Por qué estudiar Ciencias de las Religiones

Ciencias de la religión - Wikipedia, la enciclopedia libre

Es fundamental conocer la religión para entender, como es obvio, la literatura, la historia y las artes, pero también el derecho y la sociología, entre otras cosas

Hoy podemos estudiar en España Ciencias de las Religiones: colmando la laguna de que ha adolecido nuestra universidad desde hace siglos, por fin contamos con un grado pionero en esta disciplina, único en el mundo hispánico, que luego da paso también, si se quiere especialización, a un máster y un doctorado. Pero ya de por sí el mero hecho de poder estudiar las religiones del mundo y su enorme relevancia en diversos campos es excepcional y abre un panorama no solo teórico, sino también de salidas profesionales prácticas para el mundo que viene. Veamos por qué.

Huelga decir, para empezar, que la religión es un fenómeno vital, íntimamente ligado al «homo sapiens» –que en realidad es un «homo religiosus»–, y sin el cual no podemos explicar nuestro paso por el mundo. Independientemente de la teología o las creencias de cada cual, el estudio de las Ciencias de las Religiones –que abarca perspectivas tan variadas como la historia, la filosofía, la psicología, la antropología, la política, las lenguas, el arte, el derecho, y un sinfín de aproximaciones más– es un valor en sí mismo y resulta fundamental para tener una perspectiva cabal de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Mucho se ha escrito sobre la importancia de la religión en etapas pasadas de la historia, así como sobre la posterior secularización y sobre el retorno actual del fenómeno religioso en varios niveles. Pero es que resulta imposible conocer al ser humano sin tener una mínima noción de qué implican las religiones. Puede que, como a veces se ha argüido, el debate sobre la existencia de lo divino o lo numinoso sea central para la experiencia del ser humano, tanto en su vida diaria como en su búsqueda de la trascendencia. Puede también que la religión fuera una ventaja evolutiva que ha hecho que el hombre haya alcanzado cotas de desarrollo intelectual, artístico, científico o filosófico sin parangón en nuestro planeta. Puede que, además, la irrupción en nuestro mundo de la inteligencia artificial añada nuevos matices de enorme interés a este panorama como, por ejemplo, si, realmente, con nuestras concepciones sobre la mente global y autónoma de la IA, seguimos queriendo hablar de y con Dios. Por estas y otras muchas razones es vital hoy estudiar la ciencia de la religión.

Insisto en que no tiene nada que ver con creer o no creer. Es fundamental conocer la religión para entender, como es obvio, la literatura, la historia y las artes, pero también el derecho y la sociología, entre otras cosas. La ciencia de la religión nace en el ámbito de la academia germana y anglosajona del siglo XIX, con la figura emblemática de F. Max Müller, quien acuñó el término Religionswissenschaft (Ciencia de la Religión) y la famosa frase: «Quien solo conoce una [religión], no conoce ninguna». La inspiraron el historicismo y el positivismo, bien diferenciada de la teología, con la apertura al estudio de la literatura comparada gracias al dominio de las lenguas orientales que se inicia con el imperialismo europeo, notablemente con la conquista británica de la India. Al principio estuvo muy ligada al desarrollo del análisis comparado filológico y mitológico, desde la perspectiva de las ciencias de la antigüedad y la lingüística comparada. Pero luego se abrió a la literatura y el folklore o la antropología, con otras aproximaciones, como la sociopolítica, la fenomenológica o la jurídica, que la van enriqueciendo desde las escuelas centroeuropeas y británicas hasta la estadounidense de Chicago (con Eliade), entre otras muchas, también con un desarrollo especial en Italia.

El caso es que España se había quedado atrás, por unas razones u otras (sobre todo políticas e ideológicas), hasta muy recientemente. Tras la cátedra pionera de Álvarez de Miranda en 1954, habrá que esperar a los años 90 para la fundación de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones y del Instituto que lleva esta denominación en la Universidad Complutense, con varias décadas de experiencia. Hace poco, no llega a cuatro años, se inició la gran aventura de un estudio universitario completo, con un «cursus» que incluye grado, máster y doctorado en esta fascinante disciplina, algo inédito en nuestro país y que tan importante ha sido para el desarrollo cultural de Alemania, Reino Unido, EEUU o Italia. Por todo ello es muy importante fomentar estos estudios en nuestro país, que proporcionan una formación excelente y transversal en humanidades y ciencias sociales.

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Además de todo esto, hay una vertiente práctica y actual de primer orden que justifica para los estudiantes la elección de un grado pionero y único en el mundo hispanohablante como es el de Ciencias de las Religiones en la UCM, que quizá se tiene menos en cuenta. Y es que son estudios que también abren una importante proyección profesional de cara al futuro, lo que debería atraer también a quienes buscan una disciplina con futuro. Una de las salidas fundamentales, ciertamente, es la enseñanza; pero no se debe pasar por

alto que este grado altamente interdisciplinario, ofrecido por la Facultad de Filosofía, pero en colaboración con la de Geografía Historia, Filología (y también con docencia de Psicología, Derecho y Sociología), facilita el camino para poder ser profesor de secundaria de forma polivalente en diversas disciplinas, como filosofía, geografía e historia o lenguas clásicas. Ahora que la religión regresa –o más bien nunca se marchó del todo– las competencias que ofrece son más importantes que nunca.

El egresado en Ciencias de las Religiones también tiene una perspectiva jurídica indispensable para gestionar la diversidad cultural y religiosa y puede aplicar sus conocimientos a un mundo como el que viene, en el que la convivencia entre culturas y religiones diferentes resulta, más allá de lo recomendable, imprescindible en nuestra sociedad. Sin dejar de lado la importancia humanística de estos estudios, que dotan de una elevada cultura, también proporcionan herramientas prácticas para desarrollar una exitosa carrera profesional, por ejemplo, en el mundo de la mediación y el diálogo interreligioso, con asignaturas como derecho y religión o gestión de la diversidad religiosa. En suma, el Grado en Ciencias de las Religiones procura un perfil equilibrado y polivalente, que combina humanidades y ciencias sociales, y resulta en una formación integral, no solo teórica, sino también práctica. Por eso, y por muchas razones más, conviene estudiar Ciencias de las Religiones: muchos de nosotros las hubiéramos estudiado en su día si se hubieran ofertado. Es importante que esta disciplina universitaria, aún joven y relativamente poco difundida en España, vaya creciendo y que se divulgue la importancia crucial de su continuidad.

David Hernández de la Fuentees escritor y Catedrático de la Facultad de Filología. Miembro del Instituto de Ciencias de las Religiones (UCM).


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