Ante la situación de violencia y guerras que la humanidad está viviendo, particularmente en los últimos días en Oriente Medio, los cristianos de las diócesis de Rabat, de Tánger y de la Prefectura Apostólica del Ayún no podemos quedar en silencio y nos sentimos en la obligación de manifestar cuanto sigue:
1.-Rechazamos con toda la fuerza del Evangelio el uso de la violencia y de la guerra como método de solución de los conflictos entre pueblos o naciones.
2.-Mostramos nuestro total desacuerdo con el concepto de guerra “preventiva”, por su inmoralidad e injusticia.
3.-Lamentamos la utilización de la razón de la fuerza en lugar de usar la fuerza de la razón.
4.-Expresamos nuestra viva solidaridad con las víctimas de las guerras. Los dirigentes que deciden empezar una guerra no tienen jamás en cuenta el bien de su pueblo ni el de los pueblos contra los cuales la guerra es declarada. Las consecuencias no son daños colaterales, sino personas que mueren o son heridas y mutiladas, niños o adultos sin distinción; familias que pierden su casa y sus bienes y millones de ciudadanos obligados a huir lejos de su hogar.
5.-Y, por encima de todo lo anterior, condenamos la instrumentalización de la religión como motivación de la guerra y la utilización sacrílega y blasfema del nombre de Dios para justificarla. Ningún creyente en el Dios único y misericordioso puede aceptar la guerra con todos sus efectos y consecuencias. Por todo ello hacemos un llamado a todos los cristianos, pero también al conjunto de los creyentes y personas de buena voluntad a:
6.-Respetar el derecho internacional y hacerlo respetar por nuestros gobernantes.
7.-Activar enérgicamente la diplomacia y el multilateralismo, así como las instituciones creadas para preservar y construir la paz
8.-Utilizar el diálogo como método, camino e instrumento de paz. Además nos comprometemos a
9.-No caer en la indiferencia ante esta situación y a no relegarla al olvido.
10.-Sostener con perseverancia la oración por la paz y constituirnos personalmente en artesanos de la paz en nuestros ambientes. Esto está en línea con la intención de oración que el Papa León XIV propone para este mes de marzo: “Desarmemos los corazones del odio, del rencor y de la indiferencia, para construir la paz. Dios nos ha creado para la comunión, no para la guerra; para la fraternidad, no para la destrucción”.
Como gesto expresivo de todo lo anterior, proponemos que cada comunidad acabe la celebración de la Eucaristía de este domingo, 8 de marzo, jornada internacional de los derechos de la mujer, saliendo cantando a un lugar adecuado para formar allí un círculo de la paz, tomándonos de las manos; después de un minuto de silencio orante, la comunidad rezará el Padrenuestro y se retirará en la esperanza de que Jesucrito, el Príncipe de la Paz, concederá este preciado don a nuestra familia, la humanidad.
+Cristóbal, obispo de Rabat, sdb +Emilio, obispo de Tánger, ofm
+Mario, prefecto del Ayún, omi
“La paz no se construye ni con amenazas ni con armas, sino con un diálogo razonable y responsable” (Papa León XIV) “La paz y la seguridad deben ser cultivadas y perseguidas gracias a las posibilidades ofrecidas por la diplomacia, en particular la ejercida en el seno de las instancias multilaterales” (Cardenal Parolin) “Si se reconociera a los estados el derecho a una «guerra preventiva» según sus propios criterios y sin un marco jurídico supranacional, todo el mundo correría el riesgo de estallar. Esta degradación del derecho internacional es profundamente preocupante: la justicia ha sido sustituida por la fuerza, la fuerza del derecho por la ley del más fuerte » (Cardenal Parolin)
El silencio es un tema que, paradójicamente, ha cobrado una relevancia especial en nuestra era de hiperconexión, y existen autores que lo abordan desde la mística, la filosofía y la práctica contemplativa con una claridad asombrosa.
Algunos Referentes Actuales de la Espiritualidad del Silencio:
1. Pablo d’Ors (España)
Sacerdote y fundador de la red «Amigos del Desierto», es quizás el autor de habla hispana más influyente en este tema. Su obra clave: Biografía del silencio. Un ensayo breve pero profundo que se ha convertido en un fenómeno editorial.
2. Xavier Melloni (España)
Antropólogo y teólogo jesuita, experto en diálogo interreligioso, ve en el silencio el punto de encuentro de todas las religiones y todos los seres humanos.. Sus obra clave: El Cristo interior o sus reflexiones sobre la «contemplación», en un tono filosófico y poético universal ,son una apertura atractiva al misterio.
3. Anselm Grün (Alemania)
Monje benedictino que combina la espiritualidad cristiana con la psicología profunda. Enfoca el silencio como una herramienta terapéutica y espiritual para sanar el corazón. Habla mucho de cómo el silencio nos ayuda a gestionar las emociones y a encontrar el «espacio sagrado» dentro de nosotros. Su Obra clave: El silencio: entrar en el espacio de Dios. Es un bálsamo para el alma.
4. José Luis Vázquez Borau (España)
Doctor en filosofía y teología, y escritor prolífico en temas de espiritualidad representa una de las vertientes más ricas y serenas de la espiritualidad contemporánea en lengua española. Su enfoque tiene esa mezcla de sencillez evangélica y profundidad mística.
Si bien autores como d’Ors o Melloni nos abren la puerta, es en la figura de José Luis Vázquez Borau donde nos detendremos para encontrar un mapa detallado para transitar el silencio de nuestro desierto interior. Su obra no es solo teoría, es un itinerario para el alma que busca unificarse. Compartiremos la sabiduría y experiencia que destilan algunos de sus libros que tratan específicamente el tema del silencio.
1.El Silencio como Umbral del Encuentro
«El silencio no es la ausencia de palabras, sino la presencia de una Escucha que nos trasciende y nos habita.»( José Luis Vázquez Borau)
SILENCIO Y CONTEMPLACIÓN (J. L. VÁZQUEZ BORAU 2013 Edit Lulu.com)
Nos dice Vázquez Borau, el camino de descenso a las profundidades de nuestro ser y salida al encuentro de nuestros hermanos es cíclico y a la vez progresivo, hasta que veamos a Dios ‘cara a cara’. Por esto no hay auténtica mística sin ética, ni ética verdadera sin mística, ni verdadera religión sin mística ni ética. Y todo esto lo vive la persona santa en el aquí y ahora del presente de Dios. Todo comienza con una decisión, la de salir, la de ponerse en camino para descubrir nuevos horizontes, abrirse a lo provisional y hacerse peregrino.
2. El Silencio como Albergue del Misterio.
“Cuando el corazón se apacigua y deja de buscarse a sí mismo, se convierte en un umbral. En ese umbral, el silencio deja de ser ausencia para transformarse en una Presencia que nos habita.” (José Luis Vázquez Borau)
ESCUELA DE SILENCIO CONTEMPLATIVO ( J. L. VÁZQUEZ BORAU 2021 Edit. San Pablo)
El ser humano necesita del diálogo para alcanzar un humanismo pleno. Pero es en el diálogo interior donde se abren las cuestiones últimas de la existencia. ¿Cómo entrar en nuestra esencia mística? Haciendo silencio interior para poder escuchar la voz de Dios que se manifiesta a través de los acontecimientos.
3. El silencio como puerta a la belleza del alma.
«El desierto es el lugar de la verdad, donde caen las máscaras y las falsas seguridades, para dejarnos a solas con quien realmente somos ante Dios.» (José Luis Vázquez Borau)
EL DESIERTO FÉRTIL ( J. L. VÁZQUEZ BORAU Edit. Descleer)
En «El desierto fértil», José Luis Vázquez Borau nos invita a un viaje introspectivo para descubrir la belleza, la verdad y la bondad en nuestro interior. A través del silencio y la reflexión, el autor nos guía por un camino de transformación personal, donde el desierto se convierte en un espacio de encuentro con nosotros mismos y con lo trascendente, indispensable para a encontrar el sentido de la vida , la experiencia espiritual y el servicio a los demás.
Conclusiones
Concretando, para Vázquez Borau, el silencio no es un fin en sí mismo, sino el hábitat natural del amor y por tanto camino de plenitud y transformación. El silencio, para él, es el lenguaje de Dios. Sus reflexiones suelen centrarse en tres dimensiones :
El Silencio como «Hacerse Capacidad»
Vázquez Borau sostiene que el ruido interior (preocupaciones, juicios, ego) nos llena tanto que no deja espacio para nada más. El silencio es el proceso de «vaciarse» para hacerse capacidad de Dios. Si el vaso está lleno de agua sucia (ruido), no puede entrar el agua limpia (la Gracia).
2. La Unificación del Corazón
Él habla mucho de la «itinerancia interior”, del hacerse peregrino…El silencio ayuda a que el corazón, que suele estar fragmentado en mil pedazos por las distracciones del mundo, se unifique y se «sosiegue“, para buscar la Verdad.
3. El Silencio que se hace Palabra en el Otro
Para José Luis Vázquez Borau, el silencio auténtico nos vuelve más sensibles, más empáticos y menos autorreferenciales. Contempla una visión muy hermosa sobre la alteridad: solo quien sabe callar ante el Misterio sabe escuchar de verdad al hermano.
Concluimos el articulo con una de sus frases .«El silencio es el único equipaje necesario para cruzar el desierto del yo y alcanzar la orilla del Nosotros
Se cumplen diez años del asalto de un comando yihadista a la casa para ancianos que gestionaban las religiosas en Yemen
Reginette y Margarita eran originarias de Ruanda, Anselma procedía de India y Judith era de Kenia. Las cuatro religiosas de las Misioneras de la Caridad fueron asesinadas el 4 de marzo de 2016 por un comando yihadista que asaltó la Casa para Ancianos de Adén (Yemen), gestionada por las hermanas de la Madre Teresa, y acabó también con la vida de doce colaboradores laicos de distintas nacionalidades y religiones.
Durante el ataque fue secuestrado el sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, quien fue liberado en septiembre de 2017 tras una prolongada cautividad.
El Vicariato Apostólico de Arabia Meridional conmemoró ayer el décimo aniversario del martirio de las cuatro religiosas. El obispo Paolo Martinelli, vicario apostólico, presidió una celebración eucarística en su memoria en la catedral de San José de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), según informa Fides.
«Celebrar este aniversario en un momento en que toda la región del Golfo atraviesa un grave conflicto es motivo de esperanza», ha subrayado el prelado. «Las Misioneras de la Caridad entregaron su vida y algunas de ellas siguen hoy presentes en Yemen, sirviendo a los más pobres sin distinción y dando testimonio de la caridad de Cristo que supera toda barrera. Mirándolas, nos sentimos alentados a ser, en esta tierra, constructores de paz», añadió.
Atendían a ancianos y a discapacitados
Hace diez años, las religiosas atendían a ancianos y personas con discapacidad, en su mayoría musulmanes, cuidando tanto sus cuerpos debilitados como sus heridas interiores. Tras la matanza, el entonces vicario apostólico, el capuchino Paul Hinder, relató que la población local las apreciaba profundamente y «admiraba su modo de servir sin fijarse en la pertenencia religiosa, sino solo en la opción de privilegiar a quien más lo necesitaba».
«La memoria de las Misioneras de la Caridad asesinadas en Adén -reconoce hoy el obispo Martinelli, también capuchino- sigue alimentando la vida de nuestra Iglesia y nos impulsa a vivir la fe cada día con alegría y compromiso». Y recuerda las palabras escritas por monseñor Hinder poco después de los hechos de 2016: «Imploremos a las cuatro mártires que intercedan por Yemen y por todo Oriente Medio, para que llegue la paz y cese la violencia».
Las imágenes difundidas tras la masacre mostraban los cuerpos sin vida de las hermanas. Dos de ellas llevaban, sobre el hábito, un sencillo delantal de cocina, el mismo que utilizaban a diario para realizar tareas que exigían «ensuciarse las manos» sin estropear la ropa.
«La Iglesia del delantal»
El recordado obispo italiano Tonino Bello solía pedir que el Señor hiciera callar «por algunos años a los teólogos y a los oradores» que se limitan a pronunciar discursos. Para él, la misión de la Iglesia necesitaba precisamente el delantal: «Es el delantal el que debemos ponernos como Iglesia. Debemos ceñírnoslo de verdad», solía repetir. Una imagen que evocaba el gesto de Cristo al atarse la toalla a la cintura para lavar los pies a sus discípulos antes de la Pasión. «La Iglesia del delantal -afirmaba Tonino Bello – es la Iglesia que Jesús prefiere, porque Él actuó así».
Las religiosas mártires de Yemen fueron asesinadas con el delantal ceñido, símbolo del servicio cotidiano que prestaban a ancianos musulmanes pobres y enfermos por amor a Cristo. No hacían proselitismo: desinfectaban heridas y ofrecían instantes de consuelo a vidas marcadas por el sufrimiento. El odio que destrozó sus cuerpos indefensos fue tan injustificado como el que llevó a Cristo a la cruz.
«Cuanto más cerca está la Iglesia de Jesucristo, más participa de su pasión», afirmó entonces a la agencia Fides el obispo comboniano Camillo Ballin, vicario apostólico de Arabia Septentrional. Y añadió: quien se acerca más a Cristo, «queda implicado en su pasión y en su muerte, para participar también en la gloria de su victoria».
Las Misioneras de la Caridad, fundadas por Teresa de Calcuta, están presentes en Yemen desde 1973, a invitación del entonces gobierno de Yemen del Norte. La Casa para Ancianos de Adén fue inaugurada el 25 de marzo de 1992, también a petición de las autoridades.
Aún hoy -señala un comunicado del Vicariato Apostólico de Arabia Meridional- «la presencia de las Misioneras de la Caridad en Yemen sigue siendo un humilde pero poderoso signo de esperanza, a través de su servicio a los más débiles y pobres». Ahora, dos comunidades de las Misioneras de la Caridad continúan su labor en Hodeidah y Saná.
“Más que muchas novelas, estudios y ensayos, éste revela el misterio del pueblo ruso en su parte mas secreta: sus creencias y su fe”
El libro Relatos de un peregrino ruso es un clásico de la espiritualidad cristiana oriental. Fue escrito por un monje ruso anónimo, en el siglo XIX, y cuenta la historia de un hombre que quería aprender a rezar.
Ese hombre oyó una vez que la Biblia afirma que debemos “orar sin cesar”. Él buscó a muchos maestros, pero ninguno lo satisfizo.
Hasta que encontró a un monje (“staretz”) que le enseñó la Oración de Jesús, la simple y profundamente reverente repetición del nombre de Jesús. Fue a partir de entonces que la oración se apoderó de la mente y el corazón del peregrino buscador.
Sobre la Oración de Jesús
La Oración de Jesús consiste en sentarse en el silencio, aquietar la mente y dirigir la atención al corazón, armonizando cuerpo y alma mediante la sincronía entre la respiración y la respiración meditativa de estas palabras:
“Señor Jesucristo, ten piedad de mí”.
Esta simple y riquísima tradición, centrada en Jesús y en su misericordia, cuenta con varias formas diferentes de hacer la misma plegaria: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!”, “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad piedad de nosotros, pecadores!”; “¡Jesucristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!”; “¡Señor Jesús, misericordia!”…
Un obispo ortodoxo describe:
“La primera parte, ‘Señor Jesucristo, Hijo de Dios’, es dicha mientras se inspira; la segunda, ‘ten piedad de mí, pecador’, mientras se expira. Hay otros métodos posibles: la recitación también puede sincronizarse con los latidos del corazón”.
Como agua en piedra dura, la repetición va ablandando el corazón del peregrino, “profundizando en su carne”.
Él repite las palabras decenas, cientos, miles de veces al día. Y pasa por varias fases: del desánimo y la pereza iniciales a las primeras sensaciones de calidez en el pecho, la purificación venida de las lágrimas, el sentimiento de unión con el mundo, la apertura a la paz, hasta alcanzar la experiencia del amor divino.
Ese hombre alcanzó la oración continua, aprendiendo a “orar sin cesar”. Hasta durmiendo el nombre de Jesús estaba en su corazón.
El Catecismo de la Iglesia católica dedica algunos párrafos a la Oración de Jesús:
2667 Esta invocación de fe bien sencilla ha sido desarrollada en la tradición de la oración bajo formas diversas en Oriente y en Occidente. La formulación más habitual, transmitida por los espirituales del Sinaí, de Siria y del Monte Athos es la invocación: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros, pecadores” Conjuga el himno cristológico de Flp 2, 6-11 con la petición del publicano y del mendigo ciego (cf Lc 18,13; Mc 10, 46-52). Mediante ella, el corazón está acorde con la miseria de los hombres y con la misericordia de su Salvador.
2668 La invocación del santo Nombre de Jesús es el camino más sencillo de la oración continua. Repetida con frecuencia por un corazón humildemente atento, no se dispersa en “palabrerías” (Mt 6, 7), sino que “conserva la Palabra y fructifica con perseverancia” (cf Lc8, 15). Es posible “en todo tiempo” porque no es una ocupación al lado de otra, sino la única ocupación, la de amar a Dios, que anima y transfigura toda acción en Cristo Jesús.
Sobre el libro anónimo
Sobre el libro, he aquí algunas partes de la introducción escrita por Jean Gauvain a una edición de 1943:
Los Relatos de un Peregrino Ruso permanecieron prácticamente en la oscuridad desde que aparecieron por primera vez en Kazan, alrededor de 1865, bajo una forma primitiva, llena de errores.
Tardó hasta 1884 para que se hiciera una edición correcta y accesible, pero, en pleno movimiento socialista y naturalista, esa edición no tuvo gran repercusión.
Fue solo después de 1920, cuando el corazón de ciertos emigrantes rusos sintió la nostalgia de la patria, que surgió la necesidad de una nueva edición y empezó a extenderse la obra.
De acuerdo al prefacio de la edición de 1889, el sacerdote Paísius, abad del monasterio de San Miguel Arcángel, en Kazan, copió el texto de un monje ruso de Athos, cuyo nombre ignoramos.
Numerosos indicios nos hacen creer que los relatos fueron redactados por un religioso después de sus entrevistas con el peregrino.
Esa hipótesis, sin embargo, no afecta el carácter de autenticidad del libro. El peregrino, simple campesino de 33 años, solo está familiarizado con el estilo oral y sencillo, que vuelve encantadores sus relatos.
El peregrino hace que el lector penetre en el corazón de la vida rusa, poco después de la guerra de Crimea y antes de la abolición de la esclavitud, es decir, entre el 1856 y el 1861.
Por él pasan todos los personajes de la novela rusa: el príncipe que busca expiar su vida disipada; el jefe del correo, bebedor y peleón; el escribano de la provincia, incrédulo y liberal.
Los prisioneros parten, en penosas etapas, para Siberia; los correos imperiales agotan a sus caballos en la planicie inmensa; los desertores rondan por los bosques lejanos; nobles, campesinos, funcionarios, miembros de las sectas, profesores y sacerdotes, toda esa antigua Rusia de la estructura rural resucita con sus defectos -de los cuales la embriaguez no es ciertamente la menor- y sus cualidades, entre las cuales la más bella es la caridad, el amor espiritual al próximo, iluminado por el amor de Dios.
Alrededor, la tierra de Rusia, planicie inmensa que se pierde a la vista, bosques desiertos, albergues a orillas de las carreteras, iglesias pintadas nuevamente, con campanas que centellan.
Mientras tanto, el campesino no se detiene jamás para describir las apariencias sensibles. Cristiano ortodoxo, está en busca de la perfección: su única preocupación es el Absoluto.
Sobre la búsqueda espiritual del peregrino
Para guiarlo en su búsqueda, el peregrino tiene solo dos libros: la Biblia y una colección de textos patrióticos, la Filocalia.
Este nombre es el único medio de definir la escuela a la que está vinculado. Ruso del siglo XIX, es un hesicasta, es decir, un adepto del hesicasmo, palabra que evoca la calma, el silencio, la contemplación, y que se remonta a los primeros siglos cristianos, con orígenes en el Monte Sinaí y el desierto de Egipto.
Es una corriente mística que se opone a la tradición puramente ascética. Esta considera que la naturaleza humana es buena, pero deformada por el pecado, y que el camino de la salvación consiste en devolverle su virtud primitiva, restableciendo en el hombre, que es imagen de Dios, la semejanza divina, por obra de la gracia.
Bajo la acción de la gracia y liberación de las pasiones por la ascesis, el espíritu se eleva para contemplar las razones de las cosas creadas, llegando, a veces, a la llamada “nube luminosa”: la contemplación oscura de la Santísima Trinidad.
Para fijar el espíritu en las realidades invisibles, algunos místicos adoptaron procesos técnicos como la repetición frecuente de una oración corta: el Kyrie Eleison. A los católicos, familiarizados con el rosario, no les resultaría extraña esa modalidad.
La idea de una participación del cuerpo en la vida espiritual, relacionada con el dogma de la resurrección futura, es profundamente cristiana.
El desafío de ir más allá de una doctrina tergiversada
A partir del siglo XI, esa doctrina tendió a corromperse, atribuyendo un valor exagerado a las visiones y revelaciones sensibles.
La búsqueda de esas “iluminaciones” llevó a despreciar la práctica ascética y a buscar medios considerados más “cortos y eficaces” para llegar a las visiones.
Así, se prestó mucha atención a los procesos corporales, a la postura del cuerpo, al papel del corazón en la oración.
El hesicasta del siglo XIV esperaba llegar a la salvación “sin esfuerzo y sin dolor”, olvidando que, en la vida espiritual, todo es gracia y nadie puede decir “Jesús es el Señor” a no ser con el Espíritu Santo (1 Cor 12,3).
El peregrino encontró la doctrina del hesicasmo ya deformada por los siglos, pero su espiritualidad es pura. El ascetismo casi espontáneo de su vida no deja de servirle de guarda.
Yendo de un lugar a otro, no teniendo siquiera una piedra donde reposar la cabeza, la oración perpetua es para él, antes que nada, un medio para fijar la atención sobre el misterio de la fe y hacer que el alma se vuelva hacia sí misma.
Su espíritu permanece siempre activo y su fe es iluminada por una búsqueda ardiente y sincera.
La fe del peregrino no es mera emoción frente a los misterios de la poesía: esta se alimenta de enseñanzas teológicas.
Él ofrece consejos técnicos y explicaciones de la doctrina, y no exhortaciones generosas y vagas. Al conocer al hombre a la luz de Dios, él conoce también su lugar y su papel en el universo.
La moral del peregrino no es un conjunto de reglas que un día aprendió, ni solo una higiene interior: todas sus acciones están orientadas por el deseo de la perfección espiritual.
El ascetismo, de esta manera, es condición de contemplación: no tiene sentido en sí mismo. La vida espiritual retoma entonces su unidad. De la fe proceden las obras, pero, sin las obras, no hay fe.
Viniendo del mundo de la caída, la ignorancia y la debilidad, el peregrino camina hacia la nueva Jerusalén, en la que entrará por entero, de cuerpo y alma, en la consumación de los siglos.
Este optimismo que libera es la tendencia profunda del cristianismo: la creación es buena y, después de la caída, debe ser englobada enteramente en la vía de la salvación.
«La Biblia de Ferrara (1553), editada hoy en la admirable Biblioteca Castro, estaba traducida del hebreo al judeo-español, en una lengua inventada por los traductores»
Félix de Azúa (Barcelona, 1944) es escritor, doctor en Filosofía y catedrático de estética. En junio de 2015 fue elegido miembro de la Real Academia Española.
Todas las religiones encierran un magno secreto. Cada una a su manera y desde la prehistoria, nos sitúan en el universo y veneran una existencia sobrehumana y libre de la muerte. Son muy distintas entre sí: las más antiguas veían ese orden sagrado en algunos animales, en los meteoros, en las imponentes manifestaciones naturales. Luego vinieron religiones más próximas al humano, como el politeísmo, en el cual cada uno de los dioses representaba y protegía una faceta de la humanidad, buena o mala: en cada dios había una parte de virtud y otra de vicio. Y finalmente llegaron las religiones llamadas «del libro».
Tres son las religiones que se guían por un libro, el judaísmo, el cristianismo y el islam, cada una hija de la anterior, pero la más peculiar es el cristianismo porque es una religión narrativa, es decir, un increíble depósito de novelas. Si ya el Antiguo Testamento de los judíos proyectaba la fabulosa imaginación y el talento narrativo del mundo hebreo, el cristianismo, al añadir un Nuevo Testamento, es decir, la vida, pasión y muerte de Jesús de Nazaret, enriqueció la historia bíblica con una última aventura heroica de colosal grandeza. De modo que el cristianismo se enuncia en narraciones, fábulas y sucesos con personajes inolvidables.
Que un libro (al que llamamos «la Biblia», porque quiere decir «el Libro») sea el fundamento de las tres últimas religiones conocidas es algo difícil de entender y explicar. Es el magno secreto. Y aún más para los católicos, ya que tuvieron prohibida su lectura hasta anteayer, lo que explica algunas peculiaridades de la literatura española frente a la inglesa, según el docto entender de Andreu Jaume.
Pocas fueron las traducciones de la Biblia al español. Incluso cuando las sectas luteranas abrieron la lectura del texto a los ciudadanos y lo tradujeron a todas las lenguas romances, en España solo circuló (en secreto y con peligro de muerte) la fabulosa traducción de Casiodoro Reina, la famosísima Biblia del Oso (1569), por suerte reeditada en la actualidad por Alfaguara.
Sin embargo, no era la primera; la había precedido unos años antes la Biblia de Ferrara (1553), editada hoy en la admirable Biblioteca Castro. Su divulgación no fue muy extensa debido a una peculiaridad: que estaba traducida del hebreo al judeoespañol, pero en una lengua que no coincidía ni con el sefardita ni con el ladino. Era (¡es!) una lengua inventada por los traductores, judíos huidos de la persecución española y portuguesa, que casi puede compararse con las invenciones literarias de Joyce.
«El de la Biblia de Ferrara es un español hebraico o judaizante absolutamente original»
En sus prólogos, tanto la muy competente Paloma Díaz-Más como el experto Moshe Lazar explican la singularidad de la traducción palabra por palabra, construida según el modelo tradicional de la enseñanza rabínica para facilitar los comentarios a cada versículo. Evidentemente, una traducción palabra por palabra mantiene los elementos de la lengua de origen, de modo que el de la ferraresa es un español hebraico o judaizante absolutamente original.
No acaba ahí el interés de la edición. Que apareciera en Ferrara (y no en Ámsterdam o en Basilea) es una rareza y exige la rigurosa explicación de Díaz-Más sobre otro personaje de novela, Gracia Nasí (o Naci), que vivió en España con el nombre de Beatriz de Luna hasta la expulsión del siglo XV. Es una de las grandes mujeres, tanto de la historia de España como del pueblo hebreo, a la que nunca dedicará la tele española una serie.
El lenguaje de la Biblia de Ferrara suena así: «En principio crió el Dio a los cielos y a la tierra. Y la tierra era vana y vacía, y escuridad sobre faces de abysmo, y espíritu del Dio se movía sobre faces de las aguas». Así, tal cual, el Dio, traducen los judeoespañoles, porque un sonido de plural (que no lo es), Dios, les parecía inadecuado: querían subrayar su unicidad. El suyo era un monoteísmo férreo y militante, como todo lo de este país. Maravilloso libro, el Libro, incluso en una lengua inventada.
Es preciso salvaguardar el patrimonio vivo de las culturas africanas y de los afrodescendientes
Las poblaciones afrodescendientes de América Latina y el Caribe han trabajado por el reconocimiento de sus derechos y la rectificación de agravios históricos en su contra.
Todas las culturas del mundo tienen el mismo derecho al respeto, así como todos los individuos son iguales en cuanto al libre acceso a la cultura. No se puede ver Latinoamérica sin África, pues la cultura afro en la región está conformada por unos 133 millones de personas. Uno de cada cuatro latinoamericanos se identifica como afrodescendiente, por lo que es una región construida sobre el mestizaje. Una cultura fundamental en nuestra identidad, con raíces en la diáspora africana y una gran influencia en música (samba, cumbia, salsa), gastronomía, religiones (santería, candomblé) y danza. Brasil, Colombia, Venezuela, Cuba, México y Ecuador concentran la mayoría de la población afrodescendiente, sin embargo aún se enfrentan a grandes desafíos estructurales.
Sí, aunque se reconozca su aporte fundacional, aún existe un muro con el que choca la realidad, traducida en exclusión que comienza en la infancia y se perpetúa incluso en la vida laboral. Un reciente informe del Banco Mundial, titulado Inclusión afrodescendiente en la educación: Una agenda antirracista para América Latina, pone el foco en uno de los mecanismos más sutiles y persistentes de esta desigualdad, que es sin duda la escuela. El estudio, coordinado por el especialista senior en desarrollo social Germán Freire, revela que de los 133 millones de afrodescendientes en la región, 34 millones se encuentran en edad escolar.
La cultura afro en la región está conformada por unos 133 millones de personas
La educación es la principal herramienta para romper el ciclo de pobreza crónica que afecta a estos hogares (los afrodescendientes tienen 2,5 veces más probabilidades de vivir en pobreza crónica), pero el sistema, en lugar de ser un ascensor social, a menudo se convierte en un reproductor de exclusiones. En este aspecto, el análisis de Freire apunta que los textos escolares de la región rara vez representan las contribuciones y anhelos de la población afrodescendiente». «Más frecuentemente, tienden a fortalecer visiones que pueden no ser negativas en sí mismas, pero que reproducen una visión limitada y estereotipada de sus aportes a la sociedad, y que impactan en las aspiraciones y percepción de oportunidades de chicos y chicas afrodescendientes».
Esta representación, llamémosle “folclorizante” -donde lo afro aparece confinado al pasado esclavo o a manifestaciones culturales desvinculadas de la modernidad- tiene consecuencias. Los estudiantes afrodescendientes no se ven reflejados como sujetos activos del presente o del futuro, lo que incide en su autoestima académica y en la decisión de permanecer en las aulas. A ello se suma un acceso limitado a las tecnologías digitales, una brecha que la pandemia evidenció y profundizó. La discriminación en el aula, también se convierte así en la primera forma de exclusión institucional que enfrentan miles de niños y niñas en la región. El informe también documenta lo que ocurre después de la escuela.
En el plano espiritual, las religiones de matriz africana como la santería cubana o el candomblé brasileño han sobrevivido a siglos de persecución y sincretismo
Incluso cuando los jóvenes afrodescendientes logran sortear las barreras y completan su educación, los retornos económicos son menores. Con el mismo nivel educativo y experiencia, ganan menos que sus pares no afrodescendientes por el mismo tipo de trabajo en todos los países analizados. Por lo que se puede asumir que la educación, por sí sola, no desactiva el racismo estructural. No obstante, frente a estos mecanismos, la producción cultural afrolatina ha operado de manera histórica como un espacio de resistencia, afirmación y denuncia. Desde la música hasta la poesía, pasando por las artes plásticas y la religión, las comunidades afrodescendientes han construido un acervo que no solo celebra la herencia africana, sino que interpela a las sociedades latinoamericanas sobre su deuda con la historia.
Podemos mencionar que en la música, géneros como la bomba puertorriqueña (ritmo afrolatino por excelencia que también es reivindicado en otras latitudes) funcionan como vehículo de protesta y memoria. La figura de Celia Cruz (Cuba, 1925-2003) va más allá de lo artístico, pues su popularización de la música afrocubana y su influencia en la salsa llevaron al mundo entero un mensaje de orgullo y poder, sintetizado en canciones como «La negra tiene tumbao», donde el término «tumbao» alude a ese ritmo y actitud que son inconfundibles.
Además, la literatura y la poesía han sido igualmente feroces. La cubana Nancy Morejón, en su poema «Mujer negra», traza un arco que va desde la mujer arrancada de África hasta su papel en la construcción de la nación cubana, pasando por la esclavitud y la independencia. Es un relato de sufrimiento, pero también de agencia y centralidad. En la misma línea, la peruana Victoria Santa Cruz legó un himno generacional con «Me gritaron negra», donde convierte el insulto en empoderamiento y denuncia del racismo intenso que se experimentaba en ese entonces.
Podemos mencionar que en la música, géneros como la bomba puertorriqueña (ritmo afrolatino por excelencia que también es reivindicado en otras latitudes) funcionan como vehículo de protesta y memoria. La figura de Celia Cruz (Cuba, 1925-2003) va más allá de lo artístico, pues su popularización de la música afrocubana y su influencia en la salsa llevaron al mundo entero un mensaje de orgullo y poder, sintetizado en canciones como «La negra tiene tumbao», donde el término «tumbao» alude a ese ritmo y actitud que son inconfundibles.
Además, la literatura y la poesía han sido igualmente feroces. La cubana Nancy Morejón, en su poema «Mujer negra», traza un arco que va desde la mujer arrancada de África hasta su papel en la construcción de la nación cubana, pasando por la esclavitud y la independencia. Es un relato de sufrimiento, pero también de agencia y centralidad. En la misma línea, la peruana Victoria Santa Cruz legó un himno generacional con «Me gritaron negra», donde convierte el insulto en empoderamiento y denuncia del racismo intenso que se experimentaba en ese entonces.
Más allá de las expresiones artísticas, la herencia africana se mantiene viva en las tradiciones más arraigadas de la vida cotidiana latinoamericana. La cocina es quizás el ejemplo más palpable. El mofongo puertorriqueño, el quimbombó presente en varias gastronomías del Caribe, la carapulcra chinchana peruana o el uso extendido del maní (cacahuete) en recetas de origen africano son testimonio de una fusión que, por naturalizada, a menudo se desconoce en sus raíces. La yuca, el plátano en puré y la leche de coco son hoy ingredientes tan «latinos» como africanos.
La cultura africana sigue viva en América Latina
En el plano espiritual, las religiones de matriz africana como la santería cubana o el candomblé brasileño han sobrevivido a siglos de persecución y sincretismo. El culto a Yemanjá (diosa yoruba de las aguas, la fertilidad y protectora de los esclavizados) es una de las manifestaciones más extendidas y significativas. Sus devotos la homenajean en playas de Cuba, Brasil y Uruguay, en fechas que suelen variar en cada lugar. Esta coexistencia es la huella de un proceso histórico en el que los africanos esclavizados y sus descendientes protegieron sus creencias bajo la apariencia del culto a los santos
En el caso de Uruguay resulta que la población afrodescendiente representa aproximadamente el 10% del total nacional, concentrada en su capital, Montevideo. La presencia de africanos en la región del Río de la Plata se remonta al siglo XVI, pero fue en 1743 cuando atracó en Montevideo el primer barco con personas esclavizadas procedentes de regiones como Angola, Congo y Mozambique. Hasta el siglo XIX, el puerto de Buenos Aires -y por extensión la Banda Oriental- fue una puerta de entrada para la trata en el Cono Sur.
De esa historia nació el candombe, un estilo de música y danza surgido en el primer tercio del siglo XIX y declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009. Esto es una prueba de que la cultura afrodescendiente no es un adorno para la identidad latinoamericana, sino uno de sus pilares fundamentales. Sin embargo, el reconocimiento cultural no basta si no va acompañado de políticas educativas y laborales que desmantelen los estereotipos y las barreras estructurales.