«Lo que hay de maravilloso aquí son las puestas de sol, los atardeceres y las noches. Recuerdo, viendo estas bellas puestas de sol, cuánto le gustan a Vd., pues le recuerdan la gran calma que ha de seguir a la tormenta de nuestro tiempo. Los atardeceres son tan tranquilos, las noches tan serenas, este gran cielo y estos vastos horizontes medio iluminados por los astros son tan tranquilos, y cantan silenciosamente de una manera tan penetrante al Eterno, al infinito, al más allá, que se pasarían las noches enteras en esta contemplación; sin embargo, abrevio estas contemplaciones y me vuelvo tras unos instantes al Sagrario, pues hay más en el humilde sagrario. Nada es nada comparado al Bien Amado» (Carta a Mme. de Bondy el año 1902 desde Beni Abbés, desierto del Sahara argelino)
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Muy bello texto, hermoso ejercicio espiritual