DONDE FLORECE EL SILENCIO

Un espacio de reflexión, serenidad y paz donde pueden brotar palabras de luz

La autora es Julia Crespo Benito, miembro de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.

Un espacio donde la calma se convierte en refugio y las palabras brotan desde el silencio fértil.

Un rincón para conectarnos con lo esencial , y dejar que nuestras vidas avanzan hacía la plenitud

Escribir como camino espiritual

La escritura es una vía de autoconocimiento, pero también de comunión : con los otros con lo invisible, con lo eterno.
El escritor de luz no busca público, sino presencia.
Sabe que si una sola persona encuentra consuelo o claridad en sus palabras, la misión está cumplida. Mis libros

Todo lo que aquí se anuncia lo encontraréis en:

https://unsilenciofertil.com

‘Juntos contra la división, el odio y la violencia’

León XIV envió un mensaje a la Conferencia interreligiosa sobre la «cultura de la armonía» que organizó en Daca la Conferencia Episcopal. «Donde otros han sembrado desconfianza, nosotros elegimos la confianza. Eliminemos juntos las malas hierbas del prejuicio. Que el Altísimo bendiga su país con una paz cada vez más profunda».

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – «Las diferencias de credo o de origen no tienen por qué dividirnos necesariamente. Al contrario, al encontrarnos en amistad y diálogo, nos unimos contra las fuerzas de la división, el odio y la violencia, que con demasiada frecuencia han asolado a la humanidad. Donde otros han sembrado desconfianza, nosotros elegimos la confianza; donde otros podrían alimentar el miedo, nosotros buscamos la comprensión; donde otros ven las diferencias como barreras, nosotros las reconocemos como caminos de enriquecimiento mutuo».

Estas fueron las palabras que dirigió el papa León XIV a los participantes en el encuentro interreligioso organizado en Daca por la Conferencia Episcopal de Bangladés sobre el tema «Promover una cultura de armonía entre hermanos y hermanas», al que asisten el prefecto del dicasterio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal George Koovakad, y el secretario monseñor Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage. A todos ellos – retomando las palabras de su primer discurso – el pontífice les dirigió el deseo de una paz «que solo puede venir de Dios, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante y que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cerca especialmente de los que sufren».

«Como única familia, compartimos la oportunidad y la responsabilidad de seguir cultivando una cultura de armonía y de paz», dice León XIV. Y añade: «Sabemos por los momentos dolorosos de la historia que cuando se descuida la cultura de la armonía, las malas hierbas pueden ahogar la paz. La sospecha echa raíces; los estereotipos se endurecen; los extremistas explotan los miedos para sembrar la división. Juntos, como compañeros en el diálogo interreligioso, somos como jardineros que cuidan este campo de la fraternidad, y ayudan a mantener fértil el diálogo y a eliminar las malas hierbas del prejuicio».

El Papa explica en su mensaje que «una medida auténtica de la amistad interreligiosa es nuestra disposición a estar juntos al servicio de los más vulnerables de la sociedad. Bangladés – recuerda – ya ha sido testigo de ejemplos alentadores de esta unidad en los últimos años, cuando personas de diferentes religiones se han unido en solidaridad y oración en tiempos de desastres naturales o tragedias. Estos gestos construyen puentes – entre religiones, entre teoría y práctica, entre comunidades – para que todos los bangladesíes, y de hecho toda la humanidad, puedan pasar de la sospecha a la confianza, del aislamiento a la colaboración». Este tipo de experiencias hace crecer «la resiliencia de las comunidades frente a las voces de la división». Porque «cuando nuestro diálogo se vive en la práctica, resuena un mensaje muy poderoso: que es la paz, no el conflicto, el sueño que más valoramos y que construir esta paz es un compromiso que afrontamos juntos».

«Deseo reiterar el compromiso de la Iglesia católica de recorrer este camino junto a ustedes», concluye León XIV. «A veces los malentendidos o las heridas del pasado pueden ralentizar nuestros pasos. Sin embargo, animémonos unos a otros a perseverar. Que el Altísimo bendiga a cada uno de ustedes, a sus familias y a sus comunidades. Que bendiga su país con una armonía y una paz cada vez más profundas. Y que bendiga nuestro mundo, que tan urgentemente necesita la luz de la fraternidad».

La promoción del diálogo interreligioso e intercultural

El cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, en la Universidad Católica de Toledo, en Chile.

Vaticano

  • El discurso del Cardenal Prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso en el congreso internacional «Caminos de Paz. Religiones y culturas en diálogo» en la Universidad Católica de Temuco.

Vatican News

«Las religiones y las culturas desempeñan indudablemente un papel polifacético y preeminente en la construcción de caminos de paz», promoviendo y facilitando «el diálogo y la cooperación entre personas de diferentes religiones y culturas», con el fin de «construir un mundo más justo, humano, fraterno y pacífico». Así lo ha subrayado el Cardenal George Jacob Koovakad, Prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, en su intervención hoy, miércoles 13 de agosto, en el Congreso Internacional «Caminos de Paz. Religiones y Culturas en Diálogo» que se celebra en Temuco, Chile, organizado por la Universidad Católica local.

El papel de los Papas y sus llamamientos a la reconciliación

Recordando que «construir y promover la paz en todas partes es un aspecto central de la misión de la Iglesia», el cardenal destacó su labor a través del «diálogo y la cooperación entre religiones y culturas».

A continuación, hizo hincapié en tres aspectos: en primer lugar, el papel del Papa como «constructor de puentes», ya que «a lo largo de la historia, los Papas han subrayado constantemente la importancia del respeto mutuo, la comprensión, el diálogo y la coexistencia pacífica entre todos los pueblos». Y desde principios del siglo XX, también han desempeñado «un papel fundamental en la resolución de conflictos, llamando a la moderación y al cese de las hostilidades, apoyando las negociaciones y proponiendo planes de paz tras los conflictos y las guerras».

En este sentido, el cardenal citó los numerosos llamamientos a la reconciliación lanzados por los Pontífices a lo largo de los años, junto con la publicación de varios «importantes documentos y mensajes destinados a promover la paz».

El compromiso diplomático de la Santa Sede

En segundo lugar, el cardenal Koovakad subrayó el compromiso diplomático de la Santa Sede «por la paz, la justicia y el desarrollo», destacando cómo -especialmente en el periodo actual- ha «planteado cuestiones que van desde los derechos humanos al desarme» y se ha erigido en un «actor significativo», elogiado «por su imparcialidad y atención a las cuestiones humanitarias». Y es que, subrayó el cardenal, «la diplomacia de la Santa Sede es una diplomacia de paz».

Como tercer y último punto, el Prefecto del Dicasterio vaticano se detuvo en la promoción del diálogo interreligioso e intercultural por la paz: «La Santa Sede -dijo- está segura de que en el mundo de hoy, caracterizado por un creciente pluralismo religioso y cultural, el diálogo con las religiones y las culturas es fundamental para promover la comprensión, el respeto de la diversidad, la construcción de puentes y la paz en la sociedad». Esto, explicó, se consigue de varias maneras: animando, guiando y ayudando a las Iglesias locales en la promoción del diálogo interreligioso; organizando encuentros interreligiosos; facilitando la formación de quienes podrían implicarse en este campo; acogiendo y dialogando con delegaciones de diferentes grupos religiosos; iniciando un diálogo bilateral, en particular con los musulmanes; y enviando mensajes a diversos grupos religiosos en festividades y ocasiones significativas.

La tarea del Dicasterio para la Cultura y la Educación

También es central la promoción del diálogo interreligioso «en un espíritu ecuménico de unidad y colaboración», junto con la facilitación y promoción de la colaboración entre diferentes culturas, «para favorecer la comprensión mutua y contribuir a la construcción de un mundo más inclusivo y armonioso». Una tarea, ésta, llevada a cabo específicamente por el Dicasterio para la Cultura y la Educación.

El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

En la misma línea, Koovakad recordó también el compromiso del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que «interactúa con todos los actores de la sociedad para defender y promover los derechos humanos, la libertad religiosa y la justicia, en particular el bienestar de los migrantes, los marginados, los vulnerables» y la salvaguarda de la creación.
De esta reflexión se desprende, por tanto, que «es responsabilidad compartida de todos promover una cultura de paz y trabajar por la paz en el mundo», concluyó el cardenal, exhortando finalmente a creyentes y no creyentes a responder a la invitación de León XIV de alcanzar la paz «mediante la reflexión y la praxis inspiradas en la dignidad de la persona y el bien común».

NO AL GENOCIDIO DE GAZA

Buenos días amig@s

Como sabéis se está organizando una Marcha Global a Gaza. Una movilización internacional no violenta en la que participarán unas 2500 personas de 56 países. De España iremos un buen grupo también. Son muchos los grupos y comunidades que están apoyando esta iniciativa. El sábado pasado tuvimos presentes a tantas personas que están sufriendo un infierno en Gaza y también en otros lugares. En la comida hicimos un ayuno solidario y Jacqueline y alguna persona más han propuesto que los días que dura la marcha nos unamos unos minutos en silencio,  los que estemos en la marcha con los estáis aquí. En Egipto hay una hora más que en España. Si os parece, cada día nos podríamos unir a las 19:30 hora española, en silencio, acogiendo la realidad de las personas que están sufriendo, deseando que tengan una vida digna y unidos a las personas de la marcha a Gaza y a todas las personas que desde cualquier lugar del planeta desean la Paz. 

Cinco minutos antes de las 19:30 Jacqueline o Ana darán un aviso para disponernos por dentro y abrirnos al Silencio que posibilita la Vida. Este tiempo de unirnos en oración se propone a otros grupos: Fraternidad Carlos de Foucauld, Fraternidad de Jesús de la que es miembro mi compañero Quique. Lo podéis proponer a otros grupos y lo podéis comunicar para sentirnos Unidos en este gesto. 

Un abrazo fraternal en Aquel que nos ama y nos sostiene 

El 14 de junio a las calles

por el FIN del GENOCIDIO

Por una Paz Justa. Palestina Libre

Alto el Fuego Definitivo

Ni terrorismo, ni genocidio

El sábado 14 de junio a las 12h, PararLaGuerra.es convocamos a la ciudadanía a llenar las plazas en todo el país, en una Jornada Estatal por el Fin del Genocidio en Palestina.

Es el momento de transformar la indignación en una acción tan enérgica como pacífica, tan contundente como unitaria y solidaria.

Lo que está ocurriendo en Gaza es un genocidio que tiene como objetivo final el exterminio y la limpieza étnica de más dos millones de gazatíes, la mitad de los cuales son menores. Este es el criminal proyecto que Netanyahu, con el apoyo incondicional de Trump.

Tras la ruptura del precario alto el fuego el 18 de marzo, la violencia ha escalado. Estamos ante uno de los momentos más crueles y mortíferos de la matanza que el gobierno israelí lleva veinte meses perpetrando contra una población civil inocente, desarmada e indefensa.

Todos los días las tropas de Israel perpetran un sinfín de crímenes de guerra. Todos los días bombardean hospitales, escuelas, refugios o tiendas de campaña. Todos los días destruyen viviendas, campos de cultivo, infraestructuras de agua potable y saneamiento, sin más propósito que el exterminio y que Gaza sea inhabitable. Todos los días acribillan a hombres, mujeres, niños y niñas que sólo claman por ayuda.

A la extrema violencia de las bombas se suma el rigor de un asedio que condena a la hambruna total al pueblo palestino. La ONU ha asegurado que 14.000 bebés podrían morir en Gaza si la ayuda humanitaria no llega a tiempo.

PararLaGuerra.es llamamos a toda la ciudadanía, sin distinción de ideologías o credos, a apoyar la Jornada Estatal por el Fin del Genocidio del próximo 14 de junio, y a acudir a las concentraciones que de manera simultánea se realizarán en todo el país a las 12 de la mañana.

Ese día rendiremos también un particular homenaje a quienes han sido y son nuestros ojos en Palestina, a los y las periodistas, quienes han sido asesinados, heridos o detenidos, y quienes siguen allí jugándose la vida.

Religiones por la Paz

El Vaticano se ‘muda’ a Camboya para exhibir, junto a los budistas, su unidad por la paz en un mundo “fragmentado”

El cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, ha dado comenzado oficialmente en Phnom Penh al octavo Coloquio Budista-Cristiano, que concluirá el 29 de mayo

VIII Coloquio Budista-Cristiano en Camboya

Por Vida Nueva

“En un mundo fragmentado por la violencia, marcado por los conflictos y oprimido por la injusticia, la pobreza y la degradación del medio ambiente, nuestra asamblea de líderes espirituales y practicantes representa un poderoso signo de esperanza”. Con este discurso de bienvenida pronunciado hoy por el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, ha comenzado oficialmente en Phnom Penh, capital de Camboya, el octavo Coloquio Budista-Cristiano, que concluirá el 29 de mayo.




Tal como recoge Vatican News, este evento, organizado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso en colaboración con las universidades y monasterios budistas de Camboya y la Conferencia Episcopal local, el evento cuenta con la participación de unos 150 representantes de ambas religiones, entre ellos delegados de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia.

El tema elegido para la edición de este año: ‘Budistas y cristianos trabajando juntos por la paz a través de la reconciliación y la resiliencia’ dio pie al Prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso para subrayar en sus observaciones introductorias que “esta sesión ofrece un espacio sagrado en el que budistas y cristianos se reúnen no sólo como representantes de dos tradiciones venerables, sino también como compañeros de viaje, unidos por un compromiso común en favor de la paz. En el centro de nuestro encuentro hay dos tesoros espirituales: la reconciliación y la resiliencia, que están profundamente arraigadas en nuestras respectivas creencias y son capaces de construir y sostener una paz duradera”.El cardenal Koovakad en el VIII Coloquio Budista-Cristiano en Camboya

El cardenal Koovakad en el VIII Coloquio Budista-Cristiano en Camboya

El cardenal subrayó también lo fundamental que es, en un contexto histórico dominado por enormes desigualdades, dar testimonio del poder curativo de la religión en beneficio de un mundo que describe como cada vez más inquieto: “No puedo evitar pensar en los más afectados por la guerra y la injusticia, los que sufren directamente y los que, cansados de los titulares saturados de tragedia, se han alejado con desesperación. La realidad del sufrimiento causado por la violencia, los prejuicios y la desigualdad es innegable”.

Diálogo concreto

El silencio y la indiferencia ante los gritos de los pobres, los refugiados, los marginados, los descartados, los migrantes y ante la intensificación del cambio climático y la erosión de la dignidad humana necesitan, según el Prefecto, una respuesta basada en la compasión y el deber moral. “Nosotros no carecemos de esperanza ni de recursos para responder a esta llamada. Nuestros debates ofrecen valiosas oportunidades para escuchar y amplificar relatos positivos sobre la construcción de la paz, incluidos los que proceden de las bases. Nuestras tradiciones espirituales ofrecen tanto una visión como una misión: nos instan a rechazar la apatía y a asumir la difícil tarea de la construcción de la paz. Nos desafían a elegir la reconciliación en lugar de la venganza, la resiliencia en lugar de la resignación”.

El vicario apostólico de Phnom Penh, Olivier Michel Marie Schmitthaeusler, en su discurso de saludo a los participantes, expresó también su alegría por un acontecimiento que quedará grabado en la historia de la pequeña Iglesia camboyana: “Reforzará la fraternidad y el diálogo. El diálogo de la vida, abierto a cada persona; el diálogo de las obras, a través de la educación para la paz y la solidaridad; el diálogo teológico, que experimentaremos durante esta conferencia; el diálogo de la experiencia religiosa, que lleva a los creyentes a la contemplación para penetrar en el misterio de Dios”.

Judíos, musulmanes y cristianos en una misma marcha en Jerusalén: «Queremos la paz»

Núria Garrido Gómez

Jerusalén, (EFE).- Cuando este miércoles se cumplen 600 días de ofensiva israelí contra una Gaza ya desolada, más de una treintena de organizaciones formadas por judíos, musulmanes, cristianos y drusos celebraron una marcha conjunta en Jerusalén para pedir una convivencia pacífica.

«Queremos la paz. La religión no tiene por qué ser el problema, puede ser más bien la solución. En Jerusalén hay sitio para todas las religiones. Y ese es el mensaje que queremos transmitir», explica a EFE Yakir Renbaum, de 34 años y director de la ONG Rabinos por los Derechos Humanos, una de las organizaciones convocantes dedicada a fomentar la convivencia entre judíos y palestinos.

Renbaum, que lidera esta fundación conformada por más de un centenar de rabinos (entre ellos ortodoxos y ultraortodoxos), pidió el fin de los bombardeos israelíes contra la Franja y lamentó que su Gobierno esté «matando de hambre» a tantos palestinos.

En los discursos previos al inicio de la marcha, que aglutinó a un centenar de personas y recorrió de oeste a este Tierra Santa, diferentes líderes religiosos y representantes del islam, judaísmo, cristianismo, budismo y también de la comunidad drusa rezaron en árabe y hebreo pidiendo la paz.

El «otro Jerusalén»

«Hace dos días vimos una marcha en Jerusalén bastante racista. Nosotros hoy queremos promover otra imagen. Queremos promover el otro Jerusalén en el que hay espacio para todos y para todas las religiones», indicó sobre las escenas violentas contra palestinos que protagonizaron israelíes en la Ciudad Vieja durante el Día de Jerusalén, que conmemora la ocupación del este de esta urbe en 1967.

Durante esta marcha, anual y financiada por el Estado israelí, miles de israelíes corean cánticos como «que arda tu aldea» o «Mohamed está muerto», al tiempo que atraviesan una Ciudad Vieja desierta en la que comerciantes cristianos y musulmanes cierran sus negocios por miedo a ataques.

En este sentido, el rabino Renbaum subrayó que, aunque intentan mantener contacto con los judíos más alejados de su mensaje y afincados en el radicalismo, como muchos de los colonos que pueblan Cisjordania ocupada, su «línea roja es la violencia».

Para Jesse Burke, un judío ortodoxo de 40 años, apostar por el diálogo y la paz cobra ahora más sentido que nunca tras la muerte de su hijo, soldado, hace seis meses en la Franja de Gaza.

«Es muy triste ver tantas muertes. Y evidentemente otro 7 de octubre no puede volver a ocurrir. Pero tenemos que buscar una solución para la Franja que no sea la ocupación. Quizás la solución de los dos Estados. No sé, pero la guerra tiene que acabar y los rehenes tienen que regresar», agrega Burke.

La alemana y cristiana Ines Fischer, afincada en Jerusalén desde hace cuatro años y pastora en la Iglesia de la Ascensión en el Monte de los Olivos, también está convencida de que las diferencias culturales o religiosas entre los ciudadanos no son un impedimento para construir una sociedad sin odio.

Asimismo, israelíes seculares como Regula Alona, de 60 años y del movimiento feminista Women Wage Peace (‘Mujeres que luchan por la Paz’) también urgieron el fin de la ofensiva bélica, en la que ya han muerto más de 54.000 palestinos, entre ellos al menos 16.500 niños, según datos de Sanidad gazatí.

«Quiero que la guerra en Gaza acabe hoy mismo. No mañana, ni pasado. 600 días de sufrimiento, de muchas muertes, de muchos heridos, de mucha gente atemorizada. La guerra tiene que acabar ya y tienen que empezar las negociaciones», aseveró. EFE

Solo le pido a Dios (español, hebreo y árabe) – Alma Sufi Ensamble ft. León Gieco y Gastón Saied

Histórico. Nos visita en la Tekkia Sufi de Colegiales, León Gieco y nos propone grabar su clásico “Sólo le pido a Dios” junto a nuestro Alma Sufi Ensamble. Se sumó el cantante Gastón Saied, de la comunidad judía. Y nuestra vocalista Nuri Nardelli. “Sólo le pido a Dios” interpretado por primera vez en español, árabe y hebreo. Tres idiomas, un mismo corazón. Y un mismo pedido por la paz en Medio Oriente.

«GUERRA Y PAZ» BAJO EL REINADO DE DIOS

Por José Vidal Taléns.

 “GUERRA Y PAZ”, Y EL PROBLEMA DEL SENTIDO DE LA HISTORIA QUE HACEMOS Y PADECEMOS.

Incomprensión y asombro ante el fenómeno humano de la guerra.

Nada de lo que existe, existe sin alguna violencia represora de otras posibilidades o realidades. Nada existe sin abuso. Así se nos advierte desde la sabiduría oriental. Desde esta fina sensibilidad hasta la fuerza bruta en su brutalidad, manifiesta en tantos lugares del planeta, nos sentimos rodeados de una violencia que nunca acabamos de comprender. La realidad humana e inhumana supera y cuestiona nuestros esquemas ideológicos.

Nacimos y crecimos con guerras, calientes o frías, y es muy probable que nos muramos con guerras. La guerra, en sus muchas formas diversas, ha vuelto una y otra vez a la humanidad. Los tiempos de paz nos parecen como una tregua entre dos guerras. Cuando nos preguntamos cómo se desencadenan son muchos los factores y desconfiamos de las causas aducidas en los discursos belicistas. Desencadenada la guerra ya no es fácil pararla, hay que verse muy obligado a pararla, y sucede como si siempre hubiera motivo para continuarla.

Tolstoi escribió “Guerra y Paz” sobre la empresa napoleónica de conquistar toda Europa hasta Moscú. A propósito de esta guerra trataba de entender algo la historia. Sus reflexiones finales son críticas sobre las explicaciones que dan los historiadores.

Podemos preguntarnos con Tolstoi: ¿Por qué, a juicio de todo el género humano sin excepción, entre las cosas más honorables está el derecho que se atribuyen algunos a derramar impunemente sangre inocente, cuando disponen de una u otra causa que dicen les justifica? Con la pregunta está la sospecha de que ninguna causa puede ser aducida para derramar sangre inocente, y en toda guerra se hace.

La incomprensión y el asombro crecen cuando se ha estado en medio del fragor de la batalla. La guerra parece simple pero no lo es. Parece simple: se disparaba contra el enemigo. Pero cuando caen los heridos y los muertos, y los contemplamos de cerca, ya no nos parece tan simple. Esos ojos saltados delatan un rostro humano que no puede esconder ya el uniforme destrozado, qué importa del bando que sea.

Es verdad que la estrategia y las tácticas pueden apasionar a nuestra inteligencia. Pero eso sólo es posible cuando se estudian las guerras de lejos, en el espacio o en el tiempo; sólo entonces puede contemplarse los movimientos de la estrategia y los objetivos cumplidos o frustrados.

También, a posteriori, los resultados obtenidos parecen legitimar a los vencedores. Con todo, con una mirada más humana, hay que reconocer que no es posible distinguir entre vencedores o vencidos, porque todos fuimos vencidos, o todos perdimos mucho hasta en nuestra victoria, pues en la guerra todos perdimos nuestra humanidad.

¿Cabe aún un sí a alguna guerra?

Nadie hoy se declara partidario de las guerras. Muchos dicen que no quieren la guerra, pero que se ven obligados a levantarse en guerra. Nosotros estamos fuertes en nuestra oposición a las guerras imperialistas, expansionistas o para conquistar y controlar el flujo de las materias primas o energéticas del planeta. En cambio, hay algunos casos en que, recientemente, hasta los cristianos creyeron justificado el levantamiento armado, revolucionario, popular, contra la tiranía que llenaba de muerte al pueblo. Hoy muchos hemos empezado a dudar. Porque ¿Dónde se aplica esta hipótesis? ¿A pequeña escala, en un país o una región, o a nivel planetario, hasta el conflicto Norte – Sur?

Ciertamente, cuando un pueblo lucha por su liberación se da siempre una confluencia de lo poético, romántico, utópico, histórico y político, hasta el punto de parecer algo sublime. Pero después del gesto revolucionario, pasando por alto lo que resulte menos perdonable en el fragor de la lucha, después digo, aún viene el momento de asegurar lo conseguido. Y, ahora, ya desde la experiencia histórica y la más reciente, sabemos que eso no se da sin nueva violencia.

La proporción que debe guardarse entre fines humanos y medios humanitarios y humanizadores no consigue estabilizarse con el nuevo poder revolucionario. Quizá por sentirse demasiado justificado el nuevo poder revolucionario arriesga caer en su absolutización. Sigue habiendo una desproporción entre los fines buscados de justicia y libertad y los medios de control y defensa de los logros de la revolución, de tal forma que cuesta entonces hablar de paz.

¿Cabe aún un sí a alguna guerra de liberación? La respuesta sigue siendo difícil. Porque siempre podrá darse algún caso que haya cambiado el sentido de la opresión de un pueblo. controlando así un futuro mejor para ese pueblo. Recientemente se nos habla así de la guerra que han mantenido las tribus cristianas del Sudán meridional contra los gobiernos del Sudán del norte musulmán, hasta forzar un acuerdo de paz que obliga a una participación del sur en el gobierno de la nación y a una relativa autonomía del sur. Se nos dirá que ha merecido la pena los largos años de resistencia armada, de lucha y muertes, por haber alcanzado la nueva situación, incluso a pesar de las nuevas amenazas que se ciernen sobre el acuerdo logrado. Las dudas permanecen si pensamos en el precio pagado en víctimas humanas y si pensamos en que la paz militarmente forzada ha de ser militarmente sostenida. pero tampoco disponían de alternativas claras para negarse a hacer lo que hicieron.

¿Se puede hablar de un sentido de la historia?

Hoy nos cuesta leer bien la historia presente, dificultad agravada por la mediatización de los poderes que mandan en los medios de comunicación. Para no caer en el fatalismo, deberíamos ser capaces de leer bien nuestra historia y verle algún sentido hacia el que camina, para ver cuál es nuestra aportación. Pero, esta tarea se nos ha convertido casi en tarea imposible. Arrastrar un sentido de la historia desde la historia pasada se presta a diversos intereses ideológicos, cuya disparidad y oposición nos desconcierta. Merece a pena hacer el esfuerzo pero conscientes de nuestra lectura interesada y nuestro posicionamiento ideológico.

Hablamos del sentido de la historia mirando hacia delante. Pero, de modo semejante, también se ha hablado del motor de la historia, de la fuerza o las fuerzas que mueven la historia, mirando así hacia las causas o las determinantes de la historia. Indiquemos algunos ejemplos que se aportan como fuerzas que mueven a los pueblos y marcan algún sentido a la historia:3

1) No parece explicación suficiente apelar a hombres guiados directamente por un poder divino; ni a héroes provistos de cualidades extraordinarias, o por su nobleza de sangre o por su nobleza de sentimientos y valores, o por su capacidad de arrastre de masas y el poder que éstas le conceden. La vida de los pueblos no cabe en la vida de unas cuantas personas.

2) Tampoco basta aludir a fines como el destino de un pueblo o de otro, ni el bien de la civilización occidental, a los que se les concede todo el derecho a su expansión e imposición.

3) Ni parece que las ideas, los ideales y los esquemas utópicos, por sí mismas, sean motores de la historia, como suponen los historiadores de la cultura.

4) Durante muchos años hemos dado importancia a la economía y a las condiciones del trabajo y los cambios tecnológicos, pero nada de esto se da por sí mismo.

5) Se ha pensado en una clase social: por ejemplo, el proletariado internacionalista de la mano del partido comunista o del movimiento anarquista. Hoy se piensa más que la historia la mueve el poder empresarial y financiero, al que sirven los políticos neoliberales. Pero no siempre es así.

Todo esto es lo que más se ve, lo que más se dice y hasta se grita. Pero Tolstoi desconfía y apela a que junto a todo esto que está ahí, hay además múltiples factores de las gentes, los pueblos, las tierras, tradiciones y rupturas, razones y locuras, factores últimamente ya no investigables. Habrá que reconocer que el sentido de la historia que hoy podamos discernir será muy relativo dependiendo de nuestra perspectiva, y deberá por ello ofrecerse al diálogo y a la cooperación, con vistas a lo que más nos pueda humanizar, a más gentes y más pueblos.

¿Hay un progreso de la humanidad a pesar de o gracias a las guerras?

Estamos ya lejos de pensar que mediante la guerra pueda venir algún bien a la humanidad. En los siglos de la Ilustración4 y del romanticismo5 aún pudieron pensar que las guerras entre los pueblos cumplían su función. Habría en los seres humanos una tensión entre su necesidad de los otros y su necesidad de autonomía. Por la necesidad de autonomía puedo afirmarme frente o contra los otros. Por la necesidad que tengo de los otros he de llegar a negociaciones, acuerdos y pactos. Por esta tensión irresoluble se explicarían los tiempos de guerra y de paz.

Sería algo así como los árboles, que en el bosque espeso se estorban unos a otros al quitarse el aire y la luz del sol y, precisamente por eso, crecen hacia arriba. Así también podría observarse un progreso de la humanidad y un sentido a las distintas oportunidades que han ido teniendo a lo largo de la historia las distintas civilizaciones y pueblos, sucediéndose en su hegemonía unos a otros (mediante confrontaciones, guerras y victorias), y aportando así sus valores al conjunto de la humanidad.

La violencia ejercida en el siglo XX y que continúa en el XXI no nos permite esa visión optimista o “meliorista” (“vamos a mejor” o “no hay males que por bien no vengan”). No vemos cómo por medio de las guerras pueda traerse la paz. Y aunque fuera posible, no aceptamos haber pagado tan alto precio en vidas humanas. Dudamos de las intervenciones militares que se dicen “humanitarias” o para expandir los valores de la democracia. No sirven tales medios para tales fines, según nuestro parecer.

¿Cabe hablar de “presencia de Dios en la historia”?

Algunos pensadores han coincidido con la lectura creyente de que difícilmente se podrá hablar de un sentido de la historia si no aceptamos la hipótesis “Dios”. Ni un Dios sin historia ni una historia sin Dios. Pero, entonces, habrá que aprender a leer la historia a distintos niveles de profundidad. Desde la lectura bíblica, la historia tiene sentido porque es una historia de salvación, y es salvación porque Dios está presente en la historia humana y la redime.

Esta presencia de Dios en la historia, desde Jesús, ya no la podemos concebir como dirigiendo inmediatamente todos los acontecimientos. Hay una autonomía de los acontecimientos históricos y de la libertad humana, aunque no descartemos la intervención de Dios en el antiguo Israel y en Jesús. Notemos, no obstante, que, en el caso de Jesús, esta intervención de Dios fue poco “intervencionista”, pues siguieron mandando los que mandaban, y le sobrevivieron los que le condenaron a muerte en cruz.

No sólo no habrá que descartar a Dios en el horizonte de la historia humana y actuando en la intrahistoria humana, recreando posibilidades de salvación, sino que como dijimos en el primer tema, este es el horizonte abierto por Jesús el Resucitado, que permite vivir con sentido los sinsentidos de la historia. Queda, entonces, por examinar bien cómo Dios actúa, siempre en respeto de la libertad y a favor de la vida, para no caer en una lectura fundamentalista de la historia, indigna de Dios y del hombre.

En busca de esa otra sabiduría más bien antropológica y evangélica.

La ciencia de los historiadores que se aplican con rigor al análisis y a la comprensión de la historia humana debe ser respetada. Hay que animar al estudio de la historia. De la ignorancia viene mucha distorsión y manipulación. Ahora bien, la lectura del historiador también es relativa a su punto de mira y no puede pretender la explicación total. Hay como un factor que siempre se le escapa a toda ciencia: es lo que ha venido en llamarse el “factor humano”, y hay que tenerlo en cuenta para no absolutizar la explicación científica.

La historia de los historiadores explica y da razón de las fuerzas, motivos y condiciones que concurren y mueven a los pueblos para entrar en guerras y, luego, en tratados de paz, como treguas egoístas o estratégicas. Pero nos quedamos siempre como si nos faltara la explicación suficiente. Nos referimos al campo de reflexión que es propio de la antropología. Hacia ahí quisieron derivar su reflexión Freud y Einstein después de la segunda guerra mundial.¿Qué nos pasa a los seres humanos, que llevamos la violencia dentro de nosotros y podemos llevarla muy lejos de nosotros, no viendo lo que deberíamos ver, los rostros que nos miran?

Tolstoi escribe: “Durante el período de veinte años [lo que dura el movimiento de Napoleón hasta Moscú y el del Zar y los aliados hasta París], inmensas extensiones de tierra quedan sin cultivar; las casas son incendiadas, el comercio cambia de orientación; millones de personas se arruinan, otros se enriquecen, otros emigran; y millones de cristianos [los rusos, los franceses y los de en medio], que profesaban la ley del amor al prójimo, se matan unos a otros. ¿Qué significa todo eso? ¿A qué se debe? ¿Qué obligaba a esos hombres a incendiar las casas y matar a sus semejantes?…”7

A esta mirada antropológica es a la que animo en este retiro, desaconsejando el camino fácil de la exculpación: “yo ya estoy contra la guerra”; “la guerra la hacen los otros”; “la culpa la tienen otros”. Buscamos esa otra sabiduría, que yo propongo como más evangélica, y que nos ayuda a desideologizar nuestra fe y nuestro testimonio de hombres y mujeres hacedores de paz. Sospecho que en los últimos años, además del sentido evangélico que estaba operando, otros posicionamientos ideológicos pueden habérsenos pegado, que repartían las culpas a nuestro alrededor, sin ayudar a abrir verdaderos caminos de paz. Es sano dudar de nuestros posicionamientos y abrirnos a los de otros para discernir entre todos. Pero, sobre todo, para abrirnos al Evangelio de Jesús que nos habla de la posible presencia de Dios en nuestra historia, y dejar que nos cuestione y nos haga entrar en crisis.

El mal que nos supera no debe paralizarnos; no nos debe dejar más ciegos sobre nuestras posibilidades

Desde ese horizonte de la presencia de Dios en nuestra historia el mal aún no desaparece y puede mostrarse en toda su potencia. Después de Auschwitz, y después de Hiroshima y Nagasaki, no han dejado de pasar cosas muy graves que nos impactaron y nos sobrecogían: África y la zona de los grandes lagos. Los territorios, pueblos, etnias y religiones de la antigua Yugoslavia. Afganistán y luego Irak. Sin olvidar otras guerras o guerrillas, terrorismos y antiterrorismos, en activo en muchos lugares del planeta tierra. Hemos hablado, discutido, manifestado nuestras posiciones, pero hemos podido parar o evitar pocas cosas de las que nos temíamos. Se nos han impuesto unos hechos y unos poderes, que no hemos podido contrarrestar. Se nos han acumulado muchos campos de refugiados, muchos presos y muchos muertos. Hemos experimentado mucha impotencia.

Pueden venir “días más malos que nos harán más ciegos”, según decía Sánchez Ferlosio, pero el mal y los horrores que nos superan no deben paralizarnos; no nos deben dejar más ciegos sobre nuestras posibilidades.

En primer lugar, ciertamente, hay un desfase entre lo que sabemos y lo que podemos hacer. Hay una desproporción entre lo que desafía a nuestra conciencia, y clama por alguna respuesta nuestra, y lo poco que podemos intervenir en aquello, quedándonos así en testigos pasivos. Tenemos demasiadas posibilidades para la “tele-visión”, pero muy pocas para la “tele-acción”. Diariamente contemplamos cómo se hace el mal, cómo se sufre el dolor; pero el desafío que ello representa para nuestros sentimientos morales queda en gran medida sin respuesta (Zygmunt Barman).

Con todo, recordemos nuestras posibilidades de tele-acción. Podemos un día cada cuatro años votar, aunque votamos a unos representantes con dudas fundadas sobre su capacidad o voluntad de realizar las tareas que saben que deben hacerse. Podemos unirnos a las sugerencias, firmas y manifestaciones de movimientos por “otra globalización” de la que se está haciendo. Podemos unirnos a las sugerencias, firmas y acciones de movimientos y ONGs ecologistas y pacifistas. Podemos unirnos a sugerencias y acciones de ONGs solidarias “sin fronteras”, más asistenciales ante emergencias, o más a largo plazo, como cuantas promueven el comercio justo. Estas son nuestras únicas posibilidades de tele-acción. No por pequeñas, indirectas o casi insignificantes, dejaremos de ejercerlas; de lo contrario nos quedaríamos en sólo hablar o ver, sin dar ninguna respuesta.

En segundo lugar, además de nuestra respuesta posible de largo alcance (la tele-acción), queda mucho campo de trabajo todavía en el camino de la paz. Lo primero es no fomentar entre nosotros los tópicos, las clasificaciones admitidas, las etiquetas para los grupos de personas, los análisis simplistas, las acusaciones, las culpabilizaciones, la ansiedad por la inseguridad, ni el fatalismo. Ni “esto lo arreglo yo”, ni “haga lo que haga no servirá de nada”. Una forma de no violentar la realidad más de lo que ya está es no querer imponerle nuestros esquemas simples y simplificadores y aceptar su complejidad. Pero, además, nos faltará por hacer lo más decisivo: un trabajo serio con nosotros mismos para ir a las raíces de la violencia.

En tercer lugar, el Resucitado nos ha dejado el cielo abierto, nos comunica su paz y nos capacita para resistir en este mundo violento, de un modo creativo, imaginativo y no-violento.

Poniéndonos a prueba ante el terrorismo.

Venimos animando a ser autocríticos con nuestros posicionamientos ideológicos, para que salga más purificado nuestro testimonio en favor de la paz. ¿Cómo, si no, aprender a vivir en un mundo que sentimos cada vez más hostil a nosotros o a nuestras causas, sin caer en la tentación de usar la violencia para imponernos, ni sin caer en la amargura o el resentimiento por no ganar?

Podemos ponernos a prueba, por ejemplo, revisando nuestro análisis del terrorismo. No todos lo vemos del mismo modo.

– Están los que no condenan los actos terroristas porque piensan que son consecuencia y reflejo de un conflicto mayor, que no hay que esconder ni minimizar con la condenan de la acción terrorista.

– Están los que condenan los atentados terroristas, “pero” piensan que algo nos va en ello, algo habremos hecho los países y gobiernos afectados, que explique lo sucedido. No habría que olvidar cómo sufre el Tercer Mundo nuestra globalización, nuestro imperialismo, nuestro racismo; y hasta se habla de un terrorismo de estado que las potencias ejercen disimuladamente, o ya sin disimulo, en la represión del terrorismo contrario.

– En este lamentar lo sucedido “pero” explicárselo de algún modo, están quienes no quieren que se hable de terrorismo sino de diversos terrorismos. Una cosa es la violencia terrorista con objetivo político y acciones proporcionadas en su estrategia, propia de grupos nacionalistas radicales; y otra cosa es la magnificación de la destrucción de todo un mundo que se considera como el mal. Sus acciones son ya sin proporción ni medida ni objetivos políticos, como sucede en el terrorismo islamista.

– También están las retóricas que apuestan por la igualdad, el común interés de la paz y por una ética mundial, minusvalorando la diferencia substancial entre las culturas. También hay apuestas voluntariosas por vencer el miedo, porque el miedo nos lleva a responder equivocadamente y es rentabilizado por cuantos buscan desestabilizar.

– Están los que sí que ven un conflicto o choque entre civilizaciones, sobre todo, entre Occidente y el Islam. Se han subrayado las incompatibilidades, porque la existencia de una cultura sería la negación y derrota de la otra. Por una parte el islamismo radical y fundamentalista arremete sin piedad contra el mundo infiel. Por otra parte, Occidente reacciona metiéndonos una guerra permanente, que se retroalimenta y se autojustifica en previsión de lo que el otro nos pueda hacer.

– Y están los que niegan las causas aducidas por los terroristas, porque si no estuvieran ésas que dicen, escogerían otras. Por tanto, sus causas no son ni la desesperación de los pobres, ni la opresión de un pueblo, ni la lucha contra la injusticia o dominación, ni provocar la salida USA de Iraq, ni la reivindicación de un estado palestino. A eso se alude por propaganda. Pero hay que pensar, más bien, en otros factores psicológicos o psicopatologías, sacralización del nacionalismo o la etnia, adoctrinamiento y fanatismos religiosos hasta la glorificación del suicidio como martirio.

– Últimamente se habla de cierto islamismo radicalizado que arraiga en jóvenes con fuerte desarraigo social o psicológico, aun viviendo en Occidente. ¿Su objetivo? Se piensa que es la destrucción por ella misma, o la autoafirmación absoluta. ¿Irracionalismo y nihilismo metafísico como fantasma que corre alentado por la exaltación religiosa y por los nacionalismos?

Más cerca de un análisis o de otro ¿podríamos reconocer la parte de verdad que haya en los otros? ¿Podríamos dialogar en paz con quien discrepa de nuestra visión? ¿Podríamos reconocer que no atinamos con la explicación total del fenómeno terrorista ni atinamos en la respuesta a dar? ¿Somos conscientes de que si nos proponemos su derrota total estaremos siempre rozando la desproporción, la represión de libertades y derechos, la inflación policial, militar y carcelaria? ¿Y cómo vivir con el terrorismo si no nos proponemos su derrota?

Apelar a los derechos humanos y a la no-violencia evangélica, quizá, no explique ni responda tanto como nuestros posicionamientos ideológicos. Pero es la única salida que nos parece digna, mientras nos soportamos con nuestras luces y sombras. 8

Poniéndonos a prueba ante las víctimas.

Desde nuestra formación cristiana tendemos a ponernos, o así lo decimos, al lado de los pobres o de las víctimas de la injusticia, de la opresión, de la guerra o del terrorismo. Somos sensibles a las causas dignas del hombre, que tantas veces nos parecen causas perdidas. Y, además, en más de algún caso podemos pertenecer a esos perdedores o a esas víctimas.

En los tiempos que corren hemos de revisar muy mucho ese sentirse cargados de razón por pertenecer al mundo de los pobres, las víctimas o los perdedores. Con la justicia no es suficiente para una paz a corto o a largo plazo. Con la reivindicación de la justicia, con el pedir que se nos haga justicia a nosotros o a las víctimas en cuyo nombre hablamos no es suficiente. No veo cómo superar largos procesos conflictivos (Sudáfrica, Ruanda, Sur del Sudán, Colombia, Argentina, Irlanda, país Vasco, Palestina, etc.), con grandes listados de víctimas, si además de reclamar justicia no se abren caminos para la reconciliación y el perdón. Más pronto o más tarde, ha de venir la oferta del perdón por parte de los ofendidos, perdón sólo condicionado al reconocimiento de la verdad por parte de los victimarios. Más que una justicia distributiva, basada en el principio de «el que la hace la paga», hay que buscar una «justicia restaurativa» mediante otros procedimientos y rituales diferentes de los estrictamente judiciales. Éste es el objetivo de las Comisiones por la Verdad y la Reconciliación creadas en algunos de los países citados8b

Estar del lado de las víctimas era un buen criterio de discernimiento evangélico, desde que aprendimos en la Resurrección de Jesús que la víctima era inocente, Jesús al menos, y por identificación de Jesús con las víctimas sociales (cf. Mt 25) éstas son declaradas también inocentes. Puede que arrastren consigo más de alguna culpabilidad, pero por el hecho de ser víctimas de la exclusión o de la violencia eran inocentes, no eran merecedoras de dicha exclusión o violencia.

Pero en el estado español asistimos hoy a un mal uso de la apelación a las víctimas, por parte de un bando y el contrario, de los nacionalistas y de los antinacionalistas, de la derecha y de la izquierda. No ha sido todo trigo limpio en los discursos que apelan a las víctimas. Parece oportuna esta llamada de atención. Hay que parar la espiral de la violencia parando la espiral de las autojustificaciones, cuando todos se presentan cargados de razones, todos víctimas, unos antes y otros después, todos justificados para las represalias, o para continuar la guerra por los mismos u otros medios. Se ha dicho que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Hoy, entre nosotros, parece más bien al revés, que la política es la continuación de la guerra por otros medios.

Esta llamada de atención se concentra en esta frase: “haber sufrido no te exime de culpa si respondes causando nuevos sufrimientos”, como apuntaba Claudio Magris. Y seguía: no existe pueblo, raza o etnia que esté libre de culpa y por ende nadie puede arrogarse el derecho a erigirse en la única víctima o en satanizar perennemente al prójimo. Hay que detener, ya en el pensamiento, el discurso que explica que todo el mal que sufre un colectivo procede del otro colectivo. Habrá que desarmar las palabras, el pensamiento y el corazón. Nada fácil.

¿Cómo reivindicar nuestros derechos, nuestra identidad y nuestros orígenes, sin afirmarlos contra los de los otros? Sea como fuere, deberemos empezar a sentir, pensar y hablar en clave de personaspersonas que se dirigen a otras personas, personas que protestan contra otras personas, personas que sufren a causa de lo que hacen o dicen otras personas, personas que no pueden olvidar que “los otros” son personas.

Nuestro testimonio en favor de la paz ha de ser más creyente que ideológico.

Sí; pueden venir días más malos que nos hagan más ciegos. Pero también es cierto que al creyente se le han abierto los ojos. Tenemos nuestras posiciones ideológicas más o menos firmes, pero no son ellas las que nos sostienen en nuestra lucha por la paz, sino la fe. Y porque se nos han abierto los ojos también vemos otras guerras y otras luchas que se nos esconden en África, en Latinoamérica y en otros rincones del planeta. Por poner un ejemplo, las mujeres y niñas de la región sudanesa de Darfur siguen siendo víctimas de violaciones por parte de los grupos armados presentes en la zona, entre los que se encuentran efectivos policiales gubernamentales. ¿Alcanza a estas mujeres nuestro no a la guerra?

Nuestro “no a la guerra”, como discípulos de Jesús, es mucho más amplio y radical de lo que lo es una opción política. Por eso, podemos contribuir a una cultura de paz y de diálogo hasta con nuestros contrarios, a partir de la luz que nos alcanza desde el Evangelio, desde Jesús resucitado, desde el cielo abierto, desde el Reinado de Dios, un Dios capaz de misericordia, redención y perdón; un Dios de resurrección y de vida.

Para la reflexión y compartir:

Sugerencias para desarmar nuestro lenguaje, nuestras ideas y nuestro corazón. ¿Podemos hablar con paz sobre los temas sangrantes de nuestros días que nos superan a todos, y de los que nuestra visión no es la única ni completa? Pensad en el terrorismo, en la inmigración, en las víctimas.

Lectura de E. Leclerc, Sabiduría de un pobre, Marova, Madrid 2003, p.59.

___________________________________________

NOTAS:

3 Me inspiro en Liev Tolstói, Guerra y Paz (nueva trad. por Lydia Kúper), Mario Muchnik, Madrid 2003, en su Epílogo, Segunda parte, parágrafo II ss., pp. 1712-1761.

4 I. Kant, Hacia la paz perpetua, prólogo de Jacobo Muñoz, Biblioteca Nueva, Madrid 1999.

J. G. Herder, Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad, Losada, Buenos Aires 1959; “Otra filosofía de la historia”, en Obra Selecta, Alfaguara, Madrid 1982.

Epistolario de S. Freud y A. Einstein.

Liev Tolstói, Guerra y Paz, obra citada, p. 1709.

8 Algo así le pasó a Tolstoi, abrumado y cansado del intento por averiguar cómo, por qué y hacia dónde se movía la historia. Apostó al final por la sabiduría de la vida de los campesinos rusos y por la sabiduría de los evangelios cristianos. Cf. Isaiah Berlin, El erizo y la zorra. Tolstoi y su visión de la historia, Península, Barcelona, 2002, p. 75.

8b Cf. Galo Bilbao y otros, El perdón en la vida pública, Universidad de Deusto, Bilbao 1999, con bibliografía. Cf. Revista Mundo Negro, junio de 2002, pp. 46-50.

Retiro de la Fraternidad Secular de Carlos de Foucauld. Cercedilla, 16-23, 08, 2005.