidad dividida. Es cuerpo de Cristo resucitado y el único pueblo de Dios peregrino en la historia». Así reinterpreta el papa León XIV, en la catequesis de la audiencia general de hoy, 18 de febrero, el mensaje fundamental de la Constitución dogmática conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium, aprobada el 21 de noviembre de 1964. Con la catequesis titulada «El misterio de la Iglesia, sacramento de la unión con Dios y de la unidad de todo el género humano», continúa así el ciclo sobre «Los documentos del Concilio Vaticano II», iniciado el 7 de enero y continuado con cinco citas sobre la Dei Verbum.

En la Iglesia atraídos por el Amor de Cristo

El Papa recuerda inmediatamente que el Concilio, para explicar el origen de la Iglesia, utilizó el término «misterio», tomado de las Cartas de San Pablo, en particular de la Carta a los Efesios. No quiso decir, por supuesto, «que la Iglesia es algo oscuro o incomprensible», sino todo lo contrario. El apóstol de las gentes, de hecho, utiliza el término misterio para «indicar una realidad que antes estaba escondida y ahora ha sido revelada». El plan de Dios, de hecho, es «unificar a todas las criaturas gracias a la acción reconciliadora de Jesucristo», que «se llevó a cabo en su muerte en la cruz».

Esto se experimenta ante todo en la asamblea reunida para la celebración litúrgica: allí las diversidades se relativizan, lo que cuenta es encontrarse juntos porque nos atrae el Amor de Cristo, que ha derribado el muro de separación entre personas y grupos sociales (cf. Ef 2,14).

Jesús nos llama con su cruz y vence toda división

Para San Pablo, explica León XIV, el misterio «es la manifestación de lo que Dios ha querido realizar para la entera humanidad». Una humanidad «fragmentada», que los seres humanos no logran reparar, aunque siempre tienden a la unidad. Es Jesús quien, por medio del Espíritu Santo, «venció las fuerzas de la división y al mismo Divisor».

Encontrarse juntos celebrando, habiendo creído en el anuncio del Evangelio, y vivido como atracción ejercitada por la cruz de Cristo, que es la manifestación suprema del amor de Dios; y sentirse convocados juntos por Dios: por eso se usa el término ekklesía, es decir, asamblea de personas que reconocen haber sido convocadas. Así pues, hay una cierta coincidencia entre este misterio y la Iglesia: la Iglesia es el misterio hecho perceptible.

La Iglesia, signo e instrumento de unión con Dios y con toda la humanidad

Una convocatoria que, querida por Dios, no puede, según el Papa León, «limitarse a un grupo de personas», sino que está destinada a todos los seres humanos. Por eso, los padres conciliares, al comienzo de Lumen gentium, afirman que « La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano».

Con el uso del término “sacramento” y la consiguiente explicación, se quiere indicar que la Iglesia es en la historia de la humanidad expresión de lo que Dios quiere realizar; por lo que, al mirarla se capta en cierta medida el plan de Dios, el misterio: en este sentido la Iglesia es un signo.

A través de la Iglesia Dios nos hace partícipes de su vida gloriosa

Al término «sacramento», recuerda el Papa, se añade también el de «instrumento», porque cuando Dios obra en la historia, a través de la Iglesia «involucra en su actividad a las personas que son destinatarias de su acción», y mediante la Iglesia «alcanza el objetivo de unir a a sí mismo las personas y de reunirlas entre ellas». Así se convierte en la ‘experiencia de la salvación’: en el n.º 48 de Lumen gentium, el Concilio dice que Cristo «resucitado de entre los muertos (Rm 6, 9), envió sobre los discípulos a su Espíritu vivificador, y por El hizo a su Cuerpo, que es la Iglesia, sacramento universal de salvación; estando sentado a la derecha del Padre, actúa sin cesar en el mundo para conducir a los hombres a la Iglesia y, por medio de ella, unirlos a sí más estrechamente y para hacerlos partícipes de su vida gloriosa alimentándolos con su cuerpo y sangre». Un texto que, para León XIV, permite comprender «la relación entre la acción unificadora de la Pascua de Jesús, que es misterio de pasión, muerte y resurrección, y la identidad de la Iglesia».

Al mismo tiempo, nos hace sentir agradecidos por pertenecer a la Iglesia, cuerpo de Cristo resucitado y único pueblo de Dios peregrino en la historia, que vive como presencia santificadora en medio de una humanidad todavía fragmentada, como signo eficaz de unidad y reconciliación entre los pueblos.

Einstein, religión y ciencia: la cita famosa que esconde una interpretación incómoda

Las “pequeñas” cosas que usamos a diario y que existen gracias a Albert Einstein

Una de las citas más repetidas de Albert Einstein suele usarse como puente entre fe y ciencia. Sin embargo, su significado original es mucho más complejo y polémico de lo que aparenta. Cartas, ensayos y contexto histórico revelan una interpretación muy distinta.

Por Lucas Handley 

Pocas frases han viajado tanto como aquella en la que Albert Einstein afirma que la ciencia sin religión está incompleta y que la religión sin ciencia pierde el rumbo. Repetida en conferencias, libros y redes sociales, suele presentarse como una defensa del diálogo entre fe y razón. Pero cuando se revisan sus propias palabras y escritos, el sentido cambia de manera sorprendente.

El origen real de una frase célebre

La famosa sentencia apareció en 1930 en un ensayo titulado Religion and Science, publicado en The New York Times Magazine. Allí Einstein escribió en inglés: “Science without religion is lame, religion without science is blind”.

El contexto es clave. El físico no hablaba de religión en términos doctrinales ni defendía credos específicos. Más bien, utilizaba el término para referirse a una dimensión vinculada a los valores, la motivación interior y la confianza en que el universo es comprensible.

En su texto, explicaba que el verdadero científico no se limita a aplicar fórmulas o repetir experimentos. Trabaja impulsado por una convicción profunda: la certeza de que el mundo posee un orden racional que puede ser descifrado. Esa confianza, esa especie de “fe” en la inteligibilidad del cosmos, es lo que él asociaba con la esfera religiosa.

Sin ese impulso, sugería, la ciencia perdería parte de su energía creadora. Pero eso no implica, como muchas veces se interpreta, una adhesión a religiones tradicionales o a dogmas sobrenaturales.

Albert Einstein
© Photograph by Oren Jack Turner, Princeton, N.J., Public domain, via Wikimedia Commons

Qué quiso decir y lo que no

En el mismo ensayo, Einstein establecía una división clara. La ciencia se ocupa de describir hechos, descubrir leyes y explicar fenómenos naturales. La religión, en cambio, pertenece al ámbito de los fines, los valores y el sentido.

Los conflictos aparecen cuando una religión intenta formular afirmaciones empíricas sobre el mundo físico o competir con la ciencia en el terreno de la explicación de la naturaleza.

Desde esa perspectiva, la metáfora cobra otro significado. Si la ciencia ignora por completo la dimensión de los valores y la motivación interior, se vuelve limitada. Y si la religión desprecia el conocimiento empírico o lo contradice, pierde contacto con la realidad observable.

La frase, entonces, no era una reconciliación simple entre fe y laboratorio, sino una reflexión sobre los límites y alcances de cada esfera.

El problema de las interpretaciones simplificadas

Con el paso del tiempo, la cita comenzó a circular aislada de su contexto original. Utilizada como eslogan, terminó presentando a Einstein como un pensador religioso en sentido convencional.

Diversos análisis posteriores han señalado esta distorsión. El biólogo Jerry A. Coyne, por ejemplo, subrayó que sacar la frase de su marco conceptual lleva a conclusiones equivocadas. Einstein no estaba promoviendo doctrinas religiosas, sino reflexionando sobre la estructura intelectual que sostiene la investigación científica.

El propio físico fue cuidadoso en diferenciar los planos: hechos verificables, por un lado, valores y aspiraciones humanas por otro. Mezclarlos sin matices conduce a malentendidos que se repiten hasta hoy.

La carta que reavivó el debate

Años después del ensayo, una carta escrita en 1954 al filósofo Eric Gutkind volvió a encender la discusión. En ese documento, redactado poco antes de su muerte, Einstein expresó una postura mucho más contundente respecto a las religiones organizadas.

Allí describió la idea de Dios como una construcción humana y calificó a las escrituras religiosas como relatos primitivos. También rechazó la noción de que algún pueblo tuviera un estatus divino especial.

Estas palabras contrastan con la imagen que a veces se proyecta a partir de la famosa frase de 1930. Más que un creyente tradicional, Einstein parecía sostener una visión profundamente racionalista, crítica frente a los dogmas y escéptica respecto a las creencias sobrenaturales.

Una frase que invita a pensar más allá del eslogan

La sentencia sobre ciencia y religión no era una invitación a fusionar ambos campos ni una declaración de fe encubierta. Era, más bien, una reflexión sobre cómo el impulso humano hacia el conocimiento necesita una base de confianza en el orden del universo, y cómo los sistemas de valores no pueden ignorar los descubrimientos empíricos.

Entender esa distinción cambia por completo la lectura de la frase. Lo que parecía una conciliación sencilla se revela como un planteo más sutil, más filosófico y también más incómodo.

Tal vez por eso sigue generando debate casi un siglo después. Porque detrás de sus palabras no había una fórmula fácil para unir ciencia y religión, sino una invitación a pensar con rigor dónde termina una y comienza la otra.

[Fuente: TN]

Non multa sed multum: el método de León XIV

por Marco Felipe Perfetti

Hay un rasgo que llama la atención al leer con detenimiento las palabras dirigidas por León XIV a los cardenales, y es su ausencia de énfasis. Ningún acento muscular, ninguna retórica del mando. El Papa no busca imponerse: acompaña. No convoca para ocupar un espacio, sino para abrir un proceso. Y es precisamente en esta mansedumbre donde se juega el corazón de su discurso.

El hilo que recorre la intervención, de manera discreta pero continua, es el de la atracción. No una estrategia comunicativa ni una categoría sociológica, sino una ley espiritual que concierne al modo mismo en que la Iglesia está en el mundo. León XIV no construye una idea nueva: la recoge de la Tradición de la Iglesia y sigue su desarrollo a lo largo de los siglos, hasta encontrarla expresada también en el Concilio Vaticano II y luego retomada por los pontificados anteriores. Y, sin embargo, el modo en que la relanza dice algo propio: una clave que habla de su estilo, de su gobierno, de la forma de autoridad que pretende ejercer. La Iglesia, recuerda el Papa, no es una fuente autónoma de luz. Es una realidad reflejada. La luz viene de otra parte, y solo si la Iglesia acepta permanecer expuesta a esa luz puede convertirse en lugar de orientación para otros. Es un pasaje decisivo, porque desplaza el baricentro: no es la eficiencia eclesial la que hace creíble el anuncio, sino la transparencia. No es la fuerza de la organización, sino la calidad de la relación con Cristo.

Cuando León XIV insiste en que «no es la Iglesia la que atrae, sino Cristo», está poniendo implícitamente una distancia crítica respecto de toda forma de autosuficiencia eclesiástica. La atracción no nace de lo que la Iglesia produce, sino de lo que deja pasar. Es una imagen coherente con esa “savia vital” que atraviesa los canales frágiles de la comunidad cristiana solo si estos no se obstruyen con la pretensión de ser protagonistas. Aquí el Papa retoma explícitamente una convicción teológica que Benedicto XVI había formulado con su espléndido estilo: en el origen del ser cristiano no hay una idea ni una opción moral, sino un encuentro que cambia el horizonte de la vida.

Es en este marco donde la insistencia en el amor adquiere densidad real. No como sentimiento indistinto, sino como fuerza que “apremia”, que estrecha, que mantiene unido. León XIV cita a Pablo: Caritas Christi urget nos. El amor no como ornamento de la vida eclesial, sino como principio de cohesión. De ahí la frase que suena casi como un criterio de verificación: «La unidad atrae, la división dispersa». No es un eslogan, sino más bien un diagnóstico. Donde la Iglesia se fragmenta, pierde fuerza gravitacional; donde se recompone en torno a lo esencial, vuelve a ser significativa.

Esto explica por qué el Papa vincula la atracción no a lo externo, sino ante todo a la vida interna de la Iglesia. El mandamiento del amor recíproco no tiene el tono de un simple consejo ascético: para León XIV es una verdadera condición misionera. Y no es casual que, en su magisterio naciente, vuelva con insistencia a san Agustín: padre inspirador de la Orden a la que pertenece y figura decisiva en su itinerario teológico y espiritual. Agustín lo expresa con una concreción casi física: los miembros permanecen unidos porque están ligados por un vínculo suave; solo así pueden ser cuerpo de un Cabeza. Cuando ese vínculo se afloja, la comunión se deshilacha y el cuerpo, inevitablemente, se desintegra. En esta perspectiva debe leerse también la elección de no pedir al Consistorio un texto final. León XIV no quiere “producir” documentos, busca un método. Habla de “conversación”, de escucha real, de esencialidad. Non multa sed multum. Pocas palabras, pero habitadas. Prevost quiere recomenzar desde las relaciones, desde la escucha real. Es una elección que remite a una visión más amplia del tiempo eclesial: un tiempo que no debe ser conquistado, sino habitado. No dominado, sino recorrido juntos. Es significativo que, en lo que ha surgido en los grupos, esta categoría del habitar emerja como alternativa tanto a la utopía como al desencanto: habitar el tiempo significa aceptar la realidad, con sus heridas y sus contradicciones, sin dejar de buscar un sentido compartido.

Al final, lo que impresiona de las palabras pronunciadas por León XIV durante el Consistorio es que no promete soluciones rápidas ni atajos institucionales. Propone una postura: permanecer bajo la acción de una fuerza que precede y supera. Una Iglesia que renuncia a retener para sí la luz, y precisamente por eso se vuelve capaz de orientar. Es una mansedumbre que no retrocede, sino que excava. Y quizá sea precisamente aquí donde se juega algo nuevo, no solo para el presente, sino para el futuro de la Iglesia.


AUTOR:
Marco Felipe Perfetti
Director de Silere non possum

FUENTE: Todos juntos: ESTILO LEÓN XIV https://www.silerenonpossum.com/

«Via Crucis de la liberación» en honor a su autor Maximinio Cerezo, fallecido el 21 de febrero de 2026

Hay teólogos de la liberación… y hay «pintores de la liberación». Maximino Cerezo Barredo es uno de ellos. Sus dibujos han venido corriendo, durante las décadas pasadas, por las publicaciones latinoamericanas y pasando de unas a otras sin copyrights ni royalties, de fotocopia en fotocopia hasta desgastarse y quedar casi irreconocibles… como verdadera «propiedad del Pueblo Latinoamericano» que son. Ahora entraron en la época de la digitalización…

Mino Cerezo Barredo, misionero claretiano, el Pintor de la Liberacion, gran compañero de Don Pedro Casaldáliga. Puso imágenes y colores a la esperanza de los más pobres