El jeque de Al-Azhar visita al Papa Tawadros y lo felicita y a los hermanos cristianos por la Navidad

El Gran Imán, el Dr. Ahmed El-Tayeb, jeque de Al-Azhar, visitó hoy lunes, acompañado de una delegación de alto nivel de Al-Azhar, a Su Santidad el Papa Tawadros II, Papa de Alejandría y Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Copta, para felicitarlo por la Navidad. Durante el encuentro, El-Tayeb oró a Dios Todopoderoso para que estas festividades felices se repitan en nuestro amado Egipto, tanto para musulmanes como cristianos, y que otorgue al país seguridad, paz y todos los medios para avanzar y prosperar.

Al inicio del encuentro, el jeque de Al-Azhar declaró:»Hemos venido a presentar nuestras felicitaciones a usted y a los hermanos cristianos con motivo de la Navidad, y a reafirmar que este encuentro constante fortalece en nosotros el sentimiento de hermandad humana que une a todos, y la fraternidad hacia nuestra nación, a la cual nos sentimos orgullosos de pertenecer.»

El jeque destacó que Al-Azhar siempre ha estado comprometido con promover el valor de la ciudadanía, dada su importancia en la construcción de las naciones. Señaló que Al-Azhar organizó un congreso internacional dedicado a este tema y, gracias a Dios y al esfuerzo de personas dedicadas, logró eliminar el término “minorías”, con sus connotaciones negativas.

Además, El-Tayeb reflexionó sobre las tragedias que enfrenta la humanidad hoy, señalando que el mundo ha perdido la razón y la sabiduría en la gestión de los asuntos globales, lo que constituye una advertencia seria. Agregó: Pedimos a Dios que guíe a los líderes mundiales hacia la rectitud y la justicia, y que traten a los pueblos desde la hermandad humana y no desde la lógica de la fuerza. Rogamos a Dios que nos libre de estas guerras absurdas e injustas y que acelere el fin de los conflictos que han causado un retroceso grave a la humanidad, algo que raramente se había visto antes.»

Concluyó diciendo:»Pedimos a Dios que nos ayude a servir a nuestra nación, a transmitir el mensaje de nuestras religiones y difundirlo para que brille nuevamente la verdadera civilización, y desaparezca la civilización de la sangre y la guerra.»

Por su parte, Su Santidad el Papa Tawadros dio la bienvenida al Gran Imán y a la delegación, destacando que esta visita trae alegría a sus corazones y refuerza los lazos entre los egipcios cristianos y musulmanes. Añadió: Felicitamos también al Gran Imán por su 80.º cumpleaños y le deseamos salud, éxito y bienestar continuos.»

El Papa subrayó que el nacimiento de Jesucristo es un mensaje de bondad para toda la humanidad, y que Dios nos creó para servir a todos los seres humanos. Cada persona tiene una misión especial según sus responsabilidades, pero todos compartimos un mensaje común: promover la paz y difundirla en todas partes. Su Santidad añadió: Oramos por los pueblos que sufren en Sudán, Gaza, Yemen y en otros lugares donde la humanidad enfrenta heridas profundas. Dios no aprueba estas violaciones de los derechos humanos, y confiamos en su poder para cambiar esta dolorosa realidad.»

Durante la visita, el jeque de Al-Azhar y Su Santidad el Papa Tawadros discutieron los esfuerzos de la Casa de la Familia Egipcia, así como sus recientes expansiones en varias provincias, y coincidieron en la necesidad de apoyar este proyecto para que continúe desempeñando su labor y extendiendo sus esfuerzos, que han demostrado ser efectivos en la contención de conflictos y el extremismo.

El Gran Imán estuvo acompañado por el Dr. Osama Al-Azhari, Ministro de Waqf; el Dr. Nazir Eyad, Gran Muftí de Egipto; el Dr. Salama Dawood, Presidente de la Universidad de Al-Azhar; y el Dr. Abbas Shuman, Secretario General de la Autoridad de Grandes Eruditos y Presidente de la Organización Mundial de Graduados de Al-Azhar.

Fuente: https://sis.gov.eg/es/centro-de-informacion/noticias-exclusivas/el-jeque-de-al-azhar-visita-al-papa-tawadros-y-lo-felicita-y-a-los-hermanos-cristianos-por-la-navidad/

“Papa”?

La palabra “Papa” procede del griego pappás, que significa “padre”.
En los primeros siglos del cristianismo, este título se usaba de manera amplia para designar a obispos de gran autoridad espiritual, especialmente en Alejandría y Roma.

El Papa copto de Alejandría

  • El patriarca copto lleva oficialmente el título de:
    “Papa y Patriarca de la Sede de San Marcos”.
  • La Iglesia Copta de Alejandría es una de las Iglesias cristianas más antiguas (siglo I).
  • De hecho, el obispo de Alejandría fue llamado “Papa” antes de que el título quedara reservado exclusivamente al obispo de Roma en Occidente.

Diferencia con el Papa de Roma

  • En la Iglesia católica, el título “Papa” quedó reservado al obispo de Roma, como sucesor de Pedro.
  • En la Iglesia copta ortodoxa, “Papa” designa al padre espiritual supremo de esa Iglesia, sin implicar jurisdicción universal.

Contexto del gesto del jeque de Al-Azhar

Que el jeque de Al-Azhar visite al Papa Tawadros II y felicite a los cristianos por la Navidad:

  • Es un gesto de respeto interreligioso.
  • Reconoce su autoridad espiritual dentro del cristianismo egipcio.
  • Continúa la línea de diálogo islámico-cristiano impulsada tanto por Al-Azhar como por las Iglesias cristianas.

«Luz del alma» Meditación para Tiempo de Navidad sobre la Basílica de Santa María la Mayor en Roma

Joseph Ratzinger

Esta iglesia es un templo dedicado a la Natividad. Como obra de arte, pretende hacernos llegar la invitación del ángel, que primero se hizo a los pastores. No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy… un salvador que es el Cristo Señor…» (Lc. 2, 10s). 

Nada más penetrar en la basílica de Santa María la Mayor dejando atrás las ruidosas calles de Roma, me viene a la memoria la invitación del salmista: «Callad y mirad» /Sal. 46.10). Siempre que no sea precisamente verano, cuando multitudes de turistas recorren de prisa la iglesia convirtiéndola también en una especie de calle, de la misteriosa penumbra de este espacio llega una incitación a guardar silencio, al recogimiento y a la contemplación, invitación que la algarabía de lo cotidiano, como por sí sola, consigue convertir en insignificante. Es como si la oración de los siglos hubiera permanecido presente con el único objetivo de ponernos en camino. Los ámbitos más silenciosos del alma. Que de otro modo quedan empujados a un lado por el torbellino de las preocupaciones y cotidianidades, se ven liberados cuando nos abandonamos al ritmo de esta casa de Dios y al de su mensaje.

Pero ¿cuál es dicho mensaje? Quien hace tal pregunta ya se encuentra, sin duda, en peligro de eludir la llamada especial que podría llegarle en este lugar. Ese mensaje no se puede transformar en una entrada de diccionario a la que se pudiera recurrir rápidamente. Propio de él es la exigencia de salir del fuego cruzado de los interrogatorios; en lugar de eso, nos llama a una permanencia en la que la escucha y la visión del corazón despiertan: a una permanencia que conduce más allá de lo que se coge rápidamente para a continuación volverlo a tirar. De ahí que -en lugar de darle a usted una respuesta con fórmulas y conceptos- yo prefiera invitarle a observar conmigo dos imágenes de esta iglesia y a dejar que, en su permanencia personal ante ellas, le digan lo que las palabras sólo deficientemente pueden traducir.

En primer lugar, se da allí un hecho muy curioso. Esta iglesia es un templo dedicado a la Natividad. Como obra de arte, pretende hacernos llegar la invitación del ángel, que primero se hizo a los pastores. No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy… un salvador que es el Cristo Señor…» (Lc. 2, 10s). Pero, al mismo tiempo, esta casa de Dios quisiera introducirnos en la respuesta de los pastores: «Vayamos… y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado» (Lc. 1, 15). Así, sería de esperar que la imagen de la Nochebuena fuera centro de este lugar y de sus caminos. De hecho es así; pero, al mismo tiempo, no lo es.

Los mosaicos de ambos lados de la nave de la iglesia explican, por decirlo así, toda la Historia como una procesión de la Humanidad hasta el redentor. En el centro, sobre el arco triunfal, en el punto de llegada de los caminos, en el que debería estar representado el nacimiento de Cristo, se encuentra en cambio sólo un trono vacío y, sobre él, una corona, un manto imperial y la cruz; sobre el escabel se encuentra a modo de cojín, la Historia, sellada con siete cordeles rojos. El trono vacío, la cruz y, a sus pies, la Historia; ésta es la imagen navideña de esta iglesia, que ha querido ser, y quiere seguir siéndolo, el Belén de Roma. ¿Por qué exactamente? Si queremos entender el mensaje de la imagen, debemos recordar primero que el arco triunfal está sobre la cripta, que originalmente fue construida como reproducción de la cueva de Belén en la que Cristo vino al mundo. Aquí se ha venerado también hasta hoy la reliquia que, para la tradición, pasa por ser el pesebre de Belén. De este modo, la procesión de la Historia, toda la pompa de los mosaicos se ve precipitada a la cueva, al portal; las imágenes caen a la realidad. El trono está vacío, porque el Señor ha descendido al portal. El mosaico central, hacia el que todo se dirige, es, por decirlo así, sólo la mano que se nos tiende para descubrir el salto de las imágenes a la realidad. El ritmo del espacio nos arrastra a un súbito cambio radical cuando, del mundo esplendoroso de las alturas más altas del arte antiguo, en los mosaicos, nos empuja inmediatamente a las profundidades de la cueva, del portal. A lo que quiere conducirnos es al paso de la estética religiosa, al acto de fe.

El guardar silencio en este edificio multisecular, el quedar emocionado por la belleza y grandiosidad de sus vistas, el tocar, lleno de presentimientos, lo grande, lo totalmente otro, lo eterno; esto es lo primero que el contacto con esta iglesia nos regala, y es algo elevado y noble de lo que precisamente hoy estamos necesitados. Pero esto no es todo. No dejaría de ser un hermoso sueño, un sentimiento pasajero sin compromiso, y, por tanto, sin fuerza, si no nos dejáramos llevar al paso siguiente: al sí de la fe. Sólo en ella se produce definitivamente el paso a la realidad. Sólo entonces se pondrá de manifiesto todavía algo más: la cueva no está vacía. Su verdadero contenido no es la reliquia que se conserva como el pesebre de Belén. Su verdadero contenido es la misa de media noche del nacimiento de Cristo. Sólo en ella llegamos junto a la imagen navideña, que ya no es una imagen. Sólo cuando nos dejamos guiar hasta allí por el mensaje de este lugar vuelve a ser verdad una vez más, de forma completamente nueva: Hoy os ha nacido el Salvador. Sí, hoy realmente.

Con tales pensamientos podemos volvernos a otra imagen de Santa María la Mayor que me gustaría presentarle brevemente: a la antiquísima imagen de María que se conserva en la capilla de Borghese bajo la advocación de «Salus populi Romani«. Para entender su interpelación al visitante, a nosotros, debemos recordar una vez más el mensaje fundamental de este templo. Es una iglesia de la Natividad, hemos dicho, construida, como cáscara, por decirlo así, en torno al portal de Belén, que aquí, a su vez, se entiende como imagen del mundo y de la Iglesia de Dios, pero que al mismo tiempo exige la superación de todas las imágenes y de todo lo puramente estético.

Alguien podría objetar que ésta no es una iglesia de la Natividad, por tanto, una iglesia dedicada a Cristo, sino un templo mariano, la primera iglesia dedicada a María en Roma y en todo occidente. Tal objeción indicaría, sin embargo, que quien la formula no ha entendido precisamente lo esencial, tanto de la piedad mariana de la Iglesia, como el misterio de la Navidad. La Navidad tiene en la estructura interna de la fe cristiana un significado de tipo muy particular. No la celebramos lo mismo que se recuerdan los días en que nacieron grandes hombres, porque también nuestra relación con Cristo es muy otra que la admiración por mostrarnos ante los grandes hombres. Lo que en ellos interesa es su obra: los pensamientos que pensaron y escribieron, las obras de arte que crearon y las instituciones que dejaron tras de sí. Esta obra les pertenece y no es la obra de sus madres, que sólo nos interesan en la medida en que de ellas pueda proceder algún elemento que contribuya a la explicación de dicha obra.

Pero Cristo no cuenta para nosotros sólo por su obra, por lo que ha hecho, sino ante todo por lo que era y por lo que es, en la totalidad de su persona. Cuenta para nosotros de manera distinta que cualquier otro hombre, porque no es simplemente hombre. Cuenta, porque en él tierra y cielo se tocan, y así en él Dios se hace para nosotros tangible en cuanto hombre. Los padres de la Iglesia han llamado a María la tierra santa de la que él fue formado en cuanto hombre, y lo maravilloso es que, en Cristo, Dios permanece para siempre unido a esta tierra. Agustín expresó en una ocasión este mismo pensamiento de la siguiente manera: Cristo no quiso un padre humano, para mantener visible su filiación respecto a Dios, pero quiso una madre humana: «Quiso aceptar en él el género masculino, y se dignó honrar el femenino en su madre… Si Cristo hombre hubiera aparecido sin recomendación del género de las mujeres, éstas tendrían que desesperar de sí… Pero él honró ambos, encomendó ambos, asumió ambos. Nació de la mujer. No desesperéis, hombres: Cristo se dignó ser hombre. No desesperéis, mujeres. Cristo se dignó nacer de la mujer. Ambos géneros colaboran para la salvación, se trate de lo masculino o se trate de lo femenino: en la fe no hay ni hombre ni mujer».

Expresémoslo una vez más de otra manera: en el drama de la salvación, no es que María tuviera que desempeñar un papel para después hacer mutis, como alguien cuyo párrafo ha concluido. La humanación a partir de la mujer no es un papel que tras breve tiempo quede concluido, sino el estar permanente de Dios con la tierra, con el hombre, con nosotros que somos tierra. De ahí que la fiesta de Navidad sea a la vez una fiesta de María y una fiesta de Cristo y por eso una auténtica iglesia dedicada a la navidad debe ser un templo mariano. Con tales pensamientos debiéramos contemplar la antiquísima y misteriosa imagen que los romanos llaman Salus populi Romani. Según la tradición, es la imagen que Gregorio Magno llevó en procesión por las calles de Roma el año 590, cuando la peste atormentaba a la ciudad. Al término de la procesión cesó la epidemia. Roma recobró de nuevo la salud. El nombre de la imagen quiere decirnos: en él puede Roma, por él pueden los hombres, sanar continuamente. Desde esta figura a la vez juvenil y venerable, desde sus ojos sabios y bondadosos, nos mira la bondad maternal de Dios. «Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré», nos dice Dios a través del profeta Isaías (66.13).El consuelo maternal revela plenamente a Dios preferentemente a través de las madres, a través de su madre. ¿Y a quién podría extrañarle? Ante esta imagen se desprende de nosotros la fatuidad: se diluyen las crispaciones de nuestra soberbia, el miedo ante el sentimiento y todo lo que nos hace enfermar por dentro. La depresión y la desesperación se apoyan sobre el hecho de que el ámbito de los sentimientos se desordena o falla completamente. Ya no vemos lo que hay de cálido, consolador, bueno y salvador en el mundo -todo lo que podemos percibir únicamente con el corazón-. En la frialdad de un conocimiento al que se le ha privado de su raíz, el mundo se vuelve desesperación. De ahí que la aceptación de esta imagen sane. Nos devuelve la tierra de la fe y de la condición humana, siempre y cuando aceptemos desde dentro su lenguaje, no nos cerremos a él.

El concierto del arco triunfal y la cueva no enseñan el camino de la estética a la fe, hemos dicho. La transición a esta imagen nos puede llevar aún un paso más allá. Nos ayuda a desligar la fe del esfuerzo de la voluntad y del entendimiento y a situarla de nuevo en la totalidad de nuestro ser. Nos regala de nuevo la estética de manera nueva y mayor, si hemos seguido la llama del redentor, también podemos percibir de forma nueva el lenguaje de la tierra, que él mismo ha asumido. Podemos abrirnos a la cercanía de la madre sin temor a falsos sentimentalismos y sin miedo a caer en lo mítico. Todo esto se vuelve mítico y enfermizo sólo cuando lo desgajamos del contexto global del misterio de Cristo. Entonces, lo empujado a un lado regresa como esoterismo en formas embrolladas cuya promesa es vacía e ilusoria. En la imagen de la madre del redentor aparece el verdadero consuelo. Dios está, también hoy, tan cerca de nosotros, que podemos tocarlo. Si en la permanencia contemplativa en esta iglesia interiorizamos este consuelo, su mensaje habrá penetrado, salvífico y transformador, en nosotros.

Sobre Dios

La disputa del Sacramento de Rafael Sanzio.

Aunque algunos se rían o consideren el fenómeno como una nueva moda, no solo Rosalía, otras muchas personas sienten la necesidad de buscar algo distinto en la religión u otras formas de espiritualidad.

Luis Suárez Mariño

Raro será que estos días al abrir nuestras redes sociales o los diarios digitales que acostumbramos a leer no nos encontremos con alguna opinión o con el video de alguna de las canciones del último álbum de RosalíaLux.

Aparte de la calificación musical de la obra que, además de personal y atrevida, es de una estética y calidad artística muy superior a la mediocridad imperante en la música pop reproducida por las cadenas musicales, quería fijarme en el mensaje que, ayudándose de la fuerza de la música como medio de comunicación, ha intentado transmitirnos Rosalía y que ella misma ha desvelado en alguna entrevista: «Yo tengo como un deseo dentro de mí que este mundo no lo puede satisfacer. He pasado toda la vida con esta sensación de vacío, de sentir que este mundo no podrá llenar este vacío…¿será que ese espacio (que no puedo llenar), quizás, es el espacio de Dios?».

También ha confesado la artista ser una gran lectora y reconocer entre las escritoras que le han inspirado a Simone Weil, esa joven escritora fallecida a la temprana edad de treinta y cuatro años que, después de haber sido miliciana en la columna Durruti, tras varias experiencias místicas, se sintió atraída por la espiritualidad.

Coincidiendo con el lanzamiento de LuxByung-Chul Han, flamante último premio Princesa de Asturias de comunicación y humanidades, ha publicado Sobre Dios. Pensar con Simone Weil (Paidós, 2025), libro que  escribió el filósofo tras –como explica en la introducción– sentir «esa fuerza procedente de arriba y más poderosa que yo mismo, la que en 1937 hizo que Simone Weil se postrase de rodillas en la pequeña capilla románica de Santa Maria degli Angeli, en Asís, a la que San Francisco acudía a menudo para rezar».

Como continuación de las ideas ya expuestas en «la sociedad del cansancio», el filósofo alemán de origen surcoreano analiza en este corto pero atractivo ensayo la crisis de la religión en el mundo actual, atribuyendo la misma al declive de la atención y al embotamiento de la percepción que «se ceba con basura: basura de información y comunicación, basura de sonidos y de visiones» y que nos convierten en «ganado consumidor».

Byung-Chul Han reivindica el silencio como único medio de acercarnos a lo divino

Han, critica la digitalización como medio masivo de producción de basura que nos acostumbra a que «todo sea inmediatamente alcanzable, disponible, calculable, consumible». También enfrenta la adicción generada a través de los smartphones  –«esa máquina digital de adicción»–. Pero la atención que reivindica el filósofo, de la mano de Simone Weil, no es una atención cualquiera, es una «atención contemplativa, que no busca ni caza, sino que escucha atentamente y se demora», una «atención profunda dirigida hacia lo duradero, hacia lo que permanece y perdura», sin la cual ni podemos «leer a Dios ni atender al otro». Precisamente la falta de atención a los otros hace a Han reflexionar, también con Weil, sobre la dimensión social de la atención, caracterizada por la contención, la no violencia, el respeto y la empatía con el otro; atributos que configuran lo que Levinas denominaba «la ética de la atención».

En esa tarea de análisis, Han identifica también el egocentrismo y la voluntad de apropiación como otras de las razones estructurales de la crisis de la religión. «Celebramos el culto, el oficio religioso del yo, en el que cada cual es sacerdote de si mismo», y como remedio propugna frente a ese mal, «la descreación de nosotros mismos y la ética del vacío» que renuncia a toda apropiación y al sometimiento del otro como remedio para «sentir empatía por todo lo que es» y «participar en la verdadera creación», «en la Luz de Dios».

También reivindica el filósofo el silencio como único medio de acercarnos a lo divino. «Cerrar los ojos significa permanecer en silencio y soportar el vacío», y acusa al ruido de ser el responsable de la crisis del pensamiento. «El mundo entero se está convirtiendo en un ruidoso mercado que reclama a gritos nuestra atención. No nos es posible cerrar los ojos porque nuestros ojos están obligados al atracón constante, a comer».

Quizás sea ese atracón constante, que no sacia pero que nos subyuga, el que produzca como reacción la necesidad de llenar ese vacío volviendo a lo espiritual. Aunque algunos se rían o consideren el fenómeno como una nueva moda, no solo Rosalía, otras muchas personas sienten la necesidad de buscar algo distinto en la religión u otras formas de espiritualidad. De ello sirva como muestra, la acogida que han tenido la película Los Domingos, de Ruiz de Azúa, que obtuvo la concha de oro del Festival de San Sebastián y que narra el sentimiento religioso de una joven de 17 años que siente la vocación de ser monja de clausura; el último libro de Javier CercasEl loco de Dios en el fin del mundo (ed. Mondadori, 2025), uno de los libros de no ficción más vendidos durante 2025; o el libro del doctor Sans Segarra La supraconciencia existe. Vida después de la muerte (Ed. Planeta 2024) que ya lleva 16 ediciones.

En un mundo dominado por los avances tecnológicos y el conocimiento científico, en los albores del transhumanismo, el ser humano, sin embargo, se siente desubicado, desprotegido, desesperado porque el bienestar material no le sacia y porque, en una sociedad descreída, intuye que hay algo más.

Esa intuición forma parte consustancial de lo humano y es común a todas las culturas y religiones, pero, como escribe Huxley en La filosofía perenne (1945) su naturaleza es tal que no puede ser aprehendida sino por aquellos que se hicieron puros de corazón y pobres de espíritu. En ese libro, el escritor británico recoge una variada selección de textos, «escogidos por su importancia pero también por su intrínseca belleza y memorabilidad» de aquellos que descubrieron la naturaleza íntima del espíritu que solo se alcanza desde la experiencia personal. Experiencias todas ellas similares a pesar de estar impulsadas por religiones o espiritualidades de signo tan distinto como el Budismo Mahāyāna, el Hinduismo Vedanta, el Taoismo o el misticismo cristiano, desde San Juan de la Cruz al Maestro Eckhart.

Atención y silencio como receta para salir del torbellino de estímulos que nos impiden ser más humanos, y por ello, más creativos. En las últimas reflexiones de su libro Han se refiere también con Simone Weil a la creación artística que, en contraposición a «la obscenidad de la mera producción», tiene su base en la atención que contempla y se demora y en el silencio como «lugar de la creación». Así es, particularmente en la creación musical como «orden de sonidos que imita al silencio», y así lo entendió, de manera muy especial, Ludwig van Beethoven quien cerca del final de su vida, completamente sordo creó obras musicales de una hondura y fuerza expresiva tan conmovedora que, como la Cavatina del cuarteto opus 130, llegan a llenar la sensación de vacío de la que habla Rosalía y nos acercan a la  profundidad del amor de Dios.

Fuente: https://ethic.es/sobre-dios-espiritualidad-atencion

Compromiso solidario

Esta niña tiene poco más de un año. A los papás los mataron los terroristas en su aldea. Como el resto de los 52 bebés en las mismas condiciones, son adoptados por matrimonios o mujeres de Wend Benedo. Este matrimonio la adoptó (con siete hijos ya), la bautizaron y le pusieron Wendbenedo. Se va criando, como los otros bebés, con leche maternizada, que proporciona el proyecto.

Habrá que decir a nuestros chiquillos que se lo piensen muy bien cuando digan esto no me gusta…

CALENDARIO ECUMÉNICO CON UNA FRASE DE CARLOS DE FOUCAULD PARA CADA DÍA DEL AÑO

El olivo protagoniza el encuentro ecuménico y de las religiones con el Papa

Papa León XIV con religiones.

El Papa León XIV asiste a una reunión ecuménica e interreligiosa en la Plaza de los Mártires de Beirut, Líbano, el 1 de diciembre de 2025. (Foto CNS/Lola Gomez).

El Papa León XIV ha vuelto a elogiar hoy al pueblo libanés, en este caso en un encuentro ecuménico e interreligioso. El Santo Padre ha manifestado que el Líbano da testimonio de que cristianos, musulmanes, drusos y muchos otros pueden construir un país unido. Y ha puesto al olivo como protagonista.  

En presencia de un líder sunita, un líder ortodoxo griego, un líder chií, un líder ortodoxo sirio, un líder druso, un líder ortodoxo armenio, un líder protestante y un líder alauita, el Papa ha elogiado esta tarde al Líbano. Lo hizo el domingo, a su llegada a Beirut, ante el presidente del país y representantes de la sociedad libanesa, y lo ha vuelto a repetir hoy, junto a los líderes de las tradiciones religiosas.

El Papa fue recibido esta tarde en una gran carpa en la Plaza de los Mártires, por el Patriarca Sirio-Católico, el Patriarca Maronita, el Gran Imán Suní y el Representante Chií. Todos comprobaron cómo León XIV dio al olivo, símbolo de reconciliación y paz, el protagonismo del encuentro.

Intercalando canciones de un gran coro de niños, se fueron sucediendo las palabras de los líderes, hablando de unidad, de apertura, de convivencia y respeto, hasta que el Papa León XIV puso el olivo en el centro.

Olivo, símbolo de reconciliación y paz

Si el Líbano es famoso por sus majestuosos cedros, “el olivo también representa una piedra angular de su patrimonio”, dijo el Papa.  El olivo no sólo adorna el espacio donde nos reunimos hoy, sino que “también es alabado en los textos sagrados del cristianismo, el judaísmo y el islam, sirviendo como símbolo atemporal de reconciliación y paz”. 

Su longevidad y su gran capacidad para florecer incluso en los entornos más difíciles, “simbolizan la resiliencia y la esperanza, así como el compromiso constante necesario para cultivar la coexistencia pacífica”, subrayó León XIV.

“De este árbol proviene un aceite sanador, un bálsamo para las heridas físicas y espirituales, que expresa la infinita compasión de Dios por todos los que sufren”. Además, «el aceite también proporciona luz, evocando la llamada a iluminar nuestros corazones mediante la fe, la caridad y la humildad». 

El Papa León XIV, entre el cardenal Bechara Rai, patriarca de la Iglesia católica maronita (izquierda), y el jeque Abdul Latif Derian, gran muftí del Líbano, en una reunión ecuménica e interreligiosa el 1 de diciembre de 2025. En el extremo izquierdo, el jeque Ali Al-Khatib, vicepresidente del consejo musulmán chiita del país, y en el extremo derecho, el patriarca ortodoxo griego Juan X de Antioquía. (Foto CNS/Lola Gomez).

Constructores de paz

El pueblo libanés se encuentra disperso por el mundo, pero unido por la fuerza imperecedera y la herencia eterna de su patria, recordó León XIV. 

«Su presencia, aquí y en todo el mundo, enriquece la tierra con su herencia milenaria, pero también representa una vocación. En un mundo global, cada vez más interconectado, están llamados a ser constructores de paz: a combatir la intolerancia, superar la violencia y erradicar la exclusión; iluminando el camino hacia la justicia y la armonía para todos, mediante el testimonio de su fe”, manifestó.

Al principio, el Papa reconoció estar “profundamente conmovido e inmensamente agradecido de estar hoy entre ustedes, en esta tierra bendita, una tierra exaltada por los profetas del Antiguo Testamento”.

Vocación universal de la Iglesia: el diálogo con otras religiones

Luego, el Santo Padre citó en su discurso al Papa Benedicto XVI, que en su Exhortación apostólica postsinodal ‘Ecclesia in Medio Oriente’, firmada en Beirut en 2012, enfatizó que “la naturaleza y la vocación universal de la Iglesia exigen que esté en diálogo con los miembros de otras religiones”. 

“Este diálogo en el Medio Oriente se basa en los vínculos espirituales e históricos que unen a los cristianos con los judíos y los musulmanes. Este diálogo, que no está dictado primariamente por consideraciones pragmáticas de naturaleza política o social, se apoya sobre todo en fundamentos teológicos que interpelan la fe» (n. 19) .

Minaretes junto a campanarios de iglesias

Entonces, el Papa León dijo a los líderes que «su presencia hoy aquí, en este lugar extraordinario donde minaretes y campanarios se yerguen uno junto al otro, ambos elevándose hacia el cielo, da testimonio de la fe inquebrantable de esta tierra y de la firme dedicación de su pueblo al único Dios”. 

«En esta amada tierra, que cada campana y cada adhān suenen juntos; que cada llamada a la oración se funda en un solo himno, elevado no sólo para glorificar al misericordioso Creador del cielo y de la tierra, sino también para implorar de corazón el don divino de la paz”. 

Como superar la inquietud ante Oriente Medio

Durante muchos años, y especialmente en los últimos tiempos, “el mundo ha fijado su mirada en Oriente Medio, cuna de las religiones abrahámicas, observando el arduo camino y la incansable búsqueda del preciado don de la paz”, había dicho al principio León XIV.

“La humanidad a veces ve Oriente Medio con temor y desaliento, ante conflictos tan complejos y prolongados. Sin embargo, en medio de estas luchas, podemos hallar esperanza y aliento al centrarnos en lo que nos une: nuestra humanidad común y nuestra fe en un Dios de amor y misericordia”.

En una época en la que la coexistencia puede parecer un sueño lejano, “el pueblo libanés, a pesar de profesar diferentes religiones, es un ejemplo contundente: el miedo, la desconfianza y los prejuicios no tienen la última palabra, mientras que la unidad, la reconciliación y la paz siempre son posibles”. 

Virgen María, Madre de Jesús y Reina de la Paz

El Papa concluyó recordando “el 25 de marzo de cada año, día festivo nacional en su país”, en el que “se reúnen para honrar a María, Nuestra Señora del Líbano, venerada en su Santuario de Harissa, adornado con una imponente estatua de la Virgen con los brazos abiertos, abrazando a todo el pueblo libanés”. 

“Que este abrazo amoroso y maternal de la Virgen María, Madre de Jesús y Reina de la Paz”, pidió el Papa León XIV, “los guíe a cada uno, para que en su patria, en todo Oriente Medio y en todo el mundo, el don de la reconciliación y la coexistencia pacífica fluya «como ríos que fluyen del Líbano», (cf. Ct 4,15), que traigan esperanza y unidad a todos».

El autor: Francisco Otamendi

Fuente: https://www.omnesmag.com/actualidad/el-olivo-protagoniza-el-encuentro-de-las-religiones-con-el-papa/

Oración por nuestra tierra

Por el papa Francisco

Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,

derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.

Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.

Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.

Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.

Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.
Amén.

El papa Francisco publicó esta oración en Laudato Si’, y está destinada a ser compartida con todos los que creen en nuestro Dios Creador.

«Hacia una Paz desarmada y desarmante

Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2026),

Publicamos a continuación el texto del Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2026 con el tema: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”».

Mensaje del Santo Padre

La paz esté con todos ustedes:
hacia una paz “desarmada y desarmante”

“¡La paz esté contigo!”.

Este antiquísimo saludo, que sigue siendo habitual en muchas culturas, en la tarde de Pascua se llenó de nuevo vigor en labios de Jesús resucitado. «¡La paz esté con ustedes!» ( Jn 20,19.21) es su palabra, que no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad. Por eso, los sucesores de los Apóstoles dan voz cada día y en todo el mundo a la más silenciosa revolución: “¡La paz esté con ustedes!”. Desde la tarde de mi elección como Obispo de Roma he querido incorporar mi saludo en este anuncio coral. Y deseo reafirmarlo: «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente». [1]

La paz de Cristo resucitado

El que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf. Ef 2,14) es el Buen Pastor, que da la vida por el rebaño y que tiene muchas ovejas que no son del redil (cf. Jn 10,11.16): Cristo, nuestra paz. Su presencia, su don, su victoria resplandecen en la perseverancia de muchos testigos, por medio de los cuales la obra de Dios continúa en el mundo, volviéndose incluso más perceptible y luminosa en la oscuridad de los tiempos.

El contraste entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es sólo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado. Con este presentimiento viven los que trabajan por la paz que, en el drama de lo que el Papa Francisco ha definido como “tercera guerra mundial a pedazos”, siguen resistiendo a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche.

Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás». [2]

Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.

Una paz desarmada

Poco antes de ser arrestado, en un momento de gran intimidad, Jesús dijo a los que estaban con Él: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo». E inmediatamente agrega: «¡No se inquieten ni teman!» (Jn 14,27). La turbación y el temor podían referirse, ciertamente, a la violencia que pronto se abatiría sobre Él. Más profundamente, los Evangelios no esconden que lo que desconcertó a los discípulos fue su respuesta no violenta; un camino al que todos, empezando por Pedro, se opusieron, pero en el cual el Maestro pidió que lo siguieran hasta el final. El camino de Jesús sigue siendo motivo de turbación y de temor. Y Él repite con firmeza a quien quisiera defenderlo: «Envaina tu espada» (Jn 18,11; cf. Mt 26,52). La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. La gran parábola del juicio universal invita a todos los cristianos a actuar con misericordia, siendo conscientes de ello (cf. Mt 25,31-46). Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.

Aunque hoy no son pocas las personas de corazón dispuesto a la paz, un gran sentimiento de impotencia las invade ante el curso de los acontecimientos, cada vez más incierto. Ya san Agustín, en efecto, señalaba una paradoja particular: «Es más difícil alabar la paz que poseerla. En efecto, si queremos alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pesamos las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin trabajo alguno». [3]

Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de decir que la paz está cerca. Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública. En la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones. Mucho más allá del principio de legítima defensa, en el plano político dicha lógica de oposición es el dato más actual en una desestabilización planetaria que va asumiendo cada día mayor dramatismo e imprevisibilidad. No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza. «La consecuencia —como ya escribía san Juan XXIII acerca de su tiempo— es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico». [4]

Pues bien, en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial. [5] Por si fuera poco, hoy parece que se quiera responder a los nuevos desafíos, no sólo con el enorme esfuerzo económico para el rearme, sino también con un reajuste de las políticas educativas; en vez de una cultura de la memoria, que preserve la conciencia madurada en el siglo XX y no olvide a sus millones de víctimas, se promueven campañas de comunicación y programas educativos, en escuelas y universidades, así como en los medios de comunicación, que difunden la percepción de amenazas y transmiten una noción meramente armada de defensa y de seguridad.

Sin embargo, «el verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella». [6] Así recomendaba san Agustín que no se destruyeran los puentes ni se insistiera en el registro del reproche, prefiriendo el camino de la escucha y, en cuanto sea posible, el encuentro con las razones de los demás. Hace sesenta años, el Concilio Vaticano II se concluía con la conciencia de un diálogo urgente entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. En particular, la Constitución Gaudium et spes centraba la atención en la evolución de la práctica bélica: «El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad». [7]

Al reiterar el llamamiento de los Padres conciliares y estimando la vía del diálogo como la más eficaz a todos los niveles, constatamos cómo el ulterior avance tecnológico y la aplicación en ámbito militar de las inteligencias artificiales hayan radicalizado la tragedia de los conflictos armados. Incluso se va delineando un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares, con motivo del creciente “delegar” a las máquinas decisiones que afectan la vida y la muerte de personas humanas. Es una espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico sobre el cual se apoya y desde el que se protege cualquier civilización. Es necesario denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección; pero esto no basta, si al mismo tiempo no se fomenta el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico. La Encíclica Fratelli tutti presenta a san Francisco de Asís como ejemplo de este despertar: «En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos». [8] Es una historia que quiere continuar en nosotros, y que requiere que unamos esfuerzos para contribuir recíprocamente a una paz desarmante, una paz que nace de la apertura y de la humildad evangélica.

Una paz desarmante

La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. El misterio de la Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos, comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén. «Paz en la tierra» cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo (cf. Lc 2,13-14). Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente (cf. Hch 2,37). A este respecto, mi venerado Predecesor escribía que «la fragilidad humana tiene el poder de hacernos más lúcidos respecto a lo que permanece o a lo que pasa, a lo que da vida y a lo que provoca muerte. Quizás por eso tendemos con frecuencia a negar los límites y a evadir a las personas frágiles y heridas, que tienen el poder de cuestionar la dirección que hemos tomado, como individuos y como comunidad». [9]

San Juan XXIII introdujo por primera vez la perspectiva de un desarme integral, que sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia. Así escribía en Pacem in terris: «Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. Nos confiamos que es éste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no sólo está dictada por las normas de la recta razón, sino que además es en sí misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes». [10]

Un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente. Hoy vemos cómo esto no se da por supuesto. Lamentablemente, forma cada vez más parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político, bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Los creyentes deben desmentir activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios. Por eso, junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas. En todo el mundo es deseable «que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón». [11] Hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa.

Por otra parte, esto no debe distraer la atención de todos sobre la importancia que tiene la dimensión política. Quienes están llamados a responsabilidades públicas en las sedes más altas y cualificadas, procuren que «se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Examínese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque sólido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos». [12] Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales.

Hoy, la justicia y la dignidad humana están más expuestas que nunca a los desequilibrios de poder entre los más fuertes. ¿Cómo habitar un tiempo de desestabilización y de conflictos liberándose del mal? Es necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas «como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana». [13] Porque, de hecho, «la mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores», [14] a esta estrategia hay que oponer el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala. Ya lo señalaba con claridad León XIII en la Encíclica Rerum novarum: «La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscarse el apoyo de los demás. De las Sagradas Escrituras es esta sentencia: “Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo, pues, si cae, no tendrá quien lo levante!” ( Qo 4,9-10). Y también esta otra: “El hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad fortificada” ( Pr 18,19)». [15]

Que este sea un fruto del Jubileo de la Esperanza, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas: «Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (Is 2,4-5).

Vaticano, 8 de diciembre de 2025

LEÓN PP. XIV

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[1] Bendición apostólica “Urbi et Orbi” y primer saludo, Logia central de la Basílica de San Pedro (8 mayo 2025).

[2] S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 3.

[3] Ibíd., 1.

[4] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 60.

[5] Cf. SIPRI Yearbook: Armaments, Disarmament and International Security (2025).

[6] S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 1.

[7] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 80.

[8] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 4.

[9] Id., Carta al Director del “Corriere della Sera” (14 marzo 2025).

[10] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 113.

[11] Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana (17 junio 2025).

[12] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 118.

[13] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 42.

[14] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 15.

[15] León XIII, Carta enc. Rerum novarum (15 mayo 1891), 35

León XIV, al encuentro de Taizé: “Convertíos en peregrinos de confianza, creadores de paz y reconciliación”

Encuentro europeo de Taizé
Encuentro europeo de Taizé | PeterSkrlep

El Papa, el patriarca Bartolomé o el secretario general de la ONU saludan la «peregrinación de confianza» que tendrá lugar en París a partir del 28 de diciembre

Jesús Bastante

Este domingo, París se convierte en la capital del ecumenismo, con la apertura del 48° Encuentro Europeo de Jóvenes animado por la Comunidad de Taizé. Una cita que, como viene siendo habitual, reunirá en la capital francesa a chicos y chicas de distintas tradiciones cristianas, para seguir el camino de la “peregrinación de la confianza” surgida del espíritu del hermano Roger.

Con motivo de la jornada, el Papa León XIV ha enviado un mensaje a los jóvenes europeos, a través del secretario de Estado, Pietro Parolin. En el mismo, transmite “su cordial saludo y la seguridad de su cercanía espiritual”, y recuerda el lema de este año, “¿Qué buscáis?”, donde se aborda “una pregunta esencial que habita en el corazón de cada ser humano”.

“El Santo Padre os invita a no tener miedo de esta pregunta, sino a llevarla en la oración y en el silencio, convencidos de que Cristo camina a vuestro lado y se deja encontrar por todos aquellos que lo buscan con un corazón sincero”, sostiene el mensaje vaticano, que recuera cómo “al final de un año marcado por tantas pruebas para nuestra familia humana, la generosa hospitalidad que recibiréis en París por parte de creyentes de todos los orígenes y personas de buena voluntad es un poderoso mensaje para el mundo”.

“Que los momentos de oración y de intercambio que viviréis durante estos días os ayuden a profundizar en vuestra fe, discerniendo cada vez con mayor claridad cómo vivir el Evangelio en las realidades concretas de vuestras vidas”, finaliza el mensaje de León XIV, quien insiste en “el deseo de plena comunión” entre todos los cristianos, y ruega a los jóvenes a “convertiros en peregrinos de confianza, creadores de paz y reconciliación, capaces de llevar una esperanza humilde y gozosa a quienes os rodean”.

Bartolomé: “Queridos jóvenes: el mundo necesita vuestra visión clara, vuestro valor y vuestra capacidad de esperanza. Necesita jóvenes constructores de paz, capaces de resistir a la violencia, la exclusión y el desprecio hacia los demás. Necesita testigos de una fe humilde, concebida no como poder, sino como servicio”

Por su parte, el patriarca de Constantinopla, Bartolomé, agradece a los jóvenes “vuestra presencia, vuestro camino y vuestro compromiso” que “dan testimonio de una esperanza viva, capaz de iluminar nuestro mundo, a menudo oscurecido por la incertidumbre, el miedo y la división”.

“Venís de diferentes países, culturas y tradiciones eclesiales”, glosa el patriarca ortodoxo, que subraya la capacidad de los jóvenes para “rezar juntos, escuchar, dialogar y buscar el sentido profundo de una vida auténticamente cristiana”.

“Los jóvenes de hoy no se resignan a la indiferencia o al aislamiento, sino que se atreven a creer que el encuentro con los demás es una fuente de riqueza y no una amenaza”, añade Bartolomé, quien saluda el “testimonio silencioso pero poderoso”: el de que “la paz comienza con la escucha, que el diálogo es posible y que la fraternidad no es un ideal abstracto, sino una vocación concreta”.

“Queridos jóvenes: el mundo necesita vuestra visión clara, vuestro valor y vuestra capacidad de esperanza. Necesita jóvenes constructores de paz, capaces de resistir a la violencia, la exclusión y el desprecio hacia los demás. Necesita testigos de una fe humilde, concebida no como poder, sino como servicio”, concluye Bartolomé.

Guterres: “Hoy en día, nuestro mundo se enfrenta a retos abrumadores, como el aumento de las desigualdades, los conflictos violentos, la crisis climática galopante y las violaciones generalizadas de los derechos humanos. Ante tanta adversidad, es fácil sentirse impotente (…). Sin embargo, como ha demostrado la comunidad de Taizé, la transformación es posible cuando nos unimos con un espíritu de apertura, escucha atenta y solidaridad”

Finalmente, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, quien participó en estos encuentros siendo adolescente, anima a los jóvenes de Taizé a reflexionar, “como buscadores”, sobre “el camino compartido hacia el cumplimiento de nuestras aspiraciones más profundas, tanto como individuos como comunidad global”. Una búsqueda de “igualdad, dignidad y sobre todo paz”.

“Hoy en día, nuestro mundo se enfrenta a retos abrumadores, como el aumento de las desigualdades, los conflictos violentos, la crisis climática galopante y las violaciones generalizadas de los derechos humanos. Ante tanta adversidad, es fácil sentirse impotente (…). Sin embargo, como ha demostrado la comunidad de Taizé, la transformación es posible cuando nos unimos con un espíritu de apertura, escucha atenta y solidaridad”, añade Guterres, quien agradece el “testimonio del coraje, el compromiso y la compasión necesarios para construir un mundo más justo y pacífico”.

Mensaje del Papa a los participantes del 48.º Encuentro europeo de fin de año organizado en París por la comunidad monástica francesa

Encuentro de la Comunidad Ecuménica de Taizé
Encuentro de la Comunidad Ecuménica de Taizé

(Vatican News).- Una invitación a ser «peregrinos de confianza, constructores de paz y reconciliación, capaces de llevar esperanza humilde y gozosa a quienes les rodean»: León XIV dirigió esta invitación a los jóvenes reunidos desde mañana, 28 de diciembre, hasta el 1 de enero, en París y la región de Île-de-France, para el 48.º Encuentro europeo organizado cada fin de año por la Comunidad de Taizé. El Papa envió un mensaje firmado por el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, a los aproximadamente 15.000 participantes, de entre 18 y 35 años, que, invitados por las Iglesias europeas de diversas denominaciones, se reunirán para orar y compartir, en un espíritu de celebración y amistad. También les envió sus saludos, asegurándoles su cercanía espiritual.

Encuentro en París
Encuentro en París

Con la certeza de tener a Jesús a su lado

Complacido de saber que los jóvenes se reunirán «en una ciudad marcada por un rico patrimonio religioso, forjado a lo largo de los siglos por el testimonio luminoso de tantas figuras santas que, cada una a su manera, han respondido con valentía a la llamada de Cristo», el Papa observó que «el tema de la Carta escrita este año por el Hermano Mateo, Prior de Taizé, «¿Qué buscan?», aborda una pregunta esencial que reside en el corazón de todo ser humano» y los invita a no temerla, «sino a llevarla en la oración y el silencio», con la certeza de tener a Cristo a su lado y la certeza de que Él «se deja encontrar por quienes lo buscan con un corazón sincero».

Vivir el Evangelio en la realidad concreta

Para León XIV, en este año marcado por tantas pruebas para la humanidad, la generosa hospitalidad que los jóvenes reciben en París de parte de creyentes de todos los orígenes y de personas de buena voluntad es un mensaje contundente para el mundo. «Que los momentos de oración y convivencia que vivirán en estos días les ayuden a profundizar su fe, discerniendo cada vez con mayor claridad cómo vivir el Evangelio en la realidad concreta de sus vidas», es su deseo.

Comunión y Fraternidad

El mensaje, que destaca el «momento eclesial particular, marcado por la clausura de un Año Jubilar y las conmemoraciones del 1700 aniversario del Concilio de Nicea», recuerda que durante el encuentro ecuménico de oración en Iznik, el Pontífice habló de la reconciliación como «una llamada que proviene de toda la humanidad afligida por el conflicto y la violencia». Finalmente, enfatiza que «el deseo de plena comunión entre todos los creyentes en Jesucristo va siempre acompañado de la búsqueda de la fraternidad entre todos los seres humanos».

El truco de los tuaregs para combatir el calor: la ciencia explica por qué beben té caliente a 50 grados

Tuareg

Una experta en nutrición desvela el mecanismo fisiológico por el que las bebidas calientes ayudan a regular la temperatura corporal en climas extremos

Pedro González

La imagen de los nómadas del desierto bebiendo té caliente bajo un sol abrasador, con temperaturas que superan los 50 grados, ha generado siempre una gran curiosidad. Lejos de ser una simple costumbre, esta práctica tiene una lógica fisiológica que ayuda a combatir el calor extremo. La experta en nutrición Elisa Blázquez, autora del libro ‘Toma las riendas de tu salud‘, ha explicado las claves científicas que se esconden detrás de este comportamiento.

La sudoración como termorregulador

Aunque parezca contradictorio, ingerir una bebida caliente en un ambiente de mucho calor tiene una explicación científica. Según Blázquez, este gesto provoca que el cuerpo reaccione elevando su temperatura interna, lo que a su vez activa la sudoración. Es precisamente la evaporación de ese sudor lo que enfría la piel y permite una regulación de la temperatura corporal mucho más eficaz. La experta resume la idea de forma clara: «La clave es la sudoración, que el sudor se evapore y, entonces, pues, que al final la piel se enfríe».

La clave es la sudoración, que el sudor se evapore y que al final la piel se enfríe»

Por el contrario, las bebidas frías ofrecen una sensación de frescor únicamente momentánea. Tal como explica la nutricionista, aunque no son perjudiciales, de alguna manera «engañan» al cuerpo. Este frescor inmediato no activa la sudoración de la misma forma, un mecanismo que a medio plazo es más efectivo para refrescarse. Además, las bebidas frías favorecen la vasoconstricción y pueden derivar en digestiones más pesadas, lo que a la larga puede incluso generar una mayor sensación de calor.

Té moruno
Té moruno

El tipo de té y la vestimenta

La clave del efecto termorregulador reside en que la bebida sea caliente, independientemente de si es té u otra infusión. Sin embargo, el té que consumen los tuaregs suele estar muy cargado y contener grandes cantidades de azúcar. Esto tiene un propósito añadido: mantener los niveles de energía y evitar las bajadas de glucosa y de tensión que pueden producirse en condiciones de calor extremo.

La vestimenta es otro factor crucial. Los tuaregs visten ropa holgada que genera una capa de aire fresco entre la piel y la tela. Blázquez señala que, aunque nos parezca extraño, las telas oscuras cumplen una función importante: «absorben el calor por fuera, pero, sin embargo, evitan que el calor llegue directamente al cuerpo, sobre todo si es una prenda holgada». Si la ropa fuera ajustada, el efecto no sería el mismo.

Las telas muy oscuras al final absorben el calor por fuera, pero sin embargo, evitan que el calor llegue directamente al cuerpo»

Típica vestimenta tuareg
Típica vestimenta tuareg

Respaldo científico con condiciones

Esta práctica tradicional cuenta con el respaldo de estudios científicos que demuestran que, en climas muy calurosos, las bebidas calientes favorecen la disipación de calor corporal. Sin embargo, la experta matiza que hay una condición indispensable para que funcione: que la humedad ambiental no sea muy alta. Si el sudor no se puede evaporar correctamente debido a la humedad, el mecanismo de enfriamiento de la piel no se produce y la estrategia pierde su efectividad.

Tanto la bebida como la ropa son estrategias de supervivencia adaptadas a un entorno extremo como el desierto. Para quienes viven en otros contextos, donde un aire acondicionado está al alcance de la mano, estas costumbres pueden parecer extrañas. No obstante, como concluye la experta, en el desierto, «todo tiene su lógica«.

Fuente: Cope