Álvaro Sánchez, jesuita: “Se necesitan mecanismos más humanos por gestionar la frontera”, se cita a Carlos de Foucauld

Por Cataluña Religión. Lun, 27/06/2022

La frontera en Nador, en Marruecos, este sábado.

(Laura Mor –CR) La frontera Sur se ha convertido en un escenario muy
muy frágil. Algunas entidades locales han cifrado en 37 los refugiados
muertos la noche del jueves en la valla que separa Nador de Melilla.
Calculan que hay más de un centenar de heridos, algunos de ellos
en estos momentos todavía esperan recibir atención. Un episodio trágico que
ya han pedido investigar varias asociaciones en defensa de los
derechos humanos, como Justícia i Pau, y la propia comisión episcopal
para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia
Episcopal Española.
El arzobispo emérito de Tánger, el franciscano Santiago Agrelo, ha
denunciado también en las redes sociales la opacidad en este nuevo
capítulo de represión: “No preguntes cómo murieron. No preguntes si
estas muertes fueron evitables. No preguntes por responsabilidades
en este crimen contra unos jóvenes africanos sin derechos y sin pan”, ha
escrito.
Las entidades sobre el terreno siguen en estado de choque y viven con
mucha preocupación lo que está pasando. Es el caso de las presencias
de Iglesia dedicadas al apoyo y atención sociosanitaria de los
recién llegados. Hemos hablado con el jesuita Álvaro Sánchez, que es el
responsable de la Delegación Diocesana de Migraciones en Nador,
y pide poder atender a las personas que han resultado heridas.
Algunas requieren cirugía y esperan poder acceder a ella.
El religioso se esfuerza en contrastar un modelo de acogida fallido con la
celebración de Charles de Foucauld que han vivido este mismo
fin de semana en Nador: “Lo hemos empezado con una exposición de
paneles sobre su vida. Quienes han sido los primeros en entrar en
¿la iglesia a visitarla? Dos musulmanes. Quienes han sido los segundos en
entrar en la iglesia a visitarla? Seis judíos”. Con esta pequeña
anécdota plantea un potencial de encuentro y acogida de la diversidad
que hoy parece más necesario que nunca.

«Tenemos mucho que ofrecer, tenemos mucho que decir», apunta el jesuita sobre el
papel de la Iglesia diocesana en esta entrevista. “Estamos hablando
una humanidad que se plantea como propuesta de futuro. Estamos
hablando de un capital humano que puede ser salvo una sociedad que una
forma u otra llegará y hay dolores de parto que nos podemos
ahorrar”, sugiere ante el horror que acaban de vivir.

¿Qué hacer para evitar un episodio tan trágico como éste?
Toca abrir un espacio de reflexión. Estamos en un momento en que se
dan las condiciones para que esto vuelva a suceder si no ponemos
remedio. Actualmente, la situación en el Sahel es insostenible. Actualmente
las consecuencias del cambio climático empiezan a notarse en las
comunidades y en las economías domésticas de muchas familias. Está
bajando el porcentaje de producción agrícola en muchos países.
Sabíamos que después del paro de la Covid se reanudaría la
movilidad humana hacia el norte. Sabemos las consecuencias de la
inversión creciente en dispositivos de control en Libia. Evitar el flujo
migratorio en un sitio tiene como consecuencia que este flujo quede
dirigido hacia otros puntos del Mediterráneo. Cuando el Mediterráneo deja
de convertirse en una alternativa para la movilidad humana, entonces, es
el Atlántico el que se acaba cobrando más vidas –según el
colectivo  Caminando fronteras , con más de 4.000 personas muertas
o desaparecidas el año pasado–. Y después son las condiciones
internas de un país: sudaneses, iemenitas y otras comunidades están
dejando sus países. ¿Eso puede volver a ocurrir? Claro que puede
volver a pasar! Y todos tenemos la responsabilidad de prevenirlo.
¿Qué papel puede jugar?
Queremos ser parte de la solución, creemos que tenemos cosas que aportar. Nos
ponemos en manos de las autoridades competentes para contribuir a hacer de
mediadores con las comunidades, para contribuir a ofrecer unos
mecanismos más humanos para gestionar los retos que nos plantea

la movilidad humana en esa frontera. Lo que no podemos es insistir
en discursos que legitiman la violencia. Entendemos que ésta no es
la forma. Ahora mismo, o cambiamos las condiciones, o eso nos lo
podríamos volver a encontrar en pocas unas semanas.
Y después es una oportunidad para recordar que el PIB de éste
continente no alcanza el 10% del PIB de Europa. Estamos hablando de
desigualdades, a nosotros nos ponen ante una injusticia y una
relación muy desigual y que puede tener unas consecuencias como las
que estamos viviendo.
Entendemos que haya controles en las fronteras, pero se han
de acompañar de una inversión más fuerte en favorecer procesos de
democratización de sociedades en los países de origen. Y, evidentemente,
al dejar que estos países puedan encontrar su espacio para
dinamizar sus economías.
Estas políticas piden mucho tiempo. Y a corto plazo,
¿qué se puede hacer?
Es complicado ver cómo revertir estas dinámicas a la corta,
o cómo podemos garantizar que esto no ocurra. Evidentemente, sólo es
desde la voluntad política que ahora mismo se pueden llegar a hacer los
cambios. Las decisiones

https://elpais.com/espana/2022-06-25/la-tragedia-bajo-la-valla-de-melilla-que-nadie-pudo-tapar-en-marruecos.html



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